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El P. Leita, “contestatario” del P. Arrupe
El padre Juan Leita, jesuita,
desgraciadamente bien conocido de nuestros lectores por su libro anticatólico
“El fonament irreligiós de l’Esglesia”, ha “contestado” con ocho afirmaciones
al padre Arrupe, en su anunciada visita a los jesuitas españoles.
Al padre Leita le nombraron sus actuales
superiores profesor auxiliar de Sagrada Escritura en la Facultad de teología
jesuítica de San Cugat del Vallés, al mismo tiempo que condenaban al ostracismo
a otros beneméritos profesores del mismo centro. Hoy, ese mismo profesor
Leita es un “rebelde” y “contestatario” contra los mismos superiores que lo
encumbraron. Sus últimas actuaciones públicas han sido las declaraciones
hechas al vespertino “Tele-Exprés”, el 5 del pasado marzo (1970), en las que
desautoriza al padre Arrupe en vísperas de su visita a España.
Las declaraciones de Leita son ocho “contestaciones”
que suponen una toma de posición frente al padre Arrupe. Aunque su interés
intrínseco es nulo, tienen el valor demostrativo de la descomposición interna
de la gran Orden ignaciana. Leita pone de manifiesto el profundo descontento
que existe en la gran mayoría de los jesuitas españoles jóvenes y el estado
de inconformismo general que se da en los jesuitas de todos los niveles ante
la ineficacia del gobierno del padre Arrupe. En entrecomillado citamos
literalmente las “contestaciones” del Padre Leita numerándolas correlativamente.
1. “No sé
cuál es el motivo de la visita del Padre Arrupe a España”.
De entrada, se le dice al padre Arrupe que
su viaje carece de motivación. Ese viaje se mira, pues, con indiferencia, sin
interés alguno. ¡Magnífica unión de los subordinados con su General!
2. “Yo no
la creo necesaria, ya que todo hace pensar que ser una visita al estilo
clásico: causar impresión en los súbditos a base de discursos y charlas de
café”.
La repulsa del modo de proceder del padre
Arrupe es manifiesta. Se pone en la picota su manera de “gobernar”: palabras,
cartas, discursos, muchas secularizaciones y fracaso de su gobierno. Para que
no quede ninguna duda, Leita lo relata en la siguiente afirmación:
3. “Si ese
sistema fuera bueno, seguramente no hubiéramos llegado a la situación actual”.
Hay un hecho evidente que hace resaltar
Leita. La actual situación es deprimente y desastrosa, y la inmensa mayoría
de la Compañía en España, por una razón o por otra, está descontenta del
sistema del padre Arrupe. Se ha perdido la confianza en él. En este punto hay
unanimidad entre todas las llamadas “tendencias”. Incluso entre los mismos
actuales superiores es voz común que se lamentan de la falta de apoyo que
encuentran en Roma para los actos de gobierno en favor de que se cumplan las Constituciones
de la Compañía. De ahí su deseo de abandonar cuanto antes los cargos de
gobierno que ocupan.
Eso no son suposiciones gratuitas. Los
números cantan con una elocuencia aplastante. Se trata del “Survey”, encuesta
realizada entre los jesuitas españoles. De los 3.900 jesuitas españoles, respondieron
al cuestionario 1.775, es decir, un 45%. Y esto pese a las presiones y cartas
de los Provinciales. Más de la mitad de los jesuitas españoles, en un asunto
tan grave, se abstuvieron y mostraron una total indiferencia o desencanto por
el actual sistema de gobierno de la Orden.
Hay algo más grave aún: la mitad de ese 45%
que responde está en disconformidad con la actual Compañía del padre Arrupe.
Solamente el 50% contestaron que estaban “plenamente o bastante” conformes
con el gobierno del padre Arrupe. Es decir, que la base de apoyo que tiene el
padre Arrupe y sus inmediatos colaboradores, entre los jesuitas de España,
apenas llegan a la cuarta parte. En este punto tiene razón el padre Leita. Un
mal tan profundo y un descontento tan universal no se arreglan con charlas de
café y con viajes triunfalistas.
4. “Un
posible motivo podría ser la dimisión propuesta por algunos jesuitas”
Leita sabe muy bien que esos “algunos” son
centenares y centenares, que no se atreven a pedirlo públicamente por temor a
la represión interior. La mayoría de los jesuitas no tienen los apoyos de
Roma y del Arzobispo de Barcelona, que tiene el padre Leita, para poder
manifestar públicamente su pensamiento. Pero Leita apunta algo que es
evidente: el padre Arrupe intentará frenar la sangría que supone para la Compañía
de España la continuada salida de jesuitas, que suman ya varios centenares,
en su mayoría jóvenes, y que son parte de los 2.000 y pico que han salido de
la orden durante el actual desgobierno.
Para que no siga esa sangría se ha
propuesto la división. La han propuesto hombres de gobierno, de experiencia,
personalidades relevantes de la Orden, hombres maduros y jóvenes. No se ha
querido hacer ningún caso. Antes al contrario: el nombramiento de un Superprovincial
para todas las provincias jesuíticas españolas pretende ahogar
definitivamente la tentativa. Pero la preocupación manifestada por el propio
Sumo Pontífice, reconocida en carta colectiva por el mismo padre Arrupe, y la
respuesta afirmativa a la Santa Sede de 51 obispos españoles -más de la
tercera parte del Episcopado español-, que respondieron afirmativamente al
deseo de que la Compañía de España se dividiera, no es cosa que se puede
ocultar sin más.
Las salidas de la Orden son constantes. El
recientísimo caso del P. Ferrer, misionero hasta hace poco en la India, que
fue jaleado en su reciente venida a España por los superiores jesuitas, y que
acaba de unirse con una señorita inglesa, ante un pastor protestante, sin que
se enteren sus superiores de su salida y del abandono del sacerdocio, es una
comprobación lastimosa de lo que viene sucediendo. Por lo visto, la señorita
Anne Perry estaba mejor enterada de las actividades e intenciones del ex
padre Vicente Ferrer que su propio provincial, Juan Masiá, Provincial de la
Compañía de Jesús en Bombay. ¿Hay o no motivos de división? Son preguntas que
podría contestar, por ejemplo, en pública comunicación a la prensa el padre
Valero, Provincial de España.
5. “Pero
esto -la división- puede resolverse directamente desde Roma, simplemente
reflexionando sobre la alternativa de permitir un sistema fracasado o animar
a todos a un programa saludable”.
Vuelve a insistirse en la ausencia de
motivación en el viaje del padre Arrupe, pese a todo. Leita reitera que ese 75%
de jesuitas descontentos del padre Arrupe no esperan de él discursos sino
actos de gobierno. Y se le dice paladinamente que su sistema de gobierno ha
fracasado. ¿Soluciones? Leita, que es un radical del modernismo teológico,
empuja al padre Arrupe en la dirección de su corriente, para llegar a las
últimas consecuencias. No afirmó el padre Arrupe en la Universidad Católica
de Washington que la compañía existía para defender la libertad? Pues, según Leita,
debe seguir acelerando en esa dirección. El padre Arrupe no puede ya
retroceder.
6. “La
base de este progreso debería ser una libertad casi absolutamente para todos
los miembros de la Compañía, para dejar así que surjan las personalidades
reales dejando que éstas trabajen, sin dirigirlas ni sofocarlas. Luego ya
veremos hacia qué forma más estructurada y concreta debemos ir. Y esto habría
que dejarlo hacer con paz y tranquilidad. No creo que la Compañía pueda tener
ahora otro objetivo más concreto que éste”.
La casi absoluta libertad quiere decir que
no ha de haber reglas, constituciones, normas, superiores, votos, historia
que respetar. O que el elemento jurídico y los superiores no sean más que
figuras decorativas que presidan la pura yuxtaposición de clérigos sin ningún
vínculo entre sí. La Compañía actual, de tumbo en tumbo, se ha quedado sin
mensaje, sin objetivos, sin fin. Es la auto-demolición de la Compañía de
Jesús, la institucionalización en ella del modernismo que condena la “Pascendi”
y la “Ecclesiam Suam”. Estamos a millones de años luz de la Compañía compacta
y unida de San Ignacio. la de las “reglas para sentir con la Iglesia” y la de
la seguridad doctrinal.
7. “Por
otra parte, pienso que no hay que marcarse objetivos muy concretos. No puede
servir el marcado por el padre Arrupe: la lucha contra el ateísmo”.
Una vez más se desautoriza al padre Arrupe.
El encargo de luchar contra el ateísmo fue voluntad expresa de Pablo VI. Pero Leita, para que no quede la más mínima
duda, reafirma que los jesuitas no han de tener objetivos concretos. Estamos
ante el puro subjetivismo, la total anarquía personal. Repitámoslo: la auto-disolución
de la Compañía.
8. “Sí, en
cambio, pienso que puede hablarse de una función de la Compañía no como
estructura e institución. La Compañía de Jesús -contrariamente a lo que se
cree- siempre ha sido una Orden que ha dejado libertad a sus miembros en su
acción. Esto es lo que debe ser acentuado”.
La Compañía de Jesús ha quedado reducida a
una “función”… Ese es el resultado de tanto combatir las “estructuras” y del
afán de reformar las instituciones. El General, los superiores, para nada
sirven: es algo puramente “funcional”, como todo el conjunto de la
legislación jesuítica y de cuatro siglos de historia.
Así se justifican todas las guerrillas, las
herejías, los absurdos, el caos. El padre Leita no es un “contestatario”: es
la consecuencia lógica de todo un sistema. No es culpa de los “jóvenes”; fueron
otros “viejos” los que le prepararon para profesor de Sagrada Escritura de
los nuevos jesuitas. Y es el Vicario episcopal del Arzobispo de Barcelona -doctor
Marcelo González-, Juan Carrera -ahora implicado en la asistencia a una
reunión subversiva en la Parroquia de San Isidro de Barcelona-, quien le
premio y galardonó por su libro contra el Pontificado romano, que, a estas
horas todavía la autoridad eclesiástica no ha desautorizado ni al autor del
libro ni al que actuó como representante personal del Arzobispo. Como asimismo
tampoco le ha descalificado por los motivos de su asistencia a la reunión
ilegal aludida.
Hoy se recogen las tempestades de los
vientos que sembraron; y después se piensa en arreglarlo con algún sermón de
conceptos sublimes, pero continuamente manteniendo a los Leita, a los Carrera
y a todo lo que estos personajes significan.
Jaime TARRAGÓ
Revista FUERZA NUEVA, nº 174, 9-May-1970
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