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ANTONIO OLIVEIRA SALAZAR: TESTAMENTO
DE CONCIENCIA POLÍTICA
En vida, tuvo el trabajo
como medio de llegar al reposo, la intuición como medida para llegar a la
verdad y al respeto, la honradez para lograr el triunfo de la justicia y el
cultivo de la inteligencia para el ejercicio del derecho y el disfrute de la
libertad.
Murió, tras cruel enfermedad,
con la alegría de saber sufrir y con la satisfacción del deber cumplido en
beneficio ajeno, como hombre y gobernante, en años de incansable labor por la
paz, la prosperidad y la felicidad de su pueblo. Ya lo había dicho, en
entrevista de prensa, a políticos y amigos.
El ejemplo
Ha hablado Oliveira
Salazar del Oliveira Salazar que ha muerto… Estos son los más destacados
pensamientos del testamento político dejado su patria por este insigne hombre
de Estado. En ellos aflora, como lozanas rosas lusitanas, el bello ejemplo
del derecho de reposar a la hora de la muerte, llorado por su pueblo y
admirado por el mundo.
El país
El país es de todos y las
cosas del país están siempre rebozando en el alma. De los que crean sin
interés ni cansancio, sabía que su país necesitaba sacrificios y era
necesario servirle y no tomarlo para servirse de él:
-“En este mi país donde, tan
a la ligera, se aprecia y desprecia a los hombres públicos, gozo del respeto
general. No tengo ambiciones, no deseo subir más alto, creo que otro mejor dotado
debe ocupar mi lugar y ofrecer, al servicio del pueblo, su mayor capacidad de
trabajo, buscando nuevos horizontes, poniendo en práctica nuevas ideas y
métodos. Se me hace imposible envanecerme porque tengo la certidumbre de no
haber hecho todo lo que deseaba en beneficio de mi país, pero ejecuté lo
suficiente para que no se pueda decir que fallé en mi misión. Pude servir.”
El hombre
Como pocos, trató al
hombre para tener fe en él, levantarlo y mejorarlo. Era de los hombres que
hacen de puentes en los pueblos y es necesario pasar por ellos. Sabía que no
llegan a hombres todos los que han nacido para serlo. No supo de rencillas y
pasiones, no tuvo celos de otros ni negó asiento en el país a ningún valor. Las
puertas del país deben estar abiertas a la actividad fecunda y legítima de todos:
-“Me esforcé, en años de
estudios, de meditación y de acción intensa, en comprender mejor a los
hombres. Pude aclararme”.
-“Ni siquiera me acuerdo de
haber recibido ofensas. Jamás hice uso del insulto ni de la agresión,
brindando a los hombres dignos la posibilidad de colaborar. No ignoré mi
condición humana y pude encontrarme a mí mismo para conocer mejor a los
hombres. Fui simplemente humano”.
El gobierno
El gobierno de los hombres
es, sin duda alguna, la misión más alta del ser humano. No debe mirarse como
fortuna, sino como altar donde entrar y salir con las manos limpias. El poder
no envenenó su voluntad y supo gobernar porque tenía la capacidad de
convencer, la facultad de entender y el poder de amar y servir:
-“Anhelo liberarme de las
mezquindades que representa toda obra de gobierno. Me asfixia su maquinaria,
en la que me siento canto cautivo y esa falta de libertad, que me es odiosa,
es la que me hace sufrir en Lisboa. El poder no puede gustar más que a los
tontos o a los predestinados”.
La política
La política sólo anda
segura cuando se cuenta en el bien común, en el bienestar del pueblo. Perdura
lo que nace de él, no lo que se importa de otro. La política honesta es el
bien mayor, la mezquina y baja, el mayor vicio. Cuanto más se acercó a ella,
más le repugnaron sus errores y pecados:
-“Nunca puse mis miras en
clientelas políticas, ni procure un partido que me apoyase y, en pago de su
apoyo me hiciera adquirir el compromiso de orientar o limitar mi acción
gubernamental. Soy, por tanto, dentro de lo posible, un hombre independiente”.
La economía
En economía, proteger el
trabajo individual y distribuir con equidad es hacer venturosos. La riqueza
debe ser de muchos, de los que, honrada y laboriosamente, la merezcan. Consciente
de ello, “hizo milagros por la economía y de un país pobre, pero pródigo, creó
una nación sensata, con decoro y grandeza”:
-“Queremos marchar hacia una
economía nueva, trabajando al unísono con la naturaleza humana, bajo la autoridad
de un Estado fuerte, que defienda los intereses supremos de la nación, su
riqueza y su trabajo”.
La vida
Se consagró a su país para
ser dichoso. Vivió con sencillez y dignidad, hablando la verdad para amar
mejor la vida. Venció a la vida viviendo. Prudente en la razón, constante en
la generosidad y pródigo en el perdón, supo darle objeto, domar y embellecer
la vida:
“Muchos creen que no amo la
vida. Es completamente falso. La realidad es que no amo “mi vida”. Tampoco
aspiro a la muerte como otros aseguran. En vez de gobernar me hubiera gustado
vivir en Vimieiro (su pueblo
natal), tranquilamente, entre
campos y viñas, haber formado un hogar, porque soy sensible a las sencillas
alegrías que le están permitidas a todo ser humano”.
Las virtudes
La virtudes no comprenden el
odio, el engaño, la ostentación de los cargos, el brillo del metal y la
atracción del dinero. De las virtudes necesitan los hombres y los pueblos
para salvarse. Y él, como hombre de pueblo, como hombre patrio, con visión de
humanidad, seguro de que el progreso es verdad cuando penetra en las masas,
vivió más feliz siendo pobre y sirviendo los humildes:
- “Jamás hice lisonjas
inmerecidas a los hombres y a las masas, y si mi obra la encamino en
beneficio de los intereses y reivindicaciones de los humildes, lo hago por
mandato imperativo de mi conciencia de gobernante, no impelido por uniones
partidistas o pactos electorales, sin necesidad de enredarme en la trama de
los negocios o en solidaridades comprometedoras. Así me considero, en lo
posible, un hombre libre en su obra de gobierno”.
-“Debo a la Divina Providencia
la gracia de ser pobre. Nunca ansié, ni me hicieron falta, cargos lucrativos,
riquezas ni ostentaciones para ganar el pan de cada día, en la modestia a que
estoy acostumbrado y en la que puedo vivir resignadamente”.
La doctrina
En suma, su tarea de
hombre y de gobernante le ganó, como creador de una doctrina, el “Salazarismo”,
un destacado puesto en el fervor y el cariño de su pueblo. Vaciando su espíritu
en ella, en una labor pura, sin una mancha de ambición o de intriga, escogió
el sitio más difícil: el del cumplimiento del deber, que exige mayor
desinterés y ofrece mejores beneficios a los demás:
-“Ni el despotismo del Estado
ni la demagogia del pueblo, sino el equilibrio perfecto entre una autoridad
necesaria que no dependa de las pasiones de la multitud y un derecho social
que no varía con los movimiento de la opinión pública”.
La muerte
No quiso pompas llegado el
momento final, que es vía y no término. Católico ferviente, consideraba
desdichados los pueblos que matan a Dios. Negar la vida espiritual es como
negar que la noche sigue al día. Murió cristianamente, con la resignación de
los fuertes ante el sufrimiento. Morir así no es morir, es vivir, servir, ya
que el hombre que muere donde debe, como él, siempre sirve. El funeral tenía
que ser como su vida, sencillo, modesto:
-“Nosotros no renegamos de la
familia, de la fe, de la fraternidad, de la autoridad, de la patria”.
-“No deseo ser enterrado con la
gran pompa que a los jefe de Estado corresponda, sino muy sencillamente, en
el cementerio de Santa Comba, al lado de mi padre y de mi madre”.
Los restos mortales del
genio, del estadista, fueron llevados al Monasterio de los Jerónimos para el
funeral, en el que España estuvo presente:
-“Nosotros y España somos dos
hermanos, con casa separada de la península, pero seguramente más amigos por
ser independientes y celosos de nuestra autonomía”
Su petición se cumplió. Después,
su féretro fue transportado hasta Santa Comba Dao, donde recibió cristiana
sepultura junto a los seres queridos que le dieron la vida.
La sucesión
Portugal no queda huérfana.
Sigue con ella su doctrina, ya que su obra vive y vivirá siempre en el
corazón y en la historia de su pueblo. El caudal de los pueblos son sus genios.
El genio verdadero, como él, deja la tierra abonada cuando se aparta de ella.
El futuro está en seguir sus huellas, en cultivar la semilla y recoger sus frutos.
Al tomar posesión de la Jefatura Nacional ante la Asamblea Nacional, declaró
su sucesor, Marcelo Caetano:
-“El país se habituó, durante
largo período, a ser conducido por un hombre de genio. De hoy en adelante
tiene que adaptarse al gobierno de hombres como los demás”.
Juan Valeri Busto
Revista FUERZA NUEVA, nº 190, 29-Ago-1970
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