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LA MASONERIA
Y EL MARXISMO, COMO EN 1930
Volvemos a
recordar las palabras del Caudillo pronunciadas el 6 de enero de 1960: «Es
necesario estar vigilantes y constantes en la guardia.» La Antiespaña sigue
actualmente la misma táctica que empleó para desacreditar y hundir a la
Dictadura del General don Miguel Primo de Rivera. En aquella Dictadura, en la
que «reinó la paz, el orden y el progreso», como recordó Franco el 22 de
noviembre pasado (1967). Pero un régimen político, aunque fomente el
bienestar nacional, es combatido por las sectas y por el comunismo,
principalmente desde dos frentes: el de los llamados «intelectuales» y
estudiantes, y el de la lucha marxista en el campo obrero.
Recordemos a
un autor insigne al que no se le ha hecho quizá la justicia debida: El Rvdo.
don Juan Tusquets. que en su libro «Orígenes de la Revolución Española»,
podemos decir es como un precedente de la literatura de lucha de ¿QUE PASA?
Este sacerdote catalán, junto con otros—los Rvdos. Miguel Rosell, Mariano Vilaseca,
Ramón Cunill, José Bachs. Guillermo Aléu, Lorenzo Castells—. el cronista les
recuerda de haber hablado mucho con ellos en los días de la Cruzada, en San
Sebastián, en Pamplona, en Burgos, en Salamanca, en Sevilla. Pero el Rvdo.
Juan Tusquets destacó por una gran conferencia que dio en Burgos emoción
patriótica que se traducía, si no recuerdo mal, en su uniforme con camisa
azul y sus insignias de sacerdote. En dicho libro—«Orígenes de la Revolución
Española» el reverendo Tusquets demuestra cómo la táctica sectaria través de
la Universidad y del Marxismo.
«Primo de
Rivera—escribe el Rvdo. Juan Tusquets—no ingresó jamás en la Masonería. Trató
a los hijos de la viuda con aquella mezcla singular de jactancia y de
honradez que le caracterizaban. Pero el Dictador lo fue nominalmente. Bajo su
garbosa capa jerezana, salvaron el prestigio y prepararon la revolución los
elementos sectarios. Algunos subordinados del Marqués de Estella extremaron
la tolerancia con los masones. Por ejemplo, el General Barrera, que permitió
la celebración en Barcelona del Congreso Masónico, prohibido por el Dictador
en Madrid, y que tan obsequioso se mostró con la campaña rotaria. Numerosos
cargos de compromiso fueron ocupados por masones... usando y abusando de
tanta benevolencia y con la ayuda del oro judío, la masonería creció
lozanamente.»
El mismo Dr.
Tusquets señala cómo «el socialismo español se declaró gubernamental durante
la Dictadura» y cómo a Fernando de los Ríos y a Besteiro se les concedían y
conservaban cátedras en la Universidad Central. Largo Caballero fue Consejero
de Estado y otros altos cargos, como Pérez Infante y Trifón Gómez. Por esto,
el Consejo Supremo de la Masonería pudo declarar: «Los francmasones han
conquistado las posiciones que hacen posible la revolución.»
Actualmente
(1968), al considerar la agitación universitaria, con gravísimos insultos al
Jefe del Estado y absurdo malestar estudiantil, todo hace creer que
intelectuales o profesores al estilo de José Luis López Aranguren y Enrique
Tierno Galván, no serán los únicos que intoxican nuestra juventud
universitaria. ¿Puede esto continuar? ¿Se puede dialogar con el llamado
«Sindicato Democrático»? El bien nacional exige la máxima energía para
vigilar y yugular propagandas e instigadores al precio que sea. Lo que no se
puede permitir es que, ni en apariencia, se repita lo que le sucedió a la
Dictadura de don Miguel Primo de Rivera. La ley es la ley. Lo que se llama el
«vacío político» de la Universidad hay que cargarlo a los que les sobraban
una filosofía inspirada en la mejor tradición católica española y un estilo
universitario que empalmara—sin tópico—con Menéndez y Pelayo, Mella, Maeztu y
José Antonio Primo de Rivera.
Lo mismo que
decimos de la agitación universitaria, lo señalamos y acusamos de las
llamadas «Comisiones Obreras» instrumento del Partido Comunista, ilegales, y
a las que no se les puede permitir ninguna actuación, aunque se reúnan en sacristías
o en los mismos recintos de los templos. Vale más prevenir y atajar que
curar, con peligro de llegar tarde. Por eso dijo el Caudillo que «las
enfermedades en las naciones duran siglos, y las convalecencias, decenios. España, que, con altibajos, ha permanecido tres siglos entre la vida y la
muerte, empieza ahora a abandonar el lecho y dar cortos paseos por el jardín
de la clínica. Los que quisieran enviarla ya al gimnasio a dar volteretas, o
no saben lo que se dicen, o lo saben demasiado bien.» Y éstos que lo
saben demasiado
bien son los que mueven los hilos y los peones de la agitación universitaria
y de las «Comisiones Obreras». Repasar el libro «Orígenes de la Revolución
Española» del Rvdo. Juan Tusquets, en cuya línea ¿QUE PASA? siente gran
admiración al ilustre sacerdote y escritor, puede dar mucha luz para entender
el entresijo de los acontecimientos de ahora que hemos comentado.
A. RECASENS
SALVAT
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 210, 6-Ene-1968
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