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Ottaviani
se fue, pero ahí están los comunistillas de sacristía que denunció el
Cardenal dimitido
Una nueva
crisis hepática, complicada con la gripe, me retiene en la cama. Me visita mi
buen párroco, tan identificado con ¿Qué PASA?, y compañeros requetés y
falangistas. Mi párroco me comenta, dolorido, hechos que ocurren en la vida
eclesiástica. A mí algunos hechos me parecen demasiado gordos, a pesar de
estar ya vacunado contra sorpresas progresistas. Pero, ¿es verdad que la
inauguración de una capilla protestante, en el mismísimo culto protestante
han asistido unos sacerdotes con feligreses suyos? ¿Es verdad que el
reverendo José María Bardes Huguet, en una charla en el seminario habló en
forma muy discutible sobre la obediencia'' ¿Es verdad que en la parroquia de
San Ignacio, de Barcelona, han permitido a los fieles tomar la Sagrada forma
con su propia mano y que en
la Nochevieja, en cierto templo parroquial, se firmaron documentos políticos
y, tras retirar al Santísimo, hubo refrigerio? Lo preguntamos porque nos lo
confirman informes autorizados desde varias fuentes inconexas entre sí.
Lo que sí es
verdad es que el venerado párroco de la parroquia de la Concepción, reverendo
Pedro Rifé, ha presentado la dimisión, por razón de su edad pero lo que se
comenta en Barcelona es que dicho digno sacerdote ha sido víctima de una
campaña muy bien organizada, que con diferentes y repugnantes procedimientos
han querido minar su autoridad de párroco. Las cartas en «Destino», la cadena
de calumnias y murmuraciones contra dicho párroco y sobre todo la actividad
del reverendo don Francisco de P. Sala Arnó, vicario episcopal, que
celebrando misa en dicha parroquia, en contra de lo dispuesto por la
Conferencia Episcopal Española y las normas
de dicha
parroquia concordantes con las mismas, en forma harto imprudente, quiso
obligar a comulgar de pie, provocando en el templo un escándalo entre los
fieles, con el consiguiente altercado de palabras.
Al mismo
tiempo, el reverendo Rifé recibía una carta del vicario general, reverendo
José María Guix, por la que se atribuye al prelado no importarle la comunión
de pie o de rodillas o si las mujeres han de cubrirse o no con el velo en el
templo. Mi párroco me dice: es ofensivo atribuir al señor arzobispo una
desobediencia al Derecho Canónico que preceptúa el velo sobre la cabeza de la
mujer en el templo y la manera de comulgar, en discrepancia con la norma de
todo el Episcopado español.
También es
verdad que el reverendo don Casimiro Martí, en «El Correo Catalán», del 12 de
enero actual, publica un artículo en el que recoge las críticas personales
contra Pablo VI que hizo Enrique Miret Magdalena y que ironiza sobre unas
palabras del actual nuncio, monseñor Dadaglio.
Mientras
tanto, desde «Destino», José Dalmáu y Jordi Llimona han dicho barbaridades
por las que en otro tiempo, por muchísimo menos, se incluían libros en el
índice o se privaba de celebrar misa a los sacerdotes escandalosos. Ahora se
publican notas de libros marxistas, como el reciente de José Dalmáu, que nos
consta que ha confesado el propio vicario general, reverendo José maría Guix,
que sólo ha servido para la propaganda y venta de dicho libro ¡Con lo fácil
que hubiera sido al doctor Guix impedir su publicación y venta!
Nosotros nos
limitamos a reseñar tan tristes noticias, indefensos por no poder asegurar a
nuestros hijos ante la avalancha de errores religiosos y morales, sin que los
que deban custodiar la integridad de la fe católica hablen claro y desenmascaren
a los lobos. La visión de mi párroco, ya mayor, que casi lloraba, me ha
puesto más enfermo. En Barcelona nos toca sufrir mucho.
A. RECASENS
SALVAT
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 213, 27-Ene-1968
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