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Libros que conviene leer
“DERROTA MUNDIAL”
-Orígenes ocultos de la Segunda Guerra Mundial.
-Desarrollo de la guerra.
-Consecuencias actuales de la guerra.
(De Salvador Borrego E.,17ª edición, Méjico, 1966.Registro
número 18.438, 15 de mayo de 1954.
Edit. en España: Queremón Editores, S. A. Narváez, 49, Madrid).
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Advertencia de la editorial
La tesis de este libro no plantea el nazismo como panacea política.
El propio nazismo se privaba de toda posibilidad de exportación, pues al
poner énfasis en la raza y en la tradición y al hacer a un lado el
internacionalismo no podía ser imitado ni siquiera por quienes simpatizaban
con él los cuales tenían que producir algo íntimamente propio, según ocurrió con
la Falange Española, eminentemente nacionalista y católica.
Además, el nazismo se acabó hace veinte años y no existe en ningún
país del mundo.
El objeto de este libro es evidenciar la forma en que el comunismo se
ha desenvuelto en los últimos cien años. En tanto que el nazismo se acabó en
1945, el comunismo es un peligro ACTUAL (1967) y se proyecta aún más terrible
para un futuro inmediato.
La tesis del libro consiste en que el comunismo no es una ideología
anhelada por las masas, sino una conjura que avanza en todo el mundo gracias
a personajes públicos y secretos que le prestan ayuda de mil modos, incluso
atacando cuanto se le opone en su camino, así sea el oponente un gobernante,
la Iglesia, una ideología o un libro.
Alemania en guerra tuvo una fase esencialmente anticomunista, y eso
le ha granjeado enemigos persistentes que aún están produciendo películas
contra los crímenes del nazismo, sepultado hace veinte años, en tanto que no
hay UNA SOLA que hable de los crímenes ACTUALES y MAYORES del comunismo.
La tesis de este libro tampoco es antisemita. ¿Qué es el
antisemitismo? Es la condenación del judío sólo por tener sangre judía, es
decir, un absurdo igual que ser antifrancés, antiespañol, antibritánico.
(«Debe discernirse claramente que una cosa es la lucha política contra el
movimiento político judío y otra muy distinta es la hostilidad injusta contra
el pueblo judío en masa, sólo por ser judío», del autor.)
Este libro evidencia que en el génesis y en el ACTUAL AVANCE del
comunismo hay un movimiento político de personajes judíos, y esto no es
antisemitismo, sino UN HECHO. Estar en desacuerdo con ese movimiento político
es discrepancia ideológica, no discriminación racial. ¿Acaso el anticomunismo
es discriminación del pueblo ruso? ¿Acaso el antinazismo es necesariamente
discriminación contra el pueblo alemán? ¿Acaso el antisegregacionismo es
discriminación del hombre blanco?
Una cosa es estar contra una actitud política y otra muy distinta es
estar contra el espíritu de una raza. Con apoyo en lo segundo no puede
erigirse un TABU para lo primero.
Censurar a los ingleses que arrancaban cabelleras a los pieles rojas
no es anglofobia; condenar a los caníbales no es discriminación racial del
negro, y relatar la acción procomunista de un sector político hebreo tampoco
puede ser antisemitismo. Decir lo contrario nos conduciría a afirmar que el
Nuevo Testamento es antisemita porque identifica a los judíos que montaron el
proceso, la pasión y la crucifixión de Jesucristo y que persiguieron a la
naciente Iglesia católica, y PRECISAMENTE TAL SOFISMA es lo que ardientes
enemigos de ella tratan ahora de inducir dándole a la palabra «antisemitismo» un alcance que no tiene.
Es el ALCANCE ILIMITADO que el eminente israelita Joseph Duner
confiere a ese término con las siguientes palabras:
«Para toda secta creyente en Cristo, Jesús es el símbolo de lo que es
limpio, sagrado y digno de amar. Para los judíos, a partir del siglo IV, es
el símbolo del antisemitismo.» («The Republic of Israel», pág. 10, edición de
octubre de 1950.)
Comentario de M. Diaz
Las cinco primeras ediciones de «Derrota mundial» fueron rodeadas de
un boicot de silencio, pese a los hechos gravísimos que revelaban y a que se
agotaron en un tiempo récord, nada usual en libros mejicanos.
La sexta edición —publicada en 1959—inquietó a los que temen a la
verdad, y entonces recurrieron a la amenaza contra el autor y contra
distribuidores y libreros. Hubo, además, críticas capciosas y se tachó a este
libro de antisemitismo, cosa falsa. La raza judía y la religión israelita son
respetadas aquí como cualesquiera otras, y lo que en «Derrota mundial» se
exhibe es el avance de la conspiración marxista. Si los inventores de esta
doctrina y sus principales propagadores son judíos y forman un grupo político
internacional, decirlo no es «antisemitismo», sino hacer constar un hecho
histórico.
Al aparecer la 13.ª edición se reanudaron en varios países
lasvmaniobras para obstruir o impedir totalmente su venta. Este libro habla
con datos precisos y con testimonios. Quienes pretenden acallarlo con
amenazas revelan que no pueden hacerlo con argumentos.
En «Derrota mundial» se plantean y se resuelven graves interrogantes
que afectan a la presente generación y a las que habrán de venir:
¿Es el comunismo una doctrina irresistible? ¿Es el supercapitalismo
realmente el rival del comunismo? Si el Occidente es tan poderoso, ¿por qué
el comunismo sigue avanzando?
No existe ningún libro con tan variada documentación. Su lectura es
esencial para todos los sectores de la sociedad. Por eso José Vasconcelos
escribió en el prólogo que se trata de uno de los libros «más importantes que
se hayan publicado en América» y que su difusión «es del más alto interés
patriótico en todos los pueblos».
Prólogo a la nueva edición
La obra de Salvador Borrego E., que hoy alcanza otra edición, es una
de las más importantes que se hayan publicado en América. Causa satisfacción
que un mejicano de la nueva generación haya sido capaz de juzgar con tanto
acierto los sucesos que conocemos bajo el nombre de la segunda guerra mundial.
Colocados nosotros del lado de los enemigos del poderío alemán es
natural que todas nuestras ideas se encuentren teñidas con el color de la
propaganda aliada. Las guerras modernas se desarrollan tanto en el frente de
combate como en las páginas de la imprenta. La propaganda es un arma
poderosa, a veces decisiva para engañar a la opinión mundial. Ya desde la
primera guerra europea se vio la audacia para mentir que pusieron en
práctica agencias y diarios que disfrutaban de reputación
aparentemente intachables. La mentira, sin embargo, logró su objeto. Poblaciones
enteras de naciones que debieron ser neutrales se vieron arrastradas a
participar en el conflicto movidas por sentimientos fundados en informaciones
que después se supo habían sido deliberadamente fabricadas por el bando que
controlaba las comunicaciones mundiales.
Y menos mal que necesidades geográficas o políticas nos hayan llevado
a participar en conflictos que son ajenos a nuestro destino histórico; lo
peor es que nos dejemos convencer por el engaño. Enhorabuena que hayamos
tenido que afiliarnos con el bando que estaba más cerca de nosotros; lo malo
es que haya sido tan numerosa, entre nosotros, la casta de los entusiastas de
la mentira. Desventurado es el espectáculo que todavía siguen dando algunos «intelectuales»
nuestros, cuando hablan de la defensa de la democracia, al mismo tiempo que no
pueden borrar de sus frentes la marca infamante de haber servido a dictaduras
vernáculas que hacen gala de burlar sistemáticamente el sufragio. Olvidemos a
estos pseudo-revolucionarios, que no son otra cosa que logreros de una
revolución que han contribuido a deshonrar y procuremos despejar el ánimo de
aquellos que de buena fe se mantienen engañados.
«Durante seis años, dice Borrego, el mundo creyó luchar por la bandera
de libertad y democracia que los países aliados enarbolaron a nombre de
Polonia. Pero al consumarse la victoria, países enteros, incluyendo Polonia
misma, perdieron su soberanía bajo el conjuro inexplicable de una victoria cuyo
desastre muy pocos alcanzaron a prever.»
La primera edición del libro de Borrego se publicó hace dos años
escasos, y en tan corto tiempo el curso de los sucesos ha confirmado sus
predicciones, ha multiplicado los males que tan valientemente descubriera.
Ya no es sólo Polonia; media docena de naciones europeas, que fueron
otros tantos florones de la cultura cristiana occidental, se encuentran
aplastadas por la bota soviética, se hallan en estado de «desintegración
definitiva».
Y el monstruo anti-cristiano sigue avanzando. Detrás de la sonrisa
del judío Mendes-France —siempre victorioso, dicen sus secuaces—; detrás de
esa enigmática sonrisa, seis millones de católicos del Vietnam, fruto
precioso de un siglo de labor misionera francesa, han caído dentro de la
órbita de esclavitud y de tortura que los marxistas dedican a las poblaciones
cristianas.
El caso contemporáneo tiene antecedentes en las invasiones asiáticas
de Gengis-Kan, que esclavizaba naciones; tiene antecedentes en las conquistas
de Solimán, que degollaba cristianos dentro de los templos mismos que habían
levantado para su fe. El conflicto de la hora presente es otro de los
momentos angustiosos y cruciales de la lucha perenne que tiene que librar el
cristianismo para subsistir.
En el libro de Borrego, penetrante y analítico, al mismo tiempo que
iluminado y profético se revelan los pormenores de la conjura tremenda.
La difusión del libro de Borrego es del más alto interés patriótico
en todos los pueblos de habla española. Herederos nosotros de la epopeya de
la Reconquista, que salvó el cristianismo de la invasión de los moros, y de
la Contrarreforma encabezada por Felipe II, que salvó al catolicismo de la
peligrosa conjuración de luteranos y calvinistas, nadie está más obligado que
nosotros a desenmascarar a los hipócritas y a contener el avance de los
perversos. La lucha ha de costarnos penalidades sin cuento. Ningún pueblo
puede escapar en el día de hoy a las exigencias de la historia, que son de
acción y de sacrificio.
La comodidad es anhelo de siempre, jamás realizado. La lucha entre
los hombres ha de seguir indefinida y periódicamente implacable, hasta en
tanto se acerque el fin de los tiempos, según advierte la profecía.
José Vasconcelos
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967
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