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GUERREROS,
POETAS, FRAILES: 50 AÑOS DE LA LEGIÓN (1920-1970)
Cualquier
día, en cualquier lugar del África española, los legionarios velan la
integridad de nuestros territorios. Llevan ya 50 años dedicados a esta tarea.
Son hombres de sacrificio, de tesón, de fe, y esto lo han demostrado en la
guerra y en la paz. Allí, en la lejana geografía española velan, voluntarios,
las armas de la guerra y trabajan en la paz sus acuartelamientos y sus
granjas. Los vimos en esta paz dedicados a las tareas propias, hemos leído
sus guerras en esa historia que es modelo de guerreros, de valor, de lucha. La
Legión es más que nada una impronta, es, más que nada, una especie de sello
que califica al hombre legionario, y del que ellos mismos se sienten, junto a
los demás españoles, orgulloso, sinceramente orgullosos…
Es
ahora, cuando se cumplen los 50 años de fundación de la Legión por Millán
Astray, cuando las glorias legionarias cobran nueva dimensión, nueva aventura.
Se trata de recopilar hazañas, efemérides, para, de una vez, ver en la Legión
el Cuerpo que ha dado a España mayor cantidad de héroes.
Millán
Astray
Es en el año 1917 -quizá el más fecundo en
la vida del insigne militar- durante el cual empezó a madurar en su cerebro
la gran idea que le haría llegar al pináculo de la fama en todo el ámbito
nacional e incluso en el extranjero, al dar a luz aquella idea que, si bien
en principio quisieron hacer aparecer su detractores como disparatada, cuando
más tarde la plasmó en la más bella de las realidades, hasta lo más reacios
hubieron de reconocer la sublimidad de su obra, que si algo de locura encerró
fue locura de amor a la patria.
Ya hemos dicho que en 1917 tuvo lugar la
gestación de la creación de la Legión, pero aún dos largos años hubieron de
pasar para que aquella quimera llegara a un término feliz. Al nacer 1919, la
política española abundaba en la comisión de reiterados errores, al
desarrollar su labor en el problema de Marruecos, dando lugar a que en todo
el Protectorado se produjeran levantamientos y continuas agresiones a
nuestras tropas, con la consiguiente pérdida de hombres y prestigio.
El, por entonces, comandante Millán Astray,
que tan compenetrado se hallaba con el problema durante su larga permanencia
en África, sabe que la mortandad que sufrían nuestras tropas tenía su origen
en la equivocada organización de los servicios a ellas encomendados.
Las tropas de choque estaban constituidas
exclusivamente por fuerzas de Policía y Regulares, formadas todas por
indígenas que, si bien en ocasiones demostraban un acendrado amor a España, menospreciaban
a nuestros hombres allí destacados, creyéndoles poco útiles para la guerra. Sin
embargo, se empleaban los soldados peninsulares para guarnecer posiciones,
avanzadillas y blocaos, servicios no solo netamente de carácter defensivo
sino letárgicos para la moral de la tropa dado el carácter de nuestra raza, pues
la misión de estas guarniciones era sólo mantenerse en aquellas posiciones para
la protección de convoyes, pero de ser atacadas -cosa que corría con
frecuencia- tenían una probabilidad entre cien de poder resistir los embates
enemigos.
España, de esta forma, se encontraba a
merced, prácticamente, de los ataques, las pérdidas de hombres iban en
aumento y no se divisaba un futuro esperanzador para nuestra permanencia en
nuestros territorios de África…
Este sistema de política en Marruecos
trascendió al pueblo, creando un ambiente de descontento y desprestigio para
nuestro Ejército, nunca tan mal juzgado por la opinión, ya que en nuestro Protectorado
no imperaba más que el designio de los políticos, que tan mal encauzado
llevaban nuestro importante problema. Y fue esta la precisa situación que hizo
germinar en Millán Astray la idea de la fundación de la Legión. La idea de
poner coto definitivo a escaramuzas y guerrillas. Un ejército de hombres
dispuestos a todo…
Una
crítica nefasta
Esta idea -que poco más tarde había tener
sus primeros frutos- tuvo desde el comienzo las críticas más adversas. Toda
la opinión general se volcaba en contra de Millán Astray. Los peores
calificativos se vertieron sobre él.
En
este ambiente hubo de luchar para conseguir que el mando tomara en
consideración esta idea. Y, a costa de muchos sinsabores, con amargura, muy
lentamente, supo ir creando la situación óptima para que sus ideas llegaran a
feliz término. El final de esta lucha dialéctica contra todos aquellos que veían
una locura en la creación de la Legión, tuvo lugar en una conferencia que dio
en el Casino Militar de Madrid, ante una nutrida representación de todas las Armas
y Cuerpos del Ejército y con la asistencia del ministro de la Guerra;
conferencia que vino a ser el colofón a todas las inquietudes que ya durante
dos largos años le preocupaban.
or fin, los esfuerzos de tanto tiempo iban
a tener una recompensa. En septiembre de 1919, el vizconde de Eza, ministro
de la Guerra- influenciado aún por la campaña de oposición desarrollada-
recibe al comandante y escucha todo lo que Millán Astray va refiriendo acerca
de lo que pensaba.
Tras esta conversación, que más que
exposición doctrinal había sido un amistosa charla entre ministro y soldado, Millán
Astray queda autorizado para hacer los estudio necesarios y organizar este
cuerpo. Marcha Millán Astray a Argelia para, desde cerca, observar la
organización de la Legión Extranjera francesa y, de esta forma, poner al día
en España este Cuerpo que nacía y que había de ser alma de nuestro Ejército.
Sin embargo, su idea de convivir con la
Legión Extranjera francesa no estaba motivada por plagiar su organización
sino que sus propósitos eran el estudiar psicológicamente al legionario desde
el punto de vista racial: sus reacciones ante el premio y el castigo; el
grado de relación entre los distintos escalones del mando, y, en general, todas
las características necesarias para que él pudiera conducir con el mayor
éxito posible esa masa desbordadora que habría de servirle para crear la
Legión española, cuya primera denominación había de ser “Tercio Extranjero”.
A partir de ese momento, la mayor
preocupación consiste en seleccionar a los que habrían de ser los mandos del naciente
cuerpo. Habían de ser hombres de conocido valor, que, al mismo tiempo
conocieran de África sus problemas, sus guerras, sus hombres… Franco, el comandante
Franco, era uno de ellos, y nada más le fue propuesto, Franco dijo sí. Ya
tenía lugarteniente. Con estos augurios, con este nacimiento, la idea-Legión
no podía tener más que una vida de victorias como, poco a poco, fue
sucediendo.
Una vida
de victorias
Referir en un reportaje periodístico una
historia de la Legión es tarea ardua y difícil. Se podría, sí, citar gestas,
nombres, condecoraciones. Sin embargo, es la vida subterránea de estos
hombres, el lado humano, lo que da la verdadera dimensión a un reportaje.
En la historia legionaria hoy suenan aún
los nombres del “Blocao de la Muerte”, Casabona, Tizzia, Taquil-Manín, el
Barranco del Infierno, Sidi-Hamed-el Hach… como los nombres que llevaban las
batallas en que los legionarios iban afianzando el creciente prestigio. Un
prestigio nacido en los campos de batalla, que estaba por entero ligado a la
idea de la guerra, que para ella y por ella nacieron. Laureadas, Medallas
Militares, glorias de todo tipo, muertes, enriquecen el baremo legionario, lo
ensalzan y mitifican. Nuestra Cruzada supo de los legionarios, y la Legión
sabe los muertos que en ella tuvo, los hombres legionarios fieles al ideal
que los movía, lucharon por esta paz próspera y consecuente. Sobre ellos
recae el peso de la realidad de hoy.
CREDO LEGIONARIO
•Espíritu legionario:
Es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre
acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.
•Espíritu
de compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás un hombre
en el campo hasta perecer todos.
•Espíritu
de amistad: De juramento entre cada dos hombres.
•Espíritu
de unión y socorro: A la voz de ¡A mí la Legión!, sea donde sea, acudirán
todos, y con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio.
•Espíritu
de marcha: Jamás un legionario dirá que está cansado hasta caer
reventado; será el Cuerpo más veloz y resistente.
•Espíritu
de sufrimiento y de dureza: No se quejará de fatiga ni de dolor, ni de
hambre, ni de sed, ni de sueño; hará todos los trabajos, cavará, arrastrará
cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que se le
mande.
•Espíritu
de acudir a fuego: La Legión entera hasta el hombre solo acudirá siempre
a donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden
para ello.
•Espíritu
de disciplina: Cumplirá con su deber, obedecerá hasta morir.
•Espíritu
de combate: La Legión pedirá siempre, siempre, combatir sin turno, sin
contar los días, ni los meses, ni los años.
•Espíritu
de muerte: El morir en el combate
es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y
el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un
cobarde.
•La
bandera de la Legión: Será la más gloriosa porque la teñirá la sangre de
sus legionarios.
•Todos los
hombres legionarios son bravos: Cada nación tiene fama de bravura; aquí
es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente.
50 aniversario
Hemos querido
en este trabajo recordar al hombre que fue el autor, el hombre que maduró la
verdadera esencia legionaria y sobre el que recayó el peso de la historia de
este Cuerpo de hombres rudos que supieron, por España dar su vida en la
guerra y en la Paz,
Hoy (1970), en Ceuta, en Melilla y en el
Sáhara, los tercios legionarios españoles siguen su meta de vigilancia,
siguen con el renovado tesón a prueba, y siguen manteniendo frescos los
ideales de aquel hombre que supo dar a España lo que España necesitó.
El recuerdo
de la historia jalonada por incesantes pruebas de lealtad, de sacrificio, de
muertos y de entrega, es fiel reflejo del idiosincrasia este pueblo, que ha
sabido y debe mantener limpios los ideales que forjaron el Cuerpo, hoy, a
cincuenta años vista, mantiene el espíritu intacto.
Enrique ENTRENA
Revista FUERZA NUEVA, nº 193, 19-Sep-1970
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