Buscar este blog

lunes, 3 de agosto de 2026

Relaciones entre los idiomas castellano y catalán

 Artículo de 1970 

 IDIOMA Y CULTURA

 Víctor Pradera, en la memorable conferencia pronunciada en Tarrasa en 1935, dedicó la segunda parte de su peroración a fijar unas ideas básicas sobre las relaciones entre los idiomas castellano y catalán. Cuando actualmente tanto se ha escrito y hablado sobre este tema, no siempre documentadamente, varias veces con reclamos oportunistas, de nuevo se hace actual el entendimiento orgánico, histórico, integrador, que Víctor Pradera puntualizaba en torno de ese debatido problema. Veámoslo.

 Orígenes del castellano y del catalán

 Quiero, de una vez para siempre, dejar sentado en Cataluña que el idioma castellano es un idioma catalán. Que a nadie le parezca paradójico. Que espere las pruebas y los razonamientos. No quiero decir con esto que el idioma catalán no tenga origen anterior en Cataluña al castellano: lo que digo es que el idioma castellano nació en Cataluña y, por haber nacido en Cataluña, es un idioma catalán. Y os diré más: que al mismo tiempo que nacía en Castilla y que nació en Cataluña y que nació en Aragón el idioma castellano, nacía en un lugar que parecía imposible que naciera, por la diferencia que existe con el léxico vernáculo: Vasconia. Y os diré más aún: que la última región española donde se habló oficialmente en castellano por los Reyes a sus súbditos fue en Castilla. Si tomó la lengua el apelativo de castellana no fue porque naciera en Castilla; fue porque no teniendo Castilla ningún otro idioma, allí el castellano se perfeccionó.

 La unidad nacional, es decir, la unidad de la Corona de Aragón con la Corona de Castilla, se realizó a finales del siglo XV. Si los reyes de la Corona de Aragón hablaron a sus súbditos en castellano, habréis de confesar que el castellano no fue importado a Cataluña ni a Aragón por los reyes de Castilla que dominaban aquí.

 El primer documento escrito en castellano, dirigido por los reyes a sus súbditos, que figura en la Academia de la Historia, en una colección que hay de esta naturaleza, es un documento escrito por el más catalán de los reyes de la dinastía catalana: por Jaime I el “Conquistador”.

 Y este mismo príncipe, Jaime I, en el prohijamiento mutuo que hizo con Sancho VII el “Fuerte”, confirmación de lo que acabo de deciros, lo escribió en lenguaje castellano”.

 Cataluña, consustancial a España

 Continuaba Víctor Pradera:

 Hay más. Se ha dicho que el castellano entró en Cataluña merced a la dinastía castellana de Fernando el de Antequera (siglo XV). Pero ya veis que estos documentos son anteriores. Nació aquí sin influencia ninguna de Castilla.

 Pero hay más. Rubió y Lluch, en su obra “Documentos para la historia de Cataluña”, ha investigado, ha indagado con un celo extraordinario todo lo referente al lenguaje vulgar en aquella época. Ha buscado en la correspondencia privada y no ha encontrado más que una carta que es de principios del siglo XIV. Pues esa carta, que era la escritura privada, el medio de comunicación privado de los catalanes, dice así: “Si us place oyr de la mi sanitat, sepades que so sano, la mercé de Dieuss, la cual cosa muyto querría saber de vos, e más vedir, aquesto sería cuando a Dieuss placería”.

 Todo esto revela que el castellano se llamó así no porque fue lengua de Castilla, puesto que había nacido también en Cataluña y había nacido también en Aragón y había nacido en Navarra en 1201, en que está el primer documento escrito en castellano oficial por los reyes a sus súbditos, sino que es una lengua que hablaban en Cataluña y que nació en Cataluña y que, por consiguiente, es una lengua catalana. Y, si esto es así, yo tengo que sacar una conclusión: cuando se habla de que Cataluña se le ha impuesto una lengua, quien eso dice no sabe lo que se dice, desconoce por completo la historia de Cataluña. No hay semejante imposición”.

 Unas conclusiones lógicas

 Víctor Pradera coronaba su magnífica lección, argumentando con aquellos raciocinios suyos encadenados y deductivamente imbatibles, de esta manera:

 Quiero llegar hasta el final de la conclusión, porque se han ideado aquí problemas que no existen, problemas que no existieron más que en la ignorancia de los que se decían vuestros directores. Quiero decir que una lengua no es marca de esclavo, a no ser en el caso de que fuese impuesta violentamente; ¡ah!, señores ¿qué diría Cataluña entonces de la lengua latina, que fue su lengua durante muchísimo tiempo? No. La lengua es un beneficio muchas veces y así lo estimaba Cataluña, porque no podemos olvidar que, en sus conquistas, Cataluña llevaba con su civilización, su lengua. Lo mismo en Sicilia que en Nápoles, que en Grecia, con el Ducado de Atenas, que en Cerdeña, a todos estos pueblos no solamente llevó sus armas, no solamente llevó su gente, sino que llevó su lengua, mejor dicho, sus dos lenguas, porque en Nápoles las lenguas oficiales eran el castellano y el catalán.

 Pero aquí tenéis, dentro de Cataluña, un pueblo que habla una lengua distinta de la vuestra: el Valle de Arán. El aranés no es un dialecto del catalán, el aranés es gascón y como es gascón, es dentro de la matriz de las lenguas, lengua distinta de la catalana. Y, sin embargo, muy bien, perfectamente bien, los araneses hablan, además del aranés, que es su lengua vernácula, el catalán. ¿Es que Cataluña, por eso, ha puesto la marca del esclavo sobre el valle de Arán?

 No, no hay más sino que Cataluña tiene dos lenguas suyas; una, la catalana, más antigua que la castellana; otra, la castellana que nació también en su tierra.

 Todo esto es suficiente. Demasiados motivos de guerra y de lucha tienen entre sí los hermanos para traer a Cataluña una lucha civil de lenguas, que es lo peor que puede ocurrir, porque eso es más grave todavía que la lucha civil de ideas políticas entre sí”.

 Más allá del idioma

 Tras la exposición doctrinal de Víctor Pradera -aunque no se acepten todas sus puntos de vista, algunos de los cuales, a mi entender, quizás son discutibles- es cosa cierta que el idioma catalán merece todas las consideraciones y andaduras jurídicas necesarias para su desenvolvimiento y esplendor.

 Sin embargo, no es menos cierto que hay otra vertiente en este problema. El idioma catalán, químicamente puro, es digno de las consideraciones apuntadas. Pero hay un hecho evidente: actualmente (1970) en Cataluña hay un monopolio indignante y sectario que se ha hecho de literatura y de la cultura catalanas bajo el signo de personajes y obras que no responden a la tradición de Cataluña, y que nos vienen a través del idioma, trasbordando las peores mercancías marxistas, el ateísmo elegante o grosero y una ofensiva explícita e implícita contra el ser de España y la justicia histórica impepinable de la Cruzada contra el comunismo.

 Nadie nos podrá decir que la literatura de un Juan Leita, mosén Dalmau, toda la trayectoria de la revista “Serra d’Or” y, en general, de la editorial “Nova Terra”, los Jordi Llimona y el teilhardismo del padre Eusebio Colomer, entre otros muchos, respondan a la línea de la fe católica de Cataluña. Tampoco que la novelística de Juan Oliver, de María Aurelia Capmany, de Baltasar Porcel, de Manuel de Pedrolo, de Mercé Rodoreda, de Pere Calders, etc., así como la poesía de Agustí Bartra, de Salvador Espriú, de Joan Brossa y de tantos y tantos otros, coincidan con el sentido cristiano que desde Ramón Lull, pasando por Verdaguer y Maragall, hasta el mismo José María de Segarra, era la fibra animadora de la auténtica e inmortal catalanidad.

 Nos encontramos ante un trust, homogéneo y sistemático, de autores que atentan con sus ideologías el patrimonio espiritual de Cataluña, sintetizado en su fe cristiana y en su personalidad secular.

 Ante esta realidad, hay evidentes fallos en el Estado Español, que ha descuidado promocionar la realidad catalana según su entrañable e insoslayable alma cristiana, con sus características específicas. Se deben reconocer las peticiones de derecho natural que Cataluña tiene respecto de su idioma. Pero no se debe permitir el avasallamiento de la torrentera de las ideologías marxistas, ácratas y jacobinas, que capitanea este movimiento. En el vehículo noble y correcto del idioma no se deben transportar mercancías mortíferas de ideologías negativas.

 A nuestro entender, la postura política solvente la anunció Juan XXIII en la encíclica “Pacem in Terris”, en la que se lee: “Ha de afirmarse decididamente que todo cuanto se haga para reprimir la vitalidad de tales minorías étnicas viola gravemente la justicia y mucho más todavía si tales atentados van dirigidos a la destrucción misma de la estirpe. Responde, en cambio, del todo a lo que pide la justicia, el que los poderes públicos se apliquen eficazmente a favorecer los valores humanos de dichas minorías, especialmente su lengua, cultura, tradiciones y recursos e iniciativas económicas”.

 Ha de advertirse, no obstante, que los miembros de tales minorías -bien por reaccionar contra su actual situación, bien por el recuerdo de sucesos pasados- no raras veces pueden dejarse llevar a insistir más de lo justo en los propios elementos étnicos, hasta ponerlos por encima los valores humanos, como si el bien de la familia humana entera hubiera de subordinarse al bien de ese pueblo. Y es razonable que ellos mismos sepan reconocer también ciertas ventajas que esa especial situación les trae, pues contribuye no poco a su perfeccionamiento humano el contacto permanente con una cultura distinta de la suya, cuyos valores propios podrán así ir, poco a poco, asimilando. Pero esto mismo se obtendrá únicamente cuando quienes pertenecen a las minorías procuren participar amigablemente en los usos y tradiciones del pueblo que los circunda y no cuando, por el contrario, fomenten los mutuos roces, de los cuales provienen grandes pérdidas y que traen el retraso de la nación.”

 El texto de Juan XXIII parece escrito expresamente para Cataluña y el País Vasco. El Estado tiene obligación de desarrollar la cultura, la economía y la personalidad de las regiones, pero éstas deben tener conciencia de su realidad, sin pretender exclusivismos antinaturales ni revanchismos visceralmente injustos. El Estado debe proteger, fomentar y apoyar las lenguas vernáculas. Pero graduando las proporciones de cada una de ellas y sin renunciar a la lengua nacional.

 En 1969 se editaron, en castellano, 12.439 títulos, en catalán 363, en vascuence 70, en gallego 27, en mallorquín 41, en valenciano 4, en bable 1. Pero el problema no está en la cantidad de libros publicados, sino en el contenido de los mismos. Dése toda la libertad editorial para las lenguas vernáculas, pero ni en castellano ni en catalán, el Estado Español, según sus Leyes Fundamentales puede tolerar literatura marxista, aberraciones de propaganda inmoral, falsificaciones históricas, poesía de odio, enfrentamiento científicamente elaborado preparando nuevas jornadas “gloriosas” como el 14 de abril de 1931, el 6 de octubre de 1934 y los tres años de asesinatos, de miseria y de terror bajo la “Generalitat de Catalunya”, la “Acció Catalana”, abigarrados con la CNT-FAI y el POUM, para todos ser, finalmente esclavizados por la agencia colonial de la URSS, que es, en Cataluña, el “Partit Socialista Unificat de Catalunya”, sección catalana del Partido Comunista de España.

 Y si se buscan lo más inmediatos antecedentes que pululan en el actual movimiento literario catalán, que “Cuadernos para el Diálogo” exhibe, se encontrará, en muchos de sus personajes citados y otros, la ficha de vieja pertenencia a estos partidos de la coalición del Frente Popular. Y a éstos les interesa más la difusión de sus ideologías negativas que la realidad natural del idioma, la cultura y la tradición de Cataluña.

 Caen de lleno en lo que condena Juan XXIII cuando nos dice que no se pueden poner por encima de los valores humanos los elementos étnicos. Para Juan XXIII, como para nosotros, el primer elemento humano es la fe y lo más contrario a los valores humanos es el marxismo y la demagogia izquierdista. Y el marxismo ni siquiera es elemento étnico: es simplemente materialismo bárbaro y degradante. (…)

 ¿Nos faltarán un Víctor Pradera y un Valls y Taberner, incluso un Cambó y un Juan Esterlich en sus últimos tiempos, para hablar claro y no permitir acomplejamientos y claudicaciones tremendas, que en esferas muy altas estamos ya presenciando, quizás con incurables heridas por el alma verdadera de la Cataluña auténtica del Rey Jaime I, de Ausias March, de Ramón Llull, de San Raimundo de Peñafort hasta la Cataluña de los mártires y de los héroes que, con su sacrificios, muertes y esfuerzos lucharon para que definitivamente nos salváramos de la esclavitud marxista y de los políticos malvados a lo Maciá y Companys, que, con un “Estatut” de factura masónica, mancillaron nuestra tierra y la entregaron a los cónsules soviéticos? Y hoy, sus lacayos se glorían de ser de aquéllos y consideran una derrota la liberación de Cataluña.

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº 189, 22-Ago-1970 

 

sábado, 1 de agosto de 2026

¿Precisamente las joyas del Pilar?

 Artículo de 1968

 ¿PRECISAMENTE LAS JOYAS DEL PILAR?

 Por Rafael Gil Serrano

 El despojo de la tradición

 Por una gracia especial de Dios, tuvimos la dicha de celebrar por vez primera en Zaragoza—Columna sobrenatural de la HISPANIDAD—, el día 2 de enero del nuevo año 1968, la festividad de la VENIDA DE LA VIRGEN EN CARNE MORTAL a esta tierra hispana.

 Naturalmente, el despojo que de esta tradición se ha hecho en el oficio divino del día 12 de octubre—donde se ha suprimido de raíz toda ella—sigue lacerando nuestro corazón porque nada o casi nada—que sepamos—ha comenzado a realizarse para devolver al Pueblo de Dios—que también el Pueblo Hispánico; todos los pueblos hispánicos son Pueblo de Dios—lo que es suyo.

 Otro despojo

 Y no es eso sólo, sino que hemos tenido el dolor de comprobar in situ—sobre el terreno—otro despojo antipilárico: y es que la festividad de la VENIDA DE LA VIRGEN con misa y oficio del día 12 de octubre, que venía celebrándose el 2 de enero como fiesta local en Zaragoza, ¡TAMBIEN HA SIDO SUPRIMIDA DEL CALENDARIO LITURGICO!...

 Sin embargo, la inmensa mayoría de los fieles amantes de Nuestra Señora en su advocación del Pilar que llenaba el grandioso Templo de la Raza hispánica y asistía a los solemnes cultos religiosos, jamás podía sospechar una supresión litúrgica tan radical.

 ¿Un tercer despojo?

 Por último, hay un tercer despojo en perspectiva, cuya intención nos aumenta la amargura en el corazón. Se trata de que—no sabemos por quién—se ha suscitado públicamente una polémica en torno a la venta de las joyas del Pilar para hacer escuelas donde recoger a varios miles de niños zaragozanos, los cuales, por lo visto, carecen de ellas.

 Del mal, el menos

Y... ¡menos mal que se les ha ocurrido eso! Porque muy bien podían haber pedido que el producto de la venta de dichas joyas fuese a parar a «todas las comunidades que no tienen en la Tierra dónde reunirse, para que Dios les reserve una morada en el Reino de los Cielos». Al fin y al cabo, esta idea es anterior a aquélla, puesto que constituye parte integrante de la Oración de los fieles inserta en el número 49 de la revista «Eucaristía», de Zaragoza, correspondiente al domingo día 16 de julio de 1967.

 Ello quiere decir que dicho domingo se pidió en todos los templos que siguen las orientaciones litúrgicas de «Eucaristía» por unas «comunidades», tan raras, «que no tienen en la Tierra lugar donde reunirse, y necesitan para cumplir sus fines temporales «que Dios les reserve (¿para antes o para después de la Resurrección?) una Morada en el Reino de los Cielos»... Lo cual no deja de ser una ventaja el que nadie se acuerde de resolverles el problema de la vivienda a expensas de las joyas piláricas, pues, en este caso, ¿para qué iban a necesitar la morada en el Reino de los Cielos?

 Un texto interesante

 De todos modos, es muy significativo que haya salido a la palestra el jesuita padre Ignacio Elizalde para emitir su opinión, no precisamente como un donante de alguna de las joyas, ni siquiera como un ciudadano cualquiera, sino como «director de la revista Hechos y dichos, por si alguien lo ignoraba. Y para que los lectores adquieran una ligera idea del problema, he aquí algunos párrafos el padre Elizalde:

 «La mentalidad social de la Iglesia va invadiendo los distintos sectores. El Papa se desprendió de su tiara. Muchos obispos, de sus anillos pastorales. Todo en favor de los pobres. ¿No habría llegado la hora de aplicar esta doctrina social de la Iglesia a parte del tesoro del Pilar? También en Zaragoza existe el chabolismo y la miseria. También en Zaragoza hay cerca de catorce mil niños sin escuela, los cuales no pueden recibir ninguna instrucción. Este último es un problema pavoroso que más de una vez se ha agitado en la prensa. Catorce mil niños que van a quedar inutilizados, mancos y ciegos culturalmente; que van a encontrar las puertas de su porvenir cerradas porque nadie les ha dado esa preparación a la que tienen derecho.

 »El fin no pue ser más honesto y cristiano, al mismo tiempo que más del agrado de la Virgen. Sería un mimo para sus hijos predilectos, que son los pobres. Esas escuelas podrían llevar la advocación del Pilar, como fruto fecundo y perenne de los devotos de la Virgen que le regalaron sus joyas, y que la Virgen las regala de nuevo a sus hijos. Nos consta que la curia arzobispal y el arzobispo verían con buenos ojos esta iniciativa y estarían dispuestos a secundarla.

 »San Ignacio de Loyola recomendaba a los superiores que fundieran los cálices de oro, si esto era necesario, para atender a los enfermos».

 ¿Fariseísmo a gran escala?

 Nosotros, que por vivir en Madrid desconocemos lo que normalmente pasa en Zaragoza, pudimos enterarnos durante nuestra breve estancia en la ciudad del Pilar de algunas cosas que por allí se dicen, las cuales, de ser ciertas, pondrían al descubierto una operación de fariseísmo a gran escala, ya que se propugna una venta que, de llevarse a efecto, constituiría un verdadero expolio, pues los partidarios de la misma tienen en su mano la solución del problema.

 Efectivamente. el padre Elizalde, S.J., se pone a especular con unas joyas que no son suyas. En cambio, NADA DICE DE ALGO QUE ES MUY SUYO, es decir, de la Compañía a que él y todos los superiores que le apoyan a respaldan pertenecen. Además, ni siquiera tienen que molestarse en fundir ningún cáliz de oro, como aconsejaba su Fundador, San Ignacio de Loyola, puesto que disponen -o van a disponer- de una millonada de pesetas, producto de la venta del soberbio edificio que tienen en Zaragoza.

 Como se ve, la maniobra farisaica parece estar bien clara, pues tener en su mano la solución de un problema de enseñanza -problema específico de la Compañía de Jesús- y querer cargar el mochuelo al tesoro del Pilar-cuya finalidad especifica no es esa-, es algo que hace falta estar ciego para no verlo.

 Implicación de la curia y del arzobispo

 Y no se para ahí el padre Elizalde, sino que implica a la curia arzobispal y al arzobispo de Zaragoza, achacándoles que «verían con buenos ojos esta iniciativa (la venta de las joyas) y estarían dispuestos a secundarla». De esta manera, el padre Elizalde pretende quizá desviar la atención de las gentes que piensan en la venta del edificio de la Compañía, orientándola hacia alguna venta que tenga o pueda tener en perspectiva el arzobispo para atender a las necesidades más perentorias y urgentes propias y específicas de la archidiócesis.

 Lo que debe hacer el director de «Hechos y Dichos» es dejarse de hipocresías y dar testimonio conciliar verdadero. ¿Cómo? Haciendo efectiva la Iglesia de los pobres, es decir, desprendiéndose de todos los bienes que tienen en Zaragoza para ayudar a solucionar el problema de la enseñanza, del chabolismo y de la miseria, y arrastrar así a otros cristianos que también acostumbran a predicar, pero... sin dar ni un grano de trigo.

 Los amantes de la Virgen

 Los verdaderos amantes de la Virgen del Pilar, los que creen en la Tradición de su venida, también tienen razones muy poderosas para repudiar la venta del tesoro pilárico, cuyo valor espiritual llega hasta el cielo, mientras que su valor material jamás podrá alcanzarlo, aun cuando aquél estuviera formado por todas las joyas del mundo.

 Pues bien: todas esas razones pueden sintetizarse en la copla del bilbilitano don Juan José Gil, que un corresponsal de Calatayud transmitió a su periódico de Zaragoza:

 «El joyero de la Virgen,

para todo aragonés

es una cosa sagrada

y no se puede vender»


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

jueves, 30 de julio de 2026

Réquiem por la España eterna

 Artículo de 1979

 RÉQUIEM POR LA ESPAÑA ETERNA

 MURIÓ la España católica. Y pongamos ahí todo aquello de «evangelizados de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...» Todo terminó, hoy por hoy.

 La literatura de estos años habló mucho sobre «la muerte de Dios», expresión usada con irreverencia e impiedad muchas veces. Si nuestra Constitución no llega a declararlo,-como aquel hombre de la linterna del antiteísta Nietzsche, por lo menos prescinde de El. Fue positivamente excluido. La Ley fundamental española no lo quiso ni citar. Para ella. Dios había muerto. El Rey de España ya no lo es «por la gracia de Dios». Esa referencia nada tuvo que ver con el derecho divino de los reyes. Nunca creímos en eso los españoles.

 «In God we trust». En Dios confiamos. Muchas veces leímos esa frase acuñada en las monedas norteamericanas. Aquí la erradicamos. Somos diferentes. ¡Pobre España!

 El 27 de diciembre de 1978, en los discursos que promulgaron la Constitución, no apareció ninguna invocación a Dios Todopoderoso. La oímos con agrado a un jefe de Estado musulmán, cuando saludó al Rey Juan Carlos en su último viaje a Oriente.

 Y todos nos preguntamos: ¿qué daño haría el nombre de Dios a esa Ley fundamental y a su objetivo cumbre como es la «convivencia»? ¡Debemos respetar la conciencia de los que no lo quieren! ¿Y por qué esa ínfima minoría no respeta la conciencia de aquellos que lo queremos?

 He ahí una nueva contradicción con los principios de la democracia. En España hoy todo ha de ser frío y laico. Fueron suprimidas tres solemnidades religiosas. De otras, eliminaron su sentido cristiano. El 12 de octubre no será Nuestra Señora del Pilar, sino la Fiesta de la Raza. El 1 de mayo nada tiene que ver ya con San José Artesano: es el día socialista del trabajo.

 VESTIGIOS SECULARES DE RELIGIOSIDAD

 Fueron eliminados por los recientes acuerdos del Estado español con la Santa Sede. Los Papas Pío V y Gregorio XIII, en el siglo XVI, concedieron que los sacerdotes españoles elevaran preces diarias, durante la misa, por España y el Jefe del Estado, según la fórmula tradicional. Era una bellísima plegaria ecuménica, en vigor durante cuatro siglos. El artículo VI del Concordato de 1953 renovaba esa facultad, que ahora los últimos acuerdos eliminan. Como también el título de Protocanónigo de la Basílica de Santa María la Mayor, de Roma, decorada con el primer oro que trajeron de América nuestros colonizadores. Título concedido al Jefe del Estado español. Fueron suprimidas también las tres misas solemnes que por las intenciones de este Monarca se celebraban los días de la Asunción de la Virgen, de la Inmaculada y de San Fernando, con la ofrenda de ocho mil pesetas oro que nuestro Gobierno entregaba el día 1 de enero a la misma basílica romana, donde siempre hubo un canónigo español, desde el año 1593. El artículo XIII del Concordato reafirmaba estas concesiones. El laicismo de nuestros días las suprimió todas.

 Ha muerto en España el matrimonio indisoluble. La autoridad civil se arroga la facultad de disolverlo y de permitir otras nupcias. Son legales también las prácticas y la venta de productos contra la natalidad. La Seguridad Social se encargará de este tráfico. Es el «nuevo derecho de la familia democrática», según el programa electoral del PCE.

 Réquiem por la moralidad pública y privada. Los espectáculos, libres y sin frenos, traspasan todas las fronteras impuestas por la más elemental ética natural. Niñas de EGB se drogan y leen novelas muy escabrosas. Las arrastra el ambiente. No es posible sustraerse.

 «¡TODO ESTA PERMITIDO!»

 Con chicle y golosinas, los pequeños son atraídos hacia los quioscos, y en aquellas vitrinas contemplan las portadas de las revistas corrientes. Y todos sabemos cómo son. Yo creo que deberían poner allí este letrero: «Para mayores de 18 años».

¿A quién van a extrañar estas exhibiciones, cuando algunos medios de comunicación, más responsables, les ofrecen sus páginas y emisiones? Un conocido escritor dijo tiempo ha: «Si Dios no existe, todo está permitido.» Y Dios no existe en la Constitución española.

 Ante este panorama antirreligioso, brevemente recorrido, se frotarán las manos de placer los ateos, los impíos, y los anarquistas y comunistas. Saltarán de gozo los que siempre se llamaron librepensadores y miembros de las sociedades secretas.

 Están de enhorabuena también los concubinarios y adúlteros. Concubinato es el matrimonio civil, según el recto sentido cristiano. Y el divorcio abre paso al adulterio. Para la Constitución española constituyen una unión legítima, decente y legal.

 Pingüe negocio se abre ante los que medran al socaire del libertinaje sexual, del amor libre y de la corrupción de menores.

 Pero los españoles, hombres y mujeres de sentido cristiano y profundamente religiosos están de pésame. Miembros de la Acción Católica y de asociaciones de actividad y fervor apostólicos, promotores y educadores de aquella España que respiraba sentimientos de piedad, padres de familia, responsables de sus hijos, lamenten tanto infortunio y esta «espantosa liquidación de nuestro pasado».

 ¡Dios tenga piedad de la España eterna!

 V. FELIU


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979

 

martes, 28 de julio de 2026

El vergonzoso boicot de la ONU a la España de Franco

 Artículo de 1970 

 EL “CASO ESPAÑA”

  XXV aniversario de la ONU

 Si hacemos balance de las relaciones España-ONU en los primeros años de su existencia, veremos que arrojan un saldo negativo para nuestra patria. Ya en aquellas reuniones preliminares, en las que prácticamente se gestó este organismo internacional, España y el régimen español y al frente el Generalísimo Franco, más que nunca respaldado por su pueblo, fueron postergados en una demostración de hipocresía sin precedentes en la historia de las relaciones internacionales.

 Necesario se hace recordar lo que se dio en llamar el “Caso España” (año 1946) y las resoluciones que en la ONU, sobre el particular, se votaron: en especial aquélla que condenaba, negaba su entrada en la Organización (recomendando la retirada de embajadores) al “gobierno fascista de Madrid”; consecuencia de la cual fue el infame bloqueo político-económico contra nuestro país, cumbre de la más feroz y violenta campaña antiespañola orquestada en el seno de la ONU.

 Un subcomité integrado por Polonia, Francia, Brasil, Australia y China, fue encargado de estudiar el “caso España”, a instancias de una denuncia del gobierno comunista polaco, manifestando el “peligro” que para la paz suponía el régimen español; declaración ridícula y falta de base pero que, respaldada por la URSS, fue admitida.

 Así pues, para esclarecer acontecimientos y conocer datos que “legalizaran” una posible condena a España, fue llamado a declarar ante el Subcomité ese “clown” internacional de los años 40 y personaje funesto para la nación española en la década de los 30, que se llamaba Giral. Entre la sarta de mentiras que el exministro de Marina de la República tuvo a bien decir puede destacarse aquella de que “el ejército español contaba con 840.000 hombres y una flota de 300 unidades de combate”, poco menos que dispuestos a “asustar” a las pacíficas naciones  democráticas del mundo.

 El Subcomité dictaminó que España no constituía amenaza para la paz, pero que podía constituirla, e hizo una pomposa recomendación a la Asamblea General para que esta aconsejara, a su vez, el bloqueo diplomático. (Brasil no se identificó con este dictamen y Polonia, por su parte, mantenía su primitiva tesis sobre la amenaza mundial que España representaba. Lo que ignoraban estos sesudos varones componentes del Subcomité, mejor dicho no querían saber, es que esta teóricamente agresiva nación objeto de sus ataques, si hubiera efectivamente contado con este argumento que gratuita y maliciosamente se le atribuía, no hubiera sido denigrada de tal forma en esa tribuna de infundios antiespañoles en que se convirtió la Organización por aquellas fechas.

 Ahora bien, la ONU –“generosa”- por medio del Subcomité, en ese deseo continuo de mantener la paz y unión internacionales”, presentó una alternativa a España, en virtud de la cual si ésta se comprometía a declarar una amnistía general y a conceder al “sufrido” pueblo español el derecho a unas libertades esenciales que, según ellos, le eran negadas, consideraría favorablemente la solicitud española de ingreso en su seno. En una palabra, la entrada estaba condicionada a un retorno a la situación crítica de los años aciagos de la segunda república. Pero Madrid se adelantó contestando que no le vincularía ninguna resolución que significara injerencia en las cuestiones de incumbencia exclusiva de la nación.

La adhesión que los españoles demostraban por su Caudillo debió contrariar a las totalitarias –URSS- y a las democrática naciones -Gran Bretaña, Francia, USA- y así, en su deseo de “ayudar” a ese pueblo que seguía a Franco, enmendó la primitiva propuesta que hiciera, en su día, el Subcomité: Si el régimen del General Franco no desaparecía, siendo sustituido por un gobierno formado por los “prohombres de la resistencia”, la Asamblea aconsejaría la terminación de las relaciones diplomáticas con el Régimen.

 ****

 Una vez más, sin éxito, se había intentado derribar al nuevo Estado. Rusia era la más interesada en ello, reciente como estaba su fracaso de convertir al país ibérico en una de sus “democracias populares” y sabedora, por otra parte, de la agudeza y visión política que su jefe demostraba al haber intuido, con suficiente antelación, la maniobra que el comunismo internacional tenía preparada.

 Así, en una carta dirigida a Churchill por medio del embajador español, le participaba su inquietud al respecto: “Porque no creemos en la buena fe de la Rusia comunista y conocemos el poder insidioso del bolchevismo, tenemos que considerar que la destrucción o el debilitamiento de sus vecinos acrecentarán grandemente su ambición y su poder, haciendo más necesaria que nunca la inteligencia y comprensión del Occidente de Europa”. La carta estaba fechada el 8-10-1944. La respuesta del airado “premier” inglés no se hizo esperar: “Le induciría a V. E.  a serio error si no desvaneciera de su ánimo la idea equivocada de que el gobierno de S. M. esté dispuesto a considerar ninguna agrupación de potencias en la Europa occidental basada en la hostilidad hacia nuestros aliados rusos o en la supuesta necesidad de defensa contra ellos”. Año y medio más tarde, Churchill, en un discurso, se vería obligado a confesar: “Nadie sabe lo que la Rusia soviética y su organización comunista internacional piensan hacer en un futuro inmediato ni cuáles son los límites, si existen, de su tendencia de expansión y proselitismo…” Estas afirmaciones le valdrían el que Stalin le sobrenombrara con el remoquete de… “ fascista”.

 Por otra parte, a Rusia -y esta es una razón de auténtica importancia- estratégicamente le interesaba España como etapa previa para lograr una rápida sovietización del continente europeo, y un buen paso para ello era destruir el Régimen establecido. Desde el punto de vista de la democracias occidentales, vencedoras en la segunda conflagración, el objetivo era presentar a España, ante los ojos del mundo, como continuadora y heredera directa de los regímenes fascistas vencidos; hacerla símbolo de una ideología “brutal” y, en tal concepto, lograr la repulsa internacional contra ella. La realidad era muy distinta; aparte su neutralidad, probada en el conflicto, nuestra patria, en aquellas circunstancias, se debatía con honestidad por su subsistencia, adoptando su propia solución, que le llevaría al reencuentro de sus verdaderas esencias y su auténtica idiosincrasia.

 ****

De cómico podemos catalogar el arreglo proyectado -que no prosperado- por el delegado de Cuba. Lo doloroso fue que, esta vez, el intento de humillación y de injerencia en los asuntos patrios partieron de una nación que recibió de la nuestra el idioma, cultura y civilización. El señor Belt, que así se llamaba el delegado cubano, propuso resolver el “caso” mediante el nombramiento de un gobierno interino integrado por los representantes de los países iberoamericanos, los cuales garantizarían la celebración de un plebiscito en el que el pueblo español podría expresar libremente sus deseos. ¡Qué injuria para España, nación soberana, y qué indignidad la de Belt!

 Pero todo fue inútil. Todas las amenazas y recomendaciones se estrellaron contra la unión y fortaleza de la nación española… Y obrando en consecuencia, el 13 de diciembre de 1946, la Asamblea General de la ONU discutía la moción presentada y aprobada por el Subcomité, con una posterior votación que arrojaba los siguientes resultados: A favor de la moción 34 votos, en contra 6 y trece abstenciones.

 El contenido de la “sentencia” era el siguiente, a grandes rasgos: “El régimen de Franco es un régimen fascista, modelado por la Alemania nazi y establecido por ella coactivamente”.  Asimismo, “mientras dicho régimen continúe en el poder no se permitirá su entrada en la ONU, ya que no representa al pueblo español”. Por tanto, recomienda que se prohíba su participación en organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas hasta que se constituya un gobierno aceptable. Mientras tanto, los pueblos de la ONU declaran que sienten una simpatía duradera por el pueblo español… “La Asamblea General recomienda también que todos los Estados miembros retiren inmediatamente de Madrid a sus embajadores y ministros plenipotenciarios allí acreditados”. Además, el Consejo de Seguridad “estudiará los medios necesarios para remediar la situación”.

 Así finalizó una de las representaciones más vergonzosas de la historia del supremo organismo internacional. El cinismo, la incomprensión, la mentira, la falta de rigor histórico… se dieron cita en una especie de cóctel Molotov arrojado contra España y sus ciudadanos, que, no obstante, supieron continuar el camino iniciado. El tiempo se encargaría de darle la razón y… el reconocimiento universal que entonces se le negaba.

 Gonzalo LÓPEZ-COBO

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 189, 22-Ago-1970


domingo, 26 de julio de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (2)

 Artículo de 1968

 De la Iglesia, del mundo, del mando...

Los católicos ajenos al progresismo están cada día más estupefactos. Es notorio que ni en el mismo Sínodo fueron aprobadas las propuestas litúrgicas presentadas por los «reformistas». No alcanzaron la mayoría necesaria para que significase la necesaria aprobación sinodal que requería las dos terceras partes de los votos. Así fue con la votación de las estructuras básicas de la «misa normativa», sobre la introducción de tres lecturas en la misa. Con frecuencia se desaconsejaban «simplificaciones» demasiado amplias. De todos los continentes se oían quejas de los excesivos experimentos.

 Pero el «Pueblo de Dios» no cuenta si los votos no son para los «demócratas». El método es viejo. Y la forma de prescindir de las opiniones mayoritarias es harto conocida.

 En discrepancia con la «democracia sinodal» de los «Pastores del Pueblo de Dios» hubo una mesa redonda organizada por la progresista ID0C romana—cuya mayoría de asistentes fueron benedictinos muy favorables a la más acentuada reforma litúrgica—, en la que se puso de manifiesto la discrepancia con numerosos Padres Sinodales, y la amplitud y envergadura del esfuerzo reformador actual, así como también las disensiones que el permanente reformismo litúrgico produce entre los católicos.

 Si la reforma litúrgica no ha sido aceptada—tal como fue presentada—por el Sínodo, ¿cómo el Secretario de Estado, en carta al Cardenal Lercaro, le asegura que la reforma irá adelante en el sentido en que él la ha enfocado?

 Los fieles católicos están asombrados, consternados, porque no comprenden cómo es posible que no se respete la opinión de los Padres Sinodales, ni la Constitución Litúrgica, ni las instrucciones posteriores que han hecho polvo a dicha Constitución aprobada por el Concilio Vaticano II, ni se vislumbre permanencia en ninguna resolución adoptada en materia litúrgica. Parece como si la carcoma de la anarquía hubiese penetrado en el «rito latino» que ha desterrado el latín. Al pueblo se le exige acatamiento intimándole a obedecer al Papa, y al Papa se le dice que el pueblo la ha aceptado. Eso es «demócrata».

 ¿Cómo se atribuye la dimisión de un Cardenal (Ottaviani) a su ceguera, cuando ésta se citaba ya en dos conclaves como impedimento para su elección al Sumo Pontificado?

 Los católicos están francamente estupefactos. Se les dice que son adultos, y nunca habían sido tratados como párvulos hasta que apareció el slogan de la adultez de los seglares, ¡¡descubierta en el Vaticano II!!

 No comprenden cómo es posible que si los Cardenales habían presentado otra dimisión posterior a la presentada y rechazada hace más de un año, a uno de ellos—concretamente al eminentísimo Cardenal Arcadio Larraona—, en carta del Secretario de Estado (insertada en el «Osservatore Romano» del 19 de enero de 1968), se le diga que sus proyectos de reestructura de su Congregación no se aceptan. ¿Cómo es que una persona que desea dimitir se ocupa en reorganizar el Sagrado Dicasterio del cual es Prefecto?

 Tampoco han comprendido mis amigos cómo es posible que a un Cardenal que dimite de su cargo—por edad—se le ocupe en varios otros. ¿No será porque no es jubilado? ¿Y cómo es que en su lugar se nombra a un hombre enfermo desde hace años,como es el caso del Cardenal Benno Gut?

 ¿Cómo es que el Papa felicita a algunos Cardenales, al quitarles el cargo, por su extraordinaria doctrina, cuando va colocando en comisiones clave a otros que han dicho públicamente verdaderas herejías, y uno de ellos ha llegado a decir en público que la Ascensión de Nuestro Señor no ha tenido lugar? Porque eso se comenta entre los «integristas» de cierta alta personalidad, y nadie lo ha desmentido.

 También se preguntan los católicos ajenos a toda actitud y doctrina progresista cómo es posible que en su audiencia del 12 de enero de 1966 haya afirmado Pablo VI que las normas conciliares son la continuación del Magisterio Pontificio, y, por ejemplo, la Constitución Litúrgica recogía las normas dadas por Pío XII al Movimiento litúrgico, pero luego las Instrucciones posteriores deshacen la Constitución. Y por si esto aún fuera poco, el Secretario de Estado asegura ahora al Cardenal Lercaro que las reformas litúrgicas seguirán adelante en la dirección que tal Cardenal les ha imprimido. Esto, los católicos de fe íntegra no lo acaban de comprender.

 Una publicación de mucha categoría, integrista, especializada en materia litúrgica, titulada «Capella Sixtina», que se editaba en Italia y tenía amplia difusión en Francia, ha dejado de publicarse. En su número del pasado diciembre anunció que era el último ejemplar y que ya no aparecería en lo sucesivo. No daba cuenta de los motivos de dicha suspensión ni los ha dado ninguna otra publicación. ¿Es por causa del nuevo giro que puede tomar el tema litúrgico? Eso se comenta, y tal como lo he captado lo transcribo.

 A. ROIG


  Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968