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viernes, 18 de septiembre de 2026

Revanchismo renombrando las calles

 Artículo de 1979

 Los nombres de las calles

 La ola de revanchismo que mueve a los políticos a quienes los traidores de Franco regalaron la victoria lograda a costa de tanta sangre se manifiesta en la fiebre de suprimir del nomenclátor callejero cuantos nombres, fechas o hechos puedan recordar o perpetuar la historia de la Cruzada de Liberación y la derrota que ante el mundo infligiera a los rojos Francisco Franco.

 Como una obsesión, la pertinaz insistencia en querer borrar de las mentes un hecho histórico irreversible y la maniobra de querer cambiar la triste y degradante imagen de lo que fuera la dominación roja, sus dramáticas, sangrientas y deplorables consecuencias, la repulsa general del pueblo hacia los símbolos, anagramas y banderas -hoy otra vez en el poder- y, posteriormente, el espontáneo júbilo popular al llegar la tan anhelada liberación, que Cataluña conmemora precisamente estos días (1939-1979).

 Los pueblos y ciudades sufren la oprobiosa imposición de nombres que vienen a hacernos convencer que la guerra civil habría sido una inútil militarada y crear en el ambiente una atmósfera de “provisionalidad” de aquellos años de paz, orden y prosperidad, que tuvimos la dicha de vivir hasta que los partes de la victoria son arrancados de las casas consistoriales y que se toleren las voladuras de los monumentos a los Caídos por Dios y por España o las vejaciones y ofensas a la bandera nacional.

 Las calles que llevaron los nombres de José Antonio, Franco, Calvo Sotelo, Alcázar de Toledo. Mártires de la Tradición, etc. son objeto de cambios parar “democratizarlas” poniéndoles nombres que en no pocas ocasiones nos traen vergonzosos recuerdos, llenos de dramatismo, individuos indeseables y sucesos atentatorios a la Patria.

 Los ajusticiados por sus delitos contra España -o simplemente por delitos comunes- son exaltados como mitos defensores de la libertad y del pueblo, como los que estuvieron al lado del comunismo, la masonería, el marxismo e intervinieron en los expolios, incendios, asesinatos y abusos que sufrimos desde 1936 a 1939, y autores de los sucesos que sumieron a España en la pobreza, la destrucción y el caos del que Franco y sus seguidores lograron sacarnos, gracias al esfuerzo de todos los españoles y al sacrificio de nuestros mejores.

 Ya no se tolera que una calle nos recuerde un nombre glorioso. Y con desmesurada venganza son rotas las lápidas honradas con los nombres de los héroes y las gestas que culminaron con la victoria de aquella Cruzada de Liberación, cuyo solo recuerdo les saca de quicio.

 La hoz y el martillo ha vuelto a enseñorearse de la calle y de la política. El nombre de Dios, borrado de la Constitución. La unidad de España es tema provocativo en las autonomías y “nacionalidades”, como provocación se considera el gritar “Arriba España” o simplemente “viva el honor”.

 ¡Qué pena y qué vergüenza!

 La sangre de nuestros caídos -caídos por amor- clama justicia ante tan graves agravios y olvidos.

 LLUYS


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

 

lunes, 17 de agosto de 2026

Patrimonio incautado a partidos y sindicatos, tras la Guerra Civil

 Artículo de 1979

 DEVOLUCIÓN

 EN estos últimos tiempos se habla, se trata, sobre la devolución de los patrimonios incautados a los partidos políticos, al final de la Guerra de Liberación, y, en algún caso y población, parece así se ha hecho; y aun se ocupan, como presión, locales de la AISS.

 Como un ciudadano más, con derecho a emitir opiniones, estimo que esos ¿patrimonios? deberían pasar a poder del Estado, por los siguientes motivos:

 En primer lugar, por la referencia, tantas veces hecha, al tesoro español llevado a Méjico en el «Vita»; el oro llevado a la URSS, y la plata y oro vendidos en Francia.

 En segundo lugar, lo que es imposible de contabilizar, por el expolio a que sometieron a particulares, exigiendo la entrega de colchones, cubiertos, vajilla, menaje de cocina, mantas y ropas de abrigo para el frente y hospitales, lo cual, como es lógico, no se recuperó, además de la entrega de armas, que en la mayoría de los casos se hallaban inútiles, pues eran de coleccionistas (arcabuces, trabucos, espingardas, machetes, gumías, sables, floretes, espadas, etc.), tampoco recuperadas y algunas, por sus incrustaciones o por su rareza, de gran valor, cuando no el sentimental de un recuerdo familiar.

 En tercer lugar, el saqueo, destrozo o mal uso de viviendas particulares, «requisadas», cuyos muebles, de valor en muchos casos, así como objetos de arte, vajillas, etc., ha sido casi imposible volver a reunir, pese a la labor de los Servicios de Recuperación que funcionaron en la posguerra; e incluso la «incautación» de joyas encontradas

en «registros» domiciliarios; y no digamos del mal uso y sus consiguientes reparaciones al entrar los dueños de nuevo en posesión de ellas; además hubo la «requisa» de vehículos, en general no recuperados, y si lo fueron, ¡en qué estado!; a ello hay que sumar bibliotecas y archivos aventados o destruidos.

 En cuarto lugar, al incautarse o intervenir las fábricas u otros establecimientos comerciales o mercantiles, la venta de productos manufacturados que se hallaban en almacén para ser expedidos, y el empleo, hasta su agotamiento, de las materias primas almacenadas; y no digamos de las cuentas bancarias intervenidas y de su utilización para «fines de guerra» u otras necesidades; lo mismo puede decirse de la intervención agrícola.

 Y, por último, la destrucción de iglesias, conventos y demás bienes de la Iglesia, así como el saqueo de sus tesoros y obras de arte (pinturas, esculturas, etc.), muchas de ellas quemadas; campanas fundidas…

 Este, pues, es el resumen que estimo avala el que sea el Estado quien entre en posesión, definitivamente, de bienes o patrimonios concretos, ante la imposibilidad de resarcir de tanto y tanto despojo a particulares, entidades, empresas...; granitos de arena cuya suma quizá se equiparase o superase, con creces, el valor del tesoro del «Vita» y del oro enviado a la URSS, hasta el momento sin recuperar.

 Narciso DÍAZ


Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979

 

martes, 28 de julio de 2026

El vergonzoso boicot de la ONU a la España de Franco

 Artículo de 1970 

 EL “CASO ESPAÑA”

  XXV aniversario de la ONU

 Si hacemos balance de las relaciones España-ONU en los primeros años de su existencia, veremos que arrojan un saldo negativo para nuestra patria. Ya en aquellas reuniones preliminares, en las que prácticamente se gestó este organismo internacional, España y el régimen español y al frente el Generalísimo Franco, más que nunca respaldado por su pueblo, fueron postergados en una demostración de hipocresía sin precedentes en la historia de las relaciones internacionales.

 Necesario se hace recordar lo que se dio en llamar el “Caso España” (año 1946) y las resoluciones que en la ONU, sobre el particular, se votaron: en especial aquélla que condenaba, negaba su entrada en la Organización (recomendando la retirada de embajadores) al “gobierno fascista de Madrid”; consecuencia de la cual fue el infame bloqueo político-económico contra nuestro país, cumbre de la más feroz y violenta campaña antiespañola orquestada en el seno de la ONU.

 Un subcomité integrado por Polonia, Francia, Brasil, Australia y China, fue encargado de estudiar el “caso España”, a instancias de una denuncia del gobierno comunista polaco, manifestando el “peligro” que para la paz suponía el régimen español; declaración ridícula y falta de base pero que, respaldada por la URSS, fue admitida.

 Así pues, para esclarecer acontecimientos y conocer datos que “legalizaran” una posible condena a España, fue llamado a declarar ante el Subcomité ese “clown” internacional de los años 40 y personaje funesto para la nación española en la década de los 30, que se llamaba Giral. Entre la sarta de mentiras que el exministro de Marina de la República tuvo a bien decir puede destacarse aquella de que “el ejército español contaba con 840.000 hombres y una flota de 300 unidades de combate”, poco menos que dispuestos a “asustar” a las pacíficas naciones  democráticas del mundo.

 El Subcomité dictaminó que España no constituía amenaza para la paz, pero que podía constituirla, e hizo una pomposa recomendación a la Asamblea General para que esta aconsejara, a su vez, el bloqueo diplomático. (Brasil no se identificó con este dictamen y Polonia, por su parte, mantenía su primitiva tesis sobre la amenaza mundial que España representaba. Lo que ignoraban estos sesudos varones componentes del Subcomité, mejor dicho no querían saber, es que esta teóricamente agresiva nación objeto de sus ataques, si hubiera efectivamente contado con este argumento que gratuita y maliciosamente se le atribuía, no hubiera sido denigrada de tal forma en esa tribuna de infundios antiespañoles en que se convirtió la Organización por aquellas fechas.

 Ahora bien, la ONU –“generosa”- por medio del Subcomité, en ese deseo continuo de mantener la paz y unión internacionales”, presentó una alternativa a España, en virtud de la cual si ésta se comprometía a declarar una amnistía general y a conceder al “sufrido” pueblo español el derecho a unas libertades esenciales que, según ellos, le eran negadas, consideraría favorablemente la solicitud española de ingreso en su seno. En una palabra, la entrada estaba condicionada a un retorno a la situación crítica de los años aciagos de la segunda república. Pero Madrid se adelantó contestando que no le vincularía ninguna resolución que significara injerencia en las cuestiones de incumbencia exclusiva de la nación.

La adhesión que los españoles demostraban por su Caudillo debió contrariar a las totalitarias –URSS- y a las democrática naciones -Gran Bretaña, Francia, USA- y así, en su deseo de “ayudar” a ese pueblo que seguía a Franco, enmendó la primitiva propuesta que hiciera, en su día, el Subcomité: Si el régimen del General Franco no desaparecía, siendo sustituido por un gobierno formado por los “prohombres de la resistencia”, la Asamblea aconsejaría la terminación de las relaciones diplomáticas con el Régimen.

 ****

 Una vez más, sin éxito, se había intentado derribar al nuevo Estado. Rusia era la más interesada en ello, reciente como estaba su fracaso de convertir al país ibérico en una de sus “democracias populares” y sabedora, por otra parte, de la agudeza y visión política que su jefe demostraba al haber intuido, con suficiente antelación, la maniobra que el comunismo internacional tenía preparada.

 Así, en una carta dirigida a Churchill por medio del embajador español, le participaba su inquietud al respecto: “Porque no creemos en la buena fe de la Rusia comunista y conocemos el poder insidioso del bolchevismo, tenemos que considerar que la destrucción o el debilitamiento de sus vecinos acrecentarán grandemente su ambición y su poder, haciendo más necesaria que nunca la inteligencia y comprensión del Occidente de Europa”. La carta estaba fechada el 8-10-1944. La respuesta del airado “premier” inglés no se hizo esperar: “Le induciría a V. E.  a serio error si no desvaneciera de su ánimo la idea equivocada de que el gobierno de S. M. esté dispuesto a considerar ninguna agrupación de potencias en la Europa occidental basada en la hostilidad hacia nuestros aliados rusos o en la supuesta necesidad de defensa contra ellos”. Año y medio más tarde, Churchill, en un discurso, se vería obligado a confesar: “Nadie sabe lo que la Rusia soviética y su organización comunista internacional piensan hacer en un futuro inmediato ni cuáles son los límites, si existen, de su tendencia de expansión y proselitismo…” Estas afirmaciones le valdrían el que Stalin le sobrenombrara con el remoquete de… “ fascista”.

 Por otra parte, a Rusia -y esta es una razón de auténtica importancia- estratégicamente le interesaba España como etapa previa para lograr una rápida sovietización del continente europeo, y un buen paso para ello era destruir el Régimen establecido. Desde el punto de vista de la democracias occidentales, vencedoras en la segunda conflagración, el objetivo era presentar a España, ante los ojos del mundo, como continuadora y heredera directa de los regímenes fascistas vencidos; hacerla símbolo de una ideología “brutal” y, en tal concepto, lograr la repulsa internacional contra ella. La realidad era muy distinta; aparte su neutralidad, probada en el conflicto, nuestra patria, en aquellas circunstancias, se debatía con honestidad por su subsistencia, adoptando su propia solución, que le llevaría al reencuentro de sus verdaderas esencias y su auténtica idiosincrasia.

 ****

De cómico podemos catalogar el arreglo proyectado -que no prosperado- por el delegado de Cuba. Lo doloroso fue que, esta vez, el intento de humillación y de injerencia en los asuntos patrios partieron de una nación que recibió de la nuestra el idioma, cultura y civilización. El señor Belt, que así se llamaba el delegado cubano, propuso resolver el “caso” mediante el nombramiento de un gobierno interino integrado por los representantes de los países iberoamericanos, los cuales garantizarían la celebración de un plebiscito en el que el pueblo español podría expresar libremente sus deseos. ¡Qué injuria para España, nación soberana, y qué indignidad la de Belt!

 Pero todo fue inútil. Todas las amenazas y recomendaciones se estrellaron contra la unión y fortaleza de la nación española… Y obrando en consecuencia, el 13 de diciembre de 1946, la Asamblea General de la ONU discutía la moción presentada y aprobada por el Subcomité, con una posterior votación que arrojaba los siguientes resultados: A favor de la moción 34 votos, en contra 6 y trece abstenciones.

 El contenido de la “sentencia” era el siguiente, a grandes rasgos: “El régimen de Franco es un régimen fascista, modelado por la Alemania nazi y establecido por ella coactivamente”.  Asimismo, “mientras dicho régimen continúe en el poder no se permitirá su entrada en la ONU, ya que no representa al pueblo español”. Por tanto, recomienda que se prohíba su participación en organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas hasta que se constituya un gobierno aceptable. Mientras tanto, los pueblos de la ONU declaran que sienten una simpatía duradera por el pueblo español… “La Asamblea General recomienda también que todos los Estados miembros retiren inmediatamente de Madrid a sus embajadores y ministros plenipotenciarios allí acreditados”. Además, el Consejo de Seguridad “estudiará los medios necesarios para remediar la situación”.

 Así finalizó una de las representaciones más vergonzosas de la historia del supremo organismo internacional. El cinismo, la incomprensión, la mentira, la falta de rigor histórico… se dieron cita en una especie de cóctel Molotov arrojado contra España y sus ciudadanos, que, no obstante, supieron continuar el camino iniciado. El tiempo se encargaría de darle la razón y… el reconocimiento universal que entonces se le negaba.

 Gonzalo LÓPEZ-COBO

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 189, 22-Ago-1970


viernes, 24 de julio de 2026

El PSOE, siempre antiespañol en el tema de Gibraltar

 Artículo de 1979

 EL PSOE CONTRA ESPAÑA

 LA actitud negadora, hostil, agresiva contra su propia patria parece ser un rasgo común, un «consenso» unánime de nuestra partitocracia como si fuera para ella una posición de principio el antagonismo y la incompatibilidad entre la democracia formal y la patria española. Reviste todos los colores del iris hispano-masoquista: el silencio, el desdén, el menosprecio, la adopción de las insidias y enconos foráneos y la colaboración con ellos, la indiferencia hostil ante nuestros problemas más vitales. Tan sólo así se explica la impasibilidad con que contemplan el hundimiento económico que nos encamina raudos al subdesarrollo, la anarquía dueña de la calle, la proliferación del terrorismo impune, la inmoralidad desbordante, el descrédito y la mofa internacionales.

 Índice elocuente de esta actitud es el más de un centenar de ultrajes a la bandera que registra la Memoria de la Fiscalía del Reino, y los innumerables posteriores, ante la pasividad y el silencio de Gobierno, partidos, Parlamento, incluso del grupo de militares (a que se refiere don Prudencio García en su artículo), quienes «en artículos periodísticos muestran un evidente respaldo a la transición democrática». También habría que pensar en el respaldo a la bandera y a la patria.

 En tal posición aventaja a todos los partidos en límite inconcebible el PSOE felipista, en el interior con su entrega a los separatismos disolventes de España, y con el colonialismo ofrecido, la sumisión y la injerencia brindadas al extranjero. Es sangrante su actitud en el problema de Gibraltar. Desde sus primeras andanzas, cuando no podía soñar con el encumbramiento a que le ha propiciado y aupado el Gobierno de la Corona, comenzó sus gestiones y su oficiosidad probritánica. El profesor Tierno, en unas increíbles declaraciones que parecen más propias de Mr. Callaghan o de Mr. Owen, afirma que no puede mantenerse en su actual claustrofobia a Gibraltar. El secretario de Relaciones Exteriores, señor Yáñez, después de su visita —una de tantas del PSOE a los líderes gibraltareños—, formula una crítica durísima al cierre de la frontera y a la política gibraltareña de Franco y, sobre todo, de Castiella. Los socialistas españoles aparecen más preocupados, más apasionados por la apertura de la Roca que los mismos ingleses

Fue bochornoso el solemne viaje de Felipe González, en unión de Yáñez y de otros primates, a Londres, a fin de facilitar la ansiada apertura, porque ni Callaghan ni demás prohombres se dignaron recibirle. No obstante, con la resignada aceptación de todas las humillaciones extranjeras habitual en nuestros políticos demoliberales, afirmó que su viaje había sido muy positivo (es de creer que para los intereses del partido...). El Partido Socialista de Andalucía, que anteriormente se ha pronunciado a favor de la retrocesión de Ceuta y Melilla a Marruecos, comenzó su propaganda electoral con la visita en Gibraltar a Mr. Joshua Hassan, sin duda para que le ayude en la campaña.

 Con su anglofilia, el PSOE está contradiciendo sus postulados de defensa del proletariado. Sabe muy bien Felipe González que Gibraltar era una auténtica colonia de explotación por el tipo agravado de las que establecieron los gobiernos europeos en el Tercer Mundo, y decimos agravado porque España no es todavía un país tercermundista y porque aquellas colonias se impusieron por la fuerza, no fueron brindadas desde dentro; sabe que la apertura significaría restablecer la riada de trabajadores andaluces a la Roca sin los derechos laborales de que disfrutan todos los obreros europeos, incluida la prohibición de pernoctar o permanecer en ella, a fin de que su condición de raza inferior no contamine a la raza superior, anglosajona. Esta claustrofobia es la que habría de preocupar a Tierno Galván. ¿Sabe el PSOE que significaría restaurar el contrabando filibustero y la dominación británica en toda la región, sujetando a ella también la nueva industrialización del Campo de Gibraltar y su turismo? Y no hablemos de la otra colonización inconfesable, bien conocida antes: la femenina, a expensas de la miseria de la región y a cargo de los señores feudales de la Roca.

 Es lógico el optimismo del Gobierno inglés y la afirmación socarrona de Owen de que ahora es el momento más favorable para resolver el problema, confiando sin duda en dos actitudes convergentes tan lamentables por nuestra parte: la debilidad del ministro señor Oreja y el incondicional apoyo de la «alternativa de poder», porque están flotando un poco estelarmente en nuestro horizonte internacional de claudicación y de derrota dos fórmulas «ad hoc»: una vaga declaración por parte británica insinuando la palabra «soberanía» bastaría para la apertura total y el retroceso íntegro al statu quo anterior a Franco, por parte del señor Oreja (UCD), el pequeño ministro de los grandes fracasos, y para el gobierno de las renuncias internacionales; pero ni siquiera esta concesión suicida es aceptada por los ingleses.

 Otra declaración teórica reconociendo los derechos laborales de los trabajadores españoles sería suficiente a Felipe González para rubricar el pacto colonial, aun a sabiendas, como nos consta a todos, de su absoluta ineficacia práctica. ¿Qué garantías de efectividad, qué derecho de huelga y posibilidad de reivindicación sindical alguna les cabría a los obreros nuestros en el medio colonial hostil de la plaza militar, cuando, pese a declaraciones y compromisos internacionales suscritos, nuestros emigrantes en los países europeos, que no son colonias, sufren la consideración más vejaminosa de vida y trabajo, aunque no sepamos de gestión alguna en su favor por parte de Felipe en sus viajes «reverenciales» a dichos países?

 Utilizar la moneda falsa, la moneda cínica de una declaración retórica de derechos en el papel, en los contratos de trabajo de nuestros obreros gibraltareños, los cuales serían otros tantos serviles “contratos de adhesión” de la época del «pauperismo» en el siglo XIX, para sellar un compromiso —comparsa colonialista entre Albion y la «alternativa de poder» sería otra defección entre tantas— a la causa de España y de los obreros por parte de un partido que se llama «obrero y español» por sarcasmo.

 En la cuestión de Gibraltar, el PSOE de Felipe queda muy por bajo de su antecesor, porque aquellos socialistas de antes no sentían a España, y bien lo demostró Pablo Iglesias poniéndose de parte del extranjero cuando la guerra de Marruecos y en otras ocasiones, lo cual no puede extrañar dada su afiliación masónica y el odio a España de la secta, pero aun así aquellos socialistas como Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos, etc., mantuvieron la bandera de la reivindicación de Gibraltar, que ahora parece arriar el PSOE de Felipe González, de Guerra, de Yáñez, de Múgica Herzog…

 Carmelo VIÑAS Y MEY


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979 

 

sábado, 18 de julio de 2026

Cristo, arrojado por la ventana…

 Artículo de 1968

 CRISTO, arrojado por la ventana

 Sí. Todo lo simbólicamente que se quiera, pero así ha ocurrido. ¿En la zona roja de 1936? No, en la capital de la España de 1968. ¿En algún suburbio pobre e ignorante? No, en la flamante y sapientísima Ciudad Universitaria…

 La prensa del domingo 21 de enero dio los detalles. Desde una ventana del segundo piso la Facultad de Filosofía y Letras, unos «estudiantes» han arrojado contra la fuerza pública, entre otras cosas, un crucifijo. Mejor dicho, una imagen de Jesucristo sin cruz, no sabemos si arrancada previamente exprofeso o desprendida al car la imagen contra el «académico» suelo universitario…

 «Arriba» del domingo, en un intento -¿cuántos cientos y cientos se han producido ya, todos inútiles?- de querer encontrar un consuelo inexistente, aún confiaba en su editorial «Tiempo de orden» que tal hecho, al que califica de sacrilegio, no hubiese sido deliberado… Pero suponiendo que los autores hayan sido «universitarios», desconfiamos mucho de que en su «valiente defensa» del «fuero universitario» y en su afanosa búsqueda de objetos contundentes con que hostigar a la fuerza pública, «confundiesen» casualmente algo tan inconfundible como un crucifijo, inconfundible para los que le aman y para los que le odian. Porque es que ni siquiera cabe tal ignorancia entre los últimos braceros del campo. Mucho menos entre «estudiantes» que pretenden se les reconozca su valía y talento…

 Bien. ¿Y ahora, qué, señores? Pues que no ha pasado nada, ¿verdad? Que la cosa no es para tanto, ¿verdad? Sí, como viene ocurriendo desde hace ya cierto tiempo. La abotagada sociedad española seguirá viviendo su vida, al margen de «las cosas de los estudiantes», siguiendo el adormecido «slogan» burgués del «yo no me meto en nada»... o el «¡allá las autoridades!»...

 Suponemos, sin embargo, que algún día habrá también un tiempo no sólo para el diálogo, ni para la «coexistencia», ni para el orden, sino para la meditación... ¿Qué es lo que está pasando? De un tiempo a esta parte se prodigan los ataques al 18 de julio, a sus caídos, a sus símbolos. Se ha llegado a impedir celebrar una misa por José Antonio en un pueblo vasco, habiendo partido algo tan inconcebible nada menos que de un sacerdote. Otro sacerdote (!) en otro pueblo vasco ha arrancado las flores que se habían puesto en la lápida a los caídos. En otro pueblo vasco se ha quemado una bandera de España, por la que tantos patriotas murieron. En Tarragona se han quitado cuadros de la Virgen algunas escuelas. Se publican cosas tergiversadoras o abiertamente contrarias al Alzamiento Nacional. Se insulta a España, al Ejército y las más altas jerarquías en los «campus» universitarios. Se lanzan piedras contra las fuerzas del orden —cuyos hombres ganan un sueldo «moderado» si se compara con los ingresos del «patrimonio familiar» de que disfrutan los «estudiantes». Se llega hasta a dar una paliza a un agente de policía, en un «valiente» ataque de diez contra uno. Y por último, manos crispadas por el eterno odio anticristiano han arrancado un crucifijo de un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid y lo han tirado a la calle por la ventana. Antes, Rodolfo Llopis —el de Munich— lo había quitado de las escuelas primarias.

 ¿Hay o no motivo para meditar primero y para actuar después? ¿Y son los actores de todos esos inconcebibles atropellos los que nos llaman a los hombres del 18 de julio «reaccionarios y «ultras»?

 Constantemente, a través de todos los medios de difusión, se nos presenta una juventud que dice ser muy recta, muy seria, muy responsabilizada, muy inconformista con la injusticia, muy formalista y llena de espíritu crítico. Un ejemplo sólo: los magníficos programas juveniles de televisión de los sábados por la tarde. Mas nos preguntamos, ¿dónde, dónde está esa juventud con visos universitarios a Ja hora de la verdad? ¿Cómo contemplan acobardados, sin ninguna reacción viril, los desórdenes y sacrilegios de esa minoría y no pregonan su execración contra los inductores y autores de aquellos condenables actos de barbarie?

 Es menester tomar buena nota de todo y de todos. Nosotros tenemos el recuerdo y la experiencia. No nos engañan. Sabemos casi mejor que ellos mismos quiénes están detrás moviendo los hilos de la subversión. Nos los conocemos muy bien. Y para esos que ahora están en la sombra va nuestro aviso: ¡Cuidado! ¡Acordaos de 1936 y de la victoria de 1939! Si nos buscáis, nos encontraréis. ¡Y de qué modo! En circunstancias infinitamente menos favorables que las de hoy España venció a un comunismo monolítico, hoy agrietado por muchas razones que no son ahora del caso. Sería, sin embargo, trágico tener que llegar otra vez a «aquello». Pero se llegará si nos llevan a la misma ocasión que entonces.

 A todas éstas, ¿dónde están los estudiantes católicos? ¿Les parece «línea conciliar» arrojar crucifijos por las ventanas a la calle? ¿Callarán y meterán la cabeza debajo del ala por no saber qué decir? Pero también, ¿dónde están los estudiantes falangistas y carlistas? ¿Será posible que no haya ninguno presenciado tales hechos sin que inmediatamente no le empiece a hervir la sangre española que lleven dentro? ¿Es que ya no hay descendientes de los caídos José Antonio, Ramiro y Onésimo? ¿Es que ya no hay descendientes de los que entraban en combate llevando delante bien sujeto un crucifijo en los brazos?

 ¿Tendremos los casados y con hijos que organizar una fuerza de choque y bajar a la Universitaria a enseñar vergüenza y dignidad católica y española a los miles de estudiantes que permanecen impasibles ante los hechos condenados?

 ¿Es que ya no hay honra, ni sentimientos religiosos, ni amor a España? ¿Que eso «ya no se lleva…? Pues... ¡que se produzcan pronto las estremecedoras profecías vengadoras y purificadoras de tantísimo pecado de lesa Religión y de lesa Patria!

 Arturo ROMERO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

miércoles, 3 de junio de 2026

El Vaticano, en 1937, justificaba la Cruzada de Liberación

 Artículo de 1970


 ESPAÑA, ¿QUÉ IMPORTA AL MUNDO?

 Opinión de “L’Osservatore Romano” en 1937 sobre la Cruzada de Liberación

 Ahora (1970) que se registran tantas posturas de chaqueteo y deserción de las ideas que los hombres prominentes del Régimen habían sostenido y defendido desde siempre, parece como llegado a propósito este artículo aparecido en el órgano oficial del Vaticano “L’Osservatore Romano”, que registra la forma de pensar de la Iglesia en el año 1937, con motivo de nuestra Cruzada de Liberación.

Su lectura puede refrescar muchas memorias y demostrar a la juventud y al pueblo en general el cambio operado también por la Iglesia en estos últimos años.

 ¿Qué es la contienda española? ¿Una lucha civil? ¿Un episodio sin repercusiones internacionales? ¿Una conflagración de ricos contra pobres, de obreros contra patronos? ¿Una militarada?

 Queremos reproducir aquí un artículo de “L’Osservatore Romano” que coloca la guerra de España en su lugar apropiado, tomando pie de unas palabras de los dos cardenales representativos de la Iglesia de las dos grandes democracias, Francia e Inglaterra.

 En esas líneas se dice lo que supone España no sólo para sí sino para el mundo entero, en esta hora. Y, ante todo, para el mundo católico; aún para aquel que mira concierto desdén y, a veces, con apasionada parcialidad, la guerra de España.

 Dice así, en su número del 21 de octubre de 1937,“L’Osservatore Romano”:

 “El cardenal Verdier escribía al Primado de España: Lo que se ventila en esta guerra es el porvenir de la Iglesia Católica y la civilización por ella fundada. Si España ofrece hoy el ejemplo de un sacrificio único en la Historia es porque los enemigos de Dios la eligieron para primera etapa de su destrucción.

 “Y el arzobispo de Westminster decía: Pongamos aparte todo partidismo político, hemos visto desde el inicio y seguimos viendo que los enemigos de Dios no atacan solamente al catolicismo sino a la Religión, sea cual fuere la forma con que se presenta”.

 “Estas declaraciones tan escuetas y de fuentes tan autorizadas son definitivas ante las acusaciones y las reservas que adversarios y no adversarios opusieron al clero español”.

 “LOS DOS CAMPOS- La tremenda lucha soportada por España está dividida en dos campos: de un lado, los rojos; de otro, la Iglesia católica y los nacionales. El arzobispo de París y monseñor Hinsley, precisamente en los dos países donde más se difunde el error, ponen de relieve, sobre la vigorosa rectificación del Episcopado español, los planos, las posiciones, es decir, los hechos y las responsabilidades. Rojos, Iglesia católica, Nacionales. Entre dos campos políticos y sociales, el campo religioso. Entre dos causas opuestas que deciden la vida de un pueblo, la causa de Dios, que es la vida de la fe; entre los partidos en armas, la Iglesia. Combatiente, no; mártir”.

 “¡Qué servicio habéis rendido a las naciones del mundo -así decía al cardenal Gomá el cardenal Verdier-probándoles, con la evidencia de los hechos, a dónde conduce el ateísmo!”. “Con dolor que vosotros sentís más intensamente que nadie -declara el arzobispo de Westminster- hemos notado las tergiversaciones, las mentiras, los subterfugios, las falsas interpretaciones de los hechos. Desgraciadamente, la prensa recibió con demasiado entusiasmo la propaganda de los rojos”.

 “LA IGLESIA VÍCTIMA INOCENTE- Mientras los asuntos de la guerra civil se hacen más oscuros. mientras más tremendas son las batallas y más entrañados los odios, mientras más irreconciliables son las oposiciones ideales, más necesario es que cese toda la mixtificación y se sepa, se reconozca, de qué manera estuvo expuesta a un sacrificio único en la Historia una víctima inocente, que quieren seguir sacrificando hasta el momento final. Las naciones del mundo han podido tomar partido por una u otra parte contendientes de una manera tan apasionada y con tal ímpetu y tal tenacidad, que consideran el juego ciertos destinos que no se resuelven solamente en las trincheras.

 “Nadie ha tenido en cuenta lo que verdaderamente debería estar por encima de todas las contiendas en su calidad de idea y de fe universales; nadie pensó en la agresión sanguinaria y en el incendio sufridos por la Religión. Se socorrió a fugitivos, se hicieron polémicas sobre la crueldad de la guerra, pugnando por la defensa de los inermes. Pero de la grande institución inerme, de la gran institución sacrificada, de aquella que hubiera sido la primera en huir, si no fuese el deber de quedar en su puesto hasta la muerte, de esa nadie se ocupó. Quedó la Iglesia expuesta a todos los riesgos. Los más débiles exclamaron: ¡Fue una fatalidad! Y los Catones del anticlericalismo internacional repiten: ¡Fue el castigo! ¡Delenda est!

 “Es esta la verdad incontrovertible.  La Iglesia de España fue atacada por las olas del odio y de la violencia que simultáneamente la acorralaron, siendo víctima la catedral expuesta al robo en virtud de una rebelión en el barrio industrial, lo mismo que la solitaria capilla montañosa lo es al caer una avalancha por la pendiente de la sierra. Su culpa proviene, únicamente, de haberse encontrado sobre aquel suelo en aquel punto, en el camino por donde pasaría el soplo arruinador”. 

***

 “LA GUERRA SE HIZO CONTRA LA IGLESIA- La acusación que le hacen de beligerancia es falsa y absurda. La guerra se pretendió y se hizo contra la Iglesia. La verdad es ésta. Sí. La Iglesia se encontró en la trayectoria del desastre y soportó los intentos republicanos y la revolución del 34 en Cataluña y Asturias, durante la cual se quemaron y  profanaron 411 templos. La destrucción que había sufrido con anterioridad al 18 de julio y en los primeros días en que el Movimiento parecía sólo un pronunciamiento, constituía ya el punto de partida. He aquí porqué la destrucción de las Iglesias fue hecha sistemáticamente y en serie; he aquí porqué, en el breve plazo de un mes quedaron inutilizados para el culto todos los templos, obedeciendo a las normas establecidas desde la fecha de la implantación de la República. He aquí por qué, sistemáticamente y en serie, se desarrolló la carnicería contra los sacerdotes. Las “listas negras” así lo preveían, concediendo a los obispos y a los sacerdotes la preferencia “de honor”.

 “Pero la guerra contra la Iglesia representó siempre una fase distinta de la guerra civil: ésta sirvió solamente de pretexto y proporcionó el momento oportuno. Si la guerra contra la Iglesia estuviese confundida con el Movimiento nacional se hubiesen esperado los momentos para castigar al clero juntamente con los demás: se hubiera secuestrado legalmente a los sospechosos y en una hora de tan grave revolución se habría tratado de tutelar o levantar el culto. Por el contrario, la luz de la Iglesia fue suprimida y apagada, no como se hace con las luces peligrosas en las noches de incursiones aéreas, no; fue una pupila que se cerró para siempre en la muerte. Fueron incendiados o saqueadas 20.000 iglesias; pasa del 80 por 100 el número de sacerdotes asesinados, perseguidos en las ciudades, lo mismo que en los montes, por jaurías. La guerra religiosa se confunde tan mal con la otra que tuvo su técnica especial: la de las batidas de caza”.

 “UNA RELACIÓN IMPRESIONANTE- No fue una represalia ejercida contra rehenes. Todo eso hubiera sido monstruoso, pero se hubiera concluido con un derramamiento de sangre, por venganza .Pero ¿y los cementerios profanados, los ornamentos dispersos y el cráneo del venerable obispo Torras que sirvió de pelota?¿Y los cuerpos de los santos y de los mártires destrozados, la sagradas imágenes dilaceradas, los crucifijos apuñalados, los tabernáculos violados, el grito lanzado contra los vasos sagrados: “Hemos jurado vengarnos de vosotros, rendíos” y el tiro de pistola que los atravesaba de parte a parte?¿Y los objetos religiosos requisados en las casas y sobre las personas y entregados a las hogueras de las plazas públicas? ¿Y los tormentos reservados a los sacerdotes, tan horribles que, en el martirologio romano no se encuentra una forma tan acentuada de crucifixión, puesto que en la España roja se consintieron martirios practicados con la ayuda de las modernas invenciones?¿Y las declaraciones de los comisarios de policía y de otras autoridades que afirmaban tener orden de destrozar y hacer desaparecer la última semilla de los sacerdotes?¿Y aquello que afirmaba el delegado rojo en el Congreso de los sin Dios celebrado en Moscú el mes de febrero: “España ha sabido superar la obra de los Soviets, puesto que la Iglesia quedó allí completamente aniquilada”?

 “Todo esto es una prueba de que, después de la tempestad, no existió un arcoiris de paz para la fe; que después del diluvio no quedó salvada sobre el monte Ararat el arma de un poder que representa no solamente a la Iglesia sino a la Religión”.

 “ERA NECESARIO ACORRALAR A LA IGLESIA- Trágica realidad de una explosión informal que no tuvo otro objeto que hacer entrar a la Iglesia, con su absoluta individualidad histórica, en el relativismo de las discusiones y de las contingencias políticas, de los “bienes problemáticos”, de las simpatías doctrinales y de los intereses prácticos de las competiciones humanas. Era necesario meterse con aquéllos que jamás rogaron a los gobernantes que fuesen aliados de esa anarquía que saqueó e encendió archivos, destrozó los tesoros artísticos de las iglesias , estropeó las bibliotecas, rompió el sepulcro de Vifredo el Belloso y causó más daños en la nación que todos los siglos tormentosos”.

 “Por encima de todas las pasiones políticas, el testimonio del cardenal Verdier y de monseñor Hinsley se levanta de la propia tormenta que oscurece los horizontes terrenos para salvaguardar los horizontes divinos. España, Rusia y Méjico son las facetas del mismo poliedro cristalizado de odio anticristiano. Así lo demuestra también la última encíclica sobre la situación mejicana, que empieza con estas palabras: “Nos es muy conocida…”, documento que no ha sido suficientemente conocido y meditado.

 “Los dos buenos Pastores, con su protesta, con su defensa, con las lágrimas del Episcopado español, derramaron luz al lado de la Carta Colectiva en la que, con claridad legislativa, se indican las razones y los medios al alcance de la Religión, de la Jerarquía y de la Acción Católica en armonía con la vida civil, su orden, sus libertades y su justicia, probando que la causa de Dios no puede envolverse en la causa de los hombres. Quedó probado que el “venite ad me omnes (“dejad que todos vengan a Mí”) no es el lema de un partido, sino un lema para toda la humanidad. En el momento en que la humanidad está a punto de llegar al puerto de salvación con su barca pendiente de las cadenas de Cristo y de la Iglesia, el mundo prefiere “bienes problemáticos” antes que la salvación de la civilización”.


Revista FUERZA NUEVA, nº187, 8-Ago-1970

 

viernes, 15 de mayo de 2026

Cataluña, ya bajo Franco, sujeta al laicismo, marxismo y separatismo

 Artículo de 1970

 URGE UNA REFLEXIÓN: 

TRES PELIGROS AMENAZAN HOY A LA REGIÓN CATALANA: LAICISMO, MARXISMO Y SEPARATISMO

 En su día (abril, 1970), la prensa se hizo eco de la visita del arzobispo de Barcelona, doctor Marcelo González y del obispo de Gerona, doctor Jubany, al ministro de Educación y Ciencia, para expresarle en nombre de la Conferencia Episcopal de la Provincia Tarraconense, la necesidad del uso de la lengua catalana en las escuelas

No seremos nosotros quienes consideremos intrusismo, ni politización, ni exceso, esta gestión episcopal. Amamos como el que más la lengua y cultura catalanas, y sabemos cuáles deben ser sus derechos y exigencias. Aunque en una ponderación panorámica del problema, nunca debe olvidarse lo que Luis Valeri -y la simple estadística- registra inexorablemente: la mayor producción y edición de libros en catalán arranca desde 1939, no pudiendo parangonarse en toda la historia de la “Renaixença” catalana una cantidad de libros publicados en catalán como en estos últimos treinta y cuatro años. Las cosas son así.

 Pero aparte de esta puntualización, francamente queremos exponer un problema que, actualmente preocupa a los mejores católicos seglares de Cataluña. Notamos una trasposición o una subversión en la escala de valores que, a nuestro entender, debe regir la vida cristiana, pero particularmente deben ser los móviles primarios de la actuación episcopal. En esta ocasión, presentarse a un ministro para una petición que, en sus justos términos no necesita avales y que, en todo caso ya tiene sus buenos abogados y en el Estado español hay un conocimiento muy exacto del realismo histórico y regional de España, nos parece, a lo menos, un paso baldío de triunfalismo cortesano innecesario.

 Porque la problemática de Cataluña, aunque se escriba en catalán y se enseña el idioma catalán, no está precisamente en el uso de la lengua vernácula. Desgraciadamente, en nuestros días, aunque en formas distintas, están pujantes y públicos los tres enemigos de Cataluña, que un prócer catalanista, un historiador tan extraordinario como Fernando Valls Taberner, ya denunciaba en 14 de febrero de 1934, en “El Debate”, órgano de la CEDA.Valls Taberner, catedrático y diputado del Parlamento catalán, no perdía el tiempo en menudencias ni comadreosde ciertos grupos de presión. Veía el problema catalán con su trágica realidad. El no se hubiera movilizado para reivindicaciones al servicio de ciertos caciques que proyectan estrategias mucho más ambiciosas que las que descubren a la simple propaganda y a las intoxicaciones sensibleras. Y, desde luego, como tácticas apoyadas en motivos más o menos nobles, pero con finalidades explosivamente sectarias.

 Eugenio Montes refería, en un artículo publicado en “La Vanguardia”, del 2 de febrero de 1964, una conversación con Valls Taberner, en la redacción de “El Debate”. Cuenta Eugenio Montes que hablaron de política, “es decir, hablamos pestes de la República, porque quien apestaba era ella, que le estaba contagiando a nuestro país la peste amarilla, el cólera ruso. -¿Cómo queda Cataluña?- Con los tres enemigos del hombre dentro del cuerpo. Con los tres pecados mortales. La envenenan, día a día, de laicismo, marxismo y separatismo. Barcelona cubierta de emblemas con el triángulo azul y la estrella solitaria. Renuncio a decirle cómo Cataluña me duele en el corazón”. Así se expresaba Valls Taberner.

 Es curioso que lo que pensaba Valls Taberner coincidía totalmente con el pensamiento de Ramiro de Maeztu, que plasmó en un famoso artículo titulado “Los tres cortes”. El historiador catalán coincidía absolutamente con el gran converso y máximo pensador en nuestros tiempos, porque ambos tenían una visión católica y profunda de la historia y de los acontecimientos. Valls Taberner y Maeztu jamás se hubieran prestado a ser juguetes de camarillas frívolas o que actúan de biombos de otros intereses inconfesables. Maeztu escribía puntualmente, y también sus conceptos pueden ser dignos de la reflexión de la Conferencia Episcopal de la Provincia Eclesiástica Tarraconense y de las nuevas generaciones. Estas son las palabras de Maeztu:

 Es sabido y notorio que España padece ahora la amenaza de tres separatismos diferentes. El de los intelectuales, que quisieran escindirla de su pasado, de su tradición, de su ejecutoria. Es el corte en la línea del tiempo, de la duración, del pasado. (Como si el pasado no fuera el ser mismo). Otros desearían fragmentarla por cortes verticales, por regiones por la longitud y la latitud. Y otros, finalmente, ansían deshacerla por cortes horizontales, por clases sociales, hasta establecer la dictadura de una sola. (Ellos dicen, quizá de buena fe, que se trata de la dictadura del proletariado, pero la verdad es que los únicos dictadores serían los agitadores de los proletarios)

 ¿Está claro? Pues lo que quisiera que lo estuviese es que estos tres separatismos que, en el día de hoy, parecen heterogéneos, sin relación entre sí, como no sea la puramente negativa de constituir entre todos ellos la antipatria, tienen, sin embargo, el mismo origen y proceden todos ellos del primero, hasta contra las voluntades que lo fraguaron, inspirándose algunas de ellas en sentimientos del más noble patriotismo…

 El catalanismo como, en general, el nacionalismo español no es sino la aplicación a las colectividades del principio revolucionario de los derechos del hombre. Los catalanistas se han apropiado, particularizándola, de la idea revolucionaria. Sabino Arana, a su vez, fue un discípulo de los catalanes. Lo que supo de nacionalismo lo aprendió de estudiante en Barcelona.

 Pero rota la unidad católica, que obliga a los fuertes a cuidar de los débiles, desvalidas las clases proletarias, parece también inexistente el nexo nacional. La Patria, a juicio de los agitadores, no es sino el privilegio de los que la explotan. Añádanse a estos agitadores, de origen obrero, los que se les añaden por espíritu enemigo de la tradición y ya tenemos explicado el tercer separatismo, el de los cortes horizontales de la lucha de clases.

 Por esta concatenación de causas hemos llegado algunos españoles a la convicción firme de que para la buena defensa de la patria hemos de empezar por el principio, que es admirar sus glorias y rehabilitar sus ideales”.

 Parece que no sea necesario demostrar cómo el laicismo, en su aspecto más anticatólico, está haciendo estragos en Cataluña. Bastaría conocer la literatura “católica” que se publica en Cataluña para darse cuenta hacia dónde vamos. Que un libro monstruoso, como “El fonamen tirreligios de l’Esglesia” del jesuita Juan Leita, haya sido premiado con el premio “Carles Cardó” 1969, cuyo jurado está presidido por el Vicario Episcopal del Arzobispado de Barcelona, pasa de dato indicativo. La revista “Correspondencia”, la literatura del P. José Dalmau, calificada por Juan Carrera Planas como “vigorosa, original y sanamente revulsiva”, las procacidades del capuchino Jorge Llimona y tantas otras anomalías, indican no sólo una corrupción de los que deberían ser expositores y misioneros de la fe católica, sino una aportación a la descristianización de Cataluña a cargo de elementos promocionados por la jerarquía eclesiástica

El ateísmo gana terreno en España y, concretamente, en Cataluña, sin que la voz de la jerarquía se haya oído ni haya tomado aquellas medidas enérgicas y decisivas, ya de denuncia, ya de actitudes apostólicas realmente necesarias. Una publicación tan ecuánime como el “Boletín Salesiano”, de abril de 1967, destacaba cómo el ateísmo profundiza en nuestra Patria, mientras nadie señala causas y agitadores que se mueven con toda impunidad. El órgano de la Pía Unión de Cooperadores Salesianos, al registrar la existencia masiva de un ateísmo entre nosotros, con ironía, comentaba así:

 Este es el hecho. ¿Cuáles sus causas? Las están estudiando. Cuando las hayan precisado, basta poder darnos los tantos por ciento: nos dirán que, en determinada proporción, se debe a la ignorancia religiosa de las masas, a la deficiente formación religiosa dada en las familias, escuelas y colegios; aparecerá la consabida razón de que el catolicismo español es más tradicional que personal, no faltará el tanto por ciento de los que achacarán su mucha culpa al Estado español por ser oficialmente católico y a la clase alta por haber abandonado la dirección de la clase baja y bastantes más motivos.

 Pero no nos dirán, por ejemplo, que hay unos catedráticos de universidad que siembran la confusión religiosa en las mentes estudiantiles, y otros abiertamente arreligiosos, aunque dosifiquen y encubran sus ataques “por prudencia”; que hay catedráticos de instituto, profesores de academias y maestros de escuela que se permiten minar la fe de sus alumnos. (…)Tampoco nos dirán que, en las fábricas, talleres, oficinas hay elementos activos de ateísmo y descristianización que, día a día, van envenenando a sus compañeros poco formados religiosamente.

 No nos dirán tampoco las estadísticas que existen profesionales médicos, ponemos por caso, que abusan de su situación para difundir teorías avaladas por su “falsa” ciencia médica, que van desde el materialismo más absoluto hasta la justificación de las acciones anticonceptivas. Y lo mismo en otras profesiones.

 Queremos con esto decir que la descristianización progresiva de España no obedece a causas pasivas, a corrientes espontáneas. Unas y otras son siempre provocadas y creadas por personas concretas, que se aprovechan de las disposiciones ajenas favorables, que se emplean personalmente, que se entregan a su labor descristianizadora, a los que luego secundan, consciente o inconscientemente, los débiles de formación o de voluntad”.

 La intoxicación marxista en la literatura y cultura catalanas, así como su papel de animadora del catalanismo que actúa epilépticamente, es algo visible. La literatura catalana carece hoy (1970) no sólo de un Verdaguer o un Maragall, sino de un Luis Millet, de un Joaquín Ruyra, de un Roig Raventós, de un Manuel Brunet y tantos y tantos otros escritores y publicistas catalanistas, pero de prevalente sentido cristiano. ¡Ni siquiera tenemos un José María de Segarra!

 Esta es la hora de la literatura de los revanchistas, de los exiliados que escupen todo el odio y pequeñeces en esta inexplicable apertura a las sinrazones de sus bilis… De la desespañolización de Cataluña no mencionamos detalles, ya que la consideramos como una consecuencia de las otras dos causas y del vacío ideológico creciente de los ideales de la Cruzada en nuestra vida pública.

 Por esto nos ha chocado y se comenta como una anécdota indicativa de lujosa preocupación pastoral, que unos prelados se hayan molestado en visitar al señor ministro de Educación y Ciencia, mientras por todos los caminos de Cataluña andan sueltos los tres enemigos en que coincidían Valls Taberner y Ramiro de Maeztu, con tantas complicidades, silencios e inverosímiles compañeros de viaje.

 En fin, serán fenómenos postconciliares que no entendemos los catetos y los que no estamos en las interioridades de ciertas actuaciones… Pero, aferrados a la vieja filosofía del sentido común, aún recordemos aquello de “zapatero a tus zapatos”. Y preferimos recrear nuestra memoria con figuras episcopales que anteponían su celo por los derechos de la Iglesia y las grandes directrices morales en la sociedad, que entusiasmarnos con visitas ministeriales en que, para apreciar la urgencia de una intervención episcopal, se necesitarían las escalas de Mercalli o de Richter. Mientras tanto, en el país continúa soplando la sombra de la Institución Libre de Enseñanza, sin que nos enteremos de ninguna intervención episcopal para neutralizar sus malas consecuencias.

 Realmente, nosotros preferimos la visión cívica, dolorida y combatiente de Valls Taberner, catalanista sin tacha, pero cristiano ante todo, a ciertas diplomacias de la hora actual que rezuman un afán de notoriedad y de clericalismo de mala ley. Pues podría muy bien ser que, hablando en catalán y con escuelas que lo enseñan, a este paso, Cataluña se descristianice del todo, su alma sea entregada al marxismo y su desnaturalización catalana y española sea una realidad previsible. Entonces podremos registrar que un día del mes de abril de 1970, unos prelados se empeñaron en el empleo del catalán en las escuelas. Aspiración que, bien definida, debe aprobarse.

 Pero Cataluña podrá recordar también que el IDO-C, PAX, y todas las sectas progresistas, han podido complotar contra la fe de nuestro pueblo impunemente, sin que la voz de sus obispos y su gobierno eclesiástico haya estado a la altura de lo que podía y debería esperarse. También, para que a los futuros historiadores no se les escape, debíamos anotar este triste hecho (…)

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº187, 8-Ago-1970

 

sábado, 9 de mayo de 2026

Subversión estudiantil en el franquismo (2)

 Artículo de 1968

 PARA ACABAR CON LA SUBVERSION UNIVERSITARIA HAY QUE VOLVER A LAS ORIENTACIONES DE LAFALANGE FRENTE AL MARXISMO.

 En una carta publicada en el diario «S.P.» del pasado 30 de diciembre, se lee:

 «A partir de 1957, fecha fatídica para éste y otros sectores de ¡a vida nacional, la nefasta despolitización realizada en la Universidad, suprimiendo todo lo sugestivo que existía en el desaparecido SEU hizo posible la repolitización informal y anárquica que ahora estamos sufriendo. Ahí está precisamente el auténtico origen del problema: el intento de despolitización. Despolitizar la Universidad (como despolitizar las corporaciones) es romper en su esencia el contenido humanístico y totalizante que es absolutamente fundamental en la Universidad. Es separar todo lo social que hay en el hombre para reducirlo a solo individuo. Y el individuo no es persona. En consecuencia, las manifestaciones de un conjunto de individuos serán las que observamos ahora: incoordinación, insolidaridad, incomprensión y, en general, todos los factores que destruyen la armonía social». 

Estamos completamente identificados con lo que escribe Carlos León Roch. Añadiremos además que ya el mismo SEU fue debilitado e intoxicado de filosofías que no respondían a la ideología de las esencias católicas, patrióticas, tradicionales y falangistas.

 La auténtica postura, por ejemplo, de la Falange Española ante la Universidad estaba en un trabajo radiodifundido titulado «Orígenes de la revolución antinacional española. La secta de Giner de los Ríos». Se puede leer en la «Gaceta Regional», del 30 de septiembre de 1936. He aquí cómo se expresaba la auténtica Falange, con la cual sentimos plenamente:

 «Si queremos que sea fecundo y auténticamente renovador el glorioso Movimiento del 18 de julio es necesario que tengamos todos una noción clara y precisa de las causas principales que, durante un larguísimo proceso, han venido incubando la revolución antinacional española…

 Muy pocas personas se percataron a tiempo de que importantes y numerosos elementos de la llamada intelectualidad española, en labor callada, perseverante y tenaz, se infiltraban en las clases dirigentes españolas, y éstas después en la conciencia popular...  De nada sirvieron las angustiosas advertencias que a todos nos hiciera aquel coloso que se llamó don Marcelino Menéndez y Pelayo, desde las páginas de su Historia de los Heterodoxos Españoles, al hablar del materialismo krausista, representado en España por Sanz del Río, Giner de los Ríos, y después sus discípulos, que son hoy los dirigentes e inspiradores del republicanismo extremista del marxismo, y de toda la corriente, no laicista, sino ateísta, en España...

 Giner de los Ríos creó dos instituciones. Una fue la Junta para la Ampliación de Estudios. El otro organismo es la Institución Libre de Enseñanza que se consagró... a formar generaciones de maestros librepensadores, que son los que ahora forman la gran legión de maestros marxistas, que, para nuestra desgracia, predominan en la nómina del magisterio español.

 Lo terrible del caso es que, con una mentalidad verdaderamente suicida, todos los políticos y gobernantes de la caída de la monarquía y hasta de la misma Dictadura del malogrado Primo de Rivera, subvencionaron espléndidamente y dieron auge a esa extraña institución de raíces ideológicas judías, materialistas, anticatólicas y antinacionales. El régimen político que adoptó esta actitud suicida, al entregar la educación de sus ciudadanos a tales elementos, fatalmente tenía que perecer, como, por desgracia, así ocurrió. La Universidad, en mano de los

krausistas Giner de los Ríos, Adolfo González Posada, José Castillejo, Julián Besteiro, Fernando de los Ríos, Claudio Sánchez Albornoz, Américo Castro, Luis Jiménez Asúa, Cándido Bolívar, José Giral y tantos otros que forman hoy los cuadros del extremismo republicano y del partido socialista, apartó a nuestras generaciones universitarias del cultivo de las humanidades y de la gloriosa tradición católica de la cultura española.

 Con ello servían un perverso designio revolucionario que luego encarnó en todos los hechos criminales que ha caracterizado la república española de 1931, de la que fueron principales inspiradores y artífices los discípulos del «gran sabio» Giner de los Ríos.

 Así vemos multitud de abogados, de médicos, de ingenieros, de arquitectos, de hombres de profesiones universitarias, con estas mentalidades deformadas que reniegan de Dios y de su Patria, porque, sin más discernimiento, recuerdan lo que les enseñaron en las aulas universitarias. De igual manera hemos visto últimamente, en todos los pueblos españoles, niños de seis y siete años levantando los puños con expresión de odio y precoz afán de exterminio. Quienes han enseñado esto, no han sido, generalmente, sus padres, sino estos maestros salidos todos de la Institución Libre de Enseñanza, y que, al educar a estas criaturas en tales sentimientos comenten el más infame de los crímenes

 Con este lenguaje y estilo de Falange Española hay que enfrentarse a los desórdenes universitarios. Desórdenes que no están únicamente en las calles, en las violencias ni en el tumulto. Esto, elementalmente, exige una acción policíaca tajante, muy profunda, libre de toda suerte de presiones y contundente. Desórdenes son también las malas filosofías, la politización marxista fruto de haberse vaciado la educación teológica y política de la Universidad, con infidelidad manifiesta al espíritu del 18de julio de 1936.

 Se desvió el SEU jugando a orteguismos, unamunismos e izquierdismos intelectuales. El SEU cayó derrumbado e inutilizado. Fue un mal paso vinculado excesivamente a juventudes en 1947, infantilizando los nobles afanes intelectuales y políticos de los universitarios, y peor paso aún su supresión. Ahora, masas enormes de estudiantes están bailando al son del Sindicato Democrático, que no por ilegal es inexistente, siendo la suprema memez aceptar en la forma que sea diálogo con el mismo.

 Ni las «Comisiones Obreras» ni la agitación universitaria —ni en la calle, ni en el alboroto, NI EN EL PLAN IDEOLOGICO—se pueden tolerar. No se puede ni se debe repetir, ni por asomo, la intoxicación krausista de otro tiempo, ni el envenenamiento de las clases intelectuales españolas, que hoy realizan una segunda edición con el marxismo, el «Sindicato Democrático» y en el mundo social a través de las «Comisiones Obreras».

 Santiago Carrillo (en el exilio) ha dicho: «El nivel de combatividad de las masas que hace falta para aplicar la violencia no lo lograremos en España con frases revolucionarias ni con petardos inofensivos, ni aprendiendo de memoria el catecismo rojo; ese nivel de combatividad lo lograremos encabezando a las masas en la calle, habituándolas a enfrentarse con piedras y puños, primero a las fuerzas y luego llegarán a ser como las masas que en 1936 fueron al asalto del Cuartel de Atarazanas y del Cuartel de la Montaña.»

 Hasta aquí podíamos llegar con la despolitización patriótica de la Universidad, lo que significa politizarla en el marxismo. Lo de la Universidad y lo de las «Comisiones Obreras» hay que atajarlo al precio que sea. Bastaría con que se pusiera en práctica de verdad lo que decía Falange Española en 1936 ¿Y por qué no? 

A. RECASENS SALVAT


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 211, 13-Ene-1968

 

domingo, 15 de marzo de 2026

La Antiespaña hundió la dictadura de Primo de Rivera

 Artículo de 1968

 LA MASONERIA Y EL MARXISMO, COMO EN 1930

 Volvemos a recordar las palabras del Caudillo pronunciadas el 6 de enero de 1960: «Es necesario estar vigilantes y constantes en la guardia.» La Antiespaña sigue actualmente la misma táctica que empleó para desacreditar y hundir a la Dictadura del General don Miguel Primo de Rivera. En aquella Dictadura, en la que «reinó la paz, el orden y el progreso», como recordó Franco el 22 de noviembre pasado (1967). Pero un régimen político, aunque fomente el bienestar nacional, es combatido por las sectas y por el comunismo, principalmente desde dos frentes: el de los llamados «intelectuales» y estudiantes, y el de la lucha marxista en el campo obrero.

 Recordemos a un autor insigne al que no se le ha hecho quizá la justicia debida: El Rvdo. don Juan Tusquets. que en su libro «Orígenes de la Revolución Española», podemos decir es como un precedente de la literatura de lucha de ¿QUE PASA? Este sacerdote catalán, junto con otros—los Rvdos. Miguel Rosell, Mariano Vilaseca, Ramón Cunill, José Bachs. Guillermo Aléu, Lorenzo Castells—. el cronista les recuerda de haber hablado mucho con ellos en los días de la Cruzada, en San Sebastián, en Pamplona, en Burgos, en Salamanca, en Sevilla. Pero el Rvdo. Juan Tusquets destacó por una gran conferencia que dio en Burgos emoción patriótica que se traducía, si no recuerdo mal, en su uniforme con camisa azul y sus insignias de sacerdote. En dicho libro—«Orígenes de la Revolución Española» el reverendo Tusquets demuestra cómo la táctica sectaria través de la Universidad y del Marxismo.

 «Primo de Rivera—escribe el Rvdo. Juan Tusquets—no ingresó jamás en la Masonería. Trató a los hijos de la viuda con aquella mezcla singular de jactancia y de honradez que le caracterizaban. Pero el Dictador lo fue nominalmente. Bajo su garbosa capa jerezana, salvaron el prestigio y prepararon la revolución los elementos sectarios. Algunos subordinados del Marqués de Estella extremaron la tolerancia con los masones. Por ejemplo, el General Barrera, que permitió la celebración en Barcelona del Congreso Masónico, prohibido por el Dictador en Madrid, y que tan obsequioso se mostró con la campaña rotaria. Numerosos cargos de compromiso fueron ocupados por masones... usando y abusando de tanta benevolencia y con la ayuda del oro judío, la masonería creció lozanamente.»

 El mismo Dr. Tusquets señala cómo «el socialismo español se declaró gubernamental durante la Dictadura» y cómo a Fernando de los Ríos y a Besteiro se les concedían y conservaban cátedras en la Universidad Central. Largo Caballero fue Consejero de Estado y otros altos cargos, como Pérez Infante y Trifón Gómez. Por esto, el Consejo Supremo de la Masonería pudo declarar: «Los francmasones han conquistado las posiciones que hacen posible la revolución.»

 Actualmente (1968), al considerar la agitación universitaria, con gravísimos insultos al Jefe del Estado y absurdo malestar estudiantil, todo hace creer que intelectuales o profesores al estilo de José Luis López Aranguren y Enrique Tierno Galván, no serán los únicos que intoxican nuestra juventud universitaria. ¿Puede esto continuar? ¿Se puede dialogar con el llamado «Sindicato Democrático»? El bien nacional exige la máxima energía para vigilar y yugular propagandas e instigadores al precio que sea. Lo que no se puede permitir es que, ni en apariencia, se repita lo que le sucedió a la Dictadura de don Miguel Primo de Rivera. La ley es la ley. Lo que se llama el «vacío político» de la Universidad hay que cargarlo a los que les sobraban una filosofía inspirada en la mejor tradición católica española y un estilo universitario que empalmara—sin tópico—con Menéndez y Pelayo, Mella, Maeztu y José Antonio Primo de Rivera.

 Lo mismo que decimos de la agitación universitaria, lo señalamos y acusamos de las llamadas «Comisiones Obreras» instrumento del Partido Comunista, ilegales, y a las que no se les puede permitir ninguna actuación, aunque se reúnan en sacristías o en los mismos recintos de los templos. Vale más prevenir y atajar que curar, con peligro de llegar tarde. Por eso dijo el Caudillo que «las enfermedades en las naciones duran siglos, y las convalecencias, decenios. 

 España, que, con altibajos, ha permanecido tres siglos entre la vida y la muerte, empieza ahora a abandonar el lecho y dar cortos paseos por el jardín de la clínica. Los que quisieran enviarla ya al gimnasio a dar volteretas, o no saben lo que se dicen, o lo saben demasiado bien.» Y éstos que lo saben demasiado bien son los que mueven los hilos y los peones de la agitación universitaria y de las «Comisiones Obreras». Repasar el libro «Orígenes de la Revolución Española» del Rvdo. Juan Tusquets, en cuya línea ¿QUE PASA? siente gran admiración al ilustre sacerdote y escritor, puede dar mucha luz para entender el entresijo de los acontecimientos de ahora que hemos comentado.

 A. RECASENS SALVAT


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 210, 6-Ene-1968