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sábado, 12 de septiembre de 2026

El 18 de Julio, traicionado por los mass-media franquistas

 

 ¿El “18 de Julio” en peligro?

 CARLISTAS, UNA VEZ MAS: "¡ALERTA!"

 Cada día aparece más confuso el significado de esta fecha; hombres y mujeres que no vivieron aquellos años, ambientado por una creciente influencia de ciertos «intelectuales», discípulos de  aquellos que nos llevaron al caos y que hubo de ponerse fin el 18 de julio de 1936

 De las publicaciones y obras de todo tipo tendentes a desvirtuar la verdad de la Cruzada podríamos citar, entre otras, «La Herencia», «La paz empieza nunca», «Un millón de muertos», «Las últimas banderas» y otras muchas en las que progresivamente se van eliminando la Cruzada de su contenido esencial.

 También existen otras para rebajar el valor de la Cruzada, publicadas en España por enemigos manchados con delitos de sangre, como «Hombres made in Moscú» y «Mi fe se perdió en Moscú», escritas por el jefe y creador del tristemente famoso quinto regimiento, autor, según propio testimonio, de asesinatos de supervivientes del Cuartel de la Montaña y otros crímenes. A pretexto en un arrepentimiento no explícito, que según parece le sirvió al diario «Ya» para admitirle como colaborador bajo seudónimo.

 Numerosos libros y revistas completan esta sistemática destrucción; citaremos otro libro, «Formas de vida hispánica», su autor el delegado de Orden Público, en Madrid, durante el terror rojo, encargado de la saca de los presos de las cárceles para sus fusilamientos en masa.

 Nadie puede dudar de la existencia de dos diarios de Madrid, «Ya» y «Pueblo», republicanos, aunque de diferentes matices, este último editado con los fondos de los Sindicatos oficiales, y otro, como el «A B C», cuyo liberalismo monárquico no disimula.

 La revista mensual «Cuadernos para el Diálogo», del ex ministro señor Ruiz Giménez, donde recientemente censuraba la detención de estudiantes en Madrid y los riegos con agua colorante, así como las cargas de la Policía, amén de desarrollar una labor socavadora y destructiva de los principios básicos del 18 de julio. (…)

 También son víctimas de esta situación las fuerzas armadas, con su apoliticismo, recibiendo frecuentes ataques más o menos directos; recientemente destaca el hecho de la revista «Proyecciones» editada por la Facultad de Teología de Granada (de los jesuitas) correspondiente al mes de noviembre pasado.

 Estimo imprescindible manifestar también el resquebrajamiento de la unidad católica de España que todos conocemos y sentimos (…)

 Muchos, al leer cuanto antecede, no darán importancia a esta táctica que desarrollan los enemigos de España. La realidad es que bajo esas aguas, al parecer tranquilas, corren torrentes impetuosos, que cada día que pasa adquieren mayor fuerza y caudal. Los enemigos del 18 de julio van adquiriendo fuerza y cohesión, amparados por una libertad que, si no se nos niega, al menos se cohíbe y limita a los defensores de la Cruzada. Citaré, por ejemplo, la revista «Montejurra» y al semanario ¿QUÉ PASA? Este último, que enarbola como ninguno la bandera del «18 de julio», carece de toda publicidad. Contra su vida y expansión existen conjuras y maniobras. Ya en varias ocasiones ha estado al borde de la quiebra. Sin embargo, ¿de dónde sale los millones de la prensa del enemigo? Libros, periódicos, emisiones radiadas y televisadas. De signo y tendencias políticas contrarias a los principios fundamentales del Régimen son plato de cada día… Sin embargo, la más absoluta «ley del silencio» cae sobre lo que representa una reafirmación sincera del del «18 de julio», y SU VERDADERO SIGNIFICADO.

 El debilitamiento y disgregación progresiva de Falange y la Comunión Tradicionalista, en cuya Comunión se encuentran infiltrados elementos «muy dudosos», ostentando cargos de RESPONSABILIDAD, realizando una continuada destrucción de sus más puros principios y expulsando a aquellos que son AUTENTICOS CARLISTAS, son realidades que, escenográficamente al menos, dan ambiente a la tragedia.

 En la plancha masónica firmada en Lisboa el 20 de junio de 1943, entre otras cosas, decía...: «Optar como mal menor por una Monarquía democrática y con la que hemos de apechugar en evitación del Carlismo que se nos viene encima. Nada nos divida. Son muchos nuestros hermanos liberales en España. Apoyemos todos la caída de Franco y la subida de Juan III. Hoy es la única oportunidad. La nueva «Vanguardia Obrera» procedente de la III Internacional lo acepta. (Del semanario ¿QUE PASA? del 5 de noviembre de 1964.)

 «La solución liberal sería apoyada por nosotros, los comunistas, y estamos dispuestos a defender esta solución como la más conveniente». (Informe de la Pasionaria ante el IV Pleno del Comité Central del partido comunista español, celebrado en Bélgica los días 13 y 11 de septiembre de 1958.)» (Del libro «Antj-España», de Mauricio Carlavilla.)

 Ante este momento grave DECIMOS NO a los que nos intentan arrebatar la paz tan duramente lograda. (…) 

Juan Luis PACHECO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Insidias periodísticas contra el carlismo

 Artículo de 1968

 ¿”Nobleza obliga”? … Pues noblemente repliquemos

  Al reportero de «S. P.» que se ha encargado del reportaje «Nobleza obliga» en el número 381 de la revista, de 14 de enero, a primera vista, se le podría conceder la palma de este nuevo deporte que se ha puesto de moda, no sólo en España, sino en el mundo, y consiste en «no comprometerse» en decir las cosas como quien no dice nada, de manera que no oscile lo más mínimo ninguno de los platillos de la balanza; pero da la casualidad que a mí me gusta meterme en honduras (con minúscula) y bucear en profundidad, aunque sea sin equipo especial de «super woman».

 En este juego dificilísimo, al que hago mención, se ha metido el reportero a quien me refiero, y se ha debido aburrir, a juzgar por algunas inexactitudes y cierta desgana en algunos de los párrafos, lo que le hace recurrir a los buenos oficios del «gallito» de Emilio Romero, para dar realce a su crónica, aunque, dicho sea de paso, tampoco Emilio Romero se mostró muy convencido ni ufano después de «Por la cuenta que nos tiene», cuando se entrevistó, en el Palacio de la Zarzuela, con el descendiente de la «Reina de los tristes destinos» y nieto del Rey cuyo barco se perdió de vista en Cartagena, en 1931 (Juan Carlos de Borbón).

 Hace un comentario raro: «Las reuniones carlistas no solían causar sorpresas en España (primero, ¿por qué hablar en pasado?, y segundo, ¿por qué tendrían que sorprender las concentraciones de Montejurra, Quintillo, Montserrat y otras, que unas veces se celebran y otras no, y no por falta de entusiasmo en acudir a ellas, sino... por otras razones?), pero no ha ocurrido lo mismo en este caso». Se refiere a la peregrinación a Fátima. Bueno, no parece que sea la concentración en sí lo que ha causado sorpresa, y esto supongo será porque Fátima es un lugar de peregrinación abierto a todo cristiano, y, a más fuerte razón, a representantes de una ideología tradicional católica, pueblo carlista con su abanderado a la cabeza!

 Pero ha sorprendido bastante la entrega de unas condecoraciones, ¿por qué? Todos los Reyes o Pretendientes carlistas han distribuido Medallas de la Legitimidad Proscrita. En cuanto a la Medalla de la Lealtad, creada para premiar los servicios prestados durante la Cruzada por el voluntariado carlista (Requetés y Margaritas), se viene distribuyendo en España, y particularmente en Navarra, sin que ello sorprenda a nadie, y si sorprende, no lo dicen.

 También parece sorprender lo que el cronista llama «la formación dé unas Cortes». Si le gusta la palabra, se la aceptamos, pero teniendo en cuenta que el idioma castellano es lo suficientemente rico en términos adecuados, lo dejaremos en Consejo, y aquí, una pregunta: Si no sorprende (¡o, si sorprende, no nos hemos enterado!), que Don Juan de Borbón tenga un Consejo Privado, ¿por qué tiene que sorprender que Don Javier de Borbón desee disponer de un asesoramiento similar?

 Y aquí viene una sorpresa grande, aunque no se llega hasta rasgar las vestiduras. Don Javier de Borbón-Parma ha concedido a don Manuel Fal Conde el título de duque (no de conde, como señala el reportero) de Quintillo —nombre de la finca donde se concentraron en 1936 los primeros requetés andaluces—, según indica el cronista. Esta es una inexactitud enorme. Los requetés andaluces no esperaron el año 36 para concentrarse en Quintillo (¡hubiese sido demasiado tarde!), y don Manuel Fal Conde tuvo el valor y el heroísmo de reunirlos e instruirlos militarmente, en la citada finca sevillana, durante los años de persecución y de anarquía criminal de la república... ¡¡desde el año 34!! ¿Es acaso demasiado premiar, ¡tan tarde!, aquella sublime locura del Delegado Nacional de la Comunión Tradicionalista, sin la cual es muy posible que toda Andalucía hubiese sido «zona roja» al estallar el Alzamiento, en cuyo caso no le hubiera sido factible al General Queipo de Llano utilizar tan elocuente como habilidosamente el micrófono de Radio Sevilla, ni tampoco hubiese sido posible el desembarco de refuerzos de Africa en aquellos días tan inciertos como decisivos?

 A pesar de los buenos propósitos del cronista, aquí puede notarse que se rompe el equilibrio de la balanza. Si él mismo reconoce que se han otorgado títulos de nobleza premiando actuaciones antes de, y durante la Cruzada, ya sea personalmente, a los héroes que sobrevivieron a la gesta, Moscardó, Yagüe, Kindelán, etc., o a allegados, cuando ellos sucumbieron, como es el caso en las familias Calvo Sotelo, Primo de Rivera, Sanjurjo, Mola, etc., y se han concedido también a personalidades relevantes por servicios prestados, como Bilbao-Eguía, Arruga, Arteche, etc., no es justo que se saque del olvido a quien reúne en su persona heroísmo, amor patrio, lealtad... y tanta discreción… que algunos parece que no le recuerdan? Y si se alega que el título lo ha concedido un Príncipe no reinante, ¿será preciso recordar que no se le preguntó a este mismo Príncipe qué poder tenía para ordenar la movilización de más de cien mil hombres del Requeté, sin los cuales no se hubiera ganado la guerra? Y será preciso decir que otro Príncipe no reinante concedió el año pasado a su hija doña Pilar el título de duquesa de Badajoz, con motivo de su matrimonio?

 Y ya que, como dije antes, el cronista recurre al «gallito» de Emilio Romero para esmaltar su tesis, y que, según el director de «Pueblo», «Estoril y Fátima no pueden ser dos campamentos que vivaquean extramuros del país, para el asalto, le diré que no viene al caso esta llamada al «gallito»,  porque él mismo alude, un poco antes, a las reuniones carlistas en España, lo cual demuestra que el Carlismo no alude «vivaquear» en el territorio nacional, que con su sangre y su heroísmo contribuyó a rescatar del abismo donde cayó por culpa de una monarquía que lo regaló a la república. El carlismo no vivaquea extramuros, vive dentro de la Patria, que ha servido y sirve con lealtad y en su vivencia tienen puesta su esperanza muchos españoles que no desean que vuelva hacia las costas españolas el barco de Cartagena, con un navegante de la misma familia del que huyó. ¡Aquella aventura costó demasiado cara! (…)

 Se evoca, finalmente, en el reportaje, el «Gotha» español con estadísticas; el inglés, con sus modalidades, etc., para terminar en que es IMPROBABLE que se reconozca oficialmente el ducado (aquí ya hemos caído en cuenta que es ducado, y no condado!) a don Fal Conde. ¿Por qué? ¿No reúne, como digo antes, el que dio vida al Requeté andaluz, con riesgo de la suya, las mismas condiciones que las demás personas que ostentan títulos nobiliarios por méritos contraídos en la Cruzada de Liberación? ¡Nunca es tarde para reparar un lamentable olvido!

 Concretemos, señor cronista de «S. P.». Ha creído ser usted muy hábil, pero uno de los platillos de la balanza ha perdido el equilibrio. Y los Carlistas ya nos hemos modernizado tanto que usamos balanzas automáticas, que dan el peso exacto. Pesamos primero los globos, y por muy grandes que sean, vengan de Estoril, de la calle de Serrano, de los cocoricós del «gallito» de Emilio Romero o de la habilidosa prosa de «S. P.», ¡la aguja medidora indica sólo gramos!

 Ahora bien, si ponemos Quintillo, 1934; Navarra (Sierra Urbasa, Sierra Andía y demás campamentos —éstos sí eran campamentos, pero no fuera, sino dentro de España—), más 18 DE JULIO (con 67 Tercios de Requetés formados en lugares como los antes citados), y Somosierra, y Alto de los Leones, y Guadalajara, y liberación de Guipúzcoa, Vizcaya y Santander, y Teruel, y batalla del Ebro, y mártires asesinados en todos los lugares de España, con ejemplos como un Antonio Mollé y una Agustina Simón, y luego añadimos los Montejurras, Quintillos, Villarreal de los Infantes, Cerro de los Angeles, Montserrat y otras conmemoraciones, unas a fecha anual... y otras... cuando se puede..., resulta que tenemos que ir a la báscula pública, donde se pesan los camiones.

 El Carlismo no es una partida de bandoleros dispuesta al asalto, desde extramuros; lo único que ha asaltado el Carlismo han sido los parapetos de la anti-España, y lo hizo cara a cara, y muchas veces, a pecho descubierto, porque llevaba, según frase del desmemoriado don José María Pemán, «¡la vergüenza de España en su Boina Roja!» Y el Carlismo, ahora, como siempre, está vigilante, porque le arde la sangre en el corazón y le atenaza las entrañas el temor, al pensar que el sacrificio del 18 DE JULIO haya sido inútil. Al Carlismo le duele el alma cuando ve que a la Religión Católica, por la que ha luchado siempre, en primer lugar, se la quiere convertir en un mito, y cuando nota que soplan aires que, bajo pretexto de modernizar el ambiente y de poner España «á la page», dejan penetrar el aliento putrefacto y venenoso de obras de Sartre, lucubraciones del «pobrecito Arrabal», tolerancias premiadas, como «Las últimas banderas», y ve que un Miret Magdalena se lamenta de ciertas palabras pronunciadas por el Papa, y oye hablar del juego en San Sebastián, del divorcio, de la «píldora» (algunas cartas de lectores de «S. P.» hablan en sentido positivo de estas «cosas»), y, ¿por qué no?, de cabarets con «streap-tease», de clubs para sodomitas y otras «cosas tan naturales».

 La sociedad española, la familia española, se dice, tienen que ponerse a tono con los vientos del mundo civilizado (!!!); el turista no debe tener que decir «España es diferente», y los españoles que aprovechan su estancia en la frontera para ir a Biarritz a buscar «ambiente», no tienen por qué molestarse en el desplazamiento; es mejor que lo encuentren «todo» sin salir de la Patria, con lo cual, además, aumentará el erario público, y ¡todos contentos, si se puede ir aflojando el cinturón de la austeridad! Para conseguir «todo esto», no hay más que girar hacia un régimen liberal —¡como el que ya conocimos!—, y al que se ha opuesto siempre el Carlismo (…)

 Estos parapetos de la descristianización de la sociedad, de la disolución de la familia y de la tolerancia ciega, que son a los que conduce el materialismo liberal-masónico y el progresismo desenfrenado, que tanto preocupan al Santo Padre, son los que vigila el Carlismo, desde dentro, y no porque le guste «armarla», sino, precisamente, para no tener que «volverla a «armar», que no es lo mismo.

Por Pilar Roura Garasoaín

 Desde Irún, a 19 de enero de 1968


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

  

sábado, 22 de agosto de 2026

¿Siguen los carlistas sintiendo el 18 de Julio"?

 Artículo de 1968

 ¿SIGUEN LOS CARLISTAS LLEVANDO SANGRE DEL 18 DE JULIO"?

 Por ROBERTO G. BAYOD PALLARES

 En la víspera del anual «MONTEJURRA», correspondiente al último año, de las propias manos del ilustre don Francisco López-Sanz, recibía su libro «¡Llevaban su sangre!», publicado por Editorial Gómez, de Pamplona, y cuya dedicatoria me animó y me alienta, especialmente al calificarme como «… siempre gran batallador por la Causa».

 Ha tenido que ser durante los días navideños, transcurridos en un hogar como el que fielmente describe López-Sanz, cuando he podido iniciar su lectura. He dicho iniciar, porque, sin darme cuenta, iban pasando las páginas, a pesar de que saboreaba algunas de las frases y otras las subrayaba, y con pena veía que se terminaban. De haberlo sabido con anterioridad, antes lo hubiese iniciado. Lo curioso ha sido que, agotada su lectura, he vuelto a empezarlo, para repasar, meditar y anotar la «advertencia inicial», escrita a modo de prólogo, que en realidad es un epílogo.

 Sin pretenderlo el autor, la historia novelada ha resultado una profecía para los tiempos actuales. Parece que en su imaginación intuía los tiempos actuales de los «pregoneros del olvido».

 López-Sanz, el célebre «S A B» de casi cincuenta años de vida periodística y política en «El Pensamiento Navarro», ¡qué conocimiento demuestra de la vida rural y campesina! ¡Cómo penetra en las costumbres de las casas solariegas, que son solera de recias costumbres! ¡Con qué realismo describe la situación política, tanto en los meses que precedieron al Alzamiento, como en los días del maravilloso espectáculo de la aportación popular al Alzamiento! Quienes, a pesar de nuestra entonces juventud, hemos vivido y podemos recordar los acontecimientos anárquicos y socializantes de la II República, parece que todavía sintamos dolor de aquel vivir que era un morir, y experimentemos, al propio tiempo, el resurgir glorioso del 18 de Julio. Describe la situación como si viéramos una película en tres dimensiones.

 La figura del abuelo, don Carlos de Artieda, llamado «el Carlistón», la hubiéramos encontrado en muchas casas de trayectoria carlista. Esos veteranos no han desaparecido de las familias carlistas, porque cuando dejó de haber «combatientes de Carlos VII», no tardaron en aparecer los que en avanzadísima edad se incorporaron al Alzamiento, y poco a poco van aumentando estos «decanos»de la Historia vivida. Seguirán incrementándose los «abuelos», si bien hacia los años 2000 ya serán pocos los que podrán mantener encendida la llama de las vivencias habidas en la Cruzada de 1936, y todos ellos quizá se hagan la misma pregunta que «el Carlistón» de la obra de López-Sanz.

 En esas páginas vemos retrospectivamente las luchas carlisto-liberales, de las que era capitán don Carlos de Artieda, y comprendemos las elevadísimas miras del pueblo levantado contra el liberalismo; era la lucha de la España auténtica «contra la España bastarda», según el Caudillo. Nos contagia la entereza de la mujer carlista, hija de «el Carlistón», y López-Sanz narra algunos ejemplos de heroísmo de madres, que pasarán a la inmortalidad, y que en abundancia describe en su libro «Un millón de muertos, pero con héroes y mártires».

 En oposición a esa honorable familia aparece la de unos descendientes de un combatiente liberal, de los llamados los «peseteros», el «Guiri». En esta familia es el odio y la venganza la razón de su existencia y de su continuidad. Esas familias también las pudimos ver en muchas poblaciones, y hoy se reproducen entre los supervivientes, generalmente exiliados, del ejército rojo-marxista, a pesar de la comprensión, del perdón y del olvido personal que han encontrado en la España victoriosa.

 No puedo menos que resaltar que repetidamente el destacado autor carlista nos coloca a los socialistas en el polo opuesto de los tradicionalistas. En aquella juventud del pueblo protagonista de la historia novelada, por una parte estaban los requetés y por otra los socialistas: eran antítesis unos de otros.

 ¡Qué diferencia con la de ese sector actual, intruso y claudicante, que ha desfigurado —o pretende desfigurar— y falsificado el limpio carlismo! Ese grupo de neocarlistas propagan una Monarquía socialista, que sería anticarlista y antisocial. Ya tuvimos una República regida por los socialistas, contra la que se alzaron aquellos requetés, nietos de los carlistones de Carlos VII. Los que estuvimos en zona roja también conocimos el yugo de la socialización por medio de «colectividades». Ahora (1968) son esos falsos carlistas los que hablan y escriben con el mismo lenguaje que lo hacían los amigos y seguidores del «Guiri». ¿A dónde vamos a parar. ¿Quién el culpable? (…)

 Por quien vivió todo el ambiente y preparativo del Alzamiento se nos describen los verdaderos fines de la Cruzada, que hoy los «campeones del disimulo y  del olvido» pretenden hacer ver a las nuevas y futuras generaciones que no fue por el Crucifijo y por la sana y verdadera libertad.

 Soy admirador de Cabrera, de aquel genio militar que en sí encierra la mayor parte de la historia carlista del siglo XIX. Me acordé del legendario general tortosino cuando leía que don Carlosde Artieda antes de ser voluntario de Carlos VII, había sido seminarista, al igual que Cabrera antes de incorporarse al ejército de los voluntarios de Carlos V, y al igual que muchos de los requetés de 1936, y termina la obra con un recuerdo a Cabrera, en un acontecer histórico en el Maestrazgo morellano. Pero la imaginación se detiene y se pregunta si hoy los jóvenes que se forman en los «semilleros» de la Iglesia darían requetés como Cabrera, «el Carlistón»y los que se incorporaron a los Tercios de Requetés de 1936. Posiblemente, y gracias a Dios, se conserva en España algún o algunos Seminarios en los que todavía se moldean «sacerdotes de Cristo» o seglares modelos, y siempre patriotas ejemplares», pero, ¿y... enla mayoría?

 Vamos, por fin, a la pregunta clave, mejor dicho, a la sospecha que se hacía «el carlistón», al entender que la juventud de los años de la República no llevaba la misma sangre que la de aquellas generaciones, como la del señor Artieda, que se «echaron al monte». Los hechos demostraron al veterano combatiente cómo el carlismo había continuado regando las venas de la juventud española, y la sangre roja pronto salió como un símbolo exhibiéndose en miles y miles de boinas coloradas en la plaza del Castillo, ante el general Mola, y luego derramándola por valles, mesetas y montañas. Como el propio título indica, «¡Llevaban su sangre!». 

Hoy somos muchos que ante «esos progresistas campeones del olvido» nos preguntamos si los que quedamos de aquella generación, que demostró llevar la misma sangre que los héroes de nuestros antepasados, la hemos perdido o se nos ha aguado y si a las nuevas juventudes que van surgiendo, en vez de suministrarles sangre colorada como la de las boinas de los requetés y como la de las dos franjas de nuestra recuperada bandera, les hemos dado horchata.

 Esta interrogación nos la formulamos por los continuos olvidos que se hacen de la Victoria nacional contra el materialismo, liberalismo, marxismo y extranjerismo, y muy especialmente por recientes acontecimientos sucedidos dentro de la Comunión Tradicionalista y los que están acaeciendo continuamente dentro de la Iglesia española y en organizaciones del Movimiento. Resumámoslos:

 Poderosos sectores de la Comunión Tradicionalista «oficial» abandonan la idea de la unidad católica española y la confesionalidad del Estado y distancian de la Causa a los más ilustres carlistas, al «socializarla» y «democratizarla» con métodos «totalitarios».

 En la Iglesia española —me refiero a los hombres que la componen, jamás a la institución, que por ser divina, es santa y perfecta— se han infiltrado también elementos subversivos, tanto en el clero como en los mandos seglares. Las revistas «que se dicen de la Iglesia», en vez de sembrar amor y extender la paz, difunden —muchas de ellas— el odio y excitan al temporalismo en vez de reducir su campo a lo espiritual y moral, y con el temporalismo acomodan su vida a un laicismo nada acorde con las sanas instrucciones de la Madre Iglesia.

 Por su parte, en organizaciones del Movimiento o en instituciones que dependen del mismo, contemplamos también la infiltración de los elementos propugnadores del «olvido», muy principalmente en su prensa, en la que se ha pedido relaciones diplomáticas con Rusia, satisfacer pensiones a los ex combatientes del ejército rojo y el atentar contra la sagrada unidad religiosa de España o menospreciar a ese numeroso sector que propugna que el 18 de julio «ni se pisa ni se rompe».

 Mucho nos apena que la prensa que es del Movimiento deje de defender total e íntegramente los valores del 18 de Julio, porque somos parte integrante del Movimiento. Mucho nos duele que miembros activos de la Iglesia alteren la doctrina del Evangelio y se asemejen más a Lutero y Calvino que a San Pío V y a nuestros teólogos y místicos del siglo XVI, porque somos católicos y tenemos que sufrir por esa desviación doctrinal. Pero como también somos carlistas auténticos, fieles a la doctrina permanente de la Princesa de Beira y de don Alfonso Carlos y a la Causa por la que murieron tantos miles de requetés que no conocieron las falsedades actuales, no es menos la tristeza que nos causa esa tónica de los que se presentan casi como «carlistas sin Dios y sin Patria y solamente  con Fueros y Rey». 

Llega hasta tal extremo la desviación doctrinal de los seguidores de la «camarilla oficial», que uno de ellos, universitario y con cargo en un Círculo Vázquez de Mella, afirmaba no hace muchos días que Durruti, el anarquista, el tragacuras, el amigo de los asesinos del Cardenal Soldevila, el incendiario, debía ser considerado como carlista, en tanto que a Vázquez de Mella había que considerarlo como socialista.

 Es triste, pero dura realidad alentada por órganos «oficiales». ¿Tenemos aquella misma sangre que fue la sorpresa del mundo? Superficialmente, si la tuviéramos, no cesaríamos hasta lanzarlos a todos por la borda, aun cuando fuera utilizando las mismas armas que las generaciones que nos precedieron en sus momentos extremos. Lo que sucede es que, como en los años de la República, no ha debido llegar el momento apropiado para una reacción total y fuerte. Es ahora cuando está fermentando la santa ira ante el fermento contrario del error. Cuando la religión y España lo necesiten, ese pueblo sencillo que desconoce la traición y la farsa y que anualmente, sin figurar en nóminas ni plantillas ni ficheros, se presenta en Montejurra, demostrará que ahora y mañana el carlismo tiene la misma sangre roja que aquellos que a la llamada de don Javier, de Fal y de Zamanillo se presentaron en la plaza del Castillo, de Pamplona, y en otros muchos lugares de España.

 ¡SÍ, LLEVAMOS SU SANGRE! ¡EL TIEMPO SERA TESTIGO!


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Subversión universitaria por inhibición de Iglesia y tradicionalismo

 Artículo de 1968

 Esperamos que monseñor Romero de Lema, obispo de la Universidad, oriente al país sobre los problemas universitarios.—Es hora de que el "Tradicionalismo" explique la desviación de las AA. EE. TT. De literatura comunista y de periodismo clerical

 Continúa la subversión en la Universidad. Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Oviedo, Valencia van conociendo asambleas ilegales, disturbios y actos de vandalismo, como el del grupo de estudiantes que en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid arrojaron bancos, sillas, botellas, piedras y el crucifijo que presidía el aula 217. Venimos repitiendo desde hace semanas que los sucesos universitarios no responden a problemas académicos, sino a una ofensiva política contra el Estado y contra el régimen, bajo típica confabulación masónico-marxista. Volvemos a repetir que desde hace años se ha permitido la descarada entrada de elementos subversivos que han intoxicado nuestra juventud universitaria. Antes que los disturbios en la calle, nos parecen más graves las líneas ideológicas, las actitudes profesorales y la resurrección de la heterodoxia antirreligiosa y las momias del liberalismo y del criptocomunismo.

 Que el comunismo busca y consigue esto ya lo decía Pío XI en su encíclica «Divini Redemptoris»: «Los pregoneros del comunismo saben también aprovecharse de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de diversos sistemas políticos, y hasta de la desorientación en el campo de las ciencias sin Dios, para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.»

 No queremos silenciar que el progresismo de muchos sacerdotes y sedicentes movimientos católicos ha contribuido al caos universitario. Queremos recordar que la Santa Sede nombró a monseñor don Maximino Romero de Lema obispo de la Universidad. Hace unos años, en un lejano 21 de febrero, «Le Monde» publicaba esta noticia: «Esta conferencia -se refería a la que había tenido lugar en la Universidad y fue origen de la primera huelga universitaria—ha sido pronunciada con autorización expresa de monseñor Maximino Romero, obispo auxiliar de Madrid, encargado de la enseñanza religiosa». Será bueno recordar que el malogrado cardenal Riberi pronunció en la consagración de don Maximino estas palabras: «A ti, querido hermano, quiere la sagrada y solícita Iglesia de España confiarte de modo especial el cuidado del mundo intelectual de tu Patria; ella bien sabe que el apostolado en el mundo intelectual es uno de los grandes problemas que la Iglesia tiene hoy día planteados en todos los pueblos. Por fortuna, en la actualidad la legislación española en orden a la formación religiosa en los centros de enseñanza ofrece muchas y buenas posibilidades.»

 Mientras tanto, se repiten los disturbios, absurdos e injustificables; se ha destruido al S. E. U., al que después de la Cruzada una disposición oficial unificó al mismo a la A. E. T. (Agrupación Escolar Tradicionalista); la única politización de la Universidad es actualmente de signo marxista, y entre otros interrogantes, los padres de familia nos preguntamos: ¿No tiene nada que decir don Maximino Romero de Lema, como obispo de la Universidad española, ante sucesos que simbólicamente terminan echando por las ventanas el crucifijo de las aulas?

 Nosotros reafirmamos nuestro voto de una acción política contundente y seria dentro de la Universidad, limpiando las fuentes de intoxicación doctrinal en primer lugar. El autorizado J. Boor (seudónimo de F. Franco), en su libro Masonería, dice: «En esta acción de filtración masónica no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que, cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos, son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta.»

Luego, a los que actúan en ese terreno desde el plan ideológico o desde la agitación callejera, se impone la depuración más severa y una acción policíaca que decisivamente termine, al precio que sea, lo que viene sucediendo en las universidades de España.

 CIERTO «TRADICIONALISMO» Y LOS SUCESOS DE LA UNIVERSIDAD

 En esta hora en que hay que pedir responsabilidades en serio ante los sucesos de la Universidad, debemos señalar que el confusionismo se ha disparado desde diversas plataformas, además de las que en otras crónicas y en ésta venimos enumerando. Con bochorno recordamos palabras que fueron dichas en el «Aplec» de Montserrat el día 30 de mayo de 1965. Allí habló Víctor Pere Alonso como delegado de las AA. EE. TT., pronunciando palabras tan disonantes al pensamiento tradicionalista y al realismo político de la hora presente, como las siguientes: «Si algo necesitamos con urgencia es el vivir en demócratas. Por ello nos disgusta no sólo la llamada Comisaría del S. E. U., que, por mantener el partido único en las estructuras universitarias, no responde a las exigencias de profesionalidad y apoliticismo...»

 A estas alturas queda patente la desviación a la doctrina tradicionalista que suponían, ya en 1965 estas palabras. Nos parece muy bien hablar de la profesionalidad en la vida universitaria. Pero Víctor Pere Alonso, en nombre de la A. E. T., ¿podía esperar espíritu profesional y APOLITICISMO del Sindicato Democrático de Estudiantes, en el que debía caer fatalmente la Universidad al suprimir el S. E. U.? Por esto, a estas alturas (1968), un ilustre carlista ha podido dirigirse a don Javier de Borbón Parma, en fecha del 30 de noviembre pasado, para decirle: «La A. E. T. anda bastante indisciplinada e ineficaz, con desconocimiento de nuestra doctrina.»

 Lo que la A. E. T. debía haber pedido era la eliminación de la heterodoxia religiosa y patriótica de la Universidad, que el S. E. U.—al que estaba incorporada la A. E. T-., como ya hemos dicho anteriormente—hubiera educado intelectualmente al servicio de Dios y de la Patria a las juventudes universitarias; que la Universidad fuera regulada en el sentido que propugna la doctrina tradicionalista; que el peligro marxista fuera eliminado totalmente y desde raíz.

 Como dice Sebastián Contin en «Amanecer», de Zaragoza: «Hoy, actualmente, la Universidad española, en su confusión, es un maremágnum en el que aparecen todos los días las ideologías más peligrosas. No se respetan ni la religión, ni la Patria, ni las personas». ¿No dice esto nada a don José María Valiente y a los directivos del tradicionalismo español en su ausencia entre las juventudes universitarias y en el confusionismo que en actos tan resonantes como el «Aplec» de Montserrat sembró el citado orador “aetista” en dicho acto de 1965? También nos gustaría que la Comunión Tradicionalista formulase una inequívoca declaración pública ante la actual situación universitaria.

 Esto también explica lo de la Universidad

 Edición de Materiales, de Barcelona, acaba de editar «CARTAS SOBRE EL CAPITAL», de K. Marx y F. Engels. Nos dicen que en la Argentina se prohíben ciertas obras editadas en España de propaganda comunista. Ahora se edita este libro de los fautores del comunismo. Nuestra prensa les hace propaganda gratuita. Esteban Doltra, en «Hoja del Lunes» del 15 de enero pasado, dice: «Marx, sobre todo, es un intelectual más que un revolucionario.» Nos abruma que un periodista demuestre tanta cultura… Lo que afirmamos es que libros como éste TAMBIEN explican lo que pasa en la Universidad.

 A. RECASENS SALVAT

 

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968


miércoles, 5 de agosto de 2026

Más grave el terrorismo que el «maquis»

 Artículo de 1979

 Terroristas y «maquis»

 ANTE tantos crímenes contra los servidores del orden público, y otros seres inocentes, don Luis Apostua, redactor-jefe de un diario madrileño, muy simpatizante con el régimen político actual (UCD) y su defensor a ultranza, nos consuela diciendo que durante las guerrillas de los «maquis», allá por los años 40, y a raíz de la victoria nacional, cayeron más guardias civiles que ahora.

 Es una mera afirmación, sin comprobación documental ninguna. Mientras no la traiga, podemos negarla. Y con las mismas pruebas que él nos da, decimos: «Murieron ahora, víctimas del terrorismo, más agentes de las fuerzas armadas que entonces, bajo los tiros de los «maquis».

 Pero hay mucha diferencia entre un caso y otro. Aquello fue una verdadera campaña de carácter bélico: fuerzas armadas contra otras fuerzas armadas, en el monte, y con los mismos medios ofensivos y defensivos, poco más o menos.

 Los guerrilleros atacaban para defender su vida, amenazada, aunque hubieran perdido el derecho a ella, por los crímenes cometidos. Ninguno podía calificar de asesinato la muerte, en los montes, ni de un guardia civil ni de un guerrillero. Caían en la lucha, frente a frente. Ahora no es así.

 Los terroristas de la ETA o del GRAPO no presentan batalla. Asesinan a quemarropa, cobardemente, a traición, y después huyen en vehículos, robados muchas veces. Las víctimas no están preparadas para resistir el ataque, ni cuentan con él. Imposible defenderse.

 Esta es una figura de delito con muchos más agravantes. Aquí hay crimen de sangre, dolo, traición, precauciones, y a veces muy delictivas, para evitar todo riesgo.

 Los terroristas de la ETA pelean así con mucha ventaja. Sólo han caído tres: los de Mondragón. Y a diferencia de los guerrilleros, saben que la pena de muerte, a que condenan ellos, no les tocará, aunque los cojan. Porque la Ley fundamental del nuevo Estado los protege y les da un seguro de vida. Si son detenidos, se disculpan con la «intencionalidad política» y están a mano los indultos y amnistías, otorgados a muchos de sus colegas, y a ellos mismos tal vez. ¿Era ese el caso de los guerrilleros de los años 40? 

Aquellos hombres tampoco podían acogerse a la hospitalidad de un suelo extranjero, ni a la complicidad con que ahora los ocultan y protegen ciertas personas y grupos de personas. En la lucha contra ellos caerían muchos guardias civiles, pero el «maquis» fue derrotado y desapareció definitivamente. Ahora, a pesar de las ciento veinte víctimas inocentes, los terroristas no dan señales de desaparecer ni de amainar. 

Hay mucha disparidad por tanto entre las guerrillas de los «maquis» y el terrorismo actual. Compararlos es desorbitar los hechos, y violentarlos, con el fin de eliminar antipatías hacia personas, grupos y sistemas. 

V. FELIU


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979

 

martes, 28 de julio de 2026

El vergonzoso boicot de la ONU a la España de Franco

 Artículo de 1970 

 EL “CASO ESPAÑA”

  XXV aniversario de la ONU

 Si hacemos balance de las relaciones España-ONU en los primeros años de su existencia, veremos que arrojan un saldo negativo para nuestra patria. Ya en aquellas reuniones preliminares, en las que prácticamente se gestó este organismo internacional, España y el régimen español y al frente el Generalísimo Franco, más que nunca respaldado por su pueblo, fueron postergados en una demostración de hipocresía sin precedentes en la historia de las relaciones internacionales.

 Necesario se hace recordar lo que se dio en llamar el “Caso España” (año 1946) y las resoluciones que en la ONU, sobre el particular, se votaron: en especial aquélla que condenaba, negaba su entrada en la Organización (recomendando la retirada de embajadores) al “gobierno fascista de Madrid”; consecuencia de la cual fue el infame bloqueo político-económico contra nuestro país, cumbre de la más feroz y violenta campaña antiespañola orquestada en el seno de la ONU.

 Un subcomité integrado por Polonia, Francia, Brasil, Australia y China, fue encargado de estudiar el “caso España”, a instancias de una denuncia del gobierno comunista polaco, manifestando el “peligro” que para la paz suponía el régimen español; declaración ridícula y falta de base pero que, respaldada por la URSS, fue admitida.

 Así pues, para esclarecer acontecimientos y conocer datos que “legalizaran” una posible condena a España, fue llamado a declarar ante el Subcomité ese “clown” internacional de los años 40 y personaje funesto para la nación española en la década de los 30, que se llamaba Giral. Entre la sarta de mentiras que el exministro de Marina de la República tuvo a bien decir puede destacarse aquella de que “el ejército español contaba con 840.000 hombres y una flota de 300 unidades de combate”, poco menos que dispuestos a “asustar” a las pacíficas naciones  democráticas del mundo.

 El Subcomité dictaminó que España no constituía amenaza para la paz, pero que podía constituirla, e hizo una pomposa recomendación a la Asamblea General para que esta aconsejara, a su vez, el bloqueo diplomático. (Brasil no se identificó con este dictamen y Polonia, por su parte, mantenía su primitiva tesis sobre la amenaza mundial que España representaba. Lo que ignoraban estos sesudos varones componentes del Subcomité, mejor dicho no querían saber, es que esta teóricamente agresiva nación objeto de sus ataques, si hubiera efectivamente contado con este argumento que gratuita y maliciosamente se le atribuía, no hubiera sido denigrada de tal forma en esa tribuna de infundios antiespañoles en que se convirtió la Organización por aquellas fechas.

 Ahora bien, la ONU –“generosa”- por medio del Subcomité, en ese deseo continuo de mantener la paz y unión internacionales”, presentó una alternativa a España, en virtud de la cual si ésta se comprometía a declarar una amnistía general y a conceder al “sufrido” pueblo español el derecho a unas libertades esenciales que, según ellos, le eran negadas, consideraría favorablemente la solicitud española de ingreso en su seno. En una palabra, la entrada estaba condicionada a un retorno a la situación crítica de los años aciagos de la segunda república. Pero Madrid se adelantó contestando que no le vincularía ninguna resolución que significara injerencia en las cuestiones de incumbencia exclusiva de la nación.

La adhesión que los españoles demostraban por su Caudillo debió contrariar a las totalitarias –URSS- y a las democrática naciones -Gran Bretaña, Francia, USA- y así, en su deseo de “ayudar” a ese pueblo que seguía a Franco, enmendó la primitiva propuesta que hiciera, en su día, el Subcomité: Si el régimen del General Franco no desaparecía, siendo sustituido por un gobierno formado por los “prohombres de la resistencia”, la Asamblea aconsejaría la terminación de las relaciones diplomáticas con el Régimen.

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 Una vez más, sin éxito, se había intentado derribar al nuevo Estado. Rusia era la más interesada en ello, reciente como estaba su fracaso de convertir al país ibérico en una de sus “democracias populares” y sabedora, por otra parte, de la agudeza y visión política que su jefe demostraba al haber intuido, con suficiente antelación, la maniobra que el comunismo internacional tenía preparada.

 Así, en una carta dirigida a Churchill por medio del embajador español, le participaba su inquietud al respecto: “Porque no creemos en la buena fe de la Rusia comunista y conocemos el poder insidioso del bolchevismo, tenemos que considerar que la destrucción o el debilitamiento de sus vecinos acrecentarán grandemente su ambición y su poder, haciendo más necesaria que nunca la inteligencia y comprensión del Occidente de Europa”. La carta estaba fechada el 8-10-1944. La respuesta del airado “premier” inglés no se hizo esperar: “Le induciría a V. E.  a serio error si no desvaneciera de su ánimo la idea equivocada de que el gobierno de S. M. esté dispuesto a considerar ninguna agrupación de potencias en la Europa occidental basada en la hostilidad hacia nuestros aliados rusos o en la supuesta necesidad de defensa contra ellos”. Año y medio más tarde, Churchill, en un discurso, se vería obligado a confesar: “Nadie sabe lo que la Rusia soviética y su organización comunista internacional piensan hacer en un futuro inmediato ni cuáles son los límites, si existen, de su tendencia de expansión y proselitismo…” Estas afirmaciones le valdrían el que Stalin le sobrenombrara con el remoquete de… “ fascista”.

 Por otra parte, a Rusia -y esta es una razón de auténtica importancia- estratégicamente le interesaba España como etapa previa para lograr una rápida sovietización del continente europeo, y un buen paso para ello era destruir el Régimen establecido. Desde el punto de vista de la democracias occidentales, vencedoras en la segunda conflagración, el objetivo era presentar a España, ante los ojos del mundo, como continuadora y heredera directa de los regímenes fascistas vencidos; hacerla símbolo de una ideología “brutal” y, en tal concepto, lograr la repulsa internacional contra ella. La realidad era muy distinta; aparte su neutralidad, probada en el conflicto, nuestra patria, en aquellas circunstancias, se debatía con honestidad por su subsistencia, adoptando su propia solución, que le llevaría al reencuentro de sus verdaderas esencias y su auténtica idiosincrasia.

 ****

De cómico podemos catalogar el arreglo proyectado -que no prosperado- por el delegado de Cuba. Lo doloroso fue que, esta vez, el intento de humillación y de injerencia en los asuntos patrios partieron de una nación que recibió de la nuestra el idioma, cultura y civilización. El señor Belt, que así se llamaba el delegado cubano, propuso resolver el “caso” mediante el nombramiento de un gobierno interino integrado por los representantes de los países iberoamericanos, los cuales garantizarían la celebración de un plebiscito en el que el pueblo español podría expresar libremente sus deseos. ¡Qué injuria para España, nación soberana, y qué indignidad la de Belt!

 Pero todo fue inútil. Todas las amenazas y recomendaciones se estrellaron contra la unión y fortaleza de la nación española… Y obrando en consecuencia, el 13 de diciembre de 1946, la Asamblea General de la ONU discutía la moción presentada y aprobada por el Subcomité, con una posterior votación que arrojaba los siguientes resultados: A favor de la moción 34 votos, en contra 6 y trece abstenciones.

 El contenido de la “sentencia” era el siguiente, a grandes rasgos: “El régimen de Franco es un régimen fascista, modelado por la Alemania nazi y establecido por ella coactivamente”.  Asimismo, “mientras dicho régimen continúe en el poder no se permitirá su entrada en la ONU, ya que no representa al pueblo español”. Por tanto, recomienda que se prohíba su participación en organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas hasta que se constituya un gobierno aceptable. Mientras tanto, los pueblos de la ONU declaran que sienten una simpatía duradera por el pueblo español… “La Asamblea General recomienda también que todos los Estados miembros retiren inmediatamente de Madrid a sus embajadores y ministros plenipotenciarios allí acreditados”. Además, el Consejo de Seguridad “estudiará los medios necesarios para remediar la situación”.

 Así finalizó una de las representaciones más vergonzosas de la historia del supremo organismo internacional. El cinismo, la incomprensión, la mentira, la falta de rigor histórico… se dieron cita en una especie de cóctel Molotov arrojado contra España y sus ciudadanos, que, no obstante, supieron continuar el camino iniciado. El tiempo se encargaría de darle la razón y… el reconocimiento universal que entonces se le negaba.

 Gonzalo LÓPEZ-COBO

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 189, 22-Ago-1970


miércoles, 22 de julio de 2026

Un sacerdote conmemorando el Alzamiento nacional

 Artículo de 1970 

 XXXIV ANIVERSARIO DEL GLORIOSO ALZAMIENTO NACIONAL

 Por José BACHS CORTINA, Pbro.

 Excmo. Sr. D. Alfonso Pérez Viñeta, Capitán General de la IV Región Militar, Excelentísimos e ilustrísimos señores. Amados hermanos:

 Dios es quien levanta o hunde los pueblos que ha creado. Y hace treinta y cuatro años, Él levantó a España, que iba a hundirse por culpa de manos impías, valiéndose del glorioso Alzamiento Nacional.

 En estos años, se han publicado centenares de libros y ha corrido la tinta en miles de escritos hablando, en bien o en mal, de nuestra Cruzada de Liberación Nacional. Yo quisiera, en esta noche memorable, dar una idea de la razón fundamental de todo cuanto se ha escrito en alabanza a nuestra gesta, que lo fue de esforzados confesores y mártires, los cuales en pacífico o en activo combate por la fe, llegaron a regar el suelo patrio con su sangre generosa. Vosotros y yo profesamos que el Glorioso Alzamiento Nacional es una preclara gloria cristiana auténtica, viva y actual.

 Esta es mi proposición que probaré, demostrando brevemente:

1. Que fue obra que, por encima de apetencia humana, quiso vindicar los derechos de Dios y de su Iglesia en España.

2. Que el mismo Dios quiso glorificar los días de nuestro Movimiento, principalmente con interpelaciones extraordinarias.

3. Que el Alzamiento, a su vez, ha glorificado la fe y ahora tiene que unificar la vida cristiana todavía más.

 ***

En cuatro capítulos, según Santo Tomás, se resume el darse Dios a los hombres: en el orden de la Creación, de la Redención, de la Gracia y de la Gloria.

 Nos creó libremente por amor y para hacernos sus hijos: nos levantó de nuestra culpa original y nos devolvió su amistad por la maravillosa obra de la Redención, que le costó la sangre a su Hijo amadísimo; nos da ahora la gracia que nos hace ser sus amigos, hijos y herederos; y coronará su obra dándosenos en la visión beatífica del Cielo; para gozarlo en acto felicísimo, inteligente y amante.

 No obstante, contra Dios se desatan las pasiones humanas; el hombre quiere un objeto aparte de Dios, primero a espaldas a suyas, luego ya Dios le estorba y, al final, llega a hacerle la guerra.

 Últimamente, el gran movimiento antirreligioso de los tiempos actuales fue alumbrado por la filosofía renacentista y la reforma protestante. Entonces se dio por consigna a las masas el “romper todo vínculo sagrado, aplastar a Cristo”.

 Y sucedió que, para aplastar a Cristo, era preciso aplastar España, romper con toda tradición religiosa, con toda influencia española, acabar con toda moral cristiana, desarticular la Patria y vender al enemigo de Dios nuestro mismo ser y la razón de nuestro ser nacional.

 Y hace 34 años que, por Dios y por España, se levantaba el Ejército, la Tradición, el renuevo juvenil de la Falange, las Juventudes, el Pueblo de Dios y todo el pueblo sano de España, a combatir, en frase de San Pablo, el “buen combate de Dios”, a dar la vida por España antes de verla mancillada y atea, destruida la fe de sus mayores. Como los macabeos, decíamos entonces los combatientes enardecidos por el Espíritu de Dios: “Preferimos morir a ver la ruina de nuestras gentes”.

 ¡Gloria al Ejército que, columna vertebral de la Patria, una vez más, articuló toda fuerza sana y la dirigió con austeridad y sabiduría y siempre con elevación de ideales con todo y que había sido casi descuartizado!

 No era obra humana recuperar la Patria. Fue preciso, sin medios humanos, con sólo el corazón puesto en Dios, presentar batalla al poder, a la riqueza, a la industria, a toda fuerza humana y por valles y collados, atravesando ríos y desmigando montes, avanzábamos los cruzados, tiñendo con la púrpura de nuestra sangre toda la geografía de España.

 ¡Oh los bravos requetés de mi Primera de Navarra, escalando el fuerte de San Marcial, cuyas troneras vomitaban metralla acero, amparados únicamente ellos con la boina roja y, por falta también de bayonetas, con el cuchillo entre los dientes!¿Pero, esto sí, con el Detente y el escapulario encima del corazón!

 Así la Falange de Castilla y de Galicia, los de Andalucía y de Aragón, los leoneses y los vascos, los catalanes y los baleares encuadrados bajo la enseña nacional. Obra sobrehumana en sus fines y en sus medios.

 ***

 El mismo Dios glorificó los días de nuestro Alzamiento con grandes maravillas, como bendecido y encomiado que fue por la voz de nuestros obispos y de los papas. Nuestros miles de encarcelados y mártires y nosotros mismos vimos milagros patentes que sería largo contar. (…)

 En fin, el Alzamiento, a su vez, glorificó la fe y tiene ahora que glorificarla todavía más con nuestras obras.

 Nadie pretendía imponer la fe con las armas. Ellas sí fueron precisas, ya lo sabemos. Era necesario defender las vidas, las almas, la hacienda, la moralidad, la religión de nuestros padres, todo el ser de la Patria.

 Este fue nuestro “martirio activo”, que constituía una glorificación de Dios: truncar los estudios, perder una carrera, dejar los padres, abandonar la persona amada, exponerse a la mutilación, pasar trabajos, obediencias, hambres, fríos, miedos, soledades, aceptar la misma muerte… perdonar, recoger al enemigo, amarle, alimentarle, procurar restañar las heridas de su alma, procurar una España feliz para todos; todo eso hecho por Dios y por España, como lo fue ciertamente, que es pura gloria para Dios.

 Dijo Cristo que por la fe haríamos milagros aún mayores de los que había obra Él mismo. Y, en efecto, ha sido así en España gracias al Movimiento Nacional, porque si uno hubiera cerrado los ojos en aquel fatídico 1936 y los abriera ahora en 1970, decidme: ¿conocería a España?

 Sin embargo, ideas extrañas, también ahora, quieren adueñarse arteramente de todo. Se infiltran aún entre nosotros para derribar tan colosal obra. Por ello, ahora, como nunca, es cuando debemos nosotros quitar la posible arcilla de nuestra conducta, ser fieles a la doctrina del Movimiento, cumplir los Mandamientos de Dios, dar luz a todos con nuestra vida cristiana, desentrañarnos por nuestros prójimos, amar la obra conseguida, cumplir con nuestro deber, descubrir añagazas del enemigo a todos.

 Cada uno su puesto, con firmeza y lealtad y con el sacrificio que ello reporte. ¡Dios lo quiere! No enturbiemos jamás con egoísmos el clarísimo caudal de nuestros luminosos ideales para una España siempre mejor. Añadir el callado martirio del cumplimiento del deber al martirio de sangre de nuestros héroes.

 Este caminar llevamos desde 1939 y algunos quizás han sucumbido. Pero está escrito: “¡Maldito el que haga la obra de Dios con negligencia!”. Y edificar España, preservarla de sus enemigos, a esta España que ya rescatamos cuando estaba a punto de perecer, la España amasada en los concilios de Toledo, la España de Orosio, Paciano, Isidoro, Braulio, Juan de Ávila, Teresa  de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Menéndez y Pelayo, Vázquez de Mella, Balmes, Maeztu… la Madre de tantas naciones, la que tanto ha sufrido en sus hijos por Cristo, esto, todo esto, es la obra de Dios que está nuestro alcance.

 Lo que con precisión declaraba Marquina:

“Nada para mí nada para vos:

todos para España

y ella para Dios”.

 Ved, señor, excelentísimos e ilustrísimos señores, amados hermanos, cómo a este fin de glorificar a Dios también ahora mismo, en unos minutos, vamos a alzar la Hostia santa y nuestro corazón pensando en nuestros caídos que brillan en el cielo como luceros hermosos, ofreciendo al Padre el Cuerpo y Sangre de Cristo, realmente presente después de la consagración.

 A Él sea dada toda gloria eternamente y Él dirija nuestra nueva Cruzada de ahora, que es de liberación de ideas extrañas, de doctrinas extranjeras.

Así sea.


 Revista FUERZA NUEVA, nº189, 22-Ago-1970

 

sábado, 18 de julio de 2026

Cristo, arrojado por la ventana…

 Artículo de 1968

 CRISTO, arrojado por la ventana

 Sí. Todo lo simbólicamente que se quiera, pero así ha ocurrido. ¿En la zona roja de 1936? No, en la capital de la España de 1968. ¿En algún suburbio pobre e ignorante? No, en la flamante y sapientísima Ciudad Universitaria…

 La prensa del domingo 21 de enero dio los detalles. Desde una ventana del segundo piso la Facultad de Filosofía y Letras, unos «estudiantes» han arrojado contra la fuerza pública, entre otras cosas, un crucifijo. Mejor dicho, una imagen de Jesucristo sin cruz, no sabemos si arrancada previamente exprofeso o desprendida al car la imagen contra el «académico» suelo universitario…

 «Arriba» del domingo, en un intento -¿cuántos cientos y cientos se han producido ya, todos inútiles?- de querer encontrar un consuelo inexistente, aún confiaba en su editorial «Tiempo de orden» que tal hecho, al que califica de sacrilegio, no hubiese sido deliberado… Pero suponiendo que los autores hayan sido «universitarios», desconfiamos mucho de que en su «valiente defensa» del «fuero universitario» y en su afanosa búsqueda de objetos contundentes con que hostigar a la fuerza pública, «confundiesen» casualmente algo tan inconfundible como un crucifijo, inconfundible para los que le aman y para los que le odian. Porque es que ni siquiera cabe tal ignorancia entre los últimos braceros del campo. Mucho menos entre «estudiantes» que pretenden se les reconozca su valía y talento…

 Bien. ¿Y ahora, qué, señores? Pues que no ha pasado nada, ¿verdad? Que la cosa no es para tanto, ¿verdad? Sí, como viene ocurriendo desde hace ya cierto tiempo. La abotagada sociedad española seguirá viviendo su vida, al margen de «las cosas de los estudiantes», siguiendo el adormecido «slogan» burgués del «yo no me meto en nada»... o el «¡allá las autoridades!»...

 Suponemos, sin embargo, que algún día habrá también un tiempo no sólo para el diálogo, ni para la «coexistencia», ni para el orden, sino para la meditación... ¿Qué es lo que está pasando? De un tiempo a esta parte se prodigan los ataques al 18 de julio, a sus caídos, a sus símbolos. Se ha llegado a impedir celebrar una misa por José Antonio en un pueblo vasco, habiendo partido algo tan inconcebible nada menos que de un sacerdote. Otro sacerdote (!) en otro pueblo vasco ha arrancado las flores que se habían puesto en la lápida a los caídos. En otro pueblo vasco se ha quemado una bandera de España, por la que tantos patriotas murieron. En Tarragona se han quitado cuadros de la Virgen algunas escuelas. Se publican cosas tergiversadoras o abiertamente contrarias al Alzamiento Nacional. Se insulta a España, al Ejército y las más altas jerarquías en los «campus» universitarios. Se lanzan piedras contra las fuerzas del orden —cuyos hombres ganan un sueldo «moderado» si se compara con los ingresos del «patrimonio familiar» de que disfrutan los «estudiantes». Se llega hasta a dar una paliza a un agente de policía, en un «valiente» ataque de diez contra uno. Y por último, manos crispadas por el eterno odio anticristiano han arrancado un crucifijo de un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid y lo han tirado a la calle por la ventana. Antes, Rodolfo Llopis —el de Munich— lo había quitado de las escuelas primarias.

 ¿Hay o no motivo para meditar primero y para actuar después? ¿Y son los actores de todos esos inconcebibles atropellos los que nos llaman a los hombres del 18 de julio «reaccionarios y «ultras»?

 Constantemente, a través de todos los medios de difusión, se nos presenta una juventud que dice ser muy recta, muy seria, muy responsabilizada, muy inconformista con la injusticia, muy formalista y llena de espíritu crítico. Un ejemplo sólo: los magníficos programas juveniles de televisión de los sábados por la tarde. Mas nos preguntamos, ¿dónde, dónde está esa juventud con visos universitarios a Ja hora de la verdad? ¿Cómo contemplan acobardados, sin ninguna reacción viril, los desórdenes y sacrilegios de esa minoría y no pregonan su execración contra los inductores y autores de aquellos condenables actos de barbarie?

 Es menester tomar buena nota de todo y de todos. Nosotros tenemos el recuerdo y la experiencia. No nos engañan. Sabemos casi mejor que ellos mismos quiénes están detrás moviendo los hilos de la subversión. Nos los conocemos muy bien. Y para esos que ahora están en la sombra va nuestro aviso: ¡Cuidado! ¡Acordaos de 1936 y de la victoria de 1939! Si nos buscáis, nos encontraréis. ¡Y de qué modo! En circunstancias infinitamente menos favorables que las de hoy España venció a un comunismo monolítico, hoy agrietado por muchas razones que no son ahora del caso. Sería, sin embargo, trágico tener que llegar otra vez a «aquello». Pero se llegará si nos llevan a la misma ocasión que entonces.

 A todas éstas, ¿dónde están los estudiantes católicos? ¿Les parece «línea conciliar» arrojar crucifijos por las ventanas a la calle? ¿Callarán y meterán la cabeza debajo del ala por no saber qué decir? Pero también, ¿dónde están los estudiantes falangistas y carlistas? ¿Será posible que no haya ninguno presenciado tales hechos sin que inmediatamente no le empiece a hervir la sangre española que lleven dentro? ¿Es que ya no hay descendientes de los caídos José Antonio, Ramiro y Onésimo? ¿Es que ya no hay descendientes de los que entraban en combate llevando delante bien sujeto un crucifijo en los brazos?

 ¿Tendremos los casados y con hijos que organizar una fuerza de choque y bajar a la Universitaria a enseñar vergüenza y dignidad católica y española a los miles de estudiantes que permanecen impasibles ante los hechos condenados?

 ¿Es que ya no hay honra, ni sentimientos religiosos, ni amor a España? ¿Que eso «ya no se lleva…? Pues... ¡que se produzcan pronto las estremecedoras profecías vengadoras y purificadoras de tantísimo pecado de lesa Religión y de lesa Patria!

 Arturo ROMERO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968