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martes, 8 de septiembre de 2026

Integración y separatismo (2)

 Artículo de 1970

 Integración y separatismo

 Catalanismo, euskadismo, andalucismo, castellanismo… ¡cuánto se quiera! pero proyectado hacia lo universal y, por lógica, hacia la estirpe hispánica, que es nuestro obligado camino universalista. El catalanismo no se puede parar en Tortosa, ni siquiera en el área geográfica de la gloriosa lengua de Raimundo Lulio y Ausias March… el verdadero catalanista ha de escindir las culturas ibéricas y las civilizaciones hispánicas para imprimir un verdadero significado y significación a su contorno geográfico y dimensión histórica. Hora es ya de darse cuenta de que el catalanismo no se puede hacer “en pijama de estar por casa” y que hay que llevarlo a la integración de todos los pueblos ibéricos. La separación conduce al fracaso y suicidio del separatismo; la integración conducirá al éxito y a la multiplicación de vida hispánica del catalanismo. En estos momentos el catalanismo ya no puede conformarse con dar la batalla en Madrid: hay que ir a Méjico, a Buenos Aires, a las capitales todas de la Hispanidad. Luego el problema vital y vigorizante del catalanismo no es la separación sino la perfecta integración a todos los pueblos ibéricos.

 Los separatistas que intentan arruinar el destino histórico y la posibilidad geográfica de la tierra que los vio nacer, no hacen otra cosa que alimentar el suicidio de la tierra a la que, falsamente, creen defender cuando la aniquilan en la unión de la Geografía y en la responsabilidad de la Historia. El que quiera hacer grande a su singularidad que no la aparte, que no la separe, sino, al contrario, que la integre y la proyecte a la pluralidad a que se debe. Es ley de vida. Hay veinte Españas en América y también hay veinte Cataluñas en América… ¡Catalanes, tomad conciencia de que los más perversos enemigos del catalanismo son los separatistas, que os despojarían de una geografía y de una historia a la que tenéis derecho por la soberana razón de una sangre que disteis junto a la esperanzadora pluralidad de los pueblos ibéricos! Antes de formular un postulado separatista, meditad en los sagrados intereses del verdadero catalanismo que, por un sentido cristiano de la vida, es integracionista con los pueblos de nuestra misma sangre y fe.

 Los españoles hemos de vivenciar esta hora de integración hispánica. Hay que superar los prejuicios históricos, hay que desvanecer los tópicos geográficos. Hemos de revitalizar el concepto de América en nuestra conciencia actual, despejando las incógnitas que interesan a nuestra genuina historia. Lejos de hacer el juego a la celada de una Leyenda Negra que nos tendieron otros pueblos, hemos de catalizar los preciosos valores comunes de la Hispanidad y modificar en aras de la justicia el rumbo histórico desenfocado. La justicia está con la verdad de la sangre.

 Al intentar resolver la ecuación histórica de los pueblos hermanos, resolveremos la dilacerante ecuación Ibérica. La incógnita Iberoamericana es nuestra propia incógnita, la que duele en una misma esperanza común. ¿Por qué Simón Bolívar no repitió el destino de George Washington? ¿Por qué no existen unos Estados Unidos Iberoamericanos? En la América Ibérica se han superado los racismos. Los credos, los pueblos, los hombres, las razas militan en un hermoso orden democrático de igualdad e identidad humana. La “democracia de los genes” es una realidad aplastante en Iberoamérica, donde no existen ni “poder negro” ni “poder indio” ni “poder blanco”, sino simple, sencilla y llanamente, Poder Humano igual ante una manera de vivir y un modo de pensar. Con esta carga espiritual tan hermosa y tan superior a la de otros pueblos ¿cómo no se ha logrado la integración de Iberoamérica?

 No hemos de oponer el espíritu del libertador al espíritu de España. No se pueden separar ni la fe, ni la sangre ni la estirpe. Lo que se fusiona, en apretada familia, ante el altar de la raza es la verdad más trascendente del ser humano. Se pueden equivocar todas las contingencias y limitaciones del hombre. pero lo que menos se equivoca es la mera biología. Y la biología está a favor de España pues la exótica belleza de las mujeres iberoamericanas pregona, contra el racismo, el éxito de la fusión de razas y pueblos.

 No debemos oponer el espíritu del libertador al espíritu de España. Muy al contrario, la nueva España, la España actual (1970) ha de fomentar el ideario del libertador para que se unan y confederen los pueblos de nuestra estirpe americana. La integración de España se da en función de la integración americana. El destino histórico que se ate y hermane en América se hermana y ata en España.

 España tiene que cumplir su destino de hermandad en América si quiere resolver una ecuación socioeconómica digna del concierto mundial. Tal es la verdadera magnitud de la perspectiva española que, a marchas forzadas, ha de convertirse en perspectiva hispánica.

 El destino de todos los pueblos ibéricos ha de integrarse en América. ¿Hemos tomado conciencia de la tremenda intensidad de este mandato? Aquel que reniega de esta misión universalista por una aberración comarcal es, sin duda, un amputador de la geografía y un miope de la historia. Y ataca tanto a España como a la Hispanidad. En una era de naves espaciales epicentradas en la civilización y cultura occidentales, la arcaica carretilla lugareña esconde, tras una máscara romántica, el auténtico genocidio histórico de la minoría que cree defender, a la que aparta del cumplimiento de su destino y la despoja de la posibilidad de la geografía y de la perspectiva de la historia, al amparo del concierto mundial de los pueblos y hombres de una misma estirpe.

 “Ínclitas razas ubérrimas” - profetizó el poeta. Apartarnos de Iberia y de nuestro destino universal con esas razas, más que separatismo es “suicidismo”, término que gana en impacto gráfico lo que pueda perder en gramática.

 Todos los pueblos ibéricos, frente al separatismo, han de imponer un poderoso esfuerzo de integración hispánica, A una era cósmica ha de responder un nuevo afán de integración universalista. Separarse del concierto de la gloriosa pluralidad de pueblos, a la que pertenecemos, es la más horrible, ciega y sorda forma de la languidecer y morir.

 Ricardo HORCAJADA


Revista FUERZA NUEVA, nº189, 22-Ago-1970

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Sinrazón del separatismo

 Artículo de 1970 

 SINRAZÓN DEL SEPARATISMO

 España es el primer pueblo que despierta al mañana de Europa y a la conciencia de Occidente.

 La unidad nacional francesa, casi contemporánea de la española, fue mucho más forzada y sin ese elemento de cohesión heroica que supone la Reconquista. La Reconquista no sólo creaba un anhelo de engrandecimiento nacional sino que también desplazaba, hacia el Sur, a muchas gentes del Norte. Siglos más tarde, el progreso industrial de Cataluña, las Vascongadas y Asturias impone un movimiento a la inversa (emigración) que cruza y entrecruza las sangres y los pensamientos de todos los pueblos ibéricos.

 Cuando en España se produce el feliz acontecimiento de la unidad nacional, persistirán Clanes en las Islas Británicas, Ciudades-Estado en Italia y Principados en Alemania. A mi modo de ver, la gloriosa realidad precursora de los pueblos ibéricos se inspira en nuestra abierta oposición a la agonía feudal; oposición nutrida en una tradición universalista, que luego seguirán e imitarán todos los pueblos de Europa.

 Es lógico que el Derecho político y administrativo común lograra, por su plural y humanista dinamismo, el desplazamiento de los fueros. No hubo sensibles rupturas, por cuanto la conciencia de la Monarquía nacional superaba a todas luces la inercia del feudalismo: la Monarquía implicaba justicia y grandeza y, por tanto, apoyo y esperanza populares.

 Ha existido y existe una españolización espontánea. La generalidad de los pueblos ibéricos ha aceptado un Poder Central mucho más justo -casi siempre- que los desafueros propios del Medievo. Han asimilado, de muy buen grado, una lengua común de cultura que sirve de instrumento de expresión a todos los españoles, que se universalizó con las 20 Españas de América y que es y debe ser perfectamente compatible con todas las lenguas de la Hispanidad: desde el docto catalán de Lulio, Ausías March y Maragall, hasta el acento precolombino de las lenguas indias.

 La libre expresión nacional sancionada por los pueblos ibéricos armoniza la sinfonía de nuestras comunidades regionales. Se eligió libremente, por denominador común, el acento y talante de Castilla, directa descendiente de la milenaria Celtiberia que ya fue maestra en fusionar a los nerviosos iberos con los equilibrados celtas. La integración posee una dilatada tradición histórica -y subhistórica- de la que carece el separatismo: integrar es tan hermoso como suicida el dividir.

 La fusión sentimental de la Patria es una realidad aplastante. Castilla no es una Prusia española. El pobre y áspero centro sólo, por convicción, podía escindir la ubérrima Periferia. Darse será siempre la mejor manera de recibir.

 La unidad española tiene lugar por la concurrencia de determinadas facultades espirituales y una singular visión radical de la vida, que, de manera impensada y con la mera biología del insistematismo político, aceptan y hacen muy suya la generalidad de los pueblos ibéricos. Es una verdadera pena que los extranjeros aprecien, mucho mejor que nosotros, esa compacta y monolítica homogeneidad espiritual de los españoles. He podido comprobar –yo, que siempre fui castellano en Cataluña y catalán en Castilla- que es muy parecido el viejo orgullo ibérico de estas dos grandes comunidades nacionales. Y que los hombres de España se pueden separar por sus vicios en la misma medida que se pueden unir por sus virtudes. Ciertamente no son virtudes ni la intransigencia castellana ni la cerrazón catalana; el que no transige se cierra y el que se cierra no transige.

 La unidad española es fruto de todos los españoles. No podemos aceptar el supuesto histórico de que Fernando el Católico fue absorbido por la recia personalidad castellana de la Reina Isabel. Todos los historiadores del tiempo del gran Rey Fernando y, luego, Gracián,  ofrecen una visión muy precisa del talento político de este Rey para que la leyenda desplace al rigor histórico. La unidad española es una empresa común de los reyes y de los pueblos de España.

 La unidad española no puedo ser impuesta por los labradores, pastores y comerciantes del Centro, habitantes ayer y hoy, todavía, de pequeñas ciudades, villas y pueblos, cuya pobreza y falta de recursos salta a la vista si se compara con la prepotencia de los núcleos demográficos de la periferia española. La unidad española se produce en el espíritu de los pueblos ibéricos a través de la convicción y de una perspectiva de la esperanza en oposición a la moribundia feudal.

 Es muy difícil deslindar lo que Castilla aporta la Periferia y lo que la Periferia aporta al Castilla. Los instrumentos de unión pueden ordenarse así:

 1º- Impera en todos los pueblos ibéricos una persuasión espiritual que, de manera voluntaria, unifica el pensamiento de nuestras comunidades. El hombre del Centro asimila las corrientes de la Periferia, del mismo modo que el hombre de la Periferia asimila las corrientes del Centro.

 2º- Se acepta un idioma común, como elemento conveniente y necesario al desarrollo general del país. Y ese idioma no se impone por la vía política sino que se extrae de la vida práctica.

 3º- Surge, de modo espontáneo, un tono medio de vida que dibuja la sociedad española.

 Castilla es unificadora, pero la unidad nacional cristaliza de propia manera, mediante el concurso de todos los pueblos ibéricos. En la Era Moderna, en la que todos los pueblos se aglutinan para formar los grandes Estados, Castilla aporta al valioso instrumento de la Convicción Nacional. De no existir realmente el imperativo categórico de esta convicción, jamás el pobre páramo del Centro hubiera podido unificar la ubérrima Arcadia de la Periferia. El insistematismo político -tan representativo del milenario espíritu celtibérico- ha creado la unidad española sin sistemas ni programas y sí movido por el humanista dinamismo de la intuición general del país, que incidía en una misma perspectiva nacional en la que lo universalista desplazaba a lo comarcal y la grandeza de la Monarquía a lo anémico del fuero.

 Es posible que influyera una promoción de grandes humanistas: Cervantes, Quevedo, Lópe, Calderón, Tirso, pero la españolización es otra de obra de todos los españoles, no sólo de los castellanos que son una parte del todo.

 El concepto de América también influye decisivamente en la unificación de los pueblos ibéricos. Y tanto es así que, cuando se pierde el concepto de América, se flagela el sentimiento de la unidad nacional. Si, en un principio, la Reconquista fue un vehículo de homogeneidad nacional,  el Descubrimiento de América, después, universaliza el destino español y contribuye a vigorizar la unidad entre los hombres y las tierras de España.

 Así como en el pueblo español existe una constante histórica de unidad nacional y destino universalista, no existe (1970) una genuina tradición separatista. Lo único que puede alentar -de una manera larvada- son los gérmenes suicidas de una agonía feudal. Buena prueba de ello es la pugna antañona que media entre casi todos los pueblos colindantes. Sobre estos resortes, en apariencia tan leves, obra y maniobra, con habilidad, el morbo separatista.

 No hay ni puede haber una verdadera tradición separatista, ya que el separatismo se produce, siempre, por brotes minoritarios que oscilan de la derecha a la izquierda y de la izquierda a la derecha, sin lograr jamás homogeneidades compactas. Un buen ejemplo de esta falta de homogeneidad y de estas asombrosas oscilaciones la tenemos en el Partido Carlista Vasco que si, en un principio, defendió a ultranza los fueros, es, hoy (1970), acérrimo defensor de unidad patriótica de España, lo que ciertamente es una evolución que le honra.

 Los dirigentes y los creadores del separatismo catalán, como los del vasco, fueron hombres de tipo conservador. Y en el tiempo de esos creadores y fundadores, los izquierdistas (unionistas) fueron los defensores de la unidad nacional española. Después se produjo un cambio radical, y los partidos de extrema izquierda (a excepción de la CNT) pasan a las filas separatistas, mientras que los conservadores representan la unidad nacional. Esta falta y carencia de continuidad y homogeneidad revela que no existe una auténtica tradición separatista. El separatismo sólo priva merced al influjo de minorías suicidas, minorías, tan oscilantes como sus propias convicciones de derecho o de izquierda, y cuya única convicción es el asesinato de la Patria.

 El separatista -desde que Prat de la Riba “se quitó la careta” y atacó ya a los españoles de los tiempos de los Reyes Católicos- se unirá indistintamente a las izquierdas o a las derechas, al creyente o al ateo, al blanco o al negro, por cuanto su única y real trayectoria es la de asestar ataques a la unidad nacional por las rendijas de más cómoda y  rápida filtración e infiltración. La Historia nos demuestra que, cuando “están en candelero” los marxistas, el separatismo es marxista y que, cuando, gracias a Dios, reina el sentido cristiano de la vida, el separatista puede incluso vestir sotana.

 Ricardo HORCAJADA


Revista FUERZA NUEVA, nº191, 5-Sep-1970

 

jueves, 25 de junio de 2026

Integración y separatismo (I)

 Artículo de 1970 

 INTEGRACIÓN Y SEPARATISMO (I)

 Por R. HORCAJADA

 Desde que la bandera de Occidente ondea en la Luna y proclama una nueva perspectiva de la Obra de Dios, me suelo preguntar: ¿El Cosmos es geografía o es Historia?

 Nunca me he convencido el concepto chato y lineal de la Geografía: Identificamos las nacionalidades por el contorno de un trocito de planeta, por un oscilante balance de mapas, por un enigmático archivo de acuerdos, por un inseguro inventario de líneas teóricas. La Patria, como el espíritu, no se mide por coordenadas.

 El frío cartesianismo de la Geografía ha de insuflarse con ideas poéticas que definen a la Patria como “unidad de destino en lo universal”. Es decir, la Patria no es un acontecimiento lugareño, sino una afán universalista, felizmente ubicado hoy en la esperanza cósmica.

 Todo aquello que en el mundo es trascendente y está animado por un ineludible “transitivo de Eternidad”, escinde las fronteras con una clara conciencia ecuménica.

 Hay dos clases de pueblos: los que se encierran en la Geografía y los que se abren a la Historia. Poseer un concepto geográfico de la Historia es “nadificarse” en una depauperación antipatriótica; poseer un concepto histórico de la Geografía es prepararse para aventuras tan ubérrimas como el descubrimiento de América o la conquista de la Luna. Estados Unidos no ha llevado a la Luna un símbolo de geografía americana; ha llevado a la Luna toda la dimensión histórica de Occidente, humanizada por una forma libre de vivir que enaltece al ser humano.

 Existen dos conceptos de Patria. La Patria que se ubica en la Geografía nos habla más del árbol seguro que de la nube errante; la Patria que envuelve a la Historia construirá una nave con aquel árbol seguro para alcanzar esa nube que, en el fondo, declina la poesía estremecedora de la aventura humana.

 Ni la Patria ni la Historia están forjadas por políticos; están alimentadas por poetas. Y cuando una Patria pierde el estímulo de sus poetas y el ideal de sus visionarios, la Historia se convierte en proceloso producto y la Geografía en nave varada.

 Lo románticos del rincón no saben soñar. Alas tiene el espíritu y piernas el cuerpo; muy mala política será que pongamos piernas al alma y que nos varemos en la melancolía de los contornos naturales y limitados.

 Hemos de ser españoles de talla hispánica para poder cumplir con nuestro destino universalista. El español ha de adquirir diáfana vivencia de las 20 Españas de América. Este nuevo español -nutrido por la hazaña cósmica de la  América que descubriera ayer, pues, en la eternidad un leve ayer son cinco siglos- ha de estar muy preocupado por atar, por unir, por hermanar pueblos; pueblos de una misma lengua, de una misma sangre, de una misma manera de vivir y un mismo modo de pensar, y de una misma fe para preparar la vida en la muerte y la muerte en la vida. Nos acompaña el sentimiento radical de la existencia y ese tremendo individualismo que tiende tanto a la dispersión de las horas comunes como a la unión monolítica de las horas críticas.

 Los poetas de nuestra Historia –que, en definitiva, son sus únicos genitivos- han tomado conciencia de que la integración de España está en razón directa de esa integración más completa y hermosa que tiende a la armonía de la Hispanidad y que supone la fusión de todos los pueblos ibéricos para servir de nudo y puente amoroso entre los pueblos latinos de la cultura y civilización occidentales.

 La misión histórica del español y aún del hombre ibérico no se limita a vigilar ese milenario concepto de la integración peninsular, un poco varada, en la bisagra de Europa y África. La misión histórica del hombre ibérico ha de proyectarse sobre todas y cada una de las estirpes americanas, donde España y Portugal se han agigantado providencialmente en una maravillosa sinfonía de pueblos y razas que hablan nuestra lengua, que rezan con nuestra fe y poseen nuestro estilo de vida, limpio de racismos, ubérrimo de auténticas igualdad y hermandad humanas y abierto a la ilimitada esperanza de la comunión del espíritu y la fusión del cuerpo.

 Ante esa integración grandiosa que multiplica nuestra geografía y esperanza nuestra historia, atenta el raquitismo espiritual de los separatistas, que no tienen noción ni de la posibilidad geográfica ni de la responsabilidad histórica.

 La integración de los pueblos se basa en el respeto y transigencia de sus singularidades, pero es un auténtico suicidio desorbitar esas lógicas y humanas singularidades para arruinar el destino común. No hay que separarse: hay que proyectar el amor de esas singularidades para enriquecer la perspectiva del glorioso acervo de nuestras, cada día, más integradas pluralidades. No es malo el culto a lo singular que quiere proyectarse y enaltecer lo plural; lo suicida es el “cainismo” de querer apartar lo propio del concierto plural que nos enmarca en la Historia y en la Geografía. Una sardana es mucho más bella bailada en el parque del Retiro de Madrid que en un lugar catalán, por cuanto el verdadero catalanismo ha de escindir la anécdota vernácula para ganar la categoría hispánica, como diría Xenius (*).

 Hoy, era en la que el hombre se proyecta al Cosmos, la proyección humana ha de ser universalista. No se trata de convencer de catalanismo a los catalanes, sino de convencer e insuflar de catalanismo a los hombres todos de la Hispanidad. Separarse es morir. Un buen catalán ha de ser ecuménico y saber superar el peldaño lugareño. La mejor forma de honrar a nuestra Geografía es infundirla esperanza histórica.

 En la integración hispánica ha de existir un profundo respeto a los matices de cada uno de los pueblos y razas, pero el fin verdadero de ese destino es fusionar e integrar a todas esas razas y pueblos. Y -¡por Dios!- que ya se está logrando de una forma maravillosa, pues ni uno sólo de los pueblos ibéricos e iberoamericanos es racista. Nuestra estirpe es la que está edificando la Historia y nuestra Historia Común se apoya en la “democracia de la sangre” y en la “razón de la biología” que son argumentos soberanos irreversibles y medulares.

 ¡Cuán ridículo y fuera de lugar oponer a ese mandato universalista de la Historia y a ese exuberante “posibilismo” de la Geografía, la depauperada singularidad del comarcal rincón! Lo singular sólo vale en su proyección universal; lo singular proyectado sobre lo singular es como una nave cósmica que no acertará despegar de su propia base de lanzamiento.


Revista FUERZA NUEVA, nº 188, 15-Ago-1970

 

lunes, 11 de mayo de 2026

Santiago, Patrón de España y de la Hispanidad

 Artículo de 1970 

 Santiago, Patrón de España

 El 5 de junio de 1965, Blas Piñar pronunció un discurso en Santiago de Compostela. Al mismo corresponden los párrafos que a continuación transcribimos:

 La figura de Santiago, como las de los grandes hombres, de los grandes santos, tiene dimensiones y calibres universales. Santiago es testigo de una serie de unidades históricas, sobrenaturales y religiosas. Santiago es el testimonio y el faro de la unidad de nuestra Patria.

 Yo no puedo hacer aquí un recorrido histórico de todo el quehacer temporal de nuestro pueblo, pero sí puedo deciros que, cuando se inicia y se fragua la conciencia histórica nacional de España por obra de la Reconquista, desde Covadonga, Roncesvalles, Ribagorza o la Marca Hispánica, el espíritu que contribuye a la formación de esa conciencia surge con el descubrimiento de las cenizas y del sepulcro del Apóstol a principios del siglo IX. Frente a Córdoba, la ciudad de Santiago es algo así como la Meca del Occidente, que Diego Peláez y Diego Gelmírez transforman en la Jerusalén occidental de piedra tallada y románica, como quiso definiría el insigne tribuno don Juan Vázquez de Mella. Y si hubo una teoría de peregrinaciones mahometanas que se dirigían hacia la mezquita de Córdoba, así también pueblos cristianos de Europa iniciaron una corriente peregrina y caminante hacia el Santuario de Compostela porque, como decía la fama y la leyenda, en Galicia el Apóstol obraba milagros innumerables.

 Así se fue forjando el sentido de nuestra nacionalidad. En las grandes batallas, la invocación al Apóstol Santiago hace posible la victoria de las huestes cristianas. Esta invocación trajo, en ocasiones, la presencia del Apóstol, como ocurrió en la batalla de Clavijo, cuando el rey don Ramiro se negó a pagar el tributo doloroso y poco varonil de las 100 doncellas. Su ejército, derrotado y abatido por las fuerzas enemigas, parecía propicio a la desbandada cuando se apareció el Apóstol Santiago sobre un corcel blanco, con una espada luminosa, alentando a los combatientes de Cristo.

 Nuestros reyes y nuestros santos serán devotos y peregrinos de Santiago, como lo fue el Cid Rodrigo Díaz de Vivar. El Poema de Fernán González, los cantares de gesta, el gregoriano, el románico y los cluniacenses se integrarán con un sentido español y nuestra lucha nacional contra la morisma se transformará en una cruzada en favor de la Iglesia.

 De esta forma forjamos un espíritu nacional tan profundo y tan hondo que, cuando la Reconquista española terminó, cuando se delimitó geográficamente el perfil de la Península, cuando Fernando e Isabel entraron en Granada, el primer homenaje a Santiago, después del voto hecho por don Ramiro a raíz de la batalla de Clavijo, será el de erigir aquí un hospital en el que los peregrinos que fluían de todos y los caminos de Europa encontraran descanso, alivio medicinas y reposo.

 Es Santiago, además, un faro y un testimonio vivo de la unidad europea. La unidad europea no se forjó realmente en las cruzadas, que tuvieron un aspecto religioso y sobrenatural pero también un aspecto bélico y castrense. La conciencia de Europa como ser histórico, la conciencia de Europa como cristiandad, hoy por desgracia en crisis como consecuencia de la secularización de los Estados, se produce precisamente en la andadura hasta Santiago. Son los peregrinos de todas las regiones de Europa, los reyes, los príncipes y los santos, los burgueses y los mendigos y hasta los bandoleros que hacen penitencia los que, peregrinando por todos los caminos de Europa, se concentran aquí y llegan con ansiedad al monte del Gozo, para contemplar las torres catedralicias y recibir los  apellidos que se han perpetuado en Europa, como una vivencia de las antiguas peregrinaciones de sus antepasados.

 Fue aquí, en Santiago, donde gentes de todos los idiomas, dialectos e indumentarias, que manejaban instrumentos musicales distintos, que tuvieron incluso ante el Obradoiro sus propias disputas regionales, forjaron la conciencia cristiana de Europa. Aquí se creó un clima caballeresco y épico, que engendró para la literatura universal, a través del viejo Códice Calixtino, las figuras del guerrero, del monje del santo, de la mujer fuerte y del religioso. Porque fueron los religiosos que venían a Compostela, caminando y peregrinando, los que vieron con claridad aquello que la Iglesia tenía que hacer en su tiempo.

 (…) Como consecuencia de este caminar peregrinante a Santiago de Compostela, las grandes figuras religiosas de la época tuvieron una visión intuitiva y profética de la nueva evangelización que el mundo de entonces precisaba. Santiago, el Apóstol y Santiago, la ciudad, son un testimonio vivo de la unidad ecuménica. Aquí nacen, en serio y de verdad, las misiones. Aquí llegan Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís y Raimundo Lulio y San Vicente Ferrer. Estos santos peregrinantes llegan a Compostela, palpan la universalidad de la Iglesia, que sólo Compostela puede entonces presentarles y se dan cuenta de que es urgente una transformación pastoral.

 Si el voto “stabilitatis” ha hecho del religioso vagabundo que mendiga un hombre sedentario recogido en el cenobio y en el monasterio, con sus votos de pobreza, de obediencia y de castidad, si las grandes órdenes religiosas, antiguas y venerables, han prosperado con el lema “ora et labora”, parece llegado el momento de sustituir esta especie de reclusión santificante por una especie de voto nuevo que podríamos llamar el voto de la “milicia Christi”. Nacen así la Orden de predicadores y la Orden mínima de los padres franciscanos que, en las nuevas ciudades mercantiles de fines del Medioevo mendigan las almas para entregarlas a Cristo.

 En Santiago y con Santiago, tenemos nosotros, los españoles e hispanos, un testimonio vivo de otra unidad: de la unidad de la estirpe hispana.

 ***

Nosotros, los cristianos, enterramos a los muertos, pero no los enterramos para que se pudran; nosotros enterramos a nuestros muertos porque sabemos que son templos del Espíritu Santo, porque tenemos la garantía de que la resurrección de Cristo englobará, tragará y devorará la muerte, y los levantará, siendo cuerpos corruptibles, a las alturas gloriosas de la incorruptibilidad. Por eso, nosotros veneramos las reliquias de nuestros santos. Aquí, en Santiago, tenemos las cenizas del Apóstol y las veneramos porque sabemos que un día van a resucitar en cuerpo glorioso e incorruptible por la fuerza de la gracia de Cristo.

 Pero sabemos también que de los santos, de las cenizas de los santos, de las reliquias de los santos, de los lugares donde se conservan tales reliquias, de las aras santas de nuestros altares, fluye una corriente sobrenatural con fuerza bastante para poner en pie a los pueblos. Pues bien, si hay una estirpe humana, si hay una forma española de vivir el cristianismo, si ha habido unos países en América que han sido conformados de una forma hispánica de vivir el catolicismo, si hay en Asia, en medio de la paganía absoluta, una nación floreciente con un cristianismo vivo que, en estos días, conmemora el 400 aniversario de la evangelización por Legazpi y Urdaneta, los agustinos y las órdenes religiosas que después les siguieron, ello se debe a que de aquí, de este sepulcro, de estas cenizas del Apóstol, brotó una corriente de vida sobrenatural que impulsó el generoso espíritu de aventura de nuestros misioneros, de nuestros gobernantes, de nuestros guerreros y de nuestros conquistadores. Ellos sembraron las tierras de Filipinas y de América de nuevas ciudades con el nombre de Santiago. Si recorréis las iglesias filipinas o americanas, encontraréis una iconografía santiaguesa en cada una de sus capillas, pueblos y hornacinas de sus viejas calles coloniales y españolas.

 Santiago, que es un hombre, un apóstol, un santo, ha traspasado de su espíritu a esta ciudad. Son los hombres, las piedras y la historia los que están transidos en Santiago del espíritu del Apóstol. Antes se decía de Compostela que era la tierra del feliz y bienaventurado Jacobo. Yo os diría que Santiago es “civitas beati Jacobi”, esto es, la ciudad del Apóstol, del Santo Jacobo, de Santiago. Y porque Santiago ha traspasado de su espíritu a los hombres, a las piedras y a la historia, la ciudad entera, historia piedras y hombres, están transidos de eternidad (…)

 Blas PIÑAR


Revista FUERZA NUEVA, nº185, 25-Jul-1970

 

sábado, 7 de marzo de 2026

Isabel la Católica, con la cruz y con la espada

  

 ISABEL LA CATÓLICA, CON LA CRUZ Y CON LA ESPADA

 Santa Isabel de América y de España,

desde el trono o la silla del trotón

vas haciendo confín y corazón

tu mirada, tu fe, tu fuerza extraña.

Castilla es hija tuya, Tú, el cristal,

y ella, el vaso de Dios y de la gloria;

tú, surco, y ella, espiga; ella, la noria,

mas tu seno, el fecundo manantial.

Tú creas unidad. En tu esperanza

se derriten mojones y recelos,

la tierra sube, bajan más los cielos

y el arado se entiende con la lanza,

Castilla es tu virtud alta y sencilla,

que sabe de fogón, salterio y rueca;

por la gracia de Dios y de tu mueca

toda Castilla es tú y tú eres Castilla.

 

Santa Isabel de América y de España,

¿no es España el desborde de tu seno,

tu idea hecha virtud, el fruto pleno

de tu muerte que vida desentraña?

Desde el alto castillo de La Mota

la sueñas y la ves; y la Nación

eres tú o es tu inmenso corazón

tierra y mar, quilla y sol, viento y gaviota.

Una mujer poniéndole cintura,

ojos, cabeza, pies, a la imprecisa

corporeidad de Iberia: una sonrisa

transformada en frontera y singladura.

Unos ojos azules que en la mar

no terminan, comienzan; unos brazos

que buscan a la sangre otros regazos

donde hacerse ilusión, troje y altar.

 

Santa Isabel de América y de España,

las islas de Colón ya son en ti

precisión de justillo, frenesí

de amor materno con dolor de hazaña.

Tu aliento con las blancas carabelas,

tu Cruz con la alta cruz de los baupreses,

tus manos en la luz de los paveses,

tu sonrisa en la risa de las velas.

En cada paso del descubridor,

tu mirada de madre y fundadora;

tú, con el misionero; tú, una aurora

y un diluvio de amor para el amor.

El indio, para ti, perla en tu dedo,

fibra en tu corazón, beso en tu boca ;

y tú, para los indios, ansia loca

de hogar, de inmenso hogar con fe y sin miedo.

 

Santa Isabel de América y de España,

dándole al huso o dándole al salterio

haces del Nuevo Mundo un sacro Imperio

que en la luz de tu espíritu se baña.

Estás aquí y allí. Te multiplicas

grano en la espiga, lumbre en el cristal:

y lo que ordenas con vigor marcial

con ternura de madre santificas.

 

La Cruz disloca sus abiertos brazos

para amparar lo que la espada doma;

tú, con la espada y la Cruz, palma y paloma

con mensaje de rosas y de abrazos.

Un imperio de amor, cultura y fe;

tú lo consigues tan sencillamente,

que, sencilla, tú besas a él la frente,

y él, sencillo, te besa el regio pie.

 

Santa Isabel de América y de España,

la historia continúa en tus dedales,

sigues cosiendo historia, y hay cendales

de inspiración inédita en tu entraña.

El hilo de la historia está en tus manos

con temblores de pez recién prendido;

la historia es tu mirada y tu latido

proa y reja en los mares y en los llanos.

De espaldas a tu mística silueta,

la historia se derrumba en el misterio;

y en la luz de tu faz, doble hemisferio

dos golondrinas para tu veleta.

Qué presencia la tuya : la del fuego

sobre la mies madura; la presencia

que en el tiempo cabalga, y es conciencia,

silencio ahora y grito y llama luego.

 

Santa Isabel de América y de España,

no has muerto : la ternura de Castilla

cuenta tus pasos, besa tu mantilla

y en tus entrañas se hace más entraña.

No has muerto (nunca mueren las ideas).

Tu palabra granada y maternal,

si en los trigos es místico trigal,

en los mares es místicas mareas.

No has muerto. Y aún hilvanas unidad

con la luz verdigarza de tus ojos;

mares azules y volcanes rojos

se besan em tu nombre y tu verdad.

Obra inmortal la tuya : gema extraña

con fulgor de Evangelio y de poema.

No olvides ante Dios tu inmensa gema,

Santa Isabel de América y de España.


 MAXIMO GONZALEZ DEL VALLE, C. M. F.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967 

 


domingo, 7 de diciembre de 2025

Filosofía hispanocéntrica (3)

 El Congreso Eucarístico de la Hispanidad (1934)

  SUGESTIONES PARA UNA FILOSOFIA HISPANOCENTRICA

 El Congreso Eucarístico de la Hispanidad

 Por RAFAEL GIL SERRANO.-Director Central de la Hermandad de Campeadores Hispánicos

 El escritor Gonzalo Fernández de la Mora —alguno de cuyos errores hemos censurado en estas columnas— (1) publica en «ABC» un artículo titulado «¿Amor amargo?», de honda trascendencia hispánica, no tanto por el hecho en sí mismo que relata por cuanto por el ambiente que ha hecho posible su realización. Nuestro escritor se queja amargamente—con toda la razón ele que en el Teatro San Martín, de Buenos Aires «el primero de los teatros oficiales bonaerenses», se representase «Luces de Bohemia», de Valle-Inclán, «un esperpento impreso en 1920 y que hasta ahora no había merecido los honores de las tablas». Y como demostración de que en la obra «el objetivo de la ofensiva dialéctica es la patria» española, copia media docena de frases.

 DIFERENCIA DE AMBIENTE

 Vaya, pues, nuestro aplauso más fervoroso a Gonzalo Fernández de la Mora por la profesión pública y solemne de amor a España, precisamente cuando muchos españoles—más o menos intelectuales—parece como si no tuviesen otro objeto que desvirtuar las esencias y los valores no sólo de España, sino de la HISPANIDAD UNIVERSAL. Y lo más grave es que a veces lo hacen como si lo hispánico viniera a constituir un grave obstáculo para la expansión de la Iglesia y del catolicismo en el mundo (¡!).

 ¡Qué diferencia del ambiente (1967) que refleja el escritor al que se respiraba en la misma capital argentina hace varios decenios...! Fue precisamente en Buenos Aires donde el gigante re-creador de la HISPANIDAD, el por entonces futuro obispo monseñor Zacarías de Vizcarra, acuciado por la necesidad de superar el vocablo RAZA, que no le satisfacía a él ni a ciertos sectores argentinos, elaboró su concepto de HISPANIDAD—, haciendo renacer así la bella palabra de las cenizas en que yacía muerta y enterrada entre las páginas del diccionario, como palabra anticuada equivalente a hispanismo o «giro o modo de hablar propio y privativo de la lengua española», y dándole alas para remontarse hacia insospechadas alturas.

 Fue también en Buenos Aires donde recibió el bautismo de HISPANIDAD otro de sus grandes, RAMIRO DE MAEZTU, el caballero enamorado de la misma, quien salió en su DEFENSA con las armas de su maravillosa pluma, en la palestra de «Acción Española» (2) y de su trascendental libro (3).

 Luego aquel ambiente se proyectaría por toda la República Argentina, de suerte que, a pesar de las muchas vicisitudes porque pasaría la nación hermana—que tantas desviaciones han producido, al igual que ha sucedido en los demás países hispánicos, incluida España—, todavía quedan hombres de temple heroico cuyo amor a la ARGENTINA, a ESPAÑA y a la HISPANIDAD UNIVERSAL parece agigantarse cuanto más pretende asfixiarles el ambiente antihispánico que los envuelve. Sirva como paradigma el poeta y pedagogo JACINTO SALVADOR COSSY ISASI, que allá, en tierra de Misiones, padece locura de amores hispánicos, y cuyo CANTO DE AMOR A ESPAÑA (4) sigue haciendo vibrar nuestro corazón, sintonizado en perfecta armonía con el suyo (5).

 EL CONGRESO EUCARISTICO

 Aquel magnifico ambiente tuvo una eclosión esplendorosa en el XXXIII CONGRESO EUCARISTICO INTERNACIONAL (1934), el cual no dudamos en calificarlo de CONGRESO EUCARISTICO DE LA HISPANIDAD por antonomasia Y para que se vea que no exageramos, he aquí los motivos:

1. ° El Congreso se celebró: a) en un país hispánico, la REPUBLICA ARGENTINA; b) En una de las capitales más florecientes del mundo hispánico, BUENOS AIRES  c) durante una semana plenamente hispánica, del 7 al 14 de octubre de 1934.

2. ° Asistieron: a) grandes masas de gentes hispánicas; b) muchos prelados, en quienes estaban representados TODOS LOS PAISES HISPÁNICOS; c) numerosos representantes de lo más selecto del catolicismo mundial.

3 ° Allí se dieron cita, entre otros: a) el legado pontificio, cardenal EUGENIO PACELLI, futuro Pontífice PIO XII que llegaría a ser designado, por varios conductos, el PAPA DE LA HISPANIDAD (6); b) el cardenal primado de España, doctor ISIDRO GOMÁ Y TOMAS, llamado «Príncipe de la HISPANIDAD» (7) y «Teólogo de la HISPANIDAD» (8), cuya oración pronunciada el día Doce de Octubre de 1934, precisamente en el grandioso Teatro Colón, es la APOLOGIA más hermosa que ha podido hacerse de la HISPANIDAD (9), llamada «Encíclica de la HISPANIDAD» por la prensa argentina (10), aunque más bien «parece como el evangelio de la misma HISPANIDAD» (11); c) monseñor ZACARIAS DE VIZCARRA, el GIGANTE RE-CREADOR de la HISPANIDAD, según hemos dicho, que «es como el Quijote de la HISPANIDAD» (12), «es el orfebre por excelencia de la HISPANIDAD» (13).

 4 ° Monseñor Vizcarra fue realmente el alma del Congreso: a) por sus dotes organizadoras; b) por su intensa labor de propaganda; c) por su dinamismo esforzado; d) por las orientaciones que dio desde la Vicesecretaría de la Junta Ejecutiva.

 5. ° Produjo un impacto enorme: a) en todo el MUNDO HISPANICO en general; b) en otro de los grandes de la HISPANIDAD, MANUEL GARCIA MORENTE en particuIar.

 GARCIA MORENTE

 Y ahora demostrado el alcance específicamente hispánico el Congreso de Buenos Aires vamos a centrar nuestra atención en su proyección sobre el alma de García Morente ya que el impacto debió ser enorme pues aunque nada se diga al respecto en su biografía podemos atisbarlo por los siguientes hechos

 1.° García Morente amó siempre a España, por lo cual despreció cargos y honores que le ofrecieron en Francia si renunciaba a la nacionalidad española. 2.° Aunque en él se diera el fenómeno llamado por el doctor Eijo «deformación religioso-social», esta deformación «no era enfermedad y vicio de la voluntad, sino atrofia

—digámoslo así—de un órgano, falta de un sentido dé percepción. No había, pues, la menor culpa» (15). 3.° Presenció el Congreso Eucarístico y después departió con el ilustre congresista doctor LEOPOLDO EIJO Y GARAY, obispo de Madrid-Alcalá, de regreso a España. 4. ° Se hizo sacerdote bajo las directrices de dicho prelado. 5.° Con motivo del homenaje a Pío XII, pronunció el día 12 de mayo de 1942, en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, las siguientes palabras, con que cerró su discurso:

 «El que os habla presenció hace ocho años el espectáculo indescriptible de un pueblo hispánico deshecho en manifestaciones de un entusiasmo gigantesco. El recibimiento que la población de Buenos Aires tributó en octubre de 1934 al excelentísimo señor cardenal Pacelli, en la ocasión del Congreso Eucarístico, tuvo formas y proporciones tan desusadas y exorbitantes que permanecerán por siempre grabadas en la memoria de los que lo presenciaron. Su Santidad el Papa Pío XII no puede haberlo olvidado. A algunos sorprendieron los hechos hasta el punto de exclamar—yo mismo pude oírlo—: «¡Nunca hubiese creído que en Buenos Aires había tanto católico!» Esta frase caracteriza muy exactamente el fondo inextinguible de hispanidad que palpita vivo en América. Tan pronto como se toca la fibra profunda de la religión, reaparece en la pampa, como en las faldas de los Andes o en las selvas del trópico; el buen caballero cristiano, el buen paladín de la cruz, ofreciendo su brazo y su mente a la causa de Cristo. A esos hermanos nuestros de raza, de sangre, de idioma y de fe podemos confiadamente convocarles con nosotros a la nueva Santa Cruzada, la cruzada de la paz por la oración, la cruzada de la paz de Cristo, que predica en el mundo nuestro Santo Padre Pío XII» (16).

 HACIA LA FILOSOFIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA

 Y ante esas manifestaciones de Morente, nosotros creemos que el CONGRESO EUCARISTICO DE LA HISPANIDAD fue la causa mediata que le conduciría a la formulación de su Filosofía de la Historia de España, de la que hablaremos inmediatamente, como prometimos en el artículo anterior (17).

  

(1) «Un demonio muy singular». ¿QUE PASA?, número 194. 16-IX-67.

(2) Revista dirigida por el Conde de Santibáñez del Rio. El número 1 se publicó el 15-XII-31. El artículo de presentación, sin firma, era de Maeztu y mereció el Premio «Mariano de Cavia».

(3) DEFENSA DE LA HISPANIDAD, por Ramiro de Maeztu, 5.ª edición. Madrid. 1946.

(4) Escrito en Madrid, 1962, e impreso en Posadas (Misiones, Argentina),

(5) Véase el fervor y estilo de Jacinto S. Cossy Isasi: en ¿QUE PASA?, número 194)

 (6) Francisco Gutiérrez Lasanta. Pbro: EL PAPA DE LA HISPANIDAD. PIO XII. Conferencia pronunciada en la Universidad Pontificia e Hispano-Americana de Comillas (Santander), el día 12 de octubre de 1958. Zaragoza. 1959

«Pío XII, Papa de la Hispanidad». Parte cuarta de Juan Terradas Soler. C. P. C. R, UNA EPOPEYA MISIONERA. LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA VISTAS DESDE ROMA. Madrid, 1962. Páginas 141-336, ocupan más de la mitad del libro.

(7) Luis de Galinsoga, en «A B C» de Sevilla, 27-VII-37. y en «Faro de Vigo»

(8) Francisco Gutiérrez Lasanta, Pbro.: TRES CARDENALES HISPANICOS Y UN OBISPO HISPANIZANTE. Zaragoza, 12 de octubre de 1960, páginas 26 y 35.

(9) Id id., id. Págs. 35-48: Breve e interesante estudio de la «Apología de la Hispanidad». Págs. 201-230: Texto íntegro de dicha «Apología», con la extraordinaria novedad de estar subdividida en cien párrafos, cada uno con la su correspondiente título. También figura como Apéndice en DEFENSA DE LA HISPANIDAD y en una EPOPEYA MISIONERA, aquí precedida de breve reseña biográfica.

(10) UNA EPOPEYA... Pág. 145.

(11) TRES CARDENALES... Pág. 35.

(12) Id., pág. 173.

(13) Id., pág. 186.

(14) M. de Iriarte, S. I.: EL PROFESOR GARCIA MORENTE, SACERDOTE, ESCRITOS INTIMOS Y COMENTARIO BIOGRAFICO. 3.» edición. Madrid, 1956.

(16) EL PONTIFICADO Y LA HISPANIDAD, en «Idea de la Hispanidad». 3ª edición. Madrid. 1947. Págs. 143-44. También en «Colección Austral», numero 1.302. Madrid. 1961 Página 128.

(17) «Ensayos filosofales hispánicos» ¿QUE PASA?, núm. 205, 2-XII-67


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 207, 16-Dic-1967 

 

sábado, 11 de octubre de 2025

Filosofía hispanocéntrica (2)

 

  SUGESTIONES PARA UNA FILOSOFIA HISPANOCENTRICA. ENSAYOS FILOSOFALES HISPANICOS

 Por RAFAEL GIL SERRANO.-

«FILOSOFIA DE LA HISPANIDAD»

 Veíamos cómo mentes preclaras añoraban una filosofía hispánica definitiva. Veíamos también cómo ya, en 1936, el padre Antonio Torró O. F. M., publicaba una «Filosofía de la Hispanidad» (2) que, por cierto, ha sido totalmente olvidada.

 Desde luego, la filosofía del padre Torró es un ensayo interesantísimo que hoy, ante el retroceso que están experimentando los valores patrios, convendría ser leída por muchos. Sin embargo, no es la filosofía definitiva de LA HISPANIDAD, sino más bien de España. Y así dice:

 «Reflexión y examen; reflexión sobre nosotros mismos, sobre lo que somos y hemos sido, sobre el alma profunda de España, que nos nutre y sustenta, aunque de ella renieguen algunos» (3). «Sólo así hemos de reanudar el movimiento científico y espiritual de España» (4) y que, «por lo demás, la ciencia de la educación humana lo pide también así» (5).

 Precisamente el mérito de la ciencia y de la educación hispana tradicionales consiste «en que una y otra pusieron al hombre por blanco y objeto preferente de sus cuidados, sacando de las entrañas del humanismo la preocupación y la idea pedagógicas, y dando así lugar a la filosofía propia de España, que es la filosofía de lo humano y de la humanidad» (6).

 «EL PROBLEMA DE LA HISPANIDAD»

 Otro ensayo, breve pero interesante e ignorado totalmente, se debe a la pluma de Juan Francisco Yela Utrilla. También resulta insuficiente, pues se limita a señalar tres notas esenciales de la HISPANIDAD: Desprecio de la muerte por amor de la vida, ausencia de particularismos por ansia de empresa universal, y por último, anonimato en busca de lo trascendente (7). Sin embargo, tiene párrafos tan bellos, que no nos resistimos a copiar algunos. Helos aquí:

 «Nuestra generación o la próxima a ella acaba de acuñar bellamente la palabra HISPANIDAD, cuya hermosura ha provocado en su derredor el vuelo de toda clase de seres animados, desde la industriosa abeja al vagabundo y parásito zángano; todos nos hemos complacido en tocar y manosear la bella creación vocálica hasta ajarla y ponerla en peligro de que degenerase en algo seco y rígido como la misma rastrojera.

 La palabra HISPANIDAD, ya por su forma misma de vocablo abstracto, estaba reclamando a poetas-filósofos y filósofos-poetas, que vertiesen en ella basta hacerla rebosar, la ambrosía de las ideas platónicas, de los eternos e inmutables prototipos de las cosas, jerarquizados bajo el uno y el Bien supremo; HISPANIDAD había de expresar o exprimir el zumo de las más puras esencias hispánicas, había de ser cual forma purísima que transparentase

esas esencias; HISPANIDAD era término que estaba exigiendo la contemplación filosófica, como la sola capaz, de darle sentido adecuado a la multiplicidad de sus posibles dimensiones.

 Precisamente desde el punto de vista filosófico se nos presenta temáticamente la HISPANIDAD como algo del todo virgen, cual selva inmensa por roturar, no obstante lo traído y llevado del vocablo. Se ha pretendido entrar en esa selva preñada de enigmas y encantos sin previa ruta o sendero a través de los corpulentos árboles que la pueblan; se ha llegado a conocer algunos de los gigantes de esa selva y hasta a señalarlos con hitos de exploración futura, pero jamás se ha logrado, ni aun siquiera pretendido, abrir seguro camino cara la entraña y los más profundos escondrijos, donde late la esencia de la HISPANIDAD. Ni aun siquiera se ha jerarquizado la problemática del tema, graduando la serie de cuestiones y los niveles de éstas en su posible adentración o altura hacia la esencia buscada» (8).

 «EL IDEAL HISPANICO A TRAVES DE LA HISTORIA...»

 Mas a pesar de lo mucho que se haya manoseado «la bella creación vocálica», es lo cierto que casi todos los trabajos sobre HISPANIDAD con intención o fundamentación filosófica solo se refieren a la Filosofía de la Historia, en su aspecto providencialista, aplicado a ESPAÑA. Un ensayo de este tipo, verdaderamente estupendo —aunque olvidado o ignorado es «El ideal hispánico a través de la Historia...», debido al sacerdote auténticamente español Enrique González Díaz de Robles (9).

 Se trata de una colección de artículos periodísticos publicados al principio de nuestra GUERRA HISPANICA, y cuyo segundo artículo se titula: «Un poco de historiosofía». En este artículo, contestando a la pregunta: «¿Qué dice la historiosofía?». se afirma que fácilmente nos convenceremos de esta gran verdad: «A todos los pueblos del Universo —como a todos ios individuos— les ha sido asignado por la Providencia un destino particular que cumplir en la Historia» (10). Y, por ende, a toda la HISPANIDAD: «El destino de la Hispanidad es el mismo destino de la catolicidad» (11).

 Este librito, a pesar de que tenga algunos fallos —como el de creer que el 12 de octubre de 1492 «comienza su existencia la Hispanidad» (12), es estupendo porque se remonta por encima de linderos históricos y geográficos ocupándose, entre otras cosas, del hecho de la Hispanidad, del espíritu de la Hispanidad, del ser de la Hispanidad, de la Hispanidad y el mundo actual y, por último, de la Hispanidad y el porvenir. 

«EL DESTINO DE ESPAÑA EN LA HISTORIA UNIVERSAL»

 El tema del destino histórico limitado a España (la palabra HISPANIDAD en este caso no se cita) había sido ya tratado por el padre Zacarías García Villada antes de la GUERRA HISPANICA, bajo el título de «El destino de España en la Historia Universal» (13). Libro interesantísimo, ciertamente, por tratarse de un problema que da funcionalidad a toda la HISPANIDAD.

 El padre Villada dice que dicho destino «está concretado en la defensa y propagación del Reino de Cristo sobre la tierra, que es la Iglesia católica» (14). Y su conclusión, con la que se cierra el libro, es la siguiente: «España, católica oficialmente, será también el brazo del universalismo y de la catolicidad. España atea o laica oficialmente, no será nada y se derrumbará...» (15).

 Lo malo es que la eficacia de este libro ha sido totalmente neutralizada por el mismo padre Villada al poner en entredicho la Tradición de la Venida Santiáguica —y, por supuesto, la Pilarica— a España. Y aunque en este libro la reconozca muy tímidamente cuando dice: «El proyecto del Apóstol (San Pablo) se realizó, efectivamente, y gracias a su predicación, a la de los siete varones apostólicos y (según antigua tradición) a la de Santiago» (16); no puede borrar el desgraciado enfoque que al problema le diera en su monumental «Historia eclesiástica de España» (17), empujando a su negación a todos aquellos historiadores que siguieron sus huellas (18).

 IDEAS PARA UNA FILOSOFIA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA»

 Y ya sólo nos queda el trascendental ensayo grandes de la HISPANIDAD, Manuel García Morente, titulado: «Ideas para una filosofía de la Historia de España», del cual nos ocuparemos otro día.

 ****

(1) «¿Qué Pasa?», número 203. 18-11-67.

(2) Dr. P. Torró: «Filosofía de la Hispanidad». 1936. Biblioteca «Paz y Bien», dirigida por los Padres Franciscanos de Valencia. Tipografía Católica Casals. Barcelona.

(3) Id., id. pág. 11.

(4) Id., pág. 12.

(5) Id., id.

(6) Id., págs. 12-13

(7) «Revista de la Universidad de Oviedo». «El problema de la Hispanidad, por Juan Francisco Yela Utrilla. Oviedo. 1941.

(8) Id., id. págs. 6-7

(9) Enrique G. Díaz de Robles: «El ideal hispánico a través de la Historia», Imprenta El Ideal Gallego. La Coruña, 1937.

(10) Id., id., pág. 25.

(11) Id., pág. 73.

(12) Id., id., pág. 28.

(13) Zacarías García Villada. S. J., de la Real Academia Española: «El destino de España en la Historia universal», segunda edición aumentada. Cultura Española. Madrid, 1940.

(14) Id., id., pág. 50.

(15) Id.., pág. 264.

(16) Id., págs. 59-60.

(17) «Historia Eclesiástica de España», tomo I. Madrid. 1929.

(18) Véase «Historia de España», dirigida por Ramón Menéndez Pidal, tomo II. Madrid, 1935. Págs. 447-48.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 205, 2-Dic-1967