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Comunicado a los señores párrocos de
Vizcaya, sobre su obispo mons. Cirarda
Cuán cierto es que, en condiciones, algunas
verdades son tristes y amargas. Esta que hoy comentamos, además de serlo en
grado superlativo, resulta de una evidencia tal y tan grave es, que hace
necesaria nuestra intervención sin demora.
Es un hecho, desde tiempo comprobado, que
nuestro obispo José María es prisionero de un grupo de exaltados sacerdotes,
bajo cuya presión y a cuyo dictado actúa. Bien cerca tenemos el caso de su
última carta pastoral, leída en muchas iglesias de Vizcaya, tal vez en todas.
Documento forzado, falto de sentido y demasiado doblado de incoherencias y
contradicciones. A todas luces, por su fondo y forma, no se trataba de un
documento apto para ser llevado a la consideración de los fieles, ya cansados
de conocer y reprobar las tristes andanzas extra-pastorales y abusivas de
determinados sacerdotes. Mas el señor obispo estima que los fieles hemos de
ser informados públicamente de tales sucesos y posteriores e inevitables
derivaciones.
Bien estaría que Monseñor, consecuente con
su línea informativa, tuviese a bien dar a la lectura obligatoria, en todas
las Iglesias de la diócesis, de una nueva carta, comentando extensamente y
ofreciendo su personal opinión, con clara mención de los nombres de los
firmantes, acerca del escrito que con más de cincuenta firmas de créditos
vizcaínos tiene recibido recientemente, escrito conminatorio e inadmisible,
de ultimátum, en el que parte de los firmantes se le declaran en abierta rebeldía,
otros certifican su salida y los más amenazan y anuncian posturas nada en
consecuencia con sus respectivos ministerios eclesiásticos.
Aprovechando dicha carta pastoral, monseñor Cirarda podría, además, darnos cuenta detallada de los alijos de armas y
explosivos hallados en varias iglesias de su Diócesis y nombre de los
sacerdotes huidos como consecuencia de dichos hallazgos para evitar sus
comparecencias ante la ley con
motivo de sus delitos, etcétera.
Y, a mayor abundancia, monseñor podría
hablarnos, dentro de la misma política informativa por él seguida para con
sus sufridos fieles del porqué
la autoridad eclesiástica en el
encarnada, no procede contra
los clérigos que, autodeclarados rebeldes y fuera de toda disciplina de la
Iglesia, se niegan a abandonar sus cargos y a desalojar los templos para los que, en mejores días, fueron
designados.
Otra verdad incontrovertible es la de que,
paradójicamente, una inmensa mayoría de los sacerdotes vizcaínos actúan
obedientemente a las órdenes del señor obispo, aunque hay que imaginar que,
en más de una ocasión, lo han hecho por pura y simple disciplina, y son
dichos sacerdotes los mismos que obedecieron y fueron fieles al obispo
anterior y lo serán asimismo al que en su día suceda a don José María. Sacerdotes
dignísimos quienes, por parte de nuestro obispo merecen mejor trato y una
mejor consideración.
La deducción es clara: los clérigos
rebeldes que tal vez un día, suponemos, sintieron la llamada de Dios, pero
que más tarde se muestran inadaptados y politizados, serán siempre los mismos
en cualquier situación. A ellos monseñor Cirarda, con su entrega, su inoperancia,
les está haciendo muy doloroso juego, causando así profunda desorientación y
grave escándalo entre sus diocesanos.
Es esta una denuncia que, en conciencia,
nos consideramos obligados a formular en Bilbao, Vizcaya, hoy 15 de junio de
1970.
CATÓLICOS BILBAÍNOS
Revista FUERZA NUEVA, nº 187, 8-Ago-1970
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