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miércoles, 3 de junio de 2026

El Vaticano, en 1937, justificaba la Cruzada de Liberación

 Artículo de 1970


 ESPAÑA, ¿QUÉ IMPORTA AL MUNDO?

 Opinión de “L’Osservatore Romano” en 1937 sobre la Cruzada de Liberación

 Ahora (1970) que se registran tantas posturas de chaqueteo y deserción de las ideas que los hombres prominentes del Régimen habían sostenido y defendido desde siempre, parece como llegado a propósito este artículo aparecido en el órgano oficial del Vaticano “L’Osservatore Romano”, que registra la forma de pensar de la Iglesia en el año 1937, con motivo de nuestra Cruzada de Liberación.

Su lectura puede refrescar muchas memorias y demostrar a la juventud y al pueblo en general el cambio operado también por la Iglesia en estos últimos años.

 ¿Qué es la contienda española? ¿Una lucha civil? ¿Un episodio sin repercusiones internacionales? ¿Una conflagración de ricos contra pobres, de obreros contra patronos? ¿Una militarada?

 Queremos reproducir aquí un artículo de “L’Osservatore Romano” que coloca la guerra de España en su lugar apropiado, tomando pie de unas palabras de los dos cardenales representativos de la Iglesia de las dos grandes democracias, Francia e Inglaterra.

 En esas líneas se dice lo que supone España no sólo para sí sino para el mundo entero, en esta hora. Y, ante todo, para el mundo católico; aún para aquel que mira concierto desdén y, a veces, con apasionada parcialidad, la guerra de España.

 Dice así, en su número del 21 de octubre de 1937,“L’Osservatore Romano”:

 “El cardenal Verdier escribía al Primado de España: Lo que se ventila en esta guerra es el porvenir de la Iglesia Católica y la civilización por ella fundada. Si España ofrece hoy el ejemplo de un sacrificio único en la Historia es porque los enemigos de Dios la eligieron para primera etapa de su destrucción.

 “Y el arzobispo de Westminster decía: Pongamos aparte todo partidismo político, hemos visto desde el inicio y seguimos viendo que los enemigos de Dios no atacan solamente al catolicismo sino a la Religión, sea cual fuere la forma con que se presenta”.

 “Estas declaraciones tan escuetas y de fuentes tan autorizadas son definitivas ante las acusaciones y las reservas que adversarios y no adversarios opusieron al clero español”.

 “LOS DOS CAMPOS- La tremenda lucha soportada por España está dividida en dos campos: de un lado, los rojos; de otro, la Iglesia católica y los nacionales. El arzobispo de París y monseñor Hinsley, precisamente en los dos países donde más se difunde el error, ponen de relieve, sobre la vigorosa rectificación del Episcopado español, los planos, las posiciones, es decir, los hechos y las responsabilidades. Rojos, Iglesia católica, Nacionales. Entre dos campos políticos y sociales, el campo religioso. Entre dos causas opuestas que deciden la vida de un pueblo, la causa de Dios, que es la vida de la fe; entre los partidos en armas, la Iglesia. Combatiente, no; mártir”.

 “¡Qué servicio habéis rendido a las naciones del mundo -así decía al cardenal Gomá el cardenal Verdier-probándoles, con la evidencia de los hechos, a dónde conduce el ateísmo!”. “Con dolor que vosotros sentís más intensamente que nadie -declara el arzobispo de Westminster- hemos notado las tergiversaciones, las mentiras, los subterfugios, las falsas interpretaciones de los hechos. Desgraciadamente, la prensa recibió con demasiado entusiasmo la propaganda de los rojos”.

 “LA IGLESIA VÍCTIMA INOCENTE- Mientras los asuntos de la guerra civil se hacen más oscuros. mientras más tremendas son las batallas y más entrañados los odios, mientras más irreconciliables son las oposiciones ideales, más necesario es que cese toda la mixtificación y se sepa, se reconozca, de qué manera estuvo expuesta a un sacrificio único en la Historia una víctima inocente, que quieren seguir sacrificando hasta el momento final. Las naciones del mundo han podido tomar partido por una u otra parte contendientes de una manera tan apasionada y con tal ímpetu y tal tenacidad, que consideran el juego ciertos destinos que no se resuelven solamente en las trincheras.

 “Nadie ha tenido en cuenta lo que verdaderamente debería estar por encima de todas las contiendas en su calidad de idea y de fe universales; nadie pensó en la agresión sanguinaria y en el incendio sufridos por la Religión. Se socorrió a fugitivos, se hicieron polémicas sobre la crueldad de la guerra, pugnando por la defensa de los inermes. Pero de la grande institución inerme, de la gran institución sacrificada, de aquella que hubiera sido la primera en huir, si no fuese el deber de quedar en su puesto hasta la muerte, de esa nadie se ocupó. Quedó la Iglesia expuesta a todos los riesgos. Los más débiles exclamaron: ¡Fue una fatalidad! Y los Catones del anticlericalismo internacional repiten: ¡Fue el castigo! ¡Delenda est!

 “Es esta la verdad incontrovertible.  La Iglesia de España fue atacada por las olas del odio y de la violencia que simultáneamente la acorralaron, siendo víctima la catedral expuesta al robo en virtud de una rebelión en el barrio industrial, lo mismo que la solitaria capilla montañosa lo es al caer una avalancha por la pendiente de la sierra. Su culpa proviene, únicamente, de haberse encontrado sobre aquel suelo en aquel punto, en el camino por donde pasaría el soplo arruinador”. 

***

 “LA GUERRA SE HIZO CONTRA LA IGLESIA- La acusación que le hacen de beligerancia es falsa y absurda. La guerra se pretendió y se hizo contra la Iglesia. La verdad es ésta. Sí. La Iglesia se encontró en la trayectoria del desastre y soportó los intentos republicanos y la revolución del 34 en Cataluña y Asturias, durante la cual se quemaron y  profanaron 411 templos. La destrucción que había sufrido con anterioridad al 18 de julio y en los primeros días en que el Movimiento parecía sólo un pronunciamiento, constituía ya el punto de partida. He aquí porqué la destrucción de las Iglesias fue hecha sistemáticamente y en serie; he aquí porqué, en el breve plazo de un mes quedaron inutilizados para el culto todos los templos, obedeciendo a las normas establecidas desde la fecha de la implantación de la República. He aquí por qué, sistemáticamente y en serie, se desarrolló la carnicería contra los sacerdotes. Las “listas negras” así lo preveían, concediendo a los obispos y a los sacerdotes la preferencia “de honor”.

 “Pero la guerra contra la Iglesia representó siempre una fase distinta de la guerra civil: ésta sirvió solamente de pretexto y proporcionó el momento oportuno. Si la guerra contra la Iglesia estuviese confundida con el Movimiento nacional se hubiesen esperado los momentos para castigar al clero juntamente con los demás: se hubiera secuestrado legalmente a los sospechosos y en una hora de tan grave revolución se habría tratado de tutelar o levantar el culto. Por el contrario, la luz de la Iglesia fue suprimida y apagada, no como se hace con las luces peligrosas en las noches de incursiones aéreas, no; fue una pupila que se cerró para siempre en la muerte. Fueron incendiados o saqueadas 20.000 iglesias; pasa del 80 por 100 el número de sacerdotes asesinados, perseguidos en las ciudades, lo mismo que en los montes, por jaurías. La guerra religiosa se confunde tan mal con la otra que tuvo su técnica especial: la de las batidas de caza”.

 “UNA RELACIÓN IMPRESIONANTE- No fue una represalia ejercida contra rehenes. Todo eso hubiera sido monstruoso, pero se hubiera concluido con un derramamiento de sangre, por venganza .Pero ¿y los cementerios profanados, los ornamentos dispersos y el cráneo del venerable obispo Torras que sirvió de pelota?¿Y los cuerpos de los santos y de los mártires destrozados, la sagradas imágenes dilaceradas, los crucifijos apuñalados, los tabernáculos violados, el grito lanzado contra los vasos sagrados: “Hemos jurado vengarnos de vosotros, rendíos” y el tiro de pistola que los atravesaba de parte a parte?¿Y los objetos religiosos requisados en las casas y sobre las personas y entregados a las hogueras de las plazas públicas? ¿Y los tormentos reservados a los sacerdotes, tan horribles que, en el martirologio romano no se encuentra una forma tan acentuada de crucifixión, puesto que en la España roja se consintieron martirios practicados con la ayuda de las modernas invenciones?¿Y las declaraciones de los comisarios de policía y de otras autoridades que afirmaban tener orden de destrozar y hacer desaparecer la última semilla de los sacerdotes?¿Y aquello que afirmaba el delegado rojo en el Congreso de los sin Dios celebrado en Moscú el mes de febrero: “España ha sabido superar la obra de los Soviets, puesto que la Iglesia quedó allí completamente aniquilada”?

 “Todo esto es una prueba de que, después de la tempestad, no existió un arcoiris de paz para la fe; que después del diluvio no quedó salvada sobre el monte Ararat el arma de un poder que representa no solamente a la Iglesia sino a la Religión”.

 “ERA NECESARIO ACORRALAR A LA IGLESIA- Trágica realidad de una explosión informal que no tuvo otro objeto que hacer entrar a la Iglesia, con su absoluta individualidad histórica, en el relativismo de las discusiones y de las contingencias políticas, de los “bienes problemáticos”, de las simpatías doctrinales y de los intereses prácticos de las competiciones humanas. Era necesario meterse con aquéllos que jamás rogaron a los gobernantes que fuesen aliados de esa anarquía que saqueó e encendió archivos, destrozó los tesoros artísticos de las iglesias , estropeó las bibliotecas, rompió el sepulcro de Vifredo el Belloso y causó más daños en la nación que todos los siglos tormentosos”.

 “Por encima de todas las pasiones políticas, el testimonio del cardenal Verdier y de monseñor Hinsley se levanta de la propia tormenta que oscurece los horizontes terrenos para salvaguardar los horizontes divinos. España, Rusia y Méjico son las facetas del mismo poliedro cristalizado de odio anticristiano. Así lo demuestra también la última encíclica sobre la situación mejicana, que empieza con estas palabras: “Nos es muy conocida…”, documento que no ha sido suficientemente conocido y meditado.

 “Los dos buenos Pastores, con su protesta, con su defensa, con las lágrimas del Episcopado español, derramaron luz al lado de la Carta Colectiva en la que, con claridad legislativa, se indican las razones y los medios al alcance de la Religión, de la Jerarquía y de la Acción Católica en armonía con la vida civil, su orden, sus libertades y su justicia, probando que la causa de Dios no puede envolverse en la causa de los hombres. Quedó probado que el “venite ad me omnes (“dejad que todos vengan a Mí”) no es el lema de un partido, sino un lema para toda la humanidad. En el momento en que la humanidad está a punto de llegar al puerto de salvación con su barca pendiente de las cadenas de Cristo y de la Iglesia, el mundo prefiere “bienes problemáticos” antes que la salvación de la civilización”.


Revista FUERZA NUEVA, nº187, 8-Ago-1970

 

lunes, 1 de junio de 2026

Cobardía antiterrorista del presidente Adolfo Suárez

 Artículo de 1979

 LAS «VICTORIAS» DE SUÁREZ

 CON un cinismo inaudito, quienes manejan el incensario de UCD quieren presentarnos como una gran victoria del Gobierno la detención de dos asesinos del GRAPO y la entrega de unos terroristas de ETA por parte de los franceses.

 Aparte de que estos hechos ya de por sí implican el imperio del terrorismo, que debiera llena de vergüenza a un Gobierno que se precia de dirigir un Estado de Derecho, son reveladores del gran fracaso de unos hombres de UCD que no sólo no han conseguido erradicar a los terroristas, sino ni siquiera imponerles el menor respeto.

 La entrega de los terroristas acogidos a la hospitalidad (más bien complicidad) francesa, no sirve absolutamente para nada, porque el primer acto de «generosidad» del Gobierno que salga en las próximas elecciones, va a ser, precisamente, poner en la calle a los asesinos de ETA.

 Es vergonzoso presumir de victoria cuando, ¡al cabo de tres años! aún permanecen en el sur de Francia los comandos de ETA. Lo que demuestra, inequívocamente, que el Gobierno francés ha tomado a chacota al «Gobierno» Suárez y a los españoles.

 Es indudable que la gestión de Marcelino Oreja no ha sido la causa de que el Gobierno francés proceda con esa «dureza». La entrega de unos terroristas y el confinamiento (supongo que por un fin de semana) de otros, no obedece a otro motivo que al deseo de los franceses de alejar de su territorio a gentes indeseables que ya empezaban a ensangrentado.

 Mientras los ajustes de cuentas se realicen en territorio español los franceses se frotan las manos porque saben que el terrorismo en España, como las huelgas, contribuyen a la «grandeur» francesa. Pero cuando han visto que el suelo francés empezaba a llenarse de sangre y los ciudadanos vasco-franceses a intranquilizarse y a escuchar los aires separatistas, el Gobierno francés ha cortado por lo sano.

 No ha habido, pues, tal éxito del Gobierno de UCD. ETA y GRAPO son los únicos que asesinan y-los únicos que siguen asesinando. Acabar con ellos es más fácil de lo que nos quiere hacer creer el Gobierno. No hace falta más que una voluntad decidida. Y, por supuesto, soluciones policiales y judiciales. Nada de soluciones políticas. Quien hable de ellas lo que quiere es apoyar y alentar a ETA. La independencia de las Provincias Vascongadas o logros parciales que desemboquen en esa independencia son una traición a España.

 De una forma mendaz, Luis Apostua, al servicio de UCD, nos quiere hacer creer que también a Franco le costó trabajo acabar con el bandolerismo rojo. (Por supuesto que él no lo llama así.) Es una falacia equiparar ambas situaciones. Sobre todo porque Franco quiso acabar y acabó con el bandidaje; pero Suárez ya ha demostrado lo que tenía que demostrar.

 Suárez sabe quiénes son los que dirigen, alientan y magnifican el terrorismo. (¡Si él los ha amnistiado!) Lo lee todos los días en todos los periódicos. Aparecen a la cabeza de todas las manifestaciones del País Vasco. Sus domicilios son perfectamente conocidos. Por si fuera poco, Diario 16 acaba de revelar que obra en poder de Suárez el organigrama completo y actualizado de ETA. ¿A qué espera? ¿A quién mira? Que aprenda de Alemania. Bastaría una orden suya para que cualquier madrugada, como han hecho los franceses, quedara desarticulada ETA.

 ¿Por qué no da esa orden? Si el Gobierno de Suárez no se atreve, porque no se siente respaldado, es que ni el Gobierno ni su respaldo sirven para nada.

 Confiar en que nuevas elecciones nos van a traer un Gobierno que acabe con la ETA es vana espera.

 Volveremos a tener un Gobierno títere, con coalición o sin ella, que, con «soluciones políticas» va a reavivar el cáncer del terrorismo, a seguir dejando viudas y huérfanos y a destruir España.

 Lo que falla es el sistema. Es inútil e innecesario hablar de un golpe militar. Afortunadamente esta vez será el pueblo el que abrirá los ojos y dirá ¡basta!

 Ya va siendo hora.

 Jaime CORTES


 Revista FUERZA NUEVA, nº 632, 17-Feb-1979


sábado, 30 de mayo de 2026

Distorsiones anticarlistas

 Artículo de 1968

 ¿En nombre de qué pueblo escribe el director del diario “PUEBLO”?

Una serie de sofismas se suceden en las cuartillas que Emilio Romero entrega para su impresión en ese diario de su dirección —«Pueblo»—, y en el que no tienen cabida muchos españoles que serían la voz del «pueblo».

 «Sin rodeos» es el encabezamiento de muchos de los editoriales que publica Emilio Romero, que se autocalifica de «gallito». En uno de sus recientes trabajos se pronuncia, «sin rodeos», contra el carlismo, sin tener en cuenta que el carlismo forma parte integrante del Movimiento Nacional y que el diario de su dirección pertenece al mismo. ¿Tiene esto Lógica? ¿Es de elemental Etica?

 Si esos ataques al carlismo Emilio Romero los hubiera publicado en los primeros meses del Movimiento, ¿qué le hubiera sucedido? ¿Continuaría siendo director del diario «Pueblo»? Queremos analizar brevemente alguna de sus ideas sofísticas. Antes queremos reconocer que sabe escribir, que tiene una pluma ágil y extraordinaria, que sabe atacar en materia política. ¿Tememos su reacción? ¿Se atreverá a contestar a estos reparos que oponemos a sus «sin rodeos»?

 Repetidamente, en ese artículo al que nos referimos, demuestra un desconocimiento pleno de la Historia. A estas alturas (1968) nos habla de «pleitos dinásticos», cuando el propio Caudillo ha reconocido que las luchas de los siglos XIX y XX no fueron dinásticas, sino de ideologías; eran el enfrentamiento de la España auténtica, precursora del Movimiento, y la España bastarda y extranjerizada. ¿Por qué ignora esto el director de «Pueblo»? (…)

 El «gallito» se irrita ante la noticia de que parte del pueblo carlista se ha reunido en Fátima y ha rezado a la Virgen, juntamente con el abanderado de la Tradición, el príncipe don Javier Borbón-Parma. Confiesa que «le sorprende» que don Javier haya concedido condecoraciones. Nosotros aconsejaríamos a E. Romero que no se sorprenda tanto, pues puede que no sea más que el principio de las sorpresas que le esperan en la segunda mitad del siglo XX, como continuación de las sorpresas que en un 18 y 19 de julio de 1936 dio ese mismo pueblo carlista para que, indirectamente, el señor Romero pudiera ser director de un diario perteneciente a aquel Alzamiento que, como «Pueblo» fundó en parte el pueblo carlista, cuya representación ha peregrinado a Fátima.

 Emilio Romero no se «imaginaba» que las condecoraciones y títulos pudieran otorgarse desde el extranjero. No es cosa de «imaginación, señor Romero, sino de realidades históricas. Se refiere concretamente a las concedidas, entre otras, a don Carlos Hugo, a don Manuel Fal Conde y a don José María Valiente. ¿Acaso desconoce que hay una disposición firmada por el Generalísimo según la cual se reconocen los títulos y honores concedidos por los reyes carlistas desde su exilio? Si se reconocen como legítimas las otorgadas por don Alfonso Carlos desde el extranjero, ¿cómo no vamos a reconocer también el título de Regente otorgado por el mismo rey carlista a favor de don Javier Borbón-Parma? ¿Acaso no fue válida la orden dada por ese mismo don Javier, y también desde el extranjero, de movilización de unos 60.000 requetés? ¿Por qué no le hiere la realidad histórica -no pura imaginación novelesca- de aquel telegrama cifrado que, a las seis y media de la mañana del 17 de julio de 1936, desde el extranjero, se transmitía por el mismo don Javier de Borbón Parma, dando la orden de iniciar el Alzamiento?

 El hábil periodista político que es Romero todo lo reduce a «un pleito y pugna dinástica»; desconociendo, repito, que los carlistas jamás lucharon, ni luchan, ni lucharán nunca por una dinastía sino por una ideología religiosa y patriótica. Que tenga bien presente, si es que puede, que los carlistas de la primera guerra que lleva el nombre de carlista, ponemos, por ejemplo, si su Príncipe don Carlos María Isidro hubiera tenido ideales liberales, y María Cristina, madre de Isabel II, hubiera garantizado una educación a la Princesa basada en la más pura ortodoxia católica, ni uno sólo hubiera militado tras la bandera de don Carlos.

 Es vergonzoso que a estas alturas tengamos que dar estas explicaciones, que los más lerdos no las necesitan, pues de cualquier discurso del Caudillo cuando no de la Historia limpia, se desprenden. ¿Por qué Emilio Romero nos desfigura la Historia, con posible quebranto para una de las dos fuerzas políticas que fueron básicas en el 18 de Julio? ¿Qué clase de juego es éste? Comprendemos que «ABC», interesado dinásticamente con la familia descendiente de Isabel II y Alfonso XII y XIII, escriba de vez en cuando lo que es y lo que no es, pero no hay derecho a que «Pueblo», que pertenece al Movimiento, desinforme a los españoles.

 ¿Quién contribuye a esta confusión? Sin duda—nos duele el tener que decirlo—, «El Pensamiento Navarro», desde que lo dirige J. M. Pascual, que, como hemos dicho en más de una ocasión desde estas columnas, ha abandonado la idea de DIOS y de PATRIA y reduce el carlismo a FUEROS y REY. Esa desviación del periódico, que se había mantenido carlista ortodoxo e integro hasta la primavera de 1965 le puede servir de pretexto a E. Romero y, por lo tanto, es perjudicial; pero carece de fundamento sólido, pues la ideología carlista no la puede modificar ni un diario, por mucha solera carlista que haya tenido, ni unos pactos, ni uno o más príncipes. Los principios carlistas son por propia naturaleza inalterables y permanentes, al igual que los del Movimiento, con los que concuerdan y con los que se complementan.

 El autor de los «Sin rodeos» que comentamos y glosamos no solamente se ocupa de don Javier Borbón-Parma, sino también de don Juan de Borbón y Battemberg, de su hijo don Juan Carlos y del primo de éste don Alfonso Borbón y Dampierre. Son las posibilidades a la sucesión a la Jefatura del Estado.

 El comportamiento de don Juan, conde de Barcelona, lo encuentra «más moderado y menos bullicioso» que el de don Javier. En esto tenemos que confesar que coincidimos, si bien no por las mismas causas. Al parecer, Romero aplaude esa moderación y falta de bullicio. Para que un acontecimiento sea bullicioso se requiere que haya mucho PUEBLO, mucha gente, mucho ruido, mucho frenesí, mucho entusiasmo, mucho tumulto. ¿Puede producirse en torno a don Juan algún acontecimiento bullicioso? ¿Hay, políticamente hablando, en estos tiempos, algo más bullicioso que el entusiasmo que extasía en la romería-concentración de Montejurra? ¿Se imagina el señor Romero algo tan bullicioso como la concentración voluntaria de requetés en la plaza del Castillo de Pamplona, en aquel memorable y decisivo 19 de julio, ante el general Mola y por orden del propio don Javier y del condecorado don Manuel Fal Conde?

 Emilio Romero se lamenta de que haya dos organizaciones políticas que actúan dinásticamente, a pesar de que los partidos políticos están prohibidos. ¿Es que no recuerda que la Comunión Tradicionalista no es un partido político, aun cuando algunas veces tenga que actuar como tal para contrarrestar la acción de los partidos políticos ilegales, pero camuflados? ¿Es que no sabe que los requetés no están suprimidos, sino que tienen una existencia legal en el régimen? No tiene existencia legal, en cambio, ninguna organización política que defienda la ideología y dinastía liberal. Hace dos comparaciones entre términos heterogéneos.

 Nosotros estimamos que el artículo de E. Romero es un atentado a las esencias de la Monarquía Tradicional que instituyen nuestros Principios del Movimiento. Desfigura los hechos lejanos y los próximos. Los ve y los presenta como una lente, unas veces cóncava y otras convexa, según sean sus conveniencias. Los españoles del 18 de Julio tenemos buena visión y repudiamos cristales deformados como los que sirven de recreo en algunas garitas de ferias.

 Encuentra una actitud «más juiciosa» la de los príncipes don Juan Carlos y don Alfonso Borbón Dampierre. Ignoramos qué entenderá por«actitud juiciosa», si bien sospechamos que nos quiere hacer comulgar con ruedas de molino, máxime teniendo en cuenta una entrevista con uno de los últimamente citados Príncipes, que han reproducido algunos diarios españoles.

 Señor Romero: No confunda a los que impusieron la bandera bicolor, el ¡Viva España! y la llamada «Marcha real» para recuperar la Patria perdida y la libertad de la Iglesia, en un permanente y próximo —aunque a usted le parezca lejano— y que pactaron con el Ejército y posteriormente con la Falange, con aquellos otros que se mantuvieron al margen y que hoy desean aprovecharse del esfuerzo, vida y patrimonio que entregaron, sin exigir nada, al grito de DIOS, PATRIA y REY, y cuyo Himno —el Oriamendi— es todavía símbolo del Movimiento, del cual usted percibe su retribución. Le insisto en que no le faltarán sorpresas políticas.

 ¿En nombre de qué PUEBLO escribe usted, señor director de «PUEBLO»?

 Roberto G. Bayod Pallarés


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 213, 27-Ene-1968 

 

jueves, 28 de mayo de 2026

La Iglesia pobre y la mistificación marxista

 Artículo de 1970

 

 LA IGLESIA POBRE Y LA MISTIFICACIÓN MARXISTA

 Desde que el Concilio Vaticano II pusiera en circulación la frase “Iglesia-pobre”, confesemos que ha ido sufriendo una depreciación paulatina. Como tantas otras de esta literatura religioso-católica actual, después de una vertiginosa inflación que las ha ido convirtiendo de “tópicas” en “u-tópicas”, han empezado a causar fastidio y casi náuseas.

 Ese ha sido el singular privilegio de una literatura barata que sólo ha buscado el ruido, la tramoya y la fantasía sensacionalista: el de convertir el vocabulario más rico de contenido cristiano en un cansino oropel de relumbre de charol primero y en una escoria lamentable de arroyo después. Por ello, ¿por qué no manifestar una primera aprensión, cuando supimos que la Conferencia Episcopal española escogía este tema como objeto de sus deliberaciones para su XII Asamblea plenaria? Y sin embargo…

 Y sin embargo, el tema de la pobreza de la Iglesia ha ido siempre unido, en la historia de la Iglesia, con el sentimiento escatológico de su renovación interior perenne y con el testimonio profético de su presentación al mundo de fuera. Sólo en el testimonio vivido de su pobreza evangélica ha podido la Iglesia renovarse así misma y transformar al mundo.

 Sólo que, desde que el marxismo se adueña del tema y lo pervierte esencialmente, para hacer de los “capitalistas” a los “ricos” y de los trabajadores a los “pobres”, yo diría que el mundo moderno -aún el católico- vive el problema de la pobreza como un complejo marxista, que ha logrado desalojar el verdadero concepto cristiano. El marxismo ha realizado una tremenda simplificación, convirtiéndolo en uno de sus mitos favoritos, con los que embruja a las masas, llevándolas al paraíso ideal en el que todos serán “ricos”, haciendo falsa la afirmación de Cristo de que “pobres siempre los tendremos entre nosotros”. Pobreza, para el marxismo, es lo mismo que “trabajo”, y aún este entendido como una necesaria y dialéctica explotación del obrero.

 A esto añadió el marxismo una grande e inmensa calumnia, lanzada a la cara de la Iglesia como un puñado de lodo corrosivo: la Iglesia pertenece y es necesaria a los “ricos”. Para los “pobres” es opio que les adormece. Y lo peor es que logró crear nuevos complejos. Los obreros creyeron que, para dejar de ser pobres, debían abandonar la Iglesia, y comenzó esa inmensa defección de las masas obreras desertoras de la Iglesia. Pero también -y he aquí un hecho tremendamente curioso- los hombres de Iglesia aceptaron el reto marxista, con la posición del problema en el falso plano en que se lo colocaba el marxismo. Desde entonces -lo afirmamos conscientemente- la Iglesia se ha movido en una posición de defensiva y pura apologética frente al marxismo. Su argumentación, aun la mejor, bailaba sobre la cuerda floja; y lo hacía al son de la vieja trompetería de la Internacional. Tanta y tanta “doctrina social”, que se dice de la Iglesia, suena a falso, porque el redoble se efectúa sobre la caja de música que le ha prestado el marxismo.

 Con ello, naturalmente no vamos a negar la generosa entrega y las intenciones nobles de quienes construyeron esa que se llama “doctrina social cristiana”. Ellos han pretendido difundir siempre la caridad cristiana hacia el necesitado, en un esfuerzo, inútil e imposible de hacerse comprender por él. Pero el marxismo llevaba siempre la ventaja. Era él quien había escogido el terreno de juego. Era él quien iniciaba peligrosamente los saques. Era él quien había seleccionado las pelotas y las raquetas. La Iglesia, en cambio, había aceptado, inocentemente, un campo de combate que no era el suyo. Y había abandonado una tradición en la que únicamente podía presentar coherencia y consistencia ideológica y pragmática.No quisiéramos exagerar al decir que mucha de la así dicha “sociología cristiana”, habiendo aceptado la posición de los problemas del marxismo, tenía como inspirador a Marx.

 Y es que el concepto de pobreza cristiana no tiene nada que ver con la mistificación marxista de ese concepto. Marx ha necesitado de una contraposición violenta entre “Kapital” y “trabajo” para llegar a ese materialismo dialéctico de la historia. Y bien sabemos cómo todavía esa mística falsificada mueve a nuestro mundo. En esta mística, la “pobreza” es un estado de miseria material de bienes de la tierra, creado injustamente por el capital aliado de la religión y de la Iglesia. No es suficiente que la Iglesia grite -ya desde hace tantos años- que no quiere ser vinculada al capitalismo… que quiere entregarse al mundo de los “pobres”, si por “pobres” acepta el sentido que le da el marxismo; y los entiende como “obreros oprimidos injustamente”, como “trabajadores” dialécticamente opuestos al capitalismo… ¿qué extraño que todo suene a hueco?, ¿qué extraño que la voz de la Iglesia resuene en el desierto y que el obrerismo le siga volviendo las espaldas?

 Porque el espectáculo moderno se vuelve aburrido, a fuerza de monótono. Unos partidos “demócratas cristianos”, en los que el democraticismo acaba por engullir al cristianismo… ¿por qué? Porque los cristianos abandonaron su terreno de juego y se pasaron, con armas y bagajes, a la democracia, aceptando eso que, alegremente, se llama “juego democrático”. Unos sindicatos cristianos que aceptaron la dialéctica de lucha de los sindicatos no cristianos y que terminan por suprimir en el título y en la práctica el apelativo de cristianos, e ir codo con codo, a todas las huelgas y a todas revoluciones… ¿por qué? Porque se dejaron influir por el complejo, inducido desde fuera, desde el marxismo de los sindicatos marxistas.

 Unos curas “sociólogos”, que sólo contemplan el problema social desde la posición elegante de algún economista de Manchester o Saint Etienne, no podrán menos de gritar en el púlpito contra los “ricos” opresores… ¿por qué?-Porque en los pobres sólo contemplan la miseria que les ha descubierto la engañosa óptica marxista. Un excelente señor Obispo se entrega, con un celo pastoral laudable, a escribir largas pastorales sobre el estado sociológico de su diócesis, en que analiza minuciosamente la renta “per cápita” que, en justicia, debiera establecerse…¿por qué?-Porque fue, tal vez, educado en alguna y de economía sociología de allende los Pirineos, en que Marx ha sustituido a Cristo. Un respetabilísimo señor Cardenal de la Iglesia, que acepta un diálogo televisado con un teórico del marxismo y que, a las primeras de cambio, es llevado, con una maniobra habilísima, al terreno de su adversario, se ha encontrado desarmado, y ya todo el diálogo ha sido un juego peligroso del perro y del gato…

 ¿Para qué seguir? La pobreza de la Iglesia está despreciada, porque anda por ahí como oveja sin pastor, discurriendo extrañamente con amplias y huecas hopalandas que la titulan como cristiana; en realidad quien va debajo es un macho cabrío que es el marxismo. Es el antiguo lobo vestido con piel de oveja.

 Sólo cuando se descubra el juego falso se caerán las escamas de los ojos de ciertos inefables “sociólogos cristianos”. Pero ¿cuándo será? ¿Cuál es el verdadero concepto de pobreza cristiana y por qué, para ser cristiana, la Iglesia tiene que ser pobre?

 Mariano de ZARCO


Revista FUERZA NUEVA, nº187, 8-Ago-1970

  


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martes, 26 de mayo de 2026

Si la monarquía de Juan Carlos algo debiera al pasado, hubiera sido rey su padre

 Artículo de 1979

 EL PASMO DEL MUNDO

 YA saben ustedes que esta desgraciada operación de cambio político, que nos llevó de los niveles de prosperidad, paz y seguridad ciudadana, que el pueblo español disfrutaba con Franco, a la triste situación que padecemos, se asegura que es «el pasmo del mundo»… asombrado, abobado y regocijado por la forma en que una nación se ha destruido a sí misma, en medio de la sangre, el fango y las lágrimas

Pues bien, la «oferta» de tan averiada mercancía en el zoco de Estrasburgo, hecha por el presidente del Gobierno, señor Suárez, ha merecido un agudo análisis de José Luis Alcocer, hecho en «El Imparcial». Alcocer fue uno de los comentaristas que, en tiempos de Franco, mantenía una actitud crítica contra el sistema político. En Fuerza Nueva hay constancia de nuestra divergencia con sus posturas. Al venir el análisis de un hombre de «la otra acera», adquiere una significación específica, pues no podrá ser atribuida a la nostalgia, como cuando somos nosotros los que adoptamos posturas similares. Merece la pena reproducir algunas de sus consideraciones.

 A la pretensión de Suárez de que el «tránsito» de la llamada dictadura a la llamada democracia se ha verificado en los dos años de su llamado gobierno, Alcocer replica: «No, señor presidente del Gobierno de la nación. Nuestro tránsito hacia la democracia se inició, exactamente, por decirlo así, el 10 de enero de 1967, con la promulgación de la Ley Orgánica del Estado, merced a la cual es usted presidente del Gobierno. Y se prosiguió, desde luego, con la voluntad afirmativa del general Franco, jefe del Estado, cuando se le ocurrió proponer al entonces príncipe don Juan Carlos de Borbón y de Borbón como sucesor suyo en la Jefatura del Estado a título de rey, diciendo de paso que "la monarquía que hoy instauramos nada debe al pasado". Y don Juan Carlos juró y aceptó...»

 Sólo corregiríamos a Alcocer la fecha: el tránsito hacia la democracia se inició el 18 de julio de 1936, con el Alzamiento victorioso que acabó con el desorden rojo-separatista que llevaba a España a la esclavitud de una dictadura soviética. La culminación de esa democracia, cada vez más perfilada, debería haber sido distinta, pero ésa es otra historia. Que no quita valor a las puntualizaciones de Alcocer a los «padres» de esta democracia: «Pero ¿de dónde venís? ¿Quién os ha hecho eso que se llama gente? Si no sois unos y otro, sino el trasunto de Franco. ¿Dónde estaríais los unos y los otros sino fuera porque Franco se tomó la molestia de ganar una guerra civil?»

 Preguntas que refuerza con afirmaciones: «El rey es rey porque Franco lo quiso, lo decidió y lo propuso. No por otra cosa, don Juan Carlos inauguró la democracia el 23 de julio de 1969 con las siguientes palabras: "Recibo de su excelencia el jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida del 18 de julio y de 1936." Ahí no hay equívocos, eso está dicho, eso está jurado. Don Juan Carlos encarna una monarquía instaurada, que nada debe al pasado. Porque si algo debiera al pasado, el rey no sería él, sino su padre

 El deseo de actuar como si Franco no hubiera existido nunca, provoca, dice Alcocer, que en España «empiece a haber algunos que comiencen a desear que Franco siga existiendo todavía».

 El fenómeno es más profundo de lo que Alcocer cree. No es, con ser respetable, sólo la gratitud lo que mantiene viva la memoria de un hombre al que procuran hacer olvidar los que más le deben. Es, sobre todo, la trágica realidad de la vida cotidiana la que demuestra al pueblo, de forma irrefutable, que con Franco vivíamos mejor.

 Si el nuevo régimen político hubiera traído la felicidad a los españoles, Franco hubiera pasado, sin revanchismos y sin mitificaciones, a ocupar el puesto que su patriótica ejecutoría le han ganado en la Historia. Si así no ha sido, la responsabilidad es de quienes, además del penoso fallo humano de no ser agradecidos, han tenido el mucho más grave, desde el punto de vista político, de no saber conservar y acrecentar para el pueblo la fecunda herencia que Franco les dejó.

R. I.


Revista FUERZA NUEVA, nº 632, 17-Feb-1979 

 

 

R. I