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lunes, 14 de septiembre de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (3)

 Silencio sospechoso de las altas jerarquías eclesiásticas (1970)

 

 Peor que la pornografía

 La revista “Ecclesia”, del pasado 30 de agosto (1970), ha publicado un editorial,  de tonos enérgicos contra la oleada, nauseabunda e infecta, de la pornografía y el inmoralismo más descarado en nuestra vida pública. No podrá quejarse “Ecclesia”, de que los medios de comunicación no hayan difundido ampliamente los párrafos más sustanciales de su archijustificada indignación. Tampoco nosotros queremos ser menos y dejamos también, en nuestras páginas, constancia de la denuncia del órgano caracterizado de la Acción Católica Española (…)

 La lástima, empero, es que “Ecclesia” trate un problema tan serio con argumentación liviana. No nos sorprendería que, a este paso, en un próximo futuro, se pretendiera cargar al Estado -que también tiene su específica responsabilidad en este terreno- la culpa total de una situación de decadencia moral que, primordialmente, recae, incumbe y es imputable a la perversión de ciertos eclesiásticos, muy bien aupados y al silencio, más que sospechoso, de las más altas jerarquías eclesiásticas, hasta la fecha.

 No gastemos la pólvora en salvas. Aportemos datos indicativos y tremendamente escandalosos.

 ***

La revista “Oriflama”, del pasado mes de julio (1970) publica unas declaraciones del desdichado y pernicioso mosén José Dalmau, miembro del Consejo Presbiteral de Vich. José Dalmau dice textualmente:

 Tenemos, por ejemplo, una idea realmente curiosa del matrimonio indisoluble. Enseguida pensamos en la forma legal. Yo no entiendo de institución indisoluble. Es el amor el que justifica esta exigencia. Pero si los esposos ya no tienen este amor, si lo han rehusado por las causas que sea, ya no tiene ningún motivo mantener sus obligaciones. Se admite que el amor, de hecho, ha desaparecido en muchos matrimonios. Poca gente está dispuesta a desacralizar el vínculo de la institución”.

 ¿Qué le parece a “Ecclesia” esta monstruosidad?...

 Mosén Dalmau pertenece al obispado de Vich y la revista “Oriflama” se publica en Barcelona. Pero ni el doctor Ramón Masnou, obispo de Vich, ni monseñor Marcelo González, Arzobispo de Barcelona, han desautorizado ni suspendido de sus funciones sacerdotales al reverendo Dalmau. Ha sido en virtud de un exhorto del Tribunal de Orden Público, que fueron recogidos, a última hora, unos treinta ejemplares de la revista y está dispuesto un expediente administrativo.

 Comparo esta situación con lo que sucedió en Buenos Aires con un artículo publicado en el diario “La Ley”, en 22 de febrero de 1958, por el padre Benedicto Hancko, S. J. La cancillería del Arzobispado de Buenos Aires, cumpliendo órdenes superiores, publicó en 28 de diciembre del mismo año, una retractación del aludido jesuita, con estas palabras: “Me someto plenamente al juicio expuesto por el Episcopado argentino en sus advertencias y declaraciones sobre mi estudio titulado “Disolubilidad del matrimonio civil y el Derecho Canónico”, las cuales expresan la doctrina de la Iglesia Católica. Por lo cual me retracto de los errores señalados en el documento episcopal”.

 Yo, que viví este incidente entre el padre Hancko y el Episcopado argentino, en que las afirmaciones de dicho jesuita eran harto modestas comparadas con el desenfreno brutal de mosén Dalmau, puedo mesurar la caída que, en doctrina moral, se ha perpetrado en el seno de la Iglesia Católica por ausencia de la debida actuación de la misma jerarquía eclesiástica. Y como mosén Dalmau no es sólo un individuo ni un sacerdote solitario sino una legión, avalada por muchos obispos y quizás en alturas insospechables, ¿no es ésta una de las causas de la ambientación pornográfica que lamenta “Ecclesia” y que olvida de señalar en su editorial? (…)

 ***

Suponemos que “Ecclesia” no nos desmentirá si afirmamos que la inmoralidad también procede de la flojedad en la vida piadosa de los fieles, que, en estos días, encuentra sus cauces más deletéreos en los ensayos litúrgicos anómalos que están destrozando la Misa y los sacramentos. Todo esto a sabiendas de la autoridad eclesiástica, que ignoramos qué medidas toma para evitarlos. El 11 de julio de este año, en la iglesia de Vallvidrera (Barcelona), en la Misa de las ocho de la noche sucedieron unas discusiones tremendas en plena celebración entre el padre Matías Padrosa, sacerdote paúl, un grupo de seglares afectos al mismo y otros seglares que le preguntaban por sus maneras arbitrarias de celebrar (…)

 Según nos dicen, los abusos de Vallvidrera y del padre Matías Pedrosa han sido paralizados. Pero, ¡en cuántos lugares siguen sucediendo iguales y peores. Más lo de Vallvidrera ha cesado gracias al celo e indignación de unos seglares que, esporádica e individualmente, coincidieron, casualmente, en una reacción; no por la energía del padre Miguel Piquer, entonces provincial, ni siquiera por la iniciativa, como debía, del Arzobispo de Barcelona, cuyo titular, Marcelo González, a raíz de la “Humanae vitae” estaba muy enfrascado en poner paliativos y distingos a la claridad de la doctrina infalible del memorable documento pontificio. ¿No le parece a “Ecclesia” que la deserción de la autoridad eclesiástica, también en la vida litúrgica, ha dispersado a muchos fieles de sus deberes religiosos y que el incumplimiento de los mismos debilita la voluntad de las muchedumbres cristianas y las precipita a la erotización y al culto de la carne? ¿No lo considera así “Ecclesia”?

 ***

Los escándalos siguen en cadena. Aquí se recuerda que, recientemente, un sacerdote de Barcelona, Juan Llopis, en el “Heraldo de Aragón”, se permitió unas declaraciones disolventes y de una manifiesta incapacidad mental, contra la moral española, el sacerdocio y la propia Iglesia. Recogemos sus propias palabras:

 Quizá sea fruto de la tradición. Nuestra moral, en efecto, es todavía muy legalista. Se aferra, cabezonamente, a lo que está bien y a lo que está prohibido, en lugar de sustituirla por una moral basada en el amor (…)”.

 Nosotros pensamos que el sacerdote de mañana será tan sólo un hombre más. El sacerdocio dejará de ser una profesión y se convertirá en un ministerio intraeclesial. Tendrá entonces, como hombre, una profesión con la que pueda ganarse la vida. Y al margen de esto practicará su propio ministerio (…) “

 “Me duele tener que confesar que, aunque fue instituida por Jesús para dar testimonio de Él, la Iglesia, por culpa de todos, se ha convertido más que en un instrumento, en obstáculo y pantalla. No hemos sabido descubrir el verdadero sentido de Cristo. Se ha fallado en lo fundamental. Desde muy antiguo no hemos sabido dar pruebas de un humanismo positivo. La Iglesia, entonces, se ha presentado como una institución más, desfigurando la persona del Señor”.

 Una aclaración que no aclaraba nada, del propio interesado, y una nota diplomática y modosa Arzobispado de Zaragoza (mons. Cantero Cuadrado), puntualizando que lo afirmado por Juan Llopis en “Heraldo de Aragón”, del pasado 14 de julio, no se ajustaba a las enseñanzas del magisterio eclesiástico y causaban confusión y desorientaciones en el pueblo fiel, no le han privado de que, semanalmente, continúe disparatando en la “Hoja Dominical” de Barcelona y disfrutando de sus cátedras y bicocas para continuar difundiendo sus conocidas teorías, clínicamente publicadas en dicho diario, como continuación de su carrera de ataques al Cardenal Parente como Legado Pontificio y a la misma Eucaristía en la revista “Phase”.

 ***

Planteamos a la consideración de “Ecclesia” el estrago que actitudes, encumbramientos y situaciones de privilegio en puestos oficiales de la Iglesia, como la Universidad Pontificia de Salamanca, la Facultad Teológica y la “Hoja Dominical” de Barcelona, en que está perfectamente ubicado Juan Llopis, no nos explican radicalmente la desmoralización creciente en los seminarios y entre los católicos y pueblo cristiano en general. Lo que viene a aumentar la relajación de las costumbres y la aceptación de la escalada en la perversión social. Aunque no seamos especialistas en la materia, débese recordar que el fundamento de la moral está en el dogma y en la dócil aceptación de la disciplina de la Iglesia. Cabalmente lo que Juan Llopis -y sus números imitadores- vienen destruyendo impunemente.

 Repetimos que “Ecclesia” tiene toda la razón de manifestar su repulsa al ambiente de pornografía, de drogas, de corrupción que no está asaltando.  Pero “Ecclesia” no puede ser ni parcial, ni sectaria ni corta de vista. El mal tiene un abanico de manifestaciones que exigen rectificaciones ineludibles en la misma Iglesia. (…) Porque el tema de la moral para los obispos debe ser más importante que el “cuento” teatral de venderse un palacio episcopal o la intromisión indebida en temas concretos de técnica política, por propia naturaleza reservados a la autoridad civil.

 Algo más grave que la misma pornografía son los culpables morales de la misma, los que permiten atacar la esencia del matrimonio cristiano, los que no defienden el patrimonio de la moral pública, los que toleran los arbitrismos litúrgicos, los que entronizan a los que pervierten las nociones más entrañables del dogma y de la verdad católica. (…) Que no se liquida con unos párrafos condenatorios. Hay que desenmascarar las consignas corrosivas y muy secretas que dimanan de ciertas alturas de las que “Ecclesia” debe tener información. En ellas hallará las trágicas claves eclesiásticas de la pornografía en España.

 Jaime TARRAGÓ


 Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970

 

domingo, 30 de agosto de 2026

Perspectiva de los Diez Mandamientos tras el Vaticano II

 Artículo de 1968

 LOS DIEZ MANDAMIENTOS  (PERSPECTIVA DE 1968)

 Si por las noticias que se han filtrado acerca del secreto de Fátima, una gran catástrofe se cierne sobre la Humanidad en la segunda mitad del siglo XX, ahora (1968) que ya llevamos transcurridos más de la tercera parte de dicho cincuentenario, y que estamos precisamente en un año que puede ser crucial, toda vez que la nación rectora del mundo occidental se ve sujeta a los avatares de unas elecciones presidenciales, creo que es bueno echar un vistazo a las perspectivas del año que acaba de empezar y que Dios quiera que lo veamos terminar sin que los nubarrones que nos rodean lleguen a estallar; antes al contrario, que lo veamos con un más claro horizonte.

 Veamos, pues, la situación como miembros de la Iglesia de Dios, como habitantes de este planeta y como ciudadanos españoles. En el primer supuesto, si, como dice San Ignacio, el hombre ha sido creado para alabar, reverenciar y servir a Dios y, mediante esto, salvar nuestra alma, nuestra conducta ha de estar guiada por las leyes de Jesucristo, o sea, del Nuevo Testamento, conservando del Antiguo solamente el Decálogo, ya que lo demás tuvo su cumplimiento precisamente con la venida de Cristo.

 Y la verdad es que la situación del catolicismo ante los diez mandamientos deja mucho que desear. En el primero, amar a Dios sobre todas las cosas, lo lógico es que ya que le tenemos presente en el Santísimo Sacramento, se manifieste este amor honrando dignamente su presencia en el Sagrario; pero eso era antes del Concilio. Ahora, unos vientos de fronda han perturbado muchas cabezas de las que ha desaparecido la señal del sacerdote, la tonsura, y así vemos con gran dolor la desaparición de muchos y muy bonitos altares, sustituidos por una mesa de centro, de los que el Sagrario ha desaparecido para que no se interfiera entre el celebrante y los fieles, mientras la Residencia de Dios es puesta en un altar secundario, empotrada en una pared lateral o bien oculta detrás de una imagen; todavía no la han suprimido del todo, pero ya falta muy poco para ello. Y la misma suerte ha corrido el símbolo divino de la Cruz, pues además de no haberse puesto de acuerdo acerca de si ha de estar de cara al pueblo o de cara al celebrante (problema insoluble), en unos sitios lo han suprimido. en otros han puesto la Cruz a un lado, en otros la han suspendido del techo y en algunos sigue figurando sobre el altar, pero en mini tamaño para que no estorbe la vista del sacerdote. No ya el amor, pero ni siquiera el respeto, se manifiesta en muchas iglesias

 Y si del primer mandamiento pasamos al segundo, los malos ejemplos continúan. Por dos veces se repite en la Misa: «Palabra de Dios», pero la verdadera palabra de Dios es el Evangelio, y ese ha sufrido un corte del 50 por 100, pues se ha suprimido el segundo Evangelio, e incluso cuando en una misma festividad coinciden dos fiestas señaladas, una de ellas se suprime por completo; pero, en cambio, se añaden antes del ofertorio unas plegarias a gusto del celebrante, que en algunas ocasiones resultan francamente tendenciosas, rozando temas de los que la Iglesia considera ajenos a sí misma, pues no son de su incumbencia temas económicos, sociales, ni políticos. Y si de la Iglesia salimos a la calle vemos que el nombre de Dios es puesto en cuarentena en su filiación y en su origen, pues a bombo y platillo en muchas librerías sedicientes católicas se exhiben obras de Teilhard de Chardin, Evely, y compañía, hablando del Universo, de la Naturaleza, del Cristo cósmico, etc., que ponen en tela de juicio la Divinidad manifiesta de la segunda persona de la Santísima Trinidad, sin que ninguna autoridad eclesiástica ponga orden en tanta confusión.

 Lo de santificar las fiestas también es un asunto que va de capa caída. Se llega al colmo de trasladar, con aprobación superior, fiestas de primera clase al domingo siguiente, para incrementar así los días laborables (caso Hispanoamérica), lo cual si se analiza bien es un absurdo económico, pero la economía está en manos judías y tienen mucha riqueza y muchos medios de propaganda para presentar las cosas en forma convincente para solapadamente contribuir a la descristianización del pueblo. Y en nuestro país, donde AUN no se ha descendido tanto, con el pretexto de «facilitar» la asistencia a la Iglesia, se adelanta la función a la víspera del día anterior, celebrando una o dos misas vespertinas, las cuales ciertamente se ven bastante concurridas, pero cabe preguntar: ¿Realmente, los asistentes a estas misas tienen verdadero impedimento para oírla el domingo, o es que desean estar más sueltos? ¿Ya tienen presente que el domingo hay que «santificarlo» y no aprovecharlo para otros fines?

 Eso de honrar padre y madre es también, gracias al Concilio, una antigualla mandada retirar de la circulación. El anuncio a bombo y platillos también de jubilaciones, dimisiones, y retiros nada menos que entre altas Jerarquías eclesiásticas, que en muchos casos vemos que están en plenitud de facultades, ha desencadenado una ola de euforia juvenil, que ya estaba muy elevada de temperatura, para que los padres y todas las personas mayores se retiren de la circulación y les dejen paso. El desprecio a la vida de los mayores es absoluto, hacen estorbo, y cuanto antes desaparezcan se considera mucho mejor, con lo cual nos vamos acercando a las costumbres de los caníbales. Vale la pena considerar, por parte de los inventores de las jubilaciones eclesiásticas, que de tener efectos retroactivos Juan XXIII no hubiese sido Papa y, por tanto, ni el Concilio estaría en marcha ni el diablo andaría suelto por el mundo.

 No hay quinto malo, por lo que eso de no matar debe ser bueno, y, efectivamente, no se predica el matar sin más ni más; pero así como en nuestro teatro clásico hay una obra titulada «Reinar después de morir», actualmente se representa con mucha abundancia un crimen nefando que lleva por título «Morir antes de nacer», y el lector ya sabe por dónde vamos. En la vida cotidiana, además, el respeto a la vida ajena brilla por su ausencia y las crónicas de sucesos llevan noticias a escala mundial que demuestran absoluta falta de conciencia imperante, pues los móviles que se indican no son de personas sensatas, sino desequilibradas, y si a esto añadimos las víctimas de una motorización muy rápida, pero sin ton ni son, las numerosas de las guerras que hay en circulación, y la frialdad con que la humanidad se encamina hacia un suicidio atómico, hay que pensar que este mandamiento ha caído también en desuso.

 El sexto, en cambio, es de rigurosa actualidad. Lo ha puesto «de moda» nada menos que un jesuíta, Teilhard de Chardin, precisamente un miembro de la Orden religiosa de disciplina más severa, el cual afirma que desde que ya mayorcito tuvo conocimiento práctico de «lo femenino», toda su actuación y todas sus actividades han sido orientadas en este sentido O sea, que sus elucubraciones sobre el Cristo cósmico y demás herejías han sido escritas pensando precisamente «en la fémina». Valiente desvergüenza, que en vez de cubrir con un piadoso silencio, sus hermanos en religión (no todos), parece que se esfuercen en propagar e imitar. Le hace pareja el escolapio Fullat, sosteniendo que la prostitución no tiene importancia ni es ninguna falta (?) y, por tanto, para estar «al día» y en «línea conciliar» hay que considerar cosa buena los placeres solitarios, y los colectivos en pareja, aunque sean de igual sexo, como se estila en países a imitar. Al noveno mandamiento, que puede considerarse como ampliación y concreción del sexto, se impone darlo también por «desfasado».

 El séptimo, y su continuación el décimo, aunque, son de claridad meridiana, se les da un sentido tan amplio que prácticamente han pasado a mejor vida. Eso de hurtar y codiciar los bienes ajenos es una cosa de países subdesarrollados; lo moderno es la gran empresa controlada, y si puede ser internacional mucho mejor, para así estar a salvo de contingencias, todo lo cual es perfectamente legal, aunque en muchos casos sea una confabulación protegida. La Orden de los Templarios, disuelta por Clemente V, no puede decirse en verdad que no tenga continuadores bajo otros nombres harto conocidos que, hoy por hoy, «cortan el bacalao»

 Y queda solamente por examinar el octavo, cuya interpretación es tan casuística que a pesar de lo que se escribe sobre los medios de información y comunicación, podemos decir en verdad que estamos completamente a oscuras de muchas cosas. No es que se mienta descaradamente, no, pero sí que la confabulación del silencio está a la orden del día y la sociedad Auto Bombo, Coba y compañía campa por sus respetos con vía libre. Esto no es propiamente mentir, pero es embaucar, que es peor, y en la práctica es embrutecer al pueblo, a la gran masa, no muy ilustrada por desgracia, y, por lo tanto, sin fuerza mental para discernir con criterio propio la bajeza de muchas propagandas ilustradas y auditivas basadas en el incienso y el cepillo, con la mira interesada de «situarse» de cara al futuro, para continuar en el mangoneo.

 Ante el olvido práctico de los Mandamientos Divinos, las perspectivas no pueden ser muy optimistas que digamos, acerca de lo que nos espera en el año que acabamos de empezar. Pero en otros Mandamientos tampoco estamos mejor situados, cosa que D. m. seguiremos considerando…

 Armando de la Rosa


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

Centrismo eclesiástico

 Artículo de 1970 

 CENTRISMO ECLESIÁSTICO

 Uno es ingenuo. Uno cree que la verdad puede estar en un lado o en otro, pero que no se la sirve por el cómodo expediente de adoptar una postura “centrista”: el “justo medio” no es justo cuando se sitúa entre la verdad y el error. Si dentro de las posturas humanas la verdad estuviera en un extremo, sólo se la sirve poniéndose en ese extremo, sea el que fuere. No hay que temer ser llamado extremista sino servir al error. No son los adjetivos los que deben preocuparnos sino la verdad. Al buscar la verdad podemos equivocarnos, pero será contra nuestra voluntad. Cuando no tenemos excusa es cuando transigimos, a sabiendas, con el error, por adoptar una postura intermedia que nos haga parecer tolerantes y comprensivos, hombres de nuestro tiempo.

 Sin embargo, se observa, en algunos estamentos eclesiásticos, la tendencia al “centrismo”, con independencia de la verdad. Y no sólo en cuestiones políticas o sociales sino, lo que es más grave, bajo el punto de vista religioso, en cuestiones doctrinales y dogmáticas. Se ha establecido la teoría de que, en la Iglesia, existen dos extremos, uno conservador y otro progresista y se sostiene que la verdad está en el justo medio, sin buscar si no se encuentra en alguno de los extremos. Además, la inclinación de ese “centro” hacia la izquierda, es visible.

 El paralelismo entre esta situación en la Iglesia y lo que ocurre en la política italiana (1970) es tan evidente que extraña que no haya sido comentada. El “centro-izquierda” de Italia, creado con la excusa de aislar al comunismo, es cada vez más “izquierda” y menos “centro”. En cuanto al aislamiento de los comunistas, se ha llegado ya a la formación de juntas “frentepopulistas” entre socialistas y comunistas para el gobierno de algunas regiones, a pesar de que los primeros pertenecen al gobierno formado para “aislar” al comunismo. El deslizamiento de ciertos medios eclesiásticos hacia el progresismo en religión, es similar al que sufren hacia la izquierda en política. No se olvide que ha sido un partido de origen clerical (la Democracia Cristiana) el que ha hecho posible el proceso en Italia.

 Los unos y los otros

 El “centrismo” eclesiástico parece preocupado únicamente de no ser calificado de “reaccionario” o de “conservador”. Por ello, cuando la Jerarquía tiene que censurar (condenar ya no se estila) algún exceso progresista, procura compensarlo con un palo al otro sector, venga o no a cuento. Los católicos tradicionalistas se están convirtiendo así en una sufrida coartada para cierta Jerarquía. Basta censurarlos para fabricarse un prestigio de “avanzado” o, al menos, de centrista, quien carece de otros méritos.

 Veamos un ejemplo reciente (1970). El Consejo permanente del Episcopado francés hizo, en el mes de junio, una declaración sobre el tema “Renovación y crecimiento de la Iglesia”. En su preámbulo se decía: “Mientras que algunos se impacientan o se desaniman ante la lentitud de la evolución que ellos quisieran más rápida, otros se endurecen ante toda búsqueda. Algunos, en fin, sienten la tentación de realizar gestos de ruptura con la Iglesia, queriendo darles un sentido “profético”. Por su propia cuenta, algunos buscan un empleo de trabajadores, toman responsabilidades sindicales o políticas e incluso se consideran desligados de su compromiso con el celibato. A veces lo hacen colectivamente, en el seno de grupos que discuten la autoridad de la Jerarquía”.

 La gravedad de las acusaciones concretas que en el anterior párrafo se hacen, pese a la “centrista” mención a quienes “se endurecen ante toda búsqueda” es claro que se refiere a los grupos contestatarios del progresismo. A pesar de ello, el Consejo Episcopal, al enviar la declaración a los obispos de Francia se ha considerado obligado a aclarar que en ella deben sentirse apuntados “igual los grupos de extrema derecha que “Echanges et Dialogue”, igual el progresista padre Cardonnel o los “Hermanos del Mundo” que el “abbé de Nantes” o el P. Coache (tradicionalistas). Tras redactar esta declaración, los autores debieron sacudirse las manos satisfechos: todos iguales nadie podrá acusarlos de anti progresismo

 Los tibios

 Pero la réplica, y bastante airada, ha salido de donde menos podían esperarlo los obispos franceses, que tanto cuidan su prestigio de avanzados y modernos. No han sido sacerdotes tradicionalistas, tan injustamente mezclados con quienes, según los obispos, abandonan su ministerio y se mundanizan hasta el punto de abandonar colectivamente el celibato. Ha sido el propio padre Cardonnel, dominico nominalmente citado en la declaración episcopal y coautor de “Dios ha muerto en Jesucristo”, quien, en una réplica publicada en “Le Monde”, afirma que es contraria al Evangelio la adopción de una postura centrista por los obispos: “La situación me parece alarmante, añade, porque Cristo, del que todos nosotros nos proclamamos fieles, vomita a los tibios. En el Apocalipsis lo dice como reproche mayor a las Iglesias. (…) Así, pues, yo me niego como discípulo de Cristo, a ver en la Iglesia un justo medio  (…)  que no es siempre el justo medio.

 Si los anteriores reproches son ambivalentes y pueden hacerse igual desde la derecha que desde la izquierda, ello no justifica que tales posturas puedan ser confundidas, sino que cada una ha de ser juzgada por sus propios valores. Que es precisamente lo que no hace el centrismo de los tibios. (…)

 Juan NUEVO


Revista FUERZA NUEVA, nº 191, 5-Sep-1970

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Subversión universitaria por inhibición de Iglesia y tradicionalismo

 Artículo de 1968

 Esperamos que monseñor Romero de Lema, obispo de la Universidad, oriente al país sobre los problemas universitarios.—Es hora de que el "Tradicionalismo" explique la desviación de las AA. EE. TT. De literatura comunista y de periodismo clerical

 Continúa la subversión en la Universidad. Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Oviedo, Valencia van conociendo asambleas ilegales, disturbios y actos de vandalismo, como el del grupo de estudiantes que en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid arrojaron bancos, sillas, botellas, piedras y el crucifijo que presidía el aula 217. Venimos repitiendo desde hace semanas que los sucesos universitarios no responden a problemas académicos, sino a una ofensiva política contra el Estado y contra el régimen, bajo típica confabulación masónico-marxista. Volvemos a repetir que desde hace años se ha permitido la descarada entrada de elementos subversivos que han intoxicado nuestra juventud universitaria. Antes que los disturbios en la calle, nos parecen más graves las líneas ideológicas, las actitudes profesorales y la resurrección de la heterodoxia antirreligiosa y las momias del liberalismo y del criptocomunismo.

 Que el comunismo busca y consigue esto ya lo decía Pío XI en su encíclica «Divini Redemptoris»: «Los pregoneros del comunismo saben también aprovecharse de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de diversos sistemas políticos, y hasta de la desorientación en el campo de las ciencias sin Dios, para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.»

 No queremos silenciar que el progresismo de muchos sacerdotes y sedicentes movimientos católicos ha contribuido al caos universitario. Queremos recordar que la Santa Sede nombró a monseñor don Maximino Romero de Lema obispo de la Universidad. Hace unos años, en un lejano 21 de febrero, «Le Monde» publicaba esta noticia: «Esta conferencia -se refería a la que había tenido lugar en la Universidad y fue origen de la primera huelga universitaria—ha sido pronunciada con autorización expresa de monseñor Maximino Romero, obispo auxiliar de Madrid, encargado de la enseñanza religiosa». Será bueno recordar que el malogrado cardenal Riberi pronunció en la consagración de don Maximino estas palabras: «A ti, querido hermano, quiere la sagrada y solícita Iglesia de España confiarte de modo especial el cuidado del mundo intelectual de tu Patria; ella bien sabe que el apostolado en el mundo intelectual es uno de los grandes problemas que la Iglesia tiene hoy día planteados en todos los pueblos. Por fortuna, en la actualidad la legislación española en orden a la formación religiosa en los centros de enseñanza ofrece muchas y buenas posibilidades.»

 Mientras tanto, se repiten los disturbios, absurdos e injustificables; se ha destruido al S. E. U., al que después de la Cruzada una disposición oficial unificó al mismo a la A. E. T. (Agrupación Escolar Tradicionalista); la única politización de la Universidad es actualmente de signo marxista, y entre otros interrogantes, los padres de familia nos preguntamos: ¿No tiene nada que decir don Maximino Romero de Lema, como obispo de la Universidad española, ante sucesos que simbólicamente terminan echando por las ventanas el crucifijo de las aulas?

 Nosotros reafirmamos nuestro voto de una acción política contundente y seria dentro de la Universidad, limpiando las fuentes de intoxicación doctrinal en primer lugar. El autorizado J. Boor (seudónimo de F. Franco), en su libro Masonería, dice: «En esta acción de filtración masónica no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que, cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos, son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta.»

Luego, a los que actúan en ese terreno desde el plan ideológico o desde la agitación callejera, se impone la depuración más severa y una acción policíaca que decisivamente termine, al precio que sea, lo que viene sucediendo en las universidades de España.

 CIERTO «TRADICIONALISMO» Y LOS SUCESOS DE LA UNIVERSIDAD

 En esta hora en que hay que pedir responsabilidades en serio ante los sucesos de la Universidad, debemos señalar que el confusionismo se ha disparado desde diversas plataformas, además de las que en otras crónicas y en ésta venimos enumerando. Con bochorno recordamos palabras que fueron dichas en el «Aplec» de Montserrat el día 30 de mayo de 1965. Allí habló Víctor Pere Alonso como delegado de las AA. EE. TT., pronunciando palabras tan disonantes al pensamiento tradicionalista y al realismo político de la hora presente, como las siguientes: «Si algo necesitamos con urgencia es el vivir en demócratas. Por ello nos disgusta no sólo la llamada Comisaría del S. E. U., que, por mantener el partido único en las estructuras universitarias, no responde a las exigencias de profesionalidad y apoliticismo...»

 A estas alturas queda patente la desviación a la doctrina tradicionalista que suponían, ya en 1965 estas palabras. Nos parece muy bien hablar de la profesionalidad en la vida universitaria. Pero Víctor Pere Alonso, en nombre de la A. E. T., ¿podía esperar espíritu profesional y APOLITICISMO del Sindicato Democrático de Estudiantes, en el que debía caer fatalmente la Universidad al suprimir el S. E. U.? Por esto, a estas alturas (1968), un ilustre carlista ha podido dirigirse a don Javier de Borbón Parma, en fecha del 30 de noviembre pasado, para decirle: «La A. E. T. anda bastante indisciplinada e ineficaz, con desconocimiento de nuestra doctrina.»

 Lo que la A. E. T. debía haber pedido era la eliminación de la heterodoxia religiosa y patriótica de la Universidad, que el S. E. U.—al que estaba incorporada la A. E. T-., como ya hemos dicho anteriormente—hubiera educado intelectualmente al servicio de Dios y de la Patria a las juventudes universitarias; que la Universidad fuera regulada en el sentido que propugna la doctrina tradicionalista; que el peligro marxista fuera eliminado totalmente y desde raíz.

 Como dice Sebastián Contin en «Amanecer», de Zaragoza: «Hoy, actualmente, la Universidad española, en su confusión, es un maremágnum en el que aparecen todos los días las ideologías más peligrosas. No se respetan ni la religión, ni la Patria, ni las personas». ¿No dice esto nada a don José María Valiente y a los directivos del tradicionalismo español en su ausencia entre las juventudes universitarias y en el confusionismo que en actos tan resonantes como el «Aplec» de Montserrat sembró el citado orador “aetista” en dicho acto de 1965? También nos gustaría que la Comunión Tradicionalista formulase una inequívoca declaración pública ante la actual situación universitaria.

 Esto también explica lo de la Universidad

 Edición de Materiales, de Barcelona, acaba de editar «CARTAS SOBRE EL CAPITAL», de K. Marx y F. Engels. Nos dicen que en la Argentina se prohíben ciertas obras editadas en España de propaganda comunista. Ahora se edita este libro de los fautores del comunismo. Nuestra prensa les hace propaganda gratuita. Esteban Doltra, en «Hoja del Lunes» del 15 de enero pasado, dice: «Marx, sobre todo, es un intelectual más que un revolucionario.» Nos abruma que un periodista demuestre tanta cultura… Lo que afirmamos es que libros como éste TAMBIEN explican lo que pasa en la Universidad.

 A. RECASENS SALVAT

 

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968


domingo, 9 de agosto de 2026

Reflexión teológica sobre los tesoros de la Iglesia

 Artículo de 1968

 REFLEXIONES TEOLÓGICAS SOBRE LOS TESOROS DE LA IGLESIA

 La panacea universal

 Una vez más nos salen a relucir las joyas del Pilar. Una vez más airean sus vistosos perfiles. Una vez más esclarecen sus facetas a la luz del sol, de la fama y de la propaganda Despojada de ellas la Virgen en épocas azarosas, volvió a reponerse con creces. Sirvieron de alivio en trances críticos de la Patria. Contribuyeron a la reconstrucción y restauración del templo basilical. Han polarizado las atenciones siempre que una deuda gigantescase ha cernido sobre la diócesis. Concretamente, el año 1958, conocasión de la campaña de templos suburbiales, se pensó en ellas. Pero casi siempre se respetaron por motivos laudabilísimos, fáciles de comprender. Ahora se invocan como coco y panacea desolución en torno a la necesidad escolar y cultural de Zaragoza...

 ¡Qué maravillosa es la Virgen del Pilar y qué inmensos sustítulos evocados en todas las ocasiones! ¡Las obras del Pilar, indefinidas y eternas! ¡Los mantos del Pilar, innumerables y valiosos! ¡Las banderas del Pilar, envidiadas y emuladoras! ¡Las prerrogativas hispánicas del Pilar, apetecidas y rivales! ¡Las joyas del Pilar, llevadas y traídas como panacea universal..

 Punto de vista pobre y ridículo

 ¡Todo ello está muy bien y nos place por lo emotivo, sentimental, singular y rumboso! Cómo nos agradan los atributos de Dios, infinitos y eternos; cómo nos hechizan las característicasde Jesucristo, por bondadosas y humanas; como nos cautivan lasnotas de la Iglesia, por intensas y satisfactorias.

 Pero... con ser indefinido, y grandioso, y halagador cuanto serefiere a la Virgen del Pilar —y en este caso a su tesoro y joyero—, nos parece el punto de vista un tanto pobre, enteco, parcialísimo, miope y hasta ridículo...

 ¡Vender las joyas de la Virgen —como se pretende— para construir unas escuelas que en pago pueden llevar su nombre...! Tratar de remediar la incultura de Zaragoza a base del tesoro de la Virgen del Pilar...I ¡Acabar con el chabolismo, el hambre y la miseria de la ciudad del Ebro a costa de los exvotos ofrecidos a la Virgen...!

 Pero… ¿es que en el mundo no interesan más que los niños escolares de Zaragoza...? ¿Es que sólo faltan escuelas en la ciudad del Pilar...? ¿Es que sólo subsiste el chabolismo en las márgenes del Ebro…?

 ¿Un gran lote universal?

 Se nos dice – y estamos convencidos de ello— que vivimos en la época de la Iglesia, que somos Iglesia o, lo que es igual, gozamos de atributos económicos, universales, internacionales. De ahí las grandes organizaciones a nivel mundial, a escala geográfica universal, a ritmo de Humanidad.

 Domingo Mundial de la Fe, Caritas Internacional, Cruz Roja Internacional, Mercados Comunes europeos, americanos. Todo es y todo debe ser universal.

 Por eso en vez de pensar exclusivamente en el Pilar, ¿no estaríamejor hacer un gran lote universal, entresacando de todos lostesoros eclesiásticos, católicos y cristianos las joyas anticuadas, estériles, inservibles y... hasta inmorales?

 Comenzando por Roma —la ciudad universal por excelencia, Sede y Cabeza de la Iglesia—, ¿por qué no limpiar sus museos, los amplísimos museos vaticanos de cuanto propio e indigno existe y se amontona en ellos...?

 Los museos vaticanos

 Es curioso el fenómeno: los devotos peregrinos llegan a la Ciudad del Papa y, como empujados por incontenible corriente, visitan los museos vaticanos. Contemplan estatuas y más estatuas, figuras y más figuras, objetos y más objetos en completo desnudismo. Las hay exentas de extremidades superiores o inferiores, pero de órganos sexuales..., ¡ninguna!

 Es de ver el espectáculo de pobres monjas, de recoletos frailes, de devotos fieles sumergidos en el ambiente más escandaloso de su vida… ¡Qué lote de venta más comercial realizado en nombre de la honestidad, de la justicia, de la necesidad cristiana...! Digamos lo mismo de otros objetos valiosos en similares museos.

 ¡Qué ejemplo tan hermoso el del Papa iniciando este proyecto al regalar su tiara y ponerla a la venta! ¿Pero cuántas y cuántas tiaras se conservarán de Papas anteriores? Obispos abnegadísimos que cedieron sus anillos con los mismos fines benéficos. ¿Pero y cuántos anillos, báculos y mitras no se guardan aún con miras puramente sentimentales? ¿Y los que se diluyen por torrentes profanos…?

 Permítasenos una anécdota. Al morir el cardenal Tedeschini se hicieron gestiones para que su hermoso pectoral —en el que se incrustaba una bella imagen de la Virgen del Pilar— fuese a engrosar el atrayente joyero de Zaragoza, incluso pagándolo cortésmente. A ello se contestó por delegados de Roma: «¡En eso están pensando sus sobrinos y herederos, en ceder el pectoral de su tío el cardenal…!»

 Otros lugares

 ¡Y tantos lugares del mundo cristiano que también podrían dar ejemplo! En la Iglesia del Gesú, de la misma Ciudad Eterna, destaca la famosísima capilla de San Ignacio, reputada por la más rica y magnífica del mundo.

 Nada digamos de tantos palacios reales sin habitar por falta de dueños adecuados, de tantas casas palaciegas, de tantos edificios grandiosos pero en estado de declive y ruina.

 Más aún: con todo el material artístico y religioso sobrante en nuestras catedrales, colegiatas y parroquias podían ornamentarse las nuevas iglesias construidas en todo el mundo. Magnífica distribución que enaltecería las casas de Dios sin cambiar de amo.

 Cuidado con la hipocresía

 Tales son nuestras ideas en punto a joyas y tesoros de la Iglesia. Jamás tan adecuadas como ahora, porque el mundo, la mayoría de las naciones, entran por cauces de prosperidad y de lujo exorbitantes. Si en siglos pasados destacó la iglesia monumental entre casas de adobes, era porque se ofrecía lo más y lo mejor a Dios.

 Hoy sucede lo contrario. Se levantan al cielo las chimeneas, los rascacielos, las torres y empíreos. Hasta las catedrales se quedan pequeñas. Ahí está San Patricio de Nueva York, como una vieja acurrucada sobre sí misma. Los edificios circundantes la repasan y achican.

 Tengamos cuidado. El mundo entra por vías grandes. No caigamos en la hipocresía de aparentar ser pobres y pequeños. Queno lo somos. Nuestros atuendos, vehículos, viajes, nos acusan de fuertes.

 No reduzcamos a Dios a la bajeza de catacumba, mientras queramos ser caballeros del siglo XX.

 Santiago DEL PILAR


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

sábado, 1 de agosto de 2026

¿Precisamente las joyas del Pilar?

 Artículo de 1968

 ¿PRECISAMENTE LAS JOYAS DEL PILAR?

 Por Rafael Gil Serrano

 El despojo de la tradición

 Por una gracia especial de Dios, tuvimos la dicha de celebrar por vez primera en Zaragoza—Columna sobrenatural de la HISPANIDAD—, el día 2 de enero del nuevo año 1968, la festividad de la VENIDA DE LA VIRGEN EN CARNE MORTAL a esta tierra hispana.

 Naturalmente, el despojo que de esta tradición se ha hecho en el oficio divino del día 12 de octubre—donde se ha suprimido de raíz toda ella—sigue lacerando nuestro corazón porque nada o casi nada—que sepamos—ha comenzado a realizarse para devolver al Pueblo de Dios—que también el Pueblo Hispánico; todos los pueblos hispánicos son Pueblo de Dios—lo que es suyo.

 Otro despojo

 Y no es eso sólo, sino que hemos tenido el dolor de comprobar in situ—sobre el terreno—otro despojo antipilárico: y es que la festividad de la VENIDA DE LA VIRGEN con misa y oficio del día 12 de octubre, que venía celebrándose el 2 de enero como fiesta local en Zaragoza, ¡TAMBIEN HA SIDO SUPRIMIDA DEL CALENDARIO LITURGICO!...

 Sin embargo, la inmensa mayoría de los fieles amantes de Nuestra Señora en su advocación del Pilar que llenaba el grandioso Templo de la Raza hispánica y asistía a los solemnes cultos religiosos, jamás podía sospechar una supresión litúrgica tan radical.

 ¿Un tercer despojo?

 Por último, hay un tercer despojo en perspectiva, cuya intención nos aumenta la amargura en el corazón. Se trata de que—no sabemos por quién—se ha suscitado públicamente una polémica en torno a la venta de las joyas del Pilar para hacer escuelas donde recoger a varios miles de niños zaragozanos, los cuales, por lo visto, carecen de ellas.

 Del mal, el menos

Y... ¡menos mal que se les ha ocurrido eso! Porque muy bien podían haber pedido que el producto de la venta de dichas joyas fuese a parar a «todas las comunidades que no tienen en la Tierra dónde reunirse, para que Dios les reserve una morada en el Reino de los Cielos». Al fin y al cabo, esta idea es anterior a aquélla, puesto que constituye parte integrante de la Oración de los fieles inserta en el número 49 de la revista «Eucaristía», de Zaragoza, correspondiente al domingo día 16 de julio de 1967.

 Ello quiere decir que dicho domingo se pidió en todos los templos que siguen las orientaciones litúrgicas de «Eucaristía» por unas «comunidades», tan raras, «que no tienen en la Tierra lugar donde reunirse, y necesitan para cumplir sus fines temporales «que Dios les reserve (¿para antes o para después de la Resurrección?) una Morada en el Reino de los Cielos»... Lo cual no deja de ser una ventaja el que nadie se acuerde de resolverles el problema de la vivienda a expensas de las joyas piláricas, pues, en este caso, ¿para qué iban a necesitar la morada en el Reino de los Cielos?

 Un texto interesante

 De todos modos, es muy significativo que haya salido a la palestra el jesuita padre Ignacio Elizalde para emitir su opinión, no precisamente como un donante de alguna de las joyas, ni siquiera como un ciudadano cualquiera, sino como «director de la revista Hechos y dichos, por si alguien lo ignoraba. Y para que los lectores adquieran una ligera idea del problema, he aquí algunos párrafos el padre Elizalde:

 «La mentalidad social de la Iglesia va invadiendo los distintos sectores. El Papa se desprendió de su tiara. Muchos obispos, de sus anillos pastorales. Todo en favor de los pobres. ¿No habría llegado la hora de aplicar esta doctrina social de la Iglesia a parte del tesoro del Pilar? También en Zaragoza existe el chabolismo y la miseria. También en Zaragoza hay cerca de catorce mil niños sin escuela, los cuales no pueden recibir ninguna instrucción. Este último es un problema pavoroso que más de una vez se ha agitado en la prensa. Catorce mil niños que van a quedar inutilizados, mancos y ciegos culturalmente; que van a encontrar las puertas de su porvenir cerradas porque nadie les ha dado esa preparación a la que tienen derecho.

 »El fin no pue ser más honesto y cristiano, al mismo tiempo que más del agrado de la Virgen. Sería un mimo para sus hijos predilectos, que son los pobres. Esas escuelas podrían llevar la advocación del Pilar, como fruto fecundo y perenne de los devotos de la Virgen que le regalaron sus joyas, y que la Virgen las regala de nuevo a sus hijos. Nos consta que la curia arzobispal y el arzobispo verían con buenos ojos esta iniciativa y estarían dispuestos a secundarla.

 »San Ignacio de Loyola recomendaba a los superiores que fundieran los cálices de oro, si esto era necesario, para atender a los enfermos».

 ¿Fariseísmo a gran escala?

 Nosotros, que por vivir en Madrid desconocemos lo que normalmente pasa en Zaragoza, pudimos enterarnos durante nuestra breve estancia en la ciudad del Pilar de algunas cosas que por allí se dicen, las cuales, de ser ciertas, pondrían al descubierto una operación de fariseísmo a gran escala, ya que se propugna una venta que, de llevarse a efecto, constituiría un verdadero expolio, pues los partidarios de la misma tienen en su mano la solución del problema.

 Efectivamente. el padre Elizalde, S.J., se pone a especular con unas joyas que no son suyas. En cambio, NADA DICE DE ALGO QUE ES MUY SUYO, es decir, de la Compañía a que él y todos los superiores que le apoyan a respaldan pertenecen. Además, ni siquiera tienen que molestarse en fundir ningún cáliz de oro, como aconsejaba su Fundador, San Ignacio de Loyola, puesto que disponen -o van a disponer- de una millonada de pesetas, producto de la venta del soberbio edificio que tienen en Zaragoza.

 Como se ve, la maniobra farisaica parece estar bien clara, pues tener en su mano la solución de un problema de enseñanza -problema específico de la Compañía de Jesús- y querer cargar el mochuelo al tesoro del Pilar-cuya finalidad especifica no es esa-, es algo que hace falta estar ciego para no verlo.

 Implicación de la curia y del arzobispo

 Y no se para ahí el padre Elizalde, sino que implica a la curia arzobispal y al arzobispo de Zaragoza, achacándoles que «verían con buenos ojos esta iniciativa (la venta de las joyas) y estarían dispuestos a secundarla». De esta manera, el padre Elizalde pretende quizá desviar la atención de las gentes que piensan en la venta del edificio de la Compañía, orientándola hacia alguna venta que tenga o pueda tener en perspectiva el arzobispo para atender a las necesidades más perentorias y urgentes propias y específicas de la archidiócesis.

 Lo que debe hacer el director de «Hechos y Dichos» es dejarse de hipocresías y dar testimonio conciliar verdadero. ¿Cómo? Haciendo efectiva la Iglesia de los pobres, es decir, desprendiéndose de todos los bienes que tienen en Zaragoza para ayudar a solucionar el problema de la enseñanza, del chabolismo y de la miseria, y arrastrar así a otros cristianos que también acostumbran a predicar, pero... sin dar ni un grano de trigo.

 Los amantes de la Virgen

 Los verdaderos amantes de la Virgen del Pilar, los que creen en la Tradición de su venida, también tienen razones muy poderosas para repudiar la venta del tesoro pilárico, cuyo valor espiritual llega hasta el cielo, mientras que su valor material jamás podrá alcanzarlo, aun cuando aquél estuviera formado por todas las joyas del mundo.

 Pues bien: todas esas razones pueden sintetizarse en la copla del bilbilitano don Juan José Gil, que un corresponsal de Calatayud transmitió a su periódico de Zaragoza:

 «El joyero de la Virgen,

para todo aragonés

es una cosa sagrada

y no se puede vender»


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

domingo, 26 de julio de 2026

Incesante subversión en la Iglesia (2)

 Artículo de 1968

 De la Iglesia, del mundo, del mando...

Los católicos ajenos al progresismo están cada día más estupefactos. Es notorio que ni en el mismo Sínodo fueron aprobadas las propuestas litúrgicas presentadas por los «reformistas». No alcanzaron la mayoría necesaria para que significase la necesaria aprobación sinodal que requería las dos terceras partes de los votos. Así fue con la votación de las estructuras básicas de la «misa normativa», sobre la introducción de tres lecturas en la misa. Con frecuencia se desaconsejaban «simplificaciones» demasiado amplias. De todos los continentes se oían quejas de los excesivos experimentos.

 Pero el «Pueblo de Dios» no cuenta si los votos no son para los «demócratas». El método es viejo. Y la forma de prescindir de las opiniones mayoritarias es harto conocida.

 En discrepancia con la «democracia sinodal» de los «Pastores del Pueblo de Dios» hubo una mesa redonda organizada por la progresista ID0C romana—cuya mayoría de asistentes fueron benedictinos muy favorables a la más acentuada reforma litúrgica—, en la que se puso de manifiesto la discrepancia con numerosos Padres Sinodales, y la amplitud y envergadura del esfuerzo reformador actual, así como también las disensiones que el permanente reformismo litúrgico produce entre los católicos.

 Si la reforma litúrgica no ha sido aceptada—tal como fue presentada—por el Sínodo, ¿cómo el Secretario de Estado, en carta al Cardenal Lercaro, le asegura que la reforma irá adelante en el sentido en que él la ha enfocado?

 Los fieles católicos están asombrados, consternados, porque no comprenden cómo es posible que no se respete la opinión de los Padres Sinodales, ni la Constitución Litúrgica, ni las instrucciones posteriores que han hecho polvo a dicha Constitución aprobada por el Concilio Vaticano II, ni se vislumbre permanencia en ninguna resolución adoptada en materia litúrgica. Parece como si la carcoma de la anarquía hubiese penetrado en el «rito latino» que ha desterrado el latín. Al pueblo se le exige acatamiento intimándole a obedecer al Papa, y al Papa se le dice que el pueblo la ha aceptado. Eso es «demócrata».

 ¿Cómo se atribuye la dimisión de un Cardenal (Ottaviani) a su ceguera, cuando ésta se citaba ya en dos conclaves como impedimento para su elección al Sumo Pontificado?

 Los católicos están francamente estupefactos. Se les dice que son adultos, y nunca habían sido tratados como párvulos hasta que apareció el slogan de la adultez de los seglares, ¡¡descubierta en el Vaticano II!!

 No comprenden cómo es posible que si los Cardenales habían presentado otra dimisión posterior a la presentada y rechazada hace más de un año, a uno de ellos—concretamente al eminentísimo Cardenal Arcadio Larraona—, en carta del Secretario de Estado (insertada en el «Osservatore Romano» del 19 de enero de 1968), se le diga que sus proyectos de reestructura de su Congregación no se aceptan. ¿Cómo es que una persona que desea dimitir se ocupa en reorganizar el Sagrado Dicasterio del cual es Prefecto?

 Tampoco han comprendido mis amigos cómo es posible que a un Cardenal que dimite de su cargo—por edad—se le ocupe en varios otros. ¿No será porque no es jubilado? ¿Y cómo es que en su lugar se nombra a un hombre enfermo desde hace años,como es el caso del Cardenal Benno Gut?

 ¿Cómo es que el Papa felicita a algunos Cardenales, al quitarles el cargo, por su extraordinaria doctrina, cuando va colocando en comisiones clave a otros que han dicho públicamente verdaderas herejías, y uno de ellos ha llegado a decir en público que la Ascensión de Nuestro Señor no ha tenido lugar? Porque eso se comenta entre los «integristas» de cierta alta personalidad, y nadie lo ha desmentido.

 También se preguntan los católicos ajenos a toda actitud y doctrina progresista cómo es posible que en su audiencia del 12 de enero de 1966 haya afirmado Pablo VI que las normas conciliares son la continuación del Magisterio Pontificio, y, por ejemplo, la Constitución Litúrgica recogía las normas dadas por Pío XII al Movimiento litúrgico, pero luego las Instrucciones posteriores deshacen la Constitución. Y por si esto aún fuera poco, el Secretario de Estado asegura ahora al Cardenal Lercaro que las reformas litúrgicas seguirán adelante en la dirección que tal Cardenal les ha imprimido. Esto, los católicos de fe íntegra no lo acaban de comprender.

 Una publicación de mucha categoría, integrista, especializada en materia litúrgica, titulada «Capella Sixtina», que se editaba en Italia y tenía amplia difusión en Francia, ha dejado de publicarse. En su número del pasado diciembre anunció que era el último ejemplar y que ya no aparecería en lo sucesivo. No daba cuenta de los motivos de dicha suspensión ni los ha dado ninguna otra publicación. ¿Es por causa del nuevo giro que puede tomar el tema litúrgico? Eso se comenta, y tal como lo he captado lo transcribo.

 A. ROIG


  Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

domingo, 5 de julio de 2026

La Iglesia, la Masonería y el César

 Artículo de 1968

 LA IGLESIA, LA MASONERÍA Y EL CÉSAR

 

La Conferencia (Episcopal) ha decidido que cada obispo local “pueda permitir a los miembros de la orden de los masones libres, que deseen hacerse católicos, ser recibidos en la IGLESIA sin que tengan que renunciar por esto a su calidad de miembros activos de la orden” (Del padre Arias, crónica de "Pueblo", 27-1-1968

 Los contactos entre eclesiásticos franceses y masones conspicuos, que el lector encontrará reseñados en el libro de Pierre Virion, «La Iglesia y la masonería» (Editorial Acervo. Barcelona), no se interrumpieron después del Concilio, a pesar del fracaso que en él tuvo la propuesta del obispo de Cuernavaca, Méndez Arceo, de formular una base oficial de acercamiento. Han continuado con otras maneras en distintos lugares. Nos informaron de ello desde París, y por eso publicamos en el número de 12-VIII-67 de esta revista, un artículo titulado: «¿Qué

hacemos con la Masonería?» En él, apoyándonos en un libro reciente (1954) del cardenal Caro, primado de Chile, titulado «El misterio de la Masonería», sosteníamos la hipótesis de que la secta, que reúne elementos suficientes para poder presentarse como una religión más, intentaría explotar esta circunstancia para recabar para sí la libertad formulada en la ley de la libertad de cultos.

 Hoy (1968) tenemos a la vista el final de una etapa previa de ese plan que corona públicamente una intensa labor subterránea. He aquí la noticia sensacional:

 «La Conferencia Episcopal de los países nórdicos ha autorizado a los masones que se convierten al catolicismo a que sigan siendo miembros activos de sus logias. La decisión, que tiene un carácter local, ha sido expresamente aprobada por la Congregación para la Doctrina de la Fe. La iniciativa ha sido adoptada por los obispos de Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia y Finlandia, en una reunión celebrada en Estocolmo. La Conferencia ha decidido que cada obispo «puede permitir a los miembros de la orden de los libres masones que deseen hacerse católicos ser recibidos en la Iglesia sin renunciar por esto a su calidad de miembros activos de la orden de los libres masones». Esta decisión ha sido anunciada en el boletín diocesano de Oslo.»

 «La Masonería en los países escandinavos es semejante a la de los países anglosajones: tendencia deísta con cierto carácter religioso sincretista y un simbolismo de origen bíblico y cristiano. La logia, fundada en 1735 en Estocolmo, se mantiene neutral en cuestiones religiosas y políticas y está íntimamente relacionada con la masonería del Reino Unido, y con las logias americanas de origen inglés.»

 La Masonería fue condenada por la Iglesia en 1738, siendo Papa Clemente XII, autor de la Carta Apostólica «In eminenti apostolatus specula». Los Papas confirmaron desde entonces la condena por medio de siete sucesivos documentos pontificios, el último de los cuales es de León XIII; se titula «Humanum Genus» y está enteramente dedicado a la Masonería.» («Ya» 27-1-1968.)

 Apenas aceptada la «dimisión» del cardenal Ottaviani, éste es el primer fruto con que nos obsequia la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿Habrá habido alguna relación entre los dos asuntos? El carácter universal de la jurisdicción de este organismo que ha concedido su «expresa aprobación», nos pone en guardia, porque en el mejor de los casos no incurrirá en la contradicción de censurar ni atajar los contactos entre progresistas y masones en otras partes del mundo; y en el peor, extenderá ese criterio explicito y público de compatibilidad a otras áreas. 

 Mucho tememos que sea esto último lo que se intente, porque si no, el enorme escándalo y desorientación que padece hoy toda la cristiandad con esta noticia no quedaría compensado, ni remotamente, con la sola facilitación de la conversión, muy relativa, de unos pocos masones nórdicos. Los cinco países afectados sumaban en 1960 veinte millones de habitantes, heterogéneos y muy diseminados. De ellos, ¿cuántos serán masones en trance de conversión?

 La noticia del «Ya» reafirma la relación de la Masonería escandinava con la inglesa y la americana. Este aspecto internacional, de oculto imperialismo, convoca al César a combatir el mal, ante el que otro capitula. No es éste el único asunto que parece sugerir que la salvación de la cristiandad va a venir por la espada del César. Y quien dice del César dice del poder civil que les confiera a sus Alcaldes de Móstoles católicos, la fe, la gracia, el heroísmo y la pureza que Cristo no les negó ni les negará jamás a sus apóstoles y a los sucesores de sus apóstoles...

 Ya no quedaban apenas hermanos separados, desgajados, amputados de la Iglesia, del Cuerpo Místico de Cristo, sin haber sido convocados a reintegrarse comunitariamente al amor, a la piedad y a la gracia en la Santa Casa de Dios... Sólo no habían sido llamados ni, por lo tanto, habían acudido los masones. ¡Y ya están ahí! La Masonería, anatematizada, excomulgada por los Papas, enemiga feroz de la Iglesia al través de los siglos y sus generaciones, era la que faltaba a participar en el «delirium tremens» en que han caído ingiriendo un ecumenismo envenenado, ciertas mentes cardenalicias, episcopales, pastorales y sinodales... Sólo faltaba eso: LA MASONERIA. ¡Y ya está ahí!

 P. ECHANIZ


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968