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sábado, 15 de agosto de 2026

Subversión universitaria por inhibición de Iglesia y tradicionalismo

 Artículo de 1968

 Esperamos que monseñor Romero de Lema, obispo de la Universidad, oriente al país sobre los problemas universitarios.—Es hora de que el "Tradicionalismo" explique la desviación de las AA. EE. TT. De literatura comunista y de periodismo clerical

 Continúa la subversión en la Universidad. Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Oviedo, Valencia van conociendo asambleas ilegales, disturbios y actos de vandalismo, como el del grupo de estudiantes que en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid arrojaron bancos, sillas, botellas, piedras y el crucifijo que presidía el aula 217. Venimos repitiendo desde hace semanas que los sucesos universitarios no responden a problemas académicos, sino a una ofensiva política contra el Estado y contra el régimen, bajo típica confabulación masónico-marxista. Volvemos a repetir que desde hace años se ha permitido la descarada entrada de elementos subversivos que han intoxicado nuestra juventud universitaria. Antes que los disturbios en la calle, nos parecen más graves las líneas ideológicas, las actitudes profesorales y la resurrección de la heterodoxia antirreligiosa y las momias del liberalismo y del criptocomunismo.

 Que el comunismo busca y consigue esto ya lo decía Pío XI en su encíclica «Divini Redemptoris»: «Los pregoneros del comunismo saben también aprovecharse de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de diversos sistemas políticos, y hasta de la desorientación en el campo de las ciencias sin Dios, para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.»

 No queremos silenciar que el progresismo de muchos sacerdotes y sedicentes movimientos católicos ha contribuido al caos universitario. Queremos recordar que la Santa Sede nombró a monseñor don Maximino Romero de Lema obispo de la Universidad. Hace unos años, en un lejano 21 de febrero, «Le Monde» publicaba esta noticia: «Esta conferencia -se refería a la que había tenido lugar en la Universidad y fue origen de la primera huelga universitaria—ha sido pronunciada con autorización expresa de monseñor Maximino Romero, obispo auxiliar de Madrid, encargado de la enseñanza religiosa». Será bueno recordar que el malogrado cardenal Riberi pronunció en la consagración de don Maximino estas palabras: «A ti, querido hermano, quiere la sagrada y solícita Iglesia de España confiarte de modo especial el cuidado del mundo intelectual de tu Patria; ella bien sabe que el apostolado en el mundo intelectual es uno de los grandes problemas que la Iglesia tiene hoy día planteados en todos los pueblos. Por fortuna, en la actualidad la legislación española en orden a la formación religiosa en los centros de enseñanza ofrece muchas y buenas posibilidades.»

 Mientras tanto, se repiten los disturbios, absurdos e injustificables; se ha destruido al S. E. U., al que después de la Cruzada una disposición oficial unificó al mismo a la A. E. T. (Agrupación Escolar Tradicionalista); la única politización de la Universidad es actualmente de signo marxista, y entre otros interrogantes, los padres de familia nos preguntamos: ¿No tiene nada que decir don Maximino Romero de Lema, como obispo de la Universidad española, ante sucesos que simbólicamente terminan echando por las ventanas el crucifijo de las aulas?

 Nosotros reafirmamos nuestro voto de una acción política contundente y seria dentro de la Universidad, limpiando las fuentes de intoxicación doctrinal en primer lugar. El autorizado J. Boor (seudónimo de F. Franco), en su libro Masonería, dice: «En esta acción de filtración masónica no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que, cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos, son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta.»

Luego, a los que actúan en ese terreno desde el plan ideológico o desde la agitación callejera, se impone la depuración más severa y una acción policíaca que decisivamente termine, al precio que sea, lo que viene sucediendo en las universidades de España.

 CIERTO «TRADICIONALISMO» Y LOS SUCESOS DE LA UNIVERSIDAD

 En esta hora en que hay que pedir responsabilidades en serio ante los sucesos de la Universidad, debemos señalar que el confusionismo se ha disparado desde diversas plataformas, además de las que en otras crónicas y en ésta venimos enumerando. Con bochorno recordamos palabras que fueron dichas en el «Aplec» de Montserrat el día 30 de mayo de 1965. Allí habló Víctor Pere Alonso como delegado de las AA. EE. TT., pronunciando palabras tan disonantes al pensamiento tradicionalista y al realismo político de la hora presente, como las siguientes: «Si algo necesitamos con urgencia es el vivir en demócratas. Por ello nos disgusta no sólo la llamada Comisaría del S. E. U., que, por mantener el partido único en las estructuras universitarias, no responde a las exigencias de profesionalidad y apoliticismo...»

 A estas alturas queda patente la desviación a la doctrina tradicionalista que suponían, ya en 1965 estas palabras. Nos parece muy bien hablar de la profesionalidad en la vida universitaria. Pero Víctor Pere Alonso, en nombre de la A. E. T., ¿podía esperar espíritu profesional y APOLITICISMO del Sindicato Democrático de Estudiantes, en el que debía caer fatalmente la Universidad al suprimir el S. E. U.? Por esto, a estas alturas (1968), un ilustre carlista ha podido dirigirse a don Javier de Borbón Parma, en fecha del 30 de noviembre pasado, para decirle: «La A. E. T. anda bastante indisciplinada e ineficaz, con desconocimiento de nuestra doctrina.»

 Lo que la A. E. T. debía haber pedido era la eliminación de la heterodoxia religiosa y patriótica de la Universidad, que el S. E. U.—al que estaba incorporada la A. E. T-., como ya hemos dicho anteriormente—hubiera educado intelectualmente al servicio de Dios y de la Patria a las juventudes universitarias; que la Universidad fuera regulada en el sentido que propugna la doctrina tradicionalista; que el peligro marxista fuera eliminado totalmente y desde raíz.

 Como dice Sebastián Contin en «Amanecer», de Zaragoza: «Hoy, actualmente, la Universidad española, en su confusión, es un maremágnum en el que aparecen todos los días las ideologías más peligrosas. No se respetan ni la religión, ni la Patria, ni las personas». ¿No dice esto nada a don José María Valiente y a los directivos del tradicionalismo español en su ausencia entre las juventudes universitarias y en el confusionismo que en actos tan resonantes como el «Aplec» de Montserrat sembró el citado orador “aetista” en dicho acto de 1965? También nos gustaría que la Comunión Tradicionalista formulase una inequívoca declaración pública ante la actual situación universitaria.

 Esto también explica lo de la Universidad

 Edición de Materiales, de Barcelona, acaba de editar «CARTAS SOBRE EL CAPITAL», de K. Marx y F. Engels. Nos dicen que en la Argentina se prohíben ciertas obras editadas en España de propaganda comunista. Ahora se edita este libro de los fautores del comunismo. Nuestra prensa les hace propaganda gratuita. Esteban Doltra, en «Hoja del Lunes» del 15 de enero pasado, dice: «Marx, sobre todo, es un intelectual más que un revolucionario.» Nos abruma que un periodista demuestre tanta cultura… Lo que afirmamos es que libros como éste TAMBIEN explican lo que pasa en la Universidad.

 A. RECASENS SALVAT

 

 Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968


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