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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Con el Primado (mons. Marcelo González) frente a la Constitución

 Dos artículos de 1978


"HABLÓ CLARO"

 

 Editorial

LOS españoles de bien, los católicos, los que no nos dejamos sorprender en nuestra fe por las palabras y las acciones engañosas de los enemigos de la catolicidad y mucho menos por sus cómplices envueltos en los ropajes de la cristiandad aparente, vimos con alegría, con reconocimiento y con católica complacencia la decisión del arzobispo de Toledo y primado de España, cardenal Marcelo González, de dar a la luz pública para orientación de los fieles de su archidiócesis y, por extensión, a los de toda España, una carta-pastoral en torno al texto del proyecto de Constitución, que los españoles habremos votado ya —afirmativa o negativamente— cuando salga este número de F N a la calle.

 Don Marcelo, afortunadamente y haciendo honor a su historia de pastor de nuestro pueblo, sin ofensas para nadie, pero dentro del más exacto dogma de la Iglesia, habló claro y terminante en torno a la Constitución, dando a su mensaje evangélico toda la importancia que el momento y el documento hacia preciso, pero sin inmiscuirse —como el Gobierno, los enemigos de la Iglesia y los suyos personales le han acusado— en asuntos políticos.

 HA sido una carta-pastoral nítida en la apreciación de los deberes del católico ante un proyecto constitucional que, a través del consenso de unos supuestos cristianos con los marxistas, ha sido elaborado como guía de la nueva democracia que ha de regir la vida futura de la nación. El arzobispo de Toledo rompió el silencio para poner las cosas en su sitio y no permitir que al amparo de una falsa ortodoxia, colegiada y expuesta en la Conferencia Episcopal, se engañase, con clara intencionalidad política, a una gran parte de los fieles españoles carentes, hasta el momento, de guía espiritual con respecto a tan importantísimo documento legal-constituyente.

 POR ello desde ese momento, en razón a la decisión del cardenal-arzobispo de Toledo, ha quedado nítidamente expuesto que, independientemente del resultado electoral de los comicios del día 6, de lo que se nos pueda imponer como ciudadanos del Estado y en cuanto a la debida obediencia a la legalidad que resulte vigente de tal Constitución —que de antemano ya sabíamos resultaría aprobada—, los católicos españoles no podemos sentirnos espiritual y cristianamente identificados con la misma y, por ello, en nuestro corazón y en nuestra fe, seguiremos repudiándola como expresión de un ateísmo impuesto, como norma legal que en lo espiritual- y trascendente para nuestras creencias religiosas, deja abierta las puertas a la destrucción de los valores de la persona humana, en su cristiana interpretación de la palabra, así que continuaremos interpretándolo como texto demoledor de los principios básicos en que debe asentarse la familia conforme a la doctrina de Cristo y al auténtico magisterio tradicional de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

 Habló claro, sin duda alguna, el primado de España y habló a la conciencia de los fieles españoles sin distinción política alguna. Y habló claro para que nadie pudiese ampararse en su posible silencio para acallar sus dudas, para envolver sus perjurios, para hacer buenas sus complicidades con los enemigos del ser católico. Ha sido una carta pastoral en donde todos hemos podido saber dónde estaba la realidad y dónde la irrealidad del pensamiento auténticamente cristiano ortodoxo. Dónde la postura del fiel católico a secas y dónde el que, abanderando un supuesto espíritu de cristiandad, no tiene empacho alguno en colaborar con los enemigos de Dios, con los que tratan de negar Sus glorias y Su presencia en la legislación por la que ha de regirse la vida del pueblo español.


Revista FUERZA NUEVA, nº 622, 9-Dic-1978

 


FALSO ESCÁNDALO 


 Por D. Elías (sacerdote)

 LA carta pastoral del cardenal primado sobre el referéndum ha producido cierto «escándalo» en algunos medios y, como no podía ser menos, en ciertos comentaristas de la actualidad política. Hemos oído a alguno hablar de «nuevo clericalismo», «crear división», «anulaciones matrimoniales sólo para ricos», etc. Imitando el lenguaje de nuestros muchachos, podemos decir que algunos de estos escandalizados «se han pasado».

 Si existe en España un prelado prudente, sensato, equilibrado y con sentido evangélico, es precisamente don Marcelo. Su respeto a la potestad civil, su sentido de responsabilidad y su visión ciara de fas cosas y de los problemas es proverbial. Jamás se ha permitido declaraciones de prensa ni cosa parecida. Nos consta que a la propia Radio Vaticano ha negado entrevistas. Si ahora se ha creído en el deber de orientar a sus diocesanos sobre un tema tan grave como el referéndum, nos consta que lo ha hecho en la más estricta conciencia de cumplir un deber pastoral muy grave y que a él correspondía primariamente.

 «Ya había hablado la Conferencia Episcopal», dirá alguno. Puntualicemos. La Conferencia Episcopal no ejerce función magisterial sobre los españoles. La función magisterial la ejerce cada prelado sobre sus diocesanos. Por otra parte, la votación hecha en la Conferencia sobre el asunto referéndum dio al menos diez votos en contra sobre el documento. Esto quiere decir que los criterios no eran unánimes, y que al ser cada prelado responsable de sus diocesanos, no podían dejarlos seguir un criterio diferente. La Iglesia católica, lo mismo antes que después del Vaticano II, tiene su propio modo de hacer, que no es precisamente «consensual» ni parlamentario. Dicho de otro modo: el criterio de los que en la Conferencia aprobaron el documento es muy respetable, pero el criterio concreto de la jerarquía es el de cada prelado en su diócesis.

 «Ya tenemos nuevo clericalismo.» Pues no, señor. A lo largo de los años hemos oído hablar de la denuncia profética y de la Iglesia como «conciencia crítica» de la sociedad, etc. Y ahora, porque un prelado prudente y responsable ejerce suave y respetuosamente esa conciencia crítica, se arma el «escándalo». Vamos a ser formales, señores. Aquí nadie pretende gobernar desde su mitra, dignamente llevada: se trata, simplemente, de dar luz a las conciencias, y que después esas conciencias actúen con su voto como mejor crean obrar.

 • • •

«Se crea división», dicen algunos. Esto es falso. La división entre los católicos españoles, clérigos y laicos, viene de atrás. Como muy bien ha dicho don Marcelo, es el mismo proyecto de Constitución el que lleva la división en sí.

 La más elemental prudencia aconseja que se analicen las posibles consecuencias de un SI o un NO con serenidad y sin apasionamiento. El eco de la propia fe religiosa debe llegar a todas las facetas y momentos de la vida de la persona creyente. Lo que no puede hacer la persona creyente es, sistemáticamente, crear una barrera entre su fe y su vida sociopolítica. «Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres.» Las palabras de don Marcelo, con todo el escándalo farisaico que puedan producir en algunos, no son otra cosa que el eco de estas palabras de San Pedro ante quienes, desde su autoridad, le querían hacer callar.

 «El NO llevaría a una guerra civil», pretenden decir algunos. No hay derecho a ese chantaje. La presión ejercida en forma múltiple sobre el pueblo ya es bastante; no se añada ahora el chantaje del miedo.

 Pero cuando estas líneas lleguen a tus manos, ya la suerte estará decidida. De todo este pataleo por la pastoral de don Marcelo, y por las adhesiones de otros prelados más, debemos sacar unas conclusiones que nos valgan para el futuro.

 I. Con Constitución o sin ella. Dios es Señor tanto de los individuos como de las comunidades, sean éstas las que fueren. El católico no puede renunciar a la Ley de Dios, natural y revelada, en su actuación comunitaria, aun a costa de su daño personal. La Ley de Dios le obliga «semper et pro semper». y el creyente no puede actuar en el orden político en desacuerdo con la Ley de Dios.

 II. Hemos de estar preparados para los mayores absurdos, e incluso al insulto y la calumnia a la Iglesia y sus obispos. Es cosa de tiempo más o menos, pero indefectiblemente llegará. La otra noche se decía en una emisora de radio que algunos obispos habían quedado «con las tonsuras al aire» por adherirse a don Marcelo.

 III. La realidad de la división entre nuestros obispos no admite discusión. Este es un problema gravísimo que está siendo muy bien explotado, y lo será más aún en el futuro. No es menester insistir en el desconcierto que tal división crea en el pueblo de Dios. Pero, a pesar de ello, no debemos escandalizarnos nosotros: el tiempo nos ha enseñado a superar ese problema, a mirar hacia Roma y a ser adultos en nuestra fe.

 IV. En las altas esferas políticas ha causado muy seria impresión la pastoral de don Marcelo; esto es buena señalen orden al futuro. No hemos perdido la memoria del famoso cardenal Segura, que supo ser todo y solo un príncipe de la Iglesia con la Monarquía, con la República y con Franco, en una independencia total y absoluta, aunque tuvo que verse en el destierro. Este es un buen aviso de navegantes para hacerse a la idea de que los nuevos demócratas no van a ser con la jerarquía tan respetuosos como lo fueron Franco y sus gobiernos.

 V. El futuro próximo nos dirá, con los hechos, las directrices que vaya marcando Roma. Esperamos que se acentúe la independencia para no caer en trampas económicas ni de otra clase, aunque suponemos con fundamento que en España cualquier Gobierno, aun marxista, tratará de ganarse para su ideología a cuantos obispos pueda.

 VI. La siembra ideológica marxista realizada entre el clero a lo largo de los años está dando sus frutos de diversos modos. Será necesario absolutamente que uno o varios obispos, plenamente entregado a su grey evangélicamente, sirva de punto de referencia y quite miedos y falsas prudencias.

 Las coordenadas de la Iglesia de España han cambiado. De hecho, desde arriba, se la tratará como a una confesión religiosa cualquiera, aunque ahora en los comienzos, por razones tácticas, no se haga así. Los que años pasados se titulaban la «voz de los que no tienen voz», ahora callarán cuidadosamente.

 En nuestra humilde opinión, en más o menos tiempo, hemos de aceptar:

• leyes contrarias a la Ley de Dios, tanto natural como positiva;

• supresión de los tan traídos y llevados haberes del clero;

• imposición del matrimonio civil a todo el mundo;

• control férreo de la educación —no sólo la enseñanza— en todos los niveles;

• reducción de lo religioso al recinto de los templos.

Más adelante, según los gobiernos, se llegará más lejos. De momento, la falta de un fundamento trascendente y aun ético en la Constitución, lo hará posible.

 Esta es nuestra realidad, que hemos de aceptar con realismo, y dispuestos a un futuro de lucha diaria.


 Revista FUERZA NUEVAnº 622, 9-Dic-1978





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