COSAS DE LA DEMOCRACIA CON la invasión brutal de las huestes democráticas («dentro de la
legalidad»), todo lo que sucede en España es una paradoja. Los santones (los paquidermos) de la democracia nos vienen pidiendo
que olvidemos nuestra victoria sobre el marxismo criminal. Cosa curiosa es
que, mientras nos piden nuestra amnesia, ellos (los rojos) nos saturan por
todos los medios de «difusión» con su infraliteratura marxista, sobre lo que
ellos llaman guerra civil (nosotros Cruzada Nacional). Es una paradoja que
nosotros, los vencedores, tengamos que avergonzarnos de nuestra victoria, y
ellos, los vencidos, estar orgullosos de su derrota; pero la democracia ha
pinchado en hueso: pues nosotros somos fieles y leales a nuestra Historia. Según la Constitución, la forma de régimen de España es la
«Monarquía»; y la Corona, la unidad de la Patria, su bandera y el ejército
son inviolables, pero todos los días se insulta, se ataca a la Monarquía, a
la bandera y al ejército. No comprendo cómo y por qué se procesó al duque de
Tovar, por «injurias» al Jefe del Estado; si en el propio «parlamento» se
insulta a la Monarquía (que es más importante la Institución que las
personas). Es intolerable, absurdo y bochornoso que se legalice al llamado
partido Ezquerra Republicana, partido que es marxista, separatista, ateo y
republicano; es incomprensible que se permita y tolere la propaganda
republicana. Es canallesco que persigan y encarcelen a patriotas, que
defienden y aman a España y a su sacrosanta bandera roja y gualda, y
contrariamente se permitan exhibirse banderolas, banderillas, tricolores y
demás trapos sucios pueblerinos: todos ellos enemigos de Dios, España y la
Corona. No entiendo cómo nos hablan de la Unidad de la Patria (ellos dicen
país) si, por el contrario, el Gobierno central de Madrid paga, ampara y
protege a las autonomías separatistas. Es indigno que sean arrestados militares de alta graduación, porque
fieles al juramento de la Patria pusieron el honor por encima de la
disciplina, y, contrariamente, a los terroristas, a las veinticuatro horas,
se les pone en libertad. Es bochornoso que no se castigue a los asesinos de
nuestras leales y heroicas FF. AA. y de Orden Público, y, a la inversa, se
acuse de terroristas y fascistas a los que, dando vivas al ejército,
condenamos al terrorismo (que sabemos de dónde viene, de la izquierda por la
izquierda. El Gobierno demoliberal y filomarxista del señor Suárez, para no
ofender a los rojos, de un decretazo suprimió el Día de la Victoria y el
glorioso 18 de Julio; y anteriormente, para no ofender a la miserable Francia
de la Revolución, se suprimió el 2 de Mayo, el día de la Patria;
sustituyéndose por la fiesta roja del 1º de Mayo: jamás en nuestra Historia
hemos visto casos más abyectos e inmorales. Para no ofender a los liberales y demócratas, de nuevo pelaje, se nos
prohíbe usar nuestra bandera (*). No se conoce un Gobierno semejante al del
«premier» Suárez, ni en Europa ni en África, pasando por Asia y por los
caníbales de la Polinesia. Francia, tan democrática y liberal, celebra
pomposamente el 14 de Julio, su fiesta «nacional», y con desfiles militares,
presididos por el burgués masonazo Giscard, que para nada tiene en
consideración los sentimientos de los monárquicos católicos galos. La Rusia
roja festeja con gran alarde belicista su día de la «revolución». Breznev no
se detiene pensando si se molesta con esos «actos» a los monárquicos rusos
blancos. En los EE. UU de América, país de la democracia, se rinde homenaje a
la bandera de las barras y de las estrellas, empezando en las escuelas
primarias y acabando en la universidad. Pero este «país» es diferente; aquí
todo son paradojas. «Desde la legalidad», hemos pasado de la Monarquía
tradicional, católica, del 18 de Julio, a la dictadura roja del proletariado,
con la presencia de los líderes rojos en el Palacio Real. Los politicastros pueden reírse de los españoles; pero de Dios nadie
se burla. Los «reformistas» tendrán que responder ante Dios y ante la
Historia, y el juicio de Dios es implacable con el perjurio y la traición. R. CONDE DE CHILTON
Revista FUERZA NUEVA, nº 632 17-Feb-1979 (*) Entre los años 1978 a 1980 (aprox,) estuvo prohibida por el Gobierno Suárez la exhibición de la bandera española en manifestaciones patrióticas (20-N) para evitar el "uso partidista de los símbolos nacionales", que molestaban al entorno izquierdista.
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