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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Por qué no es posible la unión de las derechas

 Artículo de 1979

 POR QUÉ NO ES POSIBLE LA UNIÓN DE LAS DERECHAS

 Por Julián Gil de Sagredo

 El término “derechas” tiene un valor absoluto en el Evangelio de San Mateo 25,31 porque Cristo coloca a su derecha a los salvados y a su izquierda a los condenados. Sobre unos y otros recae una sentencia infalible, inapelable y eterna; por ello, los conceptos derecha e izquierda adquieren en la mente de Dios una valoración absoluta y definitiva.

 Por el contrario, en la mente de los hombres, dentro de los límites temporales en que se mueven y dentro de esa figura tan efímera y aleatoria que es la política, el concepto “derechas” es relativo y es además equivoco. Al no existir un criterio fijo y unívoco en la definición del concepto “derechas”, no es posible la unión en el pensamiento, y, como consecuencia, tampoco es posible la unión en la acción política derivada del pensamiento. Desarrollamos seguidamente estas ideas.

 La verdad tiene tres características que la hacen incompatible con el error: la claridad, la unicidad y la inmutabilidad.

 * La claridad en las ideas es un carácter específico de la verdad, porque al ser expresión fiel de la realidad, la reproducen con sus propios contornos, tal como es, concreta, delimitada, exacta, y, por tanto, diáfana. Por el contrario, cuando la idea no reproduce la realidad, sino que es una simple creación mental, al no mediar adecuación entre lo real y lo pensado, se produce un conocimiento difuso, vaporoso, abstracto, inconcreto, inexacto, y, como consecuencia de todo ello, oscuro. De ahí que los principios políticos que reflejan el orden natural fijan con claridad y seguridad las cuatro causas, eficiente, final, material y formal, sobre las cuales se asienta la política. “A sensu contrario”, los principios que se desvían de aquel orden natural se enredan en divagaciones sobre conceptos y términos de hechura puramente subjetiva, desvinculada de la realidad, y resultan consecuentemente teñidas de abstracción, de vaguedad, de oscuridad.

 Estos fenómeno es típico del liberalismo filosófico, que después trasciende al liberalismo político y a sus diversos sistemas. El concepto “libertad”, centro neurálgico del liberalismo filosófico, adquiere autonomía y sustantividad sin vinculación con la realidad. La libertad es tan ilimitada y soberana, que, desconociendo el orden real de las cosas, pretende modificarlo según los esquemas mentales que ella misma se fabrica: la libertad engendra la realidad; y como realidad y verdad ontológica es una misma cosa, la libertad engendra también a la verdad.

 Ahora bien, como la libertad es individual, habrá tantas verdades como individuos, habrá mi verdad, tu verdad, su verdad, pero no existirá una verdad objetiva, permanente e inalterable. Como consecuencia de esa proyección subjetivista y relativista, sobrevendrá el caos mental y la confusión doctrinal. Es el castigo inherente a la rebelión contra la palabra de Dios, Juan 8,32, “la verdad os hará libres”, es decir, la verdad engendra a la libertad. El liberalismo filosófico y posteriormente el político, al invertir las palabras de Dios, al negar a la verdad la paternidad de la libertad, la desvinculan de su norma objetiva y segura, quedando anegados en tinieblas mentales. No es extraño entonces que la libertad, que se rebela controla la verdad en el orden filosófico, se rebele seguidamente contra el bien en el orden moral y que, posteriormente, se rebele contra el derecho natural en el orden político. El resultado final, como antes decía, es la confusión ideológica.

 No hay un solo liberal, filósofo, jurista o político que tenga las ideas claras: no puede tenerlas. Al fundar la verdad en la libertad, se ciega voluntariamente. Fraga, por ejemplo, que, según dicen, es un almacén descomunal de conocimientos, sufre permanentemente de indigestión mental, porque, al estar impregnado del veneno sutil del liberalismo, queda incapacitado para conocer la verdad objetiva y, consecuentemente, para ordenar y jerarquizar los valores reales. Las mismas andanzas siguen los restantes jefes liberales, como Areilza, Osorio y otros. (El caso de Adolfo Suárez es distinto porque, al carecer de principios, no podemos clasificarle en ninguna categoría ideológica: tal vez su único principio es el “suarecismo”, al cual quedan subordinados todos los valores, por muy altos, significativos y trascendentes que sean).

 *La segunda característica de la verdad es la unicidad; a saber, la imposibilidad de que sobre un mismo punto y desde un mismo concepto existan dos o más verdades diferentes. Por el contrario, sobre dicho punto y concepto puede haber multiplicidad de errores. La verdad es una, el error es múltiple. En política existe un orden natural y unos principios que emanan por vía directa del mismo. La verdad única radica en ese orden y en esos principios. Todas las demás doctrinas, sistemas, ideologías, elucubraciones o constricciones mentales que se apartan de aquellos principios, de aquellas bases son falsos. Es falso, por ejemplo, el establecer en el pueblo el origen último del Poder y de la Justicia, como ha hecho la Constitución de 1978. Es falso el postulado que funda en la libertad humana la raíz del derecho. Es falso desorbitar fuera de sus límites la competencia del Estado. Es falso invertir los fines de la persona, de la sociedad y del Estado, etcétera. La verdad es única y de ahí deriva.

 *Su tercera característica, a saber, su inmutabilidad. La verdad es siempre la misma, no varía, porque si variara dejaría de ser verdad. La verdad es fija y permanente, porque si fuera aleatoria y permutable sería mentira. La verdad, consecuentemente, es por fuerza, intransigente y dogmática, pues si no lo fuera, si admitiera claudicaciones, revelaría su falsedad.

 Esas tres características de la verdad: la claridad, la unicidad y la inmutabilidad, que la hacen incompatible con el error, determinan también indirectamente que los errores sean compatibles entre sí, al tener como denominador común la oscuridad, la multiplicidad y la variabilidad. Por ello mismo forman, sin perjuicio de sus matices diferenciales, un frente compacto contra la verdad.

 Las últimas elecciones (1979), por ejemplo, han demostrado con elocuencia no sólo la compatibilidad entre las diversas líneas políticas erróneas, sino también su confabulación contra el único movimiento que hoy representa en España la verdad política. La batalla, contra lo que dicen las apariencias, no se ha librado entre “ucedismo” y socialismo, sino entre los dos únicos frentes antagónicos doctrinalmente entre sí, el frente liberal-marxista y el frente católico de Unión Nacional (*). El único enemigo de aquella coalición subterránea era y es Blas Piñar, porque los errores, compatibles entre sí, son incompatibles con la verdad.

 No es posible, en consecuencia, la formación contra el marxismo de un frente común de todas las derechas que algunos preconizan con tanta buena voluntad como escasez de lógica. No podemos eliminar los efectos cuando albergamos dentro de nosotros las causas que los originan. Las derechas liberales simpatizan con el marxismo como el padre simpatiza con el hijo que ha engendrado. No podemos luchar contra el hijo si tenemos en nuestras filas al padre que lo ha fabricado. Las derechas liberales, al anteponer la libertad a la verdad, son inconsecuentes por naturaleza: levantan, como decía Vázquez de Mella, “altares a los principios y cadalsos a sus consecuencias”. Es peligroso unirse con los inconsecuentes porque llevan dentro de sí mismos el germen de la traición.

 A la historia me remito. El vendaval revolucionario que se cierne sobre España (1979) soplaba ya hace años, desde las páginas de “ABC” y de “Ya”; no lo han desatado tanto las fuerzas marxistas del exterior cuanto las fuerzas liberales del interior. Y si el régimen de Franco, que nació nimbado por la sangre de los héroes y mártires de la Tradición española, se fue pudriendo en su misma entraña, la causa originaria hay que buscarla en aquella simiente liberal de estipe masónica que, desde el principio, fue impregnando y contaminando sus mismas  estructuras internas. De aquellas larvas liberales que carcomían ocultamente todos los tejidos del sistema político brotó la generación de perjuros y traidores que, tanto en la cúspide como en la base, dominan hoy la política española.

 ***

Al ser la verdad incompatible con el error, la acción política derivada de la verdad es igualmente incompatible con la acción política derivada del error. Como el término “derechas” envuelve un concepto equívoco que indiscriminadamente pretende acumular dentro de sí la verdad y el error, no es posible la pretendida unión ni en el campo doctrinal ni en el político.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979


lunes, 28 de septiembre de 2026

Jueces asesinados por la República marxista

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

 La piden ellos “los buenos”…

 Nadie ignora que, desde hace unos años (antes de 1970), se suceden una serie de huelgas políticas, disfrazadas con cualquier pretexto. La cantidad de hojas subversivas, insultos, crímenes, manifestaciones, ostentación pública de banderas comunistas, etcétera, forman parte del activismo del partido comunista y “compañeros afines” para atentar contra la paz de España. El nivel de vida es, en general, óptimo, como nunca se había alcanzado. Se comprende que los enemigos de los principios que hicieron posible nuestra cruzada hagan cuanto puedan para frenar o anular todo lo conseguido.

 A los que así proceden, es lógico que, al ser habidos, se les procese y condene por los Tribunales de Justicia conforme a la Ley.

 Que a tales condenados no se les premie con pastelitos es una cosa muy lógica. Lo que ya no es tan lógico es que los que quedan sueltos, los que todavía no han caído en manos de la Justicia, no den señales de “tener cabeza” dejando de subvertir el orden. Porque ocurre que después de una acción subversiva toman parte en otra y así “van tirando”. Es evidente que no hay arrepentimiento. Y cuando una persona se dedica a subvertir el orden de forma continuada, al ser castigada, es absurdo invocar el perdón, la amnistía. Cabe el perdón al arrepentido, pero no al que está dispuesto una y otra vez a delinquir.

De ahí que sobre la ofensiva lanzada por algunos señores en pro de la amnistía, deba obrarse sin precipitaciones. Y, en todo caso, no deben ser nunca los libertinos quienes señalen el día en que debe concederse. Entiendo que puede rebajarse una pena, concederse la libertad a determinadas personas, pero jamás por la presión que pueden ejercer algunas y mucho menos cuando alguna de ellas es totalmente desafecta al Movimiento Nacional.

 Me sorprendió un escrito del Colegio de Abogados de Barcelona. El Colegio ha tramitado una petición de amnistía. Todo muy correcto, muy modosito.

 Pregunto a los abogados que solicitan amnistía un día sí y otro también, aprovechando cualquier pretexto, si se acuerdan de don Salvador Alarcón Horcas, Magistrado del Tribunal Supremo de aquel régimen fenecido, vergonzosamente, el 18 de julio de 1936. Lo asesinaron unas hordas mal llamadas republicanas. ¿Qué abogados protestaron entonces? Eran los tiempos en que unos desalmados que se autotitulaban “Gobierno” habían nombrado fiscal al abogado Gregorio Peces Barba del Brío, del cual tampoco hay noticias de que protestara por el asesinato cometido en 128 funcionarios de la Administración de Justicia, llevado a cabo por las hordas democrático marxistas y entre los cuales figuraban nada menos que el Fiscal General de la República, 14 magistrados y 28 jueces de primera instancia.

 ¿Se acuerdan, señores abogados en petición de amnistía, de don Jesús Arias de Velasco, Presidente de Sala del Supremo, también asesinado? ¿Se acuerdan del nombre del Fiscal General de la República? Era don Marcelino Valentín Gamazo, un hombre honrado. Fue asesinado juntamente con tres de sus hijos casi niños. ¿Quién protestó? ¿Quién apremió una “investigación exhaustiva”? Nadie. Y ¡había abogados democráticos, entonces! Y hasta abogados ¡jóvenes! También los magistrados Mendivil, Aldecoa, Avilés Arizcun; los jueces Mosquera, Royo Vilanova, González Royano, etcétera, fueron asesinados en la mayor impunidad.

 También fueron asesinados centenares de abogados porque habían estampado su firma en unos pliegos, protestando por el asesinato de Calvo Sotelo. ¿Qué abogados liberales de la zona roja levantaron sus voces, no ya de amnistía, sino de ¡basta de asesinatos! ¡no seáis más bestias que las bestias! Pero no, aquellos abogados democráticos y enemigos de la violencia callaron. ¿Serían acaso democráticos aquellos crímenes? (…)

 Despacio, despacio. No tantas amnistías ni tantas facilidades de pago por parte de los rojos, de sus deudas con la Justicia. Mientras en la Universidad se manifiesten con banderas rojas y utilicen la violencia contra las personas y las cosas; mientras como hijos espurios insulten al Jefe del Estado, asalten comercios, asesinen policías y guardias civiles, lancen bombas incendiarias y explosivas, asalten bancos y comercios y… algunos diarios y agencias se callen el texto de algunas pancartas o el color de determinadas banderas –(¿con qué fin?- no hay razón alguna que justifique la concesión de una amnistía. Sería tanto como abrirles las puertas de la cárcel antes de cumplir la condena y animaría a otros a desafiar las leyes.

 Barcelona es una ciudad que escribe mucho, para bien y para mal. Son varias las peticiones de todo color que se han cursado en los últimos años. Es ciudad “alegre y confiada”: con la bandera de las cuatro barras ondeando en, por lo menos, cinco edificios, además de las doce que ondean en unos almacenes de la Plaza de Cataluña. No podía faltar, pues, la campañita de la amnistía.

 En este sentido, 16 hombres de Derecho (según dice el escrito), se dirigieron al Colegio de Abogados. Lo singular del escrito-petición firmado por aquellos señores es la repetición por cuatro veces de las palabras “guerra civil”. ¿Qué guerra civil? Ignoran acaso estos hombres de Derecho que la guerra de España (1936-39) fue una cruzada, como repetidamente dice el Caudillo y así la calificó Roma y nuestro Episcopado? ¡Ya es grave que, a estas alturas, califiquen a nuestra cruzada con la expresión que utilizan los vencidos…!

 Pero no tiene menor gravedad el hecho de que el primero de los dieciséis abogados afirmantes sea José Andreu Abelló, un hombre del foro, que fue masón, diputado en el “parlamento” catalán “por Esquerra Republicana de Catalunya” y, en tiempo rojo, “asesor” del primer Tribunal Popular, magistrado de la Audiencia y presidente de la Audiencia de Barcelona. Este abogado de Reus, exiliado en Francia, formó parte de la junta de la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles). Observen cómo los antecedentes públicos del señor Andreu son como para “erigirle un monumento” en vida.

 No puede extrañar a nadie, al contemplar la brillante hoja de servicio del señor Andreu, preguntarle ¿por qué cuando era nada menos que asesor del Tribunal Popular, con centenares de crímenes y magistrado de la Audiencia rojo-separatista de Barcelona no organizó una campaña en “defensa de los derechos humanos” que no inventó la ONU, pues figuran en el Decálogo? ¿Le daba miedo? Entonces a qué viene su petición actual (1970), que lleva más de 30 años de retraso? ¿Devolverá usted la vida a los españoles que fueron asesinados por la INJUSTICIA roja?

 Compañeros suyos, hombres de DERECHO, de la misma Audiencia, fueron asesinados sin que protestara ni uno solo de los abogados antifascistas que actuaban en ella: el abogado fiscal José Luis Prat, detenido en la misma Audiencia, el magistrado Olalde Satrústegui, presidente de la Sección Primera, asesinado juntamente con sus hermanos Enrique y Fernando, su primo Francisco y la doméstica Josefa Santa María; el fiscal Ezequiel Cuevas; los jueces de Primera Instancia, Antonio Bruyel, asesinado con su hijo y Fernández Cavada, éste, víctima de las palizas que le dieron en la cárcel: los hijos del Magistrado José Márquez Caballero, Carlos, Fernando y Wenceslao, al no encontrarse su padre en el domicilio, al momento de presentarse los republicanos “democráticos” al servicio del “orden ciudadano”… y etc. ¿Quién puede ver con buenos ojos la petición de amnistía de 16 abogados de Barcelona, cuyo primer firmante de señor Andreu?

 Yo protesto por esta petición tan fuera de lugar. ¿Amnistía para los que se manifiestan con banderas comunistas? ¿Amnistía para los que “bombardean a los periódicos que sienten y viven el 18 de Julio? ¿Amnistía para los que matan a policías y guardias civiles? ¿Amnistía para los que, en los sucesos de Granada, han destrozado los coches de la fuerza pública y causado 36 bajas a la Policía Armada? ¿Es que vamos a dejar en libertad a los que, con sus escritos, están escupiendo contra el honor de las Fuerzas de Orden Público? ¿Se puede tolerar que los rojos, masones y separatistas ataquen a nuestras fuerzas armadas por defenderse de la agresividad de los enemigos del Régimen? Quede esto para los países comunistas con sus diarios y emisoras de radio, pero dentro de España ¡intolerable!

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

“Dios nos libre de un Gobierno débil”

 Artículo de 1968

 “Dios nos libre de un Gobierno débil”

  Los rectores de las Universidades Católicas de América hacen suya la frase del almirante Carrero Blanco: “DIOS NOS LIBRE DE UN GOBIERNO DEBIL"

 Por encima de todos los cambios y cometidos pedagógicos que convenga adaptar de la actual Universidad, de nuevo salimos al paso de dos corrientes en que se bifurcan los comentarios sobre el actual problema universitario. Unos que parecen reducirlo a condicionamientos de material para prácticas, libros, bibliotecas, presupuestos, catedráticos vitalicios o contratados por cursos, etc., etcétera. Otros que pretenden aprovechar los actuales desórdenes para que sea reconocido el Sindicato Democrático de Estudiantes. ¿Sabe algo de esto don Joaquín Ruiz Giménez, hombre de confianza del Vaticano y de Santiago Carrillo? La Policía española sí lo sabe, señor cura párroco de San Ignacio de Loyola.

 Nosotros queremos decir que, aparte de las medidas resolutorias del régimen universitario, en primer lugar hay que abortar, al precio que sea, el desorden en la calle y las asambleas ilegales. Pero no es esto solo. Si actualmente España sufre el problema universitario es porque durante muchísimos años se han infiltrado catedráticos, profesores; se han entregado rotativos de primera magnitud: se han montado editoriales y tupidas redes de librerías que fomentan ideologías totalmente incompatibles con el 18 de Julio de 1936 y con la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. Aquel obispo de Astorga —antecesor de aquel que echaba incienso a la Institución Libre de la Enseñanza y colaboraba en «Cuadernos para el diálogo»— escribía: 

«No es fomentar, sino debilitar la convivencia entre españoles, el destruir la base más sólida de la unidad de criterios y sentimientos, que implica la unánime protección de la fa católica. La pérdida de esa unidad nos llevaría no a una más firme convivencia en el plano de algunos otros principios —no sabemos cuáles— más universales normativos de la vida ciudadana, sino al revés, a una guerra intestina motivada por intereses y puntos de vista irreconciliables, contrapuestos cada día con mayor apasionamiento».

 A esto hemos llegado. Por esto el problema universitario se arregla no únicamente con medidas de orden público ni con sanciones a los estudiantes, aunque ahora sean urgentísimas, sino con una revisión muy a fondo de toda la política cultural, de prensa e imprenta, de proyección política nacional, que nos lleve de nuevo a las fuentes del 18 de Julio.

 En esto hemos de tener ideas muy ciaras. No nos podemos fiar ni siquiera de ciertas orientaciones que proceden de organismos eclesiásticos. Hace muy poco, los rectores de las Universidades católicas de América han tenido que publicar una nota relacionada con ciertas orientaciones del Departamento de Educación del C. E. L. A. M. (Comisión Episcopal Latinoamericana). Dicen los rectores de las Universidades Católicas: «Estimamos como inadmisible, entre otros, los siguientes puntos del mencionado documento: 1. Recomendar la intervención de los estudiantes en el Gobierno de la Universidad. 2. La participación de los estudiantes en la elección de las autoridades de todos los niveles». «Ha causado extrañeza que un grupo de expertos se anime a recomendar a las Universidades Católicas un sistema preferido en las Universidades estatales latinoamericanas, que durante cincuenta años ha sido causa de distorsión, de perturbación izquierdista y en los últimos años marxista de las Universidades de la América Latina. (…)

 El problema de la infiltración marxista en los medios católicos es a escala mundial. Cuando aquí, algunos, prevaliéndose de su carácter sacerdotal o episcopal se inmiscuyen en terrenos de técnica política, sindical, económica, que por propia naturaleza son privativos del César, y además de algunos de éstos conocemos sus

colaboraciones en la prensa roja del exilio, mientras hay un silencio sospechoso ante la defenestración del Crucifijo del aula 217 de la Universidad Central y de la perversión ateísta de nuestras juventudes alejadas de aquellos que tienen la obligación de hablar, como es el caso concreto del reverendísimo doctor Maximino Romero de Lema, del que los padres de los universitarios y todo el pueblo español espera conocer su altísimo diagnóstico sobre lo que ocurre en la Universidad, es hora que todos en todos los sectores, comprueben la eficacia de esta frase tan certera que ha dicho el vicepresidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco- «DIOS NOS LIBRE DE UN GOBIERNO DEBIL».

 Sería debilidad reducir el problema universitario a meros alborotos. Seria debilidad no revisar a fondo los cuadros de profesores exigiendo las responsabilidades hasta su máximo alcance. Sería debilidad admitir que la prensa confunda su papel educador e intermediario con el morboso estado de incordiar y buscar fricciones artificiales. Sería debilidad someterse, aunque sea a consignas que vengan de eclesiásticos, abusando de su situación, en materia específicamente civil cuando es evidente que también aquí, como en el caso de las Universidades Católicas de América, denunciados por sus respectivos rectores, no se puede admitir, aunque sea por presiones de comisiones episcopales, que nos propinen fórmulas para que las Universidades de España se conviertan en fábricas de «Chés Guevaras» ¡Atención a don Joaquín Ruiz-Giménez, a los que son de su cuerda y a los que están entre bastidores!

 «Hay UNA libertad QUE NO QUEREMOS: la de la autodestrucción», ha dicho el almirante Carrero Blanco. Y con él estamos todos los españoles bien nacidos. Finalmente, subrayamos lo que acaba de escribir nuestro admirado amigo y camarada Jesús Suevos: «Lo que no es natural es que algunos de los colaboradores del régimen

pretendan, a la vez, colaborar con ellos». O sea, con el marxismo y lo que lleva al marxismo: el régimen de partidos políticos, la democracia liberal y la monarquía liberal, con sus manifiestos de Lausana (19-III-1945) y Estoril (7-IV-1947).

 A. RECASENS SALVAT


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Obispos del visto bueno a la Constitución atea (8)

 Artículo de 1979

 LA IGLESIA ESPAÑOLA Y LA CONSTITUCIÓN (8)

 Por Francisco José Fernández de la Cigoña


,,, Y OCHO OBISPOS AUTÉNTICOS

 La Pastoral del cardenal primado (mons. Marcelo González) había conmovido a la opinión. Lo que para José María Javierre (“Ya”, 3-12-78) era sólo un “alboroto en la familia católica”, para otros constituía un “marcelazo” (“El Periódico”, (2-12-78). Y los titulares de la prensa del día 29, dando cuenta de la postura del arzobispo de Toledo, son un curioso sistema de medida de adhesiones más o menos confesadas.

 Para “ABC”, el escrito del cardenal sólo implicaba “que los católicos hagan su opción con toda libertad, según se la dicta su conciencia” (29-11-78). Por los titulares, pues, parece que se trata de algún otro escrito totalmente distinto del documento del Primado. Aunque no es así, ya que tras esa fachada falsa y desorientadora, que es lo que sólo retienen muchos lectores, se transcribía casi íntegra la controvertida pastoral. Técnicas, sin duda, de una buena y veraz información tras lo que quizá anduviera la mano de Martín Descalzo. Y eso que “ABC” tiene fama de serio.

 “El Imparcial” del mismo día recogió, en cambio, en primera plana y con escándalo de titulares, la verdad de la información: “El cardenal primado orienta a los católicos de cara al próximo referéndum del día 6. Monseñor González Martín pone el dedo en la llaga y se refiere a las cuatro cuestiones fundamentales desde el punto de vista cristiano: 1) La omisión de todo referencia a Dios; 2) Los derechos inalienables del hombre; 3) La libertad de enseñanza y la igualdad de oportunidades; 4) La introducción del divorcio y la posible legalización del aborto”. Y la verdad es que así era. Aunque “ABC” prefiriera dejar para la letra pequeña el claro sentido de las palabras del primado. Más honrado fue “Informaciones”, que tituló lacónicamente ese día: “El cardenal primado contra la Constitución”.

 Ocho obispos

 Al día siguiente, nueva conmoción religiosa y política. Ocho obispos se adherían a la pastoral del arzobispo de Toledo y la hacían suya. La nota de la Comisión Permanente se hundía en la ignominia, pues al descrédito que habían arrojado sobre ella numerosos seglares y eclesiásticos se unía ahora la firme desautorización de nueve obispos. Porque, dejémonos de eufemismos, eso era lo que significaba la postura colectiva que acababan de adoptar.

 El cardenal arzobispo de Toledo, el arzobispo de Burgos, monseñor García de Sierra, y los obispos de Orense, monseñor Temiño; Vitoria, monseñor Peralta; Ciudad Rodrigo, monseñor Mansilla; Orihuela-Alicante, monseñor Barrachina; Cuenca, monseñor Guerra Campos; Tenerife, monseñor Franco, y Sigüenza-Guadalajara, monseñor Castán, vinieron a decir todo lo contrario de lo que la Comisión Permanente, después ratificada por la Asamblea Plenaria había dicho. Nueve obispos recomendaban el “No” frente a la jerarquía taranconiana, que se volcaba por el “Sí”. Y aquí hay que evocar nuevamente la figura del nuncio Dadaglio, artífice máximo de esta división de nuestra Iglesia, y en temas de tanta importancia.

 Si algún católico se escandalizó por la división, que se apunte ese escándalo en la cuenta del nuncio. Y los ciertos escándalos que produjo la actitud de la mayoría episcopal deben apuntarse también, deducida la parte correspondiente a cada obispo por maldad o necedad, a la cuenta de ese oscuro personaje italiano, del que quisiera despedirme ya definitivamente, pero al que aún nos lo volveremos a encontrar cuando hablemos de los últimos (1979) nombramientos de obispos, o sea, de los señores Echarren, Larrauri, Setién y Larrea.

 La pastoral del primado provocó cuatro tipos de reacciones públicas. En primer lugar, salidas de tono, muchas de ellas realmente intolerables, de personajes o personajillos que o servían a quien les pagaba o veían cómo un éxito que se les antojaba ya ganado quedaba gravemente comprometido.

 En segundo lugar, estaba la jerarquía política de UCD, que intentó sacudirse lo que se les venía encima, diciendo que nada de lo que alarmaba al cardenal de Toledo podía encontrarse en la Constitución. Pudieron prometer, y prometieron, que ni divorcios, ni abortos, ni amenazas a la enseñanza, ni casi olvidos de Dios, se hallaban en el texto constitucional. Ricardo de la Cierva llegaba casi hasta a encontrar a Dios en cada artículo. Sólo les faltó decir aquello de que, como estaba en todas partes, también lo encontrábamos allí sin necesidad de proclamarlo.

 Después venían los obispos y algunos clérigos que, arrojando por la borda los pudores hasta ahora mantenidos, se alineaban entusiásticamente tras los líderes comunistas, socialistas y de Centro Democrático.

 Por último, los que, en una postura sumamente crítica de la Constitución, encontraron en los nueve obispos mencionados el más firme respaldo de sus tesis.

 Algunas muestras

 Las bilis, autosegregadas o mercenarias de tantos de los del primer grupo no merecen sino el desprecio. Pero conviene recoger en esta panorámica político-eclesial que intentamos ofrecer, algunas muestras de periodismo que, aunque sin duda produjeron regocijo en no pocos obispos del sector mayoritario, eran viento desatados que muy pronto iban a volverse contra ellos. Lo veríamos claramente muy poco tiempo después cuando una nota de la Comisión Permanente sobre la postura que debían adoptar los católicos en las últimas elecciones legislativas, fue casi tan “contestada” como, en su día, la pastoral del cardenal primado (“Vida Nueva”, 17-2-79)

 Porque determinadas fuerzas políticas sólo están dispuestas a aceptar a la Iglesia cuando se muestra como organización subversiva y revolucionaria. Es decir, cuando no es Iglesia. Y éste ha sido el error básico del cardenal Tarancón. Por el que ha pagado ya un elevado precio y por el que, en el futuro, tendrá que entregar todavía más elevadas prendas. En alguna ocasión escribí que el cardenal de Madrid era como esas novias tontas y fáciles que se quedan con niño y sin boda. Conociendo a la novia, no era “profético” anticipar el desenlace. Desgraciadamente para él, cosa que me trae sin cuidado, y para la Iglesia española, lo que me preocupa muchísimo. La profecía se va a convirtiendo en dolorosísima realidad.

 Veamos como el sesudo “Informaciones” (19-11-78) apostillaba por la pluma de su habitual y “ucedero” comentarista Abel Hernández, que tal vez sea el antaño cura progresista multado por la “oprobiosa” (“Pueblo”, 14-5-69), la pastoral del arzobispo de Toledo.

 Los obispos que se oponían a la Constitución eran el “pequeño reducto ultraconservador, partidarios del viejo nacional catolicismo, apegados al viejo régimen y a las banderas al viento”. “Estos obispos, todos ellos nombrados por Franco (como si a Tarancón, Cirarda, Díaz Merchán o Jubany los hubiera nombrado Manuel Azaña), actúan con la mejor voluntad, pero están más cerca de la Plaza de Oriente que del Palacio de las Cortes, donde tiene su sede la genuina representación de la voluntad popular”.

 Arrimarse al árbol de “UCD”

 Yo no sé de qué punto del plano madrileño están más cerca su obispos del “grupo de don Marcelo”. No lo sé  ni me importa porque Madrid no es una medida eclesial. Me basta con saber que están muy próximos a la doctrina de la Iglesia y a lo que hoy dice su más genuino representante, el Papa Juan Pablo II porque eso sí que es una verdadera garantía. Sí sé, en cambio de quién está muy próximo Abel Hernández, y esa proximidad, eclesiásticamente, no tiene la menor relevancia. Porque arrimase al árbol de UCD, a cuya sombra se cobija el periodista de “Informaciones”, sea laico o clérigo, secularizado o no, y bajo el que corrieron a cubrirse Tarancón y sus muchachos, puede ser muy rentable en una perspectiva alicorta de escaños o gabelas temporales, pero nada significa en lo que debiera ser la regla áurea del comportamiento episcopal, en contemplar todo lo de este mundo sub specie aeternitatis”. (…)

 Falta de solidaridad

 En el artículo de Abel Hernández, que venimos comentando, se apunta, por primera vez, una objeción a la Pastoral del cardenal primado (Marcelo González) que luego se iba a repetir hasta la saciedad. Y es la falta de solidaridad de estos nueve obispos para con sus compañeros en el episcopado. Como si ella fuera un valor supremo ante el que debiera ceder incluso la verdad.

 En palabras del periodista, “lo que sí sorprende y hasta escandaliza un poco es la falta de solidaridad y respeto que demuestra este documento y sus partidarios con el colegio episcopal”. Otros epígonos de la conferencia señalarán después cómo, en tiempos de la presidencia de monseñor Morcillo (1968-71), los obispos progresistas callaron sus discrepancias por no romper esa imagen de unidad que ahora -y dan entender que por culpa de los nueve- se ha deshecho, en escándalo del pueblo fiel.

 No se dan cuenta que a quien colocan en muy mal lugar, con este proceder denunciado, es a los obispos que callaron entonces ideales y creencias. Porque si en verdad creían que ellos eran quienes tenían razón, y en asuntos de gravedad, debieron hacer pública su discrepancia, porque con la verdad no caben amaños. Es mucho más digna y coherente la actitud de don Marcelo y sus ocho compañeros cuando, creyendo que la actitud de la mayoría de los obispos no era acertada y que con su silencio exponían gravemente su honor episcopal, así lo expusieron.

 Una vez más, parece ponerse de manifiesto la diferencia entre unos obispos y otros. Don Marcelo cree en la doctrina de la Iglesia y la predica, esté en el Poder o en la oposición. Como corresponde a un obispo. A los otros parece traerles sin cuidado la doctrina y la supeditan a valores secundarios, por importantes que puedan ser.

 (Continuará)

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

martes, 22 de septiembre de 2026

El aberrante catolicismo de los nacionalistas vascos

 Artículo de 1970

 “EL CATOLICISMO DE LOS NACIONALISTAS VASCOS”

 Tiene plena actualidad (1970), a pesar del transcurso del tiempo, para nuestros lectores, la lectura del prólogo a la obra “El Catolicismo de los Nacionalistas Vascos”, de don Pedro P. Altabella, escrito por don Javier Lauzurica, Administrador Apostólico de Vitoria (1939), a cuya diócesis pertenecía entonces Vizcaya.

 Naturalmente que nuestros lectores pensarán, tras su lectura, lo mismo que nosotros: Cualquier semejanza entre Administrador Apostólico (mons. Lauzurica, 1939) y Administrador Apostólico (mons. Cirarda, 1970, antifranquista) es pura coincidencia. Y no faltará quien se pregunte también ¿en qué quedamos señores Administradores Apostólicos?

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 Prólogo de Javier Lauzurica, Administrador Apostólico de Vitoria a la obra “EL CATOLICISMO DE LOS NACIONALISTAS VASCOS”, de d. Pedro Altabella (1939)

 “En el problema vasco, tan traído y llevado por toda Europa y América y, por regla general, tan mal comprendido, los hechos son bien patentes y la verdad que de ellos se desprende es, a nuestro juicio, clara.

 En España con la implantación en 1931 de una Constitución laica, lesiva de todo derecho religioso individual y social, con los atropellos y desmanes consiguientes cometidos contra la conciencia católica y, sobre todo, contra la Iglesia, se llegó la perpetración de crímenes y robos sacrílegos, al incendio de templos, al asalto de casas religiosas en tal forma que estos males, lejos de aminorarse con el tiempo, iban en aumento de día en día. A la Iglesia se la iba despojando de todo y, en el Estado español, la injusticia y el libertinaje ocuparon, por asalto, el trono que, en toda nación bien organizada posee pacíficamente la justicia y la verdadera libertad. Difícil es que se dé un caso en que aparezca más justificado un alzamiento.

 “Quien recuerde las listas de vandálicos desmanes leídas o presentadas en el Congreso y, sobre todo, piense en el monstruoso crimen de la madrugada del 13 de julio de 1936 (Calvo Sotelo) verá que el alzamiento fue la única tabla de salvación que flotaba sobre el borrascoso mar de nuestra Patria, y es tanta la verdad de esta afirmación que, por documentos auténticos sorprendidos al enemigo, estábamos por aquella fecha, en vísperas de ver convertida España entera en un cantón de Rusia bajo el tiránico poder de los “sin Dios”.

 “La Providencia nos deparó un hombre que, a su talento militar, unió un espíritu profundamente cristiano, heroicamente patriótico y serenamente recto. A él se adhirieron y debieron adherirse todos los hombres de buena voluntad que sintieran el respeto debido a la religión, el amor a la Patria y la preocupación de ver encuadrada la nación dentro del marco de “la justicia que eleva a los ciudadanos” (Prov. XIV, 34).

 “No lo entendieron así los dirigentes del Partido (católico) Nacionalista Vasco de Vizcaya y Guipúzcoa, a juzgar por la ayuda que desde el primer momento prestaron a la alianza marxista, poniéndose, por otra parte, en abierta contradicción con los sentimientos de su partido, que, al menos en gran parte de Vizcaya fue, en un principio, opuesto, en su casi totalidad, a la unión con los partidos de izquierda.

 “Por eso, hubo de levantar su voz quien tenía poder para ello y a oídos de todos los vascos llegó el documento pastoral de los excelentísimos señores Obispos de Vitoria y Pamplona, que publicaban “para conocimiento de todos y efectos consiguientes”, en él se reprobaba la unión con los enemigos de la Iglesia como ilícita, monstruosa y escandalosa. Poco después dirigía el excelentísimo señor Obispo de Vitoria una locución por radio a todos sus diocesanos, y entre otras graves afirmaciones les decía:

 “Católicos vascos… No podéis, de ninguna manera, cooperar, ni mucho ni poco, ni directa ni indirectamente, al quebranto del Ejército español y cuerpos auxiliares requetés, falangistas y milicias ciudadanas que, enarbolando la auténtica bandera española bicolor, luchan heroicamente, por la Religión y por la Patria. Oh, si triunfaran los marxistas, rotos los diques todos de la religión, de la moralidad, de la decencia, la ola arrolladora hundiría a todos en su furioso ímpetu; no habrá salvación para los católicos y procurarán, por todos los medios, borrar hasta el último vestigio de Dios”.

 “El prelado mandaba, pero los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco desoyeron su voz y no le obedecieron. En cambio, se dejaron seducir por los ofrecimientos y halagos del líder socialista Prieto, y por un plato de mentidas libertades vendieron al pueblo vasco e hicieron traición a la primogenitura de la fe católica. Creyeron, sin duda, los dirigentes del Partido Vasco, que, desterrada y aun arrasada la religión del resto de España, podrían ellos conservarla en el rincón de su país. Semejante absurdo tiene una explicación que lo aclara todo. Los dirigente del Partido Nacionalista Vasco prefirieron la política a la religión y su órgano principal de prensa, “Euzkadi” se preocupó más de medrar políticamente que de defender la religión en toda su integridad. Esta subversión de principios ha sellado, con caracteres de catástrofe, gran parte de la región vasca”.

 “Queremos hacer constar aquí, para orgullo de Navarra y Álava, que esas dos provincias hermanas supieron mantenerse a la altura de su gloriosa y no desmentida tradición; en cambio, a gran parte de ciudadanos honrados de Vizcaya y Guipúzcoa hicieron claudicar unos cuantos dirigentes que no supieron apreciar en su justo valor el tesoro de espiritualidad que llegaron a tener en sus manos-

 “Más tarde pretendieron justificar su conducta, equipando los crímenes de la España roja con las ejecuciones de la España nacional. ¡Aberración inexplicable! En la España roja se ha perseguido al sacerdote como ministro de Dios, en la España nacional se le ha respetado siempre en su calidad de ministro de la Religión católica. En la España roja se han destruido, destrozado o inhabilitado los templos del Señor, destinándolos a usos profanos cuando no sacrílegos; en la España Nacional han continuado destinados al culto y, al paso que nuestras armas incorporaban los pueblos a la nueva España, los edificios recobraban su antigua denominación y, consagrados de nuevo al Señor, se abrían al culto. En la España roja, el odio la religión ha sido sistemático; en la España nacional se ha vivido y se vive intensamente la fe católica y se rivaliza en exteriorizar el amor a Dios.

 “Yo espero que este libro, que proyecta hechos importantes a la luz de la verdad, influirá, eficazmente, en los entendimientos oscurecidos por la ignorancia u ofuscados por el error.

 “Como la mejor recompensa a su trabajo, yo deseo al autor de este libro que se propague por todas partes y sea leído, de modo especial, por mis diocesanos, para que, conociendo el problema vasco en toda su significación, amemos todos juntos a la Iglesia con su Cabeza visible, el Papa, y a España con su incorporable Caudillo Franco.

 Vitoria, festividad de Santo Tomás de Aquino, 1939


Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970