|
CRISTO, arrojado por la
ventana
Sí. Todo lo simbólicamente que se quiera,
pero así ha ocurrido. ¿En la zona roja de 1936? No, en la capital de la
España de 1968. ¿En algún suburbio pobre e ignorante? No, en la flamante y
sapientísima Ciudad Universitaria…
La prensa del domingo 21 de enero dio los
detalles. Desde una ventana del segundo piso la Facultad de Filosofía y
Letras, unos «estudiantes» han arrojado contra la fuerza pública, entre otras
cosas, un crucifijo. Mejor dicho, una imagen de Jesucristo sin cruz, no
sabemos si arrancada previamente exprofeso o desprendida al car la imagen
contra el «académico» suelo universitario…
«Arriba» del domingo, en un intento -¿cuántos
cientos y cientos se han producido ya, todos inútiles?- de querer encontrar un
consuelo inexistente, aún confiaba en su editorial «Tiempo de orden» que tal
hecho, al que califica de sacrilegio, no hubiese sido deliberado… Pero
suponiendo que los autores hayan sido «universitarios», desconfiamos mucho de
que en su «valiente defensa» del «fuero universitario» y en su afanosa
búsqueda de objetos contundentes con que hostigar a la fuerza pública, «confundiesen»
casualmente algo tan inconfundible como un crucifijo, inconfundible para los
que le aman y para los que le odian. Porque es que ni siquiera cabe tal
ignorancia entre los últimos braceros del campo. Mucho menos entre «estudiantes»
que pretenden se les reconozca su valía y talento…
Bien. ¿Y ahora, qué, señores? Pues que no
ha pasado nada, ¿verdad? Que la cosa no es para tanto, ¿verdad? Sí, como
viene ocurriendo desde hace ya cierto tiempo. La abotagada sociedad española
seguirá viviendo su vida, al margen de «las cosas de los estudiantes»,
siguiendo el adormecido «slogan» burgués del «yo no me meto en nada»... o el
«¡allá las autoridades!»...
Suponemos, sin embargo, que algún día
habrá también un tiempo no sólo para el diálogo, ni para la «coexistencia»,
ni para el orden, sino para la meditación... ¿Qué es lo que está pasando?
De un tiempo a esta parte se prodigan los ataques al 18 de julio, a sus caídos,
a sus símbolos. Se ha llegado a impedir celebrar una misa por José
Antonio en un pueblo vasco, habiendo partido algo tan inconcebible nada menos
que de un sacerdote. Otro sacerdote (!) en otro pueblo vasco ha arrancado las
flores que se habían puesto en la lápida a los caídos. En otro pueblo vasco
se ha quemado una bandera de España, por la que tantos patriotas murieron. En
Tarragona se han quitado cuadros de la Virgen algunas escuelas. Se publican
cosas tergiversadoras o abiertamente contrarias al Alzamiento Nacional. Se
insulta a España, al Ejército y las más altas jerarquías en los «campus»
universitarios. Se lanzan piedras contra las fuerzas del orden —cuyos hombres
ganan un sueldo «moderado» si se compara con los ingresos del «patrimonio
familiar» de que disfrutan los «estudiantes». Se llega hasta a dar una paliza
a un agente de policía, en un «valiente» ataque de diez contra uno. Y por
último, manos crispadas por el eterno odio anticristiano han arrancado un
crucifijo de un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de Madrid y lo han tirado a la calle por la ventana. Antes, Rodolfo Llopis
—el de Munich— lo había quitado de las escuelas primarias.
¿Hay o no motivo para meditar primero y
para actuar después? ¿Y son los actores de todos esos inconcebibles
atropellos los que nos llaman a los hombres del 18 de julio «reaccionarios y «ultras»?
Constantemente, a través de todos los
medios de difusión, se nos presenta una juventud que dice ser muy recta, muy
seria, muy responsabilizada, muy inconformista con la injusticia, muy formalista
y llena de espíritu crítico. Un ejemplo sólo: los magníficos programas
juveniles de televisión de los sábados por la tarde. Mas nos preguntamos,
¿dónde, dónde está esa juventud con visos universitarios a Ja hora de la
verdad? ¿Cómo contemplan acobardados, sin ninguna reacción viril, los
desórdenes y sacrilegios de esa minoría y no pregonan su execración contra
los inductores y autores de aquellos
condenables actos de barbarie?
Es menester tomar buena nota de todo y de
todos. Nosotros tenemos el recuerdo y la experiencia. No nos engañan. Sabemos
casi mejor que ellos mismos quiénes están detrás moviendo los hilos de la
subversión. Nos los conocemos muy bien. Y para esos que ahora están en la
sombra va nuestro aviso: ¡Cuidado! ¡Acordaos de 1936 y de la victoria de
1939! Si nos buscáis, nos encontraréis. ¡Y de qué modo! En circunstancias
infinitamente menos favorables que las de hoy España venció a
un comunismo monolítico, hoy agrietado por muchas razones que no son ahora
del caso. Sería, sin embargo, trágico tener que llegar otra vez a «aquello».
Pero se llegará si nos llevan a la misma ocasión que entonces.
A todas éstas, ¿dónde están los
estudiantes católicos?
¿Les parece «línea conciliar» arrojar crucifijos por las ventanas a la calle?
¿Callarán y meterán la cabeza debajo del ala por no saber qué decir? Pero
también, ¿dónde están los estudiantes falangistas y carlistas? ¿Será posible
que no haya ninguno presenciado tales hechos sin que inmediatamente no le
empiece a hervir la sangre española que lleven dentro? ¿Es que ya no hay
descendientes de los caídos José Antonio, Ramiro y Onésimo? ¿Es que ya no hay
descendientes de los que entraban en combate llevando delante bien sujeto un
crucifijo en los brazos?
¿Tendremos los casados y con hijos que
organizar una fuerza de choque y bajar a la Universitaria a enseñar vergüenza
y dignidad católica y española a los miles de estudiantes que permanecen
impasibles ante los hechos condenados?
¿Es que ya no hay honra, ni sentimientos
religiosos, ni amor a España? ¿Que eso «ya no se lleva…? Pues... ¡que se
produzcan pronto las estremecedoras profecías vengadoras y purificadoras de
tantísimo pecado de lesa Religión y de lesa Patria!
Arturo ROMERO
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario