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martes, 3 de marzo de 2026

El cardenal Tarancón “rectificaba” sobre el matrimonio católico

 Artículo de 1979

 Consejos vendo

 Me he quedado asombrado (*) al leer la quinta carta cristiana que sobre el matrimonio ha publicado monseñor Tarancón recientemente.

 En ella dice ni más o menos que lo siguiente: “La legislación civil sobre el matrimonio y la familia debe tener en cuenta las exigencias de la Ley Natural”.

 ¡Casi nada! Eso es, justamente, lo que debía haber dicho quince días (referéndum constitucional). En el momento preciso. Cuando los católicos se lo pedíamos con ansia. Cuando se tapó los oídos y, para acallar su conciencia, dijo eso tan absurdo de que “cada uno vote en conciencia, porque la Constitución no contiene nada vituperable que impida a los católicos aceptarla”.

 ¡Y ahora resulta que las normas sobre matrimonio y familia que contiene la Constitución no se apoyan en las exigencias de la Ley Natural!

 Cuando unos días antes unos dignísimos obispos dijeron: “Cuidado, que la Constitución no respeta los postulados de la Ley Natural”, la clerecía “progre” -algún obispo entre ellos- se llevó las manos a la cabeza y se alborotó con escándalo farisaico.

 Cuando, en vísperas del referéndum, monseñor Tarancón se prestó al sucio juego de TV pronunciando “La última palabra” en una absurda y pueril pretensión de desautorizar al cardenal primado (mons. Marcelo González), insistió en que los católicos podíamos aceptar tranquilamente la Constitución.

 Si, cuando pronunció “la última palabra”, nos hubiera advertido que algunos preceptos de la Constitución vulneraban la Ley Natural, los españoles no tendríamos que lamentar una legislación divorcista, una enseñanza laica, un matrimonio civil obligatorio y la cadena de abortos legalizados que, como maldición divina, va a caer sobre esta desdichada nación.

 Pretender ahora, cuando la cosa no tiene remedio, que los parlamentarios españoles, ateos, indiferentes o cristianos vergonzantes en su inmensa mayoría, observen las exigencias de la Ley Natural, es un sarcasmo impropio de un cardenal.

 El querer nadar entre dos aguas y el pretender servir a dos señores trae estas tristes consecuencias. Si a una fe débil, fruto de una falta de formación cristiana, de la que en buena parte hay que culpar a nuestros obispos, se añade este triste espectáculo de ver a la Iglesia oficial arrimada al Poder y haciéndole el juego (lo que tanto se vituperaba hace muy pocos años) no es de extrañar que los católicos españoles estemos sumidos en la confusión.

 Y, lo que es peor, sin pastores “que den a nuestro cristianismo una fuerza agresiva de testimonio”. Que es precisamente lo que pide monseñor Tarancón en su carta cristiana. ¡Consejos vendo…!

 Jaime CORTÉS

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 628, 20-Ene-1979


(*) NOTA NUESTRA: Nada de “asombroso”; simplemente Tarancón y sus obispos no quisieron ser un obstáculo para la Constitución laica que elaboraba la nueva clase política europeísta y progresista, que se les podría echar encima si alertaban a la masa católica; pero una vez  aprobada la Constitución de modo irreversible y pasado el mal trago, ya podían los obispos taranconianos predicar “libremente” la doctrina católica.

Todo muy bien calculado y nada “asombroso”. Parece ser que el articulista no cayó en la jugarreta episcopal y opinaba de buena fe.

domingo, 1 de marzo de 2026

Carlistas “separados” dialogaban (4)

 Artículo de 1967

 EL CARLISMO, SAL Y LUZ DE LA POLÍTICA

 Por ROBERTO G. BAYOD PALLARES

 SAL

 Carlistas, vosotros sois la sal de la tierra, mas si la sal se volviere sosa, ¿con que la salaremos?» (San Mateo, 5, 13)

 El carlismo no es lo que se describe en un librito muy ensalzado por el «El Pensamiento Navarro» (en su nueva y desastrosa época), sino que es la más pura esencia de la Tradición católico-hispánica. Es la sal con la que la vida española pudo recuperar su unidad y grandeza en el año histórico de 1936. Es la sal con la que adquirirá sabor esa unidad política y religiosa, y es la sal con la que España podrá continuar su destino en lo universal de influir espiritualmente sobre la Humanidad. El carlismo es el arca de la Tradición, es el tesoro de la única sal que puede condimentar una sana política nacional.

 Pero si el carlismo se vuelve soso, si pierde el sabor de la Tradición, ¿con qué lo salaremos? ¿Con qué lo haremos tradicionalista? «Para nada valdrá ya, sino para ser pisado por los hombres» (San Mateo, 5-13), ya que no será más que una ideología cualquiera, de esas que no buscan la unidad, sino la división y el partidismo.

 El ser causante, por acción o por omisión, de que el carlismo pierda su sal, es una traición al carlismo, porque es desnaturalizarlo. La verdad es que el carlismo jamás perderá la sal, a pesar de los esfuerzos de algunos, si bien sí que es posible que su saladura no sea eficaz.

 LUZ

 «Las lámparas no se encienden y se colocan debajo de un celemín, sino encima de un candelabro y alumbra a todos los queestán en la habitación. Que vuestra luz alumbre así delante de los hombres» (San Mateo, 5, 15, 16)

 También vosotros, carlistas, sois la luz de la política. Incluso los enemigos del carlismo se aprovechan de su luz, se apoyan en sus ideas y reconocen la profundidad de su religiosidad y patriotismo. Recordemos, por ejemplo, que el jefe político de la Monarquía saguntina, don Antonio Cánovas del Castillo, respondió a otro político que le proponía una fórmula para que no hubiera carlistas: -Pero, ¿usted cree que es conveniente que no haya carlismo?

 Cánovas no pertenecía a la luz, pero como no era ciego quería que su postura política recibiera los destellos e iluminación del carlismo.

 Para que el carlismo alumbre, lo tenemos que colocar en un lugar apropiado; como a la lámpara del Evangelio. ¿Cómo va a dar luz a los demás, si lo ocultamos? El gran Vázquez de Mella no gobernó jamás, pero fue la luz del Parlamento. Otros políticos tradicionalistas, antes y después de él, han actuado siguiendo idéntica táctica.

 El carlismo debe ocupar puestos relevantes en la Economía, en la Administración y en la Política. De lo contrario, será una bombilla apagada o escondida, a pesar de la energía que contiene. Hay un sector en el carlismo, constituido por los pseudocarlistas o neocarlistas, o al menos influenciados por ellos, que podemos denominar «anticolaboracionistas», que repudian ocupar puestos importantes en la política e impiden a los demás carlistas que escalen puestos desde los cuales puedan ser luz de los demás y ejemplo en su limpia actuación. Son los que, consciente o inconscientemente, obstruyen el paso para que el carlismo sea la luz de la España del futuro.

 Los que hacen perder la sal al carlismo son los mismos que quieren mantenerlo oculto para que sus focos no alumbren la política.

 El año 1965 tuvo lugar una peregrinación a Santiago de Compostela y en 1966, otra al Cerro de los Angeles, centro geográfico de España, el más céntrico candelabro, desde el cual pudo alumbrar y darse a ver. La ilusión de los peregrinos carlistas era la de que en 1967 se reprodujera la peregrinación al monumento al Sagrado Corazón, con la esperanza de que se multiplicarían los requetés asistentes. Pues bien, inútilmente han esperado la convocatoria definitiva y no se ha podido reproducir el maravilloso espectáculo de que las boinas rojas se vieran por las vías madrileñas. Los responsables no han tenido interés, al menos no lo han demostrado, y en sustitución han organizado un acto de peregrinación a Fátima, en el querido y admirado Portugal. El acto ha resultado grandioso, porque el pueblo carlista es siempre maravilloso- la lámpara se ha encendido y ha dado radiante luz, pero el lugar era en el extranjero y era como si estuviera debajo del celemín.

 ¿TRAICION?

 ¿Se ha traicionado al carlismo?

 Siendo sal, no sala, y siendo luz, no alumbra. ¿Qué pasa?

 Que algunos de sus dirigentes han perdido la sal y colocan al carlismo en lugar escondido, y cuando lo divulgan y lo exhiben lo hacen adulterándolo, esto es, traicionándolo.

 Este es el caso, pongamos por ejemplo, de los «estudiantes tradicionalistas», A. E. T. de Zaragoza, que con ocasión de los artificiales problemas universitarios han redactado y propagado un demagógico panfleto, redactado probablemente por sus dirigentes y colaboradores de «El Pensamiento Navarro», cuya lectura deja la impresión de que se trata de un documento marxista o más bien anarco-sindicalista. Es verdaderamente incendiario e impublicable. Son, precisamente, los amigos, admiradores de esa «camarilla», que en otro tiempo encabezaba Massó y hoy capitanea Zavala, Secretario General de la Comunión Tradicionalista. Tal es así, que el principal inspirador —si no autor— de ese triste documento es quien, la propia noche en que se hizo público el artículo del «affaire» Massó-Zavala, pidió públicamente represalias políticas contra Bayod Pallarés.

 «Guardaos de los falsos profetas, por sus frutos los conoceréis» (San Mateo, 7-15). Los frutos de estos falsos carlistas los conocemos por los panfletos marxistas que escriben y divulgan.

 Cuando desde estas columnas denunciamos los manejos y traiciones que recibe la doctrina carlista y la propia Comunión Tradicionalista, lo hacemos, tan sólo, QUE CONSTE, desde el punto de vista político, religioso o religioso-político; pero jamás queremos disminuir el prestigio personal de la vida privada, la que respetamos y creemos que es limpia, quizá muy superior a la nuestra.

 Lo que sí afirmamos es que su actuación política —NUNCA LA PRIVADA— es fatal para la Causa, porque han traicionado su ideología, porque intentan contactos con organizaciones ilegales de comunistas —Comisiones Obreras—.

 ¿Acaso nos podemos callar? ¿Es que no es más interesante la Causa y España que el prestigio político de una o más personas? ¿Qué nos puede pasar? Ya sabemos que recibiremos ingratitudes, persecuciones, expulsiones, etc., etc., pero los requetés que salieron en un 18 de julio a defender la España inmortal y la Religión sabían que se exponían a mucho más, a perder la vida, y, sin embargo, no se quedaron callados y sin acción, sino que pusieron su vida encima de un candelabro, por todos los valles y montañas de España, para reconquistar la luz y paz que se habían perdido.

 Esperamos que quienes tienen en sus manos la solución de estos graves problemas tomarán medidas para que de nuevo el carlismo pueda cumplir con su misión de ser sal, luz y paz entre todos los españoles de buena voluntad, como Cristo deseara a todos los hombres hace dos milenios y conmemoramos por estas fechas.

 También nosotros deseamos felicidades a todos los numerosos carlistas, algunos de mucho relieve político y militar, que nos han demostrado su solidaridad en nuestra reciente actuación. A los que no nos han podido escribir, también les felicitamos, y a unos y otros les deseamos que sean SAL, LUZ y PAZ en política.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967

 

viernes, 27 de febrero de 2026

J. M. de Areilza, ex-falangista, chaquetero de la política

 Artículo de 1970

 AREILZA: TEXTOS CLÁSICOS

 El nombre de don José María de Areilza es sobradamente conocido en España; antes, por su acendrado falangismo, de camisa azul mahón y su “apego” al Régimen del 18 de Julio; ahora (1970), por su “chaqueteril” vida política.

 Para los más, el señor Areilza es un político que trata de pescar en río revuelto; para los menos, los jóvenes que aún no le conocen bien, es el “valiente” español que se entrevistó con el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Occidental, en su reciente visita a España, con el noble fin de hablarle mal a un forastero de nuestro Régimen y pedir, como hace el pequeñín de la escuela que no sabe defenderse, ayuda y protección.

 Pero, en general, a muchos españoles lo único que les dice el nombre de José María de Areilza son sus concomitancias con Ruiz-Giménez, Tierno Galván, determinados sectores del clero, etcétera, con vistas a ver la posibilidad de engancharse de nuevo a una carroza que tenga visos de ser, alguna vez, triunfal. De la misma forma que se enganchó al Movimiento cuando la guerra se iba ganando a costa de sangre sudor y lágrimas.

 Pero como no tratamos de hacer una biografía de este señor, ya que las biografías de los políticos de la clase a la que pertenece el señor Areilza suelen ser difíciles de realizar por lo imprecisos que son sus perfiles, nos vamos a limitar a dar a conocer quién era el señor Areilza exactamente el día 20 de julio de 1937.

 En esa fecha, mejor dicho, dos días antes, el 18 de julio del 37, se celebró en Derio un solemne acto organizado por Falange Española Tradicionalista y de las Jons para honrar la memoria de los mártires inmolados en la barbarie rojo-separatista, actos de cuya reseña, publicada con fecha 20 de julio por el diario “El Pueblo Vasco”, les vamos a transcribir a nuestros lectores el patriótico discurso que don José María de Areilza pronunció entonces.

 Aclaremos que el señor Areilza era alcalde de Bilbao, vestía la camisa azul y en las fotos del acto citado, que no reproducimos porque son poco visibles, el señor Areilza saluda brazo en alto. En sus palabras, como verán nuestros lectores, se ataca de forma furibunda a los separatistas y comunistas, a los intelectuales rojos y al clero “traidor a la patria y cómplice del comunismo”. O sea, ataca a los mismos que hoy (1970) tiene por aliados.

 Hay en todo esto un “pequeño detalle” que no queremos pase desapercibido. En aquellas fechas, el señor Areilza tenía edad adecuada para estar, fusil en mano, en el frente. Seguramente prefirió “sacrificarse”-de la misma forma que ahora prefiere también hacerlo en otro sentido- y pasar la guerra cómodamente apoltronado en el sillón de la Alcaldía de Bilbao. Un sillón, una poltrona, que se podía haber ocupado entonces por una mujer, como ahora sucede (Pilar Careaga).

 Y vamos con la transcripción de 1937. Nosotros, por profesión, somos muy curiosos y nuestra curiosidad nos impulsa a ser “ratas de hemeroteca”, de donde cada día obtenemos más información personal sobre mucha gente que ahora pretende meter de matute a los españoles un retrato personal que no es el auténtico:

 LA OFRENDA DEL SEÑOR AREILZA  EN 1937

 “…Seguidamente el alcalde de Bilbao, don José María Areilza, portador en su derecha de una bandera nacional, se adelantó para hacer la ofrenda, pronunciando las palabras siguientes:

 -“Amigos y camaradas: Aquí, en este mismo lugar, fueron fusilados por el nacionalismo vasco y sus aliados rojos, los mártires de Bilbao. Aquí, sobre estas piedras, derramaron su sangre para redimir a Vizcaya un puñado de hombres de toda clase y condición que merecían el dictado de bilbaínos de primera clase. Con ellos están enterrados también, en el ámbito de este sagrado recinto, los asesinados en el barco “Quilates”, en el “Altuna-Mendi”, los mártires de Larrinaga, La Galera, El Carmelo y Los Ángeles Custodios, compañeros de los anteriores en sufrimientos y en la muerte.

 “Los hombres se redimen de sus culpas mediante penitencia que es sacrificio y el dolor que purifica. Así también, los pueblos se redimen de sus pecados colectivos con la sangre de sus hombres mejores, ofrecida en holocausto de la justicia inmanente que late en el seno de la historia. La sangre de estos mártires redimió a Bilbao y a Vizcaya de sus pecados colectivos. Cayeron de toda clase y condición: militares, aristócratas, sacerdotes, obreros, políticos, intelectuales…

 “La sangre vuestra, capitán Ramos, comandantes Ichaso, Valverde y Anglada, capitán Murga, teniente Vallespín y demás hermanos de armas fusilados, sirvió para lavar la afrenta que al honor militar infligieron vuestros compañeros cobardes y traidores de la guarnición de Bilbao. El martirio de los sacerdotes asesinados era el precio de redención del clero vascongado de sus vergonzosas taras, de traición a la Patria y de complicidad con el comunismo. La sangre de los aristócratas y grandes industriales, Arriluce, Ibarras, Careagas, Zubirías, generosamente derramada, sirvió para lavar las culpas del capitalismo vasco y de su desvío del interés nacional. Vosotros, los caídos de la clase media y trabajadora, redimisteis con vuestro sacrificio el odio que en esas clases se sentía en Bilbao contra la Patria. Los intelectuales y los políticos: Balparda, Careaga, Juaristi, Adán, Pedro Eguillor, Quadra-Salcedo, Luis Checa, González Olaso, fuisteis el precio doloroso de redención de la política traidora del separatismo y del pecado contra el espíritu de los falsos intelectuales rojos y bizcaitarras de la villa.

Finalmente, vosotros, Guillermo Wakonning y Federico Martínez Arias, cónsules de Austria-Hungría y Paraguay en Bilbao, disteis el más alto ejemplo de dignidad y decoro en vuestros cargos.

 El pueblo de Bilbao, representado por el Ayuntamiento, reclama para sí los cuerpos de estos héroes y mártires, cuyo sacrificio fue necesario para su rescate espiritual ante la conciencia histórica de España.

 Mártires bilbaínos: sobre vuestros despojos, que no tuvieron el consuelo póstumo de una bandera que les cubriese, venimos a colocar hoy la enseña de la Patria.

 Yo estoy seguro de que vuestros espíritus se estremecerán de alegría en los Cielos cuando sobre ellos caiga, como una caricia maternal, el pabellón rojo y gualda de España. Para los que estáis aquí, hijos, hermanos, esposas, madres y novias de los que cayeron, debe ser también motivo de orgullo y alegría este acto. Podéis tener la seguridad de la bienaventuranza de sus almas purificadas por el martirio. A sus cuerpos los vais a ver envueltos en la misma bandera que cubrió a Sanjurjo, a Mola y a Calvo Sotelo.

 Y ahora, ante vosotros, mártires innumerables de Bilbao, asesinados por el Partido Nacionalista Vasco y sus aliados rojos, al triple grito de “Gora Euzkadi”, “Viva la República” y “Viva Rusia”, que en el fondo eran una misma cosa, repetiré tres veces una palabra de nuestro lema, para que sirva a todos de recuerdo, de advertencia y de propósito: ¡Justicia!, ¡Justicia! y ¡Justicia!”.

 Nosotros también, lectores, nos permitimos, brazo en alto (como Areilza) tomar a modo de firma, las últimas palabras de su discurso:¡Justicia!, ¡Justicia! y ¡Justicia!”.


Revista FUERZA NUEVA, nº181, 27-Jun-1970

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Blas Piñar contra la Constitución (2)

 

 BLAS PIÑAR EN BARCELONA

(…) Hoy, amigos de Cataluña, el proceso que analizamos toca a su fin. Unas Cortes elegidas para hacer una simple reforma han elaborado sin poderes una Constitución, quebrantando así el principio de seguridad jurídica que el proyecto constitucional establece en su artículo 9.

 Todo el proceso reformista encubre, como ha escrito el profesor Eustaquio Galán, una usurpación de poder, un golpe de Estado y, en última instancia, añado yo, un golpe de muerte al Estado mismo.

 La falacia del proceso se pone de relieve si se observa cómo, adelantándose a la elaboración del proyecto y, por tanto, a la consulta popular, temas estrictamente constitucionales, como las autonomías, las banderas de las comunidades autónomas y la mayoría de edad (véanse los artículos 143 y siguientes: 4 punto 2 y 12) han sido reconocidos por Real Decreto Ley. Y yo pregunto: ¿Para qué la inquietud y el despilfarro de la propaganda del “Sí”? ¿Acaso -siempre, claro es, con la vestidura de la democracia- no hubiera sido más sencillo, más rápido y más barato, promulgar en referéndum la Constitución aprobada por los partidos del consenso?

 Hay muchas razones para decir que “no” al proyecto constitucional. La abstención, a mi juicio, no es lícita. No sirve para nada. Como no sirvió para nada útil en las Cortes que se pronunciaron sobre la reforma política, liquidando el franquismo. La abstención es fruto de la pereza, del desprecio o de la soberbia, y en cualquier caso, supone una renuncia a luchar con la única arma que tenemos -el voto- por endeble que el arma sea. Y no olvidemos que Dios ayuda a los que se disponen a la pelea y, por eso mismo, ya imploran humildemente su ayuda.

 ¿Cuáles son las razones que nos obligan a decir “no” al proyecto constitucional?

Unas son de carácter religioso y moral.

Otras nacen del patriotismo.

Todas, del supremo valor de la justicia.

 I. Afirmaciones de principio que se oponen al concepto cristiano de la vida pública

 Artículo 1, punto 2: “La soberanía reside en el pueblo”

 Artículo 117, punto 1: “La justicia emana del pueblo”

 Pues bien, ni la soberanía reside, ni la justicia emana, del pueblo. La soberanía, la justicia, la autoridad y el poder residen y emanan, como de su fuente natural y material, de Dios.

 “Me ha sido dado todo el poder en el cielo y de la tierra”.

 “Toda autoridad viene de Dios”

 “Tienes autoridad para entregarme a la muerte o para libertarme, porque te ha sido dada de arriba”.

 Hay, pues, un orden trascendente que la Constitución desconoce. La mayoría no puede ni desconocer ni abrogar ese orden superior, que define por encima de ella lo que es verdadero y falso; justo e injusto; bueno y malo. La ley no obliga porque lo acuerde la mayoría o porque lo promulgue el Príncipe. La ley obliga moralmente en la medida en que sea una norma de razón y tenga sus raíces en el derecho natural, que es, en suma, ordenamiento divino.

 Una ley, acordada por unanimidad, que legalice el aborto, la comuna sexual o la esterilización, o que arrebate a los hijos del hogar paterno, no será más que una imposición arbitraria degradante e inhumana, por más que un código asegure que la soberanía reside y la justicia emana del pueblo.

 Ahora bien, sentado este principio y negado el orden superior trascendente y hasta racional, es lógico que el proyecto, en su artículo 16, establezca que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Es decir, que el Estado no tiene confesión religiosa. No niega a Dios, pero le desconoce. Para el Estado todas las religiones son iguales y hasta las ideologías antirreligiosas.

 Es verdad que conforme a dicho precepto: “Los poderes públicos mantendrán… relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

 Ahora bien, como no hay un reconocimiento explícito de la soberanía espiritual de la Iglesia católica y de su independencia del Estado, es lógico presumir, dentro de la mecánica interpretativa de la Constitución, que el Estado laico, para establecer relaciones de cooperación con la Iglesia Católica, puede exigir que la misma, que humanamente hablando es una Asociación, se constituya legalmente como tal y se inscriba el Registro correspondiente, como preceptúa el artículo 22, con lo que el Estado no tendrá confesión, pero la Iglesia tendrá que someterse al Estado.

 Ahora bien, todo esto se halla en contradicción con el Magisterio de la Iglesia, con la doctrina del Concilio Vaticano II, y con el Derecho público cristiano.

 En efecto, conforme a la Constitución pastoral “Gaudium et spes”, la autonomía temporal (no) quiere decir que la realidad creada sea independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador” (36.1) y que “la comunidad política y la autoridad pública se fundan en la naturaleza humana, y, por tanto, pertenecen al orden previsto por Dios (74). “Por eso, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia (36) rechaza la infausta doctrina que intenta edificar la sociedad prescindiendo en absoluto de la Religión”.

 De otro lado, la Declaración “Dignitatis humanae”, que proclama el derecho civil a la libertad religiosa, demandando la inmunidad de coacción, deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo”, admitiendo que “en atención a peculiares circunstancias de los pueblos se otorgue a una comunidad religiosa determinada un especial reconocimiento (6).

 ¿Y acaso la sociedad, la comunidad política española y el Estado que la representa, cumplirá, si el texto que se nos propone lograse aprobación, con ese deber moral, cuando carece de confesión, coloca a la única Iglesia de Cristo al mismo nivel que a las otras confesiones y edifica su propia construcción al margen del orden querido por Dios?

 Pero no olviden los que han aprobado o aprueben el texto puesto constitucional que “Si el señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen” (Salmo 126).

 Precisamente por la marginación de lo divino, no sólo nominalmente, sino real y esencialmente, el proyecto constitucional conculca los principios cristianos y naturales sobre la familia, y naturalmente, la vida y la educación.

  II. Familia

 Artículo 39: “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”

 Pero la familia nace del matrimonio y se perfecciona con los hijos.

 Pues bien, el artículo 32 dispone que “la ley regulará las causas de disolución del matrimonio”, o sea, lo que se ha llamado poligamia a plazos.

 Y al igualar el trato de la maternidad dentro y fuera del matrimonio, olvida que frente al tratamiento igualitario de los hijos matrimoniales o extramatrimoniales, que parece justo, los calificativos de legitimidad o ilegitimidad, con todas sus consecuencias legales, debieran recaer en los progenitores, porque el hombre y la mujer no tienen derecho al hijo, si el hijo no se concibe y nace en el santuario del matrimonio y del hogar.

 Los precedentes, despenalización del amancebamiento y del adulterio, no parece que protejan jurídica o socialmente a la familia.

 Vida

Artículo 15: “Todos tienen derecho a la vida”

 Ahora bien, si se prohíbe la pena de muerte, se deja en libertad al asesino para que me prive del derecho que se me acaba de reconocer.

 Y si no se establece que la vida comienza en el momento de la concepción, puede distinguirse entre el aborto, que sería un atentado contra la vida, a partir de los tres meses de la concepción, y la interrupción del embarazo antes de que transcurra dicho periodo de tiempo, totalmente lícito, porque hasta los tres meses no habría comenzado la vida personal del concebido.

 El precedente de la legalización de los anticonceptivos no augura la protección a la vida que tan enfáticamente se proclama.

 III. Enseñanza

 Artículo 27: “Se reconoce la libertad de enseñanza”

 Pero el artículo 20 reconoce la “libertad de cátedra”, que se opone, por su misma naturaleza, al “derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con su propias convicciones”.

 Se trata de una colisión de libertades, que en justicia solo podría resolverse a favor del derecho de los padres y nunca del profesor.

 Pero hay más: la libertad de enseñanza queda contradicha por el propio texto del artículo 27, que habla de:

1) Una programación general de la enseñanza;

2) una homologación del sistema educativo;

3) una ayuda en exclusiva a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca.

 IV. Organización política

 El artículo 1 habla de un Estado social. Pero el artículo 6 dice que “sólo los partidos políticos… concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”.

 El mundo del trabajo, por consiguiente, ni concurre ni participa, pues lo que importa no es tanto la clase social como la clase política.

 Este mundo del trabajo, según la Constitución, canaliza su actividad a través de sindicatos de trabajadores y asociaciones empresariales (artículo 7), reconociéndose a aquéllos (artículo 28) el derecho a la huelga, sin reciprocidad para los últimos.

 El llamado Estado social renuncia, pues, a la justicia en las relaciones laborales (artículo 37) (conflicto colectivo y negociación), inhibiéndose ante los intereses de los consumidores y de la economía nacional.

 El Estado democrático de derecho del que habla el artículo 1 de la Constitución es una mera proclama que contradice su contenido. Veámoslo:

 a) Poder Judicial

El artículo 122 dice que el Consejo del Poder Judicial se compondrá de 20 miembros, de los cuales 8 serán elegidos por las Cámaras y, por tanto, por los partidos políticos. De esta forma, el poder judicial pierde la independencia que debe tener en un Estado democrático de derecho.

 b) Empresa

El artículo 38 consagra la libertad de empresa, pero de acuerdo con las exigencias de su planificación, es decir, el plan primero y la empresa después. Por su parte, los artículos 128 y 129 preconizan la intervención de las empresas y las formas de participación en la misma. Por eso ha dicho el sr. Funes Robert que así, el marxismo, sin revolución ni trampa electoral, con la caída de la inversión privada, puede implantarse con observancia estricta de la legalidad.

 c) Información

Ha de ser veraz (artículo 20, 1.d). Pero los medios de comunicación del Estado quedan bajo control parlamentario, y con acceso sólo a los grupos sociales y políticos significativos (artículo 20.3) ¿Y qué se entiende por significativos?

 d) Servicio militar

Todos los españoles son iguales ante la ley, pero se admite un principio de desigualdad muy grave al acoger la objeción de conciencia al servicio militar.

 V. Unidad de España

 ¿Para qué insistir más en la contradicción y el absurdo de una nación de nacionalidades, tal como figura España el artículo 2ºde la Constitución?

 Con independencia de la cuadratura del círculo que establece dicho precepto, el examen de los artículos reguladores de las autonomías pone de relieve que al encomendar a los entes autonómicos funciones legislativas, judiciales y ejecutivas del más alto rango, la soberanía queda cercenada.

 La creación de gobiernos locales no augura nada bueno y la creciente presión tributaria para los nuevos organismos producirá un descontento creciente y un impacto doloroso en nuestra ya quebrantada economía.

 En última instancia, la división que el proyecto constitucional impone coincide con el método de la dialéctica marxista, ya que es más fácil la conquista a trozos que la conquista de frente y de la totalidad.

 No olvidemos que antifranquistas conocidos y de relieve, que no han abdicado de su condición de españoles, han atacado el artículo 2º de la Constitución. Sánchez Albornoz lo califica de “pecado contra natura” y Salvador de Madariaga ha escrito: “no hay más que una nación: ¡España!”.

 VI. Problema moral

 La Conferencia Episcopal Española, ratificando el criterio de la Comisión Permanente, ha pedido al cristiano que “la fe ilumine su voto”, ya que una Constitución sólo se justifica moralmente si se salvan moralmente los principios cristianos”.

 Pues bien,“Gaudium et spes” (43) quiere que “la ley divina quede grabada en la sociedad terrena”.

 Mons. Marcelo González (primado de España), y los obispos que se han sumado su Carta pastoral, no contradicen a los demás obispos, sino que completan valerosamente lo que han dicho sus hermanos en la plenitud del sacerdocio, y aclaran que esta Constitución no salva los principios cristianos en temas fundamentales, y que por ello el “No”, aun cuando se nos tache de intransigentes, es lícito.

 Don Marcelo y los obispos que son sumado a su Carta pastoral no han hecho otra cosa que seguir al pie de la letra las palabras de Juan Pablo II: “El miedo quita a veces el coraje civil a los hombres que viven en un clima de amenaza, de opresión o de persecución. Hay que tener valor y fortaleza para atravesar la barrera del miedo y dar testimonio de la verdad y de la justicia”.


Revista FUERZA NUEVAnº 627, 13-Ene-1979

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Antecedentes de la descolonización del Sahara

 Artículo de 1970

 DECÍAMOS AYER

 Por Blas Piñar

 No puedo negar que la declaración del Gobierno sobre la interpretación que merece el acuerdo de Tremecén entre Argelia y Marruecos, me ha dejado en un clima de incertidumbre.

 A poco avezados que estemos a las maniobras de la política internacional ajena, parece de una evidencia arrolladora que los desplazamientos a Mauritania y a Washington de los ministros marroquíes del Interior y de Asuntos Exteriores dibujan el contorno de un acuerdo y de una información preventiva sobre lo que puede ocurrir -y Dios quiera que no ocurra- en la provincia española del Sahara.

 Que se pretende que nuestro país “descolonice” el Sahara, y que extiende la descolonización a Ceuta y Melilla, es algo inconcluso si se estudia la línea de pensamiento y de acción de quienes representan oficialmente a Marruecos y Argelia, y utilizan un lenguaje relativamente moderado, y la de quienes, sin la responsabilidad de los puestos oficiales, se manifiestan con un idioma preñado de palabras ofensivas para nuestro país.

 Si la memoria es clave para marcar una conducta, y si la forma más ecuánime de predecir el futuro consiste en conocer el pasado, no podrá sorprendernos que, no obstante la aparente inhibición oficial, partidas irregulares aspiren a penetrar y a sembrar el terror en la provincia del Sahara, como ya ocurrió (1957) en la que fue nuestra antigua provincia de Ifni.

 Como, además, el procedimiento seguido entonces tuvo un éxito claro, al respetarse por España la situación de hecho y el ceder más tarde –“retrocediendo”– la soberanía que ejercíamos en Ifni, no parece descabellado pensar -en el ejercicio de las predicciones- que el Istiqlal o el Consejo de la Revolución de Argelia, al margen, aunque con el silencio de los organismos responsables, emprenda incursiones militares en el territorio sahariano.

 El apoyo logístico de las incursiones tendrá, si llegan a producirse, una amplia demarcación territorial que envuelve a la provincia española, cuya base de aprovisionamiento habrá de ser forzosamente por vía aérea y marítima, a partir del archipiélago canario, en el que, como ya sabemos, se halla desde hace meses una flota pesquera de la URSS, cuya finalidad entendemos que abarcaría la de vigilancia e información a los países que descaradamente apoya, de cualquier movimiento de nuestras fuerzas.

 Nada de lo que ocurre ahora con relación al Sahara nos coge de sorpresa. Cuando se concedió la independencia, con el nombre de Guinea Ecuatorial, a las provincias de Fernando Poo y de Río Muni (1968), con procuradores en Cortes y consejeros nacionales, y cuando se “retrocedió” a Marruecos la soberanía sobre Ifni (1969), iniciábamos un camino difícil de contener. Lo que a algunos pudo parecer prudencia o habilidad, a nosotros nos pareció siempre abandonismo y, frente a los alegatos en defensa de la política de entreguismo fácil que asumía el Gobierno, tuvimos que utilizar, para bautizarla, una frase que creo retrata bien la retórica que se utilizó para encontrar la viabilidad: “triunfalismo liquidador”.

 Las debilidades en política no suelen perdonarse, y aquellos que se las prometían muy felices creyendo que las concesiones hechas amansarían la incitación reivindicatoria, no percibían que, con el método de la condescendencia, alimentaban la voracidad de los beneficiarios de la nueva “descolonización”. De aquí que podamos recordar ahora, con este “decíamos ayer”, cuanto en FUERZA NUEVA, primero, y en las Cortes, más tarde, con nuestra palabra, nuestra pluma y nuestro voto, hicimos patente al oponernos a la independencia de Guinea y a la “retrocesión de la soberanía en Ifni.

 La voluntad, que estimamos decidida, de nuestro Gobierno, de clausurar la etapa de los abandonos, no puede desconocer que la firmeza de nuestra postura exige un examen minucioso y atento de las líneas maestras de nuestra política internacional, y entre ellas las persistentes, ya marcadas por el Gabinete anterior, de apertura a los países del Este, que apoyarían, sin duda, las pretensiones del acuerdo de Tremecén con relación al Sahara, a Ceuta y a Melilla, y la de amistad incondicional con las naciones árabes, que hasta la fecha ha mermado una libertad de movimientos que España precisa para defender su honor y sus intereses.

 Dentro de esta voluntad firme del Gobierno español, constituye, a nuestro juicio, un punto débil, admitir la necesidad de un referéndum entre la población saharaui, toda vez que el plebiscito -como consta oficialmente en la ONU- ya tuvo lugar, con el resultado de una mayoría casi unánime a favor de España. Poner en tela de juicio la validez de dicha referéndum sería, a la vez, una ofensa los españoles del Sáhara y un reconocimiento de que al verificarse no se votó con libertad, sino bajo presiones inconfesables del Gobierno.

 La provincia del Sahara, que también tiene procuradores en Cortes y consejeros nacionales, que para ostentar dichos cargos han de ser españoles y jurar los Principios del Movimiento y las Leyes que integran nuestra Constitución, no puede ser objeto de transacciones en el mercado internacional. Si el Sahara es España, con España, que es algo más que el territorio peninsular, sus islas adyacentes, las Baleares y el archipiélago canario, no se puede jugar. El Sahara, como Ceuta y Melilla, no puede ser objeto de negociación o trueque. Si el Gobierno accediera a tratar de este asunto, por los temores que pueda suscitar en ciertos ámbitos un no tan rotundo como enérgico, cometería otro error. El país está necesitado de posturas y de gestos concordes con la línea política que forma la médula del Régimen. Desertar en este campo, como ya se ha desertado en otros, producirá una nueva caída del ánimo colectivo, de la esperanza sugestiva de continuar una empresa que nos fue presentada y ofrecida como de la más bella y prometedora factura.

 Una torpeza en este asunto realmente grave, que podría tener explicación bajo un Régimen distinto, sería inexcusable en éste, y más después de la amarga experiencia adquirida.

 Lo peor que puede ocurrirle a un pueblo es la pérdida de la ilusión para vivir como tal. Entonces se empereza y amilana o se autodestruye en la falta de concordia interior. Por esta razón, que es una entre tantas, decir que no, sin más complicaciones y con todos sus corolarios, a las absurdas reivindicaciones que pretenden despojarlos de la provincia del Sahara, y de las ciudades de Ceuta y Melilla, constituye una obligación moral y patriótica ineludible de cualquier Gobierno español que estime en algo su decoro y la historia de su patria.

 Lo que decíamos ayer, sin respuesta positiva, lo repetimos hoy, esperando, por fin, encontrarla.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 180, 20-Jun-1970