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martes, 6 de enero de 2026

Del Vich de Balmes al Vich postconcilar

 Artículo de 1970

 DEL VICH DE BALMES AL DE MOSÉN DALMAU

 De las tradiciones filosóficas y literarias de entonces al negativismo y a la confusión actual

 El nombre de Balmes tiene unas garantías, una autoridad, una aureola, una profundidad y una perennidad indiscutibles. Balmes ha sido el maestro de muchos pensadores y generaciones españolas. Sus obras se estudian y se estudiarán incansablemente. Recuerdo cómo, a raíz de uno de mis viajes a América, el entonces obispo vicense, monseñor Perelló, me urgía para que en mis colaboraciones y corresponsalías en la prensa hispanoamericana diera a conocer cuanto pudiera el nombre y la obra de Balmes. Incluso monseñor Perelló había considerado muy seriamente la conveniencia introducir el proceso canónico de la causa de beatificación de Jaime Balmes.

 Balmes ha mantenido, en sucesivas décadas, su nombre unido disolublemente al de la ciudad de Vich. El vigatanismo es una expresión típicamente nuestra -afirmaba Salarich Torrents-. Ninguna ciudad del mundo puede vanagloriarse de tener un símbolo como el nuestro que personalice la realidad afectiva de un pueblo.

 Esteban Mollet, en un “Pregón”, centraba las características del espíritu de Vich en estas coordenadas armónicamente conjuntadas: “Han actuado cuatro fuerzas distintas: la de carácter religioso, con su preocupación sobrenatural; la tradición jurídica local, originada por los varios señoríos y su colisión de intereses; la de carácter eclesiástico, por la influencia de los estilos, crudos y nuevos de la Curia con el centro humano y social; la cultura, con la doble vertiente de los estudios eclesiásticos y seculares, y de la tradiciones filosófico-poético y literarias”.

 Esta era la vieja Ausona… Pero Vich, desde el progresismo, ha perdido su primogenitura y el vino se ha vuelto vinagre. Aquella Vich que conocimos a través del inolvidable Travería y Puigrefagut -vlmente asesinado por su fe- y tantas viejas casas y nombres de una solera inmarcesible, está pasando actualmente por el calvario de la destrucción de sus tradiciones, y, como un símbolo de las dos épocas, de los dos estilos, de los dos climas, perfectamente quedan contorneadas al evocar el nombre y la obra sublime de Jaime Balmes, junto a las tartarinescas actuaciones y panfletos de mosén José Dalmau Oliver, sacerdote de la diócesis de Vich, en quien concretamos el escándalo de la actual coyuntura eclesiástica y católica del desolado y entrañable Vich.

 También mosén José Dalmau escribe libros. Desde luego, no tantos como Balmes, y de signo totalmente bufonesco, sarcástico y negativo. Sus libros comenzaron a publicarse en 1967. Incluso “Cuadernos para el Diálogo” quiso enriquecer la bibliografía de la literatura pro-marxista vertiendo al castellano el libro “Distensions cristiano- marxistes”. (…)

 Pero los libros de mosén Dalmau, que se han vendido desde 1967 con toda clase de facilidades publicitarias, con todos los trucos propagandísticos y que, a estas horas, sus primeros títulos incluso ya están olvidados, que carecen todos de la censura eclesiástica preceptuada a los libros publicados por sacerdotes; que, incluso, según nuestras noticias, la autoridad civil se prestaba a colaborar con la jerarquía eclesiástica para que algunos de estos libros denigrantes para la Santa Sede y la doctrina católica no se difundieran; ahora, en febrero de 1970, han merecido un divertido informe redactado por los reverendos A. Oriol, A. Pladevall, R. Pou, S. Raguant, C. Riera, R. Sala y R. Torrents, enjuiciando la producción de mosén Dalmau.

 Resumiremos de alguna manera lo que afirman los observadores de tales libros:

 Negativismo de mosén Dalmau

 Terminamos esta reflexiones alrededor del primer libro de mosén Dalmau, recordando brevemente algunos puntos -sin ningún ánimo de ser exhaustivos- que aparecen claramente en la obra y con los cuales estamos en desacuerdo.

 a) Una presentación sistemática y preferente de puntos negativos en la Iglesia, alternada por la mención también preferente y sistemática, de puntos positivos el socialismo-marxismo. El autor se muestra buen técnico en el uso de las medias verdades.

 b) Una presentación predominantemente social-sociológica del misterio de la Iglesia, paralela a una insistencia en formular de manera notoriamente subjetivista los temas de la Fe y de la Religión (“vivencia religiosa”).

 c) Una presentación tal de la Iglesia en los campos económico, político y de la enseñanza que, por un lado, por la falta de las matizaciones más elementales, resulta calumniosa; y, por otra parte, debido a los caminos de solución que propone, resulta manifiestamente simplista, como ya hemos tenido ocasión de mostrar a propósito de la cuestión de la apertura a todas las ideologías”. (…)

 Tras estos juicios que, sumariamente hemos extractado, mosén Dalmau, con fecha del 27 de febrero, ha contestado encajando deportivamente estos ataques con humoradas muy propias de su estilo, temperamento y catadura. Desde luego, puede hacer la digestión tranquilo y dormir la noche enteramente si al cabo de algunos años de haber escrito y divulgado las barbaridades reseñadas, todo se limita a unas páginas de literatura eclesiástica, sin otra particularidad…

 Quizás se pregunte lector cuál es la posición y determinaciones del señor obispo de Vich ante los libros de mosén Dalmau. El propio prelado confiesa que personalmente solicitó el informe publicado. Pero dice textualmente monseñor Ramón Masnou: “MI posición personal y jerárquica ante los casos que judicialmente han afectado a mosén Dalmau ha sido siempre decidida e inequívocamente a favor de mosén Dalmau”. Y esto, con todos los respetos, es lo que menos acabamos de entender del señor obispo de Vich.

 Porque, por ejemplo, en 10 de octubre de 1966, la prensa nacional publicaba esta noticia: “Detenido por intento de abusos deshonestos. –Barcelona, 10 (Cifra). Esta madrugada fue sorprendido el vecino de Gallifa, José Dalmau Oliver cuando, al parecer, realizaba abusos deshonestos con una menor, cuyas iniciales son P.A.N. de diecisiete años, vecina también de Gallifa, en el interior de su coche, en un bosque lindante de la carretera entre Sardañola y Barcelona. El citado señor y la joven fueron conducidos a la Comisaría de Policía de Horta, de esta ciudad”.

 El hombre de la calle se pregunta que, de ser ciertos tales hechos, tuvo lugar el proceso judicial que correspondía. O si la autoridad eclesiástica lo impidió, invocando cláusulas concordatarias. Si en tal caso mosén Dalmau fue sancionado canónicamente. Y si acaso la noticia no fuera exacta, cómo no se exigió, en virtud de la Ley de Prensa e Imprenta, la debida rectificación a la que obligaba la buena fama y prestigio personal de José Dalmau Oliver, incurso nada menos que en una acusación de abuso deshonesto de una menor. Porque la cuestión es de aúpa.

 También mosén Dalmau fue cabecilla principal de la manifestación del 11 de mayo de 1966 en la barcelonesa Vía Layetana. Aquella actuación fue explícitamente condenada por él C.E. de la Conferencia Episcopal Española. También la Secretaría de Estado de Pablo VI, en un documento enviado a la Embajada de España ante la Santa Sede, deploró la actuación facciosa y subversiva. Aquellos acontecimientos son los que, judicialmente sustanciados, merecieron la condena a mosén Dalmau y a otros compadres, que ahora -en virtud de la petición hecha por monseñor Marcelo González, arzobispo de Barcelona, y la propia Santa Sede- el Jefe del Estado español, generosamente, ha indultado.

 Quizás mosén Dalmau habrá tenido todavía otras implicaciones judiciales; pero aquí también cabe preguntar a monseñor Masnou si, frente a la Conferencia Episcopal Española y a la Santa Sede, su “posición personal y jerárquica ha sido siempre “decidida e inequívocamente en favor de mosén Dalmau”. Esperamos que el prelado de Vich informará debidamente a la opinión pública, pues los dos casos más resonantes de asuntos judiciales en los que ha sido envuelto mosén Dalmau abarcan nada menos que su moral personal y la disciplina eclesiástica, en un terreno que la propia Santa Sede ha tenido que justificarse diplomáticamente. Porque lo más grave ya no es mosén Dalmau y sus libros, sino claramente, esta defensa indiscriminada con que el actual obispo de Vich se pone al lado de mosén Dalmau, impune tras sus libros y glorificado episcopalmente por los hechos que lo han llevado a las comisarías y a los tribunales.

 Es muy urgente que el señor obispo de Vich aclare, por caridad, estos extremos. Porque, en un terreno más elevado, ya Jaime Balmes afirmó lo que seguramente será ya familiar a monseñor Masnou, en el texto que a continuación le recordamos: “Hasta los teólogos más adictos al Sumo Pontífice enseñan una doctrina que conviene recordar por la analogía que tiene con el punto que estamos examinando. Sabido es que el Papa, reconocido como infalible cuando habla “ex cathedra”, no lo es, sin embargo, como persona particular, y en este concepto podría caer en herejía. En tal caso, dicen los teólogos que el Papa perdería su dignidad; sosteniendo unos que se les debería destituir, y afirmando otros que la destitución quedaría realizada por el mero hecho de haberse apartado de la fe. Escójase una cualquiera de estas opiniones, siempre vendría un caso en que sería lícita la resistencia; y esto ¿por qué? Porque el Papa se habría desviado escandalosamente del objeto de su institución, conculcaría la base de las leyes de la Iglesia, que es el dogma, y por consiguiente caducarían las promesas y juramentos de obediencia que se le habían prestado”.

 Si esto, en buena doctrina católica concierne al Papa, con más sobrado emotivo alcanza a un prelado. Monseñor Masnou verá lo que le atañe. Y si él no es juez adecuado en la cuestión, invocamos la autoridad del Nuncio de Su Santidad en España, de la Conferencia Episcopal y de la propia Santa Sede. Que estudien los organismos competentes los libros de mosén Dalmau Oliver y que, en conciencia y públicamente, nos digan si esto puede reducirse a un informe a tres años vista, en que prácticamente todo quede en agua de borrajas. Y a esperar nuevos libros de Dalmau con nuevos errores, groserías y absurdos para hacer tambalear la fe del pueblo. Si a los pastores les importa -les debe importar- lo que significa la vida espiritual de millares de católicos, opinamos no pueden cruzarse de brazos y callarse olímpicamente. O simplemente con pensar que en un informe publicado en un órgano inasequible prácticamente a la opinión pública, ya se ha cumplido.(…)

 Desde luego el Vich de Balmes está secuestrado y marginado por el Vich de mosén Dalmau. De lo sublime a lo ridículo. De lo glorioso al escándalo neto y favorecido. Pero lo que sobrepasa toda medida no es el hecho anecdótico de la figura y de la literatura (¿) de mosén Dalmau, sino el impunismo y el mecenazgo que dice su Prelado tenerle. Porque en esto estriba nada menos que continúe arruinándose la antigua diócesis de Vích y que se debilite tanto la fe que, incluso, falta ya el pulso para hacer las aplicaciones concretas que según exposición de Balmes, en este caso podrían ya deducirse.

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº 175, 16-May-1970

 

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