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jueves, 5 de noviembre de 2026

Plan masónico para erradicar el franquismo

 Artículo de 1979

 PLANES QUE SE CUMPLEN

 LA FRANCMASONERÍA ACONSEJA A LOS “HERMANOS” ESPAÑOLES

Es curioso constatar cómo incluso después de haberse denegado la legalización de la masonería española se siguen cumpliendo a rajatabla e implacablemente los postulados y finas que el Gran Oriente Francés había aconsejado a sus “hermanos” españoles. Traemos a estas páginas para el lector estas medidas, recogidas de una edición especial que hizo la Comunión Tradicionalista de Cantabria, en octubre de 1976.

 Las medidas aconsejadas por el Gran Oriente de Francia a las logias españolas de su dependencia y a los miembros de las mismas en orden a la aniquilación del franquismo, abarcan a todos los sectores de la vida política y administrativa española. El contenido del plan evidencia matices inequívocos de resentimiento y podría calificarse como un plan descubierto de depuración.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias a todos los militares españoles de la escala de complemento o en la reserva. A estos efectos se consideran equiparados todos los civiles que combatieron durante la guerra en las unidades militares o en las milicias bajo el mando del general Franco.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias para su uso a todo el personal retirado o excedente de la Policía judicial así como el que hubiera pasado a cumplir funciones meramente administrativas. Igual medida se aplicará al personal de la Policía Armada que  se hallare en análogas situaciones.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias a todos los miembros de la “Guardia de Franco” y de todos los que hayan pertenecido a organizaciones y asociaciones del Movimiento.

 • Desarme y disolución de los Somatenes.

 • Desarme de los miembros de los diversos tipos de guardería forestal, rural, ferrocarriles etc., seleccionados por el franquismo entre antiguos combatientes o personas de confianza política del sistema.

 • Retirada de armas y de licencias, bajo cualquier pretexto, a todas las personas con antecedentes políticos de afección al franquismo que las poseyeran. Todas estas medidas, cuando tuvieran carácter individual, no serían aplicables a aquellas personas que, pese a haber militado en el franquismo, hubieran sido captadas posteriormente y militaran en la actualidad de manera masiva en organizaciones encuadradas en la izquierda democrática.

 Respecto de los mecanismos de vigilancia y control montados durante el periodo franquista, se aconseja a los hermanos españoles situados en puestos de decisión política y administrativa que favorezcan también, por todos los medios a su alcance, la implantación y puesta en práctica de estas otras medidas:

 • Supresión de los sistemas de vigilancia y de control telefónico respecto de las personas, despachos, establecimientos y asociaciones de la izquierda democrática.

 • Justificar en la peligrosidad de la extrema derecha el establecimiento de controles telefónicos y de otras clases sobre personas, despachos, establecimientos y asociaciones del área franquista.

 • Los diarios y publicaciones periódicas en que tengan influencia nuestros hermanos deberán practicar la denuncia sistemática de las actividades de las personalidades franquistas, con el fin de que sus actividades puedan ser controladas y de crearles una imagen de peligrosidad.

 • Suspender las acciones de investigación y persecución de los controles de escucha establecidos por las células del Partido Comunista en la Compañía Telefónica española y favorecer el funcionamiento de los mismos.

 • Usar de las agrupaciones democráticas de barrio y empresa para la vigilancia y el control de las actividades de los franquistas más caracterizados a cada nivel y, muy especialmente, por los miembros de las Fuerzas Armadas y del Orden Público.

 Otra de las preocupaciones del plan de destrucción del franquismo en España reside en la debilitación de las estructuras de las diversas fuerzas del Orden Público. En ese sentido, adquieren particular interés las siguientes recomendaciones:

 • Inmediata dispersión de los grupos operativos de la Policía Judicial y posterior inhabilitación de los archivos de dichos grupos. Se procurará que los miembros de esos grupos sean trasladados a servicios periféricos e incluso administrativos, de tal manera que se haga muy difícil la conexión entre ellos.

 • Jubilación anticipada de los mayores de cincuenta años, a lo sumo de cincuenta y cinco, con objeto de eliminar de la Policía a todos aquellos que hicieron la guerra en las filas franquistas.

 • Persecución sistemática y purga silenciosa de todos aquellos que tomaron parte en el descubrimiento y persecución de nuestros hermanos y, en general, de los miembros de la oposición democrática al régimen franquista.

 • Campaña pública destinada a justificar la necesidad de desarme de la Policía Judicial y, en general, de todas las fuerzas de Orden Público, a semejanza de países democráticos y civilizados, como Gran Bretaña.

 • Desvinculación de la Policía Armada del Ejército, con el fin de poder introducir mandos civiles de obediencia democrática.

 • Jubilación anticipada, bajo el pretexto de la modernización y agilidad que requieren este tipo de fuerzas, de todos los mayores de cuarenta y cinco años de la Guardia Civil, tanto oficiales, como clases y números. Las  vacantes no se repondrán, salvo en muy pequeña medida, sólo para guardar las apariencias.

 • Progresivo desplazamiento de las actividades de la Guardia Civil hacia servicios no estrictamente de preservación del Orden Público.

 • Reorganización de la Guardia Civil, con objeto de suprimir las Casas Cuartel y su presencia de los pueblos y de las ciudades mayores de cincuenta mil habitantes, reagrupándolas en cabecera de comarca y procediendo con este motivo a la reducción de efectivos.

 • Trasladar la dependencia de la Guardia Civil a una disciplina estrictamente civil, con objeto de ejercer un estricto control de sus actividades y de suprimir su autonomía y sus vinculaciones con las Fuerzas Armadas.

 • Reducción del armamento de la Guardia Civil al estrictamente individual, cuyo uso incluso se pondrá en discusión posteriormente en el interior de los centros habitados.

 • Persecución sistemática y silenciosa de los miembros de la Guardia Civil que mejor conozcan las actividades de la izquierda democrática; inutilización de archivos, dispersión de los grupos operativos y progresiva eliminación de los mandos de fidelidad franquista.

 • Restablecimiento del antiguo Cuerpo de Carabineros, bajo otra denominación y como nueva creación, con el fin de poner la guardia de fronteras terrestres y de las costas bajo Unidades de nuestra obediencia. Este Cuerpo sería dotado de armamento muy moderno, disimulando así la disponibilidad bajo nuestra obediencia de un ejército profesional reducido, pero de extraordinaria efectividad.

 Algunas de las medidas expuestas respecto a las fuerzas de Orden Público se reiteran con las naturales peculiaridades en relación con las Armas y Cuerpos de las Fuerzas Armadas y la Administración Civil. Respecto a ésta, se aconseja a los hermanos y amigos españoles una acción sistemática, encaminada al relegamiento de todos aquellos funcionarios que hubieran hecho la guerra o cuyas afecciones franquistas sean conocidas, a la eliminación de todas las personas de derecha de los puestos políticos o de designación y a la eliminación, asimismo, de los franquistas y afines de los puestos directivos en los monopolios del Estado, Instituto Nacional de Industria y sus empresas, otras empresas y entes paraestatales y organismos autónomos.

 En lo que respecta a los funcionarios del Movimiento y sus organismos, se observa un rudo endurecimiento en las consignas. Se ordena a todos los hermanos y seguidores de la causa democrática que todos los funcionarios del Movimiento sean enviados a sus casas, sin que, bajo ningún pretexto, se les dé acogida en la Administración Civil del Estado, ni siquiera como Cuerpo a extinguir. En tal sentido, se ordena la máxima intransigencia a los hermanos y a los amigos democráticos de las nacientes organizaciones profesionales de funcionarios, cuya existencia y éxito han constituido una de las mayores preocupaciones de las logias y de los hermanos socialistas.

 Respecto a los funcionarios de la Organización Sindical, cuya fuerza real no puede ser desdeñada y cuya unidad defensiva podría ocasionar serias preocupaciones al Gobierno y graves dificultades al proceso democrático trazado por el GOF y exigido por VGE a las autoridades españolas, se aconseja a los hermanos mucha habilidad y doblez en el tratamiento, a fin de poder realizar la reforma sindical manteniendo a dichos funcionarios en la esperanza de un porvenir tranquilo… El propósito, sin embargo, es incluirles en un organismo autónomo de función poco clara, que, posteriormente, pueda declararse innecesario, para congelar sus retribuciones, que la inflación haría ridículas, lo cual les obligaría a buscar en otras actividades. (…)


Revista FUERZA NUEVA, nº 639, 7-Abr-1979

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

José Antonio y Carrero Blanco contra la Masonería

 Artículo de 1968

DE LA MASONERIA Y LA SEGURIDAD DEL ESTADO; IDEARIO COINCIDENTE DE JOSE ANTONIO Y “JUAN DE LA COSA" (*)

 La extensión al área civil del reciente armisticio entre la Congregación de la Doctrina de la Fe y la Masonería amenazaría gravemente la libertad y la independencia de España. Nos proponemos destacar aspectos políticos de la actuación de la secta para evitar que alcance a España el misterio de iniquidad, insospechado y aleve, que hoy amarga a la Cristiandad. Copiamos a continuación algunos párrafos de autorizados políticos contemporáneos.

 LA MASONERIA EN LAS OBRAS COMPLETAS DE JOSE ANTONIO

 «La violencia no es censurable sistemáticamente. Lo es cuando se emplea contra la justicia. Pero hasta Santo Tomás, en casos extremos, admitía la rebelión contra el tirano Así, pues, el usar la violencia contra una secta triunfante, sembradora de la discordia, negadora de la continuidad nacional y obediente a consignas extrañas (Internacional de Amsterdam, masonería, etc.), ¿por qué va a descalificar el sistema que esa violencia implante?» (Carta a Julián Pemartín, el 2-IV-1933)

 «... mientras, se indulta a un oficial español que ha cometido el peor delito de traición contra la Patria y contra el Ejército. A mí ya no me interesa, pues porque yo diga estas cosas no se va a fusilar al señor Pérez Farrás; pero no hay más explicación admisible para el indulto de este oficial que una presión demasiado alta, que el Gobierno no debió tolerar, o una presión demasiado misteriosa, que ni el Gobierno debió aceptar ni nosotros podemos sufrir sin afrenta: la pretensión, simplemente, de la masonería. El señor Pérez Farrás es masón y por eso se ha salvado». (Discurso pronunciado en el Parlamento, el 6 de noviembre de 1934.)

 «El capítulo de cargos del bienio terrible es mucho más grave:(...). Sexto: Política antinacional. En esta acusación se resumen todas. Durante el bienio, España fue la colonia de tres poderes internacionales: La Internacional Socialista, la Masonería y el Quai d’Orsay.» («Arriba», número 1, 21 de marzo de 1935.)

 ***

LA MASONERIA EN LA OBRA DE «JUAN DE LA COSA» (D. LUIS CARRERO BLANCO)

«LAS MODERNAS TORRES DE BABEL» 

«El Diablo inspiró al hombre las Torres de Babel del liberalismo y del socialismo, con sus secuelas, marxismo y comunismo, en las formas en que ellas han tenido realidad; y para ello dispuso de un magnifico instrumento, que es esa tenebrosa organización, de orígenes un tanto misteriosos, que se llama la Masonería, personaje que, aunque entre bastidores, asume el papel principal de la tragedia,  que es la vida del mundo, por lo menos en los dos últimos siglos.» (Página 47.)

 «La Revolución (francesa) quitaba a Inglaterra un poderoso rival y la Revolución fue propugnada y alentada por la Masonería. Esta sirve, pues, en aquella ocasión, a la británica, como la sirve más tarde alentando y apoyando la sublevación que da lugar a la independencia de las colonias españolas en América.» (Página 86)

 «Todo esto se mueve y se explota desde los «clubs» de París, que no son sino logias masónicas. El «club de los jacobinos», que constituyó el centro de todas las sociedades secretas, no fue sino el Gran Oriente Masónico Francés, que recibía sus consignas de la Gran Logia Madre de Inglaterra. Estas sociedades secretas, de las que forma parte el duque de Orleáns, pariente del Rey, pero enemigo de la Corte y principalmente de la Reina, son las que manejan a los misteriosos agentes que mueven los bajos fondos de París e inducen al populacho a tomar las armas del Hotel de los Inválidos para asaltar la Bastilla.» (Página 77).

 Y ya tenemos aquí en lo que se convirtió al cabo de pocos años el régimen liberal en casi todas las naciones o por lo menos en las naciones del continente europeo y de Sudamérica: un Parlamento que es el que prácticamente gobierna, o pretende gobernar, constituido por una serie de partidos políticos, verdadero arcoiris donde se pueden encontrar todo género de tendencias políticas, desde las más rabiosamente conservadoras hasta las más rabiosamente marxistas, muchos de ellos manejados por hombres que están sometidos a disciplinas extranacionales como las masónicas o las internacionales marxistas y que, naturalmente, supeditan los intereses de su Patria a los de estos poderes que les mandan, y a los que es muy grave desobedecer porque va en ello a veces hasta la vida.» (Página 96.)

 «En 1891, don Miguel Morayta se querelló, en nombre de la Masonería, contra el presbítero Balaguer, director del periódico «La Verdad», por supuestas injurias. Se aceptó la demanda y el fallo de la sala fue absolutorio, pero al terminar la vista y preguntar el presidente al acusado si tenía algo más que alegar, éste respondió: «Que me consta la existencia de una delegación especial de la masonería española que tiene por exclusivo objeto conspirar contra la integridad del territorio nacional, entregando al extranjero nuestras posesiones de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y derribar el trono de la actual Monarquía reinante. Así lo declaro y denuncio al señor fiscal de Su Majestad, que está presente...» (Pág. 149.)

 «¿A quién sirven los partidos comunistas, a su nación o a los dictados del Kremlin? ¿A quién sirven las logias masónicas, a su nación o a los intereses a que la Orden sirve, que pueden ser, en muchos casos, totalmente contrarios al del bien común de una nación determinada?» (Página 516.)

 «El hombre tiene que actuar en este aspecto básico de su participación en las tareas del Estado de una manera directa y no dando su representación en forma de carta blanca a un profesional de la política, que luego puede hacer mangas y capirotes con la representación que ostenta, sin preocuparse para nada del interés de sus representados e incluso actuar en su actividad política según sus particulares compromisos extranacionales, al dictado de consignas contrarias al interés de su propia nación, como es el caso de los partidos comunistas o de la actuación de los políticos sometidos a la obediencia de organizaciones internacionales o extranacionales, como la Internacional Socialista o la Masonería.»(Página 518.)


 Revista ¿QUÉ PASA?, núm. 217, 24-Feb-1968

 

(*) “JUAN DE LA COSA": seudónimo de D. Luis Carrero Blanco, como escritor político.

domingo, 18 de octubre de 2026

Crisis del ideario falangista en el tardofranquismo

 Artículo de 1968

«FALANGE, HOY», A CARGO DE ROBERTO REYES

  EN EL CIRCULO DOCTRINAL "JOSE ANTONIO", DE BARCELONA

 El Circulo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, agrupa a una nutrida selección de falangistas de la primera hora, así como también a buen número de catalanes compenetrados con el sentir en catalán a la eterna metafísica española, manera joseantoniana de sentir la Tradición con soluciones acordes con las exigencias de cada momento. 

 La ortodoxia católica de sus componentes, la integridad doctrinal de todas sus actitudes, (en esta hora en que Barcelona vive el más inconcebible activismo progresista encubridor de un incalificable contubernio marxista-liberal-separatista) consecuentes con la auténtica proyección doctrinal que en todos los órdenes impulsara José Antonio en una manera de pensar y de ser, mantiene en el Círculo Doctrinal «José Antonio» la llama de la fidelidad inextinguible.

 Mi admiración carlista es el tributo obligado hacia quienes siguen manteniéndose fíeles en la trayectoria política iniciada en 1933 con la plena adhesión del carlismo combativo de aquella época, tal como la testificó Víctor Pradera en su artículo «¿Bandera que se alza?», adhiriéndose plenamente a la doctrina expuesta por José Antonio en el mitin fundacional de la Falange en el teatro de la Comedia.

 Es oportuno recordar todo esto precisamente en estos momentos (1968) en que ex ministros, antiguos importantes cargos, clérigos, institutos religiosos que traicionan el espíritu de su fundador, adoptan actitudes negativas —como lo es el defender desde el púlpito el derecho de huelga, etc.— con perfiles grotescos que les imposibilitan para toda actuación que precise de un espíritu de convocatoria y que provocan náuseas por sus espectaculares autocríticas de su pasado no tan lejano para que sus actuaciones —de las que dicen desligarse— no estén en la memoria de todos. 

 El retorno de tales personas a las decadentes doctrinas decimonónicas, que fueran causa de que España tuviera que ser salvada de su desintegración en una gesta gloriosa a la que la Iglesia reconoció su carácter de Cruzada, contrastan extraordinariamente con esta fidelidad falangista —enemiga del inmovilismo estéril— que se mantiene en el Círculo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, frente a la subversión o al chaqueteo, y a la traición de un obispo Opas o de un Fernando VII, de los intelectuales que presentan como nuevas a las doctrinas trasnochadas cuya inoperancia es origen y causa de la subversión marxista o de los más refinados traidores que ahora se presentan como «evolucionistas».

 Los carlistas somos quienes tenemos más motivos para admirar la fidelidad de las actitudes que se mantienen fieles a la eterna metafísica española, magníficamente expuesta por José Antonio como fundamento doctrinal de la Falange, porque sabemos de más de cien años de sacrificios, luchas e intransigencias doctrinales y del enfrentamiento integrista contra el liberalismo y la masonería infiltradas en las filas de la Iglesia. Y no puede menos que congratularnos que la proyección social falangista sea la solución de los problemas que España tiene pendientes de solución, que son muchísimos menos que los que estaban por solucionar en abril de 1939. Son la prueba más elocuente y positiva de que el ideario y estilo actualizado por José Antonio no han hecho estéril más de cien años de fidelidad y sacrificio.

 Este admirado y magnífico Círculo Doctrinal «José Antonio», de Barcelona, ha organizado un ciclo de conferencias para el año 1968, la primera de las cuales ha tenido lugar el día 10 de febrero en la sala del Fomento de Trabajo Nacional con la disertación del tema «Falange, hoy», a cargo de Roberto Reyes Morales, hacia el cual todos los elogios que le puedan ser tributados son pocos. La presencia de Roberto Reyes —que resultó magnífica— estuvo a cargo de Luis de Caralt.

 El conferenciante inició su disertación exponiendo su preocupación por ciertos aspectos de la vida española —que están muy lejos del pesimismo y del desaliento, incompatible con la autenticidad de la camisa azul y del yugo y las flechas y todo cuanto ello representa— por cosas y casos que están aconteciendo a todo lo largo y ancho de España. 

 Seguidamente analizó con concienzudo acierto los graves problemas que se le han planteado a la Universidad española, que no nacen de una auténtica rebeldía justa, respetable y legítima, sino de un sucio y subversivo juego político que debe ser atajado porque es movido por impulsos reaccionarios unos y marxistas los otros, perfectamente sincronizados, que buscan el desprestigio de la Universidad del Estado y la consecución de la subversión marxista. Puso de relieve el hecho de que ha sido y vuelve a ser la Universidad el campo experimental donde, con impunidad, puede atacarse cualquier régimen, salvo él comunista —claro es, dijo— como lo estamos viendo, porque al mismo tiempo que en Madrid y Barcelona se agitan las Universidades de la Alemania Federal, de Japón, de Hispanoamérica, de Argelia, de Bélgica, respondiendo a una sincronización táctica perfecta.

 Recordó el concepto de Patria como un ambicioso quehacer de destinos comunes, de rectificaciones de injusticias históricas dentro y fuera de sus fronteras, como empieza a demostrarlo España en Gibraltar con el consenso mundial en su favor. Puso en guardia contra el paro que nuestro Estado, por social y por católico, no puede consentir ni que se inicie.

 Afirmó que se ha hecho demasiado caso a quienes olvidan que la poesía política ha muerto, lo cual ha motivado que en España se haya pasado, en muy poco tiempo, de un acendrado idealismo, de un sentido de servicio, solidaridad y amor inspirado en el pensamiento, en la vida y en la muerte de José Antonio, a una filosofía cuya única meta es «vivir mejor». Ello motiva que el saber no sea un medio, sino un fin; que se diga con Nietzsche que «Dios ha muerto», o como afirmó un cura belga en el Fórum Vergés —el abbé Louis Evely—, había que rectificar hasta el Padrenuestro, y claro..., ¿para qué pensar en El?

 La tecnocracia sustituye a la esperanza por la ambición, aparta la confianza hacia toda fe y se intenta eliminar toda religión, convirtiendo al poder técnico en soberano y que el dinero sea medida de inteligencia y categoría social. Ello choca con un notable sector de la juventud, pues la juventud es lo contrario de lo prosaico y materialista, y por temperamento busca en todo autenticidad y claridad, en unos tiempos que no se caracterizan por la claridad sino por la confusión, que resulta ser total, ya que no ha escapado de ella ni la propia Iglesia con dos mil años de existencia. (…)

 También hizo mención del hecho de que el mundo y especialmente el occidental, y España con él, está enfermo, minado por ese nuevo y brutal materialismo a que antes se refirió, más acusadamente en los países que entran como el nuestro en la fase del desarrollo. Señala cómo hoy han aparecido en España delitos repugnantes que hace diez años no los concebíamos siquiera, y que se adoptan actitudes ante desgracias del prójimo que resultan inexplicables en el pueblo español, que parece comenzar a perder su cordialidad tradicional, particularmente en las grandes ciudades en cuyas calles se ve a la gente con el mismo gesto adusto de abstracción y preocupación. (…)

 Se refirió, con conceptos muy claros, a la confusión y a la inquietud con la que se intenta asaltar la fe católica de los españoles al revuelo de sedicentes personales interpretaciones conciliares. Hizo mención de los rebrotes de separatismo a que asistimos, demostrando su carácter trasnochado, desembocando en convertirnos en cipayos de cualquier «grande», pues si bien es cierto que la Humanidad ha prosperado en ciencia, no ha prosperado en conciencia.

 Expuso magistralmente el hecho de que no cabe hablar de una «standarización» política universal, mera utopía, como Franco explicó en las Cortes, pues el camino de la verdadera libertad es barrer la miseria y la ignorancia, y en esto, España parece haberse puesto en camino, aunque lenta y difícilmente, como tenía que ser porque maestra del mundo en muchas cosas, dadora de una civilización a un continente, cuando perdió su originalidad sólo cosechó desastres, y verdadero milagro ha sido el que los haya podido superar en sus aspectos más graves.

 La sala repleta de falangistas, aplaudió las últimas frases del conferenciante, siendo finalmente cantado por todos el «Cara al Sol». El acto constituyó una demostración de que al servicio de España y sirviéndose a los ideales del 18 de julio de 1936, permanece intacto en Barcelona el espíritu de convocatoria.

 A. R.


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

lunes, 28 de septiembre de 2026

Jueces asesinados por la República marxista

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

 La piden ellos “los buenos”…

 Nadie ignora que, desde hace unos años (antes de 1970), se suceden una serie de huelgas políticas, disfrazadas con cualquier pretexto. La cantidad de hojas subversivas, insultos, crímenes, manifestaciones, ostentación pública de banderas comunistas, etcétera, forman parte del activismo del partido comunista y “compañeros afines” para atentar contra la paz de España. El nivel de vida es, en general, óptimo, como nunca se había alcanzado. Se comprende que los enemigos de los principios que hicieron posible nuestra cruzada hagan cuanto puedan para frenar o anular todo lo conseguido.

 A los que así proceden, es lógico que, al ser habidos, se les procese y condene por los Tribunales de Justicia conforme a la Ley.

 Que a tales condenados no se les premie con pastelitos es una cosa muy lógica. Lo que ya no es tan lógico es que los que quedan sueltos, los que todavía no han caído en manos de la Justicia, no den señales de “tener cabeza” dejando de subvertir el orden. Porque ocurre que después de una acción subversiva toman parte en otra y así “van tirando”. Es evidente que no hay arrepentimiento. Y cuando una persona se dedica a subvertir el orden de forma continuada, al ser castigada, es absurdo invocar el perdón, la amnistía. Cabe el perdón al arrepentido, pero no al que está dispuesto una y otra vez a delinquir.

De ahí que sobre la ofensiva lanzada por algunos señores en pro de la amnistía, deba obrarse sin precipitaciones. Y, en todo caso, no deben ser nunca los libertinos quienes señalen el día en que debe concederse. Entiendo que puede rebajarse una pena, concederse la libertad a determinadas personas, pero jamás por la presión que pueden ejercer algunas y mucho menos cuando alguna de ellas es totalmente desafecta al Movimiento Nacional.

 Me sorprendió un escrito del Colegio de Abogados de Barcelona. El Colegio ha tramitado una petición de amnistía. Todo muy correcto, muy modosito.

 Pregunto a los abogados que solicitan amnistía un día sí y otro también, aprovechando cualquier pretexto, si se acuerdan de don Salvador Alarcón Horcas, Magistrado del Tribunal Supremo de aquel régimen fenecido, vergonzosamente, el 18 de julio de 1936. Lo asesinaron unas hordas mal llamadas republicanas. ¿Qué abogados protestaron entonces? Eran los tiempos en que unos desalmados que se autotitulaban “Gobierno” habían nombrado fiscal al abogado Gregorio Peces Barba del Brío, del cual tampoco hay noticias de que protestara por el asesinato cometido en 128 funcionarios de la Administración de Justicia, llevado a cabo por las hordas democrático marxistas y entre los cuales figuraban nada menos que el Fiscal General de la República, 14 magistrados y 28 jueces de primera instancia.

 ¿Se acuerdan, señores abogados en petición de amnistía, de don Jesús Arias de Velasco, Presidente de Sala del Supremo, también asesinado? ¿Se acuerdan del nombre del Fiscal General de la República? Era don Marcelino Valentín Gamazo, un hombre honrado. Fue asesinado juntamente con tres de sus hijos casi niños. ¿Quién protestó? ¿Quién apremió una “investigación exhaustiva”? Nadie. Y ¡había abogados democráticos, entonces! Y hasta abogados ¡jóvenes! También los magistrados Mendivil, Aldecoa, Avilés Arizcun; los jueces Mosquera, Royo Vilanova, González Royano, etcétera, fueron asesinados en la mayor impunidad.

 También fueron asesinados centenares de abogados porque habían estampado su firma en unos pliegos, protestando por el asesinato de Calvo Sotelo. ¿Qué abogados liberales de la zona roja levantaron sus voces, no ya de amnistía, sino de ¡basta de asesinatos! ¡no seáis más bestias que las bestias! Pero no, aquellos abogados democráticos y enemigos de la violencia callaron. ¿Serían acaso democráticos aquellos crímenes? (…)

 Despacio, despacio. No tantas amnistías ni tantas facilidades de pago por parte de los rojos, de sus deudas con la Justicia. Mientras en la Universidad se manifiesten con banderas rojas y utilicen la violencia contra las personas y las cosas; mientras como hijos espurios insulten al Jefe del Estado, asalten comercios, asesinen policías y guardias civiles, lancen bombas incendiarias y explosivas, asalten bancos y comercios y… algunos diarios y agencias se callen el texto de algunas pancartas o el color de determinadas banderas –(¿con qué fin?- no hay razón alguna que justifique la concesión de una amnistía. Sería tanto como abrirles las puertas de la cárcel antes de cumplir la condena y animaría a otros a desafiar las leyes.

 Barcelona es una ciudad que escribe mucho, para bien y para mal. Son varias las peticiones de todo color que se han cursado en los últimos años. Es ciudad “alegre y confiada”: con la bandera de las cuatro barras ondeando en, por lo menos, cinco edificios, además de las doce que ondean en unos almacenes de la Plaza de Cataluña. No podía faltar, pues, la campañita de la amnistía.

 En este sentido, 16 hombres de Derecho (según dice el escrito), se dirigieron al Colegio de Abogados. Lo singular del escrito-petición firmado por aquellos señores es la repetición por cuatro veces de las palabras “guerra civil”. ¿Qué guerra civil? Ignoran acaso estos hombres de Derecho que la guerra de España (1936-39) fue una cruzada, como repetidamente dice el Caudillo y así la calificó Roma y nuestro Episcopado? ¡Ya es grave que, a estas alturas, califiquen a nuestra cruzada con la expresión que utilizan los vencidos…!

 Pero no tiene menor gravedad el hecho de que el primero de los dieciséis abogados afirmantes sea José Andreu Abelló, un hombre del foro, que fue masón, diputado en el “parlamento” catalán “por Esquerra Republicana de Catalunya” y, en tiempo rojo, “asesor” del primer Tribunal Popular, magistrado de la Audiencia y presidente de la Audiencia de Barcelona. Este abogado de Reus, exiliado en Francia, formó parte de la junta de la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles). Observen cómo los antecedentes públicos del señor Andreu son como para “erigirle un monumento” en vida.

 No puede extrañar a nadie, al contemplar la brillante hoja de servicio del señor Andreu, preguntarle ¿por qué cuando era nada menos que asesor del Tribunal Popular, con centenares de crímenes y magistrado de la Audiencia rojo-separatista de Barcelona no organizó una campaña en “defensa de los derechos humanos” que no inventó la ONU, pues figuran en el Decálogo? ¿Le daba miedo? Entonces a qué viene su petición actual (1970), que lleva más de 30 años de retraso? ¿Devolverá usted la vida a los españoles que fueron asesinados por la INJUSTICIA roja?

 Compañeros suyos, hombres de DERECHO, de la misma Audiencia, fueron asesinados sin que protestara ni uno solo de los abogados antifascistas que actuaban en ella: el abogado fiscal José Luis Prat, detenido en la misma Audiencia, el magistrado Olalde Satrústegui, presidente de la Sección Primera, asesinado juntamente con sus hermanos Enrique y Fernando, su primo Francisco y la doméstica Josefa Santa María; el fiscal Ezequiel Cuevas; los jueces de Primera Instancia, Antonio Bruyel, asesinado con su hijo y Fernández Cavada, éste, víctima de las palizas que le dieron en la cárcel: los hijos del Magistrado José Márquez Caballero, Carlos, Fernando y Wenceslao, al no encontrarse su padre en el domicilio, al momento de presentarse los republicanos “democráticos” al servicio del “orden ciudadano”… y etc. ¿Quién puede ver con buenos ojos la petición de amnistía de 16 abogados de Barcelona, cuyo primer firmante de señor Andreu?

 Yo protesto por esta petición tan fuera de lugar. ¿Amnistía para los que se manifiestan con banderas comunistas? ¿Amnistía para los que “bombardean a los periódicos que sienten y viven el 18 de Julio? ¿Amnistía para los que matan a policías y guardias civiles? ¿Amnistía para los que, en los sucesos de Granada, han destrozado los coches de la fuerza pública y causado 36 bajas a la Policía Armada? ¿Es que vamos a dejar en libertad a los que, con sus escritos, están escupiendo contra el honor de las Fuerzas de Orden Público? ¿Se puede tolerar que los rojos, masones y separatistas ataquen a nuestras fuerzas armadas por defenderse de la agresividad de los enemigos del Régimen? Quede esto para los países comunistas con sus diarios y emisoras de radio, pero dentro de España ¡intolerable!

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

sábado, 12 de septiembre de 2026

El 18 de Julio, traicionado por los mass-media franquistas

 

 ¿El “18 de Julio” en peligro?

 CARLISTAS, UNA VEZ MAS: "¡ALERTA!"

 Cada día aparece más confuso el significado de esta fecha; hombres y mujeres que no vivieron aquellos años, ambientado por una creciente influencia de ciertos «intelectuales», discípulos de  aquellos que nos llevaron al caos y que hubo de ponerse fin el 18 de julio de 1936

 De las publicaciones y obras de todo tipo tendentes a desvirtuar la verdad de la Cruzada podríamos citar, entre otras, «La Herencia», «La paz empieza nunca», «Un millón de muertos», «Las últimas banderas» y otras muchas en las que progresivamente se van eliminando la Cruzada de su contenido esencial.

 También existen otras para rebajar el valor de la Cruzada, publicadas en España por enemigos manchados con delitos de sangre, como «Hombres made in Moscú» y «Mi fe se perdió en Moscú», escritas por el jefe y creador del tristemente famoso quinto regimiento, autor, según propio testimonio, de asesinatos de supervivientes del Cuartel de la Montaña y otros crímenes. A pretexto en un arrepentimiento no explícito, que según parece le sirvió al diario «Ya» para admitirle como colaborador bajo seudónimo.

 Numerosos libros y revistas completan esta sistemática destrucción; citaremos otro libro, «Formas de vida hispánica», su autor el delegado de Orden Público, en Madrid, durante el terror rojo, encargado de la saca de los presos de las cárceles para sus fusilamientos en masa.

 Nadie puede dudar de la existencia de dos diarios de Madrid, «Ya» y «Pueblo», republicanos, aunque de diferentes matices, este último editado con los fondos de los Sindicatos oficiales, y otro, como el «A B C», cuyo liberalismo monárquico no disimula.

 La revista mensual «Cuadernos para el Diálogo», del ex ministro señor Ruiz Giménez, donde recientemente censuraba la detención de estudiantes en Madrid y los riegos con agua colorante, así como las cargas de la Policía, amén de desarrollar una labor socavadora y destructiva de los principios básicos del 18 de julio. (…)

 También son víctimas de esta situación las fuerzas armadas, con su apoliticismo, recibiendo frecuentes ataques más o menos directos; recientemente destaca el hecho de la revista «Proyecciones» editada por la Facultad de Teología de Granada (de los jesuitas) correspondiente al mes de noviembre pasado.

 Estimo imprescindible manifestar también el resquebrajamiento de la unidad católica de España que todos conocemos y sentimos (…)

 Muchos, al leer cuanto antecede, no darán importancia a esta táctica que desarrollan los enemigos de España. La realidad es que bajo esas aguas, al parecer tranquilas, corren torrentes impetuosos, que cada día que pasa adquieren mayor fuerza y caudal. Los enemigos del 18 de julio van adquiriendo fuerza y cohesión, amparados por una libertad que, si no se nos niega, al menos se cohíbe y limita a los defensores de la Cruzada. Citaré, por ejemplo, la revista «Montejurra» y al semanario ¿QUÉ PASA? Este último, que enarbola como ninguno la bandera del «18 de julio», carece de toda publicidad. Contra su vida y expansión existen conjuras y maniobras. Ya en varias ocasiones ha estado al borde de la quiebra. Sin embargo, ¿de dónde sale los millones de la prensa del enemigo? Libros, periódicos, emisiones radiadas y televisadas. De signo y tendencias políticas contrarias a los principios fundamentales del Régimen son plato de cada día… Sin embargo, la más absoluta «ley del silencio» cae sobre lo que representa una reafirmación sincera del del «18 de julio», y SU VERDADERO SIGNIFICADO.

 El debilitamiento y disgregación progresiva de Falange y la Comunión Tradicionalista, en cuya Comunión se encuentran infiltrados elementos «muy dudosos», ostentando cargos de RESPONSABILIDAD, realizando una continuada destrucción de sus más puros principios y expulsando a aquellos que son AUTENTICOS CARLISTAS, son realidades que, escenográficamente al menos, dan ambiente a la tragedia.

 En la plancha masónica firmada en Lisboa el 20 de junio de 1943, entre otras cosas, decía...: «Optar como mal menor por una Monarquía democrática y con la que hemos de apechugar en evitación del Carlismo que se nos viene encima. Nada nos divida. Son muchos nuestros hermanos liberales en España. Apoyemos todos la caída de Franco y la subida de Juan III. Hoy es la única oportunidad. La nueva «Vanguardia Obrera» procedente de la III Internacional lo acepta. (Del semanario ¿QUE PASA? del 5 de noviembre de 1964.)

 «La solución liberal sería apoyada por nosotros, los comunistas, y estamos dispuestos a defender esta solución como la más conveniente». (Informe de la Pasionaria ante el IV Pleno del Comité Central del partido comunista español, celebrado en Bélgica los días 13 y 11 de septiembre de 1958.)» (Del libro «Antj-España», de Mauricio Carlavilla.)

 Ante este momento grave DECIMOS NO a los que nos intentan arrebatar la paz tan duramente lograda. (…) 

Juan Luis PACHECO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Insidias periodísticas contra el carlismo

 Artículo de 1968

 ¿”Nobleza obliga”? … Pues noblemente repliquemos

  Al reportero de «S. P.» que se ha encargado del reportaje «Nobleza obliga» en el número 381 de la revista, de 14 de enero, a primera vista, se le podría conceder la palma de este nuevo deporte que se ha puesto de moda, no sólo en España, sino en el mundo, y consiste en «no comprometerse» en decir las cosas como quien no dice nada, de manera que no oscile lo más mínimo ninguno de los platillos de la balanza; pero da la casualidad que a mí me gusta meterme en honduras (con minúscula) y bucear en profundidad, aunque sea sin equipo especial de «super woman».

 En este juego dificilísimo, al que hago mención, se ha metido el reportero a quien me refiero, y se ha debido aburrir, a juzgar por algunas inexactitudes y cierta desgana en algunos de los párrafos, lo que le hace recurrir a los buenos oficios del «gallito» de Emilio Romero, para dar realce a su crónica, aunque, dicho sea de paso, tampoco Emilio Romero se mostró muy convencido ni ufano después de «Por la cuenta que nos tiene», cuando se entrevistó, en el Palacio de la Zarzuela, con el descendiente de la «Reina de los tristes destinos» y nieto del Rey cuyo barco se perdió de vista en Cartagena, en 1931 (Juan Carlos de Borbón).

 Hace un comentario raro: «Las reuniones carlistas no solían causar sorpresas en España (primero, ¿por qué hablar en pasado?, y segundo, ¿por qué tendrían que sorprender las concentraciones de Montejurra, Quintillo, Montserrat y otras, que unas veces se celebran y otras no, y no por falta de entusiasmo en acudir a ellas, sino... por otras razones?), pero no ha ocurrido lo mismo en este caso». Se refiere a la peregrinación a Fátima. Bueno, no parece que sea la concentración en sí lo que ha causado sorpresa, y esto supongo será porque Fátima es un lugar de peregrinación abierto a todo cristiano, y, a más fuerte razón, a representantes de una ideología tradicional católica, pueblo carlista con su abanderado a la cabeza!

 Pero ha sorprendido bastante la entrega de unas condecoraciones, ¿por qué? Todos los Reyes o Pretendientes carlistas han distribuido Medallas de la Legitimidad Proscrita. En cuanto a la Medalla de la Lealtad, creada para premiar los servicios prestados durante la Cruzada por el voluntariado carlista (Requetés y Margaritas), se viene distribuyendo en España, y particularmente en Navarra, sin que ello sorprenda a nadie, y si sorprende, no lo dicen.

 También parece sorprender lo que el cronista llama «la formación dé unas Cortes». Si le gusta la palabra, se la aceptamos, pero teniendo en cuenta que el idioma castellano es lo suficientemente rico en términos adecuados, lo dejaremos en Consejo, y aquí, una pregunta: Si no sorprende (¡o, si sorprende, no nos hemos enterado!), que Don Juan de Borbón tenga un Consejo Privado, ¿por qué tiene que sorprender que Don Javier de Borbón desee disponer de un asesoramiento similar?

 Y aquí viene una sorpresa grande, aunque no se llega hasta rasgar las vestiduras. Don Javier de Borbón-Parma ha concedido a don Manuel Fal Conde el título de duque (no de conde, como señala el reportero) de Quintillo —nombre de la finca donde se concentraron en 1936 los primeros requetés andaluces—, según indica el cronista. Esta es una inexactitud enorme. Los requetés andaluces no esperaron el año 36 para concentrarse en Quintillo (¡hubiese sido demasiado tarde!), y don Manuel Fal Conde tuvo el valor y el heroísmo de reunirlos e instruirlos militarmente, en la citada finca sevillana, durante los años de persecución y de anarquía criminal de la república... ¡¡desde el año 34!! ¿Es acaso demasiado premiar, ¡tan tarde!, aquella sublime locura del Delegado Nacional de la Comunión Tradicionalista, sin la cual es muy posible que toda Andalucía hubiese sido «zona roja» al estallar el Alzamiento, en cuyo caso no le hubiera sido factible al General Queipo de Llano utilizar tan elocuente como habilidosamente el micrófono de Radio Sevilla, ni tampoco hubiese sido posible el desembarco de refuerzos de Africa en aquellos días tan inciertos como decisivos?

 A pesar de los buenos propósitos del cronista, aquí puede notarse que se rompe el equilibrio de la balanza. Si él mismo reconoce que se han otorgado títulos de nobleza premiando actuaciones antes de, y durante la Cruzada, ya sea personalmente, a los héroes que sobrevivieron a la gesta, Moscardó, Yagüe, Kindelán, etc., o a allegados, cuando ellos sucumbieron, como es el caso en las familias Calvo Sotelo, Primo de Rivera, Sanjurjo, Mola, etc., y se han concedido también a personalidades relevantes por servicios prestados, como Bilbao-Eguía, Arruga, Arteche, etc., no es justo que se saque del olvido a quien reúne en su persona heroísmo, amor patrio, lealtad... y tanta discreción… que algunos parece que no le recuerdan? Y si se alega que el título lo ha concedido un Príncipe no reinante, ¿será preciso recordar que no se le preguntó a este mismo Príncipe qué poder tenía para ordenar la movilización de más de cien mil hombres del Requeté, sin los cuales no se hubiera ganado la guerra? Y será preciso decir que otro Príncipe no reinante concedió el año pasado a su hija doña Pilar el título de duquesa de Badajoz, con motivo de su matrimonio?

 Y ya que, como dije antes, el cronista recurre al «gallito» de Emilio Romero para esmaltar su tesis, y que, según el director de «Pueblo», «Estoril y Fátima no pueden ser dos campamentos que vivaquean extramuros del país, para el asalto, le diré que no viene al caso esta llamada al «gallito»,  porque él mismo alude, un poco antes, a las reuniones carlistas en España, lo cual demuestra que el Carlismo no alude «vivaquear» en el territorio nacional, que con su sangre y su heroísmo contribuyó a rescatar del abismo donde cayó por culpa de una monarquía que lo regaló a la república. El carlismo no vivaquea extramuros, vive dentro de la Patria, que ha servido y sirve con lealtad y en su vivencia tienen puesta su esperanza muchos españoles que no desean que vuelva hacia las costas españolas el barco de Cartagena, con un navegante de la misma familia del que huyó. ¡Aquella aventura costó demasiado cara! (…)

 Se evoca, finalmente, en el reportaje, el «Gotha» español con estadísticas; el inglés, con sus modalidades, etc., para terminar en que es IMPROBABLE que se reconozca oficialmente el ducado (aquí ya hemos caído en cuenta que es ducado, y no condado!) a don Fal Conde. ¿Por qué? ¿No reúne, como digo antes, el que dio vida al Requeté andaluz, con riesgo de la suya, las mismas condiciones que las demás personas que ostentan títulos nobiliarios por méritos contraídos en la Cruzada de Liberación? ¡Nunca es tarde para reparar un lamentable olvido!

 Concretemos, señor cronista de «S. P.». Ha creído ser usted muy hábil, pero uno de los platillos de la balanza ha perdido el equilibrio. Y los Carlistas ya nos hemos modernizado tanto que usamos balanzas automáticas, que dan el peso exacto. Pesamos primero los globos, y por muy grandes que sean, vengan de Estoril, de la calle de Serrano, de los cocoricós del «gallito» de Emilio Romero o de la habilidosa prosa de «S. P.», ¡la aguja medidora indica sólo gramos!

 Ahora bien, si ponemos Quintillo, 1934; Navarra (Sierra Urbasa, Sierra Andía y demás campamentos —éstos sí eran campamentos, pero no fuera, sino dentro de España—), más 18 DE JULIO (con 67 Tercios de Requetés formados en lugares como los antes citados), y Somosierra, y Alto de los Leones, y Guadalajara, y liberación de Guipúzcoa, Vizcaya y Santander, y Teruel, y batalla del Ebro, y mártires asesinados en todos los lugares de España, con ejemplos como un Antonio Mollé y una Agustina Simón, y luego añadimos los Montejurras, Quintillos, Villarreal de los Infantes, Cerro de los Angeles, Montserrat y otras conmemoraciones, unas a fecha anual... y otras... cuando se puede..., resulta que tenemos que ir a la báscula pública, donde se pesan los camiones.

 El Carlismo no es una partida de bandoleros dispuesta al asalto, desde extramuros; lo único que ha asaltado el Carlismo han sido los parapetos de la anti-España, y lo hizo cara a cara, y muchas veces, a pecho descubierto, porque llevaba, según frase del desmemoriado don José María Pemán, «¡la vergüenza de España en su Boina Roja!» Y el Carlismo, ahora, como siempre, está vigilante, porque le arde la sangre en el corazón y le atenaza las entrañas el temor, al pensar que el sacrificio del 18 DE JULIO haya sido inútil. Al Carlismo le duele el alma cuando ve que a la Religión Católica, por la que ha luchado siempre, en primer lugar, se la quiere convertir en un mito, y cuando nota que soplan aires que, bajo pretexto de modernizar el ambiente y de poner España «á la page», dejan penetrar el aliento putrefacto y venenoso de obras de Sartre, lucubraciones del «pobrecito Arrabal», tolerancias premiadas, como «Las últimas banderas», y ve que un Miret Magdalena se lamenta de ciertas palabras pronunciadas por el Papa, y oye hablar del juego en San Sebastián, del divorcio, de la «píldora» (algunas cartas de lectores de «S. P.» hablan en sentido positivo de estas «cosas»), y, ¿por qué no?, de cabarets con «streap-tease», de clubs para sodomitas y otras «cosas tan naturales».

 La sociedad española, la familia española, se dice, tienen que ponerse a tono con los vientos del mundo civilizado (!!!); el turista no debe tener que decir «España es diferente», y los españoles que aprovechan su estancia en la frontera para ir a Biarritz a buscar «ambiente», no tienen por qué molestarse en el desplazamiento; es mejor que lo encuentren «todo» sin salir de la Patria, con lo cual, además, aumentará el erario público, y ¡todos contentos, si se puede ir aflojando el cinturón de la austeridad! Para conseguir «todo esto», no hay más que girar hacia un régimen liberal —¡como el que ya conocimos!—, y al que se ha opuesto siempre el Carlismo (…)

 Estos parapetos de la descristianización de la sociedad, de la disolución de la familia y de la tolerancia ciega, que son a los que conduce el materialismo liberal-masónico y el progresismo desenfrenado, que tanto preocupan al Santo Padre, son los que vigila el Carlismo, desde dentro, y no porque le guste «armarla», sino, precisamente, para no tener que «volverla a «armar», que no es lo mismo.

Por Pilar Roura Garasoaín

 Desde Irún, a 19 de enero de 1968


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

  

sábado, 22 de agosto de 2026

¿Siguen los carlistas sintiendo el 18 de Julio"?

 Artículo de 1968

 ¿SIGUEN LOS CARLISTAS LLEVANDO SANGRE DEL 18 DE JULIO"?

 Por ROBERTO G. BAYOD PALLARES

 En la víspera del anual «MONTEJURRA», correspondiente al último año, de las propias manos del ilustre don Francisco López-Sanz, recibía su libro «¡Llevaban su sangre!», publicado por Editorial Gómez, de Pamplona, y cuya dedicatoria me animó y me alienta, especialmente al calificarme como «… siempre gran batallador por la Causa».

 Ha tenido que ser durante los días navideños, transcurridos en un hogar como el que fielmente describe López-Sanz, cuando he podido iniciar su lectura. He dicho iniciar, porque, sin darme cuenta, iban pasando las páginas, a pesar de que saboreaba algunas de las frases y otras las subrayaba, y con pena veía que se terminaban. De haberlo sabido con anterioridad, antes lo hubiese iniciado. Lo curioso ha sido que, agotada su lectura, he vuelto a empezarlo, para repasar, meditar y anotar la «advertencia inicial», escrita a modo de prólogo, que en realidad es un epílogo.

 Sin pretenderlo el autor, la historia novelada ha resultado una profecía para los tiempos actuales. Parece que en su imaginación intuía los tiempos actuales de los «pregoneros del olvido».

 López-Sanz, el célebre «S A B» de casi cincuenta años de vida periodística y política en «El Pensamiento Navarro», ¡qué conocimiento demuestra de la vida rural y campesina! ¡Cómo penetra en las costumbres de las casas solariegas, que son solera de recias costumbres! ¡Con qué realismo describe la situación política, tanto en los meses que precedieron al Alzamiento, como en los días del maravilloso espectáculo de la aportación popular al Alzamiento! Quienes, a pesar de nuestra entonces juventud, hemos vivido y podemos recordar los acontecimientos anárquicos y socializantes de la II República, parece que todavía sintamos dolor de aquel vivir que era un morir, y experimentemos, al propio tiempo, el resurgir glorioso del 18 de Julio. Describe la situación como si viéramos una película en tres dimensiones.

 La figura del abuelo, don Carlos de Artieda, llamado «el Carlistón», la hubiéramos encontrado en muchas casas de trayectoria carlista. Esos veteranos no han desaparecido de las familias carlistas, porque cuando dejó de haber «combatientes de Carlos VII», no tardaron en aparecer los que en avanzadísima edad se incorporaron al Alzamiento, y poco a poco van aumentando estos «decanos»de la Historia vivida. Seguirán incrementándose los «abuelos», si bien hacia los años 2000 ya serán pocos los que podrán mantener encendida la llama de las vivencias habidas en la Cruzada de 1936, y todos ellos quizá se hagan la misma pregunta que «el Carlistón» de la obra de López-Sanz.

 En esas páginas vemos retrospectivamente las luchas carlisto-liberales, de las que era capitán don Carlos de Artieda, y comprendemos las elevadísimas miras del pueblo levantado contra el liberalismo; era la lucha de la España auténtica «contra la España bastarda», según el Caudillo. Nos contagia la entereza de la mujer carlista, hija de «el Carlistón», y López-Sanz narra algunos ejemplos de heroísmo de madres, que pasarán a la inmortalidad, y que en abundancia describe en su libro «Un millón de muertos, pero con héroes y mártires».

 En oposición a esa honorable familia aparece la de unos descendientes de un combatiente liberal, de los llamados los «peseteros», el «Guiri». En esta familia es el odio y la venganza la razón de su existencia y de su continuidad. Esas familias también las pudimos ver en muchas poblaciones, y hoy se reproducen entre los supervivientes, generalmente exiliados, del ejército rojo-marxista, a pesar de la comprensión, del perdón y del olvido personal que han encontrado en la España victoriosa.

 No puedo menos que resaltar que repetidamente el destacado autor carlista nos coloca a los socialistas en el polo opuesto de los tradicionalistas. En aquella juventud del pueblo protagonista de la historia novelada, por una parte estaban los requetés y por otra los socialistas: eran antítesis unos de otros.

 ¡Qué diferencia con la de ese sector actual, intruso y claudicante, que ha desfigurado —o pretende desfigurar— y falsificado el limpio carlismo! Ese grupo de neocarlistas propagan una Monarquía socialista, que sería anticarlista y antisocial. Ya tuvimos una República regida por los socialistas, contra la que se alzaron aquellos requetés, nietos de los carlistones de Carlos VII. Los que estuvimos en zona roja también conocimos el yugo de la socialización por medio de «colectividades». Ahora (1968) son esos falsos carlistas los que hablan y escriben con el mismo lenguaje que lo hacían los amigos y seguidores del «Guiri». ¿A dónde vamos a parar. ¿Quién el culpable? (…)

 Por quien vivió todo el ambiente y preparativo del Alzamiento se nos describen los verdaderos fines de la Cruzada, que hoy los «campeones del disimulo y  del olvido» pretenden hacer ver a las nuevas y futuras generaciones que no fue por el Crucifijo y por la sana y verdadera libertad.

 Soy admirador de Cabrera, de aquel genio militar que en sí encierra la mayor parte de la historia carlista del siglo XIX. Me acordé del legendario general tortosino cuando leía que don Carlosde Artieda antes de ser voluntario de Carlos VII, había sido seminarista, al igual que Cabrera antes de incorporarse al ejército de los voluntarios de Carlos V, y al igual que muchos de los requetés de 1936, y termina la obra con un recuerdo a Cabrera, en un acontecer histórico en el Maestrazgo morellano. Pero la imaginación se detiene y se pregunta si hoy los jóvenes que se forman en los «semilleros» de la Iglesia darían requetés como Cabrera, «el Carlistón»y los que se incorporaron a los Tercios de Requetés de 1936. Posiblemente, y gracias a Dios, se conserva en España algún o algunos Seminarios en los que todavía se moldean «sacerdotes de Cristo» o seglares modelos, y siempre patriotas ejemplares», pero, ¿y... enla mayoría?

 Vamos, por fin, a la pregunta clave, mejor dicho, a la sospecha que se hacía «el carlistón», al entender que la juventud de los años de la República no llevaba la misma sangre que la de aquellas generaciones, como la del señor Artieda, que se «echaron al monte». Los hechos demostraron al veterano combatiente cómo el carlismo había continuado regando las venas de la juventud española, y la sangre roja pronto salió como un símbolo exhibiéndose en miles y miles de boinas coloradas en la plaza del Castillo, ante el general Mola, y luego derramándola por valles, mesetas y montañas. Como el propio título indica, «¡Llevaban su sangre!». 

Hoy somos muchos que ante «esos progresistas campeones del olvido» nos preguntamos si los que quedamos de aquella generación, que demostró llevar la misma sangre que los héroes de nuestros antepasados, la hemos perdido o se nos ha aguado y si a las nuevas juventudes que van surgiendo, en vez de suministrarles sangre colorada como la de las boinas de los requetés y como la de las dos franjas de nuestra recuperada bandera, les hemos dado horchata.

 Esta interrogación nos la formulamos por los continuos olvidos que se hacen de la Victoria nacional contra el materialismo, liberalismo, marxismo y extranjerismo, y muy especialmente por recientes acontecimientos sucedidos dentro de la Comunión Tradicionalista y los que están acaeciendo continuamente dentro de la Iglesia española y en organizaciones del Movimiento. Resumámoslos:

 Poderosos sectores de la Comunión Tradicionalista «oficial» abandonan la idea de la unidad católica española y la confesionalidad del Estado y distancian de la Causa a los más ilustres carlistas, al «socializarla» y «democratizarla» con métodos «totalitarios».

 En la Iglesia española —me refiero a los hombres que la componen, jamás a la institución, que por ser divina, es santa y perfecta— se han infiltrado también elementos subversivos, tanto en el clero como en los mandos seglares. Las revistas «que se dicen de la Iglesia», en vez de sembrar amor y extender la paz, difunden —muchas de ellas— el odio y excitan al temporalismo en vez de reducir su campo a lo espiritual y moral, y con el temporalismo acomodan su vida a un laicismo nada acorde con las sanas instrucciones de la Madre Iglesia.

 Por su parte, en organizaciones del Movimiento o en instituciones que dependen del mismo, contemplamos también la infiltración de los elementos propugnadores del «olvido», muy principalmente en su prensa, en la que se ha pedido relaciones diplomáticas con Rusia, satisfacer pensiones a los ex combatientes del ejército rojo y el atentar contra la sagrada unidad religiosa de España o menospreciar a ese numeroso sector que propugna que el 18 de julio «ni se pisa ni se rompe».

 Mucho nos apena que la prensa que es del Movimiento deje de defender total e íntegramente los valores del 18 de Julio, porque somos parte integrante del Movimiento. Mucho nos duele que miembros activos de la Iglesia alteren la doctrina del Evangelio y se asemejen más a Lutero y Calvino que a San Pío V y a nuestros teólogos y místicos del siglo XVI, porque somos católicos y tenemos que sufrir por esa desviación doctrinal. Pero como también somos carlistas auténticos, fieles a la doctrina permanente de la Princesa de Beira y de don Alfonso Carlos y a la Causa por la que murieron tantos miles de requetés que no conocieron las falsedades actuales, no es menos la tristeza que nos causa esa tónica de los que se presentan casi como «carlistas sin Dios y sin Patria y solamente  con Fueros y Rey». 

Llega hasta tal extremo la desviación doctrinal de los seguidores de la «camarilla oficial», que uno de ellos, universitario y con cargo en un Círculo Vázquez de Mella, afirmaba no hace muchos días que Durruti, el anarquista, el tragacuras, el amigo de los asesinos del Cardenal Soldevila, el incendiario, debía ser considerado como carlista, en tanto que a Vázquez de Mella había que considerarlo como socialista.

 Es triste, pero dura realidad alentada por órganos «oficiales». ¿Tenemos aquella misma sangre que fue la sorpresa del mundo? Superficialmente, si la tuviéramos, no cesaríamos hasta lanzarlos a todos por la borda, aun cuando fuera utilizando las mismas armas que las generaciones que nos precedieron en sus momentos extremos. Lo que sucede es que, como en los años de la República, no ha debido llegar el momento apropiado para una reacción total y fuerte. Es ahora cuando está fermentando la santa ira ante el fermento contrario del error. Cuando la religión y España lo necesiten, ese pueblo sencillo que desconoce la traición y la farsa y que anualmente, sin figurar en nóminas ni plantillas ni ficheros, se presenta en Montejurra, demostrará que ahora y mañana el carlismo tiene la misma sangre roja que aquellos que a la llamada de don Javier, de Fal y de Zamanillo se presentaron en la plaza del Castillo, de Pamplona, y en otros muchos lugares de España.

 ¡SÍ, LLEVAMOS SU SANGRE! ¡EL TIEMPO SERA TESTIGO!


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Subversión universitaria por inhibición de Iglesia y tradicionalismo

 Artículo de 1968

 Esperamos que monseñor Romero de Lema, obispo de la Universidad, oriente al país sobre los problemas universitarios.—Es hora de que el "Tradicionalismo" explique la desviación de las AA. EE. TT. De literatura comunista y de periodismo clerical

 Continúa la subversión en la Universidad. Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Oviedo, Valencia van conociendo asambleas ilegales, disturbios y actos de vandalismo, como el del grupo de estudiantes que en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid arrojaron bancos, sillas, botellas, piedras y el crucifijo que presidía el aula 217. Venimos repitiendo desde hace semanas que los sucesos universitarios no responden a problemas académicos, sino a una ofensiva política contra el Estado y contra el régimen, bajo típica confabulación masónico-marxista. Volvemos a repetir que desde hace años se ha permitido la descarada entrada de elementos subversivos que han intoxicado nuestra juventud universitaria. Antes que los disturbios en la calle, nos parecen más graves las líneas ideológicas, las actitudes profesorales y la resurrección de la heterodoxia antirreligiosa y las momias del liberalismo y del criptocomunismo.

 Que el comunismo busca y consigue esto ya lo decía Pío XI en su encíclica «Divini Redemptoris»: «Los pregoneros del comunismo saben también aprovecharse de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de diversos sistemas políticos, y hasta de la desorientación en el campo de las ciencias sin Dios, para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.»

 No queremos silenciar que el progresismo de muchos sacerdotes y sedicentes movimientos católicos ha contribuido al caos universitario. Queremos recordar que la Santa Sede nombró a monseñor don Maximino Romero de Lema obispo de la Universidad. Hace unos años, en un lejano 21 de febrero, «Le Monde» publicaba esta noticia: «Esta conferencia -se refería a la que había tenido lugar en la Universidad y fue origen de la primera huelga universitaria—ha sido pronunciada con autorización expresa de monseñor Maximino Romero, obispo auxiliar de Madrid, encargado de la enseñanza religiosa». Será bueno recordar que el malogrado cardenal Riberi pronunció en la consagración de don Maximino estas palabras: «A ti, querido hermano, quiere la sagrada y solícita Iglesia de España confiarte de modo especial el cuidado del mundo intelectual de tu Patria; ella bien sabe que el apostolado en el mundo intelectual es uno de los grandes problemas que la Iglesia tiene hoy día planteados en todos los pueblos. Por fortuna, en la actualidad la legislación española en orden a la formación religiosa en los centros de enseñanza ofrece muchas y buenas posibilidades.»

 Mientras tanto, se repiten los disturbios, absurdos e injustificables; se ha destruido al S. E. U., al que después de la Cruzada una disposición oficial unificó al mismo a la A. E. T. (Agrupación Escolar Tradicionalista); la única politización de la Universidad es actualmente de signo marxista, y entre otros interrogantes, los padres de familia nos preguntamos: ¿No tiene nada que decir don Maximino Romero de Lema, como obispo de la Universidad española, ante sucesos que simbólicamente terminan echando por las ventanas el crucifijo de las aulas?

 Nosotros reafirmamos nuestro voto de una acción política contundente y seria dentro de la Universidad, limpiando las fuentes de intoxicación doctrinal en primer lugar. El autorizado J. Boor (seudónimo de F. Franco), en su libro Masonería, dice: «En esta acción de filtración masónica no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que, cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos, son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta.»

Luego, a los que actúan en ese terreno desde el plan ideológico o desde la agitación callejera, se impone la depuración más severa y una acción policíaca que decisivamente termine, al precio que sea, lo que viene sucediendo en las universidades de España.

 CIERTO «TRADICIONALISMO» Y LOS SUCESOS DE LA UNIVERSIDAD

 En esta hora en que hay que pedir responsabilidades en serio ante los sucesos de la Universidad, debemos señalar que el confusionismo se ha disparado desde diversas plataformas, además de las que en otras crónicas y en ésta venimos enumerando. Con bochorno recordamos palabras que fueron dichas en el «Aplec» de Montserrat el día 30 de mayo de 1965. Allí habló Víctor Pere Alonso como delegado de las AA. EE. TT., pronunciando palabras tan disonantes al pensamiento tradicionalista y al realismo político de la hora presente, como las siguientes: «Si algo necesitamos con urgencia es el vivir en demócratas. Por ello nos disgusta no sólo la llamada Comisaría del S. E. U., que, por mantener el partido único en las estructuras universitarias, no responde a las exigencias de profesionalidad y apoliticismo...»

 A estas alturas queda patente la desviación a la doctrina tradicionalista que suponían, ya en 1965 estas palabras. Nos parece muy bien hablar de la profesionalidad en la vida universitaria. Pero Víctor Pere Alonso, en nombre de la A. E. T., ¿podía esperar espíritu profesional y APOLITICISMO del Sindicato Democrático de Estudiantes, en el que debía caer fatalmente la Universidad al suprimir el S. E. U.? Por esto, a estas alturas (1968), un ilustre carlista ha podido dirigirse a don Javier de Borbón Parma, en fecha del 30 de noviembre pasado, para decirle: «La A. E. T. anda bastante indisciplinada e ineficaz, con desconocimiento de nuestra doctrina.»

 Lo que la A. E. T. debía haber pedido era la eliminación de la heterodoxia religiosa y patriótica de la Universidad, que el S. E. U.—al que estaba incorporada la A. E. T-., como ya hemos dicho anteriormente—hubiera educado intelectualmente al servicio de Dios y de la Patria a las juventudes universitarias; que la Universidad fuera regulada en el sentido que propugna la doctrina tradicionalista; que el peligro marxista fuera eliminado totalmente y desde raíz.

 Como dice Sebastián Contin en «Amanecer», de Zaragoza: «Hoy, actualmente, la Universidad española, en su confusión, es un maremágnum en el que aparecen todos los días las ideologías más peligrosas. No se respetan ni la religión, ni la Patria, ni las personas». ¿No dice esto nada a don José María Valiente y a los directivos del tradicionalismo español en su ausencia entre las juventudes universitarias y en el confusionismo que en actos tan resonantes como el «Aplec» de Montserrat sembró el citado orador “aetista” en dicho acto de 1965? También nos gustaría que la Comunión Tradicionalista formulase una inequívoca declaración pública ante la actual situación universitaria.

 Esto también explica lo de la Universidad

 Edición de Materiales, de Barcelona, acaba de editar «CARTAS SOBRE EL CAPITAL», de K. Marx y F. Engels. Nos dicen que en la Argentina se prohíben ciertas obras editadas en España de propaganda comunista. Ahora se edita este libro de los fautores del comunismo. Nuestra prensa les hace propaganda gratuita. Esteban Doltra, en «Hoja del Lunes» del 15 de enero pasado, dice: «Marx, sobre todo, es un intelectual más que un revolucionario.» Nos abruma que un periodista demuestre tanta cultura… Lo que afirmamos es que libros como éste TAMBIEN explican lo que pasa en la Universidad.

 A. RECASENS SALVAT

 

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968