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domingo, 20 de septiembre de 2026

Subversión jesuítica postconciliar

 Artículo de 1968

 A. M. D. G. (Ad Majorem Dei Gloriam)

 Tenemos ante nosotros la revista «Hechos y Dichos» (Revista de pensamiento y actualidad «cristiana»), que publican los padres jesuítas de Zaragoza en su número actual (383). Mentiríamos al decir que su lectura nos ha dejado asombrados, porque a un católico de la época posconciliar no le asombra ya nada: 

 Un artículo del P. López Dóriga, S. J.: «Impresiones sobre Holanda». Meras impresiones fotográficas —nos dice—, pura descripción «neutralista» de un viaje; ebullición mucha ebullición. Pero buenos chicos, según esas «impresiones»: todos desean mantenerse fieles a la fe católica, y la Iglesia holandesa sigue firme caminando hacia el futuro. Descripción de (supuestas) misas en torno a una elegante mesa de madera, sin mantel alguno, con dos cirios y una esbelta copa de cristal; butacas de teatro para los asistentes, que conversan entre sí y permanecen sentados confortablemente durante toda la ceremonia; manoseo por todos de las sagradas especies; nada de genuflexiones ni de cruces. (¡Ambiente simpaticón!) Alusión igualmente cordial al nuevo Catecismo holandés, «intento laudable y en parte conseguido de poner al alcance de la mentalidad moderna el contenido más auténtico (sic) de nuestra fe». Lo «novedoso» de él es que silencia aquellos puntos que son en Holanda objeto de REVISION y discusión entre los teólogos: entre otros, «la virginidad de María, sentido de la presencia real en la eucaristía (con minúscula), historicidad de los evangelios, significado de la resurrección, preexistencia Y DIVINIDAD DEL MISMO JESUCRISTO».

 Si yo relatase fría y objetivamente cómo en mi presencia dos mozalbetes apalean, para robar, a un anciano, o a mi mismo padre, lo que causaría horror en mis oyentes, no sería tanto el hecho como el relato mismo, la actitud que revela en el relatante. Esta es mi misma sorpresa ante estos DESVERGONZADOS APOSTATAS CON SOTANA Y LICENCIAS.

 La tal revista «Hechos y Dichos» (hoy renovada posconciliarmente) se llamaba hasta hace pocos años —si no recuerdo mal— «Hechos y Dichos en pro de la Iglesia Católica». Era una publicación ñoña, beata y elemental, cuya gracia principal (su «chiste» original) era poner en labios de un imaginario ateo o librepensador una crítica a la Iglesia o sus ministros, y replicarle, por boca del cura ultrajado, una ingeniosísima y contundente respuesta, que lo dejaba corrido y callado.

 ¿Han pasado siglos para que aquel órgano de la beatería y de la cerrazón se convierta en un libelo «informativo»

Que, desde el más neutral racionalismo, nos relate con igual frialdad (o simpatía) el más horrible sacrilegio o la apostasía más evidente? No, no: han pasado unos pocos años. SON LAS MISMAS PERSONAS que ayer bailaban a aun son y hoy bailan a otro. Ejemplo típico, en ese mismo número, el bello artículo del P. De Llanos, un jesuita demócrata que de lo único que no se apea es de ese aristocrático DE antepuesto a su apellido. Aquí se enfrenta con una opinión del P. Danielou, que afirma la necesaria encarnación de la Iglesia en instituciones dentro de cualquier civilización que ella inspire. 

Nuestro P. DE Llanos aboga por una anárquica minoría-testimonio que renuncie a toda relación institucional con la sociedad (abandonada, por supuesto, a sus «organizadores» tecnocráticos y marxistas del «Mundo Moderno»). Sin embargo, no hace falta ser viejo ni tener demasiada memoria para recordar dar al tal P. DE Llanos al frente de las juventudes pro fascistas, marcando el paso de las legiones romanas, comprometiendo a la Iglesia con el mayor entusiasmo en los ensayos totalitarios y en el culto a la Nación que todos recordamos. ÉL MISMO, CON SU MI5MA CARA.

 Y se pregunta el pueblo fiel, el pueblo cristiano, que toma en serio su fe y la disciplina de su Iglesia, ¿qué crédito puede otorgarse a semejantes títeres, a su criterio, a su formación religiosa y humana? ¿QUIENES SON esos que nos hablaron y nos hablan en nombre de Dios y de su Iglesia?

 MENDIBELZA


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

lunes, 14 de septiembre de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (3)

 Silencio sospechoso de las altas jerarquías eclesiásticas (1970)

 

 Peor que la pornografía

 La revista “Ecclesia”, del pasado 30 de agosto (1970), ha publicado un editorial,  de tonos enérgicos contra la oleada, nauseabunda e infecta, de la pornografía y el inmoralismo más descarado en nuestra vida pública. No podrá quejarse “Ecclesia”, de que los medios de comunicación no hayan difundido ampliamente los párrafos más sustanciales de su archijustificada indignación. Tampoco nosotros queremos ser menos y dejamos también, en nuestras páginas, constancia de la denuncia del órgano caracterizado de la Acción Católica Española (…)

 La lástima, empero, es que “Ecclesia” trate un problema tan serio con argumentación liviana. No nos sorprendería que, a este paso, en un próximo futuro, se pretendiera cargar al Estado -que también tiene su específica responsabilidad en este terreno- la culpa total de una situación de decadencia moral que, primordialmente, recae, incumbe y es imputable a la perversión de ciertos eclesiásticos, muy bien aupados y al silencio, más que sospechoso, de las más altas jerarquías eclesiásticas, hasta la fecha.

 No gastemos la pólvora en salvas. Aportemos datos indicativos y tremendamente escandalosos.

 ***

La revista “Oriflama”, del pasado mes de julio (1970) publica unas declaraciones del desdichado y pernicioso mosén José Dalmau, miembro del Consejo Presbiteral de Vich. José Dalmau dice textualmente:

 Tenemos, por ejemplo, una idea realmente curiosa del matrimonio indisoluble. Enseguida pensamos en la forma legal. Yo no entiendo de institución indisoluble. Es el amor el que justifica esta exigencia. Pero si los esposos ya no tienen este amor, si lo han rehusado por las causas que sea, ya no tiene ningún motivo mantener sus obligaciones. Se admite que el amor, de hecho, ha desaparecido en muchos matrimonios. Poca gente está dispuesta a desacralizar el vínculo de la institución”.

 ¿Qué le parece a “Ecclesia” esta monstruosidad?...

 Mosén Dalmau pertenece al obispado de Vich y la revista “Oriflama” se publica en Barcelona. Pero ni el doctor Ramón Masnou, obispo de Vich, ni monseñor Marcelo González, Arzobispo de Barcelona, han desautorizado ni suspendido de sus funciones sacerdotales al reverendo Dalmau. Ha sido en virtud de un exhorto del Tribunal de Orden Público, que fueron recogidos, a última hora, unos treinta ejemplares de la revista y está dispuesto un expediente administrativo.

 Comparo esta situación con lo que sucedió en Buenos Aires con un artículo publicado en el diario “La Ley”, en 22 de febrero de 1958, por el padre Benedicto Hancko, S. J. La cancillería del Arzobispado de Buenos Aires, cumpliendo órdenes superiores, publicó en 28 de diciembre del mismo año, una retractación del aludido jesuita, con estas palabras: “Me someto plenamente al juicio expuesto por el Episcopado argentino en sus advertencias y declaraciones sobre mi estudio titulado “Disolubilidad del matrimonio civil y el Derecho Canónico”, las cuales expresan la doctrina de la Iglesia Católica. Por lo cual me retracto de los errores señalados en el documento episcopal”.

 Yo, que viví este incidente entre el padre Hancko y el Episcopado argentino, en que las afirmaciones de dicho jesuita eran harto modestas comparadas con el desenfreno brutal de mosén Dalmau, puedo mesurar la caída que, en doctrina moral, se ha perpetrado en el seno de la Iglesia Católica por ausencia de la debida actuación de la misma jerarquía eclesiástica. Y como mosén Dalmau no es sólo un individuo ni un sacerdote solitario sino una legión, avalada por muchos obispos y quizás en alturas insospechables, ¿no es ésta una de las causas de la ambientación pornográfica que lamenta “Ecclesia” y que olvida de señalar en su editorial? (…)

 ***

Suponemos que “Ecclesia” no nos desmentirá si afirmamos que la inmoralidad también procede de la flojedad en la vida piadosa de los fieles, que, en estos días, encuentra sus cauces más deletéreos en los ensayos litúrgicos anómalos que están destrozando la Misa y los sacramentos. Todo esto a sabiendas de la autoridad eclesiástica, que ignoramos qué medidas toma para evitarlos. El 11 de julio de este año, en la iglesia de Vallvidrera (Barcelona), en la Misa de las ocho de la noche sucedieron unas discusiones tremendas en plena celebración entre el padre Matías Padrosa, sacerdote paúl, un grupo de seglares afectos al mismo y otros seglares que le preguntaban por sus maneras arbitrarias de celebrar (…)

 Según nos dicen, los abusos de Vallvidrera y del padre Matías Pedrosa han sido paralizados. Pero, ¡en cuántos lugares siguen sucediendo iguales y peores. Más lo de Vallvidrera ha cesado gracias al celo e indignación de unos seglares que, esporádica e individualmente, coincidieron, casualmente, en una reacción; no por la energía del padre Miguel Piquer, entonces provincial, ni siquiera por la iniciativa, como debía, del Arzobispo de Barcelona, cuyo titular, Marcelo González, a raíz de la “Humanae vitae” estaba muy enfrascado en poner paliativos y distingos a la claridad de la doctrina infalible del memorable documento pontificio. ¿No le parece a “Ecclesia” que la deserción de la autoridad eclesiástica, también en la vida litúrgica, ha dispersado a muchos fieles de sus deberes religiosos y que el incumplimiento de los mismos debilita la voluntad de las muchedumbres cristianas y las precipita a la erotización y al culto de la carne? ¿No lo considera así “Ecclesia”?

 ***

Los escándalos siguen en cadena. Aquí se recuerda que, recientemente, un sacerdote de Barcelona, Juan Llopis, en el “Heraldo de Aragón”, se permitió unas declaraciones disolventes y de una manifiesta incapacidad mental, contra la moral española, el sacerdocio y la propia Iglesia. Recogemos sus propias palabras:

 Quizá sea fruto de la tradición. Nuestra moral, en efecto, es todavía muy legalista. Se aferra, cabezonamente, a lo que está bien y a lo que está prohibido, en lugar de sustituirla por una moral basada en el amor (…)”.

 Nosotros pensamos que el sacerdote de mañana será tan sólo un hombre más. El sacerdocio dejará de ser una profesión y se convertirá en un ministerio intraeclesial. Tendrá entonces, como hombre, una profesión con la que pueda ganarse la vida. Y al margen de esto practicará su propio ministerio (…) “

 “Me duele tener que confesar que, aunque fue instituida por Jesús para dar testimonio de Él, la Iglesia, por culpa de todos, se ha convertido más que en un instrumento, en obstáculo y pantalla. No hemos sabido descubrir el verdadero sentido de Cristo. Se ha fallado en lo fundamental. Desde muy antiguo no hemos sabido dar pruebas de un humanismo positivo. La Iglesia, entonces, se ha presentado como una institución más, desfigurando la persona del Señor”.

 Una aclaración que no aclaraba nada, del propio interesado, y una nota diplomática y modosa Arzobispado de Zaragoza (mons. Cantero Cuadrado), puntualizando que lo afirmado por Juan Llopis en “Heraldo de Aragón”, del pasado 14 de julio, no se ajustaba a las enseñanzas del magisterio eclesiástico y causaban confusión y desorientaciones en el pueblo fiel, no le han privado de que, semanalmente, continúe disparatando en la “Hoja Dominical” de Barcelona y disfrutando de sus cátedras y bicocas para continuar difundiendo sus conocidas teorías, clínicamente publicadas en dicho diario, como continuación de su carrera de ataques al Cardenal Parente como Legado Pontificio y a la misma Eucaristía en la revista “Phase”.

 ***

Planteamos a la consideración de “Ecclesia” el estrago que actitudes, encumbramientos y situaciones de privilegio en puestos oficiales de la Iglesia, como la Universidad Pontificia de Salamanca, la Facultad Teológica y la “Hoja Dominical” de Barcelona, en que está perfectamente ubicado Juan Llopis, no nos explican radicalmente la desmoralización creciente en los seminarios y entre los católicos y pueblo cristiano en general. Lo que viene a aumentar la relajación de las costumbres y la aceptación de la escalada en la perversión social. Aunque no seamos especialistas en la materia, débese recordar que el fundamento de la moral está en el dogma y en la dócil aceptación de la disciplina de la Iglesia. Cabalmente lo que Juan Llopis -y sus números imitadores- vienen destruyendo impunemente.

 Repetimos que “Ecclesia” tiene toda la razón de manifestar su repulsa al ambiente de pornografía, de drogas, de corrupción que no está asaltando.  Pero “Ecclesia” no puede ser ni parcial, ni sectaria ni corta de vista. El mal tiene un abanico de manifestaciones que exigen rectificaciones ineludibles en la misma Iglesia. (…) Porque el tema de la moral para los obispos debe ser más importante que el “cuento” teatral de venderse un palacio episcopal o la intromisión indebida en temas concretos de técnica política, por propia naturaleza reservados a la autoridad civil.

 Algo más grave que la misma pornografía son los culpables morales de la misma, los que permiten atacar la esencia del matrimonio cristiano, los que no defienden el patrimonio de la moral pública, los que toleran los arbitrismos litúrgicos, los que entronizan a los que pervierten las nociones más entrañables del dogma y de la verdad católica. (…) Que no se liquida con unos párrafos condenatorios. Hay que desenmascarar las consignas corrosivas y muy secretas que dimanan de ciertas alturas de las que “Ecclesia” debe tener información. En ellas hallará las trágicas claves eclesiásticas de la pornografía en España.

 Jaime TARRAGÓ


 Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970

 

domingo, 30 de agosto de 2026

Perspectiva de los Diez Mandamientos tras el Vaticano II

 Artículo de 1968

 LOS DIEZ MANDAMIENTOS  (PERSPECTIVA DE 1968)

 Si por las noticias que se han filtrado acerca del secreto de Fátima, una gran catástrofe se cierne sobre la Humanidad en la segunda mitad del siglo XX, ahora (1968) que ya llevamos transcurridos más de la tercera parte de dicho cincuentenario, y que estamos precisamente en un año que puede ser crucial, toda vez que la nación rectora del mundo occidental se ve sujeta a los avatares de unas elecciones presidenciales, creo que es bueno echar un vistazo a las perspectivas del año que acaba de empezar y que Dios quiera que lo veamos terminar sin que los nubarrones que nos rodean lleguen a estallar; antes al contrario, que lo veamos con un más claro horizonte.

 Veamos, pues, la situación como miembros de la Iglesia de Dios, como habitantes de este planeta y como ciudadanos españoles. En el primer supuesto, si, como dice San Ignacio, el hombre ha sido creado para alabar, reverenciar y servir a Dios y, mediante esto, salvar nuestra alma, nuestra conducta ha de estar guiada por las leyes de Jesucristo, o sea, del Nuevo Testamento, conservando del Antiguo solamente el Decálogo, ya que lo demás tuvo su cumplimiento precisamente con la venida de Cristo.

 Y la verdad es que la situación del catolicismo ante los diez mandamientos deja mucho que desear. En el primero, amar a Dios sobre todas las cosas, lo lógico es que ya que le tenemos presente en el Santísimo Sacramento, se manifieste este amor honrando dignamente su presencia en el Sagrario; pero eso era antes del Concilio. Ahora, unos vientos de fronda han perturbado muchas cabezas de las que ha desaparecido la señal del sacerdote, la tonsura, y así vemos con gran dolor la desaparición de muchos y muy bonitos altares, sustituidos por una mesa de centro, de los que el Sagrario ha desaparecido para que no se interfiera entre el celebrante y los fieles, mientras la Residencia de Dios es puesta en un altar secundario, empotrada en una pared lateral o bien oculta detrás de una imagen; todavía no la han suprimido del todo, pero ya falta muy poco para ello. Y la misma suerte ha corrido el símbolo divino de la Cruz, pues además de no haberse puesto de acuerdo acerca de si ha de estar de cara al pueblo o de cara al celebrante (problema insoluble), en unos sitios lo han suprimido. en otros han puesto la Cruz a un lado, en otros la han suspendido del techo y en algunos sigue figurando sobre el altar, pero en mini tamaño para que no estorbe la vista del sacerdote. No ya el amor, pero ni siquiera el respeto, se manifiesta en muchas iglesias

 Y si del primer mandamiento pasamos al segundo, los malos ejemplos continúan. Por dos veces se repite en la Misa: «Palabra de Dios», pero la verdadera palabra de Dios es el Evangelio, y ese ha sufrido un corte del 50 por 100, pues se ha suprimido el segundo Evangelio, e incluso cuando en una misma festividad coinciden dos fiestas señaladas, una de ellas se suprime por completo; pero, en cambio, se añaden antes del ofertorio unas plegarias a gusto del celebrante, que en algunas ocasiones resultan francamente tendenciosas, rozando temas de los que la Iglesia considera ajenos a sí misma, pues no son de su incumbencia temas económicos, sociales, ni políticos. Y si de la Iglesia salimos a la calle vemos que el nombre de Dios es puesto en cuarentena en su filiación y en su origen, pues a bombo y platillo en muchas librerías sedicientes católicas se exhiben obras de Teilhard de Chardin, Evely, y compañía, hablando del Universo, de la Naturaleza, del Cristo cósmico, etc., que ponen en tela de juicio la Divinidad manifiesta de la segunda persona de la Santísima Trinidad, sin que ninguna autoridad eclesiástica ponga orden en tanta confusión.

 Lo de santificar las fiestas también es un asunto que va de capa caída. Se llega al colmo de trasladar, con aprobación superior, fiestas de primera clase al domingo siguiente, para incrementar así los días laborables (caso Hispanoamérica), lo cual si se analiza bien es un absurdo económico, pero la economía está en manos judías y tienen mucha riqueza y muchos medios de propaganda para presentar las cosas en forma convincente para solapadamente contribuir a la descristianización del pueblo. Y en nuestro país, donde AUN no se ha descendido tanto, con el pretexto de «facilitar» la asistencia a la Iglesia, se adelanta la función a la víspera del día anterior, celebrando una o dos misas vespertinas, las cuales ciertamente se ven bastante concurridas, pero cabe preguntar: ¿Realmente, los asistentes a estas misas tienen verdadero impedimento para oírla el domingo, o es que desean estar más sueltos? ¿Ya tienen presente que el domingo hay que «santificarlo» y no aprovecharlo para otros fines?

 Eso de honrar padre y madre es también, gracias al Concilio, una antigualla mandada retirar de la circulación. El anuncio a bombo y platillos también de jubilaciones, dimisiones, y retiros nada menos que entre altas Jerarquías eclesiásticas, que en muchos casos vemos que están en plenitud de facultades, ha desencadenado una ola de euforia juvenil, que ya estaba muy elevada de temperatura, para que los padres y todas las personas mayores se retiren de la circulación y les dejen paso. El desprecio a la vida de los mayores es absoluto, hacen estorbo, y cuanto antes desaparezcan se considera mucho mejor, con lo cual nos vamos acercando a las costumbres de los caníbales. Vale la pena considerar, por parte de los inventores de las jubilaciones eclesiásticas, que de tener efectos retroactivos Juan XXIII no hubiese sido Papa y, por tanto, ni el Concilio estaría en marcha ni el diablo andaría suelto por el mundo.

 No hay quinto malo, por lo que eso de no matar debe ser bueno, y, efectivamente, no se predica el matar sin más ni más; pero así como en nuestro teatro clásico hay una obra titulada «Reinar después de morir», actualmente se representa con mucha abundancia un crimen nefando que lleva por título «Morir antes de nacer», y el lector ya sabe por dónde vamos. En la vida cotidiana, además, el respeto a la vida ajena brilla por su ausencia y las crónicas de sucesos llevan noticias a escala mundial que demuestran absoluta falta de conciencia imperante, pues los móviles que se indican no son de personas sensatas, sino desequilibradas, y si a esto añadimos las víctimas de una motorización muy rápida, pero sin ton ni son, las numerosas de las guerras que hay en circulación, y la frialdad con que la humanidad se encamina hacia un suicidio atómico, hay que pensar que este mandamiento ha caído también en desuso.

 El sexto, en cambio, es de rigurosa actualidad. Lo ha puesto «de moda» nada menos que un jesuíta, Teilhard de Chardin, precisamente un miembro de la Orden religiosa de disciplina más severa, el cual afirma que desde que ya mayorcito tuvo conocimiento práctico de «lo femenino», toda su actuación y todas sus actividades han sido orientadas en este sentido O sea, que sus elucubraciones sobre el Cristo cósmico y demás herejías han sido escritas pensando precisamente «en la fémina». Valiente desvergüenza, que en vez de cubrir con un piadoso silencio, sus hermanos en religión (no todos), parece que se esfuercen en propagar e imitar. Le hace pareja el escolapio Fullat, sosteniendo que la prostitución no tiene importancia ni es ninguna falta (?) y, por tanto, para estar «al día» y en «línea conciliar» hay que considerar cosa buena los placeres solitarios, y los colectivos en pareja, aunque sean de igual sexo, como se estila en países a imitar. Al noveno mandamiento, que puede considerarse como ampliación y concreción del sexto, se impone darlo también por «desfasado».

 El séptimo, y su continuación el décimo, aunque, son de claridad meridiana, se les da un sentido tan amplio que prácticamente han pasado a mejor vida. Eso de hurtar y codiciar los bienes ajenos es una cosa de países subdesarrollados; lo moderno es la gran empresa controlada, y si puede ser internacional mucho mejor, para así estar a salvo de contingencias, todo lo cual es perfectamente legal, aunque en muchos casos sea una confabulación protegida. La Orden de los Templarios, disuelta por Clemente V, no puede decirse en verdad que no tenga continuadores bajo otros nombres harto conocidos que, hoy por hoy, «cortan el bacalao»

 Y queda solamente por examinar el octavo, cuya interpretación es tan casuística que a pesar de lo que se escribe sobre los medios de información y comunicación, podemos decir en verdad que estamos completamente a oscuras de muchas cosas. No es que se mienta descaradamente, no, pero sí que la confabulación del silencio está a la orden del día y la sociedad Auto Bombo, Coba y compañía campa por sus respetos con vía libre. Esto no es propiamente mentir, pero es embaucar, que es peor, y en la práctica es embrutecer al pueblo, a la gran masa, no muy ilustrada por desgracia, y, por lo tanto, sin fuerza mental para discernir con criterio propio la bajeza de muchas propagandas ilustradas y auditivas basadas en el incienso y el cepillo, con la mira interesada de «situarse» de cara al futuro, para continuar en el mangoneo.

 Ante el olvido práctico de los Mandamientos Divinos, las perspectivas no pueden ser muy optimistas que digamos, acerca de lo que nos espera en el año que acabamos de empezar. Pero en otros Mandamientos tampoco estamos mejor situados, cosa que D. m. seguiremos considerando…

 Armando de la Rosa


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

martes, 11 de agosto de 2026

Cuidado con la conciencia...

 Artículo de 1979

 ¡CUIDADO CON LA CONCIENCIA!

 LOS encargados de enseñarnos y dirigirnos han enaltecido estos años el valor de la conciencia y la necesidad de someternos a su dictamen.

 En política, cuando teníamos que ir a las urnas: «Cada uno siga la voz de su conciencia.»

 En las contiendas sobre la enseñanza: «Elijan los padres de familia la educación moral y religiosa para sus hijos, según su conciencia.»

 La cuestión no es tan simple. El recurso a la conciencia se presta a ilusiones y ofrece muchos peligros. El infeliz Camilo Torres, hace años, y el asturiano García Laviana, muerto poco ha (1979) en los campos de Nicaragua, fueron clérigos que se echaron al monte para pelear con los guerrilleros. Se lo pedía su conciencia. Conciencia que, de haber estado rectamente formada, hubiera visto los graves impedimentos que contra dicha intervención presentaban el carácter sacerdotal, el común sentir cristiano, la orden positiva de los obispos, y el mismo espíritu evangélico. Pedro intentó defender al Señor, cuando fueron a prenderlo, y oyó aquel mandato: «Vuelve la espada a su vaina.»

 Cónyuges que se consideran católicos desobedecen sin atenuaciones y «por motivos de conciencia» graves normas morales, que Pablo VI, en una solemne encíclica, y toda la tradición cristiana, dedujeron de las leyes divinas. ¡Y después se acercan a recibir la sagrada Eucaristía! ¿Qué conciencia es esa?

 Parlamentarios italianos votaron a favor del divorcio y del aborto. «Imperativos de conciencia.»

 Y si subimos curso arriba por el cauce de la historia, tropezamos continuamente con las más extrañas y perjudiciales aberraciones «de la conciencia».

 ¡Cuántos herejes se levantaron contra la doctrina de la Iglesia, a lo largo de los siglos! Nada importaron las admoniciones del magisterio eclesiástico, el escándalo de los fieles, la rotura de la unidad del cuerpo místico, ni siquiera la pena de muerte con que algunos fueron sancionados. «Su conciencia los impulsaba hacia la primitiva pureza del Evangelio», y pasó por encima de todo.

 Juan Hus, cuando subía al patíbulo llegó a decir que retractarse sería «mentir a la faz de Dios». Pero sus doctrinas, reconocidas como erróneas por los sectores mis sensatos de la cristiandad, desencadenaron sangrientas guerras en el centro de Europa.

 Lo más asombroso y contradictorio de todo esto fue el delito horrendo, como ningún otro, cometido por los príncipes del sacerdocio hebreo. Ellos debían obedecer una ley, que les mandaba dar muerte al Señor. No pudo llegar más allá la ceguedad, la pasión, la perversidad, la obstinación de la conciencia humana.

 Vengamos a algunos casos de nuestros días. Según manifestaciones del señor subsecretario de Justicia, en la prensa, el Estado podrá algunas veces declarar el divorcio vincular «con independencia del tipo de matrimonio contraído». ¡Por favor! El señor subsecretario de Justicia y los magistrados que acepten eso tienen deformada la conciencia. No sigan su dictamen, porque yerran y quebrantarían una ley divina. Si el matrimonio contraído fue válido, ni la Iglesia, y mucho menos el Estado, pueden declarar un divorcio vincular que permita el paso a otras nupcias.

 En un coloquio entre asociaciones familiares y partidos políticos, celebrado en febrero (1979), el representante del PCE se declaró a favor del aborto si las interesadas «en conciencia lo desean y libremente lo eligen». Tendríamos ahí otro dictamen brutal y delictivo de la conciencia, que nadie puede seguir, porque quebrantaría explícitamente el quinto mandamiento de la ley de Dios. Eso de que el niño por nacer aún no es persona es otro fraude de la conciencia para salir con la suya.

 En una palabra, es muy expuesto y peligrosísimo recomendar sin más ni más, y a toda clase de personas indiscriminadamente, el recurso a la conciencia. Sería mucho más acertado, y conforme con la realidad social, decir: Nadie se deje llevar de su conciencia si no está cierto de tenerla rectamente formada, n¡ lo crea así fácilmente. Se expone a despeñarse en errores y pecados. Para asegurarse de la legitimidad de esa conciencia reflexione, estudie, observe la conducta de personas religiosas, solventes, ejemplares; consulte, siga el dictamen de consejeros sabios, prudentes, experimentados, desinteresados...

 A no ser que se decida a maniobrar de espaldas a esa rectitud ética que debe caracterizar a los actos humanos. En este caso, maldita la falta que hace la conciencia. Bastan los instintos, como en los animales.

 V. FELIU


 Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979


domingo, 26 de julio de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (2)

 Artículo de 1968

 De la Iglesia, del mundo, del mando...

Los católicos ajenos al progresismo están cada día más estupefactos. Es notorio que ni en el mismo Sínodo fueron aprobadas las propuestas litúrgicas presentadas por los «reformistas». No alcanzaron la mayoría necesaria para que significase la necesaria aprobación sinodal que requería las dos terceras partes de los votos. Así fue con la votación de las estructuras básicas de la «misa normativa», sobre la introducción de tres lecturas en la misa. Con frecuencia se desaconsejaban «simplificaciones» demasiado amplias. De todos los continentes se oían quejas de los excesivos experimentos.

 Pero el «Pueblo de Dios» no cuenta si los votos no son para los «demócratas». El método es viejo. Y la forma de prescindir de las opiniones mayoritarias es harto conocida.

 En discrepancia con la «democracia sinodal» de los «Pastores del Pueblo de Dios» hubo una mesa redonda organizada por la progresista ID0C romana—cuya mayoría de asistentes fueron benedictinos muy favorables a la más acentuada reforma litúrgica—, en la que se puso de manifiesto la discrepancia con numerosos Padres Sinodales, y la amplitud y envergadura del esfuerzo reformador actual, así como también las disensiones que el permanente reformismo litúrgico produce entre los católicos.

 Si la reforma litúrgica no ha sido aceptada—tal como fue presentada—por el Sínodo, ¿cómo el Secretario de Estado, en carta al Cardenal Lercaro, le asegura que la reforma irá adelante en el sentido en que él la ha enfocado?

 Los fieles católicos están asombrados, consternados, porque no comprenden cómo es posible que no se respete la opinión de los Padres Sinodales, ni la Constitución Litúrgica, ni las instrucciones posteriores que han hecho polvo a dicha Constitución aprobada por el Concilio Vaticano II, ni se vislumbre permanencia en ninguna resolución adoptada en materia litúrgica. Parece como si la carcoma de la anarquía hubiese penetrado en el «rito latino» que ha desterrado el latín. Al pueblo se le exige acatamiento intimándole a obedecer al Papa, y al Papa se le dice que el pueblo la ha aceptado. Eso es «demócrata».

 ¿Cómo se atribuye la dimisión de un Cardenal (Ottaviani) a su ceguera, cuando ésta se citaba ya en dos conclaves como impedimento para su elección al Sumo Pontificado?

 Los católicos están francamente estupefactos. Se les dice que son adultos, y nunca habían sido tratados como párvulos hasta que apareció el slogan de la adultez de los seglares, ¡¡descubierta en el Vaticano II!!

 No comprenden cómo es posible que si los Cardenales habían presentado otra dimisión posterior a la presentada y rechazada hace más de un año, a uno de ellos—concretamente al eminentísimo Cardenal Arcadio Larraona—, en carta del Secretario de Estado (insertada en el «Osservatore Romano» del 19 de enero de 1968), se le diga que sus proyectos de reestructura de su Congregación no se aceptan. ¿Cómo es que una persona que desea dimitir se ocupa en reorganizar el Sagrado Dicasterio del cual es Prefecto?

 Tampoco han comprendido mis amigos cómo es posible que a un Cardenal que dimite de su cargo—por edad—se le ocupe en varios otros. ¿No será porque no es jubilado? ¿Y cómo es que en su lugar se nombra a un hombre enfermo desde hace años,como es el caso del Cardenal Benno Gut?

 ¿Cómo es que el Papa felicita a algunos Cardenales, al quitarles el cargo, por su extraordinaria doctrina, cuando va colocando en comisiones clave a otros que han dicho públicamente verdaderas herejías, y uno de ellos ha llegado a decir en público que la Ascensión de Nuestro Señor no ha tenido lugar? Porque eso se comenta entre los «integristas» de cierta alta personalidad, y nadie lo ha desmentido.

 También se preguntan los católicos ajenos a toda actitud y doctrina progresista cómo es posible que en su audiencia del 12 de enero de 1966 haya afirmado Pablo VI que las normas conciliares son la continuación del Magisterio Pontificio, y, por ejemplo, la Constitución Litúrgica recogía las normas dadas por Pío XII al Movimiento litúrgico, pero luego las Instrucciones posteriores deshacen la Constitución. Y por si esto aún fuera poco, el Secretario de Estado asegura ahora al Cardenal Lercaro que las reformas litúrgicas seguirán adelante en la dirección que tal Cardenal les ha imprimido. Esto, los católicos de fe íntegra no lo acaban de comprender.

 Una publicación de mucha categoría, integrista, especializada en materia litúrgica, titulada «Capella Sixtina», que se editaba en Italia y tenía amplia difusión en Francia, ha dejado de publicarse. En su número del pasado diciembre anunció que era el último ejemplar y que ya no aparecería en lo sucesivo. No daba cuenta de los motivos de dicha suspensión ni los ha dado ninguna otra publicación. ¿Es por causa del nuevo giro que puede tomar el tema litúrgico? Eso se comenta, y tal como lo he captado lo transcribo.

 A. ROIG


  Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

jueves, 16 de julio de 2026

Prensa ideológicamente secuestrada

 Artículo de 1970

 PERIÓDICOS SECUESTRADOS

 Por Omar el Zegri

 Por supuesto, no me quiero referir para nada a los secuestros legales de ejemplares de prensa dispuestos por la autoridad gubernativa o judicial, por entender que en algún sitio del periódico en cuestión se ha faltado a la ley.

 Es distinto, muy distinto, el problema que voy a presentar. Se trata de los secuestros, de las capturas o cautividades, que han sufrido un gran número de periódicos de la prensa española al apoderarse de las empresas que los dirigen gentes de muy diversa condición y pensamiento a los que los fundaron o mantuvieron durante años, decenios y, en algunos casos, siglos, en una trayectoria característica. Trayectoria que dio carácter y personalidad al periódico y a su título y que, ahora, unas veces descarada y otras solapadamente, se traiciona, terminando por volver del revés, como un calcetín, la mentalidad del órgano y sembrando la confusión o embaucando, desenfrenadamente, a la masa de opinión que le apoyaba. Para que lo entienda todo el mundo, con un ejemplo gráfico que todavía no se ha dado, pero que, ante lo que estamos viendo, no sería maravilla que un día se viese, como si el “ABC” saliera un día dando vivas a la República.

 Si no nos falla la memoria, la revista “Destino”, de Barcelona, fue fundada en Burgos, en 1936 por Ignacio Agustí, joven escritor catalán escapado del infierno rojo barcelonés  e identificado con la más sana y pura ortodoxia española. ¿Por qué arte de birlibirloque, “Destino” es hoy la avanzada de una prensa izquierdista con tufos intelectualísticos del tipo de aquellos de 1930 que preferimos no recordar?... ¡Misterio! No puede extrañar a nadie, e incluso es tolerable y quizá conveniente, por aquello del contraste de pareceres, que existan revistas como el “Destino” actual. Pero ¿por qué con ese nombre? He ahí un periódico cautivo.

 También en es cierto -y aquí no me falla la memoria- que “El Correo Catalán”, de la ciudad condal fue, desde siempre, un adalid insobornable y valiente del tradicionalismo de Cataluña, uno de los más acendrados y puros de España. Y he aquí que hoy (1970), “El Correo Catalán” es también un periódico de izquierdas, sobre todo en la cuestión religiosa. No existe un catalán de los buenos, tipo Jaime Balmes, que no aparte de sí ese periódico con disgusto a la primera lectura, ya que se encuentra el servicio del progresismo más desatado. ¿Cuándo, cómo, por qué, bajo qué manos o ante qué impulso, el bizarro “Correo Catalán” de nuestra juventud se ha transformado en lo que hoy es? Otro insondable misterio, al menos para mí, que vivo alejado de Cataluña. Espero que alguien tenga la caridad de explicarme este otro caso claro de secuestro periodístico.

 ¿Para qué hablar de las revistas religiosas? La mayoría de ellas, unas más que otras, por supuesto, hablan un lenguaje diametralmente opuesto al de hace 10 años (1960-1970). Claro que ha habido un Concilio y un “aggiornamento”. Esto justificaría una cierta evolución pero no un paso con armas y bagajes al enemigo. En la mayoría de los casos, el cambio de las revistas ha sido radical e impúdico, sobrepasando largamente todo lo que ha dicho el Concilio y todo lo que representa el verdadero “aggiornamento” de Juan XXIII , los cuales vinieron a renovar, a vivificar y a modernizar, pero no a transformar, a traicionar ni a envilecer. Hoy hay revistas “religiosas” que están copiadas de “La traca” o del “Fray Lazo”, de 1936. Hay revistas “religiosas” donde se hace apología más o menos vergonzante del comunismo y de otras ideologías ateas o antirreligiosas por naturaleza o por esencia. ¿Quién se puede, hoy día, fiar de una revista “religiosa” sin analizarla muy detenidamente, inspirado únicamente en la sedicente condición de tal? Algunas hay que no se pueden poner en la mano de nuestros hijos, porque pueden bastardear su alma y hasta su cuerpo con ideologías intrínseca y sustancialmente perversas, tanto doctrinal como moralmente hablando.

 ¿Quién ha capturado, secuestrado y prostituido a esas revistas religiosas que salen, muchas de ellas, con los mismos títulos que salían las que verdaderamente lo eran? Otro enorme, enigmático e inexplicable misterio.

 De todos estos secuestros, solamente uno, que sepamos, ha sido neutralizado: el de “El Alcázar”, de Madrid, recuperado ideológicamente por los propietarios de su título. Los demás siguen la ventolera del momento, a ciencia y paciencia de quienes deberían evitar estas captaciones y no mueven un dedo para hacerlo.

 Vuelvo a decir que no encuentro especialmente malo el que haya una razonable libertad de prensa y una variedad de opiniones entre la cual el lector pueda seleccionar la que más simpática le sea. El hecho intolerable que denuncio es que esta diversidad de opiniones se haga traicionando los caracteres vinculados a veteranos periódicos y, por tanto, engañando al lector. (…)


Revista FUERZA NUEVA, nº 188, 15-Ago-1970

 

sábado, 13 de junio de 2026

La “santidad” de los laicos

 Artículo de 1968

 LA SANTIDAD DE LOS LAICOS

 Un alto oficial del Ejército francés se desplazó cierto día a la pequeña aldea de Ars a fin de escuchar un sermón de Juan Bautista Vianney, el santo cura, de quien había oído hablar a todos con gran admiración. Y, de vuelta a su casa, permaneció serio y silencioso, como no acostumbraba estar. Su asistente, en verdad preocupado, le dijo:

 —¿Qué impresión le ha causado a usted el sermón del cura de Ars; a usted, que ha escuchado a los más famosos oradores de Francia?

 —Hasta ahora me habían agradado los oradores—respondió con sencillez el oficial—; después de este sermón hay algo que no me gusta: mi propia vida.

 Y aquel disgusto de si mismo fue el comienzo de la conversión a Dios de aquel oficial, que supo comprender que al sacerdote predicador del Evangelio no ha de irse a escucharlo porque gusta, sino porque enseña incluso, a veces, aquello que no gusta. Esta es la única manera de que aprenda el cristiano a corregirse de sus defectos para ser mejor y aun llegar a santo.

 Por desgracia, los sermones son muy poco convincentes hoy. Se ha prescindido casi del Evangelio, del Catecismo, de la Ascética, de la Moral, que llaman «anticuada», y sólo figura el Concilio. Esa palabra mágica, que muy pronto quedará gastada y completamente inoperante. ¡Ya es hora de que no se abuse más de ella!

 Yo quiero analizar aquí un sermón o cosa semejante de una hoja dominical para hacer ver una vez más la inepta aplicación del Concilio en esas hojas domingueras, tan aptas de suyo para la instrucción cristiana del pueblo fiel. El lema de la hoja es el título de este escrito.

 La CONSTITUCION SOBRE LA IGLESIA del Concilio Vaticano II, en el número 39 dice: «En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación (I Thess., 4, 3; cf. Eph., 1, 4). Esta santidad de la Iglesia se manifiesta, y sin cesar debe manifestarse, en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles.»

 Esto muy claro está. Y por ahí (cap. V) debía discurrir el suelto de la hoja a que me refiero. Este capítulo se titula UNIVERSAL VOCACION A LA SANTIDAD EN LA IGLESIA. La hoja no se ha salido del capítulo IV, que no habla de la santidad. Su título es LOS LAICOS.

 Este es un capitulo hermosísimo y denso de contenido para el pueblo fiel. La numeración del capítulo va del número 30 al 38, ambos inclusive. Los títulos de cada numeral son: «Peculiaridad», «Qué se entiende por laicos», «Unidad en la diversidad», «El apostolado de los laicos», «Consagración del mundo», «El testimonio de la vida», «En las estructuras humanas», «Relaciones con la jerarquía», «Como el alma en el cuerpo». No se conocía un documento de la Iglesia tan «laical», si vale la expresión. Pero, como suelen decir, no estirar más los pies de lo que da la manta.

 Y, volviendo a la hoja de referencia, apunta el lema: LA SANTIDAD DE LOS LAICOS. Como el capítulo V de la Constitución se titula Universal vocación a la santidad en la Iglesia, donde se habla de la santidad en general y de la santidad de los diversos estados, desde luego hay que advertir que el lema está fuera de puesto. Cosa muy semejante estamos viendo todos los días: título por aquí y contenido por allí; no puede haber ligación de doctrina, ligación tan necesaria para el alimento sólido del espíritu.

 No habla, pues, de la «santidad» de los laicos la hoja dominical, pues no da para ello el capítulo IV, del cual pellizca unos trocitos, traducidos muy libremente. Así comienza la dominguera hoja, cuyo lema es LA SANTIDAD DE LOS LAICOS:

Son laicos los católicos que no son sacerdotes ni religiosos o no pertenecen a ningún instituto secular. Es decir, lo que se solía llamar «los simples fieles».

 Nada costaba haber citado a la letra, y era necesario, al tratarse de una DEFINICION jurídica. Abramos, pues, el libro y copiemos del número 31 de la Constitución en cuestión: «Con el nombre laicos se designan aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia.»

 El AQUI del texto tiene una importancia capital. Las palabras, en general, pueden tener varias acepciones o significados, según los diversos «contextos», y por eso es muy conveniente definir antes de entrar en la cuestión, más que más en el mundo de confusionismo en que nos ha tocado vivir. Los «simples fieles» de la hoja, no es ninguna configuración; lo es, en cambio, los «simples sacerdotes», como puede verse en el diccionario de la Real Academia Española. Aquí se trata de una acepción muy concreta y determinada.

 Fijémonos en la aducida DEFINICION de laicos, según el Concilio, y veremos que también ellos son FIELES CRISTIANOS. ¡Así que no desaparecieron los fieles! Y, como mera curiosidad, el diccionario que acabo de citar nos regala 12 (doce) acepciones o significados para el vocablo FIEL.

 Sigamos con el de la hoja dominguera:

 El fiel, el laico, ha vivido mucho tiempo, tal vez siglos, con la impresión de ser algo así como un espectador en la Iglesia católica y en los templos católicos.

 Ya va asomando algo..., que no es precisamente la «santidad». Dejaremos «el laico» de esta cita porque no puede tener siglos… Tratándose de un «espectador», habremos de suponer que el ripio está en LA IGLESIA CATOLICA. ¡Afuera, pues, con ella! Y eso de «mucho tiempo, tal vez siglos», valga para paparrucha, et deleatur.

 ¿Con que el fiel ha vivido «impresionado» de ser un espectador en los templos católicos? Pues, ¿qué espectáculos se representaban en nuestros católicos templos, todos ellos tan «ahítos» de la alegranza de la luz de la creación y de la ingeniería? ¿Espectáculos veían en los templos católicos nuestros padres y nuestros abuelos? ¡ ¡Si no fuesen los de la GLORIA!! ¡Bah!, ¡bah!; para cuento aún. Si hoy tornaran nuestros antepasados a la vida, no, no, mil veces no entrarían a ver los espectáculos de los templos católico- ecuménico-hermano-separados...

 Cómodo, ¿eh?, sonreírse de la candidez de nuestros mayores, «que nos han precedido en el signo de la fe y duermen el sueño de la paz». Pues de allí salía la madera de los santos, y por aquí de la hoja no va, no, LA SANTIDAD DE LOS LAICOS... ¡Seamos alguna vez caballeros!

 Y sigamos:

 El Papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos, eran para él la Iglesia. El laico (¿con que también el laico") se había de contentar con escuchar, obedecer y callar.

 Ya asomó... no la «santidad». ¡Lástima de catecismo! El nos ha enseñado siempre a los fieles cristianos que la Iglesia es Docente y Discente, y que de ambos hemisferios resulta en globo la salvadora obra de Jesucristo que llamamos LA IGLESIA CATOLICA. ¿No es esto, fiel cristiano de todos los tiempos?

 Obedeced a vuestros pastores y estadles sujetos, que ellos velan sobre vuestras almas como quien ha de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y sin gemidos, que esto sería para vosotros poco venturoso» (Heb., 13, 17). ¿No es esto, fieles cristianos de todos los tiempos?

 «El hombre sabio calla hasta el tiempo oportuno» (Eclesiástico, 20, 7). ¿No es esto, fiel cristiano de todos los tiempos? Y el versículo anterior acaba así: «Pero el fanfarrón y el necio ni lo tiene en cuenta» (Ib.).

 Esta es doctrina de la buena, y santidad de la buena su cumplimiento. ¡Ni más ni menos! Sí, a la Iglesia Discente le toca escuchar para aprender. Y le toca y le tocará siempre obedecer: «Como hijos de obediencia no os conforméis a las concupiscencias que primero teníais en vuestra ignorancia» (I Pedro, 1, 14). Y en cuanto a lo de callar o no callar (después de haber escuchado y aprendido y obedecido), el tiempo dirá...

 Hoy, el hijo no calla ante su padre. Hoy, el discípulo no calla ante su maestro. Hoy. el joven no calla ante el anciano. Hoy, el trabajador no calla ante su señor. Que Dios nos ampare siempre y no permita jamás... que el SOLDADO no calle ante su jefe... Y no continuemos. ¡No aguardemos a que Dios nos haga callar con su mano «izquierda»!

 ¿Qué más dice la hoja sobre LA SANTIDAD DE LOS LAICOS?

 «No es ésta la mente de Cristo. Y, por tanto, tampoco lo es de la Iglesia. La constitución dogmática del Vaticano II. «De Ecclesia»  dice

 Francamente, no sé dónde habrá escudriñado la mente de Cristo. Ni entiendo de «ciertas» ilaciones entre la mente de Cristo y la de su Iglesia. Ni tampoco voy a decir lo que DICE el Concilio Vaticano II (en la hoja, se entiende). La hoja cita ad libitum, ni dice una palabra sobre LA SANTIDAD DE LOS LAICOS.

 Citaré, para acabar mi sermón, el último parrafito de la hoja: «Los cristianos -en una palabra- han de ser para el mundo lo que el alma por el cuerpo». Esto se atribuye al Concilio; y el de la hoja sigue por su cuenta: «Deben vivificarlo con su apostolado y con el testimonio de su vida cristiana».

 Y esto quiere ser un colofón, que tanto repiten hoy. Sólo alego el inconveniente de que se ha olvidado de los LAICOS, y de que con ciertas reminiscencias, no del todo digeridas, de cierta doctrina aristotélico-tomista, se podría vivificar algún otro inconveniente (…)

 JOSE MARIA PEREZ, PBRO.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 213, 27-Ene-1968

 

domingo, 7 de junio de 2026

“Comunistillas de sacristía”

 Artículo de 1968

 Ottaviani se fue, pero ahí están los comunistillas de sacristía que denunció el Cardenal dimitido

 Una nueva crisis hepática, complicada con la gripe, me retiene en la cama. Me visita mi buen párroco, tan identificado con ¿Qué PASA?, y compañeros requetés y falangistas. Mi párroco me comenta, dolorido, hechos que ocurren en la vida eclesiástica. A mí algunos hechos me parecen demasiado gordos, a pesar de estar ya vacunado contra sorpresas progresistas. 

Pero, ¿es verdad que la inauguración de una capilla protestante, en el mismísimo culto protestante han asistido unos sacerdotes con feligreses suyos? ¿Es verdad que el reverendo José María Bardes Huguet, en una charla en el seminario habló en forma muy discutible sobre la obediencia'' ¿Es verdad que en la parroquia de San Ignacio, de Barcelona, han permitido a los fieles tomar la Sagrada forma con su propia mano y que en la Nochevieja, en cierto templo parroquial, se firmaron documentos políticos y, tras retirar al Santísimo, hubo refrigerio? Lo preguntamos porque nos lo confirman informes autorizados desde varias fuentes inconexas entre sí.

 Lo que sí es verdad es que el venerado párroco de la parroquia de la Concepción, reverendo Pedro Rifé, ha presentado la dimisión, por razón de su edad pero lo que se comenta en Barcelona es que dicho digno sacerdote ha sido víctima de una campaña muy bien organizada, que con diferentes y repugnantes procedimientos han querido minar su autoridad de párroco. Las cartas en «Destino», la cadena de calumnias y murmuraciones contra dicho párroco y sobre todo la actividad del reverendo don Francisco de P. Sala Arnó, vicario episcopal, que celebrando misa en dicha parroquia, en contra de lo dispuesto por la Conferencia Episcopal Española y las normas

de dicha parroquia concordantes con las mismas, en forma harto imprudente, quiso obligar a comulgar de pie, provocando en el templo un escándalo entre los fieles, con el consiguiente altercado de palabras.

 Al mismo tiempo, el reverendo Rifé recibía una carta del vicario general, reverendo José María Guix, por la que se atribuye al prelado no importarle la comunión de pie o de rodillas o si las mujeres han de cubrirse o no con el velo en el templo. Mi párroco me dice: es ofensivo atribuir al señor arzobispo una desobediencia al Derecho Canónico que preceptúa el velo sobre la cabeza de la mujer en el templo y la manera de comulgar, en discrepancia con la norma de todo el Episcopado español.

 También es verdad que el reverendo don Casimiro Martí, en «El Correo Catalán», del 12 de enero actual, publica un artículo en el que recoge las críticas personales contra Pablo VI que hizo Enrique Miret Magdalena y que ironiza sobre unas palabras del actual nuncio, monseñor Dadaglio.

 Mientras tanto, desde «Destino», José Dalmáu y Jordi Llimona han dicho barbaridades por las que en otro tiempo, por muchísimo menos, se incluían libros en el índice o se privaba de celebrar misa a los sacerdotes escandalosos. Ahora se publican notas de libros marxistas, como el reciente de José Dalmáu, que nos consta que ha confesado el propio vicario general, reverendo José maría Guix, que sólo ha servido para la propaganda y venta de dicho libro ¡Con lo fácil que hubiera sido al doctor Guix impedir su publicación y venta!

 Nosotros nos limitamos a reseñar tan tristes noticias, indefensos por no poder asegurar a nuestros hijos ante la avalancha de errores religiosos y morales, sin que los que deban custodiar la integridad de la fe católica hablen claro y desenmascaren a los lobos. La visión de mi párroco, ya mayor, que casi lloraba, me ha puesto más enfermo. En Barcelona nos toca sufrir mucho.

 A. RECASENS SALVAT


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 213, 27-Ene-1968

 

viernes, 22 de mayo de 2026

La contestación antijesuitica

 Artículo de 1970 

 LA CONTESTACIÓN ANTIJESUÍTICA (EL CIERRE DEL COLEGIO MAYOR “LOYOLA”) 

Los estudiantes residentes, alentados por doctrinas y posturas anticristianas, se rebelan contra sus maestros y superiores

 Aquellos jóvenes universitarios alimentaban constantemente el resentimiento contra cuanto eran y significaban sus maestros, a los que un unánimemente acusaban de oportunistas, inauténticos e incapaces. Y, un día, ese resentimiento contenido estalló violento. Actos de vandalismo, amenazas, pinturas por las paredes, ridiculización de los jesuitas, destrozos. Los jesuitas, impotentes, tuvieron que plegarse a los hechos y comprobar cómo, en su Colegio Mayor “Loyola” no mandaban ya ellos, sino que se imponía la fuerza de unos colegiales dispuestos a satisfacer su “toma de conciencia antijesuítica”. La información gráfica que publicamos es lo suficientemente elocuente para dar idea de lo que decimos.

 El jesuitismo socialista y democrático, visto por sus propios estudiantes, no es más que nazismo y totalitarismo hipócrita…No son justificables los actos de vandalismo en sí mismos, pero la verdaderos culpables no hay que buscarlos entre los colegiales del “Loyola”, ni siquiera en la pequeña porción de jóvenes jesuitas del mismo Instituto Químico que, según propagan los mismos colegiales sublevados, han apoyado y animado la actitud de rebeldía frente a los actuales directores…Los verdaderos culpables están en los que a ciencia y conciencia de las leyes de la Historia, han envenenado mental y psicológicamente a unos colegiales, con doctrinas anticristianas y antiespañolas. 

Lo que le ha pasado a la Compañía del Padre Arrupe en el Químico de Sarria es el lógico resultado de las premisas puestas por los actuales superiores de los jesuitas catalanes: padres Rifá y Ribas con sus consejeros padre Ferrer Pi y sus consejeros en la dirección del Instituto Químico. Ellos aplastaron la sana, cristiana y patriótica reacción contra Evely de unos jóvenes congregantes. Los jóvenes por ellos formados acaban de aplastar a sus formadores y ponen en evidencia su más absoluta incapacidad de formadores universitarios y su fracaso total.

 No son los vientos de Historia, como gusta decir a tantos jesuitas hoy, que quieren esconder en el anonimato la experiencia diaria de su inutilidad para formar auténticos jóvenes comprometidos con lo que es y significa un nombre tan grande como “Loyola”. Son los vientos por ellos sembrados los que han provocado,para mal de la Iglesia y de España, las tempestades que hoy deploramos.

 No hace muchos años, el Colegio mayor “Loyola” y el Instituto Químico se solidarizaron con los revoltosos encerrados en el convento de los Capuchinos de Sarriá. Aquellos revoltosos querían la descomposición de las esencias de España.En aquel recinto del“Loyola” y del “Químico” tenían audiencia todos los Díez-Alegría, Bolado, Comín etc., de turno. Todos los socialistas, separatistas, todos los “anti”, que conviniera presentar. Basta repasar la cartelera de las actividades académicas de los últimos años: los cursos de formación o “deformación” religiosa y política, la despatriotización de aquellas juventudes… para explicarse todo lo que ha venido ahora.

 Los fautores de la revolución son, de inmediato, las primeras víctimas de lo mismo que provocaron. ¡Cuántas veces la policía tuvo que montar guardia en los alrededores del Químico, porque en su interior se alimentaban vientos antiespañoles y antirégimen constituido! ¡Cuántas veces, a socaire de la inmunidad concordataria, los jesuitas cubrieron actitudes y enseñanzas demoledoras para el ser de España, para la tradición española, para la tradición católica! ¡Cuántas veces, en lugar del sano espíritu reformista querido por la Iglesia, se disimuló de reforma lo que en realidad no era más que subversión!

 El “festival” -propaganda descarada- en honor del marxista Raimon, patrocinado por los jesuitas del “Loyola” y del Químico, concentró cientos y cientos de universitarios. Los jesuitas fueron, en este caso, peana para un marxista como Raimon, lo mismo que pocos años antes lo habían sido para un renegado como Evely. El resultado de esa formación y de esos “santos” levantados en tan nuevas peanas, lo están comprobando experimentalmente…

 Un colegial del mismo “Loyola”, con quien este periodista ha tenido ocasión de hablar largamente, me explicaba que siempre había oído él, como un lugar común de todos los jesuitas, que habían contribuido últimamente en su formación, que había que huir de los dos extremos: ni extremismo por la derecha, ni extremismo por la izquierda. Ambos extremos, a juicio de sus educadores, eran reprobables. Esa fue la razón de combatir a los congregantes que se alzaron frente a Evely. Prodigioso término medio jesuítico: término medio entre un apóstata como Evely y congregantes creyentes; término medio entre un marxista y ateo como Raimon y congregantes que se profesan hijos de la Iglesia.

 Por esa razón, los que con el pretexto de los extremos empujan la corriente anticristiana y antiespañola tienen que quedarse con los extremos de sus formados en Raimon y Evely, sin que niuno de los 120 alumnos del “Loyola”, ni uno sólo de los cientos de alumnos y alumnas del Químico, salga gallardamente en defensa de sus maestros. Ni un joven de ambas instituciones ha salido a dar la cara en favor de lo que los jesuitas eran y significaban. Al contrario, los propios jesuitas han tenido que soportar la humillación de tener que mantener, en las mismas habitaciones y en la misma paredes, a los causantes de las injurias y de los destrozos, con la certeza de que ninguno saldría en su defensa en caso de una actuación decidida y de que las paredes y suelos, embadurnados y llenos de insultos, no podría ser borrados porque inmediatamente se volverían a pintar sin que nadie se opusiera…

 El Instituto Químico, fundado por el sabio y benemérito jesuita padre Vitoria, se intitulaba en sus recientes reglamentos “no confesional”.  Su no confesionalidad fabrica el nuevo A.M.D.G. de sus colegiales: “A Más Dinero Gana”.

 Una reflexión para terminar. Recientemente, el Padre Arrupe pasó por Barcelona y pudo experimentar la rebelión interna contra él de los jesuitas dedicados, como ellos mismos se autodefinen, a la “misión obrera”. La carta abierta dirigida al padre Arrupe, antes de su conferencia a los jesuitas reunidos y que ha llegado a los medios de difusión, define bien claramente la actitud anti-Arrupe que se respira en los ambientes jesuíticos a los que el propio padre Arrupe ha halagado y favorecido constantemente con sus declaraciones y concesión de cargos de gobierno en la Orden. Pues bien, pese a todo, muy pocos días después, el padre Arrupe, solemne y demagógicamente ha vuelto a insistir, en Bilbao: “Necesitamos situarnos sobre los movimientos de la Historia, adivinar su sentido, dominarlo, dirigirlo…” “Este inconformismo de nuestra juventud no es simple capricho: lo que pasa es que la Historia ya no se acepta a sí misma”. 

Es decir, que el padre Arrupe sabe muy bien del fracaso de sus palabras y de sus métodos de gobierno precisamente y, de una manera clamorosa, entre aquéllos a los que más y más ha empujado hacia el reformismo social de apertura marxista. Pero en lugar de reconocer sus fracasos, en frases escurridizas afirma más y más la misma línea. Esas frases ambiguas de Bilbao pueden ser buen tema de meditación para los superiores catalanes y sus consejeros: “Estamos fuera de los movimientos de la Historia. Somos incapaces de dirigir, adivinar, dominar a nuestra juventud”.

 Tanto blasonar de juventud y de reformas juveniles para comprobar que la Compañía de Arrupe no controla más que los antiguos restos de organizaciones devotas más o menos sofisticadas de palabras modernizantes. Y otro punto de meditación que señala también el padre Arrupe: “El inconformismo de nuestra juventud no es un simple capricho”. No vale, pues, echarles en cara que son unos universitarios burgueses, clasistas, conservadores, que impiden un franco progreso y que los jesuitas se desprenden de las viejas estructuras de sus edificios para practicar la pobreza más visible y sociológica. Que se integran en los nuevos planes de enseñanza para dedicarse a los niños de las familias trabajadoras de Cornellá, en lugar de los “señoritos” que no están ya en la corriente de la Historia. Lo que pasa es que sus alumnos ya no aceptan a los jesuitas más avanzados… Lo que pasa es que los descendientes de los Díez-Alegría, Bolado, Raimon y Evely no aceptan ya a sus maestros. Y serán cualquier cosa, marxistas, guerrilleros o maoístas. Todo, menos seguir siendo discípulos de los jesuitas de Arrupe o de Rifá. (…)

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº186, 1-Ago-1970