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viernes, 7 de agosto de 2026

Sacrílego plan masónico contra Papado y Eucaristía

 Artículo de 1970

 LOS SACRÍLEGOS PLANES SECTARIOS

 La conocida concesión para que los laicos puedan administrar la Sagrada Comunión que, por las facultades concedidas por la Santa Sede al Arzobispo de Barcelona (Marcelo González) ha confiado a los seglares, con ciertas regulaciones, es objeto de comentarios para todos los gustos. Desde luego, muchos han quedado estupefactos, pues si es verdad que hay caravanas en las carreteras y en los campos de fútbol se acumulan aglomeraciones que hacen imposible un tránsito fluido, desconocíamos tales atropellos y muchedumbres para ir a comulgar. Lo que sí se sabe es que, como confiesa el propio prelado barcelonés, “con motivo de las reformas litúrgicas de estos años, no siempre se ha guardado la debida reverencia a la Sagrada Eucaristía”. En este capítulo, se cuentan cosas horribles que suceden en Barcelona, desconociéndose, hasta ahora, las medidas tomadas para evitar tales escándalos.

 Aparte de esta tolerancia, que es de suponer habrá sido tomada por necesidad y con la garantía de razones convincentes para quien la ha pedido y quien la ha concedido, a este propósito, queremos recordar algunos extremos que no hay que echar en saco roto, aunque sea bajo otros aspectos.

 ****

Es cosa cierta que la masonería tiene planes de infiltración dentro de la legislación católica, para dominarla y prostituirla. Nos basta hojear el famoso libro “Les infiltrations maçonniques dans l’Eglise” al de docenas y docenas de prelados. Transcribimos varias de las instrucciones secretas de la Alta Venta de los Carbonarios:

 Lo que nosotros debemos demandar, ante todo, lo que nosotros debemos tratar de alcanzar, como los judíos esperan el Mesías, es un Papa según nuestras necesidades” (Nubius a Volpe,3 abril 1844)

 “Se cargan nuestras espaldas con un pesado fardo, mi querido Volpe; nosotros debemos llegar con pequeños medios bien graduados, aun cuando maldefinidos, al triunfo de la Revolución por el Papa”.

 Las Instrucciones Secretas dicen también:

 El Papa, cualquiera que sea, no vendrá jamás a las sociedades secretas: corresponde a las sociedades secretas dar el primer paso hacia la Iglesia, a fin de vencer a los dos (Papa e Iglesia). El trabajo que vamos a emprender no es obra de un día ni, puede, que de un siglo; mas en nuestras filas el soldado muere y el combate continúa. Nosotros no pretendemos ganar Papas para nuestra causa, hacerlos neófitos de nuestros principios, propagadores de nuestras ideas. Este sería un ensueño ridículo y de cualquier manera que giren los acontecimientos, aunque cardenales o prelados, por ejemplo se inicien por plena voluntad o por sorpresa en una parte de nuestros secretos, no es, en absoluto, un motivo para desear su elevación a la Sede de Pedro. Esta elevación nos perdería. La ambición, únicamente, les ha conducido a la apostasía, la necesidad de Poder les forzaría a inmolarnos”.

 Para asegurarnos un Papa con las proporciones exigidas, se trata, primeramente, de elaborarle una generación digna del reino que nosotros soñamos.

 Dejad de lado la vejez y la edad madura; id a la juventud y, si es posible, hasta la infancia. Es a la juventud donde resulta necesario ir; es ella la que nosotros debemos arrastrar sin que lo sospeche, bajo la bandera de las sociedades secretas. Para avanzar a pasos contados en esta vía peligrosa, pero segura, dos cosas son necesarias. Vosotros debéis tener un aire de sencillos como las palomas pero seréis prudentes como la serpiente… No tengáis jamás, ante la juventud, una palabra de impiedad o de impureza; una vez establecida vuestra reputación en los colegios, en los institutos, en las universidades y en los seminarios; una vez que vosotros hayáis captado la confianza de profesores y estudiantes, haced que aquéllos que entren en la milicia clerical sientan el deseo de buscar vuestra conversación

 Esta reputación dará acceso a nuestras doctrinas al joven clero así como al fondo de los conventos. Dentro de algunos años, este joven clero, por la fuerza de las circunstancias habrá invadido todas las funciones: él gobernará, él administrará, él juzgará, él formará el consejo del Soberano, él será llamado a elegir al Pontífice que debe reinar y este Pontífice, como la mayor parte de sus contemporáneos, estará imbuido de los principios italianos y humanitarios que nosotros vamos a empezar a poner en circulación… Que el clero marche bajo vuestro estandarte creyendo siempre marchar bajo la bandera de las llaves apostólicas. Tended vuestras redes como Simón-Barjona; y tendedlas en el fondo de las sacristías, de los seminarios y de los conventos, mejor que en el fondo del mar y, si vosotros no precipitáis nada, nosotros os prometemos una pesca más milagrosa que la suya Vosotros pescaréis una Revolución en tiara y capa, marchando tras la cruz y la bandera. Una revolución que sólo necesitará ser muy poco aguijoneada para prender fuego a los cuatro costados del mundo. (…) Ellos se persuadirán de que el cristianismo es una doctrina esencialmente democrática”.

 Ataques a la Eucaristía

 Por si fueran poco significativos los textos reproducidos, queremos recordar lo que Pierre Virion escribe en su famoso libro “La Iglesia y la Masonería” sobre cómo las sectas, particularmente siguiendo lo que había proyectado el apóstata ex sacerdote francés Roca, descubren su odio a la Eucaristía. Pierre Virion demuestra cómo los antiguos planes se están realizando con este comentario:

 Constituye un entristecedor espectáculo ver la creciente falta de respeto por la Eucaristía, sacramento de nuestro amor y de nuestra vida. Las irreverencias demasiado frecuentes de que es objeto, los casos más dolorosos en los cuales el propio sacerdote duda de la presencia real, atestiguan la existencia de una ola anti-eucarística que persiste -que persistirá aún- a pesar de las admirables palabras de Pablo VI sobre el Mysterium Fidei de la consagración. No hace falta decir que el “mysterium  iniquitatis” presenta una oposición particular”.

 El mal procede de que: “para los modernistas, los sacramentos son puros signos o símbolos (Pascendi) y se agrava con toda la cosmo-mística contemporánea. En el ex canónigo Roca, traductor en lenguaje religioso y casi eclesiástico de la doctrina panteísta de las sectas (especialmente el gnosticismo y simbolismo) el misterio de la Eucaristía, como hemos visto, no es una asunción de la naturaleza humana en la persona divina, sino una inoculación de lo divino en lo humano. (…) Así es como unas masas de hombres experimentan esa influencia a pesar suyo, por caminos morales y por unas operaciones secretas que, en los ritos de la Iglesia, están admirablemente simbolizadas por las ceremonias del Bautismo, de la Eucaristía y de los otros sacramentos”. (“Glorioso Centenario, pág. 537)

 No hablemos aquí del sentido de las “operaciones secretas” que encubren al iniciatismo; detengámonos en el simbolismo. La Eucaristía, considerada como rito no sería más que un símbolo y, considerada como la realidad cosmológica que significa, sería la presencia del Cristo Cósmico, del Cristo-humanidad en todos.

 La transubstanciación, por tanto, no sería en realidad más que presencia de Cristo en lo humano. La civilización ascendente (o descendente), cualquiera que sea, la corriente de la historia y de las comunicaciones humanas extendidas, intensificadas al máximo, se convertirían en “Comunión”. Sería una especie de Cristogénesis basada en la evolución.

 Para el P. Teilhard de Chardin, cuyo lenguaje es tan a menudo paralelo al de las sectas, su mítica “Eucaristización” es un fenómeno mediante el cual Cristo se asimila a la humanidad y, a través de ella, al Universo; la transustanciación que diviniza al universo prolonga su Encarnación. El verbo se inserta así en el elemento cósmico. Admitamos que Teilhard atribuye un carácter secundario a esos fenómenos que afluyen para él de la consagración. Sin embargo, observemos que, si bien la andadura es dialécticamente inversa en relación con la de lex canónigo Roca, la consecuencia es muy semejante a la de éste, puesto que la presencia individual e inmediata del Cuerpo de Cristo en la hostia por una “conversio mirabilis et singularis” (Concilio de Trento) y la presencia creadora universal de Dios en la creación no están claramente distinguidas. En consecuencia, se deduce la posibilidad de una comunión cósmica, de la cual sería símbolo la transustanciación.

 El adorable sacramento queda así contrapesado por la idea de la comunión de los hombres entre ellos, considerada como verdadera comunión en el “Cristo-Espíritu-Social”. El ex canónigo Roca añade:

 Esa comunión sustituye a la comunión sacramental y puede ocurrir que la transustanciación se opere en ellos más rápidamente que en los llamados cristianos de la fórmula seca y de la letra muerta, tal como enseña el abate Chevroton, profesor de Dogma de la facultad de Besançon y director del gran seminario de aquella ciudad en su docta obra que lleva por título “La comunión universal por transustanciación”. He aquí lo que yo llamo teología trascendental positiva, racional y realista. Los teólogos del futuro no elaborarán otra”. (Glorioso Centenario, pág. 537)

 Estremece, por tanto, encontrar en unas publicaciones católicas (Le Lien, Dreux, febrero de 1965) afirmaciones en el sentido de que se impone el “diálogo” para “llegar a una comunicación universal”. Dando por sentado que no exista una mala intención, cabe preguntarse si no nos encontramos en presencia de mentes intoxicadas, sin darse cuenta por la Cristología cósmica, después de haber puesto en duda el relato de San Pablo (Lamentabili, 45). El modernismo, inspirado en más de un punto por las sectas va directamente contra la Eucaristía (La Iglesia y la Masonería, págs. 179-182)

 Más facilidades para los sacrilegios

 Ya sabíamos de antiguas monstruosidades y del odio demoníaco contra la Eucaristía. Durante mi estancia en Buenos Aires, en el diario “La Prensa” de aquella capital, del 28 de marzo de 1964, se insertaba esta noticia, entonces casi increíble: “En el local de la Masonería Argentina, calle Cangallo 1242, se efectuó, con motivo del Jueves Santo, la tradicional cena mística, que rememora la última de Jesús. La reunión contó con la presencia del gran maestre, doctor Bartolomé Fiorini, y la asistencia de muchos miembros y fue presidida por el gran comendador, doctor Alberto J.Mazziotti”. La noticia corrió con gran revuelo en aquel entonces. Recuerdo un valiente artículo de mi gran amigo y colega Manuel A. Gondra, parangonando lo sucedido con una verdadera misa negra. Escándalo comparable al que se promovió cuando el canciller y secretario general del Obispado de Avellaneda, padre José Benesch, pronunció una charla en el templo de la Gran Logia de la Masonería Argentina. La indignación fue tremenda, pues los católicos se dieron cuenta de que había sacerdotes calificados que tenían entrada amistosa en las logias. Y la historia -que no solo es pasado, sino presente que dentro de muy poco será pasado- nos habla de jerarquías eclesiásticas muy encumbradas pertenecientes a la masonería.(…)

 El lector no se sorprenderá de nuestra afirmación sobre la realidad histórica de prelados que han pertenecido a la masonería. Sin ir más lejos, en nuestro pasado siglo XIX, se consideran masones el cardenal Borbón, que fue presidente del Consejo de Estado y Primado de España, con su tan conocida carta defendiendo a los masones, dirigida a Pío VII; el obispo Torres Amat, el rabioso autor de “Cartas a Irénico”; el obispo Castrillo, auxiliar de Madrid; el obispo Menchoacán, procesado por masón y varios otros. Conocidos masones eran los canónigos Llorente, Miñano, Reinoso, Hermosilla, Martínez Marina, Blanco y Muñoz Torrero y Espiga, ex presidentes de las Cortes propuesto para las mitras de Guadix y de Sevilla…

 Estos curas escandalizaron la fe del pueblo español, similarmente como en nuestros días el “teólogo” Juan Llopis que, en “La Vanguardia” de Barcelona del pasado 14 de julio, ha estampado esta blasfemia: “Me duele tener que confesar que, aunque fue instituida por Jesús para dar testimonio de Él, la Iglesia, por culpa de todos, se ha convertido más que en un instrumento, en obstáculo y pantalla. No hemos sabido descubrir el verdadero sentido de Cristo. Se ha fallado en lo fundamental. Desde muy antiguo no hemos sabido dar pruebas de un humanismo positivo. La Iglesia, entonces, se ha presentado como una institución más, desfigurando la persona del Señor”. 

(…) Seguramente que si Hans Kung lee lo que dice su discípulo Juan Llopis se sentirá satisfecho. Pero hurgando la historia, se pueden encontrar consignas muy anteriores a Hans Kung, que todas las apariencias son que se están realizando y que del secreto de las logias han pasado a la luz pública de los hechos (…) 

Jaime TARRAGÓ


 Revista FUERZA NUEVA, nº190, 29-Ago-1970