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REFLEXIONES TEOLÓGICAS SOBRE LOS TESOROS DE LA IGLESIA
La panacea universal
Una vez más nos salen a
relucir las joyas del Pilar. Una vez más airean sus vistosos perfiles. Una
vez más esclarecen sus facetas a la luz del sol, de la fama y de la
propaganda Despojada de ellas la Virgen en épocas azarosas, volvió a
reponerse con creces. Sirvieron de alivio en trances críticos de la Patria.
Contribuyeron a la reconstrucción y restauración del templo basilical. Han
polarizado las atenciones siempre que una deuda gigantescase ha cernido sobre
la diócesis. Concretamente, el año 1958, conocasión de la campaña de templos
suburbiales, se pensó en ellas. Pero casi siempre se respetaron por motivos
laudabilísimos, fáciles de comprender. Ahora se invocan como coco y panacea
desolución en torno a la necesidad escolar y cultural de Zaragoza...
¡Qué maravillosa es la
Virgen del Pilar y qué inmensos sustítulos evocados en todas las ocasiones!
¡Las obras del Pilar, indefinidas y eternas! ¡Los mantos del Pilar,
innumerables y valiosos! ¡Las banderas del Pilar, envidiadas y emuladoras!
¡Las prerrogativas hispánicas del Pilar, apetecidas y rivales! ¡Las joyas del
Pilar, llevadas y traídas como panacea universal..
Punto de vista pobre y
ridículo
¡Todo ello está muy bien y
nos place por lo emotivo, sentimental, singular y rumboso! Cómo nos agradan
los atributos de Dios, infinitos y eternos; cómo nos hechizan las
característicasde Jesucristo, por bondadosas y humanas; como nos cautivan
lasnotas de la Iglesia, por intensas y satisfactorias.
Pero... con ser indefinido,
y grandioso, y halagador cuanto serefiere a la Virgen del Pilar —y en este
caso a su tesoro y joyero—, nos parece el punto de vista un tanto pobre,
enteco, parcialísimo, miope y hasta ridículo...
¡Vender
las joyas de la Virgen —como se pretende— para construir unas escuelas que en
pago pueden llevar su nombre...! Tratar de remediar la incultura de Zaragoza
a base del tesoro de la Virgen del Pilar...I ¡Acabar con el chabolismo, el
hambre y la miseria de la ciudad del Ebro a costa de los exvotos ofrecidos a
la Virgen...!
Pero… ¿es que en el mundo no
interesan más que los niños escolares de Zaragoza...? ¿Es que sólo faltan
escuelas en la ciudad del Pilar...? ¿Es que sólo subsiste el chabolismo en
las márgenes del Ebro…?
¿Un gran lote universal?
Se nos dice – y estamos
convencidos de ello— que vivimos en la época de la Iglesia, que somos Iglesia
o, lo que es igual, gozamos de atributos económicos, universales, internacionales.
De ahí las grandes organizaciones a nivel mundial, a escala geográfica universal,
a ritmo de Humanidad.
Domingo Mundial de la Fe,
Caritas Internacional, Cruz Roja Internacional, Mercados Comunes europeos,
americanos. Todo es y todo debe ser universal.
Por eso en vez de pensar
exclusivamente en el Pilar, ¿no estaríamejor hacer un gran lote universal,
entresacando de todos lostesoros eclesiásticos, católicos y cristianos las
joyas anticuadas, estériles, inservibles y... hasta inmorales?
Comenzando por Roma —la
ciudad universal por excelencia, Sede y Cabeza de la Iglesia—, ¿por qué no
limpiar sus museos, los amplísimos museos vaticanos de cuanto propio e
indigno existe y se amontona en ellos...?
Los museos vaticanos
Es curioso el fenómeno: los devotos
peregrinos llegan a la Ciudad del Papa y, como empujados por incontenible
corriente, visitan los museos vaticanos. Contemplan estatuas y más estatuas,
figuras y más figuras, objetos y más objetos en completo desnudismo. Las hay
exentas de extremidades superiores o inferiores, pero de órganos sexuales...,
¡ninguna!
Es de ver el espectáculo de
pobres monjas, de recoletos frailes, de devotos fieles sumergidos en el
ambiente más escandaloso de su vida… ¡Qué lote de venta más comercial
realizado en nombre de la honestidad, de la justicia, de la necesidad
cristiana...! Digamos lo mismo de otros objetos valiosos en similares museos.
¡Qué ejemplo tan hermoso el
del Papa iniciando este proyecto al regalar su tiara y ponerla a la venta!
¿Pero cuántas y cuántas tiaras se conservarán de Papas anteriores? Obispos
abnegadísimos que cedieron sus anillos con los mismos fines benéficos. ¿Pero
y cuántos anillos, báculos y mitras no se guardan aún con miras puramente
sentimentales? ¿Y los que se diluyen por torrentes profanos…?
Permítasenos una anécdota.
Al morir el cardenal Tedeschini se hicieron gestiones para que su hermoso
pectoral —en el que se incrustaba una bella imagen de la Virgen del Pilar—
fuese a engrosar el atrayente joyero de Zaragoza, incluso pagándolo cortésmente.
A ello se contestó por delegados de Roma: «¡En eso están pensando sus
sobrinos y herederos, en ceder el pectoral de su tío el cardenal…!»
Otros lugares
¡Y tantos lugares del mundo
cristiano que también podrían dar ejemplo! En la Iglesia del Gesú, de la misma
Ciudad Eterna, destaca la famosísima capilla de San Ignacio, reputada por la
más rica y magnífica del mundo.
Nada digamos de tantos
palacios reales sin habitar por falta de dueños adecuados, de tantas casas
palaciegas, de tantos edificios grandiosos pero en estado de declive y ruina.
Más aún: con todo el
material artístico y religioso sobrante en nuestras catedrales, colegiatas y
parroquias podían ornamentarse las nuevas iglesias construidas en todo el
mundo. Magnífica distribución que enaltecería las casas de Dios sin cambiar
de amo.
Cuidado con la hipocresía
Tales son nuestras ideas en
punto a joyas y tesoros de la Iglesia. Jamás tan adecuadas como ahora, porque
el mundo, la mayoría de las naciones, entran por cauces de prosperidad y de lujo
exorbitantes. Si en siglos pasados destacó la iglesia monumental entre casas
de adobes, era porque se ofrecía lo más y lo mejor a Dios.
Hoy sucede lo contrario. Se
levantan al cielo las chimeneas, los rascacielos, las torres y empíreos.
Hasta las catedrales se quedan pequeñas. Ahí está San Patricio de Nueva York,
como una vieja acurrucada sobre sí misma. Los edificios circundantes la
repasan y achican.
Tengamos cuidado. El mundo
entra por vías grandes. No caigamos en la hipocresía de aparentar ser pobres
y pequeños. Queno lo somos. Nuestros atuendos, vehículos, viajes, nos acusan
de fuertes.
No reduzcamos a Dios a la
bajeza de catacumba, mientras queramos ser caballeros del siglo XX.
Santiago DEL PILAR
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 214, 3-Feb-1968
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