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El
sacerdote Louis Evely y la rebelión de estudiantes antijesuitas
Van a
cumplirse pronto los cinco años (1965) de unos hechos que son causa de
explicación de sucesos que comenta toda Barcelona estos días (1970), a pesar
del secreto con que han querido rodeárselos. Los sembradores del mal y de la
demagogia acaban recogiendo, en su propia casa, el mismo mal que ellos sembraron. En aquella sazón (1965) gobernaba las diócesis de Barcelona el doctor Modrego.
El padre Rifá, actual provincial de los jesuitas catalanes, era en aquellas
fechas superior de la Casa de las Congregaciones Marianas, bien conocida en
Barcelona porque durante los últimos superioratos de los padres Batlle y
Rifá, se había convertido en un centro de agitación política y de catalanismo
histérico. El provincial era entonces el padre Ribas, actual director de la casa
de estudios de San Cugat, entre cuyos profesores se contaba el tristemente
célebre padre Leita. Estos nombres de jesuitas son importantes porque sus
culpas adquieren mayor volumen al experimentar el nivel de subversión a que
estamos asistiendo en el ambiente religioso de Barcelona.
En la citada
casa de las Congregaciones Marianas organizaron los jesuitas (1965) unas
conferencias a cargo del todavía por entonces sacerdote, abate Louis Evely,
de nacionalidad belga. Aquellas conferencias fueron la plataforma de
lanzamiento del futuro renegado en los ambientes católicos de Barcelona y de
toda Cataluña. Su venida a Barcelona y el apoyo prestado por los jesuitas fue
orquestada por un gran despliegue publicitario y exhibiciones periodísticas (…)
Sobre el
nombre de Evely y sobre sus libros, que aparecieron simultáneamente y con
profusión en todos los escaparates de las librerías, se montó todo un tinglado
seudo-religioso y seudo-comercial, que pretendía dar base ideológica a los
afanes de anarquía reformista que se había destapado en tantos clérigos
deseosos de ser los pioneros de una “nueva” Iglesia. Su nuevo evangelio era
entonces “Una religió per el nostre temps”, de Louis Evely. Con la autoridad
moral que daba la calurosa aprobación de los superiores de la Compañía de
Jesús a la actitud religiosa de Evely, ese libro se convirtió en manual de
meditación de innumerables conventos y comunidades religiosas y en la lectura
espiritual (¡¡) de muchachas y muchachos en plena adolescencia, con el
consiguiente perjuicio en su formación moral y religiosa. Lo que ha venido
después, desde la mascarada de los clérigos de la Vía Layetana (1966) hasta
la reciente rebelión anti jesuítica del Instituto Químico de Sarriá, tiene su
principio en la introducción de Evely, como ácido disolvente de la fe
católica.
Ataque al
dogma católico
Esta obra de
Evely, la más conocida, y otras varias más publicadas, están plagadas de errores,
ambigüedades y negaciones doctrinales. Se le había prohibido por ese motivo y
por otros que afectaban a cosas más personales, conferencias suyas en Bélgica,
Francia y Canadá. En su propia diócesis carecía de licencias. Era uno de los
dirigentes de los “grupos proféticos” denunciados por el Santo Padre, cuya
doctrina anticatólica magistralmente resumió el conocido documento publicado
por la revista “Ecclesia”. Evely pertenecía a esos movimientos subterráneos,
cuya misión consiste en desarticular a
la Iglesia fiel a la doctrina de Cristo por la otra fidelidad a los
principios de Marx.
A pesar de
todo ello, los jesuitas organizaron las conferencias de Evely. En Barcelona
se atribuía la máxima responsabilidad de este clima y de lo sucedido a las
líneas seguidas por los padres Álvarez Bolado, Rifá y Comas. En la primera de
las conferencias, ante un público de religiosas, jesuitas, colegialas,
algunas personas mayores y congregantes, Evely atacó el dogma católico,
enfundando en sutilezas, disimulos de lenguaje e ironías. Un buen teólogo, el
padre Roig Gironella, S.J., le interpeló valientemente, para que se definiera
en asunto tan decisivo como el dogma del infierno. Recibió evasivas por parte
de Evely y abucheos por gran parte del público. Entonces, vuelto ante el
mismo, el padre Roig, levantando la voz, proclamó que por esa fe que se
negaba allí, él estaba dispuesto a morir. El espectáculo fue realmente bochornoso.
En una casa de la Compañía de Jesús había sido escarnecida la fe católica y
despreciado el intento de volver por los fueros de la verdad.
En este
estado de ánimo llegó, al día siguiente, la segunda conferencia. Apenas Evely
se había situado en el estrado, un grupo de congregantes, haciendo uso
legítimo de su derecho de no permitir que en su propio local, el fundado por
el llorado padre Vergés, se convirtiera en cátedra de irreligión, subió al
escenario y anunció que impedían que Evely volviera a verter más sofismas, a
menos que rectificara en todos los errores doctrinales contra la fe católica.
Se produjo un tumulto. La conferencia tal como estaba proyectada no pudo
tener lugar. Evely fue apartado del escenario. Los jesuitas, ante la
imposibilidad de reanudar los propósitos anunciados e incapaces de dominar aquel
desconcierto que ellos mismos habían provocado, requirieron la presencia de
la policía, que detuvo al pequeño grupo de congregantes. ¡Aquella casa,
centro de conspiración contra el Régimen constituido, pidió la fuerza de ese
mismo Régimen del que dicen abominar, en contra de los mismos congregantes de
su propia Congregación!
El Tribunal
de Orden Público juzgó y condenó a aquellos congregantes. Fueron testigos en
contra de estos defensores de la fe católica tres jesuitas: los padres Comas,
Velasco y Muntané, este último -según me dicen- hoy secularizado. Los tres,
súbditos del Padre Rifá, con cuya presencia es el Madrid para deponer en
contra de los congregantes
Sin
rectificación
La salida
definitiva del sacerdocio por parte de Evely, su unión matrimonial posterior
y su apartamento de la Iglesia ha caído en la conspiración del
silencio. Sus libros siguen en las librerías y los superiores jesuitas no
han rectificado ni alertado a los fieles, poniéndoles en guardia sobre Evely.
El mal sigue continuando sus estragos. Así las cosas, ha caído como una bomba
la noticia que nos viene a través de “Le Monde”, del 5 del pasado junio (1970).
La farisaica
y sugerente literatura de “Le Monde”, de “Temoignage Chretien” y de “Informations
Catholiques Internationales” no puede ocultar que el renegado sacerdote Evely
trata, en su libro, de destruir los principales misterios y dogmas de la fe,
en divulgada vulgarización de aquel Renan, “el blasfemo de Europa” según
fuera calificado por Pío IX.
El Episcopado
francés tiene dadas muy sobradísimas pruebas de sus tan culpables transigencias
con la heterodoxia, pero la del exsacerdote Evely debe ser tan blasfema y
grosera que, por una vez, ha merecido esa discreta y miedosa “puesta en
guardia” contra él, sin atreverse a suscribir cuanto dictamina su denunciante,
el teólogo Durassier.
Unas líneas
más, Renan, “el blasfemo de Europa”, es ahora editado y leído en España,
anunciado en las revistas de Acción Católica de Barcelona, sin hacer
despertar de su catalepsia epidémica y general a nuestras jerarquías
eclesiásticas. No nos asombraríamos si su epígono Evely fuera también
reeditado y difundido con la aquiescencia de nuestras jerarquías, escudados
en la aprobación manifiesta de los superiores jesuitas. (…)
Aquí nos
preguntamos: ¿Es obligado y acto meritorio el impedir el asesinato de los
cuerpos? ¿Y es delito que se pena el impedir el asesinato y la intoxicación
de la juventud y de la fe católica de Barcelona’ Esperamos la respuesta teologal
y jurisprudencial de los teólogos moralistas y superiores jesuitas y el
refrendo de las jerarquía eclesiales y estatales.
Pues mientras
tanto, el mal sigue dando sus frutos para los que lo han sembrado. La
rebelión contra los jesuitas de los alumnos del Colegio Mayor “Loyola”, anejo
al Instituto Químico de Sarria (Barcelona), es la rebelión de los alimentados
con las doctrinas de Evely contra sus propios formadores. Pero esto merece
otro comentario y será otro día, para que también lo pueda historiar mi buen
amigo el padre Guillermo Furlong, historiador de la Compañía de Jesús en
Buenos Aires, que tan buenas migas hicimos durante mi estancia a la Argentina. Jamás en la historia de la Compañía de Jesús podrá encontrarse una página más
vergonzosa que la que en esta ocasión patrocinó el padre Enrique Rifá, provincial
de la Compañía de Jesús decadente y desprestigiada que actualmente tiene que
sufrir Barcelona y Cataluña.
Jaime
TARRAGÓ
Revista FUERZA NUEVA, nº 185, 25-Jul-1970
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