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ANTONIO DE OLIVEIRA SALAZAR: UN HOMBRE
PARA LA ETERNIDAD
Con la muerte de Oliveira Salazar, ocurrida
la semana pasada, Portugal ha perdido al hombre que supo aunar los esfuerzos
de los patriotas portugueses en su afán de permanecer unidos de cara a un
mundo que, en ocasiones, ha llegado a ser hostil. Este hombre que, durante
casi medio siglo, se ha encontrado ligado a la historia de la nación hermana,
ha sabido, con mano firme, procurar en todo momento lo mejor para su Patria.
Portugal -y hoy el mundo todo- es consciente de este hecho y nosotros, desde
la atalaya de nuestro sentido común, vemos como aún hoy, tras su larga enfermedad,
la vecina nación continúa esforzándose por mantener la línea política -difícil,
de cara a un mundo de contexturas dudosas- que él supo definir y que él
delimitó con una visión de lo político, de lo social y de lo económico que,
quizás, el mundo no haya sabido reconocer a tiempo.
El doctor Oliveira Salazar nace en Santa Comba
Dao, en la provincia de Beira, el 28 de abril de 1889. Contaba, pues, a la
hora de su fallecimiento 81 años de edad. Cursó, con gran brillantez,
estudios eclesiásticos en el seminario de Viseu y, los universitarios en la
Universidad de Coímbra, en cuya Facultad de Derecho se graduó con el premio
extraordinario y en donde desarrolló, como tesis doctoral, “La reducción de
los gastos del Estado”, con lo que ya empezaba a demostrar el enorme interés
y preocupación que iba a tener por las ciencias económicas.
Oliveira Salazar ha sido un ferviente
católico a lo largo de su vida. Prueba de ello ha sido su preocupación
constante por las cosas de la Iglesia, y ya desde su juventud, colaboró
destacadamente en el diario del partido Centro Católico, llamado “As Novedades”,
en el que publicó una serie de magistrales artículos sobre lo que debía ser
la reorganización de Portugal. Ya en 1921, resultó elegido como diputado por
el partido citado anteriormente y ocupó, aunque no por mucho tiempo, el
escaño que por tal designación le correspondía en el Parlamento. Decimos que
por poco tiempo, porque pronto se decepcionó con lo retórico del órgano,
donde pensaba que no podría llegar a desarrollar las tareas que él pensaba
necesarias para una reorganización auténtica de su país. Decepcionado, pues,
por todo esto, decidió abandonar la vida política y retirarse de nuevo a la
Universidad de Coímbra.
Salazar en el poder
Cuando los militares en el año 1926
llegaron el poder, el entonces presidente de la nación, general Carmona, en
vista de la situación económica tan desastrosa por la que atravesaba Portugal,
propuso al Gobierno que aceptase que el doctor Oliveira Salazar ocupase la
cartera de Finanzas, pero al no obtener éste el voto de confianza del Gobierno,
no tuvo más remedio que verse obligado a dimitir.
Sin embargo, la honradez y sinceridad que
caracterizaban a Oliveira, los conocimientos que tenía acerca de la economía,
su honestidad profesional y humana deparaban al político luso una importante misión
política como conductor de su patria, y así, sólo dos años más tarde -cuando
contaba 39- fue llamado definitivamente por el Gobierno para hacerse cargo
del Ministerio de Hacienda. Desde este momento, Salazar había de ser el
hombre que todo el resto de su vida se iba a encontrar como eje del régimen
portugués, como su alma, como su guía.
“Queremos marchar hacia una economía nueva,
trabajando al unísono con la naturaleza humana, bajo la autoridad de un
Estado fuerte que defienda los intereses supremos de la nación, su riqueza y
su trabajo, tanto contra los excesos capitalistas como contra el bolchevismo
destructor”, dijo Salazar en esos días, cuando empezaba a delimitar lo que
iba a ser su vida política, cuando nacía el Salazarismo -que habría de
conocerse en el mundo así- cuando sobre Portugal, como un ave fénix, renacía
la esperanza y la ilusión por una patria mejor, por una vida mejor.
Era que la energía, el anticomunismo y la
unidad se hermanaban, como apreciamos en el esquema perfecto, estructural del
estadista portuguesa que, dos años más tarde, sería al mismo tiempo nombrado
ministro de Colonias, prestándole la oportunidad de reorganizar la vida
económica de las posesiones portuguesas de ultramar y sus relaciones
políticas con la metrópoli. Tenemos que adelantar, y de pasada, que una de
las mayores preocupaciones de Salazar ha sido siempre la unión del país, la
intensificación de las relaciones de todas las provincias de la Nación, su perfecto
engranaje y su unidad consciente.
La constitución de Portugal
Al constituirse en 1930 el partido de Unión
Nacional, en cuyos discursos fundacionales marcó la pauta a seguir para hacer
un Portugal distinto, decía Salazar que la primera necesidad del país había
de estar basada en la plena y total independencia real de la nación. Sobre
estas bases empezó a trabajar, dibujando con finos trazos la línea política a
seguir, esa línea que había de ser envidiada por unos, criticada por otros. A
continuación expuso su confianza en un poder ejecutivo fuerte dentro de la
armonía de los poderes y terminó anunciando el establecimiento de un régimen
corporativo.
Fue el día 5 de julio de 1932 cuando el
presidente Carmona lo nombró jefe del Gobierno. Y, a partir de este momento, el
profesor Oliveira Salazar tiene la oportunidad de poner en práctica toda una
teoría política que es el fruto de la meditación y el estudio de muchos años.
Y se aplica de lleno a esta tarea con una energía extraordinaria. Su primer
paso consiste en proporcionar un cauce constitucional al Nuevo Estado nacido
de la revolución de 1926. La
Constitución por él propugnada y
aprobada mediante plebiscito de toda la nación entra en vigor el 11 de abril
de 1933 y en ella se fijan los principios
de una justicia y de una moral de base cristiana superior a los derechos del
Estado.
Oliveira Salazar, al mismo tiempo que era
jefe del Gobierno, conservaba su cartera de Hacienda y, en el año 1936, asumió
la de Prensa, Propaganda y Asuntos Exteriores, coincidiendo con el Movimiento
Nacional español, momentos difíciles, pues, para un estadista que amaba a
España y que la consideraba como la nación hermana que había de permanecer
unida a los designios históricos del Portugal de siempre.
Su amistad por España
El 12 de mayo de 1938, reconoció al
gobierno del General Franco, cuando todavía en España estaba mediada nuestra
guerra de Liberación Nacional. “Nosotros y España, dijo en aquel entonces,
somos dos hermanos, con casa separada en la Península, pero seguramente más amigos
por ser independientes y celosos de nuestra autonomía”. De esta forma,
Salazar definía con claridad su postura hacía España, su reconocimiento al Régimen
español que se desperezaba en los campos de batalla para conseguir una patria
mejor, una nación que -como Salazar- también nosotros señalábamos.
Esta amistad quedaría más tarde comprobada,
con gran cantidad de muestras de afecto hacia España y hacia su Caudillo. La
firma del pacto Ibérico, la recomendación de Salazar al presidente Carmona
para que visitase Madrid y su oposición directa a la recomendación de la ONU
en 1946, para que retirasen sus miembros los embajadores de España, no han
sido más que pequeñas muestras de ese afecto del que los españoles siempre nos
hemos de sentir orgullosos.
Salazar, su pérdida, significaba mucho para
el mundo occidental. Salazar no es sólo un hombre para la historia de
Portugal sino para la historia de todos los nacionalismos universales. Un ejemplo
a seguir, una meta.
Su muerte, tras penosa y larga enfermedad,
ha sido seguida con enorme celo por toda la prensa internacional. En España,
hemos sentido como hermanos esta pérdida que ha significado tanto para los
designios de ambas naciones hermanas.
Revista FUERZA NUEVA, nº 187, 8-Ago-1970
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