Artículo de 1969
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Revista FUERZA NUEVA, nº 629, 27-Ene-1979 |
LA INFAME TRANSICION POLÍTICA (Y RELIGIOSA) ESPAÑOLA DENUNCIADA DESDE EL TRADICIONALISMO
Artículo de 1969
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Revista FUERZA NUEVA, nº 629, 27-Ene-1979 |
Artículo de 1968
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A propósito de este asunto, que encierra más gravedad de lo que a primera vista parece, el autor de estas líneas hubo de dirigirse, no hace aún dos meses, a su propio prelado, en carta particular, motivada, principalmente, por otro problema que no hace al caso traer a colación al presente. En la citada carta, y aludiendo al motivo que origina este escrito, decía el que suscribe lo siguiente: Si, desde un principio, cuando empezó a notarse esta transgresión de las normas eclesiásticas, hubieran los sacerdotes advertido a la mujer —quienquiera que fuese— la sagrada obligación de comportarse dentro del Templo con la compostura que exige la «presencia real» del Señor en la Eucaristía y de acercarse cubiertas a recibirle en Comunión, nos hubiéramos ahorrado el bochornoso espectáculo de todos los días. ¿Es que no tienen ojos los ministros del Señor? Tal vez algunos no tengan autoridad para exigir el cumplimiento de las leyes de la Iglesia, por ser ellos los primeros que desconocen, a sabiendas, la obligación de llevar abierta la coronilla. ¡Que también es disposición canónica! El sacerdote en cuestión se irritaría contra los varones que se exhibían cubiertos dentro del Templo y ante el Señor Sacramentado, y sería natural su indignación, pero ¿qué podría responder LÓGICAMENTE si los hombres aludidos le reconvenían diciéndole: Y ¿por qué no se irrita usted contra ésta y aquélla y esotra jovencita, o entrada en años, que se atreve a acercarse al comulgatorio, o simplemente a entrar en la iglesia, con la cabeza descubierta? ¿O es que San Pablo habló solamente para los hombres? ¿ O es que el canon 1.262 sólo hace referencia al comportamiento del sexo masculino dentro del Templo, exigiéndole el ir descubierto, y deja a la mujer que entre a pelo en el Lugar Santo y la autoriza a recibir, de esta suerte, al Señor en la Eucaristía? Revista ¿QUÉ PASA? núm. 210, 6-Ene-1968 |
Artículo de 1970
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Difícil, muy difícil, nos parece encontrar, en este caso, un aleccionamiento edificante para la comunidad. Los sacerdotes se han abstenido, se han negado a actuar como actuaron, desde hace siglos otros sacerdotes ordenados para el servicio de los mismos principios inmutables de la misma eterna verdad. Revista FUERZA NUEVA, nº 183, 11-Jul-1970 |
Artículo de 1979
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“Señores
obispos; bien sabéis que España fue un inmenso altar donde fueron inmolados
muchos mártires en el riguroso sentido de la palabra. Esa sangre grita hasta
Dios desde la tierra; esa sangre os interpela. Se ha dicho en corros
progresistas que la Iglesia española se equivocó de bando en 1936 y ahora
puede rectificar. Ha podido hablarse así por los mismos que en la Asamblea Conjunta
(1971) quisieron condenarla. ¿Seréis vosotros capaces de pasaros al otro
bando, capaces de rectificar con vuestro silencio? En el
manifiesto que proyectaban dirigir a los obispos de 1966 los clérigos de la “Operación
Moisés”, pedían que no los entregaran a los lobos renovando la confesionalidad.
A los obispos de 1978 se les puede decir y pedir por la sangre de Cristo: si
nos han de devorar los lobos que no seáis vosotros quienes nos entreguéis a
ellos. Lobos son los liberales y marxistas que se han apoderado de España y es
natural que quieran, a pesar de todas las apariencias, arrancar de cuajo la
raíz cristiana, tan odiada de ellos. Lo escandaloso e infamante será que
manos cristianas y consagradas les ayuden con fervor en la tarea. Cuando se
va contra la Cruzada (“No registra la historia una Cruzada más Cruzada”,
obispo Olaechea), es natural que se tire contra la Cruz; lo antinatural es
que tiran contra ella quienes la llevan en el pecho. |
Artículo de 1970
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Venimos recibiendo una copiosa correspondencia repleta de indignación por la sofistería de la revista “Serra d’Or” que. en su número de febrero (1970), con la entrevista a Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren, sintetizaba toda su agresividad brutalmente desfiguradora de los hechos más patentes en esta frase: “El régimen que se estableció el año 39 era constitutivamente anticatalán”. |
Artículo de 1968
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LA REVOLUCIÓN RELIGIOSA, MADRE DE LAS OTRAS REVOLUCIONES ¡El
Liberalismo redivivo! Manía de
cambios.—Padecemos la manía de cambiarlo todo; fuera el clericalismo y el
legalismo, la Cena del Señor se tendrá en las casas de modo democrático,
institución de sacerdotisas, acabar con el celibato, reconciliarse con la
ética de las masas, dudas sobre la Trinidad y de la existencia de Dios, etc. Revista ¿QUÉ PASA? núm. 210, 6-Ene-1968 |
Artículo de 1979
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(…) Prometí
ayer en Cáceres un estudio comparativo, aunque sea breve, entre lo que nos ha
dado la Constitución del 18 de Julio y lo que nos ofrece la del próximo día 6
de diciembre, entre lo que tenemos y lo que se nos invita a aceptar.
Revista FUERZA NUEVA, nº 629, 27-Ene-1979 |
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1939. Estalla
la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra
no ha de atender más que a su frente Norte-Este. Sus caminos no peligran por
el Atlántico-Este ni por los mares que bañan a España. Canarias, Ifni y los
territorios españoles del trópico celan su neutralidad, que tanto favorece a
Albión. Francia puede abandonar a retaguardia su imperio africano, segura que
no la traicionará España. Por lo mismo, se despreocupa de su frontera Sur. Con
España no hay cuidado: es amiga, es honrada. De pronto la guerra llega a los Pirineos: Alemania
se asoma con sus divisiones. Anhela Gibraltar; ha de meterse en el África del
Norte para ayudar a Rommel, para impedir que Norteamérica se establezca allí;
para dominar Orán, Argelia, Marruecos, Túnez, para salir a la orilla
atlántica y aparecer frente a América, lo que la inmovilizará. Por su parte,
Norteamérica necesita, como Inglaterra y sus aliados, que España no luche al
lado de Hitler. De hacerlo, la guerra cambiaría de signo. Se perderían para
ellos África, el Mediterráneo y la seguridad del Atlántico. Roosevelt escribe una carta a Franco: “Mi
querido general: España nada tiene que temer de los aliados”. La carta quiere
decir lo que Franco pudo contestarle: “Mi querido presidente: Son los aliados
los que nada tienen que temer de España”. Jugándose la invasión y la
destrucción, Franco se opone a que Hitler entre en territorio nacional para
apoderarse de Gibraltar y de la magnífica presa africana, garantía de su
victoria. Por segunda vez, España y Franco han salvado a los pueblos
occidentales. Revista FUERZA NUEVA, nº182,4-Jul-1970 |