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viernes, 15 de mayo de 2026

Cataluña, ya bajo Franco, sujeta al laicismo, marxismo y separatismo

 Artículo de 1970

 URGE UNA REFLEXIÓN: 

TRES PELIGROS AMENAZAN HOY A LA REGIÓN CATALANA: LAICISMO, MARXISMO Y SEPARATISMO

 En su día (abril, 1970), la prensa se hizo eco de la visita del arzobispo de Barcelona, doctor Marcelo González y del obispo de Gerona, doctor Jubany, al ministro de Educación y Ciencia, para expresarle en nombre de la Conferencia Episcopal de la Provincia Tarraconense, la necesidad del uso de la lengua catalana en las escuelas

No seremos nosotros quienes consideremos intrusismo, ni politización, ni exceso, esta gestión episcopal. Amamos como el que más la lengua y cultura catalanas, y sabemos cuáles deben ser sus derechos y exigencias. Aunque en una ponderación panorámica del problema, nunca debe olvidarse lo que Luis Valeri -y la simple estadística- registra inexorablemente: la mayor producción y edición de libros en catalán arranca desde 1939, no pudiendo parangonarse en toda la historia de la “Renaixença” catalana una cantidad de libros publicados en catalán como en estos últimos treinta y cuatro años. Las cosas son así.

 Pero aparte de esta puntualización, francamente queremos exponer un problema que, actualmente preocupa a los mejores católicos seglares de Cataluña. Notamos una trasposición o una subversión en la escala de valores que, a nuestro entender, debe regir la vida cristiana, pero particularmente deben ser los móviles primarios de la actuación episcopal. En esta ocasión, presentarse a un ministro para una petición que, en sus justos términos no necesita avales y que, en todo caso ya tiene sus buenos abogados y en el Estado español hay un conocimiento muy exacto del realismo histórico y regional de España, nos parece, a lo menos, un paso baldío de triunfalismo cortesano innecesario.

 Porque la problemática de Cataluña, aunque se escriba en catalán y se enseña el idioma catalán, no está precisamente en el uso de la lengua vernácula. Desgraciadamente, en nuestros días, aunque en formas distintas, están pujantes y públicos los tres enemigos de Cataluña, que un prócer catalanista, un historiador tan extraordinario como Fernando Valls Taberner, ya denunciaba en 14 de febrero de 1934, en “El Debate”, órgano de la CEDA.Valls Taberner, catedrático y diputado del Parlamento catalán, no perdía el tiempo en menudencias ni comadreosde ciertos grupos de presión. Veía el problema catalán con su trágica realidad. El no se hubiera movilizado para reivindicaciones al servicio de ciertos caciques que proyectan estrategias mucho más ambiciosas que las que descubren a la simple propaganda y a las intoxicaciones sensibleras. Y, desde luego, como tácticas apoyadas en motivos más o menos nobles, pero con finalidades explosivamente sectarias.

 Eugenio Montes refería, en un artículo publicado en “La Vanguardia”, del 2 de febrero de 1964, una conversación con Valls Taberner, en la redacción de “El Debate”. Cuenta Eugenio Montes que hablaron de política, “es decir, hablamos pestes de la República, porque quien apestaba era ella, que le estaba contagiando a nuestro país la peste amarilla, el cólera ruso. -¿Cómo queda Cataluña?- Con los tres enemigos del hombre dentro del cuerpo. Con los tres pecados mortales. La envenenan, día a día, de laicismo, marxismo y separatismo. Barcelona cubierta de emblemas con el triángulo azul y la estrella solitaria. Renuncio a decirle cómo Cataluña me duele en el corazón”. Así se expresaba Valls Taberner.

 Es curioso que lo que pensaba Valls Taberner coincidía totalmente con el pensamiento de Ramiro de Maeztu, que plasmó en un famoso artículo titulado “Los tres cortes”. El historiador catalán coincidía absolutamente con el gran converso y máximo pensador en nuestros tiempos, porque ambos tenían una visión católica y profunda de la historia y de los acontecimientos. Valls Taberner y Maeztu jamás se hubieran prestado a ser juguetes de camarillas frívolas o que actúan de biombos de otros intereses inconfesables. Maeztu escribía puntualmente, y también sus conceptos pueden ser dignos de la reflexión de la Conferencia Episcopal de la Provincia Eclesiástica Tarraconense y de las nuevas generaciones. Estas son las palabras de Maeztu:

 Es sabido y notorio que España padece ahora la amenaza de tres separatismos diferentes. El de los intelectuales, que quisieran escindirla de su pasado, de su tradición, de su ejecutoria. Es el corte en la línea del tiempo, de la duración, del pasado. (Como si el pasado no fuera el ser mismo). Otros desearían fragmentarla por cortes verticales, por regiones por la longitud y la latitud. Y otros, finalmente, ansían deshacerla por cortes horizontales, por clases sociales, hasta establecer la dictadura de una sola. (Ellos dicen, quizá de buena fe, que se trata de la dictadura del proletariado, pero la verdad es que los únicos dictadores serían los agitadores de los proletarios)

 ¿Está claro? Pues lo que quisiera que lo estuviese es que estos tres separatismos que, en el día de hoy, parecen heterogéneos, sin relación entre sí, como no sea la puramente negativa de constituir entre todos ellos la antipatria, tienen, sin embargo, el mismo origen y proceden todos ellos del primero, hasta contra las voluntades que lo fraguaron, inspirándose algunas de ellas en sentimientos del más noble patriotismo…

 El catalanismo como, en general, el nacionalismo español no es sino la aplicación a las colectividades del principio revolucionario de los derechos del hombre. Los catalanistas se han apropiado, particularizándola, de la idea revolucionaria. Sabino Arana, a su vez, fue un discípulo de los catalanes. Lo que supo de nacionalismo lo aprendió de estudiante en Barcelona.

 Pero rota la unidad católica, que obliga a los fuertes a cuidar de los débiles, desvalidas las clases proletarias, parece también inexistente el nexo nacional. La Patria, a juicio de los agitadores, no es sino el privilegio de los que la explotan. Añádanse a estos agitadores, de origen obrero, los que se les añaden por espíritu enemigo de la tradición y ya tenemos explicado el tercer separatismo, el de los cortes horizontales de la lucha de clases.

 Por esta concatenación de causas hemos llegado algunos españoles a la convicción firme de que para la buena defensa de la patria hemos de empezar por el principio, que es admirar sus glorias y rehabilitar sus ideales”.

 Parece que no sea necesario demostrar cómo el laicismo, en su aspecto más anticatólico, está haciendo estragos en Cataluña. Bastaría conocer la literatura “católica” que se publica en Cataluña para darse cuenta hacia dónde vamos. Que un libro monstruoso, como “El fonamen tirreligios de l’Esglesia” del jesuita Juan Leita, haya sido premiado con el premio “Carles Cardó” 1969, cuyo jurado está presidido por el Vicario Episcopal del Arzobispado de Barcelona, pasa de dato indicativo. La revista “Correspondencia”, la literatura del P. José Dalmau, calificada por Juan Carrera Planas como “vigorosa, original y sanamente revulsiva”, las procacidades del capuchino Jorge Llimona y tantas otras anomalías, indican no sólo una corrupción de los que deberían ser expositores y misioneros de la fe católica, sino una aportación a la descristianización de Cataluña a cargo de elementos promocionados por la jerarquía eclesiástica

El ateísmo gana terreno en España y, concretamente, en Cataluña, sin que la voz de la jerarquía se haya oído ni haya tomado aquellas medidas enérgicas y decisivas, ya de denuncia, ya de actitudes apostólicas realmente necesarias. Una publicación tan ecuánime como el “Boletín Salesiano”, de abril de 1967, destacaba cómo el ateísmo profundiza en nuestra Patria, mientras nadie señala causas y agitadores que se mueven con toda impunidad. El órgano de la Pía Unión de Cooperadores Salesianos, al registrar la existencia masiva de un ateísmo entre nosotros, con ironía, comentaba así:

 Este es el hecho. ¿Cuáles sus causas? Las están estudiando. Cuando las hayan precisado, basta poder darnos los tantos por ciento: nos dirán que, en determinada proporción, se debe a la ignorancia religiosa de las masas, a la deficiente formación religiosa dada en las familias, escuelas y colegios; aparecerá la consabida razón de que el catolicismo español es más tradicional que personal, no faltará el tanto por ciento de los que achacarán su mucha culpa al Estado español por ser oficialmente católico y a la clase alta por haber abandonado la dirección de la clase baja y bastantes más motivos.

 Pero no nos dirán, por ejemplo, que hay unos catedráticos de universidad que siembran la confusión religiosa en las mentes estudiantiles, y otros abiertamente arreligiosos, aunque dosifiquen y encubran sus ataques “por prudencia”; que hay catedráticos de instituto, profesores de academias y maestros de escuela que se permiten minar la fe de sus alumnos. (…)Tampoco nos dirán que, en las fábricas, talleres, oficinas hay elementos activos de ateísmo y descristianización que, día a día, van envenenando a sus compañeros poco formados religiosamente.

 No nos dirán tampoco las estadísticas que existen profesionales médicos, ponemos por caso, que abusan de su situación para difundir teorías avaladas por su “falsa” ciencia médica, que van desde el materialismo más absoluto hasta la justificación de las acciones anticonceptivas. Y lo mismo en otras profesiones.

 Queremos con esto decir que la descristianización progresiva de España no obedece a causas pasivas, a corrientes espontáneas. Unas y otras son siempre provocadas y creadas por personas concretas, que se aprovechan de las disposiciones ajenas favorables, que se emplean personalmente, que se entregan a su labor descristianizadora, a los que luego secundan, consciente o inconscientemente, los débiles de formación o de voluntad”.

 La intoxicación marxista en la literatura y cultura catalanas, así como su papel de animadora del catalanismo que actúa epilépticamente, es algo visible. La literatura catalana carece hoy (1970) no sólo de un Verdaguer o un Maragall, sino de un Luis Millet, de un Joaquín Ruyra, de un Roig Raventós, de un Manuel Brunet y tantos y tantos otros escritores y publicistas catalanistas, pero de prevalente sentido cristiano. ¡Ni siquiera tenemos un José María de Segarra!

 Esta es la hora de la literatura de los revanchistas, de los exiliados que escupen todo el odio y pequeñeces en esta inexplicable apertura a las sinrazones de sus bilis… De la desespañolización de Cataluña no mencionamos detalles, ya que la consideramos como una consecuencia de las otras dos causas y del vacío ideológico creciente de los ideales de la Cruzada en nuestra vida pública.

 Por esto nos ha chocado y se comenta como una anécdota indicativa de lujosa preocupación pastoral, que unos prelados se hayan molestado en visitar al señor ministro de Educación y Ciencia, mientras por todos los caminos de Cataluña andan sueltos los tres enemigos en que coincidían Valls Taberner y Ramiro de Maeztu, con tantas complicidades, silencios e inverosímiles compañeros de viaje.

 En fin, serán fenómenos postconciliares que no entendemos los catetos y los que no estamos en las interioridades de ciertas actuaciones… Pero, aferrados a la vieja filosofía del sentido común, aún recordemos aquello de “zapatero a tus zapatos”. Y preferimos recrear nuestra memoria con figuras episcopales que anteponían su celo por los derechos de la Iglesia y las grandes directrices morales en la sociedad, que entusiasmarnos con visitas ministeriales en que, para apreciar la urgencia de una intervención episcopal, se necesitarían las escalas de Mercalli o de Richter. Mientras tanto, en el país continúa soplando la sombra de la Institución Libre de Enseñanza, sin que nos enteremos de ninguna intervención episcopal para neutralizar sus malas consecuencias.

 Realmente, nosotros preferimos la visión cívica, dolorida y combatiente de Valls Taberner, catalanista sin tacha, pero cristiano ante todo, a ciertas diplomacias de la hora actual que rezuman un afán de notoriedad y de clericalismo de mala ley. Pues podría muy bien ser que, hablando en catalán y con escuelas que lo enseñan, a este paso, Cataluña se descristianice del todo, su alma sea entregada al marxismo y su desnaturalización catalana y española sea una realidad previsible. Entonces podremos registrar que un día del mes de abril de 1970, unos prelados se empeñaron en el empleo del catalán en las escuelas. Aspiración que, bien definida, debe aprobarse.

 Pero Cataluña podrá recordar también que el IDO-C, PAX, y todas las sectas progresistas, han podido complotar contra la fe de nuestro pueblo impunemente, sin que la voz de sus obispos y su gobierno eclesiástico haya estado a la altura de lo que podía y debería esperarse. También, para que a los futuros historiadores no se les escape, debíamos anotar este triste hecho (…)

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº187, 8-Ago-1970

 

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