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sábado, 21 de marzo de 2026

La revolución religiosa, madre de las otras revoluciones

 Artículo de 1968

LA REVOLUCIÓN RELIGIOSA, MADRE DE LAS OTRAS REVOLUCIONES

 Por FRAY MARTIN LUCERO

 Los malos aires de Francia, Holanda y Alemania comenzaron a soplar por Santa María del Buen Aire hacia 1950 y se han convertido en huracán, aprovechando el río revuelto del Vaticano II; como si hubiera nacido en todo el mundo una nueva religión, supercristiana, alfista y omeguista.

 El progresismo en su aspecto doctrinal y práctico se muestra muy virulento en los seminarios y casas de estudio de religiosos; se difunde entre los sacerdotes, jóvenes; sobre todo, entre los que pretenden pasar por intelectuales y pensadores futuristas; los que no son del vulgo adocenado, sino que ellos han estudiado en Europa, sabe, «en Europa».

 Síntomas.—Sin Tomás ni Doctor Angélico, en cuya hornacina han colocado al jesuíta francés; desprecio de la ciencia eclesiástica, apoyada en sólidas bases, sustituyéndola por el idealismo, hegelianismo y existencialismo, todas ellas filosofías abstractas muy en boga, pero carentes de fundamento lógico y racional.

 Han trasplantado el idealismo de Harnack aplicado a la Biblia, por el cual niegan todo carácter histórico a multitud de narraciones del Antiguo Testamento y aún del Nuevo, como la infancia de Cristo. Nueva interpretación de la presencia eucarística y de la autoridad del Papa.

 Nueva Moral, al estilo freudiano, según la cual, la masturbación carece de culpa, lo mismo que las prácticas anticoncepcionales. No faltan confesores que enseñan estas doctrinas a sus penitentes, haciendo traición al puesto que les han confiado los Obispos, para juzgar según la Doctrina Católica, emanada del Magisterio auténtico de la Iglesia.

 Asamblea litúrgica, exaltación de la comunidad, olvidando el carácter de sacrificio de Cristo.

 Reprobación de la conducta de la Iglesia en sus relaciones con los judíos, herejes y masones, los cuales han tenido razón contra Iglesia en todos los conflictos a lo largo de los siglos.

 Ansias de apertura de la Iglesia al mundo y reconciliación con el liberalismo, socialismo y comunismo, cristificación del kosmos.

 Amplitud.—El progresismo prende como fuego en cañaveral entre los eclesiásticos y sacerdotes jóvenes, que se organizan en células por toda la Argentina.

 Tratan de influir en los seminarios y procuran conseguir los altos puestos para dirigir las diócesis por nuevos caminos, ejerciendo, para lograrlo, fuerte presión sobre los obispos.

 En toda la nación han logrado los puestos más estratégicos. Si siguen por ese camino, dentro de pocos años dominarán por completo la orientación religiosa de la Argentina, que se convertirá en Modernista, es decir, en un Cristianismo de puro nombre.

 ¿Cuál es la mano oculta que mueve a todos esos títeres? Ya llevamos cincuenta años de comunismo y tenemos la suficiente experiencia para sospechar la causa motora.

 La estrategia comunista consiste en persuadir tenazmente de sus ideas a unos pocos jóvenes lanzados y lograr que ocupen los primeros puestos; desde allí empiezan a liquidar a los adversarios, y al poco tiempo quedan ellos dueños absolutos del campo.

 No es la mayoría la que gana la victoria, sino una minoría audaz, que se apodera de los órganos de la opinión (prensa, cátedras y ambienta callejero) y luego arrinconan totalmente a los demás.

 Cuál es el remedio para estos males? No hay otro que el que emplea el mismo comunismo. Cuando ellos quieren hacer un sabotaje, un incendio o una revolución, traen de fuera unos individuos desconocidos y agresivos, que no tienen ningún vínculo con aquella región, y ellos son los que encienden la mecha.

 De la misma manera, si queremos vernos libres de los progresistas, colocados ya en lo alto, no hay que esperar a que sus propios ciudadanos los despojen, esto no lo harán jamás, es preciso traer gente de fuera, que a mandobles los destrone de los puestos influyentes a los que están terriblemente aferrados.

 Los «fascistas» de Austria

 La intolerancia no viene ya de Roma, sino de los países germanos, donde los innovadores no permiten más opinión que la suya; ni siquiera el diálogo, aunque no se les cae de la boca esa bendita palabra «dialoguemos»

¡El Liberalismo redivivo!

 Han suprimido la Inquisición y ¡a censura eclesiástica, pero han inventado otra censura solapada, que suprime sin piedad todo comentario o crítica que se quiera hacer contra sus innovaciones y exageraciones. Se han arreglado para crear una gran atmósfera de «optimismo», de un éxito total y mundial de sus innovaciones, de modo que la masa de los fieles está totalmente engañada, creyendo que esas ideas y modos de obrar son los auténticos y genuinos de la Iglesia. No tienen escrúpulos en criticar y pulverizar la opinión de los demás, de suerte que la oposición no halle eco en el pueblo católico.

 ¡Cuánto hablan los vencedores contra el fascismo de Hitler y Mussolini! Pues los neo-modernistas austríacos están poseídos del «furor teutonicus», y no les importaría mucho enviar a Auschwitz a todos los que se permiten dialogar en contra.

 El mejor apelativo que cuadra a estos progresistas es el de «¡Fascistas!» «¡Fanáticos intolerantes!» «¡Modernistas que vuelven a la época de Loisy (1857-1940), el cura francés renegado.

 Estos neo-modernistas son unos perfectos diletantes, que jamás han estudiado en serio, se caracterizan por su falta de prudencia y madurez de juicio. Verdaderamente que son hijos de los bárbaros por su falta de cultura y de estudios, vacío que tratan de llenar con su palabrería engorrosa, encastillándose en un lenguaje ilógico, cabalístico e ininteligible, son los asesinos del idioma.

 Un periódico católico de gran circulación ha dicho que todo género de música, aun la ligera, tiene su puesto en la misa. Como si no hubieran hablado San Pío X (22 noviembre 1903), Pío XI (20 diciembre 1928) y Pío XII (22 diciembre 1955 y 3 septiembre 1958).

 ¡Por favor! Antes de hablar, ¡entérese!

 Contra esa música ligera se presenta Pablo VI al hacer televisar la Misa de Navidad antes de dar la bendición papal a urbe y al orbe. Función majestuosa, en latín y en gregoriano, sublime, digna del Pontífice del mundo, que une los labios en expresión unísona no sólo de la multitud de la Basílica de Pedro, sino de todo el mundo.

 ¡Creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana, y repruebo todo género de desfiguraciones y sustituciones caprichosas e individualistas!

 El resultado de ese anarquismo y confusión es que la devoción de los fieles ha caído en muchas partes en vertical. Las actuaciones del diácono las realiza ahora  cualquier ministrillo, sin formación, ni preparación alguna, vestido de un modo estrafalario, propio para desprestigiar la religión.

 Se quejan de la traducción de los textos litúrgicos latinos al alemán por la prisa de los expertos algo inexpertos.

 Como el fenómeno de Austria se realiza a escala mundial, ¿no habrá en todo ello oculta una peluda mano de araña?

 Sincretismo alemán

 El Racionalismo alemán del siglo XIX y su hijo el Modernismo, condenados por San Pío X en la encíclica «Pascendi». de 8 de septiembre de 1907, siguieron ocultos bajo las cenizas en Alemania y rebrotaron en dos libros publicados en 1937 y 1940, pero las bombas rusas no les dejaron salir de los refugios.

 Luego se rehizo Alemania y esas ideas, como el grano de mostaza, se convirtieron en árbol, en cuyas ramas anidaron las aves de rapiña.

 El Modernismo quiere acomodar la Doctrina Católica al pensamiento científico, despojándola de toda intervención sobrenatural. Los modernistas dicen que la Iglesia no es inmutable, sino que evoluciona como todas las cosas humanas y que ahora (1968) hay una Iglesia preconciliar y otra posconciliar distinta.

 En esos libros se proponían muchas cosas que han ido apareciendo con el tiempo: Prioridad del laicado, supresión del celibato sacerdotal, valoración de la Reforma protestante, humildad del Papa, folklore religioso, síntesis del Protestantismo  y del Catolicismo, vaciamiento de los dogmas marianos; en fin, sincretismo religioso, en el que todo tiene cabida. Para ellos la Iglesia no ha hecho más que seguir un largo camino de errores. 

Manía de cambios.—Padecemos la manía de cambiarlo todo; fuera el clericalismo y el legalismo, la Cena del Señor se tendrá en las casas de modo democrático, institución de sacerdotisas, acabar con el celibato, reconciliarse con la ética de las masas, dudas sobre la Trinidad y de la existencia de Dios, etc.

 Acomodación a este mundo.—Rechazan el seguimiento de la Cruz de Cristo, la ascesis y la mortificación, su norma de conducta es el hedonismo, el placer, obran con una libertad que aterra, piden que la Iglesia abandone sus resabios medioevales, abogan por la abolición del Primado del Papa, porque sólo suprimiendo el Primado Romano se podrá establecer la Unión de las Iglesias; la libertad religiosa que establece el Concilio, según ellos, es la concesión a todas las sectas de los mismos derechos, mutilan las enseñanzas del Concilio, según les viene mejor...

 Estas son las doctrinas de los Modernistas, combatidos por San Pío X, reaparecidos en 1930 y fustigados por Pío XII en la encíclica «Humani generis» de 1950, pero a la muerte de este gran Pontífice se unieron de nuevo para ir limando a fuerza de «concilio» los poderes celestiales de la Iglesia.

 Un viento impetuoso, como el de un Pentecostés infernal, ha esparcido por los aires las cenizas de Harnack (1851-1930).


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 210, 6-Ene-1968  

 

sábado, 14 de febrero de 2026

Trampas religiosas del “Trasvase Ideológico Inadvertido”

 Artículo de 1967

  EL TRASVASE SIMBÓLICO DE LAS FIESTAS (1)

 En un estudio que alcanza la difusión internacional, «El Trasvase Ideológico Inadvertido y el Diálogo», el pensador contrarrevolucionario Plinio Correa de Oliveira ha desenmascarado un proceso psicológico contemporáneo tan sutil como venenoso. Consiste en actuar sobre el espíritu de otro, llevándole a mudar de ideología sin que se aperciba. Sus más importantes etapas son:

 a) Encontrar en el sistema ideológico actualmente aceptado por el paciente puntos de afinidad con el sistema ideológico del que se desea imbuirle.

 b) Supervalorar doctrinaria y pasionalmente esos puntos de afinidad, de tal manera que el paciente acabe por colocarlos encima de todos los otros valores ideológicos que admite.

 c) Atenuar, tanto como fuere posible en la mentalidad del paciente, la adhesión a los principios doctrinarios que actualmente acepta y que sean inconciliables con la ideología de la cual se quiere impregnarle.

 Un rasgo de la fisonomía de los españoles es que aquí resolvemos los problemas religiosos y políticos que afectan a todo el mundo con una cantidad mínima de literatura y aun ésta, de pocas pretensiones doctrinales y sin calidad filosófica; al revés que en algunos países próximos, donde los excelentes trabajos doctrinales florecen y emergen entre la maleza comunista. De no ser por esta condición nuestra, de España hubiera salido un trabajo similar en alcance e importancia al de Correa, y afín y precursor del suyo, sobre el trasvase simbólico de las fiestas litúrgicas.

 Porque aquí padecimos un caso de éstos. El de «El Día de la Madre», que se superpuso a la festividad de la Inmaculada. De todos es sabido el proceso psicológico que acompañó a esta duplicidad: la atención de las masas de la Iglesia de los pobres, se fue desplazando del culto a la Santísima Virgen hacia el festejo familiar, hasta amenazar muy seriamente al primero. Sólo entonces, grandes sectores del clero y de los religiosos y religiosas dedicados a la enseñanza aceptaron la maniobra de desglose de las dos fiestas, con la cual no se remedian los estragos ya causados ni se borra una cierta estela que los prolonga aun así. Pero aún antes de que el trasvase llegara a levantar un clamor de indignación del pueblo cristiano, muchos sacerdotes y religiosos y religiosas no sólo no vieron temprana y oportunamente el engaño sino que colaboraron con él, en su establecimiento, primero, y en su disimulo, después, durante demasiado tiempo.

 La circunstancia de contarme entre los primeros católicos seglares que desenmascararon aquel mal, al precio de amargas controversias con no pocos sacerdotes, me da fortaleza para avisar de otro trasvase ideológico que ha iniciado su desarrollo de acuerdo con el esquema de Correa, al principio citado. Se ha iniciado la sustitución de la mentalidad de Lepanto por la mentalidad de la ONU. El trasvase entre los lemas que puso San Agustín al frente de las dos ciudades: del «Amor a Dios hasta el desprecio del hombre», que es fiel reflejo de la guerra santa (Lepanto en nuestro caso), al otro lema de «Amor al hombre hasta el desprecio de Dios», que con muchas salvedades respecto de su primera parte, podríamos reconocer como eje ideológico de las Naciones Unidas.

 El trasvase, como es preceptivo para que resulte inadvertido, se ha iniciado, como siempre, muy bien: con el rezo del santo rosario que hemos hecho el pasado día 4 de octubre por filial obediencia a Su Santidad el Papa Pablo VI, para pedir por la paz del mundo. No se ha escogido para ello la inmediata festividad de la Virgen del Rosario, sino el aniversario del viaje de Su Santidad a la ONU. De manera que con tres días de separación, quedan estrechamente avecindados dos binomios semejantes; semejanza y proximidad propicios para un «Trasvase simbólico inadvertido» que pase luego a ser un trasvase ideológico ostensible y grave.

 Los dos binomios son:

1.°) Un Papa, San Pío V, establece la festividad de Nuestra Señora del Rosario en conmemoración de una victoria militar cristiana. Lepanto.

2.°) Otro Papa, Pablo VI, establece—¿sólo por este año?— un día del rezo del santo rosario por la paz en conmemoración de su visita a la ONU. Si se estableciera la costumbre de conmemorar anualmente esa visita, como alguien ha propuesto, con el rezo del rosario por intenciones políticas, se iría labrando un cauce de trasvase de la siguiente manera: Batalla de Lepanto, primitiva festividad de Nuestra Señora del Rosario, jornada del rosario por la paz, conmemoración de la visita a la ONU y supuesta aceptación de ésta. Este cauce sería recorrido de la siguiente manera: el recuerdo del triunfo cristiano de Lepanto es víctima de una conspiración de silencio, olvido y descrédito, con omisión de su conmemoración, devolución de sus trofeos, acusaciones de triunfalismo, constantinismo, militarismo, etc.

 3.°) Su correlativa festividad del rosario quedaría desencarnada e intemporal, sin significación concreta.

 4.°) Nada más efectista y tentador entonces que darle un nuevo arraigo comprensible por las masas. Con ello, la versión tradicional de la festividad del rosario quedaría en situación competitiva con esta otra, tan próxima, de un día de rezo del rosario a la intención de problemas humanos variantes cada año, fácilmente aceptados y estimados por estas gentes sencillas.

 5.°) El desplazamiento de la atención de éstas hacia la conmemoración de la visita de Pablo VI a la ONU se operaría por ser la única explicación de que esas rogativas no se hicieran el día, tan cercano, de la Virgen del Rosario, y también por el contraste entre la variación anual de las intenciones y la permanencia de la conmemoración de la visita.

 6.°) Esta visita del Papa a la ONU no será considerada como una imitación del «Alter Christus» a las visitas de Cristo a los pecadores, ni se repetirán las salvedades y consejos con que el Papa rodeó sus palabras de cortesía a esa Asamblea, sino que se derivará a la creencia popular de que la ONU es una entidad cristiana, cuyos criterios deben ser aceptados por los católicos.

 Un análisis de los principales periódicos y revistas de esos días, del espacio y comentarios dedicados a cada uno de los puntos enunciados o de sus omisiones, muestra que el trasvase que denuncio está más adelantado de lo que a primera vista se puede suponer. Por ello creo que debemos afirmar las siguientes conclusiones:

 1. °) Proclamar en todo tiempo y lugar nuestra filial devoción al Vicario de Cristo en la Tierra, tanto más cuanto más usemos sus propias concesiones y enseñanzas de opinar según nuestra recta conciencia en cuestiones opinables. No siempre es imposible separar el magisterio espiritual del Vicario de Cristo de la política exterior del Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. Esto le entendieron muy bien muchos Reyes de España.

 2. °) Debemos participar devotamente en todas las campañas de oraciones que se propongan en cualesquiera fechas y circunstancias e intenciones.

 3. °) Debemos celebrar espléndidamente la festividad de Nuestra Señora del Rosario y la gran victoria cristiana de Lepanto.

 4. °) Debemos seguir proclamando que la O. N. U., en su versión actual, es tan peligrosa para la cristiandad como cuando estableció el bloqueo diplomático contra España por odio a nuestra fe.

 P. ECHANIZ


  Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967

 

lunes, 26 de enero de 2026

La Virgen, marginada en el Postconcilio

 Artículo de 1970

 La Virgen, marginada

 Hablar hoy de la Virgen es arriesgado. Antes (un “antes” que no va más allá de preconcilio) la Virgen era tema obligado de la catequesis, de la predicación y de la doctrina teológica. Hoy (un “hoy que abarca los últimos cinco años, 1965-70), la Virgen se ha vuelto un tema difícil, un tema discutido. Porque, además, puede hablarse en un cierto oscurecimiento de la devoción mariana en la Iglesia Católica.

 El hecho ha tenido manifestaciones tan evidentes que es del todo imposible no admitirlo. Sería suficiente hacer un recorrido por las iglesias de cualquiera de nuestras ciudades, en este lánguido “mes de María”, para advertir que algo ha pasado en lo más profundo de las almas en este sentido. No es necesario llegar, claro está, a ese vago y lejano recuerdo que todavía atormentaba nostálgicamente el alma impía de Renan, como “un olor inebriante de rosas de mayo”.

 Basta mirar con los ojos abiertos: la supresión del rosario; su suplantación por extrañas e incomprensibles “paraliturgias” en las que la arbitrariedad imaginativa de un buen curita lo inventa todo; los cantos salmódicos de un irritante simplismo melódico y de una pobreza viejotestamentaria ridícula; las lecturas escriturarias, ciertamente santas y útiles, pero en un contexto de “sola scriptura” protestante, frío, que hiela los corazones. Uno busca, por lo demás, la imagen de la Virgen como señuelo y sostén de una humanidad, de un humanismo imprescindible y, por fin, lo encuentra allí, en “cualquier” lugar, a la contraluz de una columna oscura, que la separe del altar, “único centro” -proclaman altamente los nuevos liturgistas- de la atención de la Asamblea del Pueblo de Dios.

 La Virgen “marginada” en su representación simbólica, lo es también en su conmemoración litúrgica. La nueva ordenación litúrgica, con un criterio de “sola scriptura” no católico, ha realizado una inclemente poda en el ciclo litúrgico mariano. Estas innovaciones, hoy todavía muy discutibles, se presienten nocivas para la piedad cristiana que no vive de esa “metafísica” litúrgica que se le impone.

 La Virgen “marginada” también en la predicación y en la doctrina teológica. El hecho tiene otras manifestaciones evidentes (Asociaciones, Cofradías, Romerías, Peregrinaciones, insignias, hábitos, etc.) que no es necesario describir. ¿Cómo explicarse este extraño fenómeno, tan contrario a toda la tradición católica vinculada de un modo tan estrecho con las devociones marianas? Un fenómeno tan profundo no puede menos de obedecer a causas igualmente graves y profundas. No se pueden aducir fenómenos de superficie; por ejemplo: los excesos de la época procedente, que hubieran producido un ”maximalismo” que hoy tendríamos que compensar con un desequilibrado “minimismo”.

 Es verdad que los años 1940-1955, en España, pueden ser considerados -como se decía entonces- “Era de María”. Son años espléndidos en manifestaciones marianas: Congresos, Consagraciones, Peregrinaciones, la “Virgen Peregrina”, el “Año Mariano”, en que la piedad popular de la Iglesia vibra como en los mejores tiempos. Pero esta piedad está bien sostenida, primero, por un Magisterio papal y episcopal relevante; y luego por una mariología científica y teológica, que coloca a la mariología católica en un primer plano de la literatura teológica. No son, pues, esas razones de superficie las que explicarán el fenómeno actual de la marginación mariana hasta convertirse, no sólo en “questio mariale”, sino en verdadera “crisis”.

 Porque esta fenómeno de crisis mariana -como, por lo demás, tantos otros fenómenos críticos de la Iglesia de hoy- no puedo entenderse sino cuando se le coloca en extensión y profundidad en el contexto de una amplia y grave crisis eclesial. Está, en primer lugar, la crisis “religiosa” como fenómeno de desacralización y de secularización. En ella, la Virgen María representa un punto culminante y “escandaloso” de lo santo y de lo sagrado, que instintivamente repele todos los intentos de “reducción a lo religioso” a lo profano. Su persona excelsa representa, en el catolicismo, la convergencia de lo humano y lo divino de una manera absolutamente sagrada y trascendente. De ahí el escándalo “edificante” que produce todo lo “mariano” en un mundo secularizado. Por ello mismo, la “desmitologización” del mensaje evangélico se enfrenta necesariamente con la Virgen se la quisiera despojar de su maternidad divina, de su virginidad perpetua, de su lugar irreemplazable de hecho en la economía de la salvación; que fuera sólo la doncella humilde de Nazareth, casada normalmente con el carpintero José, de quien tiene el “primogénito Jesús” y a otros hijos después de él.

 Está luego la crisis eclesial, en la que el Magisterio Jerárquico existe, pero “no funciona”. Y hay finalmente unas tendencias a un cristianismo descarnado, desencarnado, desarraigado, “sin piedad” (San Pablo), que se amparan en el falso simplicismo de la autenticidad soñada, del antirromanticismo más romántico, y de la bobalicona entrega, a ojos ciegos, a los valores mundanos.

 ¿Qué podía representar en ese conjunto “emocional” religioso la figura de la Virgen María sino un serio obstáculo que había que marginar? Y, como las intenciones -aun las no conscientes, aun las solamente presentidas- son las que mueven los hilos de esta miserable tramoya, asistimos a este fenómeno de marginación de lo mariano como una consecuencia inclemente y despiadada, pero lógica, de toda una lamentable situación crítica de la Iglesia.

 Pero -y he aquí la paradoja constante en que hoy extrañamente nos movemos en todo lo eclesial- esta marginación de la Virgen María en la piedad católica no puede apoyarse ni en el Magisterio de los últimos Papas, ni mucho menos en el Concilio Vaticano II. Porque los Papas, con sus documentos doctrinales, con sus intervenciones pastorales, con sus gestos emocionales (Peregrinaciones de Juan XXIII y Pablo VI a Loreto, Fátima, Bonaria, Éfeso) nos dicen todo lo contrario. Por su parte, el Concilio Vaticano II, en sus magníficos textos, favorece tanto la piedad mariana como la mariología católica. El Concilio recomienda “las piadosas prácticas del pueblo cristiano” (SC, n. 20), y el culto especial y las devociones tradicionales a la Virgen (LG, nn. 66-67). (*)

 ¿Cómo, pues, explicarse, repetimos, esta marginalización de lo mariano sino como una triste consecuencia de esa decadencia general de lo católico? Porque la Virgen no está “al lado” de los caminos por los que el Señor quiso venir a nosotros. Tampoco está “en el centro”, cuyo lugar lo ocupa ciertamente el Cristo. Pero sí que está “en el medio de los caminos” de Dios. La historia de la salvación no sólo encuentra en ella un término en el que toda la plenitud profética y escatológica del Antiguo Testamento viene a ser la realización definitiva de la “Hija de Sión”, que se personaliza en María. Sino que, además, es el verdadero punto de arranque de la nueva historia que Cristo viene a instaurar. El Cristianismo, para no ser precisamente un “mito descendido” necesita de esta figura, arrancada a la piedra viva de la historia humana, que da realidad humana al Cristo y lo inserta en nuestro tiempo: “cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, hecho de mujer” (Gal. 4,4).

 Hoy, en cambio, un orgulloso neo-gnosticismo, amparado por un angelismo pervertido, pretende sustituir esa figura de mujer por el “solus Christus” protestante, pervirtiendo los suaves y fáciles camino del Señor… Muy pronto el “Christus” sería sustituido por mil eones quiméricos. Hoy, una falta de sencillez y humildad, como primigenias virtudes cristianas, está trastornando un orden de cosas querido por el Señor de un modo tan humano. Esas virtudes pusieron todavía nuestros padres ante el Padre y la Madre celestes, en la actitud de “niños” a quienes únicamente se abre el reino de los cielos. Hoy, en muchos medios, se crea un ambiente anti-católico de orgullo y de prevención ante la “bendita entre todas las mujeres”. Nada, ciertamente, más funesto para la Iglesia en esta hora necesitada de amparo. Porque no puede olvidarse que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tiene sus complacencias en Ella, la Virgen María.

 Mariano DE ZARCO


Revista FUERZA NUEVA, nº 176, 23-May-1970

 

(*) Discrepamos. Baste comprobar cómo el Concilio privó a la Virgen de un esquema propio, para agradar “ecuménicamente” a los observadores protestantes, y hubo de ser añadido un texto de compromiso, a regañadientes, al final de “Lumen Gentium”

lunes, 12 de enero de 2026

Celibato sacerdotal (4): el fondo del problema

 Artículo de 1970

 

  CELIBATO SACERDOTAL: EL FONDO DEL PROBLEMA

 En este oleaje periodístico en que el tema del celibato clerical ha sido tan violentamente zarandeado, existía -por parte siempre de los conocidos grupos progresistas de presión sobre la opinión de la Iglesia postconciliar- el interés innegable de romper la tradición católica en un punto al que instintivamente se aferraba. Las defecciones, las dispensas, las encuestas; los pretendidos argumentos sociológicos y teológicos: todo ha sido puesto en juego hoy como nunca para lograr una desorientación de la fina sensibilidad católica en este punto delicado. Pero intentemos ver claro en el fondo del problema.

En sus declaraciones a “La Croix”, el cardenal Daniélou decía: “cuando un cuerpo está enfermo, existen dos soluciones: o dejarle perecer o restituirle la salud. Ahora bien; nadie puede negar que la cuestión del celibato en su contexto actual está ligado a una crisis de fe y a una crisis de la vida espiritual. La verdadera respuesta a la crisis de la vida sacerdotal es la de Pablo VI cuando afirma que la renovación del sacerdocio va unida al redescubrimiento por los sacerdotes del valor eminente del celibato consagrado. El celibato sacerdotal ha estado siempre, en la historia de la Iglesia, en relación con el ardor de la fe, con el impulso de la vida espiritual. Y la problematización del celibato ha estado siempre relacionada con la debilitación de la fe y de la vida espiritual. ¡Qué lamentable ejemplo daría el sacerdote en un momento en que los fieles tienen que luchar valientemente para mantener su fidelidad a la fe en la vida cristiana, si él se dejara llevar a una tal defección!”

 Crisis de celibato, pues, es crisis de fe y crisis de espiritualidad en la Iglesia. Pero, ¿en qué puntos? El cardenal Bensch lo señalaba así: “la petición de disociar sacerdocio y celibato, que ha sido formulada de manera particularmente explícita -aunque no por primera vez- con ocasión de la 5ª sesión del Concilio pastoral, ha atraído casi exclusivamente el interés de la opinión pública sobre la cuestión del celibato. Pero toda la preparación de los trabajos del Concilio pastoral muestra hasta la evidencia que existe una “asociación” entre su posición sobre el celibato y sus concepciones sobre la institución, las estructuras y la misión de la Iglesia, sin hablar de los dogmas, el sacramento del orden y otros sacramentos, concepciones todas que están muy lejos de las enseñanzas del Vaticano II”.

 Es decir, que el escándalo holandés sobre el celibato se presenta en un contexto dogmático sumamente peligroso. Por ejemplo, sobre la colegialidad, el informe preparatorio no deja lugar a dudas: “Quizás tengamos que acostumbrarnos paulatinamente una imagen del Papa como de presidente o secretario general de todas las iglesias unidas por todo el mundo, manteniendo vivo el contacto con otras figuras similares en las demás iglesias cristianas y movimientos humanos de nivel mundial”.

 El cardenal Danielou ha puesto al descubierto la maniobra diciendo: “Vemos aparecer la maniobra que consistiría en levantar contra Pablo VI la colegialidad episcopal. Ciertos llamamientos han sido dirigidos hábilmente a los episcopados del mundo para solidarizarse con el episcopado holandés. Por ahí se intenta quebrantar la autoridad del Papa, ejercer sobre ella un chantaje y, finalmente, suprimirla. Lo que hay en el fondo de todas estas campañas sucesivas es, finalmente, el odio contra la autoridad de Roma”.

 Pero -todavía más- si se quiere advertir el contexto más próximo en que surge y se explica la crisis del celibato sacerdotal, hay que ir a buscarla en el clima general de secularización que invade como riada incontenible a la Iglesia. No nos referimos ahora a la secularización naturalista que afecta a la crisis más amplia de fe y sobrenaturalismo, sino a esa concepción difusa que hace de la Iglesia Católica una sociedad filantrópica de socorros mutuos para el Tercer Mundo; o la nueva “Internacional” socialista de defensa del mundo obrero; o la panacea universal de la Paz; o la oficina de la prosperidad humana: o, en fin, el lugar donde la humanidad encontrará el paraíso marxista en la tierra. 

Esto influye en la secularización del sacerdote: fuera el hábito clerical; amputaciones litúrgicas; sacerdote sociólogo y demagogo; sacerdotes obreros, entregados a la edificación de la Ciudad Secular; sacerdotes encuadrados en todos los estamentos seculares como un ciudadano más y -última consecuencia- sacerdotes casados, como todo el mundo…

 Schonenberg, en su intervención en el sínodo pastoral holandés, se refería a que la ponencia desatendía la trascendencia propia del ministerio católico. Y el cardenal Bengsch explica: “Un ministerio sacerdotal que ante todo es mirado en función de las normas de las profesiones sociales modernas; una misión de la Iglesia que es vista exclusivamente como una ayuda de la expansión personal del hombre, no pueden, evidentemente, más que hacer desaparecer el “non-sense” del celibato sacerdotal. Mis temores, que comparto con muchos creyentes, no se refieren sólo, o ante todo, a la supresión del celibato: el peligro concreto que yo temo es que el mensaje de Cristo no sea totalmente vaciado de su contenido y laicizado”.

 Pero -respondía Pablo VI- todas esas razones “sociológicas” no parecen convincentes. Parecen omitir en realidad una consideración fundamental y esencial que es necesario absolutamente no olvidar y que es de orden sobrenatural: son una desviación de la concepción auténtica del sacerdocio. El fondo, pues, del problema parece que hay que encuadrarlo en tres círculos cada vez más interiores, pero íntimamente dependientes: la crisis amplia de fe, otra más interior, de Iglesia, y una específica de sacerdocio. Y esta crisis -concluye el cardenal Bengsch- no podría ser resuelta, ni en Holanda ni en ninguna parte, por la supresión del celibato. Como lo muestra la experiencia de otras Iglesias, este medio no podrá remediar la falta de sacerdotes.

 Si esto es así, parece inútil, contraproducente o sumamente peligrosa, hasta esa concesión en torno a la posibilidad de ordenación de sujetos probos, ya casados. Pablo VI no ha ocultado sus graves reservas sobre este punto: “¿No sería en efecto –dice- entre otras razones, una ilusión muy peligrosa el creer que tal cambio en la disciplina tradicional, podría, en la práctica, limitarse a casos locales de verdadera y extrema necesidad? ¿No sería, para nosotros, una tentación para buscar por ahí una respuesta aparentemente más fácil a la insuficiencia actual de vocaciones? 

De todos modos, las consecuencias serían tan graves y plantearían cuestiones tan nuevas para la vida de la Iglesia, que, dado el caso, deberían ser de antemano examinadas atentamente por nuestros hermanos en el episcopado…”. Guitton, contrario a esa solución, decía -citando una respuesta de un seminarista-: “Pero, si dentro de diez años existieran sacerdotes casados, nosotros tendremos necesidad de un heroísmo todavía mayor”. E, igualmente, haciendo hablar al pueblo fiel: “¿Dónde vamos a parar, si, después de haber introducido el matrimonio de los sacerdotes, fuera necesario hablar un día del divorcio de los sacerdotes?”.

 Verdaderamente, la palabra de Newman al sacerdote de hoy, en este tiempo de crisis de fe y de Iglesia, es definitiva: “¿Qué has arriesgado tú por la fe? ¿No eres tú, en verdad, como los demás?” Porque, hoy, los laicos del “pueblo de Dios” una sola cosa pedimos al sacerdote: que sea el “homo Dei” paulino. Que nos dé el testimonio de su sacerdocio consagrado a Cristo y a su Iglesia.

 Mariano DE ZARCO


 Revista FUERZA NUEVA, nº 175, 16-May-1970

 

sábado, 10 de enero de 2026

La Santísima Virgen ¿perdonada?

 Las “maravillas” del año de la Fe (1967)

 La Santísima Virgen ¿perdonada?

 En la «Hoja Dominical», de Barcelona, que se publica por la Oficina de Prensa del Arzobispado (número del día 3 de diciembre) se afirma de la Santísima Virgen, con motivo de la fiesta de la Inmaculada, que Ella la madre de Nuestro Señor Jesucristo, fue LA PRIMERA PERDONADA. Con tan infausto motivo una gran porción de católicos santamente indignados han elevado al excelentísimo y reverendísimo arzobispo de Barcelona una carta-denuncia, ciertamente airada. Se nos ha remitido copia y, desde luego, si participamos en el fondo del inmenso dolor de que brota ese escrito, rechazamos la forma irreverente, directa y ruda, en muchos puntos.

 Para sustancial información de nuestros lectores extraemos algunos períodos de la desgarrada queja:

 Se ofenden nuestros más íntimos sentimientos de católicos al escribir de nuestra Madre, la Santísima Virgen, después de unas frases ambiguas y atenuadoras del entusiasmo mariano de buenos hijos, que Ella «fue la primera perdonada». Señor arzobispo: esto es intolerable. Perdonada, ¿de qué? ¿De qué culpa o pecado perdonada María; Ella, que fue concebida sin mancha de pecado? ¿Es eso lo que se enseña al pueblo de Barcelona en la novena de la Inmaculada?»

 «Por nuestra ciudad anda de mano en mano el libro de «Una religión para nuestro tiempo», del desgraciado sacerdote belga Evely, en el que escribe la blasfema frase de que la Virgen «fue la primera pecadora perdonada». Es indignante que se pueda llamar impunemente en un libro que se presenta como católico, a la Santísima Virgen «pecadora». Pero ahora resulta, por si fuera poco, que en la misma «Hoja Diocesana, aunque se suprime el término de «pecadora», se incluye el de «perdonada», que supone el que ha sido pecadora. Esto en una publicación oficial del Arzobispado.»

 «Esa «Hoja Diocesana», que es el órgano doctrinal del Arzobispado al alcance del pueblo, ha escandalizado gravemente a ese mismo pueblo, y le ha ofendido en sus sentimientos religiosos más queridos, y ha esparcido el error en medio de él. Son cientos de miles los que han recibido ese veneno.»

 ¡Desgraciada ciudad de Barcelona, en manos de los propagadores del error, que desmoronan la fe del pueblo y destruyen el dogma, sin que nadie salga en su sagrada defensa! Esa repugnante Hoja Diocesana» quedará como un baldón permanente».

 Nuestro corresponsal añade:

 «Es ya mucha la indignación que hay en Barcelona. Se recuerda la campaña «Volem Bisbes Catalans», el artículo en «Le Monde» personalmente contra Pablo VI del reverendo José María Montserrat Torrents, la firma del reverendo Joaquín María Martínez Roura, que pertenece a esta Comisión Diocesana para los Medios de Comunicación Social, en el manifiesto clandestino y subversivo de 1 de mayo de este año, capturado por los agentes de la autoridad en Torre Baró, sin que haya rectificado, a pesar del cargo que tiene en dicha Comisión. Por esto se confía en que el señor arzobispo de Barcelona, excelentísimo y reverendísimo doctor don Marcelo González Martin, pondrá fin a tantos desmanes e indisciplinas y sabrá apreciar en todo lo que representa el fondo de fe auténtica que hay en el contenido de esa carta, aunque sea presentada con una vehemencia que nadie mejor que el arzobispo de Barcelona puede comprender y explicar debida y caritativamente».


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 208, 23-Dic-1967

 

domingo, 4 de enero de 2026

Las “maravillas” del Año de la Fe

 Artículo de 1967

  ¿DÓNDE ESTÁ EL AÑO DE LA FE?

 Por IJCIS

 (…) Lo que hace España

 La revista «Ecclesia» propone como modelos de mentalidad eclesial a los teólogos que oscurecen los dogmas y combaten las encíclicas.

 La Editorial Católica Nova Terra se encarga de traducir y difundir esa escandalosa y sangrienta diatriba contra la Iglesia que se llama Objetions to Roman Catolicism. A pesar del juicio durísimo y total repulsa de L’Osservatore Romano, se afanan en propagarla, muy apostólicamente, «Incunable».

  Ese mismo periódico sacerdotal nos viene a predicar por la pluma de dos clérigos díscolos y comprometidos «una nueva religión». Es la del hervidero holandés, en cuya vorágine naufragan las encíclicas y… ni las verdades más elementales del Catecismo sobrenadan. 

 «Sal Terrae» y «Ya»  ensayan una canonización anti Vaticano I del apóstata del sacerdocio y de la Iglesia, Charles Davis.

  «Cuadernos para el Diálogo» revista de Ruiz-Giménez, la figura laica española más cotizada (¿?), y, desde luego, más conocida en el ámbito internacional (y la más elevada en el Vaticano), se honra con las colaboraciones de Mosén Dalmáu, desorientador, de posiciones difícilmente conciliables con la doctrina auténtica de la Iglesia, cuya lectura constituye un serio peligro»… (Boletín Arzob. Barcelona). Más de una proposición temeraria, errónea y semiherética (por no decir herética) ha estampado en los Cuadernos el famoso cura (ver ¿Qué PASA, 8-X-66). 

De ahí que sea tan extraña y sorprendente la metódica oposición de la revista al Gobierno español, el que más se esfuerza por adaptar su legislación al pensamiento de la Iglesia. De ahí que no todos comprendan ese tragarse el camello de las herejías doctrinales en su periódico… para después colar el mosquito de discutibles (pero nunca condenables) procedimientos y opciones temporales (del régimen del 18 de Julio).

 Enrique Miret Magdalena, otra figura conspicua de nuestro catolicismo oficial, se había ganado a pulso, semana tras semana, con sus ataques directos e indirectos al juridicismo de la Iglesia esta repulsa inapelable de Pablo VI: «El que siente una aversión preconcebida por las leyes eclesiásticas no tiene el verdadero sensus Ecclesiae, y quien cree hacer progresar a la Iglesia demoliendo simplemente las estructuras de su edificio espiritual, doctrinal, ascético, disciplinar, prácticamente destruye a la Iglesia» (17-VIII-66). Mas, impertérrito, no contento ahora con alabar a los doctores neerlandeses censurados por el Papa, iniciarse en su catecismo y comulgar en sus altares, se revuelve una vez más contra el supremo magisterio… no encontrando nada bueno en la reciente encíclica.

 Los sacerdotes y religiosos de Amistad Judeo-Cristiana, que habían confundido al verdadero Pueblo de Dios con la escandalosa profanación de la iglesia de Santa Rita para «librar de títulos injustificados al buen pueblo de Dios», no se han conmovido ni parecen haber vibrado siquiera ante la increíble blasfemia que en su Boletín (nov-dic. 66) cargan en la cuenta de Juan XXIII y, por eso, y aun con el desmentido oficial de la Santa Sede, ni en este Año de la Fe abjuran de esta sacrílega imputación atribuida a la Iglesia, de “haber crucificado dos veces a Cristo: una en su carne divina; otra en su carne judaica…”

 ¿Quieren ustedes un bello comentario de las apremiantes apelaciones del Vicario de Cristo al sagrado Magisterio? Pues no faltará alguna publicación apostólica y social de los jesuitas (¿?) que escriba (sin que se encienda de vergüenza) en sus páginas: “que la única nota estridente del último Congreso Mundial del Apostolado Seglar en Roma… fue el discurso del Papa” (¡¡!!)

 Como si la confusión fuera pequeña, en la versión castellana del Canon de la Misa se nos dice que la palabra “católica” «estaba en el Canon mucho antes de que existiera como tal la confesión cristiana llamada católica». Se puede desorientar más?

 Por otra parte, las semanas y conferencias sobre ateísmo están radicalmente viciadas de problematismo escéptico, y más parecen encaminadas a turbar a los creyentes que a inquietar a los incrédulos…

 La nueva apologética busca sus argumentos en Nietzsche y Freud, Sartre y Simone de Beauvoir, y no se arredra de llamar traidor al Apóstol, a quien se le ocurrió la peregrina idea de que no teníamos morada permanente: ya que la «idea cristiana -dejarán flotando en el aire- de que el mundo es una peregrinación no es aceptable, porque es una traición al mundo».

 Como ven, es la manera ideal de… orientar nuestras ideas y aspiraciones al cielo.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 208, 23-Dic-1967 

 

martes, 23 de diciembre de 2025

Celibato sacerdotal (3) : El escándalo holandés

 Artículo de 1970 

 Celibato sacerdotal : El escándalo holandés

 Parecía que la estupenda encíclica “Sacerdotalís coelibatus” iba a terminar definitivamente con todas las incomprensibles rebeldías que en torno al celibato clerical se habían manifestado de un modo tan audaz e irreverente. Pero los hechos inmediatos probaron lo contrario. Fue mal recibida y encontró fuerte oposición en los medios progresistas de siempre. El Papa -se decía- había procedido solitariamente sin consultar ni a los episcopados, y sin entrar en diálogo con los interesados, los mismos sacerdotes; el principio de colegialidad (entendido a su modo) había sido letra muerta. La cuestión seguía, pues, tan viva como antes. La cuestión vino a agravarse con circunstancias todavía más escandalosas: la encíclica “Humanae vitae” y el lastimoso asunto del Catecismo holandés.

 En este ambiente de rebeldía e indisciplina se comprende lo sucedido en la quinta sesión del Sínodo holandés de Noordwijkerhout, del 4 al 7 de enero de 1970. Una carta del Papa al Episcopado, de fecha 24 de diciembre de 1969, pero hecha pública sólo el 13 de enero siguiente, advertía paternalmente, pero con claridad, a los obispos holandeses que el informe-proyecto -ya permitido por los mismos obispos- iba todavía a poner a discusión temas ya decididos por la Santa Sede y, lo que es más, por el mismo Concilio Vaticano II. El episcopado holandés no cede, sin embargo; y casi no podemos concebir como el cardenal Alfrink pudo decir en su discurso de apertura que el Papa seguía el curso del Sínodo con sus oraciones… El nuncio, naturalmente, se niega a asistir por los mismos motivos; se van a poner en discusión temas ya decididos por la autoridad superior. ¿Qué concepto de autoridad superior tienen los señores obispos de Holanda? En tiempos no muy lejanos esto hubiera ocasionado las más severas medidas disciplinarias por parte de la Santa Sede. Hoy… ¿Qué está sucediendo -se pregunta obviamente el cristiano medio- en la Iglesia para que tamaños escándalos puedan “reproducirse”?

 El Sínodo holandés, contra todo y contra todos, tiene sus sesiones sin cambiar el orden del día. En vano ya el cardenal Alfrink intenta detener la marcha con su diplomático discurso inaugural. Es inútil todo, porque, a pesar de sus reservas en torno a la guarda de la propia responsabilidad y autoridad, el Episcopado holandés mismo es el que crea los hechos consumados que luego le arrastrarán fatídicamente. Efectivamente, de las cinco proposiciones aprobadas por masiva mayoría sobre el celibato, las cuatro primeras deshacen totalmente la disciplina tan solemnemente proclamada por el Vaticano II y por Pablo VI; y la quinta es una auténtica conminación enguantada dirigida al mismo Episcopado para que no se demore en ponerlas en práctica. El Episcopado, naturalmente, no votó; pero, de nuevo, ante el hecho consumado que él mismo se ha creado, ¿qué hacer?; dar  ejemplo de autoridad pastoral y declarar inválidas las votaciones? Pero, entonces, ¿dónde hubiera estado el tan decantado sentido del diálogo entre jerarquía y laicado?

 La tragedia llega por fin. El comunicado del día 21 de enero (¡dos semanas de angustias y de forcejeos con Roma!) puede, sí, sincerarse de la situación compleja en la que se encuentran los obispos; puede, igualmente, cubrir las apariencias, poniendo por delante las situaciones -que se afirman gratuitamente “semejantes” de otros países-… la verdad es que finalmente se acepta el resultado de las votaciones; y que, ya con un “nuevo hecho consumado” se tiene -¡ahora sí y, antes no!- la indelicadeza, la falta contra la colegialidad universal de presentarse -de quererse presentar- a un “diálogo con Roma”…

 Y todo esto envuelto en un concepto de colegialidad “horizontal” ciertamente erróneo, con el que se pretende dar estado de derecho, y aun sustancia teológica a los hechos más escandalosos de la actual indisciplina en la Iglesia, por parte de algunos obispos mismos. Por ejemplo, el cardenal Alfrink, el día 11 de enero -es decir, en el intervalo trágico- hace una interviú al diario milanés “Il Giorno”, en el que, evidentemente ya, muestra que está decidido a aprobar las decisiones del Sínodo. Pero, ¿puede un obispo de la “Catholica” manifestarse de este modo, enfrente de lo ya decidido por el Papa? Es claro, pues, que lo que se pretendía era un hecho consumado, un hecho-punta que pusiera a Roma entre la espada y la pared. El secretariado de la Conferencia Holandesa, en su declaración conjunta con el Secretariado del Sínodo, y en funciones de interpretación auténtica, lo dice con la claridad a la que no se han atrevido los obispos mismos: “por lo que se refiere al celibato, la conferencia de los obispos holandeses se obliga a conformar su línea de conducta pastoral a las recomendaciones del Concilio Pastoral. La aplicación de esta línea de conducta deberá ser realizada en común con el Papa y con los otros obispos”. Esta declaración es sorprendente por el hecho de que los obispos holandeses se juzgan más obligados con su pueblo que con el Papa. Con éste van a tratar, y desde un concepto de colegialidad errado, no ya el mismo hecho, sino el modo de aplicación. Esto es inaudito y será objeto del espanto de la historia de la Iglesia contemporánea.

 Ante esta posición, verdaderamente irritante, de la pequeña Iglesia “en” Holanda, la reacción ha sido clara y contundente entre los demás Episcopados: fuertes declaraciones en contra de los cardenales Journet, Bengsch, Danielou y Marty; cartas abiertas de obispos ilustres al cardenal Alfrink: Madrid, Sigüenza (para no hablar de la carta sibilina del señor obispo de Huelva); muchas conferencias nacionales y regionales: Francia, España, Suiza, Italia, países africanos, obispos belgas, valones, EEUU. Ha habido excepciones lastimosas: Suenens y Plourde, presidente de la Conferencia canadiense. Pero el cardenal de Berlín, Bengsch, mostraba todo el fondo del problema cuando advertía que toda la cuestión del celibato había sido encuadrada en un contexto de ideas subversivas sobre el sacerdocio, sobre el orden y sobre la Iglesia, que no podrían ser aceptadas por una comunidad de fe católica. Mucho menos cuando esta comunidad “da la impresión de querer reducir cada vez más los lazos de fidelidad y de obediencia que unen a todo obispo y a todo sacerdote al Sumo Pontífice a una relación consultativa, que no comporta compromiso alguno”.

 También la reacción del Papa ha sido esta vez decisiva: la carta al secretario de Estado muestra toda la amarga desilusión ante un Episcopado y una Iglesia hacia la que Pablo VI había demostrado toda la comprensión posible. Reafirmando de nuevo la disciplina eclesiástica tradicional, hace una alusión a la posibilidad de examinar en el futuro la conveniencia de ordenar a sujetos ya casados en circunstancias especiales; por más que el Papa no deje de formular serias reservas sobre esta posibilidad.

 Pero la resaca continúa… y tendremos que ocuparnos todavía de este asunto. Ahí está la carta de los 146 sacerdotes de Madrid como contrapartida a la carta del sr. arzobispo Morcillo; ahí la otra carta abierta del grupo alemán de la BRD; ahí el grupo progresista argentino; ahí también el grupo de teólogos romanos de Settegiorni… ¿Por qué no decirlo abiertamente? ¿Dónde está el fondo de la cuestión y por qué no plantearla con toda sinceridad? Intentaremos hacerlo en la próxima y última colaboración.

 Mariano de ZARCO


Revista FUERZA NUEVA, nº 174, 9-May-1970 

 

domingo, 21 de diciembre de 2025

Incesante subversión en la Iglesia

 Artículo de 1967

 QUIEREN HACER DE DIOS, A LO MÁS, "EL CAMARADA DIOS”

 LAS PILDORAS ANTICONCEPTIVAS Y UNOS JESUITAS INCONCEBIBLES

 Acaba de llegar a mis manos la revista «América», editada por los jesuitas de los Estados Unidos de Norteamérica y del Canadá, cuyo número dedicado al Sínodo Episcopal ha publicado nada menos que un editorial pidiendo el cambio de la posición de la Iglesia respecto a los problemas del control de la natalidad, titulado «Anticonceptivos y Sínodo Episcopal».

 Sus autores hacen suya en «América» una postura extendida, según ellos, entre médicos «católicos». En dicho editorial se cita a «un importante médico católico», al que no se nombra: «En mi opinión, los anticonceptivos son indispensables para una vida sana de la familia católica. Digo bien: indispensables.» Esta defensa de los anticonceptivos sitúa a la revista «América» en posición doctrinal y moral contraria a las enseñanzas de la Iglesia. Abiertamente se sitúa la revista jesuítica citada contra el Magisterio Pontificio cuando, seguidamente, afirma: «La mayoría de matrimonios no puede realizar los valores que la Iglesia proclama como componentes del estado matrimonial, si no pueden practicar, en ciertas situaciones—que «América» no expone—, el control de la natalidad. La Iglesia tendrá que cambiar, sea respecto a los anticonceptivos, o sea respecto al matrimonio. mantener ambos criterios es imposible para la Iglesia en el tiempo actual.»

 Los progresistas franceses, con la «doctrina» citada, sustentada por los jesuítas en su órgano «América», no pueden disimular su extraordinaria satisfacción y coincidencia. Y no digamos del progresismo alemán. «Herder korrespondenz» del pasado noviembre se ocupa también del tema del uso de los anticonceptivos, considerando despectivamente—como si sus oponentes doctrinales fuesen poco menos que unos atrasados mentales—que «todavía quedan médicos alemanes que respetan la doctrina papal, que aún condena rodo control artificial de la natalidad, sin tener en cuenta que en el empleo de los anticonceptivos se descubren, en ciertas situaciones, valores humanos tanto positivos como negativos».

 Lo más grave aún es el silencio de muchos obispos en tan importante materia, permitiendo se divulgue el error, en espera de que el Papa tome una definitiva solución. Como si a este respecto no existiesen anteriores enseñanzas pontificias.

 EL VANDALISMO, EN ACCION

 Las extravagancias litúrgicas van en aumento. «Temoignage Chretien» difunde su júbilo por la sistemática demolición de que viene siendo objeto toda la liturgia católica. Replicando a dicho semanario marxista-progresista, el Presidente de «Una Voce», de Lyon, monsieur Veyrat, ha calificado a tales innovaciones, muy justamente, de «indecence». Sin pelos en la lengua les dice: «Gracias a vosotros y a vuestros acólitos, los artículos 36, 54 y 116 de la «Constitución sobre la Sagrada Liturgia» son sistemáticamente olvidados y deliberadamente violados. La subversión litúrgica llevada a cabo por una banda de vándalos ha conseguido su objetivo: destruir el sentido de lo sagrado y transformar a Dios en un camarada.» «Temoignage Chretien» del 23 de noviembre (1967) le contesta a Mr. Veyrat lo siguiente: «Nos consuela el pensar que «nuestros acólitos» y la «banda de vándalos», en materia de violación de la Constitución Litúrgica aprobada por el Concilio Vaticano II, son precisamente nuestros Obispos.»

 Desgraciadamente, es la pura verdad. Hace ya demasiado tiempo que en ellos se escuda el progresismo. Lo cual prueba que la causa de tanto desastre radica en un estrato muy superior al del Episcopado. El «Consilium», y quien goza de autoridad encima de él, son los culpables de tanto desbarajuste.

 LA LIBERTAD RELIGIOSA, OBJETIVO CUMPLIDO

 Hasta hace algunos meses, el clamor en pro de la «libertad religiosa» resonaba en todos los ámbitos de la Iglesia. Desde Francia se veía bien claro que los disparos iban dirigidos contra España. A la unidad religiosa y a los países que—como España— profesaban en el espíritu de sus leyes la unidad católica, se les sentó prácticamente en el banquillo de los acusados en el Concilio. Algún día podrá saberse exactamente la virulencia y el alcance de los ataques de que fueron objeto los Obispos españoles. Pero desde que dichos países—concretamente, España—adoptaron su legislación a la nueva orientación de la Iglesia acordada en el Concilio, enmudecieron las cajas de resonancia antiespañolas igualmente instaladas fuera que dentro de la Iglesia. Una vez conseguido el objetivo de la libertad civil en materia religiosa impuesto por el Concilio Vaticano II a las naciones que profesaban en materia de unidad católica la doctrina que hasta entonces había enseñado la Iglesia, ya no ha vuelto a hablarse más de libertad religiosa. Los objetivos habían sido alcanzados.

 Los sectores franceses fieles a la integridad doctrinal de la Iglesia Católica han captado perfectamente la maniobra. (…)

 «TEOLOGIA RADICAL DE LA MUERTE DE DIOS»

 Mientras la mayoría de las publicaciones católicas han concedido sus elogios al comunismo con motivo del cincuentenario de la Revolución de Octubre, la revista «Exil et Liberté» ha recordado con tal motivo el carácter satánico del comunismo, no sólo por sus violencias y asesinatos, sino que también por el crimen cometido contra las inteligencias y contra los sentimientos para alcanzar una total desnaturalización del hombre, presentada como una liberación de la idea y del concepto de Dios. Efectivamente, el progresismo dominante está extendiendo con rapidez galopante su «teología radical de la muerte de Dios» y su «purificación de la fe», que nos presenta a un Cristo identificado con la humanidad material, y a los hombres como las únicas «piedras vivas», como si los sacramentos no hubiesen sido instituidos por Jesucristo y el sentido de lo sagrado hubiese ya desaparecido y hasta ahora hubiese sido el más grave error mantenido por la Iglesia durante dos mil años.

 Por eso se nos predica desde ciertos púlpitos que «la noción de lo sagrado está a punto de fracasar definitivamente porque es sustituida por el progreso de las ciencias físicas, las ciencias humanas y las estructuras sociales...», expulsando de la ciencia de los hombres el sentido de lo sobrenatural, «desmitizando el contenido de la fe y la persona de Jesús». Impunemente se puede negar la Divinidad de Jesús en un púlpito católico, y no pasa nada. Antes al contrario, se felicita a quienes predican «la transformation profonde de l’image que l’on se fait de Dieu»; son elogiadas «ciertas formas de ateísmo que son, para muchos «cristianos», un aliento sugestivo». En resumen: es la apostasía, la demencia, el auténtico satanismo y, en suma, el conjunto de todos los errores.

 También el enemigo pretende que la Iglesia haga su Revolución de octubre. (…)

  A. ROIG

Toulouse, diciembre de 1967


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 208, 23-Dic-1967 

 

domingo, 23 de noviembre de 2025

SIbilino cambio de “estructuras" de la Iglesia

 Artículo de 1967

  Los derechos del hombre, en tensión y desafío contra los derechos de Dios

 Un gran número de sacerdotes franceses se sienten profundamente preocupados, y también decepcionados, al constatar muy de cerca cómo se procede por el progresismo a la «reestructuración» del clero, dándole las características propias de una Iglesia nacional democrática.

 Su estupefacción crece con mayor amargura aún cuando su propio Obispo les dice a los fieles que la presencia del Espíritu Santo es más eficaz en la asamblea de los fieles, y que éstos son los responsables, colectivamente, de la transmisión del Espíritu, sin hacer referencia al soplo del Espíritu Santo a través de la acción y poder del sacerdocio que él, como Obispo, les confirió con la ordenación sagrada. Ello, naturalmente, motiva que los fieles presten menor importancia a los sacerdotes cuando ejercen su ministerio.

 A este clima «democratizante» ha contribuido definitivamente el carácter de «Cámara de Representantes» que le ha sido conferido al Sínodo de Obispos (1967), cuando desde el más alto nivel jerárquico se han pronunciado las palabras de «representantes de vuestras Iglesias diocesanas» (luego ha habido designación de representatividad). Y se ha hecho especial mención de «las asambleas episcopales de vuestras naciones» (que ha permitido elaborar unas tesis tendentes a la creación de las Iglesias nacionales), y por si esto fuera poco, ha habido expresa declaración de representatividad del «Pueblo de Dios», previas votaciones electorales. Leyendo a nuestra prensa «católica» da la sensación de que se ha celebrado un Sínodo «normativo» (como lo ha sido la novísima misa de Lercaro-Bugnini). Y que ha reaparecido en el panorama de la Iglesia una especie de «Constitución civil del clero», cuya negativa en acatarla llevó hasta el martirio a los mártires carmelitas de Francia cuando la Revolución Francesa la promulgó.

 Esta sangre gloriosa, fiel a la palabra de Dios, cuando lo disponga el Señor, resplandecerá y triunfará sobre el tumulto electorero y el consiguiente trastorno que éste ha creado en las instituciones jerárquicas de la Iglesia, con su relajamiento de la autoridad, de arriba abajo, que si bien conserva las instituciones, impide su acción eficaz.

 El progresismo dominante, al forzar violentamente a la Iglesia hacia su «democratización», quiere asimilarla a aquellos poderes que «reinan» y «presiden», pero no gobiernan, situación especial para dar los primeros pasos hacia la creación de los comités presbiterales y el asambleísmo episcopaliano rodeado de comisiones, ponencias, encuestas, candidaturas, etc. 

Ahora, en esto estamos. Porque no es otra cosa la llamada «tendencia a descentralizar» la autoridad, como un hecho irreversible que se ha producido en la «Iglesia Conciliar» superadora de «aquella otra Iglesia quenos hizo sufrir los inconvenientes de una monarquía autoritaria de tipo jurídico-burocrático» (Henri Fesquet dixit en «Le Monde», frente a la cual —atacando a las Congregaciones de la Curia Romana— se sitúan una pirámide vertiginosa de secretariados, de comisiones, de consiliums, etc., para los «laicos», para la «unidad», para los «no-cristianos», para la liturgia, para el «turismo», para los seminarios, y sólo faltaba que el Sínodo recomendase que se establezca en Roma una «comisión de teólogos de todas las tendencias» que se encargase de formular, en un futuro indefinible, con respecto a las «desviaciones doctorales», la declaración que el Sínodo no ha formulado, lo que nos hace preguntar cómo quedaría el magisterio jerárquico si llegase a consolidarse definitivamente en Francia el laberinto de los organismos de la «collegialité», del «consejo presbiteral», de los «Consejos pastorales» agregados, con carácter representativo, a los ya colegiados Obispos diocesanos, todo lo cual hace e impone lo que les da la democristiana gana. Tomen nota en España. Porque esto es peligrosísimo. ¿Por qué? Porque el peligro consiste en esa bastante inapercibida «révolution sans révolution» que hizo exclamar en su tiempo a San Jerónimo: «El mundo, adolorido, quedó estupefacto, de la noche a la mañana, al ver que se había hecho arriano».

 En las actuales circunstancias, y gracias a la sedicente «Iglesia del Concilio» y sus grupos de presión progresista-democráticos, está en marcha una maniobra por la que, también de la noche a la mañana, podemos quedar sorprendidos, y decepcionados, por haberse consolidado temporalmente en la Iglesia una nueva revolución de octubre que la convirtiese en una democracia popular. Porque lo que se pretende, momentáneamente, es que lo externo quede intacto, como si nada hubiese cambiado. Se seguiría haciendo mención del Papa, de los Obispos (y su parlamentaria y electorera «colegialidad»), en la cúspide; pero la base operativa y decisoria tendría su origen en los «consejos pastorales», el «Consejo presbiteral» y las «comisiones especiales», cuya amalgama, obediente a una oculta jerarquía paralela, haría las funciones de Politburó que lo gobierna todo, disminuyendo prácticamente el poder de la cabeza, para ejercerlo el amplio cuerpo colegiado, democrático, alistado en las filas que siguen el «sentido de la historia». Y por consiguiente, menos espiritualidad, más «inmersión en el mundo», con su consiguiente y significativo «testimonio temporal» que «despersonalice el apostolado» pretextando hacerlo más «eficiente». Un paso más, y al pastor y al sacerdote le sucederá el sociólogo, servidor de la comunidad.

 De ahí, repito, el gran número de sacerdotes que sienten profunda preocupación, decepción y estupefacción ante el pretendido cambio de estructuras de la Iglesia de Jesucristo. Mi simpatía y solidaridad hacia ellos porque perseveran en la integridad de la fe en la doctrina católica y en la fidelidad a la Iglesia tal como la fundó y quiso que se mantuviese su divino Fundador.

 A. ROIG


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 207, 16-Dic-1967