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domingo, 1 de noviembre de 2026

José Antonio y Carrero Blanco contra la Masonería

 Artículo de 1968

DE LA MASONERIA Y LA SEGURIDAD DEL ESTADO; IDEARIO COINCIDENTE DE JOSE ANTONIO Y “JUAN DE LA COSA" (*)

 La extensión al área civil del reciente armisticio entre la Congregación de la Doctrina de la Fe y la Masonería amenazaría gravemente la libertad y la independencia de España. Nos proponemos destacar aspectos políticos de la actuación de la secta para evitar que alcance a España el misterio de iniquidad, insospechado y aleve, que hoy amarga a la Cristiandad. Copiamos a continuación algunos párrafos de autorizados políticos contemporáneos.

 LA MASONERIA EN LAS OBRAS COMPLETAS DE JOSE ANTONIO

 «La violencia no es censurable sistemáticamente. Lo es cuando se emplea contra la justicia. Pero hasta Santo Tomás, en casos extremos, admitía la rebelión contra el tirano Así, pues, el usar la violencia contra una secta triunfante, sembradora de la discordia, negadora de la continuidad nacional y obediente a consignas extrañas (Internacional de Amsterdam, masonería, etc.), ¿por qué va a descalificar el sistema que esa violencia implante?» (Carta a Julián Pemartín, el 2-IV-1933)

 «... mientras, se indulta a un oficial español que ha cometido el peor delito de traición contra la Patria y contra el Ejército. A mí ya no me interesa, pues porque yo diga estas cosas no se va a fusilar al señor Pérez Farrás; pero no hay más explicación admisible para el indulto de este oficial que una presión demasiado alta, que el Gobierno no debió tolerar, o una presión demasiado misteriosa, que ni el Gobierno debió aceptar ni nosotros podemos sufrir sin afrenta: la pretensión, simplemente, de la masonería. El señor Pérez Farrás es masón y por eso se ha salvado». (Discurso pronunciado en el Parlamento, el 6 de noviembre de 1934.)

 «El capítulo de cargos del bienio terrible es mucho más grave:(...). Sexto: Política antinacional. En esta acusación se resumen todas. Durante el bienio, España fue la colonia de tres poderes internacionales: La Internacional Socialista, la Masonería y el Quai d’Orsay.» («Arriba», número 1, 21 de marzo de 1935.)

 ***

LA MASONERIA EN LA OBRA DE «JUAN DE LA COSA» (D. LUIS CARRERO BLANCO)

«LAS MODERNAS TORRES DE BABEL» 

«El Diablo inspiró al hombre las Torres de Babel del liberalismo y del socialismo, con sus secuelas, marxismo y comunismo, en las formas en que ellas han tenido realidad; y para ello dispuso de un magnifico instrumento, que es esa tenebrosa organización, de orígenes un tanto misteriosos, que se llama la Masonería, personaje que, aunque entre bastidores, asume el papel principal de la tragedia,  que es la vida del mundo, por lo menos en los dos últimos siglos.» (Página 47.)

 «La Revolución (francesa) quitaba a Inglaterra un poderoso rival y la Revolución fue propugnada y alentada por la Masonería. Esta sirve, pues, en aquella ocasión, a la británica, como la sirve más tarde alentando y apoyando la sublevación que da lugar a la independencia de las colonias españolas en América.» (Página 86)

 «Todo esto se mueve y se explota desde los «clubs» de París, que no son sino logias masónicas. El «club de los jacobinos», que constituyó el centro de todas las sociedades secretas, no fue sino el Gran Oriente Masónico Francés, que recibía sus consignas de la Gran Logia Madre de Inglaterra. Estas sociedades secretas, de las que forma parte el duque de Orleáns, pariente del Rey, pero enemigo de la Corte y principalmente de la Reina, son las que manejan a los misteriosos agentes que mueven los bajos fondos de París e inducen al populacho a tomar las armas del Hotel de los Inválidos para asaltar la Bastilla.» (Página 77).

 Y ya tenemos aquí en lo que se convirtió al cabo de pocos años el régimen liberal en casi todas las naciones o por lo menos en las naciones del continente europeo y de Sudamérica: un Parlamento que es el que prácticamente gobierna, o pretende gobernar, constituido por una serie de partidos políticos, verdadero arcoiris donde se pueden encontrar todo género de tendencias políticas, desde las más rabiosamente conservadoras hasta las más rabiosamente marxistas, muchos de ellos manejados por hombres que están sometidos a disciplinas extranacionales como las masónicas o las internacionales marxistas y que, naturalmente, supeditan los intereses de su Patria a los de estos poderes que les mandan, y a los que es muy grave desobedecer porque va en ello a veces hasta la vida.» (Página 96.)

 «En 1891, don Miguel Morayta se querelló, en nombre de la Masonería, contra el presbítero Balaguer, director del periódico «La Verdad», por supuestas injurias. Se aceptó la demanda y el fallo de la sala fue absolutorio, pero al terminar la vista y preguntar el presidente al acusado si tenía algo más que alegar, éste respondió: «Que me consta la existencia de una delegación especial de la masonería española que tiene por exclusivo objeto conspirar contra la integridad del territorio nacional, entregando al extranjero nuestras posesiones de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y derribar el trono de la actual Monarquía reinante. Así lo declaro y denuncio al señor fiscal de Su Majestad, que está presente...» (Pág. 149.)

 «¿A quién sirven los partidos comunistas, a su nación o a los dictados del Kremlin? ¿A quién sirven las logias masónicas, a su nación o a los intereses a que la Orden sirve, que pueden ser, en muchos casos, totalmente contrarios al del bien común de una nación determinada?» (Página 516.)

 «El hombre tiene que actuar en este aspecto básico de su participación en las tareas del Estado de una manera directa y no dando su representación en forma de carta blanca a un profesional de la política, que luego puede hacer mangas y capirotes con la representación que ostenta, sin preocuparse para nada del interés de sus representados e incluso actuar en su actividad política según sus particulares compromisos extranacionales, al dictado de consignas contrarias al interés de su propia nación, como es el caso de los partidos comunistas o de la actuación de los políticos sometidos a la obediencia de organizaciones internacionales o extranacionales, como la Internacional Socialista o la Masonería.»(Página 518.)


 Revista ¿QUÉ PASA?, núm. 217, 24-Feb-1968

 

(*) “JUAN DE LA COSA": seudónimo de D. Luis Carrero Blanco, como escritor político.

viernes, 30 de octubre de 2026

Escándalos blasfemos en universidad jesuita

 Artículo de 1979

  DEUSTO

La Universidad de los jesuitas de Deusto (Bilbao) ha vuelto a ser noticia. Decimos “ha vuelto” no sólo por las veces que en los últimos tiempos ha aparecido en la prensa a consecuencia de incidentes en su recinto, sino porque, desde más atrás, desde la época en que se inició el lamentable desenganche de la Iglesia española (de cierta Iglesia española clerical y teledirigida) del Régimen del 18 de Julio, al que tantos beneficios debía, incluido el de la propia supervivencia en libertad, la Universidad de Deusto comenzó a sonar con sucesos poco gratos. Los escribimos con tristeza, pero la verdad tiene sólo un camino.

 Ahora (1979) ha sonado, con motivo de un “festejo” celebrado en la misma por parte del alumnado el 19 de enero, con la denominación de “Día de San Canuto”. Hubo protestas, condenas, sanciones y huelgas. Pero ¿qué fue lo que en realidad ocurrió? El rector de la Universidad jesuita se ha creído obligado a aclarar los sucesos mediante una “nota de información” remitida a los padres de los alumnos. Redactada con fría objetividad, de llevarse al cine creemos que merecería la calificación “S”, concedida como premio propagandístico a películas pornográficas. No obstante, convencidos de la prudencia con que la nota ha sido redactada, vamos a reproducir los párrafos que permiten valorar con exactitud los sucesos ocurridos en una Universidad de la Iglesia, creada, suponemos, para lograr una formación moral de los alumnos acorde con los principios cristianos.

 Misa blasfema

 Dice la nota citada: “El acto comenzó con un simulacro de procesión por los claustros, portando en andas una figura ataviada con unos pretendidos ornamentos y a la que habían colocado un gran canuto a modo de pene. En la “procesión” participaban unos doscientos alumnos, algunos de los cuales iban disfrazados, destacando uno vestido de franciscano, otro de militar, etc. El desfile iba acompañado de cantos, música, serpentinas, alumnos portando puerros en las manos, etc. (…)”.

 Luego, en el Aula Magna, tuvo lugar, a la luz de unas velas, una especie de misa blasfema, durante la cual (copiamos textualmente): “Se celebraron actos tales como la “consagración del porro” y la distribución de galletas y vino, a modo de comunión; así como entonándose cánticos o salmodias litúrgicos, con letras conteniendo alusiones sexuales y un diálogo o remedo de confesión sacramental sexo-cómica”.

 Según aclara la repetida nota, “no es la primera vez que hechos semejantes tiene lugar el recinto universitario”. Durante el pasado curso se celebró el llamado “Día de San Manolo, virgen y mártir”, durante el que se introdujeron en la Universidad jesuita dos figuras: una masculina con atributos viriles, como el de “San Canuto”, y otra femenina. “El acto -volvemos a copiar textualmente- consistió en síntesis en una parodia religiosa en que se simula el coito entre las dos figuras y se dirigieron al “santo” oraciones cuyo contenido vamos a omitir, pues creemos que el lector queda suficientemente enterado de la procacidad y grosería que presidieron los actos”.

 Además de otros actos de parecido estilo, la nota nos informa de que, durante tres años consecutivos, se vienen celebrando burdas parodias del Vía Crucis y enterramientos “con motivo del aniversario del 20 de noviembre”. Aunque el rector de Deusto púdicamente no nos dice aqué aniversario se refiere, nos figuramos que es el de la muerte del Generalísimo Franco, ante cuya memoria se deberían descubrir todos los jesuitas españoles, por el más elemental sentido de la gratitud.

 Interrogantes

 Ya conocemos suficientemente los hechos, su gravedad y significado. Pero no desaparecen las interrogantes. Dos principalmente acuden a nuestro pensamiento.

 Primera. ¿Qué hicieron el rector y profesores jesuitas de la Universidad de Deusto para impedir la pública realización de actos blasfemos, intolerables para un cristiano en cualquier parte y más para algunos religiosos en su propia casa?

 Nada, suponemos. Nada por lo menos nos cuenta la nota informativa del Rectorado, y es de suponer que de haber hecho algo, con las consecuencias que una intervención enérgica hubiera supuesto, nos lo relatarían con igual minuciosidad que el aspecto pornográfico de los muñecos empleados. Y uno se pregunta: ¿Qué hubiera pasado si el rector y los restantes jesuitas se presentan en el Aula Magna durante la celebración de la misa blasfema e imitan a Cristo cuando echó a los mercaderes que profanaban el templo?

 Segunda. Durante muchos años de ejecutoria gloriosa, la Universidad de Deusto gozó de envidiable fama entre los católicos españoles por la recia formación moral que daba a los estudiantes que pasaban por sus aulas. La dirección de Deusto, mejor que nosotros, podría hacer pública una lista de ejemplares cristianos, de ejemplares españoles -muchos aureolados por el martirio- que se formaron en la Universidad. Conocemos con detalle, gracias a la nota del Rectorado, el cambio producido en los alumnos. Preguntamos: ¿Cuál ha sido el cambio de los educadores que explica este cambio en los educados?

 He ahí una pregunta cuya respuesta les gustaría conocer a muchos católicos, a muchos españoles.

 R. I.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 639, 7-Abr-1979


miércoles, 28 de octubre de 2026

Sin nombres ni apellidos de los falsos apóstoles

 Artículo de 1970 

 HAY QUE TIRAR A GOL

 Por el P. Venancio Marcos

 El día 22 de febrero (1970) entró en su diócesis el nuevo obispo de Segovia, don Antonio Palenzuela. La ceremonia religiosa resultó brillantísima. Tomaron parte en ella el Nuncio de Su Santidad (Mons. Dadaglio), cuatro arzobispos y ocho obispos.

 Durante la misa pronunció una homilía el Nuncio de Su Santidad y, al final de la ceremonia, dirigió unas palabras de saludo a sus diocesanos el nuevo obispo.

 Al acto asistió el conocido publicista Enrique Miret Magdalena. Enrique Miret Magdalena es algo conocido por los lectores asiduos de esta revista. No puede conocerle bien, sin embargo, quien no lea su artículo semanal en la revista “Triunfo”. Si alguno se leía hace un año y no le lee en la actualidad, no sabe ya quién es, o lo que es. MIret Magdalena; ya no es progresista, ahora se ríe de lo que fue hace un año. Como, si no frena en su carrera, se reirá, dentro de un año, de lo que es ahora. Antes tenía un pie fuera y otro dentro de la Iglesia Católica. Ahora ya no tiene dentro más que un dedo. Pero, por lo visto, eso es suficiente para que los “católicos del postconcilio” le tengan por profeta y por escrutador de los signos de los tiempos. Que es lo fetén.

 Pues bien, en aquella ceremonia religiosa de Segovia, Miret Magdalena nos contó en la revista “Triunfo” sus impresiones en un artículo que tituló: “Queremos obispos encarnados” (que no quiere decir que deban llevar vestiduras encarnadas, sino que no vivan en las nubes). (…)

 Las denuncias del señor Nuncio

 He aquí porque luego homilía del Nuncio de Su Santidad me llenó de asombro. (…) El Papa Pablo VI no lo oculta. Día tras día habla de su pesadumbre, de su dolor, de su angustia por lo que está sucediendo dentro de la Iglesia: por causa, a veces, de sus hijos más obligados a servirla. Y el Papa habla de la “autodemolición” de la Iglesia, dando a entender que no la están destruyendo enemigos de fuera de ella sino los llamados a regirla.

 Pues bien: en esta coyuntura, el Nuncio de Pablo VI en España dijo en su homilía de Segovia: “Mucho se habla de crisis en la fe y crisis en la disciplina. ¿De dónde brotan estas crisis? En gran parte -¿por qué no decirlo?- brotan de haber surgido en la Iglesia aquellos “falsos apóstoles y maestros”, quienes, según el Apóstol Pablo, “dando oídos al espíritu del error, se ocupan de varias disputas que para nada sirven si no es para perdición de los oyentes”.

 ¿Qué tal? ¿Está claro? La culpa de la actual crisis en la fe y en la disciplina no la tienen los masones ni los comunistas, sino los “falsos apóstoles y maestros”. Estos no pueden ser otros que sacerdotes y, tal vez, obispos, que están  resultando ser apóstoles y maestros falsos. En otras palabras, lobos con piel de oveja.

 La denuncia queda hecha. Sólo falta que el Nuncio la remate, diciéndonos quiénes son y cómo se llaman esos falsos apóstoles y maestros. Y pensamos que un hombre de cuerpo entero no dejará de hacerlo. Prosigamos en el hilo de la homilía-

 Dice monseñor Dadaglio: “Muchas cosas se dicen y se hacen hoy bajo el signo de la iglesia carismática, contraponiéndola a la Iglesia jerárquica, como si esta última fuera una institución jurídica meramente humana e histórica y, por tanto, accidental y caduca. Pero no hay dos Iglesias, la del carisma y la de la jerarquía, la de Juan y la de Pedro, sino una sola Iglesia que tiene en sí el carisma y la jerarquía”.

 ¡Estupendo! Queda hecha otra denuncia. Y ésta, gravísima. La de quienes rechazan la Iglesia jerárquica para no admitir más que una Iglesia carismática. Para quienes no entienden bien lo que es el carisma y lo que es la jerarquía, diré, para simplificar, que lo que se pretende es que la Iglesia Católica se haga protestante.

 Esto lo pretenden no los protestantes, desde fuera de la Iglesia católica, sino ciertos católicos. Lo que es peor, lo pretenden, a juzgar por el señor Nuncio, ciertos sacerdotes y obispos. ¿Nos dirá el representante del Papa, quiénes?

 Continúa monseñor Dadaglio; “La autoridad eclesiástica, empezando por los Sumos Pontífices, durante los años del Concilio y del Posconcilio, se ha mostrado comprensiva, paciente, tolerante, animada de la mejor buena voluntad. Sin embargo, muchos, es triste reconocerlo, han abusado de esta actitud, confundiendo la bondad con la debilidad”. (…)

 ¿Quiénes han sido esos “muchos”? ¿Nos dará el señor Nuncio los nombres, por lo menos, de los más importantes y más dañinos? ¿Quiénes podrán ser esos teólogos y pensadores católicos, esos obispos y sacerdotes? Seguimos aguardando el final de la homilía para saberlo.

 Y termina el Nuncio: “Es ya tiempo de hablar con claridad, de tomar posiciones con firmeza, de señalar el error con responsabilidad, de orientar con valentía” (…)

 ¡Magnífico, estupendo, admirable! Ha llegado la hora de hacer todo eso. Tiene razón que le sobra el señor Nuncio. No le queda más que rematar…

 El señor Nuncio no remata

 Pero… el señor Nuncio no tiró a gol. La homilía terminó con esas magníficas palabras. Tras la denuncia de los culpables de la crisis en la fe y en la disciplina, nos dejó sin saber quiénes son en la Iglesia los falsos apóstoles y maestros culpables del error y de la crisis.

 ¿Piensa el señor Nuncio que los católicos de filas y aun muchos sacerdotes serán capaces por ellos mismos de saber dónde están los errores, qué publicaciones los difunden y cómo se llaman esos falsos apóstoles y maestros?

 Muy optimista sería el representante de la Santa Sede si lo creyera. Por eso creo que ha llegado la hora no sólo de señalar los errores, sino de decir quiénes son los que lo sostienen y difunden; de especificar qué publicaciones yerran, de decir claramente los nombres y apellidos de los falsos apóstoles y maestros; no sólo de tomar posiciones firmes sino de condenar a quienes están demoliendo la Iglesia desde dentro. Quizá, sin embargo, no sea cosa del señor Nuncio ir más allá en la denuncia y sólo le corresponde decir lo que ha dicho para que se decidan otros a lo que he llamado “rematar y hacer gol”. (…)

 Nos ha dicho el señor Nuncio que hay falsos maestros que ofrecen pastos venenosos; nos ha advertido que en esas lecturas hay hierbas venenosas… ¿Saben los señores obispos que hierbas son esas? ¿Saben quiénes son esos falsos maestros?

 Si no lo saben, malos pastores son. Si lo saben, ¿por qué no nos lo dicen? (…) Mal pastor es el que, conociendo cuáles son las hierbas venenosas, se contenta con decir a sus ovejas: “En el prado donde estáis paciendo hay hierbas venenosas. Sé cuáles son, pero no os lo digo”. Eso, en castellano, ¿cómo se llamaría?


 Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

lunes, 26 de octubre de 2026

Obispos del visto bueno a la Constitución atea (10)

 Artículo de 1979

  LA IGLESIA ESPAÑOLA Y LA CONSTITUCIÓN (10)

 “De los periódicos a la UCD”

 El “cardenalazo” del arzobispo de Toledo (mons. Marcelo Gonzalez) provocó el “sí” de Francisco Umbral, escritor vallisoletano con agravios mal dirigidos contra don Marcelo, según él mismo confiesa (“El País”, 5-12-1978). El cardenal, entonces “cura de Valladolid” pasaba leyendo su libro de horas, indiferente por delante de un “niño tísico” que era Francisco Umbral. El cual, “viendo la majestad de aquel cura” perdió la fe. La tisis pulmonar se habrá curado, pero la del alma resistió a los antibióticos. (…)

 Para Jaime Capmany (“ABC”, 1-12-1978), antiguo republicano que hoy escribe en el periódico monárquico por antonomasia, militante rabioso a causa de un entonces fervoroso y su géneris falangismo contra la enseñanza libre y la Universidad de Navarra (“Arriba”, 16-4-1967) y hoy liberal de cinco estrellas, “después de la inquietante “Operación Galaxia” llega esta perturbadora operación Lepanto del señor Arzobispo de Toledo”. La intención de similar a los dos sucesos es tan baja como grotesca. Pero todas las armas parecen estar permitidas, incluso desde el “ABC” contra el cardenal Primado. (…)

 Adhesión a nuestros prelados

 Y de los periódicos pasaron las reacciones ante la pastoral del cardenal Primado a las jerarquías del partido en el Gobierno (UCD). Aunque no pocos pensemos que la orquestada campaña de prensa tuvo claros mentores gubernamentales. Es evidente que la Pastoral del arzobispo de Toledo constituyó un auténtico torpedo en la línea de flotación de la Constitución que se preparaba. Ante ello, el gobierno Suárez reaccionó de dos maneras: prestando el inmenso apoyo de sus medios de comunicación social y en particular de la televisión a cuantos obispos y clérigos se quisieron prestar a contradecir al Primado (y así tuvimos en los días inmediatos al referéndum un auténtica avalancha de noticias y presencias eclesiásticas que pretendían desvirtuar con toda clase de razones y sofismas el peso de la argumentación del Primado); y saliendo al paso de la pastoral por medio de las más caracterizadas figuras del partido en el poder.

 Políticos de UCD

 El 30 de noviembre, “ABC” daba cuenta ya de la reacción de Rodolfo Martín Villa, ministro del Interior, y, como tal, responsable máximo del resultado electoral. Su respuesta es un puro equilibrismo entre un respeto formal que intenta mantener y el servicio a su señor. Se confiesa católico y “bastante practicante”, pero no es en el “ABC” sino en “El País” de la misma fecha donde hallemos lo realmente grave de sus declaraciones.

 Es tan increíble lo que en ellas manifiesta y denota tal incultura religiosa, que comprendemos que el “ABC” haya querido hacer un quite al ministro no dando a la publicidad sus palabras, si es que realmente las profirió. En el caso de que hubieran sido inventadas por el periodista de “El País” era urgente de una rectificación de la que no tengo constancia.

 La maravillosa afirmación que coincide extrañamente con el editorial del mismo periódico al que nos referíamos en el artículo anterior, es la siguiente: “Respeto el criterio de otros católicos y en concreto la de un católico tan eminente como el cardenal arzobispo de Toledo. Pero ni este es el Magisterio de la Iglesia, que tiene su origen fundamental en el Vaticano II”.

 El lógico nerviosismo que la pastoral tuvo que producirle puede explicar las incorrecciones gramaticales. Un ministro del Interior no tiene por qué ser una académico de la española. Pero si “El País” recoge con exactitud las palabras de Martín Villa, asombro es palabra poco significativa para expresar lo que la supina ignorancia del ministro produce. No sólo pretende dárselas de más entendido que el cardenal de Toledo en lo que es el magisterio de la Iglesia, lo que es ya un atrevimiento inaudito, sino que asienta la peregrina teoría que hace nacer ese magisterio del Segundo Concilio Vaticano.

 Otro personaje que acudió enseguida a este ruedo del despropósito fue Emilio Attard, diputado de UCD y presidente de la Comisión Constitucional del Congreso. Afirma que el cardenal de Toledo pretende “desestabilizar el proceso constituyente, acusando la Constitución de un ateísmo inventado” (“El País”, 30-11-78). De la debilísima argumentación del diputado valenciano no insistiremos, aunque convenga recordar que quien se deshizo en amabilidades, desde su presidencia de comisión del Congreso, con los diputados marxistas, reserva sus irritaciones para don Marcelo González. Curioso modo también de entender el catolicismo.

 Demócrata inquisitorial

 Rafael Arias Salgado, secretario general de la UCD, insiste en la misma tesis: “El documento pastoral del cardenal de Toledo no representa la línea oficial de la Iglesia española ni se inserta plenamente en la línea doctrinal del Concilio Vaticano II; para mí, personalmente, y lo digo con el máximo respeto y la máxima fidelidad, no se puede considerar pastoral un documento que hace hincapié única y exclusivamente en valores prontamente negativos, cuando la Constitución tiene tantos valores positivos”.

 ¿Y quién es este demócrata inquisitorial para decir con autoridad cuál es la línea doctrinal del Vaticano II y qué documentos son pastorales y cuáles no? El arcángelico personaje asume viejas tradiciones que vienen desde el regalismo del siglo XVIII hasta antecedentes muy próximos.

 Pero la confirmación de que la pastoral del cardenal de Toledo era una gravísima denuncia de la Constitución la encontramos en el mensaje televisado que el presidente Suárez dirigió todos los españoles (“ABC”, 5-12-1978).

Todo él parece dirigido a desvirtuar las razones del Primado, desde la urgencia de la última hora de la propaganda electoral y sin posibilidades de la menor réplica. El precario resultado del referéndum, ese 59 por ciento de los españoles que dieron su “sí” a la Constitución, ¿en qué habría parado si el arzobispo de Toledo hubiera podido exponer sus temores y sus preocupaciones ante todos los españoles?

 El presidente aseguró solemnemente que ni divorcios ni abortos ni atentados contra la familia y la libertad de enseñanza se encontraban en el texto constitucional. Cree incluso que “es falso e injusto calificar de atea” a la Constitución y algunos le habrán creído. No me detendré en rebatir sus afirmaciones ni en realizar otras promesas suyas sobre el comunismo o el separatismo. El tiempo dirá, si no lo ha dicho ya, quien llevaba la razón; si Adolfo Suárez o Marcelo González. (…)

 (continuará) 

Francisco José Fernández de la Cigoña


Revista FUERZA NUEVA, nº 638, 31-Mar-1979

 

sábado, 24 de octubre de 2026

Visto bueno de la Iglesia a la Masonería

Artículo de 1968

 ¿QUÉ SE PROPONEN LA CONGREGACION DE LA DOCTRINA DE LA FE Y LA MASONERIA?

 … De momento, que los católicos quedemos a dos velas

   «Los jóvenes son felices —escribía Voltaire hacia la mitad de su siglo—, ellos verán grandes cosas...», palabras proféticas en cuanto a su última parte. Lo que dudo mucho es que aquellas cosas que vieron les hicieran tan felices como pensara el enciclopedista. Tomando la profecía por nuestra, tampoco creemos que a los jóvenes actuales, y a los que ya no lo somos, nos vayan a hacer más felices las que empezamos a ver o a entrever.

 Estamos en época de cambios, y de cambios profundos, que deberían meditarse mucho antes de llevarlos a la práctica, pues son irreversibles. Situaciones que han permanecido inmutables durante siglos de más reciedumbre que el actual, están siendo revisadas por no tener ya cabida en la época que vivimos. Todo está orientado al diálogo, la comprensión y la componenda, aunque el éxito no siempre acompañe a la empresa, como se está demostrando en Inglaterra, donde los bellos propósitos de que oren juntos los de diferentes religiones, han terminado a manos de la fuerza pública.

 Se nos lleva a dialogar con los que no quieren el diálogo, sino la sumisión; y se nos invita, en aras de la comprensión, a entregar las armas en vez de velarlas —oficio de caballeros—, olvidándose que, desde Galba al cura de La Solana, al que voluntariamente se desarma, le espera el degüello.

 Ahora se trata de dar término, con arte de alta confitería, al grave conflicto que desde 1738 enfrenta a la Iglesia y a la Masonería.

 Una noticia de prensa nos informa de que en los países bálticos, los masones que se conviertan al catolicismo, quedan autorizados para frecuentar su antigua logia. No deja de ser extraño que con la misma sencillez con que se decreta el principio de la doble nacionalidad, se pueda implantar el de la doble conciencia. ¿Cómo un hombre puede acumular dos conciencias y profesar dos religiones simultáneamente, la de la Iglesia y la de la contra-iglesia? Con esta autorización sospechamos que se ha dado realidad a lo que siempre fue la suprema antinomia: encender una vela a Dios y otra al diablo, olvidando que si de momento quedamos a dos velas, dentro de poco estaremos a una sola, pues apagarán la primera quedándonos con la de los «hijos de la luz», de la luz masónica.

 Ante tantas mutaciones como estamos presenciando, que han llegado a agotar nuestra capacidad de asombro, sospechamos que éste no es más que el primer paso, y que esta novedad, circunscrita hoy a los países fríos, se extenderá con el tiempo a otros más templados.

 En 1965 se editó en Francia un libro que no tiene desperdicio. Su autor Alec Mellor, hombre de las logias, lo titula «La Charte inconnue de la Franc-Maçonnerie chrétienne». Por él nos enteramos que hay una masonería cristiana, difícil de concebir si tenemos en cuenta que la logia es la antesala de la Sinagoga. Para que no falte la debida confusión, el libro ostenta el «Nihil obstat» del jesuíta padre André Bonnichon, y está prologado por otro sacerdote de la misma Orden, cuyo nombre nos es ya conocido: P. M. Riquet.

 Tanto el autor como su inefable prologante, especulan con la existencia, no de una Masonería, sino de varias obediencias masónicas; una irregular, «justamente condenada por la Iglesia y por las Logias», y otra regular que debe recibir toda suerte de bendiciones por su sincero cristianismo. A la primera, o nefanda, pertenece entre otras, el Gran Oriente de Francia, y la «cristiana» o regular es la Gran Logia Unida de Inglaterra, que se corresponde en Francia con la Gran Logia Nacional Francesa (Neuilly).

 Sirve de argumento al libro que, según dicen, hubo una masonería jacobita que era cristiana, pero a continuación nos aclara que Jacobo III, pretendiente católico al trono inglés, exiliado en Roma, después de haber usado el instrumento masónico, lo quiso aniquilar por medio de una condena papal, la de Clemente XII, e impidió a su hijo el príncipe Carlos-Eduardo que fuese masón, como declaró éste a su consejero áulico Waechter.

 Es probable, continúa, que desde 1738, Jacobo III, bien porque la destruyera o porque la remitió al Santo Oficio por mediación de su amigo el cardenal Corsini, había hecho desaparecer la documentación masónica. Por lo tanto, la única masonería que queda en Inglaterra es la hannoveriana, protestante y antivaticanista llamada la Gran Logia Unida de Inglaterra, madre de todas las masonerías del mundo, a excepción, según el autor, de la del RITO ESCOCES ANTIGUO Y ACEPTADO.

 Es casualidad que la autorización hecha a los masones escandinavos esté basada precisamente en que pertenecen a logias que están bajo la obediencia de la Gran Logia Unida de Inglaterra, así llamada desde que en 1813 se terminó la escisión de las dos Grandes Logias reconciliadas, y de la cual el señor Mellor nos da algunos datos.

 En 1962, la G.L.U.I. contaba con 6.996 logias, con unos 800.000 miembros. Su presupuesto es el más rico del mundo, su nivel económico no se puede comparar al de ninguna otra organización privada de Inglaterra. Cuenta entre sus adheridos a los miembros de la familia real, de la aristocracia, del episcopado anglicano, de la City y de las figuras más representativas de la política, de la diplomacia, de la marina y del ejército, del mundo intelectual y del de los grandes negocios. Sir Winston Churchill fue miembro de la logia «Stundholme» núm. 1.591.

 Anteriormente, el Rey Eduardo VII fue un gran maestre muy amado, y más cerca de nosotros, el Rey Jorge VI fue un masón de los más «practicantes» (1).

 En 1874 se produjo un acontecimiento en esta Gran Logia. El gran maestre en persona, lord Ripon, se convirtió al catolicismo, por cuyo motivo hubo de abandonar la masonería. El «Times» del 3 de septiembre de 1874 (pág. 3, col. 6) relata la lectura de la carta de dimisión del gran maestre, leída en la Gran Logia. El efecto producido paralizó a la asistencia hasta el punto de que durante un momento nadie pudo hablar. Ellos se afirman deístas, es decir, que aunque reconocen a Dios como autor de la Naturaleza, no admiten la revelación ni el culto externo.

 La Gran Logia de Inglaterra es la obediencia-piloto de toda la masonería regular. La jerarquía anglicana ejerce de hecho la capellanía de la Gran Logia. Uno de los últimos capellanes fue lord Fisher, no ha mucho arzobispo de Canterbury.

 El bloque de la Franc-Masonería regular de patente inglesa comprende igualmente a las tres masonerías escandinavas, objeto de la excepción, de las cuales, la sueca tiene por gran maestre al Rey Gustavo VI (2).

 No es aventurado suponer que si las pretensiones de Alec Mellor y el padre Riquet se han visto confirmadas en este punto antes de los tres años, dentro de poco tiempo igual suerte alcanzarán sus restantes deseos, que al decir del padre Riquet «transparentan el voto ecuménico de unir a los hombres, por encima de todo lo que los divide». ¿No será para unir a todos los hombres en la desgracia, padre Riquet?

 Asegura Mellor que no es dudoso que la comisión posconciliar, creada para revisar el Código actual de Derecho canónico, volverá a encontrar en su trabajo los cánones 2.335 y 2.336, que son, en la legislación actual (1968) de la Iglesia, los textos en vigor en relación con la Masonería. Ellos impiden a los fieles adherirse «a una secta masónica u otras que se entregan a maquinaciones contra la Iglesia o los poderes civiles legítimos».

 Subraya el autor que sustraer a esta masonería de la censura eclesiástica es bueno para el espíritu del Derecho canónico, como lo han sido las instrucciones del Santo Oficio relativas a la aplicación de la encíclica «Humanum genus», de León XIII.

 No creemos que tarde mucho en suprimirse los cánones 2.335 y 2.336 del Derecho canónico, pero buena complicación se les presentará a los católicos, tan legos en estas cuestiones, distinguir si determinados masones son regulares o irregulares. Particularmente a mí, los llamados regulares, me parecen de lo peorcito.

Pío Cardenal

 (1) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». págs. 71-72.

(2) Alec Mellor: «La Franc-Maçonnerie á l’heure du choix». pág. 113.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968