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LIBERTAD Y
FORMACIÓN POLÍTICA
Por Estanislao
Cantero
“El
sentido profundo de la libertad en quienes la reclaman en una sociedad de
masas es la exigencia de una completa y minuciosa predeterminación de sus
vidas definitivamente planificadas y protegidas” (1).
En el sistema educativo español,
planificado y dirigido por el Estado, existe (1970) la asignatura de Formación
Política, conocida por F. E. N. (Formación del Espíritu Nacional) en el
bachillerato, y con el nombre de Formación Política en la Universidad. Menos en
Preuniversitario, existe en todo el bachillerato y en casi todos los cursos
de las diferentes carreras universitarias, salvo en el primero y el último.
Es innegable que, en todos los cursos en
que existe, se considera prácticamente por alumnos y profesores como una de
las “marías”, es decir, asignatura que existe solamente porque el Ministerio
de Educación se empeña en ello, pero a la cual no se le concede importancia. Desde
hace once años, su existencia es puramente nominal. Si bien es cierto que
existe, es también una triste realidad que no se exige (prácticamente hay
aprobado general) y lo que es peor, que no se enseña en la mayor parte de los
centros. No obstante hay quien opina que la formación política no es más que “una
reminiscencia de tiempos pasados, del totalitarismo español” (2). Coincidimos,
al afirmar que, desgraciadamente es algo pretérito, sin actualidad, pero no
porque no deba hacerse sino porque no se hace.
El actual régimen nació el 18 de Julio de
1936. El Estado debe y tiene que ser fiel a él; es cierto que hace ya 31 años
que se pudo leer el parte de la Victoria, pero no es menos cierto que la Victoria,
tanto o más que por las armas, se consigue y empieza cuando la ideología
sobre la que se basa todo orden justo y, en fin, todo progreso, ideología
defendida por los que tomaron las armas, se divulga y enseña a las
generaciones futuras y a los que de buena fe están en el error. Es una
trágica realidad el que este Estado, que desde su nacimiento tenía todos los
medios para conseguir esa victoria, no lo ha hecho así. No dudamos de su
buena intención pero ello no basta.
Cuando algo tan fundamental como es la
formación política no se ha impartido; cuando la generación que ahora se
forma y la recientemente “formada” no tiene más ideas que las que los medios
de información (o de deformación, diría yo) les ponen ante sus ojos, se nos
encoge el corazón al ver lo que se ha conseguido en este aspecto a partir de
la guerra de Liberación. La Cruzada fue, efectivamente, liberación. No se
podía soportar la anarquía, el desorden y la represión religiosa que existían.
Vemos así, ahora, que en una sociedad de
masas en la que ya no existe el hombre como “portador de valores eternos”,
donde el concepto de libertad se ha deformado totalmente, no existiendo ni
siquiera muchas veces la elección, pues el Estado se lo da todo al individuo;
donde se sustituido o se trata de hacerlo, la libertad por la igualdad,
creyéndose así libre porque todos hacen lo mismo, las palabras de Rafael
Gambra con las que comenzamos este artículo, son por desgracia fiel reflejo
de la sociedad en que vivimos, en la que el hombre no existe con
individualidad propia y diferenciada que no sea la meramente biológica, sino
como “hombre-masa” que se cree totalmente libre porque está como todos o, al
menos, como la mayoría, inmerso en el proceso irreversible del “sentido de la
historia”. Lo que no es más que la negación absoluta de la libertad: puro
determinismo.
Es por todo esto por lo que creemos
necesaria la formación política en los centros de enseñanza. Lo contrario
lleva, efectiva y realmente, el totalitarismo, en una sociedad de masas en la
que la libertad no tiene sentido sino como sujeción al poder estatal. Pero, ¿qué
es la formación política? ¿En qué debe consistir? Su mismo nombre nos lo
indica: acción de formar, de educar, educación política en el sentido que la
palabra tiene para Aristóteles, al decir del hombre que es un ser político,
esto es, social y no solamente en su acepción relacionada con el poder. Si
además tenemos en cuenta que formar es componer un todo en sus partes, la
formación política consistirá en la educación en todo aquello que se refiere
al hombre, la sociedad y el Estado y las relaciones entre ellos.
Se combate la formación política –cómo no-
lo mismo que tantas otras cosas, en nombre de y por la libertad. Así se nos
dice que estamos “alienados” porque aceptamos unos principios y unas ideas.
La libertad para los que hablan de ese modo consiste en no admitir, en no
atarnos a ideas y principios o creencias, pues si los admitimos, desde ese
momento, dejaríamos de ser libres. Curioso. Por una parte supone el aceptar
la idea de que no hay que ligarse a nada, con lo que si antes no se era libre,
por el mismo motivo, ahora tampoco. Por otra, la libertad consiste
precisamente en atarse a algo, al bien, pues desde el momento en que se
conoce una cosa, la libertad estriba en quererla o no, y desde el momento de
esa aceptación o rechazo queda uno ligado a ella. No por ello se deja de ser
libre, ya que esa actuación se ha realizado voluntariamente. Y decimos que
ligarse al bien, porque de consistir en ligarse al mal, además de irracional,
supondría que quien se ligase al bien no sería libre. Por eso, “el que comete
pecado, esclavo es del pecado” (3). Por lo mismo, no puede admitirse que la
libertad consista en atarse indiferentemente al bien o al mal. El poder
escoger entre bien y mal no es más que la libertad física. No hay libertad
moral para escoger el mal y, sin ella, no hay verdadera libertad.
La libertad, decía Donoso Cortés (4), es la
obra maestra de la creación. La libertad supone querer y el querer, entender;
en esto nos diferenciamos de los animales, que no son libres. Por ello, si
queremos que el hombre ocupe el puesto que le corresponde, si queremos que
sea el rey de la creación (por supuesto, no prescindiendo de Dios) habrá que
enseñarle poco a poco y desde la infancia el porqué y para qué de su
existencia y la actuación que debe seguir, no como algo planificado irracionalmente
que le lleva a tomar “el tren de la historia”, sino que esa actuación sea
querida y efectuada voluntariamente por él al ver, al conocer, los diferentes
aspectos de la realidad de la vida.
¿En qué debe, pues, consistir la formación
política? ¿Qué debe enseñarse? No vamos a hacer un programa concreto y detallado
para cada año, sino tan sólo esbozar en líneas generales lo que debe ser.
El fundamento de la existencia del hombre
es Dios. Por ello, si bien existe la Religión como asignatura e igualmente y,
por desgracia, enseñada con el mismo “celo” y a ella incumbe directamente
esta cuestión, no por ello debe prescindirse de Dios, sino al contrario,
ajustar toda la enseñanza sobre la base de Su voluntad y adecuada a las
enseñanzas de la Iglesia Católica, depósito de la Verdad revelada. Se deberá
enseñar lo que es el hombre, el puesto del individuo en la sociedad y el
Estado; lo que es la familia, célula y base de la sociedad: lo que es la
sociedad y lo que es el Estado.
Asimismo, deberá enseñarse que, entre
individuo y sociedad existen unos cuerpos o asociaciones naturales que son
los cuerpos intermedios. Derechos y obligaciones de todos ellos de acuerdo
con sus finalidades respectivas, pero de una manera general y básica, si bien
más profunda en los cursos superiores, ya que la concreción particular y
técnica incumbe a otras ramas del conocimiento, sobre todo el Derecho. De
este modo, podrá existir una sociedad racional, corporativa y jerárquicamente
organizada, basada en orden impuesto por el Creador, donde tanto el individuo
como la sociedad, los cuerpos intermedios y el Estado puedan ejercer las
funciones que les son inherentes, obligándose recíprocamente con sus
respectivos deberes, con lo que efectivamente existirá un verdadero “desarrollo
de la persona humana”.
Obligación y derecho de la sociedad, entendida
como cuerpo orgánico y donde el hombre no sea tan solo un número será la
formación política de los individuos que la componen. Esta formación debe
darse en todos los centros educativos: y si el Estado planifica la educación
mediante la centralización de una enseñanza unitaria e igualitaria, como mal
menor deberá igualmente exigir que la formación política sea una realidad y
no algo ficticio. Es deber suyo y del que no puede sustraerse desde el
momento que se ha hecho cargo de la educación, pues si no debe monopolizarla,
desde el momento que lo hace, si abandona la formación principal con la que
está obligado para con el individuo y la sociedad, convierte esa educación en
deformación.
Los resultados los hemos visto y los vemos
continuamente. Si efectivamente es el Estado y somos nosotros fieles al 18 de
Julio y si no queremos que sus defensores y las generaciones futuras tengan
que lamentarse, no del 18 de Julio sino de la actuación posterior, no
abandonemos ni renunciamos a obligación tan sagrada.
Es pues, indudable la necesidad de la
formación política. Sin ella, seguiremos hundiéndonos en el acelerado proceso
del “viento de la historia” cuyo dogmático y desarrollo irreversible se
acepta cada vez más como la verdad más inmutable. Para salir de esta sociedad
masificada, donde la Revolución y la sociedad de consumo se parecen cada vez
más es absolutamente necesario una formación política adecuada.
(1) Rafael Gambra: “La libertad en la
sociedad tradicional cristiana y en la sociedad de masas”, en “Verbo”, abril 1970,
pág. 287. Editorial Speiro. General Sanjurjo, 38.
(2) Citado por Fuerza Nueva, número 175, 16
de mayo de 1970.
(3) San Juan VIII, 34
(4) Donoso Cortés “Ensayo sobre el
catolicismo, el liberalismo y el socialismo”. Espasa Calpe. Colección Austral,
segunda edición, 1949 pág. 71 y siguientes
Revista FUERZA NUEVA, nº 188, 15-Ago-1970
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