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martes, 3 de noviembre de 2026

Lengua española, que no “castellana”

 Artículo de 1970

 LENGUA ESPAÑOLA, QUE NO CASTELLANA

 Los idiomas castellano, catalán, gallego y vascuence son idiomas españoles por haber nacido en España y pertenecer al acervo cultural hispánico. Son españoles los cuatro idiomas, como españoles son las culturas vascuence, gallega, catalana y castellana.Toda manifestación espiritual que se produzca en España es española y, por tanto, pertenencia común de todos los españoles. Un castellano que ofenda a la lengua de Maragall ofende a una lengua española y comete igual delito que el catalán que vilipendie la lengua de Cervantes. 

 Para la buena marcha de la integración nacional, nuestras culturas han de considerarse como iguales, en razón de humanidad y de derecho. Pero si hay un idioma que no sea igual y que haya de merecer un singular respeto es el idioma castellano, que, sólo por falta de propiedad en la expresión, se llama así, cuando debiera llamarse idioma español, es decir, el idioma que hablan y entienden todos los españoles y que hace posible que, de manera cordial y directa, se comprendan vascos, gallegos, catalanes y castellanos.

 Proyección universal

 Podemos hablar de idioma castellano cuando aquella lengua romance fue sólo de Castilla. Pero cuando ese hermoso idioma se habla más allá del confín castellano, ya sea en la Península, en la Europa sefardita, en África, América u Oceanía, ese idioma es, con toda propiedad, el español, por ser el único idioma hispánico que tiene proyección nacional y universalista.

 Los catalanes -que poseen el precioso don de ser bilingües-cuando hablan en la lengua de Cervantes no dicen que hablan en español sino en castellano, lo que constituye un craso error, por cuanto el idioma de Cervantes hace muchos siglos que dejó de ser solamente castellano, para ser español.

 Los idiomas catalán, gallego y vascuence son tan españoles como el idioma castellano, pero, de hecho, sólo existe una lengua común española, que es aquella que hablan y entienden la totalidad de los españoles y que si es castellana no ha de ser nombrada por su origen sino por su realidad actual. Lengua castellana sería la que, en principio, se hablara solamente en Castilla; pero desde el momento que se habla en toda España, ha de ser y será lengua de España, lengua de todos los españoles.

 Sería absurdo que los franceses o los italianos llamaran todavía a la lengua de Molière o del Dante por su lugar de origen; cuando una lengua es nacional ha de llamarse por el nombre de la Nación a la que representa, y como la lengua de Cervantes representa a toda España, es y ha de ser lengua española y prescindir, en su denominación de su primitivo carácter vernáculo.(…)

 Si, siguiendo la impronta del gran rey castellano Alfonso el Sabio, toda España hubiera adoptado el idioma gallego, el gallego sería hoy el idioma español. El idioma español es español por hablarse en todos los puntos de España, con independencia de su origen.Un castellano sí puede decir que habla en castellano porque solo para él, castellano y español son una misma cosa. Un vasco bilingüe se expresará en vascuence y español, no en castellano. Conviene no identificarlo castellano con lo español, pues, por honrar a Castilla, podemos desdibujar a España y, en aras de la unidad nacional, la Nación envuelva, amorosamente a la Región, jamás a la inversa.

 Superior al concepto regionalista

 Hasta los concursos literarios se convocan para obras escritas en lengua “castellana”. Y no debe ser así, por cuanto si la lengua de Cervantes es la única lengua nacional de todos los españoles, esos concursos deben convocarse para obras escritas en lengua española. Se comprende perfectamente que lenguas españolas son todas las lenguas de España, pero que, al hablar de Lengua Española, nos referimos a la de Cervantes, que es la única que adquiere dimensión nacional.

 Ha de ser así para evitar falsos orgullos regionalistas, a los que somos tan dados los españoles. Si se habla, como hasta ahora, de manera común, corriente, familiar, de idioma “castellano”, las lenguas vernáculas siempre se sentirán un poco postergadas, pues da la impresión de que una lengua hermana alcanza cierto límite o contorno de predilección. Si nos acostumbramos a hablar de Lengua Española cuando nos referimos a una lengua que, si en un principio, fue sólo de Castilla, hoy lo es de toda España, pueden y deben mudar las cosas, ya que una lengua que es de todos los españoles y no sólo de Castilla, merece ciertamente ser considerada como una pertenencia nacional, muy superior al simple concepto regionalista.

 Todos los idiomas de los hijos de España son idiomas españoles pero hay un sólo idioma que hablan y entienden todos los españoles y ese idioma ha de ser doblemente español. Para que esto suceda así, conviene que nuestras nuevas generaciones se acostumbren a nombrar Lengua Española, que no “castellana”. Creo que el origen del idioma italiano está en Toscana; y del mismo modo que ningún italiano llama “toscano” a la lengua del Dante, ningún español debiera llamar “castellana” a una lengua que, para mayor gloria de Castilla, es enteramente española y universal y a cuyo desarrollo y crecimiento contribuyen, desde hace siglos, todos los hispánicos.

 Por otra parte, los nombres nacionales no han de valerse de nomenclaturas regionalistas, pues no es lógico ni consecuente que la parte defina al todo, ni que el origen intente nombrar a una realidad actual, tan superior como envolvente de ese origen.

 Como quiera que la lengua de Cervantes es la única lengua nacional, en su acepción de aquello que se comparte por todos los españoles, ha de llamarse, con toda propiedad, Lengua Española. Estimo que esta es la mejor defensa que podemos hacer de un idioma como pertenencia cultural y sentimental de todos los pueblos y hombres de España.

 Ricardo HORCAJADA


Revista FUERZA NUEVA, nº195, 3-Oct-1970

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

José Antonio y Carrero Blanco contra la Masonería

 Artículo de 1968

DE LA MASONERIA Y LA SEGURIDAD DEL ESTADO; IDEARIO COINCIDENTE DE JOSE ANTONIO Y “JUAN DE LA COSA" (*)

 La extensión al área civil del reciente armisticio entre la Congregación de la Doctrina de la Fe y la Masonería amenazaría gravemente la libertad y la independencia de España. Nos proponemos destacar aspectos políticos de la actuación de la secta para evitar que alcance a España el misterio de iniquidad, insospechado y aleve, que hoy amarga a la Cristiandad. Copiamos a continuación algunos párrafos de autorizados políticos contemporáneos.

 LA MASONERIA EN LAS OBRAS COMPLETAS DE JOSE ANTONIO

 «La violencia no es censurable sistemáticamente. Lo es cuando se emplea contra la justicia. Pero hasta Santo Tomás, en casos extremos, admitía la rebelión contra el tirano Así, pues, el usar la violencia contra una secta triunfante, sembradora de la discordia, negadora de la continuidad nacional y obediente a consignas extrañas (Internacional de Amsterdam, masonería, etc.), ¿por qué va a descalificar el sistema que esa violencia implante?» (Carta a Julián Pemartín, el 2-IV-1933)

 «... mientras, se indulta a un oficial español que ha cometido el peor delito de traición contra la Patria y contra el Ejército. A mí ya no me interesa, pues porque yo diga estas cosas no se va a fusilar al señor Pérez Farrás; pero no hay más explicación admisible para el indulto de este oficial que una presión demasiado alta, que el Gobierno no debió tolerar, o una presión demasiado misteriosa, que ni el Gobierno debió aceptar ni nosotros podemos sufrir sin afrenta: la pretensión, simplemente, de la masonería. El señor Pérez Farrás es masón y por eso se ha salvado». (Discurso pronunciado en el Parlamento, el 6 de noviembre de 1934.)

 «El capítulo de cargos del bienio terrible es mucho más grave:(...). Sexto: Política antinacional. En esta acusación se resumen todas. Durante el bienio, España fue la colonia de tres poderes internacionales: La Internacional Socialista, la Masonería y el Quai d’Orsay.» («Arriba», número 1, 21 de marzo de 1935.)

 ***

LA MASONERIA EN LA OBRA DE «JUAN DE LA COSA» (D. LUIS CARRERO BLANCO)

«LAS MODERNAS TORRES DE BABEL» 

«El Diablo inspiró al hombre las Torres de Babel del liberalismo y del socialismo, con sus secuelas, marxismo y comunismo, en las formas en que ellas han tenido realidad; y para ello dispuso de un magnifico instrumento, que es esa tenebrosa organización, de orígenes un tanto misteriosos, que se llama la Masonería, personaje que, aunque entre bastidores, asume el papel principal de la tragedia,  que es la vida del mundo, por lo menos en los dos últimos siglos.» (Página 47.)

 «La Revolución (francesa) quitaba a Inglaterra un poderoso rival y la Revolución fue propugnada y alentada por la Masonería. Esta sirve, pues, en aquella ocasión, a la británica, como la sirve más tarde alentando y apoyando la sublevación que da lugar a la independencia de las colonias españolas en América.» (Página 86)

 «Todo esto se mueve y se explota desde los «clubs» de París, que no son sino logias masónicas. El «club de los jacobinos», que constituyó el centro de todas las sociedades secretas, no fue sino el Gran Oriente Masónico Francés, que recibía sus consignas de la Gran Logia Madre de Inglaterra. Estas sociedades secretas, de las que forma parte el duque de Orleáns, pariente del Rey, pero enemigo de la Corte y principalmente de la Reina, son las que manejan a los misteriosos agentes que mueven los bajos fondos de París e inducen al populacho a tomar las armas del Hotel de los Inválidos para asaltar la Bastilla.» (Página 77).

 Y ya tenemos aquí en lo que se convirtió al cabo de pocos años el régimen liberal en casi todas las naciones o por lo menos en las naciones del continente europeo y de Sudamérica: un Parlamento que es el que prácticamente gobierna, o pretende gobernar, constituido por una serie de partidos políticos, verdadero arcoiris donde se pueden encontrar todo género de tendencias políticas, desde las más rabiosamente conservadoras hasta las más rabiosamente marxistas, muchos de ellos manejados por hombres que están sometidos a disciplinas extranacionales como las masónicas o las internacionales marxistas y que, naturalmente, supeditan los intereses de su Patria a los de estos poderes que les mandan, y a los que es muy grave desobedecer porque va en ello a veces hasta la vida.» (Página 96.)

 «En 1891, don Miguel Morayta se querelló, en nombre de la Masonería, contra el presbítero Balaguer, director del periódico «La Verdad», por supuestas injurias. Se aceptó la demanda y el fallo de la sala fue absolutorio, pero al terminar la vista y preguntar el presidente al acusado si tenía algo más que alegar, éste respondió: «Que me consta la existencia de una delegación especial de la masonería española que tiene por exclusivo objeto conspirar contra la integridad del territorio nacional, entregando al extranjero nuestras posesiones de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y derribar el trono de la actual Monarquía reinante. Así lo declaro y denuncio al señor fiscal de Su Majestad, que está presente...» (Pág. 149.)

 «¿A quién sirven los partidos comunistas, a su nación o a los dictados del Kremlin? ¿A quién sirven las logias masónicas, a su nación o a los intereses a que la Orden sirve, que pueden ser, en muchos casos, totalmente contrarios al del bien común de una nación determinada?» (Página 516.)

 «El hombre tiene que actuar en este aspecto básico de su participación en las tareas del Estado de una manera directa y no dando su representación en forma de carta blanca a un profesional de la política, que luego puede hacer mangas y capirotes con la representación que ostenta, sin preocuparse para nada del interés de sus representados e incluso actuar en su actividad política según sus particulares compromisos extranacionales, al dictado de consignas contrarias al interés de su propia nación, como es el caso de los partidos comunistas o de la actuación de los políticos sometidos a la obediencia de organizaciones internacionales o extranacionales, como la Internacional Socialista o la Masonería.»(Página 518.)


 Revista ¿QUÉ PASA?, núm. 217, 24-Feb-1968

 

(*) “JUAN DE LA COSA": seudónimo de D. Luis Carrero Blanco, como escritor político.

viernes, 30 de octubre de 2026

Escándalos blasfemos en universidad jesuita

 Artículo de 1979

  DEUSTO

La Universidad de los jesuitas de Deusto (Bilbao) ha vuelto a ser noticia. Decimos “ha vuelto” no sólo por las veces que en los últimos tiempos ha aparecido en la prensa a consecuencia de incidentes en su recinto, sino porque, desde más atrás, desde la época en que se inició el lamentable desenganche de la Iglesia española (de cierta Iglesia española clerical y teledirigida) del Régimen del 18 de Julio, al que tantos beneficios debía, incluido el de la propia supervivencia en libertad, la Universidad de Deusto comenzó a sonar con sucesos poco gratos. Los escribimos con tristeza, pero la verdad tiene sólo un camino.

 Ahora (1979) ha sonado, con motivo de un “festejo” celebrado en la misma por parte del alumnado el 19 de enero, con la denominación de “Día de San Canuto”. Hubo protestas, condenas, sanciones y huelgas. Pero ¿qué fue lo que en realidad ocurrió? El rector de la Universidad jesuita se ha creído obligado a aclarar los sucesos mediante una “nota de información” remitida a los padres de los alumnos. Redactada con fría objetividad, de llevarse al cine creemos que merecería la calificación “S”, concedida como premio propagandístico a películas pornográficas. No obstante, convencidos de la prudencia con que la nota ha sido redactada, vamos a reproducir los párrafos que permiten valorar con exactitud los sucesos ocurridos en una Universidad de la Iglesia, creada, suponemos, para lograr una formación moral de los alumnos acorde con los principios cristianos.

 Misa blasfema

 Dice la nota citada: “El acto comenzó con un simulacro de procesión por los claustros, portando en andas una figura ataviada con unos pretendidos ornamentos y a la que habían colocado un gran canuto a modo de pene. En la “procesión” participaban unos doscientos alumnos, algunos de los cuales iban disfrazados, destacando uno vestido de franciscano, otro de militar, etc. El desfile iba acompañado de cantos, música, serpentinas, alumnos portando puerros en las manos, etc. (…)”.

 Luego, en el Aula Magna, tuvo lugar, a la luz de unas velas, una especie de misa blasfema, durante la cual (copiamos textualmente): “Se celebraron actos tales como la “consagración del porro” y la distribución de galletas y vino, a modo de comunión; así como entonándose cánticos o salmodias litúrgicos, con letras conteniendo alusiones sexuales y un diálogo o remedo de confesión sacramental sexo-cómica”.

 Según aclara la repetida nota, “no es la primera vez que hechos semejantes tiene lugar el recinto universitario”. Durante el pasado curso se celebró el llamado “Día de San Manolo, virgen y mártir”, durante el que se introdujeron en la Universidad jesuita dos figuras: una masculina con atributos viriles, como el de “San Canuto”, y otra femenina. “El acto -volvemos a copiar textualmente- consistió en síntesis en una parodia religiosa en que se simula el coito entre las dos figuras y se dirigieron al “santo” oraciones cuyo contenido vamos a omitir, pues creemos que el lector queda suficientemente enterado de la procacidad y grosería que presidieron los actos”.

 Además de otros actos de parecido estilo, la nota nos informa de que, durante tres años consecutivos, se vienen celebrando burdas parodias del Vía Crucis y enterramientos “con motivo del aniversario del 20 de noviembre”. Aunque el rector de Deusto púdicamente no nos dice aqué aniversario se refiere, nos figuramos que es el de la muerte del Generalísimo Franco, ante cuya memoria se deberían descubrir todos los jesuitas españoles, por el más elemental sentido de la gratitud.

 Interrogantes

 Ya conocemos suficientemente los hechos, su gravedad y significado. Pero no desaparecen las interrogantes. Dos principalmente acuden a nuestro pensamiento.

 Primera. ¿Qué hicieron el rector y profesores jesuitas de la Universidad de Deusto para impedir la pública realización de actos blasfemos, intolerables para un cristiano en cualquier parte y más para algunos religiosos en su propia casa?

 Nada, suponemos. Nada por lo menos nos cuenta la nota informativa del Rectorado, y es de suponer que de haber hecho algo, con las consecuencias que una intervención enérgica hubiera supuesto, nos lo relatarían con igual minuciosidad que el aspecto pornográfico de los muñecos empleados. Y uno se pregunta: ¿Qué hubiera pasado si el rector y los restantes jesuitas se presentan en el Aula Magna durante la celebración de la misa blasfema e imitan a Cristo cuando echó a los mercaderes que profanaban el templo?

 Segunda. Durante muchos años de ejecutoria gloriosa, la Universidad de Deusto gozó de envidiable fama entre los católicos españoles por la recia formación moral que daba a los estudiantes que pasaban por sus aulas. La dirección de Deusto, mejor que nosotros, podría hacer pública una lista de ejemplares cristianos, de ejemplares españoles -muchos aureolados por el martirio- que se formaron en la Universidad. Conocemos con detalle, gracias a la nota del Rectorado, el cambio producido en los alumnos. Preguntamos: ¿Cuál ha sido el cambio de los educadores que explica este cambio en los educados?

 He ahí una pregunta cuya respuesta les gustaría conocer a muchos católicos, a muchos españoles.

 R. I.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 639, 7-Abr-1979


miércoles, 28 de octubre de 2026

Sin nombres ni apellidos de los falsos apóstoles

 Artículo de 1970 

 HAY QUE TIRAR A GOL

 Por el P. Venancio Marcos

 El día 22 de febrero (1970) entró en su diócesis el nuevo obispo de Segovia, don Antonio Palenzuela. La ceremonia religiosa resultó brillantísima. Tomaron parte en ella el Nuncio de Su Santidad (Mons. Dadaglio), cuatro arzobispos y ocho obispos.

 Durante la misa pronunció una homilía el Nuncio de Su Santidad y, al final de la ceremonia, dirigió unas palabras de saludo a sus diocesanos el nuevo obispo.

 Al acto asistió el conocido publicista Enrique Miret Magdalena. Enrique Miret Magdalena es algo conocido por los lectores asiduos de esta revista. No puede conocerle bien, sin embargo, quien no lea su artículo semanal en la revista “Triunfo”. Si alguno se leía hace un año y no le lee en la actualidad, no sabe ya quién es, o lo que es. MIret Magdalena; ya no es progresista, ahora se ríe de lo que fue hace un año. Como, si no frena en su carrera, se reirá, dentro de un año, de lo que es ahora. Antes tenía un pie fuera y otro dentro de la Iglesia Católica. Ahora ya no tiene dentro más que un dedo. Pero, por lo visto, eso es suficiente para que los “católicos del postconcilio” le tengan por profeta y por escrutador de los signos de los tiempos. Que es lo fetén.

 Pues bien, en aquella ceremonia religiosa de Segovia, Miret Magdalena nos contó en la revista “Triunfo” sus impresiones en un artículo que tituló: “Queremos obispos encarnados” (que no quiere decir que deban llevar vestiduras encarnadas, sino que no vivan en las nubes). (…)

 Las denuncias del señor Nuncio

 He aquí porque luego homilía del Nuncio de Su Santidad me llenó de asombro. (…) El Papa Pablo VI no lo oculta. Día tras día habla de su pesadumbre, de su dolor, de su angustia por lo que está sucediendo dentro de la Iglesia: por causa, a veces, de sus hijos más obligados a servirla. Y el Papa habla de la “autodemolición” de la Iglesia, dando a entender que no la están destruyendo enemigos de fuera de ella sino los llamados a regirla.

 Pues bien: en esta coyuntura, el Nuncio de Pablo VI en España dijo en su homilía de Segovia: “Mucho se habla de crisis en la fe y crisis en la disciplina. ¿De dónde brotan estas crisis? En gran parte -¿por qué no decirlo?- brotan de haber surgido en la Iglesia aquellos “falsos apóstoles y maestros”, quienes, según el Apóstol Pablo, “dando oídos al espíritu del error, se ocupan de varias disputas que para nada sirven si no es para perdición de los oyentes”.

 ¿Qué tal? ¿Está claro? La culpa de la actual crisis en la fe y en la disciplina no la tienen los masones ni los comunistas, sino los “falsos apóstoles y maestros”. Estos no pueden ser otros que sacerdotes y, tal vez, obispos, que están  resultando ser apóstoles y maestros falsos. En otras palabras, lobos con piel de oveja.

 La denuncia queda hecha. Sólo falta que el Nuncio la remate, diciéndonos quiénes son y cómo se llaman esos falsos apóstoles y maestros. Y pensamos que un hombre de cuerpo entero no dejará de hacerlo. Prosigamos en el hilo de la homilía-

 Dice monseñor Dadaglio: “Muchas cosas se dicen y se hacen hoy bajo el signo de la iglesia carismática, contraponiéndola a la Iglesia jerárquica, como si esta última fuera una institución jurídica meramente humana e histórica y, por tanto, accidental y caduca. Pero no hay dos Iglesias, la del carisma y la de la jerarquía, la de Juan y la de Pedro, sino una sola Iglesia que tiene en sí el carisma y la jerarquía”.

 ¡Estupendo! Queda hecha otra denuncia. Y ésta, gravísima. La de quienes rechazan la Iglesia jerárquica para no admitir más que una Iglesia carismática. Para quienes no entienden bien lo que es el carisma y lo que es la jerarquía, diré, para simplificar, que lo que se pretende es que la Iglesia Católica se haga protestante.

 Esto lo pretenden no los protestantes, desde fuera de la Iglesia católica, sino ciertos católicos. Lo que es peor, lo pretenden, a juzgar por el señor Nuncio, ciertos sacerdotes y obispos. ¿Nos dirá el representante del Papa, quiénes?

 Continúa monseñor Dadaglio; “La autoridad eclesiástica, empezando por los Sumos Pontífices, durante los años del Concilio y del Posconcilio, se ha mostrado comprensiva, paciente, tolerante, animada de la mejor buena voluntad. Sin embargo, muchos, es triste reconocerlo, han abusado de esta actitud, confundiendo la bondad con la debilidad”. (…)

 ¿Quiénes han sido esos “muchos”? ¿Nos dará el señor Nuncio los nombres, por lo menos, de los más importantes y más dañinos? ¿Quiénes podrán ser esos teólogos y pensadores católicos, esos obispos y sacerdotes? Seguimos aguardando el final de la homilía para saberlo.

 Y termina el Nuncio: “Es ya tiempo de hablar con claridad, de tomar posiciones con firmeza, de señalar el error con responsabilidad, de orientar con valentía” (…)

 ¡Magnífico, estupendo, admirable! Ha llegado la hora de hacer todo eso. Tiene razón que le sobra el señor Nuncio. No le queda más que rematar…

 El señor Nuncio no remata

 Pero… el señor Nuncio no tiró a gol. La homilía terminó con esas magníficas palabras. Tras la denuncia de los culpables de la crisis en la fe y en la disciplina, nos dejó sin saber quiénes son en la Iglesia los falsos apóstoles y maestros culpables del error y de la crisis.

 ¿Piensa el señor Nuncio que los católicos de filas y aun muchos sacerdotes serán capaces por ellos mismos de saber dónde están los errores, qué publicaciones los difunden y cómo se llaman esos falsos apóstoles y maestros?

 Muy optimista sería el representante de la Santa Sede si lo creyera. Por eso creo que ha llegado la hora no sólo de señalar los errores, sino de decir quiénes son los que lo sostienen y difunden; de especificar qué publicaciones yerran, de decir claramente los nombres y apellidos de los falsos apóstoles y maestros; no sólo de tomar posiciones firmes sino de condenar a quienes están demoliendo la Iglesia desde dentro. Quizá, sin embargo, no sea cosa del señor Nuncio ir más allá en la denuncia y sólo le corresponde decir lo que ha dicho para que se decidan otros a lo que he llamado “rematar y hacer gol”. (…)

 Nos ha dicho el señor Nuncio que hay falsos maestros que ofrecen pastos venenosos; nos ha advertido que en esas lecturas hay hierbas venenosas… ¿Saben los señores obispos que hierbas son esas? ¿Saben quiénes son esos falsos maestros?

 Si no lo saben, malos pastores son. Si lo saben, ¿por qué no nos lo dicen? (…) Mal pastor es el que, conociendo cuáles son las hierbas venenosas, se contenta con decir a sus ovejas: “En el prado donde estáis paciendo hay hierbas venenosas. Sé cuáles son, pero no os lo digo”. Eso, en castellano, ¿cómo se llamaría?


 Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

lunes, 26 de octubre de 2026

Obispos del visto bueno a la Constitución atea (10)

 Artículo de 1979

  LA IGLESIA ESPAÑOLA Y LA CONSTITUCIÓN (10)

 “De los periódicos a la UCD”

 El “cardenalazo” del arzobispo de Toledo (mons. Marcelo Gonzalez) provocó el “sí” de Francisco Umbral, escritor vallisoletano con agravios mal dirigidos contra don Marcelo, según él mismo confiesa (“El País”, 5-12-1978). El cardenal, entonces “cura de Valladolid” pasaba leyendo su libro de horas, indiferente por delante de un “niño tísico” que era Francisco Umbral. El cual, “viendo la majestad de aquel cura” perdió la fe. La tisis pulmonar se habrá curado, pero la del alma resistió a los antibióticos. (…)

 Para Jaime Capmany (“ABC”, 1-12-1978), antiguo republicano que hoy escribe en el periódico monárquico por antonomasia, militante rabioso a causa de un entonces fervoroso y su géneris falangismo contra la enseñanza libre y la Universidad de Navarra (“Arriba”, 16-4-1967) y hoy liberal de cinco estrellas, “después de la inquietante “Operación Galaxia” llega esta perturbadora operación Lepanto del señor Arzobispo de Toledo”. La intención de similar a los dos sucesos es tan baja como grotesca. Pero todas las armas parecen estar permitidas, incluso desde el “ABC” contra el cardenal Primado. (…)

 Adhesión a nuestros prelados

 Y de los periódicos pasaron las reacciones ante la pastoral del cardenal Primado a las jerarquías del partido en el Gobierno (UCD). Aunque no pocos pensemos que la orquestada campaña de prensa tuvo claros mentores gubernamentales. Es evidente que la Pastoral del arzobispo de Toledo constituyó un auténtico torpedo en la línea de flotación de la Constitución que se preparaba. Ante ello, el gobierno Suárez reaccionó de dos maneras: prestando el inmenso apoyo de sus medios de comunicación social y en particular de la televisión a cuantos obispos y clérigos se quisieron prestar a contradecir al Primado (y así tuvimos en los días inmediatos al referéndum un auténtica avalancha de noticias y presencias eclesiásticas que pretendían desvirtuar con toda clase de razones y sofismas el peso de la argumentación del Primado); y saliendo al paso de la pastoral por medio de las más caracterizadas figuras del partido en el poder.

 Políticos de UCD

 El 30 de noviembre, “ABC” daba cuenta ya de la reacción de Rodolfo Martín Villa, ministro del Interior, y, como tal, responsable máximo del resultado electoral. Su respuesta es un puro equilibrismo entre un respeto formal que intenta mantener y el servicio a su señor. Se confiesa católico y “bastante practicante”, pero no es en el “ABC” sino en “El País” de la misma fecha donde hallemos lo realmente grave de sus declaraciones.

 Es tan increíble lo que en ellas manifiesta y denota tal incultura religiosa, que comprendemos que el “ABC” haya querido hacer un quite al ministro no dando a la publicidad sus palabras, si es que realmente las profirió. En el caso de que hubieran sido inventadas por el periodista de “El País” era urgente de una rectificación de la que no tengo constancia.

 La maravillosa afirmación que coincide extrañamente con el editorial del mismo periódico al que nos referíamos en el artículo anterior, es la siguiente: “Respeto el criterio de otros católicos y en concreto la de un católico tan eminente como el cardenal arzobispo de Toledo. Pero ni este es el Magisterio de la Iglesia, que tiene su origen fundamental en el Vaticano II”.

 El lógico nerviosismo que la pastoral tuvo que producirle puede explicar las incorrecciones gramaticales. Un ministro del Interior no tiene por qué ser una académico de la española. Pero si “El País” recoge con exactitud las palabras de Martín Villa, asombro es palabra poco significativa para expresar lo que la supina ignorancia del ministro produce. No sólo pretende dárselas de más entendido que el cardenal de Toledo en lo que es el magisterio de la Iglesia, lo que es ya un atrevimiento inaudito, sino que asienta la peregrina teoría que hace nacer ese magisterio del Segundo Concilio Vaticano.

 Otro personaje que acudió enseguida a este ruedo del despropósito fue Emilio Attard, diputado de UCD y presidente de la Comisión Constitucional del Congreso. Afirma que el cardenal de Toledo pretende “desestabilizar el proceso constituyente, acusando la Constitución de un ateísmo inventado” (“El País”, 30-11-78). De la debilísima argumentación del diputado valenciano no insistiremos, aunque convenga recordar que quien se deshizo en amabilidades, desde su presidencia de comisión del Congreso, con los diputados marxistas, reserva sus irritaciones para don Marcelo González. Curioso modo también de entender el catolicismo.

 Demócrata inquisitorial

 Rafael Arias Salgado, secretario general de la UCD, insiste en la misma tesis: “El documento pastoral del cardenal de Toledo no representa la línea oficial de la Iglesia española ni se inserta plenamente en la línea doctrinal del Concilio Vaticano II; para mí, personalmente, y lo digo con el máximo respeto y la máxima fidelidad, no se puede considerar pastoral un documento que hace hincapié única y exclusivamente en valores prontamente negativos, cuando la Constitución tiene tantos valores positivos”.

 ¿Y quién es este demócrata inquisitorial para decir con autoridad cuál es la línea doctrinal del Vaticano II y qué documentos son pastorales y cuáles no? El arcángelico personaje asume viejas tradiciones que vienen desde el regalismo del siglo XVIII hasta antecedentes muy próximos.

 Pero la confirmación de que la pastoral del cardenal de Toledo era una gravísima denuncia de la Constitución la encontramos en el mensaje televisado que el presidente Suárez dirigió todos los españoles (“ABC”, 5-12-1978).

Todo él parece dirigido a desvirtuar las razones del Primado, desde la urgencia de la última hora de la propaganda electoral y sin posibilidades de la menor réplica. El precario resultado del referéndum, ese 59 por ciento de los españoles que dieron su “sí” a la Constitución, ¿en qué habría parado si el arzobispo de Toledo hubiera podido exponer sus temores y sus preocupaciones ante todos los españoles?

 El presidente aseguró solemnemente que ni divorcios ni abortos ni atentados contra la familia y la libertad de enseñanza se encontraban en el texto constitucional. Cree incluso que “es falso e injusto calificar de atea” a la Constitución y algunos le habrán creído. No me detendré en rebatir sus afirmaciones ni en realizar otras promesas suyas sobre el comunismo o el separatismo. El tiempo dirá, si no lo ha dicho ya, quien llevaba la razón; si Adolfo Suárez o Marcelo González. (…)

 (continuará) 

Francisco José Fernández de la Cigoña


Revista FUERZA NUEVA, nº 638, 31-Mar-1979