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domingo, 9 de agosto de 2026

Reflexiones teológicas sobre los tesoros de la Iglesia

 Artículo de 1968

 REFLEXIONES TEOLÓGICAS SOBRE LOS TESOROS DE LA IGLESIA

 La panacea universal

 Una vez más nos salen a relucir las joyas del Pilar. Una vez más airean sus vistosos perfiles. Una vez más esclarecen sus facetas a la luz del sol, de la fama y de la propaganda Despojada de ellas la Virgen en épocas azarosas, volvió a reponerse con creces. Sirvieron de alivio en trances críticos de la Patria. Contribuyeron a la reconstrucción y restauración del templo basilical. Han polarizado las atenciones siempre que una deuda gigantescase ha cernido sobre la diócesis. Concretamente, el año 1958, conocasión de la campaña de templos suburbiales, se pensó en ellas. Pero casi siempre se respetaron por motivos laudabilísimos, fáciles de comprender. Ahora se invocan como coco y panacea desolución en torno a la necesidad escolar y cultural de Zaragoza...

 ¡Qué maravillosa es la Virgen del Pilar y qué inmensos sustítulos evocados en todas las ocasiones! ¡Las obras del Pilar, indefinidas y eternas! ¡Los mantos del Pilar, innumerables y valiosos! ¡Las banderas del Pilar, envidiadas y emuladoras! ¡Las prerrogativas hispánicas del Pilar, apetecidas y rivales! ¡Las joyas del Pilar, llevadas y traídas como panacea universal..

 Punto de vista pobre y ridículo

 ¡Todo ello está muy bien y nos place por lo emotivo, sentimental, singular y rumboso! Cómo nos agradan los atributos de Dios, infinitos y eternos; cómo nos hechizan las característicasde Jesucristo, por bondadosas y humanas; como nos cautivan lasnotas de la Iglesia, por intensas y satisfactorias.

 Pero... con ser indefinido, y grandioso, y halagador cuanto serefiere a la Virgen del Pilar —y en este caso a su tesoro y joyero—, nos parece el punto de vista un tanto pobre, enteco, parcialísimo, miope y hasta ridículo...

 ¡Vender las joyas de la Virgen —como se pretende— para construir unas escuelas que en pago pueden llevar su nombre...! Tratar de remediar la incultura de Zaragoza a base del tesoro de la Virgen del Pilar...I ¡Acabar con el chabolismo, el hambre y la miseria de la ciudad del Ebro a costa de los exvotos ofrecidos a la Virgen...!

 Pero… ¿es que en el mundo no interesan más que los niños escolares de Zaragoza...? ¿Es que sólo faltan escuelas en la ciudad del Pilar...? ¿Es que sólo subsiste el chabolismo en las márgenes del Ebro…?

 ¿Un gran lote universal?

 Se nos dice – y estamos convencidos de ello— que vivimos en la época de la Iglesia, que somos Iglesia o, lo que es igual, gozamos de atributos económicos, universales, internacionales. De ahí las grandes organizaciones a nivel mundial, a escala geográfica universal, a ritmo de Humanidad.

 Domingo Mundial de la Fe, Caritas Internacional, Cruz Roja Internacional, Mercados Comunes europeos, americanos. Todo es y todo debe ser universal.

 Por eso en vez de pensar exclusivamente en el Pilar, ¿no estaríamejor hacer un gran lote universal, entresacando de todos lostesoros eclesiásticos, católicos y cristianos las joyas anticuadas, estériles, inservibles y... hasta inmorales?

 Comenzando por Roma —la ciudad universal por excelencia, Sede y Cabeza de la Iglesia—, ¿por qué no limpiar sus museos, los amplísimos museos vaticanos de cuanto propio e indigno existe y se amontona en ellos...?

 Los museos vaticanos

 Es curioso el fenómeno: los devotos peregrinos llegan a la Ciudad del Papa y, como empujados por incontenible corriente, visitan los museos vaticanos. Contemplan estatuas y más estatuas, figuras y más figuras, objetos y más objetos en completo desnudismo. Las hay exentas de extremidades superiores o inferiores, pero de órganos sexuales..., ¡ninguna!

 Es de ver el espectáculo de pobres monjas, de recoletos frailes, de devotos fieles sumergidos en el ambiente más escandaloso de su vida… ¡Qué lote de venta más comercial realizado en nombre de la honestidad, de la justicia, de la necesidad cristiana...! Digamos lo mismo de otros objetos valiosos en similares museos.

 ¡Qué ejemplo tan hermoso el del Papa iniciando este proyecto al regalar su tiara y ponerla a la venta! ¿Pero cuántas y cuántas tiaras se conservarán de Papas anteriores? Obispos abnegadísimos que cedieron sus anillos con los mismos fines benéficos. ¿Pero y cuántos anillos, báculos y mitras no se guardan aún con miras puramente sentimentales? ¿Y los que se diluyen por torrentes profanos…?

 Permítasenos una anécdota. Al morir el cardenal Tedeschini se hicieron gestiones para que su hermoso pectoral —en el que se incrustaba una bella imagen de la Virgen del Pilar— fuese a engrosar el atrayente joyero de Zaragoza, incluso pagándolo cortésmente. A ello se contestó por delegados de Roma: «¡En eso están pensando sus sobrinos y herederos, en ceder el pectoral de su tío el cardenal…!»

 Otros lugares

 ¡Y tantos lugares del mundo cristiano que también podrían dar ejemplo! En la Iglesia del Gesú, de la misma Ciudad Eterna, destaca la famosísima capilla de San Ignacio, reputada por la más rica y magnífica del mundo.

 Nada digamos de tantos palacios reales sin habitar por falta de dueños adecuados, de tantas casas palaciegas, de tantos edificios grandiosos pero en estado de declive y ruina.

 Más aún: con todo el material artístico y religioso sobrante en nuestras catedrales, colegiatas y parroquias podían ornamentarse las nuevas iglesias construidas en todo el mundo. Magnífica distribución que enaltecería las casas de Dios sin cambiar de amo.

 Cuidado con la hipocresía

 Tales son nuestras ideas en punto a joyas y tesoros de la Iglesia. Jamás tan adecuadas como ahora, porque el mundo, la mayoría de las naciones, entran por cauces de prosperidad y de lujo exorbitantes. Si en siglos pasados destacó la iglesia monumental entre casas de adobes, era porque se ofrecía lo más y lo mejor a Dios.

 Hoy sucede lo contrario. Se levantan al cielo las chimeneas, los rascacielos, las torres y empíreos. Hasta las catedrales se quedan pequeñas. Ahí está San Patricio de Nueva York, como una vieja acurrucada sobre sí misma. Los edificios circundantes la repasan y achican.

 Tengamos cuidado. El mundo entra por vías grandes. No caigamos en la hipocresía de aparentar ser pobres y pequeños. Queno lo somos. Nuestros atuendos, vehículos, viajes, nos acusan de fuertes.

 No reduzcamos a Dios a la bajeza de catacumba, mientras queramos ser caballeros del siglo XX.

 Santiago DEL PILAR


Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968

 

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