|
LA
REVOLUCIÓN RELIGIOSA, MADRE DE LAS OTRAS REVOLUCIONES
Por FRAY
MARTIN LUCERO
Los malos
aires de Francia, Holanda y Alemania comenzaron a soplar por Santa María del
Buen Aire hacia 1950 y se han convertido en huracán, aprovechando el río
revuelto del Vaticano II; como si hubiera nacido en todo el mundo una nueva religión,
supercristiana, alfista y omeguista.
El
progresismo en su aspecto doctrinal y práctico se muestra muy virulento en
los seminarios y casas de estudio de religiosos; se difunde entre los
sacerdotes, jóvenes; sobre todo, entre los que pretenden pasar por
intelectuales y pensadores futuristas; los que no son del vulgo adocenado,
sino que ellos han estudiado en Europa, sabe, «en Europa».
Síntomas.—Sin
Tomás ni Doctor Angélico, en cuya hornacina han colocado al jesuíta francés;
desprecio de la ciencia eclesiástica, apoyada en sólidas bases, sustituyéndola
por el idealismo, hegelianismo y existencialismo, todas ellas filosofías
abstractas muy en boga, pero carentes de fundamento lógico y racional.
Han
trasplantado el idealismo de Harnack aplicado a la Biblia, por el cual niegan
todo carácter histórico a multitud de narraciones del Antiguo Testamento y
aún del Nuevo, como la infancia de Cristo. Nueva interpretación de la
presencia eucarística y de la autoridad del Papa.
Nueva Moral,
al estilo freudiano, según la cual, la masturbación carece de culpa, lo mismo
que las prácticas anticoncepcionales. No faltan confesores que enseñan estas
doctrinas a sus penitentes, haciendo traición al puesto que les han confiado
los Obispos, para juzgar según la Doctrina Católica, emanada del Magisterio
auténtico de la Iglesia.
Asamblea
litúrgica, exaltación de la comunidad, olvidando el carácter de sacrificio de
Cristo.
Reprobación
de la conducta de la Iglesia en sus relaciones con los judíos, herejes y
masones, los cuales han tenido razón contra Iglesia en todos los conflictos a
lo largo de los siglos.
Ansias de
apertura de la Iglesia al mundo y reconciliación con el liberalismo,
socialismo y comunismo, cristificación del kosmos.
Amplitud.—El
progresismo prende como fuego en cañaveral entre los eclesiásticos y
sacerdotes jóvenes, que se organizan en células por toda la Argentina.
Tratan de
influir en los seminarios y procuran conseguir los altos puestos para dirigir
las diócesis por nuevos caminos, ejerciendo, para lograrlo, fuerte presión
sobre los obispos.
En toda la
nación han logrado los puestos más estratégicos. Si siguen por ese camino,
dentro de pocos años dominarán por completo la orientación religiosa de la
Argentina, que se convertirá en Modernista, es decir, en un Cristianismo de
puro nombre.
¿Cuál es la
mano oculta que mueve a todos esos títeres? Ya llevamos cincuenta años de
comunismo y tenemos la suficiente experiencia para sospechar la causa motora.
La estrategia
comunista consiste en persuadir tenazmente de sus ideas a unos pocos jóvenes
lanzados y lograr que ocupen los primeros puestos; desde allí empiezan a
liquidar a los adversarios, y al poco tiempo quedan ellos dueños absolutos
del campo.
No es la mayoría
la que gana la victoria, sino una minoría audaz, que se apodera de los
órganos de la opinión (prensa, cátedras y ambienta callejero) y luego
arrinconan totalmente a los demás.
Cuál es el
remedio para estos males? No hay otro que el que emplea el mismo comunismo.
Cuando ellos quieren hacer un sabotaje, un incendio o una revolución, traen
de fuera unos individuos desconocidos y agresivos, que no tienen ningún
vínculo con aquella región, y ellos son los que encienden la mecha.
De la misma
manera, si queremos vernos libres de los progresistas, colocados ya en lo
alto, no hay que esperar a que sus propios ciudadanos los despojen, esto no
lo harán jamás, es preciso traer gente de fuera, que a mandobles los destrone
de los puestos influyentes a los que están terriblemente aferrados.
Los
«fascistas» de Austria
La
intolerancia no viene ya de Roma, sino de los países germanos, donde los
innovadores no permiten más opinión que la suya; ni siquiera el diálogo, aunque
no se les cae de la boca esa bendita palabra «dialoguemos»
¡El
Liberalismo redivivo!
Han suprimido
la Inquisición y ¡a censura eclesiástica, pero han inventado otra censura
solapada, que suprime sin piedad todo comentario o crítica que se quiera
hacer contra sus innovaciones y exageraciones. Se han arreglado para crear
una gran atmósfera de «optimismo», de un éxito total y mundial de sus innovaciones,
de modo que la masa de los fieles está totalmente engañada, creyendo que esas
ideas y modos de obrar son los auténticos y genuinos de la Iglesia. No tienen
escrúpulos en criticar y pulverizar la opinión de los demás, de suerte que la
oposición no halle eco en el pueblo católico.
¡Cuánto
hablan los vencedores contra el fascismo de Hitler y Mussolini! Pues los
neo-modernistas austríacos están poseídos del «furor teutonicus», y no les
importaría mucho enviar a Auschwitz a todos los que se permiten dialogar en
contra.
El mejor
apelativo que cuadra a estos progresistas es el de «¡Fascistas!» «¡Fanáticos
intolerantes!» «¡Modernistas que vuelven a
la época de Loisy (1857-1940), el cura francés renegado.
Estos
neo-modernistas son unos perfectos diletantes, que jamás han estudiado en
serio, se caracterizan por su falta de prudencia y madurez de juicio.
Verdaderamente que son hijos de los bárbaros por su falta de cultura y de
estudios, vacío que tratan de llenar con su palabrería engorrosa,
encastillándose en un lenguaje ilógico, cabalístico e ininteligible, son los
asesinos del idioma.
Un periódico
católico de gran circulación ha dicho que todo género de música, aun la
ligera, tiene su puesto en la misa. Como si no hubieran hablado San Pío X (22
noviembre 1903), Pío XI (20 diciembre 1928) y Pío XII (22 diciembre 1955 y 3
septiembre 1958).
¡Por favor!
Antes de hablar, ¡entérese!
Contra esa
música ligera se presenta Pablo VI al hacer televisar la Misa de Navidad
antes de dar la bendición papal a urbe y al orbe. Función majestuosa, en
latín y en gregoriano, sublime, digna del Pontífice del mundo, que une los
labios en expresión unísona no sólo de la multitud de la Basílica de Pedro,
sino de todo el mundo.
¡Creo en la
Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana, y repruebo todo género de
desfiguraciones y sustituciones caprichosas e individualistas!
El resultado
de ese anarquismo y confusión es que la devoción de los fieles ha caído en
muchas partes en vertical. Las actuaciones del diácono las realiza ahora cualquier ministrillo, sin formación, ni
preparación alguna, vestido de un modo estrafalario, propio para
desprestigiar la religión.
Se quejan de
la traducción de los textos litúrgicos latinos al alemán por la prisa de los
expertos algo inexpertos.
Como el
fenómeno de Austria se realiza a escala mundial, ¿no habrá en todo ello
oculta una peluda mano de araña?
Sincretismo
alemán
El
Racionalismo alemán del siglo XIX y su hijo el Modernismo, condenados por San
Pío X en la encíclica «Pascendi». de 8 de septiembre de 1907, siguieron
ocultos bajo las cenizas en Alemania y rebrotaron en dos libros publicados en
1937 y 1940, pero las bombas rusas no les dejaron salir de los refugios.
Luego se
rehizo Alemania y esas ideas, como el grano de mostaza, se convirtieron en
árbol, en cuyas ramas anidaron las aves de rapiña.
El Modernismo
quiere acomodar la Doctrina Católica al pensamiento científico, despojándola
de toda intervención sobrenatural. Los modernistas dicen que la Iglesia no es
inmutable, sino que evoluciona como todas las cosas humanas y que ahora (1968)
hay una Iglesia preconciliar y otra posconciliar distinta.
En esos
libros se proponían muchas cosas que han ido apareciendo con el tiempo:
Prioridad del laicado, supresión del celibato sacerdotal, valoración de la
Reforma protestante, humildad del Papa, folklore religioso, síntesis del
Protestantismo y del Catolicismo, vaciamiento
de los dogmas marianos; en fin, sincretismo religioso, en el que todo tiene
cabida. Para ellos la Iglesia no ha hecho más que seguir un largo camino de
errores.
Manía de
cambios.—Padecemos la manía de cambiarlo todo; fuera el clericalismo y el
legalismo, la Cena del Señor se tendrá en las casas de modo democrático,
institución de sacerdotisas, acabar con el celibato, reconciliarse con la
ética de las masas, dudas sobre la Trinidad y de la existencia de Dios, etc.
Acomodación
a este mundo.—Rechazan el seguimiento de la Cruz de Cristo, la ascesis y
la mortificación, su norma de conducta es el hedonismo, el placer, obran con
una libertad que aterra, piden que la Iglesia abandone sus resabios
medioevales, abogan por la abolición del Primado del Papa, porque sólo
suprimiendo el Primado Romano se podrá establecer la Unión de las Iglesias; la
libertad religiosa que establece el Concilio, según ellos, es la concesión a
todas las sectas de los mismos derechos, mutilan las enseñanzas del Concilio,
según les viene mejor...
Estas son las
doctrinas de los Modernistas, combatidos por San Pío X, reaparecidos
en 1930 y fustigados por Pío XII en la encíclica «Humani generis» de 1950,
pero a la muerte de este gran Pontífice se unieron de nuevo para ir limando a
fuerza de «concilio» los poderes celestiales de la Iglesia.
Un viento
impetuoso, como el de un Pentecostés infernal, ha esparcido por los aires
las cenizas de Harnack (1851-1930).
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 210, 6-Ene-1968
|