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Peor que
la pornografía
La revista “Ecclesia”, del pasado 30 de
agosto (1970), ha publicado un editorial, de tonos enérgicos contra la oleada,
nauseabunda e infecta, de la pornografía y el inmoralismo más descarado en
nuestra vida pública. No podrá quejarse “Ecclesia”, de que los medios de
comunicación no hayan difundido ampliamente los párrafos más sustanciales de
su archijustificada indignación. Tampoco nosotros queremos ser menos y
dejamos también, en nuestras páginas, constancia de la denuncia del órgano
caracterizado de la Acción Católica Española (…)
La lástima, empero, es que “Ecclesia” trate
un problema tan serio con argumentación liviana. No nos sorprendería que, a
este paso, en un próximo futuro, se pretendiera cargar al Estado -que también
tiene su específica responsabilidad en este terreno- la culpa total de una
situación de decadencia moral que, primordialmente, recae, incumbe y es imputable a la perversión de ciertos
eclesiásticos, muy bien aupados y al silencio, más que sospechoso, de las más
altas jerarquías eclesiásticas, hasta la fecha.
No gastemos la pólvora en salvas. Aportemos datos indicativos y
tremendamente escandalosos.
***
La revista “Oriflama”, del pasado mes de
julio (1970) publica unas declaraciones del desdichado y pernicioso mosén
José Dalmau, miembro del Consejo Presbiteral de Vich. José Dalmau dice
textualmente:
“Tenemos,
por ejemplo, una idea realmente curiosa del matrimonio indisoluble. Enseguida
pensamos en la forma legal. Yo no entiendo de institución indisoluble. Es el
amor el que justifica esta exigencia. Pero si los esposos ya no tienen este
amor, si lo han rehusado por las causas que sea, ya no tiene ningún motivo
mantener sus obligaciones. Se admite que el amor, de hecho, ha desaparecido
en muchos matrimonios. Poca gente está dispuesta a desacralizar el vínculo de
la institución”.
¿Qué le parece a “Ecclesia” esta
monstruosidad?...
Mosén Dalmau pertenece al obispado de Vich
y la revista “Oriflama” se publica en Barcelona. Pero ni el doctor Ramón Masnou,
obispo de Vich, ni monseñor Marcelo González, Arzobispo de Barcelona, han desautorizado
ni suspendido de sus funciones sacerdotales al reverendo Dalmau. Ha sido en
virtud de un exhorto del Tribunal de Orden Público, que fueron recogidos, a
última hora, unos treinta ejemplares de la revista y está dispuesto un
expediente administrativo.
Comparo esta situación con lo que sucedió
en Buenos Aires con un artículo publicado en el diario “La Ley”, en 22 de
febrero de 1958, por el padre Benedicto Hancko, S. J. La cancillería del Arzobispado
de Buenos Aires, cumpliendo órdenes superiores, publicó en 28 de diciembre
del mismo año, una retractación del aludido jesuita, con estas palabras: “Me someto plenamente al juicio expuesto
por el Episcopado argentino en sus advertencias y declaraciones sobre mi
estudio titulado “Disolubilidad del matrimonio civil y el Derecho Canónico”, las
cuales expresan la doctrina de la Iglesia Católica. Por lo cual me retracto
de los errores señalados en el documento episcopal”.
Yo, que viví este incidente entre el padre
Hancko y el Episcopado argentino, en que las afirmaciones de dicho jesuita
eran harto modestas comparadas con el desenfreno brutal de mosén Dalmau,
puedo mesurar la caída que, en doctrina moral, se ha perpetrado en el seno de
la Iglesia Católica por ausencia de la debida actuación de la misma jerarquía
eclesiástica. Y como mosén Dalmau no es sólo un individuo ni un sacerdote
solitario sino una legión, avalada por muchos obispos y quizás en alturas insospechables,
¿no es ésta una de las causas de la ambientación pornográfica que lamenta “Ecclesia”
y que olvida de señalar en su editorial? (…)
***
Suponemos que “Ecclesia” no nos desmentirá
si afirmamos que la inmoralidad también procede de la flojedad en la vida
piadosa de los fieles, que, en estos días, encuentra sus cauces más deletéreos
en los ensayos litúrgicos anómalos que están destrozando la Misa y los
sacramentos. Todo esto a sabiendas de la autoridad eclesiástica, que
ignoramos qué medidas toma para evitarlos. El 11 de julio de este año, en la
iglesia de Vallvidrera (Barcelona), en la Misa de las ocho de la noche sucedieron
unas discusiones tremendas en plena celebración entre el padre Matías Padrosa,
sacerdote paúl, un grupo de seglares afectos al mismo y otros seglares que le
preguntaban por sus maneras arbitrarias de celebrar (…)
Según nos dicen, los abusos de Vallvidrera
y del padre Matías Pedrosa han sido paralizados. Pero, ¡en cuántos lugares
siguen sucediendo iguales y peores. Más lo de Vallvidrera ha cesado gracias
al celo e indignación de unos seglares que, esporádica e individualmente,
coincidieron, casualmente, en una reacción; no por la energía del padre
Miguel Piquer, entonces provincial, ni siquiera por la iniciativa, como debía,
del Arzobispo de Barcelona, cuyo titular, Marcelo González, a raíz de la “Humanae
vitae” estaba muy enfrascado en poner paliativos y distingos a la claridad de
la doctrina infalible del memorable documento pontificio. ¿No le parece a “Ecclesia”
que la deserción de la autoridad eclesiástica, también en la vida litúrgica,
ha dispersado a muchos fieles de sus deberes religiosos y que el
incumplimiento de los mismos debilita la voluntad de las muchedumbres
cristianas y las precipita a la erotización y al culto de la carne? ¿No lo
considera así “Ecclesia”?
***
Los escándalos siguen en cadena. Aquí se
recuerda que, recientemente, un sacerdote de Barcelona, Juan Llopis, en el
“Heraldo de Aragón”, se permitió unas declaraciones disolventes y de una
manifiesta incapacidad mental, contra la moral española, el sacerdocio y la
propia Iglesia. Recogemos sus propias palabras:
“Quizá
sea fruto de la tradición. Nuestra moral, en efecto, es todavía muy legalista.
Se aferra, cabezonamente, a lo que está bien y a lo que está prohibido, en
lugar de sustituirla por una moral basada en el amor (…)”.
“Nosotros
pensamos que el sacerdote de mañana será tan sólo un hombre más. El
sacerdocio dejará de ser una profesión y se convertirá en un ministerio intraeclesial.
Tendrá entonces, como hombre, una profesión con la que pueda ganarse la vida.
Y al margen de esto practicará su propio ministerio (…) “
“Me
duele tener que confesar que, aunque fue instituida por Jesús para dar
testimonio de Él, la Iglesia, por culpa de todos, se ha convertido más que en
un instrumento, en obstáculo y pantalla. No hemos sabido descubrir el
verdadero sentido de Cristo. Se ha fallado en lo fundamental. Desde muy
antiguo no hemos sabido dar pruebas de un humanismo positivo. La Iglesia,
entonces, se ha presentado como una institución más, desfigurando la persona
del Señor”.
Una aclaración que no aclaraba nada, del
propio interesado, y una nota diplomática y modosa Arzobispado de Zaragoza (mons.
Cantero Cuadrado), puntualizando que lo afirmado por Juan Llopis en “Heraldo
de Aragón”, del pasado 14 de julio, no se ajustaba a las enseñanzas del
magisterio eclesiástico y causaban confusión y desorientaciones en el pueblo
fiel, no le han privado de que, semanalmente, continúe disparatando en la
“Hoja Dominical” de Barcelona y disfrutando de sus cátedras y bicocas para
continuar difundiendo sus conocidas teorías, clínicamente publicadas en dicho
diario, como continuación de su carrera de ataques al Cardenal Parente como Legado
Pontificio y a la misma Eucaristía en la revista “Phase”.
***
Planteamos a la consideración de “Ecclesia”
el estrago que actitudes, encumbramientos y situaciones de privilegio en
puestos oficiales de la Iglesia, como la Universidad Pontificia de Salamanca,
la Facultad Teológica y la “Hoja Dominical” de Barcelona, en que está
perfectamente ubicado Juan Llopis, no nos explican radicalmente la
desmoralización creciente en los seminarios y entre los católicos y pueblo
cristiano en general. Lo que viene a aumentar la relajación de las costumbres
y la aceptación de la escalada en la perversión social. Aunque no seamos
especialistas en la materia, débese recordar que el fundamento de la moral
está en el dogma y en la dócil aceptación de la disciplina de la Iglesia. Cabalmente
lo que Juan Llopis -y sus números imitadores- vienen destruyendo impunemente.
Repetimos que “Ecclesia” tiene toda la
razón de manifestar su repulsa al ambiente de pornografía, de drogas, de
corrupción que no está asaltando. Pero
“Ecclesia” no puede ser ni parcial, ni sectaria ni corta de vista. El mal
tiene un abanico de manifestaciones que exigen rectificaciones ineludibles en
la misma Iglesia. (…) Porque el tema de la moral para los obispos debe ser
más importante que el “cuento” teatral de venderse un palacio episcopal o la
intromisión indebida en temas concretos de técnica política, por propia
naturaleza reservados a la autoridad civil.
Algo más grave que la misma pornografía son
los culpables morales de la misma, los que permiten atacar la
esencia del matrimonio cristiano, los que no defienden el patrimonio de la
moral pública, los que toleran los arbitrismos litúrgicos, los que entronizan
a los que pervierten las nociones más entrañables del dogma y de la
verdad católica. (…) Que no se liquida con unos párrafos condenatorios. Hay
que desenmascarar las consignas corrosivas y muy secretas que dimanan de
ciertas alturas de las que “Ecclesia” debe tener información. En ellas
hallará las trágicas claves eclesiásticas de la pornografía en España.
Jaime TARRAGÓ
Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970
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