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jueves, 13 de agosto de 2026

Oliveira Salazar: un hombre para la eternidad (2)

 Artículo de 1970 

 ANTONIO OLIVEIRA SALAZAR: TESTAMENTO DE CONCIENCIA POLÍTICA

 En vida, tuvo el trabajo como medio de llegar al reposo, la intuición como medida para llegar a la verdad y al respeto, la honradez para lograr el triunfo de la justicia y el cultivo de la inteligencia para el ejercicio del derecho y el disfrute de la libertad.

 Murió, tras cruel enfermedad, con la alegría de saber sufrir y con la satisfacción del deber cumplido en beneficio ajeno, como hombre y gobernante, en años de incansable labor por la paz, la prosperidad y la felicidad de su pueblo. Ya lo había dicho, en entrevista de prensa, a políticos y amigos.

 El ejemplo

 Ha hablado Oliveira Salazar del Oliveira Salazar que ha muerto… Estos son los más destacados pensamientos del testamento político dejado su patria por este insigne hombre de Estado. En ellos aflora, como lozanas rosas lusitanas, el bello ejemplo del derecho de reposar a la hora de la muerte, llorado por su pueblo y admirado por el mundo.

 El país

 El país es de todos y las cosas del país están siempre rebozando en el alma. De los que crean sin interés ni cansancio, sabía que su país necesitaba sacrificios y era necesario servirle y no tomarlo para servirse de él:

 -“En este mi país donde, tan a la ligera, se aprecia y desprecia a los hombres públicos, gozo del respeto general. No tengo ambiciones, no deseo subir más alto, creo que otro mejor dotado debe ocupar mi lugar y ofrecer, al servicio del pueblo, su mayor capacidad de trabajo, buscando nuevos horizontes, poniendo en práctica nuevas ideas y métodos. Se me hace imposible envanecerme porque tengo la certidumbre de no haber hecho todo lo que deseaba en beneficio de mi país, pero ejecuté lo suficiente para que no se pueda decir que fallé en mi misión. Pude servir.”

 El hombre

 Como pocos, trató al hombre para tener fe en él, levantarlo y mejorarlo. Era de los hombres que hacen de puentes en los pueblos y es necesario pasar por ellos. Sabía que no llegan a hombres todos los que han nacido para serlo. No supo de rencillas y pasiones, no tuvo celos de otros ni negó asiento en el país a ningún valor. Las puertas del país deben estar abiertas a la actividad fecunda y legítima de todos:

 -“Me esforcé, en años de estudios, de meditación y de acción intensa, en comprender mejor a los hombres. Pude aclararme”.

-“Ni siquiera me acuerdo de haber recibido ofensas. Jamás hice uso del insulto ni de la agresión, brindando a los hombres dignos la posibilidad de colaborar. No ignoré mi condición humana y pude encontrarme a mí mismo para conocer mejor a los hombres. Fui simplemente humano”.

 El gobierno

 El gobierno de los hombres es, sin duda alguna, la misión más alta del ser humano. No debe mirarse como fortuna, sino como altar donde entrar y salir con las manos limpias. El poder no envenenó su voluntad y supo gobernar porque tenía la capacidad de convencer, la facultad de entender y el poder de amar y servir:

 -“Anhelo liberarme de las mezquindades que representa toda obra de gobierno. Me asfixia su maquinaria, en la que me siento canto cautivo y esa falta de libertad, que me es odiosa, es la que me hace sufrir en Lisboa. El poder no puede gustar más que a los tontos o a los predestinados”.

 La política

 La política sólo anda segura cuando se cuenta en el bien común, en el bienestar del pueblo. Perdura lo que nace de él, no lo que se importa de otro. La política honesta es el bien mayor, la mezquina y baja, el mayor vicio. Cuanto más se acercó a ella, más le repugnaron sus errores y pecados:

 -“Nunca puse mis miras en clientelas políticas, ni procure un partido que me apoyase y, en pago de su apoyo me hiciera adquirir el compromiso de orientar o limitar mi acción gubernamental. Soy, por tanto, dentro de lo posible, un hombre independiente”.

 La economía

 En economía, proteger el trabajo individual y distribuir con equidad es hacer venturosos. La riqueza debe ser de muchos, de los que, honrada y laboriosamente, la merezcan. Consciente de ello, “hizo milagros por la economía y de un país pobre, pero pródigo, creó una nación sensata, con decoro y grandeza”:

 -“Queremos marchar hacia una economía nueva, trabajando al unísono con la naturaleza humana, bajo la autoridad de un Estado fuerte, que defienda los intereses supremos de la nación, su riqueza y su trabajo”.

 La vida

 Se consagró a su país para ser dichoso. Vivió con sencillez y dignidad, hablando la verdad para amar mejor la vida. Venció a la vida viviendo. Prudente en la razón, constante en la generosidad y pródigo en el perdón, supo darle objeto, domar y embellecer la vida:

 “Muchos creen que no amo la vida. Es completamente falso. La realidad es que no amo “mi vida”. Tampoco aspiro a la muerte como otros aseguran. En vez de gobernar me hubiera gustado vivir en Vimieiro (su pueblo natal), tranquilamente, entre campos y viñas, haber formado un hogar, porque soy sensible a las sencillas alegrías que le están permitidas a todo ser humano”.

 Las virtudes

 La virtudes no comprenden el odio, el engaño, la ostentación de los cargos, el brillo del metal y la atracción del dinero. De las virtudes necesitan los hombres y los pueblos para salvarse. Y él, como hombre de pueblo, como hombre patrio, con visión de humanidad, seguro de que el progreso es verdad cuando penetra en las masas, vivió más feliz siendo pobre y sirviendo los humildes:

 - “Jamás hice lisonjas inmerecidas a los hombres y a las masas, y si mi obra la encamino en beneficio de los intereses y reivindicaciones de los humildes, lo hago por mandato imperativo de mi conciencia de gobernante, no impelido por uniones partidistas o pactos electorales, sin necesidad de enredarme en la trama de los negocios o en solidaridades comprometedoras. Así me considero, en lo posible, un hombre libre en su obra de gobierno”.

-“Debo a la Divina Providencia la gracia de ser pobre. Nunca ansié, ni me hicieron falta, cargos lucrativos, riquezas ni ostentaciones para ganar el pan de cada día, en la modestia a que estoy acostumbrado y en la que puedo vivir resignadamente”. 

La doctrina 

En suma, su tarea de hombre y de gobernante le ganó, como creador de una doctrina, el “Salazarismo”, un destacado puesto en el fervor y el cariño de su pueblo. Vaciando su espíritu en ella, en una labor pura, sin una mancha de ambición o de intriga, escogió el sitio más difícil: el del cumplimiento del deber, que exige mayor desinterés y ofrece mejores beneficios a los demás:

 -“Ni el despotismo del Estado ni la demagogia del pueblo, sino el equilibrio perfecto entre una autoridad necesaria que no dependa de las pasiones de la multitud y un derecho social que no varía con los movimiento de la opinión pública”.

 La muerte

 No quiso pompas llegado el momento final, que es vía y no término. Católico ferviente, consideraba desdichados los pueblos que matan a Dios. Negar la vida espiritual es como negar que la noche sigue al día. Murió cristianamente, con la resignación de los fuertes ante el sufrimiento. Morir así no es morir, es vivir, servir, ya que el hombre que muere donde debe, como él, siempre sirve. El funeral tenía que ser como su vida, sencillo, modesto:

 -“Nosotros no renegamos de la familia, de la fe, de la fraternidad, de la autoridad, de la patria”.

-“No deseo ser enterrado con la gran pompa que a los jefe de Estado corresponda, sino muy sencillamente, en el cementerio de Santa Comba, al lado de mi padre y de mi madre”.

 Los restos mortales del genio, del estadista, fueron llevados al Monasterio de los Jerónimos para el funeral, en el que España estuvo presente:

 -“Nosotros y España somos dos hermanos, con casa separada de la península, pero seguramente más amigos por ser independientes y celosos de nuestra autonomía”

 Su petición se cumplió. Después, su féretro fue transportado hasta Santa Comba Dao, donde recibió cristiana sepultura junto a los seres queridos que le dieron la vida.

 La sucesión

 Portugal no queda huérfana. Sigue con ella su doctrina, ya que su obra vive y vivirá siempre en el corazón y en la historia de su pueblo. El caudal de los pueblos son sus genios. El genio verdadero, como él, deja la tierra abonada cuando se aparta de ella. El futuro está en seguir sus huellas, en cultivar la semilla y recoger sus frutos. Al tomar posesión de la Jefatura Nacional ante la Asamblea Nacional, declaró su sucesor, Marcelo Caetano:

 -“El país se habituó, durante largo período, a ser conducido por un hombre de genio. De hoy en adelante tiene que adaptarse al gobierno de hombres como los demás”.

Juan Valeri Busto

 

Revista FUERZA NUEVA, nº 190, 29-Ago-1970


miércoles, 22 de julio de 2026

Un sacerdote conmemorando el Alzamiento nacional

 Artículo de 1970 

 XXXIV ANIVERSARIO DEL GLORIOSO ALZAMIENTO NACIONAL

 Por José BACHS CORTINA, Pbro.

 Excmo. Sr. D. Alfonso Pérez Viñeta, Capitán General de la IV Región Militar, Excelentísimos e ilustrísimos señores. Amados hermanos:

 Dios es quien levanta o hunde los pueblos que ha creado. Y hace treinta y cuatro años, Él levantó a España, que iba a hundirse por culpa de manos impías, valiéndose del glorioso Alzamiento Nacional.

 En estos años, se han publicado centenares de libros y ha corrido la tinta en miles de escritos hablando, en bien o en mal, de nuestra Cruzada de Liberación Nacional. Yo quisiera, en esta noche memorable, dar una idea de la razón fundamental de todo cuanto se ha escrito en alabanza a nuestra gesta, que lo fue de esforzados confesores y mártires, los cuales en pacífico o en activo combate por la fe, llegaron a regar el suelo patrio con su sangre generosa. Vosotros y yo profesamos que el Glorioso Alzamiento Nacional es una preclara gloria cristiana auténtica, viva y actual.

 Esta es mi proposición que probaré, demostrando brevemente:

1. Que fue obra que, por encima de apetencia humana, quiso vindicar los derechos de Dios y de su Iglesia en España.

2. Que el mismo Dios quiso glorificar los días de nuestro Movimiento, principalmente con interpelaciones extraordinarias.

3. Que el Alzamiento, a su vez, ha glorificado la fe y ahora tiene que unificar la vida cristiana todavía más.

 ***

En cuatro capítulos, según Santo Tomás, se resume el darse Dios a los hombres: en el orden de la Creación, de la Redención, de la Gracia y de la Gloria.

 Nos creó libremente por amor y para hacernos sus hijos: nos levantó de nuestra culpa original y nos devolvió su amistad por la maravillosa obra de la Redención, que le costó la sangre a su Hijo amadísimo; nos da ahora la gracia que nos hace ser sus amigos, hijos y herederos; y coronará su obra dándosenos en la visión beatífica del Cielo; para gozarlo en acto felicísimo, inteligente y amante.

 No obstante, contra Dios se desatan las pasiones humanas; el hombre quiere un objeto aparte de Dios, primero a espaldas a suyas, luego ya Dios le estorba y, al final, llega a hacerle la guerra.

 Últimamente, el gran movimiento antirreligioso de los tiempos actuales fue alumbrado por la filosofía renacentista y la reforma protestante. Entonces se dio por consigna a las masas el “romper todo vínculo sagrado, aplastar a Cristo”.

 Y sucedió que, para aplastar a Cristo, era preciso aplastar España, romper con toda tradición religiosa, con toda influencia española, acabar con toda moral cristiana, desarticular la Patria y vender al enemigo de Dios nuestro mismo ser y la razón de nuestro ser nacional.

 Y hace 34 años que, por Dios y por España, se levantaba el Ejército, la Tradición, el renuevo juvenil de la Falange, las Juventudes, el Pueblo de Dios y todo el pueblo sano de España, a combatir, en frase de San Pablo, el “buen combate de Dios”, a dar la vida por España antes de verla mancillada y atea, destruida la fe de sus mayores. Como los macabeos, decíamos entonces los combatientes enardecidos por el Espíritu de Dios: “Preferimos morir a ver la ruina de nuestras gentes”.

 ¡Gloria al Ejército que, columna vertebral de la Patria, una vez más, articuló toda fuerza sana y la dirigió con austeridad y sabiduría y siempre con elevación de ideales con todo y que había sido casi descuartizado!

 No era obra humana recuperar la Patria. Fue preciso, sin medios humanos, con sólo el corazón puesto en Dios, presentar batalla al poder, a la riqueza, a la industria, a toda fuerza humana y por valles y collados, atravesando ríos y desmigando montes, avanzábamos los cruzados, tiñendo con la púrpura de nuestra sangre toda la geografía de España.

 ¡Oh los bravos requetés de mi Primera de Navarra, escalando el fuerte de San Marcial, cuyas troneras vomitaban metralla acero, amparados únicamente ellos con la boina roja y, por falta también de bayonetas, con el cuchillo entre los dientes!¿Pero, esto sí, con el Detente y el escapulario encima del corazón!

 Así la Falange de Castilla y de Galicia, los de Andalucía y de Aragón, los leoneses y los vascos, los catalanes y los baleares encuadrados bajo la enseña nacional. Obra sobrehumana en sus fines y en sus medios.

 ***

 El mismo Dios glorificó los días de nuestro Alzamiento con grandes maravillas, como bendecido y encomiado que fue por la voz de nuestros obispos y de los papas. Nuestros miles de encarcelados y mártires y nosotros mismos vimos milagros patentes que sería largo contar. (…)

 En fin, el Alzamiento, a su vez, glorificó la fe y tiene ahora que glorificarla todavía más con nuestras obras.

 Nadie pretendía imponer la fe con las armas. Ellas sí fueron precisas, ya lo sabemos. Era necesario defender las vidas, las almas, la hacienda, la moralidad, la religión de nuestros padres, todo el ser de la Patria.

 Este fue nuestro “martirio activo”, que constituía una glorificación de Dios: truncar los estudios, perder una carrera, dejar los padres, abandonar la persona amada, exponerse a la mutilación, pasar trabajos, obediencias, hambres, fríos, miedos, soledades, aceptar la misma muerte… perdonar, recoger al enemigo, amarle, alimentarle, procurar restañar las heridas de su alma, procurar una España feliz para todos; todo eso hecho por Dios y por España, como lo fue ciertamente, que es pura gloria para Dios.

 Dijo Cristo que por la fe haríamos milagros aún mayores de los que había obra Él mismo. Y, en efecto, ha sido así en España gracias al Movimiento Nacional, porque si uno hubiera cerrado los ojos en aquel fatídico 1936 y los abriera ahora en 1970, decidme: ¿conocería a España?

 Sin embargo, ideas extrañas, también ahora, quieren adueñarse arteramente de todo. Se infiltran aún entre nosotros para derribar tan colosal obra. Por ello, ahora, como nunca, es cuando debemos nosotros quitar la posible arcilla de nuestra conducta, ser fieles a la doctrina del Movimiento, cumplir los Mandamientos de Dios, dar luz a todos con nuestra vida cristiana, desentrañarnos por nuestros prójimos, amar la obra conseguida, cumplir con nuestro deber, descubrir añagazas del enemigo a todos.

 Cada uno su puesto, con firmeza y lealtad y con el sacrificio que ello reporte. ¡Dios lo quiere! No enturbiemos jamás con egoísmos el clarísimo caudal de nuestros luminosos ideales para una España siempre mejor. Añadir el callado martirio del cumplimiento del deber al martirio de sangre de nuestros héroes.

 Este caminar llevamos desde 1939 y algunos quizás han sucumbido. Pero está escrito: “¡Maldito el que haga la obra de Dios con negligencia!”. Y edificar España, preservarla de sus enemigos, a esta España que ya rescatamos cuando estaba a punto de perecer, la España amasada en los concilios de Toledo, la España de Orosio, Paciano, Isidoro, Braulio, Juan de Ávila, Teresa  de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Menéndez y Pelayo, Vázquez de Mella, Balmes, Maeztu… la Madre de tantas naciones, la que tanto ha sufrido en sus hijos por Cristo, esto, todo esto, es la obra de Dios que está nuestro alcance.

 Lo que con precisión declaraba Marquina:

“Nada para mí nada para vos:

todos para España

y ella para Dios”.

 Ved, señor, excelentísimos e ilustrísimos señores, amados hermanos, cómo a este fin de glorificar a Dios también ahora mismo, en unos minutos, vamos a alzar la Hostia santa y nuestro corazón pensando en nuestros caídos que brillan en el cielo como luceros hermosos, ofreciendo al Padre el Cuerpo y Sangre de Cristo, realmente presente después de la consagración.

 A Él sea dada toda gloria eternamente y Él dirija nuestra nueva Cruzada de ahora, que es de liberación de ideas extrañas, de doctrinas extranjeras.

Así sea.


 Revista FUERZA NUEVA, nº189, 22-Ago-1970

 

martes, 9 de junio de 2026

Oliveira Salazar: un hombre para la eternidad

 Artículo de 1970

 

ANTONIO DE OLIVEIRA SALAZAR: UN HOMBRE PARA LA ETERNIDAD

 Con la muerte de Oliveira Salazar, ocurrida la semana pasada, Portugal ha perdido al hombre que supo aunar los esfuerzos de los patriotas portugueses en su afán de permanecer unidos de cara a un mundo que, en ocasiones, ha llegado a ser hostil. Este hombre que, durante casi medio siglo, se ha encontrado ligado a la historia de la nación hermana, ha sabido, con mano firme, procurar en todo momento lo mejor para su Patria. Portugal -y hoy el mundo todo- es consciente de este hecho y nosotros, desde la atalaya de nuestro sentido común, vemos como aún hoy, tras su larga enfermedad, la vecina nación continúa esforzándose por mantener la línea política -difícil, de cara a un mundo de contexturas dudosas- que él supo definir y que él delimitó con una visión de lo político, de lo social y de lo económico que, quizás, el mundo no haya sabido reconocer a tiempo.

 El doctor Oliveira Salazar nace en Santa Comba Dao, en la provincia de Beira, el 28 de abril de 1889. Contaba, pues, a la hora de su fallecimiento 81 años de edad. Cursó, con gran brillantez, estudios eclesiásticos en el seminario de Viseu y, los universitarios en la Universidad de Coímbra, en cuya Facultad de Derecho se graduó con el premio extraordinario y en donde desarrolló, como tesis doctoral, “La reducción de los gastos del Estado”, con lo que ya empezaba a demostrar el enorme interés y preocupación que iba a tener por las ciencias económicas.

 Oliveira Salazar ha sido un ferviente católico a lo largo de su vida. Prueba de ello ha sido su preocupación constante por las cosas de la Iglesia, y ya desde su juventud, colaboró destacadamente en el diario del partido Centro Católico, llamado “As Novedades”, en el que publicó una serie de magistrales artículos sobre lo que debía ser la reorganización de Portugal. Ya en 1921, resultó elegido como diputado por el partido citado anteriormente y ocupó, aunque no por mucho tiempo, el escaño que por tal designación le correspondía en el Parlamento. Decimos que por poco tiempo, porque pronto se decepcionó con lo retórico del órgano, donde pensaba que no podría llegar a desarrollar las tareas que él pensaba necesarias para una reorganización auténtica de su país. Decepcionado, pues, por todo esto, decidió abandonar la vida política y retirarse de nuevo a la Universidad de Coímbra.

 Salazar en el poder

 Cuando los militares en el año 1926 llegaron el poder, el entonces presidente de la nación, general Carmona, en vista de la situación económica tan desastrosa por la que atravesaba Portugal, propuso al Gobierno que aceptase que el doctor Oliveira Salazar ocupase la cartera de Finanzas, pero al no obtener éste el voto de confianza del Gobierno, no tuvo más remedio que verse obligado a dimitir.

 Sin embargo, la honradez y sinceridad que caracterizaban a Oliveira, los conocimientos que tenía acerca de la economía, su honestidad profesional y humana deparaban al político luso una importante misión política como conductor de su patria, y así, sólo dos años más tarde -cuando contaba 39- fue llamado definitivamente por el Gobierno para hacerse cargo del Ministerio de Hacienda. Desde este momento, Salazar había de ser el hombre que todo el resto de su vida se iba a encontrar como eje del régimen portugués, como su alma, como su guía.

 “Queremos marchar hacia una economía nueva, trabajando al unísono con la naturaleza humana, bajo la autoridad de un Estado fuerte que defienda los intereses supremos de la nación, su riqueza y su trabajo, tanto contra los excesos capitalistas como contra el bolchevismo destructor”, dijo Salazar en esos días, cuando empezaba a delimitar lo que iba a ser su vida política, cuando nacía el Salazarismo -que habría de conocerse en el mundo así- cuando sobre Portugal, como un ave fénix, renacía la esperanza y la ilusión por una patria mejor, por una vida mejor.

 Era que la energía, el anticomunismo y la unidad se hermanaban, como apreciamos en el esquema perfecto, estructural del estadista portuguesa que, dos años más tarde, sería al mismo tiempo nombrado ministro de Colonias, prestándole la oportunidad de reorganizar la vida económica de las posesiones portuguesas de ultramar y sus relaciones políticas con la metrópoli. Tenemos que adelantar, y de pasada, que una de las mayores preocupaciones de Salazar ha sido siempre la unión del país, la intensificación de las relaciones de todas las provincias de la Nación, su perfecto engranaje y su unidad consciente.

 La constitución de Portugal

 Al constituirse en 1930 el partido de Unión Nacional, en cuyos discursos fundacionales marcó la pauta a seguir para hacer un Portugal distinto, decía Salazar que la primera necesidad del país había de estar basada en la plena y total independencia real de la nación. Sobre estas bases empezó a trabajar, dibujando con finos trazos la línea política a seguir, esa línea que había de ser envidiada por unos, criticada por otros. A continuación expuso su confianza en un poder ejecutivo fuerte dentro de la armonía de los poderes y terminó anunciando el establecimiento de un régimen corporativo.

 Fue el día 5 de julio de 1932 cuando el presidente Carmona lo nombró jefe del Gobierno. Y, a partir de este momento, el profesor Oliveira Salazar tiene la oportunidad de poner en práctica toda una teoría política que es el fruto de la meditación y el estudio de muchos años. Y se aplica de lleno a esta tarea con una energía extraordinaria. Su primer paso consiste en proporcionar un cauce constitucional al Nuevo Estado nacido de la revolución de 1926. La Constitución por él propugnada y aprobada mediante plebiscito de toda la nación entra en vigor el 11 de abril de 1933 y en ella se fijan los principios de una justicia y de una moral de base cristiana superior a los derechos del Estado.

 Oliveira Salazar, al mismo tiempo que era jefe del Gobierno, conservaba su cartera de Hacienda y, en el año 1936, asumió la de Prensa, Propaganda y Asuntos Exteriores, coincidiendo con el Movimiento Nacional español, momentos difíciles, pues, para un estadista que amaba a España y que la consideraba como la nación hermana que había de permanecer unida a los designios históricos del Portugal de siempre.

 Su amistad por España

 El 12 de mayo de 1938, reconoció al gobierno del General Franco, cuando todavía en España estaba mediada nuestra guerra de Liberación Nacional. “Nosotros y España, dijo en aquel entonces, somos dos hermanos, con casa separada en la Península, pero seguramente más amigos por ser independientes y celosos de nuestra autonomía”. De esta forma, Salazar definía con claridad su postura hacía España, su reconocimiento al Régimen español que se desperezaba en los campos de batalla para conseguir una patria mejor, una nación que -como Salazar- también nosotros señalábamos.

 Esta amistad quedaría más tarde comprobada, con gran cantidad de muestras de afecto hacia España y hacia su Caudillo. La firma del pacto Ibérico, la recomendación de Salazar al presidente Carmona para que visitase Madrid y su oposición directa a la recomendación de la ONU en 1946, para que retirasen sus miembros los embajadores de España, no han sido más que pequeñas muestras de ese afecto del que los españoles siempre nos hemos de sentir orgullosos.

 Salazar, su pérdida, significaba mucho para el mundo occidental. Salazar no es sólo un hombre para la historia de Portugal sino para la historia de todos los nacionalismos universales. Un ejemplo a seguir, una meta.

 Su muerte, tras penosa y larga enfermedad, ha sido seguida con enorme celo por toda la prensa internacional. En España, hemos sentido como hermanos esta pérdida que ha significado tanto para los designios de ambas naciones hermanas.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 187, 8-Ago-1970 

 

jueves, 28 de mayo de 2026

La Iglesia pobre y la mistificación marxista

 Artículo de 1970

 

 LA IGLESIA POBRE Y LA MISTIFICACIÓN MARXISTA

 Desde que el Concilio Vaticano II pusiera en circulación la frase “Iglesia-pobre”, confesemos que ha ido sufriendo una depreciación paulatina. Como tantas otras de esta literatura religioso-católica actual, después de una vertiginosa inflación que las ha ido convirtiendo de “tópicas” en “u-tópicas”, han empezado a causar fastidio y casi náuseas.

 Ese ha sido el singular privilegio de una literatura barata que sólo ha buscado el ruido, la tramoya y la fantasía sensacionalista: el de convertir el vocabulario más rico de contenido cristiano en un cansino oropel de relumbre de charol primero y en una escoria lamentable de arroyo después. Por ello, ¿por qué no manifestar una primera aprensión, cuando supimos que la Conferencia Episcopal española escogía este tema como objeto de sus deliberaciones para su XII Asamblea plenaria? Y sin embargo…

 Y sin embargo, el tema de la pobreza de la Iglesia ha ido siempre unido, en la historia de la Iglesia, con el sentimiento escatológico de su renovación interior perenne y con el testimonio profético de su presentación al mundo de fuera. Sólo en el testimonio vivido de su pobreza evangélica ha podido la Iglesia renovarse así misma y transformar al mundo.

 Sólo que, desde que el marxismo se adueña del tema y lo pervierte esencialmente, para hacer de los “capitalistas” a los “ricos” y de los trabajadores a los “pobres”, yo diría que el mundo moderno -aún el católico- vive el problema de la pobreza como un complejo marxista, que ha logrado desalojar el verdadero concepto cristiano. El marxismo ha realizado una tremenda simplificación, convirtiéndolo en uno de sus mitos favoritos, con los que embruja a las masas, llevándolas al paraíso ideal en el que todos serán “ricos”, haciendo falsa la afirmación de Cristo de que “pobres siempre los tendremos entre nosotros”. Pobreza, para el marxismo, es lo mismo que “trabajo”, y aún este entendido como una necesaria y dialéctica explotación del obrero.

 A esto añadió el marxismo una grande e inmensa calumnia, lanzada a la cara de la Iglesia como un puñado de lodo corrosivo: la Iglesia pertenece y es necesaria a los “ricos”. Para los “pobres” es opio que les adormece. Y lo peor es que logró crear nuevos complejos. Los obreros creyeron que, para dejar de ser pobres, debían abandonar la Iglesia, y comenzó esa inmensa defección de las masas obreras desertoras de la Iglesia. Pero también -y he aquí un hecho tremendamente curioso- los hombres de Iglesia aceptaron el reto marxista, con la posición del problema en el falso plano en que se lo colocaba el marxismo. Desde entonces -lo afirmamos conscientemente- la Iglesia se ha movido en una posición de defensiva y pura apologética frente al marxismo. Su argumentación, aun la mejor, bailaba sobre la cuerda floja; y lo hacía al son de la vieja trompetería de la Internacional. Tanta y tanta “doctrina social”, que se dice de la Iglesia, suena a falso, porque el redoble se efectúa sobre la caja de música que le ha prestado el marxismo.

 Con ello, naturalmente no vamos a negar la generosa entrega y las intenciones nobles de quienes construyeron esa que se llama “doctrina social cristiana”. Ellos han pretendido difundir siempre la caridad cristiana hacia el necesitado, en un esfuerzo, inútil e imposible de hacerse comprender por él. Pero el marxismo llevaba siempre la ventaja. Era él quien había escogido el terreno de juego. Era él quien iniciaba peligrosamente los saques. Era él quien había seleccionado las pelotas y las raquetas. La Iglesia, en cambio, había aceptado, inocentemente, un campo de combate que no era el suyo. Y había abandonado una tradición en la que únicamente podía presentar coherencia y consistencia ideológica y pragmática.No quisiéramos exagerar al decir que mucha de la así dicha “sociología cristiana”, habiendo aceptado la posición de los problemas del marxismo, tenía como inspirador a Marx.

 Y es que el concepto de pobreza cristiana no tiene nada que ver con la mistificación marxista de ese concepto. Marx ha necesitado de una contraposición violenta entre “Kapital” y “trabajo” para llegar a ese materialismo dialéctico de la historia. Y bien sabemos cómo todavía esa mística falsificada mueve a nuestro mundo. En esta mística, la “pobreza” es un estado de miseria material de bienes de la tierra, creado injustamente por el capital aliado de la religión y de la Iglesia. No es suficiente que la Iglesia grite -ya desde hace tantos años- que no quiere ser vinculada al capitalismo… que quiere entregarse al mundo de los “pobres”, si por “pobres” acepta el sentido que le da el marxismo; y los entiende como “obreros oprimidos injustamente”, como “trabajadores” dialécticamente opuestos al capitalismo… ¿qué extraño que todo suene a hueco?, ¿qué extraño que la voz de la Iglesia resuene en el desierto y que el obrerismo le siga volviendo las espaldas?

 Porque el espectáculo moderno se vuelve aburrido, a fuerza de monótono. Unos partidos “demócratas cristianos”, en los que el democraticismo acaba por engullir al cristianismo… ¿por qué? Porque los cristianos abandonaron su terreno de juego y se pasaron, con armas y bagajes, a la democracia, aceptando eso que, alegremente, se llama “juego democrático”. Unos sindicatos cristianos que aceptaron la dialéctica de lucha de los sindicatos no cristianos y que terminan por suprimir en el título y en la práctica el apelativo de cristianos, e ir codo con codo, a todas las huelgas y a todas revoluciones… ¿por qué? Porque se dejaron influir por el complejo, inducido desde fuera, desde el marxismo de los sindicatos marxistas.

 Unos curas “sociólogos”, que sólo contemplan el problema social desde la posición elegante de algún economista de Manchester o Saint Etienne, no podrán menos de gritar en el púlpito contra los “ricos” opresores… ¿por qué?-Porque en los pobres sólo contemplan la miseria que les ha descubierto la engañosa óptica marxista. Un excelente señor Obispo se entrega, con un celo pastoral laudable, a escribir largas pastorales sobre el estado sociológico de su diócesis, en que analiza minuciosamente la renta “per cápita” que, en justicia, debiera establecerse…¿por qué?-Porque fue, tal vez, educado en alguna y de economía sociología de allende los Pirineos, en que Marx ha sustituido a Cristo. Un respetabilísimo señor Cardenal de la Iglesia, que acepta un diálogo televisado con un teórico del marxismo y que, a las primeras de cambio, es llevado, con una maniobra habilísima, al terreno de su adversario, se ha encontrado desarmado, y ya todo el diálogo ha sido un juego peligroso del perro y del gato…

 ¿Para qué seguir? La pobreza de la Iglesia está despreciada, porque anda por ahí como oveja sin pastor, discurriendo extrañamente con amplias y huecas hopalandas que la titulan como cristiana; en realidad quien va debajo es un macho cabrío que es el marxismo. Es el antiguo lobo vestido con piel de oveja.

 Sólo cuando se descubra el juego falso se caerán las escamas de los ojos de ciertos inefables “sociólogos cristianos”. Pero ¿cuándo será? ¿Cuál es el verdadero concepto de pobreza cristiana y por qué, para ser cristiana, la Iglesia tiene que ser pobre?

 Mariano de ZARCO


Revista FUERZA NUEVA, nº187, 8-Ago-1970

  


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domingo, 24 de mayo de 2026

La desmarxistización de las masas

 Artículo de 1968

 LA DESMARXISTIZACIÓN DE LAS MASAS

 La conocida tesis orteguiana de la rebelión de las masas ha quedado en cierto modo constituida como un hito irreversible en el campo social, en el político y en el económico, los cuales, aunque con propia personalidad no son, sin embargo, compartimentos estancos, sino que se influyen recíprocamente en uno u otro sentido. La rebelión de las masas trabajadoras, proletarias, es un hecho histórico, se dice. En un momento determinado, se rebelaron. Sin más. Y dicho fenómeno ha quedado erigido en acontecimiento indiscutible.

 Tal hecho, contemplado con esta simplicidad de conjunto, parece ser a primera vista lo que se quiere que sea. No podemos negar el éxito que ha logrado dicho planteamiento, ya que no sólo se dan hechos consumados, sino también definiciones y denominaciones con idéntico resultado, debidas a inteligencia elevadas—justo es reconocerlo así—que, precisamente por su fama científica, garantizan por descontado el triunfo de «slogans», palabras y frases propias de la publicidad política y que a nadie se le había ocurrido hasta entonces. Una de ellas es la «rebelión de las masas».

 ¿Ha habido, sin embargo, rebelión de las masas o más bien de ciertas minorías? No es ningún secreto que todas las rebeliones de la Edad Moderna tienen su origen en la Revolución Francesa, de inspiración judaica y minoritaria, y cuyo «slogan» de «igualdad, libertad y fraternidad»... pertenece, asimismo, a la Francmasonería, minoría selecta, como es bien sabido. Fue la Revolución de las Revoluciones conocidas hasta la fecha, norteamericana y soviética incluidas, gestadas todas ellas en el seno de grupos minoritarios, casi minúsculos.

 Más que rebelión de masas, ha habido y hay rebelión de minorías diestras que utilizan a las masas inertes e ignorantes. Las masas ciudadanas, industriales y campesinas sólo se mueven si las mueven... Es esta una ley política inexorable. Y tal movimiento generador subversivo sólo surge de una o unas minorías activas

e inteligentes, desprovistas de escrúpulos morales, que buscan como último objetivo vital trastocar primero y derrocar después todo orden social y político constituido que sea contrario a sus fines. Una vez conquistado el Poder, la minoría triunfadora pasará a ser de instigadora de unas masas que no le pertenecían a aherrojadora de unas masas que ya le pertenecen en esclavitud.

Se ha dicho que las masas, en un espontáneo ímpetu histórico y revolucionario, se rebelaron contra las instituciones tradicionales de Occidente—Imperio, Monarquía e Iglesia—porque aquellas masas se habían descristianizado previamente. ¿Espontáneamente y porque sí? Más bien, lo que ocurrió fue el desenlace trágico de un frío y calculado proceso de descristianización del pueblo y de destrucción sistemática de sus verdaderas instituciones representativas. Ni que decir tiene que dicho proceso de descomposición fue ganando tranquilamente terreno ante la inoperancia, la ingenuidad y la miopía de las clases dirigentes. Creemos que es una lección a aprender muy minuciosamente.

 Los últimos—y fundamentales—reductos de la cordura y del ataque fueron la unidad espiritual y política de la Europa tradicional. Las catapultas manejadas por la eterna fuerza anticristiana (el «caballo de Troya» ya hacía mucho tiempo que trotaba dentro de aquellos reductos...) fueron la Reforma protestante y las nacionalidades. Donde antes hubo una sola Iglesia, hoy hay un enjambre de sectas; donde antes hubo un Imperio unido, hay hoy una muchedumbre de nacionalidades enfrentadas unas contra otras. Ese ha sido el resultado y el triunfo—el «divide y vencerás»—no de las masas rebeldes, sino de una minoría harto conocida que revolucionó a esas masas.

 En la actualidad (1968), y desde hace más de medio siglo, las masas trabajadoras del mundo entero están marxistizadas en su casi totalidad. Están descristianizadas desde mucho tiempo antes. Son un instrumento dúctil, maleable, ciego, inerte e idóneo, utilizable por los Honorables Arquitectos y Talleres en cualquier momento, porque ni razona, ni pregunta, ni objeta: sólo obedece y ejecuta sin criterio propio lo que se le ordena. Unicamente a mentes inteligentemente retorcidas se les pudo haber ocurrido hacer ver—cosas que han conseguido cumplidamente—que son precisamente esas pobres masas engañadas las que se rebelaron, las que triunfaron y las que gobiernan los destinos del actual mundo democrático...

 ¿Cuál puede ser la solución a este pavoroso problema que tiene planteado la humanidad? En primer lugar, la desmarxistización de esas masas. Hay muchas voces que aconsejan una rotunda recristianización de las mismas. Ese es el objetivo final a cumplir, tras lo cual cesarán las actuales tensiones y renacerá una calma en los espíritus y en las naciones que permitirá lograr objetivos pacíficos y sociales de bienestar, hoy prácticamente inalcanzables con la situación y las cortas medidas habilitadas. Pero un paso previo e inevitable es un profundo proceso de desmarxistización a escala mundial que contrarreste esa conjura desarrollada a idéntica escala. Querer resolver un problema mundial, cual es el del judeo-marxismo, con soluciones locales es perder el tiempo en un fatigoso parchear que a nada definitivo conduce.

 De nada sirve ni servirá una actuación de apostolado espiritual, religioso, cerca de unas masas totalmente materializadas por el marxismo. Se impone no una directa labor misional dirigida a unos seres que han perdido por completo el instinto religioso, sino una directa labor social que les rescate de la mística marxista. En este caso procede, en primer lugar, una auténtica justicia social, a secas, sin demagogias ni paternalismos contraproducentes. Lo demás—la religión, la cultura elevada, los ideales bellos y espirituales—vendrá por añadidura. Pero después de conseguido aquello. Otra cosa será engañarnos lamentablemente.

 Es la única forma de que esa minoría fabricante de revoluciones en casas ajenas quede, de una vez para siempre, totalmente al descubierto. Las masas, educadas en la justicia y en la verdad, dejarán de prestarse al triste juego actual de «conejos de Indias» que, con repugnancia, presenciamos. Pero para conseguir tal resultado hacen falta hechos concretos, visibles, palpables, en sus beneficiosas consecuencias. De lo contrario, todo seguirá igual.

Mejor dicho, peor cada día ante el voraz apetito de almas, pueblos y riquezas de esa minoría irremplazable hasta ahora ante un Tribunal de Justicia, sea civil o militar…

 Arturo ROMERO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 211, 13-Ene-1968 

 

sábado, 21 de febrero de 2026

“DERROTA MUNDIAL” -Orígenes ocultos de la Segunda Guerra Mundial.

 Artículo de 1967

  Libros que conviene leer 

“DERROTA MUNDIAL”

 -Orígenes ocultos de la Segunda Guerra Mundial.

-Desarrollo de la guerra.

-Consecuencias actuales de la guerra.

(De Salvador Borrego E.,17ª edición, Méjico, 1966.Registro número 18.438,  15 de mayo de 1954. Edit. en España: Queremón Editores, S. A. Narváez, 49, Madrid).

 ***

Advertencia de la editorial

 La tesis de este libro no plantea el nazismo como panacea política. El propio nazismo se privaba de toda posibilidad de exportación, pues al poner énfasis en la raza y en la tradición y al hacer a un lado el internacionalismo no podía ser imitado ni siquiera por quienes simpatizaban con él los cuales tenían que producir algo íntimamente propio, según ocurrió con la Falange Española, eminentemente nacionalista y católica.

 Además, el nazismo se acabó hace veinte años y no existe en ningún país del mundo.

 El objeto de este libro es evidenciar la forma en que el comunismo se ha desenvuelto en los últimos cien años. En tanto que el nazismo se acabó en 1945, el comunismo es un peligro ACTUAL (1967) y se proyecta aún más terrible para un futuro inmediato.

 La tesis del libro consiste en que el comunismo no es una ideología anhelada por las masas, sino una conjura que avanza en todo el mundo gracias a personajes públicos y secretos que le prestan ayuda de mil modos, incluso atacando cuanto se le opone en su camino, así sea el oponente un gobernante, la Iglesia, una ideología o un libro.

 Alemania en guerra tuvo una fase esencialmente anticomunista, y eso le ha granjeado enemigos persistentes que aún están produciendo películas contra los crímenes del nazismo, sepultado hace veinte años, en tanto que no hay UNA SOLA que hable de los crímenes ACTUALES y MAYORES del comunismo.

 La tesis de este libro tampoco es antisemita. ¿Qué es el antisemitismo? Es la condenación del judío sólo por tener sangre judía, es decir, un absurdo igual que ser antifrancés, antiespañol, antibritánico. («Debe discernirse claramente que una cosa es la lucha política contra el movimiento político judío y otra muy distinta es la hostilidad injusta contra el pueblo judío en masa, sólo por ser judío», del autor.)

 Este libro evidencia que en el génesis y en el ACTUAL AVANCE del comunismo hay un movimiento político de personajes judíos, y esto no es antisemitismo, sino UN HECHO. Estar en desacuerdo con ese movimiento político es discrepancia ideológica, no discriminación racial. ¿Acaso el anticomunismo es discriminación del pueblo ruso? ¿Acaso el antinazismo es necesariamente discriminación contra el pueblo alemán? ¿Acaso el antisegregacionismo es discriminación del hombre blanco?

 Una cosa es estar contra una actitud política y otra muy distinta es estar contra el espíritu de una raza. Con apoyo en lo segundo no puede erigirse un TABU para lo primero.

 Censurar a los ingleses que arrancaban cabelleras a los pieles rojas no es anglofobia; condenar a los caníbales no es discriminación racial del negro, y relatar la acción procomunista de un sector político hebreo tampoco puede ser antisemitismo. Decir lo contrario nos conduciría a afirmar que el Nuevo Testamento es antisemita porque identifica a los judíos que montaron el proceso, la pasión y la crucifixión de Jesucristo y que persiguieron a la naciente Iglesia católica, y PRECISAMENTE TAL SOFISMA es lo que ardientes enemigos de ella tratan ahora de inducir dándole a la palabra «antisemitismo» un alcance que no tiene.

 Es el ALCANCE ILIMITADO que el eminente israelita Joseph Duner confiere a ese término con las siguientes palabras:

«Para toda secta creyente en Cristo, Jesús es el símbolo de lo que es limpio, sagrado y digno de amar. Para los judíos, a partir del siglo IV, es el símbolo del antisemitismo.» («The Republic of Israel», pág. 10, edición de octubre de 1950.)

 Comentario de M. Diaz

 Las cinco primeras ediciones de «Derrota mundial» fueron rodeadas de un boicot de silencio, pese a los hechos gravísimos que revelaban y a que se agotaron en un tiempo récord, nada usual en libros mejicanos.

 La sexta edición —publicada en 1959—inquietó a los que temen a la verdad, y entonces recurrieron a la amenaza contra el autor y contra distribuidores y libreros. Hubo, además, críticas capciosas y se tachó a este libro de antisemitismo, cosa falsa. La raza judía y la religión israelita son respetadas aquí como cualesquiera otras, y lo que en «Derrota mundial» se exhibe es el avance de la conspiración marxista. Si los inventores de esta doctrina y sus principales propagadores son judíos y forman un grupo político internacional, decirlo no es «antisemitismo», sino hacer constar un hecho histórico.

 Al aparecer la 13.ª edición se reanudaron en varios países las maniobras para obstruir o impedir totalmente su venta. Este libro habla con datos precisos y con testimonios. Quienes pretenden acallarlo con amenazas revelan que no pueden hacerlo con argumentos.

 En «Derrota mundial» se plantean y se resuelven graves interrogantes que afectan a la presente generación y a las que habrán de venir:

 ¿Es el comunismo una doctrina irresistible? ¿Es el supercapitalismo realmente el rival del comunismo? Si el Occidente es tan poderoso, ¿por qué el comunismo sigue avanzando?

 No existe ningún libro con tan variada documentación. Su lectura es esencial para todos los sectores de la sociedad. Por eso José Vasconcelos escribió en el prólogo que se trata de uno de los libros «más importantes que se hayan publicado en América» y que su difusión «es del más alto interés patriótico en todos los pueblos».

 Prólogo a la nueva edición

 La obra de Salvador Borrego E., que hoy alcanza otra edición, es una de las más importantes que se hayan publicado en América. Causa satisfacción que un mejicano de la nueva generación haya sido capaz de juzgar con tanto acierto los sucesos que conocemos bajo el nombre de la segunda guerra mundial.

 Colocados nosotros del lado de los enemigos del poderío alemán es natural que todas nuestras ideas se encuentren teñidas con el color de la propaganda aliada. Las guerras modernas se desarrollan tanto en el frente de combate como en las páginas de la imprenta. La propaganda es un arma poderosa, a veces decisiva para engañar a la opinión mundial. Ya desde la primera guerra europea se vio la audacia para mentir que pusieron en

práctica agencias y diarios que disfrutaban de reputación aparentemente intachables. La mentira, sin embargo, logró su objeto. Poblaciones enteras de naciones que debieron ser neutrales se vieron arrastradas a participar en el conflicto movidas por sentimientos fundados en informaciones que después se supo habían sido deliberadamente fabricadas por el bando que controlaba las comunicaciones mundiales.

 Y menos mal que necesidades geográficas o políticas nos hayan llevado a participar en conflictos que son ajenos a nuestro destino histórico; lo peor es que nos dejemos convencer por el engaño. Enhorabuena que hayamos tenido que afiliarnos con el bando que estaba más cerca de nosotros; lo malo es que haya sido tan numerosa, entre nosotros, la casta de los entusiastas de la mentira. Desventurado es el espectáculo que todavía siguen dando algunos «intelectuales» nuestros, cuando hablan de la defensa de la democracia, al mismo tiempo que no pueden borrar de sus frentes la marca infamante de haber servido a dictaduras vernáculas que hacen gala de burlar sistemáticamente el sufragio. Olvidemos a estos pseudo-revolucionarios, que no son otra cosa que logreros de una revolución que han contribuido a deshonrar y procuremos despejar el ánimo de aquellos que de buena fe se mantienen engañados.

 «Durante seis años, dice Borrego, el mundo creyó luchar por la bandera de libertad y democracia que los países aliados enarbolaron a nombre de Polonia. Pero al consumarse la victoria, países enteros, incluyendo Polonia misma, perdieron su soberanía bajo el conjuro inexplicable de una victoria cuyo desastre muy pocos alcanzaron a prever.»

 La primera edición del libro de Borrego se publicó hace dos años escasos, y en tan corto tiempo el curso de los sucesos ha confirmado sus predicciones, ha multiplicado los males que tan valientemente descubriera.

 Ya no es sólo Polonia; media docena de naciones europeas, que fueron otros tantos florones de la cultura cristiana occidental, se encuentran aplastadas por la bota soviética, se hallan en estado de «desintegración definitiva».

 Y el monstruo anti-cristiano sigue avanzando. Detrás de la sonrisa del judío Mendes-France —siempre victorioso, dicen sus secuaces—; detrás de esa enigmática sonrisa, seis millones de católicos del Vietnam, fruto precioso de un siglo de labor misionera francesa, han caído dentro de la órbita de esclavitud y de tortura que los marxistas dedican a las poblaciones cristianas.

 El caso contemporáneo tiene antecedentes en las invasiones asiáticas de Gengis-Kan, que esclavizaba naciones; tiene antecedentes en las conquistas de Solimán, que degollaba cristianos dentro de los templos mismos que habían levantado para su fe. El conflicto de la hora presente es otro de los momentos angustiosos y cruciales de la lucha perenne que tiene que librar el cristianismo para subsistir.

 En el libro de Borrego, penetrante y analítico, al mismo tiempo que iluminado y profético se revelan los pormenores de la conjura tremenda.

 La difusión del libro de Borrego es del más alto interés patriótico en todos los pueblos de habla española. Herederos nosotros de la epopeya de la Reconquista, que salvó el cristianismo de la invasión de los moros, y de la Contrarreforma encabezada por Felipe II, que salvó al catolicismo de la peligrosa conjuración de luteranos y calvinistas, nadie está más obligado que nosotros a desenmascarar a los hipócritas y a contener el avance de los perversos. La lucha ha de costarnos penalidades sin cuento. Ningún pueblo puede escapar en el día de hoy a las exigencias de la historia, que son de acción y de sacrificio.

 La comodidad es anhelo de siempre, jamás realizado. La lucha entre los hombres ha de seguir indefinida y periódicamente implacable, hasta en tanto se acerque el fin de los tiempos, según advierte la profecía.

 José Vasconcelos


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 209, 30-Dic-1967