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PEMÁN, EL “ENROJECIDO”
Escribo esta página con mucha pena, con un
gran dolor. Siempre admiré, bajo muchos aspectos, a José María Pemán: como
católico, como español, como orador, como escritor. He seguido sus escritos a
través de los años y he leído luego sus Obras Completas. Pero ya hacía tiempo
-bastantes años- que iba decreciendo mi admiración a Pemán como español. Algo
me decía, al leer sus escritos, que Pemán, en ese aspecto, ya no era Pemán.
Me daba la impresión de que se iba volviendo demasiado escéptico y frívolo en
cosas de las que no se debe dudar y sobre las que no se puede frivolizar.
Recientemente, he leído sus “Almuerzos con
gente importante” y mi impresión anterior se ha convertido en plena
convicción. Decididamente, Pemán se nos ha vuelto un escéptico y un frívolo
en cosa tan importante como es la Patria. José Antonio dijo una vez que “ser
español es ser una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”. En
esa cosa tan seria ya no cree José María Pemán. Si habla de ella es solamente
para derrochar ingenio y sal andaluza.
A esta conclusión había yo llegado cuando
en el “ABC” del domingo, día 7 de junio (1970), publicó su
artículo “Qué gana España”. No queda duda posible: Pemán ya no es Pemán.
Pemán, políticamente, españolamente, ha chaqueteado de una manera vergonzosa.
Por eso escribo estas líneas con pena y dolor.
Dejando de lado párrafos que merecerían,
sin embargo, un sabroso comentario, me voy a limitar a reproducir una frase. Una
sola, pero que da la clave de todo el artículo. Y por eso él, que sabe mucho
del arte de escribir, la pone al final, como se colocan las moralejas en las
fábulas.
Después de decir que “además de la
oposición política que se fabrica dentro del sistema -entiéndase, dentro del
Movimiento Nacional- hay algo más que absorber” (entiéndase que hay que
absorber por lo menos una cierta dosis del campo contrario al Movimiento
Nacional), escribe: “En definitiva, eso de la “anti-España” pudo ser un
tópico polémico, pero no puede ser una realidad antropológica, puesto que
biológica y mentalmente nadie puede ser anti lo que es”.
Queda demostrado: Pemán ya no es Pemán. Porque,
hablando de España, dijo un día Pemán, allá a principios de la Cruzada,
exactamente el 24 de julio de 1936, ante los micrófonos de Radio Jerez: “Yo
os digo que esta guerra era necesaria, porque el marxismo, por lo que tiene
en su raíz profunda de Antipatria, de extranjería, de invasión, no podía ser
vencido más que en los campos de batalla. La guerra, con su luz de fusilería,
nos ha abierto los ojos a todos: la idea de turno, o juego político, ha sido
sustituida para siempre por la idea de exterminio y de expulsión, única
válida frente a un enemigo que está haciendo en España un destrozo como jamás
en la historia nos lo causó ninguna nación extranjera”.
El 2 de mayo de 1937, ante los micrófonos
de Radio Nacional de España en Salamanca, decía también Pemán a los españoles
de la zona nacional: “Ayer, primero de mayo, fue fiesta en una parte, fiesta
de la Antipatria y del marxismo; hoy, dos de mayo, es fiesta en la otra parte,
fiesta de la Patria, del espíritu”.
El 18 de marzo de ese mismo año y ante los
mismos micrófonos, había dicho: “Esta guerra que peleamos es guerra de
integración nacional. No es guerra de clases ni de partidos; no luchan
izquierdas y derechas; no lucha una cara de España contra otra cara de España.
Lucha España contra lo que no es España”.
¡Cuánto daría el Pemán de hoy porque no
supiéramos lo que dijo el Pemán de ayer! Pero esas frases, que no se
encuentran en sus actuales Obras Completas, se pueden leer en el libro “Arengas
y crónicas de guerra”, que él publicó en Cádiz, en septiembre de 1937.
¿Y ahora resulta que aquello de la Antiespaña
no fue más que un tópico polémico? Vamos, que fue mentira; que fue un cuento,
útil para enardecer al bando nacional.
Seamos buenos. Pensemos generosamente que
esas frases pronunciadas ante los micrófonos, en plena guerra, le salieron
del corazón enardecido, no del cerebro frío. Pero, terminada la guerra,
escribió acerca de “La Victoria como definición” (y eso sí está publicado sus
Obras Completas) lo siguiente: “Hay guerras civiles estériles para los
pueblos, pero suele haber para todo pueblo “una” guerra civil que lo hace, lo
construye, lo define: es cuando ese pueblo hadado, como si dijéramos, con el Anticuerpo
que estorba a su constitución y lo elimina para siempre. Es hora ya de que
veamos así nuestra Guerra de Liberación”.
Yo pregunto: si España dio con su Anticuerpo
y lo eliminó para siempre, ¿por qué dice ahora (1970) Pemán que hay que
absorber parte de ese Anticuerpo?¿Por qué dice que eso de la Antiespaña no
fue más que un tópico polémico?
Durante la guerra, también Pemán escribió
un artículo titulado “España a dos columnas”. En él leemos lo siguiente: “El
duelo trágico y fundamental que en España se desata y se resuelve, está
escrito sobre sus tierras a dos columnas, como sobre una página escolar. Luchan
frente a frente todo lo primario, sano y espiritual frente a todo lo
económico, materialista y racionalista. Pelean dos conceptos de la vida: el
espiritualista, o cristiano, contra el materialista o marxista. Así está
escrita, a dos columnas para mayor claridad y docencia, la pugna actual sobre
la tierra de España”.
Sería muy aleccionador escribir ahora un
artículo que se podría titular “José María Pemán a dos columnas”. En una
columna pondríamos lo que dijo y escribió en aquellos años de la guerra y de
la posguerra. Y en la otra lo que viene escribiendo en estos últimos años. Serían
como dos retratos del ilustre escritor: uno con la camisa azul de la Falange
y otro, con la casaca liberal. ¡Qué cosas! ¡Vivir para ver!
Si José María Pemán llegara a leer este
pobre artículo de este pobre escritor (cosa que creo casi imposible) estoy
seguro de que habría de “enrojecer” al llegar a este punto. ¿Estaría haciendo
comedia cuando decía y escribía aquellas cosas?¿Las habrá traicionado, si es
que las creía, cuando ahora dice que eso de la Antiespaña no era más que un
tópico polémico?
En cualquiera de los dos casos, le recuerdo
lo que él mismo dijo, hablando los intelectuales de entonces, el 2 de mayo de
1937, ante los micrófonos de Salamanca:
“Nuestro peligro no está en el enemigo franco que venceremos en la
jornada gloriosa; está en la propia dejadez olvidadiza que puede desvirtuar
la victoria. Ahora el peligro no está en los rojos; sólo podría estar en los “enrojecidos”,
es decir, en los que tiñeran a España de las propias ideas que estamos con
tanta sangre ahuyentando y venciendo”.
Señor Pemán: usted no fue nunca rojo. No lo
es ahora tampoco. Pero ¿no será usted un “enrojecido”? ¿No estará tiñendo a
España de las ideas que en 1939 vencimos con tanta sangre? Se lo pregunto con
mucha pena. ¡Le he admirado tanto! Pero me ha sublevado eso de que lo de la Antiespaña
no fue más que un “tópico polémico”. Esa es una de las ideas que solamente
pueden hacer circular los “enrojecidos”, que no son españoles, según su
artículo de “ABC” más que por biología y antropología.
Marcos MONTERO
Revista FUERZA NUEVA, nº 181, 27-Jun-1970
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