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martes, 6 de octubre de 2026

Sin derechos divinos no hay derechos constitucionales

 Artículo de 1979

  LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES

 Nos acabamos de enterar por una revista. La constitución de Baviera, en Alemania, dice textualmente: “Un Estado y un orden social sin Dios, sin conciencia y sin respeto por la dignidad del hombre carecen de estabilidad. Sin Dios no es posible que “las bendiciones de la paz, de la convivencia y del derecho perduren en estabilidad”.

 Las palabras entre comillas pertenecen a la Ley Fundamental del Estado de Baviera. (“Roca Viva”, núm. 134, febrero 1979)

 Los parlamentarios españoles, hombres fuertes y al día, se consideraron superadores de cualquier clase de anacronismos. Y en la más moderna de todas las Constituciones del mundo, como es la nuestra, supieron sobreponerse y quedar por encima de los legisladores más avanzados.

 ¡Derechos del hombre! Frase una y mil veces repetida. Los animales no tienen derechos. Su naturaleza irracional no los reclama ni los necesita. El hombre sí. Porque el Creador le dio una naturaleza sociable, capaz por eso y necesitada de derechos y deberes. Sería imposible, de lo contrario, vivir en comunidad.

 ¿Derechos divinos en la Ley Fundamental española? Nadie los recordó ni los creyó necesarios. Hasta el mismo nombre de Dios fue suprimido allí, refleja y conscientemente. Bastarían los derechos humanos explícitos y a lo largo de todo el articulado de tan famosa Constitución.

 Más respetuosos fueron los legisladores bávaros con sus representados, creyentes en su mayoría, y más atentos, como pedía la democracia, al recoger y reflejar en la Ley Fundamental del Estado los sentimientos de un importante sector del país.

 Sustraída toda base de sustentación, los mismos derechos del hombre quedan inconsistentes.

 El artículo 15 de la Constitución española establece el “derecho a la vida”. Para hacerlo respetar bastaba promulgar la Ley Fundamental el 6 de diciembre de 1978… Eso creyeron algunos. Pero se quebranta hoy (1979) no sólo con más frecuencia sino con más impunidad que nunca, pese a la Constitución.

 Más atrás empezó todo

 El artículo 17 proclama el derecho a la libertad y seguridad personal. Pero en algunas regiones españolas muchos ciudadanos sienten cohibida esa libertad. Ni se atreven a salir de casa. Un tiro en la nuca les puede quitar la vida; o un atracador, el coche.

 Los amnistiados e indultados, aún reos de delitos de sangre, esos si alcanzaron plena libertad. Y uno de ellos, hasta diecisiete veces en dos años y medio. Porque otras tantas había sido encarcelado y liberado por otros tantos robos y atracos. Así leímos en la prensa.

 ¿Seguridad personal? La disfrutan los terroristas, ya que el artículo 15 de la Constitución, al abolir la pena de muerte, les da un verdadero seguro de vida; los demás, la tenemos colgada de su metralleta. Las mismas “cajas de seguridad” han dejado de serlo, forzadas como nunca, hasta quedar vacías.

 “El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular”. A pesar de esta cláusula constitucional, el domicilio de los españoles nunca fue menos inviolable. Hasta él pueden subir los terroristas, cuando quieran, para matar al dueño o llevárselo secuestrado.

 El artículo 19 de la Constitución reconoce el derecho “a elegir libremente la residencia y a circular por el territorio nacional”. Pero muchas personas, familias y entidades no pueden hoy ejercer esas libertades, forzadas al cambio o abandono de su domicilio habitual. Otras más, si pudieran, se irían también, desalojadas por el terrorismo, las huelgas, el paro, la ruina económica y por las amenazas.

 La Constitución garantiza el “derecho a entrar y salir libremente de España”. Hasta ahora lo tuvieron ilimitado y absoluto los criminales de ETA, que atravesaban los Pirineos a su gusto, en una u otra dirección. Veremos en adelante…

 ¿Derecho a la protección de la juventud y de la infancia, como expresa el artículo 20? Se quebranta a diario en las carteleras de espectáculos y en los escaparates de las librerías (…)

 El artículo 28 promulga la sindicación libre para todos. ¿Existe en la práctica esta libertad? ¿No la están burlando muchas coacciones morales y aún físicas, manipuladas a diario? Eso sí, hay un derecho ejercido con más amplitud que nunca en la historia laboral de España, y protegido por el mismo artículo 28, y es el derecho a la huelga. Esta expresión es un eufemismo. Porque muchísimas huelgas, la mayor parte de ellas, van contra todo derecho.

 Por fin, “todos los españoles tienen derecho al trabajo”. A no ser que lo impidan los piquetes, respaldados por ciertas instituciones paraestatales: eso podía haber añadido el artículo 35 de la Ley Fundamental.

 He ahí un trozo del panorama constitucional español. No sé si será porque a los derechos humanos les sustrajeron los derechos divinos, pero aquéllos van fallando uno por uno.

 Toda esta operación empezó algún tiempo atrás (1977). Cuando parecía más necesitada de reconciliación y de convivencia la sociedad española, una imagen de Cristo Crucificado, símbolo siempre de la fraternidad ente todos los hombres, fue removida del despacho de la primera autoridad de las Cortes Españolas (A. Hernández Gil). En consecuencia, los parlamentarios constitucionales rompieron ya toda relación con la Divinidad.

 V. F.


Revista FUERZA NUEVA, nº 637, 24-Mar-1979

 

domingo, 4 de octubre de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (4)

 Artículo de 1968

  La parábola del Hijo Pródigo, a la inversa... Ahora son los padres los que alejan del hogar a los hijos más fieles

 Querido director:

 Independientemente de mis crónicas habituales, creo de interés poner en su conocimiento que le escribo estas letras desde Roma. Una comisión de católicos hastiados del clima progresista que se hace irrespirable ha acudido a la Ciudad Eterna para exponer allí varios asuntos del máximo interés en la confianza de que les será dada la debida solución. Digo confianza porque desde hace algunos años no puede sentirse la certidumbre de la seguridad administrativa.

 Este hecho me ha permitido la ocasión de tomar el pulso a los últimos acontecimientos (1968) más importantes, entre los que destaca la renovación de la Curia Romana. Nunca tendré mejor ocasión para vivir de cerca esta situación que puede calificarse de angustiosa para muchas conciencias católicas que no han sido contaminadas por el virus progresista. Puedo asegurarle que se palpa un clima enrarecido. Tras algunas gestiones de carácter administrativo, he podido captar que no se vislumbra ninguna claridad en el reformismo galopante que nos acosa, ni inspira mucha confianza esta orientación posconciliar que el centro refleja sobre la periferia.

 Es muy humana la desconfianza hacia los cambios. Así las cosas, los católicos están cambiando de tono. Porque son ya demasiados los que se sienten abandonados, prácticamente expulsados, despreciados, y víctimas de una espesa cortina de silencio. Sus conciencias son constantemente agredidas por resultar ser indeseables sus convicciones incambiadas, y en esta época de diálogo se les sigue considerando como rezagados, fósiles, y fragmentos o vestigios de una forma de creer, de razonar y de obrar a la que se está hundiendo socialmente.

 Es, por lo tanto, sobradamente justificado el que muchísimos católicos no hayan querido contribuir en las colectas para la sedicente «prensa católica» que sólo aprovechan a verdaderos «comités de prensa y propaganda» de la Iglesia Conciliar Reformada Vaticanosegunda, que ha tomado a su cargo difundir la doctrina marxista y tributar culto al hombre.

 Que lo que viene sucediendo en el interior de la Iglesia es más que grave nos lo acredita un hecho muy significativo: aquellos que se consideraban «conservadores» frente a los innovadores, que luego se calificaban de «tradicionalistas» frente a los progresistas, y nunca habían admitido el ser «integristas», ya se identifican con este último título. Una postura de esta naturaleza sólo se adopta cuando se llega al convencimiento de que el enemigo sigue obteniendo posiciones tanto en el centro como en la periferia.

 Desde la propia Roma se capta mucho mejor—a poco que se agudice el instinto de observación— (…) Una observación más atenta de los últimos acontecimientos nos sitúa ante una realidad de consecuencias aún imprevisibles, y ésta es el que la gloriosa, la eficacísima Curia Romana se ha suicidado por obediencia y ha sido convertida, prácticamente, en una especie de funcionariado quinquenal cortesano y «obediencialista».

 Queda ya muy lejos—no por el tiempo transcurrido, sino por la rapidez de los acontecimientos—aquel periodo de la vida de la Iglesia en que cada Príncipe de la Iglesia y no pocos altos cargos de la Curia Romana tenían personalísima categoría de papables. Hoy (1968), desgraciadamente, vistas las cosas desde el ángulo humano, esta situación no se da en esta Iglesia que nos presentan como la Conciliar Reformada Vaticanosegunda, que ha «superado», más de lo que podían prever las almas cándidas, la primera idea que impulsó al Papa Juan XXIII a convocar el Concilio «con el propósito de reafirmar el magisterio eclesiástico». 

Después se nos dijo que el Concilio sería «pastoral» sin formulaciones doctrinales, sin condenación de errores, porque sólo era cuestión de «rejuvenecer el rostro de la Iglesia». Y como que con maquillajes no se resuelve nada, así  ha andado la «pastoral», la disciplina. la liturgia y las «formulaciones nuevas de la misma doctrina».

 Eso no se ve con la debida claridad si uno no anda por Roma con el propósito de resolver algún conflicto de los que los progresistas y «conciliaristas» provocan a los católicos que no esperaban que el «aggiornamento» fuese en su realidad práctica el disfraz de la subversión. Y así resulta que la realidad aparece muy distinta del primer propósito del Papa Roncalli.

 Ha causado estupor la noticia que en Roma se viene divulgando —no confirmada ni desmentida en las esferas de «alto nivel»—, según la cual el progresista Revd. P. Schillebeeckx—uno de los principalísimos fundadores de la IDO-C—será «elevado» al Cardenalato. Debería asombrar la sola posibilidad de que pueda ser noticia el que quien inspirara a la IDO-C, y ha sido el «animador» del Concilio Pastoral de Holanda, sea considerado posible candidato a la Púrpura Cardenalicia.

 Además, no es ningún secreto en los altos estamentos de la Curia Romana el origen e inspiraciones de la IDO-C y sus colaboradores marxistas. Porque aunque no sea noticia del dominio público, tampoco es ningún secreto el que colaboran con la citada ID0-C la organización «católica» inglesa «SLANT», integrada por comunistas y conectada con el movimiento policíaco polaco «PAX»; así como también son miembros influyentes de dicha IDO-C la «ZNAC» polaca, anexa al Frente de Unidad Nacional, dominado por los comunistas. También tiene vinculación influyente con la IDO-C míster Jack Dunnan, miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña y «especialista en ecumenismo». Podría extenderme más sobre el particular, pero la atención que les debo a los lectores de ¿QUÉ PASA? me obliga a reseñar lo estrictamente necesario.

 Por lo que al Padre Schillebeeckx se refiere, está en la memoria de todos, y también en los comentarios captados en Roma, su defensa de «cierto pluralismo de la interpretación de la fe» sustentada durante el Sínodo Episcopal que tuvo lugar en Roma el pasado otoño (1967); su condicionamiento de que «lo esencial debe hacerse a través del Pueblo de Dios»; su tesis favorable a convertir al episcopado en «un Consejo Permanente con derecho a decidir» para, a continuación, convertirlo en «el medio para la reintegración del Magisterio de Pedro a la Iglesia total», incluyéndose a las comunidades cristianos no-católicas.

 Una situación similar a la hasta aquí descrita ya fue magníficamente profetizada por Edith Delamare en un artículo que publicó en la revista francesa «Rivarol» el 13 de abril de 1967 con el título «Le Soviet français dans la Curie romaine (…).

 Tampoco estará de más el recordar la declaración que hizo monseñor Paul Poupard, adscrito a la Secretaría de Estado, al presentar a los periodistas la encíclica «Populorum progressio», manifestándoles que «los siete proyectos de la encíclica han sido redactados en francés». De la acogida que se dispensó a la «Populorum progressio» ya tuve ocasión de informarle en su día desde mis habituales crónicas desde Francia, a las que, según se me ha dicho, le prestan su atención la camarilla francesa de la Secretaría de Estado, cuyo «neutralismo» es notorio.

 Quiera Dios que su «pacifismo católico» no resulte contrario a la Verdad Revelada—que es como la quiso Jesucristo y no como la desean las apetencias humanas—ni sirva para los fines que aprovechan a los que en nombre de la «paz» empujan a la humanidad hacia las más espantosas convulsiones por causa de haber desmedulado la capacidad de resistencia y recobro allí donde únicamente ésta es positivamente factible.

 Por si pudiera serle de utilidad, le adjunto fotocopia de un fragmento de «L’Osservatore Romano» del 11 de enero de 1967 que publica el nombramiento de Joaquín Ruiz Giménez como miembro del «Consilium de Laicis», juntamente con la página 88 del DOSSIER DE LA IDO-C, que señala a Joaquín Ruiz Giménez como uno de los principalísimos componentes del grupo de la IDO-C de España.

 Muchas otras cosas podría decirle, querido don Joaquín Pérez Madrigal, pero confío en que ocasión no faltará. Creo que, por el momento, he conseguido poder ofrecerle mis impresiones captadas en Roma, donde, téngalo por seguro, también los hay que leen ¿QUE PASA?

 Sin otro particular por el momento, y con mi sincera para nuestros lectores, reciba un respetuoso abrazo de su sincero amigo,

 A. ROIG

Roma, 14 febrero 1968


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 


viernes, 2 de octubre de 2026

Orígenes de la Legión. Credo legionario

 Artículo de 1970


 GUERREROS, POETAS, FRAILES: 50 AÑOS DE LA LEGIÓN (1920-1970)

 Cualquier día, en cualquier lugar del África española, los legionarios velan la integridad de nuestros territorios. Llevan ya 50 años dedicados a esta tarea. Son hombres de sacrificio, de tesón, de fe, y esto lo han demostrado en la guerra y en la paz. Allí, en la lejana geografía española velan, voluntarios, las armas de la guerra y trabajan en la paz sus acuartelamientos y sus granjas. Los vimos en esta paz dedicados a las tareas propias, hemos leído sus guerras en esa historia que es modelo de guerreros, de valor, de lucha. La Legión es más que nada una impronta, es, más que nada, una especie de sello que califica al hombre legionario, y del que ellos mismos se sienten, junto a los demás españoles, orgulloso, sinceramente orgullosos…

 Es ahora, cuando se cumplen los 50 años de fundación de la Legión por Millán Astray, cuando las glorias legionarias cobran nueva dimensión, nueva aventura. Se trata de recopilar hazañas, efemérides, para, de una vez, ver en la Legión el Cuerpo que ha dado a España mayor cantidad de héroes.

 Millán Astray

 Es en el año 1917 -quizá el más fecundo en la vida del insigne militar- durante el cual empezó a madurar en su cerebro la gran idea que le haría llegar al pináculo de la fama en todo el ámbito nacional e incluso en el extranjero, al dar a luz aquella idea que, si bien en principio quisieron hacer aparecer su detractores como disparatada, cuando más tarde la plasmó en la más bella de las realidades, hasta lo más reacios hubieron de reconocer la sublimidad de su obra, que si algo de locura encerró fue locura de amor a la patria.

 Ya hemos dicho que en 1917 tuvo lugar la gestación de la creación de la Legión, pero aún dos largos años hubieron de pasar para que aquella quimera llegara a un término feliz. Al nacer 1919, la política española abundaba en la comisión de reiterados errores, al desarrollar su labor en el problema de Marruecos, dando lugar a que en todo el Protectorado se produjeran levantamientos y continuas agresiones a nuestras tropas, con la consiguiente pérdida de hombres y prestigio.

 El, por entonces, comandante Millán Astray, que tan compenetrado se hallaba con el problema durante su larga permanencia en África, sabe que la mortandad que sufrían nuestras tropas tenía su origen en la equivocada organización de los servicios a ellas encomendados.

 Las tropas de choque estaban constituidas exclusivamente por fuerzas de Policía y Regulares, formadas todas por indígenas que, si bien en ocasiones demostraban un acendrado amor a España, menospreciaban a nuestros hombres allí destacados, creyéndoles poco útiles para la guerra. Sin embargo, se empleaban los soldados peninsulares para guarnecer posiciones, avanzadillas y blocaos, servicios no solo netamente de carácter defensivo sino letárgicos para la moral de la tropa dado el carácter de nuestra raza, pues la misión de estas guarniciones era sólo mantenerse en aquellas posiciones para la protección de convoyes, pero de ser atacadas -cosa que corría con frecuencia- tenían una probabilidad entre cien de poder resistir los embates enemigos.

 España, de esta forma, se encontraba a merced, prácticamente, de los ataques, las pérdidas de hombres iban en aumento y no se divisaba un futuro esperanzador para nuestra permanencia en nuestros territorios de África…

 Este sistema de política en Marruecos trascendió al pueblo, creando un ambiente de descontento y desprestigio para nuestro Ejército, nunca tan mal juzgado por la opinión, ya que en nuestro Protectorado no imperaba más que el designio de los políticos, que tan mal encauzado llevaban nuestro importante problema. Y fue esta la precisa situación que hizo germinar en Millán Astray la idea de la fundación de la Legión. La idea de poner coto definitivo a escaramuzas y guerrillas. Un ejército de hombres dispuestos a todo…

 Una crítica nefasta

 Esta idea -que poco más tarde había tener sus primeros frutos- tuvo desde el comienzo las críticas más adversas. Toda la opinión general se volcaba en contra de Millán Astray. Los peores calificativos se vertieron sobre él.

  En este ambiente hubo de luchar para conseguir que el mando tomara en consideración esta idea. Y, a costa de muchos sinsabores, con amargura, muy lentamente, supo ir creando la situación óptima para que sus ideas llegaran a feliz término. El final de esta lucha dialéctica contra todos aquellos que veían una locura en la creación de la Legión, tuvo lugar en una conferencia que dio en el Casino Militar de Madrid, ante una nutrida representación de todas las Armas y Cuerpos del Ejército y con la asistencia del ministro de la Guerra; conferencia que vino a ser el colofón a todas las inquietudes que ya durante dos largos años le preocupaban.

 or fin, los esfuerzos de tanto tiempo iban a tener una recompensa. En septiembre de 1919, el vizconde de Eza, ministro de la Guerra- influenciado aún por la campaña de oposición desarrollada- recibe al comandante y escucha todo lo que Millán Astray va refiriendo acerca de lo que pensaba.

 Tras esta conversación, que más que exposición doctrinal había sido un amistosa charla entre ministro y soldado, Millán Astray queda autorizado para hacer los estudio necesarios y organizar este cuerpo. Marcha Millán Astray a Argelia para, desde cerca, observar la organización de la Legión Extranjera francesa y, de esta forma, poner al día en España este Cuerpo que nacía y que había de ser alma de nuestro Ejército.

 Sin embargo, su idea de convivir con la Legión Extranjera francesa no estaba motivada por plagiar su organización sino que sus propósitos eran el estudiar psicológicamente al legionario desde el punto de vista racial: sus reacciones ante el premio y el castigo; el grado de relación entre los distintos escalones del mando, y, en general, todas las características necesarias para que él pudiera conducir con el mayor éxito posible esa masa desbordadora que habría de servirle para crear la Legión española, cuya primera denominación había de ser “Tercio Extranjero”.

 A partir de ese momento, la mayor preocupación consiste en seleccionar a los que habrían de ser los mandos del naciente cuerpo. Habían de ser hombres de conocido valor, que, al mismo tiempo conocieran de África sus problemas, sus guerras, sus hombres… Franco, el comandante Franco, era uno de ellos, y nada más le fue propuesto, Franco dijo sí. Ya tenía lugarteniente. Con estos augurios, con este nacimiento, la idea-Legión no podía tener más que una vida de victorias como, poco a poco, fue sucediendo.

 Una vida de victorias

 Referir en un reportaje periodístico una historia de la Legión es tarea ardua y difícil. Se podría, sí, citar gestas, nombres, condecoraciones. Sin embargo, es la vida subterránea de estos hombres, el lado humano, lo que da la verdadera dimensión a un reportaje.

 En la historia legionaria hoy suenan aún los nombres del “Blocao de la Muerte”, Casabona, Tizzia, Taquil-Manín, el Barranco del Infierno, Sidi-Hamed-el Hach… como los nombres que llevaban las batallas en que los legionarios iban afianzando el creciente prestigio. Un prestigio nacido en los campos de batalla, que estaba por entero ligado a la idea de la guerra, que para ella y por ella nacieron. Laureadas, Medallas Militares, glorias de todo tipo, muertes, enriquecen el baremo legionario, lo ensalzan y mitifican. Nuestra Cruzada supo de los legionarios, y la Legión sabe los muertos que en ella tuvo, los hombres legionarios fieles al ideal que los movía, lucharon por esta paz próspera y consecuente. Sobre ellos recae el peso de la realidad de hoy.

 CREDO LEGIONARIO

 •Espíritu legionario: Es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.

 •Espíritu de compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás un hombre en el campo hasta perecer todos.

 •Espíritu de amistad: De juramento entre cada dos hombres.

 •Espíritu de unión y socorro: A la voz de ¡A mí la Legión!, sea donde sea, acudirán todos, y con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio.

 •Espíritu de marcha: Jamás un legionario dirá que está cansado hasta caer reventado; será el Cuerpo más veloz y resistente.

 •Espíritu de sufrimiento y de dureza: No se quejará de fatiga ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño; hará todos los trabajos, cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que se le mande.

 •Espíritu de acudir a fuego: La Legión entera hasta el hombre solo acudirá siempre a donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.

 •Espíritu de disciplina: Cumplirá con su deber, obedecerá hasta morir.

 •Espíritu de combate: La Legión pedirá siempre, siempre, combatir sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años.

 •Espíritu de muerte:  El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

 •La bandera de la Legión: Será la más gloriosa porque la teñirá la sangre de sus legionarios.

 •Todos los hombres legionarios son bravos: Cada nación tiene fama de bravura; aquí es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente.

 50 aniversario

 Hemos querido en este trabajo recordar al hombre que fue el autor, el hombre que maduró la verdadera esencia legionaria y sobre el que recayó el peso de la historia de este Cuerpo de hombres rudos que supieron, por España dar su vida en la guerra y en la Paz,

 Hoy (1970), en Ceuta, en Melilla y en el Sáhara, los tercios legionarios españoles siguen su meta de vigilancia, siguen con el renovado tesón a prueba, y siguen manteniendo frescos los ideales de aquel hombre que supo dar a España lo que España necesitó.

 El recuerdo de la historia jalonada por incesantes pruebas de lealtad, de sacrificio, de muertos y de entrega, es fiel reflejo del idiosincrasia este pueblo, que ha sabido y debe mantener limpios los ideales que forjaron el Cuerpo, hoy, a cincuenta años vista, mantiene el espíritu intacto.

 Enrique ENTRENA


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Por qué no es posible la unión de las derechas

 Artículo de 1979

 POR QUÉ NO ES POSIBLE LA UNIÓN DE LAS DERECHAS

 Por Julián Gil de Sagredo

 El término “derechas” tiene un valor absoluto en el Evangelio de San Mateo 25,31 porque Cristo coloca a su derecha a los salvados y a su izquierda a los condenados. Sobre unos y otros recae una sentencia infalible, inapelable y eterna; por ello, los conceptos derecha e izquierda adquieren en la mente de Dios una valoración absoluta y definitiva.

 Por el contrario, en la mente de los hombres, dentro de los límites temporales en que se mueven y dentro de esa figura tan efímera y aleatoria que es la política, el concepto “derechas” es relativo y es además equivoco. Al no existir un criterio fijo y unívoco en la definición del concepto “derechas”, no es posible la unión en el pensamiento, y, como consecuencia, tampoco es posible la unión en la acción política derivada del pensamiento. Desarrollamos seguidamente estas ideas.

 La verdad tiene tres características que la hacen incompatible con el error: la claridad, la unicidad y la inmutabilidad.

 * La claridad en las ideas es un carácter específico de la verdad, porque al ser expresión fiel de la realidad, la reproducen con sus propios contornos, tal como es, concreta, delimitada, exacta, y, por tanto, diáfana. Por el contrario, cuando la idea no reproduce la realidad, sino que es una simple creación mental, al no mediar adecuación entre lo real y lo pensado, se produce un conocimiento difuso, vaporoso, abstracto, inconcreto, inexacto, y, como consecuencia de todo ello, oscuro. De ahí que los principios políticos que reflejan el orden natural fijan con claridad y seguridad las cuatro causas, eficiente, final, material y formal, sobre las cuales se asienta la política. “A sensu contrario”, los principios que se desvían de aquel orden natural se enredan en divagaciones sobre conceptos y términos de hechura puramente subjetiva, desvinculada de la realidad, y resultan consecuentemente teñidas de abstracción, de vaguedad, de oscuridad.

 Estos fenómeno es típico del liberalismo filosófico, que después trasciende al liberalismo político y a sus diversos sistemas. El concepto “libertad”, centro neurálgico del liberalismo filosófico, adquiere autonomía y sustantividad sin vinculación con la realidad. La libertad es tan ilimitada y soberana, que, desconociendo el orden real de las cosas, pretende modificarlo según los esquemas mentales que ella misma se fabrica: la libertad engendra la realidad; y como realidad y verdad ontológica es una misma cosa, la libertad engendra también a la verdad.

 Ahora bien, como la libertad es individual, habrá tantas verdades como individuos, habrá mi verdad, tu verdad, su verdad, pero no existirá una verdad objetiva, permanente e inalterable. Como consecuencia de esa proyección subjetivista y relativista, sobrevendrá el caos mental y la confusión doctrinal. Es el castigo inherente a la rebelión contra la palabra de Dios, Juan 8,32, “la verdad os hará libres”, es decir, la verdad engendra a la libertad. El liberalismo filosófico y posteriormente el político, al invertir las palabras de Dios, al negar a la verdad la paternidad de la libertad, la desvinculan de su norma objetiva y segura, quedando anegados en tinieblas mentales. No es extraño entonces que la libertad, que se rebela controla la verdad en el orden filosófico, se rebele seguidamente contra el bien en el orden moral y que, posteriormente, se rebele contra el derecho natural en el orden político. El resultado final, como antes decía, es la confusión ideológica.

 No hay un solo liberal, filósofo, jurista o político que tenga las ideas claras: no puede tenerlas. Al fundar la verdad en la libertad, se ciega voluntariamente. Fraga, por ejemplo, que, según dicen, es un almacén descomunal de conocimientos, sufre permanentemente de indigestión mental, porque, al estar impregnado del veneno sutil del liberalismo, queda incapacitado para conocer la verdad objetiva y, consecuentemente, para ordenar y jerarquizar los valores reales. Las mismas andanzas siguen los restantes jefes liberales, como Areilza, Osorio y otros. (El caso de Adolfo Suárez es distinto porque, al carecer de principios, no podemos clasificarle en ninguna categoría ideológica: tal vez su único principio es el “suarecismo”, al cual quedan subordinados todos los valores, por muy altos, significativos y trascendentes que sean).

 *La segunda característica de la verdad es la unicidad; a saber, la imposibilidad de que sobre un mismo punto y desde un mismo concepto existan dos o más verdades diferentes. Por el contrario, sobre dicho punto y concepto puede haber multiplicidad de errores. La verdad es una, el error es múltiple. En política existe un orden natural y unos principios que emanan por vía directa del mismo. La verdad única radica en ese orden y en esos principios. Todas las demás doctrinas, sistemas, ideologías, elucubraciones o constricciones mentales que se apartan de aquellos principios, de aquellas bases son falsos. Es falso, por ejemplo, el establecer en el pueblo el origen último del Poder y de la Justicia, como ha hecho la Constitución de 1978. Es falso el postulado que funda en la libertad humana la raíz del derecho. Es falso desorbitar fuera de sus límites la competencia del Estado. Es falso invertir los fines de la persona, de la sociedad y del Estado, etcétera. La verdad es única y de ahí deriva.

 *Su tercera característica, a saber, su inmutabilidad. La verdad es siempre la misma, no varía, porque si variara dejaría de ser verdad. La verdad es fija y permanente, porque si fuera aleatoria y permutable sería mentira. La verdad, consecuentemente, es por fuerza, intransigente y dogmática, pues si no lo fuera, si admitiera claudicaciones, revelaría su falsedad.

 Esas tres características de la verdad: la claridad, la unicidad y la inmutabilidad, que la hacen incompatible con el error, determinan también indirectamente que los errores sean compatibles entre sí, al tener como denominador común la oscuridad, la multiplicidad y la variabilidad. Por ello mismo forman, sin perjuicio de sus matices diferenciales, un frente compacto contra la verdad.

 Las últimas elecciones (1979), por ejemplo, han demostrado con elocuencia no sólo la compatibilidad entre las diversas líneas políticas erróneas, sino también su confabulación contra el único movimiento que hoy representa en España la verdad política. La batalla, contra lo que dicen las apariencias, no se ha librado entre “ucedismo” y socialismo, sino entre los dos únicos frentes antagónicos doctrinalmente entre sí, el frente liberal-marxista y el frente católico de Unión Nacional (*). El único enemigo de aquella coalición subterránea era y es Blas Piñar, porque los errores, compatibles entre sí, son incompatibles con la verdad.

 No es posible, en consecuencia, la formación contra el marxismo de un frente común de todas las derechas que algunos preconizan con tanta buena voluntad como escasez de lógica. No podemos eliminar los efectos cuando albergamos dentro de nosotros las causas que los originan. Las derechas liberales simpatizan con el marxismo como el padre simpatiza con el hijo que ha engendrado. No podemos luchar contra el hijo si tenemos en nuestras filas al padre que lo ha fabricado. Las derechas liberales, al anteponer la libertad a la verdad, son inconsecuentes por naturaleza: levantan, como decía Vázquez de Mella, “altares a los principios y cadalsos a sus consecuencias”. Es peligroso unirse con los inconsecuentes porque llevan dentro de sí mismos el germen de la traición.

 A la historia me remito. El vendaval revolucionario que se cierne sobre España (1979) soplaba ya hace años, desde las páginas de “ABC” y de “Ya”; no lo han desatado tanto las fuerzas marxistas del exterior cuanto las fuerzas liberales del interior. Y si el régimen de Franco, que nació nimbado por la sangre de los héroes y mártires de la Tradición española, se fue pudriendo en su misma entraña, la causa originaria hay que buscarla en aquella simiente liberal de estipe masónica que, desde el principio, fue impregnando y contaminando sus mismas  estructuras internas. De aquellas larvas liberales que carcomían ocultamente todos los tejidos del sistema político brotó la generación de perjuros y traidores que, tanto en la cúspide como en la base, dominan hoy la política española.

 ***

Al ser la verdad incompatible con el error, la acción política derivada de la verdad es igualmente incompatible con la acción política derivada del error. Como el término “derechas” envuelve un concepto equívoco que indiscriminadamente pretende acumular dentro de sí la verdad y el error, no es posible la pretendida unión ni en el campo doctrinal ni en el político.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979


lunes, 28 de septiembre de 2026

Jueces asesinados por la República marxista

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

 La piden ellos “los buenos”…

 Nadie ignora que, desde hace unos años (antes de 1970), se suceden una serie de huelgas políticas, disfrazadas con cualquier pretexto. La cantidad de hojas subversivas, insultos, crímenes, manifestaciones, ostentación pública de banderas comunistas, etcétera, forman parte del activismo del partido comunista y “compañeros afines” para atentar contra la paz de España. El nivel de vida es, en general, óptimo, como nunca se había alcanzado. Se comprende que los enemigos de los principios que hicieron posible nuestra cruzada hagan cuanto puedan para frenar o anular todo lo conseguido.

 A los que así proceden, es lógico que, al ser habidos, se les procese y condene por los Tribunales de Justicia conforme a la Ley.

 Que a tales condenados no se les premie con pastelitos es una cosa muy lógica. Lo que ya no es tan lógico es que los que quedan sueltos, los que todavía no han caído en manos de la Justicia, no den señales de “tener cabeza” dejando de subvertir el orden. Porque ocurre que después de una acción subversiva toman parte en otra y así “van tirando”. Es evidente que no hay arrepentimiento. Y cuando una persona se dedica a subvertir el orden de forma continuada, al ser castigada, es absurdo invocar el perdón, la amnistía. Cabe el perdón al arrepentido, pero no al que está dispuesto una y otra vez a delinquir.

De ahí que sobre la ofensiva lanzada por algunos señores en pro de la amnistía, deba obrarse sin precipitaciones. Y, en todo caso, no deben ser nunca los libertinos quienes señalen el día en que debe concederse. Entiendo que puede rebajarse una pena, concederse la libertad a determinadas personas, pero jamás por la presión que pueden ejercer algunas y mucho menos cuando alguna de ellas es totalmente desafecta al Movimiento Nacional.

 Me sorprendió un escrito del Colegio de Abogados de Barcelona. El Colegio ha tramitado una petición de amnistía. Todo muy correcto, muy modosito.

 Pregunto a los abogados que solicitan amnistía un día sí y otro también, aprovechando cualquier pretexto, si se acuerdan de don Salvador Alarcón Horcas, Magistrado del Tribunal Supremo de aquel régimen fenecido, vergonzosamente, el 18 de julio de 1936. Lo asesinaron unas hordas mal llamadas republicanas. ¿Qué abogados protestaron entonces? Eran los tiempos en que unos desalmados que se autotitulaban “Gobierno” habían nombrado fiscal al abogado Gregorio Peces Barba del Brío, del cual tampoco hay noticias de que protestara por el asesinato cometido en 128 funcionarios de la Administración de Justicia, llevado a cabo por las hordas democrático marxistas y entre los cuales figuraban nada menos que el Fiscal General de la República, 14 magistrados y 28 jueces de primera instancia.

 ¿Se acuerdan, señores abogados en petición de amnistía, de don Jesús Arias de Velasco, Presidente de Sala del Supremo, también asesinado? ¿Se acuerdan del nombre del Fiscal General de la República? Era don Marcelino Valentín Gamazo, un hombre honrado. Fue asesinado juntamente con tres de sus hijos casi niños. ¿Quién protestó? ¿Quién apremió una “investigación exhaustiva”? Nadie. Y ¡había abogados democráticos, entonces! Y hasta abogados ¡jóvenes! También los magistrados Mendivil, Aldecoa, Avilés Arizcun; los jueces Mosquera, Royo Vilanova, González Royano, etcétera, fueron asesinados en la mayor impunidad.

 También fueron asesinados centenares de abogados porque habían estampado su firma en unos pliegos, protestando por el asesinato de Calvo Sotelo. ¿Qué abogados liberales de la zona roja levantaron sus voces, no ya de amnistía, sino de ¡basta de asesinatos! ¡no seáis más bestias que las bestias! Pero no, aquellos abogados democráticos y enemigos de la violencia callaron. ¿Serían acaso democráticos aquellos crímenes? (…)

 Despacio, despacio. No tantas amnistías ni tantas facilidades de pago por parte de los rojos, de sus deudas con la Justicia. Mientras en la Universidad se manifiesten con banderas rojas y utilicen la violencia contra las personas y las cosas; mientras como hijos espurios insulten al Jefe del Estado, asalten comercios, asesinen policías y guardias civiles, lancen bombas incendiarias y explosivas, asalten bancos y comercios y… algunos diarios y agencias se callen el texto de algunas pancartas o el color de determinadas banderas –(¿con qué fin?- no hay razón alguna que justifique la concesión de una amnistía. Sería tanto como abrirles las puertas de la cárcel antes de cumplir la condena y animaría a otros a desafiar las leyes.

 Barcelona es una ciudad que escribe mucho, para bien y para mal. Son varias las peticiones de todo color que se han cursado en los últimos años. Es ciudad “alegre y confiada”: con la bandera de las cuatro barras ondeando en, por lo menos, cinco edificios, además de las doce que ondean en unos almacenes de la Plaza de Cataluña. No podía faltar, pues, la campañita de la amnistía.

 En este sentido, 16 hombres de Derecho (según dice el escrito), se dirigieron al Colegio de Abogados. Lo singular del escrito-petición firmado por aquellos señores es la repetición por cuatro veces de las palabras “guerra civil”. ¿Qué guerra civil? Ignoran acaso estos hombres de Derecho que la guerra de España (1936-39) fue una cruzada, como repetidamente dice el Caudillo y así la calificó Roma y nuestro Episcopado? ¡Ya es grave que, a estas alturas, califiquen a nuestra cruzada con la expresión que utilizan los vencidos…!

 Pero no tiene menor gravedad el hecho de que el primero de los dieciséis abogados afirmantes sea José Andreu Abelló, un hombre del foro, que fue masón, diputado en el “parlamento” catalán “por Esquerra Republicana de Catalunya” y, en tiempo rojo, “asesor” del primer Tribunal Popular, magistrado de la Audiencia y presidente de la Audiencia de Barcelona. Este abogado de Reus, exiliado en Francia, formó parte de la junta de la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles). Observen cómo los antecedentes públicos del señor Andreu son como para “erigirle un monumento” en vida.

 No puede extrañar a nadie, al contemplar la brillante hoja de servicio del señor Andreu, preguntarle ¿por qué cuando era nada menos que asesor del Tribunal Popular, con centenares de crímenes y magistrado de la Audiencia rojo-separatista de Barcelona no organizó una campaña en “defensa de los derechos humanos” que no inventó la ONU, pues figuran en el Decálogo? ¿Le daba miedo? Entonces a qué viene su petición actual (1970), que lleva más de 30 años de retraso? ¿Devolverá usted la vida a los españoles que fueron asesinados por la INJUSTICIA roja?

 Compañeros suyos, hombres de DERECHO, de la misma Audiencia, fueron asesinados sin que protestara ni uno solo de los abogados antifascistas que actuaban en ella: el abogado fiscal José Luis Prat, detenido en la misma Audiencia, el magistrado Olalde Satrústegui, presidente de la Sección Primera, asesinado juntamente con sus hermanos Enrique y Fernando, su primo Francisco y la doméstica Josefa Santa María; el fiscal Ezequiel Cuevas; los jueces de Primera Instancia, Antonio Bruyel, asesinado con su hijo y Fernández Cavada, éste, víctima de las palizas que le dieron en la cárcel: los hijos del Magistrado José Márquez Caballero, Carlos, Fernando y Wenceslao, al no encontrarse su padre en el domicilio, al momento de presentarse los republicanos “democráticos” al servicio del “orden ciudadano”… y etc. ¿Quién puede ver con buenos ojos la petición de amnistía de 16 abogados de Barcelona, cuyo primer firmante de señor Andreu?

 Yo protesto por esta petición tan fuera de lugar. ¿Amnistía para los que se manifiestan con banderas comunistas? ¿Amnistía para los que “bombardean a los periódicos que sienten y viven el 18 de Julio? ¿Amnistía para los que matan a policías y guardias civiles? ¿Amnistía para los que, en los sucesos de Granada, han destrozado los coches de la fuerza pública y causado 36 bajas a la Policía Armada? ¿Es que vamos a dejar en libertad a los que, con sus escritos, están escupiendo contra el honor de las Fuerzas de Orden Público? ¿Se puede tolerar que los rojos, masones y separatistas ataquen a nuestras fuerzas armadas por defenderse de la agresividad de los enemigos del Régimen? Quede esto para los países comunistas con sus diarios y emisoras de radio, pero dentro de España ¡intolerable!

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970