DEMOCRACIA TARANCONIANA DE todos es sabido que la democrática dictadura que sufrimos no ha
resuelto aún el grave problema del habitual retraso en la distribución de la
prensa española. Esta insignificante observación desestabilizadora viene al
caso porque días pasados recibí, con retraso astronómico, un diario madrileño
que en su día publicó fragmentos de una carta del ilustrísimo y reverendísimo
señor Vicente Enrique Tarancón. El titular de la diócesis madrileña comienza
su carta «Los cristianos y la democracia», afirmando que «a algunos
cristianos no les gusta la democracia». Y aquí, como es habitual, el señor
cardenal desenfoca el problema de la cuestión, porque el problema democrático
no infiere para nada en los gustos o disgustos de los cristianos. El infierno
existe, nos guste o no. Es ahí, en ese orden, en el plano doctrinal, y sólo
en ese plano, donde se ha de cuestionar el problema de la democracia. Como quiera que la amnesia y alergia que Tarancón sufre hacia el
magisterio pontificio es manifiesta, ya desde ahora recordamos a su eminencia
y a sus diocesanos que la democracia fue condenada por Su Santidad Pío X. Por
tanto, es falso lo que afirma el pro-demócrata cardenal en su carta, cuando
dice que «la democracia no está en contra de ninguna verdad de la fe
cristiana»; y es falso, aunque Tarancón lo diga «ex cátedra», por la sencilla
razón de que, muy a pesar suyo, no es papa. ¡Qué inmenso bien haría Tarancón
si callara! Pero como por desgracia el ilustre cardenal no ceja en su empeño de
confundir a los españoles, nosotros, a pesar de que hoy no está de moda,
vamos a transcribir algunos puntos de la carta colectiva «Notre charge
apostolique», de San Pío X, para que la doctrina católica sobre la democracia
sea conocida por nuestros compatriotas. A vuela pluma, pues, transcribo los
párrafos que siguen: «Las teorías de la democracia, bajo brillantes y
generosas apariencias, faltan con mucha frecuencia a la claridad, a la lógica
y a la verdad.» “Los (demócratas) jefes de “Le Sillon” (“El Surco”, en francés)
tienen una concepción especial de la dignidad humana, de la libertad, de la
justicia y de la fraternidad, y para justificar sus sueños sociales apelan al
Evangelio interpretado a su manera, y, lo que es más grave todavía, a un
Cristo desfigurado y mermado. “Nuestro predecesor (León XIII), de feliz memoria, ha condenado una
democracia que llega al grado de perversidad: que consiste en atribuir en la
sociedad la soberanía al pueblo y en procurar la supresión de las clases.
Caminan, los demócratas, al margen de la doctrina católica, hacia un ideal
condenado. Y para que no se nos acuse de juzgar demasiado severamente, y con un
rigor injustificado, las teorías sociales del “Sillon” (de la democracia),
queremos recordar aquí los puntos esenciales de éstas. Y aquí San Pío X
analiza y condena todo lo que hoy Tarancón y compañía predican y difunden,
por todos los medios informativos a su alcance. “Esta rápida exposición —prosigue el Papa- os demuestra ya claramente
cuánta razón tenemos al decir que los demócratas oponen una doctrina a otra
doctrina; que levantan su ciudad sobre una teoría contraria a la verdad
católica, y que falsean las nociones esenciales y fundamentales que regulan
las relaciones sociales en toda sociedad humana”. Creo que ha quedado claro, y muy claro, que Tarancón, en su carta
cristiana, contradice la doctrina católica, y que, por tanto, queda al
descubierto la vocación democrática de monseñor (…). El cardenal usa la dicotomía maquiavélica de
deslindar el campo político-religioso en su carta cristiana: «La soberanía
del pueblo en el plano político —principio fundamental de la democracia— no
va en contra de que toda autoridad viene de Dios.» Pero recuerdo de nuevo a los lectores que para pensar bien hay que
estar con el Papa, y San Pío X dice: «Muy diferente es en este punto la
doctrina católica, que pone en Dios, como en principio natural y necesario,
el origen de la autoridad política.» Melchor CANO
Revista FUERZA NUEVA, nº 632, 17-Feb-1979 |
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