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martes, 22 de septiembre de 2026

El aberrante catolicismo de los nacionalistas vascos

 Artículo de 1970

 “EL CATOLICISMO DE LOS NACIONALISTAS VASCOS”

 Tiene plena actualidad (1970), a pesar del transcurso del tiempo, para nuestros lectores, la lectura del prólogo a la obra “El Catolicismo de los Nacionalistas Vascos”, de don Pedro P. Altabella, escrito por don Javier Lauzurica, Administrador Apostólico de Vitoria (1939), a cuya diócesis pertenecía entonces Vizcaya.

 Naturalmente que nuestros lectores pensarán, tras su lectura, lo mismo que nosotros: Cualquier semejanza entre Administrador Apostólico (mons. Lauzurica, 1939) y Administrador Apostólico (mons. Cirarda, 1970, antifranquista) es pura coincidencia. Y no faltará quien se pregunte también ¿en qué quedamos señores Administradores Apostólicos?

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 Prólogo de Javier Lauzurica, Administrador Apostólico de Vitoria a la obra “EL CATOLICISMO DE LOS NACIONALISTAS VASCOS”, de d. Pedro Altabella (1939)

 “En el problema vasco, tan traído y llevado por toda Europa y América y, por regla general, tan mal comprendido, los hechos son bien patentes y la verdad que de ellos se desprende es, a nuestro juicio, clara.

 En España con la implantación en 1931 de una Constitución laica, lesiva de todo derecho religioso individual y social, con los atropellos y desmanes consiguientes cometidos contra la conciencia católica y, sobre todo, contra la Iglesia, se llegó la perpetración de crímenes y robos sacrílegos, al incendio de templos, al asalto de casas religiosas en tal forma que estos males, lejos de aminorarse con el tiempo, iban en aumento de día en día. A la Iglesia se la iba despojando de todo y, en el Estado español, la injusticia y el libertinaje ocuparon, por asalto, el trono que, en toda nación bien organizada posee pacíficamente la justicia y la verdadera libertad. Difícil es que se dé un caso en que aparezca más justificado un alzamiento.

 “Quien recuerde las listas de vandálicos desmanes leídas o presentadas en el Congreso y, sobre todo, piense en el monstruoso crimen de la madrugada del 13 de julio de 1936 (Calvo Sotelo) verá que el alzamiento fue la única tabla de salvación que flotaba sobre el borrascoso mar de nuestra Patria, y es tanta la verdad de esta afirmación que, por documentos auténticos sorprendidos al enemigo, estábamos por aquella fecha, en vísperas de ver convertida España entera en un cantón de Rusia bajo el tiránico poder de los “sin Dios”.

 “La Providencia nos deparó un hombre que, a su talento militar, unió un espíritu profundamente cristiano, heroicamente patriótico y serenamente recto. A él se adhirieron y debieron adherirse todos los hombres de buena voluntad que sintieran el respeto debido a la religión, el amor a la Patria y la preocupación de ver encuadrada la nación dentro del marco de “la justicia que eleva a los ciudadanos” (Prov. XIV, 34).

 “No lo entendieron así los dirigentes del Partido (católico) Nacionalista Vasco de Vizcaya y Guipúzcoa, a juzgar por la ayuda que desde el primer momento prestaron a la alianza marxista, poniéndose, por otra parte, en abierta contradicción con los sentimientos de su partido, que, al menos en gran parte de Vizcaya fue, en un principio, opuesto, en su casi totalidad, a la unión con los partidos de izquierda.

 “Por eso, hubo de levantar su voz quien tenía poder para ello y a oídos de todos los vascos llegó el documento pastoral de los excelentísimos señores Obispos de Vitoria y Pamplona, que publicaban “para conocimiento de todos y efectos consiguientes”, en él se reprobaba la unión con los enemigos de la Iglesia como ilícita, monstruosa y escandalosa. Poco después dirigía el excelentísimo señor Obispo de Vitoria una locución por radio a todos sus diocesanos, y entre otras graves afirmaciones les decía:

 Católicos vascos… No podéis, de ninguna manera, cooperar, ni mucho ni poco, ni directa ni indirectamente, al quebranto del Ejército español y cuerpos auxiliares requetés, falangistas y milicias ciudadanas que, enarbolando la auténtica bandera española bicolor, luchan heroicamente, por la Religión y por la Patria. Oh, si triunfaran los marxistas, rotos los diques todos de la religión, de la moralidad, de la decencia, la ola arrolladora hundiría a todos en su furioso ímpetu; no habrá salvación para los católicos y procurarán, por todos los medios, borrar hasta el último vestigio de Dios”.

 “El prelado mandaba, pero los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco desoyeron su voz y no le obedecieron. En cambio, se dejaron seducir por los ofrecimientos y halagos del líder socialista Prieto, y por un plato de mentidas libertades vendieron al pueblo vasco e hicieron traición a la primogenitura de la fe católica. Creyeron, sin duda, los dirigentes del Partido Vasco, que, desterrada y aun arrasada la religión del resto de España, podrían ellos conservarla en el rincón de su país. Semejante absurdo tiene una explicación que lo aclara todo. Los dirigente del Partido Nacionalista Vasco prefirieron la política a la religión y su órgano principal de prensa, “Euzkadi” se preocupó más de medrar políticamente que de defender la religión en toda su integridad. Esta subversión de principios ha sellado, con caracteres de catástrofe, gran parte de la región vasca”.

 “Queremos hacer constar aquí, para orgullo de Navarra y Álava, que esas dos provincias hermanas supieron mantenerse a la altura de su gloriosa y no desmentida tradición; en cambio, a gran parte de ciudadanos honrados de Vizcaya y Guipúzcoa hicieron claudicar unos cuantos dirigentes que no supieron apreciar en su justo valor el tesoro de espiritualidad que llegaron a tener en sus manos-

 “Más tarde pretendieron justificar su conducta, equipando los crímenes de la España roja con las ejecuciones de la España nacional. ¡Aberración inexplicable! En la España roja se ha perseguido al sacerdote como ministro de Dios, en la España nacional se le ha respetado siempre en su calidad de ministro de la Religión católica. En la España roja se han destruido, destrozado o inhabilitado los templos del Señor, destinándolos a usos profanos cuando no sacrílegos; en la España Nacional han continuado destinados al culto y, al paso que nuestras armas incorporaban los pueblos a la nueva España, los edificios recobraban su antigua denominación y, consagrados de nuevo al Señor, se abrían al culto. En la España roja, el odio la religión ha sido sistemático; en la España nacional se ha vivido y se vive intensamente la fe católica y se rivaliza en exteriorizar el amor a Dios.

 “Yo espero que este libro, que proyecta hechos importantes a la luz de la verdad, influirá, eficazmente, en los entendimientos oscurecidos por la ignorancia u ofuscados por el error.

 “Como la mejor recompensa a su trabajo, yo deseo al autor de este libro que se propague por todas partes y sea leído, de modo especial, por mis diocesanos, para que, conociendo el problema vasco en toda su significación, amemos todos juntos a la Iglesia con su Cabeza visible, el Papa, y a España con su incorporable Caudillo Franco.

 Vitoria, festividad de Santo Tomás de Aquino, 1939


Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

Subversión jesuítica postconciliar

 Artículo de 1968

 A. M. D. G. (Ad Majorem Dei Gloriam)

 Tenemos ante nosotros la revista «Hechos y Dichos» (Revista de pensamiento y actualidad «cristiana»), que publican los padres jesuítas de Zaragoza en su número actual (383). Mentiríamos al decir que su lectura nos ha dejado asombrados, porque a un católico de la época posconciliar no le asombra ya nada: 

 Un artículo del P. López Dóriga, S. J.: «Impresiones sobre Holanda». Meras impresiones fotográficas —nos dice—, pura descripción «neutralista» de un viaje; ebullición mucha ebullición. Pero buenos chicos, según esas «impresiones»: todos desean mantenerse fieles a la fe católica, y la Iglesia holandesa sigue firme caminando hacia el futuro. Descripción de (supuestas) misas en torno a una elegante mesa de madera, sin mantel alguno, con dos cirios y una esbelta copa de cristal; butacas de teatro para los asistentes, que conversan entre sí y permanecen sentados confortablemente durante toda la ceremonia; manoseo por todos de las sagradas especies; nada de genuflexiones ni de cruces. (¡Ambiente simpaticón!) Alusión igualmente cordial al nuevo Catecismo holandés, «intento laudable y en parte conseguido de poner al alcance de la mentalidad moderna el contenido más auténtico (sic) de nuestra fe». Lo «novedoso» de él es que silencia aquellos puntos que son en Holanda objeto de REVISION y discusión entre los teólogos: entre otros, «la virginidad de María, sentido de la presencia real en la eucaristía (con minúscula), historicidad de los evangelios, significado de la resurrección, preexistencia Y DIVINIDAD DEL MISMO JESUCRISTO».

 Si yo relatase fría y objetivamente cómo en mi presencia dos mozalbetes apalean, para robar, a un anciano, o a mi mismo padre, lo que causaría horror en mis oyentes, no sería tanto el hecho como el relato mismo, la actitud que revela en el relatante. Esta es mi misma sorpresa ante estos DESVERGONZADOS APOSTATAS CON SOTANA Y LICENCIAS.

 La tal revista «Hechos y Dichos» (hoy renovada posconciliarmente) se llamaba hasta hace pocos años —si no recuerdo mal— «Hechos y Dichos en pro de la Iglesia Católica». Era una publicación ñoña, beata y elemental, cuya gracia principal (su «chiste» original) era poner en labios de un imaginario ateo o librepensador una crítica a la Iglesia o sus ministros, y replicarle, por boca del cura ultrajado, una ingeniosísima y contundente respuesta, que lo dejaba corrido y callado.

 ¿Han pasado siglos para que aquel órgano de la beatería y de la cerrazón se convierta en un libelo «informativo»

Que, desde el más neutral racionalismo, nos relate con igual frialdad (o simpatía) el más horrible sacrilegio o la apostasía más evidente? No, no: han pasado unos pocos años. SON LAS MISMAS PERSONAS que ayer bailaban a aun son y hoy bailan a otro. Ejemplo típico, en ese mismo número, el bello artículo del P. De Llanos, un jesuita demócrata que de lo único que no se apea es de ese aristocrático DE antepuesto a su apellido. Aquí se enfrenta con una opinión del P. Danielou, que afirma la necesaria encarnación de la Iglesia en instituciones dentro de cualquier civilización que ella inspire. 

Nuestro P. DE Llanos aboga por una anárquica minoría-testimonio que renuncie a toda relación institucional con la sociedad (abandonada, por supuesto, a sus «organizadores» tecnocráticos y marxistas del «Mundo Moderno»). Sin embargo, no hace falta ser viejo ni tener demasiada memoria para recordar dar al tal P. DE Llanos al frente de las juventudes pro fascistas, marcando el paso de las legiones romanas, comprometiendo a la Iglesia con el mayor entusiasmo en los ensayos totalitarios y en el culto a la Nación que todos recordamos. ÉL MISMO, CON SU MI5MA CARA.

 Y se pregunta el pueblo fiel, el pueblo cristiano, que toma en serio su fe y la disciplina de su Iglesia, ¿qué crédito puede otorgarse a semejantes títeres, a su criterio, a su formación religiosa y humana? ¿QUIENES SON esos que nos hablaron y nos hablan en nombre de Dios y de su Iglesia?

 MENDIBELZA


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Revanchismo renombrando las calles

 Artículo de 1979

 Los nombres de las calles

 La ola de revanchismo que mueve a los políticos a quienes los traidores de Franco regalaron la victoria lograda a costa de tanta sangre se manifiesta en la fiebre de suprimir del nomenclátor callejero cuantos nombres, fechas o hechos puedan recordar o perpetuar la historia de la Cruzada de Liberación y la derrota que ante el mundo infligiera a los rojos Francisco Franco.

 Como una obsesión, la pertinaz insistencia en querer borrar de las mentes un hecho histórico irreversible y la maniobra de querer cambiar la triste y degradante imagen de lo que fuera la dominación roja, sus dramáticas, sangrientas y deplorables consecuencias, la repulsa general del pueblo hacia los símbolos, anagramas y banderas -hoy otra vez en el poder- y, posteriormente, el espontáneo júbilo popular al llegar la tan anhelada liberación, que Cataluña conmemora precisamente estos días (1939-1979).

 Los pueblos y ciudades sufren la oprobiosa imposición de nombres que vienen a hacernos convencer que la guerra civil habría sido una inútil militarada y crear en el ambiente una atmósfera de “provisionalidad” de aquellos años de paz, orden y prosperidad, que tuvimos la dicha de vivir hasta que los partes de la victoria son arrancados de las casas consistoriales y que se toleren las voladuras de los monumentos a los Caídos por Dios y por España o las vejaciones y ofensas a la bandera nacional.

 Las calles que llevaron los nombres de José Antonio, Franco, Calvo Sotelo, Alcázar de Toledo. Mártires de la Tradición, etc. son objeto de cambios parar “democratizarlas” poniéndoles nombres que en no pocas ocasiones nos traen vergonzosos recuerdos, llenos de dramatismo, individuos indeseables y sucesos atentatorios a la Patria.

 Los ajusticiados por sus delitos contra España -o simplemente por delitos comunes- son exaltados como mitos defensores de la libertad y del pueblo, como los que estuvieron al lado del comunismo, la masonería, el marxismo e intervinieron en los expolios, incendios, asesinatos y abusos que sufrimos desde 1936 a 1939, y autores de los sucesos que sumieron a España en la pobreza, la destrucción y el caos del que Franco y sus seguidores lograron sacarnos, gracias al esfuerzo de todos los españoles y al sacrificio de nuestros mejores.

 Ya no se tolera que una calle nos recuerde un nombre glorioso. Y con desmesurada venganza son rotas las lápidas honradas con los nombres de los héroes y las gestas que culminaron con la victoria de aquella Cruzada de Liberación, cuyo solo recuerdo les saca de quicio.

 La hoz y el martillo ha vuelto a enseñorearse de la calle y de la política. El nombre de Dios, borrado de la Constitución. La unidad de España es tema provocativo en las autonomías y “nacionalidades”, como provocación se considera el gritar “Arriba España” o simplemente “viva el honor”.

 ¡Qué pena y qué vergüenza!

 La sangre de nuestros caídos -caídos por amor- clama justicia ante tan graves agravios y olvidos.

 LLUYS


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Día de los Mártires de la Tradición

 Artículo de 1979

 Día de los Mártires de la Tradición

 Algunas veces, el día 10 de marzo, mi pluma ha dejado sobre las blancas cuartillas el homenaje que los mártires de la tradición merecen a lo largo de la historia; este lema tan nuestro, tan sentido, tan escueto y tan amplio en contenido: “Ante Dios no serás héroe anónimo”, que ha movilizado a tanta juventud gloriosamente caída en nombre de Dios, la Patria, los fueros y el rey. Este lema, que moviliza y agrupa actualmente a los herederos de las guerras carlistas, a los nietos del 18 de Julio, y aun biznietos, en este afán superador a los desalientos y claudicaciones; jamás se rinde un carlista, jamás, y si se rinde, es que no lo era; auténticos guerreros de roja cimera, curtidos en vendavales de más de siglo y medio, saben que su única misión es luchar, y con su “detente” hacer frente en cualquier instante a los huracanes que amenazan la destrucción de España, a la que ven humillada y entregada en manos de los sin Dios y sin Patria, con olvido suicida de los que  la rescataron de hordas sanguinarias, a las que se glorifican porque las temen.

 En todo carlista hay un alcalde de Móstoles; pero ¿quién nos conoce en realidad? El carlismo, para muchos, es el sesteo de un romántico recuerdo del pasado, con nuestras divisiones, pero esto último ocurre en las mejores familias; ya cuando Aparisi y Guijarro se hablaba de “carlistas viejos y carlistas nuevos”; no puede haber más que un solo carlismo, lo sucedáneo no tiene sabor y ni se digiere. Por esto, tal vez Villoslada escribió un famoso artículo: “El hombre que se necesita”, que puede servir en su integridad para un mejor conocimiento de nuestro rey Carlos VII:

Abogado, a tus pleitos; no busques en los bancos del Congreso la clientela que no has sabido conquistar en el foro”;

“Médico, a tus enfermos; no vengas a matar con discursos políticos a los que no puedes curar con tus recetas”;

“Escritorzuelo, a la escuela; aprende primero lo que te propones enseñar;

“Empleado, a tu oficina: la nación te paga para que sirvas, no para que medres en los bancos del Parlamento;, y a trabajar todo el mundo, que la política está siendo la trampa de la Ley de Vagos”.

 Es un largo y sabroso artículo que no reproduzco en su integridad, pues temo que le democracia al uso nos lo decapitaría.

 Don Carlos VII conocía los límites de la monarquía cristiana, sabía además perfectamente la historia de España y sus famosas palabras “gobernar no es transigir” tienen vivencia actualísima en los momentos difíciles, duros, en que se hace almoneda de la integridad de la Patria, entregada a voceros sin pizca de sentido común ni responsabilidad.

 ¡Cuán dura la lucha de los carlistas para defender la unidad de la Patria! Sabemos de luchas más que nadie y cuando veo a esos muchachos y muchachas defendiendo su boina, sé que ni los desaires ni la persecución podrán con ellos, pues mientras los años pasan, la honrosa rebeldía carlista, que no sabe de claudicaciones, está cada vez más latente; y un nuevo brillo en sus ojos juveniles nos hace recordar a nosotros, los mayores, como se reirían si supieran que por no dar la corona a Carlos VII se la ofrecieron Espartero, de sesenta y siete años, que tuvo, al menos, el buen gusto de no aceptarla. ¡Cuánto desearía se tuviera un conocimiento exacto del carlismo!

 Carlos VII escribió su hermano Alfonso Carlos I (el rey que movilizó a tantos requetés en la Cruzada):

 El pueblo español, amaestrado por una experiencia dolorosa desea en verdad que su rey sea rey de veras y no sombra de rey, y que sean las Cortes ordenada y pacífica junta de independientes e incorruptibles procuradores de pueblos, pero no asambleas tumultuosas y estériles de diputados empleados o diputados pretendientes de mayorías serviles y de minorías sediciosas (…)

 “Mi pensamiento fijo, mi deseo constante es, cabalmente, dar a España lo que no tiene, a pesar de mentidas vociferaciones de algunos ilusos, es dar a España la amada libertad que sólo conoce de nombre; la libertad es hija del Evangelio, no el liberalismo, que es hijo de la protesta; la libertad que es al fin el reinado de las leyes, cuando las leyes son justas, es conformes al derecho de naturaleza, al derecho de Dios”.

 Como catalana, dos veces española, os diré que Carlos VII reconoció los Fueros de Cataluña:

 Hace siglo y medio -decía don Carlos- mi ilustre abuelo Felipe V creyó deber borrar vuestros fueros del Libro de Franquicias de la Patria. Lo que él os quitó como rey, yo como rey os lo devuelvo, que si fuisteis hostiles al fundador y mi dinastía, baluarte sois hoy de su legítimo representante. ¡Dios, Patria, fueros y rey! es el lema sagrado de los carlistas”.

 Jamás vuestros reyes dejaron de servir al pueblo que tanto amaron y así quedó instituida el 10 de marzo la fiesta de los Mártires de la Tradición. Nuestro rey honró en permanente memoria a sus valientes soldados.

 Abrid vuestro corazón a la sin igual raza carlista. No se puede hablar de lo que no se conoce o se desfigura. Inasequibles al desaliento, hombres y mujeres que han aguantado a pie firme los vendavales de la historia de España. Estos son los requetés. Así fueron nuestros mártires. Al rendirles hoy nuestro tributo de respeto, cuando nuestras oraciones se eleven al cielo, nuestros caídos, nuestros mártires nos darán con su ejemplo, a todos los que luchamos por una causa justa, el camino a seguir. Una sociedad materializada, embotada por el apoltronamiento, sin ideales, que es controlada por comunicaciones de masas, no conseguirá que los carlistas abdiquen de la tradición que dio a la Patria los mejores momentos de su historia.

 María Teresa AUBÁ (Presidenta nacional de las Margaritas. Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés)


 Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979


lunes, 14 de septiembre de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (3)

 Silencio sospechoso de las altas jerarquías eclesiásticas (1970)

 

 Peor que la pornografía

 La revista “Ecclesia”, del pasado 30 de agosto (1970), ha publicado un editorial,  de tonos enérgicos contra la oleada, nauseabunda e infecta, de la pornografía y el inmoralismo más descarado en nuestra vida pública. No podrá quejarse “Ecclesia”, de que los medios de comunicación no hayan difundido ampliamente los párrafos más sustanciales de su archijustificada indignación. Tampoco nosotros queremos ser menos y dejamos también, en nuestras páginas, constancia de la denuncia del órgano caracterizado de la Acción Católica Española (…)

 La lástima, empero, es que “Ecclesia” trate un problema tan serio con argumentación liviana. No nos sorprendería que, a este paso, en un próximo futuro, se pretendiera cargar al Estado -que también tiene su específica responsabilidad en este terreno- la culpa total de una situación de decadencia moral que, primordialmente, recae, incumbe y es imputable a la perversión de ciertos eclesiásticos, muy bien aupados y al silencio, más que sospechoso, de las más altas jerarquías eclesiásticas, hasta la fecha.

 No gastemos la pólvora en salvas. Aportemos datos indicativos y tremendamente escandalosos.

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La revista “Oriflama”, del pasado mes de julio (1970) publica unas declaraciones del desdichado y pernicioso mosén José Dalmau, miembro del Consejo Presbiteral de Vich. José Dalmau dice textualmente:

 Tenemos, por ejemplo, una idea realmente curiosa del matrimonio indisoluble. Enseguida pensamos en la forma legal. Yo no entiendo de institución indisoluble. Es el amor el que justifica esta exigencia. Pero si los esposos ya no tienen este amor, si lo han rehusado por las causas que sea, ya no tiene ningún motivo mantener sus obligaciones. Se admite que el amor, de hecho, ha desaparecido en muchos matrimonios. Poca gente está dispuesta a desacralizar el vínculo de la institución”.

 ¿Qué le parece a “Ecclesia” esta monstruosidad?...

 Mosén Dalmau pertenece al obispado de Vich y la revista “Oriflama” se publica en Barcelona. Pero ni el doctor Ramón Masnou, obispo de Vich, ni monseñor Marcelo González, Arzobispo de Barcelona, han desautorizado ni suspendido de sus funciones sacerdotales al reverendo Dalmau. Ha sido en virtud de un exhorto del Tribunal de Orden Público, que fueron recogidos, a última hora, unos treinta ejemplares de la revista y está dispuesto un expediente administrativo.

 Comparo esta situación con lo que sucedió en Buenos Aires con un artículo publicado en el diario “La Ley”, en 22 de febrero de 1958, por el padre Benedicto Hancko, S. J. La cancillería del Arzobispado de Buenos Aires, cumpliendo órdenes superiores, publicó en 28 de diciembre del mismo año, una retractación del aludido jesuita, con estas palabras: “Me someto plenamente al juicio expuesto por el Episcopado argentino en sus advertencias y declaraciones sobre mi estudio titulado “Disolubilidad del matrimonio civil y el Derecho Canónico”, las cuales expresan la doctrina de la Iglesia Católica. Por lo cual me retracto de los errores señalados en el documento episcopal”.

 Yo, que viví este incidente entre el padre Hancko y el Episcopado argentino, en que las afirmaciones de dicho jesuita eran harto modestas comparadas con el desenfreno brutal de mosén Dalmau, puedo mesurar la caída que, en doctrina moral, se ha perpetrado en el seno de la Iglesia Católica por ausencia de la debida actuación de la misma jerarquía eclesiástica. Y como mosén Dalmau no es sólo un individuo ni un sacerdote solitario sino una legión, avalada por muchos obispos y quizás en alturas insospechables, ¿no es ésta una de las causas de la ambientación pornográfica que lamenta “Ecclesia” y que olvida de señalar en su editorial? (…)

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Suponemos que “Ecclesia” no nos desmentirá si afirmamos que la inmoralidad también procede de la flojedad en la vida piadosa de los fieles, que, en estos días, encuentra sus cauces más deletéreos en los ensayos litúrgicos anómalos que están destrozando la Misa y los sacramentos. Todo esto a sabiendas de la autoridad eclesiástica, que ignoramos qué medidas toma para evitarlos. El 11 de julio de este año, en la iglesia de Vallvidrera (Barcelona), en la Misa de las ocho de la noche sucedieron unas discusiones tremendas en plena celebración entre el padre Matías Padrosa, sacerdote paúl, un grupo de seglares afectos al mismo y otros seglares que le preguntaban por sus maneras arbitrarias de celebrar (…)

 Según nos dicen, los abusos de Vallvidrera y del padre Matías Pedrosa han sido paralizados. Pero, ¡en cuántos lugares siguen sucediendo iguales y peores. Más lo de Vallvidrera ha cesado gracias al celo e indignación de unos seglares que, esporádica e individualmente, coincidieron, casualmente, en una reacción; no por la energía del padre Miguel Piquer, entonces provincial, ni siquiera por la iniciativa, como debía, del Arzobispo de Barcelona, cuyo titular, Marcelo González, a raíz de la “Humanae vitae” estaba muy enfrascado en poner paliativos y distingos a la claridad de la doctrina infalible del memorable documento pontificio. ¿No le parece a “Ecclesia” que la deserción de la autoridad eclesiástica, también en la vida litúrgica, ha dispersado a muchos fieles de sus deberes religiosos y que el incumplimiento de los mismos debilita la voluntad de las muchedumbres cristianas y las precipita a la erotización y al culto de la carne? ¿No lo considera así “Ecclesia”?

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Los escándalos siguen en cadena. Aquí se recuerda que, recientemente, un sacerdote de Barcelona, Juan Llopis, en el “Heraldo de Aragón”, se permitió unas declaraciones disolventes y de una manifiesta incapacidad mental, contra la moral española, el sacerdocio y la propia Iglesia. Recogemos sus propias palabras:

 Quizá sea fruto de la tradición. Nuestra moral, en efecto, es todavía muy legalista. Se aferra, cabezonamente, a lo que está bien y a lo que está prohibido, en lugar de sustituirla por una moral basada en el amor (…)”.

 Nosotros pensamos que el sacerdote de mañana será tan sólo un hombre más. El sacerdocio dejará de ser una profesión y se convertirá en un ministerio intraeclesial. Tendrá entonces, como hombre, una profesión con la que pueda ganarse la vida. Y al margen de esto practicará su propio ministerio (…) “

 “Me duele tener que confesar que, aunque fue instituida por Jesús para dar testimonio de Él, la Iglesia, por culpa de todos, se ha convertido más que en un instrumento, en obstáculo y pantalla. No hemos sabido descubrir el verdadero sentido de Cristo. Se ha fallado en lo fundamental. Desde muy antiguo no hemos sabido dar pruebas de un humanismo positivo. La Iglesia, entonces, se ha presentado como una institución más, desfigurando la persona del Señor”.

 Una aclaración que no aclaraba nada, del propio interesado, y una nota diplomática y modosa Arzobispado de Zaragoza (mons. Cantero Cuadrado), puntualizando que lo afirmado por Juan Llopis en “Heraldo de Aragón”, del pasado 14 de julio, no se ajustaba a las enseñanzas del magisterio eclesiástico y causaban confusión y desorientaciones en el pueblo fiel, no le han privado de que, semanalmente, continúe disparatando en la “Hoja Dominical” de Barcelona y disfrutando de sus cátedras y bicocas para continuar difundiendo sus conocidas teorías, clínicamente publicadas en dicho diario, como continuación de su carrera de ataques al Cardenal Parente como Legado Pontificio y a la misma Eucaristía en la revista “Phase”.

 ***

Planteamos a la consideración de “Ecclesia” el estrago que actitudes, encumbramientos y situaciones de privilegio en puestos oficiales de la Iglesia, como la Universidad Pontificia de Salamanca, la Facultad Teológica y la “Hoja Dominical” de Barcelona, en que está perfectamente ubicado Juan Llopis, no nos explican radicalmente la desmoralización creciente en los seminarios y entre los católicos y pueblo cristiano en general. Lo que viene a aumentar la relajación de las costumbres y la aceptación de la escalada en la perversión social. Aunque no seamos especialistas en la materia, débese recordar que el fundamento de la moral está en el dogma y en la dócil aceptación de la disciplina de la Iglesia. Cabalmente lo que Juan Llopis -y sus números imitadores- vienen destruyendo impunemente.

 Repetimos que “Ecclesia” tiene toda la razón de manifestar su repulsa al ambiente de pornografía, de drogas, de corrupción que no está asaltando.  Pero “Ecclesia” no puede ser ni parcial, ni sectaria ni corta de vista. El mal tiene un abanico de manifestaciones que exigen rectificaciones ineludibles en la misma Iglesia. (…) Porque el tema de la moral para los obispos debe ser más importante que el “cuento” teatral de venderse un palacio episcopal o la intromisión indebida en temas concretos de técnica política, por propia naturaleza reservados a la autoridad civil.

 Algo más grave que la misma pornografía son los culpables morales de la misma, los que permiten atacar la esencia del matrimonio cristiano, los que no defienden el patrimonio de la moral pública, los que toleran los arbitrismos litúrgicos, los que entronizan a los que pervierten las nociones más entrañables del dogma y de la verdad católica. (…) Que no se liquida con unos párrafos condenatorios. Hay que desenmascarar las consignas corrosivas y muy secretas que dimanan de ciertas alturas de las que “Ecclesia” debe tener información. En ellas hallará las trágicas claves eclesiásticas de la pornografía en España.

 Jaime TARRAGÓ


 Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970