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sábado, 9 de mayo de 2026

Subversión estudiantil en el franquismo (2)

 Artículo de 1968

 PARA ACABAR CON LA SUBVERSION UNIVERSITARIA HAY QUE VOLVER A LAS ORIENTACIONES DE LAFALANGE FRENTE AL MARXISMO.

 En una carta publicada en el diario «S.P.» del pasado 30 de diciembre, se lee:

 «A partir de 1957, fecha fatídica para éste y otros sectores de ¡a vida nacional, la nefasta despolitización realizada en la Universidad, suprimiendo todo lo sugestivo que existía en el desaparecido SEU hizo posible la repolitización informal y anárquica que ahora estamos sufriendo. Ahí está precisamente el auténtico origen del problema: el intento de despolitización. Despolitizar la Universidad (como despolitizar las corporaciones) es romper en su esencia el contenido humanístico y totalizante que es absolutamente fundamental en la Universidad. Es separar todo lo social que hay en el hombre para reducirlo a solo individuo. Y el individuo no es persona. En consecuencia, las manifestaciones de un conjunto de individuos serán las que observamos ahora: incoordinación, insolidaridad, incomprensión y, en general, todos los factores que destruyen la armonía social». 

Estamos completamente identificados con lo que escribe Carlos León Roch. Añadiremos además que ya el mismo SEU fue debilitado e intoxicado de filosofías que no respondían a la ideología de las esencias católicas, patrióticas, tradicionales y falangistas.

 La auténtica postura, por ejemplo, de la Falange Española ante la Universidad estaba en un trabajo radiodifundido titulado «Orígenes de la revolución antinacional española. La secta de Giner de los Ríos». Se puede leer en la «Gaceta Regional», del 30 de septiembre de 1936. He aquí cómo se expresaba la auténtica Falange, con la cual sentimos plenamente:

 «Si queremos que sea fecundo y auténticamente renovador el glorioso Movimiento del 18 de julio es necesario que tengamos todos una noción clara y precisa de las causas principales que, durante un larguísimo proceso, han venido incubando la revolución antinacional española…

 Muy pocas personas se percataron a tiempo de que importantes y numerosos elementos de la llamada intelectualidad española, en labor callada, perseverante y tenaz, se infiltraban en las clases dirigentes españolas, y éstas después en la conciencia popular...  De nada sirvieron las angustiosas advertencias que a todos nos hiciera aquel coloso que se llamó don Marcelino Menéndez y Pelayo, desde las páginas de su Historia de los Heterodoxos Españoles, al hablar del materialismo krausista, representado en España por Sanz del Río, Giner de los Ríos, y después sus discípulos, que son hoy los dirigentes e inspiradores del republicanismo extremista del marxismo, y de toda la corriente, no laicista, sino ateísta, en España...

 Giner de los Ríos creó dos instituciones. Una fue la Junta para la Ampliación de Estudios. El otro organismo es la Institución Libre de Enseñanza que se consagró... a formar generaciones de maestros librepensadores, que son los que ahora forman la gran legión de maestros marxistas, que, para nuestra desgracia, predominan en la nómina del magisterio español.

 Lo terrible del caso es que, con una mentalidad verdaderamente suicida, todos los políticos y gobernantes de la caída de la monarquía y hasta de la misma Dictadura del malogrado Primo de Rivera, subvencionaron espléndidamente y dieron auge a esa extraña institución de raíces ideológicas judías, materialistas, anticatólicas y antinacionales. El régimen político que adoptó esta actitud suicida, al entregar la educación de sus ciudadanos a tales elementos, fatalmente tenía que perecer, como, por desgracia, así ocurrió. La Universidad, en mano de los

krausistas Giner de los Ríos, Adolfo González Posada, José Castillejo, Julián Besteiro, Fernando de los Ríos, Claudio Sánchez Albornoz, Américo Castro, Luis Jiménez Asúa, Cándido Bolívar, José Giral y tantos otros que forman hoy los cuadros del extremismo republicano y del partido socialista, apartó a nuestras generaciones universitarias del cultivo de las humanidades y de la gloriosa tradición católica de la cultura española.

 Con ello servían un perverso designio revolucionario que luego encarnó en todos los hechos criminales que ha caracterizado la república española de 1931, de la que fueron principales inspiradores y artífices los discípulos del «gran sabio» Giner de los Ríos.

 Así vemos multitud de abogados, de médicos, de ingenieros, de arquitectos, de hombres de profesiones universitarias, con estas mentalidades deformadas que reniegan de Dios y de su Patria, porque, sin más discernimiento, recuerdan lo que les enseñaron en las aulas universitarias. De igual manera hemos visto últimamente, en todos los pueblos españoles, niños de seis y siete años levantando los puños con expresión de odio y precoz afán de exterminio. Quienes han enseñado esto, no han sido, generalmente, sus padres, sino estos maestros salidos todos de la Institución Libre de Enseñanza, y que, al educar a estas criaturas en tales sentimientos comenten el más infame de los crímenes

 Con este lenguaje y estilo de Falange Española hay que enfrentarse a los desórdenes universitarios. Desórdenes que no están únicamente en las calles, en las violencias ni en el tumulto. Esto, elementalmente, exige una acción policíaca tajante, muy profunda, libre de toda suerte de presiones y contundente. Desórdenes son también las malas filosofías, la politización marxista fruto de haberse vaciado la educación teológica y política de la Universidad, con infidelidad manifiesta al espíritu del 18de julio de 1936.

 Se desvió el SEU jugando a orteguismos, unamunismos e izquierdismos intelectuales. El SEU cayó derrumbado e inutilizado. Fue un mal paso vinculado excesivamente a juventudes en 1947, infantilizando los nobles afanes intelectuales y políticos de los universitarios, y peor paso aún su supresión. Ahora, masas enormes de estudiantes están bailando al son del Sindicato Democrático, que no por ilegal es inexistente, siendo la suprema memez aceptar en la forma que sea diálogo con el mismo.

 Ni las «Comisiones Obreras» ni la agitación universitaria —ni en la calle, ni en el alboroto, NI EN EL PLAN IDEOLOGICO—se pueden tolerar. No se puede ni se debe repetir, ni por asomo, la intoxicación krausista de otro tiempo, ni el envenenamiento de las clases intelectuales españolas, que hoy realizan una segunda edición con el marxismo, el «Sindicato Democrático» y en el mundo social a través de las «Comisiones Obreras».

 Santiago Carrillo (en el exilio) ha dicho: «El nivel de combatividad de las masas que hace falta para aplicar la violencia no lo lograremos en España con frases revolucionarias ni con petardos inofensivos, ni aprendiendo de memoria el catecismo rojo; ese nivel de combatividad lo lograremos encabezando a las masas en la calle, habituándolas a enfrentarse con piedras y puños, primero a las fuerzas y luego llegarán a ser como las masas que en 1936 fueron al asalto del Cuartel de Atarazanas y del Cuartel de la Montaña.»

 Hasta aquí podíamos llegar con la despolitización patriótica de la Universidad, lo que significa politizarla en el marxismo. Lo de la Universidad y lo de las «Comisiones Obreras» hay que atajarlo al precio que sea. Bastaría con que se pusiera en práctica de verdad lo que decía Falange Española en 1936 ¿Y por qué no? 

A. RECASENS SALVAT


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 211, 13-Ene-1968

 

miércoles, 29 de abril de 2026

La nefasta democracia italiana, modelo para la "transición" española

Aunque el artículo pertenece al franquismo (año 1970), a posteriori puede comprobarse cómo lo denunciado para Italia entonces se sobrepasaría aquí con creces.

  DEMOCRACIA A LA ITALIANA

 El español medio, que vive en el clima de paz y concordia creado por el Movimiento Nacional, no acaba de entender lo que ocurre en Italia. No comprende, por ejemplo, las complacencias que tienen hacia el comunismo personas, grupos, partidos e instituciones que serían barridos de la vida pública si el comunismo triunfase. Y es que el español, participante de un sistema político surgido de una victoria militar, no puede comprender la mentalidad que acompaña a otro surgido de una derrota.

 La principal variación está en una especie de “mala conciencia” que sufren quienes un día sirvieron al fascismo y hoy (1970) están integrados en las nuevas agrupaciones políticas. Por un ansia de protección, quizás inconsciente, similar a la del camaleón, tienden a buscar la tolerancia de lo que consideran la antítesis del fascismo: el partido comunista. Ser anticomunista se parece a ser fascista. No ser lo primero es una fórmula adecuada para no pasar por lo segundo. Y para muchos políticos demócratas, que conservan aún el recuerdo de la camisa negra, la posibilidad de ser motejados de “fascistas” es la más desagradable perspectiva de su actuación pública.

 Centrada así la cuestión, las piezas empiezan a encajar: se explica la euforia con que las asociaciones apostólicas de trabajadores acompañan a los comunistas en sus violencias y excesos, la benevolencia afectuosa de algunos prelados hacia los dirigentes comunistas, el empeño de ciertos dirigentes democristianos en apoyar las reivindicaciones marxistas más desaforadas, las debilidades de los gobiernos de centro-izquierda a la hora de mantener la ley y el orden, el doble juego de los socialistas alternando el concubinato con el centro en el gobierno y el concubinato con los comunistas en las regiones, las huelgas y la calle.

 Cuando aparezca este comentario, escrito en plena crisis italiana (en la última, se entiende) no sabemos si se habrá resuelto o no. Pero da lo mismo, porque el problema no es coyuntural sino que afecta al fondo de la política italiana. La única solución estaría en marcar de forma drástica la separación con los comunistas que impone el sistema político de la nación, las ideas de los diversos grupos políticos y la propia existencia de la Patria. Algo que la clase dirigente italiana (incluido el sector religioso), parece incapaz de hacer. Todo por tener una moral de derrota.

 Un diagnóstico que vale para la actual crisis, para las anteriores y para las que puedan producirse mientras el sistema italiano no cambie sus planteamientos políticos.

 Versión española (1970)

 El sistema político español (1970) nada tiene que ver, a Dios gracias, con el italiano; ni aquí, como decíamos antes, existe moral de derrota. Sin embargo, es fácil apreciar en los tránsfugas del Régimen la aparición del mismo complejo que afecta a sus colegas italianos. 

Quienes aquí han ocupado destacados cargos políticos y ahora se han pasado al enemigo con armas pero sin bagajes (¡ay esas camisas y esos correajes lucidos con tanta arrogancia en otras épocas!) buscan también la tolerancia comunista y hacen lo posible por merecer una mención elogiosa de Radio España Independiente, o para lograr colaboraciones con grupos subversivos. Es fácil adivinar que una política en la que ellos representaran a los grupos moderados del Gobierno sería una democracia a la italiana, pero en versión española. Y ya se sabe cómo acaban aquí esas cosas… 

Juan NUEVO


Revista FUERZA NUEVA, nº 185, 25-Jul-1970

 

viernes, 17 de abril de 2026

En el Régimen de Franco hubo elecciones

 Artículo de 1979

 EN EL RÉGIMEN DE FRANCO HUBO ELECCIONES Y VOTACIONES

 En la portada de la revista “Hola” del 13-1-1979, aparece el presidente Suárez. Y como es habitual en su señoría -siempre recogiendo rumores callejeros y pueblerinos- dice: “Hay personas que se han quejado de no haber votaciones en España durante los últimos cuarenta años, y otras se quejan ahora de qué hay demasiadas elecciones”. (…)

 Ante tan infame calumnia y tan rastrera patraña, quien esto escribe pasa a decir lo que sigue; Soy bastante más joven que el presidente Suárez, estrené mi mayoría de edad en tiempos del Caudillo, cuando no había democracia liberal, pero sí paz y orden: tuve la suerte de votar en el referéndum del 14-XII-1966, y mi voto fue afirmativo para la Ley Orgánica del Estado; entonces yo era juanista, y a pesar de eso mi voto fue afirmativo porque la ley era española, católica, justa y honesta: lo hice libremente, y sin propinas ni bocadillos. 

Desde esa fecha de 1966, y con Franco, voté en todas las elecciones que hubo: a concejales, consejeros locales del Movimiento, procuradores en Cortes… Emití el voto y pude elegir en 1971, en 1974, etc. Con Franco tenía mis representantes en las Cortes; ahora (1979) no tengo a nadie que me represente en el Parlamento.

 Me extraña que el anterior secretario general del Movimiento, el ahora líder de UCD, Adolfo Suárez, siendo más viejo que yo, pueda admitir que en tiempos del Caudillo no funcionarán las urnas, ya que don Adolfo habrá votado más veces que yo…

 También quiero recordar que mi padre votó en el referéndum de 1947. Quiero expresar que en los dos referéndums convocados por don Adolfo (1976, 1978), es decir, en los del pucherazo, a pesar de ser monárquico, mi voto ha sido negativo, entre otras cosas porque siempre sospeché de los elogios que de ellos hacían los izquierdistas. Por mi amor a la patria, no me gusta una España roja ni rota. En cuanto a que ahora hay demasiadas elecciones, eso es cierto; y que España no puede pagar esos gastos, pues en tiempos del Caudillo, los procuradores no chupaban del bote como ahora y no nos daban la monserga como lo hacen actualmente.

 Lo que en tiempos del Generalísimo no sucedía es lo que ahora con la democracia pasa: crímenes, asesinatos, asaltos, huelgas, separatismos, ultrajes a la bandera nacional. Cada día estoy más convencido de que muchos que no éramos franquistas votábamos libremente lo que nos decía nuestro Caudillo, y son ciertas las palabras del testamento político del Caudillo. Franco tuvo por enemigos a los enemigos de Dios y de España: y los que amábamos a Dios y a la Patria no podíamos ser enemigos de Franco.

 Son demasiadas elecciones. Menos palabrería liberal, menos democracia y más respeto a la libertad del hombre, pues el hombre es portador de valores eternos y para nada necesita un Parlamento ateo y rojo.

 R. CONDE DE CHILTON


Revista FUERZA NUEVA, nº 630, 3-Feb-1979

 

martes, 14 de abril de 2026

Iglesia y Estado; situación nueva tras el Vaticano II

 Artículo de 1970 

  Iglesia y Estado; situación nueva

 -Las relaciones concordatarias o no, de este o del otro tipo jurídico- entre la Iglesia y el Estado moderno discurren hoy (1970) por cauces diversos a los de hace todavía muy pocos lustros. Las razones son varias y profundas, y sería una grave equivocación desconocerlos en unos momentos en que todo hace pensar que el Estado español y la Iglesia Católica están realizando unas conversaciones en orden a la revisión de los compromisos adquiridos anteriormente. (...)

 El Catolicismo tiene que pensar muy en serio que no basta “tener la verdad”, si luego la “verdad” se encarna únicamente en un ecumenismo vivido universalmente como indiferentismo religioso. No basta poseer la verdad si ésta no acaba nunca de encarnarse en la vida.

 Pues bien; cuando se piensa en relaciones entre la Iglesia y el Estado no se puede ser utópico en el peor sentido de la palabra, es decir, pensando esas relaciones intemporal y a-históricamente, porque entonces el nuevo “arreglo” jurídico duraría menos mucho menos que el Concordato periclitado de 1953.

 Entonces -algunos se preguntan- ¿es que la Iglesia Católica tiene que mudar radicalmente sus principios eclesiológicos en la materia? Y he ahí donde muchos encuentran un callejón sin salida en el que se hubiera metido el Concilio Vaticano II, promulgando tanto el decreto “Dignitatis humanae” cuanto la Constitución “Gaudium et Spes”. Porque, una de dos: o estos documentos son una acomodación fraudulenta a los nuevos tiempos -con lo que la Iglesia Católica juega al maquiavelismo religioso- o están en contradicción con venerables documentos anteriores- y entonces no tiene fijeza en los principios. ¿Vamos a oponer León XIII a Pablo VI?

 Vieja polémica ésta, que olvida la distinción de principios y planos descendidos de aplicación. Hoy, la Iglesia contempla que los Estados piden una autonomía de acción, en un orden jurídico-social que los permita proseguir un bien común auténticamente tal. Por otra parte, es imposible pedir a la Iglesia que deje de auto-reconocerse como la única religión verdadera que posee derechos, los “derechos de Dios”. Esta proclamación, sin embargo, obtenía un eco amplio y profundo en unos tiempos y en unas circunstancias de tiempo y de lugar en que los principios descendían pacíficamente para encarnarse normalmente en estructuras terrenas adecuadas y eficaces. 

Quienes hablan contra aquella “tutela” de la Iglesia y sus exigencias jurídicas, no tienen el sentido histórico para comprender el fondo de la historia. Por eso tantas alharacas contra las Cruzadas, la Inquisición, las guerras de religión y la tutela de la Iglesia sobre los estados medievales. Todo ello solamente descubro un sectarismo resentido, cuya base es un enorme falta de sentido histórico.

 Pero, además, esas voces encorajinadas están movidas por principios falsos, ya que se niegan “derechos” a una institución divina que, por lo menos, un católico consciente no puede poner en duda. Por eso, primero y ante todo, si no se quieren embrollar estas cuestiones delicadas, hay que presuponer un problema de fondo, los principios. Estos podríamos ir a encontrarlos lo mismo en León XIII que en Pablo VI. Pero la misma “ratio histórica” nos exige que los busquemos en el Concilio Vaticano II. 

Esta es, hoy, la mente de Pablo VI. No intentemos, sin embargo, presentar únicamente el siempre peligroso “espíritu del Concilio” o la ambigua “lógica conciliar”. No nos satisface siquiera esa “dinámica conciliar” a que se ha referido el profesor Ruiz-Giménez respondiendo a G. Urresti. Intentemos, ante todo, dar cuerpo y presencia a los textos mismos del Vaticano II.

Sólo más tarde se puede intentar esa contemplación concreta de la realidad histórica española y de la situación mundial en que, necesariamente, se deben insertar. (…)

 Mariano de ZARCO


Revista FUERZA NUEVA, nº 184, 18-Jul-1970

 

miércoles, 8 de abril de 2026

El 18 de Julio y Europa

 Artículo de 1970

 

El 18 de Julio y Europa

 ¿Qué es eso de “estar” a la altura de los tiempos? ¿No será más viril, más digno, más europeo levantar los tiempos a una altura digna, viril, europea? Me hago estas preguntas ante una corriente que circula por cenáculos, simposios, diálogos abiertos, cátedras pedantes, ateneos de voz impostada e incluso callejas y pasillos de menor nivel.

 Parece que el hecho de que, circunstancialmente y coyunturalmente, España se asome con un traje decoroso a las solemnes asambleas europeas nos obligará a conservar el traje y simultáneamente a cambiar el contenido de ese traje. A conservar ese traje pero metiendo dentro de él algo que acaso ya no sea España. Dicho ya claramente: ¿Por qué para asomarnos a Europa hemos de prescindir de la más puras esencias ideológicas que hicieron posible estos treinta años de paz y de progreso?

 Y conviene decir que cuando Europa era una entidad exigente y constructora, Europa señalaba el nivel de vida de los tiempos y, cuando la misma Europa se distendió y, volviendo la historia por pasiva, se cambió de sujeto en predicado, se despeñó por la barranca para descender a “la altura de los tiempos”. Europa ha sido -mientras ha sido- un nivel de cultura. Y el nivel de una cultura no se señala por los logros adquiridos sino por las metas que esa cultura se propuso alcanzar.

 Y alcanzar las metas que Europa se propuso desde los dorios y el ágora de Atenas hasta Augusto y desde Augusto hasta Carlomagno y desde Aquisgrán hasta El Escorial, exige una tensión asombrosa, una imaginación fecunda y una mentalidad clara y excelsa. En aquella Europa tensada, creadora, exigente, en aquella Europa que ascendía gloriosamente hacia sus metas históricas, estaba con sus particularismos y, por derecho propio, España. ¿Y por qué España, en 1970, no va a poder presentarse con sus actuales particularismos?

 Después de Westfalia, Europa se hizo a su aire, a un aire de abandonismo y de distensión. España, desangrada si no vencida, replegó sus banderas y retiró sus Tercios de la Pomerania y de Viena, de Nordlingen y las Siete Provincias. España quedó orillada y, tras los sucesivos Pactos de Familia y tras los sucesivos mordiscos a su entidad histórica por un vía crucis sombrío, llegó al 18 de Julio.

 Allí está la Falange que, al fin, definida en una sola palabra no era sino servicio. Aquello mismo que había dicho Íñigo de Loyola, capitán del César, cuando España defendía a la desesperada los cánones de Trento: “El hombre es creado para servir”. Europa lanzó su “Non serviam”, no serviré y se hizo a su aire. Y se hizo en burguesía y en confort, se hizo en las añadiduras, en la comodidad y el “laissez faire”.

Por supuesto, inventó la máquina de vapor y la electricidad y, por supuesto, al perder la exigencia y el rigor, se secó en su alma fáustica, romana, germánica y cristiana.

 Un día, los “sans-coulottes” rompieron a golpes de guillotina toda la cursilería empalagosa de Europa. Otro día, los cañones tronaron en Sedán. Otro día, Europa comenzó a desangrarse en torno al Rhin. Otro día, comenzando por Polonia, se fue rompiendo en toda su geografía…

 Ahora, Europa está ahí y España está aquí. Ahí está lo que queda de Europa: el confort, la comodidad, la blandura, el abandono del servicio, la rotura de los vínculos familiares y la exaltación del interés, la conquista de la técnica y la materialización del hombre. Y en ese trance, España tiene un traje presentable para entrar en los salones de Europa. Algunos pretenden que ese traje se “mejore” pero que, dentro, no vaya la España del 18 de Julio, sino algo que esté a la “altura de los tiempos”.

 Lo que va dentro del traje “todavía”, es la exigencia del servicio, la tensión auténticamente europea de crear la norma, el rigor, el servicio y la fidelidad a unos ideales. Todo lo que hizo el nivel cultural de Europa, todo lo que Europa fue perdiendo por trochas, veredas y atajos. Todo lo que el espíritu joven y europeo de la Falange aportó a la España ruin, decadente, dividida, zaragatera y triste de 1936.

 Se quiere presentar a España con un traje “decoroso” pero se quiere presentar un traje vacío, deshabitado, hueco. Se quiere que ponerse a la “altura de los tiempos” sea algo como hacer andar a una mortaja. 

Xavier DOMÍNGUEZ MARROQUÍN


 Revista FUERZA NUEVA, nº 184, 18-Jul-1970

 

viernes, 27 de marzo de 2026

Curas en huelga para impartir la bendición

  Artículo de 1970

 Una actitud censurable

 En el ABC, del día 3 de julio (1970) aparece un editorial bajo el título “Una actitud censurable” que, por su interés, reproducimos íntegro. Hora es ya que salten a las primeras páginas de la actualidad nacional hechos como éste, hechos que nosotros venimos comentando con el ánimo exclusivo de que la verdad resplandezca.

 “Unos sacerdotes de Sestao y Somorrostro se han negado a bendecir los locales que, para viejos jubilados, ha inaugurado recientemente la Caja de Ahorros de Bilbao. Y la alcaldesa de la capital vizcaína, doña Pilar Careaga de Lequerica, rezó en ambos hogares sendos padrenuestros, pidiendo al Altísimo que aceptara la oración como bendición de las instalaciones.

 Como cristianos, como católicos, como periodistas respetuosos ante las materias religiosas, daríamos algo y aún algo más que algo, por no sentirnos impulsados a comentar, con necesaria severidad, la negativa actitud de estos sacerdotes, que no han sabido anteponer a cualquier principio o imperativo el imperativo mayor y principio máximo de una abierta caridad hacia la obra benemérita hecha en favor de unos jubilados y hacia esos mismos.

 Sabido es que, de un tiempo a esta parte, se suceden, en la diócesis del caso, tensiones, incidentes, episodios lamentables incluso, movidos por las discrepancias interpretativas de las normas concordadas, de los fueros civil y eclesiástico. Pero cualquiera que sea la naturaleza jurídica última de tales discrepancias y la razón que asista a cada parte, siempre entenderemos que deben quedar enmarcadas en un plano polémico y negociador distinto de ese otro plano en el cual discurre la normal vida cotidiana de la comunidad, ámbito primero y obligado para el ejercicio recto, caritativo y conciliador, del ministerio sacerdotal en todas sus manifestaciones.

 “Piensen, por fin -adoctrina el decreto conciliar sobre el ministerio y vida de los presbíteros- que están puestos en medio de los seglares para conducirlos a todos a la unidad de la caridad: amándose unos a otros con amor fraternal, honrándose a porfía mutuamente (Rom 12, 10). Deben, por consiguiente, los presbíteros armonizar las diversas inclinaciones de forma que nadie se sienta extraño en la comunidad de los fieles”.

 Pero, en todo caso y en este que comentamos especialmente, no haría falta el actualizado consejo que transcribimos para llegar a la misma y definitiva conclusión. El eterno mandamiento de amor al prójimo, el precepto eterno de la caridad, obliga al cristiano a perdonar los daños e incomprensiones que sufran por los demás y veda, al mismo tiempo, toda y cualquier represalia hacia el considerado enemigo. Porque si sólo amamos a quienes nos aman y sólo hacemos el bien a quienes con bien nos retribuyen, nada nos diferencia de los que no son cristianos. ¿Puede, así, llamarse cristiana, auténticamente cristiana, la negativa a bendecir los locales de los jubilados vizcaínos? ¿Pueden, así, calificarse de cristianas otras análogas posturas en las que se sobrepone a toda luz de virtud, de humildad y caridad, un violáceo resplandor de réplica, quizá de represalia?

 Cierto podrá ser, seguramente muy cierto, que no exista precepto que obligue a sacerdote alguno a bendecir unos locales que no están destinados al culto, si examinamos la ley con ojos fríos de exégetas o con sutil criterio jurisprudencial de escribas contemporáneos.

 Pero si contemplamos la ley en su espíritu, en su profundidad y sentido ¿cómo explicar una oposición a las tradiciones piadosas, nada censurables, de una comunidad cristiana? ¿Cómo justificar la negativa a una práctica religiosa respetable, querida por todos, fieles y autoridades locales? ¿Concuerda verdaderamente, y sin peligro alguno de escándalo para nadie, esta conducta con el espíritu que debe informar el ministerio sacerdotal?

Difícil, muy difícil, nos parece encontrar, en este caso, un aleccionamiento edificante para la comunidad. Los sacerdotes se han abstenido, se han negado a actuar como actuaron, desde hace siglos otros sacerdotes ordenados para el servicio de los mismos principios inmutables de la misma eterna verdad.

 Y han tenido que ser la alcaldesa de Bilbao y los propios jubilados, con exteriorización de una fe sincera y humilde, quienes pusieran unas palabras de oración y pidieran con ellas la bendición para sus locales.

 En la medida, aunque sea mínima, en que esto sea hacer religión, ellos solos han sido, la alcaldesa y los jubilados, los que, en esta ocasión, la han hecho.

 ABC, 3 de julio de 1970


Revista FUERZA NUEVA, nº 183, 11-Jul-1970

 

lunes, 23 de marzo de 2026

Intelectualismos sectarios sobre Cataluña (2)

 Artículo de 1970 

 NUEVA RÉPLICA A "SERRA D'OR"

 Venimos recibiendo una copiosa correspondencia repleta de indignación por la sofistería de la revista “Serra d’Or” que. en su número de febrero (1970), con la entrevista a Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren, sintetizaba toda su agresividad brutalmente desfiguradora de los hechos más patentes en esta frase: “El régimen que se estableció el año 39 era constitutivamente anticatalán”.


 Lo que se cuece bajo la frase de Aranguren

 Que “Serra d`’Or” haya podido publicar esto en letras de molde, ni es flor de un día ni algo insignificante. El Círculo Doctrinal “José Antonio”, de Barcelona, acaba de publicar (1970) el informe de la reunión celebrada en Castelldefels el quince del pasado marzo, que levanta el telón de lo que viene ocurriendo, con estas explícitas aclaraciones:

 Hoy en Cataluña de nuevo intentan fortuna los nietos de Prat de la Riba, y grupos minoritarios procuran abocarla otra vez por la falsa ruta. Hoy el Omnium Cultural, Montserrat, el Colegio de Arquitectos, la Banca Catalana y varias entidades parareligiosas y paraculturales asumen el papel que antaño desarrollaran aquellas instituciones con que maniobraba Prat de la Riba... Por eso no es maravilla ni debe despertar extrañeza que la Diputación de Barcelona conmemora solemnemente, el 1 de agosto de 1967, el 50 aniversario del fallecimiento de Prat de la Riba… ni que algún destacado multimillonario como don Luis Carulla y Canals, también destacado catalanista y hombre de negocios -La Gallina Blanca- con motivo de las Navidades desee a su círculo de amigos… un año 1968 con la arenga rencorosa de Pau Claris, preludio del Corpus de Sang y de la Guerra del Segadors, y otros (1969) con el ya citado diario de Ferrán Soldevila en que lo no español asoma a flor de piel”.

 No sabemos por qué, ni siquiera si tiene ilación ante todo esto, recordar lo que escribía “Arriba”, en su número 12, del 6 de junio de 1935, comentando el juicio de Companys, Pérez Farrás y otros compinches (por los sucesos revolucionarios de 1934) ante el Tribunal de Garantías Constitucionales.

 Escribe “Arriba” de José Antonio:

 Companys y los suyos se alzaron en memorable fecha contra la unidad de España: trataron de romper en pedazos a España, usando los mismos instrumentos que otros llamados españoles pusieron en sus manos. Aún está bien reciente en nuestra memoria el sonido escalofriante de la radio en aquella noche del 6 al 7 de octubre (1934), los gritos de ¡Cataluña, a las armas, a las armas! y las proclamas de los jefes separatistas. Era de prever que el juicio (1935) se hubiera celebrado bajo la amenaza suficiente de la cólera popular, que los acusados no hubiesen apenas encontrado defensa sino en un último llamamiento al deber inexcusable de defensa que a todos los abogados toca y que los acusados hubiesen asumido un papel respetuoso de delincuentes sometidos a la Justicia.

 Pero no: el juicio oral se ha convertido en una especie de apoteosis. Los procesados se han jactado, sin disimulo, de lo que hicieron, sus defensores -no nombrados de oficio sino surgidos gustosamente de entre las más hinchadas figuras- se han comportado más que como defensores como apologistas y ni a la puerta del Tribunal, ni en los coros habituales, ni en parte alguna de Madrid se ha notado el más mínimo movimiento de repulsión.

 Para algunos esto será indicio de que vivimos en un pueblo civilizado, tolerante y respetuoso con la justicia. Para nosotros es indicio de que vivimos en un pueblo sometido a una larga educación de conformismo enfermizo y cobarde. Si el 2 de mayo de 1808 hubiera llegado precedido de la inmunda preparación espiritual de nuestros tiempos, el pueblo, en lugar de echarse a la calle, hubiera soportado con resignación bovina la presencia de los soldados de Napoleón. Así estamos soportando ahora la afrentosa presencia del repugnante Ossorio y el indigno espectáculo de la prensa de izquierdas, cantora bajo burdos pretextos, de los traidores a la Patria.

 Digámoslo claro: mejor que esta actitud de maridos de vodevil francés, que va adoptando ante todo este espectáculo nuestro refinamiento, es la ferocidad impetuosa y auténtica de los pueblos que aún saben ajusticiar a sus traidores”.

 Así se hablaba en 1935, frente a los que desgarraban y malvendían los valores supremos de la Patria. Pero hoy (1970) “Serra d’Or” y Aranguren pueden vomitar los reniegos más absurdos y bárbaros contra el sacrificio de nuestro Ejército y milicias voluntarias para reconquistar Cataluña a la fe y la civilización, sin que ocurra ninguna reacción legal, que debería ser automática y definitiva. No pensamos en parangonar circunstancias, pero la peligrosidad de un ambiente que, aunque sea tarde, pueda producir en Cataluña una situación como la ocurrida en 1936-39, debe prevenirse.

  Muy por encima de “Serra d’Or”, con Joaquín Ruiz-Giménez, Pedro Laín Entralgo y López Aranguren, estaba el talento de historiador y hombre público del inolvidable amigo Fernando Valls Taberner, catalanista de siempre, pero que, a raíz de la República y del período rojo, supo ver claro cómo el catalanismo romántico y desvinculado de la tradición hispánica está sólo al servicio de la esclavitud de marxista. Y escribió sabiamente:

  “La trayectoria política de Cataluña en los últimos decenios del siglo XIX y en lo que llevamos del siglo XX puede resumirse en esta opinión: Cataluña ha seguido una falsa ruta y ha llegado a ser, en gran parte, víctima de su propio extravío. Esta falsa ruta ha sido el nacionalismo catalanista… Uno de los factores de subversión, cuya reaparición se debe evitar decididamente, ha sido el catalanismo político y aún, para simplificar la denominación, diremos el catalanismo a secas. Esto ha constituido la falsa ruta de la Cataluña contemporánea. Catalanismo no ha resultados lo mismo que amor a Cataluña, aunque de buena fe parecieran a muchos en otro tiempo, uno y otro, como cosas idénticas”.

 (…) Nosotros no queremos, en nombre precisamente de la catalanidad, que nuestra Cataluña se convierta en conejito de indias de otros experimentos marxistas, aunque está sevicia venga franqueada bajo la aduana de “Serra d’Or”.

 Jaime TARRAGÓ

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº181,27-Jun-1970


jueves, 19 de marzo de 2026

Comparativa: Leyes del 18 de Julio ante Constitución de 1978

 Artículo de 1979

  Estudio comparativo entre las Bases legales del 18 de Julio frente a la Constitución de 1978

 Blas Piñar, en Badajoz 

(…) Prometí ayer en Cáceres un estudio comparativo, aunque sea breve, entre lo que nos ha dado la Constitución del 18 de Julio y lo que nos ofrece la del próximo día 6 de diciembre, entre lo que tenemos y lo que se nos invita a aceptar.

 Como sabéis, el ordenamiento constitucional recibido (“franquista”)-régimen de constitución abierta y jamás cerrada- tenía en su base unos principios que expresaban y proclamaban la filosofía política y social del Régimen. Lo que la filosofía marxista es una constitución de signos soviético; lo que la filosofía liberal es a una constitución de signo capitalista, eso eran los Principios a las llamadas Leyes Fundamentales. Ni la filosofía marxista es revisable para un régimen comunista, aunque varíen sus leyes; ni la filosofía liberal puede cambiarse en un régimen capitalista, aunque varían las suyas. Por eso, las Leyes Fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico podían modificarse o sustituirse por otras; lo que no podían modificarse eran los Principios inalterables.

 Este planteamiento del tema es trascendente para darse cuenta de que lo que ahora (1978) contemplamos con nitidez no cabe ser calificado de reforma, sino de ruptura y de golpe de Estado.

 Entremos ahora en un estudio comparativo. A doble columna el cotejo en síntesis puede reflejarse así: 


CONSTITUCIÓN DEL 18 DE JULIO

 

CONSTITUCIÓN DE 1978

RELIGIÓN

El Principio II, “permanente e inalterable”, consustancial con el ser de España, hablaba del acatamiento a la Ley de Dios que informará la legislación del Estado.

“La profesión y práctica de la religión católica, que es la del Estado español gozará de la protección oficial. El Estado asumirá la protección de la libertad religiosa…” (Fuero Españoles, art. 6)


 

“La soberanía reside en el pueblo” (art. 1) y “La justicia emana del pueblo” (art. 117), lo que está diametralmente contra lo que la Ley de Dios dice acerca del origen de la soberanía y de la justicia.

“Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones” (art. 16)

FAMILIA

“El Estado reconoce y ampara a la FAMILIA como institución natural y fundamental de la sociedad, con derechos y deberes inalienables, anteriores a toda ley humana y positiva” (F. E., 22 y F. T., XII)

“El matrimonio será uno e indisoluble”

“La familia es estructura básica de la comunidad, cauce de participación política”


 

“Los poderes públicos aseguran la protección social económica y jurídica de la familia” (art. 39).

Pero después de despenalizar el amancebamiento y el adulterio, el art. 32 dice que “la ley regulará las causas de disolución del matrimonio”, es decir, introduce el divorcio.

 

VIDA

“La comunidad nacional se funda en el hombre como portador de valores eternos (P. M., V) y en el respeto a su dignidad e integridad de la persona humana” (F. E., I)


 

“Todos tienen derecho a la vida” (art. 15).

Pero no se dice cuando comienza la vida. Se ha legalizado la anticoncepción y hay partidos que desean el aborto libre.

EDUCACIÓN

“Se reconoce el derecho y deber a una educación general y profesional en la familia o centros privados o públicos de libre elección” (P. M., IX, F. E., 5)

 

“Se reconoce la libertad de enseñanza y el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban formación religiosa y moral de acuerdo con sus convicciones (art.27), pero el art. 20 consagra la libertad de cátedra, que lo contradice.

El mismo art. 27 habla de programación general de la enseñanza, de homologación y ayudas en exclusiva a centros docentes que reúnan los requisitos por la ley establecidos.


ESTADO SOCIAL

“El trabajo es derecho, deber, jerarquía y honor”

“La riqueza, al servicio del pueblo. No puede permanecer inactiva, ser destruida, ni aplicada a fines ilícitos” (F. E., 30)

“El Estado ampara una retribución justa y suficiente” (F. E., 27)

“Se establece la Seguridad Social” (F. E., 28)

“Se fomenta el acceso a las formas de propiedad (F. E., 31) y la elevación del nivel de vida (F. E. III)

“Los sindicatos son cauce de representación” (F. T., 13)


 

Dice el art. 35 que “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo… y a remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de sus familias”, pero los sindicatos y asociaciones empresariales… sólo contribuirán a la “defensa y promoción de los intereses económicos y sociales”.

Se reconoce el derecho a la huelga (art. 28, 2) y los conflictos colectivos (art. 37), sin que se adviertan los motivos para prescindir de la jurisdicción laboral.

ESTADO DE DERECHO

“La Justicia es independiente” (P. M., IX), L.O.E., art. 29

 

 

El art. 122 crea un Consejo General del Poder Judicial a merced de las Cámaras legislativas y de los partidos políticos.

Hay control parlamentario de los medios de comunicación de los poderes públicos (art. 20.3)


EMPRESA

Se concibe como comunidad de aportaciones. Se da a todos derecho a participar en los beneficios. La justicia y lealtad deben presidir la vida de la empresa.

Subordinación de los valores económicos a los de orden humano y social (P. M., XI, F. E., 26; F.T., VIII)

Se establece el reparto de beneficios.

El Estado no será empresario. Se estimula la iniciativa privada (P. M., XI)


 

La libertad de empresa, reconocida por el art. 38, se subordina a la exigencia de la planificación.

 

UNIDAD DE ESPAÑA

“La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional” (P. M., IV).

 

El art. 2º, después de proclamar la indisoluble unidad de la nación española, contradictoriamente, garantiza la autonomía de las “nacionalidades” y regiones que la integran.

 

  

Revista FUERZA NUEVAnº 629, 27-Ene-1979


martes, 17 de marzo de 2026

Elogio de la neutralidad de Franco

 

 ELOGIO DE LA NEUTRALIDAD DE FRANCO

 ES cosa cierta que Cataluña, bajo el dominio de la Esquerra y el marxismo, hubiera sido una colonia soviética, arsenal y cuartel de la subversión Europea. Cuanto podamos decir lo describió en un magnífico artículo, con todas sus variantes, el gran escritor Tomás Borrás:

 1939. Si Francisco Franco hubiera perdido la guerra... Las Brigadas Internacionales aplastaron al ejército y a los voluntarios de la independencia. El Gobierno comunista establece los soviets. La repercusión en el mundo es decisiva. Cae Portugal en la subversión inmediatamente. Stalin, a toda velocidad, desarrolla sus planes de irradiación política. Sabe, como lo asegura Lenin, que si España es el Estado comunista número dos, Rusia ha cogido a Europa entre sus mandíbulas y posee el centro geográfico, la encrucijada de los caminos, la llave de la intimidación. En el Norte de África hace fermentar Rusia, desde las nuevas Repúblicas Socialistas Soviéticas Ibéricas, el nacionalismo. Febrilmente son fortificadas y dotadas de formidables medios ofensivos las Baleares, las Canarias, las costas del estrecho de Gibraltar, Ifni, Río de Oro, Fernando Poo, Guinea.

 … 1939. Si, tras ello, hubiera estallado la Segunda Guerra Mundial. Alemania, Polonia e Inglaterra luchan a vida o muerte. Rusia, amiga de Alemania, estrecha más, con el conocido Tratado, sus vínculos con el Reich. Estratégicamente, la situación es difícil para el Reino Unido. Está envuelto por la ofensiva germana y Rusia, en España, en combinación con Italia, corta el paso al Mediterráneo. Francia ayuda a Inglaterra, Alemania la invade y el comunismo se adueña de las ciudades mediterráneas. África se levanta. El odio de los coloniales es armado por Rusia. Frente a la costa americana amanece un poder con complicidades interiores en Norte e Iberoamérica. Los Estados Unidos no se deciden a intervenir en la contienda más que con ayudas prudentes. Roosevelt ha dicho que la “frontera de Norteamérica está en la costa africana”. Europa, derrotadas Alemania e Italia, traicionadas por la URSS, es totalmente comunista. Con la paz comienzan las disputas entre esos dos sistemas. Norte e Hispanoamérica se ven conmovidas en sus cimientos por la pugna de las dos ideas triunfantes. O Rusia o Alemania-Italia decidirán de su porvenir en la Tercera Guerra Mundial.

 1939. Francisco Franco ha ganado la guerra. España es liberada del comunismo. Portugal puede desarrollar su espléndida vida histórica. Inglaterra, Francia, Italia se ven flanqueadas por un país de alta moral, pacífico y con fuerte sentimiento del honor. Norteamérica ve alejarse el enemigo soviético diez mil kilómetros. Se interpone entre su poder y la revolución asiática un estado leal. Franco ha salvado al Occidente, ha limpiado las rutas anglosajonas, ha asegurado África.

 

1939. Estalla la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra no ha de atender más que a su frente Norte-Este. Sus caminos no peligran por el Atlántico-Este ni por los mares que bañan a España. Canarias, Ifni y los territorios españoles del trópico celan su neutralidad, que tanto favorece a Albión. Francia puede abandonar a retaguardia su imperio africano, segura que no la traicionará España. Por lo mismo, se despreocupa de su frontera Sur. Con España no hay cuidado: es amiga, es honrada.

De pronto la guerra llega a los Pirineos: Alemania se asoma con sus divisiones. Anhela Gibraltar; ha de meterse en el África del Norte para ayudar a Rommel, para impedir que Norteamérica se establezca allí; para dominar Orán, Argelia, Marruecos, Túnez, para salir a la orilla atlántica y aparecer frente a América, lo que la inmovilizará. Por su parte, Norteamérica necesita, como Inglaterra y sus aliados, que España no luche al lado de Hitler. De hacerlo, la guerra cambiaría de signo. Se perderían para ellos África, el Mediterráneo y la seguridad del Atlántico.

Roosevelt escribe una carta a Franco: “Mi querido general: España nada tiene que temer de los aliados”. La carta quiere decir lo que Franco pudo contestarle: “Mi querido presidente: Son los aliados los que nada tienen que temer de España”. Jugándose la invasión y la destrucción, Franco se opone a que Hitler entre en territorio nacional para apoderarse de Gibraltar y de la magnífica presa africana, garantía de su victoria. Por segunda vez, España y Franco han salvado a los pueblos occidentales.

 1948. Se ha escindido el mundo en dos grupos: el comunista y el occidental. España sigue siendo la clave. Franco sigue de árbitro. De ser la península, en esos momentos, soviética, la causa de Europa y de América estaría perdida. Tal desastre fue evitado por Franco en 1939. Italia y Francia, en esta crisis, se tambalean, el virus comunista las corroe. Nada es seguro en su política y todo posible; todo lo peor. Queda erguida la Nación incorruptible con su hermana Portugal. Los cálculos de los Estados Mayores se centran en la actitud de España, en su singular signo geopolítico, en su posición señera. Desde 1936, España y su Caudillo deciden, en realidad, de los destinos del mundo.

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº182,4-Jul-1970

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

La demagogia del obispo Cirarda

 Artículo de 1970

 

  La carta pastoral

 Monseñor Cirarda, en la pastoral referente a la detención de varios sacerdotes de la diócesis de Bilbao, habla de que ha conmocionado a “muchísimos fieles”. Parece ser que la actitud de tales fieles ha influido en las decisiones de monseñor, algunas tan espectaculares como la supresión de los cultos solemnes al Sagrado Corazón y la prohibición del “Te Deum” con motivo del aniversario de la liberación de la ciudad en 1937, según el lector deduzca de las significativas cartas cruzadas entre el obispo y la alcaldesa Pilar Careaga y la propia carta pastoral, leída obligatoriamente en las iglesias.

 Nosotros quisiéramos saber si monseñor no tiene en cuenta el parecer de otros muchísimos fieles que se muestran conformes con las medidas judiciales que las autoridades competentes toman en relación con actitudes de sacerdotes que caen dentro de las leyes de la nación. En los actos celebrados para conmemorar la liberación fue posible ver a miles de bilbaínos, cuarenta mil según algunos cálculos, manifestar públicamente su criterio en forma harto expresiva. Su catolicismo no puede ser puesto en duda y ha sido demostrado en forma fehaciente desde la liberación a nuestros días, cosa que no puede decirse, sin faltar a la verdad, de los grupos marxistas que militan en la ETA o en otras agrupaciones subversivas, a pesar de lo cual cuentan con asombrosos apoyos clericales.

 ¿Habrá que pensar que, en la diócesis de Bilbao, hay dos clases de fieles, unos que merecen la atención del obispo y del consejo presbiteral y otros, los más y los más fieles, mientras no se demuestre lo contrario, que son tratados como extraños y ven, no sólo menospreciados sus sentimientos, sino zaheridas y atacados, dentro de las propias iglesias, ideas y símbolos que coinciden con las leyes que el país, libre y clamorosamente, se ha dado? ¿Cuándo va el señor obispo a dedicar una pastoral clara y tajante, a condenar la subversión, el terrorismo y el abuso del ministerio sacerdotal, en vez de limitarse a alusiones de pasada en documentos destinados a censurar medidas de los poderes públicos?

 El obispo habla de la desconfianza y actitudes de ruptura “con lo que se califica de Iglesia oficial” que parecen producirse en los grupos “contestatarios”. ¿No ha pensado que esa misma desconfianza puede surgir en el otro lado? Hasta hace poco la calificación de “Iglesia oficial” venía hecha por quienes la consideraban unida a las estructuras del Régimen. ¿No nos estamos encaminando hacia un nuevo concepto de “Iglesia oficial, que califique a la que, sistemáticamente, se ponga en el lado contrario? ¿Por huir de un clericalismo colaborador vamos a caer en un clericalismo subversivo? La colaboración entre la Iglesia y el Estado viene, después de todo, avalada por el Concilio. No puede decirse lo mismo de la subversión.

 El Concordato

 Monseñor Cirarda ha sostenido repetidamente la idea de que el Concordato de 1953, nos guste o no, ha de ser observado mientras exista. Y denuncia los posibles incumplimientos del mismo que suponen determinadas detenciones de sacerdotes. En cambio no habla del incumplimiento del Concordato que supone no observar la obligación de elevar preces los sacerdotes por el Jefe del Estado. Si, como dice, es de justicia cumplir los compromisos adquiridos, ¿por qué no exige en quienes de él dependen su cumplimiento antes de hacer reproches a los demás?

 Resulta excesivamente moderado que monseñor diga: “Lamentamos y desaprobamos las reacciones desmedidas que hayan podido producirse en la búsqueda de la libertad legítima, empleando medios injustos, especialmente si ha podido hacerse por algún sacerdote”. Párrafo, como se ve, que no incluye las reacciones producidas en la búsqueda de objetivos que nada tienen que ver con la libertad legítima. Las condenas de sacerdotes por los tribunales competentes, en aplicación de la Ley de Represión del Bandidaje y Terrorismo, demuestran que ha habido acciones que se salen de ese margen.

 El periódico “Ya”, que ha intentado justificar, con la mejor voluntad, actuaciones eclesiales en los “sucesos de Bilbao” es bastante más tajante que monseñor Cirarda a este respecto. Con referencia a quienes han empleado “medios injustos”, dice sin ambigüedades: “Tristemente esta minoría que prácticamente se sitúa al margen de toda “Iglesia oficial” e impugna lo que llama falta de valor evangélico del prelado, está sometida a una inducción a la violencia que nada o muy poco tiene que ver con el espíritu evangélico, del que el señor obispo es testigo. No vacilamos en condenar enérgicamente que, en nombre del evangelio, se proclame la necesidad de vivir al margen de la Iglesia y en abierta oposición con ella. Creemos que, haciéndolo así, ese grupo comete una gravísima equivocación. Nosotros estamos contra todos los excesos, vengan de donde vengan, e invoquen los principios que invoquen”. 

Juan NUEVO


Revista FUERZA NUEVA, nº 182, 4-Jul-1970