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ISABEL LA
CATÓLICA, CON LA CRUZ Y CON LA ESPADA Santa Isabel
de América y de España,
desde el
trono o la silla del trotón
vas haciendo
confín y corazón
tu mirada, tu
fe, tu fuerza extraña.
Castilla es
hija tuya, Tú, el cristal,
y ella, el
vaso de Dios y de la gloria;
tú, surco, y
ella, espiga; ella, la noria,
mas tu seno,
el fecundo manantial.
Tú creas
unidad. En tu esperanza
se derriten
mojones y recelos,
la tierra
sube, bajan más los cielos
y el arado se
entiende con la lanza,
Castilla es
tu virtud alta y sencilla,
que sabe de
fogón, salterio y rueca;
por la gracia
de Dios y de tu mueca
toda Castilla
es tú y tú eres Castilla.
Santa Isabel
de América y de España,
¿no es España
el desborde de tu seno,
tu idea hecha
virtud, el fruto pleno
de tu muerte
que vida desentraña?
Desde el alto
castillo de La Mota
la sueñas y
la ves; y la Nación
eres tú o es
tu inmenso corazón
tierra y mar,
quilla y sol, viento y gaviota.
Una mujer
poniéndole cintura,
ojos, cabeza,
pies, a la imprecisa
corporeidad
de Iberia: una sonrisa
transformada
en frontera y singladura.
Unos ojos
azules que en la mar
no terminan,
comienzan; unos brazos
que buscan a
la sangre otros regazos
donde hacerse
ilusión, troje y altar.
Santa Isabel
de América y de España,
las islas de
Colón ya son en ti
precisión de
justillo, frenesí
de amor
materno con dolor de hazaña.
Tu aliento
con las blancas carabelas,
tu Cruz con
la alta cruz de los baupreses,
tus manos en
la luz de los paveses,
tu sonrisa en
la risa de las velas.
En cada paso
del descubridor,
tu mirada de
madre y fundadora;
tú, con el
misionero; tú, una aurora
y un diluvio
de amor para el amor.
El indio,
para ti, perla en tu dedo,
fibra en tu
corazón, beso en tu boca ;
y tú, para
los indios, ansia loca
de hogar, de
inmenso hogar con fe y sin miedo.
Santa Isabel
de América y de España,
dándole al
huso o dándole al salterio
haces del
Nuevo Mundo un sacro Imperio
que en la luz
de tu espíritu se baña.
Estás aquí y
allí. Te multiplicas
grano en la
espiga, lumbre en el cristal:
y lo que
ordenas con vigor marcial
con ternura
de madre santificas.
La Cruz
disloca sus abiertos brazos
para amparar
lo que la espada doma;
tú, con la
espada y la Cruz, palma y paloma
con mensaje
de rosas y de abrazos.
Un imperio de
amor, cultura y fe;
tú lo
consigues tan sencillamente,
que,
sencilla, tú besas a él la frente,
y él,
sencillo, te besa el regio pie.
Santa Isabel
de América y de España,
la historia
continúa en tus dedales,
sigues
cosiendo historia, y hay cendales
de
inspiración inédita en tu entraña.
El hilo de la
historia está en tus manos
con temblores
de pez recién prendido;
la historia
es tu mirada y tu latido
proa y reja
en los mares y en los llanos.
De espaldas a
tu mística silueta,
la historia
se derrumba en el misterio;
y en la luz
de tu faz, doble hemisferio
dos
golondrinas para tu veleta.
Qué presencia
la tuya : la del fuego
sobre la mies
madura; la presencia
que en el
tiempo cabalga, y es conciencia,
silencio
ahora y grito y llama luego.
Santa Isabel
de América y de España,
no has muerto
: la ternura de Castilla
cuenta tus
pasos, besa tu mantilla
y en tus
entrañas se hace más entraña.
No has muerto
(nunca mueren las ideas).
Tu palabra
granada y maternal,
si en los
trigos es místico trigal,
en los mares
es místicas mareas.
No has
muerto. Y aún hilvanas unidad
con la luz
verdigarza de tus ojos;
mares azules
y volcanes rojos
se besan em
tu nombre y tu verdad.
Obra inmortal
la tuya : gema extraña
con fulgor de
Evangelio y de poema.
No olvides
ante Dios tu inmensa gema,
Santa Isabel
de América y de España.
MAXIMO
GONZALEZ DEL VALLE, C. M. F.
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967
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