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La carta
pastoral
Monseñor Cirarda, en la pastoral referente
a la detención de varios sacerdotes de la diócesis de Bilbao, habla de que ha
conmocionado a “muchísimos fieles”. Parece ser que la actitud de tales fieles
ha influido en las decisiones de monseñor, algunas tan espectaculares como la
supresión de los cultos solemnes al Sagrado Corazón y la prohibición del “Te
Deum” con motivo del aniversario de la liberación de la ciudad en 1937, según
el lector deduzca de las significativas cartas cruzadas entre el obispo y la
alcaldesa Pilar Careaga y la propia carta pastoral, leída obligatoriamente en
las iglesias.
Nosotros quisiéramos saber si monseñor no
tiene en cuenta el parecer de otros muchísimos fieles que se muestran
conformes con las medidas judiciales que las autoridades competentes toman en
relación con actitudes de sacerdotes que caen dentro de las leyes de la nación.
En los actos celebrados para conmemorar la liberación fue posible ver a miles
de bilbaínos, cuarenta mil según algunos cálculos, manifestar públicamente su
criterio en forma harto expresiva. Su catolicismo no puede ser puesto en duda
y ha sido demostrado en forma fehaciente desde la liberación a nuestros días,
cosa que no puede decirse, sin faltar a la verdad, de los grupos marxistas que
militan en la ETA o en otras agrupaciones subversivas, a pesar de lo cual
cuentan con asombrosos apoyos clericales.
¿Habrá que pensar que, en la diócesis de
Bilbao, hay dos clases de fieles, unos que merecen la atención del obispo y
del consejo presbiteral y otros, los más y los más fieles, mientras no se
demuestre lo contrario, que son tratados como extraños y ven, no sólo
menospreciados sus sentimientos, sino zaheridas y atacados, dentro de las
propias iglesias, ideas y símbolos que coinciden con las leyes que el país,
libre y clamorosamente, se ha dado? ¿Cuándo va el señor obispo a dedicar una
pastoral clara y tajante, a condenar la subversión, el terrorismo y el abuso
del ministerio sacerdotal, en vez de limitarse a alusiones de pasada en
documentos destinados a censurar medidas de los poderes públicos?
El obispo habla de la desconfianza y
actitudes de ruptura “con lo que se califica de Iglesia oficial” que parecen
producirse en los grupos “contestatarios”. ¿No ha pensado que esa misma
desconfianza puede surgir en el otro lado? Hasta hace poco la calificación de
“Iglesia oficial” venía hecha por quienes la consideraban unida a las
estructuras del Régimen. ¿No nos estamos encaminando hacia un nuevo concepto
de “Iglesia oficial, que califique a la que, sistemáticamente, se ponga en el
lado contrario? ¿Por huir de un clericalismo colaborador vamos a caer en un
clericalismo subversivo? La colaboración entre la Iglesia y el Estado viene,
después de todo, avalada por el Concilio. No puede decirse lo mismo de la
subversión.
El
Concordato
Monseñor Cirarda ha sostenido repetidamente
la idea de que el Concordato de 1953, nos guste o no, ha de ser observado
mientras exista. Y denuncia los posibles incumplimientos del mismo que
suponen determinadas detenciones de sacerdotes. En cambio no habla del
incumplimiento del Concordato que supone no observar la obligación de elevar preces
los sacerdotes por el Jefe del Estado. Si, como dice, es de justicia cumplir
los compromisos adquiridos, ¿por qué no exige en quienes de él dependen su
cumplimiento antes de hacer reproches a los demás?
Resulta excesivamente moderado que monseñor
diga: “Lamentamos y desaprobamos las reacciones desmedidas que hayan podido
producirse en la búsqueda de la libertad legítima, empleando medios injustos,
especialmente si ha podido hacerse por algún sacerdote”. Párrafo, como se ve,
que no incluye las reacciones producidas en la búsqueda de objetivos que nada
tienen que ver con la libertad legítima. Las condenas de sacerdotes por los
tribunales competentes, en aplicación de la Ley de Represión del Bandidaje y
Terrorismo, demuestran que ha habido acciones que se salen de ese margen.
El periódico “Ya”, que ha intentado
justificar, con la mejor voluntad, actuaciones eclesiales en los “sucesos de
Bilbao” es bastante más tajante que monseñor Cirarda a este respecto. Con
referencia a quienes han empleado “medios injustos”, dice sin ambigüedades:
“Tristemente esta minoría que prácticamente se sitúa al margen de toda “Iglesia
oficial” e impugna lo que llama falta de valor evangélico del prelado, está
sometida a una inducción a la violencia que nada o muy poco tiene que ver con
el espíritu evangélico, del que el señor obispo es testigo. No vacilamos en
condenar enérgicamente que, en nombre del evangelio, se proclame la necesidad
de vivir al margen de la Iglesia y en abierta oposición con ella. Creemos que,
haciéndolo así, ese grupo comete una gravísima equivocación. Nosotros estamos
contra todos los excesos, vengan de donde vengan, e invoquen los principios
que invoquen”.
Juan NUEVO
Revista FUERZA NUEVA, nº 182, 4-Jul-1970
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