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LOS GRANDES RESPONSABLES
EL balance terrorista de la semana del 12 al 18 de noviembre (1978)
fue de lo más trágico: cuatro muertos, entre ellos dos miembros de la Guardia
Civil y el magistrado del Supremo don Francisco Mateu Cánoves. Pero la ola de
terror no se extingue: a continuación han caído asesinados por ETA otros dos
policías armados, habiendo resultado también otros varios gravemente heridos.
Unas horas antes de ser aprobada por el Congreso la desdichada
Constitución, cayeron asesinados un general y un teniente coronel del
Ejército. ¡Con qué negros presagios se pretende inaugurar este mamotreto
legislativo del «consenso»!
Cuando se cometió este último crimen citado. Carrillo dijo
cínicamente: «EI Ejército ha derramado
su sangre por la Constitución, por la democracia y por la libertad.»
Tremenda mentira, en boca de ese siniestro personaje, que lamenta la muerte
de dos miembros de nuestro Ejército y no se inmutó ante los asesinatos de
tantos militares y españoles de toda condición que, en número de doce mil,
fueron inmolados en Paracuellos del Jarama por ser contrarios a las ideas de
ese ladino comunista con cara de canónigo. Este es uno de los primeros
responsables de la actual situación.
También le alcanza, y no poca responsabilidad, al vicepresidente
Gutiérrez Mellado, colaborador eficaz con la más alta esfera de «este país»
en su tarea de eliminar de los cuadros de mando a dignos militares, por el
«delito» de ser fieles a la memoria de Franco.
Igualmente responsable es el presidente Suárez, ese audaz y
advenedizo político de última hora, ex falangista renegado, que de forma
tenaz e insensata está empeñado en convertir a España en. una desgraciada
democracia, donde todo separatismo, terrorismo, inmoralidad y crimen tienen
su asiento.
Grandes responsables son todos los marxistas, como el quejumbroso
Tierno y el señorito Felipe, que a pesar de ser antimilitaristas aplauden al
Ejército en los desfiles, y siendo ateos asisten a funerales y se unen a
fuerzas políticas de toda ciase para conseguir su objetivo final: la liquidación
del Ejército, la ruina de la industria y el campo y la abolición de la
propiedad para llegar a su meta última: la dictadura del proletariado.
Enorme responsabilidad la de ese separatista vasco, exponiendo ante
una Cámara que le escuchó en cobarde silencio, especies como la que de las
bombas, los tiros en la nuca, los secuestros y la «caza» de los policías
armados y los guardias civiles son consecuencia del escaso grado de
democracia reinante, que impide acceder a los forajidos autores de esos atentados
a los puestos de la Administración autonomista.
Responsable en grado sumo es el parlamentarismo, y también lo son los
partidos políticos del «consenso», empeñados en salvar a toda costa la
democracia, único objetivo que les preocupa, mientras tantas vidas están
cayendo sesgadas por el terrorismo, sin dictar medidas para impedirlo, sino
únicamente expresar «repulsas» y simples palabras.
Responsable resulta también el mismo Fraga, que con su incalificable
camaradería con marxistas, comunistas y traidores de toda clase ha provocado
la desunión de la derecha española, que le dio su voto, que no lo volverá a
obtener ya nunca.
Bajo el desgobierno de esta infausta democracia han caído asesinados
militares de todos los grados, miembros de la Guardia Civil, de la Policía
Armada y de la gubernativa, personalidades civiles y honrados ciudadanos, que
en incontable número han perdido inútilmente sus vidas y no precisamente en
defensa de la democracia, pues este desgraciado sistema, en el que imperan el
fraude, el crimen y la impunidad, no se consolidará jamás.
Resulta indignante que un militar, el vicepresidente del Gobierno,
señor Gutiérrez Mellado, cuando estaba todavía reciente el vil asesinato de
un general y un teniente coronel de su propio Ejército, se permitiese
manifestar que «todavía debemos esperar nuevas víctimas». Efectivamente, su
vaticinio se está cumpliendo ampliamente, y es un buen consuelo para las
viudas, huérfanos y familiares de todos los caídos en esta lenta pero
continua guerra civil.
Hago mías las palabras del liberaldonjuanista «ABC», al decir que el
terrorismo sólo prospera en regímenes totalmente corrompidos. Y dice bien,
porque el régimen que impera en esta mini-España es de completa putrefacción.
¿Cómo hemos consentido el llegar a este extremo? ¿Por qué no se han
dictado medidas eficaces para acabar de una vez para siempre con tanto
crimen? ¿Por qué razón no se aplica el máximo castigo a los asesinos de ETA,
GRAPO, FRAP y sus satélites, cuyas organizaciones imponen la pena de muerte y
eligen sus víctimas?
Basta ya de palabrerías y de inútiles manifestaciones de «repulsa».
Debemos exigir, como valientemente ha expresado Fuerza Nueva, la inmediata
destitución de este Gobierno, ineficaz, incompetente y quizá cómplice en la
situación actual, y la formación de un equipo de salvación nacional que ataje
la catástrofe antes de que sea demasiado tarde.
Y yo añadiría: que ese Gobierno decrete la revisión de los procesos
que se siguieron a todos los delincuentes y asesinos y que la injusticia
democrática puso en libertad con insensata amnistía, y también que en lo
sucesivo se aplique la pena capital a todo aquel que ocasionare la muerte de
cualquier miembro de las Fuerzas Armadas o de español pacífico cualquiera.
¿Venceremos a este Frente Popular que se ha adueñado de los destinos de
España? El tiempo lo dirá y tengamos fe en el porvenir.
Higinio CEPEDA
Revista FUERZA NUEVA, nº 620, 25-Nov-1978
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