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DEVOLUCIÓN
EN estos últimos tiempos se habla, se trata, sobre la devolución de
los patrimonios incautados a los partidos políticos, al final de la Guerra de Liberación, y, en algún caso y
población, parece así se ha hecho; y aun se ocupan, como presión, locales de
la AISS.
Como un ciudadano más, con derecho a emitir opiniones, estimo que
esos ¿patrimonios? deberían pasar a poder del Estado, por los siguientes
motivos:
En primer lugar, por la referencia, tantas veces hecha, al tesoro
español llevado a Méjico en el «Vita»; el oro llevado a la URSS, y la plata y
oro vendidos en Francia.
En segundo lugar, lo que es imposible de contabilizar, por el expolio
a que sometieron a particulares, exigiendo la entrega de colchones,
cubiertos, vajilla, menaje de cocina, mantas y ropas de abrigo para el frente
y hospitales, lo cual, como es lógico, no se recuperó, además de la entrega de
armas, que en la mayoría de los casos se hallaban inútiles, pues eran de
coleccionistas (arcabuces, trabucos, espingardas, machetes, gumías, sables,
floretes, espadas, etc.), tampoco recuperadas y algunas, por sus
incrustaciones o por su rareza, de gran valor, cuando no el sentimental de un
recuerdo familiar.
En tercer lugar, el saqueo, destrozo o mal uso de viviendas
particulares, «requisadas», cuyos muebles, de valor en muchos casos, así como
objetos de arte, vajillas, etc., ha sido casi imposible volver a reunir, pese
a la labor de los Servicios de Recuperación que funcionaron en la posguerra;
e incluso la «incautación» de joyas encontradas
en «registros» domiciliarios; y no digamos del mal uso y sus
consiguientes reparaciones al entrar los dueños de nuevo en posesión de
ellas; además hubo la «requisa» de vehículos, en general no recuperados, y si
lo fueron, ¡en qué estado!; a ello hay que sumar bibliotecas y archivos aventados
o destruidos.
En cuarto lugar, al incautarse o intervenir las fábricas u otros
establecimientos comerciales o mercantiles, la venta de productos
manufacturados que se hallaban en almacén para ser expedidos, y el empleo,
hasta su agotamiento, de las materias primas almacenadas; y no digamos de las
cuentas bancarias intervenidas y de su utilización para «fines de guerra» u
otras necesidades; lo mismo puede decirse de la intervención agrícola.
Y, por último, la destrucción de iglesias, conventos y demás bienes
de la Iglesia, así como el saqueo de sus tesoros y obras de arte (pinturas,
esculturas, etc.), muchas de ellas quemadas; campanas fundidas…
Este, pues, es el resumen que estimo avala el que sea el Estado quien
entre en posesión, definitivamente, de bienes o patrimonios concretos, ante
la imposibilidad de resarcir de tanto y tanto despojo a particulares, entidades,
empresas...; granitos de arena cuya suma quizá se equiparase o superase, con
creces, el valor del tesoro del «Vita» y del oro enviado a la URSS, hasta el
momento sin recuperar.
Narciso DÍAZ
Revista FUERZA NUEVA, nº 635,10-Mar-1979
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