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sábado, 7 de noviembre de 2026

Visto bueno de la Iglesia a la Masonería (II)

 Artículo de 1968

 EN ROMA NOS PREGUNTAMOS: ¿QUÉ PASA?

«II Messagero». del 26-1-68, nos trae la información de que «la conferencia episcopal de los países nórdicos ha autorizado a los masones que se convierten al catolicismo a permanecer miembros activos de sus logias». Esta medida contaría con la expresa aprobación de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 La resolución —informa el periódico— ha sido adoptada por la conferencia episcopal de Dinamarca, Noruega. Islandia, Finlandia y Suecia, presidida por el obispo de Estocolmo, monseñor John E. Taylor, y cuyo secretario es el obispo de Oslo, monseñor John W. Gran. Éste último se ha encargado de darla publicidad en su diario diocesano «Sankt Olav».

 Creo que tenemos derecho a preguntarnos ¿qué pasa? 

¿Es que la masonería ha dejado de ser la secta satánica denunciada por León XIII en su encíclica «Humanum Genus»?

 ¿Se ha levantado acaso la excomunión, reservada al Sumo Pontífice, que pesa sobre los que dan su nombre a la Logia? No, que sepamos. ¿Cómo se explica entonces una medida de este tipo?

 ¿De qué clase de «conversión» se trata? ¿Se admitirá luego la «conversión» de herejes o paganos que puedan seguir perteneciendo a su secta o iglesia, o la de comunistas que continúen militando en su partido?

 ¿Irán a ponernos por delante al maltratado «espíritu del Concilio»? Pero en el aula conciliar no encontró ningún eco la propuesta del increíble obispo de Cuernavaca, por la que pedía que se «des excomulgara» a sus hermanos masones.

 ¿Es que la masonería escandinava será disidente o diversa de sus congéneres que conocemos? Pues el mismo periódico de donde tomamos la noticia se encarga de tranquilizarnos al respecto: «La masonería de los países escandinavos es similar a la de los países anglosajones: tendencia deísta con un carácter religioso sincretista y un simbolismo de origen bíblico y cristiano» (¿o judío?). He aquí ya respondido el otro interrogante que nos acuciaba: ¿Habrá cambiado la masonería? Por cierto que no: deísmo, sincretismo, esoterismo judaico son las mismas notas características desde los tiempos de Clemente XII y de León XIII.

 ¡Será entonces –casi no me atrevo a preguntarlo, por miedo a escuchar la respuesta- será entonces la Iglesia la que ha cambiado?

Recuerdo cuando, en el colegio, los hermanos maristas nos enseñaban que los masones y los comunistas eran los peores enemigos de la Iglesia de Cristo, las tropas de vanguardia de aquél que es el Enemigo, así con mayúscula.

 Recuerdo cuando en los Ejercicios Espirituales, los padres jesuitas —San Ignacio— nos hablaban de las Dos Banderas, la de Cristo y la de Satán, y del Rey que nos llamaba para alistarnos bajo el estandarte de la Cruz.

 Yo me las creí. Hasta el punto de dejar todo para seguir el llamado en el sacerdocio, en ese sacerdocio que va siendo para mí una realidad querida, dolorosa, cercana. Fuimos muchos los que creímos, y algunos por creerlo dieron su vida, y nosotros los teníamos por mártires. ¿Qué podemos pensar hoy, al ver que los jefes arrojan en el fango las banderas y corren a las trincheras de enfrente para abrazarse al enemigo, para «dialogar» con el enemigo, para «colaborar» y «comprometerse» con el enemigo, y gritarnos desde allá que el tal enemigo no lo era, que, en realidad, el único verdadero enemigo somos nosotros, los que pretendemos seguir siendo fieles y consecuentes con lo que ellos nos enseñaron?

 Los jesuítas me enseñaron también una obediencia en la que (tengo ciertas sospechas) la mayoría de ellos ha dejado de creer. Yo sigo creyendo. Soy un católico obediente. Un día —con la gracia de Dios— me arrodillaré ante el altar para prometer obediencia y ser un sacerdote obediente. Miraré a todos los obispos —por más que sean escandinavos— con los ojos de la fe, procurando descubrir en ellos a Jesucristo Nuestro Señor.

 Pero la obediencia no puede confundirse con la estupidez —dice el padre Castellani— es pecado mortal para un cristiano. Cuando vea, pues, a un obispo —o a una conferencia episcopal— intentando canonizar al Diablo, no habrá promesa ni voto que me obligue a declarar favorablemente en el proceso.

 Un hombre consagrado es siempre hombre, y no todas las veces es Cristo quien por su intermedio obra. A veces queda un lugarcito para la estupidez humana, en estos últimos tiempos con cierta frecuencia alarmante.

 Cuando la jerarquía nos demuestre que la masonería ha cambiado -esencialmente y no por motivos tácticos- en su doctrina y en su actitud, entonces será para nosotros motivo de júbilo una medida como la que comentamos. Hasta entonces tenemos el pleno derecho a considerarla como un acto de traición a la Bandera de Cristo y de complicidad con el Enemigo.

 Se nos quedaba un último interrogante: ¿Será cierto lo de la aprobación del ex Santo Oficio? Si así fuera, sería la primera medida del alto dicasterio romano bajo su nueva administración, tras la renuncia del cardenal Ottaviani.

 Ciertamente, una perspectiva muy poco alentadora.

Ignacio Arteaga. 


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 


jueves, 5 de noviembre de 2026

Plan masónico para erradicar el franquismo

 Artículo de 1979

 PLANES QUE SE CUMPLEN

 LA FRANCMASONERÍA ACONSEJA A LOS “HERMANOS” ESPAÑOLES

Es curioso constatar cómo incluso después de haberse denegado la legalización de la masonería española se siguen cumpliendo a rajatabla e implacablemente los postulados y finas que el Gran Oriente Francés había aconsejado a sus “hermanos” españoles. Traemos a estas páginas para el lector estas medidas, recogidas de una edición especial que hizo la Comunión Tradicionalista de Cantabria, en octubre de 1976.

 Las medidas aconsejadas por el Gran Oriente de Francia a las logias españolas de su dependencia y a los miembros de las mismas en orden a la aniquilación del franquismo, abarcan a todos los sectores de la vida política y administrativa española. El contenido del plan evidencia matices inequívocos de resentimiento y podría calificarse como un plan descubierto de depuración.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias a todos los militares españoles de la escala de complemento o en la reserva. A estos efectos se consideran equiparados todos los civiles que combatieron durante la guerra en las unidades militares o en las milicias bajo el mando del general Franco.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias para su uso a todo el personal retirado o excedente de la Policía judicial así como el que hubiera pasado a cumplir funciones meramente administrativas. Igual medida se aplicará al personal de la Policía Armada que  se hallare en análogas situaciones.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias a todos los miembros de la “Guardia de Franco” y de todos los que hayan pertenecido a organizaciones y asociaciones del Movimiento.

 • Desarme y disolución de los Somatenes.

 • Desarme de los miembros de los diversos tipos de guardería forestal, rural, ferrocarriles etc., seleccionados por el franquismo entre antiguos combatientes o personas de confianza política del sistema.

 • Retirada de armas y de licencias, bajo cualquier pretexto, a todas las personas con antecedentes políticos de afección al franquismo que las poseyeran. Todas estas medidas, cuando tuvieran carácter individual, no serían aplicables a aquellas personas que, pese a haber militado en el franquismo, hubieran sido captadas posteriormente y militaran en la actualidad de manera masiva en organizaciones encuadradas en la izquierda democrática.

 Respecto de los mecanismos de vigilancia y control montados durante el periodo franquista, se aconseja a los hermanos españoles situados en puestos de decisión política y administrativa que favorezcan también, por todos los medios a su alcance, la implantación y puesta en práctica de estas otras medidas:

 • Supresión de los sistemas de vigilancia y de control telefónico respecto de las personas, despachos, establecimientos y asociaciones de la izquierda democrática.

 • Justificar en la peligrosidad de la extrema derecha el establecimiento de controles telefónicos y de otras clases sobre personas, despachos, establecimientos y asociaciones del área franquista.

 • Los diarios y publicaciones periódicas en que tengan influencia nuestros hermanos deberán practicar la denuncia sistemática de las actividades de las personalidades franquistas, con el fin de que sus actividades puedan ser controladas y de crearles una imagen de peligrosidad.

 • Suspender las acciones de investigación y persecución de los controles de escucha establecidos por las células del Partido Comunista en la Compañía Telefónica española y favorecer el funcionamiento de los mismos.

 • Usar de las agrupaciones democráticas de barrio y empresa para la vigilancia y el control de las actividades de los franquistas más caracterizados a cada nivel y, muy especialmente, por los miembros de las Fuerzas Armadas y del Orden Público.

 Otra de las preocupaciones del plan de destrucción del franquismo en España reside en la debilitación de las estructuras de las diversas fuerzas del Orden Público. En ese sentido, adquieren particular interés las siguientes recomendaciones:

 • Inmediata dispersión de los grupos operativos de la Policía Judicial y posterior inhabilitación de los archivos de dichos grupos. Se procurará que los miembros de esos grupos sean trasladados a servicios periféricos e incluso administrativos, de tal manera que se haga muy difícil la conexión entre ellos.

 • Jubilación anticipada de los mayores de cincuenta años, a lo sumo de cincuenta y cinco, con objeto de eliminar de la Policía a todos aquellos que hicieron la guerra en las filas franquistas.

 • Persecución sistemática y purga silenciosa de todos aquellos que tomaron parte en el descubrimiento y persecución de nuestros hermanos y, en general, de los miembros de la oposición democrática al régimen franquista.

 • Campaña pública destinada a justificar la necesidad de desarme de la Policía Judicial y, en general, de todas las fuerzas de Orden Público, a semejanza de países democráticos y civilizados, como Gran Bretaña.

 • Desvinculación de la Policía Armada del Ejército, con el fin de poder introducir mandos civiles de obediencia democrática.

 • Jubilación anticipada, bajo el pretexto de la modernización y agilidad que requieren este tipo de fuerzas, de todos los mayores de cuarenta y cinco años de la Guardia Civil, tanto oficiales, como clases y números. Las  vacantes no se repondrán, salvo en muy pequeña medida, sólo para guardar las apariencias.

 • Progresivo desplazamiento de las actividades de la Guardia Civil hacia servicios no estrictamente de preservación del Orden Público.

 • Reorganización de la Guardia Civil, con objeto de suprimir las Casas Cuartel y su presencia de los pueblos y de las ciudades mayores de cincuenta mil habitantes, reagrupándolas en cabecera de comarca y procediendo con este motivo a la reducción de efectivos.

 • Trasladar la dependencia de la Guardia Civil a una disciplina estrictamente civil, con objeto de ejercer un estricto control de sus actividades y de suprimir su autonomía y sus vinculaciones con las Fuerzas Armadas.

 • Reducción del armamento de la Guardia Civil al estrictamente individual, cuyo uso incluso se pondrá en discusión posteriormente en el interior de los centros habitados.

 • Persecución sistemática y silenciosa de los miembros de la Guardia Civil que mejor conozcan las actividades de la izquierda democrática; inutilización de archivos, dispersión de los grupos operativos y progresiva eliminación de los mandos de fidelidad franquista.

 • Restablecimiento del antiguo Cuerpo de Carabineros, bajo otra denominación y como nueva creación, con el fin de poner la guardia de fronteras terrestres y de las costas bajo Unidades de nuestra obediencia. Este Cuerpo sería dotado de armamento muy moderno, disimulando así la disponibilidad bajo nuestra obediencia de un ejército profesional reducido, pero de extraordinaria efectividad.

 Algunas de las medidas expuestas respecto a las fuerzas de Orden Público se reiteran con las naturales peculiaridades en relación con las Armas y Cuerpos de las Fuerzas Armadas y la Administración Civil. Respecto a ésta, se aconseja a los hermanos y amigos españoles una acción sistemática, encaminada al relegamiento de todos aquellos funcionarios que hubieran hecho la guerra o cuyas afecciones franquistas sean conocidas, a la eliminación de todas las personas de derecha de los puestos políticos o de designación y a la eliminación, asimismo, de los franquistas y afines de los puestos directivos en los monopolios del Estado, Instituto Nacional de Industria y sus empresas, otras empresas y entes paraestatales y organismos autónomos.

 En lo que respecta a los funcionarios del Movimiento y sus organismos, se observa un rudo endurecimiento en las consignas. Se ordena a todos los hermanos y seguidores de la causa democrática que todos los funcionarios del Movimiento sean enviados a sus casas, sin que, bajo ningún pretexto, se les dé acogida en la Administración Civil del Estado, ni siquiera como Cuerpo a extinguir. En tal sentido, se ordena la máxima intransigencia a los hermanos y a los amigos democráticos de las nacientes organizaciones profesionales de funcionarios, cuya existencia y éxito han constituido una de las mayores preocupaciones de las logias y de los hermanos socialistas.

 Respecto a los funcionarios de la Organización Sindical, cuya fuerza real no puede ser desdeñada y cuya unidad defensiva podría ocasionar serias preocupaciones al Gobierno y graves dificultades al proceso democrático trazado por el GOF y exigido por VGE a las autoridades españolas, se aconseja a los hermanos mucha habilidad y doblez en el tratamiento, a fin de poder realizar la reforma sindical manteniendo a dichos funcionarios en la esperanza de un porvenir tranquilo… El propósito, sin embargo, es incluirles en un organismo autónomo de función poco clara, que, posteriormente, pueda declararse innecesario, para congelar sus retribuciones, que la inflación haría ridículas, lo cual les obligaría a buscar en otras actividades. (…)


Revista FUERZA NUEVA, nº 639, 7-Abr-1979

 

martes, 3 de noviembre de 2026

Lengua española, que no “castellana”

 Artículo de 1970

 LENGUA ESPAÑOLA, QUE NO CASTELLANA

 Los idiomas castellano, catalán, gallego y vascuence son idiomas españoles por haber nacido en España y pertenecer al acervo cultural hispánico. Son españoles los cuatro idiomas, como españoles son las culturas vascuence, gallega, catalana y castellana.Toda manifestación espiritual que se produzca en España es española y, por tanto, pertenencia común de todos los españoles. Un castellano que ofenda a la lengua de Maragall ofende a una lengua española y comete igual delito que el catalán que vilipendie la lengua de Cervantes. 

 Para la buena marcha de la integración nacional, nuestras culturas han de considerarse como iguales, en razón de humanidad y de derecho. Pero si hay un idioma que no sea igual y que haya de merecer un singular respeto es el idioma castellano, que, sólo por falta de propiedad en la expresión, se llama así, cuando debiera llamarse idioma español, es decir, el idioma que hablan y entienden todos los españoles y que hace posible que, de manera cordial y directa, se comprendan vascos, gallegos, catalanes y castellanos.

 Proyección universal

 Podemos hablar de idioma castellano cuando aquella lengua romance fue sólo de Castilla. Pero cuando ese hermoso idioma se habla más allá del confín castellano, ya sea en la Península, en la Europa sefardita, en África, América u Oceanía, ese idioma es, con toda propiedad, el español, por ser el único idioma hispánico que tiene proyección nacional y universalista.

 Los catalanes -que poseen el precioso don de ser bilingües-cuando hablan en la lengua de Cervantes no dicen que hablan en español sino en castellano, lo que constituye un craso error, por cuanto el idioma de Cervantes hace muchos siglos que dejó de ser solamente castellano, para ser español.

 Los idiomas catalán, gallego y vascuence son tan españoles como el idioma castellano, pero, de hecho, sólo existe una lengua común española, que es aquella que hablan y entienden la totalidad de los españoles y que si es castellana no ha de ser nombrada por su origen sino por su realidad actual. Lengua castellana sería la que, en principio, se hablara solamente en Castilla; pero desde el momento que se habla en toda España, ha de ser y será lengua de España, lengua de todos los españoles.

 Sería absurdo que los franceses o los italianos llamaran todavía a la lengua de Molière o del Dante por su lugar de origen; cuando una lengua es nacional ha de llamarse por el nombre de la Nación a la que representa, y como la lengua de Cervantes representa a toda España, es y ha de ser lengua española y prescindir, en su denominación de su primitivo carácter vernáculo.(…)

 Si, siguiendo la impronta del gran rey castellano Alfonso el Sabio, toda España hubiera adoptado el idioma gallego, el gallego sería hoy el idioma español. El idioma español es español por hablarse en todos los puntos de España, con independencia de su origen. Un castellano sí puede decir que habla en castellano porque solo para él, castellano y español son una misma cosa. Un vasco bilingüe se expresará en vascuence y español, no en castellano. Conviene no identificar lo castellano con lo español, pues, por honrar a Castilla, podemos desdibujar a España y, en aras de la unidad nacional, la Nación envuelva, amorosamente a la Región, jamás a la inversa.

 Superior al concepto regionalista

 Hasta los concursos literarios se convocan para obras escritas en lengua “castellana”... Y no debe ser así, por cuanto si la lengua de Cervantes es la única lengua nacional de todos los españoles, esos concursos deben convocarse para obras escritas en lengua española. Se comprende perfectamente que lenguas españolas son todas las lenguas de España, pero que, al hablar de Lengua Española, nos referimos a la de Cervantes, que es la única que adquiere dimensión nacional.

 Ha de ser así para evitar falsos orgullos regionalistas, a los que somos tan dados los españoles. Si se habla, como hasta ahora, de manera común, corriente, familiar, de idioma “castellano”, las lenguas vernáculas siempre se sentirán un poco postergadas, pues da la impresión de que una lengua hermana alcanza cierto límite o contorno de predilección. Si nos acostumbramos a hablar de Lengua Española cuando nos referimos a una lengua que, si en un principio, fue sólo de Castilla, hoy lo es de toda España, pueden y deben mudar las cosas, ya que una lengua que es de todos los españoles y no sólo de Castilla, merece ciertamente ser considerada como una pertenencia nacional, muy superior al simple concepto regionalista.

 Todos los idiomas de los hijos de España son idiomas españoles pero hay un sólo idioma que hablan y entienden todos los españoles y ese idioma ha de ser doblemente español. Para que esto suceda así, conviene que nuestras nuevas generaciones se acostumbren a nombrar Lengua Española, que no “castellana”. Creo que el origen del idioma italiano está en Toscana; y del mismo modo que ningún italiano llama “toscano” a la lengua del Dante, ningún español debiera llamar “castellana” a una lengua que, para mayor gloria de Castilla, es enteramente española y universal y a cuyo desarrollo y crecimiento contribuyen, desde hace siglos, todos los hispánicos.

 Por otra parte, los nombres nacionales no han de valerse de nomenclaturas regionalistas, pues no es lógico ni consecuente que la parte defina al todo, ni que el origen intente nombrar a una realidad actual, tan superior como envolvente de ese origen.

 Como quiera que la lengua de Cervantes es la única lengua nacional, en su acepción de aquello que se comparte por todos los españoles, ha de llamarse, con toda propiedad, Lengua Española. Estimo que esta es la mejor defensa que podemos hacer de un idioma como pertenencia cultural y sentimental de todos los pueblos y hombres de España.

 Ricardo HORCAJADA


Revista FUERZA NUEVA, nº195, 3-Oct-1970

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

José Antonio y Carrero Blanco contra la Masonería

 Artículo de 1968

DE LA MASONERIA Y LA SEGURIDAD DEL ESTADO; IDEARIO COINCIDENTE DE JOSE ANTONIO Y “JUAN DE LA COSA" (*)

 La extensión al área civil del reciente armisticio entre la Congregación de la Doctrina de la Fe y la Masonería amenazaría gravemente la libertad y la independencia de España. Nos proponemos destacar aspectos políticos de la actuación de la secta para evitar que alcance a España el misterio de iniquidad, insospechado y aleve, que hoy amarga a la Cristiandad. Copiamos a continuación algunos párrafos de autorizados políticos contemporáneos.

 LA MASONERIA EN LAS OBRAS COMPLETAS DE JOSE ANTONIO

 «La violencia no es censurable sistemáticamente. Lo es cuando se emplea contra la justicia. Pero hasta Santo Tomás, en casos extremos, admitía la rebelión contra el tirano Así, pues, el usar la violencia contra una secta triunfante, sembradora de la discordia, negadora de la continuidad nacional y obediente a consignas extrañas (Internacional de Amsterdam, masonería, etc.), ¿por qué va a descalificar el sistema que esa violencia implante?» (Carta a Julián Pemartín, el 2-IV-1933)

 «... mientras, se indulta a un oficial español que ha cometido el peor delito de traición contra la Patria y contra el Ejército. A mí ya no me interesa, pues porque yo diga estas cosas no se va a fusilar al señor Pérez Farrás; pero no hay más explicación admisible para el indulto de este oficial que una presión demasiado alta, que el Gobierno no debió tolerar, o una presión demasiado misteriosa, que ni el Gobierno debió aceptar ni nosotros podemos sufrir sin afrenta: la pretensión, simplemente, de la masonería. El señor Pérez Farrás es masón y por eso se ha salvado». (Discurso pronunciado en el Parlamento, el 6 de noviembre de 1934.)

 «El capítulo de cargos del bienio terrible es mucho más grave:(...). Sexto: Política antinacional. En esta acusación se resumen todas. Durante el bienio, España fue la colonia de tres poderes internacionales: La Internacional Socialista, la Masonería y el Quai d’Orsay.» («Arriba», número 1, 21 de marzo de 1935.)

 ***

LA MASONERIA EN LA OBRA DE «JUAN DE LA COSA» (D. LUIS CARRERO BLANCO)

«LAS MODERNAS TORRES DE BABEL» 

«El Diablo inspiró al hombre las Torres de Babel del liberalismo y del socialismo, con sus secuelas, marxismo y comunismo, en las formas en que ellas han tenido realidad; y para ello dispuso de un magnifico instrumento, que es esa tenebrosa organización, de orígenes un tanto misteriosos, que se llama la Masonería, personaje que, aunque entre bastidores, asume el papel principal de la tragedia,  que es la vida del mundo, por lo menos en los dos últimos siglos.» (Página 47.)

 «La Revolución (francesa) quitaba a Inglaterra un poderoso rival y la Revolución fue propugnada y alentada por la Masonería. Esta sirve, pues, en aquella ocasión, a la británica, como la sirve más tarde alentando y apoyando la sublevación que da lugar a la independencia de las colonias españolas en América.» (Página 86)

 «Todo esto se mueve y se explota desde los «clubs» de París, que no son sino logias masónicas. El «club de los jacobinos», que constituyó el centro de todas las sociedades secretas, no fue sino el Gran Oriente Masónico Francés, que recibía sus consignas de la Gran Logia Madre de Inglaterra. Estas sociedades secretas, de las que forma parte el duque de Orleáns, pariente del Rey, pero enemigo de la Corte y principalmente de la Reina, son las que manejan a los misteriosos agentes que mueven los bajos fondos de París e inducen al populacho a tomar las armas del Hotel de los Inválidos para asaltar la Bastilla.» (Página 77).

 Y ya tenemos aquí en lo que se convirtió al cabo de pocos años el régimen liberal en casi todas las naciones o por lo menos en las naciones del continente europeo y de Sudamérica: un Parlamento que es el que prácticamente gobierna, o pretende gobernar, constituido por una serie de partidos políticos, verdadero arcoiris donde se pueden encontrar todo género de tendencias políticas, desde las más rabiosamente conservadoras hasta las más rabiosamente marxistas, muchos de ellos manejados por hombres que están sometidos a disciplinas extranacionales como las masónicas o las internacionales marxistas y que, naturalmente, supeditan los intereses de su Patria a los de estos poderes que les mandan, y a los que es muy grave desobedecer porque va en ello a veces hasta la vida.» (Página 96.)

 «En 1891, don Miguel Morayta se querelló, en nombre de la Masonería, contra el presbítero Balaguer, director del periódico «La Verdad», por supuestas injurias. Se aceptó la demanda y el fallo de la sala fue absolutorio, pero al terminar la vista y preguntar el presidente al acusado si tenía algo más que alegar, éste respondió: «Que me consta la existencia de una delegación especial de la masonería española que tiene por exclusivo objeto conspirar contra la integridad del territorio nacional, entregando al extranjero nuestras posesiones de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y derribar el trono de la actual Monarquía reinante. Así lo declaro y denuncio al señor fiscal de Su Majestad, que está presente...» (Pág. 149.)

 «¿A quién sirven los partidos comunistas, a su nación o a los dictados del Kremlin? ¿A quién sirven las logias masónicas, a su nación o a los intereses a que la Orden sirve, que pueden ser, en muchos casos, totalmente contrarios al del bien común de una nación determinada?» (Página 516.)

 «El hombre tiene que actuar en este aspecto básico de su participación en las tareas del Estado de una manera directa y no dando su representación en forma de carta blanca a un profesional de la política, que luego puede hacer mangas y capirotes con la representación que ostenta, sin preocuparse para nada del interés de sus representados e incluso actuar en su actividad política según sus particulares compromisos extranacionales, al dictado de consignas contrarias al interés de su propia nación, como es el caso de los partidos comunistas o de la actuación de los políticos sometidos a la obediencia de organizaciones internacionales o extranacionales, como la Internacional Socialista o la Masonería.»(Página 518.)


 Revista ¿QUÉ PASA?, núm. 217, 24-Feb-1968

 

(*) “JUAN DE LA COSA": seudónimo de D. Luis Carrero Blanco, como escritor político.

viernes, 30 de octubre de 2026

Escándalos blasfemos en universidad jesuita

 Artículo de 1979

  DEUSTO

La Universidad de los jesuitas de Deusto (Bilbao) ha vuelto a ser noticia. Decimos “ha vuelto” no sólo por las veces que en los últimos tiempos ha aparecido en la prensa a consecuencia de incidentes en su recinto, sino porque, desde más atrás, desde la época en que se inició el lamentable desenganche de la Iglesia española (de cierta Iglesia española clerical y teledirigida) del Régimen del 18 de Julio, al que tantos beneficios debía, incluido el de la propia supervivencia en libertad, la Universidad de Deusto comenzó a sonar con sucesos poco gratos. Los escribimos con tristeza, pero la verdad tiene sólo un camino.

 Ahora (1979) ha sonado, con motivo de un “festejo” celebrado en la misma por parte del alumnado el 19 de enero, con la denominación de “Día de San Canuto”. Hubo protestas, condenas, sanciones y huelgas. Pero ¿qué fue lo que en realidad ocurrió? El rector de la Universidad jesuita se ha creído obligado a aclarar los sucesos mediante una “nota de información” remitida a los padres de los alumnos. Redactada con fría objetividad, de llevarse al cine creemos que merecería la calificación “S”, concedida como premio propagandístico a películas pornográficas. No obstante, convencidos de la prudencia con que la nota ha sido redactada, vamos a reproducir los párrafos que permiten valorar con exactitud los sucesos ocurridos en una Universidad de la Iglesia, creada, suponemos, para lograr una formación moral de los alumnos acorde con los principios cristianos.

 Misa blasfema

 Dice la nota citada: “El acto comenzó con un simulacro de procesión por los claustros, portando en andas una figura ataviada con unos pretendidos ornamentos y a la que habían colocado un gran canuto a modo de pene. En la “procesión” participaban unos doscientos alumnos, algunos de los cuales iban disfrazados, destacando uno vestido de franciscano, otro de militar, etc. El desfile iba acompañado de cantos, música, serpentinas, alumnos portando puerros en las manos, etc. (…)”.

 Luego, en el Aula Magna, tuvo lugar, a la luz de unas velas, una especie de misa blasfema, durante la cual (copiamos textualmente): “Se celebraron actos tales como la “consagración del porro” y la distribución de galletas y vino, a modo de comunión; así como entonándose cánticos o salmodias litúrgicos, con letras conteniendo alusiones sexuales y un diálogo o remedo de confesión sacramental sexo-cómica”.

 Según aclara la repetida nota, “no es la primera vez que hechos semejantes tiene lugar el recinto universitario”. Durante el pasado curso se celebró el llamado “Día de San Manolo, virgen y mártir”, durante el que se introdujeron en la Universidad jesuita dos figuras: una masculina con atributos viriles, como el de “San Canuto”, y otra femenina. “El acto -volvemos a copiar textualmente- consistió en síntesis en una parodia religiosa en que se simula el coito entre las dos figuras y se dirigieron al “santo” oraciones cuyo contenido vamos a omitir, pues creemos que el lector queda suficientemente enterado de la procacidad y grosería que presidieron los actos”.

 Además de otros actos de parecido estilo, la nota nos informa de que, durante tres años consecutivos, se vienen celebrando burdas parodias del Vía Crucis y enterramientos “con motivo del aniversario del 20 de noviembre”. Aunque el rector de Deusto púdicamente no nos dice aqué aniversario se refiere, nos figuramos que es el de la muerte del Generalísimo Franco, ante cuya memoria se deberían descubrir todos los jesuitas españoles, por el más elemental sentido de la gratitud.

 Interrogantes

 Ya conocemos suficientemente los hechos, su gravedad y significado. Pero no desaparecen las interrogantes. Dos principalmente acuden a nuestro pensamiento.

 Primera. ¿Qué hicieron el rector y profesores jesuitas de la Universidad de Deusto para impedir la pública realización de actos blasfemos, intolerables para un cristiano en cualquier parte y más para algunos religiosos en su propia casa?

 Nada, suponemos. Nada por lo menos nos cuenta la nota informativa del Rectorado, y es de suponer que de haber hecho algo, con las consecuencias que una intervención enérgica hubiera supuesto, nos lo relatarían con igual minuciosidad que el aspecto pornográfico de los muñecos empleados. Y uno se pregunta: ¿Qué hubiera pasado si el rector y los restantes jesuitas se presentan en el Aula Magna durante la celebración de la misa blasfema e imitan a Cristo cuando echó a los mercaderes que profanaban el templo?

 Segunda. Durante muchos años de ejecutoria gloriosa, la Universidad de Deusto gozó de envidiable fama entre los católicos españoles por la recia formación moral que daba a los estudiantes que pasaban por sus aulas. La dirección de Deusto, mejor que nosotros, podría hacer pública una lista de ejemplares cristianos, de ejemplares españoles -muchos aureolados por el martirio- que se formaron en la Universidad. Conocemos con detalle, gracias a la nota del Rectorado, el cambio producido en los alumnos. Preguntamos: ¿Cuál ha sido el cambio de los educadores que explica este cambio en los educados?

 He ahí una pregunta cuya respuesta les gustaría conocer a muchos católicos, a muchos españoles.

 R. I.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 639, 7-Abr-1979