Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Separatismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Separatismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de diciembre de 2025

Intelectualismos sectarios sobre Cataluña

 … Tres intelectuales españoles repetían, en el franquismo, errores de otros intelectuales españoles de 1930,  sobre Cataluña

 INTELECTUALISMOS SECTARIOS

 Hoy, febrero de 1970, en la revista “Serra d’Or”, editada e impresa en el monasterio de Montserrat, los profesores Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren, hacen unas declaraciones, afirmando, el último de los citados, que “el Régimen que se estableció el año 39 era constitutivamente anticatalán”…

 ***

Se han cumplido cuarenta años de la concentración grotesca, cursi y nefasta, de intelectuales castellanos confraternizando con intelectuales catalanes, por marzo de 1930, en un acto de corrosivas y pedantescas exhibiciones, de suicidas inconsciencias, en aquellas hora de grandes euforias por la caída, traición y frustración del general don Miguel Primo de Rivera. Sainz Rodríguez, Bonilla Sanmartín, Marañón, Menéndez Pidal, Concha Espina, Augusto Barcia, Conde de Vallellano, Azorín, entre otros, habían pedido los mayores reconocimientos para la lengua catalana. El pretexto era noble, aunque no la intención de los que empujaban tales campañas ni los fines que perseguían.  

 El clima de aquellos tiempos lo pintaba Carlos Capdevila en “La Publicitat”, de 15 de marzo de 1930. Cada uno que lee este texto puede hacer paralelismos fácilmente sugeribles, en los planes subversivos de todas las épocas. Dice así: “La Dictadura de Primo de Rivera no era revolucionaria, pero preparó la revolución sin darse cuenta; ésta hubiera sido su obra positiva. Tal vez habrá sido insuficiente para provocarla,  pero ninguna otra fuerza ha trabajado tanto y tan bien para hacerla posible. En sesenta años no se ha respirado la atmósfera de revolución que actualmente ocupa el complejo hispánico”.

 Pérez de Ayala dio unas cuartillas a la prensa en las que enfáticamente proclamaba: “De la fraternidad intelectual entre Cataluña y el resto de España lo espero todo, y sin ella nada puede esperarse. Durante el banquete (…) Fernando de los Ríos, el socialista sefardita y elegante, ya apuntaba: “Es necesario que quien quiera emprender la transformación del problema catalán, emprenda antes la transformación de las instituciones que lo alimentan”. Ortega y Gasset anunciaba “la voluntad de hacer una España nueva”. El doctor Pi y Suñer, con aparente sensatez, afirmaba: “En uso de nuestro derecho y por nuestra voluntad, nuestra lengua nativa a la que amamos…, cosa que no impide que respetemos y amemos nuestra lengua castellana (…)

 Todo esto era biombo y máscara del complot contra la monarquía, el orden social y, por la misma pendiente, de la entrega de España al comunismo. Todo cuanto se decía en defensa de nuestra lengua catalana era legítimo; pero ni la lengua catalana era objetivo verdadero del dinamiterismo de la maniobra, ni muchos de los intelectuales embarcados en la aventura vislumbraron que no eran otra cosa que títeres de unos poderes y una “inteligentzia” matriz de otros acontecimientos, ajenos absolutamente a la lengua catalana… Algo de esto apuntó Carlos Capdevila cuando en “La Publicitat”, del 24 de marzo de 1930, comentaba: “El banquete de ayer hacía augurar unas posibilidades inéditas hasta ahora; a todos juntos, ellos y nosotros, toca elevarnos a hecho histórico trascendental para nuestro pueblo”. (…)

 Aquellos intelectuales no lo sabían todo

 Y vino el Pacto de San Sebastián. Y el 14 de abril de 1931, con su República, impoluta y limpia, que nos prometían Alcalá Zamora, Miguel Maura, Ossorio y  Gallardo y otros católicos entusiasmados con la nueva situación, incluso con la amplia complacencia del nuncio monseñor Tedeschini, dispuesto a sacrificar prelados virtuosos y fuerzas auténticamente contrarrevolucionarias para consolidar y bautizar a aquella República, saludada también, alborozadamente, por la Gran Logia Española de la Masonería (…)

 Y la “ventura de España”, del más puro estilo masónico, pronto tuvo sus primeros acordes y compases, para entrar en los periodos más borrascosos en que se encrespaba la tempestad republicana. Ya no rememoraremos los incendios del 11 de mayo, a los 27 días justos de proclamarse la República, las huelgas, el terrorismo, el paro obrero… Será José Ortega y Gasset, el de “delenda est Monarchia”, que ya el 6 de diciembre de 1931 nos hablaba del “perfil triste y agrio” de la República. Y en 3 de diciembre de 1933 se quejaba en “El Sol”: “Durante estos años -1931-33- se me ha insultado y vejado constantemente desde las filas republicanas… Pero hay más: los hombres republicanos han conseguido que, por primera vez después de un cuarto de siglo, no tuviese yo periódico donde escribir”. Pero llegó 1936. Unamuno, Ortega y Gasset, Baroja, Marañón. Pérez de Ayala, Azorín, Menéndez Pidal, al unísono hablaron y escribieron contra la entrega de la República a sus herederos naturales y dueños indiscutibles, que eran los partidos marxistas y sus compañeros de viaje de la coalición del Frente Popular.

 ¿Adónde quedaba aquel banquete fraternal de los intelectuales que, como Quijotes, querían defender a ciertas Dulcineas y deshacer entuertos, sin darse cuenta de la envergadura, del plan y de la causa que servían? Fue muy reconfortante en la España nacional leer el “Epílogo para ingleses” de Ortega y Gasset, que apareció en París en diciembre de 1937, como el ensayo “Liberalismo y Comunismo. Reflexiones sobre la revolución española”, que dio a luz el doctor Marañón, en 1938 en Buenos Aires. O el artículo de Pérez de Ayala, en el “The Times”, en el mismo 1936…. Pero nadie puede negar la responsabilidad en la falta absoluta de visión de aquellos intelectuales. (…)

 ***

Un triunvirato y una mesa redonda (1970)

 “Serra d’Or”, de febrero (1970), ha publicado una orquestada conversación sobre el problema catalán, el Estatuto, nuestra guerra, el separatismo y la lengua catalana, bajo la batuta del que ha dicho ser ateo Baltasar Porcel, colaborador asiduo de esa revista, que publica la Abadía de Montserrat. Cuanto afirman Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y López Aranguren, no pasa de los tópicos y la vulgaridad. En un tema que se presta a centrar ideas con rigor intelectual, no pasamos de la sobada fraseología del “Manifiesto” de 1924 y de las frases hechas del banquete fraternal de escritores castellanos y catalanes en 1930: les falta una visión de España en sus más grandes ideales e histórica catolicidad y las aplicaciones de los principios de las sociedades infrasoberanas, que son el único pluralismo orgánico y natural que equilibra la unidad y la variedad. Sorprende tanta mediocridad mental en personas que, por otra parte, tienen cultura. Pero cuando se defiende una causa con complejos y galerías a las que agradar…

 Porque toda la síntesis de la conversación de este triunvirato, en su deformación de los hechos más evidentes, se puede sintetizar en esta frase, a nuestro entender delictiva y calumniosa de Aranguren: “El régimen que se estableció el año 1939 era constitutivamente anti-catalán”. Ignoramos si la Ley de Prensa e Imprenta puede aceptar estos exabruptos que atentan a la misma noción de Patria y de Estado de Derecho. Lo ignoramos.

 Un breve recordatorio

 Es un daltonismo mental plantear el problema catalán simplemente en aspectos culturales y administrativos. El problema catalán es parte de la ideología, problemática y configuración del concepto de España, de la doctrina sobre participación en las tareas públicas, y del papel de España en su misión histórica. Recordar aspectos parciales del problema es ver el árbol arrancado del bosque. Esa fue la equivocación de los intelectuales que, de buena fe, acudieron al banquete de 1930. Este es el error histórico del catalanismo de las llamadas “derechas”, que no ha sido nunca compartido por el catalanismo izquierdista (siempre masónico, laicista, anticatólico, subversivo, disgregador, promarxista), para desembocar lógicamente en el marxismo más subido y ortodoxo. Mientras el catalanismo de derechas era aburguesado, colaboracionista, desespañolizador, antitradicionalista…

 Recordamos a los sres. Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren unas breves notas que les pueden dar que pensar y repensar en sus asertos:

 1- El 14 de abril de 1931, Maciá proclamó la “República Catalana” como parte integrante de la “Federación Ibérica”. A las pocas horas, Nicolau d’Olwer, Marcelino Domingo y Fernando de los Ríos convencieron a Maciá de que la “República Catalana” debía limitarse a mera “Generalitat de Catalunya”. Separatistas catalanes residentes en América reprocharon a Maciá su claudicación. Maciá, en junio de 1932, les contestaba, demostrando cómo el separatismo lleva intrínsecamente conexo el dominio marxista. Decía: “Desgraciadamente, la República Catalana, por hechos que sería largo de explicar, no tenía ayuda de organizaciones netamente nacionalistas y con criterio patriótico bien definido. Los grupos que la habían sostenido, extremistas de toda clase, habrían pasado factura al día siguiente de la revuelta callejera. Habríamos conseguido una República roja, cosa que repugnaba a la inmensa mayoría de catalanes” (…)

 2-Luis Durán y Ventosa, uno de los prohombres más significativos de la “Lliga”, escribe en su libro “Intoxicación oriental de occidente”: “Muchos recordamos la extraña sensación que sentían en diversas comarcas de España los que, conservando la serenidad, en aquellos meses que precedieron a la revolución anarco-comunista de 1936, veían a tanta gente que había de ser víctima de ella, vivir alegre y confiadamente sin darse cuenta del peligro que amenazaba. (…) El número de víctimas alcanzó cifras terribles y las ruinas fueron inmensas. España entera se resiente aún en todos los órdenes”. Cuando Durán y Ventosa escribía esto, recordaría el beneplácito con que el catalanismo histórico de derechas se disponía a acatar la República que se veía venir. (…) A este indiferentismo en el problema vital del sistema de gobierno de la nación, también podía don Luis Durán y Ventosa cargar “el vivir alegre y confiadamente” que años más tarde él denunciaba. Y sólo España y Cataluña pudieron salvarse de la revolución anarco-comunista de 1936 (…) gracias al esfuerzo del Ejército al que se unieron tantos españoles. Qué diría Durán y Ventosa si, a estas horas, pudiera leer en “Serra d`Or” que la liberación de Cataluña se juzga así: “El régimen que se estableció en 1936 era, constitutivamente, anticatalán”? (…)

 Cataluña, José Antonio y los olvidadizos Laín Entralgo y Ruiz-Giménez

 Dejando aparte a Aranguren, Laín Entralgo y Ruiz-Giménez habrían acertado plenamente sobre el problema catalán si, rememorando antiguos y ardientes fervores falangistas, hubieran tenido presentes unas palabras de José Antonio, de auténtica garra, y cuya apretada enjundia supera las siete páginas aburridas y venenosas que les ha brindado “Serra d’Or”. Nuestro José Antonio dijo para todos los tiempos: “Se ha dicho que la autonomía viene a ser el reconocimiento de la personalidad de una región; que se gana la autonomía precisamente por las regiones más diferenciadas, de caracteres más típicos; yo agradecería que meditásemos sobre esto: si damos autonomías como premio a una diferenciación corremos el riesgo gravísimo de que esta autonomía sea estímulo para ahondar la diferenciación. (…) Por eso entiendo que, cuando una región solicita la autonomía, lo que tenemos que inquirir es hasta que punto está arraigada en su espíritu la conciencia de unidad de destino; que estando bien arraigada apenas ofrecerá ningún peligro que demos libertad a esa región para que organice su vida interna”.

 Esto es lo que no vieron ni entendieron los intelectuales que vinieron a Barcelona en aquella juerga de 1930. El tono de las palabras de Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren nos han devuelto el regusto de aquel clima, léxico y ambiente mefítico que vivimos tras la caída de Primo de Rivera. Pero, sea lo que sea, a este triunvirato le ofrecemos las amargas palabras de Manuel Azaña, que también asistió en aquel banquete. En 1939, Azaña dijo: “Conmigo que no se cuente para nada. Me han dejado sólo… El que no es un sinvergüenza es un imbécil… En 1939 hemos perdido la razón y con ella la República. Y si alguna vez alguien puede restaurar en España no ya la República, sino lo que sea, de régimen más o menos liberal, lo primero que tiene que hacer es renunciar a todos los mitos creados en torno a la República y deshacer todos los ídolos. Porque si nuestra República se hubiese perdido el 18 de julio, otra cosa hubiese podido quedar acaso en la consideración de la gentes. Pero nos hemos ido envileciendo y al final ya no se ha salvado nada. El que lo vea de otra manera se engaña”.

 Y ahora, Aranguren, Ruiz-Giménez, Laín Entralgo, con “Serra d’Or” se dedican a resucitar mitos y a revalorizar ídolos. 

Jaime TARRAGÓ


 Revista FUERZA NUEVA, nº 17225-Abr-1970


lunes, 3 de noviembre de 2025

Blas Piñar contra el separatismo y la Constitución

 

 BLAS PIÑAR, EN VALENCIA

 «PARA OFRENDAR NUEVAS GLORIAS A ESPAÑA»

 (Discurso pronunciado por Blas Piñar en la plaza de toros de Valencia el 1 de octubre de 1978.)

 (…) El presidente Suárez y su cuadrilla política están asombrando al mundo, como decía el presidente; pero no asombrándole por lo que logran, sino asombrándole por lo que destruyen, con ritmo de vértigo. Esta política de destrucción constante, de aniquilamiento sin descanso, de pródiga liquidación de un patrimonio moral y material construido sobre el dolor de una guerra y sobre cuarenta años de sacrificio, no perdona hada. 

No perdona a España, cuya unidad histórica se trocea, pero tampoco perdona a sus regiones. Por eso no perdona a Valencia, cuya personalidad bien definida, como antiguo reino, se pretende subsumir y difuminar en esa denominación absurda de «Paisos Catalans», fórmula con la que el imperialismo separatista de algunos burgueses y ricachones de Barcelona, en contubernio con ciertas autoridades eclesiásticas, se quieren transformar al antiguo reino en país, para luego reducirlo a protectorado y después a colonia.

 Es curioso que quienes han sometido a tan dura crítica, tanto lo que se llamó vocación de imperio como la intervención de la Iglesia en el quehacer político, se proclamen ahora partidarios del imperialismo, desconociendo la rica personalidad valenciana, y busquen la capa protectora de la Iglesia para sus propagandas antiespañolas, antivalencianas y separatistas.

 Yo creo que ha habido dos regiones de España que han sabido unir el sentimiento de la regionalidad con el más fervoroso de los patriotismos: Navarra y Valencia. Navarra, la Navarra foral, precisamente por serlo, fue la gran reserva española, y cuando llegó el momento difícil del Alzamiento, la Navarra foral puso en pie de guerra a cuarenta mil voluntarios. Y Valencia, el antiguo Reino de Valencia, el del Cid Campeador y el de don Jaume, el de la «senyera», con su franja azul, y el de «Lo Rat Penat», el del idioma valenciano, y no variante de otro idioma, y el de la lengua «churra», el de las germanías y el «Palleter», el que no admite segregaciones discriminatorias y peyorativas de sus tierras y sus hombres, se levanta en coro y grita: «Para ofrendar nuevas glorias a España, nuestra región supo luchar.»

 Y esto no puede perdonarse. Hay que destruir España, y para ello dividirla. Hay que deshacer, pulverizar, en nombre de un falso regionalismo, máscara del separatismo, a las regiones que se sienten y se saben España.

 Por eso «delenda est Navarra»; y al antiguo Reino de Navarra se pretende, hasta por la fuerza de la dinamita, transformarlo en Euskadi, subordinando y humillando a lo que históricamente fue un reino. Y por eso también el grito, disimulado con disfraces, de acabar con Valencia. Si ya no existe España, convertida en país o en Estado español; tampoco existe Valencia, que ha tenido el atrevimiento de ofrendar nuevas glorias a España. Lo único que quedaría si los que nos odian lograsen sus propósitos, no sería otra cosa que el «País Valenciá», una comarca sin genio y sin vida propia, absorbida en el nomenclátor de los países catalanes y, en definitiva, del imperialismo burgués o neomarxista, de ciertos grupos bien conocidos de Barcelona.

 Si la lengua es el gran argumento pancatalanista, yo quiero esgrimirlo también, pero en sentido inverso; porque demostrado como está que la lengua valenciana era anterior a la Reconquista; demostrado como está que Valencia no importa el catalán, y que la aportación catalana a esa Reconquista fue muy pequeña, comparada con la de Aragón; demostrado como está que las apariciones culturales del valenciano preceden a las del catalán, ¿por qué no aceptáis la hegemonía de Valencia?, ¿por qué no considerar a Cataluña un país valenciano?, ¿por qué no llamar al catalán variedad del valenciano en Cataluña?, ¿por qué no aceptar la «senyera» como símbolo para Cataluña?

 Pero no discurramos en falso. No inventemos una historia para justificar lo que es injustificable. No arranquemos de su marco real lo que debiera considerarse sagrado.

 Nosotros, que nos consideramos españoles universales, no negamos, sino que recogemos en nuestra ancha españolía todo lo español que brota del alma colectiva de la patria. Por eso, la bandera de Cataluña es nuestra; y la «senyera» es nuestra, porque Valencia y Cataluña son España. Y en tanto una y otra representen un trozo vivo de la patria; en tanto se agrupen como una guardia de honor y se inclinen, acompañándola, ante la bandera española, nosotros las defendemos y las besamos. Pero si alguien, falsificando la Historia, cometiera el sacrilegio de enarbolarlas como signo de odio, como hecho diferencial y separador, las convertiría en anti-signo y no nos dejaría otra opción, a los que amamos a España y lo que esos símbolos legítima e históricamente representan, que arrebatarlos de sus manos para que no los ensucien.

 ¡Basta ya de la comedia infame que trueca el sacrificio del «conseller» Casanova, que luchó por España y por un pretendiente a la corona, en una jornada separatista! ¡Basta ya de decirnos que hubo un Estado catalán independiente, cuando un «conseller» de la «Generalitat», eclesiástico por añadidura, corrió a París para entregar a Francia las libertades de Cataluña! ¡Basta ya de mentiras, de embaucamientos, de insultos! Valencia está despertando para defender su valencianía española.

 Por eso, cuando se lleva al cine la portentosa vida de ese gran valenciano, de ese gran español —el gran valenciano y gran español de la unidad, el del Compromiso de Caspe, San Vicente Ferrer— y se trata de rebajarlo y escarnecerlo y vituperarlo, las gentes de Valencia se indignan. Y es que el odio a España y a Valencia no se detiene ante nada. No se respeta la verdad histórica. No se respeta la fama y el honor. No se respeta a los santos. ¡Y ello cuando se proclama la inviolabilidad de no sé cuántos derechos, pensando sin duda que uno de tales derechos consiste en ofender y calumniar en público y en la pantalla!

 • • •

A esto vamos, a perpetuidad, consagrada en la propia legislación, si aprobamos el texto constitucional.

 DIOS: Se niega el origen divino de la autoridad del poder político y se proclama como fuente originaría de la autoridad a la mayoría.

 PATRIA: ¿Cómo es posible en una nación de nacionalidades? Es cierto que se habla de unidad, pero como la mayoría puede decidir otra cosa, esa unidad se encuentra en precario, y es económicamente un desastre al servicio de las ambiciones de políticos fracasados.

 JUSTICIA: Es injusto el proyecto de Constitución para:

la familia, ya que encierra en su contexto el divorcio, la anticoncepción y el aborto;

la enseñanza» pues viola el derecho de los padres a la educación de sus hijos;

la empresa, al admitir la lucha de clases, la huelga, y los sindicatos revanchistas, que traen la ruina económica y el paro;

la propiedad, que socializa, corno pretende el proyecto de ley de aguas;

el Ejército, al proclamar el principio de la objeción de conciencia al servicio de las armas.

 Por si fuera poco, además, ni los congresistas ni los senadores tienen mandato constituyente; el proyecto ha sido consensuado y no discutido, y el referéndum se anuncia sin intervención verificadora del voto para los partidarios del «no», sin igualdad de oportunidades en materia de propaganda y con una campaña, ya iniciada, a través de los medios de comunicación oficiales a favor del «si».

 • • •

Ante el proyecto constitucional caben cuatro posturas: SI - NO - ABSTENCIÓN y LIBERTAD DE CONCIENCIA.

 Nosotros no podemos decir «sí», pero tampoco podemos aconsejar la abstención, pues abstenerse es desinteresarse de un tema fundamental, no tener criterio sobre algo tan decisivo, o apuntarse cómodamente a una victoria moral —el desprecio por el sistema— que no importa nada a quienes sé beneficiarían sin escrúpulos de esa índole, de esa abstención. La abstención es la maniobra última que va a utilizarse para desviar el «no», que tratamos de ganar a pulso, hacia la abstención ineficaz e inoperante. ¡Cuidado, amigos! Tampoco podemos decir que cada uno vote como quiera, porque ello equivaldría a desorientar y confundir, y pondría de relieve que Fuerza Nueva, en el instante de la verdad, se inhibe de responsabilidades y se niega a impartir una doctrina aleccionadora.

 Para lograr el «no» hay que rehacer la moral, «organizarnos hoy para vencer mañana». Por Valencia y por España, por Dios, por la Patria y la Justicia, sin miedo, ¡adelante! ¡VIVA VALENCIA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡ARRIBA ESPAÑA!

 (Grandes aplausos de una plaza de toros abarrotada cerraron el discurso.)


Revista FUERZA NUEVA, nº 615, 21-Oct-1978

 

domingo, 21 de septiembre de 2025

Millones de españoles, segregados lingüísticamente en su propio país

 (Dos artículos de 1978)

  “VAE VICTIS” CONTRA ESPAÑA

¿Qué cabida de “digna”, en el supuesto marco legal “integrador”, tienen los millares españoles expulsados de Vascongadas por decreto de ETA y los millones de habitantes en ellas y en Navarra, dos regiones sin ley, sin seguridad de vidas y haciendas, aherrojados por el terror de un grupo de asesinos ante los brazos cruzados del Gobierno, “espectador”, que se dice, por sarcasmo, defensor de los derechos humanos, y los millones de españoles inmigrados en Cataluña y Vascongadas a cuyos hijos les va a imponer el Gobierno de Suárez, sin recurso, ser enseñados en lengua y cultura vernáculas, en violación de las convenciones internacionales reguladoras de aquellos derechos y suscritas por España, las cuales exigen la enseñanza en el propio idioma, mientras el presidente Suárez repite sin cesar que lo que no consentirá nunca es la dominación del país por un grupo o una facción?

 A esta imposición, auténtico apartheid, no han llegado en la forma que lo establece nuestro marco legal ni las potencias europeas en sus colonias de Asia y África con la población aborigen, más afortunadas desde luego que lo será la población española en las “nacionalidades” autónomas. Y esto se impone en Cataluña, en la cual en la provincia de Barcelona el uso familiar del catalán es el 35 por ciento y el 65 del español, y en Barcelona (ciudad con población no catalana mayoritaria) es el 47 y el 49, respectivamente, y apenas un 5 por 100 habla en Vascongadas el vascuence. Para mayor infamia colonial, esta segregación no corre a cargo de las “nacionalidades” sino del presupuesto del Estado que pagamos todos los españoles. ¿A esto puede llamarse esperanzador futuro de una prolongada y fructífera convivencia civil?

 ¿Existe posibilidad de convivencia y cabida digna para la España que ve cómo a la más incalificable amnistía se contesta con crímenes masivos por parte de los etarras, a cuyos autores el Gobierno no descubre ni juzga; que, a la concesión de la ikurriña y demás enseña separatistas se responde con quemas incesantes de banderas españolas, sin castigo jamás por parte del Gobierno Suárez: que ante la apertura sin límite a las autonomías se enarbola el principio de la independencia, cuyos partidos, cuya propaganda y actos públicos se permiten totalmente, y las propuestas de secesión se consienten y se debaten en las Cortes, lo cual no se ha dado en país alguno europeo, y a favor de aquellos partidos consiente el Gobierno sustituir los Ayuntamientos y Diputaciones legítimas por comisiones gestoras ilegales que prepararán en las elecciones el triunfo del separatismo y la anexión colonial de Navarra?

 Se pretende raer de esas regiones cuanto se refiere a la presencia y el recuerdo de España, de hecho convertida en ellas en nación enemiga. En la nomenclatura de las calles barcelonesas se suprimen los títulos de Reyes Católicos, Hispanidad, Avión Plus Ultra, Covadonga, Concordia y tantos otros; en pueblos guipuzcoanos el nombre de España es sustituido por el de uno de los asesinos ajusticiados. El consejero de Educación de “Euskadi” -es todo un símbolo de lo que serán allí la enseñanza o la cultura- afirma, sin que se le destituya y procese, que si resucitara Sabino Arana, el hombre que decía ser el pueblo español el más vil de la tierra, vería y amaría como hijos a los miembros de ETA y a los partidos abertzales, a los cuales recibió el presidente Suárez el año pasado, les convoca e invita humilde el vicepresidente segundo a cenas de trabajo y pacto, mientras por las mismas fechas caían asesinados dos militares -sin que tampoco se descubra a los autores, claro está- y en el Parlamento un diputado abertzale y un diputado separatista catalán apologizan el terrorismo, aquél, y la independencia, ambos, como si el Gobierno admitiera por anticipado el “vae victis” de los separatistas a la pervivencia de España.

 Al margen de cinismo políticos y de dialécticas enmascaradoras, la realidad -sonrojante- es que hay una España enormemente mayoritaria que está aherrojada, agredida, vejada y negada en sus derechos por el sectarismo revanchista de una minoría -gobiernos, partidos, Cortes y ciertos sectores eclesiásticos- que se atribuyen gratuitamente la significación de la otra España. Y a la España victimada se la inflige por añadidura el máximo agravio moral, el trallazo espiritual de afirmar que la transición tiene lugar sin traumas y de presentar cada acto atentatorio contra ella como un paso más hacia la reconciliación y la paz.

 ¡De los fariseos líbranos, Dios!

 Carmelo VIÑAS Y MEY


Revista FUERZA NUEVA, nº 609, 9-Sep-1978



****

 

A LA SITUACIÓN EN BARCELONA

 (…) La espeluznante televisión catalana (…) En el primer programa nuevo, de entrada, nos ha ofrecido el asunto del día: el decreto del catalán, con la intervención de la untuosa y melosa María Rubíes, que creo que es senadora o senatriz, como dice Camilo J. Cela.

 Lo chusco de este programa es que se nos ha ofrecido una encuesta callejera sobre el decreto del catalán donde ¡en España! ha habido unanimidad total y absoluta. Todo el mundo está encantado con el decreto del catalán, y se ha interrogado especialmente a castellano-hablantes, todos y cada uno de los cuales están contentísimos y opinan que está muy bien que se obligue a aprender catalán. Ni una sola discrepancia, miren ustedes por dónde. Nadie ha mantenido la idea de que hay que respetar la lengua materna; nadie se ha acordado de que en España no se puede exigir más que el español; nadie se ha acordado de que Cataluña, y no digamos Barcelona, es España; nadie se ha acordado de que obligar al catalán a un español-hablante es contravenir los derechos humanos y volver a las cavernas, a fuerza de retrocesos; a nadie se le ha ocurrido que hay millones, digo millones, de español-hablantes que ni en diez años hablarán nada más y nada menos que el idioma español, porque es el suyo, el de la madre que los parió y al que tienen derecho de uso en todo el territorio de España, del que Cataluña (y no digamos la cosmopolita Barcelona, donde son mayoría los que no hablan catalán) forma parte inseparable si no es por la fuerza, fuerza de la que me río a carcajadas.

 Pero en la «tele» catalana, la espeluznante, había consenso total; todos de acuerdo. Vamos a hacernos el loco y simularemos que nos lo creemos y que la encuesta es real y sin cortes. A nadie ha parecido mal, no ya en tal encuesta, sino en los medios de manipulación social ni en el Congreso, Senado y demás instituciones sagradas de la democracia (?) que padecemos, que lo único natural es que se establezcan escuelas en catalán, y el que se quiera ir que se vaya. (…)

 Ramón CASTELLS SOLER

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 615 ,21-Oct-1978