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lunes, 26 de octubre de 2026

Obispos del visto bueno a la Constitución atea (10)

 Artículo de 1979

  LA IGLESIA ESPAÑOLA Y LA CONSTITUCIÓN (10)

 “De los periódicos a la UCD”

 El “cardenalazo” del arzobispo de Toledo (mons. Marcelo Gonzalez) provocó el “sí” de Francisco Umbral, escritor vallisoletano con agravios mal dirigidos contra don Marcelo, según él mismo confiesa (“El País”, 5-12-1978). El cardenal, entonces “cura de Valladolid” pasaba leyendo su libro de horas, indiferente por delante de un “niño tísico” que era Francisco Umbral. El cual, “viendo la majestad de aquel cura” perdió la fe. La tisis pulmonar se habrá curado, pero la del alma resistió a los antibióticos. (…)

 Para Jaime Capmany (“ABC”, 1-12-1978), antiguo republicano que hoy escribe en el periódico monárquico por antonomasia, militante rabioso a causa de un entonces fervoroso y su géneris falangismo contra la enseñanza libre y la Universidad de Navarra (“Arriba”, 16-4-1967) y hoy liberal de cinco estrellas, “después de la inquietante “Operación Galaxia” llega esta perturbadora operación Lepanto del señor Arzobispo de Toledo”. La intención de similar a los dos sucesos es tan baja como grotesca. Pero todas las armas parecen estar permitidas, incluso desde el “ABC” contra el cardenal Primado. (…)

 Adhesión a nuestros prelados

 Y de los periódicos pasaron las reacciones ante la pastoral del cardenal Primado a las jerarquías del partido en el Gobierno (UCD). Aunque no pocos pensemos que la orquestada campaña de prensa tuvo claros mentores gubernamentales. Es evidente que la Pastoral del arzobispo de Toledo constituyó un auténtico torpedo en la línea de flotación de la Constitución que se preparaba. Ante ello, el gobierno Suárez reaccionó de dos maneras: prestando el inmenso apoyo de sus medios de comunicación social y en particular de la televisión a cuantos obispos y clérigos se quisieron prestar a contradecir al Primado (y así tuvimos en los días inmediatos al referéndum un auténtica avalancha de noticias y presencias eclesiásticas que pretendían desvirtuar con toda clase de razones y sofismas el peso de la argumentación del Primado); y saliendo al paso de la pastoral por medio de las más caracterizadas figuras del partido en el poder.

 Políticos de UCD

 El 30 de noviembre, “ABC” daba cuenta ya de la reacción de Rodolfo Martín Villa, ministro del Interior, y, como tal, responsable máximo del resultado electoral. Su respuesta es un puro equilibrismo entre un respeto formal que intenta mantener y el servicio a su señor. Se confiesa católico y “bastante practicante”, pero no es en el “ABC” sino en “El País” de la misma fecha donde hallemos lo realmente grave de sus declaraciones.

 Es tan increíble lo que en ellas manifiesta y denota tal incultura religiosa, que comprendemos que el “ABC” haya querido hacer un quite al ministro no dando a la publicidad sus palabras, si es que realmente las profirió. En el caso de que hubieran sido inventadas por el periodista de “El País” era urgente de una rectificación de la que no tengo constancia.

 La maravillosa afirmación que coincide extrañamente con el editorial del mismo periódico al que nos referíamos en el artículo anterior, es la siguiente: “Respeto el criterio de otros católicos y en concreto la de un católico tan eminente como el cardenal arzobispo de Toledo. Pero ni este es el Magisterio de la Iglesia, que tiene su origen fundamental en el Vaticano II”.

 El lógico nerviosismo que la pastoral tuvo que producirle puede explicar las incorrecciones gramaticales. Un ministro del Interior no tiene por qué ser una académico de la española. Pero si “El País” recoge con exactitud las palabras de Martín Villa, asombro es palabra poco significativa para expresar lo que la supina ignorancia del ministro produce. No sólo pretende dárselas de más entendido que el cardenal de Toledo en lo que es el magisterio de la Iglesia, lo que es ya un atrevimiento inaudito, sino que asienta la peregrina teoría que hace nacer ese magisterio del Segundo Concilio Vaticano.

 Otro personaje que acudió enseguida a este ruedo del despropósito fue Emilio Attard, diputado de UCD y presidente de la Comisión Constitucional del Congreso. Afirma que el cardenal de Toledo pretende “desestabilizar el proceso constituyente, acusando la Constitución de un ateísmo inventado” (“El País”, 30-11-78). De la debilísima argumentación del diputado valenciano no insistiremos, aunque convenga recordar que quien se deshizo en amabilidades, desde su presidencia de comisión del Congreso, con los diputados marxistas, reserva sus irritaciones para don Marcelo González. Curioso modo también de entender el catolicismo.

 Demócrata inquisitorial

 Rafael Arias Salgado, secretario general de la UCD, insiste en la misma tesis: “El documento pastoral del cardenal de Toledo no representa la línea oficial de la Iglesia española ni se inserta plenamente en la línea doctrinal del Concilio Vaticano II; para mí, personalmente, y lo digo con el máximo respeto y la máxima fidelidad, no se puede considerar pastoral un documento que hace hincapié única y exclusivamente en valores prontamente negativos, cuando la Constitución tiene tantos valores positivos”.

 ¿Y quién es este demócrata inquisitorial para decir con autoridad cuál es la línea doctrinal del Vaticano II y qué documentos son pastorales y cuáles no? El arcángelico personaje asume viejas tradiciones que vienen desde el regalismo del siglo XVIII hasta antecedentes muy próximos.

 Pero la confirmación de que la pastoral del cardenal de Toledo era una gravísima denuncia de la Constitución la encontramos en el mensaje televisado que el presidente Suárez dirigió todos los españoles (“ABC”, 5-12-1978).

Todo él parece dirigido a desvirtuar las razones del Primado, desde la urgencia de la última hora de la propaganda electoral y sin posibilidades de la menor réplica. El precario resultado del referéndum, ese 59 por ciento de los españoles que dieron su “sí” a la Constitución, ¿en qué habría parado si el arzobispo de Toledo hubiera podido exponer sus temores y sus preocupaciones ante todos los españoles?

 El presidente aseguró solemnemente que ni divorcios ni abortos ni atentados contra la familia y la libertad de enseñanza se encontraban en el texto constitucional. Cree incluso que “es falso e injusto calificar de atea” a la Constitución y algunos le habrán creído. No me detendré en rebatir sus afirmaciones ni en realizar otras promesas suyas sobre el comunismo o el separatismo. El tiempo dirá, si no lo ha dicho ya, quien llevaba la razón; si Adolfo Suárez o Marcelo González. (…)

 (continuará) 

Francisco José Fernández de la Cigoña


Revista FUERZA NUEVA, nº 638, 31-Mar-1979

 

sábado, 24 de octubre de 2026

Visto bueno de la Iglesia a la Masonería

Artículo de 1968

 ¿QUÉ SE PROPONEN LA CONGREGACION DE LA DOCTRINA DE LA FE Y LA MASONERIA?

 … De momento, que los católicos quedemos a dos velas

   «Los jóvenes son felices —escribía Voltaire hacia la mitad de su siglo—, ellos verán grandes cosas...», palabras proféticas en cuanto a su última parte. Lo que dudo mucho es que aquellas cosas que vieron les hicieran tan felices como pensara el enciclopedista. Tomando la profecía por nuestra, tampoco creemos que a los jóvenes actuales, y a los que ya no lo somos, nos vayan a hacer más felices las que empezamos a ver o a entrever.

 Estamos en época de cambios, y de cambios profundos, que deberían meditarse mucho antes de llevarlos a la práctica, pues son irreversibles. Situaciones que han permanecido inmutables durante siglos de más reciedumbre que el actual, están siendo revisadas por no tener ya cabida en la época que vivimos. Todo está orientado al diálogo, la comprensión y la componenda, aunque el éxito no siempre acompañe a la empresa, como se está demostrando en Inglaterra, donde los bellos propósitos de que oren juntos los de diferentes religiones, han terminado a manos de la fuerza pública.

 Se nos lleva a dialogar con los que no quieren el diálogo, sino la sumisión; y se nos invita, en aras de la comprensión, a entregar las armas en vez de velarlas —oficio de caballeros—, olvidándose que, desde Galba al cura de La Solana, al que voluntariamente se desarma, le espera el degüello.

 Ahora se trata de dar término, con arte de alta confitería, al grave conflicto que desde 1738 enfrenta a la Iglesia y a la Masonería.

 Una noticia de prensa nos informa de que en los países bálticos, los masones que se conviertan al catolicismo, quedan autorizados para frecuentar su antigua logia. No deja de ser extraño que con la misma sencillez con que se decreta el principio de la doble nacionalidad, se pueda implantar el de la doble conciencia. ¿Cómo un hombre puede acumular dos conciencias y profesar dos religiones simultáneamente, la de la Iglesia y la de la contra-iglesia? Con esta autorización sospechamos que se ha dado realidad a lo que siempre fue la suprema antinomia: encender una vela a Dios y otra al diablo, olvidando que si de momento quedamos a dos velas, dentro de poco estaremos a una sola, pues apagarán la primera quedándonos con la de los «hijos de la luz», de la luz masónica.

 Ante tantas mutaciones como estamos presenciando, que han llegado a agotar nuestra capacidad de asombro, sospechamos que éste no es más que el primer paso, y que esta novedad, circunscrita hoy a los países fríos, se extenderá con el tiempo a otros más templados.

 En 1965 se editó en Francia un libro que no tiene desperdicio. Su autor Alec Mellor, hombre de las logias, lo titula «La Charte inconnue de la Franc-Maçonnerie chrétienne». Por él nos enteramos que hay una masonería cristiana, difícil de concebir si tenemos en cuenta que la logia es la antesala de la Sinagoga. Para que no falte la debida confusión, el libro ostenta el «Nihil obstat» del jesuíta padre André Bonnichon, y está prologado por otro sacerdote de la misma Orden, cuyo nombre nos es ya conocido: P. M. Riquet.

 Tanto el autor como su inefable prologante, especulan con la existencia, no de una Masonería, sino de varias obediencias masónicas; una irregular, «justamente condenada por la Iglesia y por las Logias», y otra regular que debe recibir toda suerte de bendiciones por su sincero cristianismo. A la primera, o nefanda, pertenece entre otras, el Gran Oriente de Francia, y la «cristiana» o regular es la Gran Logia Unida de Inglaterra, que se corresponde en Francia con la Gran Logia Nacional Francesa (Neuilly).

 Sirve de argumento al libro que, según dicen, hubo una masonería jacobita que era cristiana, pero a continuación nos aclara que Jacobo III, pretendiente católico al trono inglés, exiliado en Roma, después de haber usado el instrumento masónico, lo quiso aniquilar por medio de una condena papal, la de Clemente XII, e impidió a su hijo el príncipe Carlos-Eduardo que fuese masón, como declaró éste a su consejero áulico Waechter.

 Es probable, continúa, que desde 1738, Jacobo III, bien porque la destruyera o porque la remitió al Santo Oficio por mediación de su amigo el cardenal Corsini, había hecho desaparecer la documentación masónica. Por lo tanto, la única masonería que queda en Inglaterra es la hannoveriana, protestante y antivaticanista llamada la Gran Logia Unida de Inglaterra, madre de todas las masonerías del mundo, a excepción, según el autor, de la del RITO ESCOCES ANTIGUO Y ACEPTADO.

 Es casualidad que la autorización hecha a los masones escandinavos esté basada precisamente en que pertenecen a logias que están bajo la obediencia de la Gran Logia Unida de Inglaterra, así llamada desde que en 1813 se terminó la escisión de las dos Grandes Logias reconciliadas, y de la cual el señor Mellor nos da algunos datos.

 En 1962, la G.L.U.I. contaba con 6.996 logias, con unos 800.000 miembros. Su presupuesto es el más rico del mundo, su nivel económico no se puede comparar al de ninguna otra organización privada de Inglaterra. Cuenta entre sus adheridos a los miembros de la familia real, de la aristocracia, del episcopado anglicano, de la City y de las figuras más representativas de la política, de la diplomacia, de la marina y del ejército, del mundo intelectual y del de los grandes negocios. Sir Winston Churchill fue miembro de la logia «Stundholme» núm. 1.591.

 Anteriormente, el Rey Eduardo VII fue un gran maestre muy amado, y más cerca de nosotros, el Rey Jorge VI fue un masón de los más «practicantes» (1).

 En 1874 se produjo un acontecimiento en esta Gran Logia. El gran maestre en persona, lord Ripon, se convirtió al catolicismo, por cuyo motivo hubo de abandonar la masonería. El «Times» del 3 de septiembre de 1874 (pág. 3, col. 6) relata la lectura de la carta de dimisión del gran maestre, leída en la Gran Logia. El efecto producido paralizó a la asistencia hasta el punto de que durante un momento nadie pudo hablar. Ellos se afirman deístas, es decir, que aunque reconocen a Dios como autor de la Naturaleza, no admiten la revelación ni el culto externo.

 La Gran Logia de Inglaterra es la obediencia-piloto de toda la masonería regular. La jerarquía anglicana ejerce de hecho la capellanía de la Gran Logia. Uno de los últimos capellanes fue lord Fisher, no ha mucho arzobispo de Canterbury.

 El bloque de la Franc-Masonería regular de patente inglesa comprende igualmente a las tres masonerías escandinavas, objeto de la excepción, de las cuales, la sueca tiene por gran maestre al Rey Gustavo VI (2).

 No es aventurado suponer que si las pretensiones de Alec Mellor y el padre Riquet se han visto confirmadas en este punto antes de los tres años, dentro de poco tiempo igual suerte alcanzarán sus restantes deseos, que al decir del padre Riquet «transparentan el voto ecuménico de unir a los hombres, por encima de todo lo que los divide». ¿No será para unir a todos los hombres en la desgracia, padre Riquet?

 Asegura Mellor que no es dudoso que la comisión posconciliar, creada para revisar el Código actual de Derecho canónico, volverá a encontrar en su trabajo los cánones 2.335 y 2.336, que son, en la legislación actual (1968) de la Iglesia, los textos en vigor en relación con la Masonería. Ellos impiden a los fieles adherirse «a una secta masónica u otras que se entregan a maquinaciones contra la Iglesia o los poderes civiles legítimos».

 Subraya el autor que sustraer a esta masonería de la censura eclesiástica es bueno para el espíritu del Derecho canónico, como lo han sido las instrucciones del Santo Oficio relativas a la aplicación de la encíclica «Humanum genus», de León XIII.

 No creemos que tarde mucho en suprimirse los cánones 2.335 y 2.336 del Derecho canónico, pero buena complicación se les presentará a los católicos, tan legos en estas cuestiones, distinguir si determinados masones son regulares o irregulares. Particularmente a mí, los llamados regulares, me parecen de lo peorcito.

Pío Cardenal

 (1) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». págs. 71-72.

(2) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». pág. 113.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

jueves, 22 de octubre de 2026

El oro sacado por los rojos en el yate “Vita”

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

  (…) Conviene recordar que la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles) fue creación de un “socialista moderado, humanista” (¿?) que ya en España se había destacado con la creación del DEDIDE (Departamento Especial de Información del Estado), al que posteriormente se cambiaría su denominación por SIM. Este individuo se llamó Indalecio Prieto.

 Los fondos “fundacionales” de la JARE estaban constituidos por el tesoro del “Vita”, un barco en el que otro asesino llamado Negrín mandó cargar con los valores, joyas, divisas y oro y plata en barras, robados al pueblo español, como jefe de la banda de criminales que se constituyeron en “Gobierno”. El valor del tesoro era de unos TRES MIL MILLONES DE PESETAS ORO, del año 1939. El barco, que había zarpado del puerto de Barcelona unos días antes de la liberación de la ciudad (enero, 1939), enfiló rumbo al puerto mejicano de Veracruz. Enterado el capitán del “Vita” del final de la Cruzada, fue a visitar a Prieto, temeroso de que el tesoro consignado al mismísimo Negrín no cayese en poder del gobierno de Méjico, ante un problemático reconocimiento del gobierno del Generalísimo Franco.

 Prieto y Lázaro Cárdenas, presidente de aquel país, llegaron a un acuerdo: el tesoro pasaba a ser propiedad de Prieto, excepto una pequeña parte que se reservaría para Negrín. Prieto se comprometió a financiar la campaña electoral de Ávila Camacho, del mismo partido inamovible de Cárdenas. Se descargó el tesoro y, a la vez, no se le cobraron los aranceles que sobrepasaban los trescientos millones de pesos, todo en beneficio del pueblo (¡).

 Los fondos de la JARE se iban transfiriendo periódicamente a la banca suiza, para que un tal Riquelme, general derrotado, los distribuyese a sus compañeros: Vicente Carrillo los repartía a los mutilados y así iban viviendo del robo los exiliados en Francia, excombatientes del ejército rojo, en 19 campos de concentración, 4 de los cuales en Marruecos, para que sus esclavos trabajasen y gozasen de las delicias del desierto. Se desconoce, por el momento, a cuanto ascendía la mensualidad de José Andreu Abelló, de la Junta de la JARE, que se guardó muy bien de no vivir en un campo de concentración.

 Todos estos datos tan resumidos son válidos para que los mutilados del ejército rojo en España, que han venido reclamando no sé qué pesetas del gobierno del Generalísimo Franco, hagan los trámites necesarios y se dirijan a los miembros de aquella Junta de la JARE o a sus sucesores, a fin de que les ayuden, ya que fueron ellos los únicos responsables de todas las desgracias. No se olvide que además de las tres mil millones de pesetas ORO, valor 1939, hay muchos más miles de millones que los gerifaltes, asesinos de España, cuidaron de ingresar en numerosos bancos de Europa y América: crearon navieras, compañías exportadoras, etc., se comprendería que el producto de este enorme tesoro robado al pueblo español -que hoy (1970) continúa administrado por bandidos bajo la protección de Méjico- llegase a los exilados soldados rojos combatientes y mutilados. (…)

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

domingo, 18 de octubre de 2026

Crisis del ideario falangista en el tardofranquismo

 Artículo de 1968

«FALANGE, HOY», A CARGO DE ROBERTO REYES

  EN EL CIRCULO DOCTRINAL "JOSE ANTONIO", DE BARCELONA

 El Circulo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, agrupa a una nutrida selección de falangistas de la primera hora, así como también a buen número de catalanes compenetrados con el sentir en catalán a la eterna metafísica española, manera joseantoniana de sentir la Tradición con soluciones acordes con las exigencias de cada momento. 

 La ortodoxia católica de sus componentes, la integridad doctrinal de todas sus actitudes, (en esta hora en que Barcelona vive el más inconcebible activismo progresista encubridor de un incalificable contubernio marxista-liberal-separatista) consecuentes con la auténtica proyección doctrinal que en todos los órdenes impulsara José Antonio en una manera de pensar y de ser, mantiene en el Círculo Doctrinal «José Antonio» la llama de la fidelidad inextinguible.

 Mi admiración carlista es el tributo obligado hacia quienes siguen manteniéndose fíeles en la trayectoria política iniciada en 1933 con la plena adhesión del carlismo combativo de aquella época, tal como la testificó Víctor Pradera en su artículo «¿Bandera que se alza?», adhiriéndose plenamente a la doctrina expuesta por José Antonio en el mitin fundacional de la Falange en el teatro de la Comedia.

 Es oportuno recordar todo esto precisamente en estos momentos (1968) en que ex ministros, antiguos importantes cargos, clérigos, institutos religiosos que traicionan el espíritu de su fundador, adoptan actitudes negativas —como lo es el defender desde el púlpito el derecho de huelga, etc.— con perfiles grotescos que les imposibilitan para toda actuación que precise de un espíritu de convocatoria y que provocan náuseas por sus espectaculares autocríticas de su pasado no tan lejano para que sus actuaciones —de las que dicen desligarse— no estén en la memoria de todos. 

 El retorno de tales personas a las decadentes doctrinas decimonónicas, que fueran causa de que España tuviera que ser salvada de su desintegración en una gesta gloriosa a la que la Iglesia reconoció su carácter de Cruzada, contrastan extraordinariamente con esta fidelidad falangista —enemiga del inmovilismo estéril— que se mantiene en el Círculo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, frente a la subversión o al chaqueteo, y a la traición de un obispo Opas o de un Fernando VII, de los intelectuales que presentan como nuevas a las doctrinas trasnochadas cuya inoperancia es origen y causa de la subversión marxista o de los más refinados traidores que ahora se presentan como «evolucionistas».

 Los carlistas somos quienes tenemos más motivos para admirar la fidelidad de las actitudes que se mantienen fieles a la eterna metafísica española, magníficamente expuesta por José Antonio como fundamento doctrinal de la Falange, porque sabemos de más de cien años de sacrificios, luchas e intransigencias doctrinales y del enfrentamiento integrista contra el liberalismo y la masonería infiltradas en las filas de la Iglesia. Y no puede menos que congratularnos que la proyección social falangista sea la solución de los problemas que España tiene pendientes de solución, que son muchísimos menos que los que estaban por solucionar en abril de 1939. Son la prueba más elocuente y positiva de que el ideario y estilo actualizado por José Antonio no han hecho estéril más de cien años de fidelidad y sacrificio.

 Este admirado y magnífico Círculo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, ha organizado un ciclo de conferencias para el año 1968, la primera de las cuales ha tenido lugar el día 10 de febrero en la sala del Fomento de Trabajo Nacional con la disertación del tema «Falange, hoy», a cargo de Roberto Reyes Morales, hacia el cual todos los elogios que le puedan ser tributados son pocos. La presencia de Roberto Reyes —que resultó magnífica— estuvo a cargo de Luis de Caralt.

 El conferenciante inició su disertación exponiendo su preocupación por ciertos aspectos de la vida española —que están muy lejos del pesimismo y del desaliento, incompatible con la autenticidad de la camisa azul y del yugo y las flechas y todo cuanto ello representa— por cosas y casos que están aconteciendo a todo lo largo y ancho de España. 

 Seguidamente analizó con concienzudo acierto los graves problemas que se le han planteado a la Universidad española, que no nacen de una auténtica rebeldía justa, respetable y legítima, sino de un sucio y subversivo juego político que debe ser atajado porque es movido por impulsos reaccionarios unos y marxistas los otros, perfectamente sincronizados, que buscan el desprestigio de la Universidad del Estado y la consecución de la subversión marxista. Puso de relieve el hecho de que ha sido y vuelve a ser la Universidad el campo experimental donde, con impunidad, puede atacarse cualquier régimen, salvo él comunista —claro es, dijo— como lo estamos viendo, porque al mismo tiempo que en Madrid y Barcelona se agitan las Universidades de la Alemania Federal, de Japón, de Hispanoamérica, de Argelia, de Bélgica, respondiendo a una sincronización táctica perfecta.

 Recordó el concepto de Patria como un ambicioso quehacer de destinos comunes, de rectificaciones de injusticias históricas dentro y fuera de sus fronteras, como empieza a demostrarlo España en Gibraltar con el consenso mundial en su favor. Puso en guardia contra el paro que nuestro Estado, por social y por católico, no puede consentir ni que se inicie.

 Afirmó que se ha hecho demasiado caso a quienes olvidan que la poesía política ha muerto, lo cual ha motivado que en España se haya pasado, en muy poco tiempo, de un acendrado idealismo, de un sentido de servicio, solidaridad y amor inspirado en el pensamiento, en la vida y en la muerte de José Antonio, a una filosofía cuya única meta es «vivir mejor». Ello motiva que el saber no sea un medio, sino un fin; que se diga con Nietzsche que «Dios ha muerto», o como afirmó un cura belga en el Fórum Vergés —el abbé Louis Evely—, había que rectificar hasta el Padrenuestro, y claro..., ¿para qué pensar en El?

 La tecnocracia sustituye a la esperanza por la ambición, aparta la confianza hacia toda fe y se intenta eliminar toda religión, convirtiendo al poder técnico en soberano y que el dinero sea medida de inteligencia y categoría social. Ello choca con un notable sector de la juventud, pues la juventud es lo contrario de lo prosaico y materialista, y por temperamento busca en todo autenticidad y claridad, en unos tiempos que no se caracterizan por la claridad sino por la confusión, que resulta ser total, ya que no ha escapado de ella ni la propia Iglesia con dos mil años de existencia. (…)

 También hizo mención del hecho de que el mundo y especialmente el occidental, y España con él, está enfermo, minado por ese nuevo y brutal materialismo a que antes se refirió, más acusadamente en los países que entran como el nuestro en la fase del desarrollo. Señala cómo hoy han aparecido en España delitos repugnantes que hace diez años no los concebíamos siquiera, y que se adoptan actitudes ante desgracias del prójimo que resultan inexplicables en el pueblo español, que parece comenzar a perder su cordialidad tradicional, particularmente en las grandes ciudades en cuyas calles se ve a la gente con el mismo gesto adusto de abstracción y preocupación. (…)

 Se refirió, con conceptos muy claros, a la confusión y a la inquietud con la que se intenta asaltar la fe católica de los españoles al revuelo de sedicentes personales interpretaciones conciliares. Hizo mención de los rebrotes de separatismo a que asistimos, demostrando su carácter trasnochado, desembocando en convertirnos en cipayos de cualquier «grande», pues si bien es cierto que la Humanidad ha prosperado en ciencia, no ha prosperado en conciencia.

 Expuso magistralmente el hecho de que no cabe hablar de una «standarización» política universal, mera utopía, como Franco explicó en las Cortes, pues el camino de la verdadera libertad es barrer la miseria y la ignorancia, y en esto, España parece haberse puesto en camino, aunque lenta y difícilmente, como tenía que ser porque maestra del mundo en muchas cosas, dadora de una civilización a un continente, cuando perdió su originalidad sólo cosechó desastres, y verdadero milagro ha sido el que los haya podido superar en sus aspectos más graves.

 La sala repleta de falangistas, aplaudió las últimas frases del conferenciante, siendo finalmente cantado por todos el «Cara al Sol». El acto constituyó una demostración de que al servicio de España y sirviéndose a los ideales del 18 de julio de 1936, permanece intacto en Barcelona el espíritu de convocatoria.

 A. R.


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

viernes, 16 de octubre de 2026

El perjurio institucionalizado

 Artículo de 1977

 LA RAZÓN DE UN SUICIDIO

¿Cómo destruir en unos meses la obra de cuarenta años?”

 Estas meditaciones fueron escritas sin ninguna influencia, sólo para explicar lo que estaba sucediendo; ni perspectiva de tiempo o espacio, siendo publicados antes incluso de la legalización del Partido Comunista (Abril. 1977), de modo que es indiscutible el mérito de JEHAN BOUYAL y los medios de información que, en principios de 1977, le permitieron escribir “¿Cómo destruir en unos meses la obra de cuarenta años?”. “El perjurio institucionalizado”.

 “Desde el 24 de noviembre de 1975 España vive en la hora del perjurio.

 El perjurio institucionalizado es la destrucción metódica y científica de todas las estructuras políticas, económicas y sociales del Estado del 18 de Julio, el restablecimiento del multipartidismo con 150 o 200 partidos, cuyo número exacto se ignora, del régimen parlamentario y el plurisindicalismo, con el reconocimiento de un momento a otro, de Partido Comunista, mientras las Cortes no tienen más que tres o cuatro meses de supervivencia, y el Movimiento, con toda su estructura, está condenado a muerte en tanto que la supresión del Tribunal de Orden Público no es más que el preludio del de la DGS y las Brigadas Sociales, etcétera.

 Y en cuanto al separatismo, ha logrado ya en un año un estatus equivalente al que tuvo durante la República.

 El perjurio institucionalizado significa, por tanto, la traición a los ideales del 18 de Julio y a su victoria, que son la única legitimad de la Monarquía instaurada, por las que murieron cientos de miles de españoles, héroes y mártires de una Cruzada que, actualmente, se pretende presentar como una guerra civil igual que otras.

 Aniquilar a España

 El sacrificio de sus mártires es ahora ridiculizado y su memoria ofendida diariamente en toda España, por medio de la prensa, la radio la televisión del Gobierno Suárez.

 Actualmente (1977), es peligroso pasear por las calles de Madrid exhibiendo una estrella de alférez, aunque los asesinos del Ejército rojo (llamado republicano) pueden alardear de su vuelta del exilio. Los supervivientes de los “paseos” y las checas son parias importunos, pero los asesinos de ese Ejército rojo (llamado republicano) se benefician desde ahora con las pensiones que permitirán a sus hijos -objetores de conciencia- seguir los cursos de marxismo impartidos desde las Facultades de la Monarquía.

 Y en tanto que los periódicos y revistas compiten en la escalada de una abyección que deslumbraría a Olof Palme, la revista FUERZA NUEVA puede ser censurada en aplicación de la consigna en vigor por toda Europa: “El peligro está en la derecha”.

 El nuevo sistema se impone desde el extranjero

 La España verdadera -la España española- murió el 24 de noviembre de 1975 por la mañana, cuando en Cuelgamuros unos obreros sellaron ante mí la fosa a que cubre la tumba del Caudillo.

 Aquella mañana los cuervos carroñeros reemprenden su vuelo, pero días más tarde regresan a Madrid para asistir a la llamada misa del Espíritu Santo (aunque muy probablemente no fuera el Santo Espíritu el único en acudir), ceremonia con la que se daba comienzo al reinado.

 Cuando se contempla, un año más tarde, la foto de familia tomada entonces, se comprenden muchas cosas (hay fotos históricas más elocuentes que todos los comentarios, como ocurre también con la foto de familia de Yalta) Allí están todos rodeando al rey como a un rehén. Todos parecen resplandecientes (y tenían verdaderas razones para estarlo). Era otra vez como el regreso de los “nuevos afrancesados”, según Blas Piñar.

 Difícilmente pueden imaginarse todas las presiones que se ejercían sobre España desde hacía quince meses: Estados Unidos, obligados sin embargo a contenerse ante la susceptibilidad española si querían seguir disponiendo de sus bases; el Vaticano, que saludaba “con simpatía” el cambio de situación, pero sin olvidar la impopularidad creciente del sacerdotado rojo de España, que últimamente procedía a sus anchas; Francia, experta en liberalismo avanzado; Portugal, de proa a la anarquía; Italia, al borde de la bancarrota y de la guerra civil, pero cuidando todavía de dar lecciones; Gran Bretaña, olvidando Gibraltar; y Escandinavia, ese gran cubo de basura de Europa; la Masonería, ya denunciada por el Caudillo en su lecho de muerte y que regresa, reforzada por el capitalismo internacional; el judaísmo, en una palabra, que resurge en España igual que por doquier, lo que no le impide la leyenda de los seis millones para pasar su factura por ella.

 Así se explica la farsa de Estrasburgo

 El 6 de diciembre de 1976 es una fecha que pasa inadvertida en la que se buscaría en vano un simple comentario en cualquier diario europeo, señalando el acontecimiento. Y, sin embargo, ese día se producía un acontecimiento muy importante: la clausura del Congreso Mundial Judío celebrado en Madrid por una elección que no cabe suponer casual.

 Las Internacionales del capitalismo y el marxismo han recuperado en España el campo de batalla que desde el 18 de julio de 1936 les había estado vedado.

 Para acabar de comprobar cómo el actual sistema está impuesto a España desde el extranjero, basta volver brevemente la mirada hacia atrás. ¿Qué se decía en Estocolmo año y medio antes? ¿Qué se reclamaba en La Haya? ¿Qué se aconsejaba en París? ¿Qué se exigía en el Congreso de Europa? Las mismas fórmulas, los mismos términos, idénticos patrones. Y si alguna vez resurgía un chispazo de la dignidad española, inmediatamente los sumos sacerdotes de la democracia universal fruncían las cejas y llamaban al orden.

 Pero como, a pesar de todo, la confianza concedida a los nuevos dueños de España era muy limitada, resultaba preferible regresar para comprobar si las consignas habían sido cumplidas correctamente. Apenas dejaban Madrid los socialistas Brandt, Mitterrand, Palme y Nenni, les sucedían los demócratas cristianos, peores que todos, con Tindemans a la cabeza y Lecanuet, para un acontecimiento apoteósico que acababa de anunciarse: la Conferencia Eurocomunista (marzo, 1977) con Marchais y Berlinguer, pues aunque Francia, Italia y Portugal poseían los tres partidos comunistas más poderosos de Europa Occidental, la elección de la capital de España para celebrar aquel encuentro no era tampoco una simple casualidad.

 ¡Nosotros, en la luna!

 No hay que pensar que los nuevos dirigentes españoles no estén fuertemente vinculados con el “bochornoso” pasado, como se ha pretendido, pues todos los ministros “proceden” de la dictadura y algunos incluso, como Adolfo Suárez, desempeñaron importantes funciones dentro del franquismo, pero los renegados creyeron siempre que bastaría con su hazaña para hacer olvidar sus orígenes.

 Como todos tienen compromisos que cumplir y calendarios que respetar -pues a la menor vacilación serían llamados al orden bien en París o en Estocolmo- nada les detiene en su decisión de hacer almoneda del Estado del 18 de Julio. La fuerza de las presiones exteriores o las internas, por medio de algaradas y atentados, harán posible la amnistía, los partidos políticos, los objetores de conciencia y que hasta la “ikurriña”, bandera de los asesinos de ETA, sea reconocida oficialmente”.

  

Revista FUERZA NUEVA, nº 638, 31-Mar-1979