Artículo de 1978
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Revista FUERZA NUEVA, nº 625, 30-Dic-1978 |
SUBVERSIÓN POLÍTICO-RELIGIOSA EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XX DENUNCIADA DESDE EL TRADICIONALISMO
Artículo de 1978
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Revista FUERZA NUEVA, nº 625, 30-Dic-1978 |
Artículo de 1978
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Me gusta entretenerme hojeando viejas revistas, con las cuales me recreo mucho a veces. Hallo en ellas un oxígeno espiritual difícil de encontrar en publicaciones actuales, incluso religiosas. Hace poco estuve releyendo la colección de «Avanzar», órgano de la Obra de Cooperación Parroquial de Cristo Rey, al que estoy suscrito desde su primer número. En el correspondiente a enero de 1949, di con este título: «El cardenal Pie y Napoleón III». Es un artículo que no tiene desperdicio y que da de lleno la explicación, sencilla y profunda a la vez, de los males que destrozan a la sociedad moderna. Fue escrito con ocasión de la Fiesta de los Reyes Magos. Me ha parecido que podría interesar a muchos lectores de FUERZA NUEVA. Helo aquí, casi íntegramente: Un poco más, y hubiésemos tenido que recibir la nueva Constitución de rodillas, como si se tratara de un quinto evangelio o de una segunda imitación de Cristo. Así, con esa desvergüenza, soltando falsedades a diestra y siniestra, se ha estado recabando el voto afirmativo del pueblo católico - el de los no católicos ya se han encargado de conseguirlo socialistas y comunistas- , pueblo engañado una vez más por políticos sin escrúpulos, pueblo, por otra parte, indefenso y abandonado a sí mismo, porque la inmensa mayoría de los pastores, mientras afirmaban la obligación de votar conforme a conciencia, no hacían nada por formar y orientar esa conciencia popular. ¡Dios mío, cuánta responsabilidad ante tu tribunal y ante el tribunal de la Historia! Política sin Dios, mala política. Ya pueden ser o creerse a sí mismos grandes estadistas, grandes políticos... No pasan de ser unos pobres hombres que se han impuesto la triste y desgraciada tarea de fabricar una legislación sin base ninguna, porque, deliberadamente, de ella han eliminado a Dios y a su Ley santa. Que lo haya hecho Carrillo, se comprende; al fin y al cabo es una actitud coherente con sus principios materialistas. Que lo hayan hecho los socialistas, marxistas como Carrillo, se comprende también. Pero que hayan hecho ese juego los católicos de UCD y otros, gracias a los cuales se ha aprobado esa Constitución aconfesional, acristiana, amoral, atea; no, no se entiende. Caben sólo dos hipótesis: o que del catolicismo han retenido
solamente el nombre, con vergonzoso desconocimiento de su contenido y de sus
exigencias, y en este caso han pecado por ignorancia; o bien que, como-
hombres sin fe o con fe muerta, se han sentido atenazados por el respeto
humano y. se han avergonzado de reconocer públicamente a Cristo Rey de reyes
y Señor de los que gobiernan, en cuyo caso han pecado por miedo y por
cobardía. iPobres enanos! Han olvidado que Cristo dijo hace cerca de dos mil
años: «Todo aquel que me negare delante de los hombres, yo le negaré también
delante de mi Padre que está en los cielos» (Mat. X - 33). Y «quien se
avergonzare de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del Hombre»
(Luc. IX - 26). Revista FUERZA NUEVA, nº 625, 30-Dic-1978 |
Artículo de 1978
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EDITORIAL PRIMERA. La Constitución, según el cardenal primado (mons. Marcelo González), niega a Dios no sólo de manera nominal, sino efectiva, lo cual quiere decir que no se limita a omitir el nombre de Dios, sino que expresamente expulsa a Dios de la Ordenación Constitucional. Según otros
cardenales y obispos, que en la declaración de la Conferencia Episcopal sobre
la Constitución dejaron abandonados a los católicos a su conciencia
individual para formar juicio propio en materias relacionadas con la fe y la
moral, patrocinando de esta manera implícitamente el “libre examen
protestante”, según dichos cardenales y obispos –repito-, la Constitución omite u oculta el nombre de
Dios; omisión u ocultación que no significaría su negación. Pues bien: Si aceptamos la versión del cardenal primado, que además es la verdadera, se haría la siguiente pregunta: ¿Cómo el rey puede jurar por Dios una Constitución que niega a Dios? La contradicción es evidente: por un lado admite la Constitución, puesto que se compromete por juramento a obedecerla, pero, por otro lado, la rechaza, puesto que se su compromiso se funda en Dios y la Constitución niega a Dios. El Rey, entonces, quedaría vinculado a la Constitución por el juramento, pero quedaría desvinculado de la Constitución, porque al rechazar ésta a Dios, rechaza el juramento hecho por Dios. Revista FUERZA NUEVA, nº 624, 23-Dic-1978 |
Articulo de 1978
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Después acude
usted al texto de la Conferencia Episcopal, alegando que ha dicho: “No hay
ninguna razón grave de carácter religioso”…; bueno, lo que dice es que no hay
razón grave, ya que ese mismo
texto reconoce reservas sobre estabilidad del matrimonio, protección de la
familia y libertad de enseñanza. ¿Que esto no es grave? Puede que no lo sea
para dicha Conferencia pero, señor Attard, ¿recuerda lo que el cardenal Poletti
y Pablo VI dijeron a los católicos italianos que votaron en pro del divorcio?
Pues les llamaron: traidores. ¿Grave en Italia y leve en España? ¿De modo que los no católicos pueden imponernos sus ideales a los católicos, pero los católicos no podemos decir nada? ¿Ha olvidado usted a San Pablo: “Instaurar todo en Cristo” (Ef. 1,10). Pues se lo repite el Vaticano II (G. et S., 45), y antes, en el n, 43, le dice. “A la conciencia bien formada del seglar toca lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena”. Gracias, otra vez, por no decir nada de aquello del “mal menor”. Jerónimo
Cerdá Bañuls Revista FUERZA NUEVA, nº 623, 16-Dic-1978 |
Artículo de 1978
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CONFERENCIA
EPISCOPAL: SU AUTO-DESPRESTIGIO PRESERVA NUESTRA FE Una
demostración más de esa ambigüedad y equivocidad doctrinal, y posiblemente
también de una orientación política tendenciosa, es la ya famosa “Nota de la
Comisión Permanente del Episcopado sobre la Constitución”, que, aunque sea a
muchos días vista, y una vez aprobado el texto en referéndum, la Conferencia
asumió como propia y merece comentarse. La “orientación
moral” de la Conferencia Episcopal Española contiene, como acabamos de ver, dos
errores gravísimos contra la moral católica: uno, en su mismo punto de
partida, al tomar como criterio decisorio de moralidad al hombre en lugar de
Dios; y dos, en su mismo contenido, al sostener la moralidad del todo, siendo
inmoral una de sus partes. No es extraño, por tanto, que sus Documentos
caigan en el vacío, que sus ambigüedades no confundan, que sus equivocidades
no engañen, que sus sofismas resulten ineficaces. Su auto-desprestigio es la
vacuna providencial que preserva la fe del pueblo católico español. Revista FUERZA NUEVA, nº 623, 16-Dic-1978 |
Dos artículos de 1978
"HABLÓ CLARO"
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LOS españoles
de bien, los católicos, los que no nos dejamos sorprender en nuestra fe por
las palabras y las acciones engañosas de los enemigos de la catolicidad y
mucho menos por sus cómplices envueltos en los ropajes de la cristiandad
aparente, vimos con alegría, con reconocimiento y con católica complacencia
la decisión del arzobispo de Toledo y primado de España, cardenal Marcelo
González, de dar a la luz pública para orientación de los fieles de su
archidiócesis y, por extensión, a los de toda España, una carta-pastoral en
torno al texto del proyecto de Constitución, que los españoles habremos
votado ya —afirmativa o negativamente— cuando salga este número de F N a la calle. Revista FUERZA NUEVA, nº 622, 9-Dic-1978 |
FALSO ESCÁNDALO
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Por D. Elías (sacerdote) «Se crea
división», dicen algunos. Esto es falso. La división entre los católicos
españoles, clérigos y laicos, viene de atrás. Como muy bien ha dicho don
Marcelo, es el mismo proyecto de Constitución el que lleva la división en sí.
• leyes
contrarias a la Ley de Dios, tanto natural como positiva; • supresión
de los tan traídos y llevados haberes del clero; • imposición
del matrimonio civil a todo el mundo; • control
férreo de la educación —no sólo la enseñanza— en todos los niveles; • reducción
de lo religioso al recinto de los templos. Más adelante,
según los gobiernos, se llegará más lejos. De momento, la falta de un
fundamento trascendente y aun ético en la Constitución, lo hará posible. |
Artículo de 1978
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Estos son, a nuestro parecer, los riesgos más notables a los que la
Constitución puede abrir paso. Su gravedad es manifiesta. Los que por otras
razones de orden político se inclinen a un voto positivo consideren ante Dios
si realmente hay males mayores que justifiquen la tolerancia de un supuesto
mal menor; sin olvidar que no es lo mismo tolerar un mal, cuando no se ha
podido impedir, que cooperar a implantarlo positivamente dándole vigor de
Ley. Cardenal arzobispo de Toledo-Primado de España Revista FUERZA NUEVA, nº 622, 9-Dic-1978 |
Artículo de 1978
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Estamos, como se ve, en pleno mundo liberalista. El liberalismo ha desplazado al catolicismo en la mente del vicario episcopal para la pastoral de Madrid; el liberalismo que, según León XIII en la “Libertas”, es racionalismo más naturalismo, menosprecio de lo sobrenatural y de lo revelado. El padre Patino desdeña estas palabras reveladas: “Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo en honor de Dios (I Cor. 10,31); “instaurar todas las cosas en Cristo” (Ef. 1,10); “venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”(Mt 6,10); porque “no hay autoridad sino bajo Dios” (Rom. 13,2) y, lógicamente, hay que ejercerla como Dios manda, porque las autoridades son “ministros de Dios” y “es menester obedecer a Dios antes que a los hombres” (Act. 5, 29). El padre Patino inculca la idea de desligar toda la política de Dios, en lugar de religarlo todo, incluso la política, a Dios, función propia de la religión, como lo vuelve a enseñar el Concilio Vaticano II, ya que todo acto político es un acto libre y, en cuanto a tal, moral o inmoral y, por tanto, materia en que la religión católica es competente. Por consiguiente, no ya el gobernante católico sino el acatólico -contra lo que opina el padre Patino-, deben ejercer su poder con respecto del orden moral con moralidad, aun cuando el sufragio universal -o lo que el padre Patino llama “el juego de las mayorías”- proponga otra cosa; entre el orden querido por el juego de las mayorías y el orden moral, el político ha de optar por el orden moral y estar contra el juego de las mayorías, si nos queremos atener a lo que nos enseña el Magisterio oficial de la Iglesia a través del Concilio Vaticano II. (…) Revista FUERZA NUEVA, nº 622, 9-Dic-1978 |
Artículo de 1978
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«salpicados»
sin querer por aquéllos, sino que además han traicionado a las legiones de
mártires, que en esta piel de toro ofrendaron sus existencias para que la
religión presidiera la vida de la comunidad nacional, muchos de ellos tan
recientes. Han eludido el «testimonio» y no han querido «comprometerse», en
aras de los vergonzosos pactos con el marxismo, es decir, con el enemigo hoy
más peligroso de la fe católica. Revista FUERZA NUEVA, nº 618, 11-Nov-1978 |