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viernes, 16 de octubre de 2026

El perjurio institucionalizado

 Artículo de 1977

 LA RAZÓN DE UN SUICIDIO

¿Cómo destruir en unos meses la obra de cuarenta años?”

 Estas meditaciones fueron escritas sin ninguna influencia, sólo para explicar lo que estaba sucediendo; ni perspectiva de tiempo o espacio, siendo publicados antes incluso de la legalización del Partido Comunista (Abril. 1977), de modo que es indiscutible el mérito de JEHAN BOUYAL y los medios de información que, en principios de 1977, le permitieron escribir “¿Cómo destruir en unos meses la obra de cuarenta años?”. “El perjurio institucionalizado”.

 “Desde el 24 de noviembre de 1975 España vive en la hora del perjurio.

 El perjurio institucionalizado es la destrucción metódica y científica de todas las estructuras políticas, económicas y sociales del Estado del 18 de Julio, el restablecimiento del multipartidismo con 150 o 200 partidos, cuyo número exacto se ignora, del régimen parlamentario y el plurisindicalismo, con el reconocimiento de un momento a otro, de Partido Comunista, mientras las Cortes no tienen más que tres o cuatro meses de supervivencia, y el Movimiento, con toda su estructura, está condenado a muerte en tanto que la supresión del Tribunal de Orden Público no es más que el preludio del de la DGS y las Brigadas Sociales, etcétera.

 Y en cuanto al separatismo, ha logrado ya en un año un estatus equivalente al que tuvo durante la República.

 El perjurio institucionalizado significa, por tanto, la traición a los ideales del 18 de Julio y a su victoria, que son la única legitimad de la Monarquía instaurada, por las que murieron cientos de miles de españoles, héroes y mártires de una Cruzada que, actualmente, se pretende presentar como una guerra civil igual que otras.

 Aniquilar a España

 El sacrificio de sus mártires es ahora ridiculizado y su memoria ofendida diariamente en toda España, por medio de la prensa, la radio la televisión del Gobierno Suárez.

 Actualmente (1977), es peligroso pasear por las calles de Madrid exhibiendo una estrella de alférez, aunque los asesinos del Ejército rojo (llamado republicano) pueden alardear de su vuelta del exilio. Los supervivientes de los “paseos” y las checas son parias importunos, pero los asesinos de ese Ejército rojo (llamado republicano) se benefician desde ahora con las pensiones que permitirán a sus hijos -objetores de conciencia- seguir los cursos de marxismo impartidos desde las Facultades de la Monarquía.

 Y en tanto que los periódicos y revistas compiten en la escalada de una abyección que deslumbraría a Olof Palme, la revista FUERZA NUEVA puede ser censurada en aplicación de la consigna en vigor por toda Europa: “El peligro está en la derecha”.

 El nuevo sistema se impone desde el extranjero

 La España verdadera -la España española- murió el 24 de noviembre de 1975 por la mañana, cuando en Cuelgamuros unos obreros sellaron ante mí la fosa a que cubre la tumba del Caudillo.

 Aquella mañana los cuervos carroñeros reemprenden su vuelo, pero días más tarde regresan a Madrid para asistir a la llamada misa del Espíritu Santo (aunque muy probablemente no fuera el Santo Espíritu el único en acudir), ceremonia con la que se daba comienzo al reinado.

 Cuando se contempla, un año más tarde, la foto de familia tomada entonces, se comprenden muchas cosas (hay fotos históricas más elocuentes que todos los comentarios, como ocurre también con la foto de familia de Yalta) Allí están todos rodeando al rey como a un rehén. Todos parecen resplandecientes (y tenían verdaderas razones para estarlo). Era otra vez como el regreso de los “nuevos afrancesados”, según Blas Piñar.

 Difícilmente pueden imaginarse todas las presiones que se ejercían sobre España desde hacía quince meses: Estados Unidos, obligados sin embargo a contenerse ante la susceptibilidad española si querían seguir disponiendo de sus bases; el Vaticano, que saludaba “con simpatía” el cambio de situación, pero sin olvidar la impopularidad creciente del sacerdotado rojo de España, que últimamente procedía a sus anchas; Francia, experta en liberalismo avanzado; Portugal, de proa a la anarquía; Italia, al borde de la bancarrota y de la guerra civil, pero cuidando todavía de dar lecciones; Gran Bretaña, olvidando Gibraltar; y Escandinavia, ese gran cubo de basura de Europa; la Masonería, ya denunciada por el Caudillo en su lecho de muerte y que regresa, reforzada por el capitalismo internacional; el judaísmo, en una palabra, que resurge en España igual que por doquier, lo que no le impide la leyenda de los seis millones para pasar su factura por ella.

 Así se explica la farsa de Estrasburgo

 El 6 de diciembre de 1976 es una fecha que pasa inadvertida en la que se buscaría en vano un simple comentario en cualquier diario europeo, señalando el acontecimiento. Y, sin embargo, ese día se producía un acontecimiento muy importante: la clausura del Congreso Mundial Judío celebrado en Madrid por una elección que no cabe suponer casual.

 Las Internacionales del capitalismo y el marxismo han recuperado en España el campo de batalla que desde el 18 de julio de 1936 les había estado vedado.

 Para acabar de comprobar cómo el actual sistema está impuesto a España desde el extranjero, basta volver brevemente la mirada hacia atrás. ¿Qué se decía en Estocolmo año y medio antes? ¿Qué se reclamaba en La Haya? ¿Qué se aconsejaba en París? ¿Qué se exigía en el Congreso de Europa? Las mismas fórmulas, los mismos términos, idénticos patrones. Y si alguna vez resurgía un chispazo de la dignidad española, inmediatamente los sumos sacerdotes de la democracia universal fruncían las cejas y llamaban al orden.

 Pero como, a pesar de todo, la confianza concedida a los nuevos dueños de España era muy limitada, resultaba preferible regresar para comprobar si las consignas habían sido cumplidas correctamente. Apenas dejaban Madrid los socialistas Brandt, Mitterrand, Palme y Nenni, les sucedían los demócratas cristianos, peores que todos, con Tindemans a la cabeza y Lecanuet, para un acontecimiento apoteósico que acababa de anunciarse: la Conferencia Eurocomunista (marzo, 1977) con Marchais y Berlinguer, pues aunque Francia, Italia y Portugal poseían los tres partidos comunistas más poderosos de Europa Occidental, la elección de la capital de España para celebrar aquel encuentro no era tampoco una simple casualidad.

 ¡Nosotros, en la luna!

 No hay que pensar que los nuevos dirigentes españoles no estén fuertemente vinculados con el “bochornoso” pasado, como se ha pretendido, pues todos los ministros “proceden” de la dictadura y algunos incluso, como Adolfo Suárez, desempeñaron importantes funciones dentro del franquismo, pero los renegados creyeron siempre que bastaría con su hazaña para hacer olvidar sus orígenes.

 Como todos tienen compromisos que cumplir y calendarios que respetar -pues a la menor vacilación serían llamados al orden bien en París o en Estocolmo- nada les detiene en su decisión de hacer almoneda del Estado del 18 de Julio. La fuerza de las presiones exteriores o las internas, por medio de algaradas y atentados, harán posible la amnistía, los partidos políticos, los objetores de conciencia y que hasta la “ikurriña”, bandera de los asesinos de ETA, sea reconocida oficialmente”.

  

Revista FUERZA NUEVA, nº 638, 31-Mar-1979


martes, 6 de octubre de 2026

Sin derechos divinos no hay derechos constitucionales

 Artículo de 1979

  LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES

 Nos acabamos de enterar por una revista. La constitución de Baviera, en Alemania, dice textualmente: “Un Estado y un orden social sin Dios, sin conciencia y sin respeto por la dignidad del hombre carecen de estabilidad. Sin Dios no es posible que “las bendiciones de la paz, de la convivencia y del derecho perduren en estabilidad”.

 Las palabras entre comillas pertenecen a la Ley Fundamental del Estado de Baviera. (“Roca Viva”, núm. 134, febrero 1979)

 Los parlamentarios españoles, hombres fuertes y al día, se consideraron superadores de cualquier clase de anacronismos. Y en la más moderna de todas las Constituciones del mundo, como es la nuestra, supieron sobreponerse y quedar por encima de los legisladores más avanzados.

 ¡Derechos del hombre! Frase una y mil veces repetida. Los animales no tienen derechos. Su naturaleza irracional no los reclama ni los necesita. El hombre sí. Porque el Creador le dio una naturaleza sociable, capaz por eso y necesitada de derechos y deberes. Sería imposible, de lo contrario, vivir en comunidad.

 ¿Derechos divinos en la Ley Fundamental española? Nadie los recordó ni los creyó necesarios. Hasta el mismo nombre de Dios fue suprimido allí, refleja y conscientemente. Bastarían los derechos humanos explícitos y a lo largo de todo el articulado de tan famosa Constitución.

 Más respetuosos fueron los legisladores bávaros con sus representados, creyentes en su mayoría, y más atentos, como pedía la democracia, al recoger y reflejar en la Ley Fundamental del Estado los sentimientos de un importante sector del país.

 Sustraída toda base de sustentación, los mismos derechos del hombre quedan inconsistentes.

 El artículo 15 de la Constitución española establece el “derecho a la vida”. Para hacerlo respetar bastaba promulgar la Ley Fundamental el 6 de diciembre de 1978… Eso creyeron algunos. Pero se quebranta hoy (1979) no sólo con más frecuencia sino con más impunidad que nunca, pese a la Constitución.

 Más atrás empezó todo

 El artículo 17 proclama el derecho a la libertad y seguridad personal. Pero en algunas regiones españolas muchos ciudadanos sienten cohibida esa libertad. Ni se atreven a salir de casa. Un tiro en la nuca les puede quitar la vida; o un atracador, el coche.

 Los amnistiados e indultados, aún reos de delitos de sangre, esos si alcanzaron plena libertad. Y uno de ellos, hasta diecisiete veces en dos años y medio. Porque otras tantas había sido encarcelado y liberado por otros tantos robos y atracos. Así leímos en la prensa.

 ¿Seguridad personal? La disfrutan los terroristas, ya que el artículo 15 de la Constitución, al abolir la pena de muerte, les da un verdadero seguro de vida; los demás, la tenemos colgada de su metralleta. Las mismas “cajas de seguridad” han dejado de serlo, forzadas como nunca, hasta quedar vacías.

 “El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular”. A pesar de esta cláusula constitucional, el domicilio de los españoles nunca fue menos inviolable. Hasta él pueden subir los terroristas, cuando quieran, para matar al dueño o llevárselo secuestrado.

 El artículo 19 de la Constitución reconoce el derecho “a elegir libremente la residencia y a circular por el territorio nacional”. Pero muchas personas, familias y entidades no pueden hoy ejercer esas libertades, forzadas al cambio o abandono de su domicilio habitual. Otras más, si pudieran, se irían también, desalojadas por el terrorismo, las huelgas, el paro, la ruina económica y por las amenazas.

 La Constitución garantiza el “derecho a entrar y salir libremente de España”. Hasta ahora lo tuvieron ilimitado y absoluto los criminales de ETA, que atravesaban los Pirineos a su gusto, en una u otra dirección. Veremos en adelante…

 ¿Derecho a la protección de la juventud y de la infancia, como expresa el artículo 20? Se quebranta a diario en las carteleras de espectáculos y en los escaparates de las librerías (…)

 El artículo 28 promulga la sindicación libre para todos. ¿Existe en la práctica esta libertad? ¿No la están burlando muchas coacciones morales y aún físicas, manipuladas a diario? Eso sí, hay un derecho ejercido con más amplitud que nunca en la historia laboral de España, y protegido por el mismo artículo 28, y es el derecho a la huelga. Esta expresión es un eufemismo. Porque muchísimas huelgas, la mayor parte de ellas, van contra todo derecho.

 Por fin, “todos los españoles tienen derecho al trabajo”. A no ser que lo impidan los piquetes, respaldados por ciertas instituciones paraestatales: eso podía haber añadido el artículo 35 de la Ley Fundamental.

 He ahí un trozo del panorama constitucional español. No sé si será porque a los derechos humanos les sustrajeron los derechos divinos, pero aquéllos van fallando uno por uno.

 Toda esta operación empezó algún tiempo atrás (1977). Cuando parecía más necesitada de reconciliación y de convivencia la sociedad española, una imagen de Cristo Crucificado, símbolo siempre de la fraternidad ente todos los hombres, fue removida del despacho de la primera autoridad de las Cortes Españolas (A. Hernández Gil). En consecuencia, los parlamentarios constitucionales rompieron ya toda relación con la Divinidad.

 V. F.


Revista FUERZA NUEVA, nº 637, 24-Mar-1979

 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Por qué no es posible la unión de las derechas

 Artículo de 1979

 POR QUÉ NO ES POSIBLE LA UNIÓN DE LAS DERECHAS

 Por Julián Gil de Sagredo

 El término “derechas” tiene un valor absoluto en el Evangelio de San Mateo 25,31 porque Cristo coloca a su derecha a los salvados y a su izquierda a los condenados. Sobre unos y otros recae una sentencia infalible, inapelable y eterna; por ello, los conceptos derecha e izquierda adquieren en la mente de Dios una valoración absoluta y definitiva.

 Por el contrario, en la mente de los hombres, dentro de los límites temporales en que se mueven y dentro de esa figura tan efímera y aleatoria que es la política, el concepto “derechas” es relativo y es además equivoco. Al no existir un criterio fijo y unívoco en la definición del concepto “derechas”, no es posible la unión en el pensamiento, y, como consecuencia, tampoco es posible la unión en la acción política derivada del pensamiento. Desarrollamos seguidamente estas ideas.

 La verdad tiene tres características que la hacen incompatible con el error: la claridad, la unicidad y la inmutabilidad.

 * La claridad en las ideas es un carácter específico de la verdad, porque al ser expresión fiel de la realidad, la reproducen con sus propios contornos, tal como es, concreta, delimitada, exacta, y, por tanto, diáfana. Por el contrario, cuando la idea no reproduce la realidad, sino que es una simple creación mental, al no mediar adecuación entre lo real y lo pensado, se produce un conocimiento difuso, vaporoso, abstracto, inconcreto, inexacto, y, como consecuencia de todo ello, oscuro. De ahí que los principios políticos que reflejan el orden natural fijan con claridad y seguridad las cuatro causas, eficiente, final, material y formal, sobre las cuales se asienta la política. “A sensu contrario”, los principios que se desvían de aquel orden natural se enredan en divagaciones sobre conceptos y términos de hechura puramente subjetiva, desvinculada de la realidad, y resultan consecuentemente teñidas de abstracción, de vaguedad, de oscuridad.

 Estos fenómeno es típico del liberalismo filosófico, que después trasciende al liberalismo político y a sus diversos sistemas. El concepto “libertad”, centro neurálgico del liberalismo filosófico, adquiere autonomía y sustantividad sin vinculación con la realidad. La libertad es tan ilimitada y soberana, que, desconociendo el orden real de las cosas, pretende modificarlo según los esquemas mentales que ella misma se fabrica: la libertad engendra la realidad; y como realidad y verdad ontológica es una misma cosa, la libertad engendra también a la verdad.

 Ahora bien, como la libertad es individual, habrá tantas verdades como individuos, habrá mi verdad, tu verdad, su verdad, pero no existirá una verdad objetiva, permanente e inalterable. Como consecuencia de esa proyección subjetivista y relativista, sobrevendrá el caos mental y la confusión doctrinal. Es el castigo inherente a la rebelión contra la palabra de Dios, Juan 8,32, “la verdad os hará libres”, es decir, la verdad engendra a la libertad. El liberalismo filosófico y posteriormente el político, al invertir las palabras de Dios, al negar a la verdad la paternidad de la libertad, la desvinculan de su norma objetiva y segura, quedando anegados en tinieblas mentales. No es extraño entonces que la libertad, que se rebela controla la verdad en el orden filosófico, se rebele seguidamente contra el bien en el orden moral y que, posteriormente, se rebele contra el derecho natural en el orden político. El resultado final, como antes decía, es la confusión ideológica.

 No hay un solo liberal, filósofo, jurista o político que tenga las ideas claras: no puede tenerlas. Al fundar la verdad en la libertad, se ciega voluntariamente. Fraga, por ejemplo, que, según dicen, es un almacén descomunal de conocimientos, sufre permanentemente de indigestión mental, porque, al estar impregnado del veneno sutil del liberalismo, queda incapacitado para conocer la verdad objetiva y, consecuentemente, para ordenar y jerarquizar los valores reales. Las mismas andanzas siguen los restantes jefes liberales, como Areilza, Osorio y otros. (El caso de Adolfo Suárez es distinto porque, al carecer de principios, no podemos clasificarle en ninguna categoría ideológica: tal vez su único principio es el “suarecismo”, al cual quedan subordinados todos los valores, por muy altos, significativos y trascendentes que sean).

 *La segunda característica de la verdad es la unicidad; a saber, la imposibilidad de que sobre un mismo punto y desde un mismo concepto existan dos o más verdades diferentes. Por el contrario, sobre dicho punto y concepto puede haber multiplicidad de errores. La verdad es una, el error es múltiple. En política existe un orden natural y unos principios que emanan por vía directa del mismo. La verdad única radica en ese orden y en esos principios. Todas las demás doctrinas, sistemas, ideologías, elucubraciones o constricciones mentales que se apartan de aquellos principios, de aquellas bases son falsos. Es falso, por ejemplo, el establecer en el pueblo el origen último del Poder y de la Justicia, como ha hecho la Constitución de 1978. Es falso el postulado que funda en la libertad humana la raíz del derecho. Es falso desorbitar fuera de sus límites la competencia del Estado. Es falso invertir los fines de la persona, de la sociedad y del Estado, etcétera. La verdad es única y de ahí deriva.

 *Su tercera característica, a saber, su inmutabilidad. La verdad es siempre la misma, no varía, porque si variara dejaría de ser verdad. La verdad es fija y permanente, porque si fuera aleatoria y permutable sería mentira. La verdad, consecuentemente, es por fuerza, intransigente y dogmática, pues si no lo fuera, si admitiera claudicaciones, revelaría su falsedad.

 Esas tres características de la verdad: la claridad, la unicidad y la inmutabilidad, que la hacen incompatible con el error, determinan también indirectamente que los errores sean compatibles entre sí, al tener como denominador común la oscuridad, la multiplicidad y la variabilidad. Por ello mismo forman, sin perjuicio de sus matices diferenciales, un frente compacto contra la verdad.

 Las últimas elecciones (1979), por ejemplo, han demostrado con elocuencia no sólo la compatibilidad entre las diversas líneas políticas erróneas, sino también su confabulación contra el único movimiento que hoy representa en España la verdad política. La batalla, contra lo que dicen las apariencias, no se ha librado entre “ucedismo” y socialismo, sino entre los dos únicos frentes antagónicos doctrinalmente entre sí, el frente liberal-marxista y el frente católico de Unión Nacional (*). El único enemigo de aquella coalición subterránea era y es Blas Piñar, porque los errores, compatibles entre sí, son incompatibles con la verdad.

 No es posible, en consecuencia, la formación contra el marxismo de un frente común de todas las derechas que algunos preconizan con tanta buena voluntad como escasez de lógica. No podemos eliminar los efectos cuando albergamos dentro de nosotros las causas que los originan. Las derechas liberales simpatizan con el marxismo como el padre simpatiza con el hijo que ha engendrado. No podemos luchar contra el hijo si tenemos en nuestras filas al padre que lo ha fabricado. Las derechas liberales, al anteponer la libertad a la verdad, son inconsecuentes por naturaleza: levantan, como decía Vázquez de Mella, “altares a los principios y cadalsos a sus consecuencias”. Es peligroso unirse con los inconsecuentes porque llevan dentro de sí mismos el germen de la traición.

 A la historia me remito. El vendaval revolucionario que se cierne sobre España (1979) soplaba ya hace años, desde las páginas de “ABC” y de “Ya”; no lo han desatado tanto las fuerzas marxistas del exterior cuanto las fuerzas liberales del interior. Y si el régimen de Franco, que nació nimbado por la sangre de los héroes y mártires de la Tradición española, se fue pudriendo en su misma entraña, la causa originaria hay que buscarla en aquella simiente liberal de estipe masónica que, desde el principio, fue impregnando y contaminando sus mismas  estructuras internas. De aquellas larvas liberales que carcomían ocultamente todos los tejidos del sistema político brotó la generación de perjuros y traidores que, tanto en la cúspide como en la base, dominan hoy la política española.

 ***

Al ser la verdad incompatible con el error, la acción política derivada de la verdad es igualmente incompatible con la acción política derivada del error. Como el término “derechas” envuelve un concepto equívoco que indiscriminadamente pretende acumular dentro de sí la verdad y el error, no es posible la pretendida unión ni en el campo doctrinal ni en el político.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979


viernes, 18 de septiembre de 2026

Revanchismo renombrando las calles

 Artículo de 1979

 Los nombres de las calles

 La ola de revanchismo que mueve a los políticos a quienes los traidores de Franco regalaron la victoria lograda a costa de tanta sangre se manifiesta en la fiebre de suprimir del nomenclátor callejero cuantos nombres, fechas o hechos puedan recordar o perpetuar la historia de la Cruzada de Liberación y la derrota que ante el mundo infligiera a los rojos Francisco Franco.

 Como una obsesión, la pertinaz insistencia en querer borrar de las mentes un hecho histórico irreversible y la maniobra de querer cambiar la triste y degradante imagen de lo que fuera la dominación roja, sus dramáticas, sangrientas y deplorables consecuencias, la repulsa general del pueblo hacia los símbolos, anagramas y banderas -hoy otra vez en el poder- y, posteriormente, el espontáneo júbilo popular al llegar la tan anhelada liberación, que Cataluña conmemora precisamente estos días (1939-1979).

 Los pueblos y ciudades sufren la oprobiosa imposición de nombres que vienen a hacernos convencer que la guerra civil habría sido una inútil militarada y crear en el ambiente una atmósfera de “provisionalidad” de aquellos años de paz, orden y prosperidad, que tuvimos la dicha de vivir hasta que los partes de la victoria son arrancados de las casas consistoriales y que se toleren las voladuras de los monumentos a los Caídos por Dios y por España o las vejaciones y ofensas a la bandera nacional.

 Las calles que llevaron los nombres de José Antonio, Franco, Calvo Sotelo, Alcázar de Toledo. Mártires de la Tradición, etc. son objeto de cambios parar “democratizarlas” poniéndoles nombres que en no pocas ocasiones nos traen vergonzosos recuerdos, llenos de dramatismo, individuos indeseables y sucesos atentatorios a la Patria.

 Los ajusticiados por sus delitos contra España -o simplemente por delitos comunes- son exaltados como mitos defensores de la libertad y del pueblo, como los que estuvieron al lado del comunismo, la masonería, el marxismo e intervinieron en los expolios, incendios, asesinatos y abusos que sufrimos desde 1936 a 1939, y autores de los sucesos que sumieron a España en la pobreza, la destrucción y el caos del que Franco y sus seguidores lograron sacarnos, gracias al esfuerzo de todos los españoles y al sacrificio de nuestros mejores.

 Ya no se tolera que una calle nos recuerde un nombre glorioso. Y con desmesurada venganza son rotas las lápidas honradas con los nombres de los héroes y las gestas que culminaron con la victoria de aquella Cruzada de Liberación, cuyo solo recuerdo les saca de quicio.

 La hoz y el martillo ha vuelto a enseñorearse de la calle y de la política. El nombre de Dios, borrado de la Constitución. La unidad de España es tema provocativo en las autonomías y “nacionalidades”, como provocación se considera el gritar “Arriba España” o simplemente “viva el honor”.

 ¡Qué pena y qué vergüenza!

 La sangre de nuestros caídos -caídos por amor- clama justicia ante tan graves agravios y olvidos.

 LLUYS


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

 

jueves, 10 de septiembre de 2026

El marxismo contra la familia

 Artículo de 1979

 La familia y el marxismo

 En la legislación que ha de nacer de la Constitución del consenso está por ver cómo quedará la institución familiar, independientemente de lo que piensen los españoles. Cuando la teoría y la práctica se distancian; cuando las promesas no se cumplen; cuando se pretende transformar lo que no admite cambio; cuando se olvidan una serie de verdades eternas… se puede temer y esperar cualquier cosa.

 En todas las naciones, ¿por qué el Estado moderno se lanza a una serie de medidas en nombre de la libertad, que van minando la institución familiar?

 El matrimonio civil y su divorcio vincular, fundado sobre una concepción laica e individualista del convenio matrimonial, los anticonceptivos, el aborto, la moral permisiva, la pornografía, la despenalización del adulterio y anunciamiento, la droga y la corrupción de costumbres… ¿son simples consecuencias de una nueva concepción de la libertad?, ¿o son algo más?

 Las teorías de Rousseau, Voltaire, Marx, Engels, Lenin, Marcuse, Kolontai, Mao, etcétera, vienen configurando el Estado moderno. No dejan lugar a dudas acerca de sus propósitos. Tratan de destruir la familia y, a través de esa destrucción, terminar con los principios que informan a la que llaman sociedad tradicional”.

 El socialista Pablo Castellano dijo en la Universidad Complutense: “El matrimonio, la familia; he ahí nuestro enemigo al que hay que combatir”. Y Felipe González, con corbata o sin ella, ha llegado a defender hasta el incesto. El ataque demoledor contra la familia y la religión no ha hecho más que comenzar. Ese ataque seguirá acrecentándose.

 Los marxistas, en todas sus manifestaciones, están actuando de forma maravillosa para conseguir los fines que se han marcado. Están consiguiendo la ayuda de muchos inconscientes. Ayuda que les permite ir minando los pilares de la sociedad para llegar a una concepción de la vida materialista atea: una nueva sociedad en la que todos los hombres han de ser partes, trozos de materia de la que son un mero fenómeno.

 Los inconscientes, ¿seguirán votando a los enemigos en la verdadera libertad? Parece que sí seguirán.

 C. R. FELGUEROSO


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

viernes, 4 de septiembre de 2026

España en permanente proceso constituyente

 Artículo de 1979

 España volvió a entrar en el sorteo

 (...) El término “nacionalidades” recogido en la Constitución y al que, sin duda, hacen referencia los partidos nacionalistas, representa un atentado claro, rotundo y tajante contra la unidad indisoluble de España. Dicho en otras palabras: no hay tales partidos nacionalistas, sino, para llamar a las cosas por su nombre, separatismo más o menos encubierto.

 Otro apariencia tiene el regionalismo. Si se trata de exaltar la rica multiplicidad de las regiones, bien está; la descentralización administrativa es no sólo de justicia, sino de necesidad. Pero mucho me temo que tras el regionalismo se esconda el nacionalismo, es decir, el separatismo. Y ninguna duda puede caber en cuanto a que el separatismo está en contra de España: dicho en otras palabras, es antiespañol. De ahí el título de estas líneas y su valor de síntesis.

 Pero aún hay que aclarar otra cosa a este respecto: cuando decimos que el separatismo y el regionalismo (tal como ahora se entiende) son antiespañoles, no queremos significar que sean “antiestatales”. Porque una cosa es España y otra el Estado en que la comunidad se constituye. Esta precisión es importante, porque el hecho de que estos grupos estén representados en el Parlamento español y mantengan -por el momento- relaciones de subordinación respecto al poder central, sólo indica que toleran al Estado español: es decir, la forma política. El fondo, la esencia de España nada tiene que ver con la forma que, según parece, van a imponerle cada cuatro años las urnas y las papeletas.

 Y ésta es otra característica de la democracia liberal que nos ha tocado padecer. En cualquier sitio “normal”, la renovación del Parlamento o el cambio del Gobierno no repercute en el edificio estatal. Sin embargo, aquí, cualquiera de estos sucesos trae consigo la variación de los cimientos -principios- que informan el Estado, aun cuando sea el mismo partido el que obtenga la mayoría, dado que no podemos considerar la Constitución, debido a su ambigüedad, como el principio que informa el Estado. Así es que, en definitiva, será el programa electoral del partido vencedor -en caso de que se cumpla, claro- el que dé forma externa a nuestra patria. ¡Buen porvenir nos espera, camaradas!

 Conste que todo esto no es una divagación sin sentido, sino un razonamiento -que trato sea lógico- para demostrar que la aceptación del Estado por los partidos separatistas no puede ser utilizada como prueba de que no son antiespañoles, aunque las corrientes liberales de opinión traten de identificar España (la patria, la nación, como unidad de destino en lo universal) y el Estado español (la forma, lo accesorio, lo meramente adjetivo en el discurso histórico). (…)

 Rafael C. ESTREMERA


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

lunes, 24 de agosto de 2026

Balance trágico de tres años de “soberanía popular”

 Artículo de 1979

 TRISTE REALIDAD

 MIENTRAS se halagaba, llamándole «soberano», al noble pueblo de España, se procuraba que no se percatase de la triste realidad de miseria, anarquía, sangre y lágrimas, adonde la ha conducido la oligarquía en los casi tres años de su reinado. Así olvidaría ese sufrido pueblo que se le ha despojado de su principal derecho: el derecho a ser bien gobernado, el derecho a que quienes se encuentran al frente de los destinos patrios alcancen el bien común. Derecho mucho más sagrado que la broma trágica de la papeleta electoral para confirmar a Adolfo Suárez o subir a Felipe González al poder.

 Triste realidad de miseria, porque, a través de este escaso trienio —como ha indicado Torcuato Luca de Tena en un artículo magnífico— quebraron y suspendieron pagos casi mil empresas (997) con un pasivo de 138.000 millones; el paro, cuyo crecimiento fue muy grave en 1977, se incrementaría en un 50 por 100 durante 1978; 100 pesetas invertidas en Bolsa en 1974 se han convertido en 20 pesetas en 1978, y desde entonces a hoy (1979) la riqueza mobiliaria representada por los valores bursátiles experimentó una pérdida de 240.000 millones y entre 1977 y los once primeros meses de 1978 se han perdido 28 millones de horas de trabajo, pues en este terreno ya nos hemos «homologado» y superado a Europa y tenemos el honor de que «The Economist» sitúe a España en el primer puesto de horas de trabajo perdidas, seguida de Italia con la mitad.

 Y triste realidad de anarquía, sangre y lágrimas, porque la delincuencia, que ha conseguido la garantía de todos sus «derechos» en la legislación con que la oligarquía ha regalado a nuestro pueblo, campa por sus respetos y domina la calle impunemente. La violación, el atraco y el asesinato están a la orden del día. Sucesos criminales, que antes creíamos desterrados y propios de pueblos subdesarrollados, han vuelto a adquirir carta de naturaleza en la democracia española que apenas se ocupa de ello, como no sea para desgravar penalmente a la reincidencia según no hace mucho acaban de aprobar las Cámaras, una de las cuales convocó un pleno, a fin de tratar el «gravísimo» incidente de un diputado del PSOE con la fuerza pública, pero que, en cambio, nunca se le ocurrió estudiar la forma y medidas al objeto de acabar con tanto crimen sin castigo. ¿Y qué decir de las cárceles destruidas en su mayoría por los reclusos que han impuesto su ley dentro de las mismas? Y, pese a todo, el responsable sigue en su puesto.

 Sangre y lágrimas que en Vascongadas son ya el pan nuestro de cada día entre un pueblo sobre el que la ETA, amnistiada por el Gobierno de la Corona entre irresponsable aplauso, ejerce verdadero imperio del terror y se cobra casi a diario nuevas víctimas ante la ineptitud del Gobierno y Parlamento para remediarlo. 

Sangre y lágrimas de las viudas y huérfanos de esos miembros de las FAS, a quienes, hasta que llegó la democracia, el terrorismo no osaba atacar y a quienes el Gobierno no se atreve a honrar como merecen y estatuye la ordenanza, organizando esos sepelios semiclandestinos, a los que —salvo excepción las altas jerarquías del Estado no acuden ni por casualidad.

 Sangre y lágrimas cuya última cosecha, durante la semana precedente, es la de dos guardias civiles asesinados —uno en Cataluña y otro en Vasconia—, dos atentados fallidos contra agentes del orden, dos industriales secuestrados... Miseria, anarquía, sangre y lágrimas. He ahí el balance de la democrática «soberanía popular». He ahí los frutos del reinado de la oligarquía, que hasta ahora ha privado al pueblo de España de su fundamental derecho a ser bien gobernado, a disfrutar de paz, orden, justicia y suficiencia de bienes.

 LA ULTIMA JUGADA

 POR si no basta la «moncloaca» para desintegrar España, a ello contribuye también el nuncio que nos envió el Papa Pablo VI: monseñor Dadaglio. El hombre que —sean cuales sean sus propósitos, que sólo Dios conoce y valorará— ha provocado más perturbación en la Iglesia de España que produjo la herejía luterana. El italiano, bajo cuya gestión la fe del pueblo ha descendido a cotas desconocidas antes y que con sus alteraciones y nombramientos episcopales ha tenido la indudable habilidad de cambiar la fisonomía de la comunidad eclesial patria y de disminuir el respeto y veneración que el pueblo sentía por el clero. Aseguran que se va. Marchará satisfecho de su obra, cuyo exponente más ilustrativo es el inefable cardenal Tarancón, colocado al frente de la Conferencia Episcopal, quien, por cierto, durante el III Sínodo vio cómo uno de quienes rebatieron sus tesis temporalistas era el cardenal Wojtyla.

 Esperemos que se despida pronto y sin vuelta monseñor Dadaglio. Pero, antes de tal despedida, ya ha estampado su rúbrica con los últimos nombramientos de obispos para Vascongadas. Y donde hay «poca conflictividad» deja a unos prelados —titulares ya— del talante de Setién y Larrauri, elevados antes a la dignidad episcopal al margen del Concordato. Así contribuye el italiano a serenar los espíritus y a promocionar la paz en esas provincias. Ese es el pago de aquella gratuita renuncia al derecho de presentación de obispos, inspirada por los «Tácito» del Gobierno de UCD, en todo caso, más propicio a los intereses vaticanistas, que no siempre han coincidido con los reales de la Iglesia, que a los de su Patria. No hay duda de que monseñor Dadaglio ha seguido su juego hasta el final. Puede regresar orgulloso a su Italia natal. Aquí ya ha dejado bastante conflicto para muchos años. ¡Que Dios se lo pague!

 Ramón de Tolosa


 Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979


lunes, 17 de agosto de 2026

Patrimonio incautado a partidos y sindicatos, tras la Guerra Civil

 Artículo de 1979

 DEVOLUCIÓN

 EN estos últimos tiempos se habla, se trata, sobre la devolución de los patrimonios incautados a los partidos políticos, al final de la Guerra de Liberación, y, en algún caso y población, parece así se ha hecho; y aun se ocupan, como presión, locales de la AISS.

 Como un ciudadano más, con derecho a emitir opiniones, estimo que esos ¿patrimonios? deberían pasar a poder del Estado, por los siguientes motivos:

 En primer lugar, por la referencia, tantas veces hecha, al tesoro español llevado a Méjico en el «Vita»; el oro llevado a la URSS, y la plata y oro vendidos en Francia.

 En segundo lugar, lo que es imposible de contabilizar, por el expolio a que sometieron a particulares, exigiendo la entrega de colchones, cubiertos, vajilla, menaje de cocina, mantas y ropas de abrigo para el frente y hospitales, lo cual, como es lógico, no se recuperó, además de la entrega de armas, que en la mayoría de los casos se hallaban inútiles, pues eran de coleccionistas (arcabuces, trabucos, espingardas, machetes, gumías, sables, floretes, espadas, etc.), tampoco recuperadas y algunas, por sus incrustaciones o por su rareza, de gran valor, cuando no el sentimental de un recuerdo familiar.

 En tercer lugar, el saqueo, destrozo o mal uso de viviendas particulares, «requisadas», cuyos muebles, de valor en muchos casos, así como objetos de arte, vajillas, etc., ha sido casi imposible volver a reunir, pese a la labor de los Servicios de Recuperación que funcionaron en la posguerra; e incluso la «incautación» de joyas encontradas

en «registros» domiciliarios; y no digamos del mal uso y sus consiguientes reparaciones al entrar los dueños de nuevo en posesión de ellas; además hubo la «requisa» de vehículos, en general no recuperados, y si lo fueron, ¡en qué estado!; a ello hay que sumar bibliotecas y archivos aventados o destruidos.

 En cuarto lugar, al incautarse o intervenir las fábricas u otros establecimientos comerciales o mercantiles, la venta de productos manufacturados que se hallaban en almacén para ser expedidos, y el empleo, hasta su agotamiento, de las materias primas almacenadas; y no digamos de las cuentas bancarias intervenidas y de su utilización para «fines de guerra» u otras necesidades; lo mismo puede decirse de la intervención agrícola.

 Y, por último, la destrucción de iglesias, conventos y demás bienes de la Iglesia, así como el saqueo de sus tesoros y obras de arte (pinturas, esculturas, etc.), muchas de ellas quemadas; campanas fundidas…

 Este, pues, es el resumen que estimo avala el que sea el Estado quien entre en posesión, definitivamente, de bienes o patrimonios concretos, ante la imposibilidad de resarcir de tanto y tanto despojo a particulares, entidades, empresas...; granitos de arena cuya suma quizá se equiparase o superase, con creces, el valor del tesoro del «Vita» y del oro enviado a la URSS, hasta el momento sin recuperar.

 Narciso DÍAZ


Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979

 

jueves, 30 de julio de 2026

Réquiem por la España eterna

 Artículo de 1979

 RÉQUIEM POR LA ESPAÑA ETERNA

 MURIÓ la España católica. Y pongamos ahí todo aquello de «evangelizados de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...» Todo terminó, hoy por hoy.

 La literatura de estos años habló mucho sobre «la muerte de Dios», expresión usada con irreverencia e impiedad muchas veces. Si nuestra Constitución no llega a declararlo,-como aquel hombre de la linterna del antiteísta Nietzsche, por lo menos prescinde de El. Fue positivamente excluido. La Ley fundamental española no lo quiso ni citar. Para ella. Dios había muerto. El Rey de España ya no lo es «por la gracia de Dios». Esa referencia nada tuvo que ver con el derecho divino de los reyes. Nunca creímos en eso los españoles.

 «In God we trust». En Dios confiamos. Muchas veces leímos esa frase acuñada en las monedas norteamericanas. Aquí la erradicamos. Somos diferentes. ¡Pobre España!

 El 27 de diciembre de 1978, en los discursos que promulgaron la Constitución, no apareció ninguna invocación a Dios Todopoderoso. La oímos con agrado a un jefe de Estado musulmán, cuando saludó al Rey Juan Carlos en su último viaje a Oriente.

 Y todos nos preguntamos: ¿qué daño haría el nombre de Dios a esa Ley fundamental y a su objetivo cumbre como es la «convivencia»? ¡Debemos respetar la conciencia de los que no lo quieren! ¿Y por qué esa ínfima minoría no respeta la conciencia de aquellos que lo queremos?

 He ahí una nueva contradicción con los principios de la democracia. En España hoy todo ha de ser frío y laico. Fueron suprimidas tres solemnidades religiosas. De otras, eliminaron su sentido cristiano. El 12 de octubre no será Nuestra Señora del Pilar, sino la Fiesta de la Raza. El 1 de mayo nada tiene que ver ya con San José Artesano: es el día socialista del trabajo.

 VESTIGIOS SECULARES DE RELIGIOSIDAD

 Fueron eliminados por los recientes acuerdos del Estado español con la Santa Sede. Los Papas Pío V y Gregorio XIII, en el siglo XVI, concedieron que los sacerdotes españoles elevaran preces diarias, durante la misa, por España y el Jefe del Estado, según la fórmula tradicional. Era una bellísima plegaria ecuménica, en vigor durante cuatro siglos. El artículo VI del Concordato de 1953 renovaba esa facultad, que ahora los últimos acuerdos eliminan. Como también el título de Protocanónigo de la Basílica de Santa María la Mayor, de Roma, decorada con el primer oro que trajeron de América nuestros colonizadores. Título concedido al Jefe del Estado español. Fueron suprimidas también las tres misas solemnes que por las intenciones de este Monarca se celebraban los días de la Asunción de la Virgen, de la Inmaculada y de San Fernando, con la ofrenda de ocho mil pesetas oro que nuestro Gobierno entregaba el día 1 de enero a la misma basílica romana, donde siempre hubo un canónigo español, desde el año 1593. El artículo XIII del Concordato reafirmaba estas concesiones. El laicismo de nuestros días las suprimió todas.

 Ha muerto en España el matrimonio indisoluble. La autoridad civil se arroga la facultad de disolverlo y de permitir otras nupcias. Son legales también las prácticas y la venta de productos contra la natalidad. La Seguridad Social se encargará de este tráfico. Es el «nuevo derecho de la familia democrática», según el programa electoral del PCE.

 Réquiem por la moralidad pública y privada. Los espectáculos, libres y sin frenos, traspasan todas las fronteras impuestas por la más elemental ética natural. Niñas de EGB se drogan y leen novelas muy escabrosas. Las arrastra el ambiente. No es posible sustraerse.

 «¡TODO ESTA PERMITIDO!»

 Con chicle y golosinas, los pequeños son atraídos hacia los quioscos, y en aquellas vitrinas contemplan las portadas de las revistas corrientes. Y todos sabemos cómo son. Yo creo que deberían poner allí este letrero: «Para mayores de 18 años».

¿A quién van a extrañar estas exhibiciones, cuando algunos medios de comunicación, más responsables, les ofrecen sus páginas y emisiones? Un conocido escritor dijo tiempo ha: «Si Dios no existe, todo está permitido.» Y Dios no existe en la Constitución española.

 Ante este panorama antirreligioso, brevemente recorrido, se frotarán las manos de placer los ateos, los impíos, y los anarquistas y comunistas. Saltarán de gozo los que siempre se llamaron librepensadores y miembros de las sociedades secretas.

 Están de enhorabuena también los concubinarios y adúlteros. Concubinato es el matrimonio civil, según el recto sentido cristiano. Y el divorcio abre paso al adulterio. Para la Constitución española constituyen una unión legítima, decente y legal.

 Pingüe negocio se abre ante los que medran al socaire del libertinaje sexual, del amor libre y de la corrupción de menores.

 Pero los españoles, hombres y mujeres de sentido cristiano y profundamente religiosos están de pésame. Miembros de la Acción Católica y de asociaciones de actividad y fervor apostólicos, promotores y educadores de aquella España que respiraba sentimientos de piedad, padres de familia, responsables de sus hijos, lamenten tanto infortunio y esta «espantosa liquidación de nuestro pasado».

 ¡Dios tenga piedad de la España eterna!

 V. FELIU


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979

 

viernes, 3 de julio de 2026

La gran tragicomedia de la «soberanía popular»

 Artículo de 1979

 LA GRAN TRAGICOMEDIA

 CUANDO esta crónica vea la luz, se habrá desarrollado la gran tragicomedia de la «soberanía popular». Durante los días que ha durado la campaña electoral (elecciones generales, 1979) se habrá consumado el enorme engaño para la captación de votos del cuerpo electoral, para la que no se regateó ninguno de los ardides ni se escamotearon los medios de que se disponían. Ninguno, absolutamente ninguno de los partidos contendientes, trataría ni por asomo que imperase el principio de «igualdad de oportunidades», fundamento y esencia, según proclaman ellos, de la democracia.

 Por el contrario, el partido en el poder, gracias a que el rey puso la mirada en el «personaje de Cebreros» (Adolfo Suárez), utilizaría al máximo posible todos los resortes que su privilegiada situación le permite, desde los aviones y helicópteros estatales para los desplazamientos del líder hasta el conocimiento exclusivo de los sondeos de opinión efectuados por los órganos de la Administración, hasta el abuso de la RTVE y de la cadena de prensa estatal y las «cacicadas» de los subalternos locales, sin olvidar siquiera los decretos y disposiciones de última hora orientados, en exclusiva, a ganar los sufragios... Y los demás no escatimaron tampoco los recursos para ello, incluidos los financieros, que, desde el exterior, les han llegado paradójicamente para que —según dicen— el pueblo español «ejerza su soberanía», a cuyo fin, al parecer, se necesita el Por Ramón de Tolosa dinero ruso, alemán...

 Algo grotesco, si no fuera, como es, dramático; algo que evidencia la falta de credibilidad de los sedicentes demócratas que no sienten el menor escrúpulo en acudir a cualquier expediente con propósito de engañar a ese pueblo, a quien proclaman «soberano» para que ellos sigan disfrutando del poder «del pueblo». Pueblo manipulado, impune y descaradamente a través de todos los procedimientos imaginables e imaginados al efecto; pueblo sometido a una presión psicológica sin precedentes y a quien apenas se le deja respiro para reflexionar; pueblo, en fin, a quien no se le deja oír su voz espontánea y verdadera, sino que se le encauza por medio de las más eficaces técnicas de «lavado de cerebro masivo» hacia las ideas, programas y personas prefabricadas por la oligarquía de los partidos.

 Porque en eso consiste la enorme farsa de la soberanía popular, donde —como ha hecho notar Jouvenel— «mientras proclama la soberanía del pueblo, lo requiere sólo para la elección de los delegados que tendrán el pleno ejercicio de la misma. Los miembros de la sociedad no son ciudadanos más que un día y súbditos cuatro años». Y, aun así, hay que ver cuánta presión para determinar esa ciudadanía de ese solo día que coarta en gran parte su libre decisión a través del engaño y los refinados procedimientos de «mentalización» contemporáneos. 

 Pero ahí acaba la «soberanía» del ciudadano que, si comprueba el inevitable engaño de que ha sido víctima, no puede —como se hacía en las antiguas Cortes— revocar el mandato, que ya se han cuidado muy bien de que no sea imperativo. Porque en lo sucesivo son ellos —los representantes parlamentarios— los que se han de cuidar de decirnos si nos tolerarán asistir a misa; cómo hay que instruir a nuestros hijos; si nos permitirán poseer algo, y en qué consistirá y con qué límites; cómo se reglamentara nuestra profesión y qué «fines de semana» nos estará permitido disfrutar a lo largo del año...

 ¡Y encima tendrán la desfachatez de hacer escarnio y pregonar que los «soberanos» somos nosotros y no ellos, que durante cuatro años regularán toda nuestra existencia y no nos dejarán ningún margen de autonomía! Y es que, como observaba Costa y recordaba no hace mucho Vallet de Goytisolo: «Piensan que el pueblo es ya rey y soberano, porque han puesto en sus manos la papeleta electoral, mientras no se reconozca además al individuo y a la familia la libertad civil y al conjunto de individuos y de familias, el derecho complementario de estatuir en forma de costumbres, aquella soberanía representa un sarcasmo; representa el derecho de darse periódicamente un amo que le dicte la ley, que le imponga su voluntad; la papeleta electoral es el harapo de púrpura y el cetro de caña con el que se disfrazó a Cristo de rey en el Pretorio de Pilato». Y como dice Jouvenel: «El pretendido poder del pueblo no está ligado al pueblo más que por el cordón umbilical, muy flojo, de las elecciones generales y. en realidad, no es más que un poder sobre el pueblo.»

 Ramón de Tolosa


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979

 

lunes, 29 de junio de 2026

El "derechista" Fraga: el peor enemigo

 Artículo de 1979

 El peor enemigo

 LA Iglesia no tuvo sus peores enemigos en el paganismo, ni lo tiene actualmente en el ateísmo; sino en su propia entraña —como un cáncer—, en sus herejes y apóstatas. La historia lo ha demostrado. En política ocurre igual, y el reciente pasado nos ha demostrado que los peores enemigos del anterior régimen han salido de él, que han sido los traidores y perjuros, quienes gozando de situación de privilegio y prebendas que no correspondían ni mucho menos a su categoría y mérito.

 El peor enemigo no es el que da la cara, sino el que se infiltra y mina tu fortaleza. O el que, desertando y valiéndose de engaños, arrastra a tus correligionarios a la indecisión, al error y la animosidad incluso. Es lo más triste. Cierto que hay una frase evangélica que nos consuela: «De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros.»

 He leído que Fraga, el hombre que está más cerca de Hobbes que de Rousseau, aunque trate de disfrazarse de ursulina o de franciscano presentador de Carrillo en sociedad, ha espetado a una gijonesa patriótica que respetaba sus sentimientos, pero que no tenía el menor respeto por sus jefes (se refería a los de la Unión Nacional (*), sin duda) porque «no van de buena fe», y encrespado de tono, según corresponde a su carácter congestivo y autoritario, ha dicho que le habían acusado de masón y que eso es mentira.

 Me duele, personalmente, hablar de este hombre, porque tendría que acogerme al axioma de Chesterton: «Yo de este hombre sólo puedo decir cosas buenas; así que voy a ser breve.» Pero el ex ministro franquista, de un tiempo a esta parte, ha perdido los estribos y lo que dice y hace no es fruto de una simple intemperancia ni de un trastorno biliar, sino algo más profundo y peligroso. Y eso obliga, largo y tendido, a hablar de él.

 Fraga acusa a los dirigentes de Unión Nacional de no tener «buena fe». Aquí viene bien eso de «cree el ladrón que todos son de su condición»; porque si algo hay de lo que no pueda acusarse a unos hombres como Piñar y quienes le acompañan en esta brega patriótica es de la «buena fe», ya que llevan no sólo una fe sanísima que es la de Dios, sino que va respaldada por una trayectoria dé lealtad y sacrificio. En cambio, quien acusa juró unos Principios ante los Evangelios y, si fuera creyente, sabrá que un día será demandado por Aquel que no admite argucias ni pretextos. Fraga ha dicho también, en unas recientes declaraciones, que es católico, apostólico y romano, cuando al mismo tiempo se ufana de haber redactado una Constitución anticristiana, divisora de la patria y con otras lacras o equívocos que le desdicen.

 Por último, niega que sea masón. Puede ser cierto, pero a la «tenida» masónica de Torquay (Cornualles, Inglaterra), convocada por la Bilderberger, que manejan Rockefeller y Rothschild, asistió él, y no ha dicho nada de lo tratado allí, sino que vino rápidamente a Madrid, fue a Estoril y retornó a Madrid, sin decir esta boca es mía. Actuó secretamente, como un miembro de la secta. ¡Qué importa que no lo sea, si actúa como tal y su comportamiento político está calcado de una logia! Más grave es no serlo y hacerlo.

 Porque lo peligroso de Fraga, cuya innegable personalidad nadie le discute —y esa es la pena, puesto que me recuerda lo de «Nada hay más triste que ver a un hombre inteligente manejado por los tontos» o los malos, en este caso— es precisamente que se escuda en una posición antigua, del pasado, y quiere acaparar los votos de quienes se niegan a ver en él un hombre que traiciona juramentos e incluso convicciones (su formación es típicamente schmittiana, o sea totalitaria), olvidando estos electores que la historia está llena de tránsfugas y camaleones que, si han cambiado de partido y conducta, de ideología y principios, no lo hacen muchas veces sino obligados por una razón suprema egocéntrica y voraz: la ambición y la soberbia. Yo no quisiera que Fraga olvidase aquel consejo de Bottach de que «la ambición es la gangrena del espíritu», y confío todavía, aunque sea un iluso, en su retorno de hijo pródigo, en su vuelta en sí, en su reconversión. Y pido a Dios por ello.

 Pero, mientras Fraga siga diciendo lo que dice y haciendo lo que hace, pido a Dios también que ilumine a los que le escuchen y no se dejen embaucar por su dialéctica y el señuelo de su historial franquista. Porque podemos estar ante el Kerensky, el conde Carolyi, el portugués Spínola o el iraní Bajtiar. El peor enemigo. 

Pedro RODRIGO

 

Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979


(*) Candidatura electoral encabezada por Blas Piñar en 1979

lunes, 1 de junio de 2026

Cobardía antiterrorista del presidente Adolfo Suárez

 Artículo de 1979

 LAS «VICTORIAS» DE SUÁREZ

 CON un cinismo inaudito, quienes manejan el incensario de UCD quieren presentarnos como una gran victoria del Gobierno la detención de dos asesinos del GRAPO y la entrega de unos terroristas de ETA por parte de los franceses.

 Aparte de que estos hechos ya de por sí implican el imperio del terrorismo, que debiera llena de vergüenza a un Gobierno que se precia de dirigir un Estado de Derecho, son reveladores del gran fracaso de unos hombres de UCD que no sólo no han conseguido erradicar a los terroristas, sino ni siquiera imponerles el menor respeto.

 La entrega de los terroristas acogidos a la hospitalidad (más bien complicidad) francesa, no sirve absolutamente para nada, porque el primer acto de «generosidad» del Gobierno que salga en las próximas elecciones, va a ser, precisamente, poner en la calle a los asesinos de ETA.

 Es vergonzoso presumir de victoria cuando, ¡al cabo de tres años! aún permanecen en el sur de Francia los comandos de ETA. Lo que demuestra, inequívocamente, que el Gobierno francés ha tomado a chacota al «Gobierno» Suárez y a los españoles.

 Es indudable que la gestión de Marcelino Oreja no ha sido la causa de que el Gobierno francés proceda con esa «dureza». La entrega de unos terroristas y el confinamiento (supongo que por un fin de semana) de otros, no obedece a otro motivo que al deseo de los franceses de alejar de su territorio a gentes indeseables que ya empezaban a ensangrentado.

 Mientras los ajustes de cuentas se realicen en territorio español los franceses se frotan las manos porque saben que el terrorismo en España, como las huelgas, contribuyen a la «grandeur» francesa. Pero cuando han visto que el suelo francés empezaba a llenarse de sangre y los ciudadanos vasco-franceses a intranquilizarse y a escuchar los aires separatistas, el Gobierno francés ha cortado por lo sano.

 No ha habido, pues, tal éxito del Gobierno de UCD. ETA y GRAPO son los únicos que asesinan y-los únicos que siguen asesinando. Acabar con ellos es más fácil de lo que nos quiere hacer creer el Gobierno. No hace falta más que una voluntad decidida. Y, por supuesto, soluciones policiales y judiciales. Nada de soluciones políticas. Quien hable de ellas lo que quiere es apoyar y alentar a ETA. La independencia de las Provincias Vascongadas o logros parciales que desemboquen en esa independencia son una traición a España.

 De una forma mendaz, Luis Apostua, al servicio de UCD, nos quiere hacer creer que también a Franco le costó trabajo acabar con el bandolerismo rojo. (Por supuesto que él no lo llama así.) Es una falacia equiparar ambas situaciones. Sobre todo porque Franco quiso acabar y acabó con el bandidaje; pero Suárez ya ha demostrado lo que tenía que demostrar.

 Suárez sabe quiénes son los que dirigen, alientan y magnifican el terrorismo. (¡Si él los ha amnistiado!) Lo lee todos los días en todos los periódicos. Aparecen a la cabeza de todas las manifestaciones del País Vasco. Sus domicilios son perfectamente conocidos. Por si fuera poco, Diario 16 acaba de revelar que obra en poder de Suárez el organigrama completo y actualizado de ETA. ¿A qué espera? ¿A quién mira? Que aprenda de Alemania. Bastaría una orden suya para que cualquier madrugada, como han hecho los franceses, quedara desarticulada ETA.

 ¿Por qué no da esa orden? Si el Gobierno de Suárez no se atreve, porque no se siente respaldado, es que ni el Gobierno ni su respaldo sirven para nada.

 Confiar en que nuevas elecciones nos van a traer un Gobierno que acabe con la ETA es vana espera.

 Volveremos a tener un Gobierno títere, con coalición o sin ella, que, con «soluciones políticas» va a reavivar el cáncer del terrorismo, a seguir dejando viudas y huérfanos y a destruir España.

 Lo que falla es el sistema. Es inútil e innecesario hablar de un golpe militar. Afortunadamente esta vez será el pueblo el que abrirá los ojos y dirá ¡basta!

 Ya va siendo hora.

 Jaime CORTES


 Revista FUERZA NUEVA, nº 632, 17-Feb-1979


martes, 26 de mayo de 2026

Si la monarquía juancarlista se debiera al pasado, hubiera sido rey su padre D. Juan

 Artículo de 1979

 EL PASMO DEL MUNDO

 YA saben ustedes que esta desgraciada operación de cambio político, que nos llevó de los niveles de prosperidad, paz y seguridad ciudadana, que el pueblo español disfrutaba con Franco, a la triste situación que padecemos, se asegura que es «el pasmo del mundo»… asombrado, abobado y regocijado por la forma en que una nación se ha destruido a sí misma, en medio de la sangre, el fango y las lágrimas. 

Pues bien, la «oferta» de tan averiada mercancía en el zoco de Estrasburgo, hecha por el presidente del Gobierno, señor Suárez, ha merecido un agudo análisis de José Luis Alcocer, hecho en «El Imparcial». Alcocer fue uno de los comentaristas que, en tiempos de Franco, mantenía una actitud crítica contra el sistema político. En Fuerza Nueva hay constancia de nuestra divergencia con sus posturas. Al venir el análisis de un hombre de «la otra acera», adquiere una significación específica, pues no podrá ser atribuida a la nostalgia, como cuando somos nosotros los que adoptamos posturas similares. Merece la pena reproducir algunas de sus consideraciones.

 A la pretensión de Suárez de que el «tránsito» de la llamada dictadura a la llamada democracia se ha verificado en los dos años de su llamado gobierno, Alcocer replica: «No, señor presidente del Gobierno de la nación. Nuestro tránsito hacia la democracia se inició, exactamente, por decirlo así, el 10 de enero de 1967, con la promulgación de la Ley Orgánica del Estado, merced a la cual es usted presidente del Gobierno. Y se prosiguió, desde luego, con la voluntad afirmativa del general Franco, jefe del Estado, cuando se le ocurrió proponer al entonces príncipe don Juan Carlos de Borbón y de Borbón como sucesor suyo en la Jefatura del Estado a título de rey, diciendo de paso que "la monarquía que hoy instauramos nada debe al pasado". Y don Juan Carlos juró y aceptó...»

 Sólo corregiríamos a Alcocer la fecha: el tránsito hacia la democracia se inició el 18 de julio de 1936, con el Alzamiento victorioso que acabó con el desorden rojo-separatista que llevaba a España a la esclavitud de una dictadura soviética. La culminación de esa democracia, cada vez más perfilada, debería haber sido distinta, pero ésa es otra historia. Que no quita valor a las puntualizaciones de Alcocer a los «padres» de esta democracia: «Pero ¿de dónde venís? ¿Quién os ha hecho eso que se llama gente? Si no sois unos y otro, sino el trasunto de Franco. ¿Dónde estaríais los unos y los otros sino fuera porque Franco se tomó la molestia de ganar una guerra civil?»

 Preguntas que refuerza con afirmaciones: «El rey es rey porque Franco lo quiso, lo decidió y lo propuso. No por otra cosa, don Juan Carlos inauguró la democracia el 23 de julio de 1969 con las siguientes palabras: "Recibo de su excelencia el jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida del 18 de julio y de 1936." Ahí no hay equívocos, eso está dicho, eso está jurado. Don Juan Carlos encarna una monarquía instaurada, que nada debe al pasado. Porque si algo debiera al pasado, el rey no sería él, sino su padre.»

 El deseo de actuar como si Franco no hubiera existido nunca, provoca, dice Alcocer, que en España «empiece a haber algunos que comiencen a desear que Franco siga existiendo todavía».

 El fenómeno es más profundo de lo que Alcocer cree. No es, con ser respetable, sólo la gratitud lo que mantiene viva la memoria de un hombre al que procuran hacer olvidar los que más le deben. Es, sobre todo, la trágica realidad de la vida cotidiana la que demuestra al pueblo, de forma irrefutable, que con Franco vivíamos mejor.

 Si el nuevo régimen político hubiera traído la felicidad a los españoles, Franco hubiera pasado, sin revanchismos y sin mitificaciones, a ocupar el puesto que su patriótica ejecutoría le han ganado en la Historia. Si así no ha sido, la responsabilidad es de quienes, además del penoso fallo humano de no ser agradecidos, han tenido el mucho más grave, desde el punto de vista político, de no saber conservar y acrecentar para el pueblo la fecunda herencia que Franco les dejó.

R. I.


Revista FUERZA NUEVA, nº 632, 17-Feb-1979 

 

 

R. I