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lunes, 9 de marzo de 2026

La democracia es una fe

 Artículo de 1979

 LA FE EN LA DEMOCRACIA

 Los actuales “beatos” de la democracia en España -como los llamaba Salvador de Madariaga- son tan fanáticos, tan cerriles, que no se dan cuenta siquiera de que su adhesión a la democracia es irracional; de que no pueden encontrarle fundamentos racionales a su profesión democrática; de que su devoción por la democracia es no más que fruto de su fe, y de que, consiguientemente, ha de haber ciudadanos que no tengan fe en la democracia en general o en la democracia liberal o en la democracia socialista.

 Entre los varios autores que conozco afirmando que la democracia es una fe, hay dos que me parecen más claros y profundos: Jacques Maritain, “L’homme et l’Etat”, y Julien Benda, en “La Grande Epreuve des Démocraties”.

 Maritain observa que, después de haberse ensayado en la Edad Media el intento de basar el Estado en la unidad de la fe religiosa o teologal, en la Edad Moderna se ha intentado el esfuerzo de basar la vida de la comunidad civil sobre el fundamento de la pura razón, separado de la religión y del Evangelio. “Este esfuerzo ha suscitado inmensas esperanzas durante los dos últimos siglos, pero ha hecho quiebra rápidamente. La pura razón se ha mostrado aún más impotente que la fe para asegurar la unidad espiritual de la humanidad y el sueño de un credo “científico” que uniese a los hombres en la paz y en comunes convicciones sobre los fines y los principios fundamentales de la vida y de la sociedad humanas, se ha desvanecido en las catástrofes contemporáneas”. Contra esta convicción y contra este evidencia militan ahora el padre Martín Patino, en su última conferencia del Club Siglo XXI, y Enrique Miret Magdalena, en “El Imparcial”, los cuales, lo mismo que Azaña, consideran que la fe religiosa hay que relegarla al foro íntimo de la conciencia, sin darle trascendencia en la vida política ordinaria.

 Maritain, iluso a pesar de todo, como el padre Patino y Miret Magdalena, considera que la futura o presente comunidad civil sólo puede basarse en “un común credo humano, el credo de la libertad…” Pero el punto capital a notar aquí es que esta fe y esta inspiración, y esta noción de sí misma de que la democracia tiene necesidad -todo eso no pertenece al orden de la creencia religiosa y de la vida eterna, sino al orden temporal o secular de la vida terrena, de la cultura o de la civilización-. La fe en cuestión… es un conjunto de convicciones del espíritu y del corazón, una “fe” temporal o secular. A esa ideología vaga, proteica, cuyo fracaso denuncia ampliamente el profesor Jacques Ellul, en “Trahison de l’Occident”, es a lo que Maritain llama la “fe secular democrática”.

 A su vez, Julien Benda estima que “la democracia debe considerar ciertos valores como fuera de discusión, como artículos de fe: estos valores son precisamente los principios democráticos. Según algunos de sus adeptos, explica Benda, la democracia no debe aceptar nada que no esté basado en la razón; pero como este autor era consciente de que la razón es demoledora de todo, incluso de sí misma, pretende que la adopción de principios políticos, siendo una actitud moral, procede, en el fondo, de la fe, no de la razón.

 Naturalmente, ese mismo irracionalismo es el que late en la famosa genialidad de Churchill, según la cual se adopta la democracia parlamentaria no por otra razón, sino por ser el peor todos los regímenes de gobierno salvo todos los demás. A poco que razonemos y analicemos, caemos en la cuenta de que esa genialidad que muchos recitan por boca de ganso, vale igualmente para cualquier régimen: si exceptuamos a todos los regímenes, la democracia no es el mejor, es el único que nos queda y no lo podemos comparar, no lo estamos comparando con los demás: lo adoptamos, sin compararlo con los demás, por fe, irracionalmente.

 ¿Qué se desprende del hecho de que la democracia es una fe?

 A mi juicio se desprenden tres consecuencias, dos políticas y una político-moral.

 1ª Que la democracia será un éxito cuando la inmensa mayoría de los ciudadanos tengan la fe democrática, aun cuando las pequeñas minorías puedan, mediante el terrorismo, hacer inviable la democracia, instituyendo un poder paralelo y un Estado clandestino. Observa Pascal que los hombres funcionan civilmente mejor cuando hay unanimidad, aunque sea unanimidad en el error, que cuando hay pluralidad de opiniones o de fes.

 2ª Que la democracia será un fracaso como se imponga a muchos ciudadanos que carezcan de fe en la democracia. La verdad es que hay que tener mucha fe, muchas tragaderas y mucha ceguera para creer que la democracia produce la justicia, la libertad, la paz y el bienestar general.

 3ª Que en el régimen democrático es ilegítimo, es inmoral y debe ser ilegal cualquier conato de imponer la fe democrática a los ciudadanos por cualquier medio, e impedir que los ciudadanos con fe en otro régimen no democrático o democrático-orgánico hagan todo lo moralmente lícito para superar, rebasar y eliminar la democracia e instaurar un régimen más humano, más acorde con las profundas aspiraciones humanas, que depare más seguridad civil, más bienestar, más libertad, más progreso, menos paro obrero, menos parasitismo de los partidos y sindicatos etc.

 Eulogio RAMÍREZ


Revista FUERZA NUEVA, nº 628, 20-Ene-1979 

 

sábado, 7 de marzo de 2026

Isabel la Católica, con la cruz y con la espada

  

 ISABEL LA CATÓLICA, CON LA CRUZ Y CON LA ESPADA

 Santa Isabel de América y de España,

desde el trono o la silla del trotón

vas haciendo confín y corazón

tu mirada, tu fe, tu fuerza extraña.

Castilla es hija tuya, Tú, el cristal,

y ella, el vaso de Dios y de la gloria;

tú, surco, y ella, espiga; ella, la noria,

mas tu seno, el fecundo manantial.

Tú creas unidad. En tu esperanza

se derriten mojones y recelos,

la tierra sube, bajan más los cielos

y el arado se entiende con la lanza,

Castilla es tu virtud alta y sencilla,

que sabe de fogón, salterio y rueca;

por la gracia de Dios y de tu mueca

toda Castilla es tú y tú eres Castilla.

 

Santa Isabel de América y de España,

¿no es España el desborde de tu seno,

tu idea hecha virtud, el fruto pleno

de tu muerte que vida desentraña?

Desde el alto castillo de La Mota

la sueñas y la ves; y la Nación

eres tú o es tu inmenso corazón

tierra y mar, quilla y sol, viento y gaviota.

Una mujer poniéndole cintura,

ojos, cabeza, pies, a la imprecisa

corporeidad de Iberia: una sonrisa

transformada en frontera y singladura.

Unos ojos azules que en la mar

no terminan, comienzan; unos brazos

que buscan a la sangre otros regazos

donde hacerse ilusión, troje y altar.

 

Santa Isabel de América y de España,

las islas de Colón ya son en ti

precisión de justillo, frenesí

de amor materno con dolor de hazaña.

Tu aliento con las blancas carabelas,

tu Cruz con la alta cruz de los baupreses,

tus manos en la luz de los paveses,

tu sonrisa en la risa de las velas.

En cada paso del descubridor,

tu mirada de madre y fundadora;

tú, con el misionero; tú, una aurora

y un diluvio de amor para el amor.

El indio, para ti, perla en tu dedo,

fibra en tu corazón, beso en tu boca ;

y tú, para los indios, ansia loca

de hogar, de inmenso hogar con fe y sin miedo.

 

Santa Isabel de América y de España,

dándole al huso o dándole al salterio

haces del Nuevo Mundo un sacro Imperio

que en la luz de tu espíritu se baña.

Estás aquí y allí. Te multiplicas

grano en la espiga, lumbre en el cristal:

y lo que ordenas con vigor marcial

con ternura de madre santificas.

 

La Cruz disloca sus abiertos brazos

para amparar lo que la espada doma;

tú, con la espada y la Cruz, palma y paloma

con mensaje de rosas y de abrazos.

Un imperio de amor, cultura y fe;

tú lo consigues tan sencillamente,

que, sencilla, tú besas a él la frente,

y él, sencillo, te besa el regio pie.

 

Santa Isabel de América y de España,

la historia continúa en tus dedales,

sigues cosiendo historia, y hay cendales

de inspiración inédita en tu entraña.

El hilo de la historia está en tus manos

con temblores de pez recién prendido;

la historia es tu mirada y tu latido

proa y reja en los mares y en los llanos.

De espaldas a tu mística silueta,

la historia se derrumba en el misterio;

y en la luz de tu faz, doble hemisferio

dos golondrinas para tu veleta.

Qué presencia la tuya : la del fuego

sobre la mies madura; la presencia

que en el tiempo cabalga, y es conciencia,

silencio ahora y grito y llama luego.

 

Santa Isabel de América y de España,

no has muerto : la ternura de Castilla

cuenta tus pasos, besa tu mantilla

y en tus entrañas se hace más entraña.

No has muerto (nunca mueren las ideas).

Tu palabra granada y maternal,

si en los trigos es místico trigal,

en los mares es místicas mareas.

No has muerto. Y aún hilvanas unidad

con la luz verdigarza de tus ojos;

mares azules y volcanes rojos

se besan em tu nombre y tu verdad.

Obra inmortal la tuya : gema extraña

con fulgor de Evangelio y de poema.

No olvides ante Dios tu inmensa gema,

Santa Isabel de América y de España.


 MAXIMO GONZALEZ DEL VALLE, C. M. F.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967 

 


jueves, 5 de marzo de 2026

Pemán: de antiguo franquista a demócrata liberal

 Artículo de 1970

 PEMÁN, EL “ENROJECIDO”

 Escribo esta página con mucha pena, con un gran dolor. Siempre admiré, bajo muchos aspectos, a José María Pemán: como católico, como español, como orador, como escritor. He seguido sus escritos a través de los años y he leído luego sus Obras Completas. Pero ya hacía tiempo -bastantes años- que iba decreciendo mi admiración a Pemán como español. Algo me decía, al leer sus escritos, que Pemán, en ese aspecto, ya no era Pemán. Me daba la impresión de que se iba volviendo demasiado escéptico y frívolo en cosas de las que no se debe dudar y sobre las que no se puede frivolizar.

 Recientemente, he leído sus “Almuerzos con gente importante” y mi impresión anterior se ha convertido en plena convicción. Decididamente, Pemán se nos ha vuelto un escéptico y un frívolo en cosa tan importante como es la Patria. José Antonio dijo una vez que “ser español es ser una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”. En esa cosa tan seria ya no cree José María Pemán. Si habla de ella es solamente para derrochar ingenio y sal andaluza.

 A esta conclusión había yo llegado cuando en el “ABC” del domingo, día 7 de junio (1970), publicó su artículo “Qué gana España”. No queda duda posible: Pemán ya no es Pemán. Pemán, políticamente, españolamente, ha chaqueteado de una manera vergonzosa. Por eso escribo estas líneas con pena y dolor.

 Dejando de lado párrafos que merecerían, sin embargo, un sabroso comentario, me voy a limitar a reproducir una frase. Una sola, pero que da la clave de todo el artículo. Y por eso él, que sabe mucho del arte de escribir, la pone al final, como se colocan las moralejas en las fábulas.

 Después de decir que “además de la oposición política que se fabrica dentro del sistema -entiéndase, dentro del Movimiento Nacional- hay algo más que absorber” (entiéndase que hay que absorber por lo menos una cierta dosis del campo contrario al Movimiento Nacional), escribe: “En definitiva, eso de la “anti-España” pudo ser un tópico polémico, pero no puede ser una realidad antropológica, puesto que biológica y mentalmente nadie puede ser anti lo que es”.

 Queda demostrado: Pemán ya no es Pemán. Porque, hablando de España, dijo un día Pemán, allá a principios de la Cruzada, exactamente el 24 de julio de 1936, ante los micrófonos de Radio Jerez: “Yo os digo que esta guerra era necesaria, porque el marxismo, por lo que tiene en su raíz profunda de Antipatria, de extranjería, de invasión, no podía ser vencido más que en los campos de batalla. La guerra, con su luz de fusilería, nos ha abierto los ojos a todos: la idea de turno, o juego político, ha sido sustituida para siempre por la idea de exterminio y de expulsión, única válida frente a un enemigo que está haciendo en España un destrozo como jamás en la historia nos lo causó ninguna nación extranjera”.

 El 2 de mayo de 1937, ante los micrófonos de Radio Nacional de España en Salamanca, decía también Pemán a los españoles de la zona nacional: “Ayer, primero de mayo, fue fiesta en una parte, fiesta de la Antipatria y del marxismo; hoy, dos de mayo, es fiesta en la otra parte, fiesta de la Patria, del espíritu”.

 El 18 de marzo de ese mismo año y ante los mismos micrófonos, había dicho: “Esta guerra que peleamos es guerra de integración nacional. No es guerra de clases ni de partidos; no luchan izquierdas y derechas; no lucha una cara de España contra otra cara de España. Lucha España contra lo que no es España”.

 ¡Cuánto daría el Pemán de hoy porque no supiéramos lo que dijo el Pemán de ayer! Pero esas frases, que no se encuentran en sus actuales Obras Completas, se pueden leer en el libro “Arengas y crónicas de guerra”, que él publicó en Cádiz, en septiembre de 1937.

 ¿Y ahora resulta que aquello de la Antiespaña no fue más que un tópico polémico? Vamos, que fue mentira; que fue un cuento, útil para enardecer al bando nacional.

 Seamos buenos. Pensemos generosamente que esas frases pronunciadas ante los micrófonos, en plena guerra, le salieron del corazón enardecido, no del cerebro frío. Pero, terminada la guerra, escribió acerca de “La Victoria como definición” (y eso sí está publicado sus Obras Completas) lo siguiente: “Hay guerras civiles estériles para los pueblos, pero suele haber para todo pueblo “una” guerra civil que lo hace, lo construye, lo define: es cuando ese pueblo hadado, como si dijéramos, con el Anticuerpo que estorba a su constitución y lo elimina para siempre. Es hora ya de que veamos así nuestra Guerra de Liberación”.

 Yo pregunto: si España dio con su Anticuerpo y lo eliminó para siempre, ¿por qué dice ahora (1970) Pemán que hay que absorber parte de ese Anticuerpo?¿Por qué dice que eso de la Antiespaña no fue más que un tópico polémico?

 Durante la guerra, también Pemán escribió un artículo titulado “España a dos columnas”. En él leemos lo siguiente: “El duelo trágico y fundamental que en España se desata y se resuelve, está escrito sobre sus tierras a dos columnas, como sobre una página escolar. Luchan frente a frente todo lo primario, sano y espiritual frente a todo lo económico, materialista y racionalista. Pelean dos conceptos de la vida: el espiritualista, o cristiano, contra el materialista o marxista. Así está escrita, a dos columnas para mayor claridad y docencia, la pugna actual sobre la tierra de España”.

 Sería muy aleccionador escribir ahora un artículo que se podría titular “José María Pemán a dos columnas”. En una columna pondríamos lo que dijo y escribió en aquellos años de la guerra y de la posguerra. Y en la otra lo que viene escribiendo en estos últimos años. Serían como dos retratos del ilustre escritor: uno con la camisa azul de la Falange y otro, con la casaca liberal. ¡Qué cosas! ¡Vivir para ver!

 Si José María Pemán llegara a leer este pobre artículo de este pobre escritor (cosa que creo casi imposible) estoy seguro de que habría de “enrojecer” al llegar a este punto. ¿Estaría haciendo comedia cuando decía y escribía aquellas cosas?¿Las habrá traicionado, si es que las creía, cuando ahora dice que eso de la Antiespaña no era más que un tópico polémico?

 En cualquiera de los dos casos, le recuerdo lo que él mismo dijo, hablando los intelectuales de entonces, el 2 de mayo de 1937, ante los micrófonos de Salamanca:  “Nuestro peligro no está en el enemigo franco que venceremos en la jornada gloriosa; está en la propia dejadez olvidadiza que puede desvirtuar la victoria. Ahora el peligro no está en los rojos; sólo podría estar en los “enrojecidos”, es decir, en los que tiñeran a España de las propias ideas que estamos con tanta sangre ahuyentando y venciendo”.

 Señor Pemán: usted no fue nunca rojo. No lo es ahora tampoco. Pero ¿no será usted un “enrojecido”? ¿No estará tiñendo a España de las ideas que en 1939 vencimos con tanta sangre? Se lo pregunto con mucha pena. ¡Le he admirado tanto! Pero me ha sublevado eso de que lo de la Antiespaña no fue más que un “tópico polémico”. Esa es una de las ideas que solamente pueden hacer circular los “enrojecidos”, que no son españoles, según su artículo de “ABC” más que por biología y antropología.

 Marcos MONTERO


Revista FUERZA NUEVA, nº 181, 27-Jun-1970 

 

martes, 3 de marzo de 2026

El cardenal Tarancón “rectificaba” sobre el matrimonio católico

 Artículo de 1979

 Consejos vendo

 Me he quedado asombrado (*) al leer la quinta carta cristiana que sobre el matrimonio ha publicado monseñor Tarancón recientemente.

 En ella dice ni más o menos que lo siguiente: “La legislación civil sobre el matrimonio y la familia debe tener en cuenta las exigencias de la Ley Natural”.

 ¡Casi nada! Eso es, justamente, lo que debía haber dicho quince días (referéndum constitucional). En el momento preciso. Cuando los católicos se lo pedíamos con ansia. Cuando se tapó los oídos y, para acallar su conciencia, dijo eso tan absurdo de que “cada uno vote en conciencia, porque la Constitución no contiene nada vituperable que impida a los católicos aceptarla”.

 ¡Y ahora resulta que las normas sobre matrimonio y familia que contiene la Constitución no se apoyan en las exigencias de la Ley Natural!

 Cuando unos días antes unos dignísimos obispos dijeron: “Cuidado, que la Constitución no respeta los postulados de la Ley Natural”, la clerecía “progre” -algún obispo entre ellos- se llevó las manos a la cabeza y se alborotó con escándalo farisaico.

 Cuando, en vísperas del referéndum, monseñor Tarancón se prestó al sucio juego de TV pronunciando “La última palabra” en una absurda y pueril pretensión de desautorizar al cardenal primado (mons. Marcelo González), insistió en que los católicos podíamos aceptar tranquilamente la Constitución.

 Si, cuando pronunció “la última palabra”, nos hubiera advertido que algunos preceptos de la Constitución vulneraban la Ley Natural, los españoles no tendríamos que lamentar una legislación divorcista, una enseñanza laica, un matrimonio civil obligatorio y la cadena de abortos legalizados que, como maldición divina, va a caer sobre esta desdichada nación.

 Pretender ahora, cuando la cosa no tiene remedio, que los parlamentarios españoles, ateos, indiferentes o cristianos vergonzantes en su inmensa mayoría, observen las exigencias de la Ley Natural, es un sarcasmo impropio de un cardenal.

 El querer nadar entre dos aguas y el pretender servir a dos señores trae estas tristes consecuencias. Si a una fe débil, fruto de una falta de formación cristiana, de la que en buena parte hay que culpar a nuestros obispos, se añade este triste espectáculo de ver a la Iglesia oficial arrimada al Poder y haciéndole el juego (lo que tanto se vituperaba hace muy pocos años) no es de extrañar que los católicos españoles estemos sumidos en la confusión.

 Y, lo que es peor, sin pastores “que den a nuestro cristianismo una fuerza agresiva de testimonio”. Que es precisamente lo que pide monseñor Tarancón en su carta cristiana. ¡Consejos vendo…!

 Jaime CORTÉS

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 628, 20-Ene-1979


(*) NOTA NUESTRA: Nada de “asombroso”; simplemente Tarancón y sus obispos no quisieron ser un obstáculo para la Constitución laica que elaboraba la nueva clase política europeísta y progresista, que se les podría echar encima si alertaban a la masa católica; pero una vez  aprobada la Constitución de modo irreversible y pasado el mal trago, ya podían los obispos taranconianos predicar “libremente” la doctrina católica.

Todo muy bien calculado y nada “asombroso”. Parece ser que el articulista no cayó en la jugarreta episcopal y opinaba de buena fe.

domingo, 1 de marzo de 2026

Carlistas “separados” dialogaban (4)

 Artículo de 1967

 EL CARLISMO, SAL Y LUZ DE LA POLÍTICA

 Por ROBERTO G. BAYOD PALLARES

 SAL

 Carlistas, vosotros sois la sal de la tierra, mas si la sal se volviere sosa, ¿con que la salaremos?» (San Mateo, 5, 13)

 El carlismo no es lo que se describe en un librito muy ensalzado por el «El Pensamiento Navarro» (en su nueva y desastrosa época), sino que es la más pura esencia de la Tradición católico-hispánica. Es la sal con la que la vida española pudo recuperar su unidad y grandeza en el año histórico de 1936. Es la sal con la que adquirirá sabor esa unidad política y religiosa, y es la sal con la que España podrá continuar su destino en lo universal de influir espiritualmente sobre la Humanidad. El carlismo es el arca de la Tradición, es el tesoro de la única sal que puede condimentar una sana política nacional.

 Pero si el carlismo se vuelve soso, si pierde el sabor de la Tradición, ¿con qué lo salaremos? ¿Con qué lo haremos tradicionalista? «Para nada valdrá ya, sino para ser pisado por los hombres» (San Mateo, 5-13), ya que no será más que una ideología cualquiera, de esas que no buscan la unidad, sino la división y el partidismo.

 El ser causante, por acción o por omisión, de que el carlismo pierda su sal, es una traición al carlismo, porque es desnaturalizarlo. La verdad es que el carlismo jamás perderá la sal, a pesar de los esfuerzos de algunos, si bien sí que es posible que su saladura no sea eficaz.

 LUZ

 «Las lámparas no se encienden y se colocan debajo de un celemín, sino encima de un candelabro y alumbra a todos los queestán en la habitación. Que vuestra luz alumbre así delante de los hombres» (San Mateo, 5, 15, 16)

 También vosotros, carlistas, sois la luz de la política. Incluso los enemigos del carlismo se aprovechan de su luz, se apoyan en sus ideas y reconocen la profundidad de su religiosidad y patriotismo. Recordemos, por ejemplo, que el jefe político de la Monarquía saguntina, don Antonio Cánovas del Castillo, respondió a otro político que le proponía una fórmula para que no hubiera carlistas: -Pero, ¿usted cree que es conveniente que no haya carlismo?

 Cánovas no pertenecía a la luz, pero como no era ciego quería que su postura política recibiera los destellos e iluminación del carlismo.

 Para que el carlismo alumbre, lo tenemos que colocar en un lugar apropiado; como a la lámpara del Evangelio. ¿Cómo va a dar luz a los demás, si lo ocultamos? El gran Vázquez de Mella no gobernó jamás, pero fue la luz del Parlamento. Otros políticos tradicionalistas, antes y después de él, han actuado siguiendo idéntica táctica.

 El carlismo debe ocupar puestos relevantes en la Economía, en la Administración y en la Política. De lo contrario, será una bombilla apagada o escondida, a pesar de la energía que contiene. Hay un sector en el carlismo, constituido por los pseudocarlistas o neocarlistas, o al menos influenciados por ellos, que podemos denominar «anticolaboracionistas», que repudian ocupar puestos importantes en la política e impiden a los demás carlistas que escalen puestos desde los cuales puedan ser luz de los demás y ejemplo en su limpia actuación. Son los que, consciente o inconscientemente, obstruyen el paso para que el carlismo sea la luz de la España del futuro.

 Los que hacen perder la sal al carlismo son los mismos que quieren mantenerlo oculto para que sus focos no alumbren la política.

 El año 1965 tuvo lugar una peregrinación a Santiago de Compostela y en 1966, otra al Cerro de los Angeles, centro geográfico de España, el más céntrico candelabro, desde el cual pudo alumbrar y darse a ver. La ilusión de los peregrinos carlistas era la de que en 1967 se reprodujera la peregrinación al monumento al Sagrado Corazón, con la esperanza de que se multiplicarían los requetés asistentes. Pues bien, inútilmente han esperado la convocatoria definitiva y no se ha podido reproducir el maravilloso espectáculo de que las boinas rojas se vieran por las vías madrileñas. Los responsables no han tenido interés, al menos no lo han demostrado, y en sustitución han organizado un acto de peregrinación a Fátima, en el querido y admirado Portugal. El acto ha resultado grandioso, porque el pueblo carlista es siempre maravilloso- la lámpara se ha encendido y ha dado radiante luz, pero el lugar era en el extranjero y era como si estuviera debajo del celemín.

 ¿TRAICION?

 ¿Se ha traicionado al carlismo?

 Siendo sal, no sala, y siendo luz, no alumbra. ¿Qué pasa?

 Que algunos de sus dirigentes han perdido la sal y colocan al carlismo en lugar escondido, y cuando lo divulgan y lo exhiben lo hacen adulterándolo, esto es, traicionándolo.

 Este es el caso, pongamos por ejemplo, de los «estudiantes tradicionalistas», A. E. T. de Zaragoza, que con ocasión de los artificiales problemas universitarios han redactado y propagado un demagógico panfleto, redactado probablemente por sus dirigentes y colaboradores de «El Pensamiento Navarro», cuya lectura deja la impresión de que se trata de un documento marxista o más bien anarco-sindicalista. Es verdaderamente incendiario e impublicable. Son, precisamente, los amigos, admiradores de esa «camarilla», que en otro tiempo encabezaba Massó y hoy capitanea Zavala, Secretario General de la Comunión Tradicionalista. Tal es así, que el principal inspirador —si no autor— de ese triste documento es quien, la propia noche en que se hizo público el artículo del «affaire» Massó-Zavala, pidió públicamente represalias políticas contra Bayod Pallarés.

 «Guardaos de los falsos profetas, por sus frutos los conoceréis» (San Mateo, 7-15). Los frutos de estos falsos carlistas los conocemos por los panfletos marxistas que escriben y divulgan.

 Cuando desde estas columnas denunciamos los manejos y traiciones que recibe la doctrina carlista y la propia Comunión Tradicionalista, lo hacemos, tan sólo, QUE CONSTE, desde el punto de vista político, religioso o religioso-político; pero jamás queremos disminuir el prestigio personal de la vida privada, la que respetamos y creemos que es limpia, quizá muy superior a la nuestra.

 Lo que sí afirmamos es que su actuación política —NUNCA LA PRIVADA— es fatal para la Causa, porque han traicionado su ideología, porque intentan contactos con organizaciones ilegales de comunistas —Comisiones Obreras—.

 ¿Acaso nos podemos callar? ¿Es que no es más interesante la Causa y España que el prestigio político de una o más personas? ¿Qué nos puede pasar? Ya sabemos que recibiremos ingratitudes, persecuciones, expulsiones, etc., etc., pero los requetés que salieron en un 18 de julio a defender la España inmortal y la Religión sabían que se exponían a mucho más, a perder la vida, y, sin embargo, no se quedaron callados y sin acción, sino que pusieron su vida encima de un candelabro, por todos los valles y montañas de España, para reconquistar la luz y paz que se habían perdido.

 Esperamos que quienes tienen en sus manos la solución de estos graves problemas tomarán medidas para que de nuevo el carlismo pueda cumplir con su misión de ser sal, luz y paz entre todos los españoles de buena voluntad, como Cristo deseara a todos los hombres hace dos milenios y conmemoramos por estas fechas.

 También nosotros deseamos felicidades a todos los numerosos carlistas, algunos de mucho relieve político y militar, que nos han demostrado su solidaridad en nuestra reciente actuación. A los que no nos han podido escribir, también les felicitamos, y a unos y otros les deseamos que sean SAL, LUZ y PAZ en política.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967