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miércoles, 5 de agosto de 2026

Más grave el terrorismo que el «maquis»

 Artículo de 1979

 Terroristas y «maquis»

 ANTE tantos crímenes contra los servidores del orden público, y otros seres inocentes, don Luis Apostua, redactor-jefe de un diario madrileño, muy simpatizante con el régimen político actual (UCD) y su defensor a ultranza, nos consuela diciendo que durante las guerrillas de los «maquis», allá por los años 40, y a raíz de la victoria nacional, cayeron más guardias civiles que ahora.

 Es una mera afirmación, sin comprobación documental ninguna. Mientras no la traiga, podemos negarla. Y con las mismas pruebas que él nos da, decimos: «Murieron ahora, víctimas del terrorismo, más agentes de las fuerzas armadas que entonces, bajo los tiros de los «maquis».

 Pero hay mucha diferencia entre un caso y otro. Aquello fue una verdadera campaña de carácter bélico: fuerzas armadas contra otras fuerzas armadas, en el monte, y con los mismos medios ofensivos y defensivos, poco más o menos.

 Los guerrilleros atacaban para defender su vida, amenazada, aunque hubieran perdido el derecho a ella, por los crímenes cometidos. Ninguno podía calificar de asesinato la muerte, en los montes, ni de un guardia civil ni de un guerrillero. Caían en la lucha, frente a frente. Ahora no es así.

 Los terroristas de la ETA o del GRAPO no presentan batalla. Asesinan a quemarropa, cobardemente, a traición, y después huyen en vehículos, robados muchas veces. Las víctimas no están preparadas para resistir el ataque, ni cuentan con él. Imposible defenderse.

 Esta es una figura de delito con muchos más agravantes. Aquí hay crimen de sangre, dolo, traición, precauciones, y a veces muy delictivas, para evitar todo riesgo.

 Los terroristas de la ETA pelean así con mucha ventaja. Sólo han caído tres: los de Mondragón. Y a diferencia de los guerrilleros, saben que la pena de muerte, a que condenan ellos, no les tocará, aunque los cojan. Porque la Ley fundamental del nuevo Estado los protege y les da un seguro de vida. Si son detenidos, se disculpan con la «intencionalidad política» y están a mano los indultos y amnistías, otorgados a muchos de sus colegas, y a ellos mismos tal vez. ¿Era ese el caso de los guerrilleros de los años 40? 

Aquellos hombres tampoco podían acogerse a la hospitalidad de un suelo extranjero, ni a la complicidad con que ahora los ocultan y protegen ciertas personas y grupos de personas. En la lucha contra ellos caerían muchos guardias civiles, pero el «maquis» fue derrotado y desapareció definitivamente. Ahora, a pesar de las ciento veinte víctimas inocentes, los terroristas no dan señales de desaparecer ni de amainar. 

Hay mucha disparidad por tanto entre las guerrillas de los «maquis» y el terrorismo actual. Compararlos es desorbitar los hechos, y violentarlos, con el fin de eliminar antipatías hacia personas, grupos y sistemas. 

V. FELIU


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979

 

martes, 28 de julio de 2026

El vergonzoso boicot de la ONU a la España de Franco

 Artículo de 1970 

 EL “CASO ESPAÑA”

  XXV aniversario de la ONU

 Si hacemos balance de las relaciones España-ONU en los primeros años de su existencia, veremos que arrojan un saldo negativo para nuestra patria. Ya en aquellas reuniones preliminares, en las que prácticamente se gestó este organismo internacional, España y el régimen español y al frente el Generalísimo Franco, más que nunca respaldado por su pueblo, fueron postergados en una demostración de hipocresía sin precedentes en la historia de las relaciones internacionales.

 Necesario se hace recordar lo que se dio en llamar el “Caso España” (año 1946) y las resoluciones que en la ONU, sobre el particular, se votaron: en especial aquélla que condenaba, negaba su entrada en la Organización (recomendando la retirada de embajadores) al “gobierno fascista de Madrid”; consecuencia de la cual fue el infame bloqueo político-económico contra nuestro país, cumbre de la más feroz y violenta campaña antiespañola orquestada en el seno de la ONU.

 Un subcomité integrado por Polonia, Francia, Brasil, Australia y China, fue encargado de estudiar el “caso España”, a instancias de una denuncia del gobierno comunista polaco, manifestando el “peligro” que para la paz suponía el régimen español; declaración ridícula y falta de base pero que, respaldada por la URSS, fue admitida.

 Así pues, para esclarecer acontecimientos y conocer datos que “legalizaran” una posible condena a España, fue llamado a declarar ante el Subcomité ese “clown” internacional de los años 40 y personaje funesto para la nación española en la década de los 30, que se llamaba Giral. Entre la sarta de mentiras que el exministro de Marina de la República tuvo a bien decir puede destacarse aquella de que “el ejército español contaba con 840.000 hombres y una flota de 300 unidades de combate”, poco menos que dispuestos a “asustar” a las pacíficas naciones  democráticas del mundo.

 El Subcomité dictaminó que España no constituía amenaza para la paz, pero que podía constituirla, e hizo una pomposa recomendación a la Asamblea General para que esta aconsejara, a su vez, el bloqueo diplomático. (Brasil no se identificó con este dictamen y Polonia, por su parte, mantenía su primitiva tesis sobre la amenaza mundial que España representaba. Lo que ignoraban estos sesudos varones componentes del Subcomité, mejor dicho no querían saber, es que esta teóricamente agresiva nación objeto de sus ataques, si hubiera efectivamente contado con este argumento que gratuita y maliciosamente se le atribuía, no hubiera sido denigrada de tal forma en esa tribuna de infundios antiespañoles en que se convirtió la Organización por aquellas fechas.

 Ahora bien, la ONU –“generosa”- por medio del Subcomité, en ese deseo continuo de mantener la paz y unión internacionales”, presentó una alternativa a España, en virtud de la cual si ésta se comprometía a declarar una amnistía general y a conceder al “sufrido” pueblo español el derecho a unas libertades esenciales que, según ellos, le eran negadas, consideraría favorablemente la solicitud española de ingreso en su seno. En una palabra, la entrada estaba condicionada a un retorno a la situación crítica de los años aciagos de la segunda república. Pero Madrid se adelantó contestando que no le vincularía ninguna resolución que significara injerencia en las cuestiones de incumbencia exclusiva de la nación.

La adhesión que los españoles demostraban por su Caudillo debió contrariar a las totalitarias –URSS- y a las democrática naciones -Gran Bretaña, Francia, USA- y así, en su deseo de “ayudar” a ese pueblo que seguía a Franco, enmendó la primitiva propuesta que hiciera, en su día, el Subcomité: Si el régimen del General Franco no desaparecía, siendo sustituido por un gobierno formado por los “prohombres de la resistencia”, la Asamblea aconsejaría la terminación de las relaciones diplomáticas con el Régimen.

 ****

 Una vez más, sin éxito, se había intentado derribar al nuevo Estado. Rusia era la más interesada en ello, reciente como estaba su fracaso de convertir al país ibérico en una de sus “democracias populares” y sabedora, por otra parte, de la agudeza y visión política que su jefe demostraba al haber intuido, con suficiente antelación, la maniobra que el comunismo internacional tenía preparada.

 Así, en una carta dirigida a Churchill por medio del embajador español, le participaba su inquietud al respecto: “Porque no creemos en la buena fe de la Rusia comunista y conocemos el poder insidioso del bolchevismo, tenemos que considerar que la destrucción o el debilitamiento de sus vecinos acrecentarán grandemente su ambición y su poder, haciendo más necesaria que nunca la inteligencia y comprensión del Occidente de Europa”. La carta estaba fechada el 8-10-1944. La respuesta del airado “premier” inglés no se hizo esperar: “Le induciría a V. E.  a serio error si no desvaneciera de su ánimo la idea equivocada de que el gobierno de S. M. esté dispuesto a considerar ninguna agrupación de potencias en la Europa occidental basada en la hostilidad hacia nuestros aliados rusos o en la supuesta necesidad de defensa contra ellos”. Año y medio más tarde, Churchill, en un discurso, se vería obligado a confesar: “Nadie sabe lo que la Rusia soviética y su organización comunista internacional piensan hacer en un futuro inmediato ni cuáles son los límites, si existen, de su tendencia de expansión y proselitismo…” Estas afirmaciones le valdrían el que Stalin le sobrenombrara con el remoquete de… “ fascista”.

 Por otra parte, a Rusia -y esta es una razón de auténtica importancia- estratégicamente le interesaba España como etapa previa para lograr una rápida sovietización del continente europeo, y un buen paso para ello era destruir el Régimen establecido. Desde el punto de vista de la democracias occidentales, vencedoras en la segunda conflagración, el objetivo era presentar a España, ante los ojos del mundo, como continuadora y heredera directa de los regímenes fascistas vencidos; hacerla símbolo de una ideología “brutal” y, en tal concepto, lograr la repulsa internacional contra ella. La realidad era muy distinta; aparte su neutralidad, probada en el conflicto, nuestra patria, en aquellas circunstancias, se debatía con honestidad por su subsistencia, adoptando su propia solución, que le llevaría al reencuentro de sus verdaderas esencias y su auténtica idiosincrasia.

 ****

De cómico podemos catalogar el arreglo proyectado -que no prosperado- por el delegado de Cuba. Lo doloroso fue que, esta vez, el intento de humillación y de injerencia en los asuntos patrios partieron de una nación que recibió de la nuestra el idioma, cultura y civilización. El señor Belt, que así se llamaba el delegado cubano, propuso resolver el “caso” mediante el nombramiento de un gobierno interino integrado por los representantes de los países iberoamericanos, los cuales garantizarían la celebración de un plebiscito en el que el pueblo español podría expresar libremente sus deseos. ¡Qué injuria para España, nación soberana, y qué indignidad la de Belt!

 Pero todo fue inútil. Todas las amenazas y recomendaciones se estrellaron contra la unión y fortaleza de la nación española… Y obrando en consecuencia, el 13 de diciembre de 1946, la Asamblea General de la ONU discutía la moción presentada y aprobada por el Subcomité, con una posterior votación que arrojaba los siguientes resultados: A favor de la moción 34 votos, en contra 6 y trece abstenciones.

 El contenido de la “sentencia” era el siguiente, a grandes rasgos: “El régimen de Franco es un régimen fascista, modelado por la Alemania nazi y establecido por ella coactivamente”.  Asimismo, “mientras dicho régimen continúe en el poder no se permitirá su entrada en la ONU, ya que no representa al pueblo español”. Por tanto, recomienda que se prohíba su participación en organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas hasta que se constituya un gobierno aceptable. Mientras tanto, los pueblos de la ONU declaran que sienten una simpatía duradera por el pueblo español… “La Asamblea General recomienda también que todos los Estados miembros retiren inmediatamente de Madrid a sus embajadores y ministros plenipotenciarios allí acreditados”. Además, el Consejo de Seguridad “estudiará los medios necesarios para remediar la situación”.

 Así finalizó una de las representaciones más vergonzosas de la historia del supremo organismo internacional. El cinismo, la incomprensión, la mentira, la falta de rigor histórico… se dieron cita en una especie de cóctel Molotov arrojado contra España y sus ciudadanos, que, no obstante, supieron continuar el camino iniciado. El tiempo se encargaría de darle la razón y… el reconocimiento universal que entonces se le negaba.

 Gonzalo LÓPEZ-COBO

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 189, 22-Ago-1970


miércoles, 22 de julio de 2026

Un sacerdote conmemorando el Alzamiento nacional

 Artículo de 1970 

 XXXIV ANIVERSARIO DEL GLORIOSO ALZAMIENTO NACIONAL

 Por José BACHS CORTINA, Pbro.

 Excmo. Sr. D. Alfonso Pérez Viñeta, Capitán General de la IV Región Militar, Excelentísimos e ilustrísimos señores. Amados hermanos:

 Dios es quien levanta o hunde los pueblos que ha creado. Y hace treinta y cuatro años, Él levantó a España, que iba a hundirse por culpa de manos impías, valiéndose del glorioso Alzamiento Nacional.

 En estos años, se han publicado centenares de libros y ha corrido la tinta en miles de escritos hablando, en bien o en mal, de nuestra Cruzada de Liberación Nacional. Yo quisiera, en esta noche memorable, dar una idea de la razón fundamental de todo cuanto se ha escrito en alabanza a nuestra gesta, que lo fue de esforzados confesores y mártires, los cuales en pacífico o en activo combate por la fe, llegaron a regar el suelo patrio con su sangre generosa. Vosotros y yo profesamos que el Glorioso Alzamiento Nacional es una preclara gloria cristiana auténtica, viva y actual.

 Esta es mi proposición que probaré, demostrando brevemente:

1. Que fue obra que, por encima de apetencia humana, quiso vindicar los derechos de Dios y de su Iglesia en España.

2. Que el mismo Dios quiso glorificar los días de nuestro Movimiento, principalmente con interpelaciones extraordinarias.

3. Que el Alzamiento, a su vez, ha glorificado la fe y ahora tiene que unificar la vida cristiana todavía más.

 ***

En cuatro capítulos, según Santo Tomás, se resume el darse Dios a los hombres: en el orden de la Creación, de la Redención, de la Gracia y de la Gloria.

 Nos creó libremente por amor y para hacernos sus hijos: nos levantó de nuestra culpa original y nos devolvió su amistad por la maravillosa obra de la Redención, que le costó la sangre a su Hijo amadísimo; nos da ahora la gracia que nos hace ser sus amigos, hijos y herederos; y coronará su obra dándosenos en la visión beatífica del Cielo; para gozarlo en acto felicísimo, inteligente y amante.

 No obstante, contra Dios se desatan las pasiones humanas; el hombre quiere un objeto aparte de Dios, primero a espaldas a suyas, luego ya Dios le estorba y, al final, llega a hacerle la guerra.

 Últimamente, el gran movimiento antirreligioso de los tiempos actuales fue alumbrado por la filosofía renacentista y la reforma protestante. Entonces se dio por consigna a las masas el “romper todo vínculo sagrado, aplastar a Cristo”.

 Y sucedió que, para aplastar a Cristo, era preciso aplastar España, romper con toda tradición religiosa, con toda influencia española, acabar con toda moral cristiana, desarticular la Patria y vender al enemigo de Dios nuestro mismo ser y la razón de nuestro ser nacional.

 Y hace 34 años que, por Dios y por España, se levantaba el Ejército, la Tradición, el renuevo juvenil de la Falange, las Juventudes, el Pueblo de Dios y todo el pueblo sano de España, a combatir, en frase de San Pablo, el “buen combate de Dios”, a dar la vida por España antes de verla mancillada y atea, destruida la fe de sus mayores. Como los macabeos, decíamos entonces los combatientes enardecidos por el Espíritu de Dios: “Preferimos morir a ver la ruina de nuestras gentes”.

 ¡Gloria al Ejército que, columna vertebral de la Patria, una vez más, articuló toda fuerza sana y la dirigió con austeridad y sabiduría y siempre con elevación de ideales con todo y que había sido casi descuartizado!

 No era obra humana recuperar la Patria. Fue preciso, sin medios humanos, con sólo el corazón puesto en Dios, presentar batalla al poder, a la riqueza, a la industria, a toda fuerza humana y por valles y collados, atravesando ríos y desmigando montes, avanzábamos los cruzados, tiñendo con la púrpura de nuestra sangre toda la geografía de España.

 ¡Oh los bravos requetés de mi Primera de Navarra, escalando el fuerte de San Marcial, cuyas troneras vomitaban metralla acero, amparados únicamente ellos con la boina roja y, por falta también de bayonetas, con el cuchillo entre los dientes!¿Pero, esto sí, con el Detente y el escapulario encima del corazón!

 Así la Falange de Castilla y de Galicia, los de Andalucía y de Aragón, los leoneses y los vascos, los catalanes y los baleares encuadrados bajo la enseña nacional. Obra sobrehumana en sus fines y en sus medios.

 ***

 El mismo Dios glorificó los días de nuestro Alzamiento con grandes maravillas, como bendecido y encomiado que fue por la voz de nuestros obispos y de los papas. Nuestros miles de encarcelados y mártires y nosotros mismos vimos milagros patentes que sería largo contar. (…)

 En fin, el Alzamiento, a su vez, glorificó la fe y tiene ahora que glorificarla todavía más con nuestras obras.

 Nadie pretendía imponer la fe con las armas. Ellas sí fueron precisas, ya lo sabemos. Era necesario defender las vidas, las almas, la hacienda, la moralidad, la religión de nuestros padres, todo el ser de la Patria.

 Este fue nuestro “martirio activo”, que constituía una glorificación de Dios: truncar los estudios, perder una carrera, dejar los padres, abandonar la persona amada, exponerse a la mutilación, pasar trabajos, obediencias, hambres, fríos, miedos, soledades, aceptar la misma muerte… perdonar, recoger al enemigo, amarle, alimentarle, procurar restañar las heridas de su alma, procurar una España feliz para todos; todo eso hecho por Dios y por España, como lo fue ciertamente, que es pura gloria para Dios.

 Dijo Cristo que por la fe haríamos milagros aún mayores de los que había obra Él mismo. Y, en efecto, ha sido así en España gracias al Movimiento Nacional, porque si uno hubiera cerrado los ojos en aquel fatídico 1936 y los abriera ahora en 1970, decidme: ¿conocería a España?

 Sin embargo, ideas extrañas, también ahora, quieren adueñarse arteramente de todo. Se infiltran aún entre nosotros para derribar tan colosal obra. Por ello, ahora, como nunca, es cuando debemos nosotros quitar la posible arcilla de nuestra conducta, ser fieles a la doctrina del Movimiento, cumplir los Mandamientos de Dios, dar luz a todos con nuestra vida cristiana, desentrañarnos por nuestros prójimos, amar la obra conseguida, cumplir con nuestro deber, descubrir añagazas del enemigo a todos.

 Cada uno su puesto, con firmeza y lealtad y con el sacrificio que ello reporte. ¡Dios lo quiere! No enturbiemos jamás con egoísmos el clarísimo caudal de nuestros luminosos ideales para una España siempre mejor. Añadir el callado martirio del cumplimiento del deber al martirio de sangre de nuestros héroes.

 Este caminar llevamos desde 1939 y algunos quizás han sucumbido. Pero está escrito: “¡Maldito el que haga la obra de Dios con negligencia!”. Y edificar España, preservarla de sus enemigos, a esta España que ya rescatamos cuando estaba a punto de perecer, la España amasada en los concilios de Toledo, la España de Orosio, Paciano, Isidoro, Braulio, Juan de Ávila, Teresa  de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Menéndez y Pelayo, Vázquez de Mella, Balmes, Maeztu… la Madre de tantas naciones, la que tanto ha sufrido en sus hijos por Cristo, esto, todo esto, es la obra de Dios que está nuestro alcance.

 Lo que con precisión declaraba Marquina:

“Nada para mí nada para vos:

todos para España

y ella para Dios”.

 Ved, señor, excelentísimos e ilustrísimos señores, amados hermanos, cómo a este fin de glorificar a Dios también ahora mismo, en unos minutos, vamos a alzar la Hostia santa y nuestro corazón pensando en nuestros caídos que brillan en el cielo como luceros hermosos, ofreciendo al Padre el Cuerpo y Sangre de Cristo, realmente presente después de la consagración.

 A Él sea dada toda gloria eternamente y Él dirija nuestra nueva Cruzada de ahora, que es de liberación de ideas extrañas, de doctrinas extranjeras.

Así sea.


 Revista FUERZA NUEVA, nº189, 22-Ago-1970

 

sábado, 18 de julio de 2026

Cristo, arrojado por la ventana…

 Artículo de 1968

 CRISTO, arrojado por la ventana

 Sí. Todo lo simbólicamente que se quiera, pero así ha ocurrido. ¿En la zona roja de 1936? No, en la capital de la España de 1968. ¿En algún suburbio pobre e ignorante? No, en la flamante y sapientísima Ciudad Universitaria…

 La prensa del domingo 21 de enero dio los detalles. Desde una ventana del segundo piso la Facultad de Filosofía y Letras, unos «estudiantes» han arrojado contra la fuerza pública, entre otras cosas, un crucifijo. Mejor dicho, una imagen de Jesucristo sin cruz, no sabemos si arrancada previamente exprofeso o desprendida al car la imagen contra el «académico» suelo universitario…

 «Arriba» del domingo, en un intento -¿cuántos cientos y cientos se han producido ya, todos inútiles?- de querer encontrar un consuelo inexistente, aún confiaba en su editorial «Tiempo de orden» que tal hecho, al que califica de sacrilegio, no hubiese sido deliberado… Pero suponiendo que los autores hayan sido «universitarios», desconfiamos mucho de que en su «valiente defensa» del «fuero universitario» y en su afanosa búsqueda de objetos contundentes con que hostigar a la fuerza pública, «confundiesen» casualmente algo tan inconfundible como un crucifijo, inconfundible para los que le aman y para los que le odian. Porque es que ni siquiera cabe tal ignorancia entre los últimos braceros del campo. Mucho menos entre «estudiantes» que pretenden se les reconozca su valía y talento…

 Bien. ¿Y ahora, qué, señores? Pues que no ha pasado nada, ¿verdad? Que la cosa no es para tanto, ¿verdad? Sí, como viene ocurriendo desde hace ya cierto tiempo. La abotagada sociedad española seguirá viviendo su vida, al margen de «las cosas de los estudiantes», siguiendo el adormecido «slogan» burgués del «yo no me meto en nada»... o el «¡allá las autoridades!»...

 Suponemos, sin embargo, que algún día habrá también un tiempo no sólo para el diálogo, ni para la «coexistencia», ni para el orden, sino para la meditación... ¿Qué es lo que está pasando? De un tiempo a esta parte se prodigan los ataques al 18 de julio, a sus caídos, a sus símbolos. Se ha llegado a impedir celebrar una misa por José Antonio en un pueblo vasco, habiendo partido algo tan inconcebible nada menos que de un sacerdote. Otro sacerdote (!) en otro pueblo vasco ha arrancado las flores que se habían puesto en la lápida a los caídos. En otro pueblo vasco se ha quemado una bandera de España, por la que tantos patriotas murieron. En Tarragona se han quitado cuadros de la Virgen algunas escuelas. Se publican cosas tergiversadoras o abiertamente contrarias al Alzamiento Nacional. Se insulta a España, al Ejército y las más altas jerarquías en los «campus» universitarios. Se lanzan piedras contra las fuerzas del orden —cuyos hombres ganan un sueldo «moderado» si se compara con los ingresos del «patrimonio familiar» de que disfrutan los «estudiantes». Se llega hasta a dar una paliza a un agente de policía, en un «valiente» ataque de diez contra uno. Y por último, manos crispadas por el eterno odio anticristiano han arrancado un crucifijo de un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid y lo han tirado a la calle por la ventana. Antes, Rodolfo Llopis —el de Munich— lo había quitado de las escuelas primarias.

 ¿Hay o no motivo para meditar primero y para actuar después? ¿Y son los actores de todos esos inconcebibles atropellos los que nos llaman a los hombres del 18 de julio «reaccionarios y «ultras»?

 Constantemente, a través de todos los medios de difusión, se nos presenta una juventud que dice ser muy recta, muy seria, muy responsabilizada, muy inconformista con la injusticia, muy formalista y llena de espíritu crítico. Un ejemplo sólo: los magníficos programas juveniles de televisión de los sábados por la tarde. Mas nos preguntamos, ¿dónde, dónde está esa juventud con visos universitarios a Ja hora de la verdad? ¿Cómo contemplan acobardados, sin ninguna reacción viril, los desórdenes y sacrilegios de esa minoría y no pregonan su execración contra los inductores y autores de aquellos condenables actos de barbarie?

 Es menester tomar buena nota de todo y de todos. Nosotros tenemos el recuerdo y la experiencia. No nos engañan. Sabemos casi mejor que ellos mismos quiénes están detrás moviendo los hilos de la subversión. Nos los conocemos muy bien. Y para esos que ahora están en la sombra va nuestro aviso: ¡Cuidado! ¡Acordaos de 1936 y de la victoria de 1939! Si nos buscáis, nos encontraréis. ¡Y de qué modo! En circunstancias infinitamente menos favorables que las de hoy España venció a un comunismo monolítico, hoy agrietado por muchas razones que no son ahora del caso. Sería, sin embargo, trágico tener que llegar otra vez a «aquello». Pero se llegará si nos llevan a la misma ocasión que entonces.

 A todas éstas, ¿dónde están los estudiantes católicos? ¿Les parece «línea conciliar» arrojar crucifijos por las ventanas a la calle? ¿Callarán y meterán la cabeza debajo del ala por no saber qué decir? Pero también, ¿dónde están los estudiantes falangistas y carlistas? ¿Será posible que no haya ninguno presenciado tales hechos sin que inmediatamente no le empiece a hervir la sangre española que lleven dentro? ¿Es que ya no hay descendientes de los caídos José Antonio, Ramiro y Onésimo? ¿Es que ya no hay descendientes de los que entraban en combate llevando delante bien sujeto un crucifijo en los brazos?

 ¿Tendremos los casados y con hijos que organizar una fuerza de choque y bajar a la Universitaria a enseñar vergüenza y dignidad católica y española a los miles de estudiantes que permanecen impasibles ante los hechos condenados?

 ¿Es que ya no hay honra, ni sentimientos religiosos, ni amor a España? ¿Que eso «ya no se lleva…? Pues... ¡que se produzcan pronto las estremecedoras profecías vengadoras y purificadoras de tantísimo pecado de lesa Religión y de lesa Patria!

 Arturo ROMERO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

jueves, 16 de julio de 2026

Prensa ideológicamente secuestrada

 Artículo de 1970

 PERIÓDICOS SECUESTRADOS

 Por Omar el Zegri

 Por supuesto, no me quiero referir para nada a los secuestros legales de ejemplares de prensa dispuestos por la autoridad gubernativa o judicial, por entender que en algún sitio del periódico en cuestión se ha faltado a la ley.

 Es distinto, muy distinto, el problema que voy a presentar. Se trata de los secuestros, de las capturas o cautividades, que han sufrido un gran número de periódicos de la prensa española al apoderarse de las empresas que los dirigen gentes de muy diversa condición y pensamiento a los que los fundaron o mantuvieron durante años, decenios y, en algunos casos, siglos, en una trayectoria característica. Trayectoria que dio carácter y personalidad al periódico y a su título y que, ahora, unas veces descarada y otras solapadamente, se traiciona, terminando por volver del revés, como un calcetín, la mentalidad del órgano y sembrando la confusión o embaucando, desenfrenadamente, a la masa de opinión que le apoyaba. Para que lo entienda todo el mundo, con un ejemplo gráfico que todavía no se ha dado, pero que, ante lo que estamos viendo, no sería maravilla que un día se viese, como si el “ABC” saliera un día dando vivas a la República.

 Si no nos falla la memoria, la revista “Destino”, de Barcelona, fue fundada en Burgos, en 1936 por Ignacio Agustí, joven escritor catalán escapado del infierno rojo barcelonés  e identificado con la más sana y pura ortodoxia española. ¿Por qué arte de birlibirloque, “Destino” es hoy la avanzada de una prensa izquierdista con tufos intelectualísticos del tipo de aquellos de 1930 que preferimos no recordar?... ¡Misterio! No puede extrañar a nadie, e incluso es tolerable y quizá conveniente, por aquello del contraste de pareceres, que existan revistas como el “Destino” actual. Pero ¿por qué con ese nombre? He ahí un periódico cautivo.

 También en es cierto -y aquí no me falla la memoria- que “El Correo Catalán”, de la ciudad condal fue, desde siempre, un adalid insobornable y valiente del tradicionalismo de Cataluña, uno de los más acendrados y puros de España. Y he aquí que hoy (1970), “El Correo Catalán” es también un periódico de izquierdas, sobre todo en la cuestión religiosa. No existe un catalán de los buenos, tipo Jaime Balmes, que no aparte de sí ese periódico con disgusto a la primera lectura, ya que se encuentra el servicio del progresismo más desatado. ¿Cuándo, cómo, por qué, bajo qué manos o ante qué impulso, el bizarro “Correo Catalán” de nuestra juventud se ha transformado en lo que hoy es? Otro insondable misterio, al menos para mí, que vivo alejado de Cataluña. Espero que alguien tenga la caridad de explicarme este otro caso claro de secuestro periodístico.

 ¿Para qué hablar de las revistas religiosas? La mayoría de ellas, unas más que otras, por supuesto, hablan un lenguaje diametralmente opuesto al de hace 10 años (1960-1970). Claro que ha habido un Concilio y un “aggiornamento”. Esto justificaría una cierta evolución pero no un paso con armas y bagajes al enemigo. En la mayoría de los casos, el cambio de las revistas ha sido radical e impúdico, sobrepasando largamente todo lo que ha dicho el Concilio y todo lo que representa el verdadero “aggiornamento” de Juan XXIII , los cuales vinieron a renovar, a vivificar y a modernizar, pero no a transformar, a traicionar ni a envilecer. Hoy hay revistas “religiosas” que están copiadas de “La traca” o del “Fray Lazo”, de 1936. Hay revistas “religiosas” donde se hace apología más o menos vergonzante del comunismo y de otras ideologías ateas o antirreligiosas por naturaleza o por esencia. ¿Quién se puede, hoy día, fiar de una revista “religiosa” sin analizarla muy detenidamente, inspirado únicamente en la sedicente condición de tal? Algunas hay que no se pueden poner en la mano de nuestros hijos, porque pueden bastardear su alma y hasta su cuerpo con ideologías intrínseca y sustancialmente perversas, tanto doctrinal como moralmente hablando.

 ¿Quién ha capturado, secuestrado y prostituido a esas revistas religiosas que salen, muchas de ellas, con los mismos títulos que salían las que verdaderamente lo eran? Otro enorme, enigmático e inexplicable misterio.

 De todos estos secuestros, solamente uno, que sepamos, ha sido neutralizado: el de “El Alcázar”, de Madrid, recuperado ideológicamente por los propietarios de su título. Los demás siguen la ventolera del momento, a ciencia y paciencia de quienes deberían evitar estas captaciones y no mueven un dedo para hacerlo.

 Vuelvo a decir que no encuentro especialmente malo el que haya una razonable libertad de prensa y una variedad de opiniones entre la cual el lector pueda seleccionar la que más simpática le sea. El hecho intolerable que denuncio es que esta diversidad de opiniones se haga traicionando los caracteres vinculados a veteranos periódicos y, por tanto, engañando al lector. (…)


Revista FUERZA NUEVA, nº 188, 15-Ago-1970

 

sábado, 27 de junio de 2026

Tensión en las relaciones Vaticano-Estado español, santamente concordadas

 Artículo de 1968

 OJO A LA IMPORTACIÓN DE "TERREMOTOS

 Por Antonio de Cossío y Escalante. -Sacerdote de Jesucristo

 Grandes órganos de opinión —nacionales y extranjeros, entre estos «Le Monde» y «The Tablet»— vienen revelando la tensión existente en las relaciones Vaticano-Estado español, santamente concordadas, en punto a las vacantes existentes, a las dimisiones provocadas y a los nombramientos consiguientes dentro del Episcopado español.

 El padre Arias, en una de sus crónicas de «Pueblo», examinada por nuestro director en la tercera página de este número, hablaba de las vacantes operadas en la transformada Curia Romana y de los nombramientos expedidos por el Papa para sustituir a los cardenales dimitidos. A esta operaciones, alabadísimas por el comunismo italiano, las denomina el padre Arias «terremoto en el Vaticano», y no se aterra de contemplarlo así. ¿Codiciará este padre Arias para la Iglesia católica española la importación de «terremotos» semejantes? No nos extrañaría, dado el aliento revolucionario del sacerdote corresponsal de «Pueblo».

 Pero otro sacerdote de Jesucristo, tan joven como el padre Arias, pero más cercano que él a la entraña llagada y al amor y al dolor íntegros de España y al apostolado de la Iglesia, ha venido a prevenirnos contra los manejos de los insensatos importadores de «terremotos» como el que parece amenazarnos. Tal es el artículo con que enaltecemos esta página. Su autor, de treinta y nueve años de como consiliario diocesano de la J. I. C., en constantes relaciones nacionales e internacionales con el clero de la nueva ola; fue actor, o por lo menos testigo, en el drama de una diócesis en la que los cargos no de más relieve y brillantez, pero sí de más influencia, les fueron otorgados a sacerdotes anti-régimen, llevándole a la convicción de que los sacerdotes españoles de su generación han sido socavados en su autoridad, habiéndose salvado sólo aquellos que la fundamentan y sostienen en la integridad de la fe y de la gracia de su ministerio.

 ¡Ojo a la importación de «terremotos»! El cura que así nos previene no es escritor, ni periodista, ni viajero, ni viejo conservador e inmovilista. Es un sacerdote de treinta y nueve años de edad, que confiesa, que asiste a los enfermos, que predica, que con la cruz a cuestas sigue al Maestro en su hambre y en su sed de almas necesitadas del amor, de la luz, de la salvación de Dios... Y aún le queda tiempo para escribirnos por Cristo, por la Iglesia y por España esto que vais a leer)

 ***

Entiendo que el sistema de convivencia nacional no tiene por qué ser planteado cada día a capricho de individuos y de grupos; mucho menos después que ha sido el mismo pueblo español quien ha decidido su propia andadura en el reciente (1966) referéndum nacional.

 Entiendo que cada pueblo arbitra ante sus problemas las propias soluciones que, dentro del contexto universal y de las buenas maneras, no tienen que ser iguales a las de otros pueblos, ni siquiera parecidas.

 Entiendo que si ciertos sistemas gozan hoy de asentimiento universal, no tienen que ser incorporados a nosotros sin más y porque ésta sea la línea del mundo, ya que es posible el concierto con él y el no desentendimiento de las corrientes legítimas universales, sin prescindir de las constantes metas históricas propias, por las que llegamos a ser un pueblo en el concierto de los pueblos. (…)

 La Iglesia católica puede tener simpatías, o si se quiere tácticas de adaptación, que en ciertos momentos le hagan mostrar preferencia por ciertos sistemas que han sido válidos para muchos pueblos, pero la Iglesia católica debe y tiene que respetar los sistemas de cada pueblo, aunque no sean los que ella considere mejores para la mayoría y ni siquiera los que el devenir histórico parece arrojar como inevitables.

 La Iglesia Católica no puede aprobar los sistemas intrínsecamente perversos, por estar pervertidos sus principios, aunque sus realizaciones sean buenas. Pero la Iglesia católica no puede prestarse a socavar los cimientos de los sistemas intrínsecamente buenos que pueden tener pecados en sus realizaciones. La Iglesia católica tendrá que hacer todo lo posible para que se corrijan esos pecados, pero nunca cambiar el sistema que cada pueblo ha elegido y ha demostrado ser válido para el bien de la mayoría de los ciudadanos

 No es ningún secreto que en los sistemas de estructura rígida como el español, en el que la Iglesia católica disfruta, por otra parte de todas las libertades y consideraciones, los disconformes con el sistema o con los modos no tienen otro cauce natural para su pervivencia y tarea que vivir al abrigo de la Iglesia.

 Este paso para nadie es un secreto que ha sido ya dado con bastante hondura y longitud en España. Quien conoce un poco a la casi totalidad del nuevo clero, nuestros seminarios, nuestros movimientos apostólicos, se da cuenta cómo bajo el pretexto de una Iglesia comprometida con el mundo se trata de hacer una España sin los españoles, una España construida sin ella misma y sin su propio patrón.

 Entiendo que si el sistema español es rígido, aunque no inflexible, es porque tiene que serlo, dado que sus principios son los determinantes de los comportamientos y de las conductas. Una solera histórica no se conserva fecunda sino en aras de la fidelidad. Ocurre en el plano temporal lo que ocurre en el sobrenatural en la Iglesia católica misma, que tiene fundamentos y principios a los que se debe permanentemente si no quiere dejar de ser lo que es y si no quiere traicionar su propia esencia y misión.

 Concluyo que la Iglesia Católica aquí y ahora no debe moverse dentro de perspectivas de simpatía hacia corrientes universales de convivencia, si esto importa el desprecio y los ascos por las decisiones legitimas, aunque particulares, que son justas y honestas de los pueblos que deciden por su cuenta lo que les conviene.

 Estimo que lo contrario es un trato injusto y de preferencia y, por lo tanto, susceptible de cauciones; porque el riesgo es nuestro, porque lo hemos querido conscientemente y porque nos asiste una libertad de cuyo uso no tenemos que dar explicaciones a nadie. Entiendo que el riesgo mayor de esta decisión libre, honesta y omnímoda está intensificado seriamente por un sector del clero español que cada día avanza más y cuya influencia en un futuro próximo será decisiva.

 Entiendo, por lo tanto, que los pastores que la Iglesia católica dé a España han de ser, supuestas las cualidades de su específica misión, hombres totalmente identificados (sin ambigüedad) con la decisión libre y autónoma de un pueblo al que se deben, no sólo para salvarlo trascendentemente, sino para mantenerlo unido y concorde.

 Entiendo que estos pastores que la Iglesia dé a España, no sólo deben rechazar de plano todo lo que para los españoles fue siempre ocasión de pecado nacional (los pueblos tienen sus pecados históricos y las causas y las ocasiones de pecados históricos suelen ser inevitablemente las mismas), no sólo para no perturbarlo y traicionarlo, no sólo buscando una posición de aséptica e indiferente actitud de neutralidad, sino la positiva de animar a ese pueblo, del que son pastores, con toda la decisión, ya que si no hubiera otros títulos demasiado claros, no deben olvidar que ellos también son ese pueblo y ciudadanos del mismo.

 Entiendo que si la línea de encarnación, hoy tan urgida por la Iglesia Católica misma, quiere ser una realidad entre nosotros no hay otra manera que dotar a la Iglesia española de unos pastores que, entusiasta y decididamente, recojan y hagan suya esa realidad que somos y queremos seguir siendo siempre, porque es buena en sí misma, porque nos llevó siempre a lo mejor y, sobre todo, porque a España le costó siempre mucha sangre ser Ella misma.

 Entiendo, porque no se van a poner condiciones, que esto significa para los pastores recoger también las debilidades y los pecados de esa realidad que es España. ¡No para debilitarla más, sino para robustecerla más! ¡No para hacer la vista gorda y no señalar los pecados, sino para urgirlos en orden al perdón y a la salud! ¡Nunca para fomentar los pecados nacionales, porque nunca será camino para remediar enfermedades matar a los enfermos!

 Entiendo, por último, que el Gobierno español, en la seguridad que cuenta con los más y los mejores hombres de España, debe urgir y matizar humilde pero firmemente, en sus relaciones con la Santa Sede la provisión de pastores para las diócesis vacantes y que en lo sucesivo queden desprovistas, dada la situación delicada de un pueblo abierto decididamente a la esperanza, gracias a Dios y a las manos misericordiosas y justas de la Iglesia y del Estado, que vienen restañando pacientemente pasadas heridas con indudable acierto.

 ¡Nadie debe perturbar en esta hora a este pueblo, a esta España que se encontró a sí misma, en la búsqueda de su misión! ¡Nadie debe apremiar a este pueblo que fue y sigue siendo fiel a la Iglesia católica, su Madre, y que dio y acaba de dar sobradas pruebas de cómo se es hijo fiel! No nos gusta cubrirnos con un pasado de gloria porque tenemos el presente. ¡Ahí está reciente el embalse de sangre que nos devolvió una Patria y la Iglesia universal, un testimonio colectivo para que confíe en las reservas de la fe!

 Espanta pensar que lo que dio vigor y unidad a este pueblo pudiera ser lo que le dividiera y desconcertara

Somos muchos desgraciadamente los que estamos empezando a vivir el conflicto de la fe y los deberes de la Patria, y vamos a decirlo claramente: no es la Patria quien nos está planteando este conflicto

Santander, 11 de enero de 1968. 


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 213, 27-Ene-1968


martes, 23 de junio de 2026

Un jesuita, apóstol de la masonería

 Artículo de 1979

Un apóstol de la masonería

 ES algo inconcebible y más en estos tiempos en que los hijos de Dios, todos los hombres, necesitamos de sólidos agarraderos para no decaer en nuestra fe; esa fe que tanto nos ayuda a sobrellevar las fatigas, crueldades y horrores de los malignos tiempos en que vivimos, haya personas que se empeñen, aun contra los principios que un día juraron e incluso que han sido la base de su formación espiritual y religiosa, en destruir, por medio de la confusión y de la predicación de una «libertad» totalmente a «gusto de consumidor», a esa familia magnifica formada por Dios como Padre y por sus hijos tos hombres, coherederos con Cristo, del Reino que nos tiene prometido.

 Tal es el caso del Rvdo. P. José A. Ferrer Benimeli, S. I. (hoy llamado «profesor», seguramente para «hacerse todo a todos y ganados a todos para... la masonería).

 Este ilustre señor profesor, dio una «conferencia-debate» en los locales del Club Areco (antes Congregación Mariana) de Gandía (Valencia) que titulaba: «La masonería hoy. ¿Mito o realidad?...»

 El padre Ferrer, autor de varios libros sobre la masonería, con buen decir y fácil desarrollo, nos expuso los orígenes de las logias; formadas por picapedreros, albañiles, arquitectos, etcétera, tal y como por los símbolos de todos conocidos, parecen indicar... Habló de la variedad de masonerías y hasta de las obligaciones religiosas de algunas de ellas.

 Es curioso observar ese algo de facilón y al propio tiempo sutil para introducirse en los distintos ambientes que tenían las masonerías... Esto lo debieron observar y por ello formaron logias tan variadas en todos los órdenes —incluso en lo referente al color de la piel— (para que no se escape nadie), unos «intelectuales» de esos que, como el Rvdo. P. Ferrer Benimeli. llevan rabo... ¡Que nadie se extrañe, porque se le vio!

 En estos tiempos en que, según frase de Pablo VI, el «humo de Satanás» se ha metido en todas partes, hasta en la Iglesia, hasta en lo que desde siempre he considerado —sin despreciar a nadie— como el «Sancta Sanctorum» de las órdenes religiosas, a la Compañía de Jesús, a cuya santidad tanto debo y de cuya santidad están «viviendo de renta» individuos como el Rvdo. P. Ferrer Benimeli y el jesuita que apareció en la pequeña pantalla junto a los «curanderos» hace poco, rebajando con su presencia y sus palabras, abiertamente, la dignidad con que el mismo Cristo los ha distinguido para que sean luz del mundo y nos traigan con su presencia el recuerdo del Señor a todos los que ansiamos su perdón y su abrazo.

Después de la suave y sutil manifestación de la masonería, el padre Ferrer abrió fuego contra Franco, acusándole de «asesino» de masones... Por supuesto, sin citar nombres ni fechas ni el porqué de la aplicación de la última pena, en caso de ser verdaderas sus denuncias... ¡Aquí, en Gandía, sí tenemos nombres, fechas y «motivos» por los que cayeron a manos de los marxistas, precisamente hermanos de religión del Rvdo. P. Ferrer Benimeli!

 El colmo de la «conferencia» llegó trayendo por los cabellos motivos de «consenso» y. tras querer convencer —o mejor dicho, confundir, como lo hace Satanás—, a los allí presentes, nos dijo que un católico puede ser masón... (?). Y no faltó la nota cumbre cuando él mismo, el Rvdo. P. jesuita Ferrer Benimeli se ofreció para contactar a los interesados con la masonería.

 Todos los años los jesuitas practican los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, su fundador. Yo no puedo comprender cómo el padre Ferrer hará estos Ejercicios...

 ¡Por Dios, padre! Háblenos de Cristo. Háblenos en estos momentos de María, su Madre. Los que formamos el «pueblo» no necesitamos otra cosa. Lo demás, lo que según parece tanto lo eleva en el campo de la intelectualidad, venga a exponerlo a modo ilustrativo. Creo que los pertenecientes a la masonería tendrán sus catervas de doctores para halagar los oídos de cierta clase de hombres. Pero, triste y bien triste es que, precisamente un jesuita, intente confundirnos. Bien le puede suceder —como le sucedió en el Club Areco, de Gandía, que, como león que usted se presentó, fuera derrotado por un muchacho, con más espíritu que usted, que ya lleva algunos años en la Religión. El joven le hizo unas preguntas a las que usted contestó con otras insistentes e insidiosas preguntas; queriendo saber —o mejor dicho— queriendo hacer saber al coro de sus simpatizantes, de dónde procedían las notas sobre las que se basaban las preguntas que se le hacían. Porque, Rvdo. P. Ferrer, usted bien sabía de dónde procedían.

 Y, ya que vamos de «preguntas», voy a hacerme yo algunas: ¿Por qué el Rvdo. P. Ferrer Benimeli se volvió como una fiera herida contra Blas Piñar cuando se hizo público que las notas procedían de la revista FUERZA NUEVA?

 ¿Por qué atacó precisamente a uno de los pocos hombres que. con su valor acostumbrado dan testimonio público de Cristo sin respeto humano de ninguna clase?

 ¿Por qué trató de ridiculizar al Caudillo el padre Ferrer cuando, haciendo alusión a uno de sus discursos dijo haberse metido Franco con la masonería como enemiga de la política que se seguía en España? ¿No reconoció el padre Ferrer que había una masonería que se introducía en la política? ¿Por qué. pues, no tenía razón Franco al declarar a los masones, de la clase que fueran, como enemigos de la España que él defendía, cristiana y moral, adicta ciento por ciento al catolicismo apostólicos romano?

 En el ataque final a Blas Piñar me pregunto: ¿No será acaso que al padre Ferrer Benimeli se le ha subido a la cabeza el humo de «su ciencia» y le da en el rostro que un seglar sea apóstol de Cristo sembrando su sana y constructora doctrina a todos los niveles y por todas partes —incluso en el extranjero— mientras él, un JESUITA, se dedica a «apostolear» en favor de la masonería, escribiendo libros de tapas negras y más negro contenido, tan sólo por el placer de recibir la admiración de quienes lo aplauden todo, y mucho más cuando las «conferencias» sólo tratan de desprestigiar al Caudillo y a los que —como Blas Piñar— tratan con su recto espíritu defender la verdadera doctrina católica?

 ¡Padre Ferrer!: se le ha visto la cola serpentina»...

 José ROS RAUSELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979

 

domingo, 21 de junio de 2026

Pemán y sus sospechosos elogios al “Príncipe”

 Artículo de 1968

 EL CULTO A LA PERSONALIDAD DE “EL PRÍNCIPE”

 El artículo de don José María Pemán publicado en «A B C» del día 5 de enero, y que tiene por título «El Príncipe», es modelo de glosa, literal lamente perfecto y acabado. El lenguaje es difícil de entender en el insigne autor de «El divino impaciente»; incomprensible en quien por el año 1933 decía que la Comunión Tradicionalista era, «por su parte activa, un ejército, y en su parte espiritual, una doctrina eterna». 

Las sinceras alabanzas prodigadas a los artífices de la obra: a don Alfonso Carlos, a don Javier de Borbón, a don Manuel Fal Conde y a Zamanillo, se han trocado hoy en apasionados y ciegos elogios precisamente para «El Príncipe», que nada tiene que ver con aquel «activo ejército» ni con aquella «doctrina eterna» que salvó a España; son hoy vítores de júbilo para el vástago de la familia que mejor simboliza el imperio de lo temporal sobre lo eterno; de la fe religiosa vacilante, dudosa y escéptica, en pugna con el Carlismo. Es incomprensible. La pluma que un día cantó alabanzas hoy ha sido mojada en la tinta del olvido, del desprecio y de la ingratitud.

 Comienza el prólogo con la acusación de «cicateros», de ruines y tacaños a quienes obstaculizaron y se opusieron al acceso de una mujer al Trono. Don José María se excluye bonitamente del calificativo, reconociendo la excelencia de los reinados femeninos de doña María de Molina, de Isabel la Católica y de doña María Cristina de Habsburgo. Este último recuerdo, muy respetable, es exponente de lo íntimo y familiar que le resulta al articulista, pero que a la hora de la comparación no creo saldría bien parado.

 Así oscurece los conceptos del bien y de la verdad, dando alas a su apasionado corazón en mengua y detrimento de la memoria y lucidez.

 La Historia va a ser mi fiel compañera para dar fe de lo que he afirmado. Se duele de que a despecho del imborrable recuerdo del reinado de la católica Reina, repudiasen los carlistas el de Isabel II. No debió ser molestada esta tierna Princesa por su tío Carlos..., sin duda porque de su futura fecundidad había el bisabuelo del Príncipe loado en «A B C»... No, señor Pemán, no eran cicateros los carlistas; no disputaban el Trono a una dama. Ni entonces ni después confundieron el sexo con la ineptitud. A una mujer, y de la real casa de Braganza, a la Princesa de Beira, debe el Carlismo el excelso beneficio de la fidelidad a la «doctrina eterna», que a buen seguro hubiera naufragado, contaminada por un Príncipe liberalizado (¡qué coincidencia!) que también se llamaba Juan III, como el que reside en Estoril, como el que aparece en la fotografía que ilustra el artículo de «A B C».

 Los carlistas no luchaban contra una mujer, sino por la pureza de una institución, por su doctrina eterna, porque sus sentimientos católicos estaban brutalmente escarnecidos en una corte donde podía cantarse impunemente: “¡Muera Cristo! ¡Viva Luzbel! ¡Muera Don Carlos! ¡Viva Isabel!” Sabían los de la Comunión Tradicionalista que aquella inocente víctima de la sectaria, tenebrosa, «bastarda, afrancesada y europeizante» constitución tenía las alas cortadas para remontar el vuelo a las divinas impaciencias de la Reina que en sus aladas naves llevó la «doctrina eterna» a un nuevo continente. El veneno escondido en la dorada constitución que mediatizó el reinado de Isabel II y de todos sus sucesores no atrajo las bendiciones de Dios. Pagó España con dos destronamientos el

tributo de la gloria de los liberales; los carlistas sufrieron el infierno, con la derrota de dos guerras, y los frailes el purgatorio de la matanza y el expolio. 

Así empezó la legitimidad histórica que hoy hereda «El Príncipe» en quien don José María Pemán tiene puestas todas sus complacencias.

 Pero esa legitimidad fue truncada (al grito de ¡abajo los Borbones!) por los mejores derechos de la revolución triunfante en Cádiz y en septiembre de 1868.

 Pletórico de ilusiones liberales fue restaurado Alfonso XII en Sagunto. Relegaba al olvido el dramático final de su madre arrojada del Trono, previo el aviso del cura Merino, que intentó asesinarla... Y don Alfonso fue nueva víctima de quienes (por evitar la común unión de todos los españoles, no en el catolicismo del siglo, sino en el eterno incontaminado y tradicional) habían de proporcionar serios sinsabores a su esposa María Cristina de

Habsburgo y a su hijo Alfonso XIII. Díganlo si no la turbia liquidación del imperio, pese al honor del ejército y del pueblo español, que no se perdieron ni en Cuba, ni en Cavite, ni en Baler.

 Con el hundimiento del Trono del padre de don Juan y abuelo de «El Príncipe» pudo haber reconciliación. El perdón por parte de la dinastía carlista no le faltó a don Alfonso XIII, desterrado en Roma. En su condición de Rey destronado (el tercero de su dinastía en noventa y un años) no era mucho pedirle la promesa del propósito de la enmienda de su error liberal y el reconocimiento de la usurpación de derechos a la dinastía de los descendientes de don Carlos María Isidro de Borbón. Ante la negativa y la obstinación de Alfonso XIII, don Alfonso Carlos nombró regente en su testamento político a don Javier de Borbón-Parma, a quien recomendaba, además, como el Príncipe ideal para su sucesión. Y con él preparó el Glorioso Movimiento, puesto que como  muy bien sabe el señor Pemán, el documento lleva la fecha de 26 de enero de 1936. El nombramiento lo justifica con esta frase: «Pero no se llegó nunca a pacto alguno porque don Alfonso no consintió jamás en la aceptación solemne de los principios de mis derechos soberanos, ni en la abdicación de su hijo.»

 Y no fue obstáculo para que la Comunión Tradicionalista (que había suplicado al político Rodezno por el organizador Fal Conde) hiciese espléndida realidad y garantía salvadora, la que Pemán concebía entonces como «ejército con doctrina eterna». Dice el libro de Melgar sobre la escisión dinástica, que los amigos y consejeros de don Alfonso decidieron su real ánimo a mantener sus derechos y no reconocer los de la rama carlista. Esta actitud, señor Pemán, es vieja herencia que también recibirá su «Príncipe». Recuerde la contestación dada a Carlos VII en la Avenue de la Grand Armée, de París, por su prima Isabel II, cuando ambos estaban desterrados: «Pero, ¿de qué serviría esa sumisión (la suya) cuando «los míos» la tendrían por nula y levantarían pendones por don Alfonso»?

 Y los pendones aparecieron en Sagunto a la hora convenida. ¿Podrán sus nietos y descendientes sustraerse a las presiones de «los suyos»? ¿Acaso no son los cuarenta y cuatro de Estoril quienes, desertando del ejército de la doctrina eterna, levantan ahora pendones por don Juan? Los de Sagunto y los de Estoril tenían el reloj parado en aquella hora en que los «cicateros» carlistas repudiaron a una tierna niña y a su madre, la bella napolitana y gloria de los liberales; en la hora del lúgubre doblar de las campanas del Real Monasterio por la muerte de Fernando VII el día 29 de septiembre de 1833. Y lo más grave es que lo han parado después de lo ordenado por Diego Martínez Barrio en la Logia Iberia de Lisboa, donde se manifiesta «juanista» para evitar el carlismo que les venía encima y «para poder derribar el régimen de Franco». Y lo tienen parado, pese a que don Juan manifiesta su concordancia antifranquista en sus manifiestos de Lausana y de Estoril.

 Tampoco se mueve el reloj con la carta que don Manuel Fal Conde dirige a Rodezno desautorizándole por sus favorables manifiestos hacia don Juan, publicadas por «United Press» en 1946. Y parado sigue cuando en 1948, en Londres, se hacen «juanistas» Prieto y Gil Robles; cuando en 1952 la Comunión Tradicionalista, da cumplimiento a la voluntad de don Alfonso Carlos, precisamente para que nadie impida que deje de ser como Pemán la concibiera: «ejército y doctrina eterna». A este fin declaró solemnemente a don Javier de Borbón, como Rey, en asamblea celebrada en Barcelona con motivo del Congreso Eucarístico. Y con el reloj muy retrasado fueron cuarenta y cuatro señores a Estoril para autodepurar a la Comunión y hacer efectivo el mandato de Pemán de 1933, aunque levantasen ahora sus pendones «juanistas»

 Pero hay más. Han venido a testimoniar su ligereza y obcecación dos nuevos acontecimientos. En 1958 se celebra en Bruselas la asamblea del partido comunista con asistencia de Dolores Ibarruri, doctora honoris causa» por la Universidad de Moscú. La Pasionaria, tan docta en las disciplinas de Lenin y Stalin, cuan inepta para las divinas impaciencias» de Javier; anclada por su saber y por sus años en la generación de 1834, al suscribir para ella y su partido la enmandilada candidatura «juanista», forzosamente tuvo que exclamar: ¡Muera Cristo! ¡Viva Satán! Completar la copla de 1833 gritando: ¡Nada de Carlos! ¡Viva don Juan! ¿No le parece que es avivar las «sectarias impaciencias» de doña Dolores?

 Y siguiendo las páginas de la Historia, en 1962, y con los mismos piadosos fines, se reúne Rodolfo Llopis en Munich con Gil Robles y con representantes marxistas, demócrata cristianos y monárquicos liberales, cuyos nombres no es necesario citar.

 Quiero manifestar, por último, que si la herencia histórica de la legitimidad de «El Príncipe» queda bien esclarecida por la luz de la verdad, encuentro en el artículo un concepto final que debo aclarar. Me refiero a los méritos ponderados por Pemán en su elegido, presentándolo como el hombre bueno que no pertenece ni al bando de los vencedores ni al de los vencidos. La luz de los acontecimientos, que acabamos de citar identifica la académica frase, con un gironellismo puro. La dorada frase, muy púdica, tapa lo que no debe enseñarse: su procedencia moscovita. Allí eso se denomina existencia pacífica.

 Le doy toda la razón a Pemán cuando dice: «Franco sabe que por su legitimidad «emanada de la victoria», él no es ya una persona, sino una institución.» No concibo un Príncipe aspirante a sucesor de Franco (cuando Dios lo disponga) que no sea como él participante en la victoria del Movimiento; vinculado a él lo más íntimamente posible, no de palabra, sino con hechos.

 En lo que no estoy de acuerdo con don José María es en el poco celo para exigir pureza a la institución (que debe ser «ejército y doctrina eterna») y el excesivo culto a la personalidad de un Príncipe a cuyo padre se lo prodigan de consuno monárquicos liberales y marxistas leninistas.

Manuel  de VALDIVIELSO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 213, 27-Ene-1968

 

viernes, 19 de junio de 2026

Sobre la la asignatura de F. E. N. (Formación del Espíritu Nacional)

 Artículo de 1970 

 LIBERTAD Y FORMACIÓN POLÍTICA

 Por Estanislao Cantero

 El sentido profundo de la libertad en quienes la reclaman en una sociedad de masas es la exigencia de una completa y minuciosa predeterminación de sus vidas definitivamente planificadas y protegidas” (1).

 En el sistema educativo español, planificado y dirigido por el Estado, existe (1970) la asignatura de Formación Política, conocida por F. E. N. (Formación del Espíritu Nacional) en el bachillerato, y con el nombre de Formación Política en la Universidad. Menos en Preuniversitario, existe en todo el bachillerato y en casi todos los cursos de las diferentes carreras universitarias, salvo en el primero y el último.

 Es innegable que, en todos los cursos en que existe, se considera prácticamente por alumnos y profesores como una de las “marías”, es decir, asignatura que existe solamente porque el Ministerio de Educación se empeña en ello, pero a la cual no se le concede importancia. Desde hace once años, su existencia es puramente nominal. Si bien es cierto que existe, es también una triste realidad que no se exige (prácticamente hay aprobado general) y lo que es peor, que no se enseña en la mayor parte de los centros. No obstante hay quien opina que la formación política no es más que “una reminiscencia de tiempos pasados, del totalitarismo español” (2). Coincidimos, al afirmar que, desgraciadamente es algo pretérito, sin actualidad, pero no porque no deba hacerse sino porque no se hace.

 El actual régimen nació el 18 de Julio de 1936. El Estado debe y tiene que ser fiel a él; es cierto que hace ya 31 años que se pudo leer el parte de la Victoria, pero no es menos cierto que la Victoria, tanto o más que por las armas, se consigue y empieza cuando la ideología sobre la que se basa todo orden justo y, en fin, todo progreso, ideología defendida por los que tomaron las armas, se divulga y enseña a las generaciones futuras y a los que de buena fe están en el error. Es una trágica realidad el que este Estado, que desde su nacimiento tenía todos los medios para conseguir esa victoria, no lo ha hecho así. No dudamos de su buena intención pero ello no basta.

 Cuando algo tan fundamental como es la formación política no se ha impartido; cuando la generación que ahora se forma y la recientemente “formada” no tiene más ideas que las que los medios de información (o de deformación, diría yo) les ponen ante sus ojos, se nos encoge el corazón al ver lo que se ha conseguido en este aspecto a partir de la guerra de Liberación. La Cruzada fue, efectivamente, liberación. No se podía soportar la anarquía, el desorden y la represión religiosa que existían.

 Vemos así, ahora, que en una sociedad de masas en la que ya no existe el hombre como “portador de valores eternos”, donde el concepto de libertad se ha deformado totalmente, no existiendo ni siquiera muchas veces la elección, pues el Estado se lo da todo al individuo; donde se sustituido o se trata de hacerlo, la libertad por la igualdad, creyéndose así libre porque todos hacen lo mismo, las palabras de Rafael Gambra con las que comenzamos este artículo, son por desgracia fiel reflejo de la sociedad en que vivimos, en la que el hombre no existe con individualidad propia y diferenciada que no sea la meramente biológica, sino como “hombre-masa” que se cree totalmente libre porque está como todos o, al menos, como la mayoría, inmerso en el proceso irreversible del “sentido de la historia”. Lo que no es más que la negación absoluta de la libertad: puro determinismo.

 Es por todo esto por lo que creemos necesaria la formación política en los centros de enseñanza. Lo contrario lleva, efectiva y realmente, el totalitarismo, en una sociedad de masas en la que la libertad no tiene sentido sino como sujeción al poder estatal. Pero, ¿qué es la formación política? ¿En qué debe consistir? Su mismo nombre nos lo indica: acción de formar, de educar, educación política en el sentido que la palabra tiene para Aristóteles, al decir del hombre que es un ser político, esto es, social y no solamente en su acepción relacionada con el poder. Si además tenemos en cuenta que formar es componer un todo en sus partes, la formación política consistirá en la educación en todo aquello que se refiere al hombre, la sociedad y el Estado y las relaciones entre ellos.

 Se combate la formación política –cómo no- lo mismo que tantas otras cosas, en nombre de y por la libertad. Así se nos dice que estamos “alienados” porque aceptamos unos principios y unas ideas. La libertad para los que hablan de ese modo consiste en no admitir, en no atarnos a ideas y principios o creencias, pues si los admitimos, desde ese momento, dejaríamos de ser libres. Curioso. Por una parte supone el aceptar la idea de que no hay que ligarse a nada, con lo que si antes no se era libre, por el mismo motivo, ahora tampoco. Por otra, la libertad consiste precisamente en atarse a algo, al bien, pues desde el momento en que se conoce una cosa, la libertad estriba en quererla o no, y desde el momento de esa aceptación o rechazo queda uno ligado a ella. No por ello se deja de ser libre, ya que esa actuación se ha realizado voluntariamente. Y decimos que ligarse al bien, porque de consistir en ligarse al mal, además de irracional, supondría que quien se ligase al bien no sería libre. Por eso, “el que comete pecado, esclavo es del pecado” (3). Por lo mismo, no puede admitirse que la libertad consista en atarse indiferentemente al bien o al mal. El poder escoger entre bien y mal no es más que la libertad física. No hay libertad moral para escoger el mal y, sin ella, no hay verdadera libertad.

 La libertad, decía Donoso Cortés (4), es la obra maestra de la creación. La libertad supone querer y el querer, entender; en esto nos diferenciamos de los animales, que no son libres. Por ello, si queremos que el hombre ocupe el puesto que le corresponde, si queremos que sea el rey de la creación (por supuesto, no prescindiendo de Dios) habrá que enseñarle poco a poco y desde la infancia el porqué y para qué de su existencia y la actuación que debe seguir, no como algo planificado irracionalmente que le lleva a tomar “el tren de la historia”, sino que esa actuación sea querida y efectuada voluntariamente por él al ver, al conocer, los diferentes aspectos de la realidad de la vida.

 ¿En qué debe, pues, consistir la formación política? ¿Qué debe enseñarse? No vamos a hacer un programa concreto y detallado para cada año, sino tan sólo esbozar en líneas generales lo que debe ser.

 El fundamento de la existencia del hombre es Dios. Por ello, si bien existe la Religión como asignatura e igualmente y, por desgracia, enseñada con el mismo “celo” y a ella incumbe directamente esta cuestión, no por ello debe prescindirse de Dios, sino al contrario, ajustar toda la enseñanza sobre la base de Su voluntad y adecuada a las enseñanzas de la Iglesia Católica, depósito de la Verdad revelada. Se deberá enseñar lo que es el hombre, el puesto del individuo en la sociedad y el Estado; lo que es la familia, célula y base de la sociedad: lo que es la sociedad y lo que es el Estado.

 Asimismo, deberá enseñarse que, entre individuo y sociedad existen unos cuerpos o asociaciones naturales que son los cuerpos intermedios. Derechos y obligaciones de todos ellos de acuerdo con sus finalidades respectivas, pero de una manera general y básica, si bien más profunda en los cursos superiores, ya que la concreción particular y técnica incumbe a otras ramas del conocimiento, sobre todo el Derecho. De este modo, podrá existir una sociedad racional, corporativa y jerárquicamente organizada, basada en orden impuesto por el Creador, donde tanto el individuo como la sociedad, los cuerpos intermedios y el Estado puedan ejercer las funciones que les son inherentes, obligándose recíprocamente con sus respectivos deberes, con lo que efectivamente existirá un verdadero “desarrollo de la persona humana”.

 Obligación y derecho de la sociedad, entendida como cuerpo orgánico y donde el hombre no sea tan solo un número será la formación política de los individuos que la componen. Esta formación debe darse en todos los centros educativos: y si el Estado planifica la educación mediante la centralización de una enseñanza unitaria e igualitaria, como mal menor deberá igualmente exigir que la formación política sea una realidad y no algo ficticio. Es deber suyo y del que no puede sustraerse desde el momento que se ha hecho cargo de la educación, pues si no debe monopolizarla, desde el momento que lo hace, si abandona la formación principal con la que está obligado para con el individuo y la sociedad, convierte esa educación en deformación.

 Los resultados los hemos visto y los vemos continuamente. Si efectivamente es el Estado y somos nosotros fieles al 18 de Julio y si no queremos que sus defensores y las generaciones futuras tengan que lamentarse, no del 18 de Julio sino de la actuación posterior, no abandonemos ni renunciamos a obligación tan sagrada.

 Es pues, indudable la necesidad de la formación política. Sin ella, seguiremos hundiéndonos en el acelerado proceso del “viento de la historia” cuyo dogmático y desarrollo irreversible se acepta cada vez más como la verdad más inmutable. Para salir de esta sociedad masificada, donde la Revolución y la sociedad de consumo se parecen cada vez más es absolutamente necesario una formación política adecuada.

 (1) Rafael Gambra: “La libertad en la sociedad tradicional cristiana y en la sociedad de masas”, en “Verbo”, abril 1970, pág. 287. Editorial Speiro. General Sanjurjo, 38.

 (2) Citado por Fuerza Nueva, número 175, 16 de mayo de 1970.

 (3) San Juan VIII, 34

 (4) Donoso Cortés “Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo”. Espasa Calpe. Colección Austral, segunda edición, 1949 pág. 71 y siguientes


Revista FUERZA NUEVA, nº 188, 15-Ago-1970