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sábado, 24 de octubre de 2026

Visto bueno de la Iglesia a la Masonería

Artículo de 1968

 ¿QUÉ SE PROPONEN LA CONGREGACION DE LA DOCTRINA DE LA FE Y LA MASONERIA?

 … De momento, que los católicos quedemos a dos velas

   «Los jóvenes son felices —escribía Voltaire hacia la mitad de su siglo—, ellos verán grandes cosas...», palabras proféticas en cuanto a su última parte. Lo que dudo mucho es que aquellas cosas que vieron les hicieran tan felices como pensara el enciclopedista. Tomando la profecía por nuestra, tampoco creemos que a los jóvenes actuales, y a los que ya no lo somos, nos vayan a hacer más felices las que empezamos a ver o a entrever.

 Estamos en época de cambios, y de cambios profundos, que deberían meditarse mucho antes de llevarlos a la práctica, pues son irreversibles. Situaciones que han permanecido inmutables durante siglos de más reciedumbre que el actual, están siendo revisadas por no tener ya cabida en la época que vivimos. Todo está orientado al diálogo, la comprensión y la componenda, aunque el éxito no siempre acompañe a la empresa, como se está demostrando en Inglaterra, donde los bellos propósitos de que oren juntos los de diferentes religiones, han terminado a manos de la fuerza pública.

 Se nos lleva a dialogar con los que no quieren el diálogo, sino la sumisión; y se nos invita, en aras de la comprensión, a entregar las armas en vez de velarlas —oficio de caballeros—, olvidándose que, desde Galba al cura de La Solana, al que voluntariamente se desarma, le espera el degüello.

 Ahora se trata de dar término, con arte de alta confitería, al grave conflicto que desde 1738 enfrenta a la Iglesia y a la Masonería.

 Una noticia de prensa nos informa de que en los países bálticos, los masones que se conviertan al catolicismo, quedan autorizados para frecuentar su antigua logia. No deja de ser extraño que con la misma sencillez con que se decreta el principio de la doble nacionalidad, se pueda implantar el de la doble conciencia. ¿Cómo un hombre puede acumular dos conciencias y profesar dos religiones simultáneamente, la de la Iglesia y la de la contra-iglesia? Con esta autorización sospechamos que se ha dado realidad a lo que siempre fue la suprema antinomia: encender una vela a Dios y otra al diablo, olvidando que si de momento quedamos a dos velas, dentro de poco estaremos a una sola, pues apagarán la primera quedándonos con la de los «hijos de la luz», de la luz masónica.

 Ante tantas mutaciones como estamos presenciando, que han llegado a agotar nuestra capacidad de asombro, sospechamos que éste no es más que el primer paso, y que esta novedad, circunscrita hoy a los países fríos, se extenderá con el tiempo a otros más templados.

 En 1965 se editó en Francia un libro que no tiene desperdicio. Su autor Alec Mellor, hombre de las logias, lo titula «La Charte inconnue de la Franc-Maçonnerie chrétienne». Por él nos enteramos que hay una masonería cristiana, difícil de concebir si tenemos en cuenta que la logia es la antesala de la Sinagoga. Para que no falte la debida confusión, el libro ostenta el «Nihil obstat» del jesuíta padre André Bonnichon, y está prologado por otro sacerdote de la misma Orden, cuyo nombre nos es ya conocido: P. M. Riquet.

 Tanto el autor como su inefable prologante, especulan con la existencia, no de una Masonería, sino de varias obediencias masónicas; una irregular, «justamente condenada por la Iglesia y por las Logias», y otra regular que debe recibir toda suerte de bendiciones por su sincero cristianismo. A la primera, o nefanda, pertenece entre otras, el Gran Oriente de Francia, y la «cristiana» o regular es la Gran Logia Unida de Inglaterra, que se corresponde en Francia con la Gran Logia Nacional Francesa (Neuilly).

 Sirve de argumento al libro que, según dicen, hubo una masonería jacobita que era cristiana, pero a continuación nos aclara que Jacobo III, pretendiente católico al trono inglés, exiliado en Roma, después de haber usado el instrumento masónico, lo quiso aniquilar por medio de una condena papal, la de Clemente XII, e impidió a su hijo el príncipe Carlos-Eduardo que fuese masón, como declaró éste a su consejero áulico Waechter.

 Es probable, continúa, que desde 1738, Jacobo III, bien porque la destruyera o porque la remitió al Santo Oficio por mediación de su amigo el cardenal Corsini, había hecho desaparecer la documentación masónica. Por lo tanto, la única masonería que queda en Inglaterra es la hannoveriana, protestante y antivaticanista llamada la Gran Logia Unida de Inglaterra, madre de todas las masonerías del mundo, a excepción, según el autor, de la del RITO ESCOCES ANTIGUO Y ACEPTADO.

 Es casualidad que la autorización hecha a los masones escandinavos esté basada precisamente en que pertenecen a logias que están bajo la obediencia de la Gran Logia Unida de Inglaterra, así llamada desde que en 1813 se terminó la escisión de las dos Grandes Logias reconciliadas, y de la cual el señor Mellor nos da algunos datos.

 En 1962, la G.L.U.I. contaba con 6.996 logias, con unos 800.000 miembros. Su presupuesto es el más rico del mundo, su nivel económico no se puede comparar al de ninguna otra organización privada de Inglaterra. Cuenta entre sus adheridos a los miembros de la familia real, de la aristocracia, del episcopado anglicano, de la City y de las figuras más representativas de la política, de la diplomacia, de la marina y del ejército, del mundo intelectual y del de los grandes negocios. Sir Winston Churchill fue miembro de la logia «Stundholme» núm. 1.591.

 Anteriormente, el Rey Eduardo VII fue un gran maestre muy amado, y más cerca de nosotros, el Rey Jorge VI fue un masón de los más «practicantes» (1).

 En 1874 se produjo un acontecimiento en esta Gran Logia. El gran maestre en persona, lord Ripon, se convirtió al catolicismo, por cuyo motivo hubo de abandonar la masonería. El «Times» del 3 de septiembre de 1874 (pág. 3, col. 6) relata la lectura de la carta de dimisión del gran maestre, leída en la Gran Logia. El efecto producido paralizó a la asistencia hasta el punto de que durante un momento nadie pudo hablar. Ellos se afirman deístas, es decir, que aunque reconocen a Dios como autor de la Naturaleza, no admiten la revelación ni el culto externo.

 La Gran Logia de Inglaterra es la obediencia-piloto de toda la masonería regular. La jerarquía anglicana ejerce de hecho la capellanía de la Gran Logia. Uno de los últimos capellanes fue lord Fisher, no ha mucho arzobispo de Canterbury.

 El bloque de la Franc-Masonería regular de patente inglesa comprende igualmente a las tres masonerías escandinavas, objeto de la excepción, de las cuales, la sueca tiene por gran maestre al Rey Gustavo VI (2).

 No es aventurado suponer que si las pretensiones de Alec Mellor y el padre Riquet se han visto confirmadas en este punto antes de los tres años, dentro de poco tiempo igual suerte alcanzarán sus restantes deseos, que al decir del padre Riquet «transparentan el voto ecuménico de unir a los hombres, por encima de todo lo que los divide». ¿No será para unir a todos los hombres en la desgracia, padre Riquet?

 Asegura Mellor que no es dudoso que la comisión posconciliar, creada para revisar el Código actual de Derecho canónico, volverá a encontrar en su trabajo los cánones 2.335 y 2.336, que son, en la legislación actual (1968) de la Iglesia, los textos en vigor en relación con la Masonería. Ellos impiden a los fieles adherirse «a una secta masónica u otras que se entregan a maquinaciones contra la Iglesia o los poderes civiles legítimos».

 Subraya el autor que sustraer a esta masonería de la censura eclesiástica es bueno para el espíritu del Derecho canónico, como lo han sido las instrucciones del Santo Oficio relativas a la aplicación de la encíclica «Humanum genus», de León XIII.

 No creemos que tarde mucho en suprimirse los cánones 2.335 y 2.336 del Derecho canónico, pero buena complicación se les presentará a los católicos, tan legos en estas cuestiones, distinguir si determinados masones son regulares o irregulares. Particularmente a mí, los llamados regulares, me parecen de lo peorcito.

Pío Cardenal

 (1) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». págs. 71-72.

(2) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». pág. 113.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

jueves, 22 de octubre de 2026

El oro sacado por los rojos en el yate “Vita”

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

  (…) Conviene recordar que la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles) fue creación de un “socialista moderado, humanista” (¿?) que ya en España se había destacado con la creación del DEDIDE (Departamento Especial de Información del Estado), al que posteriormente se cambiaría su denominación por SIM. Este individuo se llamó Indalecio Prieto.

 Los fondos “fundacionales” de la JARE estaban constituidos por el tesoro del “Vita”, un barco en el que otro asesino llamado Negrín mandó cargar con los valores, joyas, divisas y oro y plata en barras, robados al pueblo español, como jefe de la banda de criminales que se constituyeron en “Gobierno”. El valor del tesoro era de unos TRES MIL MILLONES DE PESETAS ORO, del año 1939. El barco, que había zarpado del puerto de Barcelona unos días antes de la liberación de la ciudad (enero, 1939), enfiló rumbo al puerto mejicano de Veracruz. Enterado el capitán del “Vita” del final de la Cruzada, fue a visitar a Prieto, temeroso de que el tesoro consignado al mismísimo Negrín no cayese en poder del gobierno de Méjico, ante un problemático reconocimiento del gobierno del Generalísimo Franco.

 Prieto y Lázaro Cárdenas, presidente de aquel país, llegaron a un acuerdo: el tesoro pasaba a ser propiedad de Prieto, excepto una pequeña parte que se reservaría para Negrín. Prieto se comprometió a financiar la campaña electoral de Ávila Camacho, del mismo partido inamovible de Cárdenas. Se descargó el tesoro y, a la vez, no se le cobraron los aranceles que sobrepasaban los trescientos millones de pesos, todo en beneficio del pueblo (¡).

 Los fondos de la JARE se iban transfiriendo periódicamente a la banca suiza, para que un tal Riquelme, general derrotado, los distribuyese a sus compañeros: Vicente Carrillo los repartía a los mutilados y así iban viviendo del robo los exiliados en Francia, excombatientes del ejército rojo, en 19 campos de concentración, 4 de los cuales en Marruecos, para que sus esclavos trabajasen y gozasen de las delicias del desierto. Se desconoce, por el momento, a cuanto ascendía la mensualidad de José Andreu Abelló, de la Junta de la JARE, que se guardó muy bien de no vivir en un campo de concentración.

 Todos estos datos tan resumidos son válidos para que los mutilados del ejército rojo en España, que han venido reclamando no sé qué pesetas del gobierno del Generalísimo Franco, hagan los trámites necesarios y se dirijan a los miembros de aquella Junta de la JARE o a sus sucesores, a fin de que les ayuden, ya que fueron ellos los únicos responsables de todas las desgracias. No se olvide que además de las tres mil millones de pesetas ORO, valor 1939, hay muchos más miles de millones que los gerifaltes, asesinos de España, cuidaron de ingresar en numerosos bancos de Europa y América: crearon navieras, compañías exportadoras, etc., se comprendería que el producto de este enorme tesoro robado al pueblo español -que hoy (1970) continúa administrado por bandidos bajo la protección de Méjico- llegase a los exilados soldados rojos combatientes y mutilados. (…)

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

domingo, 18 de octubre de 2026

Crisis del ideario falangista en el tardofranquismo

 Artículo de 1968

«FALANGE, HOY», A CARGO DE ROBERTO REYES

  EN EL CIRCULO DOCTRINAL "JOSE ANTONIO", DE BARCELONA

 El Circulo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, agrupa a una nutrida selección de falangistas de la primera hora, así como también a buen número de catalanes compenetrados con el sentir en catalán a la eterna metafísica española, manera joseantoniana de sentir la Tradición con soluciones acordes con las exigencias de cada momento. 

 La ortodoxia católica de sus componentes, la integridad doctrinal de todas sus actitudes, (en esta hora en que Barcelona vive el más inconcebible activismo progresista encubridor de un incalificable contubernio marxista-liberal-separatista) consecuentes con la auténtica proyección doctrinal que en todos los órdenes impulsara José Antonio en una manera de pensar y de ser, mantiene en el Círculo Doctrinal «José Antonio» la llama de la fidelidad inextinguible.

 Mi admiración carlista es el tributo obligado hacia quienes siguen manteniéndose fíeles en la trayectoria política iniciada en 1933 con la plena adhesión del carlismo combativo de aquella época, tal como la testificó Víctor Pradera en su artículo «¿Bandera que se alza?», adhiriéndose plenamente a la doctrina expuesta por José Antonio en el mitin fundacional de la Falange en el teatro de la Comedia.

 Es oportuno recordar todo esto precisamente en estos momentos (1968) en que ex ministros, antiguos importantes cargos, clérigos, institutos religiosos que traicionan el espíritu de su fundador, adoptan actitudes negativas —como lo es el defender desde el púlpito el derecho de huelga, etc.— con perfiles grotescos que les imposibilitan para toda actuación que precise de un espíritu de convocatoria y que provocan náuseas por sus espectaculares autocríticas de su pasado no tan lejano para que sus actuaciones —de las que dicen desligarse— no estén en la memoria de todos. 

 El retorno de tales personas a las decadentes doctrinas decimonónicas, que fueran causa de que España tuviera que ser salvada de su desintegración en una gesta gloriosa a la que la Iglesia reconoció su carácter de Cruzada, contrastan extraordinariamente con esta fidelidad falangista —enemiga del inmovilismo estéril— que se mantiene en el Círculo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, frente a la subversión o al chaqueteo, y a la traición de un obispo Opas o de un Fernando VII, de los intelectuales que presentan como nuevas a las doctrinas trasnochadas cuya inoperancia es origen y causa de la subversión marxista o de los más refinados traidores que ahora se presentan como «evolucionistas».

 Los carlistas somos quienes tenemos más motivos para admirar la fidelidad de las actitudes que se mantienen fieles a la eterna metafísica española, magníficamente expuesta por José Antonio como fundamento doctrinal de la Falange, porque sabemos de más de cien años de sacrificios, luchas e intransigencias doctrinales y del enfrentamiento integrista contra el liberalismo y la masonería infiltradas en las filas de la Iglesia. Y no puede menos que congratularnos que la proyección social falangista sea la solución de los problemas que España tiene pendientes de solución, que son muchísimos menos que los que estaban por solucionar en abril de 1939. Son la prueba más elocuente y positiva de que el ideario y estilo actualizado por José Antonio no han hecho estéril más de cien años de fidelidad y sacrificio.

 Este admirado y magnífico Círculo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, ha organizado un ciclo de conferencias para el año 1968, la primera de las cuales ha tenido lugar el día 10 de febrero en la sala del Fomento de Trabajo Nacional con la disertación del tema «Falange, hoy», a cargo de Roberto Reyes Morales, hacia el cual todos los elogios que le puedan ser tributados son pocos. La presencia de Roberto Reyes —que resultó magnífica— estuvo a cargo de Luis de Caralt.

 El conferenciante inició su disertación exponiendo su preocupación por ciertos aspectos de la vida española —que están muy lejos del pesimismo y del desaliento, incompatible con la autenticidad de la camisa azul y del yugo y las flechas y todo cuanto ello representa— por cosas y casos que están aconteciendo a todo lo largo y ancho de España. 

 Seguidamente analizó con concienzudo acierto los graves problemas que se le han planteado a la Universidad española, que no nacen de una auténtica rebeldía justa, respetable y legítima, sino de un sucio y subversivo juego político que debe ser atajado porque es movido por impulsos reaccionarios unos y marxistas los otros, perfectamente sincronizados, que buscan el desprestigio de la Universidad del Estado y la consecución de la subversión marxista. Puso de relieve el hecho de que ha sido y vuelve a ser la Universidad el campo experimental donde, con impunidad, puede atacarse cualquier régimen, salvo él comunista —claro es, dijo— como lo estamos viendo, porque al mismo tiempo que en Madrid y Barcelona se agitan las Universidades de la Alemania Federal, de Japón, de Hispanoamérica, de Argelia, de Bélgica, respondiendo a una sincronización táctica perfecta.

 Recordó el concepto de Patria como un ambicioso quehacer de destinos comunes, de rectificaciones de injusticias históricas dentro y fuera de sus fronteras, como empieza a demostrarlo España en Gibraltar con el consenso mundial en su favor. Puso en guardia contra el paro que nuestro Estado, por social y por católico, no puede consentir ni que se inicie.

 Afirmó que se ha hecho demasiado caso a quienes olvidan que la poesía política ha muerto, lo cual ha motivado que en España se haya pasado, en muy poco tiempo, de un acendrado idealismo, de un sentido de servicio, solidaridad y amor inspirado en el pensamiento, en la vida y en la muerte de José Antonio, a una filosofía cuya única meta es «vivir mejor». Ello motiva que el saber no sea un medio, sino un fin; que se diga con Nietzsche que «Dios ha muerto», o como afirmó un cura belga en el Fórum Vergés —el abbé Louis Evely—, había que rectificar hasta el Padrenuestro, y claro..., ¿para qué pensar en El?

 La tecnocracia sustituye a la esperanza por la ambición, aparta la confianza hacia toda fe y se intenta eliminar toda religión, convirtiendo al poder técnico en soberano y que el dinero sea medida de inteligencia y categoría social. Ello choca con un notable sector de la juventud, pues la juventud es lo contrario de lo prosaico y materialista, y por temperamento busca en todo autenticidad y claridad, en unos tiempos que no se caracterizan por la claridad sino por la confusión, que resulta ser total, ya que no ha escapado de ella ni la propia Iglesia con dos mil años de existencia. (…)

 También hizo mención del hecho de que el mundo y especialmente el occidental, y España con él, está enfermo, minado por ese nuevo y brutal materialismo a que antes se refirió, más acusadamente en los países que entran como el nuestro en la fase del desarrollo. Señala cómo hoy han aparecido en España delitos repugnantes que hace diez años no los concebíamos siquiera, y que se adoptan actitudes ante desgracias del prójimo que resultan inexplicables en el pueblo español, que parece comenzar a perder su cordialidad tradicional, particularmente en las grandes ciudades en cuyas calles se ve a la gente con el mismo gesto adusto de abstracción y preocupación. (…)

 Se refirió, con conceptos muy claros, a la confusión y a la inquietud con la que se intenta asaltar la fe católica de los españoles al revuelo de sedicentes personales interpretaciones conciliares. Hizo mención de los rebrotes de separatismo a que asistimos, demostrando su carácter trasnochado, desembocando en convertirnos en cipayos de cualquier «grande», pues si bien es cierto que la Humanidad ha prosperado en ciencia, no ha prosperado en conciencia.

 Expuso magistralmente el hecho de que no cabe hablar de una «standarización» política universal, mera utopía, como Franco explicó en las Cortes, pues el camino de la verdadera libertad es barrer la miseria y la ignorancia, y en esto, España parece haberse puesto en camino, aunque lenta y difícilmente, como tenía que ser porque maestra del mundo en muchas cosas, dadora de una civilización a un continente, cuando perdió su originalidad sólo cosechó desastres, y verdadero milagro ha sido el que los haya podido superar en sus aspectos más graves.

 La sala repleta de falangistas, aplaudió las últimas frases del conferenciante, siendo finalmente cantado por todos el «Cara al Sol». El acto constituyó una demostración de que al servicio de España y sirviéndose a los ideales del 18 de julio de 1936, permanece intacto en Barcelona el espíritu de convocatoria.

 A. R.


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

viernes, 16 de octubre de 2026

El perjurio institucionalizado

 Artículo de 1977

 LA RAZÓN DE UN SUICIDIO

¿Cómo destruir en unos meses la obra de cuarenta años?”

 Estas meditaciones fueron escritas sin ninguna influencia, sólo para explicar lo que estaba sucediendo; ni perspectiva de tiempo o espacio, siendo publicados antes incluso de la legalización del Partido Comunista (Abril. 1977), de modo que es indiscutible el mérito de JEHAN BOUYAL y los medios de información que, en principios de 1977, le permitieron escribir “¿Cómo destruir en unos meses la obra de cuarenta años?”. “El perjurio institucionalizado”.

 “Desde el 24 de noviembre de 1975 España vive en la hora del perjurio.

 El perjurio institucionalizado es la destrucción metódica y científica de todas las estructuras políticas, económicas y sociales del Estado del 18 de Julio, el restablecimiento del multipartidismo con 150 o 200 partidos, cuyo número exacto se ignora, del régimen parlamentario y el plurisindicalismo, con el reconocimiento de un momento a otro, de Partido Comunista, mientras las Cortes no tienen más que tres o cuatro meses de supervivencia, y el Movimiento, con toda su estructura, está condenado a muerte en tanto que la supresión del Tribunal de Orden Público no es más que el preludio del de la DGS y las Brigadas Sociales, etcétera.

 Y en cuanto al separatismo, ha logrado ya en un año un estatus equivalente al que tuvo durante la República.

 El perjurio institucionalizado significa, por tanto, la traición a los ideales del 18 de Julio y a su victoria, que son la única legitimad de la Monarquía instaurada, por las que murieron cientos de miles de españoles, héroes y mártires de una Cruzada que, actualmente, se pretende presentar como una guerra civil igual que otras.

 Aniquilar a España

 El sacrificio de sus mártires es ahora ridiculizado y su memoria ofendida diariamente en toda España, por medio de la prensa, la radio la televisión del Gobierno Suárez.

 Actualmente (1977), es peligroso pasear por las calles de Madrid exhibiendo una estrella de alférez, aunque los asesinos del Ejército rojo (llamado republicano) pueden alardear de su vuelta del exilio. Los supervivientes de los “paseos” y las checas son parias importunos, pero los asesinos de ese Ejército rojo (llamado republicano) se benefician desde ahora con las pensiones que permitirán a sus hijos -objetores de conciencia- seguir los cursos de marxismo impartidos desde las Facultades de la Monarquía.

 Y en tanto que los periódicos y revistas compiten en la escalada de una abyección que deslumbraría a Olof Palme, la revista FUERZA NUEVA puede ser censurada en aplicación de la consigna en vigor por toda Europa: “El peligro está en la derecha”.

 El nuevo sistema se impone desde el extranjero

 La España verdadera -la España española- murió el 24 de noviembre de 1975 por la mañana, cuando en Cuelgamuros unos obreros sellaron ante mí la fosa a que cubre la tumba del Caudillo.

 Aquella mañana los cuervos carroñeros reemprenden su vuelo, pero días más tarde regresan a Madrid para asistir a la llamada misa del Espíritu Santo (aunque muy probablemente no fuera el Santo Espíritu el único en acudir), ceremonia con la que se daba comienzo al reinado.

 Cuando se contempla, un año más tarde, la foto de familia tomada entonces, se comprenden muchas cosas (hay fotos históricas más elocuentes que todos los comentarios, como ocurre también con la foto de familia de Yalta) Allí están todos rodeando al rey como a un rehén. Todos parecen resplandecientes (y tenían verdaderas razones para estarlo). Era otra vez como el regreso de los “nuevos afrancesados”, según Blas Piñar.

 Difícilmente pueden imaginarse todas las presiones que se ejercían sobre España desde hacía quince meses: Estados Unidos, obligados sin embargo a contenerse ante la susceptibilidad española si querían seguir disponiendo de sus bases; el Vaticano, que saludaba “con simpatía” el cambio de situación, pero sin olvidar la impopularidad creciente del sacerdotado rojo de España, que últimamente procedía a sus anchas; Francia, experta en liberalismo avanzado; Portugal, de proa a la anarquía; Italia, al borde de la bancarrota y de la guerra civil, pero cuidando todavía de dar lecciones; Gran Bretaña, olvidando Gibraltar; y Escandinavia, ese gran cubo de basura de Europa; la Masonería, ya denunciada por el Caudillo en su lecho de muerte y que regresa, reforzada por el capitalismo internacional; el judaísmo, en una palabra, que resurge en España igual que por doquier, lo que no le impide la leyenda de los seis millones para pasar su factura por ella.

 Así se explica la farsa de Estrasburgo

 El 6 de diciembre de 1976 es una fecha que pasa inadvertida en la que se buscaría en vano un simple comentario en cualquier diario europeo, señalando el acontecimiento. Y, sin embargo, ese día se producía un acontecimiento muy importante: la clausura del Congreso Mundial Judío celebrado en Madrid por una elección que no cabe suponer casual.

 Las Internacionales del capitalismo y el marxismo han recuperado en España el campo de batalla que desde el 18 de julio de 1936 les había estado vedado.

 Para acabar de comprobar cómo el actual sistema está impuesto a España desde el extranjero, basta volver brevemente la mirada hacia atrás. ¿Qué se decía en Estocolmo año y medio antes? ¿Qué se reclamaba en La Haya? ¿Qué se aconsejaba en París? ¿Qué se exigía en el Congreso de Europa? Las mismas fórmulas, los mismos términos, idénticos patrones. Y si alguna vez resurgía un chispazo de la dignidad española, inmediatamente los sumos sacerdotes de la democracia universal fruncían las cejas y llamaban al orden.

 Pero como, a pesar de todo, la confianza concedida a los nuevos dueños de España era muy limitada, resultaba preferible regresar para comprobar si las consignas habían sido cumplidas correctamente. Apenas dejaban Madrid los socialistas Brandt, Mitterrand, Palme y Nenni, les sucedían los demócratas cristianos, peores que todos, con Tindemans a la cabeza y Lecanuet, para un acontecimiento apoteósico que acababa de anunciarse: la Conferencia Eurocomunista (marzo, 1977) con Marchais y Berlinguer, pues aunque Francia, Italia y Portugal poseían los tres partidos comunistas más poderosos de Europa Occidental, la elección de la capital de España para celebrar aquel encuentro no era tampoco una simple casualidad.

 ¡Nosotros, en la luna!

 No hay que pensar que los nuevos dirigentes españoles no estén fuertemente vinculados con el “bochornoso” pasado, como se ha pretendido, pues todos los ministros “proceden” de la dictadura y algunos incluso, como Adolfo Suárez, desempeñaron importantes funciones dentro del franquismo, pero los renegados creyeron siempre que bastaría con su hazaña para hacer olvidar sus orígenes.

 Como todos tienen compromisos que cumplir y calendarios que respetar -pues a la menor vacilación serían llamados al orden bien en París o en Estocolmo- nada les detiene en su decisión de hacer almoneda del Estado del 18 de Julio. La fuerza de las presiones exteriores o las internas, por medio de algaradas y atentados, harán posible la amnistía, los partidos políticos, los objetores de conciencia y que hasta la “ikurriña”, bandera de los asesinos de ETA, sea reconocida oficialmente”.

  

Revista FUERZA NUEVA, nº 638, 31-Mar-1979


miércoles, 14 de octubre de 2026

Vascongadas bajo dominio rojo-separatista (1936-37)


 “LAS VASCONGADAS BAJO EL DOMINIO ROJO-SEPARATISTA“

 El nacionalismo vasco al desnudo

 Hay como un complot, muy generalizado, para que lo ocurrido en nuestra guerra de Liberación se olvide. Los motivos son claros: Una vez que se consiga, bajo el espejuelo de que el recuerdo constante de nuestra guerra separa a los españoles, el olvido, las nuevas generaciones sobre todo se formarán ajenas a cuanto supuso el Movimiento Nacional, a sus motivaciones y su limpia ejecutoria. Después, el paso siguiente es más fácil. Tergiversar los hechos, cuando se ha olvidado la realidad, apenas cuesta ni ningún esfuerzo.

 Precisamente, uno de los capítulos más tergiversados por los interesados en el olvido a ultranza de nuestra contienda, es todo lo ocurrido a las Vascongadas desde la iniciación del Alzamiento hasta la conquista, por el Ejército Nacional, de esta región. En paciente y constante labor se pretende hacer creer que la dominación rojo- separatista en las Vascongadas tuvo un matiz especial; que allí, por el claro catolicismo de los habitantes, no hubo persecución religiosa, que allí no existieron desmanes, fusilamientos, torturas, robos y saqueos, incendios, devastaciones. Pero fue allí, precisamente, donde la política de “tierra calcinada”, ante el avance del Ejército Nacional, se llevó con más saña.

 Traemos hoy a nuestras páginas un extracto de lo ocurrido. Lo hemos obtenido del libro “Informe sobre la situación de las Provincias Vascongadas bajo el dominio rojo-separatista” (1938) publicado por la Universidad de Valladolid y realizado por la Comisión nombrada por su Junta de Gobierno con este fin. Lo firman personas tan poco sospechosas de parcialidad como el Decano y los profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad citada.

 Un aleccionador libro que -simple coincidencia- ha desaparecido (1970) de las Bibliotecas de muchos centros oficiales donde antes estaba.

 Por razones de espacio nos vemos obligados a publicar un extracto del mismo en dos entregas sucesivas, que recogen los datos más interesantes sobre el tema. Veamos qué dice:

 La primera conclusión la que se llega, apenas se recorren unos cuantos pueblos del territorio vasco, es la de reconocer que el problema de esta región tiene caracteres peculiares específicos, que obligan a analizarlo aparte y separarlo de las demás regiones de la zona roja: este carácter distintivo de la zona vasca es debido a la presencia de lo que ellos llaman nacionalismo y que debe llamarse, lisa y llanamente, separatismo.

 El separatismo vasco, que es una de las más monstruosas aberraciones del espíritu humano, ha hecho posible el odio a España en gente nacida en territorio español, ha unido al sedicente católico con el sin-Dios, ha hecho posible la existencia de una parte inconsciente del clero regular y secular que asistía impasible a la profanación de las iglesias y ha permitido una desatada y especial propaganda que quería presentar al país vasco-separatista, ante el extranjero, como un oasis de tranquilidad, respeto ideológico y normalidad civil, frente a los desmanes anárquicos de las demás repúblicas rojas.

 La riqueza del País Vasco, sus relaciones comerciales de índole internacional, favorecían la extensión de esta propaganda; y todas las apariencias de normalidad que, inútilmente, querían buscarse en el resto de la España roja, se afirmaban como existentes en Vasconia y se pretendía, con ello, convencer al mundo de que  Vasconia era el único rincón donde había un Gobierno, se celebraba el culto normalmente y se vivía en un ambiente de legalidad. Este era el carácter específico del problema vasco, esto es lo que obliga a separarlo de todos los demás: la gran mentira euzkadiana que se desenmascara con la presente información, en la que resalta claramente la criminal falsedad de cuanto afirmaba la propaganda vasca.

 Su punto neurálgico, la normalidad religiosa, es plena y absolutamente falso. En la provincia de Vizcaya, sede del separatismo, han sido profanadas el 90 por ciento de las iglesias, ermitas y conventos; ha sido regla general, como puede deducirse de la lectura de las actas, el establecer en ellas cuarteles, parques de intendencia, depósitos de municiones, refugios para los huidos, etc. Como consecuencia natural, quedaba suprimido el culto, habiendo lugares en los que esta supresión ha durado todo el tiempo de la dominación roja, y como los ocupantes de los lugares sagrados, que unas veces eran separatistas y otras comunistas, socialistas o anarquistas, no tenían ningún respeto a los objetos religiosos, han dejado en los lugares ocupados la más patentes huellas de su salvajismo y arreligiosidad. Ha sido frecuente la destrucción, mutilación o quema de imágenes, el fusilamiento de las mismas o de cuadros religiosos, la destrucción de altares, violación de sagrarios, rotura de órganos y destrozo de mobiliario. No contentos con esto, se ha hecho burla sacrílega de actos y ceremonias de la religión católica, revistiéndose con ornamentos sagrados, profanando vasos sagrados, celebrando parodias de procesiones y matrimonios, conviviendo milicianos y milicianas en el interior de los templos y convirtiéndolos, más de una ocasión, en salones de baile y prostíbulos, en los que todo desmán era permitido.

 Cuando el avance victorioso de nuestros soldados les obligaba a retirarse, dejaban los lugares santos, en el mejor de los casos, convertidos en estercoleros, llenos de inmundicia y destrozos, pero si tenían tiempo –y, desgraciadamente, lo tuvieron en muchas ocasiones- incendiaban el templo o convento que habían ocupado, sin pensar en el valor material o artístico, a veces único, de los objetos que, con aquel incendio, se destruían. Elocuentes son las fotografías recogidas, pero quizás entre todas ellas sean las que más impresionen aquellas de monumentos bárbaramente destruidos por la dinamita, que convertía instantáneamente la casa de Dios en un montón de ruinas.

 Pero no era sólo la destrucción material, sino que a ella ha ido paralela a la persecución personal. Unos 50 sacerdotes han perecido asesinados en el feudo del que se calificaba “católico gobierno de Vizcaya”, centenares de párrocos y coadjutores han tenido que buscar en la fuga la seguridad de sus vidas; la totalidad del clero, salvo una insignificante minoría y ésta por sus ideas separatistas, ha tenido que abandonar las ropas talares por el peligro que su uso representaba; no se tocaban campanas ni se celebraban entierros católicos, ni se administraban, públicamente, los sacramentos; en los pueblos donde se pudo celebrar culto alguna temporada era éste restringido, anormal, sin predicaciones, reducido a escasas misas de primera hora y con asistencia de los pocos fieles que se atrevían a desafiar las burlas o amenazas de los milicianos dominadores.

 Y en Bilbao, en la propia capital que, fácilmente, podía recorrer el fugaz presidente de la diminuta república vasca, fue incendiada la iglesia de las Concepcionistas, ocupados y profanados todos los conventos, asesinados gran número de sacerdotes, mientras otros se hallaban en las cárceles por el solo delito de serlo. Cierto que había culto en las iglesias, pero esta era la gran farsa de la apariencia ante el extranjero, culto limitado en la mayoría de ellas, si se exceptúa alguna como la de los Santos Juanes, con su clero separatista; sacerdotes de seglar, sacramentos en secreto, silencio en las campanas, supresión de sermones, huida de sacerdotes, amenazas a los fieles, espionaje en las iglesias hábilmente disfrazado de guardia protectora: esta era la vida religiosa de la capital. En la misma basílica de Begoña, tan identificada con el sentimiento religioso del pueblo bilbaíno, se robaron joyas, se destrozaron vasos y ornamentos, se profanó el templo y se destrozaron y pisotearon dos copones llenos de Sagradas Formas. Esta era la “normalidad” religiosa que se disfrutaba en los dominios del llamado Gobierno de Vizcaya.

 También se intentó paralizar totalmente la riqueza industrial de la región mediante el desmonte y traslado de la maquinaria y el incendio de fábricas y talleres, pero, afortunadamente, el avance de nuestro invencible Ejército fue más rápido que la retirada separatista y buena parte de esa maquinaria ha sido recuperada en Bilbao. Lo que no puede recuperarse jamás es la riqueza de aquellos pueblos como Irún, Eibar, Munguía, Amorebieta y otros, que fueron víctimas escogidas de la barbarie rojo-separatista y perecieron destruidos con el metódico empleo de la gasolina y la dinamita y con el evidente propósito de que, al ser perdidos por “Euzkadi” no fuesen recogidos por España. También nuestro propio avance pudo evitar que se repitiesen tales destrozos colectivos en otros lugares como Ermua, Deusto y el mismo Bilbao, donde estaban preparadas las cargas que habían de hacerlos saltar y se conservan aún las huellas de tan siniestros propósitos.

 Metódica ha sido también la destrucción de las vías de comunicación: centenares de puentes volados, algunos tan valiosos como los de la capital vizcaína, cuya voladura ni siquiera se disimuló con una necesidad táctica de resistencia. Metódico el saqueo de las casas particulares, en el que tomaron buena parte los elementos separatistas. Metódico el pillaje de los bancos, con fractura de las cajas fuertes que constituían lo más valioso del cargamento que llevaban hacia el extranjero los barcos separatistas. Metódicas las matanzas en los barcos y cárceles, hechas con anuncio previo y sin la menor sombra de resistencia por parte de la autoridad: Ondarreta, Guadalupe, Angeles Custodios, Larrinaga, Galera, Cabo Quilates, son nombres que, para vergüenza eterna irán siempre unidos al pretendido Gobierno de Vizcaya. (…)

 Pero es que no han sido solamente los atropellos cometidos abiertamente, sin enmascararlos, con la función del que se deleita en el daño realizado y esparce su huella, con satisfacción insana, como firma y testimonio inconfundible de su autor. Más peligrosos son aquellos desmanes en los que actúa el disimulo: aquellos en que los verdugos intentan disfrazarse de víctimas, en que lloran, hipócritamente sobre el efecto, sin que se atrevan a mostrar la causa que lo produjo. Esos atropellos de refinada malicia, que en los mares se traducen por el torpedeamiento de buques extranjeros en funciones de control, que son, en los aires, agresiones a los aviones de países vecinos y originan, en la tierra, los asaltos a las embajadas y los asesinatos de súbditos extranjeros, todo ello bajo la máscara de la inocencia y la cobarde acusación contra nuestras gloriosas y nobilísimas fuerzas; esas diabólicas y criminales farsas, decimos, tienen también odiosa representación en el País vascongado con los dos nombres que más ha trompeteado por el mundo la propaganda rojo-separatista: Durango y Guernica. (…)

 Léanse los documentos que en esta información se aportan, contémplense detenidamente las fotografías, calcúlese que aún existen centenares de pueblos en los que el daño o saqueo, tan repetido, tan igual, no hizo precisa la redacción de nuevas actas que hubieran hecho interminable la información y, después de este examen, después de recibir las impresiones que tan a lo vivo conmovieron a esta Comisión, nada más fácil que coincidir con ella en las tres conclusiones que presenta como resumen de su viaje.

 1ª El pretendido “gobierno de Euzkadi” no era católico. ¿Qué importa que su presidente acudiese, con ostentación, a ceremonias religiosas; que la ínfima parte del clero separatista celebrase cultos pomposos en alguna iglesia bilbaína y que el cadáver de algún “gudari” distinguido fuese enterrado con solemnidad y gran profusión de máquinas y operadores cinematográficos? Esa era la apariencia farsante que quería mostrarse al extranjero, pero ese mismo presidente sabía que la Iglesia de Orduña, donde él hizo sus estudios y pasó su adolescencia, había sido brutalmente profanada con destrozos, violaciones y asesinatos; ese clero minúsculo que rehuía todo lo posible la ropa talar, conocía la vida de sus compañeros, sus angustias en los escondrijos, sus persecuciones, sus martirios; esos entierros, todo propaganda, contrastaban con los del resto de la población católica, hechos en secreto, sin cruces, sin ornamentos. Ese gobierno se unía con lo más encarnizados enemigos de la religión católica y ocultaba y falseaba la voz de la Jerarquía eclesiástica, cuando ésta tachaba de herética tan nefanda unión; ese gobierno permitía que en la mayor parte de su territorio se viviese sin culto, se muriese sin asistencia católica, desapareciesen los ministros del Señor y se destruyesen los templos que el espíritu católico había levantado para su adoración. Son demasiadas las profanaciones, los sacrilegios, las impiedades y los delitos de todo orden sufridos por la Iglesia de Vizcaya, para que se pueda justificar la conducta de su gobierno y, desgraciadamente, todo conduce a la misma convicción: no era católico el pretendido gobierno de Vizcaya.

 2ª El “gobierno de Vizcaya” no era patriota. No hay que hablar de. patriotismo sano y auténtico de la España una, grande y libre, que ha despertado pujante con el Movimiento nacional y vencerá cuantos obstáculos se le opongan hasta encauzar a la Patria por derroteros de Imperio; la misma falsa existencia del “gobierno de Euzkadi” era incompatible con este patriotismo, demasiado grande para los dirigentes vascos que, en un achicamiento inverosímil y suicida de los horizontes nacionales y con una soberbia e ingratitud verdaderamente satánicas, se enfrentaron como hijos desnaturalizados, con la Madre a la que debían sus glorias pasadas. Pero es que ni siquiera eran patriotas de Vizcaya, ni siquiera amaban la tierra que pretendían regir, pues, de lo contrario, nunca hubieran permitido que se la aniquilase, que se destruyese su riqueza, que desapareciese o disminuyese su tesoro artístico. Desde Irún, primera víctima colectiva de la furia rojo-separatista, sabía el llamado “gobierno de Euzkadi” lo que podía esperar de sus colaboradores y, al cabo de diez meses de guerra continua, seguía aliado con ellos y había visto destruirse los mejores pueblos de sus provincias. Los destrozos materiales, las enormes pérdidas industriales y agrícolas, el empobrecimiento del comercio, los saqueos de bancos, las penalidades de todo género sufridas por el pueblo vasco y que, en su inmensa mayoría, podían haberse evitado, nos afirma decididamente en nuestra segunda convicción: el “gobierno de Euzkadi” no era patriota.

 3ª El denominado “gobierno de Euzkadi” no era humano. Si el “gobierno de Euzkadi” veía impasible el incendio de sus pueblos y la destrucción metódica de su riquezas y vías de comunicación, podía, quizá, al alcanzar un refugio en el extranjero, hablar de monstruosas tácticas de guerra en las que se permitiese asolar regiones enteras para que nada pudiera aprovechar al vencedor; pero en esas regiones, asoladas y empobrecidas, había seres humanos, humildes habitantes de la región vasca ajenos a los complicados problemas de Vizcaya y que sólo aspiraban a que se les dejase vivir en paz. La conducta del gobierno de los gudaris y de sus aliados con los caseros vascos ha sido de una falta de humanidad inconcebible: los incendios de caseríos, los robos de ganados y enseres, las amenazas y violencias culminaron con la orden general de evacuación y retirada para aquellos seres, ancianos en su mayoría, que vivían más arraigados al propio terruño que sus mismos huertos. Esta evacuación forzada, cruel e inhumana, que se extendía a aldeas, pueblos y ciudades, que ha empobrecido o arruinado a millares de campesinos, que tenía que hacerse con la amenaza de la pistola y entre el llanto de los forzados, ha producido esa nota desoladora y triste que llenaba las carreteras vascas, después de la conquista, de gentes que a pie, en carro o con caballerías, con el pobre ajuar rescatado, volvían despacio a los rincones que les vieron nacer con la esperanza de reconstituir una vida que nadie debió interrumpir.


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970