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jueves, 5 de noviembre de 2026

Plan masónico para erradicar el franquismo

 Artículo de 1979

 PLANES QUE SE CUMPLEN

 LA FRANCMASONERÍA ACONSEJA A LOS “HERMANOS” ESPAÑOLES

Es curioso constatar cómo incluso después de haberse denegado la legalización de la masonería española se siguen cumpliendo a rajatabla e implacablemente los postulados y finas que el Gran Oriente Francés había aconsejado a sus “hermanos” españoles. Traemos a estas páginas para el lector estas medidas, recogidas de una edición especial que hizo la Comunión Tradicionalista de Cantabria, en octubre de 1976.

 Las medidas aconsejadas por el Gran Oriente de Francia a las logias españolas de su dependencia y a los miembros de las mismas en orden a la aniquilación del franquismo, abarcan a todos los sectores de la vida política y administrativa española. El contenido del plan evidencia matices inequívocos de resentimiento y podría calificarse como un plan descubierto de depuración.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias a todos los militares españoles de la escala de complemento o en la reserva. A estos efectos se consideran equiparados todos los civiles que combatieron durante la guerra en las unidades militares o en las milicias bajo el mando del general Franco.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias para su uso a todo el personal retirado o excedente de la Policía judicial así como el que hubiera pasado a cumplir funciones meramente administrativas. Igual medida se aplicará al personal de la Policía Armada que  se hallare en análogas situaciones.

 • Retirada de armas y de las correspondientes licencias a todos los miembros de la “Guardia de Franco” y de todos los que hayan pertenecido a organizaciones y asociaciones del Movimiento.

 • Desarme y disolución de los Somatenes.

 • Desarme de los miembros de los diversos tipos de guardería forestal, rural, ferrocarriles etc., seleccionados por el franquismo entre antiguos combatientes o personas de confianza política del sistema.

 • Retirada de armas y de licencias, bajo cualquier pretexto, a todas las personas con antecedentes políticos de afección al franquismo que las poseyeran. Todas estas medidas, cuando tuvieran carácter individual, no serían aplicables a aquellas personas que, pese a haber militado en el franquismo, hubieran sido captadas posteriormente y militaran en la actualidad de manera masiva en organizaciones encuadradas en la izquierda democrática.

 Respecto de los mecanismos de vigilancia y control montados durante el periodo franquista, se aconseja a los hermanos españoles situados en puestos de decisión política y administrativa que favorezcan también, por todos los medios a su alcance, la implantación y puesta en práctica de estas otras medidas:

 • Supresión de los sistemas de vigilancia y de control telefónico respecto de las personas, despachos, establecimientos y asociaciones de la izquierda democrática.

 • Justificar en la peligrosidad de la extrema derecha el establecimiento de controles telefónicos y de otras clases sobre personas, despachos, establecimientos y asociaciones del área franquista.

 • Los diarios y publicaciones periódicas en que tengan influencia nuestros hermanos deberán practicar la denuncia sistemática de las actividades de las personalidades franquistas, con el fin de que sus actividades puedan ser controladas y de crearles una imagen de peligrosidad.

 • Suspender las acciones de investigación y persecución de los controles de escucha establecidos por las células del Partido Comunista en la Compañía Telefónica española y favorecer el funcionamiento de los mismos.

 • Usar de las agrupaciones democráticas de barrio y empresa para la vigilancia y el control de las actividades de los franquistas más caracterizados a cada nivel y, muy especialmente, por los miembros de las Fuerzas Armadas y del Orden Público.

 Otra de las preocupaciones del plan de destrucción del franquismo en España reside en la debilitación de las estructuras de las diversas fuerzas del Orden Público. En ese sentido, adquieren particular interés las siguientes recomendaciones:

 • Inmediata dispersión de los grupos operativos de la Policía Judicial y posterior inhabilitación de los archivos de dichos grupos. Se procurará que los miembros de esos grupos sean trasladados a servicios periféricos e incluso administrativos, de tal manera que se haga muy difícil la conexión entre ellos.

 • Jubilación anticipada de los mayores de cincuenta años, a lo sumo de cincuenta y cinco, con objeto de eliminar de la Policía a todos aquellos que hicieron la guerra en las filas franquistas.

 • Persecución sistemática y purga silenciosa de todos aquellos que tomaron parte en el descubrimiento y persecución de nuestros hermanos y, en general, de los miembros de la oposición democrática al régimen franquista.

 • Campaña pública destinada a justificar la necesidad de desarme de la Policía Judicial y, en general, de todas las fuerzas de Orden Público, a semejanza de países democráticos y civilizados, como Gran Bretaña.

 • Desvinculación de la Policía Armada del Ejército, con el fin de poder introducir mandos civiles de obediencia democrática.

 • Jubilación anticipada, bajo el pretexto de la modernización y agilidad que requieren este tipo de fuerzas, de todos los mayores de cuarenta y cinco años de la Guardia Civil, tanto oficiales, como clases y números. Las  vacantes no se repondrán, salvo en muy pequeña medida, sólo para guardar las apariencias.

 • Progresivo desplazamiento de las actividades de la Guardia Civil hacia servicios no estrictamente de preservación del Orden Público.

 • Reorganización de la Guardia Civil, con objeto de suprimir las Casas Cuartel y su presencia de los pueblos y de las ciudades mayores de cincuenta mil habitantes, reagrupándolas en cabecera de comarca y procediendo con este motivo a la reducción de efectivos.

 • Trasladar la dependencia de la Guardia Civil a una disciplina estrictamente civil, con objeto de ejercer un estricto control de sus actividades y de suprimir su autonomía y sus vinculaciones con las Fuerzas Armadas.

 • Reducción del armamento de la Guardia Civil al estrictamente individual, cuyo uso incluso se pondrá en discusión posteriormente en el interior de los centros habitados.

 • Persecución sistemática y silenciosa de los miembros de la Guardia Civil que mejor conozcan las actividades de la izquierda democrática; inutilización de archivos, dispersión de los grupos operativos y progresiva eliminación de los mandos de fidelidad franquista.

 • Restablecimiento del antiguo Cuerpo de Carabineros, bajo otra denominación y como nueva creación, con el fin de poner la guardia de fronteras terrestres y de las costas bajo Unidades de nuestra obediencia. Este Cuerpo sería dotado de armamento muy moderno, disimulando así la disponibilidad bajo nuestra obediencia de un ejército profesional reducido, pero de extraordinaria efectividad.

 Algunas de las medidas expuestas respecto a las fuerzas de Orden Público se reiteran con las naturales peculiaridades en relación con las Armas y Cuerpos de las Fuerzas Armadas y la Administración Civil. Respecto a ésta, se aconseja a los hermanos y amigos españoles una acción sistemática, encaminada al relegamiento de todos aquellos funcionarios que hubieran hecho la guerra o cuyas afecciones franquistas sean conocidas, a la eliminación de todas las personas de derecha de los puestos políticos o de designación y a la eliminación, asimismo, de los franquistas y afines de los puestos directivos en los monopolios del Estado, Instituto Nacional de Industria y sus empresas, otras empresas y entes paraestatales y organismos autónomos.

 En lo que respecta a los funcionarios del Movimiento y sus organismos, se observa un rudo endurecimiento en las consignas. Se ordena a todos los hermanos y seguidores de la causa democrática que todos los funcionarios del Movimiento sean enviados a sus casas, sin que, bajo ningún pretexto, se les dé acogida en la Administración Civil del Estado, ni siquiera como Cuerpo a extinguir. En tal sentido, se ordena la máxima intransigencia a los hermanos y a los amigos democráticos de las nacientes organizaciones profesionales de funcionarios, cuya existencia y éxito han constituido una de las mayores preocupaciones de las logias y de los hermanos socialistas.

 Respecto a los funcionarios de la Organización Sindical, cuya fuerza real no puede ser desdeñada y cuya unidad defensiva podría ocasionar serias preocupaciones al Gobierno y graves dificultades al proceso democrático trazado por el GOF y exigido por VGE a las autoridades españolas, se aconseja a los hermanos mucha habilidad y doblez en el tratamiento, a fin de poder realizar la reforma sindical manteniendo a dichos funcionarios en la esperanza de un porvenir tranquilo… El propósito, sin embargo, es incluirles en un organismo autónomo de función poco clara, que, posteriormente, pueda declararse innecesario, para congelar sus retribuciones, que la inflación haría ridículas, lo cual les obligaría a buscar en otras actividades. (…)


Revista FUERZA NUEVA, nº 639, 7-Abr-1979

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

José Antonio y Carrero Blanco contra la Masonería

 Artículo de 1968

DE LA MASONERIA Y LA SEGURIDAD DEL ESTADO; IDEARIO COINCIDENTE DE JOSE ANTONIO Y “JUAN DE LA COSA" (*)

 La extensión al área civil del reciente armisticio entre la Congregación de la Doctrina de la Fe y la Masonería amenazaría gravemente la libertad y la independencia de España. Nos proponemos destacar aspectos políticos de la actuación de la secta para evitar que alcance a España el misterio de iniquidad, insospechado y aleve, que hoy amarga a la Cristiandad. Copiamos a continuación algunos párrafos de autorizados políticos contemporáneos.

 LA MASONERIA EN LAS OBRAS COMPLETAS DE JOSE ANTONIO

 «La violencia no es censurable sistemáticamente. Lo es cuando se emplea contra la justicia. Pero hasta Santo Tomás, en casos extremos, admitía la rebelión contra el tirano Así, pues, el usar la violencia contra una secta triunfante, sembradora de la discordia, negadora de la continuidad nacional y obediente a consignas extrañas (Internacional de Amsterdam, masonería, etc.), ¿por qué va a descalificar el sistema que esa violencia implante?» (Carta a Julián Pemartín, el 2-IV-1933)

 «... mientras, se indulta a un oficial español que ha cometido el peor delito de traición contra la Patria y contra el Ejército. A mí ya no me interesa, pues porque yo diga estas cosas no se va a fusilar al señor Pérez Farrás; pero no hay más explicación admisible para el indulto de este oficial que una presión demasiado alta, que el Gobierno no debió tolerar, o una presión demasiado misteriosa, que ni el Gobierno debió aceptar ni nosotros podemos sufrir sin afrenta: la pretensión, simplemente, de la masonería. El señor Pérez Farrás es masón y por eso se ha salvado». (Discurso pronunciado en el Parlamento, el 6 de noviembre de 1934.)

 «El capítulo de cargos del bienio terrible es mucho más grave:(...). Sexto: Política antinacional. En esta acusación se resumen todas. Durante el bienio, España fue la colonia de tres poderes internacionales: La Internacional Socialista, la Masonería y el Quai d’Orsay.» («Arriba», número 1, 21 de marzo de 1935.)

 ***

LA MASONERIA EN LA OBRA DE «JUAN DE LA COSA» (D. LUIS CARRERO BLANCO)

«LAS MODERNAS TORRES DE BABEL» 

«El Diablo inspiró al hombre las Torres de Babel del liberalismo y del socialismo, con sus secuelas, marxismo y comunismo, en las formas en que ellas han tenido realidad; y para ello dispuso de un magnifico instrumento, que es esa tenebrosa organización, de orígenes un tanto misteriosos, que se llama la Masonería, personaje que, aunque entre bastidores, asume el papel principal de la tragedia,  que es la vida del mundo, por lo menos en los dos últimos siglos.» (Página 47.)

 «La Revolución (francesa) quitaba a Inglaterra un poderoso rival y la Revolución fue propugnada y alentada por la Masonería. Esta sirve, pues, en aquella ocasión, a la británica, como la sirve más tarde alentando y apoyando la sublevación que da lugar a la independencia de las colonias españolas en América.» (Página 86)

 «Todo esto se mueve y se explota desde los «clubs» de París, que no son sino logias masónicas. El «club de los jacobinos», que constituyó el centro de todas las sociedades secretas, no fue sino el Gran Oriente Masónico Francés, que recibía sus consignas de la Gran Logia Madre de Inglaterra. Estas sociedades secretas, de las que forma parte el duque de Orleáns, pariente del Rey, pero enemigo de la Corte y principalmente de la Reina, son las que manejan a los misteriosos agentes que mueven los bajos fondos de París e inducen al populacho a tomar las armas del Hotel de los Inválidos para asaltar la Bastilla.» (Página 77).

 Y ya tenemos aquí en lo que se convirtió al cabo de pocos años el régimen liberal en casi todas las naciones o por lo menos en las naciones del continente europeo y de Sudamérica: un Parlamento que es el que prácticamente gobierna, o pretende gobernar, constituido por una serie de partidos políticos, verdadero arcoiris donde se pueden encontrar todo género de tendencias políticas, desde las más rabiosamente conservadoras hasta las más rabiosamente marxistas, muchos de ellos manejados por hombres que están sometidos a disciplinas extranacionales como las masónicas o las internacionales marxistas y que, naturalmente, supeditan los intereses de su Patria a los de estos poderes que les mandan, y a los que es muy grave desobedecer porque va en ello a veces hasta la vida.» (Página 96.)

 «En 1891, don Miguel Morayta se querelló, en nombre de la Masonería, contra el presbítero Balaguer, director del periódico «La Verdad», por supuestas injurias. Se aceptó la demanda y el fallo de la sala fue absolutorio, pero al terminar la vista y preguntar el presidente al acusado si tenía algo más que alegar, éste respondió: «Que me consta la existencia de una delegación especial de la masonería española que tiene por exclusivo objeto conspirar contra la integridad del territorio nacional, entregando al extranjero nuestras posesiones de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y derribar el trono de la actual Monarquía reinante. Así lo declaro y denuncio al señor fiscal de Su Majestad, que está presente...» (Pág. 149.)

 «¿A quién sirven los partidos comunistas, a su nación o a los dictados del Kremlin? ¿A quién sirven las logias masónicas, a su nación o a los intereses a que la Orden sirve, que pueden ser, en muchos casos, totalmente contrarios al del bien común de una nación determinada?» (Página 516.)

 «El hombre tiene que actuar en este aspecto básico de su participación en las tareas del Estado de una manera directa y no dando su representación en forma de carta blanca a un profesional de la política, que luego puede hacer mangas y capirotes con la representación que ostenta, sin preocuparse para nada del interés de sus representados e incluso actuar en su actividad política según sus particulares compromisos extranacionales, al dictado de consignas contrarias al interés de su propia nación, como es el caso de los partidos comunistas o de la actuación de los políticos sometidos a la obediencia de organizaciones internacionales o extranacionales, como la Internacional Socialista o la Masonería.»(Página 518.)


 Revista ¿QUÉ PASA?, núm. 217, 24-Feb-1968

 

(*) “JUAN DE LA COSA": seudónimo de D. Luis Carrero Blanco, como escritor político.

jueves, 22 de octubre de 2026

El oro sacado por los rojos en el yate “Vita”

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

  (…) Conviene recordar que la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles) fue creación de un “socialista moderado, humanista” (¿?) que ya en España se había destacado con la creación del DEDIDE (Departamento Especial de Información del Estado), al que posteriormente se cambiaría su denominación por SIM. Este individuo se llamó Indalecio Prieto.

 Los fondos “fundacionales” de la JARE estaban constituidos por el tesoro del “Vita”, un barco en el que otro asesino llamado Negrín mandó cargar con los valores, joyas, divisas y oro y plata en barras, robados al pueblo español, como jefe de la banda de criminales que se constituyeron en “Gobierno”. El valor del tesoro era de unos TRES MIL MILLONES DE PESETAS ORO, del año 1939. El barco, que había zarpado del puerto de Barcelona unos días antes de la liberación de la ciudad (enero, 1939), enfiló rumbo al puerto mejicano de Veracruz. Enterado el capitán del “Vita” del final de la Cruzada, fue a visitar a Prieto, temeroso de que el tesoro consignado al mismísimo Negrín no cayese en poder del gobierno de Méjico, ante un problemático reconocimiento del gobierno del Generalísimo Franco.

 Prieto y Lázaro Cárdenas, presidente de aquel país, llegaron a un acuerdo: el tesoro pasaba a ser propiedad de Prieto, excepto una pequeña parte que se reservaría para Negrín. Prieto se comprometió a financiar la campaña electoral de Ávila Camacho, del mismo partido inamovible de Cárdenas. Se descargó el tesoro y, a la vez, no se le cobraron los aranceles que sobrepasaban los trescientos millones de pesos, todo en beneficio del pueblo (¡).

 Los fondos de la JARE se iban transfiriendo periódicamente a la banca suiza, para que un tal Riquelme, general derrotado, los distribuyese a sus compañeros: Vicente Carrillo los repartía a los mutilados y así iban viviendo del robo los exiliados en Francia, excombatientes del ejército rojo, en 19 campos de concentración, 4 de los cuales en Marruecos, para que sus esclavos trabajasen y gozasen de las delicias del desierto. Se desconoce, por el momento, a cuanto ascendía la mensualidad de José Andreu Abelló, de la Junta de la JARE, que se guardó muy bien de no vivir en un campo de concentración.

 Todos estos datos tan resumidos son válidos para que los mutilados del ejército rojo en España, que han venido reclamando no sé qué pesetas del gobierno del Generalísimo Franco, hagan los trámites necesarios y se dirijan a los miembros de aquella Junta de la JARE o a sus sucesores, a fin de que les ayuden, ya que fueron ellos los únicos responsables de todas las desgracias. No se olvide que además de las tres mil millones de pesetas ORO, valor 1939, hay muchos más miles de millones que los gerifaltes, asesinos de España, cuidaron de ingresar en numerosos bancos de Europa y América: crearon navieras, compañías exportadoras, etc., se comprendería que el producto de este enorme tesoro robado al pueblo español -que hoy (1970) continúa administrado por bandidos bajo la protección de Méjico- llegase a los exilados soldados rojos combatientes y mutilados. (…)

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

viernes, 16 de octubre de 2026

El perjurio institucionalizado

 Artículo de 1977

 LA RAZÓN DE UN SUICIDIO

¿Cómo destruir en unos meses la obra de cuarenta años?”

 Estas meditaciones fueron escritas sin ninguna influencia, sólo para explicar lo que estaba sucediendo; ni perspectiva de tiempo o espacio, siendo publicados antes incluso de la legalización del Partido Comunista (Abril. 1977), de modo que es indiscutible el mérito de JEHAN BOUYAL y los medios de información que, en principios de 1977, le permitieron escribir “¿Cómo destruir en unos meses la obra de cuarenta años?”. “El perjurio institucionalizado”.

 “Desde el 24 de noviembre de 1975 España vive en la hora del perjurio.

 El perjurio institucionalizado es la destrucción metódica y científica de todas las estructuras políticas, económicas y sociales del Estado del 18 de Julio, el restablecimiento del multipartidismo con 150 o 200 partidos, cuyo número exacto se ignora, del régimen parlamentario y el plurisindicalismo, con el reconocimiento de un momento a otro, de Partido Comunista, mientras las Cortes no tienen más que tres o cuatro meses de supervivencia, y el Movimiento, con toda su estructura, está condenado a muerte en tanto que la supresión del Tribunal de Orden Público no es más que el preludio del de la DGS y las Brigadas Sociales, etcétera.

 Y en cuanto al separatismo, ha logrado ya en un año un estatus equivalente al que tuvo durante la República.

 El perjurio institucionalizado significa, por tanto, la traición a los ideales del 18 de Julio y a su victoria, que son la única legitimad de la Monarquía instaurada, por las que murieron cientos de miles de españoles, héroes y mártires de una Cruzada que, actualmente, se pretende presentar como una guerra civil igual que otras.

 Aniquilar a España

 El sacrificio de sus mártires es ahora ridiculizado y su memoria ofendida diariamente en toda España, por medio de la prensa, la radio la televisión del Gobierno Suárez.

 Actualmente (1977), es peligroso pasear por las calles de Madrid exhibiendo una estrella de alférez, aunque los asesinos del Ejército rojo (llamado republicano) pueden alardear de su vuelta del exilio. Los supervivientes de los “paseos” y las checas son parias importunos, pero los asesinos de ese Ejército rojo (llamado republicano) se benefician desde ahora con las pensiones que permitirán a sus hijos -objetores de conciencia- seguir los cursos de marxismo impartidos desde las Facultades de la Monarquía.

 Y en tanto que los periódicos y revistas compiten en la escalada de una abyección que deslumbraría a Olof Palme, la revista FUERZA NUEVA puede ser censurada en aplicación de la consigna en vigor por toda Europa: “El peligro está en la derecha”.

 El nuevo sistema se impone desde el extranjero

 La España verdadera -la España española- murió el 24 de noviembre de 1975 por la mañana, cuando en Cuelgamuros unos obreros sellaron ante mí la fosa a que cubre la tumba del Caudillo.

 Aquella mañana los cuervos carroñeros reemprenden su vuelo, pero días más tarde regresan a Madrid para asistir a la llamada misa del Espíritu Santo (aunque muy probablemente no fuera el Santo Espíritu el único en acudir), ceremonia con la que se daba comienzo al reinado.

 Cuando se contempla, un año más tarde, la foto de familia tomada entonces, se comprenden muchas cosas (hay fotos históricas más elocuentes que todos los comentarios, como ocurre también con la foto de familia de Yalta) Allí están todos rodeando al rey como a un rehén. Todos parecen resplandecientes (y tenían verdaderas razones para estarlo). Era otra vez como el regreso de los “nuevos afrancesados”, según Blas Piñar.

 Difícilmente pueden imaginarse todas las presiones que se ejercían sobre España desde hacía quince meses: Estados Unidos, obligados sin embargo a contenerse ante la susceptibilidad española si querían seguir disponiendo de sus bases; el Vaticano, que saludaba “con simpatía” el cambio de situación, pero sin olvidar la impopularidad creciente del sacerdotado rojo de España, que últimamente procedía a sus anchas; Francia, experta en liberalismo avanzado; Portugal, de proa a la anarquía; Italia, al borde de la bancarrota y de la guerra civil, pero cuidando todavía de dar lecciones; Gran Bretaña, olvidando Gibraltar; y Escandinavia, ese gran cubo de basura de Europa; la Masonería, ya denunciada por el Caudillo en su lecho de muerte y que regresa, reforzada por el capitalismo internacional; el judaísmo, en una palabra, que resurge en España igual que por doquier, lo que no le impide la leyenda de los seis millones para pasar su factura por ella.

 Así se explica la farsa de Estrasburgo

 El 6 de diciembre de 1976 es una fecha que pasa inadvertida en la que se buscaría en vano un simple comentario en cualquier diario europeo, señalando el acontecimiento. Y, sin embargo, ese día se producía un acontecimiento muy importante: la clausura del Congreso Mundial Judío celebrado en Madrid por una elección que no cabe suponer casual.

 Las Internacionales del capitalismo y el marxismo han recuperado en España el campo de batalla que desde el 18 de julio de 1936 les había estado vedado.

 Para acabar de comprobar cómo el actual sistema está impuesto a España desde el extranjero, basta volver brevemente la mirada hacia atrás. ¿Qué se decía en Estocolmo año y medio antes? ¿Qué se reclamaba en La Haya? ¿Qué se aconsejaba en París? ¿Qué se exigía en el Congreso de Europa? Las mismas fórmulas, los mismos términos, idénticos patrones. Y si alguna vez resurgía un chispazo de la dignidad española, inmediatamente los sumos sacerdotes de la democracia universal fruncían las cejas y llamaban al orden.

 Pero como, a pesar de todo, la confianza concedida a los nuevos dueños de España era muy limitada, resultaba preferible regresar para comprobar si las consignas habían sido cumplidas correctamente. Apenas dejaban Madrid los socialistas Brandt, Mitterrand, Palme y Nenni, les sucedían los demócratas cristianos, peores que todos, con Tindemans a la cabeza y Lecanuet, para un acontecimiento apoteósico que acababa de anunciarse: la Conferencia Eurocomunista (marzo, 1977) con Marchais y Berlinguer, pues aunque Francia, Italia y Portugal poseían los tres partidos comunistas más poderosos de Europa Occidental, la elección de la capital de España para celebrar aquel encuentro no era tampoco una simple casualidad.

 ¡Nosotros, en la luna!

 No hay que pensar que los nuevos dirigentes españoles no estén fuertemente vinculados con el “bochornoso” pasado, como se ha pretendido, pues todos los ministros “proceden” de la dictadura y algunos incluso, como Adolfo Suárez, desempeñaron importantes funciones dentro del franquismo, pero los renegados creyeron siempre que bastaría con su hazaña para hacer olvidar sus orígenes.

 Como todos tienen compromisos que cumplir y calendarios que respetar -pues a la menor vacilación serían llamados al orden bien en París o en Estocolmo- nada les detiene en su decisión de hacer almoneda del Estado del 18 de Julio. La fuerza de las presiones exteriores o las internas, por medio de algaradas y atentados, harán posible la amnistía, los partidos políticos, los objetores de conciencia y que hasta la “ikurriña”, bandera de los asesinos de ETA, sea reconocida oficialmente”.

  

Revista FUERZA NUEVA, nº 638, 31-Mar-1979


miércoles, 14 de octubre de 2026

Vascongadas bajo dominio rojo-separatista (1936-37)


 “LAS VASCONGADAS BAJO EL DOMINIO ROJO-SEPARATISTA“

 El nacionalismo vasco al desnudo

 Hay como un complot, muy generalizado, para que lo ocurrido en nuestra guerra de Liberación se olvide. Los motivos son claros: Una vez que se consiga, bajo el espejuelo de que el recuerdo constante de nuestra guerra separa a los españoles, el olvido, las nuevas generaciones sobre todo se formarán ajenas a cuanto supuso el Movimiento Nacional, a sus motivaciones y su limpia ejecutoria. Después, el paso siguiente es más fácil. Tergiversar los hechos, cuando se ha olvidado la realidad, apenas cuesta ni ningún esfuerzo.

 Precisamente, uno de los capítulos más tergiversados por los interesados en el olvido a ultranza de nuestra contienda, es todo lo ocurrido a las Vascongadas desde la iniciación del Alzamiento hasta la conquista, por el Ejército Nacional, de esta región. En paciente y constante labor se pretende hacer creer que la dominación rojo- separatista en las Vascongadas tuvo un matiz especial; que allí, por el claro catolicismo de los habitantes, no hubo persecución religiosa, que allí no existieron desmanes, fusilamientos, torturas, robos y saqueos, incendios, devastaciones. Pero fue allí, precisamente, donde la política de “tierra calcinada”, ante el avance del Ejército Nacional, se llevó con más saña.

 Traemos hoy a nuestras páginas un extracto de lo ocurrido. Lo hemos obtenido del libro “Informe sobre la situación de las Provincias Vascongadas bajo el dominio rojo-separatista” (1938) publicado por la Universidad de Valladolid y realizado por la Comisión nombrada por su Junta de Gobierno con este fin. Lo firman personas tan poco sospechosas de parcialidad como el Decano y los profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad citada.

 Un aleccionador libro que -simple coincidencia- ha desaparecido (1970) de las Bibliotecas de muchos centros oficiales donde antes estaba.

 Por razones de espacio nos vemos obligados a publicar un extracto del mismo en dos entregas sucesivas, que recogen los datos más interesantes sobre el tema. Veamos qué dice:

 La primera conclusión la que se llega, apenas se recorren unos cuantos pueblos del territorio vasco, es la de reconocer que el problema de esta región tiene caracteres peculiares específicos, que obligan a analizarlo aparte y separarlo de las demás regiones de la zona roja: este carácter distintivo de la zona vasca es debido a la presencia de lo que ellos llaman nacionalismo y que debe llamarse, lisa y llanamente, separatismo.

 El separatismo vasco, que es una de las más monstruosas aberraciones del espíritu humano, ha hecho posible el odio a España en gente nacida en territorio español, ha unido al sedicente católico con el sin-Dios, ha hecho posible la existencia de una parte inconsciente del clero regular y secular que asistía impasible a la profanación de las iglesias y ha permitido una desatada y especial propaganda que quería presentar al país vasco-separatista, ante el extranjero, como un oasis de tranquilidad, respeto ideológico y normalidad civil, frente a los desmanes anárquicos de las demás repúblicas rojas.

 La riqueza del País Vasco, sus relaciones comerciales de índole internacional, favorecían la extensión de esta propaganda; y todas las apariencias de normalidad que, inútilmente, querían buscarse en el resto de la España roja, se afirmaban como existentes en Vasconia y se pretendía, con ello, convencer al mundo de que  Vasconia era el único rincón donde había un Gobierno, se celebraba el culto normalmente y se vivía en un ambiente de legalidad. Este era el carácter específico del problema vasco, esto es lo que obliga a separarlo de todos los demás: la gran mentira euzkadiana que se desenmascara con la presente información, en la que resalta claramente la criminal falsedad de cuanto afirmaba la propaganda vasca.

 Su punto neurálgico, la normalidad religiosa, es plena y absolutamente falso. En la provincia de Vizcaya, sede del separatismo, han sido profanadas el 90 por ciento de las iglesias, ermitas y conventos; ha sido regla general, como puede deducirse de la lectura de las actas, el establecer en ellas cuarteles, parques de intendencia, depósitos de municiones, refugios para los huidos, etc. Como consecuencia natural, quedaba suprimido el culto, habiendo lugares en los que esta supresión ha durado todo el tiempo de la dominación roja, y como los ocupantes de los lugares sagrados, que unas veces eran separatistas y otras comunistas, socialistas o anarquistas, no tenían ningún respeto a los objetos religiosos, han dejado en los lugares ocupados la más patentes huellas de su salvajismo y arreligiosidad. Ha sido frecuente la destrucción, mutilación o quema de imágenes, el fusilamiento de las mismas o de cuadros religiosos, la destrucción de altares, violación de sagrarios, rotura de órganos y destrozo de mobiliario. No contentos con esto, se ha hecho burla sacrílega de actos y ceremonias de la religión católica, revistiéndose con ornamentos sagrados, profanando vasos sagrados, celebrando parodias de procesiones y matrimonios, conviviendo milicianos y milicianas en el interior de los templos y convirtiéndolos, más de una ocasión, en salones de baile y prostíbulos, en los que todo desmán era permitido.

 Cuando el avance victorioso de nuestros soldados les obligaba a retirarse, dejaban los lugares santos, en el mejor de los casos, convertidos en estercoleros, llenos de inmundicia y destrozos, pero si tenían tiempo –y, desgraciadamente, lo tuvieron en muchas ocasiones- incendiaban el templo o convento que habían ocupado, sin pensar en el valor material o artístico, a veces único, de los objetos que, con aquel incendio, se destruían. Elocuentes son las fotografías recogidas, pero quizás entre todas ellas sean las que más impresionen aquellas de monumentos bárbaramente destruidos por la dinamita, que convertía instantáneamente la casa de Dios en un montón de ruinas.

 Pero no era sólo la destrucción material, sino que a ella ha ido paralela a la persecución personal. Unos 50 sacerdotes han perecido asesinados en el feudo del que se calificaba “católico gobierno de Vizcaya”, centenares de párrocos y coadjutores han tenido que buscar en la fuga la seguridad de sus vidas; la totalidad del clero, salvo una insignificante minoría y ésta por sus ideas separatistas, ha tenido que abandonar las ropas talares por el peligro que su uso representaba; no se tocaban campanas ni se celebraban entierros católicos, ni se administraban, públicamente, los sacramentos; en los pueblos donde se pudo celebrar culto alguna temporada era éste restringido, anormal, sin predicaciones, reducido a escasas misas de primera hora y con asistencia de los pocos fieles que se atrevían a desafiar las burlas o amenazas de los milicianos dominadores.

 Y en Bilbao, en la propia capital que, fácilmente, podía recorrer el fugaz presidente de la diminuta república vasca, fue incendiada la iglesia de las Concepcionistas, ocupados y profanados todos los conventos, asesinados gran número de sacerdotes, mientras otros se hallaban en las cárceles por el solo delito de serlo. Cierto que había culto en las iglesias, pero esta era la gran farsa de la apariencia ante el extranjero, culto limitado en la mayoría de ellas, si se exceptúa alguna como la de los Santos Juanes, con su clero separatista; sacerdotes de seglar, sacramentos en secreto, silencio en las campanas, supresión de sermones, huida de sacerdotes, amenazas a los fieles, espionaje en las iglesias hábilmente disfrazado de guardia protectora: esta era la vida religiosa de la capital. En la misma basílica de Begoña, tan identificada con el sentimiento religioso del pueblo bilbaíno, se robaron joyas, se destrozaron vasos y ornamentos, se profanó el templo y se destrozaron y pisotearon dos copones llenos de Sagradas Formas. Esta era la “normalidad” religiosa que se disfrutaba en los dominios del llamado Gobierno de Vizcaya.

 También se intentó paralizar totalmente la riqueza industrial de la región mediante el desmonte y traslado de la maquinaria y el incendio de fábricas y talleres, pero, afortunadamente, el avance de nuestro invencible Ejército fue más rápido que la retirada separatista y buena parte de esa maquinaria ha sido recuperada en Bilbao. Lo que no puede recuperarse jamás es la riqueza de aquellos pueblos como Irún, Eibar, Munguía, Amorebieta y otros, que fueron víctimas escogidas de la barbarie rojo-separatista y perecieron destruidos con el metódico empleo de la gasolina y la dinamita y con el evidente propósito de que, al ser perdidos por “Euzkadi” no fuesen recogidos por España. También nuestro propio avance pudo evitar que se repitiesen tales destrozos colectivos en otros lugares como Ermua, Deusto y el mismo Bilbao, donde estaban preparadas las cargas que habían de hacerlos saltar y se conservan aún las huellas de tan siniestros propósitos.

 Metódica ha sido también la destrucción de las vías de comunicación: centenares de puentes volados, algunos tan valiosos como los de la capital vizcaína, cuya voladura ni siquiera se disimuló con una necesidad táctica de resistencia. Metódico el saqueo de las casas particulares, en el que tomaron buena parte los elementos separatistas. Metódico el pillaje de los bancos, con fractura de las cajas fuertes que constituían lo más valioso del cargamento que llevaban hacia el extranjero los barcos separatistas. Metódicas las matanzas en los barcos y cárceles, hechas con anuncio previo y sin la menor sombra de resistencia por parte de la autoridad: Ondarreta, Guadalupe, Angeles Custodios, Larrinaga, Galera, Cabo Quilates, son nombres que, para vergüenza eterna irán siempre unidos al pretendido Gobierno de Vizcaya. (…)

 Pero es que no han sido solamente los atropellos cometidos abiertamente, sin enmascararlos, con la función del que se deleita en el daño realizado y esparce su huella, con satisfacción insana, como firma y testimonio inconfundible de su autor. Más peligrosos son aquellos desmanes en los que actúa el disimulo: aquellos en que los verdugos intentan disfrazarse de víctimas, en que lloran, hipócritamente sobre el efecto, sin que se atrevan a mostrar la causa que lo produjo. Esos atropellos de refinada malicia, que en los mares se traducen por el torpedeamiento de buques extranjeros en funciones de control, que son, en los aires, agresiones a los aviones de países vecinos y originan, en la tierra, los asaltos a las embajadas y los asesinatos de súbditos extranjeros, todo ello bajo la máscara de la inocencia y la cobarde acusación contra nuestras gloriosas y nobilísimas fuerzas; esas diabólicas y criminales farsas, decimos, tienen también odiosa representación en el País vascongado con los dos nombres que más ha trompeteado por el mundo la propaganda rojo-separatista: Durango y Guernica. (…)

 Léanse los documentos que en esta información se aportan, contémplense detenidamente las fotografías, calcúlese que aún existen centenares de pueblos en los que el daño o saqueo, tan repetido, tan igual, no hizo precisa la redacción de nuevas actas que hubieran hecho interminable la información y, después de este examen, después de recibir las impresiones que tan a lo vivo conmovieron a esta Comisión, nada más fácil que coincidir con ella en las tres conclusiones que presenta como resumen de su viaje.

 1ª El pretendido “gobierno de Euzkadi” no era católico. ¿Qué importa que su presidente acudiese, con ostentación, a ceremonias religiosas; que la ínfima parte del clero separatista celebrase cultos pomposos en alguna iglesia bilbaína y que el cadáver de algún “gudari” distinguido fuese enterrado con solemnidad y gran profusión de máquinas y operadores cinematográficos? Esa era la apariencia farsante que quería mostrarse al extranjero, pero ese mismo presidente sabía que la Iglesia de Orduña, donde él hizo sus estudios y pasó su adolescencia, había sido brutalmente profanada con destrozos, violaciones y asesinatos; ese clero minúsculo que rehuía todo lo posible la ropa talar, conocía la vida de sus compañeros, sus angustias en los escondrijos, sus persecuciones, sus martirios; esos entierros, todo propaganda, contrastaban con los del resto de la población católica, hechos en secreto, sin cruces, sin ornamentos. Ese gobierno se unía con lo más encarnizados enemigos de la religión católica y ocultaba y falseaba la voz de la Jerarquía eclesiástica, cuando ésta tachaba de herética tan nefanda unión; ese gobierno permitía que en la mayor parte de su territorio se viviese sin culto, se muriese sin asistencia católica, desapareciesen los ministros del Señor y se destruyesen los templos que el espíritu católico había levantado para su adoración. Son demasiadas las profanaciones, los sacrilegios, las impiedades y los delitos de todo orden sufridos por la Iglesia de Vizcaya, para que se pueda justificar la conducta de su gobierno y, desgraciadamente, todo conduce a la misma convicción: no era católico el pretendido gobierno de Vizcaya.

 2ª El “gobierno de Vizcaya” no era patriota. No hay que hablar de. patriotismo sano y auténtico de la España una, grande y libre, que ha despertado pujante con el Movimiento nacional y vencerá cuantos obstáculos se le opongan hasta encauzar a la Patria por derroteros de Imperio; la misma falsa existencia del “gobierno de Euzkadi” era incompatible con este patriotismo, demasiado grande para los dirigentes vascos que, en un achicamiento inverosímil y suicida de los horizontes nacionales y con una soberbia e ingratitud verdaderamente satánicas, se enfrentaron como hijos desnaturalizados, con la Madre a la que debían sus glorias pasadas. Pero es que ni siquiera eran patriotas de Vizcaya, ni siquiera amaban la tierra que pretendían regir, pues, de lo contrario, nunca hubieran permitido que se la aniquilase, que se destruyese su riqueza, que desapareciese o disminuyese su tesoro artístico. Desde Irún, primera víctima colectiva de la furia rojo-separatista, sabía el llamado “gobierno de Euzkadi” lo que podía esperar de sus colaboradores y, al cabo de diez meses de guerra continua, seguía aliado con ellos y había visto destruirse los mejores pueblos de sus provincias. Los destrozos materiales, las enormes pérdidas industriales y agrícolas, el empobrecimiento del comercio, los saqueos de bancos, las penalidades de todo género sufridas por el pueblo vasco y que, en su inmensa mayoría, podían haberse evitado, nos afirma decididamente en nuestra segunda convicción: el “gobierno de Euzkadi” no era patriota.

 3ª El denominado “gobierno de Euzkadi” no era humano. Si el “gobierno de Euzkadi” veía impasible el incendio de sus pueblos y la destrucción metódica de su riquezas y vías de comunicación, podía, quizá, al alcanzar un refugio en el extranjero, hablar de monstruosas tácticas de guerra en las que se permitiese asolar regiones enteras para que nada pudiera aprovechar al vencedor; pero en esas regiones, asoladas y empobrecidas, había seres humanos, humildes habitantes de la región vasca ajenos a los complicados problemas de Vizcaya y que sólo aspiraban a que se les dejase vivir en paz. La conducta del gobierno de los gudaris y de sus aliados con los caseros vascos ha sido de una falta de humanidad inconcebible: los incendios de caseríos, los robos de ganados y enseres, las amenazas y violencias culminaron con la orden general de evacuación y retirada para aquellos seres, ancianos en su mayoría, que vivían más arraigados al propio terruño que sus mismos huertos. Esta evacuación forzada, cruel e inhumana, que se extendía a aldeas, pueblos y ciudades, que ha empobrecido o arruinado a millares de campesinos, que tenía que hacerse con la amenaza de la pistola y entre el llanto de los forzados, ha producido esa nota desoladora y triste que llenaba las carreteras vascas, después de la conquista, de gentes que a pie, en carro o con caballerías, con el pobre ajuar rescatado, volvían despacio a los rincones que les vieron nacer con la esperanza de reconstituir una vida que nadie debió interrumpir.


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Revanchismo renombrando las calles

 Artículo de 1979

 Los nombres de las calles

 La ola de revanchismo que mueve a los políticos a quienes los traidores de Franco regalaron la victoria lograda a costa de tanta sangre se manifiesta en la fiebre de suprimir del nomenclátor callejero cuantos nombres, fechas o hechos puedan recordar o perpetuar la historia de la Cruzada de Liberación y la derrota que ante el mundo infligiera a los rojos Francisco Franco.

 Como una obsesión, la pertinaz insistencia en querer borrar de las mentes un hecho histórico irreversible y la maniobra de querer cambiar la triste y degradante imagen de lo que fuera la dominación roja, sus dramáticas, sangrientas y deplorables consecuencias, la repulsa general del pueblo hacia los símbolos, anagramas y banderas -hoy otra vez en el poder- y, posteriormente, el espontáneo júbilo popular al llegar la tan anhelada liberación, que Cataluña conmemora precisamente estos días (1939-1979).

 Los pueblos y ciudades sufren la oprobiosa imposición de nombres que vienen a hacernos convencer que la guerra civil habría sido una inútil militarada y crear en el ambiente una atmósfera de “provisionalidad” de aquellos años de paz, orden y prosperidad, que tuvimos la dicha de vivir hasta que los partes de la victoria son arrancados de las casas consistoriales y que se toleren las voladuras de los monumentos a los Caídos por Dios y por España o las vejaciones y ofensas a la bandera nacional.

 Las calles que llevaron los nombres de José Antonio, Franco, Calvo Sotelo, Alcázar de Toledo. Mártires de la Tradición, etc. son objeto de cambios parar “democratizarlas” poniéndoles nombres que en no pocas ocasiones nos traen vergonzosos recuerdos, llenos de dramatismo, individuos indeseables y sucesos atentatorios a la Patria.

 Los ajusticiados por sus delitos contra España -o simplemente por delitos comunes- son exaltados como mitos defensores de la libertad y del pueblo, como los que estuvieron al lado del comunismo, la masonería, el marxismo e intervinieron en los expolios, incendios, asesinatos y abusos que sufrimos desde 1936 a 1939, y autores de los sucesos que sumieron a España en la pobreza, la destrucción y el caos del que Franco y sus seguidores lograron sacarnos, gracias al esfuerzo de todos los españoles y al sacrificio de nuestros mejores.

 Ya no se tolera que una calle nos recuerde un nombre glorioso. Y con desmesurada venganza son rotas las lápidas honradas con los nombres de los héroes y las gestas que culminaron con la victoria de aquella Cruzada de Liberación, cuyo solo recuerdo les saca de quicio.

 La hoz y el martillo ha vuelto a enseñorearse de la calle y de la política. El nombre de Dios, borrado de la Constitución. La unidad de España es tema provocativo en las autonomías y “nacionalidades”, como provocación se considera el gritar “Arriba España” o simplemente “viva el honor”.

 ¡Qué pena y qué vergüenza!

 La sangre de nuestros caídos -caídos por amor- clama justicia ante tan graves agravios y olvidos.

 LLUYS


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

 

lunes, 17 de agosto de 2026

Patrimonio incautado a partidos y sindicatos, tras la Guerra Civil

 Artículo de 1979

 DEVOLUCIÓN

 EN estos últimos tiempos se habla, se trata, sobre la devolución de los patrimonios incautados a los partidos políticos, al final de la Guerra de Liberación, y, en algún caso y población, parece así se ha hecho; y aun se ocupan, como presión, locales de la AISS.

 Como un ciudadano más, con derecho a emitir opiniones, estimo que esos ¿patrimonios? deberían pasar a poder del Estado, por los siguientes motivos:

 En primer lugar, por la referencia, tantas veces hecha, al tesoro español llevado a Méjico en el «Vita»; el oro llevado a la URSS, y la plata y oro vendidos en Francia.

 En segundo lugar, lo que es imposible de contabilizar, por el expolio a que sometieron a particulares, exigiendo la entrega de colchones, cubiertos, vajilla, menaje de cocina, mantas y ropas de abrigo para el frente y hospitales, lo cual, como es lógico, no se recuperó, además de la entrega de armas, que en la mayoría de los casos se hallaban inútiles, pues eran de coleccionistas (arcabuces, trabucos, espingardas, machetes, gumías, sables, floretes, espadas, etc.), tampoco recuperadas y algunas, por sus incrustaciones o por su rareza, de gran valor, cuando no el sentimental de un recuerdo familiar.

 En tercer lugar, el saqueo, destrozo o mal uso de viviendas particulares, «requisadas», cuyos muebles, de valor en muchos casos, así como objetos de arte, vajillas, etc., ha sido casi imposible volver a reunir, pese a la labor de los Servicios de Recuperación que funcionaron en la posguerra; e incluso la «incautación» de joyas encontradas

en «registros» domiciliarios; y no digamos del mal uso y sus consiguientes reparaciones al entrar los dueños de nuevo en posesión de ellas; además hubo la «requisa» de vehículos, en general no recuperados, y si lo fueron, ¡en qué estado!; a ello hay que sumar bibliotecas y archivos aventados o destruidos.

 En cuarto lugar, al incautarse o intervenir las fábricas u otros establecimientos comerciales o mercantiles, la venta de productos manufacturados que se hallaban en almacén para ser expedidos, y el empleo, hasta su agotamiento, de las materias primas almacenadas; y no digamos de las cuentas bancarias intervenidas y de su utilización para «fines de guerra» u otras necesidades; lo mismo puede decirse de la intervención agrícola.

 Y, por último, la destrucción de iglesias, conventos y demás bienes de la Iglesia, así como el saqueo de sus tesoros y obras de arte (pinturas, esculturas, etc.), muchas de ellas quemadas; campanas fundidas…

 Este, pues, es el resumen que estimo avala el que sea el Estado quien entre en posesión, definitivamente, de bienes o patrimonios concretos, ante la imposibilidad de resarcir de tanto y tanto despojo a particulares, entidades, empresas...; granitos de arena cuya suma quizá se equiparase o superase, con creces, el valor del tesoro del «Vita» y del oro enviado a la URSS, hasta el momento sin recuperar.

 Narciso DÍAZ


Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979

 

martes, 28 de julio de 2026

El vergonzoso boicot de la ONU a la España de Franco

 Artículo de 1970 

 EL “CASO ESPAÑA”

  XXV aniversario de la ONU

 Si hacemos balance de las relaciones España-ONU en los primeros años de su existencia, veremos que arrojan un saldo negativo para nuestra patria. Ya en aquellas reuniones preliminares, en las que prácticamente se gestó este organismo internacional, España y el régimen español y al frente el Generalísimo Franco, más que nunca respaldado por su pueblo, fueron postergados en una demostración de hipocresía sin precedentes en la historia de las relaciones internacionales.

 Necesario se hace recordar lo que se dio en llamar el “Caso España” (año 1946) y las resoluciones que en la ONU, sobre el particular, se votaron: en especial aquélla que condenaba, negaba su entrada en la Organización (recomendando la retirada de embajadores) al “gobierno fascista de Madrid”; consecuencia de la cual fue el infame bloqueo político-económico contra nuestro país, cumbre de la más feroz y violenta campaña antiespañola orquestada en el seno de la ONU.

 Un subcomité integrado por Polonia, Francia, Brasil, Australia y China, fue encargado de estudiar el “caso España”, a instancias de una denuncia del gobierno comunista polaco, manifestando el “peligro” que para la paz suponía el régimen español; declaración ridícula y falta de base pero que, respaldada por la URSS, fue admitida.

 Así pues, para esclarecer acontecimientos y conocer datos que “legalizaran” una posible condena a España, fue llamado a declarar ante el Subcomité ese “clown” internacional de los años 40 y personaje funesto para la nación española en la década de los 30, que se llamaba Giral. Entre la sarta de mentiras que el exministro de Marina de la República tuvo a bien decir puede destacarse aquella de que “el ejército español contaba con 840.000 hombres y una flota de 300 unidades de combate”, poco menos que dispuestos a “asustar” a las pacíficas naciones  democráticas del mundo.

 El Subcomité dictaminó que España no constituía amenaza para la paz, pero que podía constituirla, e hizo una pomposa recomendación a la Asamblea General para que esta aconsejara, a su vez, el bloqueo diplomático. (Brasil no se identificó con este dictamen y Polonia, por su parte, mantenía su primitiva tesis sobre la amenaza mundial que España representaba. Lo que ignoraban estos sesudos varones componentes del Subcomité, mejor dicho no querían saber, es que esta teóricamente agresiva nación objeto de sus ataques, si hubiera efectivamente contado con este argumento que gratuita y maliciosamente se le atribuía, no hubiera sido denigrada de tal forma en esa tribuna de infundios antiespañoles en que se convirtió la Organización por aquellas fechas.

 Ahora bien, la ONU –“generosa”- por medio del Subcomité, en ese deseo continuo de mantener la paz y unión internacionales”, presentó una alternativa a España, en virtud de la cual si ésta se comprometía a declarar una amnistía general y a conceder al “sufrido” pueblo español el derecho a unas libertades esenciales que, según ellos, le eran negadas, consideraría favorablemente la solicitud española de ingreso en su seno. En una palabra, la entrada estaba condicionada a un retorno a la situación crítica de los años aciagos de la segunda república. Pero Madrid se adelantó contestando que no le vincularía ninguna resolución que significara injerencia en las cuestiones de incumbencia exclusiva de la nación.

La adhesión que los españoles demostraban por su Caudillo debió contrariar a las totalitarias –URSS- y a las democrática naciones -Gran Bretaña, Francia, USA- y así, en su deseo de “ayudar” a ese pueblo que seguía a Franco, enmendó la primitiva propuesta que hiciera, en su día, el Subcomité: Si el régimen del General Franco no desaparecía, siendo sustituido por un gobierno formado por los “prohombres de la resistencia”, la Asamblea aconsejaría la terminación de las relaciones diplomáticas con el Régimen.

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 Una vez más, sin éxito, se había intentado derribar al nuevo Estado. Rusia era la más interesada en ello, reciente como estaba su fracaso de convertir al país ibérico en una de sus “democracias populares” y sabedora, por otra parte, de la agudeza y visión política que su jefe demostraba al haber intuido, con suficiente antelación, la maniobra que el comunismo internacional tenía preparada.

 Así, en una carta dirigida a Churchill por medio del embajador español, le participaba su inquietud al respecto: “Porque no creemos en la buena fe de la Rusia comunista y conocemos el poder insidioso del bolchevismo, tenemos que considerar que la destrucción o el debilitamiento de sus vecinos acrecentarán grandemente su ambición y su poder, haciendo más necesaria que nunca la inteligencia y comprensión del Occidente de Europa”. La carta estaba fechada el 8-10-1944. La respuesta del airado “premier” inglés no se hizo esperar: “Le induciría a V. E.  a serio error si no desvaneciera de su ánimo la idea equivocada de que el gobierno de S. M. esté dispuesto a considerar ninguna agrupación de potencias en la Europa occidental basada en la hostilidad hacia nuestros aliados rusos o en la supuesta necesidad de defensa contra ellos”. Año y medio más tarde, Churchill, en un discurso, se vería obligado a confesar: “Nadie sabe lo que la Rusia soviética y su organización comunista internacional piensan hacer en un futuro inmediato ni cuáles son los límites, si existen, de su tendencia de expansión y proselitismo…” Estas afirmaciones le valdrían el que Stalin le sobrenombrara con el remoquete de… “ fascista”.

 Por otra parte, a Rusia -y esta es una razón de auténtica importancia- estratégicamente le interesaba España como etapa previa para lograr una rápida sovietización del continente europeo, y un buen paso para ello era destruir el Régimen establecido. Desde el punto de vista de la democracias occidentales, vencedoras en la segunda conflagración, el objetivo era presentar a España, ante los ojos del mundo, como continuadora y heredera directa de los regímenes fascistas vencidos; hacerla símbolo de una ideología “brutal” y, en tal concepto, lograr la repulsa internacional contra ella. La realidad era muy distinta; aparte su neutralidad, probada en el conflicto, nuestra patria, en aquellas circunstancias, se debatía con honestidad por su subsistencia, adoptando su propia solución, que le llevaría al reencuentro de sus verdaderas esencias y su auténtica idiosincrasia.

 ****

De cómico podemos catalogar el arreglo proyectado -que no prosperado- por el delegado de Cuba. Lo doloroso fue que, esta vez, el intento de humillación y de injerencia en los asuntos patrios partieron de una nación que recibió de la nuestra el idioma, cultura y civilización. El señor Belt, que así se llamaba el delegado cubano, propuso resolver el “caso” mediante el nombramiento de un gobierno interino integrado por los representantes de los países iberoamericanos, los cuales garantizarían la celebración de un plebiscito en el que el pueblo español podría expresar libremente sus deseos. ¡Qué injuria para España, nación soberana, y qué indignidad la de Belt!

 Pero todo fue inútil. Todas las amenazas y recomendaciones se estrellaron contra la unión y fortaleza de la nación española… Y obrando en consecuencia, el 13 de diciembre de 1946, la Asamblea General de la ONU discutía la moción presentada y aprobada por el Subcomité, con una posterior votación que arrojaba los siguientes resultados: A favor de la moción 34 votos, en contra 6 y trece abstenciones.

 El contenido de la “sentencia” era el siguiente, a grandes rasgos: “El régimen de Franco es un régimen fascista, modelado por la Alemania nazi y establecido por ella coactivamente”.  Asimismo, “mientras dicho régimen continúe en el poder no se permitirá su entrada en la ONU, ya que no representa al pueblo español”. Por tanto, recomienda que se prohíba su participación en organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas hasta que se constituya un gobierno aceptable. Mientras tanto, los pueblos de la ONU declaran que sienten una simpatía duradera por el pueblo español… “La Asamblea General recomienda también que todos los Estados miembros retiren inmediatamente de Madrid a sus embajadores y ministros plenipotenciarios allí acreditados”. Además, el Consejo de Seguridad “estudiará los medios necesarios para remediar la situación”.

 Así finalizó una de las representaciones más vergonzosas de la historia del supremo organismo internacional. El cinismo, la incomprensión, la mentira, la falta de rigor histórico… se dieron cita en una especie de cóctel Molotov arrojado contra España y sus ciudadanos, que, no obstante, supieron continuar el camino iniciado. El tiempo se encargaría de darle la razón y… el reconocimiento universal que entonces se le negaba.

 Gonzalo LÓPEZ-COBO

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 189, 22-Ago-1970


viernes, 24 de julio de 2026

El PSOE, siempre antiespañol en el tema de Gibraltar

 Artículo de 1979

 EL PSOE CONTRA ESPAÑA

 LA actitud negadora, hostil, agresiva contra su propia patria parece ser un rasgo común, un «consenso» unánime de nuestra partitocracia como si fuera para ella una posición de principio el antagonismo y la incompatibilidad entre la democracia formal y la patria española. Reviste todos los colores del iris hispano-masoquista: el silencio, el desdén, el menosprecio, la adopción de las insidias y enconos foráneos y la colaboración con ellos, la indiferencia hostil ante nuestros problemas más vitales. Tan sólo así se explica la impasibilidad con que contemplan el hundimiento económico que nos encamina raudos al subdesarrollo, la anarquía dueña de la calle, la proliferación del terrorismo impune, la inmoralidad desbordante, el descrédito y la mofa internacionales.

 Índice elocuente de esta actitud es el más de un centenar de ultrajes a la bandera que registra la Memoria de la Fiscalía del Reino, y los innumerables posteriores, ante la pasividad y el silencio de Gobierno, partidos, Parlamento, incluso del grupo de militares (a que se refiere don Prudencio García en su artículo), quienes «en artículos periodísticos muestran un evidente respaldo a la transición democrática». También habría que pensar en el respaldo a la bandera y a la patria.

 En tal posición aventaja a todos los partidos en límite inconcebible el PSOE felipista, en el interior con su entrega a los separatismos disolventes de España, y con el colonialismo ofrecido, la sumisión y la injerencia brindadas al extranjero. Es sangrante su actitud en el problema de Gibraltar. Desde sus primeras andanzas, cuando no podía soñar con el encumbramiento a que le ha propiciado y aupado el Gobierno de la Corona, comenzó sus gestiones y su oficiosidad probritánica. El profesor Tierno, en unas increíbles declaraciones que parecen más propias de Mr. Callaghan o de Mr. Owen, afirma que no puede mantenerse en su actual claustrofobia a Gibraltar. El secretario de Relaciones Exteriores, señor Yáñez, después de su visita —una de tantas del PSOE a los líderes gibraltareños—, formula una crítica durísima al cierre de la frontera y a la política gibraltareña de Franco y, sobre todo, de Castiella. Los socialistas españoles aparecen más preocupados, más apasionados por la apertura de la Roca que los mismos ingleses. 

Fue bochornoso el solemne viaje de Felipe González, en unión de Yáñez y de otros primates, a Londres, a fin de facilitar la ansiada apertura, porque ni Callaghan ni demás prohombres se dignaron recibirle. No obstante, con la resignada aceptación de todas las humillaciones extranjeras habitual en nuestros políticos demoliberales, afirmó que su viaje había sido muy positivo (es de creer que para los intereses del partido...). El Partido Socialista de Andalucía, que anteriormente se ha pronunciado a favor de la retrocesión de Ceuta y Melilla a Marruecos, comenzó su propaganda electoral con la visita en Gibraltar a Mr. Joshua Hassan, sin duda para que le ayude en la campaña.

 Con su anglofilia, el PSOE está contradiciendo sus postulados de defensa del proletariado. Sabe muy bien Felipe González que Gibraltar era una auténtica colonia de explotación por el tipo agravado de las que establecieron los gobiernos europeos en el Tercer Mundo, y decimos agravado porque España no es todavía un país tercermundista y porque aquellas colonias se impusieron por la fuerza, no fueron brindadas desde dentro; sabe que la apertura significaría restablecer la riada de trabajadores andaluces a la Roca sin los derechos laborales de que disfrutan todos los obreros europeos, incluida la prohibición de pernoctar o permanecer en ella, a fin de que su condición de raza inferior no contamine a la raza superior, anglosajona. Esta claustrofobia es la que habría de preocupar a Tierno Galván. ¿Sabe el PSOE que significaría restaurar el contrabando filibustero y la dominación británica en toda la región, sujetando a ella también la nueva industrialización del Campo de Gibraltar y su turismo? Y no hablemos de la otra colonización inconfesable, bien conocida antes: la femenina, a expensas de la miseria de la región y a cargo de los señores feudales de la Roca.

 Es lógico el optimismo del Gobierno inglés y la afirmación socarrona de Owen de que ahora es el momento más favorable para resolver el problema, confiando sin duda en dos actitudes convergentes tan lamentables por nuestra parte: la debilidad del ministro señor Oreja y el incondicional apoyo de la «alternativa de poder», porque están flotando un poco estelarmente en nuestro horizonte internacional de claudicación y de derrota dos fórmulas «ad hoc»: una vaga declaración por parte británica insinuando la palabra «soberanía» bastaría para la apertura total y el retroceso íntegro al statu quo anterior a Franco, por parte del señor Oreja (UCD), el pequeño ministro de los grandes fracasos, y para el gobierno de las renuncias internacionales; pero ni siquiera esta concesión suicida es aceptada por los ingleses.

 Otra declaración teórica reconociendo los derechos laborales de los trabajadores españoles sería suficiente a Felipe González para rubricar el pacto colonial, aun a sabiendas, como nos consta a todos, de su absoluta ineficacia práctica. ¿Qué garantías de efectividad, qué derecho de huelga y posibilidad de reivindicación sindical alguna les cabría a los obreros nuestros en el medio colonial hostil de la plaza militar, cuando, pese a declaraciones y compromisos internacionales suscritos, nuestros emigrantes en los países europeos, que no son colonias, sufren la consideración más vejaminosa de vida y trabajo, aunque no sepamos de gestión alguna en su favor por parte de Felipe en sus viajes «reverenciales» a dichos países?

 Utilizar la moneda falsa, la moneda cínica de una declaración retórica de derechos en el papel, en los contratos de trabajo de nuestros obreros gibraltareños, los cuales serían otros tantos serviles “contratos de adhesión” de la época del «pauperismo» en el siglo XIX, para sellar un compromiso —comparsa colonialista entre Albion y la «alternativa de poder» sería otra defección entre tantas— a la causa de España y de los obreros por parte de un partido que se llama «obrero y español» por sarcasmo.

 En la cuestión de Gibraltar, el PSOE de Felipe queda muy por bajo de su antecesor, porque aquellos socialistas de antes no sentían a España, y bien lo demostró Pablo Iglesias poniéndose de parte del extranjero cuando la guerra de Marruecos y en otras ocasiones, lo cual no puede extrañar dada su afiliación masónica y el odio a España de la secta, pero aun así aquellos socialistas como Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos, etc., mantuvieron la bandera de la reivindicación de Gibraltar, que ahora parece arriar el PSOE de Felipe González, de Guerra, de Yáñez, de Múgica Herzog…

 Carmelo VIÑAS Y MEY


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979