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URGE UNA REFLEXIÓN: TRES PELIGROS
AMENAZAN HOY A LA REGIÓN CATALANA: LAICISMO, MARXISMO Y SEPARATISMO
En su día (abril, 1970),
la prensa se hizo eco de la visita del arzobispo de Barcelona, doctor
Marcelo González y del obispo de Gerona, doctor Jubany, al ministro de
Educación y Ciencia, para expresarle en nombre de la Conferencia
Episcopal de la Provincia Tarraconense, la necesidad del uso de la lengua
catalana en las escuelas.
No seremos nosotros quienes
consideremos intrusismo, ni politización, ni exceso, esta gestión episcopal. Amamos
como el que más la lengua y cultura catalanas, y sabemos cuáles deben ser sus
derechos y exigencias. Aunque en una ponderación panorámica del problema,
nunca debe olvidarse lo que Luis Valeri -y la simple estadística- registra
inexorablemente: la mayor producción y edición de libros en catalán
arranca desde 1939, no pudiendo parangonarse en toda la historia de la “Renaixença”
catalana una cantidad de libros publicados en catalán como en estos últimos
treinta y cuatro años. Las cosas son así.
Pero aparte de esta
puntualización, francamente queremos exponer un problema que, actualmente
preocupa a los mejores católicos seglares de Cataluña. Notamos una
trasposición o una subversión en la escala de valores que, a nuestro entender,
debe regir la vida cristiana, pero particularmente deben ser los móviles
primarios de la actuación episcopal. En esta ocasión, presentarse a un
ministro para una petición que, en sus justos términos no necesita avales y
que, en todo caso ya tiene sus buenos abogados y en el Estado español hay un
conocimiento muy exacto del realismo histórico y regional de España, nos
parece, a lo menos, un paso baldío de triunfalismo cortesano innecesario.
Porque la problemática de
Cataluña, aunque se escriba en catalán y se enseña el idioma catalán, no
está precisamente en el uso de la lengua vernácula. Desgraciadamente, en
nuestros días, aunque en formas distintas, están pujantes y públicos los tres
enemigos de Cataluña, que un prócer catalanista, un historiador tan
extraordinario como Fernando Valls Taberner, ya denunciaba en 14 de febrero
de 1934, en “El Debate”, órgano de la CEDA.Valls Taberner, catedrático y
diputado del Parlamento catalán, no perdía el tiempo en menudencias ni comadreosde
ciertos grupos de presión. Veía el problema catalán con su trágica realidad.
El no se hubiera movilizado para reivindicaciones al servicio de ciertos
caciques que proyectan estrategias mucho más ambiciosas que las que descubren
a la simple propaganda y a las intoxicaciones sensibleras. Y, desde luego,
como tácticas apoyadas en motivos más o menos nobles, pero con finalidades explosivamente
sectarias.
Eugenio Montes refería, en un
artículo publicado en “La Vanguardia”, del 2 de febrero de 1964, una
conversación con Valls Taberner, en la redacción de “El Debate”. Cuenta
Eugenio Montes que hablaron de política, “es decir, hablamos pestes de la
República, porque quien apestaba era ella, que le estaba contagiando a
nuestro país la peste amarilla, el cólera ruso. -¿Cómo queda Cataluña?- Con
los tres enemigos del hombre dentro del cuerpo. Con los tres pecados mortales.
La envenenan, día a día, de laicismo, marxismo y separatismo. Barcelona
cubierta de emblemas con el triángulo azul y la estrella solitaria. Renuncio
a decirle cómo Cataluña me duele en el corazón”. Así se expresaba Valls
Taberner.
Es curioso que lo que pensaba
Valls Taberner coincidía totalmente con el pensamiento de Ramiro de
Maeztu, que plasmó en un famoso artículo titulado “Los tres cortes”. El
historiador catalán coincidía absolutamente con el gran converso y máximo
pensador en nuestros tiempos, porque ambos tenían una visión católica y
profunda de la historia y de los acontecimientos. Valls Taberner y Maeztu
jamás se hubieran prestado a ser juguetes de camarillas frívolas o que actúan
de biombos de otros intereses inconfesables. Maeztu escribía puntualmente, y
también sus conceptos pueden ser dignos de la reflexión de la Conferencia
Episcopal de la Provincia Eclesiástica Tarraconense y de las nuevas
generaciones. Estas son las palabras de Maeztu:
“Es sabido y notorio que
España padece ahora la amenaza de tres separatismos diferentes. El de
los intelectuales, que quisieran escindirla de su pasado, de su tradición, de
su ejecutoria. Es el corte en la línea del tiempo, de la duración, del pasado.
(Como si el pasado no fuera el ser mismo). Otros desearían fragmentarla por
cortes verticales, por regiones por la longitud y la latitud. Y otros,
finalmente, ansían deshacerla por cortes horizontales, por clases sociales,
hasta establecer la dictadura de una sola. (Ellos dicen, quizá de buena fe,
que se trata de la dictadura del proletariado, pero la verdad es que los únicos
dictadores serían los agitadores de los proletarios)
¿Está claro? Pues lo que
quisiera que lo estuviese es que estos tres separatismos que, en el día de
hoy, parecen heterogéneos, sin relación entre sí, como no sea la puramente
negativa de constituir entre todos ellos la antipatria, tienen, sin
embargo, el mismo origen y proceden todos ellos del primero, hasta contra las
voluntades que lo fraguaron, inspirándose algunas de ellas en sentimientos
del más noble patriotismo…
El catalanismo como, en
general, el nacionalismo español no es sino la aplicación a las colectividades
del principio revolucionario de los derechos del hombre. Los catalanistas se han
apropiado, particularizándola, de la idea revolucionaria. Sabino Arana, a su
vez, fue un discípulo de los catalanes. Lo que supo de nacionalismo lo aprendió
de estudiante en Barcelona.
Pero rota la unidad
católica, que obliga a los fuertes a cuidar de los débiles, desvalidas las
clases proletarias, parece también inexistente el nexo nacional. La Patria, a
juicio de los agitadores, no es sino el privilegio de los que la explotan. Añádanse
a estos agitadores, de origen obrero, los que se les añaden por espíritu
enemigo de la tradición y ya tenemos explicado el tercer separatismo, el de
los cortes horizontales de la lucha de clases.
Por esta concatenación de
causas hemos llegado algunos españoles a la convicción firme de que para la
buena defensa de la patria hemos de empezar por el principio, que es admirar
sus glorias y rehabilitar sus ideales”.
Parece que no sea necesario
demostrar cómo el laicismo, en su aspecto más anticatólico, está haciendo
estragos en Cataluña. Bastaría conocer la literatura “católica” que se
publica en Cataluña para darse cuenta hacia dónde vamos. Que un libro
monstruoso, como “El fonamen tirreligios de l’Esglesia” del jesuita Juan Leita,
haya sido premiado con el premio “Carles Cardó” 1969, cuyo jurado está
presidido por el Vicario Episcopal del Arzobispado de Barcelona, pasa de dato
indicativo. La revista “Correspondencia”, la literatura del P. José Dalmau,
calificada por Juan Carrera Planas como “vigorosa, original y sanamente
revulsiva”, las procacidades del capuchino Jorge Llimona y tantas otras
anomalías, indican no sólo una corrupción de los que deberían ser expositores
y misioneros de la fe católica, sino una aportación a la descristianización
de Cataluña a cargo de elementos promocionados por la jerarquía eclesiástica.
El ateísmo gana terreno en
España y, concretamente, en Cataluña, sin que la voz de la jerarquía se
haya oído ni haya tomado aquellas medidas enérgicas y decisivas, ya de
denuncia, ya de actitudes apostólicas realmente necesarias. Una publicación
tan ecuánime como el “Boletín Salesiano”, de abril de 1967, destacaba cómo el
ateísmo profundiza en nuestra Patria, mientras nadie señala causas y
agitadores que se mueven con toda impunidad. El órgano de la Pía Unión de
Cooperadores Salesianos, al registrar la existencia masiva de un ateísmo
entre nosotros, con ironía, comentaba así:
“Este es el hecho. ¿Cuáles
sus causas? Las están estudiando. Cuando las hayan precisado, basta poder
darnos los tantos por ciento: nos dirán que, en determinada proporción,
se debe a la ignorancia religiosa de las masas, a la deficiente formación
religiosa dada en las familias, escuelas y colegios; aparecerá la consabida
razón de que el catolicismo español es más tradicional que personal, no
faltará el tanto por ciento de los que achacarán su mucha culpa al Estado
español por ser oficialmente católico y a la clase alta por haber abandonado
la dirección de la clase baja y bastantes más motivos.
Pero no nos dirán, por ejemplo, que hay unos catedráticos de
universidad que siembran la confusión religiosa en las mentes estudiantiles, y otros
abiertamente arreligiosos, aunque dosifiquen y encubran sus ataques “por prudencia”;
que hay catedráticos de instituto, profesores de academias y maestros de
escuela que se permiten minar la fe de sus alumnos. (…)Tampoco nos
dirán que, en las fábricas, talleres, oficinas hay elementos activos de
ateísmo y descristianización que, día a día, van envenenando a sus
compañeros poco formados religiosamente.
No nos dirán tampoco las estadísticas que existen profesionales médicos, ponemos por caso,
que abusan de su situación para difundir teorías avaladas por su “falsa”
ciencia médica, que van desde el materialismo más absoluto hasta la
justificación de las acciones anticonceptivas. Y lo mismo en otras profesiones.
Queremos con esto decir que
la descristianización progresiva de España no obedece a causas pasivas, a corrientes
espontáneas. Unas y otras son siempre provocadas y creadas por personas
concretas, que se aprovechan de las disposiciones ajenas favorables, que
se emplean personalmente, que se entregan a su labor descristianizadora, a
los que luego secundan, consciente o inconscientemente, los débiles de
formación o de voluntad”.
La intoxicación marxista en
la literatura y cultura catalanas, así como su papel de animadora del
catalanismo que actúa epilépticamente, es algo visible. La literatura
catalana carece hoy (1970) no sólo de un Verdaguer o un Maragall, sino de un Luis
Millet, de un Joaquín Ruyra, de un Roig Raventós, de un Manuel Brunet y
tantos y tantos otros escritores y publicistas catalanistas, pero de
prevalente sentido cristiano. ¡Ni siquiera tenemos un José María de Segarra!
Esta es la hora de la literatura
de los revanchistas, de los exiliados que escupen todo el odio y
pequeñeces en esta inexplicable apertura a las sinrazones de sus bilis… De
la desespañolización de Cataluña no mencionamos detalles, ya que la
consideramos como una consecuencia de las otras dos causas y del vacío
ideológico creciente de los ideales de la Cruzada en nuestra vida pública.
Por esto nos ha chocado y se comenta como una anécdota indicativa
de lujosa preocupación pastoral, que unos prelados se hayan molestado en
visitar al señor ministro de Educación y Ciencia, mientras por todos los
caminos de Cataluña andan sueltos los tres enemigos en que coincidían Valls Taberner y Ramiro de
Maeztu, con tantas complicidades, silencios e inverosímiles compañeros de
viaje.
En fin, serán fenómenos postconciliares
que no entendemos los catetos y los que no estamos en las interioridades de
ciertas actuaciones… Pero, aferrados a la vieja filosofía del sentido común, aún
recordemos aquello de “zapatero a tus zapatos”. Y preferimos recrear nuestra
memoria con figuras episcopales que anteponían su celo por los derechos de la
Iglesia y las grandes directrices morales en la sociedad, que entusiasmarnos
con visitas ministeriales en que, para apreciar la urgencia de una
intervención episcopal, se necesitarían las escalas de Mercalli o de Richter.
Mientras tanto, en el país continúa soplando la sombra de la Institución
Libre de Enseñanza, sin que nos enteremos de ninguna intervención episcopal
para neutralizar sus malas consecuencias.
Realmente, nosotros
preferimos la visión cívica, dolorida y combatiente de Valls Taberner, catalanista
sin tacha, pero cristiano ante todo, a ciertas diplomacias de la hora actual
que rezuman un afán de notoriedad y de clericalismo de mala ley. Pues podría muy bien ser que, hablando en
catalán y con escuelas que lo enseñan, a este paso, Cataluña se descristianice
del todo, su alma sea entregada al marxismo y su desnaturalización catalana y
española sea una realidad previsible. Entonces podremos registrar que un día del mes de abril de 1970, unos
prelados se empeñaron en el empleo del catalán en las escuelas. Aspiración que,
bien definida, debe aprobarse.
Pero Cataluña podrá recordar
también que el IDO-C, PAX, y todas las sectas progresistas, han podido complotar
contra la fe de nuestro pueblo impunemente, sin que la voz de sus obispos y
su gobierno eclesiástico haya estado a la altura de lo que podía y debería
esperarse. También, para que a los futuros historiadores no se les escape,
debíamos anotar este triste hecho (…)
Jaime TARRAGÓ
Revista FUERZA NUEVA, nº187, 8-Ago-1970
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