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jueves, 22 de octubre de 2026

El oro sacado por los rojos en el yate “Vita”

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

  (…) Conviene recordar que la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles) fue creación de un “socialista moderado, humanista” (¿?) que ya en España se había destacado con la creación del DEDIDE (Departamento Especial de Información del Estado), al que posteriormente se cambiaría su denominación por SIM. Este individuo se llamó Indalecio Prieto.

 Los fondos “fundacionales” de la JARE estaban constituidos por el tesoro del “Vita”, un barco en el que otro asesino llamado Negrín mandó cargar con los valores, joyas, divisas y oro y plata en barras, robados al pueblo español, como jefe de la banda de criminales que se constituyeron en “Gobierno”. El valor del tesoro era de unos TRES MIL MILLONES DE PESETAS ORO, del año 1939. El barco, que había zarpado del puerto de Barcelona unos días antes de la liberación de la ciudad (enero, 1939), enfiló rumbo al puerto mejicano de Veracruz. Enterado el capitán del “Vita” del final de la Cruzada, fue a visitar a Prieto, temeroso de que el tesoro consignado al mismísimo Negrín no cayese en poder del gobierno de Méjico, ante un problemático reconocimiento del gobierno del Generalísimo Franco.

 Prieto y Lázaro Cárdenas, presidente de aquel país, llegaron a un acuerdo: el tesoro pasaba a ser propiedad de Prieto, excepto una pequeña parte que se reservaría para Negrín. Prieto se comprometió a financiar la campaña electoral de Ávila Camacho, del mismo partido inamovible de Cárdenas. Se descargó el tesoro y, a la vez, no se le cobraron los aranceles que sobrepasaban los trescientos millones de pesos, todo en beneficio del pueblo (¡).

 Los fondos de la JARE se iban transfiriendo periódicamente a la banca suiza, para que un tal Riquelme, general derrotado, los distribuyese a sus compañeros: Vicente Carrillo los repartía a los mutilados y así iban viviendo del robo los exiliados en Francia, excombatientes del ejército rojo, en 19 campos de concentración, 4 de los cuales en Marruecos, para que sus esclavos trabajasen y gozasen de las delicias del desierto. Se desconoce, por el momento, a cuanto ascendía la mensualidad de José Andreu Abelló, de la Junta de la JARE, que se guardó muy bien de no vivir en un campo de concentración.

 Todos estos datos tan resumidos son válidos para que los mutilados del ejército rojo en España, que han venido reclamando no sé qué pesetas del gobierno del Generalísimo Franco, hagan los trámites necesarios y se dirijan a los miembros de aquella Junta de la JARE o a sus sucesores, a fin de que les ayuden, ya que fueron ellos los únicos responsables de todas las desgracias. No se olvide que además de las tres mil millones de pesetas ORO, valor 1939, hay muchos más miles de millones que los gerifaltes, asesinos de España, cuidaron de ingresar en numerosos bancos de Europa y América: crearon navieras, compañías exportadoras, etc., se comprendería que el producto de este enorme tesoro robado al pueblo español -que hoy (1970) continúa administrado por bandidos bajo la protección de Méjico- llegase a los exilados soldados rojos combatientes y mutilados. (…)

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

lunes, 28 de septiembre de 2026

Jueces asesinados por la República marxista

 Artículo de 1970 

 CAMPAÑA POLÍTICA: AMNISTÍA

 La piden ellos “los buenos”…

 Nadie ignora que, desde hace unos años (antes de 1970), se suceden una serie de huelgas políticas, disfrazadas con cualquier pretexto. La cantidad de hojas subversivas, insultos, crímenes, manifestaciones, ostentación pública de banderas comunistas, etcétera, forman parte del activismo del partido comunista y “compañeros afines” para atentar contra la paz de España. El nivel de vida es, en general, óptimo, como nunca se había alcanzado. Se comprende que los enemigos de los principios que hicieron posible nuestra cruzada hagan cuanto puedan para frenar o anular todo lo conseguido.

 A los que así proceden, es lógico que, al ser habidos, se les procese y condene por los Tribunales de Justicia conforme a la Ley.

 Que a tales condenados no se les premie con pastelitos es una cosa muy lógica. Lo que ya no es tan lógico es que los que quedan sueltos, los que todavía no han caído en manos de la Justicia, no den señales de “tener cabeza” dejando de subvertir el orden. Porque ocurre que después de una acción subversiva toman parte en otra y así “van tirando”. Es evidente que no hay arrepentimiento. Y cuando una persona se dedica a subvertir el orden de forma continuada, al ser castigada, es absurdo invocar el perdón, la amnistía. Cabe el perdón al arrepentido, pero no al que está dispuesto una y otra vez a delinquir.

De ahí que sobre la ofensiva lanzada por algunos señores en pro de la amnistía, deba obrarse sin precipitaciones. Y, en todo caso, no deben ser nunca los libertinos quienes señalen el día en que debe concederse. Entiendo que puede rebajarse una pena, concederse la libertad a determinadas personas, pero jamás por la presión que pueden ejercer algunas y mucho menos cuando alguna de ellas es totalmente desafecta al Movimiento Nacional.

 Me sorprendió un escrito del Colegio de Abogados de Barcelona. El Colegio ha tramitado una petición de amnistía. Todo muy correcto, muy modosito.

 Pregunto a los abogados que solicitan amnistía un día sí y otro también, aprovechando cualquier pretexto, si se acuerdan de don Salvador Alarcón Horcas, Magistrado del Tribunal Supremo de aquel régimen fenecido, vergonzosamente, el 18 de julio de 1936. Lo asesinaron unas hordas mal llamadas republicanas. ¿Qué abogados protestaron entonces? Eran los tiempos en que unos desalmados que se autotitulaban “Gobierno” habían nombrado fiscal al abogado Gregorio Peces Barba del Brío, del cual tampoco hay noticias de que protestara por el asesinato cometido en 128 funcionarios de la Administración de Justicia, llevado a cabo por las hordas democrático marxistas y entre los cuales figuraban nada menos que el Fiscal General de la República, 14 magistrados y 28 jueces de primera instancia.

 ¿Se acuerdan, señores abogados en petición de amnistía, de don Jesús Arias de Velasco, Presidente de Sala del Supremo, también asesinado? ¿Se acuerdan del nombre del Fiscal General de la República? Era don Marcelino Valentín Gamazo, un hombre honrado. Fue asesinado juntamente con tres de sus hijos casi niños. ¿Quién protestó? ¿Quién apremió una “investigación exhaustiva”? Nadie. Y ¡había abogados democráticos, entonces! Y hasta abogados ¡jóvenes! También los magistrados Mendivil, Aldecoa, Avilés Arizcun; los jueces Mosquera, Royo Vilanova, González Royano, etcétera, fueron asesinados en la mayor impunidad.

 También fueron asesinados centenares de abogados porque habían estampado su firma en unos pliegos, protestando por el asesinato de Calvo Sotelo. ¿Qué abogados liberales de la zona roja levantaron sus voces, no ya de amnistía, sino de ¡basta de asesinatos! ¡no seáis más bestias que las bestias! Pero no, aquellos abogados democráticos y enemigos de la violencia callaron. ¿Serían acaso democráticos aquellos crímenes? (…)

 Despacio, despacio. No tantas amnistías ni tantas facilidades de pago por parte de los rojos, de sus deudas con la Justicia. Mientras en la Universidad se manifiesten con banderas rojas y utilicen la violencia contra las personas y las cosas; mientras como hijos espurios insulten al Jefe del Estado, asalten comercios, asesinen policías y guardias civiles, lancen bombas incendiarias y explosivas, asalten bancos y comercios y… algunos diarios y agencias se callen el texto de algunas pancartas o el color de determinadas banderas –(¿con qué fin?- no hay razón alguna que justifique la concesión de una amnistía. Sería tanto como abrirles las puertas de la cárcel antes de cumplir la condena y animaría a otros a desafiar las leyes.

 Barcelona es una ciudad que escribe mucho, para bien y para mal. Son varias las peticiones de todo color que se han cursado en los últimos años. Es ciudad “alegre y confiada”: con la bandera de las cuatro barras ondeando en, por lo menos, cinco edificios, además de las doce que ondean en unos almacenes de la Plaza de Cataluña. No podía faltar, pues, la campañita de la amnistía.

 En este sentido, 16 hombres de Derecho (según dice el escrito), se dirigieron al Colegio de Abogados. Lo singular del escrito-petición firmado por aquellos señores es la repetición por cuatro veces de las palabras “guerra civil”. ¿Qué guerra civil? Ignoran acaso estos hombres de Derecho que la guerra de España (1936-39) fue una cruzada, como repetidamente dice el Caudillo y así la calificó Roma y nuestro Episcopado? ¡Ya es grave que, a estas alturas, califiquen a nuestra cruzada con la expresión que utilizan los vencidos…!

 Pero no tiene menor gravedad el hecho de que el primero de los dieciséis abogados afirmantes sea José Andreu Abelló, un hombre del foro, que fue masón, diputado en el “parlamento” catalán “por Esquerra Republicana de Catalunya” y, en tiempo rojo, “asesor” del primer Tribunal Popular, magistrado de la Audiencia y presidente de la Audiencia de Barcelona. Este abogado de Reus, exiliado en Francia, formó parte de la junta de la JARE (Junta de Auxilio a Republicanos Españoles). Observen cómo los antecedentes públicos del señor Andreu son como para “erigirle un monumento” en vida.

 No puede extrañar a nadie, al contemplar la brillante hoja de servicio del señor Andreu, preguntarle ¿por qué cuando era nada menos que asesor del Tribunal Popular, con centenares de crímenes y magistrado de la Audiencia rojo-separatista de Barcelona no organizó una campaña en “defensa de los derechos humanos” que no inventó la ONU, pues figuran en el Decálogo? ¿Le daba miedo? Entonces a qué viene su petición actual (1970), que lleva más de 30 años de retraso? ¿Devolverá usted la vida a los españoles que fueron asesinados por la INJUSTICIA roja?

 Compañeros suyos, hombres de DERECHO, de la misma Audiencia, fueron asesinados sin que protestara ni uno solo de los abogados antifascistas que actuaban en ella: el abogado fiscal José Luis Prat, detenido en la misma Audiencia, el magistrado Olalde Satrústegui, presidente de la Sección Primera, asesinado juntamente con sus hermanos Enrique y Fernando, su primo Francisco y la doméstica Josefa Santa María; el fiscal Ezequiel Cuevas; los jueces de Primera Instancia, Antonio Bruyel, asesinado con su hijo y Fernández Cavada, éste, víctima de las palizas que le dieron en la cárcel: los hijos del Magistrado José Márquez Caballero, Carlos, Fernando y Wenceslao, al no encontrarse su padre en el domicilio, al momento de presentarse los republicanos “democráticos” al servicio del “orden ciudadano”… y etc. ¿Quién puede ver con buenos ojos la petición de amnistía de 16 abogados de Barcelona, cuyo primer firmante de señor Andreu?

 Yo protesto por esta petición tan fuera de lugar. ¿Amnistía para los que se manifiestan con banderas comunistas? ¿Amnistía para los que “bombardean a los periódicos que sienten y viven el 18 de Julio? ¿Amnistía para los que matan a policías y guardias civiles? ¿Amnistía para los que, en los sucesos de Granada, han destrozado los coches de la fuerza pública y causado 36 bajas a la Policía Armada? ¿Es que vamos a dejar en libertad a los que, con sus escritos, están escupiendo contra el honor de las Fuerzas de Orden Público? ¿Se puede tolerar que los rojos, masones y separatistas ataquen a nuestras fuerzas armadas por defenderse de la agresividad de los enemigos del Régimen? Quede esto para los países comunistas con sus diarios y emisoras de radio, pero dentro de España ¡intolerable!

 Lorenzo CUFÍ Y CANADELL


Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

“Dios nos libre de un Gobierno débil”

 Artículo de 1968

 “Dios nos libre de un Gobierno débil”

  Los rectores de las Universidades Católicas de América hacen suya la frase del almirante Carrero Blanco: “DIOS NOS LIBRE DE UN GOBIERNO DEBIL"

 Por encima de todos los cambios y cometidos pedagógicos que convenga adaptar de la actual Universidad, de nuevo salimos al paso de dos corrientes en que se bifurcan los comentarios sobre el actual problema universitario. Unos que parecen reducirlo a condicionamientos de material para prácticas, libros, bibliotecas, presupuestos, catedráticos vitalicios o contratados por cursos, etc., etcétera. Otros que pretenden aprovechar los actuales desórdenes para que sea reconocido el Sindicato Democrático de Estudiantes. ¿Sabe algo de esto don Joaquín Ruiz Giménez, hombre de confianza del Vaticano y de Santiago Carrillo? La Policía española sí lo sabe, señor cura párroco de San Ignacio de Loyola.

 Nosotros queremos decir que, aparte de las medidas resolutorias del régimen universitario, en primer lugar hay que abortar, al precio que sea, el desorden en la calle y las asambleas ilegales. Pero no es esto solo. Si actualmente España sufre el problema universitario es porque durante muchísimos años se han infiltrado catedráticos, profesores; se han entregado rotativos de primera magnitud: se han montado editoriales y tupidas redes de librerías que fomentan ideologías totalmente incompatibles con el 18 de Julio de 1936 y con la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. Aquel obispo de Astorga —antecesor de aquel que echaba incienso a la Institución Libre de la Enseñanza y colaboraba en «Cuadernos para el diálogo»— escribía: 

«No es fomentar, sino debilitar la convivencia entre españoles, el destruir la base más sólida de la unidad de criterios y sentimientos, que implica la unánime protección de la fa católica. La pérdida de esa unidad nos llevaría no a una más firme convivencia en el plano de algunos otros principios —no sabemos cuáles— más universales normativos de la vida ciudadana, sino al revés, a una guerra intestina motivada por intereses y puntos de vista irreconciliables, contrapuestos cada día con mayor apasionamiento».

 A esto hemos llegado. Por esto el problema universitario se arregla no únicamente con medidas de orden público ni con sanciones a los estudiantes, aunque ahora sean urgentísimas, sino con una revisión muy a fondo de toda la política cultural, de prensa e imprenta, de proyección política nacional, que nos lleve de nuevo a las fuentes del 18 de Julio.

 En esto hemos de tener ideas muy ciaras. No nos podemos fiar ni siquiera de ciertas orientaciones que proceden de organismos eclesiásticos. Hace muy poco, los rectores de las Universidades católicas de América han tenido que publicar una nota relacionada con ciertas orientaciones del Departamento de Educación del C. E. L. A. M. (Comisión Episcopal Latinoamericana). Dicen los rectores de las Universidades Católicas: «Estimamos como inadmisible, entre otros, los siguientes puntos del mencionado documento: 1. Recomendar la intervención de los estudiantes en el Gobierno de la Universidad. 2. La participación de los estudiantes en la elección de las autoridades de todos los niveles». «Ha causado extrañeza que un grupo de expertos se anime a recomendar a las Universidades Católicas un sistema preferido en las Universidades estatales latinoamericanas, que durante cincuenta años ha sido causa de distorsión, de perturbación izquierdista y en los últimos años marxista de las Universidades de la América Latina. (…)

 El problema de la infiltración marxista en los medios católicos es a escala mundial. Cuando aquí, algunos, prevaliéndose de su carácter sacerdotal o episcopal se inmiscuyen en terrenos de técnica política, sindical, económica, que por propia naturaleza son privativos del César, y además de algunos de éstos conocemos sus

colaboraciones en la prensa roja del exilio, mientras hay un silencio sospechoso ante la defenestración del Crucifijo del aula 217 de la Universidad Central y de la perversión ateísta de nuestras juventudes alejadas de aquellos que tienen la obligación de hablar, como es el caso concreto del reverendísimo doctor Maximino Romero de Lema, del que los padres de los universitarios y todo el pueblo español espera conocer su altísimo diagnóstico sobre lo que ocurre en la Universidad, es hora que todos en todos los sectores, comprueben la eficacia de esta frase tan certera que ha dicho el vicepresidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco- «DIOS NOS LIBRE DE UN GOBIERNO DEBIL».

 Sería debilidad reducir el problema universitario a meros alborotos. Seria debilidad no revisar a fondo los cuadros de profesores exigiendo las responsabilidades hasta su máximo alcance. Sería debilidad admitir que la prensa confunda su papel educador e intermediario con el morboso estado de incordiar y buscar fricciones artificiales. Sería debilidad someterse, aunque sea a consignas que vengan de eclesiásticos, abusando de su situación, en materia específicamente civil cuando es evidente que también aquí, como en el caso de las Universidades Católicas de América, denunciados por sus respectivos rectores, no se puede admitir, aunque sea por presiones de comisiones episcopales, que nos propinen fórmulas para que las Universidades de España se conviertan en fábricas de «Chés Guevaras» ¡Atención a don Joaquín Ruiz-Giménez, a los que son de su cuerda y a los que están entre bastidores!

 «Hay UNA libertad QUE NO QUEREMOS: la de la autodestrucción», ha dicho el almirante Carrero Blanco. Y con él estamos todos los españoles bien nacidos. Finalmente, subrayamos lo que acaba de escribir nuestro admirado amigo y camarada Jesús Suevos: «Lo que no es natural es que algunos de los colaboradores del régimen

pretendan, a la vez, colaborar con ellos». O sea, con el marxismo y lo que lleva al marxismo: el régimen de partidos políticos, la democracia liberal y la monarquía liberal, con sus manifiestos de Lausana (19-III-1945) y Estoril (7-IV-1947).

 A. RECASENS SALVAT


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 217, 24-Feb-1968

 

martes, 22 de septiembre de 2026

El aberrante catolicismo de los nacionalistas vascos

 Artículo de 1970

 “EL CATOLICISMO DE LOS NACIONALISTAS VASCOS”

 Tiene plena actualidad (1970), a pesar del transcurso del tiempo, para nuestros lectores, la lectura del prólogo a la obra “El Catolicismo de los Nacionalistas Vascos”, de don Pedro P. Altabella, escrito por don Javier Lauzurica, Administrador Apostólico de Vitoria (1939), a cuya diócesis pertenecía entonces Vizcaya.

 Naturalmente que nuestros lectores pensarán, tras su lectura, lo mismo que nosotros: Cualquier semejanza entre Administrador Apostólico (mons. Lauzurica, 1939) y Administrador Apostólico (mons. Cirarda, 1970, antifranquista) es pura coincidencia. Y no faltará quien se pregunte también ¿en qué quedamos señores Administradores Apostólicos?

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 Prólogo de Javier Lauzurica, Administrador Apostólico de Vitoria a la obra “EL CATOLICISMO DE LOS NACIONALISTAS VASCOS”, de d. Pedro Altabella (1939)

 “En el problema vasco, tan traído y llevado por toda Europa y América y, por regla general, tan mal comprendido, los hechos son bien patentes y la verdad que de ellos se desprende es, a nuestro juicio, clara.

 En España con la implantación en 1931 de una Constitución laica, lesiva de todo derecho religioso individual y social, con los atropellos y desmanes consiguientes cometidos contra la conciencia católica y, sobre todo, contra la Iglesia, se llegó la perpetración de crímenes y robos sacrílegos, al incendio de templos, al asalto de casas religiosas en tal forma que estos males, lejos de aminorarse con el tiempo, iban en aumento de día en día. A la Iglesia se la iba despojando de todo y, en el Estado español, la injusticia y el libertinaje ocuparon, por asalto, el trono que, en toda nación bien organizada posee pacíficamente la justicia y la verdadera libertad. Difícil es que se dé un caso en que aparezca más justificado un alzamiento.

 “Quien recuerde las listas de vandálicos desmanes leídas o presentadas en el Congreso y, sobre todo, piense en el monstruoso crimen de la madrugada del 13 de julio de 1936 (Calvo Sotelo) verá que el alzamiento fue la única tabla de salvación que flotaba sobre el borrascoso mar de nuestra Patria, y es tanta la verdad de esta afirmación que, por documentos auténticos sorprendidos al enemigo, estábamos por aquella fecha, en vísperas de ver convertida España entera en un cantón de Rusia bajo el tiránico poder de los “sin Dios”.

 “La Providencia nos deparó un hombre que, a su talento militar, unió un espíritu profundamente cristiano, heroicamente patriótico y serenamente recto. A él se adhirieron y debieron adherirse todos los hombres de buena voluntad que sintieran el respeto debido a la religión, el amor a la Patria y la preocupación de ver encuadrada la nación dentro del marco de “la justicia que eleva a los ciudadanos” (Prov. XIV, 34).

 “No lo entendieron así los dirigentes del Partido (católico) Nacionalista Vasco de Vizcaya y Guipúzcoa, a juzgar por la ayuda que desde el primer momento prestaron a la alianza marxista, poniéndose, por otra parte, en abierta contradicción con los sentimientos de su partido, que, al menos en gran parte de Vizcaya fue, en un principio, opuesto, en su casi totalidad, a la unión con los partidos de izquierda.

 “Por eso, hubo de levantar su voz quien tenía poder para ello y a oídos de todos los vascos llegó el documento pastoral de los excelentísimos señores Obispos de Vitoria y Pamplona, que publicaban “para conocimiento de todos y efectos consiguientes”, en él se reprobaba la unión con los enemigos de la Iglesia como ilícita, monstruosa y escandalosa. Poco después dirigía el excelentísimo señor Obispo de Vitoria una locución por radio a todos sus diocesanos, y entre otras graves afirmaciones les decía:

 “Católicos vascos… No podéis, de ninguna manera, cooperar, ni mucho ni poco, ni directa ni indirectamente, al quebranto del Ejército español y cuerpos auxiliares requetés, falangistas y milicias ciudadanas que, enarbolando la auténtica bandera española bicolor, luchan heroicamente, por la Religión y por la Patria. Oh, si triunfaran los marxistas, rotos los diques todos de la religión, de la moralidad, de la decencia, la ola arrolladora hundiría a todos en su furioso ímpetu; no habrá salvación para los católicos y procurarán, por todos los medios, borrar hasta el último vestigio de Dios”.

 “El prelado mandaba, pero los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco desoyeron su voz y no le obedecieron. En cambio, se dejaron seducir por los ofrecimientos y halagos del líder socialista Prieto, y por un plato de mentidas libertades vendieron al pueblo vasco e hicieron traición a la primogenitura de la fe católica. Creyeron, sin duda, los dirigentes del Partido Vasco, que, desterrada y aun arrasada la religión del resto de España, podrían ellos conservarla en el rincón de su país. Semejante absurdo tiene una explicación que lo aclara todo. Los dirigente del Partido Nacionalista Vasco prefirieron la política a la religión y su órgano principal de prensa, “Euzkadi” se preocupó más de medrar políticamente que de defender la religión en toda su integridad. Esta subversión de principios ha sellado, con caracteres de catástrofe, gran parte de la región vasca”.

 “Queremos hacer constar aquí, para orgullo de Navarra y Álava, que esas dos provincias hermanas supieron mantenerse a la altura de su gloriosa y no desmentida tradición; en cambio, a gran parte de ciudadanos honrados de Vizcaya y Guipúzcoa hicieron claudicar unos cuantos dirigentes que no supieron apreciar en su justo valor el tesoro de espiritualidad que llegaron a tener en sus manos-

 “Más tarde pretendieron justificar su conducta, equipando los crímenes de la España roja con las ejecuciones de la España nacional. ¡Aberración inexplicable! En la España roja se ha perseguido al sacerdote como ministro de Dios, en la España nacional se le ha respetado siempre en su calidad de ministro de la Religión católica. En la España roja se han destruido, destrozado o inhabilitado los templos del Señor, destinándolos a usos profanos cuando no sacrílegos; en la España Nacional han continuado destinados al culto y, al paso que nuestras armas incorporaban los pueblos a la nueva España, los edificios recobraban su antigua denominación y, consagrados de nuevo al Señor, se abrían al culto. En la España roja, el odio la religión ha sido sistemático; en la España nacional se ha vivido y se vive intensamente la fe católica y se rivaliza en exteriorizar el amor a Dios.

 “Yo espero que este libro, que proyecta hechos importantes a la luz de la verdad, influirá, eficazmente, en los entendimientos oscurecidos por la ignorancia u ofuscados por el error.

 “Como la mejor recompensa a su trabajo, yo deseo al autor de este libro que se propague por todas partes y sea leído, de modo especial, por mis diocesanos, para que, conociendo el problema vasco en toda su significación, amemos todos juntos a la Iglesia con su Cabeza visible, el Papa, y a España con su incorporable Caudillo Franco.

 Vitoria, festividad de Santo Tomás de Aquino, 1939


Revista FUERZA NUEVA, nº 192, 12-Sep-1970

 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Revanchismo renombrando las calles

 Artículo de 1979

 Los nombres de las calles

 La ola de revanchismo que mueve a los políticos a quienes los traidores de Franco regalaron la victoria lograda a costa de tanta sangre se manifiesta en la fiebre de suprimir del nomenclátor callejero cuantos nombres, fechas o hechos puedan recordar o perpetuar la historia de la Cruzada de Liberación y la derrota que ante el mundo infligiera a los rojos Francisco Franco.

 Como una obsesión, la pertinaz insistencia en querer borrar de las mentes un hecho histórico irreversible y la maniobra de querer cambiar la triste y degradante imagen de lo que fuera la dominación roja, sus dramáticas, sangrientas y deplorables consecuencias, la repulsa general del pueblo hacia los símbolos, anagramas y banderas -hoy otra vez en el poder- y, posteriormente, el espontáneo júbilo popular al llegar la tan anhelada liberación, que Cataluña conmemora precisamente estos días (1939-1979).

 Los pueblos y ciudades sufren la oprobiosa imposición de nombres que vienen a hacernos convencer que la guerra civil habría sido una inútil militarada y crear en el ambiente una atmósfera de “provisionalidad” de aquellos años de paz, orden y prosperidad, que tuvimos la dicha de vivir hasta que los partes de la victoria son arrancados de las casas consistoriales y que se toleren las voladuras de los monumentos a los Caídos por Dios y por España o las vejaciones y ofensas a la bandera nacional.

 Las calles que llevaron los nombres de José Antonio, Franco, Calvo Sotelo, Alcázar de Toledo. Mártires de la Tradición, etc. son objeto de cambios parar “democratizarlas” poniéndoles nombres que en no pocas ocasiones nos traen vergonzosos recuerdos, llenos de dramatismo, individuos indeseables y sucesos atentatorios a la Patria.

 Los ajusticiados por sus delitos contra España -o simplemente por delitos comunes- son exaltados como mitos defensores de la libertad y del pueblo, como los que estuvieron al lado del comunismo, la masonería, el marxismo e intervinieron en los expolios, incendios, asesinatos y abusos que sufrimos desde 1936 a 1939, y autores de los sucesos que sumieron a España en la pobreza, la destrucción y el caos del que Franco y sus seguidores lograron sacarnos, gracias al esfuerzo de todos los españoles y al sacrificio de nuestros mejores.

 Ya no se tolera que una calle nos recuerde un nombre glorioso. Y con desmesurada venganza son rotas las lápidas honradas con los nombres de los héroes y las gestas que culminaron con la victoria de aquella Cruzada de Liberación, cuyo solo recuerdo les saca de quicio.

 La hoz y el martillo ha vuelto a enseñorearse de la calle y de la política. El nombre de Dios, borrado de la Constitución. La unidad de España es tema provocativo en las autonomías y “nacionalidades”, como provocación se considera el gritar “Arriba España” o simplemente “viva el honor”.

 ¡Qué pena y qué vergüenza!

 La sangre de nuestros caídos -caídos por amor- clama justicia ante tan graves agravios y olvidos.

 LLUYS


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

 

sábado, 12 de septiembre de 2026

El 18 de Julio, traicionado por los mass-media franquistas

 

 ¿El “18 de Julio” en peligro?

 CARLISTAS, UNA VEZ MAS: "¡ALERTA!"

 Cada día aparece más confuso el significado de esta fecha; hombres y mujeres que no vivieron aquellos años, ambientado por una creciente influencia de ciertos «intelectuales», discípulos de  aquellos que nos llevaron al caos y que hubo de ponerse fin el 18 de julio de 1936

 De las publicaciones y obras de todo tipo tendentes a desvirtuar la verdad de la Cruzada podríamos citar, entre otras, «La Herencia», «La paz empieza nunca», «Un millón de muertos», «Las últimas banderas» y otras muchas en las que progresivamente se van eliminando la Cruzada de su contenido esencial.

 También existen otras para rebajar el valor de la Cruzada, publicadas en España por enemigos manchados con delitos de sangre, como «Hombres made in Moscú» y «Mi fe se perdió en Moscú», escritas por el jefe y creador del tristemente famoso quinto regimiento, autor, según propio testimonio, de asesinatos de supervivientes del Cuartel de la Montaña y otros crímenes. A pretexto en un arrepentimiento no explícito, que según parece le sirvió al diario «Ya» para admitirle como colaborador bajo seudónimo.

 Numerosos libros y revistas completan esta sistemática destrucción; citaremos otro libro, «Formas de vida hispánica», su autor el delegado de Orden Público, en Madrid, durante el terror rojo, encargado de la saca de los presos de las cárceles para sus fusilamientos en masa.

 Nadie puede dudar de la existencia de dos diarios de Madrid, «Ya» y «Pueblo», republicanos, aunque de diferentes matices, este último editado con los fondos de los Sindicatos oficiales, y otro, como el «A B C», cuyo liberalismo monárquico no disimula.

 La revista mensual «Cuadernos para el Diálogo», del ex ministro señor Ruiz Giménez, donde recientemente censuraba la detención de estudiantes en Madrid y los riegos con agua colorante, así como las cargas de la Policía, amén de desarrollar una labor socavadora y destructiva de los principios básicos del 18 de julio. (…)

 También son víctimas de esta situación las fuerzas armadas, con su apoliticismo, recibiendo frecuentes ataques más o menos directos; recientemente destaca el hecho de la revista «Proyecciones» editada por la Facultad de Teología de Granada (de los jesuitas) correspondiente al mes de noviembre pasado.

 Estimo imprescindible manifestar también el resquebrajamiento de la unidad católica de España que todos conocemos y sentimos (…)

 Muchos, al leer cuanto antecede, no darán importancia a esta táctica que desarrollan los enemigos de España. La realidad es que bajo esas aguas, al parecer tranquilas, corren torrentes impetuosos, que cada día que pasa adquieren mayor fuerza y caudal. Los enemigos del 18 de julio van adquiriendo fuerza y cohesión, amparados por una libertad que, si no se nos niega, al menos se cohíbe y limita a los defensores de la Cruzada. Citaré, por ejemplo, la revista «Montejurra» y al semanario ¿QUÉ PASA? Este último, que enarbola como ninguno la bandera del «18 de julio», carece de toda publicidad. Contra su vida y expansión existen conjuras y maniobras. Ya en varias ocasiones ha estado al borde de la quiebra. Sin embargo, ¿de dónde sale los millones de la prensa del enemigo? Libros, periódicos, emisiones radiadas y televisadas. De signo y tendencias políticas contrarias a los principios fundamentales del Régimen son plato de cada día… Sin embargo, la más absoluta «ley del silencio» cae sobre lo que representa una reafirmación sincera del del «18 de julio», y SU VERDADERO SIGNIFICADO.

 El debilitamiento y disgregación progresiva de Falange y la Comunión Tradicionalista, en cuya Comunión se encuentran infiltrados elementos «muy dudosos», ostentando cargos de RESPONSABILIDAD, realizando una continuada destrucción de sus más puros principios y expulsando a aquellos que son AUTENTICOS CARLISTAS, son realidades que, escenográficamente al menos, dan ambiente a la tragedia.

 En la plancha masónica firmada en Lisboa el 20 de junio de 1943, entre otras cosas, decía...: «Optar como mal menor por una Monarquía democrática y con la que hemos de apechugar en evitación del Carlismo que se nos viene encima. Nada nos divida. Son muchos nuestros hermanos liberales en España. Apoyemos todos la caída de Franco y la subida de Juan III. Hoy es la única oportunidad. La nueva «Vanguardia Obrera» procedente de la III Internacional lo acepta. (Del semanario ¿QUE PASA? del 5 de noviembre de 1964.)

 «La solución liberal sería apoyada por nosotros, los comunistas, y estamos dispuestos a defender esta solución como la más conveniente». (Informe de la Pasionaria ante el IV Pleno del Comité Central del partido comunista español, celebrado en Bélgica los días 13 y 11 de septiembre de 1958.)» (Del libro «Antj-España», de Mauricio Carlavilla.)

 Ante este momento grave DECIMOS NO a los que nos intentan arrebatar la paz tan duramente lograda. (…) 

Juan Luis PACHECO


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

jueves, 10 de septiembre de 2026

El marxismo contra la familia

 Artículo de 1979

 La familia y el marxismo

 En la legislación que ha de nacer de la Constitución del consenso está por ver cómo quedará la institución familiar, independientemente de lo que piensen los españoles. Cuando la teoría y la práctica se distancian; cuando las promesas no se cumplen; cuando se pretende transformar lo que no admite cambio; cuando se olvidan una serie de verdades eternas… se puede temer y esperar cualquier cosa.

 En todas las naciones, ¿por qué el Estado moderno se lanza a una serie de medidas en nombre de la libertad, que van minando la institución familiar?

 El matrimonio civil y su divorcio vincular, fundado sobre una concepción laica e individualista del convenio matrimonial, los anticonceptivos, el aborto, la moral permisiva, la pornografía, la despenalización del adulterio y anunciamiento, la droga y la corrupción de costumbres… ¿son simples consecuencias de una nueva concepción de la libertad?, ¿o son algo más?

 Las teorías de Rousseau, Voltaire, Marx, Engels, Lenin, Marcuse, Kolontai, Mao, etcétera, vienen configurando el Estado moderno. No dejan lugar a dudas acerca de sus propósitos. Tratan de destruir la familia y, a través de esa destrucción, terminar con los principios que informan a la que llaman sociedad tradicional”.

 El socialista Pablo Castellano dijo en la Universidad Complutense: “El matrimonio, la familia; he ahí nuestro enemigo al que hay que combatir”. Y Felipe González, con corbata o sin ella, ha llegado a defender hasta el incesto. El ataque demoledor contra la familia y la religión no ha hecho más que comenzar. Ese ataque seguirá acrecentándose.

 Los marxistas, en todas sus manifestaciones, están actuando de forma maravillosa para conseguir los fines que se han marcado. Están consiguiendo la ayuda de muchos inconscientes. Ayuda que les permite ir minando los pilares de la sociedad para llegar a una concepción de la vida materialista atea: una nueva sociedad en la que todos los hombres han de ser partes, trozos de materia de la que son un mero fenómeno.

 Los inconscientes, ¿seguirán votando a los enemigos en la verdadera libertad? Parece que sí seguirán.

 C. R. FELGUEROSO


Revista FUERZA NUEVA, nº 636, 17-Mar-1979

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

La continuada derrota en la batalla de las ideas

 Artículo de 1970 

 SILENCIOS, MENTIRAS Y VERDADES A MEDIAS 

Desde 1945 hasta la fecha (1970), se han producido en el mundo 55 guerras “regulares”; si a estas agregamos insurrecciones, golpes de Estado, golpes de mano, guerrillas endémicas, etcétera, se alcanza, con mucho, el número de 300. Pero, a pesar de esto, millones de personas en el mundo están aún convencidas de que si la guerra la hubiesen ganado las potencias “fascistas” nuestro planeta se habría precipitado en un abismo de sangre y de ruina, mientras que con las “democracias” vivimos, por fortuna, en una tranquilidad paradisíaca. Un ejemplo significativo de los efectos producidos en la gente por los silencios, mentiras y verdades a medias con los que se les lava, a diario, el cerebro, más valdría decir que se les “ensucia”.

 Radio, cine, televisión, diarios, libros, revistas, etcétera, todos los medios son constantemente movilizados para mantener bajo presión, en todas las partes del mundo, a los miles de millones de habitantes de nuestro planeta y obligarles a pensar en una sola dirección.

 Cualquiera de nosotros ha podido constatar, en conversaciones con amigos y conocidos, el gravísimo grado de deformación mental y espiritual que se ha conseguido producir, sobre todo en las jóvenes generaciones, pervertidas por esta continua y martilleante campaña de embotamiento cerebral. Así se explica que pueden conseguir éxito versiones prefabricadas de hechos ocurridos en nuestra patria o en cualquier país. Todos conocimos, en 1969, la famosa impostura de achacar a la Guardia Civil de Vizcaya el asesinato de un taxista o las de estimar como verdad axiomática que las muertes de los generales Mola y Sanjurjo no fueron accidentales sino resultados de una maniobra política con vistas al futuro. Y lo peor del caso es que un gran porcentaje de gente de buena fe, sobre todo jóvenes, se traga lindamente el anzuelo.

 Se razona y se discute según lugares comunes, con frases hechas a base de slogans propagandísticos de los “persuasores” más o menos ocultos que controlan, sabiamente, la situación. Y no se atisba solución alguna. La batalla de las ideas la ha perdido nuestro Régimen. Sería preciso una decisiva acción tendente a contrarrestar la deletérea batalla psicológica y la intensa propaganda antinacionalista que padecemos, y no se ven ni los medios ni los hombres que sean capaces de, con decisión, llevarla a cabo.

 Cuando no es posible ocultar los hechos, por recientes o por vividos, entonces se recurre a una política que, en nuestro país, está dando magníficos resultados: el silencio. Hay consignas de silencio para lo incontrovertible, consignas de olvido para cualquier cosa que pueda molestar a esas fuerzas “democráticas”, a esas facciones aperturistas, o a esas jóvenes generaciones de barbudos a lo “Che”. Y mientras se sigue hablando y recordando el incendio del Reichstag o el caso Mateotti, como crímenes de potencias fascistas, pasa, sin pena ni gloria, el aniversario del asesinato de Calvo Sotelo por el gobierno del Frente Popular.

 Mientras las pantallas de la Televisión nos muestran, a diario, películas de guerra en las que los americanos son los buenos y alemanes, italianos y japoneses los malos, mientras en nuestras librerías ocupan lugares de honor los libros sobre las atrocidades de los campos de concentración alemanes, nunca se verá, ni en televisión ni en libros o reportajes, nada sobre los campos de concentración de Siberia o de otras tierras soviéticas. (… ) En Televisión, en diarios, siempre el mismo tema, las mismas descripciones: los campos de concentración nazis para hacer olvidar Hiroshima o las fosas de Katyn.

 Ahora comienza a desvelarse lo ocurrido con los prisioneros italianos en Rusia. Pero ni en la misma Italia de la Democracia Cristiana hay un decidido interés en sacar a relucir lo sucedido con la mayoría de ellos. Se publican, sí,  trabajos conducentes a demostrar que los soldados italianos que han regresado de la URSS es porque fueron exterminados por los nazis. Y, recientemente, con la película “Los  girasoles”, se quiere acreditar la versión de que los soldados italianos prisioneros de los soviets no regresan… porque han formado sus hogares en la amiga Rusia.

 En contraste con esta política de olvidos, de silencio, se teoriza, abiertamente, sobre la teología de la violencia y causaría risa si no fuesen tan tristes los equilibrios de algunos de nuestros diarios llamados católicos para cohonestar su condenación habitual de la violencia -si procede de la derecha- con su encubierta complacencia con ella cuando procede, como recientemente, de organizaciones o de guerrillas más o menos castristas en las que, como es sabido, no faltan, como en nuestro país colaboraciones activas y pasivas de sacerdotes. Y se nos dice en todos los medios de difusión, con desvergüenza, cómo la violencia engendra violencia, pero también que “la injusticia engendra violencia”, con lo que se da vía libre y absolución a toda clase de secuestros, atracos y crímenes.

 B. CUADRADO


 Revista FUERZA NUEVA, nº 191, 5-Sep-1970

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Subversión universitaria por inhibición de Iglesia y tradicionalismo

 Artículo de 1968

 Esperamos que monseñor Romero de Lema, obispo de la Universidad, oriente al país sobre los problemas universitarios.—Es hora de que el "Tradicionalismo" explique la desviación de las AA. EE. TT. De literatura comunista y de periodismo clerical

 Continúa la subversión en la Universidad. Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Oviedo, Valencia van conociendo asambleas ilegales, disturbios y actos de vandalismo, como el del grupo de estudiantes que en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid arrojaron bancos, sillas, botellas, piedras y el crucifijo que presidía el aula 217. Venimos repitiendo desde hace semanas que los sucesos universitarios no responden a problemas académicos, sino a una ofensiva política contra el Estado y contra el régimen, bajo típica confabulación masónico-marxista. Volvemos a repetir que desde hace años se ha permitido la descarada entrada de elementos subversivos que han intoxicado nuestra juventud universitaria. Antes que los disturbios en la calle, nos parecen más graves las líneas ideológicas, las actitudes profesorales y la resurrección de la heterodoxia antirreligiosa y las momias del liberalismo y del criptocomunismo.

 Que el comunismo busca y consigue esto ya lo decía Pío XI en su encíclica «Divini Redemptoris»: «Los pregoneros del comunismo saben también aprovecharse de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de diversos sistemas políticos, y hasta de la desorientación en el campo de las ciencias sin Dios, para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.»

 No queremos silenciar que el progresismo de muchos sacerdotes y sedicentes movimientos católicos ha contribuido al caos universitario. Queremos recordar que la Santa Sede nombró a monseñor don Maximino Romero de Lema obispo de la Universidad. Hace unos años, en un lejano 21 de febrero, «Le Monde» publicaba esta noticia: «Esta conferencia -se refería a la que había tenido lugar en la Universidad y fue origen de la primera huelga universitaria—ha sido pronunciada con autorización expresa de monseñor Maximino Romero, obispo auxiliar de Madrid, encargado de la enseñanza religiosa». Será bueno recordar que el malogrado cardenal Riberi pronunció en la consagración de don Maximino estas palabras: «A ti, querido hermano, quiere la sagrada y solícita Iglesia de España confiarte de modo especial el cuidado del mundo intelectual de tu Patria; ella bien sabe que el apostolado en el mundo intelectual es uno de los grandes problemas que la Iglesia tiene hoy día planteados en todos los pueblos. Por fortuna, en la actualidad la legislación española en orden a la formación religiosa en los centros de enseñanza ofrece muchas y buenas posibilidades.»

 Mientras tanto, se repiten los disturbios, absurdos e injustificables; se ha destruido al S. E. U., al que después de la Cruzada una disposición oficial unificó al mismo a la A. E. T. (Agrupación Escolar Tradicionalista); la única politización de la Universidad es actualmente de signo marxista, y entre otros interrogantes, los padres de familia nos preguntamos: ¿No tiene nada que decir don Maximino Romero de Lema, como obispo de la Universidad española, ante sucesos que simbólicamente terminan echando por las ventanas el crucifijo de las aulas?

 Nosotros reafirmamos nuestro voto de una acción política contundente y seria dentro de la Universidad, limpiando las fuentes de intoxicación doctrinal en primer lugar. El autorizado J. Boor (seudónimo de F. Franco), en su libro Masonería, dice: «En esta acción de filtración masónica no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que, cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos, son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta.»

Luego, a los que actúan en ese terreno desde el plan ideológico o desde la agitación callejera, se impone la depuración más severa y una acción policíaca que decisivamente termine, al precio que sea, lo que viene sucediendo en las universidades de España.

 CIERTO «TRADICIONALISMO» Y LOS SUCESOS DE LA UNIVERSIDAD

 En esta hora en que hay que pedir responsabilidades en serio ante los sucesos de la Universidad, debemos señalar que el confusionismo se ha disparado desde diversas plataformas, además de las que en otras crónicas y en ésta venimos enumerando. Con bochorno recordamos palabras que fueron dichas en el «Aplec» de Montserrat el día 30 de mayo de 1965. Allí habló Víctor Pere Alonso como delegado de las AA. EE. TT., pronunciando palabras tan disonantes al pensamiento tradicionalista y al realismo político de la hora presente, como las siguientes: «Si algo necesitamos con urgencia es el vivir en demócratas. Por ello nos disgusta no sólo la llamada Comisaría del S. E. U., que, por mantener el partido único en las estructuras universitarias, no responde a las exigencias de profesionalidad y apoliticismo...»

 A estas alturas queda patente la desviación a la doctrina tradicionalista que suponían, ya en 1965 estas palabras. Nos parece muy bien hablar de la profesionalidad en la vida universitaria. Pero Víctor Pere Alonso, en nombre de la A. E. T., ¿podía esperar espíritu profesional y APOLITICISMO del Sindicato Democrático de Estudiantes, en el que debía caer fatalmente la Universidad al suprimir el S. E. U.? Por esto, a estas alturas (1968), un ilustre carlista ha podido dirigirse a don Javier de Borbón Parma, en fecha del 30 de noviembre pasado, para decirle: «La A. E. T. anda bastante indisciplinada e ineficaz, con desconocimiento de nuestra doctrina.»

 Lo que la A. E. T. debía haber pedido era la eliminación de la heterodoxia religiosa y patriótica de la Universidad, que el S. E. U.—al que estaba incorporada la A. E. T-., como ya hemos dicho anteriormente—hubiera educado intelectualmente al servicio de Dios y de la Patria a las juventudes universitarias; que la Universidad fuera regulada en el sentido que propugna la doctrina tradicionalista; que el peligro marxista fuera eliminado totalmente y desde raíz.

 Como dice Sebastián Contin en «Amanecer», de Zaragoza: «Hoy, actualmente, la Universidad española, en su confusión, es un maremágnum en el que aparecen todos los días las ideologías más peligrosas. No se respetan ni la religión, ni la Patria, ni las personas». ¿No dice esto nada a don José María Valiente y a los directivos del tradicionalismo español en su ausencia entre las juventudes universitarias y en el confusionismo que en actos tan resonantes como el «Aplec» de Montserrat sembró el citado orador “aetista” en dicho acto de 1965? También nos gustaría que la Comunión Tradicionalista formulase una inequívoca declaración pública ante la actual situación universitaria.

 Esto también explica lo de la Universidad

 Edición de Materiales, de Barcelona, acaba de editar «CARTAS SOBRE EL CAPITAL», de K. Marx y F. Engels. Nos dicen que en la Argentina se prohíben ciertas obras editadas en España de propaganda comunista. Ahora se edita este libro de los fautores del comunismo. Nuestra prensa les hace propaganda gratuita. Esteban Doltra, en «Hoja del Lunes» del 15 de enero pasado, dice: «Marx, sobre todo, es un intelectual más que un revolucionario.» Nos abruma que un periodista demuestre tanta cultura… Lo que afirmamos es que libros como éste TAMBIEN explican lo que pasa en la Universidad.

 A. RECASENS SALVAT

 

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968


miércoles, 5 de agosto de 2026

Más grave el terrorismo que el «maquis»

 Artículo de 1979

 Terroristas y «maquis»

 ANTE tantos crímenes contra los servidores del orden público, y otros seres inocentes, don Luis Apostua, redactor-jefe de un diario madrileño, muy simpatizante con el régimen político actual (UCD) y su defensor a ultranza, nos consuela diciendo que durante las guerrillas de los «maquis», allá por los años 40, y a raíz de la victoria nacional, cayeron más guardias civiles que ahora.

 Es una mera afirmación, sin comprobación documental ninguna. Mientras no la traiga, podemos negarla. Y con las mismas pruebas que él nos da, decimos: «Murieron ahora, víctimas del terrorismo, más agentes de las fuerzas armadas que entonces, bajo los tiros de los «maquis».

 Pero hay mucha diferencia entre un caso y otro. Aquello fue una verdadera campaña de carácter bélico: fuerzas armadas contra otras fuerzas armadas, en el monte, y con los mismos medios ofensivos y defensivos, poco más o menos.

 Los guerrilleros atacaban para defender su vida, amenazada, aunque hubieran perdido el derecho a ella, por los crímenes cometidos. Ninguno podía calificar de asesinato la muerte, en los montes, ni de un guardia civil ni de un guerrillero. Caían en la lucha, frente a frente. Ahora no es así.

 Los terroristas de la ETA o del GRAPO no presentan batalla. Asesinan a quemarropa, cobardemente, a traición, y después huyen en vehículos, robados muchas veces. Las víctimas no están preparadas para resistir el ataque, ni cuentan con él. Imposible defenderse.

 Esta es una figura de delito con muchos más agravantes. Aquí hay crimen de sangre, dolo, traición, precauciones, y a veces muy delictivas, para evitar todo riesgo.

 Los terroristas de la ETA pelean así con mucha ventaja. Sólo han caído tres: los de Mondragón. Y a diferencia de los guerrilleros, saben que la pena de muerte, a que condenan ellos, no les tocará, aunque los cojan. Porque la Ley fundamental del nuevo Estado los protege y les da un seguro de vida. Si son detenidos, se disculpan con la «intencionalidad política» y están a mano los indultos y amnistías, otorgados a muchos de sus colegas, y a ellos mismos tal vez. ¿Era ese el caso de los guerrilleros de los años 40? 

Aquellos hombres tampoco podían acogerse a la hospitalidad de un suelo extranjero, ni a la complicidad con que ahora los ocultan y protegen ciertas personas y grupos de personas. En la lucha contra ellos caerían muchos guardias civiles, pero el «maquis» fue derrotado y desapareció definitivamente. Ahora, a pesar de las ciento veinte víctimas inocentes, los terroristas no dan señales de desaparecer ni de amainar. 

Hay mucha disparidad por tanto entre las guerrillas de los «maquis» y el terrorismo actual. Compararlos es desorbitar los hechos, y violentarlos, con el fin de eliminar antipatías hacia personas, grupos y sistemas. 

V. FELIU


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979

 

viernes, 24 de julio de 2026

El PSOE, siempre antiespañol en el tema de Gibraltar

 Artículo de 1979

 EL PSOE CONTRA ESPAÑA

 LA actitud negadora, hostil, agresiva contra su propia patria parece ser un rasgo común, un «consenso» unánime de nuestra partitocracia como si fuera para ella una posición de principio el antagonismo y la incompatibilidad entre la democracia formal y la patria española. Reviste todos los colores del iris hispano-masoquista: el silencio, el desdén, el menosprecio, la adopción de las insidias y enconos foráneos y la colaboración con ellos, la indiferencia hostil ante nuestros problemas más vitales. Tan sólo así se explica la impasibilidad con que contemplan el hundimiento económico que nos encamina raudos al subdesarrollo, la anarquía dueña de la calle, la proliferación del terrorismo impune, la inmoralidad desbordante, el descrédito y la mofa internacionales.

 Índice elocuente de esta actitud es el más de un centenar de ultrajes a la bandera que registra la Memoria de la Fiscalía del Reino, y los innumerables posteriores, ante la pasividad y el silencio de Gobierno, partidos, Parlamento, incluso del grupo de militares (a que se refiere don Prudencio García en su artículo), quienes «en artículos periodísticos muestran un evidente respaldo a la transición democrática». También habría que pensar en el respaldo a la bandera y a la patria.

 En tal posición aventaja a todos los partidos en límite inconcebible el PSOE felipista, en el interior con su entrega a los separatismos disolventes de España, y con el colonialismo ofrecido, la sumisión y la injerencia brindadas al extranjero. Es sangrante su actitud en el problema de Gibraltar. Desde sus primeras andanzas, cuando no podía soñar con el encumbramiento a que le ha propiciado y aupado el Gobierno de la Corona, comenzó sus gestiones y su oficiosidad probritánica. El profesor Tierno, en unas increíbles declaraciones que parecen más propias de Mr. Callaghan o de Mr. Owen, afirma que no puede mantenerse en su actual claustrofobia a Gibraltar. El secretario de Relaciones Exteriores, señor Yáñez, después de su visita —una de tantas del PSOE a los líderes gibraltareños—, formula una crítica durísima al cierre de la frontera y a la política gibraltareña de Franco y, sobre todo, de Castiella. Los socialistas españoles aparecen más preocupados, más apasionados por la apertura de la Roca que los mismos ingleses. 

Fue bochornoso el solemne viaje de Felipe González, en unión de Yáñez y de otros primates, a Londres, a fin de facilitar la ansiada apertura, porque ni Callaghan ni demás prohombres se dignaron recibirle. No obstante, con la resignada aceptación de todas las humillaciones extranjeras habitual en nuestros políticos demoliberales, afirmó que su viaje había sido muy positivo (es de creer que para los intereses del partido...). El Partido Socialista de Andalucía, que anteriormente se ha pronunciado a favor de la retrocesión de Ceuta y Melilla a Marruecos, comenzó su propaganda electoral con la visita en Gibraltar a Mr. Joshua Hassan, sin duda para que le ayude en la campaña.

 Con su anglofilia, el PSOE está contradiciendo sus postulados de defensa del proletariado. Sabe muy bien Felipe González que Gibraltar era una auténtica colonia de explotación por el tipo agravado de las que establecieron los gobiernos europeos en el Tercer Mundo, y decimos agravado porque España no es todavía un país tercermundista y porque aquellas colonias se impusieron por la fuerza, no fueron brindadas desde dentro; sabe que la apertura significaría restablecer la riada de trabajadores andaluces a la Roca sin los derechos laborales de que disfrutan todos los obreros europeos, incluida la prohibición de pernoctar o permanecer en ella, a fin de que su condición de raza inferior no contamine a la raza superior, anglosajona. Esta claustrofobia es la que habría de preocupar a Tierno Galván. ¿Sabe el PSOE que significaría restaurar el contrabando filibustero y la dominación británica en toda la región, sujetando a ella también la nueva industrialización del Campo de Gibraltar y su turismo? Y no hablemos de la otra colonización inconfesable, bien conocida antes: la femenina, a expensas de la miseria de la región y a cargo de los señores feudales de la Roca.

 Es lógico el optimismo del Gobierno inglés y la afirmación socarrona de Owen de que ahora es el momento más favorable para resolver el problema, confiando sin duda en dos actitudes convergentes tan lamentables por nuestra parte: la debilidad del ministro señor Oreja y el incondicional apoyo de la «alternativa de poder», porque están flotando un poco estelarmente en nuestro horizonte internacional de claudicación y de derrota dos fórmulas «ad hoc»: una vaga declaración por parte británica insinuando la palabra «soberanía» bastaría para la apertura total y el retroceso íntegro al statu quo anterior a Franco, por parte del señor Oreja (UCD), el pequeño ministro de los grandes fracasos, y para el gobierno de las renuncias internacionales; pero ni siquiera esta concesión suicida es aceptada por los ingleses.

 Otra declaración teórica reconociendo los derechos laborales de los trabajadores españoles sería suficiente a Felipe González para rubricar el pacto colonial, aun a sabiendas, como nos consta a todos, de su absoluta ineficacia práctica. ¿Qué garantías de efectividad, qué derecho de huelga y posibilidad de reivindicación sindical alguna les cabría a los obreros nuestros en el medio colonial hostil de la plaza militar, cuando, pese a declaraciones y compromisos internacionales suscritos, nuestros emigrantes en los países europeos, que no son colonias, sufren la consideración más vejaminosa de vida y trabajo, aunque no sepamos de gestión alguna en su favor por parte de Felipe en sus viajes «reverenciales» a dichos países?

 Utilizar la moneda falsa, la moneda cínica de una declaración retórica de derechos en el papel, en los contratos de trabajo de nuestros obreros gibraltareños, los cuales serían otros tantos serviles “contratos de adhesión” de la época del «pauperismo» en el siglo XIX, para sellar un compromiso —comparsa colonialista entre Albion y la «alternativa de poder» sería otra defección entre tantas— a la causa de España y de los obreros por parte de un partido que se llama «obrero y español» por sarcasmo.

 En la cuestión de Gibraltar, el PSOE de Felipe queda muy por bajo de su antecesor, porque aquellos socialistas de antes no sentían a España, y bien lo demostró Pablo Iglesias poniéndose de parte del extranjero cuando la guerra de Marruecos y en otras ocasiones, lo cual no puede extrañar dada su afiliación masónica y el odio a España de la secta, pero aun así aquellos socialistas como Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos, etc., mantuvieron la bandera de la reivindicación de Gibraltar, que ahora parece arriar el PSOE de Felipe González, de Guerra, de Yáñez, de Múgica Herzog…

 Carmelo VIÑAS Y MEY


Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979 

 

miércoles, 1 de julio de 2026

Iglesia, falsa pobreza y marxismo

 Artículo de 1970 

 Bienaventurados los pobres

 La Conferencia Episcopal Española ha tratado del tema “La Iglesia y la pobreza”. En una de las anteriores colaboraciones no ocultábamos nuestros temores de que el tema, manoseado, enfermo de un inflacionismo postconciliar, se perdiera en el vacío de unas conferencias eruditas. Mucho más, cuando el marxismo había inoculado al vocabulario su veneno mixtificador y mitificador. El tema, sin embargo, tiene una raigambre cristiana que hunde sus raíces en las fuentes evangélicas.

 Porque reducir marxísticamente la pobreza a la carencia de bienes de la tierra, a la miseria, es plantear mal el problema. Lo que hoy, en realidad, necesitamos son unas soluciones de fondo original cristiano, únicas capaces de una vitalidad creadora. Cuando Cristo dijo “Bienaventurados los pobres”, no lanzaba un programa social sino religioso. No pensaba, desde luego, marxísticamente, sino “cristianamente”. Los que leen ciertas páginas del evangelio con los ojos de una sociología al uso, traicionan su espíritu. 

 Ciertos documentos sobre doctrina social, aun protestando abiertamente de su carácter social-cristiano, en realidad son más sociales que cristianos. En cambio, en esa bienaventuranza, lo mismo que en todo su mensaje, Cristo pretende únicamente una finalidad religiosa. Y sólo marginalmente -aunque de un modo realísimo- produce repercusiones en la sociología.

 Por eso, esa bienaventuranza, en su misma expresión, aparece contradictoria, de una ironía sangrienta y sólo sirve como cortina de humo y opio del pueblo, para el marxista. Para el cristiano, por el contrario, tiende a producir una tensión, que vale lo mismo para el “rico” (sociológicamente) que para el pobre; ya que está pensada en un plano superior religioso que comprende a ambos. De ahí que un evangelista (S. Mateo) ofrezca la determinación de “pobres de espíritu”; y que los dos evangelistas definan bien el concepto al decir: “reino de los cielos” ( S. Mateo) y “reino de Dios” (S. Lucas).

 El marxismo y cierta sociología cristiana verán ahí una predicación de mansedumbre de ovejas conducidas al matadero por un capitalismo sin entrañas. Y a la Iglesia, comprometida por muchos siglos con ese capitalismo; predicando a los pobres la paciencia y el aguante en esta vida, con la promesa de una recompensa en la otra… 

Hoy, sobre todo, esta idea corre por los cañaverales del mundo, incendiándolos con su tea marxista y revolucionaria. Se puede afirmar que nunca la Iglesia estuvo más comprometida, pero ¿con quién? ¿con los pobres de Cristo o con los pobres de Marx? Porque, cuando ciertas demagogias caen a cataratas de ciertos púlpitos, no vienen ciertamente a desencadenar la tensión dinámica de la pobreza cristiana, sino la revolución devastadora de la miseria marxista.

 Esos curas “obreros” que bajan a los pozos mineros para encontrar al “pobre”, ¿lo piensan como “pobre de Cristo” y hermano en la fe, o como “pobre de Marx” y hermano en la miseria? Porque, de hecho, estas experiencias no han logrado producir aquella inquietud cristiana por la que el “rico” es obligado a “ganarse amigos con sus mammonas de iniquidad”; y el pobre es advertido seriamente a serlo, antes que nada, en el espíritu para no ambicionar lo que el ladrón roba y la polilla corroe. 

Al contrario, los efectos de esos evangelistas profético-socializantes son -bien lo sabemos- contraproducentes. De hecho, agudizan la separación entre “ricos” y “pobres”, dividiendo cismáticamente la comunidad cristiana. De hecho, atraen sobre la Iglesia, una vez más, la grave inculpación de introducirse solapadamente en campo ajeno con una intención hipócrita, puramente apologética, unilateral e injusta. Es decir, ganarse a los pobres, aunque, por el momento, pierda a los ricos. Pero los resultados son fatídicamente contrarios: los “pobres” reaccionan aviesamente, interpretando tales predicaciones como lecciones aprendidas de memoria, en pos de un nuevo -aunque muy camuflado- ventajismo de los curas…

 Y todo porque en eso que se dice “sociología cristiana” y “mundo social” se ha perdido el sentido de lo cristiano, aunque ciertamente se haya ganado mucho en el socialismo marxista. Se ha dejado en la penumbra la tensión cristiana del “bienaventurados los pobres” y se ha creado, artificialmente, el ambiente marxista del “trabajadores de todo el mundo: uníos para la revolución”.

 La pobreza cristiana es, ante todo, una actitud interior amasada de humildad evangélica del que usa de los bienes de la tierra sólo en la medida que le sirven para alcanzar los del cielo. Y esa pobreza pertenece, por igual, al rico y al pobre, sociológicamente. Hay tantos “ricos” que son pobres de espíritu y que han dejado, por amor de Cristo y de sus hermanos, la riquezas y el deseo de poseerlas. Y hay también tantos pobres, míseros de la tierra y celosos de la tierra que, ricos de ambición desmentida, son tanto más pobres cuanto más ambiciosos.

 La “cuestión social” - complejo y tabú al mismo tiempo de tanto evangelismo descaminado- no se ajusta, si la Iglesia no se decide a separarse netamente de esa contaminación marxista que, desde hace tanto tiempo, la aqueja y la paraliza. ¿No es uno de los rasgos característicos de la Iglesia de hoy, no es una de sus mayores aspiraciones del post-concilio, la vuelta a los valores puros, primigenios, incontaminados del Evangelio? ¿Y por qué sólo se habría de considerar contaminada una cierta clase de valores? Por ejemplo: lo sacral, lo estatal…

 Hoy no hay duda de que esa hábil fuerza de maniobra dialéctica que, en su tradición filosófica, lleva el marxismo, ha contaminado también ciertos valores cristianos. Por ejemplo, éste de la pobreza. Ha contaminado sus actitudes, haciendo que la Iglesia presente esos problemas sociológicos en un plano y terminología marxista. Con ello ha paralizado de raíz la fuerza primigenia de acción cristiana. La tensión cristiana se ha convertido en disolución marxista. A una teología equivocada de la pobreza ha sucedido una teología de la violencia. A un evangélico ministerio de servicio y sacrificio -que tanto se proclama- ha sucedido, de hecho, un evangelismo ambiguo, partidista y revolucionario.

 No es posible decir hoy con Cristo, cuando respondía a la legación enviada por Juan el Bautista y proponiendo una señal mesiánica de que el Reino estaba presente: “los pobres reciben la Buena Nueva”, ya que esos pobres son los pobres-miserables del marxismo; y esa buena nueva es el “manifiesto” de Marx.

 La caridad de Cristo urge, sí, a la Iglesia a estar con los más necesitados, con los más tristes, con los más humillados sociológicamente. Pero cuando esa caridad se pervierte de filantropía o de lucha dialéctica marxista, entonces, fácilmente se convierte en odio partidista que separa lo que Dios quiere que esté unido para felicidad –sí, felicidad- de los dos, ricos y pobres. A ambos he dicho: “Bienaventurados los pobres”.

 Mariano DE ZARCO


 Revista FUERZA NUEVA, nº 188, 15-Ago-1970