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SILENCIOS, MENTIRAS Y VERDADES A MEDIAS
Desde 1945 hasta la fecha (1970),
se han producido en el mundo 55 guerras “regulares”; si a estas agregamos insurrecciones,
golpes de Estado, golpes de mano, guerrillas endémicas, etcétera, se alcanza,
con mucho, el número de 300. Pero, a pesar de esto, millones de personas en
el mundo están aún convencidas de que si la guerra la hubiesen ganado las
potencias “fascistas” nuestro planeta se habría precipitado en un abismo de
sangre y de ruina, mientras que con las “democracias” vivimos, por fortuna, en
una tranquilidad paradisíaca. Un ejemplo significativo de los efectos
producidos en la gente por los silencios, mentiras y verdades a medias con
los que se les lava, a diario, el cerebro, más valdría decir que se les “ensucia”.
Radio, cine, televisión,
diarios, libros, revistas, etcétera, todos los medios son constantemente
movilizados para mantener bajo presión, en todas las partes del mundo, a los
miles de millones de habitantes de nuestro planeta y obligarles a pensar en
una sola dirección.
Cualquiera de nosotros ha
podido constatar, en conversaciones con amigos y conocidos, el gravísimo
grado de deformación mental y espiritual que se ha conseguido producir, sobre
todo en las jóvenes generaciones, pervertidas por esta continua y martilleante
campaña de embotamiento cerebral. Así se explica que pueden conseguir éxito
versiones prefabricadas de hechos ocurridos en nuestra patria o en cualquier
país. Todos conocimos, en 1969, la famosa impostura de achacar a la Guardia
Civil de Vizcaya el asesinato de un taxista o las de estimar como verdad
axiomática que las muertes de los generales Mola y Sanjurjo no fueron
accidentales sino resultados de una maniobra política con vistas al futuro. Y
lo peor del caso es que un gran porcentaje de gente de buena fe, sobre todo
jóvenes, se traga lindamente el anzuelo.
Se razona y se discute según
lugares comunes, con frases hechas a base de slogans propagandísticos de los “persuasores”
más o menos ocultos que controlan, sabiamente, la situación. Y no se atisba
solución alguna. La batalla de las ideas la ha perdido nuestro Régimen. Sería
preciso una decisiva acción tendente a contrarrestar la deletérea batalla
psicológica y la intensa propaganda antinacionalista que padecemos, y no se
ven ni los medios ni los hombres que sean capaces de, con decisión, llevarla
a cabo.
Cuando no es posible ocultar
los hechos, por recientes o por vividos, entonces se recurre a una política
que, en nuestro país, está dando magníficos resultados: el silencio. Hay
consignas de silencio para lo incontrovertible, consignas de olvido para
cualquier cosa que pueda molestar a esas fuerzas “democráticas”, a esas facciones
aperturistas, o a esas jóvenes generaciones de barbudos a lo “Che”. Y
mientras se sigue hablando y recordando el incendio del Reichstag o el caso Mateotti,
como crímenes de potencias fascistas, pasa, sin pena ni gloria, el
aniversario del asesinato de Calvo Sotelo por el gobierno del Frente Popular.
Mientras las pantallas de la Televisión
nos muestran, a diario, películas de guerra en las que los americanos son los
buenos y alemanes, italianos y japoneses los malos, mientras en nuestras
librerías ocupan lugares de honor los libros sobre las atrocidades de los
campos de concentración alemanes, nunca se verá, ni en televisión ni en
libros o reportajes, nada sobre los campos de concentración de Siberia o de otras
tierras soviéticas. (… ) En Televisión, en diarios, siempre el mismo tema,
las mismas descripciones: los campos de concentración nazis para hacer
olvidar Hiroshima o las fosas de Katyn.
Ahora comienza a desvelarse
lo ocurrido con los prisioneros italianos en Rusia. Pero ni en la misma
Italia de la Democracia Cristiana hay un decidido interés en sacar a relucir
lo sucedido con la mayoría de ellos. Se publican, sí, trabajos conducentes a demostrar que los soldados
italianos que han regresado de la URSS es porque fueron exterminados por los
nazis. Y, recientemente, con la película “Los
girasoles”, se quiere acreditar la versión de que los soldados
italianos prisioneros de los soviets no regresan… porque han formado sus
hogares en la amiga Rusia.
En contraste con esta
política de olvidos, de silencio, se teoriza, abiertamente, sobre la teología
de la violencia y causaría risa si no fuesen tan tristes los equilibrios de
algunos de nuestros diarios llamados católicos para cohonestar su condenación
habitual de la violencia -si procede de la derecha- con su encubierta complacencia
con ella cuando procede, como recientemente, de organizaciones o de
guerrillas más o menos castristas en las que, como es sabido, no faltan, como
en nuestro país colaboraciones activas y pasivas de sacerdotes. Y se nos dice
en todos los medios de difusión, con desvergüenza, cómo la violencia engendra
violencia, pero también que “la injusticia engendra violencia”, con lo que se
da vía libre y absolución a toda clase de secuestros, atracos y crímenes.
B. CUADRADO
Revista FUERZA NUEVA, nº 191, 5-Sep-1970
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