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miércoles, 26 de agosto de 2026

La continuada derrota en la batalla de las ideas

 Artículo de 1970 

 SILENCIOS, MENTIRAS Y VERDADES A MEDIAS 

Desde 1945 hasta la fecha (1970), se han producido en el mundo 55 guerras “regulares”; si a estas agregamos insurrecciones, golpes de Estado, golpes de mano, guerrillas endémicas, etcétera, se alcanza, con mucho, el número de 300. Pero, a pesar de esto, millones de personas en el mundo están aún convencidas de que si la guerra la hubiesen ganado las potencias “fascistas” nuestro planeta se habría precipitado en un abismo de sangre y de ruina, mientras que con las “democracias” vivimos, por fortuna, en una tranquilidad paradisíaca. Un ejemplo significativo de los efectos producidos en la gente por los silencios, mentiras y verdades a medias con los que se les lava, a diario, el cerebro, más valdría decir que se les “ensucia”.

 Radio, cine, televisión, diarios, libros, revistas, etcétera, todos los medios son constantemente movilizados para mantener bajo presión, en todas las partes del mundo, a los miles de millones de habitantes de nuestro planeta y obligarles a pensar en una sola dirección.

 Cualquiera de nosotros ha podido constatar, en conversaciones con amigos y conocidos, el gravísimo grado de deformación mental y espiritual que se ha conseguido producir, sobre todo en las jóvenes generaciones, pervertidas por esta continua y martilleante campaña de embotamiento cerebral. Así se explica que pueden conseguir éxito versiones prefabricadas de hechos ocurridos en nuestra patria o en cualquier país. Todos conocimos, en 1969, la famosa impostura de achacar a la Guardia Civil de Vizcaya el asesinato de un taxista o las de estimar como verdad axiomática que las muertes de los generales Mola y Sanjurjo no fueron accidentales sino resultados de una maniobra política con vistas al futuro. Y lo peor del caso es que un gran porcentaje de gente de buena fe, sobre todo jóvenes, se traga lindamente el anzuelo.

 Se razona y se discute según lugares comunes, con frases hechas a base de slogans propagandísticos de los “persuasores” más o menos ocultos que controlan, sabiamente, la situación. Y no se atisba solución alguna. La batalla de las ideas la ha perdido nuestro Régimen. Sería preciso una decisiva acción tendente a contrarrestar la deletérea batalla psicológica y la intensa propaganda antinacionalista que padecemos, y no se ven ni los medios ni los hombres que sean capaces de, con decisión, llevarla a cabo.

 Cuando no es posible ocultar los hechos, por recientes o por vividos, entonces se recurre a una política que, en nuestro país, está dando magníficos resultados: el silencio. Hay consignas de silencio para lo incontrovertible, consignas de olvido para cualquier cosa que pueda molestar a esas fuerzas “democráticas”, a esas facciones aperturistas, o a esas jóvenes generaciones de barbudos a lo “Che”. Y mientras se sigue hablando y recordando el incendio del Reichstag o el caso Mateotti, como crímenes de potencias fascistas, pasa, sin pena ni gloria, el aniversario del asesinato de Calvo Sotelo por el gobierno del Frente Popular.

 Mientras las pantallas de la Televisión nos muestran, a diario, películas de guerra en las que los americanos son los buenos y alemanes, italianos y japoneses los malos, mientras en nuestras librerías ocupan lugares de honor los libros sobre las atrocidades de los campos de concentración alemanes, nunca se verá, ni en televisión ni en libros o reportajes, nada sobre los campos de concentración de Siberia o de otras tierras soviéticas. (… ) En Televisión, en diarios, siempre el mismo tema, las mismas descripciones: los campos de concentración nazis para hacer olvidar Hiroshima o las fosas de Katyn.

 Ahora comienza a desvelarse lo ocurrido con los prisioneros italianos en Rusia. Pero ni en la misma Italia de la Democracia Cristiana hay un decidido interés en sacar a relucir lo sucedido con la mayoría de ellos. Se publican, sí,  trabajos conducentes a demostrar que los soldados italianos que han regresado de la URSS es porque fueron exterminados por los nazis. Y, recientemente, con la película “Los  girasoles”, se quiere acreditar la versión de que los soldados italianos prisioneros de los soviets no regresan… porque han formado sus hogares en la amiga Rusia.

 En contraste con esta política de olvidos, de silencio, se teoriza, abiertamente, sobre la teología de la violencia y causaría risa si no fuesen tan tristes los equilibrios de algunos de nuestros diarios llamados católicos para cohonestar su condenación habitual de la violencia -si procede de la derecha- con su encubierta complacencia con ella cuando procede, como recientemente, de organizaciones o de guerrillas más o menos castristas en las que, como es sabido, no faltan, como en nuestro país colaboraciones activas y pasivas de sacerdotes. Y se nos dice en todos los medios de difusión, con desvergüenza, cómo la violencia engendra violencia, pero también que “la injusticia engendra violencia”, con lo que se da vía libre y absolución a toda clase de secuestros, atracos y crímenes.

 B. CUADRADO


 Revista FUERZA NUEVA, nº 191, 5-Sep-1970

 

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