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domingo, 30 de agosto de 2026

Perspectiva de los Diez Mandamientos tras el Vaticano II

 Artículo de 1968

 LOS DIEZ MANDAMIENTOS  (PERSPECTIVA DE 1968)

 Si por las noticias que se han filtrado acerca del secreto de Fátima, una gran catástrofe se cierne sobre la Humanidad en la segunda mitad del siglo XX, ahora (1968) que ya llevamos transcurridos más de la tercera parte de dicho cincuentenario, y que estamos precisamente en un año que puede ser crucial, toda vez que la nación rectora del mundo occidental se ve sujeta a los avatares de unas elecciones presidenciales, creo que es bueno echar un vistazo a las perspectivas del año que acaba de empezar y que Dios quiera que lo veamos terminar sin que los nubarrones que nos rodean lleguen a estallar; antes al contrario, que lo veamos con un más claro horizonte.

 Veamos, pues, la situación como miembros de la Iglesia de Dios, como habitantes de este planeta y como ciudadanos españoles. En el primer supuesto, si, como dice San Ignacio, el hombre ha sido creado para alabar, reverenciar y servir a Dios y, mediante esto, salvar nuestra alma, nuestra conducta ha de estar guiada por las leyes de Jesucristo, o sea, del Nuevo Testamento, conservando del Antiguo solamente el Decálogo, ya que lo demás tuvo su cumplimiento precisamente con la venida de Cristo.

 Y la verdad es que la situación del catolicismo ante los diez mandamientos deja mucho que desear. En el primero, amar a Dios sobre todas las cosas, lo lógico es que ya que le tenemos presente en el Santísimo Sacramento, se manifieste este amor honrando dignamente su presencia en el Sagrario; pero eso era antes del Concilio. Ahora, unos vientos de fronda han perturbado muchas cabezas de las que ha desaparecido la señal del sacerdote, la tonsura, y así vemos con gran dolor la desaparición de muchos y muy bonitos altares, sustituidos por una mesa de centro, de los que el Sagrario ha desaparecido para que no se interfiera entre el celebrante y los fieles, mientras la Residencia de Dios es puesta en un altar secundario, empotrada en una pared lateral o bien oculta detrás de una imagen; todavía no la han suprimido del todo, pero ya falta muy poco para ello. Y la misma suerte ha corrido el símbolo divino de la Cruz, pues además de no haberse puesto de acuerdo acerca de si ha de estar de cara al pueblo o de cara al celebrante (problema insoluble), en unos sitios lo han suprimido. en otros han puesto la Cruz a un lado, en otros la han suspendido del techo y en algunos sigue figurando sobre el altar, pero en mini tamaño para que no estorbe la vista del sacerdote. No ya el amor, pero ni siquiera el respeto, se manifiesta en muchas iglesias

 Y si del primer mandamiento pasamos al segundo, los malos ejemplos continúan. Por dos veces se repite en la Misa: «Palabra de Dios», pero la verdadera palabra de Dios es el Evangelio, y ese ha sufrido un corte del 50 por 100, pues se ha suprimido el segundo Evangelio, e incluso cuando en una misma festividad coinciden dos fiestas señaladas, una de ellas se suprime por completo; pero, en cambio, se añaden antes del ofertorio unas plegarias a gusto del celebrante, que en algunas ocasiones resultan francamente tendenciosas, rozando temas de los que la Iglesia considera ajenos a sí misma, pues no son de su incumbencia temas económicos, sociales, ni políticos. Y si de la Iglesia salimos a la calle vemos que el nombre de Dios es puesto en cuarentena en su filiación y en su origen, pues a bombo y platillo en muchas librerías sedicientes católicas se exhiben obras de Teilhard de Chardin, Evely, y compañía, hablando del Universo, de la Naturaleza, del Cristo cósmico, etc., que ponen en tela de juicio la Divinidad manifiesta de la segunda persona de la Santísima Trinidad, sin que ninguna autoridad eclesiástica ponga orden en tanta confusión.

 Lo de santificar las fiestas también es un asunto que va de capa caída. Se llega al colmo de trasladar, con aprobación superior, fiestas de primera clase al domingo siguiente, para incrementar así los días laborables (caso Hispanoamérica), lo cual si se analiza bien es un absurdo económico, pero la economía está en manos judías y tienen mucha riqueza y muchos medios de propaganda para presentar las cosas en forma convincente para solapadamente contribuir a la descristianización del pueblo. Y en nuestro país, donde AUN no se ha descendido tanto, con el pretexto de «facilitar» la asistencia a la Iglesia, se adelanta la función a la víspera del día anterior, celebrando una o dos misas vespertinas, las cuales ciertamente se ven bastante concurridas, pero cabe preguntar: ¿Realmente, los asistentes a estas misas tienen verdadero impedimento para oírla el domingo, o es que desean estar más sueltos? ¿Ya tienen presente que el domingo hay que «santificarlo» y no aprovecharlo para otros fines?

 Eso de honrar padre y madre es también, gracias al Concilio, una antigualla mandada retirar de la circulación. El anuncio a bombo y platillos también de jubilaciones, dimisiones, y retiros nada menos que entre altas Jerarquías eclesiásticas, que en muchos casos vemos que están en plenitud de facultades, ha desencadenado una ola de euforia juvenil, que ya estaba muy elevada de temperatura, para que los padres y todas las personas mayores se retiren de la circulación y les dejen paso. El desprecio a la vida de los mayores es absoluto, hacen estorbo, y cuanto antes desaparezcan se considera mucho mejor, con lo cual nos vamos acercando a las costumbres de los caníbales. Vale la pena considerar, por parte de los inventores de las jubilaciones eclesiásticas, que de tener efectos retroactivos Juan XXIII no hubiese sido Papa y, por tanto, ni el Concilio estaría en marcha ni el diablo andaría suelto por el mundo.

 No hay quinto malo, por lo que eso de no matar debe ser bueno, y, efectivamente, no se predica el matar sin más ni más; pero así como en nuestro teatro clásico hay una obra titulada «Reinar después de morir», actualmente se representa con mucha abundancia un crimen nefando que lleva por título «Morir antes de nacer», y el lector ya sabe por dónde vamos. En la vida cotidiana, además, el respeto a la vida ajena brilla por su ausencia y las crónicas de sucesos llevan noticias a escala mundial que demuestran absoluta falta de conciencia imperante, pues los móviles que se indican no son de personas sensatas, sino desequilibradas, y si a esto añadimos las víctimas de una motorización muy rápida, pero sin ton ni son, las numerosas de las guerras que hay en circulación, y la frialdad con que la humanidad se encamina hacia un suicidio atómico, hay que pensar que este mandamiento ha caído también en desuso.

 El sexto, en cambio, es de rigurosa actualidad. Lo ha puesto «de moda» nada menos que un jesuíta, Teilhard de Chardin, precisamente un miembro de la Orden religiosa de disciplina más severa, el cual afirma que desde que ya mayorcito tuvo conocimiento práctico de «lo femenino», toda su actuación y todas sus actividades han sido orientadas en este sentido O sea, que sus elucubraciones sobre el Cristo cósmico y demás herejías han sido escritas pensando precisamente «en la fémina». Valiente desvergüenza, que en vez de cubrir con un piadoso silencio, sus hermanos en religión (no todos), parece que se esfuercen en propagar e imitar. Le hace pareja el escolapio Fullat, sosteniendo que la prostitución no tiene importancia ni es ninguna falta (?) y, por tanto, para estar «al día» y en «línea conciliar» hay que considerar cosa buena los placeres solitarios, y los colectivos en pareja, aunque sean de igual sexo, como se estila en países a imitar. Al noveno mandamiento, que puede considerarse como ampliación y concreción del sexto, se impone darlo también por «desfasado».

 El séptimo, y su continuación el décimo, aunque, son de claridad meridiana, se les da un sentido tan amplio que prácticamente han pasado a mejor vida. Eso de hurtar y codiciar los bienes ajenos es una cosa de países subdesarrollados; lo moderno es la gran empresa controlada, y si puede ser internacional mucho mejor, para así estar a salvo de contingencias, todo lo cual es perfectamente legal, aunque en muchos casos sea una confabulación protegida. La Orden de los Templarios, disuelta por Clemente V, no puede decirse en verdad que no tenga continuadores bajo otros nombres harto conocidos que, hoy por hoy, «cortan el bacalao»

 Y queda solamente por examinar el octavo, cuya interpretación es tan casuística que a pesar de lo que se escribe sobre los medios de información y comunicación, podemos decir en verdad que estamos completamente a oscuras de muchas cosas. No es que se mienta descaradamente, no, pero sí que la confabulación del silencio está a la orden del día y la sociedad Auto Bombo, Coba y compañía campa por sus respetos con vía libre. Esto no es propiamente mentir, pero es embaucar, que es peor, y en la práctica es embrutecer al pueblo, a la gran masa, no muy ilustrada por desgracia, y, por lo tanto, sin fuerza mental para discernir con criterio propio la bajeza de muchas propagandas ilustradas y auditivas basadas en el incienso y el cepillo, con la mira interesada de «situarse» de cara al futuro, para continuar en el mangoneo.

 Ante el olvido práctico de los Mandamientos Divinos, las perspectivas no pueden ser muy optimistas que digamos, acerca de lo que nos espera en el año que acabamos de empezar. Pero en otros Mandamientos tampoco estamos mejor situados, cosa que D. m. seguiremos considerando…

 Armando de la Rosa


 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

viernes, 28 de agosto de 2026

Inquisición: visto bueno de historiadores españoles

 

 ESPAÑOLES PRESTIGIOSOS, HISTORIADORES Y LA INQUISICIÓN

 CLAUSURADO el Simposio Internacional sobre la Inquisición Española, y en espera de sus conclusiones «de acuerdo con los criterios científicos del tiempo en que vivimos», es hora de lanzar al viento los juicios de grandes historiadores españoles para salir al paso de lo que tan ligeramente se ha escrito en fechas recientes y que deriva, de modo directo o no, de la obra de Llorente, el falsario.

 Hay españoles, incluso católicos practicantes, que se asombran de que se pueda defender la Inquisición. Hasta tal extremo ha penetrado la deformación de la verdad en la sociedad española. Es claro que no voy a decir que el Santo Oficio no condenó a muerte a nadie. Pero hay que saber cómo y cuándo. SI puedo, en cambio, decir que no ejecutó ninguna de sus sentencias, sino que entregaba al reo al poder secular. Esto lo dicen casi todas las historias.

 Pero dejemos hablar a los historiadores, comenzando por don Marcelino Menéndez Pelayo, que es el que mejor ha conocido la historia y la literatura españolas, tanto que Valera llegó a decir que «antes de él nos ignorábamos». Además que escribía con ánimo sereno. Marañón habló de «su habitual honradez literaria».


 M. MENENDEZ PELAYO: 

«Si la naturaleza humana es y ha sido y eternamente será, por sus condiciones psicológicas, intolerante, ¿a quién ha de sorprender y escandalizar la intolerancia española, aunque se mire la cuestión con el criterio más positivo y materialista? Enfrente de las matanzas de los anabaptistas, de las hogueras de Calvino, de Enrique VIII y de Isabel de Inglaterra, ¿qué de extraño tiene que nosotros levantáramos las nuestras? En el siglo XVI todo el mundo creía y todo el mundo era intolerante. Pero la cuestión para los católicos es más honda, aunque parece imposible que tal cuestión exista. El que admite que la herejía es un crimen gravísimo y pecado que clama al cielo y que compromete la existencia de la sociedad civil; el que rechaza el principio de la tolerancia dogmática, es decir, de la indiferencia entre la verdad y el error, tiene que aceptar forzosamente la punición espiritual y temporal de los herejes, tiene que aceptar la Inquisición.» (...)

 «Para el economista ateo será siempre mayor criminal el contrabandista que el hereje. ¿Cómo hacer entrar en tales cabezas el espíritu de vida y de fervor que animaba a la España inquisitorial? ¿Cómo hacerles entender aquella doctrina de Santo Tomás: "Es más grave corromper la fe, vida del alma, que alterar el valor de la moneda con que se provee el sustento del cuerpo"?» (Heterodoxos. Edit. Nacional, IV. 411-13.)


 R. MENÉNDEZ PIDAL:

 No he visto ningún texto suyo, ni a favor ni en contra de la Inquisición. Doy varios de la monumental Historia de España, dirigida por él. Son de don Luis Suárez Fernández (tomo XVII), catedrático de Historia de España, en la Universidad de Valladolid.

 «Núcleos de conversos (...) mezclando judaísmo y cristianismo con ideas erróneas iban produciendo una paulatina degeneración de la fe» (pág. 211). «Triunfaban las supersticiones..., iban resucitando las mil doctrinas heréticas dormidas en lo profundo de la Edad Media» (ibíd.). «Llorente no es digno de confianza» (ibíd.). «Todos los bienes de los condenados por la Inquisición eran confiscados por la Hacienda Real» (no eran para los inquisidores y clérigos al servicio del Tribunal, como se ha escrito).

  

GREGORIO MARAÑON:

«Es curioso que éstos —los inquisidores— eran mucho más benignos que los jueces seglares para juzgar este pecado —el de sodomía—» (que en Aragón también los juzgaba la Inquisición) (Obras completas. VI. pág. 617. Antonio Pérez). Alude a los «aspectos, que tampoco faltan, en que el Santo Tribunal puede ser defendido» (ibíd. 721).

 

A. GONZÁLEZ PALENCIA:

 «Para vigilar la pureza de la fe, amenazada por las actividades de los conversos, para averiguar la vida y costumbres de los judaizantes, los Reyes solicitaron y obtuvieron de Roma el establecimiento del Tribunal de la Inquisición, institución no inventada por los RR.CC. ni siquiera originaria de España, sino tribunal de fe que había actuado en diversos Estados europeos durante la Edad Media, tribunal eminentemente popular, recibido con general aplauso por todo el pueblo español» (La España del Siglo de Oro, Madrid, 1940, págs. 5-6).

 «Era dependiente del poder civil, separada de la jurisdicción ordinaria de los obispos» (108). «Judíos, moros, luteranos, alumbrados y sectas similares eran objeto de sus vigilantes ojos; además caían bajo su férula los hechiceros, magos y supersticiosos, los escandalosos públicos, los blasfemos, las brujas y todos cuantos podían perturbar la buena vida, la moral, las costumbres y la fe de los conciudadanos» (ibíd. 110). (¿Puede haber misión más noble y alta?) «El que haya visto, como yo, cientos y cientos de procesos inquisitoriales de los siglos XV al XIX, puede afirmar que la mano del Santo Oficio era blanda con los reos, de ordinario, porque tampoco los delitos eran graves... Si se exceptúa media docena de autos de fe, en todos los demás de la Inquisición no hay más que aparato y ceremonia. La prueba de la blandura del Santo Oficio nos la da la literatura española: era más rigurosa en los productos del ingenio la censura gubernativa que la inquisitorial» (ibid. 114-115).

 «Sobre la Inquisición se han ido acumulando durante siglos toda clase de falsas imputaciones y de críticas injustas. La visión truculenta de las cárceles inquisitoriales, descritas por los románticos, sirvió a los liberales del siglo XIX para ennegrecer las sombras en la pintura de esa institución, cuya historia imparcial no se ha hecho hasta hace una veintena de años, por Schäfer, sirviéndose todos antes de la parcialísima de Llorente» (ibid. 114).

  

EL MARQUES DE LOZOYA:

 «Aun cuando la propaganda protestante y enciclopedista haya convertido esta institución en un mito absolutamente distinto de la realidad, que hoy van descubriendo los documentos de los archivos, es lo cierto que la Inquisición, sobre todo en sus primeros tiempos, desempeñó un papel importantísimo en la vida y en la política de España e influyó de un modo decisivo en la formación de un sentido hispánico de la vida. Fue una organización fuerte y eficaz, y desde el punto de vista del Derecho procesal lo más perfecto que se hizo entonces en Europa, ya que en ninguna otra legislación contemporánea se pone tanto cuidado en averiguar la verdad ni se conceden al reo tantos medios de defensa» (Historia de España. Salvat, 1967, III, pág. 103, ss.). (Insiste el autor en que las Instrucciones, debidas a Torquemada, que rigió la etapa más dura de la Inquisición, son, sin embargo, un monumento del Derecho procesal.)

«Es falso que la Inquisición haya sido causa del atraso científico, como pretendían ciertos escritores del siglo XIX» (ibíd. 108). «Los beneficios que en el orden político el Santo Oficio proporcionó a España fueron ciertamente extraordinarios. Fue el principal la unidad religiosa que dio al nuevo imperio estabilidad y fuerza suficiente para las enormes empresas en que había de empeñarse. Por su obra se evitaron en suelo español las contiendas religiosas que ensangrentaron durante siglos a Europa y que, dado el carácter de los españoles, hubieran revestido mayor crueldad y dureza» (ibid. 109). (Hace notar Lozoya que en Europa se utilizaron procedimientos de tortura desconocidos en España.)

  

A. BALLESTEROS BERETTA:

 «El acusado tenía derecho a señalar las personas que reputaba como enemigas, y si estaban entre las denunciantes, los testimonios de éstos eran considerados nulos» (Historia de España y su influencia en la Universal, Salvat, 1948, III. 3.ª parte, pág. 425). «La investigación debía ser cierta, clara y específica (subraya Ball). No podía formarse juicio sobre indicios ni podían extenderse las investigaciones a cuestiones reservadas en conciencia (ibíd. 424). Procedíase a la pesquisa de un hecho siempre que resultaba público. El tribunal guardaba reserva acerca de los nombres de acusadores y testigos; y cuando eran de cargo respondían de sus testimonios, imponiéndose severas penas a los calumniadores. Para el reo y su letrado consultor no había misterio en las actuaciones. Los sumarios no comenzaban hasta probarse las denuncias y el auto de prisión no podía ejecutarse hasta su confirmación por el Consejo» (424). 

«La raza judía era odiada por sus riquezas. Gran número de familias hebreas habían abrazado la religión cristiana, pero muchos practicaban en secreto su religión. Contra ellos se desataron las iras del pueblo. Los Reyes no hacían más que reflejar la opinión general del país» (Síntesis de Historia de España. 1920, pág. 203).

  

DICCIONARIO DE HISTORIA DE ESPAÑA:

 Termino con unas enjundiosas palabras de este Diccionario, editado por la Revista de Occidente, de tendencia liberal y dirigido por Germán Bleiberg. Dice así:

 «La Inquisición aparece incomprensible a la mentalidad de nuestros días, pero no lo era en los tiempos de su institución, cuando la integridad de la fe religiosa se concebía universalmente como el valor fundamental de la vida. Tampoco en orden a su actuación ordinaria puede merecer la Inquisición —concretamente la española— especiales reproches, ya que su sistema penal y procesal participaba de las características del proceso ordinario en la jurisdicción civil (tormento, cárceles, muerte en la hoguera) y, salvo en los primeros tiempos, no usó, a través de ellos, especial rigor y crueldad. Y como recuerda Menéndez Pelayo...no fue obstáculo alguno para el desarrollo del pensamiento y la inspiración como lo acredita el brillante florecimiento de la literatura española en los siglos en que estaba en auge el Santo Oficio.»

 Domiciano HERRERAS


Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

La continuada derrota en la batalla de las ideas

 Artículo de 1970 

 SILENCIOS, MENTIRAS Y VERDADES A MEDIAS 

Desde 1945 hasta la fecha (1970), se han producido en el mundo 55 guerras “regulares”; si a estas agregamos insurrecciones, golpes de Estado, golpes de mano, guerrillas endémicas, etcétera, se alcanza, con mucho, el número de 300. Pero, a pesar de esto, millones de personas en el mundo están aún convencidas de que si la guerra la hubiesen ganado las potencias “fascistas” nuestro planeta se habría precipitado en un abismo de sangre y de ruina, mientras que con las “democracias” vivimos, por fortuna, en una tranquilidad paradisíaca. Un ejemplo significativo de los efectos producidos en la gente por los silencios, mentiras y verdades a medias con los que se les lava, a diario, el cerebro, más valdría decir que se les “ensucia”.

 Radio, cine, televisión, diarios, libros, revistas, etcétera, todos los medios son constantemente movilizados para mantener bajo presión, en todas las partes del mundo, a los miles de millones de habitantes de nuestro planeta y obligarles a pensar en una sola dirección.

 Cualquiera de nosotros ha podido constatar, en conversaciones con amigos y conocidos, el gravísimo grado de deformación mental y espiritual que se ha conseguido producir, sobre todo en las jóvenes generaciones, pervertidas por esta continua y martilleante campaña de embotamiento cerebral. Así se explica que pueden conseguir éxito versiones prefabricadas de hechos ocurridos en nuestra patria o en cualquier país. Todos conocimos, en 1969, la famosa impostura de achacar a la Guardia Civil de Vizcaya el asesinato de un taxista o las de estimar como verdad axiomática que las muertes de los generales Mola y Sanjurjo no fueron accidentales sino resultados de una maniobra política con vistas al futuro. Y lo peor del caso es que un gran porcentaje de gente de buena fe, sobre todo jóvenes, se traga lindamente el anzuelo.

 Se razona y se discute según lugares comunes, con frases hechas a base de slogans propagandísticos de los “persuasores” más o menos ocultos que controlan, sabiamente, la situación. Y no se atisba solución alguna. La batalla de las ideas la ha perdido nuestro Régimen. Sería preciso una decisiva acción tendente a contrarrestar la deletérea batalla psicológica y la intensa propaganda antinacionalista que padecemos, y no se ven ni los medios ni los hombres que sean capaces de, con decisión, llevarla a cabo.

 Cuando no es posible ocultar los hechos, por recientes o por vividos, entonces se recurre a una política que, en nuestro país, está dando magníficos resultados: el silencio. Hay consignas de silencio para lo incontrovertible, consignas de olvido para cualquier cosa que pueda molestar a esas fuerzas “democráticas”, a esas facciones aperturistas, o a esas jóvenes generaciones de barbudos a lo “Che”. Y mientras se sigue hablando y recordando el incendio del Reichstag o el caso Mateotti, como crímenes de potencias fascistas, pasa, sin pena ni gloria, el aniversario del asesinato de Calvo Sotelo por el gobierno del Frente Popular.

 Mientras las pantallas de la Televisión nos muestran, a diario, películas de guerra en las que los americanos son los buenos y alemanes, italianos y japoneses los malos, mientras en nuestras librerías ocupan lugares de honor los libros sobre las atrocidades de los campos de concentración alemanes, nunca se verá, ni en televisión ni en libros o reportajes, nada sobre los campos de concentración de Siberia o de otras tierras soviéticas. (… ) En Televisión, en diarios, siempre el mismo tema, las mismas descripciones: los campos de concentración nazis para hacer olvidar Hiroshima o las fosas de Katyn.

 Ahora comienza a desvelarse lo ocurrido con los prisioneros italianos en Rusia. Pero ni en la misma Italia de la Democracia Cristiana hay un decidido interés en sacar a relucir lo sucedido con la mayoría de ellos. Se publican, sí,  trabajos conducentes a demostrar que los soldados italianos que han regresado de la URSS es porque fueron exterminados por los nazis. Y, recientemente, con la película “Los  girasoles”, se quiere acreditar la versión de que los soldados italianos prisioneros de los soviets no regresan… porque han formado sus hogares en la amiga Rusia.

 En contraste con esta política de olvidos, de silencio, se teoriza, abiertamente, sobre la teología de la violencia y causaría risa si no fuesen tan tristes los equilibrios de algunos de nuestros diarios llamados católicos para cohonestar su condenación habitual de la violencia -si procede de la derecha- con su encubierta complacencia con ella cuando procede, como recientemente, de organizaciones o de guerrillas más o menos castristas en las que, como es sabido, no faltan, como en nuestro país colaboraciones activas y pasivas de sacerdotes. Y se nos dice en todos los medios de difusión, con desvergüenza, cómo la violencia engendra violencia, pero también que “la injusticia engendra violencia”, con lo que se da vía libre y absolución a toda clase de secuestros, atracos y crímenes.

 B. CUADRADO


 Revista FUERZA NUEVA, nº 191, 5-Sep-1970

 

lunes, 24 de agosto de 2026

Balance trágico de tres años de “soberanía popular”

 Artículo de 1979

 TRISTE REALIDAD

 MIENTRAS se halagaba, llamándole «soberano», al noble pueblo de España, se procuraba que no se percatase de la triste realidad de miseria, anarquía, sangre y lágrimas, adonde la ha conducido la oligarquía en los casi tres años de su reinado. Así olvidaría ese sufrido pueblo que se le ha despojado de su principal derecho: el derecho a ser bien gobernado, el derecho a que quienes se encuentran al frente de los destinos patrios alcancen el bien común. Derecho mucho más sagrado que la broma trágica de la papeleta electoral para confirmar a Adolfo Suárez o subir a Felipe González al poder.

 Triste realidad de miseria, porque, a través de este escaso trienio —como ha indicado Torcuato Luca de Tena en un artículo magnífico— quebraron y suspendieron pagos casi mil empresas (997) con un pasivo de 138.000 millones; el paro, cuyo crecimiento fue muy grave en 1977, se incrementaría en un 50 por 100 durante 1978; 100 pesetas invertidas en Bolsa en 1974 se han convertido en 20 pesetas en 1978, y desde entonces a hoy (1979) la riqueza mobiliaria representada por los valores bursátiles experimentó una pérdida de 240.000 millones y entre 1977 y los once primeros meses de 1978 se han perdido 28 millones de horas de trabajo, pues en este terreno ya nos hemos «homologado» y superado a Europa y tenemos el honor de que «The Economist» sitúe a España en el primer puesto de horas de trabajo perdidas, seguida de Italia con la mitad.

 Y triste realidad de anarquía, sangre y lágrimas, porque la delincuencia, que ha conseguido la garantía de todos sus «derechos» en la legislación con que la oligarquía ha regalado a nuestro pueblo, campa por sus respetos y domina la calle impunemente. La violación, el atraco y el asesinato están a la orden del día. Sucesos criminales, que antes creíamos desterrados y propios de pueblos subdesarrollados, han vuelto a adquirir carta de naturaleza en la democracia española que apenas se ocupa de ello, como no sea para desgravar penalmente a la reincidencia según no hace mucho acaban de aprobar las Cámaras, una de las cuales convocó un pleno, a fin de tratar el «gravísimo» incidente de un diputado del PSOE con la fuerza pública, pero que, en cambio, nunca se le ocurrió estudiar la forma y medidas al objeto de acabar con tanto crimen sin castigo. ¿Y qué decir de las cárceles destruidas en su mayoría por los reclusos que han impuesto su ley dentro de las mismas? Y, pese a todo, el responsable sigue en su puesto.

 Sangre y lágrimas que en Vascongadas son ya el pan nuestro de cada día entre un pueblo sobre el que la ETA, amnistiada por el Gobierno de la Corona entre irresponsable aplauso, ejerce verdadero imperio del terror y se cobra casi a diario nuevas víctimas ante la ineptitud del Gobierno y Parlamento para remediarlo. 

Sangre y lágrimas de las viudas y huérfanos de esos miembros de las FAS, a quienes, hasta que llegó la democracia, el terrorismo no osaba atacar y a quienes el Gobierno no se atreve a honrar como merecen y estatuye la ordenanza, organizando esos sepelios semiclandestinos, a los que —salvo excepción las altas jerarquías del Estado no acuden ni por casualidad.

 Sangre y lágrimas cuya última cosecha, durante la semana precedente, es la de dos guardias civiles asesinados —uno en Cataluña y otro en Vasconia—, dos atentados fallidos contra agentes del orden, dos industriales secuestrados... Miseria, anarquía, sangre y lágrimas. He ahí el balance de la democrática «soberanía popular». He ahí los frutos del reinado de la oligarquía, que hasta ahora ha privado al pueblo de España de su fundamental derecho a ser bien gobernado, a disfrutar de paz, orden, justicia y suficiencia de bienes.

 LA ULTIMA JUGADA

 POR si no basta la «moncloaca» para desintegrar España, a ello contribuye también el nuncio que nos envió el Papa Pablo VI: monseñor Dadaglio. El hombre que —sean cuales sean sus propósitos, que sólo Dios conoce y valorará— ha provocado más perturbación en la Iglesia de España que produjo la herejía luterana. El italiano, bajo cuya gestión la fe del pueblo ha descendido a cotas desconocidas antes y que con sus alteraciones y nombramientos episcopales ha tenido la indudable habilidad de cambiar la fisonomía de la comunidad eclesial patria y de disminuir el respeto y veneración que el pueblo sentía por el clero. Aseguran que se va. Marchará satisfecho de su obra, cuyo exponente más ilustrativo es el inefable cardenal Tarancón, colocado al frente de la Conferencia Episcopal, quien, por cierto, durante el III Sínodo vio cómo uno de quienes rebatieron sus tesis temporalistas era el cardenal Wojtyla.

 Esperemos que se despida pronto y sin vuelta monseñor Dadaglio. Pero, antes de tal despedida, ya ha estampado su rúbrica con los últimos nombramientos de obispos para Vascongadas. Y donde hay «poca conflictividad» deja a unos prelados —titulares ya— del talante de Setién y Larrauri, elevados antes a la dignidad episcopal al margen del Concordato. Así contribuye el italiano a serenar los espíritus y a promocionar la paz en esas provincias. Ese es el pago de aquella gratuita renuncia al derecho de presentación de obispos, inspirada por los «Tácito» del Gobierno de UCD, en todo caso, más propicio a los intereses vaticanistas, que no siempre han coincidido con los reales de la Iglesia, que a los de su Patria. No hay duda de que monseñor Dadaglio ha seguido su juego hasta el final. Puede regresar orgulloso a su Italia natal. Aquí ya ha dejado bastante conflicto para muchos años. ¡Que Dios se lo pague!

 Ramón de Tolosa


 Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979


sábado, 22 de agosto de 2026

¿Siguen los carlistas sintiendo el 18 de Julio"?

 Artículo de 1968

 ¿SIGUEN LOS CARLISTAS LLEVANDO SANGRE DEL 18 DE JULIO"?

 Por ROBERTO G. BAYOD PALLARES

 En la víspera del anual «MONTEJURRA», correspondiente al último año, de las propias manos del ilustre don Francisco López-Sanz, recibía su libro «¡Llevaban su sangre!», publicado por Editorial Gómez, de Pamplona, y cuya dedicatoria me animó y me alienta, especialmente al calificarme como «… siempre gran batallador por la Causa».

 Ha tenido que ser durante los días navideños, transcurridos en un hogar como el que fielmente describe López-Sanz, cuando he podido iniciar su lectura. He dicho iniciar, porque, sin darme cuenta, iban pasando las páginas, a pesar de que saboreaba algunas de las frases y otras las subrayaba, y con pena veía que se terminaban. De haberlo sabido con anterioridad, antes lo hubiese iniciado. Lo curioso ha sido que, agotada su lectura, he vuelto a empezarlo, para repasar, meditar y anotar la «advertencia inicial», escrita a modo de prólogo, que en realidad es un epílogo.

 Sin pretenderlo el autor, la historia novelada ha resultado una profecía para los tiempos actuales. Parece que en su imaginación intuía los tiempos actuales de los «pregoneros del olvido».

 López-Sanz, el célebre «S A B» de casi cincuenta años de vida periodística y política en «El Pensamiento Navarro», ¡qué conocimiento demuestra de la vida rural y campesina! ¡Cómo penetra en las costumbres de las casas solariegas, que son solera de recias costumbres! ¡Con qué realismo describe la situación política, tanto en los meses que precedieron al Alzamiento, como en los días del maravilloso espectáculo de la aportación popular al Alzamiento! Quienes, a pesar de nuestra entonces juventud, hemos vivido y podemos recordar los acontecimientos anárquicos y socializantes de la II República, parece que todavía sintamos dolor de aquel vivir que era un morir, y experimentemos, al propio tiempo, el resurgir glorioso del 18 de Julio. Describe la situación como si viéramos una película en tres dimensiones.

 La figura del abuelo, don Carlos de Artieda, llamado «el Carlistón», la hubiéramos encontrado en muchas casas de trayectoria carlista. Esos veteranos no han desaparecido de las familias carlistas, porque cuando dejó de haber «combatientes de Carlos VII», no tardaron en aparecer los que en avanzadísima edad se incorporaron al Alzamiento, y poco a poco van aumentando estos «decanos»de la Historia vivida. Seguirán incrementándose los «abuelos», si bien hacia los años 2000 ya serán pocos los que podrán mantener encendida la llama de las vivencias habidas en la Cruzada de 1936, y todos ellos quizá se hagan la misma pregunta que «el Carlistón» de la obra de López-Sanz.

 En esas páginas vemos retrospectivamente las luchas carlisto-liberales, de las que era capitán don Carlos de Artieda, y comprendemos las elevadísimas miras del pueblo levantado contra el liberalismo; era la lucha de la España auténtica «contra la España bastarda», según el Caudillo. Nos contagia la entereza de la mujer carlista, hija de «el Carlistón», y López-Sanz narra algunos ejemplos de heroísmo de madres, que pasarán a la inmortalidad, y que en abundancia describe en su libro «Un millón de muertos, pero con héroes y mártires».

 En oposición a esa honorable familia aparece la de unos descendientes de un combatiente liberal, de los llamados los «peseteros», el «Guiri». En esta familia es el odio y la venganza la razón de su existencia y de su continuidad. Esas familias también las pudimos ver en muchas poblaciones, y hoy se reproducen entre los supervivientes, generalmente exiliados, del ejército rojo-marxista, a pesar de la comprensión, del perdón y del olvido personal que han encontrado en la España victoriosa.

 No puedo menos que resaltar que repetidamente el destacado autor carlista nos coloca a los socialistas en el polo opuesto de los tradicionalistas. En aquella juventud del pueblo protagonista de la historia novelada, por una parte estaban los requetés y por otra los socialistas: eran antítesis unos de otros.

 ¡Qué diferencia con la de ese sector actual, intruso y claudicante, que ha desfigurado —o pretende desfigurar— y falsificado el limpio carlismo! Ese grupo de neocarlistas propagan una Monarquía socialista, que sería anticarlista y antisocial. Ya tuvimos una República regida por los socialistas, contra la que se alzaron aquellos requetés, nietos de los carlistones de Carlos VII. Los que estuvimos en zona roja también conocimos el yugo de la socialización por medio de «colectividades». Ahora (1968) son esos falsos carlistas los que hablan y escriben con el mismo lenguaje que lo hacían los amigos y seguidores del «Guiri». ¿A dónde vamos a parar. ¿Quién el culpable? (…)

 Por quien vivió todo el ambiente y preparativo del Alzamiento se nos describen los verdaderos fines de la Cruzada, que hoy los «campeones del disimulo y  del olvido» pretenden hacer ver a las nuevas y futuras generaciones que no fue por el Crucifijo y por la sana y verdadera libertad.

 Soy admirador de Cabrera, de aquel genio militar que en sí encierra la mayor parte de la historia carlista del siglo XIX. Me acordé del legendario general tortosino cuando leía que don Carlosde Artieda antes de ser voluntario de Carlos VII, había sido seminarista, al igual que Cabrera antes de incorporarse al ejército de los voluntarios de Carlos V, y al igual que muchos de los requetés de 1936, y termina la obra con un recuerdo a Cabrera, en un acontecer histórico en el Maestrazgo morellano. Pero la imaginación se detiene y se pregunta si hoy los jóvenes que se forman en los «semilleros» de la Iglesia darían requetés como Cabrera, «el Carlistón»y los que se incorporaron a los Tercios de Requetés de 1936. Posiblemente, y gracias a Dios, se conserva en España algún o algunos Seminarios en los que todavía se moldean «sacerdotes de Cristo» o seglares modelos, y siempre patriotas ejemplares», pero, ¿y... enla mayoría?

 Vamos, por fin, a la pregunta clave, mejor dicho, a la sospecha que se hacía «el carlistón», al entender que la juventud de los años de la República no llevaba la misma sangre que la de aquellas generaciones, como la del señor Artieda, que se «echaron al monte». Los hechos demostraron al veterano combatiente cómo el carlismo había continuado regando las venas de la juventud española, y la sangre roja pronto salió como un símbolo exhibiéndose en miles y miles de boinas coloradas en la plaza del Castillo, ante el general Mola, y luego derramándola por valles, mesetas y montañas. Como el propio título indica, «¡Llevaban su sangre!». 

Hoy somos muchos que ante «esos progresistas campeones del olvido» nos preguntamos si los que quedamos de aquella generación, que demostró llevar la misma sangre que los héroes de nuestros antepasados, la hemos perdido o se nos ha aguado y si a las nuevas juventudes que van surgiendo, en vez de suministrarles sangre colorada como la de las boinas de los requetés y como la de las dos franjas de nuestra recuperada bandera, les hemos dado horchata.

 Esta interrogación nos la formulamos por los continuos olvidos que se hacen de la Victoria nacional contra el materialismo, liberalismo, marxismo y extranjerismo, y muy especialmente por recientes acontecimientos sucedidos dentro de la Comunión Tradicionalista y los que están acaeciendo continuamente dentro de la Iglesia española y en organizaciones del Movimiento. Resumámoslos:

 Poderosos sectores de la Comunión Tradicionalista «oficial» abandonan la idea de la unidad católica española y la confesionalidad del Estado y distancian de la Causa a los más ilustres carlistas, al «socializarla» y «democratizarla» con métodos «totalitarios».

 En la Iglesia española —me refiero a los hombres que la componen, jamás a la institución, que por ser divina, es santa y perfecta— se han infiltrado también elementos subversivos, tanto en el clero como en los mandos seglares. Las revistas «que se dicen de la Iglesia», en vez de sembrar amor y extender la paz, difunden —muchas de ellas— el odio y excitan al temporalismo en vez de reducir su campo a lo espiritual y moral, y con el temporalismo acomodan su vida a un laicismo nada acorde con las sanas instrucciones de la Madre Iglesia.

 Por su parte, en organizaciones del Movimiento o en instituciones que dependen del mismo, contemplamos también la infiltración de los elementos propugnadores del «olvido», muy principalmente en su prensa, en la que se ha pedido relaciones diplomáticas con Rusia, satisfacer pensiones a los ex combatientes del ejército rojo y el atentar contra la sagrada unidad religiosa de España o menospreciar a ese numeroso sector que propugna que el 18 de julio «ni se pisa ni se rompe».

 Mucho nos apena que la prensa que es del Movimiento deje de defender total e íntegramente los valores del 18 de Julio, porque somos parte integrante del Movimiento. Mucho nos duele que miembros activos de la Iglesia alteren la doctrina del Evangelio y se asemejen más a Lutero y Calvino que a San Pío V y a nuestros teólogos y místicos del siglo XVI, porque somos católicos y tenemos que sufrir por esa desviación doctrinal. Pero como también somos carlistas auténticos, fieles a la doctrina permanente de la Princesa de Beira y de don Alfonso Carlos y a la Causa por la que murieron tantos miles de requetés que no conocieron las falsedades actuales, no es menos la tristeza que nos causa esa tónica de los que se presentan casi como «carlistas sin Dios y sin Patria y solamente  con Fueros y Rey». 

Llega hasta tal extremo la desviación doctrinal de los seguidores de la «camarilla oficial», que uno de ellos, universitario y con cargo en un Círculo Vázquez de Mella, afirmaba no hace muchos días que Durruti, el anarquista, el tragacuras, el amigo de los asesinos del Cardenal Soldevila, el incendiario, debía ser considerado como carlista, en tanto que a Vázquez de Mella había que considerarlo como socialista.

 Es triste, pero dura realidad alentada por órganos «oficiales». ¿Tenemos aquella misma sangre que fue la sorpresa del mundo? Superficialmente, si la tuviéramos, no cesaríamos hasta lanzarlos a todos por la borda, aun cuando fuera utilizando las mismas armas que las generaciones que nos precedieron en sus momentos extremos. Lo que sucede es que, como en los años de la República, no ha debido llegar el momento apropiado para una reacción total y fuerte. Es ahora cuando está fermentando la santa ira ante el fermento contrario del error. Cuando la religión y España lo necesiten, ese pueblo sencillo que desconoce la traición y la farsa y que anualmente, sin figurar en nóminas ni plantillas ni ficheros, se presenta en Montejurra, demostrará que ahora y mañana el carlismo tiene la misma sangre roja que aquellos que a la llamada de don Javier, de Fal y de Zamanillo se presentaron en la plaza del Castillo, de Pamplona, y en otros muchos lugares de España.

 ¡SÍ, LLEVAMOS SU SANGRE! ¡EL TIEMPO SERA TESTIGO!


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

Centrismo eclesiástico

 Artículo de 1970 

 CENTRISMO ECLESIÁSTICO

 Uno es ingenuo. Uno cree que la verdad puede estar en un lado o en otro, pero que no se la sirve por el cómodo expediente de adoptar una postura “centrista”: el “justo medio” no es justo cuando se sitúa entre la verdad y el error. Si dentro de las posturas humanas la verdad estuviera en un extremo, sólo se la sirve poniéndose en ese extremo, sea el que fuere. No hay que temer ser llamado extremista sino servir al error. No son los adjetivos los que deben preocuparnos sino la verdad. Al buscar la verdad podemos equivocarnos, pero será contra nuestra voluntad. Cuando no tenemos excusa es cuando transigimos, a sabiendas, con el error, por adoptar una postura intermedia que nos haga parecer tolerantes y comprensivos, hombres de nuestro tiempo.

 Sin embargo, se observa, en algunos estamentos eclesiásticos, la tendencia al “centrismo”, con independencia de la verdad. Y no sólo en cuestiones políticas o sociales sino, lo que es más grave, bajo el punto de vista religioso, en cuestiones doctrinales y dogmáticas. Se ha establecido la teoría de que, en la Iglesia, existen dos extremos, uno conservador y otro progresista y se sostiene que la verdad está en el justo medio, sin buscar si no se encuentra en alguno de los extremos. Además, la inclinación de ese “centro” hacia la izquierda, es visible.

 El paralelismo entre esta situación en la Iglesia y lo que ocurre en la política italiana (1970) es tan evidente que extraña que no haya sido comentada. El “centro-izquierda” de Italia, creado con la excusa de aislar al comunismo, es cada vez más “izquierda” y menos “centro”. En cuanto al aislamiento de los comunistas, se ha llegado ya a la formación de juntas “frentepopulistas” entre socialistas y comunistas para el gobierno de algunas regiones, a pesar de que los primeros pertenecen al gobierno formado para “aislar” al comunismo. El deslizamiento de ciertos medios eclesiásticos hacia el progresismo en religión, es similar al que sufren hacia la izquierda en política. No se olvide que ha sido un partido de origen clerical (la Democracia Cristiana) el que ha hecho posible el proceso en Italia.

 Los unos y los otros

 El “centrismo” eclesiástico parece preocupado únicamente de no ser calificado de “reaccionario” o de “conservador”. Por ello, cuando la Jerarquía tiene que censurar (condenar ya no se estila) algún exceso progresista, procura compensarlo con un palo al otro sector, venga o no a cuento. Los católicos tradicionalistas se están convirtiendo así en una sufrida coartada para cierta Jerarquía. Basta censurarlos para fabricarse un prestigio de “avanzado” o, al menos, de centrista, quien carece de otros méritos.

 Veamos un ejemplo reciente (1970). El Consejo permanente del Episcopado francés hizo, en el mes de junio, una declaración sobre el tema “Renovación y crecimiento de la Iglesia”. En su preámbulo se decía: “Mientras que algunos se impacientan o se desaniman ante la lentitud de la evolución que ellos quisieran más rápida, otros se endurecen ante toda búsqueda. Algunos, en fin, sienten la tentación de realizar gestos de ruptura con la Iglesia, queriendo darles un sentido “profético”. Por su propia cuenta, algunos buscan un empleo de trabajadores, toman responsabilidades sindicales o políticas e incluso se consideran desligados de su compromiso con el celibato. A veces lo hacen colectivamente, en el seno de grupos que discuten la autoridad de la Jerarquía”.

 La gravedad de las acusaciones concretas que en el anterior párrafo se hacen, pese a la “centrista” mención a quienes “se endurecen ante toda búsqueda” es claro que se refiere a los grupos contestatarios del progresismo. A pesar de ello, el Consejo Episcopal, al enviar la declaración a los obispos de Francia se ha considerado obligado a aclarar que en ella deben sentirse apuntados “igual los grupos de extrema derecha que “Echanges et Dialogue”, igual el progresista padre Cardonnel o los “Hermanos del Mundo” que el “abbé de Nantes” o el P. Coache (tradicionalistas). Tras redactar esta declaración, los autores debieron sacudirse las manos satisfechos: todos iguales nadie podrá acusarlos de anti progresismo

 Los tibios

 Pero la réplica, y bastante airada, ha salido de donde menos podían esperarlo los obispos franceses, que tanto cuidan su prestigio de avanzados y modernos. No han sido sacerdotes tradicionalistas, tan injustamente mezclados con quienes, según los obispos, abandonan su ministerio y se mundanizan hasta el punto de abandonar colectivamente el celibato. Ha sido el propio padre Cardonnel, dominico nominalmente citado en la declaración episcopal y coautor de “Dios ha muerto en Jesucristo”, quien, en una réplica publicada en “Le Monde”, afirma que es contraria al Evangelio la adopción de una postura centrista por los obispos: “La situación me parece alarmante, añade, porque Cristo, del que todos nosotros nos proclamamos fieles, vomita a los tibios. En el Apocalipsis lo dice como reproche mayor a las Iglesias. (…) Así, pues, yo me niego como discípulo de Cristo, a ver en la Iglesia un justo medio  (…)  que no es siempre el justo medio.

 Si los anteriores reproches son ambivalentes y pueden hacerse igual desde la derecha que desde la izquierda, ello no justifica que tales posturas puedan ser confundidas, sino que cada una ha de ser juzgada por sus propios valores. Que es precisamente lo que no hace el centrismo de los tibios. (…)

 Juan NUEVO


Revista FUERZA NUEVA, nº 191, 5-Sep-1970

 

lunes, 17 de agosto de 2026

Patrimonio incautado a partidos y sindicatos, tras la Guerra Civil

 Artículo de 1979

 DEVOLUCIÓN

 EN estos últimos tiempos se habla, se trata, sobre la devolución de los patrimonios incautados a los partidos políticos, al final de la Guerra de Liberación, y, en algún caso y población, parece así se ha hecho; y aun se ocupan, como presión, locales de la AISS.

 Como un ciudadano más, con derecho a emitir opiniones, estimo que esos ¿patrimonios? deberían pasar a poder del Estado, por los siguientes motivos:

 En primer lugar, por la referencia, tantas veces hecha, al tesoro español llevado a Méjico en el «Vita»; el oro llevado a la URSS, y la plata y oro vendidos en Francia.

 En segundo lugar, lo que es imposible de contabilizar, por el expolio a que sometieron a particulares, exigiendo la entrega de colchones, cubiertos, vajilla, menaje de cocina, mantas y ropas de abrigo para el frente y hospitales, lo cual, como es lógico, no se recuperó, además de la entrega de armas, que en la mayoría de los casos se hallaban inútiles, pues eran de coleccionistas (arcabuces, trabucos, espingardas, machetes, gumías, sables, floretes, espadas, etc.), tampoco recuperadas y algunas, por sus incrustaciones o por su rareza, de gran valor, cuando no el sentimental de un recuerdo familiar.

 En tercer lugar, el saqueo, destrozo o mal uso de viviendas particulares, «requisadas», cuyos muebles, de valor en muchos casos, así como objetos de arte, vajillas, etc., ha sido casi imposible volver a reunir, pese a la labor de los Servicios de Recuperación que funcionaron en la posguerra; e incluso la «incautación» de joyas encontradas

en «registros» domiciliarios; y no digamos del mal uso y sus consiguientes reparaciones al entrar los dueños de nuevo en posesión de ellas; además hubo la «requisa» de vehículos, en general no recuperados, y si lo fueron, ¡en qué estado!; a ello hay que sumar bibliotecas y archivos aventados o destruidos.

 En cuarto lugar, al incautarse o intervenir las fábricas u otros establecimientos comerciales o mercantiles, la venta de productos manufacturados que se hallaban en almacén para ser expedidos, y el empleo, hasta su agotamiento, de las materias primas almacenadas; y no digamos de las cuentas bancarias intervenidas y de su utilización para «fines de guerra» u otras necesidades; lo mismo puede decirse de la intervención agrícola.

 Y, por último, la destrucción de iglesias, conventos y demás bienes de la Iglesia, así como el saqueo de sus tesoros y obras de arte (pinturas, esculturas, etc.), muchas de ellas quemadas; campanas fundidas…

 Este, pues, es el resumen que estimo avala el que sea el Estado quien entre en posesión, definitivamente, de bienes o patrimonios concretos, ante la imposibilidad de resarcir de tanto y tanto despojo a particulares, entidades, empresas...; granitos de arena cuya suma quizá se equiparase o superase, con creces, el valor del tesoro del «Vita» y del oro enviado a la URSS, hasta el momento sin recuperar.

 Narciso DÍAZ


Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Subversión universitaria por inhibición de Iglesia y tradicionalismo

 Artículo de 1968

 Esperamos que monseñor Romero de Lema, obispo de la Universidad, oriente al país sobre los problemas universitarios.—Es hora de que el "Tradicionalismo" explique la desviación de las AA. EE. TT. De literatura comunista y de periodismo clerical

 Continúa la subversión en la Universidad. Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Oviedo, Valencia van conociendo asambleas ilegales, disturbios y actos de vandalismo, como el del grupo de estudiantes que en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid arrojaron bancos, sillas, botellas, piedras y el crucifijo que presidía el aula 217. Venimos repitiendo desde hace semanas que los sucesos universitarios no responden a problemas académicos, sino a una ofensiva política contra el Estado y contra el régimen, bajo típica confabulación masónico-marxista. Volvemos a repetir que desde hace años se ha permitido la descarada entrada de elementos subversivos que han intoxicado nuestra juventud universitaria. Antes que los disturbios en la calle, nos parecen más graves las líneas ideológicas, las actitudes profesorales y la resurrección de la heterodoxia antirreligiosa y las momias del liberalismo y del criptocomunismo.

 Que el comunismo busca y consigue esto ya lo decía Pío XI en su encíclica «Divini Redemptoris»: «Los pregoneros del comunismo saben también aprovecharse de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de diversos sistemas políticos, y hasta de la desorientación en el campo de las ciencias sin Dios, para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.»

 No queremos silenciar que el progresismo de muchos sacerdotes y sedicentes movimientos católicos ha contribuido al caos universitario. Queremos recordar que la Santa Sede nombró a monseñor don Maximino Romero de Lema obispo de la Universidad. Hace unos años, en un lejano 21 de febrero, «Le Monde» publicaba esta noticia: «Esta conferencia -se refería a la que había tenido lugar en la Universidad y fue origen de la primera huelga universitaria—ha sido pronunciada con autorización expresa de monseñor Maximino Romero, obispo auxiliar de Madrid, encargado de la enseñanza religiosa». Será bueno recordar que el malogrado cardenal Riberi pronunció en la consagración de don Maximino estas palabras: «A ti, querido hermano, quiere la sagrada y solícita Iglesia de España confiarte de modo especial el cuidado del mundo intelectual de tu Patria; ella bien sabe que el apostolado en el mundo intelectual es uno de los grandes problemas que la Iglesia tiene hoy día planteados en todos los pueblos. Por fortuna, en la actualidad la legislación española en orden a la formación religiosa en los centros de enseñanza ofrece muchas y buenas posibilidades.»

 Mientras tanto, se repiten los disturbios, absurdos e injustificables; se ha destruido al S. E. U., al que después de la Cruzada una disposición oficial unificó al mismo a la A. E. T. (Agrupación Escolar Tradicionalista); la única politización de la Universidad es actualmente de signo marxista, y entre otros interrogantes, los padres de familia nos preguntamos: ¿No tiene nada que decir don Maximino Romero de Lema, como obispo de la Universidad española, ante sucesos que simbólicamente terminan echando por las ventanas el crucifijo de las aulas?

 Nosotros reafirmamos nuestro voto de una acción política contundente y seria dentro de la Universidad, limpiando las fuentes de intoxicación doctrinal en primer lugar. El autorizado J. Boor (seudónimo de F. Franco), en su libro Masonería, dice: «En esta acción de filtración masónica no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que, cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos, son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta.»

Luego, a los que actúan en ese terreno desde el plan ideológico o desde la agitación callejera, se impone la depuración más severa y una acción policíaca que decisivamente termine, al precio que sea, lo que viene sucediendo en las universidades de España.

 CIERTO «TRADICIONALISMO» Y LOS SUCESOS DE LA UNIVERSIDAD

 En esta hora en que hay que pedir responsabilidades en serio ante los sucesos de la Universidad, debemos señalar que el confusionismo se ha disparado desde diversas plataformas, además de las que en otras crónicas y en ésta venimos enumerando. Con bochorno recordamos palabras que fueron dichas en el «Aplec» de Montserrat el día 30 de mayo de 1965. Allí habló Víctor Pere Alonso como delegado de las AA. EE. TT., pronunciando palabras tan disonantes al pensamiento tradicionalista y al realismo político de la hora presente, como las siguientes: «Si algo necesitamos con urgencia es el vivir en demócratas. Por ello nos disgusta no sólo la llamada Comisaría del S. E. U., que, por mantener el partido único en las estructuras universitarias, no responde a las exigencias de profesionalidad y apoliticismo...»

 A estas alturas queda patente la desviación a la doctrina tradicionalista que suponían, ya en 1965 estas palabras. Nos parece muy bien hablar de la profesionalidad en la vida universitaria. Pero Víctor Pere Alonso, en nombre de la A. E. T., ¿podía esperar espíritu profesional y APOLITICISMO del Sindicato Democrático de Estudiantes, en el que debía caer fatalmente la Universidad al suprimir el S. E. U.? Por esto, a estas alturas (1968), un ilustre carlista ha podido dirigirse a don Javier de Borbón Parma, en fecha del 30 de noviembre pasado, para decirle: «La A. E. T. anda bastante indisciplinada e ineficaz, con desconocimiento de nuestra doctrina.»

 Lo que la A. E. T. debía haber pedido era la eliminación de la heterodoxia religiosa y patriótica de la Universidad, que el S. E. U.—al que estaba incorporada la A. E. T-., como ya hemos dicho anteriormente—hubiera educado intelectualmente al servicio de Dios y de la Patria a las juventudes universitarias; que la Universidad fuera regulada en el sentido que propugna la doctrina tradicionalista; que el peligro marxista fuera eliminado totalmente y desde raíz.

 Como dice Sebastián Contin en «Amanecer», de Zaragoza: «Hoy, actualmente, la Universidad española, en su confusión, es un maremágnum en el que aparecen todos los días las ideologías más peligrosas. No se respetan ni la religión, ni la Patria, ni las personas». ¿No dice esto nada a don José María Valiente y a los directivos del tradicionalismo español en su ausencia entre las juventudes universitarias y en el confusionismo que en actos tan resonantes como el «Aplec» de Montserrat sembró el citado orador “aetista” en dicho acto de 1965? También nos gustaría que la Comunión Tradicionalista formulase una inequívoca declaración pública ante la actual situación universitaria.

 Esto también explica lo de la Universidad

 Edición de Materiales, de Barcelona, acaba de editar «CARTAS SOBRE EL CAPITAL», de K. Marx y F. Engels. Nos dicen que en la Argentina se prohíben ciertas obras editadas en España de propaganda comunista. Ahora se edita este libro de los fautores del comunismo. Nuestra prensa les hace propaganda gratuita. Esteban Doltra, en «Hoja del Lunes» del 15 de enero pasado, dice: «Marx, sobre todo, es un intelectual más que un revolucionario.» Nos abruma que un periodista demuestre tanta cultura… Lo que afirmamos es que libros como éste TAMBIEN explican lo que pasa en la Universidad.

 A. RECASENS SALVAT

 

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968


jueves, 13 de agosto de 2026

Oliveira Salazar: un hombre para la eternidad (2)

 Artículo de 1970 

 ANTONIO OLIVEIRA SALAZAR: TESTAMENTO DE CONCIENCIA POLÍTICA

 En vida, tuvo el trabajo como medio de llegar al reposo, la intuición como medida para llegar a la verdad y al respeto, la honradez para lograr el triunfo de la justicia y el cultivo de la inteligencia para el ejercicio del derecho y el disfrute de la libertad.

 Murió, tras cruel enfermedad, con la alegría de saber sufrir y con la satisfacción del deber cumplido en beneficio ajeno, como hombre y gobernante, en años de incansable labor por la paz, la prosperidad y la felicidad de su pueblo. Ya lo había dicho, en entrevista de prensa, a políticos y amigos.

 El ejemplo

 Ha hablado Oliveira Salazar del Oliveira Salazar que ha muerto… Estos son los más destacados pensamientos del testamento político dejado su patria por este insigne hombre de Estado. En ellos aflora, como lozanas rosas lusitanas, el bello ejemplo del derecho de reposar a la hora de la muerte, llorado por su pueblo y admirado por el mundo.

 El país

 El país es de todos y las cosas del país están siempre rebozando en el alma. De los que crean sin interés ni cansancio, sabía que su país necesitaba sacrificios y era necesario servirle y no tomarlo para servirse de él:

 -“En este mi país donde, tan a la ligera, se aprecia y desprecia a los hombres públicos, gozo del respeto general. No tengo ambiciones, no deseo subir más alto, creo que otro mejor dotado debe ocupar mi lugar y ofrecer, al servicio del pueblo, su mayor capacidad de trabajo, buscando nuevos horizontes, poniendo en práctica nuevas ideas y métodos. Se me hace imposible envanecerme porque tengo la certidumbre de no haber hecho todo lo que deseaba en beneficio de mi país, pero ejecuté lo suficiente para que no se pueda decir que fallé en mi misión. Pude servir.”

 El hombre

 Como pocos, trató al hombre para tener fe en él, levantarlo y mejorarlo. Era de los hombres que hacen de puentes en los pueblos y es necesario pasar por ellos. Sabía que no llegan a hombres todos los que han nacido para serlo. No supo de rencillas y pasiones, no tuvo celos de otros ni negó asiento en el país a ningún valor. Las puertas del país deben estar abiertas a la actividad fecunda y legítima de todos:

 -“Me esforcé, en años de estudios, de meditación y de acción intensa, en comprender mejor a los hombres. Pude aclararme”.

-“Ni siquiera me acuerdo de haber recibido ofensas. Jamás hice uso del insulto ni de la agresión, brindando a los hombres dignos la posibilidad de colaborar. No ignoré mi condición humana y pude encontrarme a mí mismo para conocer mejor a los hombres. Fui simplemente humano”.

 El gobierno

 El gobierno de los hombres es, sin duda alguna, la misión más alta del ser humano. No debe mirarse como fortuna, sino como altar donde entrar y salir con las manos limpias. El poder no envenenó su voluntad y supo gobernar porque tenía la capacidad de convencer, la facultad de entender y el poder de amar y servir:

 -“Anhelo liberarme de las mezquindades que representa toda obra de gobierno. Me asfixia su maquinaria, en la que me siento canto cautivo y esa falta de libertad, que me es odiosa, es la que me hace sufrir en Lisboa. El poder no puede gustar más que a los tontos o a los predestinados”.

 La política

 La política sólo anda segura cuando se cuenta en el bien común, en el bienestar del pueblo. Perdura lo que nace de él, no lo que se importa de otro. La política honesta es el bien mayor, la mezquina y baja, el mayor vicio. Cuanto más se acercó a ella, más le repugnaron sus errores y pecados:

 -“Nunca puse mis miras en clientelas políticas, ni procure un partido que me apoyase y, en pago de su apoyo me hiciera adquirir el compromiso de orientar o limitar mi acción gubernamental. Soy, por tanto, dentro de lo posible, un hombre independiente”.

 La economía

 En economía, proteger el trabajo individual y distribuir con equidad es hacer venturosos. La riqueza debe ser de muchos, de los que, honrada y laboriosamente, la merezcan. Consciente de ello, “hizo milagros por la economía y de un país pobre, pero pródigo, creó una nación sensata, con decoro y grandeza”:

 -“Queremos marchar hacia una economía nueva, trabajando al unísono con la naturaleza humana, bajo la autoridad de un Estado fuerte, que defienda los intereses supremos de la nación, su riqueza y su trabajo”.

 La vida

 Se consagró a su país para ser dichoso. Vivió con sencillez y dignidad, hablando la verdad para amar mejor la vida. Venció a la vida viviendo. Prudente en la razón, constante en la generosidad y pródigo en el perdón, supo darle objeto, domar y embellecer la vida:

 “Muchos creen que no amo la vida. Es completamente falso. La realidad es que no amo “mi vida”. Tampoco aspiro a la muerte como otros aseguran. En vez de gobernar me hubiera gustado vivir en Vimieiro (su pueblo natal), tranquilamente, entre campos y viñas, haber formado un hogar, porque soy sensible a las sencillas alegrías que le están permitidas a todo ser humano”.

 Las virtudes

 La virtudes no comprenden el odio, el engaño, la ostentación de los cargos, el brillo del metal y la atracción del dinero. De las virtudes necesitan los hombres y los pueblos para salvarse. Y él, como hombre de pueblo, como hombre patrio, con visión de humanidad, seguro de que el progreso es verdad cuando penetra en las masas, vivió más feliz siendo pobre y sirviendo los humildes:

 - “Jamás hice lisonjas inmerecidas a los hombres y a las masas, y si mi obra la encamino en beneficio de los intereses y reivindicaciones de los humildes, lo hago por mandato imperativo de mi conciencia de gobernante, no impelido por uniones partidistas o pactos electorales, sin necesidad de enredarme en la trama de los negocios o en solidaridades comprometedoras. Así me considero, en lo posible, un hombre libre en su obra de gobierno”.

-“Debo a la Divina Providencia la gracia de ser pobre. Nunca ansié, ni me hicieron falta, cargos lucrativos, riquezas ni ostentaciones para ganar el pan de cada día, en la modestia a que estoy acostumbrado y en la que puedo vivir resignadamente”. 

La doctrina 

En suma, su tarea de hombre y de gobernante le ganó, como creador de una doctrina, el “Salazarismo”, un destacado puesto en el fervor y el cariño de su pueblo. Vaciando su espíritu en ella, en una labor pura, sin una mancha de ambición o de intriga, escogió el sitio más difícil: el del cumplimiento del deber, que exige mayor desinterés y ofrece mejores beneficios a los demás:

 -“Ni el despotismo del Estado ni la demagogia del pueblo, sino el equilibrio perfecto entre una autoridad necesaria que no dependa de las pasiones de la multitud y un derecho social que no varía con los movimiento de la opinión pública”.

 La muerte

 No quiso pompas llegado el momento final, que es vía y no término. Católico ferviente, consideraba desdichados los pueblos que matan a Dios. Negar la vida espiritual es como negar que la noche sigue al día. Murió cristianamente, con la resignación de los fuertes ante el sufrimiento. Morir así no es morir, es vivir, servir, ya que el hombre que muere donde debe, como él, siempre sirve. El funeral tenía que ser como su vida, sencillo, modesto:

 -“Nosotros no renegamos de la familia, de la fe, de la fraternidad, de la autoridad, de la patria”.

-“No deseo ser enterrado con la gran pompa que a los jefe de Estado corresponda, sino muy sencillamente, en el cementerio de Santa Comba, al lado de mi padre y de mi madre”.

 Los restos mortales del genio, del estadista, fueron llevados al Monasterio de los Jerónimos para el funeral, en el que España estuvo presente:

 -“Nosotros y España somos dos hermanos, con casa separada de la península, pero seguramente más amigos por ser independientes y celosos de nuestra autonomía”

 Su petición se cumplió. Después, su féretro fue transportado hasta Santa Comba Dao, donde recibió cristiana sepultura junto a los seres queridos que le dieron la vida.

 La sucesión

 Portugal no queda huérfana. Sigue con ella su doctrina, ya que su obra vive y vivirá siempre en el corazón y en la historia de su pueblo. El caudal de los pueblos son sus genios. El genio verdadero, como él, deja la tierra abonada cuando se aparta de ella. El futuro está en seguir sus huellas, en cultivar la semilla y recoger sus frutos. Al tomar posesión de la Jefatura Nacional ante la Asamblea Nacional, declaró su sucesor, Marcelo Caetano:

 -“El país se habituó, durante largo período, a ser conducido por un hombre de genio. De hoy en adelante tiene que adaptarse al gobierno de hombres como los demás”.

Juan Valeri Busto

 

Revista FUERZA NUEVA, nº 190, 29-Ago-1970