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martes, 9 de junio de 2026

Oliveira Salazar: un hombre para la eternidad

 Artículo de 1970

 

ANTONIO DE OLIVEIRA SALAZAR: UN HOMBRE PARA LA ETERNIDAD

 Con la muerte de Oliveira Salazar, ocurrida la semana pasada, Portugal ha perdido al hombre que supo aunar los esfuerzos de los patriotas portugueses en su afán de permanecer unidos de cara a un mundo que, en ocasiones, ha llegado a ser hostil. Este hombre que, durante casi medio siglo, se ha encontrado ligado a la historia de la nación hermana, ha sabido, con mano firme, procurar en todo momento lo mejor para su Patria. Portugal -y hoy el mundo todo- es consciente de este hecho y nosotros, desde la atalaya de nuestro sentido común, vemos como aún hoy, tras su larga enfermedad, la vecina nación continúa esforzándose por mantener la línea política -difícil, de cara a un mundo de contexturas dudosas- que él supo definir y que él delimitó con una visión de lo político, de lo social y de lo económico que, quizás, el mundo no haya sabido reconocer a tiempo.

 El doctor Oliveira Salazar nace en Santa Comba Dao, en la provincia de Beira, el 28 de abril de 1889. Contaba, pues, a la hora de su fallecimiento 81 años de edad. Cursó, con gran brillantez, estudios eclesiásticos en el seminario de Viseu y, los universitarios en la Universidad de Coímbra, en cuya Facultad de Derecho se graduó con el premio extraordinario y en donde desarrolló, como tesis doctoral, “La reducción de los gastos del Estado”, con lo que ya empezaba a demostrar el enorme interés y preocupación que iba a tener por las ciencias económicas.

 Oliveira Salazar ha sido un ferviente católico a lo largo de su vida. Prueba de ello ha sido su preocupación constante por las cosas de la Iglesia, y ya desde su juventud, colaboró destacadamente en el diario del partido Centro Católico, llamado “As Novedades”, en el que publicó una serie de magistrales artículos sobre lo que debía ser la reorganización de Portugal. Ya en 1921, resultó elegido como diputado por el partido citado anteriormente y ocupó, aunque no por mucho tiempo, el escaño que por tal designación le correspondía en el Parlamento. Decimos que por poco tiempo, porque pronto se decepcionó con lo retórico del órgano, donde pensaba que no podría llegar a desarrollar las tareas que él pensaba necesarias para una reorganización auténtica de su país. Decepcionado, pues, por todo esto, decidió abandonar la vida política y retirarse de nuevo a la Universidad de Coímbra.

 Salazar en el poder

 Cuando los militares en el año 1926 llegaron el poder, el entonces presidente de la nación, general Carmona, en vista de la situación económica tan desastrosa por la que atravesaba Portugal, propuso al Gobierno que aceptase que el doctor Oliveira Salazar ocupase la cartera de Finanzas, pero al no obtener éste el voto de confianza del Gobierno, no tuvo más remedio que verse obligado a dimitir.

 Sin embargo, la honradez y sinceridad que caracterizaban a Oliveira, los conocimientos que tenía acerca de la economía, su honestidad profesional y humana deparaban al político luso una importante misión política como conductor de su patria, y así, sólo dos años más tarde -cuando contaba 39- fue llamado definitivamente por el Gobierno para hacerse cargo del Ministerio de Hacienda. Desde este momento, Salazar había de ser el hombre que todo el resto de su vida se iba a encontrar como eje del régimen portugués, como su alma, como su guía.

 “Queremos marchar hacia una economía nueva, trabajando al unísono con la naturaleza humana, bajo la autoridad de un Estado fuerte que defienda los intereses supremos de la nación, su riqueza y su trabajo, tanto contra los excesos capitalistas como contra el bolchevismo destructor”, dijo Salazar en esos días, cuando empezaba a delimitar lo que iba a ser su vida política, cuando nacía el Salazarismo -que habría de conocerse en el mundo así- cuando sobre Portugal, como un ave fénix, renacía la esperanza y la ilusión por una patria mejor, por una vida mejor.

 Era que la energía, el anticomunismo y la unidad se hermanaban, como apreciamos en el esquema perfecto, estructural del estadista portuguesa que, dos años más tarde, sería al mismo tiempo nombrado ministro de Colonias, prestándole la oportunidad de reorganizar la vida económica de las posesiones portuguesas de ultramar y sus relaciones políticas con la metrópoli. Tenemos que adelantar, y de pasada, que una de las mayores preocupaciones de Salazar ha sido siempre la unión del país, la intensificación de las relaciones de todas las provincias de la Nación, su perfecto engranaje y su unidad consciente.

 La constitución de Portugal

 Al constituirse en 1930 el partido de Unión Nacional, en cuyos discursos fundacionales marcó la pauta a seguir para hacer un Portugal distinto, decía Salazar que la primera necesidad del país había de estar basada en la plena y total independencia real de la nación. Sobre estas bases empezó a trabajar, dibujando con finos trazos la línea política a seguir, esa línea que había de ser envidiada por unos, criticada por otros. A continuación expuso su confianza en un poder ejecutivo fuerte dentro de la armonía de los poderes y terminó anunciando el establecimiento de un régimen corporativo.

 Fue el día 5 de julio de 1932 cuando el presidente Carmona lo nombró jefe del Gobierno. Y, a partir de este momento, el profesor Oliveira Salazar tiene la oportunidad de poner en práctica toda una teoría política que es el fruto de la meditación y el estudio de muchos años. Y se aplica de lleno a esta tarea con una energía extraordinaria. Su primer paso consiste en proporcionar un cauce constitucional al Nuevo Estado nacido de la revolución de 1926. La Constitución por él propugnada y aprobada mediante plebiscito de toda la nación entra en vigor el 11 de abril de 1933 y en ella se fijan los principios de una justicia y de una moral de base cristiana superior a los derechos del Estado.

 Oliveira Salazar, al mismo tiempo que era jefe del Gobierno, conservaba su cartera de Hacienda y, en el año 1936, asumió la de Prensa, Propaganda y Asuntos Exteriores, coincidiendo con el Movimiento Nacional español, momentos difíciles, pues, para un estadista que amaba a España y que la consideraba como la nación hermana que había de permanecer unida a los designios históricos del Portugal de siempre.

 Su amistad por España

 El 12 de mayo de 1938, reconoció al gobierno del General Franco, cuando todavía en España estaba mediada nuestra guerra de Liberación Nacional. “Nosotros y España, dijo en aquel entonces, somos dos hermanos, con casa separada en la Península, pero seguramente más amigos por ser independientes y celosos de nuestra autonomía”. De esta forma, Salazar definía con claridad su postura hacía España, su reconocimiento al Régimen español que se desperezaba en los campos de batalla para conseguir una patria mejor, una nación que -como Salazar- también nosotros señalábamos.

 Esta amistad quedaría más tarde comprobada, con gran cantidad de muestras de afecto hacia España y hacia su Caudillo. La firma del pacto Ibérico, la recomendación de Salazar al presidente Carmona para que visitase Madrid y su oposición directa a la recomendación de la ONU en 1946, para que retirasen sus miembros los embajadores de España, no han sido más que pequeñas muestras de ese afecto del que los españoles siempre nos hemos de sentir orgullosos.

 Salazar, su pérdida, significaba mucho para el mundo occidental. Salazar no es sólo un hombre para la historia de Portugal sino para la historia de todos los nacionalismos universales. Un ejemplo a seguir, una meta.

 Su muerte, tras penosa y larga enfermedad, ha sido seguida con enorme celo por toda la prensa internacional. En España, hemos sentido como hermanos esta pérdida que ha significado tanto para los designios de ambas naciones hermanas.


 Revista FUERZA NUEVA, nº 187, 8-Ago-1970 

 

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