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domingo, 3 de mayo de 2026

La Iglesia vasca, con el PNV, contra el carlismo

 Artículo de 1968

 Carta abierta al reverendo padre Arrizabalaga S, J.

 Rvdo. Sr.: En primer lugar he de manifestarle mi asombro por tres motivos:

 1º El que usted no añada a su nombre las siglas S. J., como lo hizo en la firma de aquel otro documento, en el que usted y otros sacerdotes, fingiendo interés por los problemas de los fieles todos de esta Diócesis, pidiendo libertades para grupos determinados y protestaron contra las acciones que la autoridad ha llevado a cabo frente a ciertas organizaciones.

 2º Que la editorial que publica su obra se denomina MENSAJERO a secas. Todos sabemos que se trata de «El Mensajero del Corazón de Jesús». ¿Para qué «camuflarse» con un disfraz que no oculta nada?

 3º Que su obra haya sido anunciada como «novela vasca», cuando solamente se trata de una novela de ambiente vasco. Las novelas vascas se escriben en euskera. Esto exige el conocimiento a fondo del viejo idioma. Y tiene el inconveniente de que las ediciones no pueden alcanzar tiradas largas. Pero por todo eso y por más hay que pasar cuando de veras se ama a su tierra y se está orgulloso de ser vasco. Lo demás.... vasquismo de boquilla. 

¿Novela o historia?

 Son muchos los autores que expresan sus ideas por medio de novelas, Desde Galdós a usted, pasando por Gironella, hemos podido ver cómo el escritor coloca y mueve a sus personajes en un marco histórico. Evidentemente, muchos de los sucesos que se relatan en tales tipos de obras son hijos de la imaginación del escritor. Jamás han ocurrido. Por algo se trata de una novela y no de una historia. Sin embargo, aún con esos antecedentes, el novelista debe poner ciertos límites a su inventiva. Ha de considerar que muchos de sus lectores van a tomar por cierto lo que ellos narran, dado el marco histórico en que se sitúan los hechos y que muchos novelistas tienen por norma incluir en su relato hechos y anécdotas reales. Que lo que digo es cierto, lo demuestran multitud de sucedidos. He aquí algunos: 

1º Hay bastante gente que cree tan firmemente en la existencia histórica de los personajes de Villoslada, que bautiza a sus hijos con los nombres novelísticos (ni siquiera llegan a la categoría de legendarios) de Aitor y Amaya. 

2º Otros han aprendido la historia del siglo XIX en las obras de Galdós. 

3º En 1962, fuimos a Estella acompañados por un oficial de requetés que, además, combatió en Rusia. Allí nos presentó a un falangista con quien había hecho amistad en la División Española de Voluntarios. Comentamos el «ladrillo» de Gironella, que entonces estaba de moda, y nos confesó que él, por creerla cierta, había indagado entre sus amigos de la comarca de Estella para comprobar la existencia de aquel requeté de los nueve Primeros Viernes. Con resultado negativo, desde luego. Tal episodio no es ni siquiera un producto de la imaginación del «rollista» gerundense. Es un cuento bastante viejo que el autor se lo colgó a un combatiente carlista (…)

 Las novelas no son relatos intrascendentes. Expresan, de algún modo, la manera de ser y pensar de su autor. Y cuando en ellas se relatan hechos ocurridos recientemente pueden servir de vehículos a opiniones muy respetables. Pero discutibles. Esto es lo que ha impulsado a dirigirme a usted.

 Buenos y malos

 En la página 253 viene usted debe decir que, siendo aquéllos los «malos», son explicables las barbaridades que cometieron. No así las realizadas por los «buenos». Es decir: por los nacionales, por los carlistas.

 Nosotros jamás hemos dicho que seamos los buenos. Afirmamos, simplemente, que el sistema que propugnamos es el mejor de todos. Para nada nos metemos en juicios sobre la conducta personal de nuestra gente. Dicho con palabras de Chesterton: «ciertamente el cristiano fue, en cierto sentido, peor que el pagano; el español, que el indio; el romano, que el cartaginés; pero en un sentido muy relativo, pues su razón de ser era hacerse mejores»

 ¿Será usted capaz de afirmar que es admisible, ni siquiera tolerable el divorcio? Como él había muchas cosas en la legislación republicana que un católico no podía consentir. Contra todo ello lucharon los requetés en 1936 y volveremos a hacerlo hoy (1968), si fuera preciso. Esa es nuestra razón de ser. Y no el garantizar la impecabilidad de nuestra gente.

 Por el contrario, muy distinto fue el comportamiento del Partido Nacionalista Vasco. Como ya dijeron en su día los obispos de Vitoria y Pamplona: «No es lícito en ningún terreno, y menos en la forma cruentísima de la guerra…, fraccionar las fuerzas católicas ante el común enemigo. La doctrina de la unión de los católicos… debe aplicarse totalmente, sin género de excusas, a las cosas de guerra en que se juega el todo por el todo, doctrina e ideales, haciendas y vidas, presente y futuro de un pueblo».

 «Menos lícito es… absolutamente ilícito es… sumarse el enemigo para combatir al hermano»

 «Llega la ilicitud a la monstruosidad cuando el enemigo es ese monstruo moderno, el marxismo o comunismo». 

Y de esa monstruosidad nada ni nadie absuelve al nacionalismo vasco. Ni siquiera el buen comportamiento que, individualmente, en grupos, incluso por batallones completos, observaron los «gudaris». Aunque nuestra opinión es que no se ha de culpar a los que, engañados, no hicieron más que obedecer con la mejor voluntad, sino a los embaucadores que les enviaron a la muerte, mal armados, peor organizados y sin mandos competentes, mientras ellos se instalaban en el «Carlton» y «enchufaban» a su próximos familiares lejos de los tiros.

 Lo que no se puede hacer, P. Arrizabalaga, y menos cuando se ha adquirido la cultura filosófica que corresponde a un sacerdote, es pretender juzgar los hechos históricos mediante anécdotas y manejar exposiciones como esa de «los buenos y los malos», propias de lectores de tebeos de aventuras del Oeste.

 ¿Quiénes son los buenos?

 ¿Con qué derecho nos exigen a los carlistas ustedes, los clérigos de cualquier jerarquía y congregación, el que nos portemos como «buenos»? ¿Nos tratan ustedes como tales? ¿Nos han hecho en alguna ocasión objeto de sus predilecciones?

 No vamos a meternos con las doctrinas de la Iglesia que, sin duda alguna, están de nuestra parte. Mejor dicho, nosotros nos hemos puesto de su lado. Nos referimos al comportamiento que han observado en política cientos de sacerdotes, religiosos y religiosas, muchas comunidades y organizaciones sedicentes de apostolado e incluso algunos obispos. De ellos jamás hemos recibido la menor ayuda. Ni la queremos. No así los nacionalistas.

 No descubrimos nada nuevo ni se nos podrá acusar de soplones si decimos que decenas de centros de juventudes «apostólicas», conventos de todas clases e incluso seminarios, han sido verdaderos «batzokis». ¿Qué fuerza tendría hoy (1968) el nacionalismo vasco si desde 1937 a estas fechas no hubiese disfrutado del apoyo del clero? El mismo P. Marzol, Pasionista, ha llegado a alardear en la revista «Anaitasuna» de que más de la mitad de los componentes de la ETA y otras organizaciones separatistas proceden de conventos de frailes.

 ¿Cuándo han firmado grupos de sacerdotes algún documento para protestar de las injusticias padecidas por el Carlismo? ¿Cuándo ha levantado su voz algún cura porque algún joven requeté ha sido detenido por la policía? ¿Cuándo han depuesto judicialmente a favor de un joven activista tradicionalista hasta cuatro obispos? Porque todo eso han hecho ustedes por el nacionalismo vasco. Por nosotros, ni la milésima parte. Ni queremos que lo hagan.

 ¿Quiénes se consideran a sí mismos los «buenos»? ¿Ha leído usted en algún escrito carlista juicios tan farisaicos sobre la conducta de algún jefe nacionalista como el del P. Evangelista de Ibero sobre Carlos VII cuando dice: «Su carácter moral se retrata cual es en los bailes y saraos a que Durango y otros pueblos le vieron entregado…»? Citamos esta párrafo por pertenecer a lo que siempre se ha considerado como el catecismo del nacionalismo. ¿Ha oído usted a algún carlista decir que los nacionalistas «son católicos medio cuerpo hacia arriba», cantinela que nos han repetido, de una manera o de otra, todas los nacionalistas con quienes hemos discutido?¡Cuando hemos alardeado los carlistas de costumbres puras, bailando en la plaza ostensiblemente con un pañuelo para no tocar la mano de la joven! 

¿Quiénes son los que se consideran «buenos»? ¿A quiénes tratan ustedes como tales? ¡Pues exíjanles a ellos el comportamiento correspondiente! 

Errores históricos

 Coloca usted el bombardeo de Guernica por la mañana del 20 de abril, cuando todo el mundo sabe que fue por la tarde. Hace usted pasar por encima de Marquina los aviones que intervinieron en la operación, cuando en realidad salieron de Vitoria, y basta una mirada al mapa de Vizcaya para comprender que no hubo tal paso. El bombardeo de Guernica no figura entre sus recuerdos infantiles; usted lo ha colocado en su obra para halagar a ciertos lectores. Es decir, ha lanzado un «¡Viva Cartagena!» oportunista. Eso es jugar sucio en literatura. 

Imagina usted como fondo de una foto de Carlos VII una bandera con las iniciales D.P.F.R. Nos extraña que en una foto de Carlos VII, fallecido en 1909, aparezca el lema carlista como usted dice. Si conoce usted alguna inscripción anterior a 1910, con las siglas mencionadas, le rogamos tenga la amabilidad de informarnos. Nos hallaríamos ante un ejemplar único por su rareza.

 Los carlistas sabemos por qué luchamos. El problema carlista no es, como usted hace afirmar a uno de sus personajes, una cuestión de genealogía. Es una cuestión de Legitimidad. De observancia de una ley que en 1713 promulgó un Rey con el consenso delas Cortes y que los españoles no consintieron fuese modificada sin contar con ellos. 

Si los vizcaínos de 1833 se levantaron por Carlos V (antes de que se suscitase cuestión foral alguna) fue porque, así como el Rey está obligado a respetar y defender los Fueros, los súbditos leales están obligados a defender a su Rey. Y los vizcaínos, pese a quien pese, somos hijos de un Señorío que supo ganar los títulos de Muy Noble y Muy Leal. 

A la cuestión sucesoria se juntaron luego la religiosa y la foral. Porque comenzaron robando un trono, no podían pasar sin atracar a la Iglesia y sin asesinar las libertades que habían sobrevivido a la tiranía de Felipe V. 

Nadie nos ha quitado la «F». Padre Arrizabalaga. Somos tan fueristas como en 1833. Más aún, pues de lo que valen ciertas cosas, no se da uno cuenta hasta que las ha perdido.

 Si en la pasada guerra dejamos en un segundo plano ciertos puntos de nuestro programa, ello fue debido a urgencia del momento, que no dejaba lugar a discrepancias.

 Los requetés supieron por qué lucharon, aunque usted crea otra cosa, supieron que no se trataba de una restauración monárquica ni foral. A pesar de todo, no les importó morir por una cuestión religiosa. No les importó jugarse la vida, entre otras cosas, porque regresaran los jesuítas a España. A pesar de que muchos de ustedes no lo hayan sabido agradecer. 

Espero que lea la presente. Me consta que unos porque no pueden ni verla y otros porque se sienten confortados, casi todos los jesuitas leen nuestra revista.

 Afectuosamente le saluda:

ZORTZIGARRENTZALE


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 211, 13-Ene-1968

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

Blas Piñar contra el separatismo y la Constitución

 

 BLAS PIÑAR, EN VALENCIA

 «PARA OFRENDAR NUEVAS GLORIAS A ESPAÑA»

 (Discurso pronunciado por Blas Piñar en la plaza de toros de Valencia el 1 de octubre de 1978.)

 (…) El presidente Suárez y su cuadrilla política están asombrando al mundo, como decía el presidente; pero no asombrándole por lo que logran, sino asombrándole por lo que destruyen, con ritmo de vértigo. Esta política de destrucción constante, de aniquilamiento sin descanso, de pródiga liquidación de un patrimonio moral y material construido sobre el dolor de una guerra y sobre cuarenta años de sacrificio, no perdona hada. 

No perdona a España, cuya unidad histórica se trocea, pero tampoco perdona a sus regiones. Por eso no perdona a Valencia, cuya personalidad bien definida, como antiguo reino, se pretende subsumir y difuminar en esa denominación absurda de «Paisos Catalans», fórmula con la que el imperialismo separatista de algunos burgueses y ricachones de Barcelona, en contubernio con ciertas autoridades eclesiásticas, se quieren transformar al antiguo reino en país, para luego reducirlo a protectorado y después a colonia.

 Es curioso que quienes han sometido a tan dura crítica, tanto lo que se llamó vocación de imperio como la intervención de la Iglesia en el quehacer político, se proclamen ahora partidarios del imperialismo, desconociendo la rica personalidad valenciana, y busquen la capa protectora de la Iglesia para sus propagandas antiespañolas, antivalencianas y separatistas.

 Yo creo que ha habido dos regiones de España que han sabido unir el sentimiento de la regionalidad con el más fervoroso de los patriotismos: Navarra y Valencia. Navarra, la Navarra foral, precisamente por serlo, fue la gran reserva española, y cuando llegó el momento difícil del Alzamiento, la Navarra foral puso en pie de guerra a cuarenta mil voluntarios. Y Valencia, el antiguo Reino de Valencia, el del Cid Campeador y el de don Jaume, el de la «senyera», con su franja azul, y el de «Lo Rat Penat», el del idioma valenciano, y no variante de otro idioma, y el de la lengua «churra», el de las germanías y el «Palleter», el que no admite segregaciones discriminatorias y peyorativas de sus tierras y sus hombres, se levanta en coro y grita: «Para ofrendar nuevas glorias a España, nuestra región supo luchar.»

 Y esto no puede perdonarse. Hay que destruir España, y para ello dividirla. Hay que deshacer, pulverizar, en nombre de un falso regionalismo, máscara del separatismo, a las regiones que se sienten y se saben España.

 Por eso «delenda est Navarra»; y al antiguo Reino de Navarra se pretende, hasta por la fuerza de la dinamita, transformarlo en Euskadi, subordinando y humillando a lo que históricamente fue un reino. Y por eso también el grito, disimulado con disfraces, de acabar con Valencia. Si ya no existe España, convertida en país o en Estado español; tampoco existe Valencia, que ha tenido el atrevimiento de ofrendar nuevas glorias a España. Lo único que quedaría si los que nos odian lograsen sus propósitos, no sería otra cosa que el «País Valenciá», una comarca sin genio y sin vida propia, absorbida en el nomenclátor de los países catalanes y, en definitiva, del imperialismo burgués o neomarxista, de ciertos grupos bien conocidos de Barcelona.

 Si la lengua es el gran argumento pancatalanista, yo quiero esgrimirlo también, pero en sentido inverso; porque demostrado como está que la lengua valenciana era anterior a la Reconquista; demostrado como está que Valencia no importa el catalán, y que la aportación catalana a esa Reconquista fue muy pequeña, comparada con la de Aragón; demostrado como está que las apariciones culturales del valenciano preceden a las del catalán, ¿por qué no aceptáis la hegemonía de Valencia?, ¿por qué no considerar a Cataluña un país valenciano?, ¿por qué no llamar al catalán variedad del valenciano en Cataluña?, ¿por qué no aceptar la «senyera» como símbolo para Cataluña?

 Pero no discurramos en falso. No inventemos una historia para justificar lo que es injustificable. No arranquemos de su marco real lo que debiera considerarse sagrado.

 Nosotros, que nos consideramos españoles universales, no negamos, sino que recogemos en nuestra ancha españolía todo lo español que brota del alma colectiva de la patria. Por eso, la bandera de Cataluña es nuestra; y la «senyera» es nuestra, porque Valencia y Cataluña son España. Y en tanto una y otra representen un trozo vivo de la patria; en tanto se agrupen como una guardia de honor y se inclinen, acompañándola, ante la bandera española, nosotros las defendemos y las besamos. Pero si alguien, falsificando la Historia, cometiera el sacrilegio de enarbolarlas como signo de odio, como hecho diferencial y separador, las convertiría en anti-signo y no nos dejaría otra opción, a los que amamos a España y lo que esos símbolos legítima e históricamente representan, que arrebatarlos de sus manos para que no los ensucien.

 ¡Basta ya de la comedia infame que trueca el sacrificio del «conseller» Casanova, que luchó por España y por un pretendiente a la corona, en una jornada separatista! ¡Basta ya de decirnos que hubo un Estado catalán independiente, cuando un «conseller» de la «Generalitat», eclesiástico por añadidura, corrió a París para entregar a Francia las libertades de Cataluña! ¡Basta ya de mentiras, de embaucamientos, de insultos! Valencia está despertando para defender su valencianía española.

 Por eso, cuando se lleva al cine la portentosa vida de ese gran valenciano, de ese gran español —el gran valenciano y gran español de la unidad, el del Compromiso de Caspe, San Vicente Ferrer— y se trata de rebajarlo y escarnecerlo y vituperarlo, las gentes de Valencia se indignan. Y es que el odio a España y a Valencia no se detiene ante nada. No se respeta la verdad histórica. No se respeta la fama y el honor. No se respeta a los santos. ¡Y ello cuando se proclama la inviolabilidad de no sé cuántos derechos, pensando sin duda que uno de tales derechos consiste en ofender y calumniar en público y en la pantalla!

 • • •

A esto vamos, a perpetuidad, consagrada en la propia legislación, si aprobamos el texto constitucional.

 DIOS: Se niega el origen divino de la autoridad del poder político y se proclama como fuente originaría de la autoridad a la mayoría.

 PATRIA: ¿Cómo es posible en una nación de nacionalidades? Es cierto que se habla de unidad, pero como la mayoría puede decidir otra cosa, esa unidad se encuentra en precario, y es económicamente un desastre al servicio de las ambiciones de políticos fracasados.

 JUSTICIA: Es injusto el proyecto de Constitución para:

la familia, ya que encierra en su contexto el divorcio, la anticoncepción y el aborto;

la enseñanza» pues viola el derecho de los padres a la educación de sus hijos;

la empresa, al admitir la lucha de clases, la huelga, y los sindicatos revanchistas, que traen la ruina económica y el paro;

la propiedad, que socializa, corno pretende el proyecto de ley de aguas;

el Ejército, al proclamar el principio de la objeción de conciencia al servicio de las armas.

 Por si fuera poco, además, ni los congresistas ni los senadores tienen mandato constituyente; el proyecto ha sido consensuado y no discutido, y el referéndum se anuncia sin intervención verificadora del voto para los partidarios del «no», sin igualdad de oportunidades en materia de propaganda y con una campaña, ya iniciada, a través de los medios de comunicación oficiales a favor del «si».

 • • •

Ante el proyecto constitucional caben cuatro posturas: SI - NO - ABSTENCIÓN y LIBERTAD DE CONCIENCIA.

 Nosotros no podemos decir «sí», pero tampoco podemos aconsejar la abstención, pues abstenerse es desinteresarse de un tema fundamental, no tener criterio sobre algo tan decisivo, o apuntarse cómodamente a una victoria moral —el desprecio por el sistema— que no importa nada a quienes sé beneficiarían sin escrúpulos de esa índole, de esa abstención. La abstención es la maniobra última que va a utilizarse para desviar el «no», que tratamos de ganar a pulso, hacia la abstención ineficaz e inoperante. ¡Cuidado, amigos! Tampoco podemos decir que cada uno vote como quiera, porque ello equivaldría a desorientar y confundir, y pondría de relieve que Fuerza Nueva, en el instante de la verdad, se inhibe de responsabilidades y se niega a impartir una doctrina aleccionadora.

 Para lograr el «no» hay que rehacer la moral, «organizarnos hoy para vencer mañana». Por Valencia y por España, por Dios, por la Patria y la Justicia, sin miedo, ¡adelante! ¡VIVA VALENCIA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡ARRIBA ESPAÑA!

 (Grandes aplausos de una plaza de toros abarrotada cerraron el discurso.)


Revista FUERZA NUEVA, nº 615, 21-Oct-1978

 

domingo, 21 de septiembre de 2025

Millones de españoles, segregados lingüísticamente en su propio país

 (Dos artículos de 1978)

  “VAE VICTIS” CONTRA ESPAÑA

¿Qué cabida de “digna”, en el supuesto marco legal “integrador”, tienen los millares españoles expulsados de Vascongadas por decreto de ETA y los millones de habitantes en ellas y en Navarra, dos regiones sin ley, sin seguridad de vidas y haciendas, aherrojados por el terror de un grupo de asesinos ante los brazos cruzados del Gobierno, “espectador”, que se dice, por sarcasmo, defensor de los derechos humanos, y los millones de españoles inmigrados en Cataluña y Vascongadas a cuyos hijos les va a imponer el Gobierno de Suárez, sin recurso, ser enseñados en lengua y cultura vernáculas, en violación de las convenciones internacionales reguladoras de aquellos derechos y suscritas por España, las cuales exigen la enseñanza en el propio idioma, mientras el presidente Suárez repite sin cesar que lo que no consentirá nunca es la dominación del país por un grupo o una facción?

 A esta imposición, auténtico apartheid, no han llegado en la forma que lo establece nuestro marco legal ni las potencias europeas en sus colonias de Asia y África con la población aborigen, más afortunadas desde luego que lo será la población española en las “nacionalidades” autónomas. Y esto se impone en Cataluña, en la cual en la provincia de Barcelona el uso familiar del catalán es el 35 por ciento y el 65 del español, y en Barcelona (ciudad con población no catalana mayoritaria) es el 47 y el 49, respectivamente, y apenas un 5 por 100 habla en Vascongadas el vascuence. Para mayor infamia colonial, esta segregación no corre a cargo de las “nacionalidades” sino del presupuesto del Estado que pagamos todos los españoles. ¿A esto puede llamarse esperanzador futuro de una prolongada y fructífera convivencia civil?

 ¿Existe posibilidad de convivencia y cabida digna para la España que ve cómo a la más incalificable amnistía se contesta con crímenes masivos por parte de los etarras, a cuyos autores el Gobierno no descubre ni juzga; que, a la concesión de la ikurriña y demás enseña separatistas se responde con quemas incesantes de banderas españolas, sin castigo jamás por parte del Gobierno Suárez: que ante la apertura sin límite a las autonomías se enarbola el principio de la independencia, cuyos partidos, cuya propaganda y actos públicos se permiten totalmente, y las propuestas de secesión se consienten y se debaten en las Cortes, lo cual no se ha dado en país alguno europeo, y a favor de aquellos partidos consiente el Gobierno sustituir los Ayuntamientos y Diputaciones legítimas por comisiones gestoras ilegales que prepararán en las elecciones el triunfo del separatismo y la anexión colonial de Navarra?

 Se pretende raer de esas regiones cuanto se refiere a la presencia y el recuerdo de España, de hecho convertida en ellas en nación enemiga. En la nomenclatura de las calles barcelonesas se suprimen los títulos de Reyes Católicos, Hispanidad, Avión Plus Ultra, Covadonga, Concordia y tantos otros; en pueblos guipuzcoanos el nombre de España es sustituido por el de uno de los asesinos ajusticiados. El consejero de Educación de “Euskadi” -es todo un símbolo de lo que serán allí la enseñanza o la cultura- afirma, sin que se le destituya y procese, que si resucitara Sabino Arana, el hombre que decía ser el pueblo español el más vil de la tierra, vería y amaría como hijos a los miembros de ETA y a los partidos abertzales, a los cuales recibió el presidente Suárez el año pasado, les convoca e invita humilde el vicepresidente segundo a cenas de trabajo y pacto, mientras por las mismas fechas caían asesinados dos militares -sin que tampoco se descubra a los autores, claro está- y en el Parlamento un diputado abertzale y un diputado separatista catalán apologizan el terrorismo, aquél, y la independencia, ambos, como si el Gobierno admitiera por anticipado el “vae victis” de los separatistas a la pervivencia de España.

 Al margen de cinismo políticos y de dialécticas enmascaradoras, la realidad -sonrojante- es que hay una España enormemente mayoritaria que está aherrojada, agredida, vejada y negada en sus derechos por el sectarismo revanchista de una minoría -gobiernos, partidos, Cortes y ciertos sectores eclesiásticos- que se atribuyen gratuitamente la significación de la otra España. Y a la España victimada se la inflige por añadidura el máximo agravio moral, el trallazo espiritual de afirmar que la transición tiene lugar sin traumas y de presentar cada acto atentatorio contra ella como un paso más hacia la reconciliación y la paz.

 ¡De los fariseos líbranos, Dios!

 Carmelo VIÑAS Y MEY


Revista FUERZA NUEVA, nº 609, 9-Sep-1978



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A LA SITUACIÓN EN BARCELONA

 (…) La espeluznante televisión catalana (…) En el primer programa nuevo, de entrada, nos ha ofrecido el asunto del día: el decreto del catalán, con la intervención de la untuosa y melosa María Rubíes, que creo que es senadora o senatriz, como dice Camilo J. Cela.

 Lo chusco de este programa es que se nos ha ofrecido una encuesta callejera sobre el decreto del catalán donde ¡en España! ha habido unanimidad total y absoluta. Todo el mundo está encantado con el decreto del catalán, y se ha interrogado especialmente a castellano-hablantes, todos y cada uno de los cuales están contentísimos y opinan que está muy bien que se obligue a aprender catalán. Ni una sola discrepancia, miren ustedes por dónde. Nadie ha mantenido la idea de que hay que respetar la lengua materna; nadie se ha acordado de que en España no se puede exigir más que el español; nadie se ha acordado de que Cataluña, y no digamos Barcelona, es España; nadie se ha acordado de que obligar al catalán a un español-hablante es contravenir los derechos humanos y volver a las cavernas, a fuerza de retrocesos; a nadie se le ha ocurrido que hay millones, digo millones, de español-hablantes que ni en diez años hablarán nada más y nada menos que el idioma español, porque es el suyo, el de la madre que los parió y al que tienen derecho de uso en todo el territorio de España, del que Cataluña (y no digamos la cosmopolita Barcelona, donde son mayoría los que no hablan catalán) forma parte inseparable si no es por la fuerza, fuerza de la que me río a carcajadas.

 Pero en la «tele» catalana, la espeluznante, había consenso total; todos de acuerdo. Vamos a hacernos el loco y simularemos que nos lo creemos y que la encuesta es real y sin cortes. A nadie ha parecido mal, no ya en tal encuesta, sino en los medios de manipulación social ni en el Congreso, Senado y demás instituciones sagradas de la democracia (?) que padecemos, que lo único natural es que se establezcan escuelas en catalán, y el que se quiera ir que se vaya. (…)

 Ramón CASTELLS SOLER

 

 Revista FUERZA NUEVA, nº 615 ,21-Oct-1978