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ESPAÑOLES PRESTIGIOSOS, HISTORIADORES Y LA INQUISICIÓN
CLAUSURADO el Simposio Internacional sobre la Inquisición Española, y
en espera de sus conclusiones «de acuerdo con los criterios científicos del
tiempo en que vivimos», es hora de lanzar al viento los juicios de grandes
historiadores españoles para salir al paso de lo que tan ligeramente se ha
escrito en fechas recientes y que deriva, de modo directo o no, de la obra de
Llorente, el falsario.
Hay españoles, incluso católicos practicantes, que se asombran de que
se pueda defender la Inquisición. Hasta tal extremo ha penetrado la
deformación de la verdad en la sociedad española. Es claro que no voy a decir
que el Santo Oficio no condenó a muerte a nadie. Pero hay que saber cómo y
cuándo. SI puedo, en cambio, decir que no ejecutó ninguna de sus sentencias,
sino que entregaba al reo al poder secular. Esto lo dicen casi todas las
historias.
Pero dejemos hablar a los historiadores, comenzando por don Marcelino
Menéndez Pelayo, que es el que mejor ha conocido la historia y la literatura
españolas, tanto que Valera llegó a decir que «antes de él nos ignorábamos».
Además que escribía con ánimo sereno. Marañón habló de «su habitual honradez
literaria».
M. MENENDEZ PELAYO:
«Si la naturaleza humana es y ha sido y eternamente será, por sus
condiciones psicológicas, intolerante, ¿a quién ha de sorprender y
escandalizar la intolerancia española, aunque se mire la cuestión con el
criterio más positivo y materialista? Enfrente de las matanzas de los
anabaptistas, de las hogueras de Calvino, de Enrique VIII y de Isabel de Inglaterra,
¿qué de extraño tiene que nosotros levantáramos las nuestras? En el siglo XVI
todo el mundo creía y todo el mundo era intolerante. Pero la cuestión para
los católicos es más honda, aunque parece imposible que tal cuestión exista. El
que admite que la herejía es un crimen gravísimo y pecado que clama al cielo
y que compromete la existencia de la sociedad civil; el que rechaza el
principio de la tolerancia dogmática, es decir, de la indiferencia entre la
verdad y el error, tiene que aceptar forzosamente la punición espiritual y
temporal de los herejes, tiene que aceptar la Inquisición.» (...)
«Para el economista ateo será siempre mayor criminal el
contrabandista que el hereje. ¿Cómo hacer entrar en tales cabezas el espíritu
de vida y de fervor que animaba a la España inquisitorial? ¿Cómo hacerles
entender aquella doctrina de Santo Tomás: "Es más grave corromper la fe,
vida del alma, que alterar el valor de la moneda con que se provee el
sustento del cuerpo"?» (Heterodoxos. Edit. Nacional, IV. 411-13.)
R. MENÉNDEZ PIDAL:
No he visto ningún texto suyo, ni a favor ni en contra de la
Inquisición. Doy varios de la monumental Historia de España, dirigida por él.
Son de don Luis Suárez Fernández (tomo XVII), catedrático de Historia de
España, en la Universidad de Valladolid.
«Núcleos de conversos (...) mezclando judaísmo y cristianismo con
ideas erróneas iban produciendo una paulatina degeneración de la fe» (pág. 211). «Triunfaban las
supersticiones..., iban resucitando las mil doctrinas heréticas dormidas en
lo profundo de la Edad Media» (ibíd.). «Llorente no es digno de confianza» (ibíd.).
«Todos los bienes de los condenados por la Inquisición eran confiscados por
la Hacienda Real» (no eran para los inquisidores y clérigos al servicio del Tribunal,
como se ha escrito).
GREGORIO MARAÑON:
«Es curioso que éstos —los inquisidores— eran mucho más benignos que
los jueces seglares para juzgar este pecado —el de sodomía—» (que en Aragón también los juzgaba la
Inquisición) (Obras completas. VI. pág. 617. Antonio Pérez). Alude a los
«aspectos, que tampoco faltan, en que el Santo Tribunal puede ser defendido»
(ibíd. 721).
A. GONZÁLEZ PALENCIA:
«Para vigilar la pureza de la fe, amenazada por las actividades de
los conversos, para averiguar la vida y costumbres de los judaizantes, los
Reyes solicitaron y obtuvieron de Roma el establecimiento del Tribunal de la
Inquisición, institución no inventada por los RR.CC. ni siquiera originaria
de España, sino tribunal de fe que había actuado en diversos Estados europeos
durante la Edad Media, tribunal eminentemente popular, recibido con general
aplauso por todo el pueblo español» (La España del Siglo de Oro, Madrid,
1940, págs. 5-6).
«Era dependiente del poder civil, separada de la jurisdicción
ordinaria de los obispos» (108). «Judíos, moros, luteranos, alumbrados y
sectas similares eran objeto de sus vigilantes ojos; además caían bajo su férula
los hechiceros, magos y supersticiosos, los escandalosos públicos, los
blasfemos, las brujas y todos cuantos podían perturbar la buena vida, la
moral, las costumbres y la fe de los conciudadanos» (ibíd. 110). (¿Puede
haber misión más noble y alta?) «El que haya visto, como yo, cientos y
cientos de procesos inquisitoriales de los siglos XV al XIX, puede afirmar
que la mano del Santo Oficio era blanda con los reos, de ordinario, porque
tampoco los delitos eran graves... Si se exceptúa media docena de autos de
fe, en todos los demás de la Inquisición no hay más que aparato y ceremonia.
La prueba de la blandura del Santo Oficio nos la da la literatura española:
era más rigurosa en los productos del ingenio la censura gubernativa que la
inquisitorial» (ibid. 114-115).
«Sobre la Inquisición se han ido acumulando durante siglos toda clase
de falsas imputaciones y de críticas injustas. La visión truculenta de las
cárceles inquisitoriales, descritas por los románticos, sirvió a los
liberales del siglo XIX para ennegrecer las sombras en la pintura de esa
institución, cuya historia imparcial no se ha hecho hasta hace una veintena
de años, por Schäfer, sirviéndose todos antes de la parcialísima de Llorente»
(ibid. 114).
EL MARQUES DE LOZOYA:
«Aun cuando la propaganda protestante y enciclopedista haya
convertido esta institución en un mito absolutamente distinto de la realidad,
que hoy van descubriendo los documentos de los archivos, es lo cierto que la
Inquisición, sobre todo en sus primeros tiempos, desempeñó un papel
importantísimo en la vida y en la política de España e influyó de un modo decisivo
en la formación de un sentido hispánico de la vida. Fue una organización
fuerte y eficaz, y desde el punto de vista del Derecho procesal lo más
perfecto que se hizo entonces en Europa, ya que en ninguna otra legislación
contemporánea se pone tanto cuidado en averiguar la verdad ni se conceden al
reo tantos medios de defensa» (Historia de España. Salvat, 1967, III, pág.
103, ss.). (Insiste el autor en que las Instrucciones, debidas a Torquemada,
que rigió la etapa más dura de la Inquisición, son, sin embargo, un monumento
del Derecho procesal.)
«Es falso que la Inquisición haya sido causa del atraso científico,
como pretendían ciertos escritores del siglo XIX» (ibíd. 108). «Los
beneficios que en el orden político el Santo Oficio proporcionó a España
fueron ciertamente extraordinarios. Fue el principal la unidad religiosa que
dio al nuevo imperio estabilidad y fuerza suficiente para las enormes empresas en que había de empeñarse. Por su obra se evitaron
en suelo español las contiendas religiosas que ensangrentaron durante siglos
a Europa y que, dado el carácter de los españoles, hubieran revestido mayor
crueldad y dureza» (ibid. 109). (Hace notar Lozoya que en Europa se
utilizaron procedimientos de tortura desconocidos en España.)
A. BALLESTEROS BERETTA:
«El acusado tenía derecho a señalar las personas que reputaba como enemigas,
y si estaban entre las denunciantes, los testimonios de éstos eran considerados nulos»
(Historia de España y su influencia en la Universal, Salvat, 1948, III. 3.ª parte, pág. 425). «La investigación
debía ser cierta, clara y específica (subraya Ball). No podía formarse juicio
sobre indicios ni podían extenderse las investigaciones a cuestiones reservadas
en conciencia (ibíd. 424). Procedíase a la pesquisa de un hecho siempre que
resultaba público. El tribunal guardaba reserva acerca de los nombres de acusadores
y testigos; y cuando eran de cargo respondían de sus testimonios,
imponiéndose severas penas a los calumniadores. Para el reo y su letrado consultor
no había misterio en las actuaciones. Los sumarios no comenzaban hasta
probarse las denuncias y el auto de prisión no podía ejecutarse hasta su confirmación
por el Consejo» (424).
«La raza judía era odiada por sus riquezas. Gran número de familias
hebreas habían abrazado la religión cristiana, pero muchos practicaban en
secreto su religión. Contra ellos se desataron las iras del pueblo. Los Reyes
no hacían más que reflejar la opinión general del país» (Síntesis de Historia
de España. 1920, pág. 203).
DICCIONARIO DE HISTORIA DE ESPAÑA:
Termino con unas enjundiosas palabras de este Diccionario, editado
por la Revista de Occidente, de tendencia liberal y dirigido por Germán
Bleiberg. Dice así:
«La Inquisición aparece incomprensible a la mentalidad de nuestros
días, pero no lo era en los tiempos de su institución, cuando la integridad
de la fe religiosa se concebía universalmente como el valor fundamental de la
vida. Tampoco en orden a su actuación ordinaria puede merecer la Inquisición
—concretamente la española— especiales reproches, ya que su sistema penal y
procesal participaba de las características del proceso ordinario en la
jurisdicción civil (tormento, cárceles, muerte en la hoguera) y, salvo en los
primeros tiempos, no usó, a través de ellos, especial rigor y crueldad. Y
como recuerda Menéndez Pelayo...no fue obstáculo alguno para el desarrollo
del pensamiento y la inspiración como lo acredita el brillante florecimiento
de la literatura española en los siglos en que estaba en auge el Santo
Oficio.»
Domiciano HERRERAS
Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979
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