Buscar este blog

lunes, 1 de diciembre de 2025

Intelectualismos sectarios sobre Cataluña (I)

 … Tres intelectuales españoles repetían, en el franquismo, errores de otros intelectuales españoles de 1930,  sobre Cataluña

 INTELECTUALISMOS SECTARIOS (I)

 Hoy, febrero de 1970, en la revista “Serra d’Or”, editada e impresa en el monasterio de Montserrat, los profesores Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren, hacen unas declaraciones, afirmando, el último de los citados, que “el Régimen que se estableció el año 39 era constitutivamente anticatalán”…

 ***

Se han cumplido cuarenta años de la concentración grotesca, cursi y nefasta, de intelectuales castellanos confraternizando con intelectuales catalanes, por marzo de 1930, en un acto de corrosivas y pedantescas exhibiciones, de suicidas inconsciencias, en aquellas hora de grandes euforias por la caída, traición y frustración del general don Miguel Primo de Rivera. Sainz Rodríguez, Bonilla Sanmartín, Marañón, Menéndez Pidal, Concha Espina, Augusto Barcia, Conde de Vallellano, Azorín, entre otros, habían pedido los mayores reconocimientos para la lengua catalana. El pretexto era noble, aunque no la intención de los que empujaban tales campañas ni los fines que perseguían.  

 El clima de aquellos tiempos lo pintaba Carlos Capdevila en “La Publicitat”, de 15 de marzo de 1930. Cada uno que lee este texto puede hacer paralelismos fácilmente sugeribles, en los planes subversivos de todas las épocas. Dice así: “La Dictadura de Primo de Rivera no era revolucionaria, pero preparó la revolución sin darse cuenta; ésta hubiera sido su obra positiva. Tal vez habrá sido insuficiente para provocarla,  pero ninguna otra fuerza ha trabajado tanto y tan bien para hacerla posible. En sesenta años no se ha respirado la atmósfera de revolución que actualmente ocupa el complejo hispánico”.

 Pérez de Ayala dio unas cuartillas a la prensa en las que enfáticamente proclamaba: “De la fraternidad intelectual entre Cataluña y el resto de España lo espero todo, y sin ella nada puede esperarse. Durante el banquete (…) Fernando de los Ríos, el socialista sefardita y elegante, ya apuntaba: “Es necesario que quien quiera emprender la transformación del problema catalán, emprenda antes la transformación de las instituciones que lo alimentan”. Ortega y Gasset anunciaba “la voluntad de hacer una España nueva”. El doctor Pi y Suñer, con aparente sensatez, afirmaba: “En uso de nuestro derecho y por nuestra voluntad, nuestra lengua nativa a la que amamos…, cosa que no impide que respetemos y amemos nuestra lengua castellana (…)

 Todo esto era biombo y máscara del complot contra la monarquía, el orden social y, por la misma pendiente, de la entrega de España al comunismo. Todo cuanto se decía en defensa de nuestra lengua catalana era legítimo; pero ni la lengua catalana era objetivo verdadero del dinamiterismo de la maniobra, ni muchos de los intelectuales embarcados en la aventura vislumbraron que no eran otra cosa que títeres de unos poderes y una “inteligentzia” matriz de otros acontecimientos, ajenos absolutamente a la lengua catalana… Algo de esto apuntó Carlos Capdevila cuando en “La Publicitat”, del 24 de marzo de 1930, comentaba: “El banquete de ayer hacía augurar unas posibilidades inéditas hasta ahora; a todos juntos, ellos y nosotros, toca elevarnos a hecho histórico trascendental para nuestro pueblo”. (…)

 Aquellos intelectuales no lo sabían todo

 Y vino el Pacto de San Sebastián. Y el 14 de abril de 1931, con su República, impoluta y limpia, que nos prometían Alcalá Zamora, Miguel Maura, Ossorio y  Gallardo y otros católicos entusiasmados con la nueva situación, incluso con la amplia complacencia del nuncio monseñor Tedeschini, dispuesto a sacrificar prelados virtuosos y fuerzas auténticamente contrarrevolucionarias para consolidar y bautizar a aquella República, saludada también, alborozadamente, por la Gran Logia Española de la Masonería (…)

 Y la “ventura de España”, del más puro estilo masónico, pronto tuvo sus primeros acordes y compases, para entrar en los periodos más borrascosos en que se encrespaba la tempestad republicana. Ya no rememoraremos los incendios del 11 de mayo, a los 27 días justos de proclamarse la República, las huelgas, el terrorismo, el paro obrero… Será José Ortega y Gasset, el de “delenda est Monarchia”, que ya el 6 de diciembre de 1931 nos hablaba del “perfil triste y agrio” de la República. Y en 3 de diciembre de 1933 se quejaba en “El Sol”: “Durante estos años -1931-33- se me ha insultado y vejado constantemente desde las filas republicanas… Pero hay más: los hombres republicanos han conseguido que, por primera vez después de un cuarto de siglo, no tuviese yo periódico donde escribir”. Pero llegó 1936. Unamuno, Ortega y Gasset, Baroja, Marañón. Pérez de Ayala, Azorín, Menéndez Pidal, al unísono hablaron y escribieron contra la entrega de la República a sus herederos naturales y dueños indiscutibles, que eran los partidos marxistas y sus compañeros de viaje de la coalición del Frente Popular.

 ¿Adónde quedaba aquel banquete fraternal de los intelectuales que, como Quijotes, querían defender a ciertas Dulcineas y deshacer entuertos, sin darse cuenta de la envergadura, del plan y de la causa que servían? Fue muy reconfortante en la España nacional leer el “Epílogo para ingleses” de Ortega y Gasset, que apareció en París en diciembre de 1937, como el ensayo “Liberalismo y Comunismo. Reflexiones sobre la revolución española”, que dio a luz el doctor Marañón, en 1938 en Buenos Aires. O el artículo de Pérez de Ayala, en el “The Times”, en el mismo 1936…. Pero nadie puede negar la responsabilidad en la falta absoluta de visión de aquellos intelectuales. (…)

 ***

Un triunvirato y una mesa redonda (1970)

 “Serra d’Or”, de febrero (1970), ha publicado una orquestada conversación sobre el problema catalán, el Estatuto, nuestra guerra, el separatismo y la lengua catalana, bajo la batuta del que ha dicho ser ateo Baltasar Porcel, colaborador asiduo de esa revista, que publica la Abadía de Montserrat. Cuanto afirman Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y López Aranguren, no pasa de los tópicos y la vulgaridad. En un tema que se presta a centrar ideas con rigor intelectual, no pasamos de la sobada fraseología del “Manifiesto” de 1924 y de las frases hechas del banquete fraternal de escritores castellanos y catalanes en 1930: les falta una visión de España en sus más grandes ideales e histórica catolicidad y las aplicaciones de los principios de las sociedades infrasoberanas, que son el único pluralismo orgánico y natural que equilibra la unidad y la variedad. Sorprende tanta mediocridad mental en personas que, por otra parte, tienen cultura. Pero cuando se defiende una causa con complejos y galerías a las que agradar…

 Porque toda la síntesis de la conversación de este triunvirato, en su deformación de los hechos más evidentes, se puede sintetizar en esta frase, a nuestro entender delictiva y calumniosa de Aranguren: “El régimen que se estableció el año 1939 era constitutivamente anti-catalán”. Ignoramos si la Ley de Prensa e Imprenta puede aceptar estos exabruptos que atentan a la misma noción de Patria y de Estado de Derecho. Lo ignoramos.

 Un breve recordatorio

 Es un daltonismo mental plantear el problema catalán simplemente en aspectos culturales y administrativos. El problema catalán es parte de la ideología, problemática y configuración del concepto de España, de la doctrina sobre participación en las tareas públicas, y del papel de España en su misión histórica. Recordar aspectos parciales del problema es ver el árbol arrancado del bosque. Esa fue la equivocación de los intelectuales que, de buena fe, acudieron al banquete de 1930. Este es el error histórico del catalanismo de las llamadas “derechas”, que no ha sido nunca compartido por el catalanismo izquierdista (siempre masónico, laicista, anticatólico, subversivo, disgregador, promarxista), para desembocar lógicamente en el marxismo más subido y ortodoxo. Mientras el catalanismo de derechas era aburguesado, colaboracionista, desespañolizador, antitradicionalista…

 Recordamos a los sres. Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren unas breves notas que les pueden dar que pensar y repensar en sus asertos:

 1- El 14 de abril de 1931, Maciá proclamó la “República Catalana” como parte integrante de la “Federación Ibérica”. A las pocas horas, Nicolau d’Olwer, Marcelino Domingo y Fernando de los Ríos convencieron a Maciá de que la “República Catalana” debía limitarse a mera “Generalitat de Catalunya”. Separatistas catalanes residentes en América reprocharon a Maciá su claudicación. Maciá, en junio de 1932, les contestaba, demostrando cómo el separatismo lleva intrínsecamente conexo el dominio marxista. Decía: “Desgraciadamente, la República Catalana, por hechos que sería largo de explicar, no tenía ayuda de organizaciones netamente nacionalistas y con criterio patriótico bien definido. Los grupos que la habían sostenido, extremistas de toda clase, habrían pasado factura al día siguiente de la revuelta callejera. Habríamos conseguido una República roja, cosa que repugnaba a la inmensa mayoría de catalanes” (…)

 2-Luis Durán y Ventosa, uno de los prohombres más significativos de la “Lliga”, escribe en su libro “Intoxicación oriental de occidente”: “Muchos recordamos la extraña sensación que sentían en diversas comarcas de España los que, conservando la serenidad, en aquellos meses que precedieron a la revolución anarco-comunista de 1936, veían a tanta gente que había de ser víctima de ella, vivir alegre y confiadamente sin darse cuenta del peligro que amenazaba. (…) El número de víctimas alcanzó cifras terribles y las ruinas fueron inmensas. España entera se resiente aún en todos los órdenes”. Cuando Durán y Ventosa escribía esto, recordaría el beneplácito con que el catalanismo histórico de derechas se disponía a acatar la República que se veía venir. (…) A este indiferentismo en el problema vital del sistema de gobierno de la nación, también podía don Luis Durán y Ventosa cargar “el vivir alegre y confiadamente” que años más tarde él denunciaba. Y sólo España y Cataluña pudieron salvarse de la revolución anarco-comunista de 1936 (…) gracias al esfuerzo del Ejército al que se unieron tantos españoles. Qué diría Durán y Ventosa si, a estas horas, pudiera leer en “Serra d`Or” que la liberación de Cataluña se juzga así: “El régimen que se estableció en 1936 era, constitutivamente, anticatalán”? (…)

 Cataluña, José Antonio y los olvidadizos Laín Entralgo y Ruiz-Giménez

 Dejando aparte a Aranguren, Laín Entralgo y Ruiz-Giménez habrían acertado plenamente sobre el problema catalán si, rememorando antiguos y ardientes fervores falangistas, hubieran tenido presentes unas palabras de José Antonio, de auténtica garra, y cuya apretada enjundia supera las siete páginas aburridas y venenosas que les ha brindado “Serra d’Or”. Nuestro José Antonio dijo para todos los tiempos: “Se ha dicho que la autonomía viene a ser el reconocimiento de la personalidad de una región; que se gana la autonomía precisamente por las regiones más diferenciadas, de caracteres más típicos; yo agradecería que meditásemos sobre esto: si damos autonomías como premio a una diferenciación corremos el riesgo gravísimo de que esta autonomía sea estímulo para ahondar la diferenciación. (…) Por eso entiendo que, cuando una región solicita la autonomía, lo que tenemos que inquirir es hasta que punto está arraigada en su espíritu la conciencia de unidad de destino; que estando bien arraigada apenas ofrecerá ningún peligro que demos libertad a esa región para que organice su vida interna”.

 Esto es lo que no vieron ni entendieron los intelectuales que vinieron a Barcelona en aquella juerga de 1930. El tono de las palabras de Ruiz-Giménez, Laín Entralgo y Aranguren nos han devuelto el regusto de aquel clima, léxico y ambiente mefítico que vivimos tras la caída de Primo de Rivera. Pero, sea lo que sea, a este triunvirato le ofrecemos las amargas palabras de Manuel Azaña, que también asistió en aquel banquete. En 1939, Azaña dijo: “Conmigo que no se cuente para nada. Me han dejado sólo… El que no es un sinvergüenza es un imbécil… En 1939 hemos perdido la razón y con ella la República. Y si alguna vez alguien puede restaurar en España no ya la República, sino lo que sea, de régimen más o menos liberal, lo primero que tiene que hacer es renunciar a todos los mitos creados en torno a la República y deshacer todos los ídolos. Porque si nuestra República se hubiese perdido el 18 de julio, otra cosa hubiese podido quedar acaso en la consideración de la gentes. Pero nos hemos ido envileciendo y al final ya no se ha salvado nada. El que lo vea de otra manera se engaña”.

 Y ahora, Aranguren, Ruiz-Giménez, Laín Entralgo, con “Serra d’Or” se dedican a resucitar mitos y a revalorizar ídolos. 

Jaime TARRAGÓ


 Revista FUERZA NUEVA, nº 17225-Abr-1970


No hay comentarios:

Publicar un comentario