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PARA ACABAR CON LA
SUBVERSION UNIVERSITARIA HAY QUE VOLVER A LAS ORIENTACIONES DE LAFALANGE FRENTE AL MARXISMO.
En una carta publicada en el diario «S.P.» del pasado 30 de diciembre,
se lee:
«A partir de 1957, fecha fatídica para éste y otros sectores de ¡a
vida nacional, la nefasta despolitización realizada en la Universidad,
suprimiendo todo lo sugestivo que existía en el desaparecido SEU hizo posible
la repolitización informal y anárquica que ahora estamos sufriendo. Ahí está
precisamente el auténtico origen del problema: el intento de despolitización.
Despolitizar la Universidad (como despolitizar las corporaciones) es romper
en su esencia el contenido humanístico y totalizante que es absolutamente fundamental
en la Universidad. Es separar todo lo social que hay en el hombre para
reducirlo a solo individuo. Y el individuo no es persona. En consecuencia,
las manifestaciones de un conjunto de individuos serán las que observamos
ahora: incoordinación, insolidaridad, incomprensión y, en general, todos los
factores que destruyen la armonía social».
Estamos completamente identificados con lo que escribe Carlos León
Roch. Añadiremos además que ya el mismo SEU fue debilitado e intoxicado de
filosofías que no respondían a la ideología de las esencias católicas,
patrióticas, tradicionales y falangistas.
La auténtica postura, por ejemplo, de la Falange Española ante la
Universidad estaba en un trabajo radiodifundido titulado «Orígenes de la
revolución antinacional española. La secta de Giner de los Ríos». Se puede
leer en la «Gaceta Regional», del 30 de septiembre de 1936. He aquí cómo se
expresaba la auténtica Falange, con la cual sentimos plenamente:
«Si queremos que sea fecundo y
auténticamente renovador el glorioso Movimiento del 18 de julio es necesario
que tengamos todos una noción clara y precisa de las causas principales que,
durante un larguísimo proceso, han venido incubando la revolución
antinacional española…
Muy pocas personas se
percataron a tiempo de que importantes y numerosos elementos de la llamada
intelectualidad española, en labor callada, perseverante y tenaz, se
infiltraban en las clases dirigentes españolas, y éstas después en la
conciencia popular... De nada sirvieron
las angustiosas advertencias que a todos nos hiciera aquel coloso que se
llamó don Marcelino Menéndez y Pelayo, desde las páginas de su Historia de
los Heterodoxos Españoles, al hablar del materialismo krausista, representado
en España por Sanz del Río, Giner de los Ríos, y después sus discípulos, que
son hoy los dirigentes e inspiradores del republicanismo extremista del
marxismo, y de toda la corriente, no laicista, sino ateísta, en España...
Giner de los Ríos creó dos
instituciones. Una fue la Junta para la Ampliación de Estudios. El otro
organismo es la Institución Libre de Enseñanza que se consagró... a formar
generaciones de maestros librepensadores, que son los que ahora forman la
gran legión de maestros marxistas, que, para nuestra desgracia, predominan en
la nómina del magisterio español.
Lo terrible del caso es que,
con una mentalidad verdaderamente suicida, todos los políticos y gobernantes
de la caída de la monarquía y hasta
de la misma Dictadura del malogrado Primo de Rivera, subvencionaron
espléndidamente y dieron auge a esa extraña institución de raíces ideológicas
judías, materialistas, anticatólicas y antinacionales. El régimen político
que adoptó esta actitud suicida, al entregar la educación de sus ciudadanos a
tales elementos, fatalmente tenía que perecer, como, por desgracia, así
ocurrió. La Universidad, en mano de los
krausistas Giner de los Ríos,
Adolfo González Posada, José Castillejo, Julián Besteiro, Fernando de los
Ríos, Claudio Sánchez Albornoz, Américo Castro, Luis Jiménez Asúa, Cándido
Bolívar, José Giral y tantos otros que forman hoy los cuadros del extremismo
republicano y del partido socialista, apartó a nuestras generaciones
universitarias del cultivo de las humanidades y de la gloriosa tradición
católica de la cultura española.
Con ello servían un perverso
designio revolucionario que luego encarnó en todos los hechos criminales que
ha caracterizado la república española de 1931, de la que fueron principales
inspiradores y artífices los discípulos del «gran sabio» Giner de los Ríos.
Así vemos multitud de abogados,
de médicos, de ingenieros, de arquitectos, de hombres de profesiones
universitarias, con estas mentalidades deformadas que reniegan de Dios y de
su Patria, porque, sin más discernimiento, recuerdan lo que les enseñaron en
las aulas universitarias. De igual manera hemos visto últimamente, en todos
los pueblos españoles, niños de seis y siete años levantando los puños con
expresión de odio y precoz afán de exterminio. Quienes han enseñado esto, no
han sido, generalmente, sus padres, sino estos maestros salidos todos de la
Institución Libre de Enseñanza, y que, al educar a estas criaturas en tales
sentimientos comenten el más infame de los crímenes.»
Con este lenguaje y estilo de Falange Española hay que enfrentarse a
los desórdenes universitarios. Desórdenes que no están únicamente en las
calles, en las violencias ni en el tumulto. Esto, elementalmente, exige una
acción policíaca tajante, muy profunda, libre de toda suerte de presiones y
contundente. Desórdenes son también las malas filosofías, la politización marxista
fruto de haberse vaciado la educación teológica y política de la Universidad,
con infidelidad manifiesta al espíritu del 18de julio de 1936.
Se desvió el SEU jugando a orteguismos, unamunismos e izquierdismos
intelectuales. El SEU cayó derrumbado e inutilizado. Fue un mal paso
vinculado excesivamente a juventudes en 1947, infantilizando los nobles
afanes intelectuales y políticos de los universitarios, y peor paso aún su
supresión. Ahora, masas enormes de estudiantes están bailando al son del
Sindicato Democrático, que no por ilegal es inexistente, siendo la suprema memez
aceptar en la forma que sea diálogo con el mismo.
Ni las «Comisiones Obreras» ni la agitación universitaria —ni en la
calle, ni en el alboroto, NI EN EL PLAN IDEOLOGICO—se pueden tolerar. No se
puede ni se debe repetir, ni por asomo, la intoxicación krausista de otro
tiempo, ni el envenenamiento de las clases intelectuales españolas, que hoy
realizan una segunda edición con el marxismo, el «Sindicato Democrático» y en
el mundo social a través de las «Comisiones Obreras».
Santiago Carrillo (en el
exilio) ha dicho: «El nivel de combatividad de las masas que hace falta
para aplicar la violencia no lo lograremos en España con frases
revolucionarias ni con petardos inofensivos, ni aprendiendo de memoria el
catecismo rojo; ese nivel de combatividad lo lograremos encabezando a las
masas en la calle, habituándolas a enfrentarse con piedras y puños, primero a las fuerzas
y luego llegarán a ser como las masas que en 1936 fueron al asalto del
Cuartel de Atarazanas y del Cuartel de la Montaña.»
Hasta aquí podíamos llegar con la despolitización patriótica de la
Universidad, lo que significa politizarla en el marxismo. Lo de la
Universidad y lo de las «Comisiones Obreras» hay que atajarlo al precio que
sea. Bastaría con que se pusiera en práctica de verdad lo que decía Falange
Española en 1936 ¿Y por qué no? A. RECASENS SALVAT
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 211, 13-Ene-1968
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