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EUGENIO VEGAS LATAPIE, MAESTRO INCANSABLE (CON “ACCIÓN
ESPAÑOLA” AL FONDO)
Es Eugenio Vegas Latapie. Un pedazo de nuestra historia más
inmediata. Un hombre íntegro que ha cumplido sesenta y nueve años el veinte
de febrero último, sin variar un ápice de sus ideales y de sus esperanzas
desde que, en los tempranos años de su juventud, al acabar el bachillerato,
fundase la revista “Cruz y Verdad”. De él ha dejado escrito el ilustre
ensayista nicaragüense Pablo Antonio Cuadra: “Su proselitismo hizo posible la
agrupación en fe, en ideales y en acción, de mentalidades gloriosas como
Calvo Sotelo, Maeztu, Pradera…”
Vegas Latapie, en 1930 y en el curso de una conferencia que
pronuncia en Santander, alude críticamente al general Primo de Rivera, al no
haber sabido dar un contenido doctrinal a su obra de Gobierno. Publica su
primer libro en el año 1932: “Catolicismo y República”. En sus páginas se
combate a quienes propugnaban la incorporación de los católicos al nuevo
régimen, planeando, al mismo tiempo, la reconquista de la Academia de Jurisprudencia,
baluarte republicano desde hacía varios años.
Vegas Latapie publica en el periódico “La Época” -madrileño- más
de un centenar de editoriales. De él ha dejado escrito José Félix de
Lequerica: “Hombre providencial, sin cuyo idealismo pragmático y ejecutivo no
tendríamos montado el aparato espiritual la gran revolución reformadora de
nuestra Patria”.
Tanto en la preparación del Alzamiento como en la misma guerra,
Vegas Latapie participa activamente. Antes, en 1935, ha publicado
“Romanticismo y democracia” y, posteriormente, una “Antología de Acción
Española”. Después vendrán “El pensamiento político de Calvo Sotelo” y
“Escritos políticos” (este último recoge algunos de los editoriales de
“Acción Española”), recién acabada la guerra. Es preceptor del príncipe Juan
Carlos de Borbón durante una carta temporada en los años 40 en Lausana
(Suiza). En 1955, tras múltiples vicisitudes políticas, consigue el reingreso
en el Consejo de Estado, del que se le había apartado. En 1958 establece
contacto personal con Jean Ousset, fundador de “La Cité Catholique”, que dará
como resultado, posteriormente, la fundación de una editorial y una revista
en España. El 14 de diciembre en 1965 ingresa oficialmente en la Real
Academia de Ciencias Morales y Políticas.
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-El primer número de “Acción Española” salió el 16 de diciembre de
1931. Por esas mismas fechas estaba en marcha la organización de la Sociedad
Cultural del mismo nombre, que inició sus actividades en febrero de 1932, en
el mismo local que hoy (1976) ocupa la Sociedad de Autores, con una
conferencia de Ramiro de Maeztu.
-“Acción Española” nació de la confluencia de tres iniciativas
distintas, pero de gran semejanza. Ramiro de Maeztu proyectaba la publicación
de una revista consagrada a exponer y propagar los ideales que alentaron y
forjaron la Hispanidad. El marqués de Quintanar pensaba en una revista
declaradamente monárquica, defensora de la persona de don Alfonso XIII y bajo
el influjo doctrinal del Integralismo portugués, creado por Antonio Sardinha.
Por último, yo venía soñando con una revista doctrinal, de gran nivel
científico, que defendiera y propagara los principios básicos del Derecho
Público Cristiano, principios que habían sido propugnados casi exclusivamente
por los grandes maestros del Tradicionalismo español. Para la defensa y
difusión de la doctrina contrarrevolucionaria, se habrían de emplear
argumentos estrictamente racionales y científicos, relegando para las concentraciones
de masas los alegatos de inflamado lirismo y las remembranzas heroicas y epopéyicas.
- “Acción Española” nació para salvar a España del abismo a que la
arrastraban los falsos principios que desde fines del siglo XVIII venían
sustentando sus clases directoras. Los fundadores de “Acción Española”
estábamos convencidos de estas dos máximas: una, que las ideas gobiernan a
los pueblos y, otra, que los pueblos son lo que quieren sus gobernantes. Por
ello, dedicó sus esfuerzos a desintoxicar a las clases directoras de los
falsos dogmas que servían de base a su pensamiento, sembrando al mismo tiempo
en su lugar los principios salvadores del Derecho Público Cristiano.
Ideales de “Acción Española”
-Los ideales de “Acción Española” se compendian en el trilema “Dios,
Patria y Rey”, que siempre había defendido la Comunión Tradicionalista. Los
tres términos del trilema conservan perpetua validez aunque ocasionalmente
pueden ser silenciados y desconocidos. Ahora bien, esos términos no son
iguales ni se puede alterar su orden caprichosamente. Dios es lo primero y lo
principal, y el Estado debe reconocer y garantizar el reinado social de Nuestro
Señor Jesucristo. Después de Dios está la Patria, conjunto y asociación de familias,
municipios, regiones, clases, instituciones, corporaciones, con vida y leyes
propias, con sus fueros, libertades y franquicias tradicionales. Después de
la Patria está el Rey, que obedezca la voluntad de Dios y respete las leyes y
fueros de su pueblo.
-Para “Acción Española” la verdad y excelencia de la Monarquía se demuestra
como teorema, pero rechazaba todo atisbo de regalismo pagano que diviniza al Rey
e hizo suyo el aforismo medieval de que “los reyes son para los pueblos y no
los pueblos para los reyes”.
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En “Acción Española” colaboraron falangistas, monárquicos, alfonsinos,
carlistas, e incluso miembros de la C.E.D.A. ¿Por qué así, siendo que en el
ideario de estos grupos había de hecho importantes diferencias?
-En efecto, en la sociedad y revista “Acción Española” colaboraron
una serie de escritores que pertenecían a los grupos políticos que menciona.
Pero todos estaban unidos en los principios básicos fundamentales. Desaparecidos
los partidos políticos de la Restauración, al proclamarse la República el 14
de abril, sus componentes siguieron tres diversas direcciones: uno se adhirieron
a la recientemente proclamada República; otros se apartaron de las lides
políticas, y por último, otros, siguiendo a Goicochea y a Vallellano, se
alistaron en la agrupación fundada por Ángel Herrera con el nombre de Acción
Nacional, a las pocas semanas del cambio de régimen. A este recién nacido
partido se acogió la masa de los monárquicos alfonsinos, los tradicionalistas
de todas las tendencias y elementos católicos y de orden no adscritos a ningún
grupo político concreto. Durante los primeros meses de su existencia, Acción
Nacional constituyó el único refugio para los elementos de orden; fue una
auténtica “unión de derechas”.
Pronto se desgajaron los tradicionalistas que, a la muerte de su caudillo
don Jaime, en octubre de 1931, unificaron sus diversas ramas jaimistas,
integristas y mellistas, reconstituyendo el Partido Tradicionalista del
venerable don Alfonso Carlos, hermano de Carlos VII. El nuevo caudillo, en
carta de octubre de 1931 dirigida a don Alfonso XIII le decía: “Ya que no
tengo sucesión y soy tan viejo, no se trataría más que de un corto paso entre
nuestra rama y la tuya. Yo no figuro más que como el puente”. En efecto, al
extinguirse la línea masculina del carlismo, habría de acudirse, conforme a
la Ley Sálica, a la descendencia del Infante don Francisco de Paula, hermano
de Fernando VII y Carlos V, cuyo hijo Francisco de Asís fue esposo de Isabel
II y padre de Alfonso XII.
Una vez recaída en Alfonso XII y su descendencia legitimidad de sangre
u origen, tan sólo faltaba que también se diera en esa línea la legitimidad
de ejercicio, mediante el repudio por sus titulares de los principios
liberales y revolucionarios. A la trascendental labor de “monarquizar” y “desliberalizar”
a los monárquicos alfonsinos, y en lugar principal al entonces Príncipe de
Asturias don Juan de Borbón y Battenberg, dedicó Acción Española atención
preferente. Sus intensas campañas hacían presagiar los mejores resultados. En
sus filas colaboraban, en comunión de ideales, alfonsinos como el marqués de
Quintanar, Ramiro de Maeztu, José María Pemán, José Calvo Sotelo, Pedro Sainz
Rodríguez, Jorge Vigón…; tradicionalistas como Víctor Pradera, el conde de Rodezno,
Marcial Solana…
No había discrepancias entre alfonsinos y carlistas de “Acción Española”,
pero tampoco con los afiliados a la CEDA que colaboraban con sus trabajos, Ibáñez
Martín, Marqués de Lozoya, Fernández Ladreda… cosa que no es de extrañar, ya
que la casi totalidad de los afiliados a la CEDA eran y seguían
considerándose monárquicos alfonsinos.
En cuanto a los elementos falangistas, Montes, Sánchez Mazas, Giménez
Caballero… que colaboraron en “Acción Española”, también compartían sus
ideales fundamentales. Por los días en que se fundaba Falange Española,
escribió Eugenio Montes: “En medio de un paisaje desolado, vencido a la
intemperie, comenzó “Acción Española” a edificar para lo que todos creíamos
un mañana lejanísimo. Desde esta Covadonga de “Acción Española” estamos
reconquistando España”.
José Antonio Primo de Rivera tan sólo asistió a dos banquetes
organizados por “Acción Española”: uno, en 1933, en honor de José María Pemán;
y otro, en febrero de 1935, el honor de Eugenio Montes, en el que pronunció
un inédito y magnífico discurso, cuyo texto taquigráfico conservo. Pero su
discurso fundacional de la Falange fue reproducido íntegramente en la revista
“Acción Española” bajo el título de “Bandera que se alza” (…).
-Ramiro de Maeztu, Víctor Pradera y Calvo Sotelo, principales
mártires de “Acción Española”
Maeztu fue, en decir de Montes, quien encendió la zarza mosaica de la
Hispanidad: jerarquía, servicio, hermandad, principios capitales en la
predicación de Maeztu. También la denuncia y refutación reiterada y
contundente de la Revolución y del comunismo. Maeztu era una excepción en el
desierto intelectual de los tiempos de Primo de Rivera. Fue gravísimo error
de éste el haber enviado a don Ramiro de embajador a Buenos Aires, en lugar
de haberle facilitado tribuna y medios abundantes para propagar su
pensamiento y sus escritos. El recuerdo que conservo de Maeztu es el de un
profeta y mártir de la civilización cristiana, que enardecía a sus jóvenes
oyentes impulsándoles a seguir la cuesta arriba hasta alcanzar el Calvario y
la Cruz.
Víctor Pradera, ingeniero de caminos y abogado, diputado a Cortes
varias veces y vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales cuando fue
asesinado, fue un integérrimo defensor de los ideales tradicionalistas. Su razonamiento
era rectilíneo y aplastante y de una ejemplar inflexibilidad. Pese a pequeñas
discrepancias, fue total nuestra compenetración. Fue concurrente asiduo a la
tertulia de “Acción Española” y todos los presentes nos sentimos un día sacudidos
cuando repentinamente Maeztu le interrogó: “Don Víctor, ¿cuándo nos asesinan a
Vd. y a mí?” Irreparable desgracia para España ha sido que el general Primo
de Rivera diera de lado las ponencias que a su petición le envió Pradera
sobre organización del Estado en las primeras semanas del advenimiento de la
dictadura militar. Su principal colaboración en la revista consistió en su
magistral estudio sobre “Los falsos dogmas” y la serie de artículos que luego
se editaron con el título de “El Estado Nuevo”.
Calvo Sotelo fue el colaborador cuya firma aparece más veces en la
colección de “Acción Española”. Aparece en el número uno y también en el
último, correspondiente a junio de 1936. Sobre la evolución del pensamiento
político de Calvo Sotelo, pronuncié en 1940 una conferencia en la Real
Academia de Jurisprudencia, que posteriormente se publicó en un volumen. Calvo
Sotelo era el jefe consagrado y reconocido por todos del Movimiento Nacional.
En un álbum de homenaje póstumo, alguien escribió:“Nosotros le queríamos para
gobernante; Dios lo ha escogido para mártir; los caminos de Dios son siempre
los mejores”. En el banquete que le ofreció “Acción Española”, en mayo de
1934, al regresar a la Patria después de tres años de destierro, Calvo Sotelo
dijo textualmente que: “Acción Española” ha realizado una labor formidable y precisa.
Y añadía: “El milagro de “Acción Española” le hacía merecer un alto título de
gratitud de España por haber llevado a las clases intelectuales a las
derechas o por haber intelectualizado a las derechas”. De los tres grandes
mártires de “Acción Española”, tan sólo me cupo el tristísimo honor de velar
el cadáver de este último. Durante una hora permanecí en compañía de Ramiro
de Maeztu y otras personas junto al féretro del protomártir, contemplando el
impresionante desfile de una multitud de llorosa y sedienta de justicia por
la sangre del justo. Esto ocurría en la tarde del martes 14 de julio de 1936.
-¿Cuáles cree que fueron las causas principales de la caída de la
monarquía liberal?
Como causa remota cabe señalar la difusión en el siglo XVIII de
doctrinas enciclopedistas y revolucionarias entre las clases directoras
españolas. En el reinado de Carlos III se sembraron las semillas que, al
fructificar hicieron triunfar los principios revolucionarios en las Cortes de
Cádiz, iniciándose así la era de las revoluciones. Por eso, Ramiro de Maeztu
calificaba los siglos XVIII y XIX de “dos siglos traidores”. Tras una serie
de luchas, la ideología revolucionaria ha terminado por invadir todos los
ambientes. A esta universal intoxicación se refería Menéndez Pelayo en 1910,
al exclamar: “Hoy contemplamos el lento suicidio de un pueblo engañado mil
veces por gárrulos sofistas…”
Podrían señalarse causas próximas, como las bases de la restauración canovista,
la pérdida de Cuba y Filipinas, la destitución de Maura como jefe de Gobierno
en 1909, para aplacar a elementos revolucionarios; pero, en mérito a la
brevedad, nos limitaremos a la implantación de la dictadura de Primo de
Rivera en 1923.La impopularidad del régimen entonces existente era tan grande
que la nación acogió con aplauso el golpe de Estado que puso fin al
pistolerismo que sembraba el espanto en Barcelona y otras localidades. También
la Dictadura resolvió la sangrienta pesadilla de Marruecos, mejoró la
Hacienda, realizó importantes obras públicas, pero no supo preparar su futuro.Primo
de Rivera eraun dictador sin doctrina y por tanto no pudo dársela a España. Extirpó
la anarquía pero dejó vivas sus causas. Al abandonar el poder, en enero de
1930, era muy positivo su balance con el sólo gravísimo error de su total
carencia de doctrina.
A la caída de Primo de Rivera, las clases directoras, que con tanto entusiasmo
habían acogido su advenimiento, no tuvieron otro programa que el “retorno a
la normalidad”. Esa normalidad consistía en resucitar el desacreditado y
funesto régimen liberal derribado por la Dictadura. El Gobierno que sucedió a
Primo de Rivera estaba constituido por antiguos políticos empeñados en
restaurar el régimen de partidos, tan desacreditado antes del golpe de Estado.
La casi totalidad de los ministros eran escépticos respecto a la virtualidad
de la Monarquía y su obsesión era la de contemporizar con los elementos revolucionarios,
sirviéndoles y halagándoles en toda circunstancia.
El mismo rey estaba contagiado con el error imperante: “Monarquía o
República, da lo mismo”, dijo Alfonso XIII, en un discurso público, en
octubre de 1930, explicando con ello su actitud del 14 de abril del siguiente
año.
Criticando el regio escepticismo, se irguió Víctor Pradera,
proclamando a grandes voces, que aún resuenan en mis oídos, que República o Monarquía
no eran lo mismo; que la Corona no era del rey, sino de España, y que éste no
podía jugar con ella.
El 14 de abril de 1931 se abrieron las esclusas que venían
conteniendo a las corrientes revolucionarias, y tras cinco años de tropelías,
incendios y desmanes, estalló la guerra civil. Porque no daba lo mismo Monarquía
que República, Víctor Pradera fue asesinado en septiembre de 1936. Alfonso XIII
era patriota y valiente pero no creía en las virtudes de la Monarquía; nadie
se las había enseñado ni él las supo deducir de la experiencia. La Monarquía
liberal cayó por indefensión mental. El liberalismo había conducido al
escepticismo respecto a la Monarquía. Por falta de fe en ella, nadie luchó en
su defensa. Frente a tanto escepticismo, yo afirmo que la verdad de la Monarquía
se demuestra como un teorema, aunque las razones a su favor son tan profundas
que no están al alcance de la mayoría de las gentes.
¿Sigue opinando que la democracia, según la concepción de la
Revolución Francesa, será perjudicial a España?
Sigo creyendo que la democracia es el mal y muerte de las naciones y que
a la larga resultará fatal a todos los países.“La democracia disolviendo el
Imperio Británico” era el título de un artículo publicado en 1928, que no
puedo releer sin asombrarme del acertado diagnóstico. El creciente y endémico
desorden que perturba a casi todos los países occidentales es consecuencia de
las instituciones democráticas que las rigen. Hace más de medio siglo que Splenger
escribió que lo que llaman orden las Constituciones liberales no es más que
la anarquía hecha costumbre. En ellos los ciudadanos pacíficos y trabajadores
viven en constante zozobra en tanto que campan por sus respetos los asesinos
y ladrones estimulados y amparados por un falso y disparatado concepto de
dignidad humana tan piadosa para con los criminales como sorda y ciega para
con sus víctimas.(…) Las llamadas monarquías a la moderna no son tales
monarquías sino formas crepusculares y circunstanciales que terminarán
desembocando el totalitarismo comunista. (…)
Ferviente deseo
Don Eugenio Vegas Latapie recuerda a los que un día estuvieron con él
y defendieron la misma causa (Pemán, Areilza…) que han venido en ser los oportunistas de
siempre, y se le entristece el alma.
-Estoy separado de toda actuación política, por muy graves razones,
desde 1947, fecha en que renuncié al cargo de secretario político del conde
de Barcelona. Desde entonces vivo en el terreno puro de los principios,
contrastando mis arraigadas condiciones con las enseñanzas de la vida diaria y
de la Historia. Mis convicciones son inmutables por basarse en principios que
considero verdades absolutas. Siempre estimé muy difícil el triunfo de mis
ideales, incluso en las trágicas pero esperanzadoras vísperas del Alzamiento Nacional.
Mi constante pesimismo obedecía al convencimiento de que las doctrinas erróneas
aun seguían infectando a la gran mayoría de los componentes de las clases
directoras, no obstante la ingente y sufrida labor de desintoxicación
intelectual realizada por Acción Española. De esos temores y pesimismo dejé
constancia pública en el editorial que salió en cabeza de la “Antología de
Acción Española”, publicada en 1937, con encomiásticos elogios del general
Franco y el cardenal Gomá, primado de Toledo. Meses después fue prohibida por
las autoridades (época de Serrano Suñer) la reaparición de Acción Española. Con
gran diligencia se impidió que sus principios se propagaran en prensa, radio y
en la Universidad.
He sufrido mucho en defensa de mis ideales, que hoy (1976) contemplo
en posición peor a cuando inicié mis trabajos. Por añadidura, la casi totalidad
de mis amigos de antaño se han ido separando para ocupar posiciones más
ventajosas. Ante semejante panorama siento la tentación de rendirme (…). Para
bien de España desearía que mis doctrinas fueran falsas. Estoy deseando
rendirme a la evidencia de la falsedad de los principios que he servido toda
mi vida. Siempre gozaría del inefable consuelo de pensar que Dios conoce
hasta lo más recóndito de nuestras intenciones y que todo cuanto he dicho y
hecho lo he realizado en cumplimiento de lo que creía mi deber para con mi
Dios y con mi Patria. (…)
Javier Badía
Revista FUERZA NUEVA, nº 490, 29-May-1976
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