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¿PRECISAMENTE LAS JOYAS
DEL PILAR?
Por Rafael Gil Serrano
El despojo de la
tradición
Por una gracia especial de
Dios, tuvimos la dicha de celebrar por vez primera en Zaragoza—Columna
sobrenatural de la HISPANIDAD—, el día 2 de enero del nuevo año 1968, la festividad de la VENIDA DE LA
VIRGEN EN CARNE MORTAL a esta tierra hispana.
Naturalmente, el despojo que
de esta tradición se ha hecho en el oficio divino del día 12 de octubre—donde
se ha suprimido de raíz toda ella—sigue lacerando nuestro corazón porque nada
o casi nada—que sepamos—ha comenzado a realizarse para devolver al Pueblo de
Dios—que también el Pueblo Hispánico; todos los pueblos hispánicos son Pueblo de
Dios—lo que es suyo.
Otro despojo
Y no es eso sólo, sino que
hemos tenido el dolor de comprobar in situ—sobre el terreno—otro despojo
antipilárico: y es que la festividad de la VENIDA DE LA VIRGEN con misa y
oficio del día 12 de
octubre, que venía celebrándose el 2 de enero como fiesta local en Zaragoza,
¡TAMBIEN HA SIDO SUPRIMIDA DEL CALENDARIO LITURGICO!...
Sin embargo, la inmensa
mayoría de los fieles amantes de Nuestra Señora en su advocación del Pilar
que llenaba el grandioso Templo de la Raza hispánica y asistía a los solemnes
cultos religiosos, jamás podía sospechar una supresión litúrgica tan radical.
¿Un tercer despojo?
Por último, hay un tercer
despojo en perspectiva, cuya intención nos aumenta la amargura en el corazón.
Se trata de que—no sabemos por quién—se ha suscitado públicamente una polémica
en torno a la venta de las joyas del Pilar para hacer escuelas donde recoger a
varios miles de niños zaragozanos, los cuales, por lo visto, carecen de ellas.
Del mal, el menos
Y... ¡menos mal que se les
ha ocurrido eso! Porque muy bien podían haber pedido que el producto de la
venta de dichas joyas fuese a parar a «todas las comunidades que no tienen en
la Tierra dónde reunirse, para que Dios les reserve una morada en el Reino de
los Cielos». Al fin y al cabo, esta idea es anterior a aquélla, puesto que
constituye parte integrante de la Oración
de los fieles inserta en el
número 49 de la revista «Eucaristía», de Zaragoza, correspondiente al domingo
día 16 de julio de 1967.
Ello quiere decir que dicho
domingo se pidió en todos los templos que siguen las orientaciones litúrgicas
de «Eucaristía» por unas «comunidades», tan raras, «que no tienen en la Tierra
lugar donde reunirse, y necesitan para cumplir sus fines temporales «que Dios
les reserve (¿para antes o para después de la Resurrección?) una Morada en el Reino de los
Cielos»... Lo cual no deja de ser una ventaja el que nadie se acuerde de
resolverles el problema de la vivienda a expensas de las joyas piláricas,
pues, en este caso, ¿para qué iban a necesitar la morada en el Reino de los
Cielos?
Un texto interesante
De todos modos, es muy
significativo que haya salido a la palestra el jesuita padre Ignacio Elizalde
para emitir su opinión, no precisamente como un donante de alguna de las
joyas, ni siquiera como un ciudadano cualquiera, sino como «director de la revista
Hechos y dichos, por si alguien lo ignoraba. Y para que
los lectores adquieran una ligera idea del problema, he aquí algunos párrafos
el padre Elizalde:
«La mentalidad social de la
Iglesia va invadiendo los distintos sectores. El Papa se desprendió de su
tiara. Muchos obispos, de sus anillos pastorales. Todo en favor de los
pobres. ¿No habría llegado la hora de aplicar esta doctrina social de la
Iglesia a parte del tesoro del Pilar? También en Zaragoza existe el
chabolismo y la miseria. También en Zaragoza hay cerca de catorce mil niños
sin escuela, los cuales no pueden recibir ninguna instrucción. Este último es
un problema pavoroso que más de una vez se ha agitado en la prensa. Catorce
mil niños que van a quedar inutilizados, mancos y ciegos culturalmente; que
van a encontrar las puertas de su porvenir cerradas porque nadie les ha dado
esa preparación a la que tienen derecho.
»El fin no pue ser más
honesto y cristiano, al mismo tiempo que más del agrado de la Virgen. Sería
un mimo para sus hijos predilectos, que son los pobres. Esas escuelas podrían
llevar la advocación del Pilar, como fruto fecundo y perenne de los devotos de
la Virgen que le regalaron sus joyas, y que la Virgen las regala de nuevo a
sus hijos. Nos consta que la curia arzobispal y el arzobispo verían con
buenos ojos esta iniciativa y estarían dispuestos a secundarla.
»San Ignacio de Loyola
recomendaba a los superiores que fundieran los cálices de oro, si esto era
necesario, para atender a los enfermos».
¿Fariseísmo a gran escala?
Nosotros, que por vivir en
Madrid desconocemos lo que normalmente pasa en Zaragoza, pudimos enterarnos
durante nuestra breve estancia en la ciudad del Pilar de algunas cosas que
por allí se dicen, las cuales, de ser ciertas, pondrían al descubierto una operación de fariseísmo a gran escala,
ya que se propugna una venta que, de llevarse a efecto, constituiría un verdadero expolio, pues los partidarios de la
misma tienen en su mano la solución del problema.
Efectivamente. el padre
Elizalde, S.J., se pone a especular con unas joyas que no son suyas. En
cambio, NADA DICE DE ALGO QUE ES MUY SUYO, es decir, de la Compañía a que él y
todos los superiores que le apoyan a respaldan pertenecen. Además, ni
siquiera tienen que molestarse en fundir ningún cáliz de oro, como aconsejaba
su Fundador, San Ignacio de Loyola, puesto que disponen -o van a disponer- de
una millonada de pesetas, producto de la venta del soberbio edificio que
tienen en Zaragoza.
Como se ve, la maniobra farisaica parece estar bien
clara, pues tener en su mano la solución de un problema de enseñanza -problema
específico de la Compañía de Jesús- y querer cargar el mochuelo al tesoro del
Pilar… -cuya finalidad especifica no es esa-, es algo que hace falta
estar ciego para no verlo.
Implicación de la curia y
del arzobispo
Y no se para ahí el padre
Elizalde, sino que implica a la curia arzobispal y al arzobispo de Zaragoza,
achacándoles que «verían con buenos ojos esta iniciativa (la venta de las
joyas) y estarían dispuestos a secundarla». De esta manera, el padre Elizalde
pretende quizá desviar la atención de las gentes que piensan en la venta del edificio
de la Compañía, orientándola hacia alguna venta que tenga o pueda tener en
perspectiva el arzobispo para atender a las necesidades más perentorias y
urgentes propias y específicas de la archidiócesis.
Lo que debe hacer el
director de «Hechos y Dichos» es dejarse de hipocresías y dar testimonio
conciliar verdadero. ¿Cómo? Haciendo efectiva la Iglesia de los pobres, es
decir, desprendiéndose de todos los bienes que tienen en Zaragoza para ayudar
a solucionar el problema de la enseñanza, del chabolismo y de la miseria, y
arrastrar así a otros cristianos que también acostumbran a predicar, pero...
sin dar ni un grano de trigo.
Los amantes de la Virgen
Los verdaderos amantes de la
Virgen del Pilar, los que creen en la Tradición de su venida, también tienen
razones muy poderosas para repudiar la venta del tesoro pilárico, cuyo valor
espiritual llega hasta el cielo, mientras que su valor material jamás podrá alcanzarlo,
aun cuando aquél estuviera formado por todas las joyas del mundo.
Pues bien: todas esas
razones pueden sintetizarse en la copla del bilbilitano don Juan José Gil,
que un corresponsal de Calatayud transmitió a su periódico de Zaragoza:
«El joyero de la Virgen, para todo aragonés
es una cosa sagrada
y no se puede vender»
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968
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