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lunes, 23 de marzo de 2026

Intelectualismos sectarios sobre Cataluña (2)

 Artículo de 1970 

 NUEVA RÉPLICA A "SERRA D'OR"

 Venimos recibiendo una copiosa correspondencia repleta de indignación por la sofistería de la revista “Serra d’Or” que. en su número de febrero (1970), con la entrevista a Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren, sintetizaba toda su agresividad brutalmente desfiguradora de los hechos más patentes en esta frase: “El régimen que se estableció el año 39 era constitutivamente anticatalán”.


 Lo que se cuece bajo la frase de Aranguren

 Que “Serra d`’Or” haya podido publicar esto en letras de molde, ni es flor de un día ni algo insignificante. El Círculo Doctrinal “José Antonio”, de Barcelona, acaba de publicar (1970) el informe de la reunión celebrada en Castelldefels el quince del pasado marzo, que levanta el telón de lo que viene ocurriendo, con estas explícitas aclaraciones:

 Hoy en Cataluña de nuevo intentan fortuna los nietos de Prat de la Riba, y grupos minoritarios procuran abocarla otra vez por la falsa ruta. Hoy el Omnium Cultural, Montserrat, el Colegio de Arquitectos, la Banca Catalana y varias entidades parareligiosas y paraculturales asumen el papel que antaño desarrollaran aquellas instituciones con que maniobraba Prat de la Riba... Por eso no es maravilla ni debe despertar extrañeza que la Diputación de Barcelona conmemora solemnemente, el 1 de agosto de 1967, el 50 aniversario del fallecimiento de Prat de la Riba… ni que algún destacado multimillonario como don Luis Carulla y Canals, también destacado catalanista y hombre de negocios -La Gallina Blanca- con motivo de las Navidades desee a su círculo de amigos… un año 1968 con la arenga rencorosa de Pau Claris, preludio del Corpus de Sang y de la Guerra del Segadors, y otros (1969) con el ya citado diario de Ferrán Soldevila en que lo no español asoma a flor de piel”.

 No sabemos por qué, ni siquiera si tiene ilación ante todo esto, recordar lo que escribía “Arriba”, en su número 12, del 6 de junio de 1935, comentando el juicio de Companys, Pérez Farrás y otros compinches (por los sucesos revolucionarios de 1934) ante el Tribunal de Garantías Constitucionales.

 Escribe “Arriba” de José Antonio:

 Companys y los suyos se alzaron en memorable fecha contra la unidad de España: trataron de romper en pedazos a España, usando los mismos instrumentos que otros llamados españoles pusieron en sus manos. Aún está bien reciente en nuestra memoria el sonido escalofriante de la radio en aquella noche del 6 al 7 de octubre (1934), los gritos de ¡Cataluña, a las armas, a las armas! y las proclamas de los jefes separatistas. Era de prever que el juicio (1935) se hubiera celebrado bajo la amenaza suficiente de la cólera popular, que los acusados no hubiesen apenas encontrado defensa sino en un último llamamiento al deber inexcusable de defensa que a todos los abogados toca y que los acusados hubiesen asumido un papel respetuoso de delincuentes sometidos a la Justicia.

 Pero no: el juicio oral se ha convertido en una especie de apoteosis. Los procesados se han jactado, sin disimulo, de lo que hicieron, sus defensores -no nombrados de oficio sino surgidos gustosamente de entre las más hinchadas figuras- se han comportado más que como defensores como apologistas y ni a la puerta del Tribunal, ni en los coros habituales, ni en parte alguna de Madrid se ha notado el más mínimo movimiento de repulsión.

 Para algunos esto será indicio de que vivimos en un pueblo civilizado, tolerante y respetuoso con la justicia. Para nosotros es indicio de que vivimos en un pueblo sometido a una larga educación de conformismo enfermizo y cobarde. Si el 2 de mayo de 1808 hubiera llegado precedido de la inmunda preparación espiritual de nuestros tiempos, el pueblo, en lugar de echarse a la calle, hubiera soportado con resignación bovina la presencia de los soldados de Napoleón. Así estamos soportando ahora la afrentosa presencia del repugnante Ossorio y el indigno espectáculo de la prensa de izquierdas, cantora bajo burdos pretextos, de los traidores a la Patria.

 Digámoslo claro: mejor que esta actitud de maridos de vodevil francés, que va adoptando ante todo este espectáculo nuestro refinamiento, es la ferocidad impetuosa y auténtica de los pueblos que aún saben ajusticiar a sus traidores”.

 Así se hablaba en 1935, frente a los que desgarraban y malvendían los valores supremos de la Patria. Pero hoy (1970) “Serra d’Or” y Aranguren pueden vomitar los reniegos más absurdos y bárbaros contra el sacrificio de nuestro Ejército y milicias voluntarias para reconquistar Cataluña a la fe y la civilización, sin que ocurra ninguna reacción legal, que debería ser automática y definitiva. No pensamos en parangonar circunstancias, pero la peligrosidad de un ambiente que, aunque sea tarde, pueda producir en Cataluña una situación como la ocurrida en 1936-39, debe prevenirse.

  Muy por encima de “Serra d’Or”, con Joaquín Ruiz-Giménez, Pedro Laín Entralgo y López Aranguren, estaba el talento de historiador y hombre público del inolvidable amigo Fernando Valls Taberner, catalanista de siempre, pero que, a raíz de la República y del período rojo, supo ver claro cómo el catalanismo romántico y desvinculado de la tradición hispánica está sólo al servicio de la esclavitud de marxista. Y escribió sabiamente:

  “La trayectoria política de Cataluña en los últimos decenios del siglo XIX y en lo que llevamos del siglo XX puede resumirse en esta opinión: Cataluña ha seguido una falsa ruta y ha llegado a ser, en gran parte, víctima de su propio extravío. Esta falsa ruta ha sido el nacionalismo catalanista… Uno de los factores de subversión, cuya reaparición se debe evitar decididamente, ha sido el catalanismo político y aún, para simplificar la denominación, diremos el catalanismo a secas. Esto ha constituido la falsa ruta de la Cataluña contemporánea. Catalanismo no ha resultados lo mismo que amor a Cataluña, aunque de buena fe parecieran a muchos en otro tiempo, uno y otro, como cosas idénticas”.

 (…) Nosotros no queremos, en nombre precisamente de la catalanidad, que nuestra Cataluña se convierta en conejito de indias de otros experimentos marxistas, aunque está sevicia venga franqueada bajo la aduana de “Serra d’Or”.

 Jaime TARRAGÓ

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº181,27-Jun-1970


jueves, 19 de marzo de 2026

Comparativa: Leyes del 18 de Julio ante Constitución de 1978

 Artículo de 1979

  Estudio comparativo entre las Bases legales del 18 de Julio frente a la Constitución de 1978

 Blas Piñar, en Badajoz 

(…) Prometí ayer en Cáceres un estudio comparativo, aunque sea breve, entre lo que nos ha dado la Constitución del 18 de Julio y lo que nos ofrece la del próximo día 6 de diciembre, entre lo que tenemos y lo que se nos invita a aceptar.

 Como sabéis, el ordenamiento constitucional recibido (“franquista”)-régimen de constitución abierta y jamás cerrada- tenía en su base unos principios que expresaban y proclamaban la filosofía política y social del Régimen. Lo que la filosofía marxista es una constitución de signos soviético; lo que la filosofía liberal es a una constitución de signo capitalista, eso eran los Principios a las llamadas Leyes Fundamentales. Ni la filosofía marxista es revisable para un régimen comunista, aunque varíen sus leyes; ni la filosofía liberal puede cambiarse en un régimen capitalista, aunque varían las suyas. Por eso, las Leyes Fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico podían modificarse o sustituirse por otras; lo que no podían modificarse eran los Principios inalterables.

 Este planteamiento del tema es trascendente para darse cuenta de que lo que ahora (1978) contemplamos con nitidez no cabe ser calificado de reforma, sino de ruptura y de golpe de Estado.

 Entremos ahora en un estudio comparativo. A doble columna el cotejo en síntesis puede reflejarse así: 


CONSTITUCIÓN DEL 18 DE JULIO

 

CONSTITUCIÓN DE 1978

RELIGIÓN

El Principio II, “permanente e inalterable”, consustancial con el ser de España, hablaba del acatamiento a la Ley de Dios que informará la legislación del Estado.

“La profesión y práctica de la religión católica, que es la del Estado español gozará de la protección oficial. El Estado asumirá la protección de la libertad religiosa…” (Fuero Españoles, art. 6)


 

“La soberanía reside en el pueblo” (art. 1) y “La justicia emana del pueblo” (art. 117), lo que está diametralmente contra lo que la Ley de Dios dice acerca del origen de la soberanía y de la justicia.

“Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones” (art. 16)

FAMILIA

“El Estado reconoce y ampara a la FAMILIA como institución natural y fundamental de la sociedad, con derechos y deberes inalienables, anteriores a toda ley humana y positiva” (F. E., 22 y F. T., XII)

“El matrimonio será uno e indisoluble”

“La familia es estructura básica de la comunidad, cauce de participación política”


 

“Los poderes públicos aseguran la protección social económica y jurídica de la familia” (art. 39).

Pero después de despenalizar el amancebamiento y el adulterio, el art. 32 dice que “la ley regulará las causas de disolución del matrimonio”, es decir, introduce el divorcio.

 

VIDA

“La comunidad nacional se funda en el hombre como portador de valores eternos (P. M., V) y en el respeto a su dignidad e integridad de la persona humana” (F. E., I)


 

“Todos tienen derecho a la vida” (art. 15).

Pero no se dice cuando comienza la vida. Se ha legalizado la anticoncepción y hay partidos que desean el aborto libre.

EDUCACIÓN

“Se reconoce el derecho y deber a una educación general y profesional en la familia o centros privados o públicos de libre elección” (P. M., IX, F. E., 5)

 

“Se reconoce la libertad de enseñanza y el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban formación religiosa y moral de acuerdo con sus convicciones (art.27), pero el art. 20 consagra la libertad de cátedra, que lo contradice.

El mismo art. 27 habla de programación general de la enseñanza, de homologación y ayudas en exclusiva a centros docentes que reúnan los requisitos por la ley establecidos.


ESTADO SOCIAL

“El trabajo es derecho, deber, jerarquía y honor”

“La riqueza, al servicio del pueblo. No puede permanecer inactiva, ser destruida, ni aplicada a fines ilícitos” (F. E., 30)

“El Estado ampara una retribución justa y suficiente” (F. E., 27)

“Se establece la Seguridad Social” (F. E., 28)

“Se fomenta el acceso a las formas de propiedad (F. E., 31) y la elevación del nivel de vida (F. E. III)

“Los sindicatos son cauce de representación” (F. T., 13)


 

Dice el art. 35 que “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo… y a remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de sus familias”, pero los sindicatos y asociaciones empresariales… sólo contribuirán a la “defensa y promoción de los intereses económicos y sociales”.

Se reconoce el derecho a la huelga (art. 28, 2) y los conflictos colectivos (art. 37), sin que se adviertan los motivos para prescindir de la jurisdicción laboral.

ESTADO DE DERECHO

“La Justicia es independiente” (P. M., IX), L.O.E., art. 29

 

 

El art. 122 crea un Consejo General del Poder Judicial a merced de las Cámaras legislativas y de los partidos políticos.

Hay control parlamentario de los medios de comunicación de los poderes públicos (art. 20.3)


EMPRESA

Se concibe como comunidad de aportaciones. Se da a todos derecho a participar en los beneficios. La justicia y lealtad deben presidir la vida de la empresa.

Subordinación de los valores económicos a los de orden humano y social (P. M., XI, F. E., 26; F.T., VIII)

Se establece el reparto de beneficios.

El Estado no será empresario. Se estimula la iniciativa privada (P. M., XI)


 

La libertad de empresa, reconocida por el art. 38, se subordina a la exigencia de la planificación.

 

UNIDAD DE ESPAÑA

“La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional” (P. M., IV).

 

El art. 2º, después de proclamar la indisoluble unidad de la nación española, contradictoriamente, garantiza la autonomía de las “nacionalidades” y regiones que la integran.

 

  

Revista FUERZA NUEVAnº 629, 27-Ene-1979


martes, 17 de marzo de 2026

Elogio de la neutralidad de Franco

 

 ELOGIO DE LA NEUTRALIDAD DE FRANCO

 ES cosa cierta que Cataluña, bajo el dominio de la Esquerra y el marxismo, hubiera sido una colonia soviética, arsenal y cuartel de la subversión Europea. Cuanto podamos decir lo describió en un magnífico artículo, con todas sus variantes, el gran escritor Tomás Borrás:

 1939. Si Francisco Franco hubiera perdido la guerra... Las Brigadas Internacionales aplastaron al ejército y a los voluntarios de la independencia. El Gobierno comunista establece los soviets. La repercusión en el mundo es decisiva. Cae Portugal en la subversión inmediatamente. Stalin, a toda velocidad, desarrolla sus planes de irradiación política. Sabe, como lo asegura Lenin, que si España es el Estado comunista número dos, Rusia ha cogido a Europa entre sus mandíbulas y posee el centro geográfico, la encrucijada de los caminos, la llave de la intimidación. En el Norte de África hace fermentar Rusia, desde las nuevas Repúblicas Socialistas Soviéticas Ibéricas, el nacionalismo. Febrilmente son fortificadas y dotadas de formidables medios ofensivos las Baleares, las Canarias, las costas del estrecho de Gibraltar, Ifni, Río de Oro, Fernando Poo, Guinea.

 … 1939. Si, tras ello, hubiera estallado la Segunda Guerra Mundial. Alemania, Polonia e Inglaterra luchan a vida o muerte. Rusia, amiga de Alemania, estrecha más, con el conocido Tratado, sus vínculos con el Reich. Estratégicamente, la situación es difícil para el Reino Unido. Está envuelto por la ofensiva germana y Rusia, en España, en combinación con Italia, corta el paso al Mediterráneo. Francia ayuda a Inglaterra, Alemania la invade y el comunismo se adueña de las ciudades mediterráneas. África se levanta. El odio de los coloniales es armado por Rusia. Frente a la costa americana amanece un poder con complicidades interiores en Norte e Iberoamérica. Los Estados Unidos no se deciden a intervenir en la contienda más que con ayudas prudentes. Roosevelt ha dicho que la “frontera de Norteamérica está en la costa africana”. Europa, derrotadas Alemania e Italia, traicionadas por la URSS, es totalmente comunista. Con la paz comienzan las disputas entre esos dos sistemas. Norte e Hispanoamérica se ven conmovidas en sus cimientos por la pugna de las dos ideas triunfantes. O Rusia o Alemania-Italia decidirán de su porvenir en la Tercera Guerra Mundial.

 1939. Francisco Franco ha ganado la guerra. España es liberada del comunismo. Portugal puede desarrollar su espléndida vida histórica. Inglaterra, Francia, Italia se ven flanqueadas por un país de alta moral, pacífico y con fuerte sentimiento del honor. Norteamérica ve alejarse el enemigo soviético diez mil kilómetros. Se interpone entre su poder y la revolución asiática un estado leal. Franco ha salvado al Occidente, ha limpiado las rutas anglosajonas, ha asegurado África.

 

1939. Estalla la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra no ha de atender más que a su frente Norte-Este. Sus caminos no peligran por el Atlántico-Este ni por los mares que bañan a España. Canarias, Ifni y los territorios españoles del trópico celan su neutralidad, que tanto favorece a Albión. Francia puede abandonar a retaguardia su imperio africano, segura que no la traicionará España. Por lo mismo, se despreocupa de su frontera Sur. Con España no hay cuidado: es amiga, es honrada.

De pronto la guerra llega a los Pirineos: Alemania se asoma con sus divisiones. Anhela Gibraltar; ha de meterse en el África del Norte para ayudar a Rommel, para impedir que Norteamérica se establezca allí; para dominar Orán, Argelia, Marruecos, Túnez, para salir a la orilla atlántica y aparecer frente a América, lo que la inmovilizará. Por su parte, Norteamérica necesita, como Inglaterra y sus aliados, que España no luche al lado de Hitler. De hacerlo, la guerra cambiaría de signo. Se perderían para ellos África, el Mediterráneo y la seguridad del Atlántico.

Roosevelt escribe una carta a Franco: “Mi querido general: España nada tiene que temer de los aliados”. La carta quiere decir lo que Franco pudo contestarle: “Mi querido presidente: Son los aliados los que nada tienen que temer de España”. Jugándose la invasión y la destrucción, Franco se opone a que Hitler entre en territorio nacional para apoderarse de Gibraltar y de la magnífica presa africana, garantía de su victoria. Por segunda vez, España y Franco han salvado a los pueblos occidentales.

 1948. Se ha escindido el mundo en dos grupos: el comunista y el occidental. España sigue siendo la clave. Franco sigue de árbitro. De ser la península, en esos momentos, soviética, la causa de Europa y de América estaría perdida. Tal desastre fue evitado por Franco en 1939. Italia y Francia, en esta crisis, se tambalean, el virus comunista las corroe. Nada es seguro en su política y todo posible; todo lo peor. Queda erguida la Nación incorruptible con su hermana Portugal. Los cálculos de los Estados Mayores se centran en la actitud de España, en su singular signo geopolítico, en su posición señera. Desde 1936, España y su Caudillo deciden, en realidad, de los destinos del mundo.

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº182,4-Jul-1970

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

La demagogia del obispo Cirarda

 Artículo de 1970

 

  La carta pastoral

 Monseñor Cirarda, en la pastoral referente a la detención de varios sacerdotes de la diócesis de Bilbao, habla de que ha conmocionado a “muchísimos fieles”. Parece ser que la actitud de tales fieles ha influido en las decisiones de monseñor, algunas tan espectaculares como la supresión de los cultos solemnes al Sagrado Corazón y la prohibición del “Te Deum” con motivo del aniversario de la liberación de la ciudad en 1937, según el lector deduzca de las significativas cartas cruzadas entre el obispo y la alcaldesa Pilar Careaga y la propia carta pastoral, leída obligatoriamente en las iglesias.

 Nosotros quisiéramos saber si monseñor no tiene en cuenta el parecer de otros muchísimos fieles que se muestran conformes con las medidas judiciales que las autoridades competentes toman en relación con actitudes de sacerdotes que caen dentro de las leyes de la nación. En los actos celebrados para conmemorar la liberación fue posible ver a miles de bilbaínos, cuarenta mil según algunos cálculos, manifestar públicamente su criterio en forma harto expresiva. Su catolicismo no puede ser puesto en duda y ha sido demostrado en forma fehaciente desde la liberación a nuestros días, cosa que no puede decirse, sin faltar a la verdad, de los grupos marxistas que militan en la ETA o en otras agrupaciones subversivas, a pesar de lo cual cuentan con asombrosos apoyos clericales.

 ¿Habrá que pensar que, en la diócesis de Bilbao, hay dos clases de fieles, unos que merecen la atención del obispo y del consejo presbiteral y otros, los más y los más fieles, mientras no se demuestre lo contrario, que son tratados como extraños y ven, no sólo menospreciados sus sentimientos, sino zaheridas y atacados, dentro de las propias iglesias, ideas y símbolos que coinciden con las leyes que el país, libre y clamorosamente, se ha dado? ¿Cuándo va el señor obispo a dedicar una pastoral clara y tajante, a condenar la subversión, el terrorismo y el abuso del ministerio sacerdotal, en vez de limitarse a alusiones de pasada en documentos destinados a censurar medidas de los poderes públicos?

 El obispo habla de la desconfianza y actitudes de ruptura “con lo que se califica de Iglesia oficial” que parecen producirse en los grupos “contestatarios”. ¿No ha pensado que esa misma desconfianza puede surgir en el otro lado? Hasta hace poco la calificación de “Iglesia oficial” venía hecha por quienes la consideraban unida a las estructuras del Régimen. ¿No nos estamos encaminando hacia un nuevo concepto de “Iglesia oficial, que califique a la que, sistemáticamente, se ponga en el lado contrario? ¿Por huir de un clericalismo colaborador vamos a caer en un clericalismo subversivo? La colaboración entre la Iglesia y el Estado viene, después de todo, avalada por el Concilio. No puede decirse lo mismo de la subversión.

 El Concordato

 Monseñor Cirarda ha sostenido repetidamente la idea de que el Concordato de 1953, nos guste o no, ha de ser observado mientras exista. Y denuncia los posibles incumplimientos del mismo que suponen determinadas detenciones de sacerdotes. En cambio no habla del incumplimiento del Concordato que supone no observar la obligación de elevar preces los sacerdotes por el Jefe del Estado. Si, como dice, es de justicia cumplir los compromisos adquiridos, ¿por qué no exige en quienes de él dependen su cumplimiento antes de hacer reproches a los demás?

 Resulta excesivamente moderado que monseñor diga: “Lamentamos y desaprobamos las reacciones desmedidas que hayan podido producirse en la búsqueda de la libertad legítima, empleando medios injustos, especialmente si ha podido hacerse por algún sacerdote”. Párrafo, como se ve, que no incluye las reacciones producidas en la búsqueda de objetivos que nada tienen que ver con la libertad legítima. Las condenas de sacerdotes por los tribunales competentes, en aplicación de la Ley de Represión del Bandidaje y Terrorismo, demuestran que ha habido acciones que se salen de ese margen.

 El periódico “Ya”, que ha intentado justificar, con la mejor voluntad, actuaciones eclesiales en los “sucesos de Bilbao” es bastante más tajante que monseñor Cirarda a este respecto. Con referencia a quienes han empleado “medios injustos”, dice sin ambigüedades: “Tristemente esta minoría que prácticamente se sitúa al margen de toda “Iglesia oficial” e impugna lo que llama falta de valor evangélico del prelado, está sometida a una inducción a la violencia que nada o muy poco tiene que ver con el espíritu evangélico, del que el señor obispo es testigo. No vacilamos en condenar enérgicamente que, en nombre del evangelio, se proclame la necesidad de vivir al margen de la Iglesia y en abierta oposición con ella. Creemos que, haciéndolo así, ese grupo comete una gravísima equivocación. Nosotros estamos contra todos los excesos, vengan de donde vengan, e invoquen los principios que invoquen”. 

Juan NUEVO


Revista FUERZA NUEVA, nº 182, 4-Jul-1970


jueves, 5 de marzo de 2026

Pemán: de antiguo franquista a demócrata liberal

 Artículo de 1970

 PEMÁN, EL “ENROJECIDO”

 Escribo esta página con mucha pena, con un gran dolor. Siempre admiré, bajo muchos aspectos, a José María Pemán: como católico, como español, como orador, como escritor. He seguido sus escritos a través de los años y he leído luego sus Obras Completas. Pero ya hacía tiempo -bastantes años- que iba decreciendo mi admiración a Pemán como español. Algo me decía, al leer sus escritos, que Pemán, en ese aspecto, ya no era Pemán. Me daba la impresión de que se iba volviendo demasiado escéptico y frívolo en cosas de las que no se debe dudar y sobre las que no se puede frivolizar.

 Recientemente, he leído sus “Almuerzos con gente importante” y mi impresión anterior se ha convertido en plena convicción. Decididamente, Pemán se nos ha vuelto un escéptico y un frívolo en cosa tan importante como es la Patria. José Antonio dijo una vez que “ser español es ser una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”. En esa cosa tan seria ya no cree José María Pemán. Si habla de ella es solamente para derrochar ingenio y sal andaluza.

 A esta conclusión había yo llegado cuando en el “ABC” del domingo, día 7 de junio (1970), publicó su artículo “Qué gana España”. No queda duda posible: Pemán ya no es Pemán. Pemán, políticamente, españolamente, ha chaqueteado de una manera vergonzosa. Por eso escribo estas líneas con pena y dolor.

 Dejando de lado párrafos que merecerían, sin embargo, un sabroso comentario, me voy a limitar a reproducir una frase. Una sola, pero que da la clave de todo el artículo. Y por eso él, que sabe mucho del arte de escribir, la pone al final, como se colocan las moralejas en las fábulas.

 Después de decir que “además de la oposición política que se fabrica dentro del sistema -entiéndase, dentro del Movimiento Nacional- hay algo más que absorber” (entiéndase que hay que absorber por lo menos una cierta dosis del campo contrario al Movimiento Nacional), escribe: “En definitiva, eso de la “anti-España” pudo ser un tópico polémico, pero no puede ser una realidad antropológica, puesto que biológica y mentalmente nadie puede ser anti lo que es”.

 Queda demostrado: Pemán ya no es Pemán. Porque, hablando de España, dijo un día Pemán, allá a principios de la Cruzada, exactamente el 24 de julio de 1936, ante los micrófonos de Radio Jerez: “Yo os digo que esta guerra era necesaria, porque el marxismo, por lo que tiene en su raíz profunda de Antipatria, de extranjería, de invasión, no podía ser vencido más que en los campos de batalla. La guerra, con su luz de fusilería, nos ha abierto los ojos a todos: la idea de turno, o juego político, ha sido sustituida para siempre por la idea de exterminio y de expulsión, única válida frente a un enemigo que está haciendo en España un destrozo como jamás en la historia nos lo causó ninguna nación extranjera”.

 El 2 de mayo de 1937, ante los micrófonos de Radio Nacional de España en Salamanca, decía también Pemán a los españoles de la zona nacional: “Ayer, primero de mayo, fue fiesta en una parte, fiesta de la Antipatria y del marxismo; hoy, dos de mayo, es fiesta en la otra parte, fiesta de la Patria, del espíritu”.

 El 18 de marzo de ese mismo año y ante los mismos micrófonos, había dicho: “Esta guerra que peleamos es guerra de integración nacional. No es guerra de clases ni de partidos; no luchan izquierdas y derechas; no lucha una cara de España contra otra cara de España. Lucha España contra lo que no es España”.

 ¡Cuánto daría el Pemán de hoy porque no supiéramos lo que dijo el Pemán de ayer! Pero esas frases, que no se encuentran en sus actuales Obras Completas, se pueden leer en el libro “Arengas y crónicas de guerra”, que él publicó en Cádiz, en septiembre de 1937.

 ¿Y ahora resulta que aquello de la Antiespaña no fue más que un tópico polémico? Vamos, que fue mentira; que fue un cuento, útil para enardecer al bando nacional.

 Seamos buenos. Pensemos generosamente que esas frases pronunciadas ante los micrófonos, en plena guerra, le salieron del corazón enardecido, no del cerebro frío. Pero, terminada la guerra, escribió acerca de “La Victoria como definición” (y eso sí está publicado sus Obras Completas) lo siguiente: “Hay guerras civiles estériles para los pueblos, pero suele haber para todo pueblo “una” guerra civil que lo hace, lo construye, lo define: es cuando ese pueblo hadado, como si dijéramos, con el Anticuerpo que estorba a su constitución y lo elimina para siempre. Es hora ya de que veamos así nuestra Guerra de Liberación”.

 Yo pregunto: si España dio con su Anticuerpo y lo eliminó para siempre, ¿por qué dice ahora (1970) Pemán que hay que absorber parte de ese Anticuerpo?¿Por qué dice que eso de la Antiespaña no fue más que un tópico polémico?

 Durante la guerra, también Pemán escribió un artículo titulado “España a dos columnas”. En él leemos lo siguiente: “El duelo trágico y fundamental que en España se desata y se resuelve, está escrito sobre sus tierras a dos columnas, como sobre una página escolar. Luchan frente a frente todo lo primario, sano y espiritual frente a todo lo económico, materialista y racionalista. Pelean dos conceptos de la vida: el espiritualista, o cristiano, contra el materialista o marxista. Así está escrita, a dos columnas para mayor claridad y docencia, la pugna actual sobre la tierra de España”.

 Sería muy aleccionador escribir ahora un artículo que se podría titular “José María Pemán a dos columnas”. En una columna pondríamos lo que dijo y escribió en aquellos años de la guerra y de la posguerra. Y en la otra lo que viene escribiendo en estos últimos años. Serían como dos retratos del ilustre escritor: uno con la camisa azul de la Falange y otro, con la casaca liberal. ¡Qué cosas! ¡Vivir para ver!

 Si José María Pemán llegara a leer este pobre artículo de este pobre escritor (cosa que creo casi imposible) estoy seguro de que habría de “enrojecer” al llegar a este punto. ¿Estaría haciendo comedia cuando decía y escribía aquellas cosas?¿Las habrá traicionado, si es que las creía, cuando ahora dice que eso de la Antiespaña no era más que un tópico polémico?

 En cualquiera de los dos casos, le recuerdo lo que él mismo dijo, hablando los intelectuales de entonces, el 2 de mayo de 1937, ante los micrófonos de Salamanca:  “Nuestro peligro no está en el enemigo franco que venceremos en la jornada gloriosa; está en la propia dejadez olvidadiza que puede desvirtuar la victoria. Ahora el peligro no está en los rojos; sólo podría estar en los “enrojecidos”, es decir, en los que tiñeran a España de las propias ideas que estamos con tanta sangre ahuyentando y venciendo”.

 Señor Pemán: usted no fue nunca rojo. No lo es ahora tampoco. Pero ¿no será usted un “enrojecido”? ¿No estará tiñendo a España de las ideas que en 1939 vencimos con tanta sangre? Se lo pregunto con mucha pena. ¡Le he admirado tanto! Pero me ha sublevado eso de que lo de la Antiespaña no fue más que un “tópico polémico”. Esa es una de las ideas que solamente pueden hacer circular los “enrojecidos”, que no son españoles, según su artículo de “ABC” más que por biología y antropología.

 Marcos MONTERO


Revista FUERZA NUEVA, nº 181, 27-Jun-1970 

 

domingo, 1 de marzo de 2026

Carlistas “separados” dialogaban (4)

 Artículo de 1967

 EL CARLISMO, SAL Y LUZ DE LA POLÍTICA

 Por ROBERTO G. BAYOD PALLARES

 SAL

 Carlistas, vosotros sois la sal de la tierra, mas si la sal se volviere sosa, ¿con que la salaremos?» (San Mateo, 5, 13)

 El carlismo no es lo que se describe en un librito muy ensalzado por el «El Pensamiento Navarro» (en su nueva y desastrosa época), sino que es la más pura esencia de la Tradición católico-hispánica. Es la sal con la que la vida española pudo recuperar su unidad y grandeza en el año histórico de 1936. Es la sal con la que adquirirá sabor esa unidad política y religiosa, y es la sal con la que España podrá continuar su destino en lo universal de influir espiritualmente sobre la Humanidad. El carlismo es el arca de la Tradición, es el tesoro de la única sal que puede condimentar una sana política nacional.

 Pero si el carlismo se vuelve soso, si pierde el sabor de la Tradición, ¿con qué lo salaremos? ¿Con qué lo haremos tradicionalista? «Para nada valdrá ya, sino para ser pisado por los hombres» (San Mateo, 5-13), ya que no será más que una ideología cualquiera, de esas que no buscan la unidad, sino la división y el partidismo.

 El ser causante, por acción o por omisión, de que el carlismo pierda su sal, es una traición al carlismo, porque es desnaturalizarlo. La verdad es que el carlismo jamás perderá la sal, a pesar de los esfuerzos de algunos, si bien sí que es posible que su saladura no sea eficaz.

 LUZ

 «Las lámparas no se encienden y se colocan debajo de un celemín, sino encima de un candelabro y alumbra a todos los queestán en la habitación. Que vuestra luz alumbre así delante de los hombres» (San Mateo, 5, 15, 16)

 También vosotros, carlistas, sois la luz de la política. Incluso los enemigos del carlismo se aprovechan de su luz, se apoyan en sus ideas y reconocen la profundidad de su religiosidad y patriotismo. Recordemos, por ejemplo, que el jefe político de la Monarquía saguntina, don Antonio Cánovas del Castillo, respondió a otro político que le proponía una fórmula para que no hubiera carlistas: -Pero, ¿usted cree que es conveniente que no haya carlismo?

 Cánovas no pertenecía a la luz, pero como no era ciego quería que su postura política recibiera los destellos e iluminación del carlismo.

 Para que el carlismo alumbre, lo tenemos que colocar en un lugar apropiado; como a la lámpara del Evangelio. ¿Cómo va a dar luz a los demás, si lo ocultamos? El gran Vázquez de Mella no gobernó jamás, pero fue la luz del Parlamento. Otros políticos tradicionalistas, antes y después de él, han actuado siguiendo idéntica táctica.

 El carlismo debe ocupar puestos relevantes en la Economía, en la Administración y en la Política. De lo contrario, será una bombilla apagada o escondida, a pesar de la energía que contiene. Hay un sector en el carlismo, constituido por los pseudocarlistas o neocarlistas, o al menos influenciados por ellos, que podemos denominar «anticolaboracionistas», que repudian ocupar puestos importantes en la política e impiden a los demás carlistas que escalen puestos desde los cuales puedan ser luz de los demás y ejemplo en su limpia actuación. Son los que, consciente o inconscientemente, obstruyen el paso para que el carlismo sea la luz de la España del futuro.

 Los que hacen perder la sal al carlismo son los mismos que quieren mantenerlo oculto para que sus focos no alumbren la política.

 El año 1965 tuvo lugar una peregrinación a Santiago de Compostela y en 1966, otra al Cerro de los Angeles, centro geográfico de España, el más céntrico candelabro, desde el cual pudo alumbrar y darse a ver. La ilusión de los peregrinos carlistas era la de que en 1967 se reprodujera la peregrinación al monumento al Sagrado Corazón, con la esperanza de que se multiplicarían los requetés asistentes. Pues bien, inútilmente han esperado la convocatoria definitiva y no se ha podido reproducir el maravilloso espectáculo de que las boinas rojas se vieran por las vías madrileñas. Los responsables no han tenido interés, al menos no lo han demostrado, y en sustitución han organizado un acto de peregrinación a Fátima, en el querido y admirado Portugal. El acto ha resultado grandioso, porque el pueblo carlista es siempre maravilloso- la lámpara se ha encendido y ha dado radiante luz, pero el lugar era en el extranjero y era como si estuviera debajo del celemín.

 ¿TRAICION?

 ¿Se ha traicionado al carlismo?

 Siendo sal, no sala, y siendo luz, no alumbra. ¿Qué pasa?

 Que algunos de sus dirigentes han perdido la sal y colocan al carlismo en lugar escondido, y cuando lo divulgan y lo exhiben lo hacen adulterándolo, esto es, traicionándolo.

 Este es el caso, pongamos por ejemplo, de los «estudiantes tradicionalistas», A. E. T. de Zaragoza, que con ocasión de los artificiales problemas universitarios han redactado y propagado un demagógico panfleto, redactado probablemente por sus dirigentes y colaboradores de «El Pensamiento Navarro», cuya lectura deja la impresión de que se trata de un documento marxista o más bien anarco-sindicalista. Es verdaderamente incendiario e impublicable. Son, precisamente, los amigos, admiradores de esa «camarilla», que en otro tiempo encabezaba Massó y hoy capitanea Zavala, Secretario General de la Comunión Tradicionalista. Tal es así, que el principal inspirador —si no autor— de ese triste documento es quien, la propia noche en que se hizo público el artículo del «affaire» Massó-Zavala, pidió públicamente represalias políticas contra Bayod Pallarés.

 «Guardaos de los falsos profetas, por sus frutos los conoceréis» (San Mateo, 7-15). Los frutos de estos falsos carlistas los conocemos por los panfletos marxistas que escriben y divulgan.

 Cuando desde estas columnas denunciamos los manejos y traiciones que recibe la doctrina carlista y la propia Comunión Tradicionalista, lo hacemos, tan sólo, QUE CONSTE, desde el punto de vista político, religioso o religioso-político; pero jamás queremos disminuir el prestigio personal de la vida privada, la que respetamos y creemos que es limpia, quizá muy superior a la nuestra.

 Lo que sí afirmamos es que su actuación política —NUNCA LA PRIVADA— es fatal para la Causa, porque han traicionado su ideología, porque intentan contactos con organizaciones ilegales de comunistas —Comisiones Obreras—.

 ¿Acaso nos podemos callar? ¿Es que no es más interesante la Causa y España que el prestigio político de una o más personas? ¿Qué nos puede pasar? Ya sabemos que recibiremos ingratitudes, persecuciones, expulsiones, etc., etc., pero los requetés que salieron en un 18 de julio a defender la España inmortal y la Religión sabían que se exponían a mucho más, a perder la vida, y, sin embargo, no se quedaron callados y sin acción, sino que pusieron su vida encima de un candelabro, por todos los valles y montañas de España, para reconquistar la luz y paz que se habían perdido.

 Esperamos que quienes tienen en sus manos la solución de estos graves problemas tomarán medidas para que de nuevo el carlismo pueda cumplir con su misión de ser sal, luz y paz entre todos los españoles de buena voluntad, como Cristo deseara a todos los hombres hace dos milenios y conmemoramos por estas fechas.

 También nosotros deseamos felicidades a todos los numerosos carlistas, algunos de mucho relieve político y militar, que nos han demostrado su solidaridad en nuestra reciente actuación. A los que no nos han podido escribir, también les felicitamos, y a unos y otros les deseamos que sean SAL, LUZ y PAZ en política.


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967

 

viernes, 27 de febrero de 2026

J. M. de Areilza, ex-falangista, chaquetero de la política

 Artículo de 1970

 AREILZA: TEXTOS CLÁSICOS

 El nombre de don José María de Areilza es sobradamente conocido en España; antes, por su acendrado falangismo, de camisa azul mahón y su “apego” al Régimen del 18 de Julio; ahora (1970), por su “chaqueteril” vida política.

 Para los más, el señor Areilza es un político que trata de pescar en río revuelto; para los menos, los jóvenes que aún no le conocen bien, es el “valiente” español que se entrevistó con el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Occidental, en su reciente visita a España, con el noble fin de hablarle mal a un forastero de nuestro Régimen y pedir, como hace el pequeñín de la escuela que no sabe defenderse, ayuda y protección.

 Pero, en general, a muchos españoles lo único que les dice el nombre de José María de Areilza son sus concomitancias con Ruiz-Giménez, Tierno Galván, determinados sectores del clero, etcétera, con vistas a ver la posibilidad de engancharse de nuevo a una carroza que tenga visos de ser, alguna vez, triunfal. De la misma forma que se enganchó al Movimiento cuando la guerra se iba ganando a costa de sangre sudor y lágrimas.

 Pero como no tratamos de hacer una biografía de este señor, ya que las biografías de los políticos de la clase a la que pertenece el señor Areilza suelen ser difíciles de realizar por lo imprecisos que son sus perfiles, nos vamos a limitar a dar a conocer quién era el señor Areilza exactamente el día 20 de julio de 1937.

 En esa fecha, mejor dicho, dos días antes, el 18 de julio del 37, se celebró en Derio un solemne acto organizado por Falange Española Tradicionalista y de las Jons para honrar la memoria de los mártires inmolados en la barbarie rojo-separatista, actos de cuya reseña, publicada con fecha 20 de julio por el diario “El Pueblo Vasco”, les vamos a transcribir a nuestros lectores el patriótico discurso que don José María de Areilza pronunció entonces.

 Aclaremos que el señor Areilza era alcalde de Bilbao, vestía la camisa azul y en las fotos del acto citado, que no reproducimos porque son poco visibles, el señor Areilza saluda brazo en alto. En sus palabras, como verán nuestros lectores, se ataca de forma furibunda a los separatistas y comunistas, a los intelectuales rojos y al clero “traidor a la patria y cómplice del comunismo”. O sea, ataca a los mismos que hoy (1970) tiene por aliados.

 Hay en todo esto un “pequeño detalle” que no queremos pase desapercibido. En aquellas fechas, el señor Areilza tenía edad adecuada para estar, fusil en mano, en el frente. Seguramente prefirió “sacrificarse”-de la misma forma que ahora prefiere también hacerlo en otro sentido- y pasar la guerra cómodamente apoltronado en el sillón de la Alcaldía de Bilbao. Un sillón, una poltrona, que se podía haber ocupado entonces por una mujer, como ahora sucede (Pilar Careaga).

 Y vamos con la transcripción de 1937. Nosotros, por profesión, somos muy curiosos y nuestra curiosidad nos impulsa a ser “ratas de hemeroteca”, de donde cada día obtenemos más información personal sobre mucha gente que ahora pretende meter de matute a los españoles un retrato personal que no es el auténtico:

 LA OFRENDA DEL SEÑOR AREILZA  EN 1937

 “…Seguidamente el alcalde de Bilbao, don José María Areilza, portador en su derecha de una bandera nacional, se adelantó para hacer la ofrenda, pronunciando las palabras siguientes:

 -“Amigos y camaradas: Aquí, en este mismo lugar, fueron fusilados por el nacionalismo vasco y sus aliados rojos, los mártires de Bilbao. Aquí, sobre estas piedras, derramaron su sangre para redimir a Vizcaya un puñado de hombres de toda clase y condición que merecían el dictado de bilbaínos de primera clase. Con ellos están enterrados también, en el ámbito de este sagrado recinto, los asesinados en el barco “Quilates”, en el “Altuna-Mendi”, los mártires de Larrinaga, La Galera, El Carmelo y Los Ángeles Custodios, compañeros de los anteriores en sufrimientos y en la muerte.

 “Los hombres se redimen de sus culpas mediante penitencia que es sacrificio y el dolor que purifica. Así también, los pueblos se redimen de sus pecados colectivos con la sangre de sus hombres mejores, ofrecida en holocausto de la justicia inmanente que late en el seno de la historia. La sangre de estos mártires redimió a Bilbao y a Vizcaya de sus pecados colectivos. Cayeron de toda clase y condición: militares, aristócratas, sacerdotes, obreros, políticos, intelectuales…

 “La sangre vuestra, capitán Ramos, comandantes Ichaso, Valverde y Anglada, capitán Murga, teniente Vallespín y demás hermanos de armas fusilados, sirvió para lavar la afrenta que al honor militar infligieron vuestros compañeros cobardes y traidores de la guarnición de Bilbao. El martirio de los sacerdotes asesinados era el precio de redención del clero vascongado de sus vergonzosas taras, de traición a la Patria y de complicidad con el comunismo. La sangre de los aristócratas y grandes industriales, Arriluce, Ibarras, Careagas, Zubirías, generosamente derramada, sirvió para lavar las culpas del capitalismo vasco y de su desvío del interés nacional. Vosotros, los caídos de la clase media y trabajadora, redimisteis con vuestro sacrificio el odio que en esas clases se sentía en Bilbao contra la Patria. Los intelectuales y los políticos: Balparda, Careaga, Juaristi, Adán, Pedro Eguillor, Quadra-Salcedo, Luis Checa, González Olaso, fuisteis el precio doloroso de redención de la política traidora del separatismo y del pecado contra el espíritu de los falsos intelectuales rojos y bizcaitarras de la villa.

Finalmente, vosotros, Guillermo Wakonning y Federico Martínez Arias, cónsules de Austria-Hungría y Paraguay en Bilbao, disteis el más alto ejemplo de dignidad y decoro en vuestros cargos.

 El pueblo de Bilbao, representado por el Ayuntamiento, reclama para sí los cuerpos de estos héroes y mártires, cuyo sacrificio fue necesario para su rescate espiritual ante la conciencia histórica de España.

 Mártires bilbaínos: sobre vuestros despojos, que no tuvieron el consuelo póstumo de una bandera que les cubriese, venimos a colocar hoy la enseña de la Patria.

 Yo estoy seguro de que vuestros espíritus se estremecerán de alegría en los Cielos cuando sobre ellos caiga, como una caricia maternal, el pabellón rojo y gualda de España. Para los que estáis aquí, hijos, hermanos, esposas, madres y novias de los que cayeron, debe ser también motivo de orgullo y alegría este acto. Podéis tener la seguridad de la bienaventuranza de sus almas purificadas por el martirio. A sus cuerpos los vais a ver envueltos en la misma bandera que cubrió a Sanjurjo, a Mola y a Calvo Sotelo.

 Y ahora, ante vosotros, mártires innumerables de Bilbao, asesinados por el Partido Nacionalista Vasco y sus aliados rojos, al triple grito de “Gora Euzkadi”, “Viva la República” y “Viva Rusia”, que en el fondo eran una misma cosa, repetiré tres veces una palabra de nuestro lema, para que sirva a todos de recuerdo, de advertencia y de propósito: ¡Justicia!, ¡Justicia! y ¡Justicia!”.

 Nosotros también, lectores, nos permitimos, brazo en alto (como Areilza) tomar a modo de firma, las últimas palabras de su discurso:¡Justicia!, ¡Justicia! y ¡Justicia!”.


Revista FUERZA NUEVA, nº181, 27-Jun-1970

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Antecedentes de la descolonización del Sahara

 Artículo de 1970

 DECÍAMOS AYER

 Por Blas Piñar

 No puedo negar que la declaración del Gobierno sobre la interpretación que merece el acuerdo de Tremecén entre Argelia y Marruecos, me ha dejado en un clima de incertidumbre.

 A poco avezados que estemos a las maniobras de la política internacional ajena, parece de una evidencia arrolladora que los desplazamientos a Mauritania y a Washington de los ministros marroquíes del Interior y de Asuntos Exteriores dibujan el contorno de un acuerdo y de una información preventiva sobre lo que puede ocurrir -y Dios quiera que no ocurra- en la provincia española del Sahara.

 Que se pretende que nuestro país “descolonice” el Sahara, y que extiende la descolonización a Ceuta y Melilla, es algo inconcluso si se estudia la línea de pensamiento y de acción de quienes representan oficialmente a Marruecos y Argelia, y utilizan un lenguaje relativamente moderado, y la de quienes, sin la responsabilidad de los puestos oficiales, se manifiestan con un idioma preñado de palabras ofensivas para nuestro país.

 Si la memoria es clave para marcar una conducta, y si la forma más ecuánime de predecir el futuro consiste en conocer el pasado, no podrá sorprendernos que, no obstante la aparente inhibición oficial, partidas irregulares aspiren a penetrar y a sembrar el terror en la provincia del Sahara, como ya ocurrió (1957) en la que fue nuestra antigua provincia de Ifni.

 Como, además, el procedimiento seguido entonces tuvo un éxito claro, al respetarse por España la situación de hecho y el ceder más tarde –“retrocediendo”– la soberanía que ejercíamos en Ifni, no parece descabellado pensar -en el ejercicio de las predicciones- que el Istiqlal o el Consejo de la Revolución de Argelia, al margen, aunque con el silencio de los organismos responsables, emprenda incursiones militares en el territorio sahariano.

 El apoyo logístico de las incursiones tendrá, si llegan a producirse, una amplia demarcación territorial que envuelve a la provincia española, cuya base de aprovisionamiento habrá de ser forzosamente por vía aérea y marítima, a partir del archipiélago canario, en el que, como ya sabemos, se halla desde hace meses una flota pesquera de la URSS, cuya finalidad entendemos que abarcaría la de vigilancia e información a los países que descaradamente apoya, de cualquier movimiento de nuestras fuerzas.

 Nada de lo que ocurre ahora con relación al Sahara nos coge de sorpresa. Cuando se concedió la independencia, con el nombre de Guinea Ecuatorial, a las provincias de Fernando Poo y de Río Muni (1968), con procuradores en Cortes y consejeros nacionales, y cuando se “retrocedió” a Marruecos la soberanía sobre Ifni (1969), iniciábamos un camino difícil de contener. Lo que a algunos pudo parecer prudencia o habilidad, a nosotros nos pareció siempre abandonismo y, frente a los alegatos en defensa de la política de entreguismo fácil que asumía el Gobierno, tuvimos que utilizar, para bautizarla, una frase que creo retrata bien la retórica que se utilizó para encontrar la viabilidad: “triunfalismo liquidador”.

 Las debilidades en política no suelen perdonarse, y aquellos que se las prometían muy felices creyendo que las concesiones hechas amansarían la incitación reivindicatoria, no percibían que, con el método de la condescendencia, alimentaban la voracidad de los beneficiarios de la nueva “descolonización”. De aquí que podamos recordar ahora, con este “decíamos ayer”, cuanto en FUERZA NUEVA, primero, y en las Cortes, más tarde, con nuestra palabra, nuestra pluma y nuestro voto, hicimos patente al oponernos a la independencia de Guinea y a la “retrocesión de la soberanía en Ifni.

 La voluntad, que estimamos decidida, de nuestro Gobierno, de clausurar la etapa de los abandonos, no puede desconocer que la firmeza de nuestra postura exige un examen minucioso y atento de las líneas maestras de nuestra política internacional, y entre ellas las persistentes, ya marcadas por el Gabinete anterior, de apertura a los países del Este, que apoyarían, sin duda, las pretensiones del acuerdo de Tremecén con relación al Sahara, a Ceuta y a Melilla, y la de amistad incondicional con las naciones árabes, que hasta la fecha ha mermado una libertad de movimientos que España precisa para defender su honor y sus intereses.

 Dentro de esta voluntad firme del Gobierno español, constituye, a nuestro juicio, un punto débil, admitir la necesidad de un referéndum entre la población saharaui, toda vez que el plebiscito -como consta oficialmente en la ONU- ya tuvo lugar, con el resultado de una mayoría casi unánime a favor de España. Poner en tela de juicio la validez de dicha referéndum sería, a la vez, una ofensa los españoles del Sáhara y un reconocimiento de que al verificarse no se votó con libertad, sino bajo presiones inconfesables del Gobierno.

 La provincia del Sahara, que también tiene procuradores en Cortes y consejeros nacionales, que para ostentar dichos cargos han de ser españoles y jurar los Principios del Movimiento y las Leyes que integran nuestra Constitución, no puede ser objeto de transacciones en el mercado internacional. Si el Sahara es España, con España, que es algo más que el territorio peninsular, sus islas adyacentes, las Baleares y el archipiélago canario, no se puede jugar. El Sahara, como Ceuta y Melilla, no puede ser objeto de negociación o trueque. Si el Gobierno accediera a tratar de este asunto, por los temores que pueda suscitar en ciertos ámbitos un no tan rotundo como enérgico, cometería otro error. El país está necesitado de posturas y de gestos concordes con la línea política que forma la médula del Régimen. Desertar en este campo, como ya se ha desertado en otros, producirá una nueva caída del ánimo colectivo, de la esperanza sugestiva de continuar una empresa que nos fue presentada y ofrecida como de la más bella y prometedora factura.

 Una torpeza en este asunto realmente grave, que podría tener explicación bajo un Régimen distinto, sería inexcusable en éste, y más después de la amarga experiencia adquirida.

 Lo peor que puede ocurrirle a un pueblo es la pérdida de la ilusión para vivir como tal. Entonces se empereza y amilana o se autodestruye en la falta de concordia interior. Por esta razón, que es una entre tantas, decir que no, sin más complicaciones y con todos sus corolarios, a las absurdas reivindicaciones que pretenden despojarlos de la provincia del Sahara, y de las ciudades de Ceuta y Melilla, constituye una obligación moral y patriótica ineludible de cualquier Gobierno español que estime en algo su decoro y la historia de su patria.

 Lo que decíamos ayer, sin respuesta positiva, lo repetimos hoy, esperando, por fin, encontrarla.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 180, 20-Jun-1970