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viernes, 2 de octubre de 2026

Orígenes de la Legión. Credo legionario

 Artículo de 1970


 GUERREROS, POETAS, FRAILES: 50 AÑOS DE LA LEGIÓN (1920-1970)

 Cualquier día, en cualquier lugar del África española, los legionarios velan la integridad de nuestros territorios. Llevan ya 50 años dedicados a esta tarea. Son hombres de sacrificio, de tesón, de fe, y esto lo han demostrado en la guerra y en la paz. Allí, en la lejana geografía española velan, voluntarios, las armas de la guerra y trabajan en la paz sus acuartelamientos y sus granjas. Los vimos en esta paz dedicados a las tareas propias, hemos leído sus guerras en esa historia que es modelo de guerreros, de valor, de lucha. La Legión es más que nada una impronta, es, más que nada, una especie de sello que califica al hombre legionario, y del que ellos mismos se sienten, junto a los demás españoles, orgulloso, sinceramente orgullosos…

 Es ahora, cuando se cumplen los 50 años de fundación de la Legión por Millán Astray, cuando las glorias legionarias cobran nueva dimensión, nueva aventura. Se trata de recopilar hazañas, efemérides, para, de una vez, ver en la Legión el Cuerpo que ha dado a España mayor cantidad de héroes.

 Millán Astray

 Es en el año 1917 -quizá el más fecundo en la vida del insigne militar- durante el cual empezó a madurar en su cerebro la gran idea que le haría llegar al pináculo de la fama en todo el ámbito nacional e incluso en el extranjero, al dar a luz aquella idea que, si bien en principio quisieron hacer aparecer su detractores como disparatada, cuando más tarde la plasmó en la más bella de las realidades, hasta lo más reacios hubieron de reconocer la sublimidad de su obra, que si algo de locura encerró fue locura de amor a la patria.

 Ya hemos dicho que en 1917 tuvo lugar la gestación de la creación de la Legión, pero aún dos largos años hubieron de pasar para que aquella quimera llegara a un término feliz. Al nacer 1919, la política española abundaba en la comisión de reiterados errores, al desarrollar su labor en el problema de Marruecos, dando lugar a que en todo el Protectorado se produjeran levantamientos y continuas agresiones a nuestras tropas, con la consiguiente pérdida de hombres y prestigio.

 El, por entonces, comandante Millán Astray, que tan compenetrado se hallaba con el problema durante su larga permanencia en África, sabe que la mortandad que sufrían nuestras tropas tenía su origen en la equivocada organización de los servicios a ellas encomendados.

 Las tropas de choque estaban constituidas exclusivamente por fuerzas de Policía y Regulares, formadas todas por indígenas que, si bien en ocasiones demostraban un acendrado amor a España, menospreciaban a nuestros hombres allí destacados, creyéndoles poco útiles para la guerra. Sin embargo, se empleaban los soldados peninsulares para guarnecer posiciones, avanzadillas y blocaos, servicios no solo netamente de carácter defensivo sino letárgicos para la moral de la tropa dado el carácter de nuestra raza, pues la misión de estas guarniciones era sólo mantenerse en aquellas posiciones para la protección de convoyes, pero de ser atacadas -cosa que corría con frecuencia- tenían una probabilidad entre cien de poder resistir los embates enemigos.

 España, de esta forma, se encontraba a merced, prácticamente, de los ataques, las pérdidas de hombres iban en aumento y no se divisaba un futuro esperanzador para nuestra permanencia en nuestros territorios de África…

 Este sistema de política en Marruecos trascendió al pueblo, creando un ambiente de descontento y desprestigio para nuestro Ejército, nunca tan mal juzgado por la opinión, ya que en nuestro Protectorado no imperaba más que el designio de los políticos, que tan mal encauzado llevaban nuestro importante problema. Y fue esta la precisa situación que hizo germinar en Millán Astray la idea de la fundación de la Legión. La idea de poner coto definitivo a escaramuzas y guerrillas. Un ejército de hombres dispuestos a todo…

 Una crítica nefasta

 Esta idea -que poco más tarde había tener sus primeros frutos- tuvo desde el comienzo las críticas más adversas. Toda la opinión general se volcaba en contra de Millán Astray. Los peores calificativos se vertieron sobre él.

  En este ambiente hubo de luchar para conseguir que el mando tomara en consideración esta idea. Y, a costa de muchos sinsabores, con amargura, muy lentamente, supo ir creando la situación óptima para que sus ideas llegaran a feliz término. El final de esta lucha dialéctica contra todos aquellos que veían una locura en la creación de la Legión, tuvo lugar en una conferencia que dio en el Casino Militar de Madrid, ante una nutrida representación de todas las Armas y Cuerpos del Ejército y con la asistencia del ministro de la Guerra; conferencia que vino a ser el colofón a todas las inquietudes que ya durante dos largos años le preocupaban.

 or fin, los esfuerzos de tanto tiempo iban a tener una recompensa. En septiembre de 1919, el vizconde de Eza, ministro de la Guerra- influenciado aún por la campaña de oposición desarrollada- recibe al comandante y escucha todo lo que Millán Astray va refiriendo acerca de lo que pensaba.

 Tras esta conversación, que más que exposición doctrinal había sido un amistosa charla entre ministro y soldado, Millán Astray queda autorizado para hacer los estudio necesarios y organizar este cuerpo. Marcha Millán Astray a Argelia para, desde cerca, observar la organización de la Legión Extranjera francesa y, de esta forma, poner al día en España este Cuerpo que nacía y que había de ser alma de nuestro Ejército.

 Sin embargo, su idea de convivir con la Legión Extranjera francesa no estaba motivada por plagiar su organización sino que sus propósitos eran el estudiar psicológicamente al legionario desde el punto de vista racial: sus reacciones ante el premio y el castigo; el grado de relación entre los distintos escalones del mando, y, en general, todas las características necesarias para que él pudiera conducir con el mayor éxito posible esa masa desbordadora que habría de servirle para crear la Legión española, cuya primera denominación había de ser “Tercio Extranjero”.

 A partir de ese momento, la mayor preocupación consiste en seleccionar a los que habrían de ser los mandos del naciente cuerpo. Habían de ser hombres de conocido valor, que, al mismo tiempo conocieran de África sus problemas, sus guerras, sus hombres… Franco, el comandante Franco, era uno de ellos, y nada más le fue propuesto, Franco dijo sí. Ya tenía lugarteniente. Con estos augurios, con este nacimiento, la idea-Legión no podía tener más que una vida de victorias como, poco a poco, fue sucediendo.

 Una vida de victorias

 Referir en un reportaje periodístico una historia de la Legión es tarea ardua y difícil. Se podría, sí, citar gestas, nombres, condecoraciones. Sin embargo, es la vida subterránea de estos hombres, el lado humano, lo que da la verdadera dimensión a un reportaje.

 En la historia legionaria hoy suenan aún los nombres del “Blocao de la Muerte”, Casabona, Tizzia, Taquil-Manín, el Barranco del Infierno, Sidi-Hamed-el Hach… como los nombres que llevaban las batallas en que los legionarios iban afianzando el creciente prestigio. Un prestigio nacido en los campos de batalla, que estaba por entero ligado a la idea de la guerra, que para ella y por ella nacieron. Laureadas, Medallas Militares, glorias de todo tipo, muertes, enriquecen el baremo legionario, lo ensalzan y mitifican. Nuestra Cruzada supo de los legionarios, y la Legión sabe los muertos que en ella tuvo, los hombres legionarios fieles al ideal que los movía, lucharon por esta paz próspera y consecuente. Sobre ellos recae el peso de la realidad de hoy.

 CREDO LEGIONARIO

 •Espíritu legionario: Es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.

 •Espíritu de compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás un hombre en el campo hasta perecer todos.

 •Espíritu de amistad: De juramento entre cada dos hombres.

 •Espíritu de unión y socorro: A la voz de ¡A mí la Legión!, sea donde sea, acudirán todos, y con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio.

 •Espíritu de marcha: Jamás un legionario dirá que está cansado hasta caer reventado; será el Cuerpo más veloz y resistente.

 •Espíritu de sufrimiento y de dureza: No se quejará de fatiga ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño; hará todos los trabajos, cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que se le mande.

 •Espíritu de acudir a fuego: La Legión entera hasta el hombre solo acudirá siempre a donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.

 •Espíritu de disciplina: Cumplirá con su deber, obedecerá hasta morir.

 •Espíritu de combate: La Legión pedirá siempre, siempre, combatir sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años.

 •Espíritu de muerte:  El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

 •La bandera de la Legión: Será la más gloriosa porque la teñirá la sangre de sus legionarios.

 •Todos los hombres legionarios son bravos: Cada nación tiene fama de bravura; aquí es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente.

 50 aniversario

 Hemos querido en este trabajo recordar al hombre que fue el autor, el hombre que maduró la verdadera esencia legionaria y sobre el que recayó el peso de la historia de este Cuerpo de hombres rudos que supieron, por España dar su vida en la guerra y en la Paz,

 Hoy (1970), en Ceuta, en Melilla y en el Sáhara, los tercios legionarios españoles siguen su meta de vigilancia, siguen con el renovado tesón a prueba, y siguen manteniendo frescos los ideales de aquel hombre que supo dar a España lo que España necesitó.

 El recuerdo de la historia jalonada por incesantes pruebas de lealtad, de sacrificio, de muertos y de entrega, es fiel reflejo del idiosincrasia este pueblo, que ha sabido y debe mantener limpios los ideales que forjaron el Cuerpo, hoy, a cincuenta años vista, mantiene el espíritu intacto.

 Enrique ENTRENA


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Por qué no es posible la unión de las derechas

 Artículo de 1979

 POR QUÉ NO ES POSIBLE LA UNIÓN DE LAS DERECHAS

 Por Julián Gil de Sagredo

 El término “derechas” tiene un valor absoluto en el Evangelio de San Mateo 25,31 porque Cristo coloca a su derecha a los salvados y a su izquierda a los condenados. Sobre unos y otros recae una sentencia infalible, inapelable y eterna; por ello, los conceptos derecha e izquierda adquieren en la mente de Dios una valoración absoluta y definitiva.

 Por el contrario, en la mente de los hombres, dentro de los límites temporales en que se mueven y dentro de esa figura tan efímera y aleatoria que es la política, el concepto “derechas” es relativo y es además equivoco. Al no existir un criterio fijo y unívoco en la definición del concepto “derechas”, no es posible la unión en el pensamiento, y, como consecuencia, tampoco es posible la unión en la acción política derivada del pensamiento. Desarrollamos seguidamente estas ideas.

 La verdad tiene tres características que la hacen incompatible con el error: la claridad, la unicidad y la inmutabilidad.

 * La claridad en las ideas es un carácter específico de la verdad, porque al ser expresión fiel de la realidad, la reproducen con sus propios contornos, tal como es, concreta, delimitada, exacta, y, por tanto, diáfana. Por el contrario, cuando la idea no reproduce la realidad, sino que es una simple creación mental, al no mediar adecuación entre lo real y lo pensado, se produce un conocimiento difuso, vaporoso, abstracto, inconcreto, inexacto, y, como consecuencia de todo ello, oscuro. De ahí que los principios políticos que reflejan el orden natural fijan con claridad y seguridad las cuatro causas, eficiente, final, material y formal, sobre las cuales se asienta la política. “A sensu contrario”, los principios que se desvían de aquel orden natural se enredan en divagaciones sobre conceptos y términos de hechura puramente subjetiva, desvinculada de la realidad, y resultan consecuentemente teñidas de abstracción, de vaguedad, de oscuridad.

 Estos fenómeno es típico del liberalismo filosófico, que después trasciende al liberalismo político y a sus diversos sistemas. El concepto “libertad”, centro neurálgico del liberalismo filosófico, adquiere autonomía y sustantividad sin vinculación con la realidad. La libertad es tan ilimitada y soberana, que, desconociendo el orden real de las cosas, pretende modificarlo según los esquemas mentales que ella misma se fabrica: la libertad engendra la realidad; y como realidad y verdad ontológica es una misma cosa, la libertad engendra también a la verdad.

 Ahora bien, como la libertad es individual, habrá tantas verdades como individuos, habrá mi verdad, tu verdad, su verdad, pero no existirá una verdad objetiva, permanente e inalterable. Como consecuencia de esa proyección subjetivista y relativista, sobrevendrá el caos mental y la confusión doctrinal. Es el castigo inherente a la rebelión contra la palabra de Dios, Juan 8,32, “la verdad os hará libres”, es decir, la verdad engendra a la libertad. El liberalismo filosófico y posteriormente el político, al invertir las palabras de Dios, al negar a la verdad la paternidad de la libertad, la desvinculan de su norma objetiva y segura, quedando anegados en tinieblas mentales. No es extraño entonces que la libertad, que se rebela controla la verdad en el orden filosófico, se rebele seguidamente contra el bien en el orden moral y que, posteriormente, se rebele contra el derecho natural en el orden político. El resultado final, como antes decía, es la confusión ideológica.

 No hay un solo liberal, filósofo, jurista o político que tenga las ideas claras: no puede tenerlas. Al fundar la verdad en la libertad, se ciega voluntariamente. Fraga, por ejemplo, que, según dicen, es un almacén descomunal de conocimientos, sufre permanentemente de indigestión mental, porque, al estar impregnado del veneno sutil del liberalismo, queda incapacitado para conocer la verdad objetiva y, consecuentemente, para ordenar y jerarquizar los valores reales. Las mismas andanzas siguen los restantes jefes liberales, como Areilza, Osorio y otros. (El caso de Adolfo Suárez es distinto porque, al carecer de principios, no podemos clasificarle en ninguna categoría ideológica: tal vez su único principio es el “suarecismo”, al cual quedan subordinados todos los valores, por muy altos, significativos y trascendentes que sean).

 *La segunda característica de la verdad es la unicidad; a saber, la imposibilidad de que sobre un mismo punto y desde un mismo concepto existan dos o más verdades diferentes. Por el contrario, sobre dicho punto y concepto puede haber multiplicidad de errores. La verdad es una, el error es múltiple. En política existe un orden natural y unos principios que emanan por vía directa del mismo. La verdad única radica en ese orden y en esos principios. Todas las demás doctrinas, sistemas, ideologías, elucubraciones o constricciones mentales que se apartan de aquellos principios, de aquellas bases son falsos. Es falso, por ejemplo, el establecer en el pueblo el origen último del Poder y de la Justicia, como ha hecho la Constitución de 1978. Es falso el postulado que funda en la libertad humana la raíz del derecho. Es falso desorbitar fuera de sus límites la competencia del Estado. Es falso invertir los fines de la persona, de la sociedad y del Estado, etcétera. La verdad es única y de ahí deriva.

 *Su tercera característica, a saber, su inmutabilidad. La verdad es siempre la misma, no varía, porque si variara dejaría de ser verdad. La verdad es fija y permanente, porque si fuera aleatoria y permutable sería mentira. La verdad, consecuentemente, es por fuerza, intransigente y dogmática, pues si no lo fuera, si admitiera claudicaciones, revelaría su falsedad.

 Esas tres características de la verdad: la claridad, la unicidad y la inmutabilidad, que la hacen incompatible con el error, determinan también indirectamente que los errores sean compatibles entre sí, al tener como denominador común la oscuridad, la multiplicidad y la variabilidad. Por ello mismo forman, sin perjuicio de sus matices diferenciales, un frente compacto contra la verdad.

 Las últimas elecciones (1979), por ejemplo, han demostrado con elocuencia no sólo la compatibilidad entre las diversas líneas políticas erróneas, sino también su confabulación contra el único movimiento que hoy representa en España la verdad política. La batalla, contra lo que dicen las apariencias, no se ha librado entre “ucedismo” y socialismo, sino entre los dos únicos frentes antagónicos doctrinalmente entre sí, el frente liberal-marxista y el frente católico de Unión Nacional (*). El único enemigo de aquella coalición subterránea era y es Blas Piñar, porque los errores, compatibles entre sí, son incompatibles con la verdad.

 No es posible, en consecuencia, la formación contra el marxismo de un frente común de todas las derechas que algunos preconizan con tanta buena voluntad como escasez de lógica. No podemos eliminar los efectos cuando albergamos dentro de nosotros las causas que los originan. Las derechas liberales simpatizan con el marxismo como el padre simpatiza con el hijo que ha engendrado. No podemos luchar contra el hijo si tenemos en nuestras filas al padre que lo ha fabricado. Las derechas liberales, al anteponer la libertad a la verdad, son inconsecuentes por naturaleza: levantan, como decía Vázquez de Mella, “altares a los principios y cadalsos a sus consecuencias”. Es peligroso unirse con los inconsecuentes porque llevan dentro de sí mismos el germen de la traición.

 A la historia me remito. El vendaval revolucionario que se cierne sobre España (1979) soplaba ya hace años, desde las páginas de “ABC” y de “Ya”; no lo han desatado tanto las fuerzas marxistas del exterior cuanto las fuerzas liberales del interior. Y si el régimen de Franco, que nació nimbado por la sangre de los héroes y mártires de la Tradición española, se fue pudriendo en su misma entraña, la causa originaria hay que buscarla en aquella simiente liberal de estipe masónica que, desde el principio, fue impregnando y contaminando sus mismas  estructuras internas. De aquellas larvas liberales que carcomían ocultamente todos los tejidos del sistema político brotó la generación de perjuros y traidores que, tanto en la cúspide como en la base, dominan hoy la política española.

 ***

Al ser la verdad incompatible con el error, la acción política derivada de la verdad es igualmente incompatible con la acción política derivada del error. Como el término “derechas” envuelve un concepto equívoco que indiscriminadamente pretende acumular dentro de sí la verdad y el error, no es posible la pretendida unión ni en el campo doctrinal ni en el político.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979


lunes, 28 de septiembre de 2026

Jueces asesinados por la República marxista

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

 La piden ellos “los buenos”…

 Nadie ignora que, desde hace unos años (antes de 1970), se suceden una serie de huelgas políticas, disfrazadas con cualquier pretexto. La cantidad de hojas subversivas, insultos, crímenes, manifestaciones, ostentación pública de banderas comunistas, etcétera, forman parte del activismo del partido comunista y “compañeros afines” para atentar contra la paz de España. El nivel de vida es, en general, óptimo, como nunca se había alcanzado. Se comprende que los enemigos de los principios que hicieron posible nuestra cruzada hagan cuanto puedan para frenar o anular todo lo conseguido.

 A los que así proceden, es lógico que, al ser habidos, se les procese y condene por los Tribunales de Justicia conforme a la Ley.

 Que a tales condenados no se les premie con pastelitos es una cosa muy lógica. Lo que ya no es tan lógico es que los que quedan sueltos, los que todavía no han caído en manos de la Justicia, no den señales de “tener cabeza” dejando de subvertir el orden. Porque ocurre que después de una acción subversiva toman parte en otra y así “van tirando”. Es evidente que no hay arrepentimiento. Y cuando una persona se dedica a subvertir el orden de forma continuada, al ser castigada, es absurdo invocar el perdón, la amnistía. Cabe el perdón al arrepentido, pero no al que está dispuesto una y otra vez a delinquir.

De ahí que sobre la ofensiva lanzada por algunos señores en pro de la amnistía, deba obrarse sin precipitaciones. Y, en todo caso, no deben ser nunca los libertinos quienes señalen el día en que debe concederse. Entiendo que puede rebajarse una pena, concederse la libertad a determinadas personas, pero jamás por la presión que pueden ejercer algunas y mucho menos cuando alguna de ellas es totalmente desafecta al Movimiento Nacional.

 Me sorprendió un escrito del Colegio de Abogados de Barcelona. El Colegio ha tramitado una petición de amnistía. Todo muy correcto, muy modosito.

 Pregunto a los abogados que solicitan amnistía un día sí y otro también, aprovechando cualquier pretexto, si se acuerdan de don Salvador Alarcón Horcas, Magistrado del Tribunal Supremo de aquel régimen fenecido, vergonzosamente, el 18 de julio de 1936. Lo asesinaron unas hordas mal llamadas republicanas. ¿Qué abogados protestaron entonces? Eran los tiempos en que unos desalmados que se autotitulaban “Gobierno” habían nombrado fiscal al abogado Gregorio Peces Barba del Brío, del cual tampoco hay noticias de que protestara por el asesinato cometido en 128 funcionarios de la Administración de Justicia, llevado a cabo por las hordas democrático marxistas y entre los cuales figuraban nada menos que el Fiscal General de la República, 14 magistrados y 28 jueces de primera instancia.

 ¿Se acuerdan, señores abogados en petición de amnistía, de don Jesús Arias de Velasco, Presidente de Sala del Supremo, también asesinado? ¿Se acuerdan del nombre del Fiscal General de la República? Era don Marcelino Valentín Gamazo, un hombre honrado. Fue asesinado juntamente con tres de sus hijos casi niños. ¿Quién protestó? ¿Quién apremió una “investigación exhaustiva”? Nadie. Y ¡había abogados democráticos, entonces! Y hasta abogados ¡jóvenes! También los magistrados Mendivil, Aldecoa, Avilés Arizcun; los jueces Mosquera, Royo Vilanova, González Royano, etcétera, fueron asesinados en la mayor impunidad.

 También fueron asesinados centenares de abogados porque habían estampado su firma en unos pliegos, protestando por el asesinato de Calvo Sotelo. ¿Qué abogados liberales de la zona roja levantaron sus voces, no ya de amnistía, sino de ¡basta de asesinatos! ¡no seáis más bestias que las bestias! Pero no, aquellos abogados democráticos y enemigos de la violencia callaron. ¿Serían acaso democráticos aquellos crímenes? (…)

 Despacio, despacio. No tantas amnistías ni tantas facilidades de pago por parte de los rojos, de sus deudas con la Justicia. Mientras en la Universidad se manifiesten con banderas rojas y utilicen la violencia contra las personas y las cosas; mientras como hijos espurios insulten al Jefe del Estado, asalten comercios, asesinen policías y guardias civiles, lancen bombas incendiarias y explosivas, asalten bancos y comercios y… algunos diarios y agencias se callen el texto de algunas pancartas o el color de determinadas banderas –(¿con qué fin?- no hay razón alguna que justifique la concesión de una amnistía. Sería tanto como abrirles las puertas de la cárcel antes de cumplir la condena y animaría a otros a desafiar las leyes.

 Barcelona es una ciudad que escribe mucho, para bien y para mal. Son varias las peticiones de todo color que se han cursado en los últimos años. Es ciudad “alegre y confiada”: con la bandera de las cuatro barras ondeando en, por lo menos, cinco edificios, además de las doce que ondean en unos almacenes de la Plaza de Cataluña. No podía faltar, pues, la campañita de la amnistía.

 En este sentido, 16 hombres de Derecho (según dice el escrito), se dirigieron al Colegio de Abogados. Lo singular del escrito-petición firmado por aquellos señores es la repetición por cuatro veces de las palabras “guerra civil”. ¿Qué guerra civil? Ignoran acaso estos hombres de Derecho que la guerra de España (1936-39) fue una cruzada, como repetidamente dice el Caudillo y así la calificó Roma y nuestro Episcopado? ¡Ya es grave que, a estas alturas, califiquen a nuestra cruzada con la expresión que utilizan los vencidos…!

 Pero no tiene menor gravedad el hecho de que el primero de los dieciséis abogados afirmantes sea José Andreu Abelló, un hombre del foro, que fue masón, diputado en el “parlamento” catalán “por Esquerra Republicana de Catalunya” y, en tiempo rojo, “asesor” del primer Tribunal Popular, magistrado de la Audiencia y presidente de la Audiencia de Barcelona. Este abogado de Reus, exiliado en Francia, formó parte de la junta de la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles). Observen cómo los antecedentes públicos del señor Andreu son como para “erigirle un monumento” en vida.

 No puede extrañar a nadie, al contemplar la brillante hoja de servicio del señor Andreu, preguntarle ¿por qué cuando era nada menos que asesor del Tribunal Popular, con centenares de crímenes y magistrado de la Audiencia rojo-separatista de Barcelona no organizó una campaña en “defensa de los derechos humanos” que no inventó la ONU, pues figuran en el Decálogo? ¿Le daba miedo? Entonces a qué viene su petición actual (1970), que lleva más de 30 años de retraso? ¿Devolverá usted la vida a los españoles que fueron asesinados por la INJUSTICIA roja?

 Compañeros suyos, hombres de DERECHO, de la misma Audiencia, fueron asesinados sin que protestara ni uno solo de los abogados antifascistas que actuaban en ella: el abogado fiscal José Luis Prat, detenido en la misma Audiencia, el magistrado Olalde Satrústegui, presidente de la Sección Primera, asesinado juntamente con sus hermanos Enrique y Fernando, su primo Francisco y la doméstica Josefa Santa María; el fiscal Ezequiel Cuevas; los jueces de Primera Instancia, Antonio Bruyel, asesinado con su hijo y Fernández Cavada, éste, víctima de las palizas que le dieron en la cárcel: los hijos del Magistrado José Márquez Caballero, Carlos, Fernando y Wenceslao, al no encontrarse su padre en el domicilio, al momento de presentarse los republicanos “democráticos” al servicio del “orden ciudadano”… y etc. ¿Quién puede ver con buenos ojos la petición de amnistía de 16 abogados de Barcelona, cuyo primer firmante de señor Andreu?

 Yo protesto por esta petición tan fuera de lugar. ¿Amnistía para los que se manifiestan con banderas comunistas? ¿Amnistía para los que “bombardean a los periódicos que sienten y viven el 18 de Julio? ¿Amnistía para los que matan a policías y guardias civiles? ¿Amnistía para los que, en los sucesos de Granada, han destrozado los coches de la fuerza pública y causado 36 bajas a la Policía Armada? ¿Es que vamos a dejar en libertad a los que, con sus escritos, están escupiendo contra el honor de las Fuerzas de Orden Público? ¿Se puede tolerar que los rojos, masones y separatistas ataquen a nuestras fuerzas armadas por defenderse de la agresividad de los enemigos del Régimen? Quede esto para los países comunistas con sus diarios y emisoras de radio, pero dentro de España ¡intolerable!

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

“Dios nos libre de un Gobierno débil”

 Artículo de 1968

 “Dios nos libre de un Gobierno débil”

  Los rectores de las Universidades Católicas de América hacen suya la frase del almirante Carrero Blanco: “DIOS NOS LIBRE DE UN GOBIERNO DEBIL"

 Por encima de todos los cambios y cometidos pedagógicos que convenga adaptar de la actual Universidad, de nuevo salimos al paso de dos corrientes en que se bifurcan los comentarios sobre el actual problema universitario. Unos que parecen reducirlo a condicionamientos de material para prácticas, libros, bibliotecas, presupuestos, catedráticos vitalicios o contratados por cursos, etc., etcétera. Otros que pretenden aprovechar los actuales desórdenes para que sea reconocido el Sindicato Democrático de Estudiantes. ¿Sabe algo de esto don Joaquín Ruiz Giménez, hombre de confianza del Vaticano y de Santiago Carrillo? La Policía española sí lo sabe, señor cura párroco de San Ignacio de Loyola.

 Nosotros queremos decir que, aparte de las medidas resolutorias del régimen universitario, en primer lugar hay que abortar, al precio que sea, el desorden en la calle y las asambleas ilegales. Pero no es esto solo. Si actualmente España sufre el problema universitario es porque durante muchísimos años se han infiltrado catedráticos, profesores; se han entregado rotativos de primera magnitud: se han montado editoriales y tupidas redes de librerías que fomentan ideologías totalmente incompatibles con el 18 de Julio de 1936 y con la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. Aquel obispo de Astorga —antecesor de aquel que echaba incienso a la Institución Libre de la Enseñanza y colaboraba en «Cuadernos para el diálogo»— escribía: 

«No es fomentar, sino debilitar la convivencia entre españoles, el destruir la base más sólida de la unidad de criterios y sentimientos, que implica la unánime protección de la fa católica. La pérdida de esa unidad nos llevaría no a una más firme convivencia en el plano de algunos otros principios —no sabemos cuáles— más universales normativos de la vida ciudadana, sino al revés, a una guerra intestina motivada por intereses y puntos de vista irreconciliables, contrapuestos cada día con mayor apasionamiento».

 A esto hemos llegado. Por esto el problema universitario se arregla no únicamente con medidas de orden público ni con sanciones a los estudiantes, aunque ahora sean urgentísimas, sino con una revisión muy a fondo de toda la política cultural, de prensa e imprenta, de proyección política nacional, que nos lleve de nuevo a las fuentes del 18 de Julio.

 En esto hemos de tener ideas muy ciaras. No nos podemos fiar ni siquiera de ciertas orientaciones que proceden de organismos eclesiásticos. Hace muy poco, los rectores de las Universidades católicas de América han tenido que publicar una nota relacionada con ciertas orientaciones del Departamento de Educación del C. E. L. A. M. (Comisión Episcopal Latinoamericana). Dicen los rectores de las Universidades Católicas: «Estimamos como inadmisible, entre otros, los siguientes puntos del mencionado documento: 1. Recomendar la intervención de los estudiantes en el Gobierno de la Universidad. 2. La participación de los estudiantes en la elección de las autoridades de todos los niveles». «Ha causado extrañeza que un grupo de expertos se anime a recomendar a las Universidades Católicas un sistema preferido en las Universidades estatales latinoamericanas, que durante cincuenta años ha sido causa de distorsión, de perturbación izquierdista y en los últimos años marxista de las Universidades de la América Latina. (…)

 El problema de la infiltración marxista en los medios católicos es a escala mundial. Cuando aquí, algunos, prevaliéndose de su carácter sacerdotal o episcopal se inmiscuyen en terrenos de técnica política, sindical, económica, que por propia naturaleza son privativos del César, y además de algunos de éstos conocemos sus

colaboraciones en la prensa roja del exilio, mientras hay un silencio sospechoso ante la defenestración del Crucifijo del aula 217 de la Universidad Central y de la perversión ateísta de nuestras juventudes alejadas de aquellos que tienen la obligación de hablar, como es el caso concreto del reverendísimo doctor Maximino Romero de Lema, del que los padres de los universitarios y todo el pueblo español espera conocer su altísimo diagnóstico sobre lo que ocurre en la Universidad, es hora que todos en todos los sectores, comprueben la eficacia de esta frase tan certera que ha dicho el vicepresidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco- «DIOS NOS LIBRE DE UN GOBIERNO DEBIL».

 Sería debilidad reducir el problema universitario a meros alborotos. Seria debilidad no revisar a fondo los cuadros de profesores exigiendo las responsabilidades hasta su máximo alcance. Sería debilidad admitir que la prensa confunda su papel educador e intermediario con el morboso estado de incordiar y buscar fricciones artificiales. Sería debilidad someterse, aunque sea a consignas que vengan de eclesiásticos, abusando de su situación, en materia específicamente civil cuando es evidente que también aquí, como en el caso de las Universidades Católicas de América, denunciados por sus respectivos rectores, no se puede admitir, aunque sea por presiones de comisiones episcopales, que nos propinen fórmulas para que las Universidades de España se conviertan en fábricas de «Chés Guevaras» ¡Atención a don Joaquín Ruiz-Giménez, a los que son de su cuerda y a los que están entre bastidores!

 «Hay UNA libertad QUE NO QUEREMOS: la de la autodestrucción», ha dicho el almirante Carrero Blanco. Y con él estamos todos los españoles bien nacidos. Finalmente, subrayamos lo que acaba de escribir nuestro admirado amigo y camarada Jesús Suevos: «Lo que no es natural es que algunos de los colaboradores del régimen

pretendan, a la vez, colaborar con ellos». O sea, con el marxismo y lo que lleva al marxismo: el régimen de partidos políticos, la democracia liberal y la monarquía liberal, con sus manifiestos de Lausana (19-III-1945) y Estoril (7-IV-1947).

 A. RECASENS SALVAT


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Obispos del visto bueno a la Constitución atea (8)

 Artículo de 1979

 LA IGLESIA ESPAÑOLA Y LA CONSTITUCIÓN (8)

 Por Francisco José Fernández de la Cigoña


,,, Y OCHO OBISPOS AUTÉNTICOS

 La Pastoral del cardenal primado (mons. Marcelo González) había conmovido a la opinión. Lo que para José María Javierre (“Ya”, 3-12-78) era sólo un “alboroto en la familia católica”, para otros constituía un “marcelazo” (“El Periódico”, (2-12-78). Y los titulares de la prensa del día 29, dando cuenta de la postura del arzobispo de Toledo, son un curioso sistema de medida de adhesiones más o menos confesadas.

 Para “ABC”, el escrito del cardenal sólo implicaba “que los católicos hagan su opción con toda libertad, según se la dicta su conciencia” (29-11-78). Por los titulares, pues, parece que se trata de algún otro escrito totalmente distinto del documento del Primado. Aunque no es así, ya que tras esa fachada falsa y desorientadora, que es lo que sólo retienen muchos lectores, se transcribía casi íntegra la controvertida pastoral. Técnicas, sin duda, de una buena y veraz información tras lo que quizá anduviera la mano de Martín Descalzo. Y eso que “ABC” tiene fama de serio.

 “El Imparcial” del mismo día recogió, en cambio, en primera plana y con escándalo de titulares, la verdad de la información: “El cardenal primado orienta a los católicos de cara al próximo referéndum del día 6. Monseñor González Martín pone el dedo en la llaga y se refiere a las cuatro cuestiones fundamentales desde el punto de vista cristiano: 1) La omisión de todo referencia a Dios; 2) Los derechos inalienables del hombre; 3) La libertad de enseñanza y la igualdad de oportunidades; 4) La introducción del divorcio y la posible legalización del aborto”. Y la verdad es que así era. Aunque “ABC” prefiriera dejar para la letra pequeña el claro sentido de las palabras del primado. Más honrado fue “Informaciones”, que tituló lacónicamente ese día: “El cardenal primado contra la Constitución”.

 Ocho obispos

 Al día siguiente, nueva conmoción religiosa y política. Ocho obispos se adherían a la pastoral del arzobispo de Toledo y la hacían suya. La nota de la Comisión Permanente se hundía en la ignominia, pues al descrédito que habían arrojado sobre ella numerosos seglares y eclesiásticos se unía ahora la firme desautorización de nueve obispos. Porque, dejémonos de eufemismos, eso era lo que significaba la postura colectiva que acababan de adoptar.

 El cardenal arzobispo de Toledo, el arzobispo de Burgos, monseñor García de Sierra, y los obispos de Orense, monseñor Temiño; Vitoria, monseñor Peralta; Ciudad Rodrigo, monseñor Mansilla; Orihuela-Alicante, monseñor Barrachina; Cuenca, monseñor Guerra Campos; Tenerife, monseñor Franco, y Sigüenza-Guadalajara, monseñor Castán, vinieron a decir todo lo contrario de lo que la Comisión Permanente, después ratificada por la Asamblea Plenaria había dicho. Nueve obispos recomendaban el “No” frente a la jerarquía taranconiana, que se volcaba por el “Sí”. Y aquí hay que evocar nuevamente la figura del nuncio Dadaglio, artífice máximo de esta división de nuestra Iglesia, y en temas de tanta importancia.

 Si algún católico se escandalizó por la división, que se apunte ese escándalo en la cuenta del nuncio. Y los ciertos escándalos que produjo la actitud de la mayoría episcopal deben apuntarse también, deducida la parte correspondiente a cada obispo por maldad o necedad, a la cuenta de ese oscuro personaje italiano, del que quisiera despedirme ya definitivamente, pero al que aún nos lo volveremos a encontrar cuando hablemos de los últimos (1979) nombramientos de obispos, o sea, de los señores Echarren, Larrauri, Setién y Larrea.

 La pastoral del primado provocó cuatro tipos de reacciones públicas. En primer lugar, salidas de tono, muchas de ellas realmente intolerables, de personajes o personajillos que o servían a quien les pagaba o veían cómo un éxito que se les antojaba ya ganado quedaba gravemente comprometido.

 En segundo lugar, estaba la jerarquía política de UCD, que intentó sacudirse lo que se les venía encima, diciendo que nada de lo que alarmaba al cardenal de Toledo podía encontrarse en la Constitución. Pudieron prometer, y prometieron, que ni divorcios, ni abortos, ni amenazas a la enseñanza, ni casi olvidos de Dios, se hallaban en el texto constitucional. Ricardo de la Cierva llegaba casi hasta a encontrar a Dios en cada artículo. Sólo les faltó decir aquello de que, como estaba en todas partes, también lo encontrábamos allí sin necesidad de proclamarlo.

 Después venían los obispos y algunos clérigos que, arrojando por la borda los pudores hasta ahora mantenidos, se alineaban entusiásticamente tras los líderes comunistas, socialistas y de Centro Democrático.

 Por último, los que, en una postura sumamente crítica de la Constitución, encontraron en los nueve obispos mencionados el más firme respaldo de sus tesis.

 Algunas muestras

 Las bilis, autosegregadas o mercenarias de tantos de los del primer grupo no merecen sino el desprecio. Pero conviene recoger en esta panorámica político-eclesial que intentamos ofrecer, algunas muestras de periodismo que, aunque sin duda produjeron regocijo en no pocos obispos del sector mayoritario, eran viento desatados que muy pronto iban a volverse contra ellos. Lo veríamos claramente muy poco tiempo después cuando una nota de la Comisión Permanente sobre la postura que debían adoptar los católicos en las últimas elecciones legislativas, fue casi tan “contestada” como, en su día, la pastoral del cardenal primado (“Vida Nueva”, 17-2-79)

 Porque determinadas fuerzas políticas sólo están dispuestas a aceptar a la Iglesia cuando se muestra como organización subversiva y revolucionaria. Es decir, cuando no es Iglesia. Y éste ha sido el error básico del cardenal Tarancón. Por el que ha pagado ya un elevado precio y por el que, en el futuro, tendrá que entregar todavía más elevadas prendas. En alguna ocasión escribí que el cardenal de Madrid era como esas novias tontas y fáciles que se quedan con niño y sin boda. Conociendo a la novia, no era “profético” anticipar el desenlace. Desgraciadamente para él, cosa que me trae sin cuidado, y para la Iglesia española, lo que me preocupa muchísimo. La profecía se va a convirtiendo en dolorosísima realidad.

 Veamos como el sesudo “Informaciones” (19-11-78) apostillaba por la pluma de su habitual y “ucedero” comentarista Abel Hernández, que tal vez sea el antaño cura progresista multado por la “oprobiosa” (“Pueblo”, 14-5-69), la pastoral del arzobispo de Toledo.

 Los obispos que se oponían a la Constitución eran el “pequeño reducto ultraconservador, partidarios del viejo nacional catolicismo, apegados al viejo régimen y a las banderas al viento”. “Estos obispos, todos ellos nombrados por Franco (como si a Tarancón, Cirarda, Díaz Merchán o Jubany los hubiera nombrado Manuel Azaña), actúan con la mejor voluntad, pero están más cerca de la Plaza de Oriente que del Palacio de las Cortes, donde tiene su sede la genuina representación de la voluntad popular”.

 Arrimarse al árbol de “UCD”

 Yo no sé de qué punto del plano madrileño están más cerca su obispos del “grupo de don Marcelo”. No lo sé  ni me importa porque Madrid no es una medida eclesial. Me basta con saber que están muy próximos a la doctrina de la Iglesia y a lo que hoy dice su más genuino representante, el Papa Juan Pablo II porque eso sí que es una verdadera garantía. Sí sé, en cambio de quién está muy próximo Abel Hernández, y esa proximidad, eclesiásticamente, no tiene la menor relevancia. Porque arrimase al árbol de UCD, a cuya sombra se cobija el periodista de “Informaciones”, sea laico o clérigo, secularizado o no, y bajo el que corrieron a cubrirse Tarancón y sus muchachos, puede ser muy rentable en una perspectiva alicorta de escaños o gabelas temporales, pero nada significa en lo que debiera ser la regla áurea del comportamiento episcopal, en contemplar todo lo de este mundo sub specie aeternitatis”. (…)

 Falta de solidaridad

 En el artículo de Abel Hernández, que venimos comentando, se apunta, por primera vez, una objeción a la Pastoral del cardenal primado (Marcelo González) que luego se iba a repetir hasta la saciedad. Y es la falta de solidaridad de estos nueve obispos para con sus compañeros en el episcopado. Como si ella fuera un valor supremo ante el que debiera ceder incluso la verdad.

 En palabras del periodista, “lo que sí sorprende y hasta escandaliza un poco es la falta de solidaridad y respeto que demuestra este documento y sus partidarios con el colegio episcopal”. Otros epígonos de la conferencia señalarán después cómo, en tiempos de la presidencia de monseñor Morcillo (1968-71), los obispos progresistas callaron sus discrepancias por no romper esa imagen de unidad que ahora -y dan entender que por culpa de los nueve- se ha deshecho, en escándalo del pueblo fiel.

 No se dan cuenta que a quien colocan en muy mal lugar, con este proceder denunciado, es a los obispos que callaron entonces ideales y creencias. Porque si en verdad creían que ellos eran quienes tenían razón, y en asuntos de gravedad, debieron hacer pública su discrepancia, porque con la verdad no caben amaños. Es mucho más digna y coherente la actitud de don Marcelo y sus ocho compañeros cuando, creyendo que la actitud de la mayoría de los obispos no era acertada y que con su silencio exponían gravemente su honor episcopal, así lo expusieron.

 Una vez más, parece ponerse de manifiesto la diferencia entre unos obispos y otros. Don Marcelo cree en la doctrina de la Iglesia y la predica, esté en el Poder o en la oposición. Como corresponde a un obispo. A los otros parece traerles sin cuidado la doctrina y la supeditan a valores secundarios, por importantes que puedan ser.

 (Continuará)

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979