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CENTRISMO ECLESIÁSTICO
Uno es ingenuo. Uno cree que
la verdad puede estar en un lado o en otro, pero que no se la sirve por el
cómodo expediente de adoptar una postura “centrista”: el “justo medio” no
es justo cuando se sitúa entre la verdad y el error. Si dentro de las
posturas humanas la verdad estuviera en un extremo, sólo se la
sirve poniéndose en ese extremo, sea el que fuere. No hay que temer
ser llamado extremista sino servir al error. No son los adjetivos los que
deben preocuparnos sino la verdad. Al buscar la verdad podemos equivocarnos,
pero será contra nuestra voluntad. Cuando no tenemos excusa es cuando transigimos,
a sabiendas, con el error, por adoptar una postura intermedia que nos haga
parecer tolerantes y comprensivos, hombres de nuestro tiempo.
Sin embargo, se observa, en
algunos estamentos eclesiásticos, la tendencia al “centrismo”, con
independencia de la verdad. Y no sólo en cuestiones políticas o sociales sino,
lo que es más grave, bajo el punto de vista religioso, en cuestiones
doctrinales y dogmáticas. Se ha establecido la teoría de que, en la Iglesia,
existen dos extremos, uno conservador y otro progresista y se sostiene que la
verdad está en el justo medio, sin buscar si no se encuentra en alguno de los
extremos. Además, la inclinación de ese “centro” hacia la izquierda, es
visible.
El paralelismo entre esta
situación en la Iglesia y lo que ocurre en la política italiana (1970)
es tan evidente que extraña que no haya sido comentada. El “centro-izquierda”
de Italia, creado con la excusa de aislar al comunismo, es cada vez más “izquierda”
y menos “centro”. En cuanto al aislamiento de los comunistas, se ha llegado
ya a la formación de juntas “frentepopulistas” entre socialistas y comunistas
para el gobierno de algunas regiones, a pesar de que los primeros pertenecen
al gobierno formado para “aislar” al comunismo. El deslizamiento de ciertos
medios eclesiásticos hacia el progresismo en religión, es similar al que
sufren hacia la izquierda en política. No se olvide que ha sido un partido de
origen clerical (la Democracia Cristiana) el que ha hecho posible el proceso
en Italia.
Los unos y los otros
El “centrismo” eclesiástico
parece preocupado únicamente de no ser calificado de “reaccionario” o de “conservador”.
Por ello, cuando la Jerarquía tiene que censurar (condenar ya no se
estila) algún exceso progresista, procura compensarlo con un palo al otro
sector, venga o no a cuento. Los católicos tradicionalistas se están
convirtiendo así en una sufrida coartada para cierta Jerarquía. Basta
censurarlos para fabricarse un prestigio de “avanzado” o, al menos, de
centrista, quien carece de otros méritos.
Veamos un ejemplo reciente (1970).
El Consejo permanente del Episcopado francés hizo, en el mes de junio, una
declaración sobre el tema “Renovación y crecimiento de la Iglesia”. En su
preámbulo se decía: “Mientras que
algunos se impacientan o se desaniman ante la lentitud de la evolución que
ellos quisieran más rápida, otros se endurecen ante toda búsqueda. Algunos,
en fin, sienten la tentación de realizar gestos de ruptura con la Iglesia,
queriendo darles un sentido “profético”. Por su propia cuenta, algunos buscan
un empleo de trabajadores, toman responsabilidades sindicales o políticas e
incluso se consideran desligados de su compromiso con el celibato. A veces lo
hacen colectivamente, en el seno de grupos que discuten la autoridad de la Jerarquía”.
La gravedad de las
acusaciones concretas que en el anterior párrafo se hacen, pese a la “centrista”
mención a quienes “se endurecen ante toda búsqueda” es claro que se refiere a
los grupos contestatarios del progresismo. A pesar de ello, el Consejo
Episcopal, al enviar la declaración a los obispos de Francia se ha
considerado obligado a aclarar que en ella deben sentirse apuntados “igual
los grupos de extrema derecha que “Echanges et Dialogue”, igual el progresista
padre Cardonnel o los “Hermanos del Mundo” que el “abbé de Nantes” o el P.
Coache (tradicionalistas). Tras redactar esta declaración, los autores
debieron sacudirse las manos satisfechos: todos iguales nadie podrá acusarlos
de anti progresismo
Los tibios
Pero la réplica, y bastante
airada, ha salido de donde menos podían esperarlo los obispos franceses, que
tanto cuidan su prestigio de avanzados y modernos. No han sido sacerdotes
tradicionalistas, tan injustamente mezclados con quienes, según los obispos,
abandonan su ministerio y se mundanizan hasta el punto de abandonar colectivamente
el celibato. Ha sido el propio padre Cardonnel, dominico nominalmente citado
en la declaración episcopal y coautor de “Dios ha muerto en Jesucristo”, quien,
en una réplica publicada en “Le Monde”, afirma que es contraria al Evangelio la
adopción de una postura centrista por los obispos: “La situación me parece
alarmante, añade, porque Cristo, del que todos nosotros nos proclamamos
fieles, vomita a los tibios. En el Apocalipsis lo dice como reproche mayor a
las Iglesias. (…) Así, pues, yo me niego como discípulo de Cristo, a ver en
la Iglesia un justo medio (…) que no es siempre el justo medio.
Si los anteriores reproches
son ambivalentes y pueden hacerse igual desde la derecha que desde la
izquierda, ello no justifica que tales posturas puedan ser confundidas, sino
que cada una ha de ser juzgada por sus propios valores. Que es precisamente
lo que no hace el centrismo de los tibios. (…)
Juan NUEVO
Revista FUERZA NUEVA, nº 191, 5-Sep-1970
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