DEL VICH
DE BALMES AL DE MOSÉN DALMAU De las
tradiciones filosóficas y literarias de entonces al negativismo y a la
confusión actual El nombre de Balmes tiene unas garantías,
una autoridad, una aureola, una profundidad y una perennidad indiscutibles. Balmes
ha sido el maestro de muchos pensadores y generaciones españolas. Sus obras
se estudian y se estudiarán incansablemente. Recuerdo cómo, a raíz de uno de
mis viajes a América, el entonces obispo vicense, monseñor Perelló, me urgía
para que en mis colaboraciones y corresponsalías en la prensa
hispanoamericana diera a conocer cuanto pudiera el nombre y la obra de Balmes.
Incluso monseñor Perelló había considerado muy seriamente la conveniencia
introducir el proceso canónico de la causa de beatificación de Jaime Balmes. Balmes ha mantenido, en sucesivas décadas,
su nombre unido disolublemente al de la ciudad de Vich. El vigatanismo es una
expresión típicamente nuestra -afirmaba Salarich Torrents-. Ninguna ciudad
del mundo puede vanagloriarse de tener un símbolo como el nuestro que
personalice la realidad afectiva de un pueblo. Esteban Mollet, en un “Pregón”, centraba
las características del espíritu de Vich en estas coordenadas armónicamente
conjuntadas: “Han actuado cuatro fuerzas distintas: la de carácter religioso,
con su preocupación sobrenatural; la tradición jurídica local, originada por
los varios señoríos y su colisión de intereses; la de carácter eclesiástico,
por la influencia de los estilos, crudos y nuevos de la Curia con el centro
humano y social; la cultura, con la doble vertiente de los estudios
eclesiásticos y seculares, y de la tradiciones filosófico-poético y
literarias”. Esta era la vieja Ausona… Pero Vich, desde
el progresismo, ha perdido su primogenitura y el vino se ha vuelto vinagre. Aquella
Vich que conocimos a través del inolvidable Travería y Puigrefagut -vlmente
asesinado por su fe- y tantas viejas casas y nombres de una solera
inmarcesible, está pasando actualmente por el calvario de la destrucción de
sus tradiciones, y, como un símbolo de las dos épocas, de los dos estilos, de
los dos climas, perfectamente quedan contorneadas al evocar el nombre y la
obra sublime de Jaime Balmes, junto a las tartarinescas actuaciones y
panfletos de mosén José Dalmau Oliver, sacerdote de la diócesis de Vich, en
quien concretamos el escándalo de la actual coyuntura eclesiástica y católica
del desolado y entrañable Vich. También mosén José Dalmau escribe libros. Desde
luego, no tantos como Balmes, y de signo totalmente bufonesco, sarcástico y
negativo. Sus libros comenzaron a publicarse en 1967. Incluso “Cuadernos para
el Diálogo” quiso enriquecer la bibliografía de la literatura pro-marxista
vertiendo al castellano el libro “Distensions cristiano- marxistes”. (…) Pero los libros de mosén Dalmau, que se han
vendido desde 1967 con toda clase de facilidades publicitarias, con todos los
trucos propagandísticos y que, a estas horas, sus primeros títulos incluso ya
están olvidados, que carecen todos de la censura eclesiástica preceptuada a
los libros publicados por sacerdotes; que, incluso, según nuestras noticias,
la autoridad civil se prestaba a colaborar con la jerarquía eclesiástica para
que algunos de estos libros denigrantes para la Santa Sede y la doctrina
católica no se difundieran; ahora, en febrero de 1970, han merecido un
divertido informe redactado por los reverendos A. Oriol, A. Pladevall, R. Pou,
S. Raguant, C. Riera, R. Sala y R. Torrents, enjuiciando la producción de mosén
Dalmau. Resumiremos de alguna manera lo que afirman
los observadores de tales libros: Negativismo
de mosén Dalmau “Terminamos
esta reflexiones alrededor del primer libro de mosén Dalmau, recordando
brevemente algunos puntos -sin ningún ánimo de ser exhaustivos- que aparecen
claramente en la obra y con los cuales estamos en desacuerdo. a)
Una presentación sistemática y preferente de puntos negativos en la Iglesia,
alternada por la mención también preferente y sistemática, de puntos
positivos el socialismo-marxismo. El autor se muestra buen técnico en el uso
de las medias verdades. b)
Una presentación predominantemente social-sociológica del misterio de la
Iglesia, paralela a una insistencia en formular de manera notoriamente
subjetivista los temas de la Fe y de la Religión (“vivencia religiosa”). c)
Una presentación tal de la Iglesia en los campos económico, político y de la
enseñanza que, por un lado, por la falta de las matizaciones más elementales,
resulta calumniosa; y, por otra parte, debido a los caminos de solución que
propone, resulta manifiestamente simplista, como ya hemos tenido ocasión de
mostrar a propósito de la cuestión de la apertura a todas las ideologías”. (…) Tras estos juicios que, sumariamente hemos
extractado, mosén Dalmau, con fecha del 27 de febrero, ha contestado
encajando deportivamente estos ataques con humoradas muy propias de su estilo,
temperamento y catadura. Desde luego, puede hacer la digestión tranquilo y
dormir la noche enteramente si al cabo de algunos años de haber escrito y
divulgado las barbaridades reseñadas, todo se limita a unas páginas de literatura
eclesiástica, sin otra particularidad… Quizás se pregunte lector cuál es la
posición y determinaciones del señor obispo de Vich ante los libros de mosén
Dalmau. El propio prelado confiesa que personalmente solicitó el informe
publicado. Pero dice textualmente monseñor Ramón Masnou: “MI posición personal y jerárquica ante los
casos que judicialmente han afectado a mosén Dalmau ha sido siempre decidida
e inequívocamente a favor de mosén Dalmau”. Y esto, con todos los
respetos, es lo que menos acabamos de entender del señor obispo de Vich. Porque, por ejemplo, en 10 de octubre de
1966, la prensa nacional publicaba esta noticia: “Detenido por intento de abusos deshonestos. –Barcelona, 10 (Cifra). Esta
madrugada fue sorprendido el vecino de Gallifa, José Dalmau Oliver cuando, al
parecer, realizaba abusos deshonestos con una menor, cuyas iniciales son P.A.N.
de diecisiete años, vecina también de Gallifa, en el interior de su coche, en
un bosque lindante de la carretera entre Sardañola y Barcelona. El citado señor
y la joven fueron conducidos a la Comisaría de Policía de Horta, de esta
ciudad”. El hombre de la calle se pregunta que, de
ser ciertos tales hechos, tuvo lugar el proceso judicial que correspondía. O
si la autoridad eclesiástica lo impidió, invocando cláusulas concordatarias.
Si en tal caso mosén Dalmau fue sancionado canónicamente. Y si acaso la
noticia no fuera exacta, cómo no se exigió, en virtud de la Ley de Prensa e Imprenta,
la debida rectificación a la que obligaba la buena fama y prestigio personal
de José Dalmau Oliver, incurso nada menos que en una acusación de abuso
deshonesto de una menor. Porque la cuestión es de aúpa. También mosén Dalmau fue cabecilla
principal de la manifestación del 11 de mayo de 1966 en la barcelonesa Vía Layetana.
Aquella actuación fue explícitamente condenada por él C.E. de la Conferencia
Episcopal Española. También la Secretaría de Estado de Pablo VI, en un
documento enviado a la Embajada de España ante la Santa Sede, deploró la
actuación facciosa y subversiva. Aquellos acontecimientos son los que,
judicialmente sustanciados, merecieron la condena a mosén Dalmau y a otros
compadres, que ahora -en virtud de la petición hecha por monseñor Marcelo
González, arzobispo de Barcelona, y la propia Santa Sede- el Jefe del Estado
español, generosamente, ha indultado. Quizás mosén Dalmau habrá tenido todavía
otras implicaciones judiciales; pero aquí también cabe preguntar a monseñor Masnou
si, frente a la Conferencia Episcopal Española y a la Santa Sede, su “posición
personal y jerárquica ha sido siempre “decidida e inequívocamente en favor de
mosén Dalmau”. Esperamos que el prelado de Vich informará debidamente a la
opinión pública, pues los dos casos más resonantes de asuntos judiciales en
los que ha sido envuelto mosén Dalmau abarcan nada menos que su moral
personal y la disciplina eclesiástica, en un terreno que la propia Santa Sede
ha tenido que justificarse diplomáticamente. Porque lo más grave ya no
es mosén Dalmau y sus libros, sino claramente, esta defensa indiscriminada
con que el actual obispo de Vich se pone al lado de mosén Dalmau, impune tras
sus libros y glorificado episcopalmente por los hechos que lo han llevado a
las comisarías y a los tribunales. Es muy urgente que el señor obispo de Vich
aclare, por caridad, estos extremos. Porque, en un terreno más elevado, ya
Jaime Balmes afirmó lo que seguramente será ya familiar a monseñor Masnou, en
el texto que a continuación le recordamos: “Hasta los teólogos más adictos al Sumo Pontífice enseñan una doctrina
que conviene recordar por la analogía que tiene con el punto que estamos
examinando. Sabido es que el Papa, reconocido como infalible cuando habla “ex
cathedra”, no lo es, sin embargo, como persona particular, y en este concepto
podría caer en herejía. En tal caso, dicen los teólogos que el Papa perdería
su dignidad; sosteniendo unos que se les debería destituir, y afirmando otros
que la destitución quedaría realizada por el mero hecho de haberse apartado
de la fe. Escójase una cualquiera de estas opiniones, siempre vendría un caso
en que sería lícita la resistencia; y esto ¿por qué? Porque el Papa se habría
desviado escandalosamente del objeto de su institución, conculcaría la base
de las leyes de la Iglesia, que es el dogma, y por consiguiente caducarían
las promesas y juramentos de obediencia que se le habían prestado”. Si esto, en buena doctrina católica
concierne al Papa, con más sobrado emotivo alcanza a un prelado. Monseñor
Masnou verá lo que le atañe. Y si él no es juez adecuado en la cuestión,
invocamos la autoridad del Nuncio de Su Santidad en España, de la Conferencia
Episcopal y de la propia Santa Sede. Que estudien los organismos competentes
los libros de mosén Dalmau Oliver y que, en conciencia y públicamente, nos
digan si esto puede reducirse a un informe a tres años vista, en que
prácticamente todo quede en agua de borrajas. Y a esperar nuevos libros de
Dalmau con nuevos errores, groserías y absurdos para hacer tambalear la fe
del pueblo. Si a los pastores les importa -les debe importar- lo que
significa la vida espiritual de millares de católicos, opinamos no pueden cruzarse
de brazos y callarse olímpicamente. O simplemente con pensar que en un informe
publicado en un órgano inasequible prácticamente a la opinión pública, ya se
ha cumplido.(…) Desde luego el Vich de Balmes está
secuestrado y marginado por el Vich de mosén Dalmau. De lo sublime a lo
ridículo. De lo glorioso al escándalo neto y favorecido. Pero lo que
sobrepasa toda medida no es el hecho anecdótico de la figura y de la literatura
(¿) de mosén Dalmau, sino el impunismo y el mecenazgo que dice su Prelado tenerle.
Porque en esto estriba nada menos que continúe arruinándose la antigua
diócesis de Vích y que se debilite tanto la fe que, incluso, falta ya el
pulso para hacer las aplicaciones concretas que según exposición de Balmes,
en este caso podrían ya deducirse. Jaime TARRAGÓ
Revista FUERZA NUEVA, nº 175, 16-May-1970 |