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ELOGIO DE
LA NEUTRALIDAD DE FRANCO
ES cosa cierta que Cataluña, bajo el
dominio de la Esquerra y el marxismo, hubiera sido una colonia soviética, arsenal
y cuartel de la subversión Europea. Cuanto podamos decir lo describió en un
magnífico artículo, con todas sus variantes, el gran escritor Tomás Borrás:
1939. Si Francisco Franco hubiera perdido
la guerra... Las Brigadas Internacionales aplastaron
al ejército y a los voluntarios de la independencia. El Gobierno comunista
establece los soviets. La repercusión en el mundo es decisiva. Cae Portugal
en la subversión inmediatamente. Stalin, a toda velocidad, desarrolla sus
planes de irradiación política. Sabe, como lo asegura Lenin, que si España es
el Estado comunista número dos, Rusia ha cogido a Europa entre sus mandíbulas
y posee el centro geográfico, la encrucijada de los caminos, la llave de la
intimidación. En el Norte de África hace fermentar Rusia, desde las nuevas
Repúblicas Socialistas Soviéticas Ibéricas, el nacionalismo. Febrilmente son
fortificadas y dotadas de formidables medios ofensivos las Baleares, las
Canarias, las costas del estrecho de Gibraltar, Ifni, Río de Oro, Fernando
Poo, Guinea.
… 1939. Si, tras ello, hubiera estallado la
Segunda Guerra Mundial. Alemania, Polonia e Inglaterra luchan a
vida o muerte. Rusia, amiga de Alemania, estrecha más, con el conocido Tratado,
sus vínculos con el Reich. Estratégicamente, la situación es difícil para el
Reino Unido. Está envuelto por la ofensiva germana y Rusia, en España, en
combinación con Italia, corta el paso al Mediterráneo. Francia ayuda a
Inglaterra, Alemania la invade y el comunismo se adueña de las ciudades
mediterráneas. África se levanta. El odio de los coloniales es armado por
Rusia. Frente a la costa americana amanece un poder con complicidades
interiores en Norte e Iberoamérica. Los Estados Unidos no se deciden a
intervenir en la contienda más que con ayudas prudentes. Roosevelt ha dicho
que la “frontera de Norteamérica está en la costa africana”. Europa,
derrotadas Alemania e Italia, traicionadas por la URSS, es totalmente
comunista. Con la paz comienzan las disputas entre esos dos sistemas. Norte e
Hispanoamérica se ven conmovidas en sus cimientos por la pugna de las dos
ideas triunfantes. O Rusia o Alemania-Italia decidirán de su porvenir en la
Tercera Guerra Mundial.
1939.
Francisco Franco ha ganado la guerra. España es liberada del comunismo. Portugal puede desarrollar su
espléndida vida histórica. Inglaterra, Francia, Italia se ven flanqueadas por
un país de alta moral, pacífico y con fuerte sentimiento del honor. Norteamérica
ve alejarse el enemigo soviético diez mil kilómetros. Se interpone entre
su poder y la revolución asiática un estado leal. Franco ha salvado al
Occidente, ha limpiado las rutas anglosajonas, ha asegurado África.
1939. Estalla
la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra
no ha de atender más que a su frente Norte-Este. Sus caminos no peligran por
el Atlántico-Este ni por los mares que bañan a España. Canarias, Ifni y los
territorios españoles del trópico celan su neutralidad, que tanto favorece a
Albión. Francia puede abandonar a retaguardia su imperio africano, segura que
no la traicionará España. Por lo mismo, se despreocupa de su frontera Sur. Con
España no hay cuidado: es amiga, es honrada.
De pronto la guerra llega a los Pirineos: Alemania
se asoma con sus divisiones. Anhela Gibraltar; ha de meterse en el África del
Norte para ayudar a Rommel, para impedir que Norteamérica se establezca allí;
para dominar Orán, Argelia, Marruecos, Túnez, para salir a la orilla
atlántica y aparecer frente a América, lo que la inmovilizará. Por su parte,
Norteamérica necesita, como Inglaterra y sus aliados, que España no luche al
lado de Hitler. De hacerlo, la guerra cambiaría de signo. Se perderían para
ellos África, el Mediterráneo y la seguridad del Atlántico.
Roosevelt escribe una carta a Franco: “Mi
querido general: España nada tiene que temer de los aliados”. La carta quiere
decir lo que Franco pudo contestarle: “Mi querido presidente: Son los aliados
los que nada tienen que temer de España”. Jugándose la invasión y la
destrucción, Franco se opone a que Hitler entre en territorio nacional para
apoderarse de Gibraltar y de la magnífica presa africana, garantía de su
victoria. Por segunda vez, España y Franco han salvado a los pueblos
occidentales.
1948. Se
ha escindido el mundo en dos grupos: el comunista y el occidental. España sigue siendo la clave. Franco sigue
de árbitro. De ser la península, en esos momentos, soviética, la causa de
Europa y de América estaría perdida. Tal desastre fue evitado por Franco en
1939. Italia y Francia, en esta crisis, se tambalean, el virus comunista las
corroe. Nada es seguro en su política y todo posible; todo lo peor. Queda
erguida la Nación incorruptible con su hermana Portugal. Los cálculos de los
Estados Mayores se centran en la actitud de España, en su singular signo
geopolítico, en su posición señera. Desde 1936, España y su Caudillo deciden,
en realidad, de los destinos del mundo.
Jaime
TARRAGÓ
Revista FUERZA NUEVA, nº182,4-Jul-1970
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