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jueves, 19 de marzo de 2026

Comparativa: Leyes del 18 de Julio ante Constitución de 1978

 Artículo de 1979

  Estudio comparativo entre las Bases legales del 18 de Julio frente a la Constitución de 1978

 Blas Piñar, en Badajoz 

(…) Prometí ayer en Cáceres un estudio comparativo, aunque sea breve, entre lo que nos ha dado la Constitución del 18 de Julio y lo que nos ofrece la del próximo día 6 de diciembre, entre lo que tenemos y lo que se nos invita a aceptar.

 Como sabéis, el ordenamiento constitucional recibido (“franquista”)-régimen de constitución abierta y jamás cerrada- tenía en su base unos principios que expresaban y proclamaban la filosofía política y social del Régimen. Lo que la filosofía marxista es una constitución de signos soviético; lo que la filosofía liberal es a una constitución de signo capitalista, eso eran los Principios a las llamadas Leyes Fundamentales. Ni la filosofía marxista es revisable para un régimen comunista, aunque varíen sus leyes; ni la filosofía liberal puede cambiarse en un régimen capitalista, aunque varían las suyas. Por eso, las Leyes Fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico podían modificarse o sustituirse por otras; lo que no podían modificarse eran los Principios inalterables.

 Este planteamiento del tema es trascendente para darse cuenta de que lo que ahora (1978) contemplamos con nitidez no cabe ser calificado de reforma, sino de ruptura y de golpe de Estado.

 Entremos ahora en un estudio comparativo. A doble columna el cotejo en síntesis puede reflejarse así: 


CONSTITUCIÓN DEL 18 DE JULIO

 

CONSTITUCIÓN DE 1978

RELIGIÓN

El Principio II, “permanente e inalterable”, consustancial con el ser de España, hablaba del acatamiento a la Ley de Dios que informará la legislación del Estado.

“La profesión y práctica de la religión católica, que es la del Estado español gozará de la protección oficial. El Estado asumirá la protección de la libertad religiosa…” (Fuero Españoles, art. 6)


 

“La soberanía reside en el pueblo” (art. 1) y “La justicia emana del pueblo” (art. 117), lo que está diametralmente contra lo que la Ley de Dios dice acerca del origen de la soberanía y de la justicia.

“Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones” (art. 16)

FAMILIA

“El Estado reconoce y ampara a la FAMILIA como institución natural y fundamental de la sociedad, con derechos y deberes inalienables, anteriores a toda ley humana y positiva” (F. E., 22 y F. T., XII)

“El matrimonio será uno e indisoluble”

“La familia es estructura básica de la comunidad, cauce de participación política”


 

“Los poderes públicos aseguran la protección social económica y jurídica de la familia” (art. 39).

Pero después de despenalizar el amancebamiento y el adulterio, el art. 32 dice que “la ley regulará las causas de disolución del matrimonio”, es decir, introduce el divorcio.

 

VIDA

“La comunidad nacional se funda en el hombre como portador de valores eternos (P. M., V) y en el respeto a su dignidad e integridad de la persona humana” (F. E., I)


 

“Todos tienen derecho a la vida” (art. 15).

Pero no se dice cuando comienza la vida. Se ha legalizado la anticoncepción y hay partidos que desean el aborto libre.

EDUCACIÓN

“Se reconoce el derecho y deber a una educación general y profesional en la familia o centros privados o públicos de libre elección” (P. M., IX, F. E., 5)

 

“Se reconoce la libertad de enseñanza y el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban formación religiosa y moral de acuerdo con sus convicciones (art.27), pero el art. 20 consagra la libertad de cátedra, que lo contradice.

El mismo art. 27 habla de programación general de la enseñanza, de homologación y ayudas en exclusiva a centros docentes que reúnan los requisitos por la ley establecidos.


ESTADO SOCIAL

“El trabajo es derecho, deber, jerarquía y honor”

“La riqueza, al servicio del pueblo. No puede permanecer inactiva, ser destruida, ni aplicada a fines ilícitos” (F. E., 30)

“El Estado ampara una retribución justa y suficiente” (F. E., 27)

“Se establece la Seguridad Social” (F. E., 28)

“Se fomenta el acceso a las formas de propiedad (F. E., 31) y la elevación del nivel de vida (F. E. III)

“Los sindicatos son cauce de representación” (F. T., 13)


 

Dice el art. 35 que “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo… y a remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de sus familias”, pero los sindicatos y asociaciones empresariales… sólo contribuirán a la “defensa y promoción de los intereses económicos y sociales”.

Se reconoce el derecho a la huelga (art. 28, 2) y los conflictos colectivos (art. 37), sin que se adviertan los motivos para prescindir de la jurisdicción laboral.

ESTADO DE DERECHO

“La Justicia es independiente” (P. M., IX), L.O.E., art. 29

 

 

El art. 122 crea un Consejo General del Poder Judicial a merced de las Cámaras legislativas y de los partidos políticos.

Hay control parlamentario de los medios de comunicación de los poderes públicos (art. 20.3)


EMPRESA

Se concibe como comunidad de aportaciones. Se da a todos derecho a participar en los beneficios. La justicia y lealtad deben presidir la vida de la empresa.

Subordinación de los valores económicos a los de orden humano y social (P. M., XI, F. E., 26; F.T., VIII)

Se establece el reparto de beneficios.

El Estado no será empresario. Se estimula la iniciativa privada (P. M., XI)


 

La libertad de empresa, reconocida por el art. 38, se subordina a la exigencia de la planificación.

 

UNIDAD DE ESPAÑA

“La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional” (P. M., IV).

 

El art. 2º, después de proclamar la indisoluble unidad de la nación española, contradictoriamente, garantiza la autonomía de las “nacionalidades” y regiones que la integran.

 

  

Revista FUERZA NUEVAnº 629, 27-Ene-1979


miércoles, 25 de febrero de 2026

Blas Piñar contra la Constitución (2)

 

 BLAS PIÑAR EN BARCELONA

(…) Hoy, amigos de Cataluña, el proceso que analizamos toca a su fin. Unas Cortes elegidas para hacer una simple reforma han elaborado sin poderes una Constitución, quebrantando así el principio de seguridad jurídica que el proyecto constitucional establece en su artículo 9.

 Todo el proceso reformista encubre, como ha escrito el profesor Eustaquio Galán, una usurpación de poder, un golpe de Estado y, en última instancia, añado yo, un golpe de muerte al Estado mismo.

 La falacia del proceso se pone de relieve si se observa cómo, adelantándose a la elaboración del proyecto y, por tanto, a la consulta popular, temas estrictamente constitucionales, como las autonomías, las banderas de las comunidades autónomas y la mayoría de edad (véanse los artículos 143 y siguientes: 4 punto 2 y 12) han sido reconocidos por Real Decreto Ley. Y yo pregunto: ¿Para qué la inquietud y el despilfarro de la propaganda del “Sí”? ¿Acaso -siempre, claro es, con la vestidura de la democracia- no hubiera sido más sencillo, más rápido y más barato, promulgar en referéndum la Constitución aprobada por los partidos del consenso?

 Hay muchas razones para decir que “no” al proyecto constitucional. La abstención, a mi juicio, no es lícita. No sirve para nada. Como no sirvió para nada útil en las Cortes que se pronunciaron sobre la reforma política, liquidando el franquismo. La abstención es fruto de la pereza, del desprecio o de la soberbia, y en cualquier caso, supone una renuncia a luchar con la única arma que tenemos -el voto- por endeble que el arma sea. Y no olvidemos que Dios ayuda a los que se disponen a la pelea y, por eso mismo, ya imploran humildemente su ayuda.

 ¿Cuáles son las razones que nos obligan a decir “no” al proyecto constitucional?

Unas son de carácter religioso y moral.

Otras nacen del patriotismo.

Todas, del supremo valor de la justicia.

 I. Afirmaciones de principio que se oponen al concepto cristiano de la vida pública

 Artículo 1, punto 2: “La soberanía reside en el pueblo”

 Artículo 117, punto 1: “La justicia emana del pueblo”

 Pues bien, ni la soberanía reside, ni la justicia emana, del pueblo. La soberanía, la justicia, la autoridad y el poder residen y emanan, como de su fuente natural y material, de Dios.

 “Me ha sido dado todo el poder en el cielo y de la tierra”.

 “Toda autoridad viene de Dios”

 “Tienes autoridad para entregarme a la muerte o para libertarme, porque te ha sido dada de arriba”.

 Hay, pues, un orden trascendente que la Constitución desconoce. La mayoría no puede ni desconocer ni abrogar ese orden superior, que define por encima de ella lo que es verdadero y falso; justo e injusto; bueno y malo. La ley no obliga porque lo acuerde la mayoría o porque lo promulgue el Príncipe. La ley obliga moralmente en la medida en que sea una norma de razón y tenga sus raíces en el derecho natural, que es, en suma, ordenamiento divino.

 Una ley, acordada por unanimidad, que legalice el aborto, la comuna sexual o la esterilización, o que arrebate a los hijos del hogar paterno, no será más que una imposición arbitraria degradante e inhumana, por más que un código asegure que la soberanía reside y la justicia emana del pueblo.

 Ahora bien, sentado este principio y negado el orden superior trascendente y hasta racional, es lógico que el proyecto, en su artículo 16, establezca que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Es decir, que el Estado no tiene confesión religiosa. No niega a Dios, pero le desconoce. Para el Estado todas las religiones son iguales y hasta las ideologías antirreligiosas.

 Es verdad que conforme a dicho precepto: “Los poderes públicos mantendrán… relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

 Ahora bien, como no hay un reconocimiento explícito de la soberanía espiritual de la Iglesia católica y de su independencia del Estado, es lógico presumir, dentro de la mecánica interpretativa de la Constitución, que el Estado laico, para establecer relaciones de cooperación con la Iglesia Católica, puede exigir que la misma, que humanamente hablando es una Asociación, se constituya legalmente como tal y se inscriba el Registro correspondiente, como preceptúa el artículo 22, con lo que el Estado no tendrá confesión, pero la Iglesia tendrá que someterse al Estado.

 Ahora bien, todo esto se halla en contradicción con el Magisterio de la Iglesia, con la doctrina del Concilio Vaticano II, y con el Derecho público cristiano.

 En efecto, conforme a la Constitución pastoral “Gaudium et spes”, la autonomía temporal (no) quiere decir que la realidad creada sea independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador” (36.1) y que “la comunidad política y la autoridad pública se fundan en la naturaleza humana, y, por tanto, pertenecen al orden previsto por Dios (74). “Por eso, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia (36) rechaza la infausta doctrina que intenta edificar la sociedad prescindiendo en absoluto de la Religión”.

 De otro lado, la Declaración “Dignitatis humanae”, que proclama el derecho civil a la libertad religiosa, demandando la inmunidad de coacción, deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo”, admitiendo que “en atención a peculiares circunstancias de los pueblos se otorgue a una comunidad religiosa determinada un especial reconocimiento (6).

 ¿Y acaso la sociedad, la comunidad política española y el Estado que la representa, cumplirá, si el texto que se nos propone lograse aprobación, con ese deber moral, cuando carece de confesión, coloca a la única Iglesia de Cristo al mismo nivel que a las otras confesiones y edifica su propia construcción al margen del orden querido por Dios?

 Pero no olviden los que han aprobado o aprueben el texto puesto constitucional que “Si el señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen” (Salmo 126).

 Precisamente por la marginación de lo divino, no sólo nominalmente, sino real y esencialmente, el proyecto constitucional conculca los principios cristianos y naturales sobre la familia, y naturalmente, la vida y la educación.

  II. Familia

 Artículo 39: “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”

 Pero la familia nace del matrimonio y se perfecciona con los hijos.

 Pues bien, el artículo 32 dispone que “la ley regulará las causas de disolución del matrimonio”, o sea, lo que se ha llamado poligamia a plazos.

 Y al igualar el trato de la maternidad dentro y fuera del matrimonio, olvida que frente al tratamiento igualitario de los hijos matrimoniales o extramatrimoniales, que parece justo, los calificativos de legitimidad o ilegitimidad, con todas sus consecuencias legales, debieran recaer en los progenitores, porque el hombre y la mujer no tienen derecho al hijo, si el hijo no se concibe y nace en el santuario del matrimonio y del hogar.

 Los precedentes, despenalización del amancebamiento y del adulterio, no parece que protejan jurídica o socialmente a la familia.

 Vida

Artículo 15: “Todos tienen derecho a la vida”

 Ahora bien, si se prohíbe la pena de muerte, se deja en libertad al asesino para que me prive del derecho que se me acaba de reconocer.

 Y si no se establece que la vida comienza en el momento de la concepción, puede distinguirse entre el aborto, que sería un atentado contra la vida, a partir de los tres meses de la concepción, y la interrupción del embarazo antes de que transcurra dicho periodo de tiempo, totalmente lícito, porque hasta los tres meses no habría comenzado la vida personal del concebido.

 El precedente de la legalización de los anticonceptivos no augura la protección a la vida que tan enfáticamente se proclama.

 III. Enseñanza

 Artículo 27: “Se reconoce la libertad de enseñanza”

 Pero el artículo 20 reconoce la “libertad de cátedra”, que se opone, por su misma naturaleza, al “derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con su propias convicciones”.

 Se trata de una colisión de libertades, que en justicia solo podría resolverse a favor del derecho de los padres y nunca del profesor.

 Pero hay más: la libertad de enseñanza queda contradicha por el propio texto del artículo 27, que habla de:

1) Una programación general de la enseñanza;

2) una homologación del sistema educativo;

3) una ayuda en exclusiva a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca.

 IV. Organización política

 El artículo 1 habla de un Estado social. Pero el artículo 6 dice que “sólo los partidos políticos… concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”.

 El mundo del trabajo, por consiguiente, ni concurre ni participa, pues lo que importa no es tanto la clase social como la clase política.

 Este mundo del trabajo, según la Constitución, canaliza su actividad a través de sindicatos de trabajadores y asociaciones empresariales (artículo 7), reconociéndose a aquéllos (artículo 28) el derecho a la huelga, sin reciprocidad para los últimos.

 El llamado Estado social renuncia, pues, a la justicia en las relaciones laborales (artículo 37) (conflicto colectivo y negociación), inhibiéndose ante los intereses de los consumidores y de la economía nacional.

 El Estado democrático de derecho del que habla el artículo 1 de la Constitución es una mera proclama que contradice su contenido. Veámoslo:

 a) Poder Judicial

El artículo 122 dice que el Consejo del Poder Judicial se compondrá de 20 miembros, de los cuales 8 serán elegidos por las Cámaras y, por tanto, por los partidos políticos. De esta forma, el poder judicial pierde la independencia que debe tener en un Estado democrático de derecho.

 b) Empresa

El artículo 38 consagra la libertad de empresa, pero de acuerdo con las exigencias de su planificación, es decir, el plan primero y la empresa después. Por su parte, los artículos 128 y 129 preconizan la intervención de las empresas y las formas de participación en la misma. Por eso ha dicho el sr. Funes Robert que así, el marxismo, sin revolución ni trampa electoral, con la caída de la inversión privada, puede implantarse con observancia estricta de la legalidad.

 c) Información

Ha de ser veraz (artículo 20, 1.d). Pero los medios de comunicación del Estado quedan bajo control parlamentario, y con acceso sólo a los grupos sociales y políticos significativos (artículo 20.3) ¿Y qué se entiende por significativos?

 d) Servicio militar

Todos los españoles son iguales ante la ley, pero se admite un principio de desigualdad muy grave al acoger la objeción de conciencia al servicio militar.

 V. Unidad de España

 ¿Para qué insistir más en la contradicción y el absurdo de una nación de nacionalidades, tal como figura España el artículo 2ºde la Constitución?

 Con independencia de la cuadratura del círculo que establece dicho precepto, el examen de los artículos reguladores de las autonomías pone de relieve que al encomendar a los entes autonómicos funciones legislativas, judiciales y ejecutivas del más alto rango, la soberanía queda cercenada.

 La creación de gobiernos locales no augura nada bueno y la creciente presión tributaria para los nuevos organismos producirá un descontento creciente y un impacto doloroso en nuestra ya quebrantada economía.

 En última instancia, la división que el proyecto constitucional impone coincide con el método de la dialéctica marxista, ya que es más fácil la conquista a trozos que la conquista de frente y de la totalidad.

 No olvidemos que antifranquistas conocidos y de relieve, que no han abdicado de su condición de españoles, han atacado el artículo 2º de la Constitución. Sánchez Albornoz lo califica de “pecado contra natura” y Salvador de Madariaga ha escrito: “no hay más que una nación: ¡España!”.

 VI. Problema moral

 La Conferencia Episcopal Española, ratificando el criterio de la Comisión Permanente, ha pedido al cristiano que “la fe ilumine su voto”, ya que una Constitución sólo se justifica moralmente si se salvan moralmente los principios cristianos”.

 Pues bien,“Gaudium et spes” (43) quiere que “la ley divina quede grabada en la sociedad terrena”.

 Mons. Marcelo González (primado de España), y los obispos que se han sumado su Carta pastoral, no contradicen a los demás obispos, sino que completan valerosamente lo que han dicho sus hermanos en la plenitud del sacerdocio, y aclaran que esta Constitución no salva los principios cristianos en temas fundamentales, y que por ello el “No”, aun cuando se nos tache de intransigentes, es lícito.

 Don Marcelo y los obispos que son sumado a su Carta pastoral no han hecho otra cosa que seguir al pie de la letra las palabras de Juan Pablo II: “El miedo quita a veces el coraje civil a los hombres que viven en un clima de amenaza, de opresión o de persecución. Hay que tener valor y fortaleza para atravesar la barrera del miedo y dar testimonio de la verdad y de la justicia”.


Revista FUERZA NUEVAnº 627, 13-Ene-1979

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Antecedentes de la descolonización del Sahara

 Artículo de 1970

 DECÍAMOS AYER

 Por Blas Piñar

 No puedo negar que la declaración del Gobierno sobre la interpretación que merece el acuerdo de Tremecén entre Argelia y Marruecos, me ha dejado en un clima de incertidumbre.

 A poco avezados que estemos a las maniobras de la política internacional ajena, parece de una evidencia arrolladora que los desplazamientos a Mauritania y a Washington de los ministros marroquíes del Interior y de Asuntos Exteriores dibujan el contorno de un acuerdo y de una información preventiva sobre lo que puede ocurrir -y Dios quiera que no ocurra- en la provincia española del Sahara.

 Que se pretende que nuestro país “descolonice” el Sahara, y que extiende la descolonización a Ceuta y Melilla, es algo inconcluso si se estudia la línea de pensamiento y de acción de quienes representan oficialmente a Marruecos y Argelia, y utilizan un lenguaje relativamente moderado, y la de quienes, sin la responsabilidad de los puestos oficiales, se manifiestan con un idioma preñado de palabras ofensivas para nuestro país.

 Si la memoria es clave para marcar una conducta, y si la forma más ecuánime de predecir el futuro consiste en conocer el pasado, no podrá sorprendernos que, no obstante la aparente inhibición oficial, partidas irregulares aspiren a penetrar y a sembrar el terror en la provincia del Sahara, como ya ocurrió (1957) en la que fue nuestra antigua provincia de Ifni.

 Como, además, el procedimiento seguido entonces tuvo un éxito claro, al respetarse por España la situación de hecho y el ceder más tarde –“retrocediendo”– la soberanía que ejercíamos en Ifni, no parece descabellado pensar -en el ejercicio de las predicciones- que el Istiqlal o el Consejo de la Revolución de Argelia, al margen, aunque con el silencio de los organismos responsables, emprenda incursiones militares en el territorio sahariano.

 El apoyo logístico de las incursiones tendrá, si llegan a producirse, una amplia demarcación territorial que envuelve a la provincia española, cuya base de aprovisionamiento habrá de ser forzosamente por vía aérea y marítima, a partir del archipiélago canario, en el que, como ya sabemos, se halla desde hace meses una flota pesquera de la URSS, cuya finalidad entendemos que abarcaría la de vigilancia e información a los países que descaradamente apoya, de cualquier movimiento de nuestras fuerzas.

 Nada de lo que ocurre ahora con relación al Sahara nos coge de sorpresa. Cuando se concedió la independencia, con el nombre de Guinea Ecuatorial, a las provincias de Fernando Poo y de Río Muni (1968), con procuradores en Cortes y consejeros nacionales, y cuando se “retrocedió” a Marruecos la soberanía sobre Ifni (1969), iniciábamos un camino difícil de contener. Lo que a algunos pudo parecer prudencia o habilidad, a nosotros nos pareció siempre abandonismo y, frente a los alegatos en defensa de la política de entreguismo fácil que asumía el Gobierno, tuvimos que utilizar, para bautizarla, una frase que creo retrata bien la retórica que se utilizó para encontrar la viabilidad: “triunfalismo liquidador”.

 Las debilidades en política no suelen perdonarse, y aquellos que se las prometían muy felices creyendo que las concesiones hechas amansarían la incitación reivindicatoria, no percibían que, con el método de la condescendencia, alimentaban la voracidad de los beneficiarios de la nueva “descolonización”. De aquí que podamos recordar ahora, con este “decíamos ayer”, cuanto en FUERZA NUEVA, primero, y en las Cortes, más tarde, con nuestra palabra, nuestra pluma y nuestro voto, hicimos patente al oponernos a la independencia de Guinea y a la “retrocesión de la soberanía en Ifni.

 La voluntad, que estimamos decidida, de nuestro Gobierno, de clausurar la etapa de los abandonos, no puede desconocer que la firmeza de nuestra postura exige un examen minucioso y atento de las líneas maestras de nuestra política internacional, y entre ellas las persistentes, ya marcadas por el Gabinete anterior, de apertura a los países del Este, que apoyarían, sin duda, las pretensiones del acuerdo de Tremecén con relación al Sahara, a Ceuta y a Melilla, y la de amistad incondicional con las naciones árabes, que hasta la fecha ha mermado una libertad de movimientos que España precisa para defender su honor y sus intereses.

 Dentro de esta voluntad firme del Gobierno español, constituye, a nuestro juicio, un punto débil, admitir la necesidad de un referéndum entre la población saharaui, toda vez que el plebiscito -como consta oficialmente en la ONU- ya tuvo lugar, con el resultado de una mayoría casi unánime a favor de España. Poner en tela de juicio la validez de dicha referéndum sería, a la vez, una ofensa los españoles del Sáhara y un reconocimiento de que al verificarse no se votó con libertad, sino bajo presiones inconfesables del Gobierno.

 La provincia del Sahara, que también tiene procuradores en Cortes y consejeros nacionales, que para ostentar dichos cargos han de ser españoles y jurar los Principios del Movimiento y las Leyes que integran nuestra Constitución, no puede ser objeto de transacciones en el mercado internacional. Si el Sahara es España, con España, que es algo más que el territorio peninsular, sus islas adyacentes, las Baleares y el archipiélago canario, no se puede jugar. El Sahara, como Ceuta y Melilla, no puede ser objeto de negociación o trueque. Si el Gobierno accediera a tratar de este asunto, por los temores que pueda suscitar en ciertos ámbitos un no tan rotundo como enérgico, cometería otro error. El país está necesitado de posturas y de gestos concordes con la línea política que forma la médula del Régimen. Desertar en este campo, como ya se ha desertado en otros, producirá una nueva caída del ánimo colectivo, de la esperanza sugestiva de continuar una empresa que nos fue presentada y ofrecida como de la más bella y prometedora factura.

 Una torpeza en este asunto realmente grave, que podría tener explicación bajo un Régimen distinto, sería inexcusable en éste, y más después de la amarga experiencia adquirida.

 Lo peor que puede ocurrirle a un pueblo es la pérdida de la ilusión para vivir como tal. Entonces se empereza y amilana o se autodestruye en la falta de concordia interior. Por esta razón, que es una entre tantas, decir que no, sin más complicaciones y con todos sus corolarios, a las absurdas reivindicaciones que pretenden despojarlos de la provincia del Sahara, y de las ciudades de Ceuta y Melilla, constituye una obligación moral y patriótica ineludible de cualquier Gobierno español que estime en algo su decoro y la historia de su patria.

 Lo que decíamos ayer, sin respuesta positiva, lo repetimos hoy, esperando, por fin, encontrarla.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 180, 20-Jun-1970

 

jueves, 12 de febrero de 2026

Blas Piñar contra la Constitución (1)

 Artículo de 1979

 Blas Piñar en Palma de Mallorca

 (Discurso pronunciado por Blas Piñar el 24 de noviembre de 1978 en la Sala Magna del Palacio de Congresos del Pueblo Español de Palma de Mallorca)

 (…) Hoy, a la altura de 1978, volvemos a reunirnos en Mallorca. En este día, que fue de San Juan de la Cruz, España atraviesa su noche oscura. Un frío estremecimiento de pavor y de ira santa nos sacude al contemplar la tiniebla que nos envuelve y la confusión íntima que a muchos embarga. La noche oscura de los místicos arranca de la noche oscura del Calvario, porque sólo cuando Dios muere en la Cruz, entre las ráfagas fugaces de los relámpagos, se divisa el velo que se rasga, la tierra que se abre y la nube densa que parece cerrarnos la puerta del Paraíso. (…)

 Hoy es de noche porque el mundo, y España ahora, vuelve a despreciar y a crucificar a Cristo. La llevamos a las afueras de Jerusalén, a extramuros de la comunidad política, al margen de la Constitución. El poder, la soberanía, la autoridad, la justicia no vienen de Ti. ¿Qué te habías creído? El supremo legislador somos nosotros, los hombres, el pueblo, la mayoría. Nada importan el derecho natural, los diez mandamientos, la Revelación. No te reconocemos como Creador, ni como Redentor, ni como Santificador. Te hemos destronado para ocupar tu puesto ¡Fuera de la ciudad, a extramuros, al Calvario, a la Cruz, a morir para siempre que no nos haces falta!

 ¿Que fundaste una Iglesia para continuar tu misión?, ¿que a Ella confiaste la plenitud de la verdad que salva, los medios de santificación, la autoridad…? Nada tengo que ver con eso.

 Tal es la Constitución que se nos ofrece.

 Art. 1º. 2

La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.

 Art. 117

“La justicia emana del pueblo”.

 Art. 16º. 3

Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones religiosas”.

 De este modo la ley puede convertirse en instrumento de degradación, porque lo verdadero, lo bueno y lo justo se reconoce, no se crea.

 Es inútil construir sobre la arena o construir según el método de la Torre de Babel, pues “el que no recoge conmigo desparrama y “si el Señor no construye la casa en vano trabajan los que la edifican”.

 Decía Cicerón que “si los derechos se fundaran en la voluntad de los pueblos o en las decisiones de los príncipes o en las sentencias de los jueces, sería jurídico el robo, la falsificación, la suplantación de los testamentos, con tal que tenga a su favor los votos de la mayoría” y Rousseau afirmaba: “Lo grave no es que voten todos, sino que todo se someta a votación”.

 Por ello, la actitud de la Conferencia Episcopal es incomprensible, como lo fue la actitud del presidente de las Cortes (retirando el Crucifijo de su despacho). (…)

 No olvidéis las palabras del Maestro: “Al que no me confiese ante los hombres no le confesaré yo en el reino de los cielos”.

 El art. 2º del proyecto habla de la “indisoluble unidad de la nación española” (pero) reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades”.

 Pues bien, como hemos probado en diversas ocasiones, si España es una nación no consta de nacionalidades, y si existen nacionalidades, España no es una nación.

 Por otra parte, el Estado de nacionalidades autónomas conlleva, como es lógico, más impuestos y más burocracia, amén de las “policías”(art. 148.22) al servicio de los distintos gobiernos.

 El art. 39 reza así: “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”.

 Pero la familia nace del matrimonio y se perfecciona con los hijos. Pues bien, el art. 32 dice que “la ley regulará las formas de matrimonio y las causas de disolución”; y el propio art. 39 establece la igualdad ante la ley de los hijos legítimos y de los ilegítimos, de la madre casada y de la soltera.

 El art. 15, por su parte, asegura que “todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que en ningún caso puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos degradantes. Queda abolida la pena de muerte”.

 Pero la abolición de la pena de muerte para el asesino deja sin protección la vida del inocente no nacido, y al no fijarse el momento en que comienza la vida puede ser legal el aborto.

 Dice el art.27 que se reconoce la libertad de enseñanza, pero que habrá -lo que parece contradictorio-:

1º una programación general de la misma:

2º una homologación estatal del sistema educativo

3º y sólo se ayudará a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca.

 La libertad de cátedra proclamada en el art. 20, en la práctica, primará sobre el derecho de los padres a la formación de los hijos.

 Conforme al art.1º, se constituye un estado social: pero sólo los partidos políticos concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política, y no los Sindicatos. La “clase política” es lo que importa, por tanto, y no la “clase social”.

 El Estado, por añadidura, renuncia a ejercer la justicia en el campo social (huelga -art.28.2-).

 El art. 9 proclama el “principio de legalidad y jerarquía normativa” pero temas constitucionales como el de la mayoría de edad, el de los preautonomías y el de las demarcaciones judiciales, regulados antes de que la Constitución se apruebe, por simple decreto ley, vulneran como una profecía, ese principio tan enfáticamente proclamado.

 El Consejo del Poder Judicial, que el proyecto crea, es, por su composición y designación, un auténtico atentado a la independencia de la Magistratura y al sistema de diversidad de poderes, alumbrado por Montesquieu, en que se apoya la democracia liberal. (…)

 El art. 33 reconoce la propiedad privada, pero, al mismo tiempo, y sin garantía de ninguna clase, su delimitación de acuerdo con las leyes.

 El art. 38 admite la empresa privada, pero también su planificación.

 La libertad de información (art. 20) se garantiza, pero los medios de comunicación de los poderes públicos se ponen bajo control parlamentario, estableciendo que sólo los grupos sociales y políticos significativos podrán acceder a ellos. ¿Y qué se entiende por significativos?, ¿quién otorga esa veleidosa a calificación?

 ****

Todo en la Constitución -menos su agnosticismo y su ataque a la unidad de la nación y su propósito de deshacer la familia- es ambiguo o contradictorio.

 Ante la Constitución no cabe, a nuestro modo de ver, ni el “Sí” ni la abstención. Sólo cabe una postura gallarda: pronunciarse en términos negativos.

 Aquí hemos venido para beber en la tradición milenaria que representan vuestros molinos: a ilusionarnos con la poesía de los almendros en flor, a descubrir en la hondura de la roca la sorpresa de los lagos ocultos, a recoger con las aspas de los molinos la última brisa de la tarde.

Que Fray Junípero y San Alonso Rodríguez y Santa Catalina Thomas nos ayuden. Seamos los españoles de hoy fieles como la palmera balear.

Revista FUERZA NUEVAnº 626, 6-Ene-1979 

 

jueves, 8 de enero de 2026

Blas Piñar por la Europa cristiana (2)

 Artículo de 1978

 Blas Piñar en Marsella (Francia)

 «LE JOUR DE GLOIRE EST ARRIVÉ»

 (Discurso pronunciado por Blas Piñar en el cine Madeleine, de Marsella —Francia—, el día 10 de noviembre de 1978.)

 Nos duele Europa, camaradas y amigos, y nos duele porque es nuestra y porque la amamos.

 Para nosotros, Europa es más que un continente, un contenido; más que un trozo de geografía inerte, un hervidero de historia; más que un mercado común, un alma colectiva; más que un pasado que se clausura y muere, una semilla que se desgarra en su interior con voluntad de florecer.

 Tales son las razones que justifican nuestra presencia aquí, en la ciudad más antigua de la Francia, construida junto al Ródano cabalgando sobre el «mar nuestro», que surcaron mil veces los navíos abanderados en Marsella, en Génova o en Barcelona, a un tiempo industrial y lírica, francesa y, por ello mismo, europea.

 No es fácil eludir la magia de una región. Aquí, en las viejas comarcas de la lengua del Oc, en la Provenza de los antiguos trovadores, que hicieron de la «domna» la mujer ideal a la que cantaban, y que identificaron los verbos amar y servir, hemos venido a proclamar limpia y varonilmente que Europa, nuestra dama, ha sido víctima de un rapto, y que nosotros, que somos caballeros y no trovadores, queremos rescatarla de su prisión o de su encantamiento.

 Federico Mistral, el que compartió con nuestro Echegaray un premio Nobel, escribió en provenzal su famoso poema «Miréio». Para mí, Mireya es Europa, que mantiene contra todos su amor puro y que rechaza a los poderosos que la solicitan: el capitalismo liberal, la esclavitud marxista, la ruptura con sus propias tradiciones. Hasta quien le dio vida se opone a ese amor. Mireya, es decir, Europa, ante tanta dificultad, temerosa y confusa, abandona su casa y se encamina a pie al santuario de las tres Marías, en la Camarga, allí donde el Ródano desemboca. Durante el viaje, como resume Bonfantini, la daña el sol demasiado ardiente, la oprime la angustia y la aplasta la fatiga. Llega al santuario y muere.

 Pero he aquí que nosotros queremos borrar y sustituir ese epílogo catastrófico. Mireya, es decir, Europa, no puede morir. Es cierto que está oprimida, angustiada y fatigada; es cierto que en parte gime sin honor y sin libertad, allí donde el yugo comunista la atenaza; y es cierto también que llora, convulsa y estremecida, allí donde el terrorismo de la violencia física y el terrorismo de la violencia moral de todo género, la desconciertan y la paralizan.

 Pero también es verdad que las tres Marías, las tres grandes naciones católicas del Mediterráneo, Francia, Italia y España, con puñados de hombres y mujeres elegidos, con gavillas de jóvenes con vocación de héroes, harán el milagro; y Mireya, es decir, Europa, no sólo no morirá, sino que, reconfortada, rejuvenecida y alegre, fiel a sí misma, consumará su desposorio con su tradición y con su destino.

  • • •

Hemos hablado de jóvenes con vocación de héroes. A mi modo de ver, aquí está la clave única de nuestra victoria. Lo que ocurre es que el héroe no es el resultado de una estructura, sino que la estructura es la obra del héroe, lograda con entusiasmo, con fortaleza y con heroísmo.

 De aquí que para nosotros, la revolución tenga un signo diferente al usual, y se plantee a nivel subjetivo, a manera de conversión y no de revuelta, a modo de «metanoia» y no de motín.

 Ya sé que de la campaña difamatoria que nos rodea, forma parte —aunque no integre el más desdichado de los capítulos— la imputación de nuestra nostalgia. Pues bien; lo que nuestros adversarios califican de nostalgia, no debe serlo tanto, cuando a la melancolía que adormece sustituye el espíritu de combate. Lo que ocurre es que la nostalgia se confunde, por los enemigos, con el recuerdo de la propia identidad, con la reflexión sobre el pasado para caminar en el presente y en el futuro, con aquel aforismo permanente y válido de Cicerón, de que la historia es maestra de la vida.

 Nosotros no miramos atrás en justificación de un descanso. Nosotros pensamos en las lecciones de ayer, mientras seguimos la marcha, recios y animosos, en pos de las banderas de un ideal sagrado.

 En ese pensamiento, aquí, en la dulce Francia, se perfilan sus grandes figuras nacionales: Carlomagno, San Luis (el hijo de nuestra Blanca de Castilla) y Santa Juana de Arco; y sus catedrales, que son tratados de teología alzados en medio de la Ciudad terrena; y sus canciones de gesta, que son himnos en los que se exalta al héroe que necesitamos para nuestra empresa; y sus trovas de amor, que forman el salterio íntimo de un corazón enamorado que no necesita del recurso fácil del erotismo.

 Santidad, heroísmo, amor. Es verdad que se entrecruzan, pero lo importante, más que separar o identificar su fuerza, es que incidan en el hombre para transformarlo y convertirlo

 Una orden de caballería, de las que nuestras patrias pueden ofrecernos un muestrario polícromo, no pretendía otra cosa para aquellos que la integraban. Entre vosotros, en 1469, el rey fundó la Orden y milicia del señor San Miguel Arcángel. Codreanu, en Rumania, pueblo de frontera, quiso que así se llamara su legión. San Miguel es el patrono de Alemania. Y en la España que nosotros representamos, hemos querido que San Miguel sea para los hombres y mujeres de Fuerza Nueva nuestro adelantado y nuestro capitán.

 ¿Acaso los movimientos políticos de tan clara significación nacional y tradicional, como los nuestros, no deberíamos ponernos colectivamente bajo el patrocinio del Arcángel y al modo de una nueva milicia cívica, espiritual y europea, invocarle para que nos ayude en el riesgo y nos mantenga firmes en el peligro, para que haga fuerte y segura nuestra vocación y nada ni nadie la esterilice invitándonos a la huida?

 Sólo este modo de enfrentarse con el drama de Europa puede salvarla. No basta un patriotismo natural, hay que levantarlo a cotas de mayor altura. El agua quita la sed. Pero hay ocasiones en que hace falta el vino para que la sangre se anime y el corazón se alegre; como en las bodas de Canaán. Y cuando ello sucede, como ocurre ahora con el patriotismo, es necesario que una palabra divina le toque, para transustanciarlo, para darle el calor y el sabor que precisa para su cometido difícil en la Europa de hoy.

 La mies es mucha y los trabajadores pocos; pero son pocos, no porque no haya trabajadores disponibles, sino porque nadie los llama y, sobre todo, porque al llamarlos no se les da ese vino mejor de las tinajas del milagro.

 A veces hay algo más censurable que el escamoteo de la verdad que salva o que la omisión del llamamiento, y es el paso despectivo y el recreo narcisista que nos impide ver a los que nos buscan con ilusión y con esperanza.

 Zaqueo, entre la multitud, no podía ver al Maestro, y se subió a un árbol. Y el Maestro no se desentendió, ni pasó sin dirigirle la mirada, sino que, fijándose en él, le dijo: quiero estar contigo y en tu casa. Son muchos lo que hoy nos buscan, ocultos o a distancia; pero nos buscan. Seamos nosotros los primeros en romper la muralla o la lejanía para invitarles al encuentro; seguros de que un corazón tocado por la admiración o por la sana curiosidad puede convertirse en un latido isócrono con el nuestro.

 • • •

Hoy es un día feliz en medio de tantos sinsabores. España está en vísperas del colapso o de la revitalización. Nosotros estamos poniendo de nuestra parte todo lo posible para evitar aquél, para conseguir que España no sea víctima del odio, el revanchismo y la frivolidad. Y digo que es un día feliz, porque en medio de nuestro duro combate, saboreamos vuestra amistad, vuestra camaradería, y nos reconforta el aliento fraternal de los franceses e italianos, de los belgas y portugueses de Europa, o de los europeos de Francia, de Italia, de Bélgica y de Portugal.

 Para nosotros tampoco hay Pirineos. La frase tiene un significado distinto del que tuvo cuando fue pronunciada, porque los Pirineos existen, pero no como barrera, sino como vigías.

 ¡Qué bien lo entendió el gran poeta Vasile Aleisandri!:

 Salud, Alpes, Cárpatos, Apeninos, Pirineos,

hermanos gigantes del gran mundo latino.

 Este mundo latino, pieza vital de Europa, tiene una misión que cumplir.

 En la visión total de la historia que tuvo el poeta citado, y que recogió en los versos solemnes de su «Cantacul gintel latine», premiada en los juegos florales de Montpellier, esa visión se dibuja con nitidez asombrosa: 

Cuando ante Dios, Señor de lo creado,

el día del juicio comparezca

la gran raza latina y sea preguntada

¿qué hiciste tú en la tierra, di, qué hiciste?,

ella dirá con voz serena y firme:

¡Señor, mientras viví sobre la Tierra,

yo, a los ojos del mundo estupefacto,

tu espejo fui y a Ti te he representado!

 • • •

Y Francia, Italia, Bélgica, Portugal y España, las naciones que se vinculan para este papel, al que no renuncian, y los movimientos políticos que en nuestras patrias representamos, se ponen en pie, con humildad y con verdad, para ser fieles a su alta misión.

 España va a conmemorar dentro de unos días a dos de sus arquetipos más recientes: a José Antonio, el fundador, y a Franco, el artífice. Uno, entregó su vida, como un mártir, asesinado por la horda marxista; otro, entregó la suya, después de derrotar al comunismo y devolver a los españoles el orgullo de serlo. Os esperamos en Madrid, porque José Antonio y Franco, por españoles, son algo más que nuestros, son símbolos de la Europa auténtica que aún cree y lucha por Dios, por la Patria y por la Justicia.

• • •

Tal es la letra de nuestro quehacer. Pero esa letra necesita una música. Frente a las notas de «la Internacional», que acompañan al odio, en España oponemos la letra y la música de un himno de amor y de combate, en el que se habla de primavera y de rosas, de escuadras y luceros: el «Cara al Sol».

 Vuestro himno nacional, «La Marsellesa», lo sabéis mejor que yo, fue un himno creado en 1792, cuando la guerra con Austria, por un capitán de ingenieros de guarnición en Estrasburgo. Su título inicial era: «Canto de guerra del Ejército del Rhin». La historia quiso que lo cantaran por las calles parisinas los voluntarios marselleses, y de aquí el nombre de «La Marsellesa».

 ¡Cuántas veces no habréis repetido sus estrofas! Al repasarlas, a la altura de nuestro tiempo, parece que en parte fueron redactadas para hoy y para nosotros, porque también contra Europa se ha levantado el estandarte de la tiranía soviética, porque también los tanques, las divisiones armadas hasta los dientes, las avanzadillas del terrorismo y de las agrupaciones comunistas, quieren ahogarnos, atropellarnos, aplastarnos, asesinarnos y destruirnos. Por eso, hoy, en Francia, podemos decir los europeos que amamos y queremos servir a Europa y rescatarla y libertarla (…)

 ¡Franceses, italianos, belgas, portugueses, españoles, europeos, en suma! ¡Hasta Madrid!, «le jour de gloire est arrivé». Por la Europa una, grande y libre. ¡ARRIBA EUROPA!

 (Grandes aplausos cerraron sus palabras, que fueron pronunciadas en francés.)


Revista FUERZA NUEVA, nº 624,  23-Dic-1978


jueves, 27 de noviembre de 2025

Blas Piñar, sobre Cristo Rey y sobre José Antonio

 Artículo de 1978

  BLAS PIÑAR, EN GIJÓN

 ASTURIAS, ESPACIO HISTÓRICO Y EMOCIONAL

 (Discurso pronunciado por Blas Piñar en el Pabellón de Deportes de Gijón, el día 28 de octubre de 1978.)

 Asturianos, amigos y camaradas de Gijón:

 Si es verdad que lo hecho por la democracia liberal y el Gobierno de UCD, que no es otra cosa que un montón de escombros, avala un futuro de sangre, de miseria y de caos, también es verdad que, recogiendo la frase rítmica, como de un salterio político, del presidente Suárez, yo os puedo prometer y os prometo, que con la ayuda de Dios, la mirada amorosa de la Santina, la entrega sacrificada de una minoría leal, fiel, inasequible al desaliento, y la colaboración entusiasta, generosa, traspasada de patriotismo, de los españoles que quieran ayudarnos, con la entrega de su tiempo, de su actividad y también de su dinero, detendremos esta riada de sangre, evitaremos la miseria y el caos, barreremos los escombros, reharemos la moral, el sentido de la historia y la economía, y salvaremos a España.

 Para ello, amigos, hace falta una profesión de fe y de voluntad; una auténtica milicia del espíritu. Es mucho e importante lo que hoy nos jugamos, lo que se juega España y el mundo, para suponer que la solución está en las componendas electorales o en la práctica conocida del consenso. La situación universal en la que España desempeña, por razones muy varias, un papel decisivo, puede considerarse dramática, y aunque hoy se usa la palabra desdramatizar desde el campo oficialista, la experiencia y la lógica nos dicen que la palabra se vuelve contra quienes la esgrimen, ante la realidad pavorosa de los hechos.

 Ni la palabra desdramatizar soluciona nada, ni soluciona nada el «tomar medidas» del ministro del Interior, que parece denunciar, tomándolas en tantas ocasiones, una vocación tardía a la profesión de sastre, ni soluciona nada tampoco el «puedo asegurar y aseguro» del presidente del Gobierno, que revela también su vocación frustrada de asegurador, ya que a la compañía aseguradora, que es España, la conduce a la quiebra. Si la póliza era de incendios, no hay recursos para cubrir los daños de las cárceles y de los bosques que consumieron las llamas, y si la póliza fue de vida, no habrá dinero, a la velocidad creciente del terrorismo, para indemnizar a las familias de los victimados.

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 La fecha en que nos reunimos, en la doble liturgia de la fe y de la patria, nos lleva de la mano a tomar como fuente inspiradora y aleccionadora dos grandes conmemoraciones, que tienen algo trascendente que decimos en esta grave coyuntura histórica: la fiesta de Cristo Rey —hoy desplazada hacia una dominica posterior— y el discurso fundacional de José Antonio.

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Que nadie diga que nosotros, al traer a colación ambas conmemoraciones, mezclamos la religión con la política; porque una cosa es su mezcla indiscriminada y confusa, que sería intolerable, y otra el planteamiento formal del quehacer político, que en última instancia, como decía Donoso Cortés y exaltó Vázquez de Mella, descansa sobre un planteamiento teológico.

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La fiesta de Cristo Rey, que instituyó con toda solemnidad Pío XI, como síntesis de su famosa encíclica «Quas primas», refrenda hasta la saciedad, y pese a las desviaciones doctrinales del posconcilio, la raíz teológica de la política.

 Para un hombre sensato, no cabe la duda en este orden de cosas. El hombre es un ser que escapa al marco angustioso del tiempo, es decir, a lo animal, porque tiene un alma inmortalizada. Esa inmortalidad, y la libertad de que ha sido dotado y que le hace capaz de condenarse o de salvarse,  convierte al hombre, en una concepción ortodoxa de la política, en el eje del sistema comunitario. La comunidad es para al hombre y no el hombre para la comunidad. La política está al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la política; y ello aun cuando la política y la comunidad exijan el sacrificio necesario para que la comunidad y la política cumplan y satisfagan el bien común inmanente y trascendente al que se ordenan.

 De aquí, que si el hombre —por razón de su inmortalidad y de su destino eterno— es el eje del sistema político, la comunidad en que el hombre vive y trabaja no pueda desentenderse, y aún menos obstaculizar lo que es propio del hombre, lo que constituye su esencia, es decir, su única y sustantiva razón de ser. Al contrario, la comunidad, y la política que encauza y dirige la comunidad, si no quieren perder aquello que las justifica y mantiene, han de buscar su fundamento y su fortaleza en dos apelaciones: una, horizontal e intrínseca, el hombre inmortalizado; y otra, vertical y extrínseca. Dios, que al crear al hombre creó el cimiento de la comunidad al decir: «no es bueno que el hombre esté solo».

 Por eso, cuando una Constitución como la elaborada por el Congreso y el Senado desconocen, no por ignorancia, sino por voluntad de ruptura, esas dos grandes apelaciones justificadoras del quehacer político, un hombre sensato, a la luz de derecho natural, tiene que repudiarla con un «no» abierto, responsable y digno.

 Pero no es sólo el derecho natural: es la concepción cristiana de la vida la que nos urge a decir que «no»-en el próximo referéndum.

 Hablábamos antes de la fiesta de Cristo Rey. Ya sé que hoy trata de debilitarse o arrinconarse la realeza del Salvador de los hombres, amputando, tergiversando o interpretando equívocamente los textos.

 Ya sé que para muchos el reinado de Cristo se excluye del orden social, es decir, de la comunidad política, que juega, según se arguye, en un orden autónomo de principios.

 Ya sé que para otros el reinado de Cristo se relega para el final de los tiempos, para una etapa última y escatológica y, por' lo mismo, intemporal, apocalíptica y fuera de la historia.

 Ya sé que para algunos el reinado de Cristo se reduce a un homenaje individual, privado, temeroso y escondido, en el interior de la propia conciencia.

 Y, sin embargo, las cosas no son así: En primer lugar porque si Cristo ha salvado al hombre, y si el hombre está religado a Cristo, también ha de estarlo la comunidad compuesta por hombres; porque el hombre fue al principio y la comunidad después; y porque todo aquello que caracteriza al hombre impregna y marca con carácter indeleble a la comunidad que trae causa del hombre.

 En segundo lugar porque, aun cuando el reino de Cristo no sea de este mundo, toda vez que es un reino de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, un reino sin fin, como decimos en el Credo «cuius regni non erit finís», eso no quiere decir que los reinos de este mundo, con todas sus limitaciones, y por tanto la sociedad civil y la comunidad política, no acaten y se ordenen a ese reino superior que los enhebra, los justifica y los trasciende.

 En tercer lugar porque aun cuando el reino de Cristo, en su plenitud, no sea de este mundo ni se consuma en este mundo, en este mundo se inicia y se invoca. Aquí es donde se gana la ciudadanía de ese reino, por la gracia, aunque después se colme con la santidad; aquí es donde uno se embandera como soldado y como apóstol; aquí es donde se edifica y construye, con los hijos de Dios; aquí es, en el espacio y en el tiempo, en la historia, donde el reino de Cristo empieza, aunque esperen —y por eso no es de este mundo, que termina— la historia, el tiempo y el espacio.

 En cuarto lugar porque a Cristo, por derecho propio, por derecho de herencia y por derecho de conquista, como dicen los teólogos, se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, y el poder, en la tierra, incluye el señorío social y político; porque toda autoridad, como dice San Pablo, viene de Dios; porque, en suma, como dijo el Maestro de la Verdad a Poncio Pilato, «hasta la autoridad que tienes para crucificarme o para darme la libertad es tuya, porque te fue dada de Arriba».

 Por eso, cuando una Constitución como la elaborada por el Congreso y por el Senado excluye toda referencia al origen divino de la autoridad, exilia el nombre de Dios, reduce a la Iglesia a una de tantas confesiones religiosas, como el budismo o el sintoísmo, y repudia de este modo el reinado de Cristo en la sociedad, un católico con conciencia formada tiene que reaccionar con un «no» categórico, abierto y digno al depositar su voto en el referéndum que se aproxima.

 Porque para nosotros, frente al Estado laico de inspiración cristiana, de Maritain, está la afirmación nítida de San Pío X: «La civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe: es la civilización cristiana. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos: "Omnia instaurare in Christo" ("Notre charge apostolique").»

 • • •

En esta línea de pensamiento, en este enfoque teológico de la política, discurrió el Movimiento José Antonio; y no sólo el esquema doctrinal, sino el testimonio de la sangre de los mejores, y entre ellas la del fundador.

 Cuando José Antonio hablaba de dar la existencia por la esencia del hombre portador de valores eternos, del paraíso difícil y del tiempo de arcángeles, de entendimiento religioso y militar de la vida, estaba exponiendo con el rigor de un clásico y la música de su palabra fervorosa todo un haz de principios que hoy más que nunca gozan de vigencia y necesitan de aplicación.

 Aquel 29 de octubre, a la altura de nuestro tiempo, es algo más que una fecha: es un símbolo. Dijo José Antonio en el teatro de la Comedia, para terminar su impresionante convocatoria a la nación: «Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que puede despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación I A los pueblos no les han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar frente a la poesía que destruye la poesía que promete!»

 Pues bien, la bandera que se alzó en el teatro de la Comedia aquel 29 de octubre de 1933, yo sé que ha sido abandonada por unos, arrojada a la calle por otros, insultada por algunos; pero aquella bandera, que se cubrió de sangre de mártires y de héroes; aquella bandera, que se puso al lado de la bandera gloriosa de la Tradición para cerrar el paso a la Antiespaña; aquella bandera que, con la bandera de la Tradición, hizo posible, al lado del Ejército, la Victoria nacional; esa bandera, abandonada, despreciada, insultada, la tomamos, la levantamos y la abrazamos; y no sólo alegre y poéticamente, sino con una mística, porque, como tuve ocasión de decir en Roma, al poeta le basta el gozo íntimo de la belleza, mientras que el místico exige, por añadidura, la fe en las verdades que la belleza literaria viste y decora. Por eso, el poeta varía con su sensibilidad y huye al extranjero, como Alberti, mientras que el místico se queda y derrama su sangre, como José Antonio.

 • Dos ideas claves, de las muchas que guarda el pensamiento de José Antonio, me interesa destacar aquí, pensando en la Constitución que se nos propone. La una se refiere a la concepción del Estado; la otra a la necesidad de un hombre nuevo.

 • El Estado está al servicio del bien común. El bien común se configura dentro de la patria, y la patria es algo más que un país, geográficamente hablando, o que una generación que pasa, si nos fijamos en el tiempo.

 La patria, para José Antonio, de acuerdo con la doctrina de la Tradición, «es una síntesis trascendente ("la España metafísica", nos diría después), una síntesis indivisible; y el Estado ha de ser el ejecutor resuelto de los destinos patrios, el instrumento al servicio de esa unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama patria».

 Por eso mismo, el Estado español, ejecutor resuelto de los destinos de España, ha de mantener su «sentido permanente ante la Historia», que en eso consiste la Tradición, es decir, la permanencia de las constantes identificadoras de la nacionalidad.

 Ese sentido permanente de la historia implica que «el espíritu religioso sea respetado y amparado —y, por eso mismo, reconocido y proclamado sin rubor— como merece».

 Pero tanto las constantes históricas como la razón instrumental obligan al Estado a no ser un mero «espectador de las luchas electorales», confiando la justicia y la verdad, que son categorías permanentes de razón, al arbitrio caprichoso de la mayoría, que puede decidir si Dios existe o no existe, si la patria ha de permanecer o es mejor que en un momento de locura se suicide.

 El Estado y la autoridad del Estado no pueden descansar en el método más fácil de conseguir votos, ya que ello supone, para lograrlos, «la calumnia, la injuria, faltar deliberadamente a la verdad, recurrir a la mentira y al envilecimiento».

 Un Estado de ese tipo transforma a los hermanos en enemigos, conduce a la esclavitud y a la miseria económica, aplasta la dignidad del hombre, «estruja a las almas para que no quede en ellas la menor gota de espiritualidad», habla y promete, mientras a la justicia social sustituyen el odio y la lucha de clases, y al magisterio de las buenas costumbres sucede la ruina moral.

 Tal es el Estado que perfila el proyecto de Constitución. En lugar de servir a la patria, se convierte en un árbitro imposible de nacionalidades autónomas. En lugar de mantener el sentido permanente de la historia, la interrumpe y nos hace regresar a los reinos de Taifas. En lugar de categoría de razón, subordina la razón a la soberanía popular. En lugar de respetar y amparar el espíritu religioso, degrada y escupe, informando el ordenamiento jurídico de incrustaciones materialistas, legalizando el amancebamiento, el adulterio, la anticoncepción y el divorcio; privando a los padres del derecho a educar a sus hijos; esquilmando la propiedad privada, y haciendo de la empresa, en lugar de un centro de producción o distribución de mercancías o de servicios, un campo de resentimiento y de batallas.

 ¿Cómo contestar afirmativamente o con una abstención, que equivale a la indiferencia de un «a mí qué me importa» o a la soberbia de un «te desprecio», a la pregunta que va a formularse?

 Hay que responder valientemente, gallardamente, que «no», y ello aun cuando la intuición nos diga que el compromiso histórico exige que el Gobierno saque a flote la Constitución por los procedimientos que la democracia al uso conoce y practica.

 En última instancia. Dios, España y mi conciencia me pedirán cuenta de mi voto, del que soy responsable, mientras que de la posible manipulación del voto pedirán cuenta, en su caso, al señor Suárez y al equipo que le acompaña en el desgobierno.

 • • •

 • Pero hay algo que, como antes os decía, interesa destacar, hoy y aquí, del pensamiento de José Antonio. Y es su idea sobre el hombre, sin la que ni la patria, como unidad irrevocable, ni el Estado, como ejecutor de sus destinos, serán posibles.

 Ese hombre ha de ser, como quería San Pablo, un hombre nuevo. La revolución de José Antonio no es tanto y primariamente una revolución de las estructuras como una revolución personal, es decir, una conversión.

 El hombre del tiempo difícil se caracteriza no por sus convicciones, por su ideología, por su equipaje doctrinal, por su «manera de pensar», sino por su «manera de ser».

 De aquí que José Antonio afirmase: «no debemos proponernos sólo la construcción, la arquitectura política —problema puramente intelectual—, sino la adopción personal ante la vida entera y en cada uno de nuestros actos de un sentido ascético y militar de la vida».

 En tanto que este tipo de hombre no se consiga, todo el esquema político se nos queda lejano e inoperante. Faltarán los trabajadores idóneos. El indisciplinado, el que no sacrifica su propia voluntad, el que no domina sus pasiones y las encauza a una meta superior, el que no quiere o no puede hacer suyo el sentido ascético y militar de la empresa política, no sirve y hace daño, porque en lugar de espíritu de servicio y de sacrificio ha puesto espíritu de disgregación y de altanería.

 Decía S. Gregorio: «El que por su vida merece desprecio, acaba por hacer despreciable aquello que predica.» El profesor Genta, que cayó asesinado en Buenos Aires ha hecho ahora cuatro años, hizo la exaltación más sublime que conozco de la política del sacrificio. Si el sacrificio de la Cruz hace visible la soberanía de Cristo, porque desde la Cruz atrae todas las cosas y hace suyo todo, en el cielo y en la tierra, sólo el sacrificio, sólo la sangre que se derrama —la sangre inocente—, está en el cimiento de toda soberanía, en la quintaesencia de la redención y de la libertad de la patria.

 Y hoy la patria, España, se encuentra en una hora de crisis que sólo tiene parangón con las horas fundacionales, porque son idénticos los gritos de dolor del alumbramiento y los gritos de dolor de la enfermedad.

 España sufre otra vez un baño de sangre, una sangre que nos duele, pero una sangre que, por ello mismo, será sin duda garantía de redención contra las dos grandes fuerzas que tratan de aplastamos, como decía Genta: «la Internacional del Dinero y la Internacional comunista».

 • • •

Si todo lo que acabamos de decir es verdad, y somos consecuentes con esa verdad, las conclusiones a deducir son las siguientes:

 • Hacer nuestra la política del sacrificio. Aceptar todos los sacrificios, hasta la defección, tomando de la Cruz, sin savia en apariencia, su jugo vital y estimulante.

 

• Y volver, en tiempo de crisis, al espacio histórico de la fundación o de la crisis. Y la fundación o la refundación, en otra época de crisis, tuvo aquí, en Asturias, su espacio histórico y emocional, toda vez que fue aquí donde se rehizo la monarquía visigoda de Toledo.

 Palacio Valdés, en «La aldea maldita», ante la transformación de Asturias, iniciada en su tiempo, exclamó: «¡Ahora empieza la barbarie!» Pero la barbarie no es fruto de una transformación industrial, sino de una degradación del espíritu.

 En un Estado como el que José Antonio soñaba, Asturias se enriqueció y logró niveles de vida superiores.  Pero no sólo de pan vive el hombre. Si ENSIDESA es el hito que Avilés levanta como una conquista económica, que debe continuar hacia adelante, la Cámara Santa, en Oviedo, nos invita a beber en el manantial de nuestra conformación religiosa, y el Cuartel de Simancas nos recuerda, en Gijón, donde hoy estamos, la necesidad del heroísmo para la defensa de la fe y del pan.

 Es la hora de Asturias, se ha dicho, por ello, y con verdad, en muchas ocasiones. Pues bien, en Gijón, cuando el cónsul de Francia arrojó unos papeles insultantes para nuestro pueblo, desde su casa de la calle Corrida, el pueblo se amotinó y ese motín fue el chispazo de la guerra en Asturias contra Napoleón.

 Hoy vuelve a insultarse a nuestro pueblo con un papel en el que se ha escrito un proyecto constitucional inaceptable. Que ese insulto a cuanto España significa sea también el chispazo para una movilización masiva, fervorosa y valiente, para su rechazo en el próximo referéndum. iVIVA CRISTO REY! ¡ARRIBA ESPAÑA!


Revista FUERZA NUEVA, nº 622, 9-Dic-1978