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jueves, 5 de marzo de 2026

Pemán: de antiguo franquista a demócrata liberal

 Artículo de 1970

 PEMÁN, EL “ENROJECIDO”

 Escribo esta página con mucha pena, con un gran dolor. Siempre admiré, bajo muchos aspectos, a José María Pemán: como católico, como español, como orador, como escritor. He seguido sus escritos a través de los años y he leído luego sus Obras Completas. Pero ya hacía tiempo -bastantes años- que iba decreciendo mi admiración a Pemán como español. Algo me decía, al leer sus escritos, que Pemán, en ese aspecto, ya no era Pemán. Me daba la impresión de que se iba volviendo demasiado escéptico y frívolo en cosas de las que no se debe dudar y sobre las que no se puede frivolizar.

 Recientemente, he leído sus “Almuerzos con gente importante” y mi impresión anterior se ha convertido en plena convicción. Decididamente, Pemán se nos ha vuelto un escéptico y un frívolo en cosa tan importante como es la Patria. José Antonio dijo una vez que “ser español es ser una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”. En esa cosa tan seria ya no cree José María Pemán. Si habla de ella es solamente para derrochar ingenio y sal andaluza.

 A esta conclusión había yo llegado cuando en el “ABC” del domingo, día 7 de junio (1970), publicó su artículo “Qué gana España”. No queda duda posible: Pemán ya no es Pemán. Pemán, políticamente, españolamente, ha chaqueteado de una manera vergonzosa. Por eso escribo estas líneas con pena y dolor.

 Dejando de lado párrafos que merecerían, sin embargo, un sabroso comentario, me voy a limitar a reproducir una frase. Una sola, pero que da la clave de todo el artículo. Y por eso él, que sabe mucho del arte de escribir, la pone al final, como se colocan las moralejas en las fábulas.

 Después de decir que “además de la oposición política que se fabrica dentro del sistema -entiéndase, dentro del Movimiento Nacional- hay algo más que absorber” (entiéndase que hay que absorber por lo menos una cierta dosis del campo contrario al Movimiento Nacional), escribe: “En definitiva, eso de la “anti-España” pudo ser un tópico polémico, pero no puede ser una realidad antropológica, puesto que biológica y mentalmente nadie puede ser anti lo que es”.

 Queda demostrado: Pemán ya no es Pemán. Porque, hablando de España, dijo un día Pemán, allá a principios de la Cruzada, exactamente el 24 de julio de 1936, ante los micrófonos de Radio Jerez: “Yo os digo que esta guerra era necesaria, porque el marxismo, por lo que tiene en su raíz profunda de Antipatria, de extranjería, de invasión, no podía ser vencido más que en los campos de batalla. La guerra, con su luz de fusilería, nos ha abierto los ojos a todos: la idea de turno, o juego político, ha sido sustituida para siempre por la idea de exterminio y de expulsión, única válida frente a un enemigo que está haciendo en España un destrozo como jamás en la historia nos lo causó ninguna nación extranjera”.

 El 2 de mayo de 1937, ante los micrófonos de Radio Nacional de España en Salamanca, decía también Pemán a los españoles de la zona nacional: “Ayer, primero de mayo, fue fiesta en una parte, fiesta de la Antipatria y del marxismo; hoy, dos de mayo, es fiesta en la otra parte, fiesta de la Patria, del espíritu”.

 El 18 de marzo de ese mismo año y ante los mismos micrófonos, había dicho: “Esta guerra que peleamos es guerra de integración nacional. No es guerra de clases ni de partidos; no luchan izquierdas y derechas; no lucha una cara de España contra otra cara de España. Lucha España contra lo que no es España”.

 ¡Cuánto daría el Pemán de hoy porque no supiéramos lo que dijo el Pemán de ayer! Pero esas frases, que no se encuentran en sus actuales Obras Completas, se pueden leer en el libro “Arengas y crónicas de guerra”, que él publicó en Cádiz, en septiembre de 1937.

 ¿Y ahora resulta que aquello de la Antiespaña no fue más que un tópico polémico? Vamos, que fue mentira; que fue un cuento, útil para enardecer al bando nacional.

 Seamos buenos. Pensemos generosamente que esas frases pronunciadas ante los micrófonos, en plena guerra, le salieron del corazón enardecido, no del cerebro frío. Pero, terminada la guerra, escribió acerca de “La Victoria como definición” (y eso sí está publicado sus Obras Completas) lo siguiente: “Hay guerras civiles estériles para los pueblos, pero suele haber para todo pueblo “una” guerra civil que lo hace, lo construye, lo define: es cuando ese pueblo hadado, como si dijéramos, con el Anticuerpo que estorba a su constitución y lo elimina para siempre. Es hora ya de que veamos así nuestra Guerra de Liberación”.

 Yo pregunto: si España dio con su Anticuerpo y lo eliminó para siempre, ¿por qué dice ahora (1970) Pemán que hay que absorber parte de ese Anticuerpo?¿Por qué dice que eso de la Antiespaña no fue más que un tópico polémico?

 Durante la guerra, también Pemán escribió un artículo titulado “España a dos columnas”. En él leemos lo siguiente: “El duelo trágico y fundamental que en España se desata y se resuelve, está escrito sobre sus tierras a dos columnas, como sobre una página escolar. Luchan frente a frente todo lo primario, sano y espiritual frente a todo lo económico, materialista y racionalista. Pelean dos conceptos de la vida: el espiritualista, o cristiano, contra el materialista o marxista. Así está escrita, a dos columnas para mayor claridad y docencia, la pugna actual sobre la tierra de España”.

 Sería muy aleccionador escribir ahora un artículo que se podría titular “José María Pemán a dos columnas”. En una columna pondríamos lo que dijo y escribió en aquellos años de la guerra y de la posguerra. Y en la otra lo que viene escribiendo en estos últimos años. Serían como dos retratos del ilustre escritor: uno con la camisa azul de la Falange y otro, con la casaca liberal. ¡Qué cosas! ¡Vivir para ver!

 Si José María Pemán llegara a leer este pobre artículo de este pobre escritor (cosa que creo casi imposible) estoy seguro de que habría de “enrojecer” al llegar a este punto. ¿Estaría haciendo comedia cuando decía y escribía aquellas cosas?¿Las habrá traicionado, si es que las creía, cuando ahora dice que eso de la Antiespaña no era más que un tópico polémico?

 En cualquiera de los dos casos, le recuerdo lo que él mismo dijo, hablando los intelectuales de entonces, el 2 de mayo de 1937, ante los micrófonos de Salamanca:  “Nuestro peligro no está en el enemigo franco que venceremos en la jornada gloriosa; está en la propia dejadez olvidadiza que puede desvirtuar la victoria. Ahora el peligro no está en los rojos; sólo podría estar en los “enrojecidos”, es decir, en los que tiñeran a España de las propias ideas que estamos con tanta sangre ahuyentando y venciendo”.

 Señor Pemán: usted no fue nunca rojo. No lo es ahora tampoco. Pero ¿no será usted un “enrojecido”? ¿No estará tiñendo a España de las ideas que en 1939 vencimos con tanta sangre? Se lo pregunto con mucha pena. ¡Le he admirado tanto! Pero me ha sublevado eso de que lo de la Antiespaña no fue más que un “tópico polémico”. Esa es una de las ideas que solamente pueden hacer circular los “enrojecidos”, que no son españoles, según su artículo de “ABC” más que por biología y antropología.

 Marcos MONTERO


Revista FUERZA NUEVA, nº 181, 27-Jun-1970 

 

viernes, 27 de febrero de 2026

J. M. de Areilza, ex-falangista, chaquetero de la política

 Artículo de 1970

 AREILZA: TEXTOS CLÁSICOS

 El nombre de don José María de Areilza es sobradamente conocido en España; antes, por su acendrado falangismo, de camisa azul mahón y su “apego” al Régimen del 18 de Julio; ahora (1970), por su “chaqueteril” vida política.

 Para los más, el señor Areilza es un político que trata de pescar en río revuelto; para los menos, los jóvenes que aún no le conocen bien, es el “valiente” español que se entrevistó con el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Occidental, en su reciente visita a España, con el noble fin de hablarle mal a un forastero de nuestro Régimen y pedir, como hace el pequeñín de la escuela que no sabe defenderse, ayuda y protección.

 Pero, en general, a muchos españoles lo único que les dice el nombre de José María de Areilza son sus concomitancias con Ruiz-Giménez, Tierno Galván, determinados sectores del clero, etcétera, con vistas a ver la posibilidad de engancharse de nuevo a una carroza que tenga visos de ser, alguna vez, triunfal. De la misma forma que se enganchó al Movimiento cuando la guerra se iba ganando a costa de sangre sudor y lágrimas.

 Pero como no tratamos de hacer una biografía de este señor, ya que las biografías de los políticos de la clase a la que pertenece el señor Areilza suelen ser difíciles de realizar por lo imprecisos que son sus perfiles, nos vamos a limitar a dar a conocer quién era el señor Areilza exactamente el día 20 de julio de 1937.

 En esa fecha, mejor dicho, dos días antes, el 18 de julio del 37, se celebró en Derio un solemne acto organizado por Falange Española Tradicionalista y de las Jons para honrar la memoria de los mártires inmolados en la barbarie rojo-separatista, actos de cuya reseña, publicada con fecha 20 de julio por el diario “El Pueblo Vasco”, les vamos a transcribir a nuestros lectores el patriótico discurso que don José María de Areilza pronunció entonces.

 Aclaremos que el señor Areilza era alcalde de Bilbao, vestía la camisa azul y en las fotos del acto citado, que no reproducimos porque son poco visibles, el señor Areilza saluda brazo en alto. En sus palabras, como verán nuestros lectores, se ataca de forma furibunda a los separatistas y comunistas, a los intelectuales rojos y al clero “traidor a la patria y cómplice del comunismo”. O sea, ataca a los mismos que hoy (1970) tiene por aliados.

 Hay en todo esto un “pequeño detalle” que no queremos pase desapercibido. En aquellas fechas, el señor Areilza tenía edad adecuada para estar, fusil en mano, en el frente. Seguramente prefirió “sacrificarse”-de la misma forma que ahora prefiere también hacerlo en otro sentido- y pasar la guerra cómodamente apoltronado en el sillón de la Alcaldía de Bilbao. Un sillón, una poltrona, que se podía haber ocupado entonces por una mujer, como ahora sucede (Pilar Careaga).

 Y vamos con la transcripción de 1937. Nosotros, por profesión, somos muy curiosos y nuestra curiosidad nos impulsa a ser “ratas de hemeroteca”, de donde cada día obtenemos más información personal sobre mucha gente que ahora pretende meter de matute a los españoles un retrato personal que no es el auténtico:

 LA OFRENDA DEL SEÑOR AREILZA  EN 1937

 “…Seguidamente el alcalde de Bilbao, don José María Areilza, portador en su derecha de una bandera nacional, se adelantó para hacer la ofrenda, pronunciando las palabras siguientes:

 -“Amigos y camaradas: Aquí, en este mismo lugar, fueron fusilados por el nacionalismo vasco y sus aliados rojos, los mártires de Bilbao. Aquí, sobre estas piedras, derramaron su sangre para redimir a Vizcaya un puñado de hombres de toda clase y condición que merecían el dictado de bilbaínos de primera clase. Con ellos están enterrados también, en el ámbito de este sagrado recinto, los asesinados en el barco “Quilates”, en el “Altuna-Mendi”, los mártires de Larrinaga, La Galera, El Carmelo y Los Ángeles Custodios, compañeros de los anteriores en sufrimientos y en la muerte.

 “Los hombres se redimen de sus culpas mediante penitencia que es sacrificio y el dolor que purifica. Así también, los pueblos se redimen de sus pecados colectivos con la sangre de sus hombres mejores, ofrecida en holocausto de la justicia inmanente que late en el seno de la historia. La sangre de estos mártires redimió a Bilbao y a Vizcaya de sus pecados colectivos. Cayeron de toda clase y condición: militares, aristócratas, sacerdotes, obreros, políticos, intelectuales…

 “La sangre vuestra, capitán Ramos, comandantes Ichaso, Valverde y Anglada, capitán Murga, teniente Vallespín y demás hermanos de armas fusilados, sirvió para lavar la afrenta que al honor militar infligieron vuestros compañeros cobardes y traidores de la guarnición de Bilbao. El martirio de los sacerdotes asesinados era el precio de redención del clero vascongado de sus vergonzosas taras, de traición a la Patria y de complicidad con el comunismo. La sangre de los aristócratas y grandes industriales, Arriluce, Ibarras, Careagas, Zubirías, generosamente derramada, sirvió para lavar las culpas del capitalismo vasco y de su desvío del interés nacional. Vosotros, los caídos de la clase media y trabajadora, redimisteis con vuestro sacrificio el odio que en esas clases se sentía en Bilbao contra la Patria. Los intelectuales y los políticos: Balparda, Careaga, Juaristi, Adán, Pedro Eguillor, Quadra-Salcedo, Luis Checa, González Olaso, fuisteis el precio doloroso de redención de la política traidora del separatismo y del pecado contra el espíritu de los falsos intelectuales rojos y bizcaitarras de la villa.

Finalmente, vosotros, Guillermo Wakonning y Federico Martínez Arias, cónsules de Austria-Hungría y Paraguay en Bilbao, disteis el más alto ejemplo de dignidad y decoro en vuestros cargos.

 El pueblo de Bilbao, representado por el Ayuntamiento, reclama para sí los cuerpos de estos héroes y mártires, cuyo sacrificio fue necesario para su rescate espiritual ante la conciencia histórica de España.

 Mártires bilbaínos: sobre vuestros despojos, que no tuvieron el consuelo póstumo de una bandera que les cubriese, venimos a colocar hoy la enseña de la Patria.

 Yo estoy seguro de que vuestros espíritus se estremecerán de alegría en los Cielos cuando sobre ellos caiga, como una caricia maternal, el pabellón rojo y gualda de España. Para los que estáis aquí, hijos, hermanos, esposas, madres y novias de los que cayeron, debe ser también motivo de orgullo y alegría este acto. Podéis tener la seguridad de la bienaventuranza de sus almas purificadas por el martirio. A sus cuerpos los vais a ver envueltos en la misma bandera que cubrió a Sanjurjo, a Mola y a Calvo Sotelo.

 Y ahora, ante vosotros, mártires innumerables de Bilbao, asesinados por el Partido Nacionalista Vasco y sus aliados rojos, al triple grito de “Gora Euzkadi”, “Viva la República” y “Viva Rusia”, que en el fondo eran una misma cosa, repetiré tres veces una palabra de nuestro lema, para que sirva a todos de recuerdo, de advertencia y de propósito: ¡Justicia!, ¡Justicia! y ¡Justicia!”.

 Nosotros también, lectores, nos permitimos, brazo en alto (como Areilza) tomar a modo de firma, las últimas palabras de su discurso:¡Justicia!, ¡Justicia! y ¡Justicia!”.


Revista FUERZA NUEVA, nº181, 27-Jun-1970