Terroristas y «maquis» ANTE tantos crímenes contra los servidores del orden público, y otros
seres inocentes, don Luis Apostua, redactor-jefe de un diario madrileño, muy
simpatizante con el régimen político actual (UCD) y su defensor a ultranza, nos consuela diciendo que durante
las guerrillas de los «maquis», allá por los años 40, y a raíz de la victoria
nacional, cayeron más guardias civiles que ahora. Es una mera afirmación, sin comprobación documental ninguna. Mientras
no la traiga, podemos negarla. Y con las mismas pruebas que él nos da,
decimos: «Murieron ahora, víctimas del terrorismo, más agentes de las fuerzas
armadas que entonces, bajo los tiros de los «maquis». Pero hay mucha diferencia
entre un caso y otro. Aquello fue una verdadera campaña de carácter bélico:
fuerzas armadas contra otras fuerzas armadas, en el monte, y con los
mismos medios ofensivos y defensivos, poco más o menos. Los guerrilleros atacaban para defender su vida, amenazada, aunque
hubieran perdido el derecho a ella, por los crímenes cometidos. Ninguno podía calificar de asesinato la
muerte, en los montes, ni de un guardia civil ni de un guerrillero. Caían
en la lucha, frente a frente. Ahora no es así. Los terroristas de la ETA o del GRAPO no presentan batalla. Asesinan
a quemarropa, cobardemente, a traición, y después huyen en vehículos, robados
muchas veces. Las víctimas no están preparadas para resistir el ataque, ni
cuentan con él. Imposible defenderse. Esta es una figura de delito con muchos más agravantes. Aquí hay
crimen de sangre, dolo, traición, precauciones, y a veces muy delictivas,
para evitar todo riesgo. Los terroristas de la ETA pelean así con mucha ventaja. Sólo han
caído tres: los de Mondragón. Y a diferencia de los guerrilleros, saben que
la pena de muerte, a que condenan ellos, no les tocará, aunque los cojan.
Porque la Ley fundamental del nuevo Estado los protege y les da un seguro de
vida. Si son detenidos, se disculpan con la «intencionalidad política» y
están a mano los indultos y amnistías, otorgados a muchos de sus colegas, y a
ellos mismos tal vez. ¿Era ese el caso de los guerrilleros de los años 40? Aquellos hombres tampoco podían acogerse a la hospitalidad de un
suelo extranjero, ni a la complicidad con que ahora los ocultan y protegen
ciertas personas y grupos de personas. En
la lucha contra ellos caerían muchos guardias civiles, pero el «maquis» fue
derrotado y desapareció definitivamente. Ahora, a pesar de las ciento
veinte víctimas inocentes, los terroristas no dan señales de desaparecer ni
de amainar. Hay mucha disparidad por tanto entre las guerrillas de los «maquis» y
el terrorismo actual. Compararlos es desorbitar los hechos, y violentarlos,
con el fin de eliminar antipatías hacia personas, grupos y sistemas. V. FELIU
Revista FUERZA NUEVA, nº 634, 3-Mar-1979 |
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