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sábado, 25 de abril de 2026

Joaquín Costa contra el sistema parlamentario de partidos

 

¿UNA MONARQUÍA LIBERAL, DEMOCRÁTICA Y PARLAMENTARIA?

 El hombre es el único animal que cae tres veces o más en la misma piedra. Hay en España unos determinados grupos de presión, que esconden partidos políticos; que, como en toda su larga historia de traiciones, ignorancias, ineptitudes y fracasos, quieren—intencionada o no intencionadamente—ver a España sumida en el caos, en la anarquía y en la sangre fraterna.

 JOAQUIN COSTA, el hombre que precedió a la generación del 98 y que es conocido por el «León de Graus», es el que más escribió fórmulas para regenerar a España desde el punto de vista social, económico y político. No fue comprendido; había nacido con cien años de anticipación. Ha sido calificado como liberal y como republicano, porque superficialmente ha sido estudiado hasta fecha reciente.

 Nosotros hemos escrito muchas veces sobre Costa en sus efemérides, y hoy queremos poner sobre, el tapete la actualidad del pensamiento costista, a fin de que lo mediten los incordiadores, y para que los hombres de Estado que quieran o estén dispuestos a asumir las altas tareas de reinar o de gobernar, sepan cuáles son las normas que hace más de medio siglo aconsejara Costa.

 La experiencia de los años transcurridos después de la muerte de Costa (1911), nos demuestra que efectivamente tenía razón el rugiente aragonés. Solamente no escuchando las voces locas de los Parlamentos españoles, es cuando se puede hacer labor de regenerar la Patria. ¿Monarcas y Príncipes abanderando al pueblo para constituirlo en soberano al través de la Democracia y de la Libertad? ¡Jamás! La supresión del Parlamento soberano no es la supresión de un régimen representativo, ya que, en realidad, los Parlamentos soberanos sólo representan los intereses particulares y bastardos de las oligarquías dominadoras de los partidos.

 En vez de Parlamento, según los modelos de las Repúblicas o de las Monarquías alfonsinas o juaninas, lo que se requiere son unas Cortes tradicionales, que no sean «ollas de grillos».

 Ved lo que en 1908 decía Joaquín Costa:

 “GOBERNAR POR ACTOS, NO POR LEYES; HOMBRE SUPERIOR, NO PARLAMENTO

 Parece que este enunciado es nada y, sin embargo, en él se encierra la clave de todo el edificio. NO NECESITAMOS LEYES: CON LAS QUE TENEMOS HAY BASTANTES, no digo para hacer la requerida revolución desde el poder, sino para media docena de revoluciones que digamos y aun sobrarían muchas arrobas para la exportación. (Aplausos.)

 Lo que necesitamos, en vez de leyes, ES GOBERNANTE DE TRIPAS, DE ENTRAÑA, DE CORAJE, PENETRADO DEL OFICIO, QUE LAS HAGA CUMPLIR SIN CONTEMPLACION Y SIN MISERICORDIA.

 ¿Cuál es la receta?

 Lo contrario, de lo que se está haciendo en España (en el año 1906), donde leyes tan fundamentales como la Orgánica del Poder judicial, como la Municipal y la Provincial, como la de Procedimiento administrativo, sucumbieron a las embestidas del caciquismo (hoy quizá pudiéramos decir en alguna ocasión «de los grupos

de presión» que son los que caciquean), que les bastardeó o las soslayó o las retorció y las hizo caer en desuso, impidiendo que hubiera poder judicial independiente, Ayuntamientos autónomos. Administración pública del “selfgobernment”, sin burocracia y sin expedienteo, por no haber habido GOBERNANTES SERIOS Y DE ACCION, dotados de aptitudes, penetrados de su deber, que supieran convertir el precepto teórico en caso vivo; QUE SUPIERAN CUMPLIR Y HACER CUMPLIR lo ordenado por palabras en la Gaceta; por NO HABER HABIDO GOBERNANTES CON HUESO; por no haber habido más que GOBERNANTES DE CAUCHO, que al encontrarse en frente de la enfermedad nacida de las Infracciones sistemáticas y acumuladas y hechas cosa normal, EN VEZ DE EMPUÑAR VALEROSAMENTE EL BISTURI, haciendo POLITICA QUIRURGICA, dejaban en su cobarde abandono a la

ley y en su villana opresión al pueblo, y huían a las preocupaciones y al quebradero de cabeza, haciendo temblarse de moverse, articulando un proyecto de ley nueva que sustituyera a la incumplida o bordeada, a sabiendas de que quien no había sabido asegurar la efectividad de la primera ley, tampoco había de saber hacer efectiva la segunda; la de que si la una, POR FALTA DE HOMBRE, había sido letra muerta, letra muerta había de ser la segunda POR FALTA DE HOMBRE.

 POR FALTA DE HOMBRE, digo, pues en ESO ESTA LA CLAVE, NO EN LOS DIARIOS DE SESIONES ni en la GACETA.

Hombres, hombres, no papel mascado es lo que necesitan los pueblos en disolución, que necesitan UN ALMA EN LO ALTO, en quien se hayan fundido Aranda y Jovellanos para el programa, Fernando de Aragón y Cisneros para la acción, que no menos que estos cuatro titanes ideales se han menester para obra tan ingente como la de rescatar los tres o cuatro siglos malbaratados, para improvisar espíritu, para poner otra vez a flote la nave embarrancada del Estado: HOMBRE QUE TENGA ENCIMA DE LOS HOMBROS UNA CABEZA RELLENA DE SESO Y NO DE ESTOPA, Y EN LA CABEZA UNA BRUJULA, Y AL LADO DE ELLA DOS BRAZOS DE ACERO PARA EJECUTAR, NO AMARRADOS

A BANCOS AZULES NI DE NINGUN OTRO COLOR (Aplausos): hombre de cuyo corazón no emana tinta para emborronar expedientes. sino sangre para nutrir y calentar al pueblo, QUE SIENTA y QUE LLORE CON LA PATRIA, QUE LLAME A TODOS AL SACRIFICIO y les enseñe el camino no con letras y metáforas desde la Gaceta, sino en acción, poniéndose personalmente a la cabeza y echando a andar como el último, sin aguardar a saber si hay quien le sigue. (Aplausos).

 … soy enemigo de esa mohosa noria que llamamos, por un abuso del lenguaje, Congreso y Senado, CUYO ESTRIDENTE Y DESAPACIBLE CHIRRIDO sólo cabezas tan duras como las nuestras han podido resistir durante más de dos generaciones SIN VOLVERSE LOCOS.

 Hace poco más de un siglo, la Península Ibérica se había quedado sin nación y se quiso improvisar una: hombres, sin duda alguna geniales en clase de escenógrafos, los que levantaron, sobre el vacío solar de las dos Cámaras, una nación de teatro, buena para representada, pero que no bien se olvidó de lo que era y quiso tomarse a sí propia en serio, y ... desplomóse con todas sus bambalinas, viniéndose a tierra casi sin estrépito. ¡Y SEGUIREMOS

DESCANSANDO SOBRE ESA FICCION, OBRA DE LA MAS INSIGNE IMBECILIDAD!

 ... Parlamento por rutina mental. PARLAMENTO por puro sport, imitación simiesca de lo europeo, o para que los lobos guarden el rebaño, para que los caciques se fiscalicen a sí propios...”

 (Del discurso «Los siete criterios de Gobierno», pronunciado en Zaragoza el 12 de febrero de 1906).

 ***

DEL OFICIO DEL JEFE DEL ESTADO

 España, como otro país cualquiera y más que el mayor número, ha necesitado UN HOMBRE, pero en aquellos cien años, la dinastía actual ni una sola vez, por excepción, ha podido suministrárselo.

 Todo ese tiempo España ha sido UNA MONARQUÍA SIN MONARCA. Su trono ha tenido figura de cuna, sin otro efecto que estorbar la elección de persona que presidiera al Estado y velase por él.

 ¿SE QUIERE MAS CAUSA, QUE ESA FALTA DE CONDUCTOR EL EXPLICARSE EL QUE ESPAÑA HAYA ACABADO POR

DESCARRILAR Y ESTRELLARSE EN LOS DESPEÑADEROS DE LA HISTORIA?

 En cien años la MONARQUIA NO HA SIDO PROPIAMENTE UNA INSTITUCION, ha sido una TAPADERA DE PARTIDOS, y la historia nacional una orgía desenfrenada, en que todo se ha abismado. el INMENSO PATRIMONIO HEREDADO DE LAS GENERACIONES PASADAS...

 (Del trabajo «El fin de la última tregua», publicado en «El Evangelio», el 1 de enero de 1902.)

 ***

 Muchas son las consideraciones que podrían hacerse de cada una de las frases de Joaquín Costa. Queremos que quede bien claro que la MONARQUIA no puede ser una MONARQUIA SIN MONARCA y mucho menos una TAPADERA DE PARTIDOS y que el Jefe del Estado no puede ser un hombre incapaz con la cabeza llena de estopa, ni un figurón, como lo han sido todos los reyes a los que se refiere Costa y como lo han sido las reyes que siguieron al tenor de Costa.

 La experiencia y la Historia han demostrado que la dinastía de los Borbones reinantes ESTABA GASTADA, según frase de Costa. Si gastada estaba a principios de siglo, consideremos que hoy (1968) no queda nada aprovechable, pues siguió el desastre tras el desastre.

 Es preciso buscar sangre nueva, estirpe regia con vitalidad. Esa fuerza solamente nos la hubiese podido dar la dinastía carlista porque, si bien era Borbón de apellido, en realidad era hispánica, era BRAGANZA, como Ias reinas esposas de Don Carlos María Isidro. Sangre de BRAGANZAS SON TAMBIEN LOS BORBON-PARMA, en los que la integridad, el españolismo, la inteligencia, el catolicismo, etc., hacen suponer que son los HOMBRES que buscaba Costa para España, ya que la experiencia ha demostrado que los HOMBRES QUE PUDO DAR LA REPÚBLICA AUN ERAN MÁS NEFASTOS Y MÁS INEPTOS QUE LOS DE LA MONARQUÍA LIBERAL.

 La Divina Providencia nos ha deparado UN HOMBRE, UN CAUDILLO, durante algunas décadas, pero se precisa la continuidad de ese HOMBRE, para que un nuevo desastre de dinastía borbónica -continuadora de la de los «tristes destinos»- no malbarate EL INMENSO PATRIMONIO HEREDADO DE LA ACTUAL GENERACIÓN.

Roberto G. BAYOD PALLARES

 

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 211, 13-Ene-1968


martes, 17 de marzo de 2026

Elogio de la neutralidad de Franco

 

 ELOGIO DE LA NEUTRALIDAD DE FRANCO

 ES cosa cierta que Cataluña, bajo el dominio de la Esquerra y el marxismo, hubiera sido una colonia soviética, arsenal y cuartel de la subversión Europea. Cuanto podamos decir lo describió en un magnífico artículo, con todas sus variantes, el gran escritor Tomás Borrás:

 1939. Si Francisco Franco hubiera perdido la guerra... Las Brigadas Internacionales aplastaron al ejército y a los voluntarios de la independencia. El Gobierno comunista establece los soviets. La repercusión en el mundo es decisiva. Cae Portugal en la subversión inmediatamente. Stalin, a toda velocidad, desarrolla sus planes de irradiación política. Sabe, como lo asegura Lenin, que si España es el Estado comunista número dos, Rusia ha cogido a Europa entre sus mandíbulas y posee el centro geográfico, la encrucijada de los caminos, la llave de la intimidación. En el Norte de África hace fermentar Rusia, desde las nuevas Repúblicas Socialistas Soviéticas Ibéricas, el nacionalismo. Febrilmente son fortificadas y dotadas de formidables medios ofensivos las Baleares, las Canarias, las costas del estrecho de Gibraltar, Ifni, Río de Oro, Fernando Poo, Guinea.

 … 1939. Si, tras ello, hubiera estallado la Segunda Guerra Mundial. Alemania, Polonia e Inglaterra luchan a vida o muerte. Rusia, amiga de Alemania, estrecha más, con el conocido Tratado, sus vínculos con el Reich. Estratégicamente, la situación es difícil para el Reino Unido. Está envuelto por la ofensiva germana y Rusia, en España, en combinación con Italia, corta el paso al Mediterráneo. Francia ayuda a Inglaterra, Alemania la invade y el comunismo se adueña de las ciudades mediterráneas. África se levanta. El odio de los coloniales es armado por Rusia. Frente a la costa americana amanece un poder con complicidades interiores en Norte e Iberoamérica. Los Estados Unidos no se deciden a intervenir en la contienda más que con ayudas prudentes. Roosevelt ha dicho que la “frontera de Norteamérica está en la costa africana”. Europa, derrotadas Alemania e Italia, traicionadas por la URSS, es totalmente comunista. Con la paz comienzan las disputas entre esos dos sistemas. Norte e Hispanoamérica se ven conmovidas en sus cimientos por la pugna de las dos ideas triunfantes. O Rusia o Alemania-Italia decidirán de su porvenir en la Tercera Guerra Mundial.

 1939. Francisco Franco ha ganado la guerra. España es liberada del comunismo. Portugal puede desarrollar su espléndida vida histórica. Inglaterra, Francia, Italia se ven flanqueadas por un país de alta moral, pacífico y con fuerte sentimiento del honor. Norteamérica ve alejarse el enemigo soviético diez mil kilómetros. Se interpone entre su poder y la revolución asiática un estado leal. Franco ha salvado al Occidente, ha limpiado las rutas anglosajonas, ha asegurado África.

 

1939. Estalla la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra no ha de atender más que a su frente Norte-Este. Sus caminos no peligran por el Atlántico-Este ni por los mares que bañan a España. Canarias, Ifni y los territorios españoles del trópico celan su neutralidad, que tanto favorece a Albión. Francia puede abandonar a retaguardia su imperio africano, segura que no la traicionará España. Por lo mismo, se despreocupa de su frontera Sur. Con España no hay cuidado: es amiga, es honrada.

De pronto la guerra llega a los Pirineos: Alemania se asoma con sus divisiones. Anhela Gibraltar; ha de meterse en el África del Norte para ayudar a Rommel, para impedir que Norteamérica se establezca allí; para dominar Orán, Argelia, Marruecos, Túnez, para salir a la orilla atlántica y aparecer frente a América, lo que la inmovilizará. Por su parte, Norteamérica necesita, como Inglaterra y sus aliados, que España no luche al lado de Hitler. De hacerlo, la guerra cambiaría de signo. Se perderían para ellos África, el Mediterráneo y la seguridad del Atlántico.

Roosevelt escribe una carta a Franco: “Mi querido general: España nada tiene que temer de los aliados”. La carta quiere decir lo que Franco pudo contestarle: “Mi querido presidente: Son los aliados los que nada tienen que temer de España”. Jugándose la invasión y la destrucción, Franco se opone a que Hitler entre en territorio nacional para apoderarse de Gibraltar y de la magnífica presa africana, garantía de su victoria. Por segunda vez, España y Franco han salvado a los pueblos occidentales.

 1948. Se ha escindido el mundo en dos grupos: el comunista y el occidental. España sigue siendo la clave. Franco sigue de árbitro. De ser la península, en esos momentos, soviética, la causa de Europa y de América estaría perdida. Tal desastre fue evitado por Franco en 1939. Italia y Francia, en esta crisis, se tambalean, el virus comunista las corroe. Nada es seguro en su política y todo posible; todo lo peor. Queda erguida la Nación incorruptible con su hermana Portugal. Los cálculos de los Estados Mayores se centran en la actitud de España, en su singular signo geopolítico, en su posición señera. Desde 1936, España y su Caudillo deciden, en realidad, de los destinos del mundo.

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº182,4-Jul-1970

 

domingo, 15 de marzo de 2026

La Antiespaña hundió la dictadura de Primo de Rivera

 Artículo de 1968

 LA MASONERIA Y EL MARXISMO, COMO EN 1930

 Volvemos a recordar las palabras del Caudillo pronunciadas el 6 de enero de 1960: «Es necesario estar vigilantes y constantes en la guardia.» La Antiespaña sigue actualmente la misma táctica que empleó para desacreditar y hundir a la Dictadura del General don Miguel Primo de Rivera. En aquella Dictadura, en la que «reinó la paz, el orden y el progreso», como recordó Franco el 22 de noviembre pasado (1967). Pero un régimen político, aunque fomente el bienestar nacional, es combatido por las sectas y por el comunismo, principalmente desde dos frentes: el de los llamados «intelectuales» y estudiantes, y el de la lucha marxista en el campo obrero.

 Recordemos a un autor insigne al que no se le ha hecho quizá la justicia debida: El Rvdo. don Juan Tusquets. que en su libro «Orígenes de la Revolución Española», podemos decir es como un precedente de la literatura de lucha de ¿QUE PASA? Este sacerdote catalán, junto con otros—los Rvdos. Miguel Rosell, Mariano Vilaseca, Ramón Cunill, José Bachs. Guillermo Aléu, Lorenzo Castells—. el cronista les recuerda de haber hablado mucho con ellos en los días de la Cruzada, en San Sebastián, en Pamplona, en Burgos, en Salamanca, en Sevilla. Pero el Rvdo. Juan Tusquets destacó por una gran conferencia que dio en Burgos emoción patriótica que se traducía, si no recuerdo mal, en su uniforme con camisa azul y sus insignias de sacerdote. En dicho libro—«Orígenes de la Revolución Española» el reverendo Tusquets demuestra cómo la táctica sectaria través de la Universidad y del Marxismo.

 «Primo de Rivera—escribe el Rvdo. Juan Tusquets—no ingresó jamás en la Masonería. Trató a los hijos de la viuda con aquella mezcla singular de jactancia y de honradez que le caracterizaban. Pero el Dictador lo fue nominalmente. Bajo su garbosa capa jerezana, salvaron el prestigio y prepararon la revolución los elementos sectarios. Algunos subordinados del Marqués de Estella extremaron la tolerancia con los masones. Por ejemplo, el General Barrera, que permitió la celebración en Barcelona del Congreso Masónico, prohibido por el Dictador en Madrid, y que tan obsequioso se mostró con la campaña rotaria. Numerosos cargos de compromiso fueron ocupados por masones... usando y abusando de tanta benevolencia y con la ayuda del oro judío, la masonería creció lozanamente.»

 El mismo Dr. Tusquets señala cómo «el socialismo español se declaró gubernamental durante la Dictadura» y cómo a Fernando de los Ríos y a Besteiro se les concedían y conservaban cátedras en la Universidad Central. Largo Caballero fue Consejero de Estado y otros altos cargos, como Pérez Infante y Trifón Gómez. Por esto, el Consejo Supremo de la Masonería pudo declarar: «Los francmasones han conquistado las posiciones que hacen posible la revolución.»

 Actualmente (1968), al considerar la agitación universitaria, con gravísimos insultos al Jefe del Estado y absurdo malestar estudiantil, todo hace creer que intelectuales o profesores al estilo de José Luis López Aranguren y Enrique Tierno Galván, no serán los únicos que intoxican nuestra juventud universitaria. ¿Puede esto continuar? ¿Se puede dialogar con el llamado «Sindicato Democrático»? El bien nacional exige la máxima energía para vigilar y yugular propagandas e instigadores al precio que sea. Lo que no se puede permitir es que, ni en apariencia, se repita lo que le sucedió a la Dictadura de don Miguel Primo de Rivera. La ley es la ley. Lo que se llama el «vacío político» de la Universidad hay que cargarlo a los que les sobraban una filosofía inspirada en la mejor tradición católica española y un estilo universitario que empalmara—sin tópico—con Menéndez y Pelayo, Mella, Maeztu y José Antonio Primo de Rivera.

 Lo mismo que decimos de la agitación universitaria, lo señalamos y acusamos de las llamadas «Comisiones Obreras» instrumento del Partido Comunista, ilegales, y a las que no se les puede permitir ninguna actuación, aunque se reúnan en sacristías o en los mismos recintos de los templos. Vale más prevenir y atajar que curar, con peligro de llegar tarde. Por eso dijo el Caudillo que «las enfermedades en las naciones duran siglos, y las convalecencias, decenios. 

 España, que, con altibajos, ha permanecido tres siglos entre la vida y la muerte, empieza ahora a abandonar el lecho y dar cortos paseos por el jardín de la clínica. Los que quisieran enviarla ya al gimnasio a dar volteretas, o no saben lo que se dicen, o lo saben demasiado bien.» Y éstos que lo saben demasiado bien son los que mueven los hilos y los peones de la agitación universitaria y de las «Comisiones Obreras». Repasar el libro «Orígenes de la Revolución Española» del Rvdo. Juan Tusquets, en cuya línea ¿QUE PASA? siente gran admiración al ilustre sacerdote y escritor, puede dar mucha luz para entender el entresijo de los acontecimientos de ahora que hemos comentado.

 A. RECASENS SALVAT


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 210, 6-Ene-1968 

 

sábado, 21 de febrero de 2026

“DERROTA MUNDIAL” -Orígenes ocultos de la Segunda Guerra Mundial.

 Artículo de 1967

  Libros que conviene leer 

“DERROTA MUNDIAL”

 -Orígenes ocultos de la Segunda Guerra Mundial.

-Desarrollo de la guerra.

-Consecuencias actuales de la guerra.

(De Salvador Borrego E.,17ª edición, Méjico, 1966.Registro número 18.438,  15 de mayo de 1954. Edit. en España: Queremón Editores, S. A. Narváez, 49, Madrid).

 ***

Advertencia de la editorial

 La tesis de este libro no plantea el nazismo como panacea política. El propio nazismo se privaba de toda posibilidad de exportación, pues al poner énfasis en la raza y en la tradición y al hacer a un lado el internacionalismo no podía ser imitado ni siquiera por quienes simpatizaban con él los cuales tenían que producir algo íntimamente propio, según ocurrió con la Falange Española, eminentemente nacionalista y católica.

 Además, el nazismo se acabó hace veinte años y no existe en ningún país del mundo.

 El objeto de este libro es evidenciar la forma en que el comunismo se ha desenvuelto en los últimos cien años. En tanto que el nazismo se acabó en 1945, el comunismo es un peligro ACTUAL (1967) y se proyecta aún más terrible para un futuro inmediato.

 La tesis del libro consiste en que el comunismo no es una ideología anhelada por las masas, sino una conjura que avanza en todo el mundo gracias a personajes públicos y secretos que le prestan ayuda de mil modos, incluso atacando cuanto se le opone en su camino, así sea el oponente un gobernante, la Iglesia, una ideología o un libro.

 Alemania en guerra tuvo una fase esencialmente anticomunista, y eso le ha granjeado enemigos persistentes que aún están produciendo películas contra los crímenes del nazismo, sepultado hace veinte años, en tanto que no hay UNA SOLA que hable de los crímenes ACTUALES y MAYORES del comunismo.

 La tesis de este libro tampoco es antisemita. ¿Qué es el antisemitismo? Es la condenación del judío sólo por tener sangre judía, es decir, un absurdo igual que ser antifrancés, antiespañol, antibritánico. («Debe discernirse claramente que una cosa es la lucha política contra el movimiento político judío y otra muy distinta es la hostilidad injusta contra el pueblo judío en masa, sólo por ser judío», del autor.)

 Este libro evidencia que en el génesis y en el ACTUAL AVANCE del comunismo hay un movimiento político de personajes judíos, y esto no es antisemitismo, sino UN HECHO. Estar en desacuerdo con ese movimiento político es discrepancia ideológica, no discriminación racial. ¿Acaso el anticomunismo es discriminación del pueblo ruso? ¿Acaso el antinazismo es necesariamente discriminación contra el pueblo alemán? ¿Acaso el antisegregacionismo es discriminación del hombre blanco?

 Una cosa es estar contra una actitud política y otra muy distinta es estar contra el espíritu de una raza. Con apoyo en lo segundo no puede erigirse un TABU para lo primero.

 Censurar a los ingleses que arrancaban cabelleras a los pieles rojas no es anglofobia; condenar a los caníbales no es discriminación racial del negro, y relatar la acción procomunista de un sector político hebreo tampoco puede ser antisemitismo. Decir lo contrario nos conduciría a afirmar que el Nuevo Testamento es antisemita porque identifica a los judíos que montaron el proceso, la pasión y la crucifixión de Jesucristo y que persiguieron a la naciente Iglesia católica, y PRECISAMENTE TAL SOFISMA es lo que ardientes enemigos de ella tratan ahora de inducir dándole a la palabra «antisemitismo» un alcance que no tiene.

 Es el ALCANCE ILIMITADO que el eminente israelita Joseph Duner confiere a ese término con las siguientes palabras:

«Para toda secta creyente en Cristo, Jesús es el símbolo de lo que es limpio, sagrado y digno de amar. Para los judíos, a partir del siglo IV, es el símbolo del antisemitismo.» («The Republic of Israel», pág. 10, edición de octubre de 1950.)

 Comentario de M. Diaz

 Las cinco primeras ediciones de «Derrota mundial» fueron rodeadas de un boicot de silencio, pese a los hechos gravísimos que revelaban y a que se agotaron en un tiempo récord, nada usual en libros mejicanos.

 La sexta edición —publicada en 1959—inquietó a los que temen a la verdad, y entonces recurrieron a la amenaza contra el autor y contra distribuidores y libreros. Hubo, además, críticas capciosas y se tachó a este libro de antisemitismo, cosa falsa. La raza judía y la religión israelita son respetadas aquí como cualesquiera otras, y lo que en «Derrota mundial» se exhibe es el avance de la conspiración marxista. Si los inventores de esta doctrina y sus principales propagadores son judíos y forman un grupo político internacional, decirlo no es «antisemitismo», sino hacer constar un hecho histórico.

 Al aparecer la 13.ª edición se reanudaron en varios países lasvmaniobras para obstruir o impedir totalmente su venta. Este libro habla con datos precisos y con testimonios. Quienes pretenden acallarlo con amenazas revelan que no pueden hacerlo con argumentos.

 En «Derrota mundial» se plantean y se resuelven graves interrogantes que afectan a la presente generación y a las que habrán de venir:

 ¿Es el comunismo una doctrina irresistible? ¿Es el supercapitalismo realmente el rival del comunismo? Si el Occidente es tan poderoso, ¿por qué el comunismo sigue avanzando?

 No existe ningún libro con tan variada documentación. Su lectura es esencial para todos los sectores de la sociedad. Por eso José Vasconcelos escribió en el prólogo que se trata de uno de los libros «más importantes que se hayan publicado en América» y que su difusión «es del más alto interés patriótico en todos los pueblos».

 Prólogo a la nueva edición

 La obra de Salvador Borrego E., que hoy alcanza otra edición, es una de las más importantes que se hayan publicado en América. Causa satisfacción que un mejicano de la nueva generación haya sido capaz de juzgar con tanto acierto los sucesos que conocemos bajo el nombre de la segunda guerra mundial.

 Colocados nosotros del lado de los enemigos del poderío alemán es natural que todas nuestras ideas se encuentren teñidas con el color de la propaganda aliada. Las guerras modernas se desarrollan tanto en el frente de combate como en las páginas de la imprenta. La propaganda es un arma poderosa, a veces decisiva para engañar a la opinión mundial. Ya desde la primera guerra europea se vio la audacia para mentir que pusieron en

práctica agencias y diarios que disfrutaban de reputación aparentemente intachables. La mentira, sin embargo, logró su objeto. Poblaciones enteras de naciones que debieron ser neutrales se vieron arrastradas a participar en el conflicto movidas por sentimientos fundados en informaciones que después se supo habían sido deliberadamente fabricadas por el bando que controlaba las comunicaciones mundiales.

 Y menos mal que necesidades geográficas o políticas nos hayan llevado a participar en conflictos que son ajenos a nuestro destino histórico; lo peor es que nos dejemos convencer por el engaño. Enhorabuena que hayamos tenido que afiliarnos con el bando que estaba más cerca de nosotros; lo malo es que haya sido tan numerosa, entre nosotros, la casta de los entusiastas de la mentira. Desventurado es el espectáculo que todavía siguen dando algunos «intelectuales» nuestros, cuando hablan de la defensa de la democracia, al mismo tiempo que no pueden borrar de sus frentes la marca infamante de haber servido a dictaduras vernáculas que hacen gala de burlar sistemáticamente el sufragio. Olvidemos a estos pseudo-revolucionarios, que no son otra cosa que logreros de una revolución que han contribuido a deshonrar y procuremos despejar el ánimo de aquellos que de buena fe se mantienen engañados.

 «Durante seis años, dice Borrego, el mundo creyó luchar por la bandera de libertad y democracia que los países aliados enarbolaron a nombre de Polonia. Pero al consumarse la victoria, países enteros, incluyendo Polonia misma, perdieron su soberanía bajo el conjuro inexplicable de una victoria cuyo desastre muy pocos alcanzaron a prever.»

 La primera edición del libro de Borrego se publicó hace dos años escasos, y en tan corto tiempo el curso de los sucesos ha confirmado sus predicciones, ha multiplicado los males que tan valientemente descubriera.

 Ya no es sólo Polonia; media docena de naciones europeas, que fueron otros tantos florones de la cultura cristiana occidental, se encuentran aplastadas por la bota soviética, se hallan en estado de «desintegración definitiva».

 Y el monstruo anti-cristiano sigue avanzando. Detrás de la sonrisa del judío Mendes-France —siempre victorioso, dicen sus secuaces—; detrás de esa enigmática sonrisa, seis millones de católicos del Vietnam, fruto precioso de un siglo de labor misionera francesa, han caído dentro de la órbita de esclavitud y de tortura que los marxistas dedican a las poblaciones cristianas.

 El caso contemporáneo tiene antecedentes en las invasiones asiáticas de Gengis-Kan, que esclavizaba naciones; tiene antecedentes en las conquistas de Solimán, que degollaba cristianos dentro de los templos mismos que habían levantado para su fe. El conflicto de la hora presente es otro de los momentos angustiosos y cruciales de la lucha perenne que tiene que librar el cristianismo para subsistir.

 En el libro de Borrego, penetrante y analítico, al mismo tiempo que iluminado y profético se revelan los pormenores de la conjura tremenda.

 La difusión del libro de Borrego es del más alto interés patriótico en todos los pueblos de habla española. Herederos nosotros de la epopeya de la Reconquista, que salvó el cristianismo de la invasión de los moros, y de la Contrarreforma encabezada por Felipe II, que salvó al catolicismo de la peligrosa conjuración de luteranos y calvinistas, nadie está más obligado que nosotros a desenmascarar a los hipócritas y a contener el avance de los perversos. La lucha ha de costarnos penalidades sin cuento. Ningún pueblo puede escapar en el día de hoy a las exigencias de la historia, que son de acción y de sacrificio.

 La comodidad es anhelo de siempre, jamás realizado. La lucha entre los hombres ha de seguir indefinida y periódicamente implacable, hasta en tanto se acerque el fin de los tiempos, según advierte la profecía.

 José Vasconcelos


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967

 

martes, 3 de febrero de 2026

No a la “berenguerización” de España

 Artículo de 1970

 No a la “berenguerización” de España

 ¿Se está “berenguerizando” España? Todavía no del, todo gracias a Dios. Pero existe una inquietante tendencia a ir paulatinamente remando a uno de los períodos más tristes de la historia española del siglo XX, que está vinculado al nombre de un general español, bizarro, pero definitivamente desgraciado en sus empresas.

 Basta haber cumplido los cincuenta años o, sin haberlos cumplido, revisar con honradez la historia o la prensa del año 1930. Se verificó entonces un deslizamiento de opinión hacia lugares y posturas completamente opuestas al destino inmortal de nuestra patria. Pero la opinión pública no se desliza en ningún sentido si no existen corifeos que la polaricen o la empujen. Y estos corifeos de la anti España proliferaban como setas -apurando el símil como setas venenosas- en el ingrato período que subsiguió al gobierno del general Primo de Rivera.

 Comenzaron a surgir los tránsfugas, los oportunistas, los demagogos y los cambiadores de casaca. Aparecieron los llamados “intelectuales”, ganosos de añadir facetas de intelectualidad a las pocas a muchas que atesoraban, colocándose en la línea de un supuesto pensamiento europeo, amasado siempre en antipatías ancestrales hacia España. Brotaron los Ossorio y Gallardo con su peregrino “Monárquico sin rey al servicio de la República”. Los Sánchez Guerra con “No más servir a señor que en gusano se convierte”, y los don Julianes y Teodomiros dispuestos a descuartizar al país al socaire de sentimientos tribales protohistóricos.

 En aquella triste situación comienzan a verse alarmante síntomas en nuestros días, porque no hay nada nuevo bajo el sol, y el hombre es el único animal que tropieza dos, tres y hasta cien veces en la misma piedra. Cierto que en algunas cosas no hemos llegado a aquella calamitosa situación pero en otras quizás estemos peor. Por ejemplo, entonces existía como un garantía suprema de la verdad y de idealismo, una Iglesia Católica homogénea y unida, indefectiblemente fiel al Papado y a su destino imperecedero. Sólo hubo en la segunda república un cura de izquierdas, el pintoresco Basilio Álvarez, diversión unánime de tirios y troyanos. Hoy (1970) aquella fortaleza suprema está parcialmente desmoronada, con sus muros cuarteados y con el enemigo ocupando algunas posiciones clave dentro de sus baluartes.

 Seamos un poco observadores. Actualmente lo que siempre se ha llamado chaqueteo pasa por “aggiornamento”. Cada cual busca sacudirse las pulgas de un posible compromiso con las fuerzas que han engrandecido el país durante los largos y pacíficos años de la posguerra. Este dice que era muy joven, aquél que se vio obligado, el de más allá que tenía que comer. Se escucha un siniestro rumor de migraciones subterráneas, como de ratas huyendo de un barco que creen que no tardará en zozobrar.

  Han comenzado a salir nuevos “Ossorio y Gallardo”(católicos sin Dios al servicio del comunismo; derechistas autoconfesados al servicio de la izquierda; falangistas sin Falange al servicio ¿de qué…?También pululan los nuevos “Sánchez Guerra”(nomás servir a señor que me releva del cargo). Los “Basilio Álvarez” se cuentan por docenas y ya no sirven de diversión sino de escándalo. Y se nota un renacimiento de fantasías tribales que se salen del regionalismo sano para apuntar a las más anacrónicas figuras del separatismo; la gente se pregunta si no tardará en producirse un nuevo Pacto de San Sebastián.

 No faltan las consabidas algaradas de una juventud que no quiere saber la verdad o a la que se mantiene ignorante voluntariamente. Y tampoco faltan ¿cómo no? los grupitos intelectuales al servicio de la democracia, los cuales, si sobreviniera lo que ellos buscan, no tardarían en exclamar, como profirieron los de marras el clásico “no es eso, no es eso”. Y si ni éstos ni aquéllos pueden ni pudieron prever este desengaño ¿de qué sirve una intelectualidad que no hace un uso elemental del intelecto?

 Hay, en fin, un corro de periódicos en continua pugna para superarse en piruetas izquierdistas. Es un espectáculo triste el de cierta prensa, esencialmente burguesa, que excava su propia fosa, y vende su decoro a cambio de unos miles de ejemplares lucrados a costa de lo que sea, lo mismo que este “lo que sea” venga en leña seca para el descontento o en cloroformo pornográfico.

 Ya se ha puesto de moda y tomado por gracia la defección y la felonía. A quienes fiel a sí mismo y a sus ideales se le considera como un ser inferior, exaltándose en cambio la “fe púnica” y la apostasía como costumbres que impone la “marcha de los tiempos”.

Se ridiculiza la hidalguía, el patriotismo, la castidad, el misticismo y todos los ideales que diferencian al hombre del bruto, lapidando a quien los mantiene con epítetos sarcásticos propios de mentes cebolleras: carcas, retrógrados, inquisidores, fascistas, preconciliares tridentinos…Por el contrario, el último grito del buen tono es el salto de la garrocha, faltar a la palabra, cambiar de camisa, pisotear los votos, cubrir de lodo al llegar a la vejez lo que se incensó en la juventud.

 En 1930, bastó este año de funesto recuerdo para que una prensa en poder de los tránsfugas embaucara y pervirtiera a la opinión pública, convirtiendo en clamor profuso lo que no era más que el runrún despotricante de unos cientos de resentidos.

 Pidamos al cielo que España no entre el nuevo período “berenguerizante” que nos conduzca de la mano al caos. Dios no lo ha de permitir si se encuentran todavía en la piel de toro algunos justos más que los que contabilizaban Lot y su familia. Y creemos sinceramente que todavía los hay y no pocos.


Revista FUERZA NUEVA, nº177,30-May-1970

 

sábado, 31 de enero de 2026

Paz y guerra cristianas

 

  LA PAZ Y LA GUERRA

 A San Pío V, Gran Inquisidor y vencedor de los turcos

 l. La mayor catástrofe histórica que han sufrido los siglos ha sido (al menos hasta ahora) la caída del Imperio Romano de Occidente, en el siglo IV de nuestra Era. Todo un mundo de altísima cultura —más refinada incluso que la de nuestro mundo actual en muchos aspectos—, un poder y un orden que habían dominado al mundo, cae violentamente, con escasa resistencia, bajo el poder de unos pueblos casi en estado de hordas, cuyas fuerzas efectivas eran, en comparación con las legiones romanas, insignificantes.

 Las consecuencias de esta debacle histórica fueron para Europa cinco siglos de miseria, de violencia, de sucesivas invasiones, de anulación de toda cultura, de epidemias y de hambre... Sólo el cristianismo —fe viva y fervorosa en aquella humanidad ruda y doliente— hizo renacer de aquel universal naufragio la nueva civilización cristiana medieval.

 ¿Cuál fue la causa de aquella inverosímil rendición del más poderoso Imperio del mundo ante pueblos sin armas ni verdaderos ejércitos? Todos los testigos —San Agustín, el primero— son unánimes en este punto: la falta de fe, la consiguiente corrupción moral del pueblo romano; su espíritu de goce (de «confort» o «nivel de vida», que diríamos hoy), su falta de espíritu de lucha, su pacifismo a ultranza predicado por epicúreos y por escépticos y entusiásticamente acogido por la élite y aun por el pueblo romano, ávidos de placeres, ajenos a todo valor religioso, a todo honor nacional. Inverosímiles «paces» con los pueblos asaltantes, vergonzosos pactos, retrasaron medio siglo la catástrofe; pero ello sólo aprovechó para que esa catástrofe fuera completa, universal, irremediable.

 Nadie que estudie de cerca aquella historia puede ser ajeno a su cegadora similitud con el presente de Europa, sometida desde todos los ángulos a una propaganda pacifista asfixiante, mientras sus vecinos orientales se arman —moral y físicamente— hasta los dientes, y provocan continuas pequeñas guerras de desgaste. Peor aún que en aquella época: ni siquiera vemos hoy en torno nuestro a una Iglesia dispuesta a preservar la fe y el ánimo de los que pudieran luchar en defensa del patrimonio común, a bendecir el heroísmo, a darle la seguridad del premio eterno. Antes al contrario, la Iglesia hoy visible compite con el quinta-columnismo del enemigo (marxista) en sus campañas de «paz a cualquier precio», en su menosprecio del espíritu heroico.

 «Esta política evangélica de la paz —ha escrito un autor contemporáneo— es el opio de los pueblos cristianos ávidos de gozar del bienestar moderno, sumergidos en los placeres. Habiendo Dios permitido que reine todavía este año la prosperidad, la vida fácil, en nuestro Occidente industrializado, los eclesiásticos han emprendido la tarea de aflojar las leyes de la moral natural y las del Evangelio para entrar ellos mismos y sus rebaños en la inmensa corriente de la corrupción general. De ello deriva una aterradora disolución de costumbres, de la cual, como de un gran iceberg, solamente una décima parte aflora al exterior y aparece a la vista. Es demasiado fácil arrojar las culpas sobre «el mundo pagano» y su «erotismo obsesivo». Nadie mandaba a los obispos, sacerdotes, moralistas, que abriesen la Iglesia a ese mundo y empujaran a los cristianos a vivir a lo pagano. Peor aún, el ejemplo viene de arriba, la relajación es enseñada e impuesta a un pueblo fiel que no la había pedido. (...), Desde este momento, la Iglesia (aparente) ya no cultiva las virtudes heroicas, sino que maquilla los vicios para incorporarlos a un cristianismo nuevo.»

 Nadie duda de que la paz, en sí misma considerada, es un bien; y de que la guerra es un mal. Como la salud es un bien, y un mal la enfermedad. Pero nadie piensa en preservar o alcanzar la salud predicándola, sino teniendo reservas vitales que oponer a la enfermedad. Consideradas moralmente, hay guerras justas e injustas, como hay paces justas e injustas. La responsabilidad de la guerra injusta recae sobre el gobernante que con malicia la busca o declara, o —de un modo vago y colectivo— sobre el pueblo que apoya o tolera a tal gobernante. Para el ciudadano particular que acude a la guerra, su causa es casi siempre justa, puesto que no está en condiciones —físicas ni morales— de juzgar ni decidir sobre su justicia. Y la virtud que le impulsa a cumplir su deber en ella —el heroísmo— es la más alta de las virtudes humanas, puesto que reúne la fortaleza (o valor) con la prudencia, elevadas al grado heroico.

 Desde el punto de vista religioso, ¿es la guerra, de suyo, un mal, y la paz un bien? Cristo dijo de sí mismo «no he venido a traer la paz, sino la guerra». La guerra dentro de cada uno en el vencimiento de las pasiones y en el necesario testimonio de la fe; la guerra dentro del pueblo judío entre los que arriesgaron el cauce oficialmente establecido para su salvación personal por la palabra del Hombre que se decía Cristo, y aquellos otros que no lo hicieron; la guerra entre el honor de Dios y el bienestar diario, a lo largo de la Historia. En la noche de Navidad los coros angélicos cantan a la paz «para los hombres de buena voluntad», previa la «gloria de Dios en las alturas». La paz del alma, la conformidad de la voluntad humana con la voluntad de Dios es, ciertamente, un valor —el más alto valor— de la moral cristiana.

 ¿Pero tiene esa paz alguna relación con «la paz del mundo» que demagógicamente, suicidamente, se nos predica como paz cristiana? Creo que la paz (como contraria de la guerra) es indiferente desde el punto de vista religioso (cristiano), y lo mismo acontece a la guerra. Esta, como doloroso evento que es, ha de ser interpretada providencialmente como prueba, expiación o castigo, según los casos, Y desde el punto de vista (religioso), de los que van a ella, puede haber guerras indiferentes, guerras impías o sacrílegas (si se encaminan a destruir el orden religioso en el país) y guerras santas (si se hacen para restaurarlo).

 De mí sé decir que en las trincheras nacionales de 1938, rezando el rosario cada atardecer en la chabola, me sentía religiosamente en paz conmigo mismo. Como seguramente no me siento en esta paz claudicante y morbosa de 1967 predicada por agentes del marxismo... y por clérigos que en sus ropas y en sus palabras se avergüenzan de lo que son y representan, de la fe que juraron y del sacramento que recibieron. 

MENDIBELZA


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967 

 

jueves, 8 de enero de 2026

Blas Piñar por la Europa cristiana (2)

 Artículo de 1978

 Blas Piñar en Marsella (Francia)

 «LE JOUR DE GLOIRE EST ARRIVÉ»

 (Discurso pronunciado por Blas Piñar en el cine Madeleine, de Marsella —Francia—, el día 10 de noviembre de 1978.)

 Nos duele Europa, camaradas y amigos, y nos duele porque es nuestra y porque la amamos.

 Para nosotros, Europa es más que un continente, un contenido; más que un trozo de geografía inerte, un hervidero de historia; más que un mercado común, un alma colectiva; más que un pasado que se clausura y muere, una semilla que se desgarra en su interior con voluntad de florecer.

 Tales son las razones que justifican nuestra presencia aquí, en la ciudad más antigua de la Francia, construida junto al Ródano cabalgando sobre el «mar nuestro», que surcaron mil veces los navíos abanderados en Marsella, en Génova o en Barcelona, a un tiempo industrial y lírica, francesa y, por ello mismo, europea.

 No es fácil eludir la magia de una región. Aquí, en las viejas comarcas de la lengua del Oc, en la Provenza de los antiguos trovadores, que hicieron de la «domna» la mujer ideal a la que cantaban, y que identificaron los verbos amar y servir, hemos venido a proclamar limpia y varonilmente que Europa, nuestra dama, ha sido víctima de un rapto, y que nosotros, que somos caballeros y no trovadores, queremos rescatarla de su prisión o de su encantamiento.

 Federico Mistral, el que compartió con nuestro Echegaray un premio Nobel, escribió en provenzal su famoso poema «Miréio». Para mí, Mireya es Europa, que mantiene contra todos su amor puro y que rechaza a los poderosos que la solicitan: el capitalismo liberal, la esclavitud marxista, la ruptura con sus propias tradiciones. Hasta quien le dio vida se opone a ese amor. Mireya, es decir, Europa, ante tanta dificultad, temerosa y confusa, abandona su casa y se encamina a pie al santuario de las tres Marías, en la Camarga, allí donde el Ródano desemboca. Durante el viaje, como resume Bonfantini, la daña el sol demasiado ardiente, la oprime la angustia y la aplasta la fatiga. Llega al santuario y muere.

 Pero he aquí que nosotros queremos borrar y sustituir ese epílogo catastrófico. Mireya, es decir, Europa, no puede morir. Es cierto que está oprimida, angustiada y fatigada; es cierto que en parte gime sin honor y sin libertad, allí donde el yugo comunista la atenaza; y es cierto también que llora, convulsa y estremecida, allí donde el terrorismo de la violencia física y el terrorismo de la violencia moral de todo género, la desconciertan y la paralizan.

 Pero también es verdad que las tres Marías, las tres grandes naciones católicas del Mediterráneo, Francia, Italia y España, con puñados de hombres y mujeres elegidos, con gavillas de jóvenes con vocación de héroes, harán el milagro; y Mireya, es decir, Europa, no sólo no morirá, sino que, reconfortada, rejuvenecida y alegre, fiel a sí misma, consumará su desposorio con su tradición y con su destino.

  • • •

Hemos hablado de jóvenes con vocación de héroes. A mi modo de ver, aquí está la clave única de nuestra victoria. Lo que ocurre es que el héroe no es el resultado de una estructura, sino que la estructura es la obra del héroe, lograda con entusiasmo, con fortaleza y con heroísmo.

 De aquí que para nosotros, la revolución tenga un signo diferente al usual, y se plantee a nivel subjetivo, a manera de conversión y no de revuelta, a modo de «metanoia» y no de motín.

 Ya sé que de la campaña difamatoria que nos rodea, forma parte —aunque no integre el más desdichado de los capítulos— la imputación de nuestra nostalgia. Pues bien; lo que nuestros adversarios califican de nostalgia, no debe serlo tanto, cuando a la melancolía que adormece sustituye el espíritu de combate. Lo que ocurre es que la nostalgia se confunde, por los enemigos, con el recuerdo de la propia identidad, con la reflexión sobre el pasado para caminar en el presente y en el futuro, con aquel aforismo permanente y válido de Cicerón, de que la historia es maestra de la vida.

 Nosotros no miramos atrás en justificación de un descanso. Nosotros pensamos en las lecciones de ayer, mientras seguimos la marcha, recios y animosos, en pos de las banderas de un ideal sagrado.

 En ese pensamiento, aquí, en la dulce Francia, se perfilan sus grandes figuras nacionales: Carlomagno, San Luis (el hijo de nuestra Blanca de Castilla) y Santa Juana de Arco; y sus catedrales, que son tratados de teología alzados en medio de la Ciudad terrena; y sus canciones de gesta, que son himnos en los que se exalta al héroe que necesitamos para nuestra empresa; y sus trovas de amor, que forman el salterio íntimo de un corazón enamorado que no necesita del recurso fácil del erotismo.

 Santidad, heroísmo, amor. Es verdad que se entrecruzan, pero lo importante, más que separar o identificar su fuerza, es que incidan en el hombre para transformarlo y convertirlo

 Una orden de caballería, de las que nuestras patrias pueden ofrecernos un muestrario polícromo, no pretendía otra cosa para aquellos que la integraban. Entre vosotros, en 1469, el rey fundó la Orden y milicia del señor San Miguel Arcángel. Codreanu, en Rumania, pueblo de frontera, quiso que así se llamara su legión. San Miguel es el patrono de Alemania. Y en la España que nosotros representamos, hemos querido que San Miguel sea para los hombres y mujeres de Fuerza Nueva nuestro adelantado y nuestro capitán.

 ¿Acaso los movimientos políticos de tan clara significación nacional y tradicional, como los nuestros, no deberíamos ponernos colectivamente bajo el patrocinio del Arcángel y al modo de una nueva milicia cívica, espiritual y europea, invocarle para que nos ayude en el riesgo y nos mantenga firmes en el peligro, para que haga fuerte y segura nuestra vocación y nada ni nadie la esterilice invitándonos a la huida?

 Sólo este modo de enfrentarse con el drama de Europa puede salvarla. No basta un patriotismo natural, hay que levantarlo a cotas de mayor altura. El agua quita la sed. Pero hay ocasiones en que hace falta el vino para que la sangre se anime y el corazón se alegre; como en las bodas de Canaán. Y cuando ello sucede, como ocurre ahora con el patriotismo, es necesario que una palabra divina le toque, para transustanciarlo, para darle el calor y el sabor que precisa para su cometido difícil en la Europa de hoy.

 La mies es mucha y los trabajadores pocos; pero son pocos, no porque no haya trabajadores disponibles, sino porque nadie los llama y, sobre todo, porque al llamarlos no se les da ese vino mejor de las tinajas del milagro.

 A veces hay algo más censurable que el escamoteo de la verdad que salva o que la omisión del llamamiento, y es el paso despectivo y el recreo narcisista que nos impide ver a los que nos buscan con ilusión y con esperanza.

 Zaqueo, entre la multitud, no podía ver al Maestro, y se subió a un árbol. Y el Maestro no se desentendió, ni pasó sin dirigirle la mirada, sino que, fijándose en él, le dijo: quiero estar contigo y en tu casa. Son muchos lo que hoy nos buscan, ocultos o a distancia; pero nos buscan. Seamos nosotros los primeros en romper la muralla o la lejanía para invitarles al encuentro; seguros de que un corazón tocado por la admiración o por la sana curiosidad puede convertirse en un latido isócrono con el nuestro.

 • • •

Hoy es un día feliz en medio de tantos sinsabores. España está en vísperas del colapso o de la revitalización. Nosotros estamos poniendo de nuestra parte todo lo posible para evitar aquél, para conseguir que España no sea víctima del odio, el revanchismo y la frivolidad. Y digo que es un día feliz, porque en medio de nuestro duro combate, saboreamos vuestra amistad, vuestra camaradería, y nos reconforta el aliento fraternal de los franceses e italianos, de los belgas y portugueses de Europa, o de los europeos de Francia, de Italia, de Bélgica y de Portugal.

 Para nosotros tampoco hay Pirineos. La frase tiene un significado distinto del que tuvo cuando fue pronunciada, porque los Pirineos existen, pero no como barrera, sino como vigías.

 ¡Qué bien lo entendió el gran poeta Vasile Aleisandri!:

 Salud, Alpes, Cárpatos, Apeninos, Pirineos,

hermanos gigantes del gran mundo latino.

 Este mundo latino, pieza vital de Europa, tiene una misión que cumplir.

 En la visión total de la historia que tuvo el poeta citado, y que recogió en los versos solemnes de su «Cantacul gintel latine», premiada en los juegos florales de Montpellier, esa visión se dibuja con nitidez asombrosa: 

Cuando ante Dios, Señor de lo creado,

el día del juicio comparezca

la gran raza latina y sea preguntada

¿qué hiciste tú en la tierra, di, qué hiciste?,

ella dirá con voz serena y firme:

¡Señor, mientras viví sobre la Tierra,

yo, a los ojos del mundo estupefacto,

tu espejo fui y a Ti te he representado!

 • • •

Y Francia, Italia, Bélgica, Portugal y España, las naciones que se vinculan para este papel, al que no renuncian, y los movimientos políticos que en nuestras patrias representamos, se ponen en pie, con humildad y con verdad, para ser fieles a su alta misión.

 España va a conmemorar dentro de unos días a dos de sus arquetipos más recientes: a José Antonio, el fundador, y a Franco, el artífice. Uno, entregó su vida, como un mártir, asesinado por la horda marxista; otro, entregó la suya, después de derrotar al comunismo y devolver a los españoles el orgullo de serlo. Os esperamos en Madrid, porque José Antonio y Franco, por españoles, son algo más que nuestros, son símbolos de la Europa auténtica que aún cree y lucha por Dios, por la Patria y por la Justicia.

• • •

Tal es la letra de nuestro quehacer. Pero esa letra necesita una música. Frente a las notas de «la Internacional», que acompañan al odio, en España oponemos la letra y la música de un himno de amor y de combate, en el que se habla de primavera y de rosas, de escuadras y luceros: el «Cara al Sol».

 Vuestro himno nacional, «La Marsellesa», lo sabéis mejor que yo, fue un himno creado en 1792, cuando la guerra con Austria, por un capitán de ingenieros de guarnición en Estrasburgo. Su título inicial era: «Canto de guerra del Ejército del Rhin». La historia quiso que lo cantaran por las calles parisinas los voluntarios marselleses, y de aquí el nombre de «La Marsellesa».

 ¡Cuántas veces no habréis repetido sus estrofas! Al repasarlas, a la altura de nuestro tiempo, parece que en parte fueron redactadas para hoy y para nosotros, porque también contra Europa se ha levantado el estandarte de la tiranía soviética, porque también los tanques, las divisiones armadas hasta los dientes, las avanzadillas del terrorismo y de las agrupaciones comunistas, quieren ahogarnos, atropellarnos, aplastarnos, asesinarnos y destruirnos. Por eso, hoy, en Francia, podemos decir los europeos que amamos y queremos servir a Europa y rescatarla y libertarla (…)

 ¡Franceses, italianos, belgas, portugueses, españoles, europeos, en suma! ¡Hasta Madrid!, «le jour de gloire est arrivé». Por la Europa una, grande y libre. ¡ARRIBA EUROPA!

 (Grandes aplausos cerraron sus palabras, que fueron pronunciadas en francés.)


Revista FUERZA NUEVA, nº 624,  23-Dic-1978


martes, 25 de noviembre de 2025

Celibato sacerdotal (1)

 

 Celibato sacerdotal: toda una tradición 

 El problema del celibato sacerdotal es hoy una cuestión viva y seguirá siéndolo todavía por mucho tiempo. Se ha dicho ya que esta cuestión se ha convertido morbosamente en el best-seller de la publicidad, no tanto por las circunstancias humanas y hasta dramáticas en que nuestro tiempo ambienta artificialmente todo lo que puede referirse al sexo; cuanto, sobre todo, porque afecta a un grupo sociológico hoy ascendido a la cumbre de la notoriedad y, contradictoriamente, descendido a los más bajos niveles del menosprecio. Si el tema del sacerdocio es hoy noticia, el tema del celibato se ha vuelto “codicia” de morbosas y curiosas informaciones. En una serie de breves y claras colaboraciones nos proponemos presentar el problema desde sus varias vertientes históricas y teológicas. Sólo al final podríamos darnos cuenta en la naturaleza de este grave asunto eclesial, sin dejarnos llevar de sensacionalismos vocingleros.

 El celibato sacerdotal es un estado al que, por motivos superiores, se obligan libremente quienes desean recibir las órdenes sagradas. Implica, en primer lugar, la continencia perfecta; y solo después, como una consecuencia, la exclusión del matrimonio. No es, por tanto, lo primero, el poderse o no casar, o el estar o no ya casado. El elemento principal que siempre ha distinguido al celibato sacerdotal ha sido aquella consagración por la que el sacerdote se entrega a Cristo por amor suyo, aceptando la continencia perfecta como estado de vida.

 Cuando Cristo ordena sacerdotes a sus apóstoles, muchos de éstos eran casados:¿quién nos asegura que ya desde entonces no guardaron continencia perfecta o por lo menos no empezaron a sentir las exigencias de una consagración que les conducía a esa elevada cima? Porque, aun al modo suyo, insinuativo y libre, las palabras y sobre todo el ejemplo de Cristo, marcaban una orientación bien clara: habría unos eunucos por amor del reino de los cielos; y San Pablo, por su parte, acentuaba el clima de tensión consecratoria, cuando manifestaba el deseo de que todos fueran como él; y proponiendo la doctrina de la virginidad cristiana a los Corintios para poderse entregar plenamente al Señor.

 Claro está que, ni las palabras de Cristo, ni las de San Pablo relacionan expresamente continencia y sacerdocio; pero, ¿a quién mejor que al ministro sagrado se podían aplicar? Y si el ejemplo de Cristo atraía, ¿a quién mejor que a sus ministros, y por las mismas razones? Queremos decir: es cierto que el celibato no va unido necesariamente al sacerdocio, pero existe una exigencia teológica y espiritual en el sacerdocio que lleva irremisiblemente a una consagración tal, que sólo puede cumplirse de hecho en el estado célibe. Las epístolas paulinas (1 Tim. 3,2; 3,12; Tit. 1,6) nos descubren ya una tendencia hacia la continencia de los sacerdotes que, poco a poco, y como exigencia radical, va a conducir hasta la actual disciplina de la Iglesia.

 Las necesidades de la Iglesia primitiva llevaron, pues, a la ordenación de sujetos casados; pero muy pronto se les exigió la continencia. Las pruebas históricas de una praxis obligatoria las tenemos ya desde el siglo III; y precisamente al principio del siglo IV, en el Concilio español de Elvira (a. 305), un canon sanciona la continencia perfecta de los clérigos; y su transgresión lleva fuertes penitencias y la exclusión del Estado clerical. Los Papas, desde San Siricio (384-399), mantienen la ley, fomentando ya la praxis de la ordenación de jóvenes que se comprometen a la continencia.

 Así se llega a esa época oscura y triste “pre-gregoriana”, en que a la situación del celibato sigue la decadencia general de toda la Iglesia. Ese fue un periodo en el que se pudo pensar -como pasa hoy- que la situación de hecho era irreversible. Pero los grandes reformadores de la época gregoriana no lo juzgaron así. Con el resurgir de la Iglesia surgió, también, el celibato clerical con nuevo vigor, preparando aquel florecimiento de la Iglesia de los siglos XII y XIII. Entretanto, los Concilios de reforma, como el de Basilea, siguen manteniendo la ley del celibato. Con ello se llega a la época de la revolución protestante.

 Como reacción contra el protestantismo -que negaba el Sacramento del Orden y suprimía por lo tanto el celibato de sus “ministros”- y, sobre todo, como un fuerte motivo de verdadera reforma “in capite et in membris”, el Concilio Tridentino sanciona dos puntos: la reafirmación de la disciplina tradicional del celibato, y la fundación de los Seminarios para la educación de los candidatos al sacerdocio, que se han de consagrar a perpetua continencia. Con esta medida, la ordenación de sujetos casados desaparece totalmente, para dar lugar a jóvenes generaciones de sacerdotes que van a ser la gloria de la Iglesia. De este modo, es verdad, parece destacar el celibato más en relación con el matrimonio; pero nunca debe olvidarse que el elemento principal, en la historia de esta disciplina, no ha sido la exclusión del estado matrimonial sino la dedicación al sacerdocio como consagración de vida.

 Desde el Concilio de Trento hasta nuestros días, la ley del celibato ha sido, en diversas ocasiones, puesta a discusión; pero nunca en el interior de la Iglesia. Han sido siempre diferentes movimientos heréticos y cismáticos, sobre todo de carácter nacionalista, quienes han intentado en vano a hacerla desaparecer (…). La Santa Sede declaraba solemnemente que: “nunca llegaría a suceder que la Santa Sede Apostólica no solo aboliera, pero ni siquiera mitigase en nada esta ley santísima y muy saludable del celibato eclesiástico.

 ¿Cómo y por qué se ha podido llegar a esta situación actual de asombro, de peligro, de escándalo, de amenaza, para muchos casi fatídica, de esta tradición venerable de la Iglesia?

 Mariano de ZARCO


 Revista FUERZA NUEVA, nº172, 25-Abr-1970