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martes, 17 de marzo de 2026

Elogio de la neutralidad de Franco

 

 ELOGIO DE LA NEUTRALIDAD DE FRANCO

 ES cosa cierta que Cataluña, bajo el dominio de la Esquerra y el marxismo, hubiera sido una colonia soviética, arsenal y cuartel de la subversión Europea. Cuanto podamos decir lo describió en un magnífico artículo, con todas sus variantes, el gran escritor Tomás Borrás:

 1939. Si Francisco Franco hubiera perdido la guerra... Las Brigadas Internacionales aplastaron al ejército y a los voluntarios de la independencia. El Gobierno comunista establece los soviets. La repercusión en el mundo es decisiva. Cae Portugal en la subversión inmediatamente. Stalin, a toda velocidad, desarrolla sus planes de irradiación política. Sabe, como lo asegura Lenin, que si España es el Estado comunista número dos, Rusia ha cogido a Europa entre sus mandíbulas y posee el centro geográfico, la encrucijada de los caminos, la llave de la intimidación. En el Norte de África hace fermentar Rusia, desde las nuevas Repúblicas Socialistas Soviéticas Ibéricas, el nacionalismo. Febrilmente son fortificadas y dotadas de formidables medios ofensivos las Baleares, las Canarias, las costas del estrecho de Gibraltar, Ifni, Río de Oro, Fernando Poo, Guinea.

 … 1939. Si, tras ello, hubiera estallado la Segunda Guerra Mundial. Alemania, Polonia e Inglaterra luchan a vida o muerte. Rusia, amiga de Alemania, estrecha más, con el conocido Tratado, sus vínculos con el Reich. Estratégicamente, la situación es difícil para el Reino Unido. Está envuelto por la ofensiva germana y Rusia, en España, en combinación con Italia, corta el paso al Mediterráneo. Francia ayuda a Inglaterra, Alemania la invade y el comunismo se adueña de las ciudades mediterráneas. África se levanta. El odio de los coloniales es armado por Rusia. Frente a la costa americana amanece un poder con complicidades interiores en Norte e Iberoamérica. Los Estados Unidos no se deciden a intervenir en la contienda más que con ayudas prudentes. Roosevelt ha dicho que la “frontera de Norteamérica está en la costa africana”. Europa, derrotadas Alemania e Italia, traicionadas por la URSS, es totalmente comunista. Con la paz comienzan las disputas entre esos dos sistemas. Norte e Hispanoamérica se ven conmovidas en sus cimientos por la pugna de las dos ideas triunfantes. O Rusia o Alemania-Italia decidirán de su porvenir en la Tercera Guerra Mundial.

 1939. Francisco Franco ha ganado la guerra. España es liberada del comunismo. Portugal puede desarrollar su espléndida vida histórica. Inglaterra, Francia, Italia se ven flanqueadas por un país de alta moral, pacífico y con fuerte sentimiento del honor. Norteamérica ve alejarse el enemigo soviético diez mil kilómetros. Se interpone entre su poder y la revolución asiática un estado leal. Franco ha salvado al Occidente, ha limpiado las rutas anglosajonas, ha asegurado África.

 

1939. Estalla la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra no ha de atender más que a su frente Norte-Este. Sus caminos no peligran por el Atlántico-Este ni por los mares que bañan a España. Canarias, Ifni y los territorios españoles del trópico celan su neutralidad, que tanto favorece a Albión. Francia puede abandonar a retaguardia su imperio africano, segura que no la traicionará España. Por lo mismo, se despreocupa de su frontera Sur. Con España no hay cuidado: es amiga, es honrada.

De pronto la guerra llega a los Pirineos: Alemania se asoma con sus divisiones. Anhela Gibraltar; ha de meterse en el África del Norte para ayudar a Rommel, para impedir que Norteamérica se establezca allí; para dominar Orán, Argelia, Marruecos, Túnez, para salir a la orilla atlántica y aparecer frente a América, lo que la inmovilizará. Por su parte, Norteamérica necesita, como Inglaterra y sus aliados, que España no luche al lado de Hitler. De hacerlo, la guerra cambiaría de signo. Se perderían para ellos África, el Mediterráneo y la seguridad del Atlántico.

Roosevelt escribe una carta a Franco: “Mi querido general: España nada tiene que temer de los aliados”. La carta quiere decir lo que Franco pudo contestarle: “Mi querido presidente: Son los aliados los que nada tienen que temer de España”. Jugándose la invasión y la destrucción, Franco se opone a que Hitler entre en territorio nacional para apoderarse de Gibraltar y de la magnífica presa africana, garantía de su victoria. Por segunda vez, España y Franco han salvado a los pueblos occidentales.

 1948. Se ha escindido el mundo en dos grupos: el comunista y el occidental. España sigue siendo la clave. Franco sigue de árbitro. De ser la península, en esos momentos, soviética, la causa de Europa y de América estaría perdida. Tal desastre fue evitado por Franco en 1939. Italia y Francia, en esta crisis, se tambalean, el virus comunista las corroe. Nada es seguro en su política y todo posible; todo lo peor. Queda erguida la Nación incorruptible con su hermana Portugal. Los cálculos de los Estados Mayores se centran en la actitud de España, en su singular signo geopolítico, en su posición señera. Desde 1936, España y su Caudillo deciden, en realidad, de los destinos del mundo.

 Jaime TARRAGÓ


Revista FUERZA NUEVA, nº182,4-Jul-1970

 

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