Buscar este blog

sábado, 22 de agosto de 2026

¿Siguen los carlistas sintiendo el 18 de Julio"?

 Artículo de 1968

 ¿SIGUEN LOS CARLISTAS LLEVANDO SANGRE DEL 18 DE JULIO"?

 Por ROBERTO G. BAYOD PALLARES

 En la víspera del anual «MONTEJURRA», correspondiente al último año, de las propias manos del ilustre don Francisco López-Sanz, recibía su libro «¡Llevaban su sangre!», publicado por Editorial Gómez, de Pamplona, y cuya dedicatoria me animó y me alienta, especialmente al calificarme como «… siempre gran batallador por la Causa».

 Ha tenido que ser durante los días navideños, transcurridos en un hogar como el que fielmente describe López-Sanz, cuando he podido iniciar su lectura. He dicho iniciar, porque, sin darme cuenta, iban pasando las páginas, a pesar de que saboreaba algunas de las frases y otras las subrayaba, y con pena veía que se terminaban. De haberlo sabido con anterioridad, antes lo hubiese iniciado. Lo curioso ha sido que, agotada su lectura, he vuelto a empezarlo, para repasar, meditar y anotar la «advertencia inicial», escrita a modo de prólogo, que en realidad es un epílogo.

 Sin pretenderlo el autor, la historia novelada ha resultado una profecía para los tiempos actuales. Parece que en su imaginación intuía los tiempos actuales de los «pregoneros del olvido».

 López-Sanz, el célebre «S A B» de casi cincuenta años de vida periodística y política en «El Pensamiento Navarro», ¡qué conocimiento demuestra de la vida rural y campesina! ¡Cómo penetra en las costumbres de las casas solariegas, que son solera de recias costumbres! ¡Con qué realismo describe la situación política, tanto en los meses que precedieron al Alzamiento, como en los días del maravilloso espectáculo de la aportación popular al Alzamiento! Quienes, a pesar de nuestra entonces juventud, hemos vivido y podemos recordar los acontecimientos anárquicos y socializantes de la II República, parece que todavía sintamos dolor de aquel vivir que era un morir, y experimentemos, al propio tiempo, el resurgir glorioso del 18 de Julio. Describe la situación como si viéramos una película en tres dimensiones.

 La figura del abuelo, don Carlos de Artieda, llamado «el Carlistón», la hubiéramos encontrado en muchas casas de trayectoria carlista. Esos veteranos no han desaparecido de las familias carlistas, porque cuando dejó de haber «combatientes de Carlos VII», no tardaron en aparecer los que en avanzadísima edad se incorporaron al Alzamiento, y poco a poco van aumentando estos «decanos»de la Historia vivida. Seguirán incrementándose los «abuelos», si bien hacia los años 2000 ya serán pocos los que podrán mantener encendida la llama de las vivencias habidas en la Cruzada de 1936, y todos ellos quizá se hagan la misma pregunta que «el Carlistón» de la obra de López-Sanz.

 En esas páginas vemos retrospectivamente las luchas carlisto-liberales, de las que era capitán don Carlos de Artieda, y comprendemos las elevadísimas miras del pueblo levantado contra el liberalismo; era la lucha de la España auténtica «contra la España bastarda», según el Caudillo. Nos contagia la entereza de la mujer carlista, hija de «el Carlistón», y López-Sanz narra algunos ejemplos de heroísmo de madres, que pasarán a la inmortalidad, y que en abundancia describe en su libro «Un millón de muertos, pero con héroes y mártires».

 En oposición a esa honorable familia aparece la de unos descendientes de un combatiente liberal, de los llamados los «peseteros», el «Guiri». En esta familia es el odio y la venganza la razón de su existencia y de su continuidad. Esas familias también las pudimos ver en muchas poblaciones, y hoy se reproducen entre los supervivientes, generalmente exiliados, del ejército rojo-marxista, a pesar de la comprensión, del perdón y del olvido personal que han encontrado en la España victoriosa.

 No puedo menos que resaltar que repetidamente el destacado autor carlista nos coloca a los socialistas en el polo opuesto de los tradicionalistas. En aquella juventud del pueblo protagonista de la historia novelada, por una parte estaban los requetés y por otra los socialistas: eran antítesis unos de otros.

 ¡Qué diferencia con la de ese sector actual, intruso y claudicante, que ha desfigurado —o pretende desfigurar— y falsificado el limpio carlismo! Ese grupo de neocarlistas propagan una Monarquía socialista, que sería anticarlista y antisocial. Ya tuvimos una República regida por los socialistas, contra la que se alzaron aquellos requetés, nietos de los carlistones de Carlos VII. Los que estuvimos en zona roja también conocimos el yugo de la socialización por medio de «colectividades». Ahora (1968) son esos falsos carlistas los que hablan y escriben con el mismo lenguaje que lo hacían los amigos y seguidores del «Guiri». ¿A dónde vamos a parar. ¿Quién el culpable? (…)

 Por quien vivió todo el ambiente y preparativo del Alzamiento se nos describen los verdaderos fines de la Cruzada, que hoy los «campeones del disimulo y  del olvido» pretenden hacer ver a las nuevas y futuras generaciones que no fue por el Crucifijo y por la sana y verdadera libertad.

 Soy admirador de Cabrera, de aquel genio militar que en sí encierra la mayor parte de la historia carlista del siglo XIX. Me acordé del legendario general tortosino cuando leía que don Carlosde Artieda antes de ser voluntario de Carlos VII, había sido seminarista, al igual que Cabrera antes de incorporarse al ejército de los voluntarios de Carlos V, y al igual que muchos de los requetés de 1936, y termina la obra con un recuerdo a Cabrera, en un acontecer histórico en el Maestrazgo morellano. Pero la imaginación se detiene y se pregunta si hoy los jóvenes que se forman en los «semilleros» de la Iglesia darían requetés como Cabrera, «el Carlistón»y los que se incorporaron a los Tercios de Requetés de 1936. Posiblemente, y gracias a Dios, se conserva en España algún o algunos Seminarios en los que todavía se moldean «sacerdotes de Cristo» o seglares modelos, y siempre patriotas ejemplares», pero, ¿y... enla mayoría?

 Vamos, por fin, a la pregunta clave, mejor dicho, a la sospecha que se hacía «el carlistón», al entender que la juventud de los años de la República no llevaba la misma sangre que la de aquellas generaciones, como la del señor Artieda, que se «echaron al monte». Los hechos demostraron al veterano combatiente cómo el carlismo había continuado regando las venas de la juventud española, y la sangre roja pronto salió como un símbolo exhibiéndose en miles y miles de boinas coloradas en la plaza del Castillo, ante el general Mola, y luego derramándola por valles, mesetas y montañas. Como el propio título indica, «¡Llevaban su sangre!». 

Hoy somos muchos que ante «esos progresistas campeones del olvido» nos preguntamos si los que quedamos de aquella generación, que demostró llevar la misma sangre que los héroes de nuestros antepasados, la hemos perdido o se nos ha aguado y si a las nuevas juventudes que van surgiendo, en vez de suministrarles sangre colorada como la de las boinas de los requetés y como la de las dos franjas de nuestra recuperada bandera, les hemos dado horchata.

 Esta interrogación nos la formulamos por los continuos olvidos que se hacen de la Victoria nacional contra el materialismo, liberalismo, marxismo y extranjerismo, y muy especialmente por recientes acontecimientos sucedidos dentro de la Comunión Tradicionalista y los que están acaeciendo continuamente dentro de la Iglesia española y en organizaciones del Movimiento. Resumámoslos:

 Poderosos sectores de la Comunión Tradicionalista «oficial» abandonan la idea de la unidad católica española y la confesionalidad del Estado y distancian de la Causa a los más ilustres carlistas, al «socializarla» y «democratizarla» con métodos «totalitarios».

 En la Iglesia española —me refiero a los hombres que la componen, jamás a la institución, que por ser divina, es santa y perfecta— se han infiltrado también elementos subversivos, tanto en el clero como en los mandos seglares. Las revistas «que se dicen de la Iglesia», en vez de sembrar amor y extender la paz, difunden —muchas de ellas— el odio y excitan al temporalismo en vez de reducir su campo a lo espiritual y moral, y con el temporalismo acomodan su vida a un laicismo nada acorde con las sanas instrucciones de la Madre Iglesia.

 Por su parte, en organizaciones del Movimiento o en instituciones que dependen del mismo, contemplamos también la infiltración de los elementos propugnadores del «olvido», muy principalmente en su prensa, en la que se ha pedido relaciones diplomáticas con Rusia, satisfacer pensiones a los ex combatientes del ejército rojo y el atentar contra la sagrada unidad religiosa de España o menospreciar a ese numeroso sector que propugna que el 18 de julio «ni se pisa ni se rompe».

 Mucho nos apena que la prensa que es del Movimiento deje de defender total e íntegramente los valores del 18 de Julio, porque somos parte integrante del Movimiento. Mucho nos duele que miembros activos de la Iglesia alteren la doctrina del Evangelio y se asemejen más a Lutero y Calvino que a San Pío V y a nuestros teólogos y místicos del siglo XVI, porque somos católicos y tenemos que sufrir por esa desviación doctrinal. Pero como también somos carlistas auténticos, fieles a la doctrina permanente de la Princesa de Beira y de don Alfonso Carlos y a la Causa por la que murieron tantos miles de requetés que no conocieron las falsedades actuales, no es menos la tristeza que nos causa esa tónica de los que se presentan casi como «carlistas sin Dios y sin Patria y solamente  con Fueros y Rey». 

Llega hasta tal extremo la desviación doctrinal de los seguidores de la «camarilla oficial», que uno de ellos, universitario y con cargo en un Círculo Vázquez de Mella, afirmaba no hace muchos días que Durruti, el anarquista, el tragacuras, el amigo de los asesinos del Cardenal Soldevila, el incendiario, debía ser considerado como carlista, en tanto que a Vázquez de Mella había que considerarlo como socialista.

 Es triste, pero dura realidad alentada por órganos «oficiales». ¿Tenemos aquella misma sangre que fue la sorpresa del mundo? Superficialmente, si la tuviéramos, no cesaríamos hasta lanzarlos a todos por la borda, aun cuando fuera utilizando las mismas armas que las generaciones que nos precedieron en sus momentos extremos. Lo que sucede es que, como en los años de la República, no ha debido llegar el momento apropiado para una reacción total y fuerte. Es ahora cuando está fermentando la santa ira ante el fermento contrario del error. Cuando la religión y España lo necesiten, ese pueblo sencillo que desconoce la traición y la farsa y que anualmente, sin figurar en nóminas ni plantillas ni ficheros, se presenta en Montejurra, demostrará que ahora y mañana el carlismo tiene la misma sangre roja que aquellos que a la llamada de don Javier, de Fal y de Zamanillo se presentaron en la plaza del Castillo, de Pamplona, y en otros muchos lugares de España.

 ¡SÍ, LLEVAMOS SU SANGRE! ¡EL TIEMPO SERA TESTIGO!


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

Centrismo eclesiástico

 Artículo de 1970 

 CENTRISMO ECLESIÁSTICO

 Uno es ingenuo. Uno cree que la verdad puede estar en un lado o en otro, pero que no se la sirve por el cómodo expediente de adoptar una postura “centrista”: el “justo medio” no es justo cuando se sitúa entre la verdad y el error. Si dentro de las posturas humanas la verdad estuviera en un extremo, sólo se la sirve poniéndose en ese extremo, sea el que fuere. No hay que temer ser llamado extremista sino servir al error. No son los adjetivos los que deben preocuparnos sino la verdad. Al buscar la verdad podemos equivocarnos, pero será contra nuestra voluntad. Cuando no tenemos excusa es cuando transigimos, a sabiendas, con el error, por adoptar una postura intermedia que nos haga parecer tolerantes y comprensivos, hombres de nuestro tiempo.

 Sin embargo, se observa, en algunos estamentos eclesiásticos, la tendencia al “centrismo”, con independencia de la verdad. Y no sólo en cuestiones políticas o sociales sino, lo que es más grave, bajo el punto de vista religioso, en cuestiones doctrinales y dogmáticas. Se ha establecido la teoría de que, en la Iglesia, existen dos extremos, uno conservador y otro progresista y se sostiene que la verdad está en el justo medio, sin buscar si no se encuentra en alguno de los extremos. Además, la inclinación de ese “centro” hacia la izquierda, es visible.

 El paralelismo entre esta situación en la Iglesia y lo que ocurre en la política italiana (1970) es tan evidente que extraña que no haya sido comentada. El “centro-izquierda” de Italia, creado con la excusa de aislar al comunismo, es cada vez más “izquierda” y menos “centro”. En cuanto al aislamiento de los comunistas, se ha llegado ya a la formación de juntas “frentepopulistas” entre socialistas y comunistas para el gobierno de algunas regiones, a pesar de que los primeros pertenecen al gobierno formado para “aislar” al comunismo. El deslizamiento de ciertos medios eclesiásticos hacia el progresismo en religión, es similar al que sufren hacia la izquierda en política. No se olvide que ha sido un partido de origen clerical (la Democracia Cristiana) el que ha hecho posible el proceso en Italia.

 Los unos y los otros

 El “centrismo” eclesiástico parece preocupado únicamente de no ser calificado de “reaccionario” o de “conservador”. Por ello, cuando la Jerarquía tiene que censurar (condenar ya no se estila) algún exceso progresista, procura compensarlo con un palo al otro sector, venga o no a cuento. Los católicos tradicionalistas se están convirtiendo así en una sufrida coartada para cierta Jerarquía. Basta censurarlos para fabricarse un prestigio de “avanzado” o, al menos, de centrista, quien carece de otros méritos.

 Veamos un ejemplo reciente (1970). El Consejo permanente del Episcopado francés hizo, en el mes de junio, una declaración sobre el tema “Renovación y crecimiento de la Iglesia”. En su preámbulo se decía: “Mientras que algunos se impacientan o se desaniman ante la lentitud de la evolución que ellos quisieran más rápida, otros se endurecen ante toda búsqueda. Algunos, en fin, sienten la tentación de realizar gestos de ruptura con la Iglesia, queriendo darles un sentido “profético”. Por su propia cuenta, algunos buscan un empleo de trabajadores, toman responsabilidades sindicales o políticas e incluso se consideran desligados de su compromiso con el celibato. A veces lo hacen colectivamente, en el seno de grupos que discuten la autoridad de la Jerarquía”.

 La gravedad de las acusaciones concretas que en el anterior párrafo se hacen, pese a la “centrista” mención a quienes “se endurecen ante toda búsqueda” es claro que se refiere a los grupos contestatarios del progresismo. A pesar de ello, el Consejo Episcopal, al enviar la declaración a los obispos de Francia se ha considerado obligado a aclarar que en ella deben sentirse apuntados “igual los grupos de extrema derecha que “Echanges et Dialogue”, igual el progresista padre Cardonnel o los “Hermanos del Mundo” que el “abbé de Nantes” o el P. Coache (tradicionalistas). Tras redactar esta declaración, los autores debieron sacudirse las manos satisfechos: todos iguales nadie podrá acusarlos de anti progresismo

 Los tibios

 Pero la réplica, y bastante airada, ha salido de donde menos podían esperarlo los obispos franceses, que tanto cuidan su prestigio de avanzados y modernos. No han sido sacerdotes tradicionalistas, tan injustamente mezclados con quienes, según los obispos, abandonan su ministerio y se mundanizan hasta el punto de abandonar colectivamente el celibato. Ha sido el propio padre Cardonnel, dominico nominalmente citado en la declaración episcopal y coautor de “Dios ha muerto en Jesucristo”, quien, en una réplica publicada en “Le Monde”, afirma que es contraria al Evangelio la adopción de una postura centrista por los obispos: “La situación me parece alarmante, añade, porque Cristo, del que todos nosotros nos proclamamos fieles, vomita a los tibios. En el Apocalipsis lo dice como reproche mayor a las Iglesias. (…) Así, pues, yo me niego como discípulo de Cristo, a ver en la Iglesia un justo medio  (…)  que no es siempre el justo medio.

 Si los anteriores reproches son ambivalentes y pueden hacerse igual desde la derecha que desde la izquierda, ello no justifica que tales posturas puedan ser confundidas, sino que cada una ha de ser juzgada por sus propios valores. Que es precisamente lo que no hace el centrismo de los tibios. (…)

 Juan NUEVO


Revista FUERZA NUEVA, nº 191, 5-Sep-1970

 

lunes, 17 de agosto de 2026

Patrimonio incautado a partidos y sindicatos, tras la Guerra Civil

 Artículo de 1979

 DEVOLUCIÓN

 EN estos últimos tiempos se habla, se trata, sobre la devolución de los patrimonios incautados a los partidos políticos, al final de la Guerra de Liberación, y, en algún caso y población, parece así se ha hecho; y aun se ocupan, como presión, locales de la AISS.

 Como un ciudadano más, con derecho a emitir opiniones, estimo que esos ¿patrimonios? deberían pasar a poder del Estado, por los siguientes motivos:

 En primer lugar, por la referencia, tantas veces hecha, al tesoro español llevado a Méjico en el «Vita»; el oro llevado a la URSS, y la plata y oro vendidos en Francia.

 En segundo lugar, lo que es imposible de contabilizar, por el expolio a que sometieron a particulares, exigiendo la entrega de colchones, cubiertos, vajilla, menaje de cocina, mantas y ropas de abrigo para el frente y hospitales, lo cual, como es lógico, no se recuperó, además de la entrega de armas, que en la mayoría de los casos se hallaban inútiles, pues eran de coleccionistas (arcabuces, trabucos, espingardas, machetes, gumías, sables, floretes, espadas, etc.), tampoco recuperadas y algunas, por sus incrustaciones o por su rareza, de gran valor, cuando no el sentimental de un recuerdo familiar.

 En tercer lugar, el saqueo, destrozo o mal uso de viviendas particulares, «requisadas», cuyos muebles, de valor en muchos casos, así como objetos de arte, vajillas, etc., ha sido casi imposible volver a reunir, pese a la labor de los Servicios de Recuperación que funcionaron en la posguerra; e incluso la «incautación» de joyas encontradas

en «registros» domiciliarios; y no digamos del mal uso y sus consiguientes reparaciones al entrar los dueños de nuevo en posesión de ellas; además hubo la «requisa» de vehículos, en general no recuperados, y si lo fueron, ¡en qué estado!; a ello hay que sumar bibliotecas y archivos aventados o destruidos.

 En cuarto lugar, al incautarse o intervenir las fábricas u otros establecimientos comerciales o mercantiles, la venta de productos manufacturados que se hallaban en almacén para ser expedidos, y el empleo, hasta su agotamiento, de las materias primas almacenadas; y no digamos de las cuentas bancarias intervenidas y de su utilización para «fines de guerra» u otras necesidades; lo mismo puede decirse de la intervención agrícola.

 Y, por último, la destrucción de iglesias, conventos y demás bienes de la Iglesia, así como el saqueo de sus tesoros y obras de arte (pinturas, esculturas, etc.), muchas de ellas quemadas; campanas fundidas…

 Este, pues, es el resumen que estimo avala el que sea el Estado quien entre en posesión, definitivamente, de bienes o patrimonios concretos, ante la imposibilidad de resarcir de tanto y tanto despojo a particulares, entidades, empresas...; granitos de arena cuya suma quizá se equiparase o superase, con creces, el valor del tesoro del «Vita» y del oro enviado a la URSS, hasta el momento sin recuperar.

 Narciso DÍAZ


Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Subversión universitaria por inhibición de Iglesia y tradicionalismo

 Artículo de 1968

 Esperamos que monseñor Romero de Lema, obispo de la Universidad, oriente al país sobre los problemas universitarios.—Es hora de que el "Tradicionalismo" explique la desviación de las AA. EE. TT. De literatura comunista y de periodismo clerical

 Continúa la subversión en la Universidad. Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Oviedo, Valencia van conociendo asambleas ilegales, disturbios y actos de vandalismo, como el del grupo de estudiantes que en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid arrojaron bancos, sillas, botellas, piedras y el crucifijo que presidía el aula 217. Venimos repitiendo desde hace semanas que los sucesos universitarios no responden a problemas académicos, sino a una ofensiva política contra el Estado y contra el régimen, bajo típica confabulación masónico-marxista. Volvemos a repetir que desde hace años se ha permitido la descarada entrada de elementos subversivos que han intoxicado nuestra juventud universitaria. Antes que los disturbios en la calle, nos parecen más graves las líneas ideológicas, las actitudes profesorales y la resurrección de la heterodoxia antirreligiosa y las momias del liberalismo y del criptocomunismo.

 Que el comunismo busca y consigue esto ya lo decía Pío XI en su encíclica «Divini Redemptoris»: «Los pregoneros del comunismo saben también aprovecharse de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de diversos sistemas políticos, y hasta de la desorientación en el campo de las ciencias sin Dios, para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.»

 No queremos silenciar que el progresismo de muchos sacerdotes y sedicentes movimientos católicos ha contribuido al caos universitario. Queremos recordar que la Santa Sede nombró a monseñor don Maximino Romero de Lema obispo de la Universidad. Hace unos años, en un lejano 21 de febrero, «Le Monde» publicaba esta noticia: «Esta conferencia -se refería a la que había tenido lugar en la Universidad y fue origen de la primera huelga universitaria—ha sido pronunciada con autorización expresa de monseñor Maximino Romero, obispo auxiliar de Madrid, encargado de la enseñanza religiosa». Será bueno recordar que el malogrado cardenal Riberi pronunció en la consagración de don Maximino estas palabras: «A ti, querido hermano, quiere la sagrada y solícita Iglesia de España confiarte de modo especial el cuidado del mundo intelectual de tu Patria; ella bien sabe que el apostolado en el mundo intelectual es uno de los grandes problemas que la Iglesia tiene hoy día planteados en todos los pueblos. Por fortuna, en la actualidad la legislación española en orden a la formación religiosa en los centros de enseñanza ofrece muchas y buenas posibilidades.»

 Mientras tanto, se repiten los disturbios, absurdos e injustificables; se ha destruido al S. E. U., al que después de la Cruzada una disposición oficial unificó al mismo a la A. E. T. (Agrupación Escolar Tradicionalista); la única politización de la Universidad es actualmente de signo marxista, y entre otros interrogantes, los padres de familia nos preguntamos: ¿No tiene nada que decir don Maximino Romero de Lema, como obispo de la Universidad española, ante sucesos que simbólicamente terminan echando por las ventanas el crucifijo de las aulas?

 Nosotros reafirmamos nuestro voto de una acción política contundente y seria dentro de la Universidad, limpiando las fuentes de intoxicación doctrinal en primer lugar. El autorizado J. Boor (seudónimo de F. Franco), en su libro Masonería, dice: «En esta acción de filtración masónica no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que, cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos, son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta.»

Luego, a los que actúan en ese terreno desde el plan ideológico o desde la agitación callejera, se impone la depuración más severa y una acción policíaca que decisivamente termine, al precio que sea, lo que viene sucediendo en las universidades de España.

 CIERTO «TRADICIONALISMO» Y LOS SUCESOS DE LA UNIVERSIDAD

 En esta hora en que hay que pedir responsabilidades en serio ante los sucesos de la Universidad, debemos señalar que el confusionismo se ha disparado desde diversas plataformas, además de las que en otras crónicas y en ésta venimos enumerando. Con bochorno recordamos palabras que fueron dichas en el «Aplec» de Montserrat el día 30 de mayo de 1965. Allí habló Víctor Pere Alonso como delegado de las AA. EE. TT., pronunciando palabras tan disonantes al pensamiento tradicionalista y al realismo político de la hora presente, como las siguientes: «Si algo necesitamos con urgencia es el vivir en demócratas. Por ello nos disgusta no sólo la llamada Comisaría del S. E. U., que, por mantener el partido único en las estructuras universitarias, no responde a las exigencias de profesionalidad y apoliticismo...»

 A estas alturas queda patente la desviación a la doctrina tradicionalista que suponían, ya en 1965 estas palabras. Nos parece muy bien hablar de la profesionalidad en la vida universitaria. Pero Víctor Pere Alonso, en nombre de la A. E. T., ¿podía esperar espíritu profesional y APOLITICISMO del Sindicato Democrático de Estudiantes, en el que debía caer fatalmente la Universidad al suprimir el S. E. U.? Por esto, a estas alturas (1968), un ilustre carlista ha podido dirigirse a don Javier de Borbón Parma, en fecha del 30 de noviembre pasado, para decirle: «La A. E. T. anda bastante indisciplinada e ineficaz, con desconocimiento de nuestra doctrina.»

 Lo que la A. E. T. debía haber pedido era la eliminación de la heterodoxia religiosa y patriótica de la Universidad, que el S. E. U.—al que estaba incorporada la A. E. T-., como ya hemos dicho anteriormente—hubiera educado intelectualmente al servicio de Dios y de la Patria a las juventudes universitarias; que la Universidad fuera regulada en el sentido que propugna la doctrina tradicionalista; que el peligro marxista fuera eliminado totalmente y desde raíz.

 Como dice Sebastián Contin en «Amanecer», de Zaragoza: «Hoy, actualmente, la Universidad española, en su confusión, es un maremágnum en el que aparecen todos los días las ideologías más peligrosas. No se respetan ni la religión, ni la Patria, ni las personas». ¿No dice esto nada a don José María Valiente y a los directivos del tradicionalismo español en su ausencia entre las juventudes universitarias y en el confusionismo que en actos tan resonantes como el «Aplec» de Montserrat sembró el citado orador “aetista” en dicho acto de 1965? También nos gustaría que la Comunión Tradicionalista formulase una inequívoca declaración pública ante la actual situación universitaria.

 Esto también explica lo de la Universidad

 Edición de Materiales, de Barcelona, acaba de editar «CARTAS SOBRE EL CAPITAL», de K. Marx y F. Engels. Nos dicen que en la Argentina se prohíben ciertas obras editadas en España de propaganda comunista. Ahora se edita este libro de los fautores del comunismo. Nuestra prensa les hace propaganda gratuita. Esteban Doltra, en «Hoja del Lunes» del 15 de enero pasado, dice: «Marx, sobre todo, es un intelectual más que un revolucionario.» Nos abruma que un periodista demuestre tanta cultura… Lo que afirmamos es que libros como éste TAMBIEN explican lo que pasa en la Universidad.

 A. RECASENS SALVAT

 

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968


jueves, 13 de agosto de 2026

Oliveira Salazar: un hombre para la eternidad (2)

 Artículo de 1970 

 ANTONIO OLIVEIRA SALAZAR: TESTAMENTO DE CONCIENCIA POLÍTICA

 En vida, tuvo el trabajo como medio de llegar al reposo, la intuición como medida para llegar a la verdad y al respeto, la honradez para lograr el triunfo de la justicia y el cultivo de la inteligencia para el ejercicio del derecho y el disfrute de la libertad.

 Murió, tras cruel enfermedad, con la alegría de saber sufrir y con la satisfacción del deber cumplido en beneficio ajeno, como hombre y gobernante, en años de incansable labor por la paz, la prosperidad y la felicidad de su pueblo. Ya lo había dicho, en entrevista de prensa, a políticos y amigos.

 El ejemplo

 Ha hablado Oliveira Salazar del Oliveira Salazar que ha muerto… Estos son los más destacados pensamientos del testamento político dejado su patria por este insigne hombre de Estado. En ellos aflora, como lozanas rosas lusitanas, el bello ejemplo del derecho de reposar a la hora de la muerte, llorado por su pueblo y admirado por el mundo.

 El país

 El país es de todos y las cosas del país están siempre rebozando en el alma. De los que crean sin interés ni cansancio, sabía que su país necesitaba sacrificios y era necesario servirle y no tomarlo para servirse de él:

 -“En este mi país donde, tan a la ligera, se aprecia y desprecia a los hombres públicos, gozo del respeto general. No tengo ambiciones, no deseo subir más alto, creo que otro mejor dotado debe ocupar mi lugar y ofrecer, al servicio del pueblo, su mayor capacidad de trabajo, buscando nuevos horizontes, poniendo en práctica nuevas ideas y métodos. Se me hace imposible envanecerme porque tengo la certidumbre de no haber hecho todo lo que deseaba en beneficio de mi país, pero ejecuté lo suficiente para que no se pueda decir que fallé en mi misión. Pude servir.”

 El hombre

 Como pocos, trató al hombre para tener fe en él, levantarlo y mejorarlo. Era de los hombres que hacen de puentes en los pueblos y es necesario pasar por ellos. Sabía que no llegan a hombres todos los que han nacido para serlo. No supo de rencillas y pasiones, no tuvo celos de otros ni negó asiento en el país a ningún valor. Las puertas del país deben estar abiertas a la actividad fecunda y legítima de todos:

 -“Me esforcé, en años de estudios, de meditación y de acción intensa, en comprender mejor a los hombres. Pude aclararme”.

-“Ni siquiera me acuerdo de haber recibido ofensas. Jamás hice uso del insulto ni de la agresión, brindando a los hombres dignos la posibilidad de colaborar. No ignoré mi condición humana y pude encontrarme a mí mismo para conocer mejor a los hombres. Fui simplemente humano”.

 El gobierno

 El gobierno de los hombres es, sin duda alguna, la misión más alta del ser humano. No debe mirarse como fortuna, sino como altar donde entrar y salir con las manos limpias. El poder no envenenó su voluntad y supo gobernar porque tenía la capacidad de convencer, la facultad de entender y el poder de amar y servir:

 -“Anhelo liberarme de las mezquindades que representa toda obra de gobierno. Me asfixia su maquinaria, en la que me siento canto cautivo y esa falta de libertad, que me es odiosa, es la que me hace sufrir en Lisboa. El poder no puede gustar más que a los tontos o a los predestinados”.

 La política

 La política sólo anda segura cuando se cuenta en el bien común, en el bienestar del pueblo. Perdura lo que nace de él, no lo que se importa de otro. La política honesta es el bien mayor, la mezquina y baja, el mayor vicio. Cuanto más se acercó a ella, más le repugnaron sus errores y pecados:

 -“Nunca puse mis miras en clientelas políticas, ni procure un partido que me apoyase y, en pago de su apoyo me hiciera adquirir el compromiso de orientar o limitar mi acción gubernamental. Soy, por tanto, dentro de lo posible, un hombre independiente”.

 La economía

 En economía, proteger el trabajo individual y distribuir con equidad es hacer venturosos. La riqueza debe ser de muchos, de los que, honrada y laboriosamente, la merezcan. Consciente de ello, “hizo milagros por la economía y de un país pobre, pero pródigo, creó una nación sensata, con decoro y grandeza”:

 -“Queremos marchar hacia una economía nueva, trabajando al unísono con la naturaleza humana, bajo la autoridad de un Estado fuerte, que defienda los intereses supremos de la nación, su riqueza y su trabajo”.

 La vida

 Se consagró a su país para ser dichoso. Vivió con sencillez y dignidad, hablando la verdad para amar mejor la vida. Venció a la vida viviendo. Prudente en la razón, constante en la generosidad y pródigo en el perdón, supo darle objeto, domar y embellecer la vida:

 “Muchos creen que no amo la vida. Es completamente falso. La realidad es que no amo “mi vida”. Tampoco aspiro a la muerte como otros aseguran. En vez de gobernar me hubiera gustado vivir en Vimieiro (su pueblo natal), tranquilamente, entre campos y viñas, haber formado un hogar, porque soy sensible a las sencillas alegrías que le están permitidas a todo ser humano”.

 Las virtudes

 La virtudes no comprenden el odio, el engaño, la ostentación de los cargos, el brillo del metal y la atracción del dinero. De las virtudes necesitan los hombres y los pueblos para salvarse. Y él, como hombre de pueblo, como hombre patrio, con visión de humanidad, seguro de que el progreso es verdad cuando penetra en las masas, vivió más feliz siendo pobre y sirviendo los humildes:

 - “Jamás hice lisonjas inmerecidas a los hombres y a las masas, y si mi obra la encamino en beneficio de los intereses y reivindicaciones de los humildes, lo hago por mandato imperativo de mi conciencia de gobernante, no impelido por uniones partidistas o pactos electorales, sin necesidad de enredarme en la trama de los negocios o en solidaridades comprometedoras. Así me considero, en lo posible, un hombre libre en su obra de gobierno”.

-“Debo a la Divina Providencia la gracia de ser pobre. Nunca ansié, ni me hicieron falta, cargos lucrativos, riquezas ni ostentaciones para ganar el pan de cada día, en la modestia a que estoy acostumbrado y en la que puedo vivir resignadamente”. 

La doctrina 

En suma, su tarea de hombre y de gobernante le ganó, como creador de una doctrina, el “Salazarismo”, un destacado puesto en el fervor y el cariño de su pueblo. Vaciando su espíritu en ella, en una labor pura, sin una mancha de ambición o de intriga, escogió el sitio más difícil: el del cumplimiento del deber, que exige mayor desinterés y ofrece mejores beneficios a los demás:

 -“Ni el despotismo del Estado ni la demagogia del pueblo, sino el equilibrio perfecto entre una autoridad necesaria que no dependa de las pasiones de la multitud y un derecho social que no varía con los movimiento de la opinión pública”.

 La muerte

 No quiso pompas llegado el momento final, que es vía y no término. Católico ferviente, consideraba desdichados los pueblos que matan a Dios. Negar la vida espiritual es como negar que la noche sigue al día. Murió cristianamente, con la resignación de los fuertes ante el sufrimiento. Morir así no es morir, es vivir, servir, ya que el hombre que muere donde debe, como él, siempre sirve. El funeral tenía que ser como su vida, sencillo, modesto:

 -“Nosotros no renegamos de la familia, de la fe, de la fraternidad, de la autoridad, de la patria”.

-“No deseo ser enterrado con la gran pompa que a los jefe de Estado corresponda, sino muy sencillamente, en el cementerio de Santa Comba, al lado de mi padre y de mi madre”.

 Los restos mortales del genio, del estadista, fueron llevados al Monasterio de los Jerónimos para el funeral, en el que España estuvo presente:

 -“Nosotros y España somos dos hermanos, con casa separada de la península, pero seguramente más amigos por ser independientes y celosos de nuestra autonomía”

 Su petición se cumplió. Después, su féretro fue transportado hasta Santa Comba Dao, donde recibió cristiana sepultura junto a los seres queridos que le dieron la vida.

 La sucesión

 Portugal no queda huérfana. Sigue con ella su doctrina, ya que su obra vive y vivirá siempre en el corazón y en la historia de su pueblo. El caudal de los pueblos son sus genios. El genio verdadero, como él, deja la tierra abonada cuando se aparta de ella. El futuro está en seguir sus huellas, en cultivar la semilla y recoger sus frutos. Al tomar posesión de la Jefatura Nacional ante la Asamblea Nacional, declaró su sucesor, Marcelo Caetano:

 -“El país se habituó, durante largo período, a ser conducido por un hombre de genio. De hoy en adelante tiene que adaptarse al gobierno de hombres como los demás”.

Juan Valeri Busto

 

Revista FUERZA NUEVA, nº 190, 29-Ago-1970