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QUIEREN HACER DE DIOS, A LO MÁS, "EL
CAMARADA DIOS” LAS PILDORAS
ANTICONCEPTIVAS Y UNOS JESUITAS INCONCEBIBLES
Acaba de llegar
a mis manos la revista «América», editada por los jesuitas de los Estados
Unidos de Norteamérica y del Canadá, cuyo número dedicado al Sínodo Episcopal
ha publicado nada menos que un editorial pidiendo el cambio de la posición de
la Iglesia respecto a los problemas del control de la natalidad, titulado
«Anticonceptivos y Sínodo Episcopal».
Sus autores
hacen suya en «América» una postura extendida, según ellos, entre médicos
«católicos». En dicho editorial se cita a «un importante médico católico», al
que no se nombra: «En mi opinión, los anticonceptivos son indispensables para
una vida sana de la familia católica. Digo bien: indispensables.» Esta
defensa de los anticonceptivos sitúa a la revista «América» en posición
doctrinal y moral contraria a las enseñanzas de la Iglesia. Abiertamente se
sitúa la revista jesuítica citada contra el Magisterio Pontificio cuando,
seguidamente, afirma: «La mayoría de matrimonios no puede realizar los
valores que la Iglesia proclama como componentes del estado matrimonial, si
no pueden practicar, en ciertas situaciones—que «América» no expone—, el
control de la natalidad. La Iglesia tendrá que cambiar, sea respecto a los anticonceptivos,
o sea respecto al matrimonio. mantener ambos criterios es imposible para la Iglesia
en el tiempo actual.»
Los
progresistas franceses, con la «doctrina» citada, sustentada por los jesuítas
en su órgano «América», no pueden disimular su extraordinaria satisfacción y
coincidencia. Y no digamos del progresismo alemán. «Herder korrespondenz» del
pasado noviembre se ocupa también del tema del uso de los anticonceptivos,
considerando despectivamente—como si sus oponentes doctrinales fuesen poco
menos que unos atrasados mentales—que «todavía quedan médicos alemanes que
respetan la doctrina papal, que aún condena rodo control artificial de la
natalidad, sin tener en cuenta que en el empleo de los anticonceptivos se
descubren, en ciertas situaciones, valores humanos tanto positivos como
negativos».
Lo más grave
aún es el silencio de muchos obispos en tan importante materia, permitiendo
se divulgue el error, en espera de que el Papa tome una definitiva solución.
Como si a este respecto no existiesen anteriores enseñanzas pontificias.
EL
VANDALISMO, EN ACCION
Las
extravagancias litúrgicas van en aumento. «Temoignage Chretien» difunde su
júbilo por la sistemática demolición de que viene siendo objeto toda la
liturgia católica. Replicando a dicho semanario marxista-progresista, el
Presidente de «Una Voce», de Lyon, monsieur Veyrat, ha calificado a tales
innovaciones, muy justamente, de «indecence». Sin pelos en la lengua les
dice: «Gracias a vosotros y a vuestros acólitos, los artículos 36, 54 y 116
de la «Constitución sobre la Sagrada Liturgia» son sistemáticamente olvidados
y deliberadamente violados. La subversión litúrgica llevada a cabo por una
banda de vándalos ha conseguido su objetivo: destruir el sentido de lo sagrado y transformar a
Dios en un camarada.» «Temoignage Chretien» del 23 de noviembre (1967) le
contesta a Mr. Veyrat lo siguiente: «Nos consuela el pensar que «nuestros
acólitos» y la «banda de vándalos», en
materia de violación de la Constitución Litúrgica aprobada por el Concilio
Vaticano II, son precisamente nuestros Obispos.»
Desgraciadamente,
es la pura verdad. Hace ya demasiado tiempo que en ellos se escuda el
progresismo. Lo cual prueba que la
causa de tanto desastre radica en un estrato muy superior al del
Episcopado. El «Consilium», y
quien goza de autoridad encima de él, son los culpables de tanto desbarajuste.
LA LIBERTAD
RELIGIOSA, OBJETIVO CUMPLIDO
Hasta hace
algunos meses, el clamor en pro de la «libertad religiosa» resonaba en todos
los ámbitos de la Iglesia. Desde Francia se veía bien claro que los disparos
iban dirigidos contra España. A la unidad religiosa y a los países que—como
España— profesaban en el espíritu de sus leyes la unidad católica, se les
sentó prácticamente en el banquillo de los acusados en el Concilio. Algún día
podrá saberse exactamente la virulencia y el alcance de los ataques de que
fueron objeto los Obispos españoles. Pero desde que dichos países—concretamente,
España—adoptaron su legislación a la nueva orientación de la Iglesia acordada
en el Concilio, enmudecieron las cajas de resonancia antiespañolas
igualmente instaladas fuera que dentro de la Iglesia. Una vez conseguido el
objetivo de la libertad civil en materia religiosa impuesto por el Concilio
Vaticano II a las naciones que profesaban en materia de unidad católica la
doctrina que hasta entonces había enseñado la Iglesia, ya no ha vuelto a
hablarse más de libertad religiosa. Los objetivos habían sido alcanzados.
Los sectores
franceses fieles a la integridad doctrinal de la Iglesia Católica han captado
perfectamente la maniobra. (…)
«TEOLOGIA
RADICAL DE LA MUERTE DE DIOS»
Mientras la
mayoría de las publicaciones católicas han concedido sus elogios al comunismo
con motivo del cincuentenario de la Revolución de Octubre, la revista «Exil
et Liberté» ha recordado con tal motivo el carácter satánico del comunismo,
no sólo por sus violencias y asesinatos, sino que también por el crimen
cometido contra las inteligencias y contra los sentimientos para alcanzar una
total desnaturalización del hombre, presentada como una liberación de la idea
y del concepto de Dios. Efectivamente, el progresismo dominante está
extendiendo con rapidez galopante su «teología radical de la muerte de Dios»
y su «purificación de la fe», que nos presenta a un Cristo identificado con
la humanidad material, y a los hombres como las únicas «piedras vivas», como
si los sacramentos no hubiesen sido instituidos por Jesucristo y el sentido de
lo sagrado hubiese ya desaparecido y hasta ahora hubiese sido el más grave
error mantenido por la Iglesia durante dos mil años.
Por eso se
nos predica desde ciertos púlpitos que «la noción de lo sagrado está a punto
de fracasar definitivamente porque es sustituida por el progreso de las
ciencias físicas, las ciencias humanas y las estructuras sociales...»,
expulsando de la ciencia de los hombres el sentido de lo sobrenatural,
«desmitizando el contenido de la fe y la
persona de Jesús». Impunemente se puede negar la Divinidad de Jesús en un
púlpito católico, y no pasa nada. Antes al contrario, se felicita a quienes
predican «la transformation profonde de l’image que l’on se fait de Dieu»;
son elogiadas «ciertas formas de ateísmo que son, para muchos «cristianos»,
un aliento sugestivo». En resumen: es la apostasía, la demencia, el auténtico
satanismo y, en suma, el conjunto de todos los errores.
También el
enemigo pretende que la Iglesia haga su Revolución de octubre. (…)
A. ROIG Toulouse,
diciembre de 1967
Revista ¿QUÉ PASA? núm. 208, 23-Dic-1967
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