Artículo de 1979
|
Revista FUERZA NUEVA, nº 628, 20-Ene-1979 |
LA INFAME TRANSICION POLÍTICA (Y RELIGIOSA) ESPAÑOLA DENUNCIADA DESDE EL TRADICIONALISMO
Artículo de 1979
|
Revista FUERZA NUEVA, nº 628, 20-Ene-1979 |
|
desde el
trono o la silla del trotón vas haciendo
confín y corazón tu mirada, tu
fe, tu fuerza extraña. Castilla es
hija tuya, Tú, el cristal, y ella, el
vaso de Dios y de la gloria; tú, surco, y
ella, espiga; ella, la noria, mas tu seno,
el fecundo manantial. Tú creas
unidad. En tu esperanza se derriten
mojones y recelos, la tierra
sube, bajan más los cielos y el arado se
entiende con la lanza, Castilla es
tu virtud alta y sencilla, que sabe de
fogón, salterio y rueca; por la gracia
de Dios y de tu mueca toda Castilla
es tú y tú eres Castilla. Santa Isabel
de América y de España, ¿no es España
el desborde de tu seno, tu idea hecha
virtud, el fruto pleno de tu muerte
que vida desentraña? Desde el alto
castillo de La Mota la sueñas y
la ves; y la Nación eres tú o es
tu inmenso corazón tierra y mar,
quilla y sol, viento y gaviota. Una mujer
poniéndole cintura, ojos, cabeza,
pies, a la imprecisa corporeidad
de Iberia: una sonrisa transformada
en frontera y singladura. Unos ojos
azules que en la mar no terminan,
comienzan; unos brazos que buscan a
la sangre otros regazos donde hacerse
ilusión, troje y altar. Santa Isabel
de América y de España, las islas de
Colón ya son en ti precisión de
justillo, frenesí de amor
materno con dolor de hazaña. Tu aliento
con las blancas carabelas, tu Cruz con
la alta cruz de los baupreses, tus manos en
la luz de los paveses, tu sonrisa en
la risa de las velas. En cada paso
del descubridor, tu mirada de
madre y fundadora; tú, con el
misionero; tú, una aurora y un diluvio
de amor para el amor. El indio,
para ti, perla en tu dedo, fibra en tu
corazón, beso en tu boca ; y tú, para
los indios, ansia loca de hogar, de
inmenso hogar con fe y sin miedo. Santa Isabel
de América y de España, dándole al
huso o dándole al salterio haces del
Nuevo Mundo un sacro Imperio que en la luz
de tu espíritu se baña. Estás aquí y
allí. Te multiplicas grano en la
espiga, lumbre en el cristal: y lo que
ordenas con vigor marcial con ternura
de madre santificas. La Cruz
disloca sus abiertos brazos para amparar
lo que la espada doma; tú, con la
espada y la Cruz, palma y paloma con mensaje
de rosas y de abrazos. Un imperio de
amor, cultura y fe; tú lo
consigues tan sencillamente, que,
sencilla, tú besas a él la frente, y él,
sencillo, te besa el regio pie. Santa Isabel
de América y de España, la historia
continúa en tus dedales, sigues
cosiendo historia, y hay cendales de
inspiración inédita en tu entraña. El hilo de la
historia está en tus manos con temblores
de pez recién prendido; la historia
es tu mirada y tu latido proa y reja
en los mares y en los llanos. De espaldas a
tu mística silueta, la historia
se derrumba en el misterio; y en la luz
de tu faz, doble hemisferio dos
golondrinas para tu veleta. Qué presencia
la tuya : la del fuego sobre la mies
madura; la presencia que en el
tiempo cabalga, y es conciencia, silencio
ahora y grito y llama luego. Santa Isabel
de América y de España, no has muerto
: la ternura de Castilla cuenta tus
pasos, besa tu mantilla y en tus
entrañas se hace más entraña. No has muerto
(nunca mueren las ideas). Tu palabra
granada y maternal, si en los
trigos es místico trigal, en los mares
es místicas mareas. No has
muerto. Y aún hilvanas unidad con la luz
verdigarza de tus ojos; mares azules
y volcanes rojos se besan em
tu nombre y tu verdad. Obra inmortal
la tuya : gema extraña con fulgor de
Evangelio y de poema. No olvides
ante Dios tu inmensa gema, Santa Isabel
de América y de España. Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967 |
Artículo de 1970
|
Revista FUERZA NUEVA, nº 181, 27-Jun-1970 |
Artículo de 1979
|
|
(*) NOTA NUESTRA: Nada de “asombroso”;
simplemente Tarancón y sus obispos no quisieron ser un obstáculo
para la Constitución laica que elaboraba la nueva clase política europeísta y progresista,
que se les podría echar encima si alertaban a la masa católica; pero una vez aprobada la Constitución de modo irreversible y
pasado el mal trago, ya podían los obispos taranconianos predicar “libremente”
la doctrina católica.
Todo muy
bien calculado y nada “asombroso”. Parece ser que el articulista no cayó en la
jugarreta episcopal y opinaba de buena fe.
Artículo de 1967
|
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967
|